lunes 28 de abril de 2008

Gaslight: Un thriller psicológico en la Inglaterra victoriana.

“Gaslight” (1944), es un film del director George Cukor, el cual es una adaptación de la obra de teatro del mismo nombre, creada por Patrick Hamilton. La cinta está protagonizada por Ingrid Bergman, Charles Boyer, Joseph Cotten y Angela Lansbury.

La tía de Paula (Ingrid Bergman), la famosa artista Alice Alquist, es asesinada en su casa. Paula, que vive con ella, es quien encuentra el cuerpo. La policía no logra dar con el asesino y la niña es enviada a Italia con un tutor. Diez años más tarde, Paula vuelve felizmente casada a la antigua casa de su tía en Londres. Sin embargo, la felicidad inicial se torna algo siniestra cuando extraños sucesos comiencen a atormentarla; luces que de un momento a otro disminuyen de intensidad, sonidos de pasos en un ático completamente sellado u objetos que de un momento a otro desaparecen del lugar en el que los dejó. Eventos misteriosos que solo la joven y vulnerable Paula ve, y que lentamente comienzan a volverla loca, que es precisamente lo que espera su maquiavélico esposo George. (Charles Boyer).

Cuando la obra de teatro “Gaslight” llegó a los Estados Unidos bajo el nombre de “Angel Street” a comienzos de 1939, obtuvo un éxito inusitado. Cuando llegó a Broadway por ejemplo, estuvo en escena por casi tres años. Al ver esto, los estudios Columbia rápidamente se hicieron de los derechos para realizar una versión cinematográfica de la obra, pero por una serie de complicaciones el proyecto quedo suspendido por un tiempo. Sin preocuparse de la situación que estaba aconteciendo en Norteamérica, la productora inglesa “British Nacional” lanzó su propia versión de la obra en 1940, adelantándose a cualquier movimiento de la Columbia. La cinta tuvo una tan buena acogida en su país de origen, al igual que la obra de teatro en los Estados Unidos, por lo que los ejecutivos de la Columbia se vieron en el dilema de ver si ellos realizaban su propio film o sencillamente llegaban a un acuerdo con la productora inglesa, pudiendo así obtener ganancias sin realizar esfuerzo alguno.

Conversaciones más, conversaciones menos, los ejecutivos de la Columbia decidieron venderle los derechos de la cinta a la MGM, estudio que rápidamente comenzó a hacer las gestiones necesarias para lanzar la versión americana de “Gaslight”. Lamentablemente para las pretensiones de la MGM, en aquel momento existía un número de copias de la versión británica circulando en los Estados Unidos. Debido al miedo de que un posible relanzamiento de la versión inglesa entrara en directa competencia con la versión americana, la Metro cerró un curioso trato con la British Nacional. Si bien los británicos aceptaron no distribuir su versión en Norteamérica, la Metro se empecinó en destruir todas las copias y los negativos circulantes de la versión de 1940. Afortunadamente algunas copias sobrevivieron, por la que la original “Gaslight” vio la luz nuevamente en 1950. Para ese entonces, la versión de la MGM había logrado su objetivo; quedar en la retina del público, opacando de esta forma a la cinta original.

Los cambios realizados en el remake son bastante variados. Para comenzar la heroína está directamente relacionada con la victima de asesinato del inicio de la cinta, la cual era una famosa artista de la escena musical que estaba a cargo de Paula, la hija de su difunta hermana. Es por esto, que no se enfatiza tanto el asesinato en sí, sino que más bien la historia se centra en como este acontecimiento ha llegado a marcar a la joven Paula, trauma que posteriormente aprovechará su esposo para intentar volverla loca. En cambio, en la versión de 1940 la victima de asesinato es una señora adinerada y poseedora de unas famosas joyas, la cual vivía sola con sus criadas. El asesinato se muestra con lujo de detalles, dejando entrever las razones para la ejecución de tal crimen. Como la heroína de esta cinta no tiene relación alguna con dicho hecho, su esposo la maltrata sicológicamente a sabiendas de que ella había sufrido algunas crisis nerviosas en el pasado. Esto claramente nos deja con dos protagonistas de características distintas, mientras en la versión inglesa se muestra a una mujer débil desde un comienzo, en la versión de la MGM la protagonista, en un principio una libre pensadora y segura de si misma, se vuelve una inválida emocional que no puede lidiar de manera adecuada con la transición entre ambos estados.

Si en la versión original, el personaje que hacia las labores de detective era un policía retirado que ahora trabajaba criando caballos, en la de la MGM la labor detectivesca se divide entre dos personajes. Por un lado tenemos a un joven detective que trabaja en Scotland Yard, personificado por Joseph Cotten, quien casualmente decide reabrir el caso del asesinato ocurrido años atrás, y convenientemente se convierte en una especie de romántico caballero al rescate de la heroína. Respondiendo a una característica de glamorización de los personajes, a este personaje se le presenta como una especie de caballero aristócrata, quien es invitado a exclusivos conciertos y posee amistades bien catalogadas socialmente. Por todo esto, es justo considerar a este personaje como la perfecta combinación entre Sherlock Holmes y el príncipe encantador.

El otro personaje envuelto en las labores de investigación está dado por la actriz Dame May Whitty, quien personifica a la Sra. Thwaites, la viejita curiosa del barrio y que muestra un inusitado interés por averiguar lo acontecido años atrás en aquel lugar. Este personaje responde más bien a una especie de alivio cómico a los diversos momentos de tensión presentes en el film. Lo que si es indiscutible, es que a simple vista pareciera ser un préstamo de la película “La dama desaparece” (1938), del director Alfred Hitchcock. Si bien el personaje no molesta en lo absoluto, en ocasiones tiende a desviar un poco la bien contada historia.

Otro de los personajes cuyas características fueron cambiadas, fue el de la criada Nancy, personificada por una debutante Angela Lansbury de tan solo 19 años. Si bien en la versión original la criada se burlaba a escondidas de la dueña de casa y en determinado momento de la cinta comienza una relación extramarital con su patrón, en el remake se muestra a Nancy como una joven sumamente insolente, de la que incluso podríamos decir que obtiene un cierto grado de placer cuando se enfrenta o ridiculiza a Paula. En cuanto al adulterio, en la versión de 1944 no pasa del simple coqueteo, sin embargo este aspecto no resulta realmente importante en este film.


El remake sin dudas cumple con entregarnos buenas dosis de suspenso, a la vez que deja que las estrellas brillen en cada una de las escenas donde participan. Tanto Bergman, Boyer y Lansbury nos entregan unas actuaciones realmente destacables, ya sea cuando aparecen individualmente o cuando deben interactuar entre ellos. El director supo llevar a cabo una obra en la cual los actores resaltan, creando una película de gran calidad artística que a su vez tuviera un gran gancho comercial.
Ambas películas son perfectos ejemplos de cómo debe realizarse un buen thriller psicológico. En lo personal, encontré superior la cinta de 1944, pese a que es bastante más predecible que su predecesora, sin embargo cuenta con estupendas actuaciones, donde Ingrid Bergman ganó un Oscar por su trabajo en este film, mientras que Charles Boyer y Angela Lansbury obtuvieron nominaciones por sus actuaciones. Además, también fue nominada al Oscar como mejor película, mejor guión, mejor fotografía y ganó otro a la mejor dirección de arte. Sin duda esto debiera ser suficiente para invitarlos a ver esta cinta, que se realizó en una época en que incluso los remakes eran bien cuidados, no como los numerosos bodrios que han aparecido en el último tiempo.


por Fantomas.

miércoles 23 de abril de 2008

Ghost in the Shell: Cyberpunk puro y duro.

“Ghost in the Shell” (1995), es un film de anime del director Mamoru Oshii, el cual está basado en una adaptación realizada por Kazunori Itô, del manga del mismo nombre creado por Masamune Shirow.

En el año 2029 la sociedad está computarizada hasta límites insospechados, es un mundo gobernado por la tecnología. Uno de los mayores avances consiste en unos implantes cerebrales que convierten a los seres humanos en auténticas computadoras andantes. De esta manera, se produce una fusión entre la conciencia y los programas insertados, dando paso a lo que se conoce como "espíritu": un nuevo paso evolutivo que, sin embargo, despersonaliza por completo a las personas. En este mundo futuro apenas existe diferencia entre humanos y máquinas. Uno de estos humanos con "espíritu" incorporado es Motoko Kusanagi, una agente secreto especializada en actividades anti-terroristas que tiene como misión cazar a un peligroso pirata informático. Cuando descubra su verdadera identidad, su vida y todo lo que conoce cambiará para siempre.


Claramente “Ghost in the Shell” es encasillable dentro del subgénero de la ciencia ficción llamado cyberpunk. En este caso, se nos sitúa en una sociedad absolutamente dependiente de la tecnología, en la cual las maquinas y los seres humanos se encuentran fusionados, resultando difícil distinguir los unos de los otros. Como es costumbre en los relatos cyberpunk, el argumento se centra en un conflicto entre hackers (o supuestos hackers en este caso), inteligencias artificiales y megacorporaciones, que en esta ocasión, son reemplazadas por la Sección IX, un grupo parapolicial encargado de los diversos delitos informáticos, que en un mundo donde el ordenador rey, pueden resultar sumamente peligrosos.

De la misma forma, el espíritu crítico que el cyberpunk exhibe hacia la tecnología, se centra mayormente en el personaje de la Mayor Motoko Kusanagi. Lo que más llama la atención de este personaje es su condición: solo su cerebro es humano, mientras que el resto de su cuerpo no es más que una coraza de titanio. Llegado cierto momento de la película, podremos ver como la protagonista comienza a cuestionarse si el sacrificio que realizó al abandonar su cuerpo orgánico por una estructura mecánica computarizada, que obviamente le es útil en su trabajo, ha valido la pena. ¿Qué es lo que separa a la Mayor del resto de las máquinas? ¿Qué es lo que nos define como humanos?
La respuesta de ambas preguntas puede bien encontrarse en la escena donde la donde ella va a bucear. Al salir del agua, Bateau le pregunta que siente una cybor al introducir su pesado cuerpo al fondo del mar, a lo que ella responderá miedo, ansiedad, soledad y esperanza. La respuesta no deja de sorprender a su compañero, debido a que ha sido testigo de la materialización verbal del “espíritu” de la Mayor. Son los sentimientos y nuestra capacidad de identificarlos y experimentarlos lo que nos define como humanos. Nuestra capacidad de preguntarnos el porque de las cosas, de cuestionarnos el lugar que ocupamos en este mundo, y de llevar a cabo nuestros sueños, intereses y actividades, lo que definitivamente nos separa de las máquinas.

Sin embargo, esta noción de humanidad que pareciera estar claramente plasmada en esta escena, se vuelve un poco difusa cuando nos damos cuenta que el villano de turno, el Puppet Master, es capaz de hackear las mentes humanas, implantando falsos recuerdos con las consecuentes emociones ligadas a ellos, controlando de esta forma, tal marionetas, a diferentes humanos para que estos realicen su trabajo sucio. Este complejo discurso filosófico, que apunta a la tecnología como una forma de control de los individuos, hace que nos replantiemos una vez más las preguntas surgidas anteriormente. La película pareciera llegar a la conclusión de que la humanidad no es más que la capacidad de desarrollar y mantener una conciencia propia, sin embargo eso queda a criterio de cada espectador.

Pese a que la cinta contiene unas logradísimas escenas de acción, la trama está más centrada en la reflexión que propone el director con respecto a la perdida de la humanidad por el uso indiscriminado de la tecnología. Es por esta razón que la película corre de manera pausada, entremezclando la historia principal con algunas tramas políticas, un par de operativos policíacos anexos, unos cuantos momentos reflexivos y un gran número de palabrería tecnológica que ha ratos confunde. Todo esto podría ser considerado como un arma de doble filo. Por un lado nos entrega una historia fascinante y llena de matices, diferenciándose de la cinta de ciencia ficción promedio que cubre sus falencias en el guión con un sinnúmero de complejos efectos especiales. Sin embargo, puede que ha muchos las trama les resulte un poco compleja, razón por la cual el espectador promedio puede desistir de ver la cinta buscando algo más simple y de desarrollo más veloz.

Sin duda que esta película es un verdadero triunfo en varios aspectos. La genial historia va acompañada de un despliegue visual a la altura de la misma. La animación está sumamente cuidada, siendo impresionantemente detallada. El diseño de producción es espectacular, desde los personajes hasta el más ínfimo detalle de este mundo futurista. Todo tiene una razón de ser, dando la impresión de que el futuro perfectamente podría ser como lo pinta esta cinta.
La banda sonora por su parte, compuesta por Kenji Hawai, complementan de buena manera la acción existente en el film, mezclando temas tradicionales japoneses con el hightech auditivo y así contrastando la tecnología existente con cuestionamientos que han estado presentes por años.

“Ghost in the Shell” es una de las mejores y más influyentes cintas de anime de los últimos años, al punto que la exitosísima trilogía “Matrix”, bebe en muchos aspectos de este film. Esta película es la forma perfecta de romper cualquier prejuicio que se tenga contra el género del anime. Se trata de una obra sumamente bien realizada, que invita a pensar al espectador desde los primeros minutos hasta el final de la misma, y de paso ofrece un espectáculo visual que pocas cintas de este tipo pueden jactarse de poseer.
Sin duda un imperdible de la animación, y a mi gusto, una de las mejores películas de ciencia ficción que me ha tocado ver.


por Fantomas.

domingo 20 de abril de 2008

La muchacha que sabia demasiado: El punto de partida del giallo.

“La muchacha que sabia demasiado” (1963), es un film de suspenso del director italiano Mario Bava, el cual está protagonizado por Leticia Roman y John Saxon.

Nora Davis (Leticia Roman) es una joven aficionada a las novelas policíacas, viaja a Roma para visitar a su tía Ethel. Al llegar a la casa de su tía, se encuentra con el Dr. Marcello (John Saxon), quien le informa del delicado estado de su tía. Esa misma noche, Ethel sufre un infarto. Nora al no poder localizar al doctor sale desesperada en busca de ayuda, pero alguien la golpea perdiendo el sentido en plena calle. Despertada por un grito, observa como una mujer es apuñalada, perdiendo nuevamente el sentido. Cuando despierta al día siguiente no hay rastros de la supuesta víctima por lo que nadie cree su historia. Sin embargo, convencida de que el hecho en verdad ocurrió, comienza una investigación por su cuenta, conectando este suceso a una serie de crímenes catalogados como los “asesinatos del alfabeto”.

Esta película es considerada por muchos como la iniciadora del giallo italiano, debido a que dio muchas de las bases constitucionales del subgénero, el cual más tarde seria perfeccionado por el mismo Bava en su cinta “Blood and black lace” (1964). Esta obra se encarga entre otras cosas, de ilustrar la obsesión del giallo por la visión y el testimonio ocular. Teniendo esto en cuenta, el nombre de esta película bien podría haber sido “La muchacha que vio demasiado”, sin embargo eso hubiese echado por la borda la alusión al film “El hombre que sabia demasiado” (1934), del maestro del suspenso Alfred Hitchcock, cuya influencia fue parte significativa en el desarrollo de lo que posteriormente seria conocido como el giallo italiano.

Bava junto con ilustrar la importancia del testigo ocular en el giallo, deja patente una pregunta que estará presente en la gran mayoría del “thriller a la italiana”: ¿Por qué razón el personaje principal no es capaz de descifrar si el asesinato que ha visto es real o no es más que producto de su imaginación? Intentando responder esta pregunta es donde nos podemos dar cuenta que la visión subjetiva, resulta vital tanto para el protagonista como para el desarrollo del enigma. Es por lo que cree presenciar, que Nora decide comenzar a investigar por su cuenta, a la vez que el espectador, a partir de dicha visión, ira sacando sus propias conclusiones durante el transcurso de la película.

Si bien es cierto, los giallos adquirieron cierta notoriedad debido a lo gráfico de los asesinatos, algo que Bava adoptaría en su próximo film, en esta ocasión los crímenes distan bastante de ser explícitos. El director, tal como el título de la película lo indica, intentó realizar un thriller más en la línea de Hitchcock que en la línea del horror a la cual se acercarían más los otros films del género. A tal punto es el acercamiento al cine del inglés, que Bava mezcla la intriga policíaca con una historia romántica entre la protagonista y el doctor, que dicho sea de paso, aporta a su vez el alivio cómico que tanto le gustaba integrar a Hitchcock en sus realizaciones.

Es por esta razón, que aunque Nora vive momentos de verdadero terror, el tono general de la película es a ratos liviano, conteniendo incluso algunas escenas realmente cómicas. A diferencia de las cintas de Hitchcock, el humor no se encuentra en el dialogo inteligente, sino que esta dado por la actitud, algo torpe a ratos, de Nora durante su labor detectivesca. Una de las escenas más recordadas de esta cinta, es aquella en la que la protagonista elabora un intricada trampa con talco y lana, con la que pretende atrapar al asesino si es que intenta entrar al lugar donde ella se encuentra alojando. Obviamente un inocente caerá en la trampa, dando como resultado un momento realmente cómico. Sin embargo, es justo mencionar que pese a este tipo de situaciones, Bava logra comunicar que la real amenaza que silenciosamente se cierne sobre la protagonista es inminente, manteniendo de esta forma el suspenso presente en el film.

Es destacable el gran manejo de la fotografía que posee Bava, quien en un glorioso blanco y negro se las arregla para exhibir el lado hermoso y más bien turístico de Roma, y mediante la correcta angulación de la cámara y la iluminación adecuada, convertirlos en lugares realmente aterradores, dando la impresión de que el peligro se encuentra en cada rincón. Las escenas rodadas durante la noche son especialmente atmosféricas, y es durante estas donde el director nos entrega los momentos de mayor tensión del film. Es debido a la atmosfera que crea Bava, que uno siente que Nora nunca está completamente a salvo, aún si está en compañía de Marcello. Esto se complementa con el perfecto uso de la luz y la sombra que realiza el director, en especial en aquellas escenas en que utiliza las sombras para transmitir el miedo de Nora ante lo desconocido.

Leticia Roman realiza un estupendo trabajo personificando a la vivaz heroína. Es lo suficientemente elegante dando la impresión de que es una mujer vulnerable, pero a su vez, logra hacernos creer que es completamente capaz de intentar solucionar el crimen. Ella está frente a la cámara la mayoría del tiempo, y la verdad es que se lleva el peso de la película de forma exitosa. Por su parte, John Saxon, actor de culto más conocido por su rol en la cinta “Enter the Dragon” (1973) y por sus participaciones como secundario en numerosos films de terror y thillers policíacos, como por ejemplo “Black Christmas” (1974), de Bob Clark o “Tenebrae” (1982), de Dario Argento, realiza un correcto trabajo como el interés amoroso de la protagonista.

Como pasa con muchas películas realizadas en Europa que llegan al mercado norteamericano, la versión distribuida por la AIP sufrió una gran cantidad de cambios. Para empezar, se cambio la banda sonora compuesta por Roberto Nicolosi, que dicho sea de paso era realmente buena, por una compuesta por Les Baxter. Además se eliminó la canción “Furore”, del cantante Adriano Celentano, que aparecía en la escena inicial de la cinta. No contentos con estos cambios, además agregaron un buen número de escenas cómicas, incluyendo un raro cameo de Bava, que no aparecía en la versión europea, dándole un tono mucho más ligero a cinta.

Uno de los cambios más criticados que se realizaron en la versión americana, fue la eliminación de las situaciones que involucraban el tema de la marihuana. En la versión original, Nora se ve envuelta con un tipo que trafica la droga bajo en cajas de cigarrillos comunes y corrientes. Por error, Nora queda en posesión de una de estas cajetillas, la cual Bava utiliza como un MacGuffin, presentándola como la supuesta razón por la cual están sucediendo los crímenes. El director no tuvo ningún tipo responsabilidad en esta versión, conocida como “Evil Eye”, por lo que muchos no la consideran como un verdadero film de Mario Bava.

“La muchacha que sabia demasiado” es una gran entrada en la filmografía del italiano, que tiene la gracia de servir de tributo al cine de Alfred Hitchcock, pero a su vez, presenta un formato totalmente novedoso, integrando una gran cantidad de elementos que a los ojos de una gran cantidad de cinéfilos, entre los cuales me incluyo, la convierten en la verdadera iniciadora del giallo. La película en términos generales es sumamente entretenida, entregando escenas de verdadero suspenso y tensión. Esta es sin duda una buena muestra del interesante mundo de este artesano llamado Mario Bava.

por Fantomas.

miércoles 16 de abril de 2008

Tales from the crypt: La primera antología de la Amicus basada en los cómics de la EC.

“Tales from the crypt” (1972), es un film de terror de la productora inglesa Amicus, el cual esta basado en el cómic de la EC del mismo nombre, creado por Bill Gaines y Al Feldstein en los cincuenta. La cinta está dirigida por Freddie Francis y protagonizada por Joan Collins, Ian Hendry y Peter Cushing, entre otros.

Cinco personas se inscriben en un paseo turístico por unas catacumbas, sin saber lo que les espera. En un determinado momento de la excursión se encontrarán con una cripta secreta la cual no parece tener salida. En ese lugar aparecerá una extraña figura, la cual les revelará a cada uno de los presentes los macabros eventos que pronto los llevarán a sus merecidas e inevitables muertes.


Desde principios de los sesenta hasta mediados de los setenta la productora Amicus se encargó, al igual que la Hammer, de lanzar un buen número de films de terror y ciencia ficción. La compañía fue fundada por dos norteamericanos: el escritor y productor Milton Subotsky, y por Max J. Rosenberg. Habitualmente, las cintas producidas por la Amicus son confundidas con las realizadas por la Hammer, debido a que son visualmente similares, además del hecho que algunas de las estrellas de la casa del martillo, como Peter Cushing o Christopher Lee, protagonizaron algunas de las películas de la Amicus. Sin embargo, las películas de antologías, que contenían cuatro o cinco historias cortas, serían la verdadera marca registrada de esta humilde productora.

Este film es uno de los tantos que presenta ese formato (el tercero de la serie), y es el que logró la mayor recaudación a nivel internacional de todos los realizados por la productora. Esto se debe a la acertada idea de Milton Subotsky de adaptar los cómics que realizaron Bill Gaines y Al Feldstein en los años cincuenta. Pese a que esta decisión sin duda favoreció la venta del producto, también de cierta forma la película se contagio de algunos de los defectos que presentaban las historietas, provocando la simplificación de la resolución de algunas de las historias, dejando un poco de lado algunas de las interesantes vueltas de tuerca finales que se podían apreciar en otros films similares de la productora.

Es en este sentido que las dos primeras historias resultan algo más interesantes que el resto. En la primera historia: “And all through the house”, una mujer (Joan Collins), decide asesinar a su marido en plena noche de navidad. Sin embargo, esa misma noche un peligroso maniático se escapa disfrazado de Santa Claus de un hospital para homicidas dementes, atentando contra los planes de la mujer.
La historia es bastante bien llevada por el director, mostrándonos en primera instancia un ambiente familiar que prontamente es interrumpido por el asesinato a sangre fría del jefe de hogar. Si bien durante el transcurso del relato se mantiene de buena manera el suspenso, el final algo abrupto deja con gusto a poco.

En la segunda historia: “Reflection of death”, Carl Maitland (Ian Hendry) abandona a su esposa e hijos y se escapa con su amante (Angie Grant). Pero sufre un accidente automotriz, tras el cual intentará retornar a su casa. En esta ocasión, Francis juega con la cámara subjetiva, con lo que pretende jugar con el espectador, entregándole solo información parcial de lo sucedido. Durante gran parte del transcurso de la historia, veremos los acontecimientos a través del los ojos de Carl, pudiéndose apreciar el pánico de todos aquellos que visita luego del accidente, dejando así abierta la interrogante de que es lo que les produce tal reacción. Sin duda es una historia ingeniosa, que incluso engañará al más avezado de los espectadores, y que cuyo final sorpresivo es un verdadero acierto.


Ya desde la tercera historia las resoluciones resultan algo más obvias, restándole el suspenso que caracterizaba a las dos primeras. En “Poetic justice”, el Sr. Grymsdyke (Peter Cushing) es un viejo que vive solo y cuyas únicas alegrías son los niños que lo visitan a menudo y sus perros. Dos vecinos (Robin Phillips y David Markham) que desean que el viejo venda su propiedad, le harán la vida imposible, logrando que el anciano se suicide. Esta historia se sustenta en gran medida en la estupenda actuación de Cushing, cuyo rol es algo totalmente opuesto a los personajes que suele interpretar. Su interpretación de un vulnerable y solitario anciano, victima de maliciosas mentiras y tormentos, es sin duda una de las mejores de su carrera. El episodio, una crítica clara contra el clasismo, presenta unas pinceladas de gore en forma de moraleja final.

La cuarta historia, “Wish you were here”, es una variación de "La Pata de Mono" de W.W. Jacobs, en que una mujer (Barbara Murray) cuyo marido (Richard Greene) está quebrado, desea ante una estatuilla oriental la inmediata posesión de una gran suma de dinero. El hombre fallece y su póliza de vida suple tal suma. Sus siguientes deseos desatarán una tras otra tragedia.
Este relato que presenta algunas dosis de humor negro, es bastante delirante y cumple con entretener sin precisamente ser una de las mejores historias de la cinta.

Por último esta “Blind alley”, en la cual el Mayor Carter (Nigel Patrick) es el nuevo superintendente de un asilo para ciegos. Pero su maltrato hacia los internos provoca que estos se rebelen de la manera más terrorífica jamás imaginada.
Esta es la historia más débil de la cinta, más que nada por lo caricaturesco de los personajes. Por un lado está el Mayor Carter, el cual trata a los ciegos peor que su propio perro, mientras que por el otro, están los residentes del asilo, que demuestran unas habilidades sensoriales fuera de este mundo cuando comienzan a fabricar un elaborado laberinto lleno de trampas en el cual encerraran al despótico superintendente. Lo mejor de este relato es el macabro final, tras el cual el Guardián de la Cripta (Ralph Richardson), les revelará a sus invitados la razón por la cual se encuentran encerrados en aquel lugar.

La película en términos generales resulta bastante entretenida, presentando una correcta dirección del infravalorado Freddie Francis. De la misma forma la fotografía, obra de Norman Warwick, y la banda sonora compuesta por Douglas Gamley, cumplen a cabalidad, elevando la calidad general de una cinta que obviamente fue hecha con poco presupuesto. Las actuaciones son bastante buenas, y logran que el espectador sienta cierto grado de desprecio por cada uno de los protagonistas de las historias. El único personaje querible de la cinta es el personificado por Peter Cushing, cuya actuación es por lejos la mejor del film.

El giro final de esta obra resulta algo obvio para aquellos que previamente han visto la anterior antología de la Amicus; “Dr. Terror´s house of horrors” (1965), hecho que echa por la borda la sorpresa final, pero que sin embargo no es tan importante a final de cuentas. En definitiva, una película que vale la pena ver, y que como la gran mayoría de este tipo de film realizados por la Amicus, encierra la moraleja de que quien atente contra su familia o contra el prójimo, difícilmente tendrá un buen final.
Esta cinta tendría una secuela llamada “Vault of Horror” (1973), la cual sería la última adaptación que realizaría la productora sobre los cómics de la EC.



por Fantomas.

sábado 12 de abril de 2008

Danger: Diabolik: Mario Bava y su estupendo acercamiento al mundo del comic.

“Danger: Diabolik” (1968), es un film del director italiano Mario Bava, cuya historia está basada en el personaje del comic italiano “Diabolik”, creado por las hermanas Angela y Luciana Giussani en 1962. La cinta está protagonizada por John Phillip Law y Marisa Mell.

Diabolik (John Phillip Law), es un atractivo y educado ladrón, que no está contento con todas las cosas buenas que le da la vida. Menos aún cuando existen montañas de dinero que robar antes las mismísimas narices de estirados oficiales del gobierno y joyas valiosas que extraer de los cajones de los multimillonarios.
Este esquivo canalla encuentra las más diversas maneras de vivir siempre al límite, ya sea escalando muros, saboteando una rueda de prensa con gas de la risa, sacando una confesión de un amo del crimen mientras cae junto a él de un avión. ¿Imposible? No, diabólico…Diabolik para ser exactos.


Mario Bava es un director recordado casi exclusivamente por sus cintas de terror gótico, pese a que se movió prácticamente por todos los géneros cinematográficos imaginables. El realizador siempre se caracterizó por la estupenda fotografía de sus trabajos, lo que combinaba con un exquisito uso de los colores. Son estos dos elementos los que resaltan enormemente en “Danger: Diabolik”, la adaptación del Fumetti “Diabolik”. Desde el primer momento podemos apreciar que estamos en presencia de un completo antihéroe, muy en el estilo de su colega francés Fantômas, personaje creado por los escritores Marcel Allain y Pierre Souvestre en 1991. Diabolik es un hombre frío y calculador, que no dudará en matar a todo aquel que se interponga en su camino, el cual aprovechará todas las oportunidades que se le presenten, para burlarse de la autoridad representada principalmente por el inspector Ginko (Michel Piccoli). A su lado se encuentra su novia Eva (Marisa Mell), la cual utiliza su sexualidad para conseguir todo lo que ella desea.

Políticamente, Bava y sus guionistas quisieron conservar la anarquía existente en el comic original. Diabolik bien podría ser considerado un terrorista; constantemente está maquinando una nueva forma de burlarse de las autoridades, a la vez que intenta desestabilizar al gobierno, dejándolo en situaciones bastante delicadas. Avergonzados oficiales y burócratas pierden sus trabajos debido a la incapacidad que presentan para atraparlo. De la misma forma, Diabolik conserva algunos de los malos hábitos que presentaba en el comic: el criminal no duda en matar cuanto policía se le acerque y en el punto de la cinta, dinamita un par de edificios del gobierno solo para demostrar que sus amenazas son totalmente ciertas. Todo esto refleja el mensaje que quisieron establecer las hermanas Giussani en su obra, que posiblemente se refería al caos político existente en la Italia de la época, junto con ubicar a ambicioso y calculador Diabolik, como un símbolo del consumismo material sin límites, que sigue presente hasta el día de hoy.

En términos de diversión, la cinta sin duda no queda corta. Diabolik utiliza todo tipo de artefactos para cometer sus fechorías, recordando en gran medida algunas de las cintas de James Bond, o incluso la serie de televisión estadounidense de los sesenta “Batman”, la cual muchas veces ha sido comparada de alguna manera con los contenidos y la estética de esta película. Incluso se podría considerar la guarida de Diabolik, como una versión bastante más chic y futurista de la baticueva del enmascarado superhéroe.
Muchas de las situaciones que se pueden ver durante el transcurso de la película son bastante inverosímiles, como por ejemplo la escena en donde roba un bloque de oro de veinte toneladas sin mayores problemas, razón por la cual debe ser vista sin ser tomada demasiado en serio para poder ser disfrutada en su totalidad.

La cinta cuenta con unas actuaciones bastante destacables y un sólido elenco secundario. John Phillip Law tiene una larga y variada carrera como actor, siendo su participación en “Barbarella” (1968), (otra adaptación de un comic, también producida por Dino De Laurentiis y dirigida por Roger Vadim), la más recordada de su carrera. Como Diabolik, el actor supo equilibrar perfectamente su lado siniestro con su lado más seductor. De la misma forma, Law utiliza de buena manera su lenguaje corporal, dando a entender más cosas mediante su mirada o sus movimientos, que a través de sus palabras. Marissa Mell por su parte, realiza un buen trabajo personificando a la aparentemente frágil Eva, exudando sensualidad en prácticamente todas las escenas en las cuales aparece.
Entre los secundarios encontramos a Adolfo Celi, más recordado por su rol de Emilio Largo en la cinta “Thunderball” (1965), como el criminal Ralph Valmont, además de contar con el comediante Terry Thomas, en el rol del ministro de finanzas, y finalmente con Michel Piccoli como el inspector Ginko, archirrival del criminal. Todos estos personajes son un verdadero aporte en los diversos acontecimientos que ocurren en la cinta, apoyando de buena forma a los protagonistas.

Todo acerca de Diabolik es estilo. Desde la excelente banda sonora obra del maestro Ennio Morricone, hasta los estupendos sets utilizados en la cinta. Mario Bava, quien estaba más acostumbrado a trabajar en sets generalmente algo claustrofóbicos en sus cintas de terror, aprovecha el hecho de contar con $400.000 dólares (el presupuesto más grande de su carrera), para mostrar su manejo utilizando locaciones exteriores, además de ofrecernos unos sets visualmente impresionantes, ideados por el director de arte, Flavio Mogherini. Está obra es una muestra del dominio que poseía Bava al momento de utilizar miniaturas u otro tipo de elementos para crear los efectos especiales de sus films, que inclusive hasta el día de hoy, no pierden su encanto. Es tanto el logro visual de la cinta, que no son pocas las películas que han tratado de imitar en este sentido a esta obra. Si bien la mayoría son malas imitaciones, otras como el film “CQ” (2001), de Roman Coppola, o el video de los Beasty Boys, “Body movin´”, son sentidos homenajes a la estetica y a la esencia de la cinta

La cinta resulta bastante más interesante que su cinta hermana “Barbarella”, presentando una historia mejor construida, junto con superarla en lo que a dirección se refiere. El gran mérito de Mario Bava es ofrecernos una cinta que con marcado dinamismo, que refleja perfectamente la esencia del comic. Es a tal punto el acercamiento a la obra original, que la cinta se puede dividir en tres historias prácticamente calcadas de algunos de los tomos del fumetti, demostrando el respeto del director por las historietas y por los seguidores de las mismas.
Es esta la razón que ha alzado a la cinta como una de las mejores adaptaciones cinematográficas de un comic, siendo además reconocida en la actualidad como una cinta de culto y como una de las mejores realizaciones del recordado director italiano.


por Fantomas.

domingo 6 de abril de 2008

Terciopelo Azul: Es un mundo extraño.

“Terciopelo azul” (1986), es un film escrito y dirigido por el siempre complejo, David Lynch. La cinta está protagonizada por Kyle MacLachlan, Isabella Rossellini, Dennis Hopper y Laura Dern.

El inocente Jeffrey Beaumont (Kyle MacLachlan) se da cuenta que su idílico pueblo no lo es tanto el día que descubre una oreja humana en un terreno baldío. Jeffrey decide comenzar una investigación por su cuenta, durante la cual se topará con Dorothy (Isabella Rossellini), una perturbada cantante de un club nocturno y Frank (Dennis Hopper), un sádico viciado. Pronto Jeffrey se verá cada vez más envuelto en la depravada existencia de ese extraño par, hasta un punto sin retorno.


En 1984, el director David Lynch estaba en la cima del mundo; había recibido el beneplácito de la critica y ocho nominaciones al Oscar por la cinta “El hombre elefante” (1980) y se encontraba a punto de lanzar la muy esperada adaptación de la novela “Dune”, del escritor Frank Herbert. El productor Dino De Laurentiis había puesto cincuenta millones de dólares en el proyecto, esperando que este se convirtiera en la nueva “Guerra de las galaxias” (1977). Lamentablemente, todo esto tuvo un pésimo final. La crítica la despreció y el público no se mostró muy entusiasta tampoco. Lo que ocurrió fue que los ejecutivos del estudio decidieron quitarles algunos privilegios artísticos a Lynch, cortando la cinta de más de cuatro horas a tan solo dos horas de metraje. El resultado fue una desorganizada película que daba la impresión de ser un compilado de las mejores partes del libro original.

Sumido en una gran frustración, Lynch se tomó un tiempo para desarrollar algunos proyectos más personales en los cuales había estado trabajando mientras filmaba “Dune” (1984). De Laurentiis decidió darle una nueva oportunidad al director, con la única condición de que este aceptara una reducción en su salario y se limitara a trabajar con un presupuesto de solo seis millones de dólares. Lo bueno de todo esto es que el director contaría con una total libertad artística y con un control absoluto sobre el corte final de la cinta. Lynch se mostró sumamente contento con este nuevo trato. Después de “Dune” era un alivio trabajar sin la presión de tener que lograr un éxito de taquilla para poder recuperar el enorme presupuesto que se le había otorgado. Fue por esta sensación de euforia, que Lynch se atrevió a tomar algunos riesgos, a experimentar un poco, lo que afortunadamente dio como resultado una de sus películas más recordadas y la cual terminó consolidando a Lynch como el gran director que es.

Lynch ha descrito en algunas ocasiones que la cinta es autobiográfica en algunos aspectos: “Kyle se viste como yo. Mi padre era un científico que trabaja para el departamento de agricultura en Washington. Nosotros estábamos en el bosque casi todo el tiempo. Hasta cierto punto estaba harto del bosque cuando me fui, pero aún así, la leña y los leñadores, todo ese tipo de cosas, así es Norteamérica para mí, como las cercas de madera y las rosas en la escena inicial” Esa fascinación por el bosque se traduce en el film no tan solo en el nombre del pequeño pueblo, Lumbertown, sino que también con las tomas iniciales de las cercas, la flores y ese ambiente de pueblo soñado, que no son más que algunos ecos de los recuerdos de Lynch acerca de su infancia.

Si bien los recuerdos de del director fueron los que inspiraron el escenario en el que transcurre la trama, la historia de la cinta nació a partir de tres ideas que se cristalizaron en la mente del realizador durante un cierto periodo de tiempo. Luego de terminar “El hombre elefante”, Lynch conoció al productor Richard Roth, al cual le mostró el guión de “Ronnie Rocket”, un proyecto de características similares a “Eraserhead” (1977), que jamás se llevó a cabo. Pese a que al productor le agrado el guión, no lo veía como algo que él quisiera producir, por lo que le preguntó a Lynch si tenia otros guiones, a lo cual el director le respondió que solo tenia una idea. Le comentó acerca de su deseo de esconderse dentro de la pieza de una chica para observarla en la noche, y posiblemente, en algún punto de la noche, de ver algo que pudiera ser una pista para un misterioso asesinato. Esta idea fue la que Lynch posteriormente desarrollaría, llevándola incluso más allá, evolucionando del simple voyeur a una real participación del protagonista en el misterio que tanto lo fascina.

La idea de la oreja tirada en el campo, que de paso es una de las escenas más recordadas de la cinta, nace a partir de una idea bastante simple. A Lynch le pareció perfecta la idea de que fuera una oreja y no otra parte del cuerpo la que encontrara el protagonista tirada en el campo, debido a que el sentido de la audición es una conexión directa al cerebro, por lo que parecía ser la elección perfecta. La oreja no es más que un llamado, una invitación que se le extiende al protagonista para que participe en el oscuro y depravado mundo que se esconde en Lumbertown, el cual de una forma u otra, terminará marcando a todos aquellos que se sumergen en él.
Finalmente, la tercera idea con la que Lynch formó el guión y de paso fue la que le dio el título a la cinta, fue la canción “Blue Velvet”, interpretada por Bobby Vinton. Fue la sensación que le evocó esa canción, la que el director plasmó en la película.

La película está plagada de simbolismos. Ya desde el primer momento con las escenas de las cercas y las flores que de fondo tienen el cielo azul, seguido de el paso de un coche de bomberos, el cual da más la impresión de estar participando en un desfile, que estar dirigiéndose a apagar un incendio, el director quiere hacernos ver que nos encontramos en un lugar en que todo parece ser perfecto y tranquilo, sin nada que atente romper con esa aparente parsimonia. Reforzando esa idea, Lynch nos muestra a un hombre de edad que se encuentra regando su jardín tranquilamente. Sin embargo, el director rápidamente inserta un elemento perturbador, que de alguna forma viene a definir el mensaje de la cinta. Sin previo aviso, el anciano sufre un desmayo, consecuencia de un presunto infarto, cayendo al piso. Un perro se acerca al hombre para juguetear con el chorro de agua que sale de la manguera, demostrando el curioso humor negro del que es dueño el director y que es posible ver en la gran mayoría de sus cintas. Acto seguido, la cámara se adentra en el punto más oculto de este mundo que se nos ha presentado: el subsuelo. Lynch se adentra en el césped para mostrarnos a unas hormigas que pelean frenéticamente por alimento. Es así como el director deja patente la idea de que el horror se esconde en todos lados, esperando el momento preciso para poder salir a la luz.

La encarnación de ese mal oculto es el peligroso Frank Booth, fácilmente uno de los villanos más sádicos y atemorizantes que se han visto en la historia del cine. Se ha dicho en múltiples ocasiones que el trío conformado por Frank, Dorothy y Jeffrey, está fuertemente marcado por el complejo de Edipo. Hay gente que postula que Frank y Dorothy vendrían a ser los padres, mientras que Jeffrey sería el hijo de una familia absolutamente distorsionada. Es así como la violencia de Frank vendría a representar la violencia domestica presente en miles de familias reales. Actos que sin duda Jeffrey reprueba, pero que a su vez incitan al joven a querer tener el mismo poder que exhibe Frank sobre Dorothy. De la misma forma, los actos y actitudes del desquiciado Frank dan a entender que él fue parte de abusos durante su infancia, o que tal vez ocupo el mismo lugar que ahora ocupa Jeffrey, el de un voyerista circunstancial que cuando niño presencio vejámenes semejantes entre sus progenitores. Sea por la razón que sea, el personaje interpretado magistralmente por Hopper, es de aquellos que queda en la retina incluso mucho tiempo después de ver el film, convirtiéndose en un parámetro no menor de lo que debería ser un villano cinematográfico.

La narración por su parte, se asemeja bastante a los cánones de un cuento infantil. Jeffrey y Sandy (Laura Dern) bien podrían ser Hansel y Gretel. Dos niños que se dejan llevar por su curiosidad, y que sin medir ningún tipo de consecuencia se introducen a la casa de la bruja. De la misma forma se presenta como una fábula, con su consiguiente moraleja. “Incluso en los lugares menos esperados habita el mal”. Cerrando la idea de que estamos frente a un retorcido cuento infantil, Lynch termina con la idea de “Y vivieron felices para siempre”, cerrando con las mismas escenas tan apacibles con las que comenzó la cinta.

Las actuaciones son realmente espectaculares, resaltando obviamente la de Dennis Hopper, que es tal vez la que más trascendió con el tiempo. La fotografía de Frederick Elmes es sin duda parte importante de la inquietante atmósfera que presenta el film, la cual es perfectamente complementada por la banda sonora compuesta por Angelo Badalamenti, quien a partir de esta cinta, comenzaría una serie de colaboraciones con Lynch, por las cuales es ampliamente conocido. El guión por su parte, es sumamente interesante, presentando una serie de mensajes y simbolismos, que resulta difícil sintetizar en un artículo de mediana extensión.

Esta cinta con los años se ha transformado en una película de culto, siendo reconocida como una de las más importante e influyentes del director, llegando incluso a recibir una nominación al Oscar por su trabajo en el film. Lynch es un director complejo, que presenta la misma cantidad de seguidores que de detractores. Se podría decir que esta cinta es una de las más entendibles del director, que en el último tiempo ha optado por dejarle al público toda la responsabilidad de interpretar sus películas, algo que no suele ser una tarea fácil. Esta es una de la mejores cintas surgidas en la década de los ochenta y sin duda merece ser vista por lo menos una vez.


por Fantomas.

jueves 3 de abril de 2008

The Wicker Man: Una de las mejores películas de "terror" inglesas.

“The Wicker Man” (1973), es un film generalmente catalogado como perteneciente al género del horror, el cual está dirigido por Robin Hardy y escrito por Anthony Shaffer. La cinta está protagonizada por Edward Woodward, Christopher Lee, Diane Cilento, Ingrid Pitt y Britt Ekland.

Una carta sin remitente le pide al sargento Howie (Edward Woodward) presentarse de manera inmediata en la apartada isla de Summerisle, situada en la costa suroeste de Escocia.
El motivo es la misteriosa desaparición de una niña, de la que según los habitantes de la localidad jamás se ha sabido. Intrigado por la situación, el sargento Howie comenzará a investigar lo sucedido, para darse cuenta que en la localidad se practican antiguos ritos paganos, que bien pueden costarle la vida si no sale a tiempo de la isla.

Christopher Lee era un actor bastante conocido por sus participaciones en las cintas de la Hammer, especialmente por su personificación de Drácula en una serie de exitosas películas de la productora. Durante esa época, el actor quería expandir sus horizontes actorales. Es así como conoció a Peter Snell, quien estaba a la cabeza de la productora British Lion, y al afamado guionista Anthony Shaffer, responsable de los guiones de “Sleuth” (1972) y “Frenesí” (1972). Los tres tenían la intención de realizar un film basado en la novela “Ritual” de David Pinner. A pesar de que la novela era bastante mala, la idea de la lucha entre un cristiano y una comunidad pagana situada en la actualidad, intrigó a Shaffer quien era un verdadero fan de las cintas de terror. Sin embargo, por problemas de tiempo, Shaffer no pudo darse a la tarea de adaptar la novela, por lo que el proyecto se suspendió.

Así pasó gran parte de la década de los sesenta, durante la cual Anthony Shaffer y el escritor/director, Robin Hardy, trabajaron juntos como “H & S Asociados” en Inglaterra, produciendo películas, obras y documentales para la televisión inglesa y francesa.
A principios de los setenta, los dos compañeros pasaron juntos un largo fin de semana, durante el cual nacería la idea de realizar una película de horror algo más compleja de lo normal. Fue entonces que Shaffer retomó la idea del proyecto congelado años antes, y junto a Hardy, desarrollaron una trama en que se presentaba un culto pagano de la manera más objetiva y exacta posible, todo esto situado en la actualidad.
Como Hardy había sufrido un infarto cardiaco recientemente y no podía realizar mucha actividad física, la pareja llegó a un acuerdo: Hardy se preocuparía de realizar toda la investigación necesaria acerca de todo tipo de cultos paganos y luego Shaffer escribiría el guión. De esta forma, Shaffer tendría tiempo para cumplir sin problemas con algunos compromisos pendientes en los Estados Unidos.


Una vez con el guión terminado, ambos se lanzaron en busca de alguien que quisiera producir su guión. Shaffer propuso a Peter Snell, recordando su colaboración fallida. Al mismo tiempo le mostraron el guión a Christopher Lee, quien había mostrado bastante interés en un guión anterior de Shaffer llamado “Absolution”, el cual jamás se logró producir. Lee leyó el guión, y rápidamente fue a donde Snell para pedirle que produjera la película. El productor se les presentó la idea a los ejecutivos de la British Lion, los cuales aprobaron el proyecto, pero con la condición de que el presupuesto se mantuviera bajo. Fue así que se contrató a Robin Hardy como director, pese a que nunca había dirigido una cinta, y le dieron solo $750.000 dólares para realizar la película, un presupuesto sumamente bajo, incluso para esa época.

Para el papel principal del policía que llega a la isla en busca de la niña perdida, se barajaron varias posibilidades. Se pensó en Michael York y David Hemmings, para el papel del sargento Howie, rol que ambos rechazaron. Christopher Lee incluso le pidió a su amigo Peter Cushing que tomara el papel, quien debido a compromisos previos no pudo aceptar la propuesta. Finalmente, Snell propuso al actor Edward Woodward, quien trabajaba en la exitosa serie de televisión inglesa “Callan”, y el cual demostró ser perfecto para el papel del policía cristiano. Por su parte, Christopher Lee se encargó de personificar al misterioso Lord Summerisle, quien es el que maneja todos los hilos en la isla. Lee deseaba tanto trabajar en esta cinta y tener este papel, que no cobró absolutamente nada por su trabajo en la misma.

El resto del elenco está conformado por la actriz sueca Britt Ekland, quien personifica a la lasciva hija del dueño de la posada en que se hospeda el sargento Howie. Ekland. Pese a ser algo limitada actoralmente hablando, fue contratada básicamente porque en ese momento era una actriz de moda, y porque era lo suficientemente bonita para el papel. A pesar de esto, en la famosa escena del baile en la taberna, fue utilizada una doble de cuerpo. Además se tuvo que doblar todas las escenas donde ella cantaba, debido a su marcado acento sueco. La cinta también cuenta con la participación de Diane Cilento, la cual fue contratada luego de que Shaffer la viera en una obra de teatro, quedando impresionado por su actuación. Finalmente, está Ingrid Pitt, una de las estrellas de la Hammer, quien tiene un papel menor, y la cual solo fue contratada como una especie de gancho publicitario para el film.

La película funciona en varios niveles y podría clasificarse dentro de varios géneros. Shaffer había demostrado cierta afinidad por el misterio en sus guiones anteriores, y precisamente es debido a una interrogante que el sargento Howie arriba a la isla. Él viene en búsqueda de una niña que ha desaparecido de la noche a la mañana, y que aparentemente nadie parece conocer. Con esta interrogante como base, se desarrolla esta historia, que además presenta algunos números musicales, algo criticados por algunos, pero que sin duda le dan un encanto especial a la cinta. Según el mismo Shaffer, la verdadera razón por la que esta película es considerada como un film de terror, es básicamente por su macabro e inesperado final. Para el guionista, el verdadero horror se encuentra presente en todos nosotros, y el reflejar eso en la trama es lo que la convierte en una película de terror.


Lo que hicieron Hardy y Shaffer fue intentar explicar la verdadera naturaleza del sacrificio, desde dos puntos de vista diametralmente opuestos. Para la gente que vive en la isla en la cual han creado un verdadero paraíso según sus creencias, el sacrificio humano como ofrenda a sus dioses paganos, es un evento necesario y totalmente normal para obtener un favor de los dioses. En la esquina opuesta esta el sargento Howie y el cristianismo, que ve este tipo de prácticas como algo totalmente salvaje, además de considerar que de ninguna forma el realizar este tipo de actos les ayudara a conseguir lo que desean. Desde un cierto punto de vista ambas posturas están en lo correcto. Es difícil que un grupo convenza al otro cuando las creencias están tan fuertemente adoptadas. Es por eso, que para esta pequeña comunidad de hombres, mujeres, niños y ancianos, el sacrificio es celebrado por todos y no cuestionado ni enjuiciado, pese a que se está tratando con una vida humana.

Contrario a lo que se podría pensar, la cinta presentó una serie de problemas al momento de su lanzamiento debido a que a los encargados de la nueva administración de la British Lion, que había pasado a manos de la EMI, no les gustó para nada la cinta. Tanto es así que cortaron alrededor de 15 minutos, para lograr que la cinta fuera comercialmente exitosa. Además existe la creencia de que tan poco les gustó la cinta a los ejecutivos, que de manera “accidental” perdieron el único negativo de la cinta completa, el cual se cree que quedo enterrado bajo la autopista M3, que se construyó en medio de los estudios propiedad de la British Lion en aquellos tiempos. Afortunadamente Peter Snell le había enviado anteriormente una copia del film completo a Roger Corman, para que él le diera algunos consejos para hacer más distribuible la cinta. Fue la copia de Corman la que posteriormente se remasterizó y se relanzó, siendo aclamada por la crítica y por el público.

El choque de culturas, los números musicales compuestos por Paul Giovanni, que mezclan baladas inglesas con algunos cánticos druidas y celtas, las estupendas locaciones, el bien armado guión, las estupendas actuaciones y el inmejorable final, son las razones principales por lo que esta cinta adquirió el estatus de film de culto, al punto de que ha sido llamada como “El ciudadano Kane” del cine de terror. El hecho de romper con los esquemas impuestos por la Hammer en lo que al cine de terror británico se refiere, y presentar una propuesta totalmente original y algo subversiva para la época, hacen que esta cinta sea de revisión obligada para todos los amantes del género.

por Fantomas.

Blog Widget by LinkWithin