viernes 26 de septiembre de 2008

Cani Arrabbiati: La cinta "perdida" de Mario Bava.

“Cani Arrabbiati” (1974), es un thriller del director Mario Bava, cuyo guión fue escrito por Alessandro Parenzo y Cesare Frugoni. La cinta está protagonizada por Riccardo Cucciolla, Lea Lander y George Eastman.

Tres desesperados delicuentes, Doctor (Maurice Poli), Treintaidós (George Eastman) y Bisturí (Don Backy), llevan a cabo un precipitado robo matando a varías personas, pero su vehículo queda destrozado en un encontronazo con la policía. En su desesperación, huyen a un garaje para apropiarse de otro coche y toman como rehén a Maria (Lea Lander), una inocente transeúnte. Pese a que la policía les permite huir, los criminales sabes que no tardarán en atraparlos. Es por esta razón, que al llegar a un semáforo en rojo secuestran un nuevo vehículo. Su conductor, Riccardo (Riccardo Cucciolla), es obligado a servirles de chofer. Él tiene que llevar a su hijo enfermo al hospital, pero los asesinos no se lo van a permitir.

El intento de adentrarse en el mundo del thriller más realista por parte director italiano Mario Bava durante la década de los setenta, pudo haber obtenido un sorpresivo éxito si los problemas legales no se hubiesen interpuesto en el camino de su estreno. Intentando diferenciarse de sus discípulos italianos, como por ejemplo Dario Argento, el director sufrió dos frustrantes reveses en su carrera. Su escalofriante ensayo acerca de la necrofilia llamado “Lisa and the Devil” (1973), no encontró distribuidores y eventualmente fue re-filmada bajo el nombre de “House of exorcism”, transformándose en una cinta más que olvidable. El siguiente proyecto de Bava, “Cani Arrabbiati”, se transformaría en un verdadero dolor de cabeza para el director.

Filmada en el verano de 1974 en Italia, Bava había filmado la suficiente cantidad de escenas para completar la cinta (con la excepción de un corto prólogo). Además tenía en su poder la totalidad de la banda sonora compuesta por Stelvio Cipriani, con lo que logró construir una versión preliminar del film. Sin embargo, uno de los inversionistas que respaldaban al productor Roberto Loyola murió en un accidente de transito ese mismo verano, poniendo en riesgo el futuro del proyecto. Sin dinero para pagar la postproducción y la edición del film, la película fue archivada y luego tomada como un activo cuando Loyola se declaró en bancarrota. Por mucho tiempo se pensó que el proyecto jamás vería la luz del día. Sin embargo, veinte años después la compañía Spera Cinematografica, liderada por la actriz Lea Lander, una de las protagonistas de la cinta, logró recaudar el dinero suficiente para terminar y restaurar la película (cuya copia tras su larga estadía en el purgatorio, obviamente no se encontraba en las mejores condiciones), convirtiéndose en uno de los trabajos más fascinantes del director.


Durante algo más de treinta años hemos sido testigos de una escalada de violencia en la pantalla grande. Pese a esto, esta película mantiene la capacidad de sorprender e incomodar de cierta forma al espectador. Se desarrolla en tiempo real y nunca se aparta de la situación límite que se está llevando a cabo al interior del automóvil. Y es que Bava logra construir una atmósfera claustrofóbica, aún cuando la historia tiene lugar en un camino abierto bajo el cielo azul. Lo estresante de la situación (cinco adultos y un niño confinados en un pequeño Fiat en un día caluroso) influye en el comportamiento de los criminales, los cuales comienzan a comportarse de manera más violenta y errática. En el asiento trasero se encuentran dos perfectos psicópatas; el gigantesco Treintaidós está continuamente haciendo gala de su apetito sexual, mientras que su compañero Bisturí, tiene el horrible hábito de apuñalar a las personas sin ningún tipo de advertencia. Los aterrorizados rehenes no tienen más remedio que atender las retorcidas peticiones de sus captores, en especial Riccardo, quien teme por la vida del pequeño.

Los guionistas Frugoni y Parenzo, pese a situar más de alguna dificultad en el camino de los criminales, aumentando las dosis de suspenso que presenta la historia, ubican la verdadera tensión en el colmado asiento trasero del automóvil. Aunque no llega a incomodar tanto con la cinta “The Last House on the Left” (1972), de Wes Craven, la cinta de Bava no es recomendada para los espectadores que busquen entretención ligera. Mientras el malhablado Treintadós intenta aprovecharse de Maria, Bisturí constantemente la molesta con su navaja. Luego de un fallido intento de escape, los asesinos la fuerzan a orinar en frente suyo. Maria vivirá todo el viaje inmersa en una incontrolable histeria, que no le permitirá pensar con claridad. Pese al caos vivido al interior del automóvil, Riccardo se las arregla para mantener la calma y conducir el carro.


“Cani Arrabbiati” es uno de los trabajos más interesantes del director por diversos motivos. Para empezar, fue el único film de Bava que evadió por completo los elementos propios del género fantástico y del horror, los cuales el director manejaba a la perfección. Aunque en esta ocasión Bava se sumerge en el mundo “real”, su visión de la realidad no deja de ser escalofriante, llevando al espectador a preguntarse si no estaríamos mejor en uno de los mundos de fantasía que colman su filmografía. La realidad construida por Bava en esta cinta es un lugar inhóspito y hostil, donde prevalece la ley del más fuerte. Es un mundo dominado por los hombres, donde las mujeres quedan relegadas a ser solo objetos sexuales, pudiendo ser utilizadas por los hombres a su antojo. No existe la esperanza en este mundo, por lo que la muerte debe ser tomada prácticamente como una bendición.

Las actuaciones son en general creíbles e intensas. Algo que llama la atención es que ninguno de los personajes de la cinta logra despertar mucha simpatía en el espectador. La desesperación de la que es victima Maria la lleva en ocasiones a poner en riesgo la vida de los otros rehenes, mientras que Riccardo es retratado como un hombre cobarde durante gran parte de la película. El resto de los personajes que van apareciendo en la huída de los forajidos son igualmente desagradables. El gran logro del director es impedir que la historia se vuelva monótona, cosa que logra gracias a un estupendo uso de la cámara y una más que adecuada banda sonora. El prólogo ideado por Bava, fue filmado en 1997 por Lamberto Bava, hijo del director, quien se basó en unas notas dejadas por su padre. Este prólogo, solo cobrará sentido al final de la cinta, que dicho sea de paso, es uno de los momentos más sorprendentes del film, el cual representa en gran medida el cinismo del mundo según la mirada critica del director. Es una lástima que Mario Bava no haya podido ver su obra terminada, obra que sin duda está dentro de lo mejor de la extensa filmografía del director.


por Fantomas.

domingo 21 de septiembre de 2008

El Gato de las Nueve Colas: La segunda entrada en la "trilogía animal" de Argento.

“El Gato de las Nueve Colas” (1971), es un giallo dirigido por el italiano Dario Argento, cuyo guión fue escrito por el mismo director en colaboración con Luigi Collo y Dardano Sacchetti. La cinta está protagonizada por Karl Malden y James Franciscus.

Franco Arno (Karl Malden), quien antes de perder la vista se desempeñaba como periodista, y su sobrina Lori (Cinzia De Carolis) escuchan de camino a casa y en la oscuridad de la noche una siniestra conversación entre un ladrón y un chantajista. La discusión termina en asesinato. Consternado al no haber podido evitarlo y, a pesar de su invalidez, Franco unirá sus esfuerzos con el periodista Carlo Giordani (James Franciscus) para revelar el misterio que se oculta tras una enrevesada trama de espionaje industrial, crímenes brutales y la teoría de que las tendencias psicóticas de un individuo pueden ser descubiertas estudiando la configuración de sus cromosomas.


Esta es la segunda entrada de la llamada “trilogía animal” del director Dario Argento. Estructural y temáticamente esta cinta pareciera ser una mejora con respecto a lo mostrado en “The Bird With the Cristal Plumage” (1970), pese a que la historia se relata de una forma no lineal lo que puede resultar algo confuso. Teniendo como telón una trama de espionaje e investigaciones genéticas, Argento retoma su obsesión con la subjetividad visual de los principales testigos de los crímenes, aunque esta vez la lleva un paso más allá, presentando a un protagonista ciego que se verá en la obligación de utilizar a los que lo rodean como si fueran sus propios ojos, aunque de todas formas Argento logra transmitir la sensación de que Arno “ve” hasta cierto punto.

De hecho, es el personaje de Malden quien dirige la investigación pese a su discapacidad, como si tuviera el don de la clarividencia. El mensaje de Argento es claro: el hombre ciego es capaz de ver las cosas más allá de lo evidente gracias a que está más abierto a las cosas que lo rodean. Un claro ejemplo es el hecho de que es Arno quien le sugiere a Giordani que la foto del “accidente” en las vía del tren bien podría haber sido editada por el fotógrafo. ¿Cómo es posible que una persona no vidente se diera cuenta de eso solo teniendo una noción de lo que aparece en la fotografía? Es a través de su intelecto que parece haberse agudizado junto con el resto de sus sentidos remanentes, que este personaje ira desenmarañando el complejo caso que se esconde tras esta serie de brutales crímenes, siendo una pieza esencial durante la gran parte de la investigación, e incluso al momento de atrapar al criminal.


Argento es bien conocido por su costumbre de confundir al espectador, a la vez que le esconde ciertas piezas de información, que resultan de suma importancia para resolver los homicidios. Cuando el asesino ingresa al Instituto Terzi para cometer un robo, el director de forma maliciosa ubica la cámara de manera de que el espectador vea con lujo de detalles todo el procedimiento del robo, pero no sea capaz de ver la cara del ladrón ni el objeto que retira del lugar. Además nos presenta a una gama de sospechosos, todos con más de algún oscuro secreto que esconder. Sin embargo, es tan vital la información que Argento mantiene en la oscuridad que de poco sirve saber que es lo que esconden estos personajes. Solo los hace ver más sospechosos a los ojos del espectador, el cual al desconocer los motivos por los cuales comienza esta ola de asesinatos, solo podrá construir un cúmulo de conjeturas sin mayores fundamentos.

Aunque en gran medida la trama no se aleja tanto del esquema típico de una historia policial, con los asesinatos de rigor y un par de hechos algo predecibles, la propuesta de Argento exuda un estilo bastante llamativo y particular. La utilización de las calles de Roma para una excelente secuencia de persecución en coches, el uso experto del color en escenas como la del asesinato del fotógrafo, y los grotescos close-up al ojo del asesino cuando este se dispone a cobrar una nueva víctima, son ejemplos del porqué el director es venerado y respetado por los amantes del género. El uso de la cámara subjetiva que realiza Argento, más allá de crear grandes dosis de tensión o lograr que el espectador se identifique con el asesino, es utilizada como herramienta para ocultar la identidad del asesino. Este recurso además provee una cierta sensación de que estamos lidiando con un asesino omnipresente, oculto entre las sombras y listo para terminar con las vidas de sus víctimas en cualquier momento.

En “El gato de las nueve colas” no hay grandes dosis de gore, ni las muertes son tan ingeniosas o impactantes como la que se pueden ver en otras obras del director, tales como “Deep Red” (1975) o “Phenomena” (1985), debido a que en gran medida las muertes pasan a segundo plano. Argento se centra en realizar alusiones al ojo del espectador, al del asesino y al de los protagonistas, y como estas distintas visiones rara vez confluyen en el mismo punto, además de implicar que la sexualidad va muy de la mano con la patología criminal. El director no duda en tocar temas como la homosexualidad y el incesto, transformándolos en posibles motivaciones que pueden impulsar a los personajes a cometer los asesinatos. Esto, lo hace dentro del marco del sumo respeto, en especial al tratar el tema de la homosexualidad, el cual suele ser sumamente conflictivo.

Las actuaciones son en general correctas, resaltando la del actor Karl Malden, quien se lleva gran parte del peso de la película. Si bien en el giallo es prácticamente una ley que la investigación de los crímenes sea llevada a cabo por sujetos comunes y corrientes, el hecho que en esta ocasión se trate de un no vidente es una vuelta de tuerca bastante interesante y algo maliciosa. James Franciscus por su parte, interpreta a un personaje más bien cliché, pero la da los suficientes matices como para que no sea un personaje totalmente unidimensional. La fotografía de Erico Menczer es impecable, al igual que la jazzística banda sonora del maestro
Ennio Morricone.

Aunque el mismo Argento ha mencionado en más de una ocasión que esta es la obra que más disconforme lo ha dejado, en mi opinión es un estupendo giallo sin grandes pretensiones, que cuenta buenas actuaciones, una trama capaz de intrigar al espectador y el estilo que tanto a caracterizado al director durante su carrera. Además, Argento abandona al espectador con un dejo de incertidumbre debido al final abierto con que culmina el film. Pese a todas las críticas que se le pueden hacer a esta cinta (en particular respecto a las motivaciones del asesino), y al hecho innegable que no está al nivel de “Deep Red” o “Tenebre” (1982), es un giallo más que recomendable que de seguro está sobre la media entre las obras de su misma especie.

por Fantomas.

domingo 14 de septiembre de 2008

The Grave Of The Fireflies: La consecuencia más terrible de la guerra.

“La Tumba de las Luciérnagas” (1988), es un film de animación japonesa escrito y dirigido por Isao Takahata, el cual está basado en la novela semi-autobiográfica del mismo nombre, del escritor Akiyuki Nosaka.

Año 1945, la zona portuaria de Kobe. El padre de Seita, de trece años, y su hermana Setsuko, de cinco, está combatiendo en la Armada japonesa, y la madre es herida en un bombardeo y muere. Seita intenta hacerse cargo de su hermana, y se instalan en la casa de una tía. Las penurias de la situación terminan agriando la relación, y Seita decide abandonar a su pariente y alojarse con su hermana en un refugio, una cueva a orillas de una laguna. A pesar de algunas alegrías efímeras, la vida es demasiado dura, y los pequeños tendrán que intentar sobrevivir hasta que termine la guerra.


El estudio Shinchosha realizaría su primera película animada en 1988 con la ayuda del Estudio Ghibli, al que contrató para realizar la animación. “La tumba de las luciérnagas” es la primera película de Takahata (director de las series animadas “Heidi” y “Marco”) en Ghibli, y está basada en la novela parcialmente autobiográfica del novelista japonés Akiyuki Nosaka. El escritor concibió su novela como una disculpa dedicada a su propia hermana, que murió de malnutrición, y se basa en la propia experiencia del autor durante el bombardeo de Kobe en 1945. Aunque el tema parecía ser realmente inusual para una cinta de animación, no era el único que lidiaba con una situación similar: “Barefoot Gen” (1983), del director Masaki Mori, el cual relataba lo acontecido tras el bombardeo atómico de Hiroshima.

La historia nos muestra de manera cruda y realista las dificultades y penurias de dos pequeños niños, víctimas totalmente indefensas ante la amenaza bélica que se cierne sobre ellos, mostrándonos tal vez la cara más desgarradora de la guerra. Será a causa de los bombardeos norteamericanos a civiles con el fin de “debilitar la mano de obra de Japón”, que Seita y Setsuko perderán a su madre, que acabara muriendo a causa de las quemaduras producidas por las bombas incendiarias. En esta situación de orfandad, y tras deambular por los restos de lo que alguna vez fue su hogar, no les quedará más opción que pedir asilo en la casa de una tía, lugar en el cual además de tener que lidiar con los efectos colaterales de la guerra, como lo son la escasez y el racionamiento de comida, tendrán que soportar el maltrato de la mujer que los hospeda, que ve en los pequeños una amenaza cierta a la supervivencia del resto de los integrantes del hogar.

Desilusionados por la actitud de su familiar, el joven Seita y su hermana Satsuko se van a vivir a una cueva junto al lago, lugar donde podrán dar rienda suelta a sus deseos de libertad, pero que sin embargo, no le traerá más que dificultades tanto alimenticias, higiénicas y existenciales, intensificando sus penurias. No es poca la gente que responsabiliza a la tía como la gran culpable de que los pequeños tengan que valerse por ellos mismos, a sabiendas de que probablemente no sean capaces de sobrevivir. Sin embargo, el mismo Takahara ha mencionado que pese a que la cinta se centra en la historia de los hermanos, el tema de fondo es que la guerra es un tiempo difícil para todos. La tía también tiene problemas para alimentar a los suyos, teniendo que comer los restos de comida pegados en el fondo de la olla en más de una ocasión. Seita por su parte, pese a que se trata solo de un niño, la situación le exige una maduración precoz que pareciera estar fuera de sus posibilidades o su voluntad.

Será el orgullo, o un arrebato infantil si se prefiere, lo que desencadena que Seita tome la funesta decisión de abandonar la casa de su tía en compañía de su hermana. Pese a estar concientes de la gravedad de la situación y al dificultoso futuro que los espera, los niños asumen los problemas con resignación, tragándose sus penas, en especial Seita quien ahora debe cumplir las labores de padre y madre con la pequeña Satsuko. En su nuevo hábitat los pequeños se dedicarán a recordar tiempos mejores, donde la comida y el dinero no les era escaso, y su madre se encontraba dispuesta a atender todas sus necesidades. Y es que los niños no pierden su condición pese a todo; construyen columpios, cazan luciérnagas, y echan a volar su imaginación, intentando escapar por un momento de la cruenta realidad.

Takahara construye una cinta trágica, inmensamente dolorosa, que muestra una realidad que usualmente preferimos ignorar. Son pocas las cintas que causan el efecto que produce esta película, dejando al espectador con un dejo de impotencia y con una tristeza sobrecogedora, al ser testigo de como el entorno de los niños, y finalmente el mismo Seita, autoproclamado como el protector de su pequeña hermana, son incapaces de evitar la escalada de acontecimientos trágicos de los que son victimas. Seita al abandonar la casa de su tía, no le quedara más opción que comenzar a robar para sobrevivir, sufriendo la golpiza de los propietarios de los bienes que sustrae, y arriesgándose a ser una victima más de los bombardeos al incursionar en los hogares desprotegidos a causa de estos, en busca de elementos intercambiables por comida.

Takahata además aprovecha este entorno realista para integrar más de algún simbolismo, otorgándole una trascendencia dramática a los objetos, en especial, a una caja metálica de caramelos, que en cierto modo pasa a ser un contenedor del amor incondicional entre los hermanos. En cierta forma, los caramelos y las luciérnagas pasan a tener un significado similar; ambas representan una luz de esperanza en un mundo oscuro y desolador, dominado por el miedo, el egoísmo y la violencia, donde los recuerdos de los momentos felices vividos parecieran ser la única vía de escape que se tiene. Existe además la analogía entre la corta vida de las luciérnagas y el número limitado de caramelos, con la vida de los pequeños. Si bien no están exentos de momentos llenos de felicidad y tranquilidad, estos serán breves y limitados, lo que irá apagando la vida (y el alma) de los pequeños de manera lenta y dolorosa. “¿Por qué las luciérnagas mueren tan pronto?”, preguntará la pequeña Setsuko, metáfora en forma de pregunta, que al espectador una vez terminada la película le costará responder.

La dirección de animación y diseño de personajes corrió a cargo del talentoso Yoshifumi Kondo, el que luego se encargaría de dirigir "Whisper of the heart" (1995), para los estudios Ghibli. Sin dudas que Setsuko es uno de los personajes más reales y queribles que se hayan visto en el cine. Actúa con la ingenuidad, el candor y la curiosidad normal de una niña de su edad, llegando con facilidad al corazón del espectador que tendrá que ver con amargura todo lo que le sucede a la pequeña. Seita por su parte es un personaje que hará hasta lo imposible por ayudar a su hermana, sin importar que esto signifique robar o tragarse la inmensa pena tras la muerte de sus seres más cercanos con el fin de mantener la integridad emocional de su hermana.

Al momento de su estreno fue lanzado junto con “Mi vecino Totoro” (1988), de Hayao Miyazaki, en parte para atenuar el impacto que “La tumba de las luciérnagas” podría producir en los niños, decisión que encuentro absolutamente acertada. Takahata nos entrega una película tierna, infinitamente emotiva y efectista al momento de mostrarnos los efectos de la guerra. Todo esto, más la sobrecogedora banda sonora de Michio Mamiya, construyen una de las películas más tristes de la historia; una que difícilmente puedes olvidar luego de haberla visto. Una película de aquellas que te desgarran el corazón, al tiempo que demuestra el excelente cine de animación que los japoneses han realizado durante todos estos años.


por Fantomas.

miércoles 10 de septiembre de 2008

The Great Escape: Una de las más grandes piezas del cine de escapismo.

“The Great Escape” (1963), es un drama bélico dirigido por John Sturges, el cual está basado del mismo nombre, escrito por Paul Brickhill, un prisionero que presenció los eventos relatados en el libro. La cinta está protagonizada por Steve McQueen, James Garner y Richard Attenborough, entre otros.

600 oficiales ingleses y americanos trabajaron durante un año para planear y ejecutar la evasión de un campo de prisioneros nazi en 1944, la mayor evasión de la historia militar. Esta grandiosa película relata aquella historia real con un reparto prodigioso: como instigadores de la evasión: el cerebro organizador británico (Richard Attenborough), el experto en túneles (Charles Bronson), el especialista en falsificaciones de documentos (Donald Pleasence), el encargado de los aprovisionamientos (James Garner) y el de las buenas ideas (Steve McQueen).


En marzo de 1943, el oficial canadiense Paul Brickhill fue herido en el desierto de Túnez, tras lo cual fue tomado prisionero por las tropas del Mariscal de campo alemán, Erwin Rommel. Brickhill terminó en un campo de prisioneros al sureste de Berlin, llamado “Stalag Luft III”, el cual presentaba todas las precauciones necesarias para evitar cualquier plan de escape que pudiesen confeccionar los prisioneros. Pese a esto, Brickhill junto con otros 700 prisioneros no tardaron en echar a andar un complejo plan de escape dirigido por el líder de escuadrón Roger Bushell, el cual pretendía sacar a 250 prisioneros del campo. El trabajo de Brickhill consistía en la falsificación de los papeles necesarios para poder salir del país sin mayores complicaciones. Sin embargo, a último minuto Brickhill fue excluido del escape debido a su intensa claustrofobia. Al volver Brickhill de la guerra, dedico cuatro años a escribir una novela que relataba su experiencia al interior del campo de prisioneros, la cual lanzó en 1950 con un enorme éxito.

Esta novela fue leída por un joven director llamado John Sturges, el cual quedo inmediatamente maravillado con la historia, mayormente porque reflejaba el porqué habían triunfado los aliados. “Por una lado está la maquinaria alemana, con sus brillantes uniformes y la absoluta obediencia a las ordenes. En el otro lado del enrejado, había hombres de distintos países, distintos pasados, carácter y lenguajes, haciendo lo que ellos desearan. Sin reglas arbitrarias, ellos formularon una organización que eventualmente golpeó a la maquinaria alemana”. Convencido de que la historia era perfecta para hacer un gran film, el director intentó convencer al mandamás de la MGM, Louis B. Mayer, el cual rápidamente rechazó el proyecto debido a lo poco hollywoodense del final. Además sintió que la historia era demasiado grande, con muchos personajes y demasiados detalles, lo que terminaría elevando demasiado los costos de producción.

Luego de lanzar varias producciones exitosas trabajando para la MGM, Sturges terminó su contrato con el estudio, asociándose con los productores independientes Walter, Marvin y Harold Mirish. El primer proyecto del director fue un western llamado “The Magnificent Seven” (1960), protagonizado por Yul Brynner, junto con una serie de prometedores actores tales como Steve McQueen y James Coburn, entre otros. Debido al éxito obtenido con esta cinta, en la cual el director mostró su capacidad de ensamblar historias de acción con un gran número de personajes, pudo obtener el dinero para comprar los derechos del libro de Brickhill y contratar a un guionista para adaptarlo. Pese a que el escritor se negó por años a vender su novela, accedió a la propuesta de Sturges, la cual involucraba completa fidelidad a la historia original, junto con aceptar la ayuda del escritor durante la filmación de la cinta.

William Roberts sería el encargado de adaptar la novela. El guionista también había participado en el guión de “The Magnificent Seven” junto con Walter Newman. Roberts construiría este guión de manera similar a su anterior trabajo, estableciendo una figura clara de autoridad, la cual sería la encargada de dominar la acción, siendo capaz de presentar al resto de los personajes a medida de que los reclutaba para trabajar con él. Al tiempo que el guión iba tomando forma, Sturges comenzó a trabajar en su próxima cinta, un drama protagonizado por Lana Turner, “By Love Possessed” (1961), donde se vio en la necesidad de reclutar a Roberts para perfeccionar el guión. De esta forma el guión de “The Great Escape” cayó en las manos de Newman, cuyo trabajo tuvo que ser perfeccionado posteriormente por el guionista W. R. Burnett y por el escritor James Clavell, dando vida al guión definitivo.

La cinta es considerada como un clásico esencial de la historia del cine por un sinnúmero de factores. En primer lugar, cuenta con un elenco realmente espectacular. En gran medida, esta película es responsable de la imagen por la que sería conocido el actor Steve McQueen hasta el día de su muerte. A pesar de que su nombre aparecía por sobre el de las otras estrellas en el cartel promocional, su aparición es intermitente en la primera mitad de la cinta, dando lugar para que todo el resto del elenco brille con luces propias. El desempeño del resto del elenco es notable, el cual está conformado por James Garner, James Coburn, Charles Bronson, además de una serie de actores británicos como Richard Attenborough, Donald Pleasence, David McCallum y John Leyton, quienes con esta producción fueron presentados a la audiencia internacional.

Sturges nunca dudó acerca de su intención inicial de relatar una historia en la cual cada una de las piezas, cada uno de los personajes, cada elemento del intrincado escape, funcionara de forma equivalente, cosa que logra a cabalidad en esta cinta. Pese a esto, la película es un testamento claro del estatus de estrella de McQueen, quedando inmortalizado como un actor icónico en especial gracias a su inolvidable escena del escape en motocicleta y a sus constantes visitas a las celdas de aislamiento. Además del tremendo elenco y lo bien construidos que se encuentran los personajes, Sturges es sumamente hábil al momento de crear momentos de tensión constantes durante todo el transcurso de la cinta. Ya sea dentro del campo de prisioneros, durante la planificación y ejecución del brillante plan de escape, o cuando intentan cruzar Alemania en búsqueda de refugio, el espectador vive en constante incertidumbre, preguntándose si los protagonistas serán capaces de llegar a destino y no caer nuevamente en manos de la despiadada Gestapo.

Pese a lo dramático de las circunstancias y al hecho que se trata de una cinta basada en hechos reales, el director opta por darle un tono más cercano al cine de aventuras que al drama bélico, sin que esto signifique que la película esté exenta de momentos emotivos o trágicos. Es clara la preocupación del director por dejar patente la importancia de las relaciones personales al interior del campo, y de esta forma celebrar el espíritu de cooperación y la perseverancia de este grupo de hombres. Y es que el director hizo su mejor esfuerzo por contar la historia lo más pegado posible a la realidad, aunque siempre preocupándose de mantener un ritmo narrativo que atrapara al espectador y no lo soltara hasta el fin de la cinta. En la tarea de formar la atmósfera de esta obra, Sturges cuenta con la ayuda de Daniel L. Fapp, quien hizo un maravilloso trabajo de fotografía, y con Elmer Bernstein, compositor de una de las bandas sonoras más inolvidables de la historia del cine.

“The Great Escape” tiene la virtud de ser un film que reúne excitantes escenas de acción, momentos llenos de suspenso, más de alguna dosis de humor, excelentes actuaciones, y un noble sentimentalismo que la ubican como una de las mejores películas de 1963, y como una de las mejores cintas de aventuras de todos los tiempos. Pese a todas sus virtudes, el film solo obtuvo una nominación al Oscar por mejor edición, dejando en evidencia que la “crítica especializada” en más de una ocasión suele equivocarse. Esta película podría ser considerada como la mejor o una de las mejores obras de John Sturges, quien logra sin dificultad alguna construir una historia perfectamente ensamblada, que logra entretener, emocionar e impactar al espectador durante casi tres horas. Puede que en muchos aspectos esta cinta no sea la mejor a la hora de documentar lo ocurrido durante la Segunda Guerra Mundial, pero sin duda es uno de las films bélicos más recordados, el cual continua siendo venerado hasta el día de hoy.


por Fantomas.

jueves 4 de septiembre de 2008

The Thing From Another World: ¿De dónde viene?, ¿Como llegó a este lugar?, y lo más importante ¿Qué es?.

“The Thing From Another World” (1951), es un film de ciencia ficción dirigido por Christian Nyby, el cual está basado en la novela “Who Goes There?”, del escritor John W. Campbell Jr. La cinta está protagonizada por Margaret Sheridan, Kenneth Tobey y Robert Cornthwaite.

Una misteriosa explosión atrae a un grupo de militares cuya base se encuentra en el Ártico. Al dirigirse al lugar de lo ocurrido, descubren una nave espacial enterrada en el hielo, y en su interior, un misterioso cuerpo, el cual es llevado con ellos hasta su refugio con el fin de estudiarlo. Una vez en el lugar, comenzará una férrea discusión entre los científicos y los militares con respecto a lo que deben hacer con su descubrimiento. Mientras que los militares proponen destruirlo, los científicos desean protegerlo y estudiarlo. Sin embargo, los acontecimientos posteriores demostrarán lo peligroso de la curiosidad humana.


El temor al peligro nuclear y el comienzo de la guerra fría entre los Estados Unidos y la URSS, a la que quedó íntimamente unida la carrera espacial, se materializó en toda una generación de películas, generalmente pertenecientes a la serie B, las cuales mezclaron sin pudores elementos terroríficos con planteamientos relacionados con la ciencia ficción. Dentro de esta oleada de películas está “The Thing From Another World”, producción de la gloriosa RKO, con Howard Hawks acreditado como productor, la cual está basada en una historia del escritor John W. Campbell Jr., considerado como una de las figuras clave en el desarrollo de la ciencia ficción moderna. La novela “Who Goes There?”, fue precisamente la primera lanzada por este escritor, bajo el seudónimo de Don Stuart, la cual presentaba una historia bastante más paranoica que la vista en la adaptación de 1951. El escogido para adaptar la novela, fue el guionista Charles Lederer, quien a decir verdad descartó gran parte de la historia original con la excepción de la premisa original. Incluso descartó la naturaleza física de la criatura, la cual en la historia era capaz de cambiar de forma (detalle que sí sería considerado en el remake de 1982 realizado por el director John Carpenter).

Al momento de comenzar las filmaciones de la cinta, se habían eliminado del guión una serie de cruentas escenas, entre las que se encontraba una decapitación, la cual les podría haber traído series problemas con los organismos de censura. Son muchas las historias que han circulado con respecto a quienes colaboraron en la elaboración del guión, apareciendo nombres como el de Ben Hetch, William Faulkner y el mismo Hawks, los cuales trabajaron juntos en más de una oportunidad. Otro rumor que ha circulado, y que probablemente sea falso, es que Orson Welles también contribuyo con parte de los diálogos del guión.

Indudablemente, la más famosa controversia con respecto a esta cinta está ligada al responsable de la dirección de la misma. En numerosas ocasiones se ha dicho que el verdadero responsable de la dirección es el productor Howard Hawks, quien como premio al estupendo trabajo de edición realizado por Christian Nyby en el film “Red River” (1948), le habría ofrecido la dirección de esta cinta. Sin embargo, debido a la inexperiencia de Nyby en estas lides, Hawks terminaría dirigiendo gran parte de las escenas (si no casi todas). Aunque Hawks desmintió este hecho en una entrevista, es claro que “The Thing” comparte una serie de elementos presentes en los anteriores trabajos del productor y director, en especial lo que concierne a las dinámicas de grupo, particularmente en situaciones donde todos están sometidos a una gran presión, al tiempo que están siendo juzgados por su desempeño.

Aunque hoy en día la cinta es considerada como un clásico indiscutible y una de la mejores dentro de su género, al momento de su estreno fue bastante criticada, en especial por el enfrentamiento de principios que se da entre los militares y los científicos, liderados por el capitán Patrick Hendry y el Dr. Carrington respectivamente. Por un lado están los hombres de Hendry, los cuales representan la camaradería masculina tan presente en los films de Hawks, además de mostrarse como personajes sentimentales, graciosos, preocupados por ideas humanistas como lo es la sobrevivencia. En la otra vereda están los científicos que presentan una idea bastante torcida de lo que es mejor para la humanidad. El Dr. Carrington es el más entusiasmado con la idea de examinar a esta criatura, a pesar del obvio peligro que esto significa. Para él, el conocimiento es más importante que la vida misma. Este conflicto es presentado de una manera muy interesante, culpando a Carrington por su sed descontrolada por conocimiento, al mismo tiempo que queda explicitado un cierto respeto por la forma en como pelea por sus creencias.

El guión también presenta una serie de constantes dentro de la obra de Hawks, como lo son el humor cínico, la existencia de un personaje gracioso capaz de alivianar la tensión a ratos, y el flirteo sin pudores entre adultos de distinto sexo. Las apariciones del extraterrestre (James Arness) son limitadas y abruptas, lo que logra que este se mantenga como una aterradora amenaza, pese a lo simple de su diseño. Algunas de las tomas en las que aparece el monstruo están filmadas de forma de que su figura sea vea algo difusa, lo que ayuda a la sensación de paranoia y misterio que se quiere crear en torno a la criatura. Además cabe mencionar lo esplendido de las escenas de acción, en especial la escena en la que tratan de prenderle fuego al alienígena, la cual es uno de los puntos altos de la cinta.

Las actuaciones son en general buenas. Kenneth Tobey y Robert Cornthwaite cumplen con su rol de líderes de visiones totalmente opuestas, mientras que Margaret Sheridan realiza un buen trabajo como Nikki, una mujer fuerte inmersa en un ambiente dominado por hombres. Curiosamente, el actor James Arness, encargado de interpretar al extraterrestre, y quien es más conocido por los amantes del género por ser uno de los protagonista de la cinta “Them!” (1954), declaró en más de una ocasión sentirse sumamente avergonzado por su rol en esta cinta, a tal punto que ni siquiera asistió al estreno de la misma. En términos de producción esta película es impecable; los escenarios diseñados por Albert S. D´Agostino y John Hughes, y los efectos especiales de Linwood Dunn y Donald Steward, ayudan a que el espectador realmente crea que la acción esta sucediendo en el frío Ártico. Además, la banda sonora compuesta por Dimitri Tiomkin resulta sumamente apropiada, teniendo la particularidad de presentar algunos compases con un instrumento llamado theremin, conducido por el propio inventor del objeto, el doctor Samuel Hoffman. Esta sería la primera vez que este instrumento sería utilizado en una película de este tipo, siendo mayormente conocido por el uso dado por Bernard Herrmann en otro clásico del género:
“The Day the Earth Stood Still” (1951).

En definitiva, “The Thing From Another World” es una cinta con un clima de suspenso bien generado y un ritmo narrativo ágil. Si bien es cierto, el remake de Carpenter es superior al momento de crear un clima más paranoico y su versión resulta ser más fiel a la novela de Campbell, la versión de Hawks es un film escrito de manera excelente, con diálogos alejados del cliché esperable, y una atmósfera claustrofóbica. Más allá de la discusión de cual de las dos versiones es superior (ambas son grandes exponentes del género), la presente es una cinta clásica y esencial dentro de la ciencia ficción, siendo de visión absolutamente obligatoria.

por Fantomas.

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