miércoles, 28 de noviembre de 2012

The Fury: El poder destructivo del odio.

“The Fury” (1978), es un thriller de ciencia ficción del director Brian De Palma, el cual está protagonizado por Kirk Douglas, John Cassavetes, y Amy Irving.

Tras ser atacado por un supuesto grupo extremista, el agente del gobierno Peter Sandza (Kirk Douglas) es dado por muerto. Algunos meses más tarde, desesperado por encontrar a su hijo Robin (Andrew Stevens), Sandza recurre a Gillian Bellaver (Amy Irving), una joven que posee poderes psíquicos inexplicables. Ella parece ser la única capaz de revelar donde está retenido Robin, quien está siendo utilizado en peligrosos experimentos mentales, cuyas consecuencias pueden ser devastadoras.

Después de filmar “Carrie” (1976), Brian De Palma se puso a buscar financiamiento para otros de los proyectos que tenía en carpeta. Debido a la escasa recaudación que logró dicho film, esto no sería una tarea fácil. Sin embargo, por esas casualidades de la vida, tras acompañar a la actriz Jill Clayburgh a ver el estreno de la cinta “Silver Streak” (1976), la cual ella protagonizaba, la pareja se encontró con el actor Alan Ladd y el productor Frank Yablans en un restaurante de Nueva York. Este último le mencionó a De Palma que junto al escritor John Farris, se encontraban escribiendo la adaptación de la novela “The Fury”, la que quizás podría interesarle. Al día siguiente, el representante del director, que casualmente también era el representante de Farris, le envío el mentado guión. Para el realizador, el flechazo fue inmediato. En el escrito reconoció elementos de la ya mencionada “Carrie”, y otros tantos de “The French Connection” (1971) y de “Three Days of the Condor” (1975), con los cuales le entusiasmaba trabajar. Fue entonces cuando casi sin pensarlo, De Palma llamó a Yablans para confirmarle su participación en el proyecto. Pese a creer que el guión era lo suficientemente bueno como para atraer a la audiencia, el director quiso asegurarse de no fracasar nuevamente en la taquilla contratando a dos actores consagrados como Kirk Douglas y John Cassavetes, quienes le otorgarían al film el "star-power" suficiente como para obtener una buena recaudación en las salas de cine.

En “The Fury”, Kirk Douglas interpreta a Peter Sandza, un agente del gobierno cuyo hijo Robin es engañado por los superiores de Sandza, quienes convencen al joven que su padre ha muerto en un tiroteo en Israel, con el fin de investigar y manipular las habilidades psíquicas que este posee, y que lo convierten en una potencial arma de destrucción contra los rusos. Sediento de venganza, Sandza regresa a los Estados Unidos con el único fin de encontrar a su hijo y asesinar al responsable de su “secuestro”, el siniestro agente Ben Childress (John Cassavetes). En medio de su cruzada, Sandza se percata de que no es el único que está buscando a su hijo. Una joven llamada Gillian Bellaver no solo ha estado teniendo una serie de problemas a causa de sus poderes paranormales, sino que además se ha estado comunicando telepáticamente con Robin, por lo que ella cree que él es el único que puede ayudarla a comprender su situación y a encontrar un lugar en un mundo que le es ajeno. Es así como eventualmente Peter y Gillian unen fuerzas para encontrar a Robin, sin conocer que tanto el carácter como los poderes del joven se encuentran fuera de control, lo que inevitablemente traerá consecuencias mortales para todos quienes osen interponerse en su camino.


“The Fury” es una película en extremo curiosa. Lo que comienza como una cinta de espionaje, pronto se convierte en una producción que trata acerca del fenómeno psíquico y de los problemas que conlleva el paso por la adolescencia. Durante la primera media hora del film, De Palma se centra en la situación que conlleva a que Peter se aleje involuntariamente de su hijo, y como este regresa un año después de dicho acontecimiento a los Estados Unidos para intentar vengarse de sus antiguos colegas. Como su contraparte nos encontramos con Ben Childress, quien no solo es responsable de todo lo sucedido, sino que además es el encargado de llevar a cabo el proyecto que recluta jóvenes psíquicos para convertirlos en armas del gobierno. Estrictamente ligado con esto, también somos testigos de cómo el grupo liderado por la doctora Susan Charles (Fiona Lewis), intenta despertar el verdadero poder psíquico de Robin, incrementando su ira a través de la filmación del supuesto asesinato de su padre. Sin embargo, lo que más afecta al joven es la relación que este mantiene con la Dra. Charles, cuyos tintes edípicos tendrán macabras consecuencias en un joven cada vez más emborrachado con su poder y su incontrolable ira.

Ya en la segunda mitad del film, el director explora los problemas que sufre Gillian a causa de su poder, específicamente como es apartada por sus compañeras de colegio, quienes piensan que es un fenómeno, y como esta termina siendo internada por su propia voluntad en un instituto que se dedica a trabajar con jóvenes como ella, el cual está a cargo del aparentemente bienintencionado doctor Jim McKeever (Charles Durning). Y es que el mayor temor de la joven es que su poder (o su maldición como ella lo ve), la lleve a dañar a aquellos a quienes ama, situación que ya ha experimentado en un par de ocasiones cuando sin quererlo, le ha provocado hemorragias a quienes tienen contacto con ella. Para alegría de Gillian, será en este lugar donde por fin se sienta a gusto, aunque lamentablemente no podrá disfrutar de aquello por mucho tiempo. Pronto la joven comenzará a fortalecer su nexo psíquico con Robin, quien también estuvo un tiempo en el instituto, lo que no solo la llevará a intentar dar con el paradero de aquel que comparte y entiende su don, sino que además la pone en la mira de Childress, quien hace ya un tiempo está buscando otro conejillo de indias capaz de convertirse en un arma efectiva y moldeable a sus más oscuros deseos.


Como es de esperarse por la talla de los actores que participan en esta producción, el elenco completo realiza un estupendo trabajo interpretando sus respectivos papeles. Se destaca la actuación de Kirk Douglas, quien personifica a este padre vengativo de energía contenida, la cual por momentos se libera de manera violenta y brutal. Amy Irving por su parte, refleja de buena manera la evolución de su personaje, que pasa de ser una joven frágil y algo asustadiza, a ser una mujer fuerte capaz de enfrentarse a cualquier situación. Por último cabe mencionar la labor de John Cassavetes, que logra que su personaje se muestre como un hombre realmente siniestro capaz de todo por alcanzar sus objetivos, lo que lo sitúa como un villano a la altura de las circunstancias. En el aspecto técnico del film, este cuenta con la atmosférica banda sonora compuesta por el siempre confiable John Williams, y con el correcto trabajo de fotografía de Richard H. Kline, que permite que en ciertos pasajes la cinta adquiera un cariz onírico. Cabe destacar que la producción también presenta una buena cantidad de bien logrados efectos especiales, los cuales resultan ser en su mayoría bastante viscerales y vienen a coronar el último tramo del relato.

En “The Fury” De Palma opta por no utilizar una estructura lógica para narrar una historia compleja y trágica, que no solo intenta fusionar géneros que rara vez suelen ir de la mano, sino que además juega a confundir y manipular al espectador para facilitar la entrada de este al mundo surrealista y onírico en el que se desarrollan los acontecimientos. Sin embargo, esta maniobra del director termina siendo un arma de doble filo. Mientras que logra con éxito capturar la atención del espectador, al mismo tiempo provoca que la cinta sufra una curiosa dicotomía que impide que las dos subtramas principales se fusionen de buena manera, hecho que solo ocurrirá en el último tramo del film. Claramente “The Fury” no es de lo mejor que podemos encontrar dentro de la filmografía del siempre interesante Brian De Palma, pero tampoco es uno de sus peores trabajos. Pese a que su carencia de definición narrativa arrastra consigo algunos agujeros en la trama, la cinta presenta un buen número de escenas visualmente atrayentes, las cuales en su mayoría son bastante viscerales, además de un par de momentos realmente destacables que han soportado bien el paso del tiempo, manteniendo intacta su capacidad de sorprender al espectador. Es precisamente por sus virtudes que "The Fury" se alza como una producción interesante, que al menos merece ser rescatada de los anales del cine setentero.

 

por Fantomas.

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