jueves, 29 de noviembre de 2007

The Street With no Name: La respuesta del FBI al crimen organizado.

“The Street With No Name” (1948), es un thriller del director William Keighley, el cual está protagonizado por Mark Stevens y Richard Widmark.

Una ola de crímenes, incluido un asalto a un club nocturno y un asalto a un banco, está azotando a Center City. En ambos casos, han resultado asesinadas dos personas sin ninguna conexión aparente entre ellas, con la excepción del arma homicida. Debido a esto, al agente federal Gene Cordell (Mark Stevens), no le quedará más remedio que infiltrarse en una peligrosa banda criminal liderada por Alec Stiles (Richard Widmark), para encontrar al responsable de los atracos. Todo irá acorde al plan hasta que alguien le avisa a Stiles que existe un topo en su organización, hecho que pone la vida de Cordell en inminente peligro.


Como muchos de los films pertenecientes al género del cine negro, “The Street With No Name” muestra la propagación de un sinnúmero de bandas criminales como consecuencia de la revolución social vivida luego de la Segunda Guerra Mundial. Al mismo tiempo, también muestra como el FBI trabajaba para resolver los casos, y cuáles eran los medios técnicos con los que se contaba en aquel momento. Para lograr un mayor realismo, se contó con la ayuda de la agencia federal, quien además de facilitar parte de sus archivos para que Harry Kleiner escribiera el guión, permitieron que el director William Keighley trabajara, siempre que fuera posible, al interior del edificio que albergaba al Departamento de Justicia en Washington D. C., como así también en sus laboratorios de criminalística, en la Academia del FBI ubicada en Quántico, y en la oficina de agentes de campo ubicada en Los Ángeles. La razón de tanta amabilidad por parte del FBI, en ese entonces dirigido por J. Edgar Hoover, responde a que la cinta funciona como un instrumento de propaganda favorable a la institución y a la labor que esta estaba realizando en aquella época.

La película tiene la particularidad de ocupar una narrativa similar a la que se puede encontrar en obras documentales. Este tipo de narrativa fue utilizada en muchas cintas de cine negro norteamericanas, las cuales eran relatadas como si se tratara de hechos verdaderos que estaban sucediendo en aquella época en los Estados Unidos. Esta dinámica no solo permitía explicar los acontecimientos ocurridos en la sociedad norteamericana de los cuarenta, sino que además servía para relatar el papel del FBI en el combate contra la delincuencia. Ya más adelante, el estilo documental es utilizado para explicar los procedimientos utilizados en los laboratorios de criminalística, y para explicarnos algunos de los sucesos que van aconteciendo durante el transcurso de la cinta. Es importante mencionar que para lograr la atmósfera deseada, el equipo de filmación pasó alrededor de un mes filmando en las calles de Los Ángeles, donde abundaban todo tipo de maquinas tragamonedas, hoteles de mala muerte, y teatros de burlesque, los que ayudan a crear la sensación de que nos encontramos en los terrenos de los peores criminales del país. Además, se filmó en los puertos de San Pedro y en una fábrica de azúcar de Santa Ana, todo con el fin de darle un aspecto sombrío a la producción.


Sin uno logra sobrepasar los diez primeros minutos de la cinta, los cuales consisten en la algo tediosa presentación estilo documental antes mencionada, la verdad es que nos encontramos con una historia sumamente entretenida y simple. La trama resulta ser bastante sencilla; dos violentos atracos terminan en homicidio y el laboratorio del FBI ha comprobado que las balas en ambos casos fueron disparadas con la misma arma. Es ahí cuando el Bureau decide que la mejor forma de llevar el caso, es utilizar a un agente encubierto que logre insertarse en la peligrosa banda de un criminal llamado Alec Stiles, quien se cree que es el responsable de los asaltos. Dicha misión recae en los hombros del agente Gene Cordell, quien utilizando el alías de George Manly, termina siendo reclutado por Stiles y sus secuaces para un posible nuevo golpe. Desde este momento en adelante, la vida de Cordell estará en constante peligro, más aún cuando este decida ir tras la única prueba que podría condenar a Stiles y a sus asociados.

No pasará mucho tiempo antes de que el agente federal se percate del peligro en el que está inmerso. Stiles es un tipo siniestro y paranoico, cuyo descontrolado nivel de violencia lo lleva a golpear brutalmente a su esposa de manera regular. Para él, cada crimen debe ser abordado de manera casi científica, para así poder anticipar cualquier eventualidad que aparezca, lo que claramente no impide que de vez en cuando este se deje llevar por su incontrolable ira y asesine a quien se interponga en su camino sin siquiera pestañear  Aparte de la amenazante y desequilibrada personalidad del villano de turno, Cordell deberá enfrentarse a su propia inexperiencia, y a la posibilidad que dentro de las fuerzas del orden exista algún agente corrupto que le está dando información a Stiles, y que eventualmente puede dejarlo completamente en evidencia, sentenciándolo a una muerte segura. Es esta mezcla de elementos lo que provee a la cinta de un grado de tensión constante, que a la larga termina convirtiéndose en la razón principal por la cual el espectador no puede evitar mostrar verdadero interés en los giros dramáticos que presenta la historia.

Las actuaciones en general son bastante buenas, en especial la de Richard Widmark como Stiles, quien se caracteriza por ser frió y calculador, y por ser un especialista en colocar caras amenazadoras que dejan claro que es un tipo de temer. Él obtuvo el papel luego de recibir una nominación al Oscar como mejor actor secundario, por su debut en “Kiss of Death” (1947). Sin lugar a dudas, el personaje de Widmark termina siendo el verdadero protagonista del film, debido a que el director dedica una gran cantidad de minutos a la exploración de la personalidad neurótica e impredecible de este, y al estudio de la ambigüedad sexual que exhibe el villano en la relación que este mantiene con Gene Cordell. Mark Stevens por su parte, fue un actor que participó en un gran número de cintas de cine negro durante la década de los cuarenta y principios de los cincuenta, para luego dedicarse mayormente a participar en series de televisión. La verdad es que su actuación es opacada por la brillantez de Widmark, aunque de todas formas Stevens realiza una estupenda labor interpretando al temerario agente federal que decide meterse en la boca del lobo. Por último, Barbara Lawrence se encarga de interpretar a la esposa de Stiles, quien cumple un rol menor en la trama y se alza como el único personaje femenino del film.

Es destacable como el director William Keighley en uno de sus últimos trabajos pudo incluir las exigencias realizadas por la 20th Century Fox y el mismo FBI en relación a los contenidos de la película, sin la necesidad de tener que sacrificar su visión artística. Y es que no solo dota a la cinta de un ritmo narrativo dinámico, sino que además demostró con creces su habilidad para retratar al mundo criminal con un estilo que pocos directores de la época pudieron igualar. Gracias a la experta mano del realizador, al estupendo uso del claroscuro por parte del director de fotografía Joseph MacDonald, la más que correcta banda sonora compuesta por Lionel Newman, y a la estelar actuación del magnífico Richard Widmark, es que “The Street With No Name” se alza como uno de los buenos exponentes del film noir norteamericano, aún cuando no está a la altura de los grandes clásicos del género, razón por la cual un par de años más tarde el director Samuel Fuller realizaría un remake titulado “House of Bamboo” (1955).


por Fantomas.

1 comentario:

Claudia dijo...

Me gustan mucho las peliculas del cine negro, encuentro que te envuelven en una atmosfera de suspenso que te tienen todo el transcurso de la pelicula intrigado por saber que va a pasar

Muy buen post y espero que sigas escribiendo acerca de este tipo de pelis

PD: Todavia espero el post de una nueva pelicula de Bond.

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