lunes, 5 de noviembre de 2007

The Trouble With Harry: Una comedia acerca de un cadáver.

“The Trouble With Harry” (1955), es una comedia de humor negro del director Alfred Hitchcock, la cual está protagonizada por John Forsythe, Edmund Green y Shirley MacLaine.

En una pequeña villa de Vermont aparece el cadáver de un hombre llamado Harry. Aunque a nadie pareciera importarle que el tipo esté muerto, algunos creen haber sido responsables de su fallecimiento, entre ellos su mujer Jennifer (Shirley MacLaine) y el capitán jubilado Albert Wiles (Edmund Gwenn). Con el afán de evitarse problemas, estas personas enterrarán y desenterrarán a Harry numerosas veces, dando lugar a una serie de engorrosas situaciones y a alguna que otra relación amorosa.

Tras terminar “To Catch a Thief” (1955), Hitchcock tenía claro cual sería su próxima obra. Antes de comenzar a filmar su nuevo proyecto, el director había leído la novela corta cómico-grotesca de Jack Trevor Story, “The Trouble With Harry”, tras lo cual le pidió a John Michael Hayes que la adaptara. Una vez que el guión estaba casi completo, Hitchcock le encargó a Herman Citron, uno de sus agentes en la MCA, que negociara la compra de los derechos cinematográficos de la obra sin que el escritor supiera quién era el interesado. Pese a que un asesor de la Paramount había informado cuatro años antes que la novela era una interesante historia carente de inhibiciones, la cual pese a estar escrita con un estilo muy divertido poseía un humor demasiado frágil y extravagante, y su trama era demasiado fantástica para llevarla a la pantalla grande, por lo que no era recomendable adaptarla a la pantalla grande, gracias al éxito obtenido con “The Rear Window” (1954), los ejecutivos de la Paramount decidieron darle luz verde a Hitchcock, asignándole un millón de dólares de presupuesto para la película.

Tras esto, el elenco fue seleccionado rápidamente. Hitchcock envió a Herbert Coleman a Nueva York para encontrar a una actriz entre los nuevos rostros de la escena teatral. De esta forma, Coleman y su familia llegaron a Nueva York, donde su hija Judy lo convenció de que la llevara a ver el nuevo musical, “The Pajama Game”. Coleman se sintió tan impresionado con la protagonista, que acudió entre bastidores, se presentó como el representante de Alfred Hitchcock y la Paramount Pictures, y pidió una entrevista con ella. Sólo entonces se pudo percatar que la actriz en cuestión era una reemplazante temporal de Carol Haney, quien era la que figuraba en el programa. La afortunada y joven actriz que en ese entonces sólo tenía veinte años era Shirley MacLaine. Al día siguiente, Coleman estaba en las oficinas de Nueva York de la Paramount arreglando una prueba de cámara para la aprobación de Hitchcock y el estudio, la cual resultó de las mil maravillas. Al poco tiempo después, Hitchcock, quien había recorrido toda Nueva York, completaba su elenco con la actriz Mildred Dunnock, John Forsythe, Mildred Natwick y, en su cuarto papel para Hitchcock desde 1931, el veterano Edmund Gwenn.

El equipo de filmación partió rápidamente hacia Vermont, lugar escogido por el director quien deseaba rodar los colores del paisaje otoñal en toda su gloria. La caída de las hojas, según el mismo Hitchcock, era la autentica razón para insistir en trabajar en locaciones exteriores para un film que de una u otra forma, podría haberse rodado perfectamente en los estudios de la Paramount. Lamentablemente hubo tantas tormentas, que la mayor parte del planeado rodaje en exteriores tuvo que ser cancelado, y el director y sus intérpretes tuvieron que utilizar un plató interior construido al interior de un gimnasio. Durante las pocas horas de buen clima que el director y su equipo tuvieron, lograron rodar algunas buenas tomas del paisaje, las cuales posteriormente fueron añadidas al resto de las escenas rodadas en Hollywood.

El regreso a Hollywood estuvo marcado por un importante y feliz giro en los acontecimientos, lo que vino a romper la mala racha que estaba sufriendo la producción. Luego de varios intentos en vano, Hitchcock finalmente fue capaz de conseguir a Bernard Herrmann para que compusiera la banda sonora de la cinta. Esta colaboración duraría nueve años, y la verdad es que el hecho de que trabajaran juntos por tanto tiempo resulta sorprendente, considerando que ambos eran sumamente testarudos, a ratos insoportables, y su tolerancia hacia las críticas y consejos era más bien mínima. Probablemente la razón que los mantuvo unidos fue que Hitchcock y Herrmann compartían un oscuro y trágico sentido de la vida, una amarga visión de las relaciones humanas, y una compulsión para explotar estéticamente el mundo particular de la fantasía romántica,lo que a final de cuentas los llevó a ser una dupla exitosa.

Esta cinta básicamente respondía al deseo de Hitchcock de trabajar con los contrastes, de luchar contra la tradición, contra los clichés. Como diría el mismo director, “en ´The Trouble With Harry´ saco el melodrama de la noche oscura para llevarlo a la luz del día. Es como si presentara un asesinato a orillas de un riachuelo cantarín y soltara una gota de sangre en su agua límpida. De estos contrastes surge un contrapunto, y quizás, incluso, una súbita elevación de las cosas corrientes de la vida”. Es así como Hitchcock presenta la muerte de un hombre como un hecho desencadenante de sucesos cómicos, e incluso como un punto de partida de relaciones amorosas. Es así como podemos ver que el personaje de John Forsythe siente una atracción inmediata hacia la esposa del hombre muerto, al punto de proponerle matrimonio luego de tan sólo unos pocos minutos de conocerla. De la misma forma, el personaje de Mildred Natwick coquetea con el viejo capitán, arreglando una cita mientras están literalmente sobre el cadáver de Harry. La cinta se caracteriza por presentar una atmósfera de marcada tensión sexual, donde el hombre muerto sólo es visto como una distracción temporal que necesita ser manejada. Los personajes hablan del cadáver como si fuera un paquete de cigarrillos, y gran parte del humor que exhibe el film radica en la bizarra visión que tienen los personajes acerca del problema en que se ven envueltos.

La película funciona maravillosamente bien. Resulta destacable el trabajo de Bernard Herrmann, quien nos presenta una banda sonora de una bipolaridad impresionante, la cual resalta el tono tragicómico del relato. Por su parte, el guión escrito por John Michael Hayes está repleto de ingeniosos diálogos que no hacen más que reflejar el negrísimo humor que poseía Hitchcock, mientras que la fotografía de Robert Burks es un verdadero logro, siendo uno de los puntos altos del film. Las actuaciones son en general bastante buenas. MacLaine brilla en su debut cinematográfico, mostrándose encantadora, sexy y graciosa. Forsythe por su parte, interpreta de manera perfecta al enamoradizo e inteligente pintor, el cual exhibe un torcido sentido del humor. La química entre ambos es innegable, y es fácilmente apreciable en la pantalla. El resto del elenco complementa de forma perfecta a los protagonistas, logrando que al espectador no le resulte complicado identificarse con ellos pese a lo bizarro de las circunstancias. Es una lástima que Hitchcock no haya realizado una mayor cantidad de comedias durante su carrera. Esta es una verdadera joya del director, que presenta una historia más bien simple, pero lo suficientemente bien narrada como para que el espectador se interese en saber cuál es el siguiente enredo en el que se verán envueltos los protagonistas. Aunque es evidente que se trata de una cinta de corte más familiar, de todas formas el director incluye una cantidad suficiente de intrigas y líos como para no alejarse demasiado del género que lo hizo famoso. En definitiva, “The Trouble With Harry” dista de ser una película perfecta, pero de todas formas es una obra que se destaca más por sus virtudes que por sus defectos, y que incluso intenta que el espectador comprenda que en ocasiones es agradable poder reírse de la muerte.




por Fantomas.

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