“Cani Arrabbiati” (1974), es un thriller del director Mario Bava, cuyo guión fue escrito por Alessandro Parenzo y Cesare Frugoni. La cinta está protagonizada por Riccardo Cucciolla, Lea Lander y George Eastman.Tres desesperados delicuentes, Doctor (Maurice Poli), Treintaidós (George Eastman) y Bisturí (Don Backy), llevan a cabo un precipitado robo matando a varías personas, pero su vehículo queda destrozado en un encontronazo con la policía. En su desesperación, huyen a un garaje para apropiarse de otro coche y toman como rehén a Maria (Lea Lander), una inocente transeúnte. Pese a que la policía les permite huir, los criminales sabes que no tardarán en atraparlos. Es por esta razón, que al llegar a un semáforo en rojo secuestran un nuevo vehículo. Su conductor, Riccardo (Riccardo Cucciolla), es obligado a servirles de chofer. Él tiene que llevar a su hijo enfermo al hospital, pero los asesinos no se lo van a permitir.
El intento de adentrarse en el mundo del thriller más realista por parte director italiano Mario Bava durante la década de los setenta, pudo haber obtenido un sorpresivo éxito si los problemas legales no se hubiesen interpuesto en el camino de su estreno. Intentando diferenciarse de sus discípulos italianos, como por ejemplo Dario Argento, el director sufrió dos frustrantes reveses en su carrera. Su escalofriante ensayo acerca de la necrofilia llamado “Lisa and the Devil” (1973), no encontró distribuidores y eventualmente fue re-filmada bajo el nombre de “House of exorcism”, transformándose en una cinta más que olvidable. El siguiente proyecto de Bava, “Cani Arrabbiati”, se transformaría en un verdadero dolor de cabeza para el director.Filmada en el verano de 1974 en Italia, Bava había filmado la suficiente cantidad de escenas para completar la cinta (con la excepción de un corto prólogo). Además tenía en su poder la totalidad de la banda sonora compuesta por Stelvio Cipriani, con lo que logró construir una versión preliminar del film. Sin embargo, uno de los inversionistas que respaldaban al productor Roberto Loyola murió en un accidente de transito ese mismo verano, poniendo en riesgo el futuro del proyecto. Sin dinero para pagar la postproducción y la edición del film, la película fue archivada y luego tomada como un activo cuando Loyola se declaró en bancarrota. Por mucho tiempo se pensó que el proyecto jamás vería la luz del día. Sin embargo, veinte años después la compañía Spera Cinematografica, liderada por la actriz Lea Lander, una de las protagonistas de la cinta, logró recaudar el dinero suficiente para terminar y restaurar la película (cuya copia tras su larga estadía en el purgatorio, obviamente no se encontraba en las mejores condiciones), convirtiéndose en uno de los trabajos más fascinantes del director.

Durante algo más de treinta años hemos sido testigos de una escalada de violencia en la pantalla grande. Pese a esto, esta película mantiene la capacidad de sorprender e incomodar de cierta forma al espectador. Se desarrolla en tiempo real y nunca se aparta de la situación límite que se está llevando a cabo al interior del automóvil. Y es que Bava logra construir una atmósfera claustrofóbica, aún cuando la historia tiene lugar en un camino abierto bajo el cielo azul. Lo estresante de la situación (cinco adultos y un niño confinados en un pequeño Fiat en un día caluroso) influye en el comportamiento de los criminales, los cuales comienzan a comportarse de manera más violenta y errática. En el asiento trasero se encuentran dos perfectos psicópatas; el gigantesco Treintaidós está continuamente haciendo gala de su apetito sexual, mientras que su compañero Bisturí, tiene el horrible hábito de apuñalar a las personas sin ningún tipo de advertencia. Los aterrorizados rehenes no tienen más remedio que atender las retorcidas peticiones de sus captores, en especial Riccardo, quien teme por la vida del pequeño.
Los guionistas Frugoni y Parenzo, pese a situar más de alguna dificultad en el camino de los criminales, aumentando las dosis de suspenso que presenta la historia, ubican la verdadera tensión en el colmado asiento trasero del automóvil. Aunque no llega a incomodar tanto con la cinta “The Last House on the Left” (1972), de Wes Craven, la cinta de Bava no es recomendada para los espectadores que busquen entretención ligera. Mientras el malhablado Treintadós intenta aprovecharse de Maria, Bisturí constantemente la molesta con su navaja. Luego de un fallido intento de escape, los asesinos la fuerzan a orinar en frente suyo. Maria vivirá todo el viaje inmersa en una incontrolable histeria, que no le permitirá pensar con claridad. Pese al caos vivido al interior del automóvil, Riccardo se las arregla para mantener la calma y conducir el carro.

“Cani Arrabbiati” es uno de los trabajos más interesantes del director por diversos motivos. Para empezar, fue el único film de Bava que evadió por completo los elementos propios del género fantástico y del horror, los cuales el director manejaba a la perfección. Aunque en esta ocasión Bava se sumerge en el mundo “real”, su visión de la realidad no deja de ser escalofriante, llevando al espectador a preguntarse si no estaríamos mejor en uno de los mundos de fantasía que colman su filmografía. La realidad construida por Bava en esta cinta es un lugar inhóspito y hostil, donde prevalece la ley del más fuerte. Es un mundo dominado por los hombres, donde las mujeres quedan relegadas a ser solo objetos sexuales, pudiendo ser utilizadas por los hombres a su antojo. No existe la esperanza en este mundo, por lo que la muerte debe ser tomada prácticamente como una bendición.
Las actuaciones son en general creíbles e intensas. Algo que llama la atención es que ninguno de los personajes de la cinta logra despertar mucha simpatía en el espectador. La desesperación de la que es victima Maria la lleva en ocasiones a poner en riesgo la vida de los otros rehenes, mientras que Riccardo es retratado como un hombre cobarde durante gran parte de la película. El resto de los personajes que van apareciendo en la huída de los forajidos son igualmente desagradables. El gran logro del director es impedir que la historia se vuelva monótona, cosa que logra gracias a un estupendo uso de la cámara y una más que adecuada banda sonora. El prólogo ideado por Bava, fue filmado en 1997 por Lamberto Bava, hijo del director, quien se basó en unas notas dejadas por su padre. Este prólogo, solo cobrará sentido al final de la cinta, que dicho sea de paso, es uno de los momentos más sorprendentes del film, el cual representa en gran medida el cinismo del mundo según la mirada critica del director. Es una lástima que Mario Bava no haya podido ver su obra terminada, obra que sin duda está dentro de lo mejor de la extensa filmografía del director.
por Fantomas.









