sábado, 27 de octubre de 2007

The Incredible Shrinking Man: Como medir un par de centímetros y no morir en el intento.

“The Incredible Shrinking Man” (1957), es un film de ciencia ficción del director Jack Arnold, el cual está protagonizado por Grant Williams y Randy Stuart.

Scott Carey (Grant Williams) disfruta una tarde de verano junto a su esposa Louise (Randy Stuart), tomando el sol en la cubierta del yate de su hermano, cuando una nube radioactiva que se comienza a acercar al yate envuelve a Scott por completo. Seis meses después, él se da cuenta de que toda su ropa le queda grande. Preocupado por esta situación, decide ir al doctor el cual le confirma que ha perdido peso, además de un par de centímetros de estatura. A partir de ese momento, se seguirá encogiendo y a medida de que eso sucede, va aumentando su grado de paranoia respecto al entorno que lo rodea.


Tan pronto como Richard Matheson publicó su novela “El hombre menguante” en 1956, fueron muchos los interesados en llevarla a la pantalla grande. Entre ellos se encontraba Albert Zugsmith, quien en ese entonces era productor de la Universal. Él no solo compró los derechos de la novela, sino que también contrató al mismo Matheson para adaptarla. El escritor se vio en la obligación de realizarle una serie de cambios al relato, con el objetivo de que este se acercara al formato cinematográfico. Con respecto a esto, Matheson declaró en una ocasión que “la historia debía estar narrada en orden cronológico. En un principio había empezado a escribir mi novela de esa forma, pero el proceso se me hizo tedioso por lo que terminé reestructurándola de la misma forma que había estructurado ´I Am Legend´: comencé en la mitad de la historia, para luego explicar lo sucedido anteriormente mediante flashbacks”. Sin embargo, Matheson sería obligado a escribir el guión de “The Incredible Shrinking Man” de manera cronológica, labor en la que sería secundado por Richard Alan Simmons.

Por otro lado, sería Jack Arnold, un realizador que no había logrado el beneplácito de la crítica pese a haber dirigido algunos de los grandes clásicos del cine de ficción como por ejemplo “It Came From Outer Space” (1953), “Creature From the Black Lagoon” (1954), y “Tarantula” (1955), el escogido por Zugsmith para dirigir la cinta. Pese a que la película fue realizada con un escaso presupuesto, esta logra separarse del resto de las producciones de similar corte que fueron realizadas durante la década de los cincuenta. El equipo técnico trabajaría durante ocho meses preparando los efectos especiales y la fotografía del film, y cuando comenzaron las filmaciones solo el elenco y el equipo de filmación tenía la posibilidad de entrar al set. Es importante mencionar que no todos los efectos especiales fueron realizados utilizando trucos de fotografía; también se utilizaron algunos objetos de utilería gigantes, los cuales fueron construidos especialmente para algunas de las escenas claves de la cinta.

Cabe mencionar que a petición del productor, Matheson no incluyó en el guión algunos pasajes de la novela que presentaban una fuerte connotación sexual, como por ejemplo el lío que el protagonista tiene con un pederasta. En ese sentido, la descripción que Arnold realiza de la desintegración de la relación matrimonial del protagonista, está plagada de momentos sutiles pero surrealistas que hacen hincapié en la creciente alienación de la pareja. Esto nos lleva a una de las escenas más memorables del film, la cual curiosamente fue editada cuando la cinta se exhibió en los Estados Unidos. En un momento de la historia, Scott conoce a una enana en una cafetería con la cual comienza una relación sentimental la que solo es insinuada por el director. Dado que Grant Williams se negó a usar a una enana real para interpretar a la feriante con quien su personaje tiene un affaire, Arnold tuvo que filmar a los dos actores en unos sets llenos de muebles gigantes para así lograr el efecto deseado.

Esta no sería la única dificultad que tendría que enfrentar Arnold y compañía durante la realización de la cinta. La famosa escena en la que Scott batalla con la araña gigante, la cual involucraba el uso de una tarántula entrenada que había sido utilizada por el director en el film “Tarantula”, resultó ser sumamente difícil de filmar. Lo mismo sucedió en gran parte de las escenas en las cuales el protagonista es tan pequeño como un botón. De hecho Matheson, quien solía visitar el set de filmación a diario, en una ocasión declaró: “cuando ellos estaban rodando la escena de la inundación, en la cual se puede ver un lápiz gigante y el calentador de agua destruido, el pobre Grant Williams se veía abatido. Estuvo a punto de matarse en varias ocasiones, como cuando casi se electrocuta o cuando estuvo a punto de ahogarse”. Afortunadamente, el trabajo duro dio sus frutos, y la película sigue siendo recordada por sus entrañables e imaginativos efectos especiales, responsables en gran medida del especial encanto que tiene este film.

En el ámbito más filosófico de la cinta, Arnold intenta plasmar los distintos problemas que tendrá que enfrentar el protagonista, los cuales van más allá del simple hecho de estar empequeñeciéndose. A medida que va disminuyendo su tamaño, Scott va perdiendo todo aquello que lo define como hombre. De hecho, llega un momento de la historia en que este es visto prácticamente como un juguete por su esposa (el solo hecho de que comience a vivir en una casa de muñecas reafirma esa idea). Al final del día, es la mente del protagonista la que se ve más afectada durante todo este proceso, algo que se verá plasmado en su discurso final. Y es que esta increíble situación termina convirtiéndose en un viaje cuyo destino final es el autoconocimiento. La profundidad que presenta todo el relato, da paso a uno de los finales más cerebrales que se haya visto en el cine de ciencia ficción. La reflexión final de Scott ha sido interpretada en múltiples ocasiones como una rendición etérea frente al destino inevitable, así como también como una suerte de metáfora acerca de nuestro lugar en el mundo. Independiente del significado de las últimas palabras de Scott, los momentos finales de la cinta son realmente sobrecogedores.

Por otra parte, la actuación de Grant Williams es realmente sobresaliente, debido a que no solo logra que su personaje resulte creíble, sino que además logra que el espectador se identifique con su situación. Como ya había mencionado anteriormente, el trabajo de fotografía realizado por Clifford Stine, Roswell A. Hoffman y Everet A. Broussard, es en parte uno de los responsables de que esta cinta sea considerada como uno de los grandes clásicos del género. Por otro lado, la banda sonora compuesta por Hans J. Salter y Herman Stein, acompaña de manera perfecta a las imágenes, complementando de buena manera la atmósfera pesimista que el director le imprime al relato. “The Incredible Shrinking Man” es una película que fusiona de manera inteligente un entretenido relato fantástico, con una serie de postulados filosóficos y metafísicos que resultan ser realmente interesantes. Aunque en un momento se pensó en realizar una secuela en la cual la esposa del protagonista terminara internándose en el mundo atómico de su marido, el proyecto terminó siendo desechado por lo estúpido del guión. Varios años después, el infame Joel Schumacher realizaría “The Incredible Shrinking Woman” (1981), la cual obtuvo resultados tan nefastos que poca gente conoce su existencia. En definitiva, esta película es un verdadero imperdible del cine de ciencia ficción, la cual afortunadamente ha envejecido bastante bien, manteniendo intacto su particular encanto.




por Fantomas.

1 comentario:

Pliskeen dijo...

Muy de acuerdo con la reseña.
Esto me hace recordar cuán olvidado está Jack Arnold. Nos dejó unas cuantas joyitas y entre ellas, esta obra maestra de la ciencia-ficción.

Una lástima que Hollywood y el público en general no suela recordar a este tipo de directores.
Supongo que trascenden sus películas por encima de sus nombres.

Saludos ;)

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