lunes, 31 de diciembre de 2007

Compulsion: El crimen más escabroso de los años 20 en Chicago.

“Compulsion” (1959), es un drama judicial del director Richard Fleischer, el cual está protagonizado por Orson Welles, Dean Stockwell y Bradford Dillman.

Judd Steiner (Dean Stockwell) y Arthur Straus (Bradford Dillman) son dos jóvenes sumamente inteligentes, que cierto día deciden comprobar su intelecto superior planificando lo que ellos creen que puede ser un “crimen perfecto”. Pero un descuido hará que la policía dé con ellos, y los someta a un juicio que busca la ejecución de ambos jóvenes. Viendo la situación en la que se encuentran, las familias de ambos deciden contratar al abogado Jonathan Wilk (Orson Welles), un experto en casos como este, quien puede ser el único capaz de cambiar la sentencia.

Nathan Leopold y su amigo Richard Loeb eran un par de jóvenes provenientes de dos de las familias más acaudaladas de Chicago, cuya inteligencia les permitió tomar estudios avanzados a corta edad. Abiertos seguidores de Friedrich Nietzche, en especial de sus teorías acerca del “superhombre”, ambos no respetaban las leyes debido que pensaban que estas habían sido creadas para controlar a la gente común. Con esta noción en mente, ambos comenzaron a planear un peligroso juego; la idea era secuestrar y asesinar a un pequeño niño, pedir una recompensa por su rescate, y plantar una serie de pistas falsas para confundir a la policía. Eventualmente secuestraron al primo de 14 años de Leopold, al cual asesinaron al interior de un auto, para luego mutilar su cuerpo con la ayuda de ácido y navajas, y abandonarlo en un parque desierto. Desafortunadamente para el par de “genios”, Leopold dejó caer sus anteojos en el lugar donde dejaron el cadáver, gracias a lo cual la policía logró dar con ellos. Cuando sus familias se percataron que la pareja de jóvenes se enfrentaba a la pena de muerte, contrataron a Clarence Darrow, el mejor abogado de los Estados Unidos en aquella época, para que se ocupara de su defensa e impidiera que los ahora criminales fueran sentenciados a la horca.

Varios años más tarde, el escritor Meyer Levin se basó en este hecho real para escribir la novela “Compulsion”, la cual posteriormente adaptó para el teatro. Fue entonces cuando Richard Zanuck, el hijo de 24 años del fundador de la 20th Century Fox, Darryl F. Zanuck, decidió llevar la historia a la pantalla grande, marcando su debut como productor. La cinta dedica bastante tiempo a escudriñar en las complejas personalidades de este par de jóvenes, y en mostrar cuales fueron sus motivaciones para cometer un crimen tan horrendo. Junto con esto, durante el transcurso de la historia se sugiere en múltiples oportunidades la homosexualidad de los protagonistas, aunque de manera bastante sutil debido a que los ejecutivos del estudio tenían ciertas aprehensiones con el tema. Y es que entre ambos criminales se establece una relación de mutua dependencia, donde Judd, quien es más frágil e introvertido, busca la constante aprobación de Arthur, quien a su vez se divierte ejerciendo un cierto dominio sobre su amigo. La dinámica existente en esta relación malsana queda evidenciada en varios pasajes del film, como por ejemplo en la escena que abre el relato, en la cual Judd intenta atropellar a un borracho luego de que Arthur lo amenazara con dejarlo si no le hacía caso.

Otro aspecto al que se la da bastante importancia en la cinta, es al polémico tema de la pena de muerte. Durante su discurso de cierre (que dicho sea de paso, es recordado como uno de los monólogos más largos de la historia del cine), Jonathan Wilk expone de forma elocuente su postura respecto al tema, declarando que a su parecer la pena de muerte no le presenta ningún beneficio a la sociedad, sino que por el contrario, lo único que hace es poner a las personas afectadas al mismo nivel que los criminales que se busca enjuiciar. Y es que nadie tiene el derecho de quitarle la vida a otra persona, aún cuando esta última haya hecho todo lo posible para merecer semejante castigo. Lo que es aún más decidor, es que la pena de muerte es una medida completamente inútil, ya que ni siquiera ayuda a disminuir la tasa de crímenes violentos que tanto se busca combatir. Si bien el espectador puede o no estar de acuerdo con lo expuesto por el personaje de Welles, sus argumentos son sólidos y aún en la actualidad suelen ser utilizados por las personas y las organizaciones que se muestran abiertamente en contra de la pena capital.

Es importante mencionar que aún cuando Jonathan Wilk aboga para que la pareja de psicópatas no sea ejecutada, en ningún momento niega su culpabilidad, ni tampoco esconde su repudio por el acto horrendo que cometieron. Y es que la cinta también intenta examinar el dilema moral al que se ven sometidos los abogados día a día, donde deben defender a cientos de personas aún a sabiendas de su culpabilidad. Por otro lado, a diferencia de otras producciones cuya historia se basa en este mismo caso, como por ejemplo "Rope" (1948), del director Alfred Hitchcock, en esta ocasión el relato se centra en el período en el que la policía comenzó a investigar el crimen, y en el desarrollo del juicio que finalmente envió a los jóvenes a prisión. Jamás se muestra a la víctima o las circunstancias en las que esta es asesinada, a diferencia del film de Hitchcock, el cual comienza con el asesinato cometido por los dos protagonistas, los cuales luego se ven inmersos en un peligroso juego psicológico con un profesor interpretado por James Stewart.

En lo que a las actuaciones se refiere, la totalidad del elenco realiza un trabajo espléndido. Mientras que Orson Welles, quien aparece recién en la segunda mitad del film, interpreta de manera estupenda a este abogado que se ve enfrentado al que posiblemente es el caso más complicado de su carrera, Dean Stockwell y Bradford Dillman realizan una excelente labor interpretando al par de perturbados jóvenes. Es tal la calidad de las actuaciones del trío protagónico, que los tres ganaron el premio al mejor actor en el Festival de Cannes de 1959. Por otro lado, también resulta destacable el trabajo de fotografía de William C. Mellor, quien no solo le otorga un tono solemne a toda la historia, sino que además ayuda a reflejar la atmósfera pesimista y trágica que domina a los habitantes de la ciudad en donde se ha cometido el crimen. Por último cabe mencionar la banda sonora compuesta por Lionel Newman, la cual si bien es correcta es muy poco utilizada durante el transcurso del film.

Es sabido que con la intención de evitar cualquier tipo de problema legal, el guionista Richard Murphy optó por cambiar los nombres de los protagonistas. Sin embargo, para cuando se estrenó la cinta, Nathan Leopold aún seguía vivo y se molestó con la realización del film debido a que según él, invadía su privacidad, razón por la cual interpuso una demanda contra los encargados de la producción. Lamentablemente para él, la demanda no fue acogida debido a que anteriormente el mismo Leopold había publicado una autobiografía titulada "Life Plus 99 Years", la cual describía gran parte de los hechos que aparecen en la película. La verdad es que Richard Fleischer realiza un estupendo trabajo en esta ocasión, no solo imprimiéndole un ritmo narrativo adecuado al relato, sino que además sacándole el mayor provecho posible al elenco y al equipo técnico participante en el film. Es por todo esto que “Compulsion” no solo es una obra interesante y entretenida, sino que además tiene el mérito de retratar de cuerpo completo los hechos que remecieron a la ciudad de Chicago en el año 1924.

por Fantomas.

1 comentario:

Claudia dijo...

Ufffff... que buena pelicula para comenzar el año. Se nota es que una de esos clasicos imperdibles, a pesar que sea basada en un hecho real.

Me gustaron mucho tus comentarios y los datos que das relacionados a esta pelicula.

Muy buen post......

Feliz año 2008.

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