martes, 6 de noviembre de 2007

Ensayo de un crimen: Imaginando el crimen perfecto.

“Ensayo de un Crimen” (1955), es una comedia negra del director español Luis Buñuel, la cual está protagonizada por Miroslava Stern y Ernesto Alonso.

Archibaldo de la Cruz (Ernesto Alonso), uno de los hombres más influyentes y respetados de la sociedad mexicana, se hace presente en el despacho de un juez para declararse culpable de la muerte de una monja, la que intentando huir de sus amenazas, terminó cayendo por el hueco del ascensor. El juez atónito ante semejante declaración, sin creer una palabra de lo que le ha contado Archibaldo, le pide que se retire del recinto y se vaya a su casa a descansar, pero ante la insistencia del hombre no tiene más remedio que solicitar que ingrese un oficial y pedirle que comience a tomar nota de la confesión del presunto asesino. Sin embargo, para sorpresa del juez, lejos de explicar lo acontecido con la monja, Archibaldo comenzará su relato remontándose a un terrible hecho que sucedió en su niñez y que lo marcó para el resto de su vida.

Corría el año 1910 y la Revolución mexicana se encontraba en su punto más álgido. Archibaldo de la Cruz, era apenas un niño de ocho años, soberbio y engreído que se divertía maltratando a sus padres y a la corte de niñeras que lo atendían. Una de las niñeras cansada de los malos tratos, decide inventar una historia acerca de una antigua caja musical que el niño conservaba como su mayor tesoro. Ella le cuenta que dicha caja había pertenecido a un rey, quien descubrió que cada vez que él la abría y pensaba en la muerte de alguien, la misma hacia realidad su deseo, provocando que la persona falleciera automáticamente. El niño llevado por la curiosidad, abre la caja al tiempo que la niñera, la cual estaba observando una balacera por la ventana del cuarto, recibe una bala perdida que la causa la muerte. Archibaldo, pensando que él ha causado la muerte de la niñera, contempla atónito como un hilo de sangre recorre las piernas de esta, a la vez que deja al descubierto el portaligas de la misma.

Es con esta escena surrealista que el director español en ese entonces radicado en México, nos presenta una historia de amor, obsesión y muerte. Buñuel realiza una adaptación bastante libre de la novela del mismo nombre del escritor Rodolfo Usigli, la cual era considerada como una obra menor del dramaturgo, al punto que incluso pasó inadvertida por la crítica literaria. Usigli, considerado como el escritor que introduce el género policial en México, utiliza esta novela negra para denunciar el caos social producido luego de la fallida revolución, y como la clase dirigente lejos de intentar devolver el orden al país, se preocupa solo por enriquecerse al margen de todo tipo de problemas sociales.


Pese a que la película respeta el tema central de la novela, Buñuel y Usigli tenían visiones distintas acerca de cómo la Revolución había marcado al pueblo mexicano. Por un lado estaba Usigli, quien consideraba que el acontecimiento había generado un trauma en el inconsciente de los mexicanos, mientras que Buñuel en cambio, pensaba que la Revolución solo era un telón de fondo que servía como pretexto para encubrir los deseos ocultos del hombre, especialmente uno de los tabúes de la sociedad: la relación entre el sexo y la muerte. Debido a esta y otras diferencias de opinión entre los autores, es que el novelista no quiso que la película llevara el nombre de su obra, acudiendo incluso a instancias sindicales para denunciar a Buñuel. El problema se solucionó en la corte con un simple juego de palabras: se cambio la expresión “basada en” por “inspirada en”, y se obligó al director a cambiar el nombre de la cinta y el del protagonista. De esa forma, el asunto quedo aparentemente resuelto, por lo menos en lo que a términos judiciales se refiere.

Ya desde las primeras escenas de la cinta se muestran ciertos elementos recurrentes en la filmografía del director, en específico en la escena de la muerte de la niñera, en la cual se centra en las piernas de esta con el fin de producir un efecto netamente sensual y fetichista, que es sin duda característico de su estilo de cine. En esta misma escena se ven claramente las pulsiones que dirigirán el comportamiento del protagonista durante el resto de su vida: la muerte y el sexo. Desde ese punto, Archibaldo adquiere una visión distorsionada de ambos elementos, lo que posteriormente lo empuja a adjudicarse los crímenes ocurridos a su alrededor, creyendo fervientemente que él ha cometido tales asesinatos, sin mayor distinción de lo que es real y lo que es producto de su imaginación. Es debido a esta suerte de trauma infantil, que Archibaldo intentará asesinar a una mujer durante su vida adulta, tarea que no le será nada sencilla, mayormente debido a su ineptitud.

La gran mayoría de los personajes de la historia son verdaderamente hipócritas. Por ejemplo, Carlota (Ariadna Welter) es vista por Archibaldo como la viva representación de la pureza, razón por la cual cree que es la persona indicada para rescatarlo de los deseos homicidas que se esconden en su cabeza. Sin embargo, esta mujer no solo tiene una relación clandestina con un hombre casado, sino que también intenta llamar la atención del protagonista para poder quedarse con el dinero de este. Con esto Buñuel no solo satiriza el concepto de pureza, sino que también critica la hipocresía de la burguesía, lo que se repite en varias de sus películas. Por otro lado tenemos al personaje interpretado por Miroslava Stern, con quien Archibaldo entablará una extraña relación. Resulta particularmente interesante una escena en la que ambos comienzan a interactuar con un maniquí, en lo que podría considerarse como un torcido encuentro sexual que no viene más que indicar la búsqueda frustrada de la mujer ideal por parte de Archibaldo, y los deseos sexuales reprimidos del mismo.

Las actuaciones en general son correctas y el guión resulta ser bastante interesante. La cinta mantiene un ritmo pausado sin que la trama se vuelva tediosa. Se dice que esta película es una de las piezas más personales del director, la cual además marcó el fin de su estancia en México para comenzar a filmar en España y Francia de manera intermitente. A pesar de ser criticada por su “final feliz”, el mismo Buñuel señalo en una ocasión que en ningún momento se da a entender si el personaje principal ha tenido algún cambio en su forma de ver la realidad, por lo que sería erróneo categorizar el término de la cinta como "final feliz". Curiosamente, a pocos días de terminado el rodaje, Miroslava Stern se suicidó dejando una carta en la que pedían que la incineraran de la misma forma en que habían quemado un maniquí hecho a su imagen y semejanza en la película. Este hecho causo bastante morbo entre los espectadores, siendo utilizado como gancho publicitario por los productores. En definitiva, “Ensayo de un Crimen” es una buena película, que si bien no es la obra más compleja o profunda de Buñuel, sirve de punto de partida para todos aquellos que quieran conocer el cine de este afamado director surrealista, que en tantas ocasiones criticó los reprochables comportamientos de la burguesía.


por Fantomas.

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