lunes, 31 de diciembre de 2007

Compulsion: El crimen más escabroso de los años 20 en Chicago.

“Compulsion” (1959), es un drama judicial del director Richard Fleischer, el cual está protagonizado por Orson Welles, Dean Stockwell y Bradford Dillman.

Judd Steiner (Dean Stockwell) y Arthur Straus (Bradford Dillman) son dos jóvenes sumamente inteligentes, que cierto día deciden comprobar su intelecto superior planificando lo que ellos creen que puede ser un “crimen perfecto”. Pero un descuido hará que la policía dé con ellos, y los someta a un juicio que busca la ejecución de ambos jóvenes. Viendo la situación en la que se encuentran, las familias de ambos deciden contratar al abogado Jonathan Wilk (Orson Welles), un experto en casos como este, quien puede ser el único capaz de cambiar la sentencia.

Nathan Leopold y su amigo Richard Loeb eran un par de jóvenes provenientes de dos de las familias más acaudaladas de Chicago, cuya inteligencia les permitió tomar estudios avanzados a corta edad. Abiertos seguidores de Friedrich Nietzche, en especial de sus teorías acerca del “superhombre”, ambos no respetaban las leyes debido que pensaban que estas habían sido creadas para controlar a la gente común. Con esta noción en mente, ambos comenzaron a planear un peligroso juego; la idea era secuestrar y asesinar a un pequeño niño, pedir una recompensa por su rescate, y plantar una serie de pistas falsas para confundir a la policía. Eventualmente secuestraron al primo de 14 años de Leopold, al cual asesinaron al interior de un auto, para luego mutilar su cuerpo con la ayuda de ácido y navajas, y abandonarlo en un parque desierto. Desafortunadamente para el par de “genios”, Leopold dejó caer sus anteojos en el lugar donde dejaron el cadáver, gracias a lo cual la policía logró dar con ellos. Cuando sus familias se percataron que la pareja de jóvenes se enfrentaba a la pena de muerte, contrataron a Clarence Darrow, el mejor abogado de los Estados Unidos en aquella época, para que se ocupara de su defensa e impidiera que los ahora criminales fueran sentenciados a la horca.

Varios años más tarde, el escritor Meyer Levin se basó en este hecho real para escribir la novela “Compulsion”, la cual posteriormente adaptó para el teatro. Fue entonces cuando Richard Zanuck, el hijo de 24 años del fundador de la 20th Century Fox, Darryl F. Zanuck, decidió llevar la historia a la pantalla grande, marcando su debut como productor. La cinta dedica bastante tiempo a escudriñar en las complejas personalidades de este par de jóvenes, y en mostrar cuales fueron sus motivaciones para cometer un crimen tan horrendo. Junto con esto, durante el transcurso de la historia se sugiere en múltiples oportunidades la homosexualidad de los protagonistas, aunque de manera bastante sutil debido a que los ejecutivos del estudio tenían ciertas aprehensiones con el tema. Y es que entre ambos criminales se establece una relación de mutua dependencia, donde Judd, quien es más frágil e introvertido, busca la constante aprobación de Arthur, quien a su vez se divierte ejerciendo un cierto dominio sobre su amigo. La dinámica existente en esta relación malsana queda evidenciada en varios pasajes del film, como por ejemplo en la escena que abre el relato, en la cual Judd intenta atropellar a un borracho luego de que Arthur lo amenazara con dejarlo si no le hacía caso.

Otro aspecto al que se la da bastante importancia en la cinta, es al polémico tema de la pena de muerte. Durante su discurso de cierre (que dicho sea de paso, es recordado como uno de los monólogos más largos de la historia del cine), Jonathan Wilk expone de forma elocuente su postura respecto al tema, declarando que a su parecer la pena de muerte no le presenta ningún beneficio a la sociedad, sino que por el contrario, lo único que hace es poner a las personas afectadas al mismo nivel que los criminales que se busca enjuiciar. Y es que nadie tiene el derecho de quitarle la vida a otra persona, aún cuando esta última haya hecho todo lo posible para merecer semejante castigo. Lo que es aún más decidor, es que la pena de muerte es una medida completamente inútil, ya que ni siquiera ayuda a disminuir la tasa de crímenes violentos que tanto se busca combatir. Si bien el espectador puede o no estar de acuerdo con lo expuesto por el personaje de Welles, sus argumentos son sólidos y aún en la actualidad suelen ser utilizados por las personas y las organizaciones que se muestran abiertamente en contra de la pena capital.

Es importante mencionar que aún cuando Jonathan Wilk aboga para que la pareja de psicópatas no sea ejecutada, en ningún momento niega su culpabilidad, ni tampoco esconde su repudio por el acto horrendo que cometieron. Y es que la cinta también intenta examinar el dilema moral al que se ven sometidos los abogados día a día, donde deben defender a cientos de personas aún a sabiendas de su culpabilidad. Por otro lado, a diferencia de otras producciones cuya historia se basa en este mismo caso, como por ejemplo "Rope" (1948), del director Alfred Hitchcock, en esta ocasión el relato se centra en el período en el que la policía comenzó a investigar el crimen, y en el desarrollo del juicio que finalmente envió a los jóvenes a prisión. Jamás se muestra a la víctima o las circunstancias en las que esta es asesinada, a diferencia del film de Hitchcock, el cual comienza con el asesinato cometido por los dos protagonistas, los cuales luego se ven inmersos en un peligroso juego psicológico con un profesor interpretado por James Stewart.

En lo que a las actuaciones se refiere, la totalidad del elenco realiza un trabajo espléndido. Mientras que Orson Welles, quien aparece recién en la segunda mitad del film, interpreta de manera estupenda a este abogado que se ve enfrentado al que posiblemente es el caso más complicado de su carrera, Dean Stockwell y Bradford Dillman realizan una excelente labor interpretando al par de perturbados jóvenes. Es tal la calidad de las actuaciones del trío protagónico, que los tres ganaron el premio al mejor actor en el Festival de Cannes de 1959. Por otro lado, también resulta destacable el trabajo de fotografía de William C. Mellor, quien no solo le otorga un tono solemne a toda la historia, sino que además ayuda a reflejar la atmósfera pesimista y trágica que domina a los habitantes de la ciudad en donde se ha cometido el crimen. Por último cabe mencionar la banda sonora compuesta por Lionel Newman, la cual si bien es correcta es muy poco utilizada durante el transcurso del film.

Es sabido que con la intención de evitar cualquier tipo de problema legal, el guionista Richard Murphy optó por cambiar los nombres de los protagonistas. Sin embargo, para cuando se estrenó la cinta, Nathan Leopold aún seguía vivo y se molestó con la realización del film debido a que según él, invadía su privacidad, razón por la cual interpuso una demanda contra los encargados de la producción. Lamentablemente para él, la demanda no fue acogida debido a que anteriormente el mismo Leopold había publicado una autobiografía titulada "Life Plus 99 Years", la cual describía gran parte de los hechos que aparecen en la película. La verdad es que Richard Fleischer realiza un estupendo trabajo en esta ocasión, no solo imprimiéndole un ritmo narrativo adecuado al relato, sino que además sacándole el mayor provecho posible al elenco y al equipo técnico participante en el film. Es por todo esto que “Compulsion” no solo es una obra interesante y entretenida, sino que además tiene el mérito de retratar de cuerpo completo los hechos que remecieron a la ciudad de Chicago en el año 1924.

por Fantomas.

sábado, 29 de diciembre de 2007

Forbidden Planet: Una de las grandes influencias dentro del cine de ciencia ficción.

“Forbidden Planet” (1956), es un film de ciencia ficción del director Fred M. Wilcox, el cual está protagonizado por Leslie Nielsen, Walter Pidgeon, y Anne Francis.

En el año 2200, una expedición liderada por el comandante Adams (Leslie Nielsen) llega al planeta Altair-4 con el fin de averiguar qué fue lo que ocurrió con los tripulantes de una misión anterior. Allí encontraran a los dos únicos sobrevivientes de aquella tripulación; el Dr. Morbius (Walter Pidgeon), que ha estado investigando por 20 años los avances científicos de una milenaria raza que habitó el planeta, y su hija Altaira (Anne Francis). El científico les relatará lo que aconteció con sus antiguos camaradas, no sin antes advertirles que es mejor que abandonen el lugar por su propio bien. Pese a esto, el comandante Adams y sus hombres deciden quedarse a investigar, sin imaginarse que pronto se encontrarán cara a cara con aquello que asesinó a la tripulación anterior.

La década del cincuenta se caracterizó por la gran cantidad de films de ciencia ficción que fueron producidos en Hollywood, los cuales en su gran mayoría fueron realizados por las unidades B de los grandes estudios, siempre con reducidos presupuestos que se terminaban reflejando en los distintos aspectos técnicos de dichas producciones. Estas películas comenzaron a simbolizar las preocupaciones de la Norteamérica de la época, que en aquel entonces estaba enfrentada a la paranoia generada por la Guerra Fría. Los “enemigos” de la nación, eran representados por seres extraterrestres cuya meta era la conquista de la Tierra, así como también la obtención del control de sus habitantes. Fue en este ambiente que el director Fred M. Wilcox filmaría “Forbidden Planet”, una cinta que en un inicio había sido pensada para atraer a un público más joven a las salas de cine.

Sería el equipo de productores, guionistas, y expertos en efectos especiales compuesto por Allen Adler y Irving Block, quienes desarrollarían una idea titulada “Fatal Planet”, que se transformaría en un proyecto que terminarían ofreciéndole a las unidades B de los distintos estudios. Lo que ellos no esperaban, era que dicho proyecto despertara el interés de los más altos ejecutivos de la MGM, en particular del productor Nicholas Nayfack, quien le cedió un presupuesto de un millón de dólares (el cual luego se expandiría a dos millones) a la que se convertiría en la primera cinta de ciencia ficción del estudio. Para escribir el guión, el productor contrataría al novelista Cyril Hume, quien era pariente del filósofo David Hume, responsable de los guiones de la popular serie de películas de Tarzán. Afortunadamente, Hume terminó inspirándose en la obra de William Shakespeare, “La Tempestad”, para escribir un guión bastante más profundo de lo que se podía esperar de una cinta de ciencia ficción. Lamentablemente para Hume, los ejecutivos de la MGM insistieron en agregar algunas escenas cargadas a la comedía, las que girarían en torno al cocinero de la nave (Earl Holliman). Sin embargo, esto sería lo único que Hume tuvo que agregar en contra de su voluntad, por lo que la idea central de la historia no fue alterada.

Si bien la cinta presenta un par de escenas de acción que involucran a monstruos gigantes y a un robot llamado Robby (que al año siguiente se convertiría en el protagonista del film “The Invisible Boy”), la mayor parte de los enfrentamientos que presenta la historia se producen a nivel verbal, siendo los protagonistas de estos el comandante Adams y su anfitrión, el Dr. Morbius. Este último es el poseedor de una serie de artefactos de origen extraterrestre, los cuales supuestamente pertenecieron a una raza conocida como los Krell, quienes poseían una inteligencia bastante superior a la humana. Dentro de dichos artefactos, se destaca una máquina capaz de materializar los pensamientos de quien la utilice. (Spoiler: si no has visto esta película, te recomiendo seguir leyendo desde el siguiente párrafo) Es alrededor de esta máquina que gira el conflicto principal de la cinta. Son nuestros propios miedos y sentimientos malsanos, los que le dan vida a una serie de monstruos que habitan en nuestro subconsciente, los que tarde o temprano pueden volverse en nuestra contra o en contra de la gente que nos rodea. Será el miedo a la soledad que experimenta el Dr. Morbius, lo que lo llevará a crear monstruos que impidan que la tripulación de recién llegados se lleve a su hija.

Técnicamente, el film presenta una serie de elementos destacables, especialmente en lo que a los elementos visuales se refiere, distanciándose bastante de las producciones de bajo presupuesto de la época. Cedric Gibbons y Arthur Lonergan realizan un estupendo trabajo recreando este planeta inhóspito y misterioso, el cual es contrastado con el tecnológico mundo subterráneo que se esconde bajo el hogar del Dr. Morbius, cuyo diseño resulta ser bastante impresionante. Los efectos especiales que presenta el film son de tan buena factura, que obtuvieron una nominación al Oscar. Por otro lado, el estupendo trabajo de fotografía de George J. Folsey, es complementado por la experimental banda sonora de Louis y Bebe Barron, quienes solo utilizaron algunos sonidos previamente grabados para componer la escalofriante música de la cinta. Curiosamente, fue tal el impacto que les produjo la banda sonora a los ejecutivos del estudio, que optaron por realizar un preestreno del film para ver cómo reaccionaba la audiencia a la cinta. La respuesta fue tan positiva, que los ejecutivos decidieron lanzar el film antes de que este estuviese completamente terminado, lo que perjudicó directamente el proceso de edición, lo que puede apreciarse en algunos pasajes de la cinta.

Las actuaciones que presenta la película resultan ser bastante correctas, destacándose el cometido de los tres protagonistas. Curioso es el caso de Leslie Nielsen, quien en sus inicios participó en una serie de films mayoritariamente interpretando roles secundarios, siendo este uno de los pocos papeles protagónicos que obtuvo en el cine, tras lo cual trabajaría una buena cantidad de años en diferentes series de televisión. Fue durante la década de los ochenta, que el actor obtuvo mayor notoriedad en el género de la comedia, gracias a su participación en el film “Airplane” (1980). Muchas veces se ha mencionado la gran influencia que ejerció esta cinta dentro del género de la ciencia ficción. Por ejemplo, algunos de los elementos presentes en el film pueden ser vistos en la mítica serie “Star Trek” (1966-69), la cual no solo presentaba a un grupo de personajes cuyos arquetipos estaban basados en los protagonistas de la película Wilcox, sino que además estos exhibían un vestuario muy similar al utilizado por Nielsen y compañía.

“Forbidden Planet” sigue siendo recordada como uno de los grandes clásicos del cine de ciencia ficción y con justa razón. La cinta presenta una historia interesante y bien construida, personajes carismáticos, y un conflicto central que es más profundo de lo que parece a simple vista. Fred M. Wilcox de manera inteligente, le imprime un ritmo narrativo dinámico a la historia, evitando en todo momento el tedio, pese a que el film presenta una buena cantidad de diálogo. Lamentablemente, sería la última película del género que realizaría el director. Como suele suceder con muchos clásicos, en su momento la cinta no alcanzó el reconocimiento que se merecía, y solo con el correr de los años pasaría a ocupar un sitial entre las mejores películas de ciencia ficción de la historia del cine. A más de cincuenta años de su estreno, “Forbidden Planet” sigue viéndose como un film inteligente, bien logrado, y completamente disfrutable.




por Fantomas.

lunes, 24 de diciembre de 2007

The Phantom of the Opera: La Hammer y su versión de la novela.

“The Phantom of the Opera” (1962), es un film de terror del director Terence Fisher, el cual está protagonizado por Herbert Lom, Heather Sears y Edward de Souza.

Cuando la "prima donna" de la Ópera de París se retira, una muchacha llamada Christine Charles (Heather Sears) es elegida para sustituirla. Sin embargo, tras rechazar las insinuaciones de Lord Ambrose d´Arcy (Michael Gough), ella termina siendo despedida por el empresario teatral. Indignado por lo acontecido, un misterioso hombre que vive en las catacumbas de la Ópera manda a raptar a la actriz, con la intención de adoctrinarla y contarle una escalofriante historia de injusticia, depravación y codicia.


Tras el exitoso estreno del film “Man of a Thousand Faces” (1957), el cual retrataba la vida de Lon Chaney, se generó un marcado interés por la obra del actor. A raíz de esto, los ejecutivos de los estudios Universal le propusieron a James Carreras y Anthony Hinds, quienes en ese entonces estaban a cargo de la productora británica Hammer Films, la realización de una nueva adaptación de la famosa novela del escritor francés Gastón Leroux, “El Fantasma de la Ópera”. La idea no solo le pareció atractiva a la dupla de productores, sino que también al actor Christopher Lee, quien no ocultó sus deseos de interpretar al mítico personaje central de la novela de Leroux, para así poder exhibir sus desconocidas cualidades para el canto. Sin embargo, lo que terminaría decidiendo el futuro del proyecto sería la aparición de Cary Grant en la Casa del Martillo, quien en ese entonces mostraba cierto interés por participar en una de las famosas cintas de terror de la compañía. Por este motivo, Anthony Hinds se puso a trabajar en un guión que se adaptara al perfil del famoso actor hollywoodense. Esto provocó que Hinds reescribiera por completo la historia de Leroux, atribuyéndole los crímenes del fantasma a un leal enano que se dedica a cuidar al músico en desgracia. Lamentablemente, todo el trabajo de Hinds fue en vano, ya que eventualmente Grant decidió no participar en el proyecto por temor a que este dañara su imagen.

Con la intención de aprovechar el material escrito por Hinds, eventualmente fue contratado el actor Herbert Charles Angelo Kuchacevich ze Schuluderpacheru, más conocido como Herbert Lom, para interpretar al Fantasma. Sin embargo, Lom no aceptaría de inmediato el papel. Según declararía más tarde el actor: “Nunca vi como Chaney o Rains interpretaron el papel. Pensaba que la historia era solo otra pieza de terror acerca de un músico demente que realizaba ritos satánicos en su sótano”. Las dudas de Lom se disiparían una vez que tuvo acceso al guión, el cual según él retrataba al fantasma como un hombre patético, quebrado, un marginado que se alza como una verdadera figura trágica, cuyo horror solo es incidental. Con Lom sumado al proyecto, el proceso de rodaje comenzaría en noviembre de 1961, con un presupuesto cercano a los 180.000 euros. Pese a ser un presupuesto bastante alto para la época, el director Terence Fisher de todas maneras tuvo que solucionar algunos problemas relacionados con la disponibilidad de locaciones. Tras no poder arrendar el fastuoso edificio del Covent Garden Opera House, Fisher tuvo que trasladar la producción al modesto Teatro Wimbledon, cuya escala le presentó todo un reto al director, quien se vio obligado a arreglárselas para crear la ilusión de que dicho lugar era mucho más grande de lo que realmente era.


“The Phantom of the Opera” se desarrolla mayormente al interior del teatro London Albany, donde está por estrenarse una ópera titulada “Juana de Arco”, cuya autoría le pertenece al empresario teatral Lord Ambrose d´Arcy. La noche del estreno de dicha obra, la súbita aparición de un cadáver interrumpe la función. Aterrada por lo sucedido, la estrella del espectáculo decide renunciar. Es entonces cuando el productor Harry Hunter (Edward de Souza) decide contratar a una talentosa joven llamada Christine Charles, quien pronto comienza a ser hostigada por d´Arcy. Tras rehusarse a aceptar las insinuaciones del empresario, Christine es despedida y posteriormente es raptada por un misterioso enano, quien la lleva al sótano secreto que se encuentra bajo el teatro. Es ahí donde conoce al Profesor Petrie, un hombre cuyo rostro se encuentra deformado, y que hace ya bastante tiempo se encuentra viviendo bajo las sombras del teatro, lugar del cual desea espantar a d´Arcy y a toda su compañía teatral. De forma paralela, Harry Hunter inicia una investigación para dar con el paradero de la muchacha. Eventualmente, tanto él como Christine se enterarán de las verdaderas intenciones del desdichado Profesor Petrie, y de la historia de traición e injusticia que lo ha llevado a convertirse en el fantasma de la ópera.

Terence Fisher dedica gran parte del film al desarrollo de la personalidad de Petrie, cuyo pasado es revelado en un detallado flashback, el cual en gran medida invita al espectador a sentir empatía por el personaje. Reforzando la idea de que el Profesor es tan solo una víctima de las circunstancias, la responsabilidad de los actos de sabotaje y los asesinatos que suceden al interior de la casa de ópera recaen en la figura de un sádico enano (Ian Wilson) que se desempeña como el asistente de Petrie. Por otro lado, Fisher también se preocupa de enfatizar la extraña relación de complicidad que se produce entre el Profesor y Christine. Aunque su sociedad en un principio dista de ser voluntaria e incluso por momentos es algo abusiva, eventualmente la muchacha entiende las verdaderas motivaciones de su captor, cuya verdadera y única pasión es la música, y termina aceptándolo como su mentor y amigo. Es a raíz de todo lo antes mencionado que quien se alza como el verdadero villano de la historia es Lord Ambrose d´Arcy, un vicioso aristócrata cuya ambición desmedida y su desprecio por quienes lo rodean eventualmente se convertirán en su perdición.


En cuanto a las actuaciones, la totalidad del elenco realiza un estupendo trabajo, en especial Herbert Lom, quien interpreta a la perfección a un hombre frágil e inseguro que ve a la música como la única herramienta que tiene para regresar al mundo de los vivos. En cuanto al aspecto técnico de la producción, no solo resulta destacable el diseño de producción de Bernard Robinson y el trabajo de fotografía de Arthur Grant, sino que también la banda sonora compuesta por Edwin Astley. Cabe mencionar que fue tan completo el trabajo de Astley, que además de la música incidental compuso una ópera completa de cinco actos basada en la obra “Saint Joan”, del compositor Bernard Shaw. Con el fin de sacarle el máximo provecho posible al trabajo de Astley, Fisher le dedica varios minutos del último tramo del film a la puesta en escena de la ópera protagonizada por Christine Charles, acercando de esta forma a la película al género del musical. Esto fue aprovechado por los estudios Universal para implementar una curiosa estrategia publicitaria, la cual consistió en la distribución de un folleto de cuatro hojas que contenía los actos de la ópera “Saint Joan”. Lamentablemente, ni este truco publicitario ni la idea de Michael Carreras de situar un “fantasma” al interior del Teatro Wimbledon de Londres, servirían para convertir al film en un éxito comercial.

Los magros resultados que obtuvo la cinta en Inglaterra, se debieron principalmente al exceso de melodrama que presentaba la historia, lo cual desilusionó a los espectadores que esperaban ver una película de horror gótico en el más puro estilo de la mítica Casa del Martillo. Y es que Fisher no solo remueve casi por completo la naturaleza siniestra de Petrie para mostrarlo como una figura esencialmente trágica, sino que además pierde tiempo en una subtrama romántica protagonizada por Christine Charles y Harry Hunter, la cual no tiene mayor relevancia en la trama. En parte, el que el realizador enfatizara el aspecto sentimental del relato, respondía a su deseo de rodar una historia romántica. En relación a esto, Fisher comentaría en una ocasión: “Enfaticé la vertiente trágica del film porque para mí era lo más importante de la historia. Por eso me centré en la figura del hombre cuya música fue robada, y en su relación con la joven actriz”. Más allá del resultado comercial del film, de su marcada veta melodramática, y de ciertas falencias narrativas y argumentales, la versión hammeriana del relato de Gastón Leroux presenta suficientes virtudes como para ser considerada como una de las mejores adaptaciones de la novela, y como una de las buenas películas de horror gótico que Terence Fisher realizó bajo el alero de la Hammer.



por Fantomas.

domingo, 23 de diciembre de 2007

It´s a Wonderful Life: Lo valioso de las cosas intangibles.

“It´s a Wonderful Life” (1946), es un clásico navideño del director Frank Capra, el cual está protagonizado por James Stewart y Donna Reed.

En plena víspera de navidad, en el pequeño pueblo de Bedford Falls, George Bailey (James Stewart), abrumado por la repentina desaparición de una importante cantidad de dinero, ha tomado la decisión de suicidarse. A un viejo ángel que aún no ha ganado sus alas, llamado Clarence (Henry Travers), se le ha dado la misión de impedir que George se quite la vida. Pero antes de emprender su viaje, deberá conocer un poco más acerca de la vida y obra de este hombre humilde y bondadoso que ha perdido toda esperanza.


Hace ya varias décadas atrás, Philip Van Doren Stern escribió una historia corta titulada, “The Greatest Gift”, la cual no consiguió publicar. Debido a esto, decidió convertirla en una tarjeta de navidad que le envió a 200 personas en diciembre de 1943. Esta curiosa tarjeta navideña, terminó llamando la atención del productor de la RKO, David Hempstead, quien compró los derechos del relato, pensando en convertirlo en una cinta que tuviera como protagonista a Cary Grant. Con esta idea en mente, inicialmente se desarrollaron tres diferentes guiones los cuales terminaron siendo descartados. Debido a esto, el actor abandonó el proyecto para así poder trabajar en el film, “The Bishop´s Wife” (1947), del director Henry Koster. Preocupado por la situación, el jefe de la RKO, Charles Koerner, le contó a Frank Capra acerca del proyecto. El director quedaría tan encantado con el relato, que terminó comprándole los derechos al estudio, el cual además le entregó los tres guiones que no se habían utilizados.

Capra junto con Frances Goodrich y Albert Hackett (y con la participación de Jo Swerling y Michael Wilson, quienes estarían encargados de revisar los borradores), comenzaron a escribir el guión, el cual presentaría una serie cambios con respecto a la historia original, y que además mezclaría elementos de los tres guiones desechados por la RKO. Desde el primer momento, Capra pensó en James Stewart para el papel de George Bailey. El director ya había trabajado anteriormente con el Stewart en las cintas: “You Can´t Take it With You” (1938), y “Mr. Smith Goes to Washington” (1939). Sin embargo, Stewart quien había regresado hace poco de la guerra, no se mostraba muy dispuesto a participar en el film, debido a que según él, era demasiado pronto para volver a actuar. Sería el actor Lionel Barrymore, quien interpreta al malvado señor Potter en el film, quien lograría convencer a Stewart de participar en el proyecto.


En cuanto al rol de Mary Hatch, Capra tenía en mente a la actriz Jean Arthur, quien había trabajado bajo su dirección en los mismos films en los que había participado Stewart. Lamentablemente para las pretensiones del director, la actriz se encontraba trabajando en una producción de Broadway, por lo que desechó el ofrecimiento de Capra. Por este motivo, el director finalmente escogería a Donna Reed, una actriz que hasta el momento solo había interpretado papeles secundarios, pero que presentaba una imagen perfecta para el rol que combinaba inocencia con atractivo físico. “It´s a Wonderful Life” es básicamente la historia de esfuerzo de George Bailey, un hombre que sacrifica todos sus sueños con el solo de objetivo de ayudar a todos aquellos que lo rodean. A pesar de sus buenas intenciones y del bien que realiza, es imposible no notar un pequeño dejo de negatividad en George, debido a la frustración que le provoca estar atrapado en su pueblo natal. Mediante un largo flashback, Capra nos muestra la vida del protagonista desde su infancia hasta su adultez, momento en el cual contempla el suicido como la única salida posible a sus problemas.

Pero no solo veremos los cambios que va sufriendo la vida del protagonista con el correr de los años, sino que también somos testigos de cómo en el pueblo de Bedford Falls repercuten algunos importante hechos históricos, como lo fue la Gran Depresión de los treinta y la Segunda Guerra Mundial. De la misma forma, Capra se encarga de retratar como la pequeña compañía de préstamos de la familia Bailey, la cual se encarga de facilitarles dinero a todos aquellos que no pueden obtenerlo en el banco, sobrevive a los numerosos ataques del magnate que prácticamente dirige todo el pueblo, y que ve a esta compañía como el único obstáculo que impide tener un control total de Bedford Falls. Esto en particular formaba parte de la filosofía que tanto le gustaba plasmar a Capra en sus cintas: la lucha del hombre común y corriente contra el sistema dominado por el poder económico. Por curioso que esto parezca, este mensaje de igualdad y dignidad para todos, le trajo problemas a la cinta con el FBI en 1947, debido a que encontraban que el mensaje entregado por el film presentaba un fuerte trasfondo político, hecho por el cual esta producción junto a otras siete películas fueron consideradas como “subversivas”.

Sin embargo, el mensaje más importante es el que viene a entregarle Clarence a George Bailey: no importa lo insignificante que creas que es tu vida, un simple individuo puede cambiar el destino de todos aquellos que lo rodean de manera significativa. Al mismo tiempo, acorde con las creencias que profesaba Capra, vemos como se ensalza la vida como el regalo más preciado que se nos ha dado, al cual no debemos renunciar por ningún motivo. En gran medida, la cinta es una especie de variante al relato “A Christmas Carol”, de Charles Dickens; el en vez de mostrarle su pasado, presente, y futuro al protagonista, le explicará que es lo que hubiese sucedido si este nunca hubiese nacido. El mensaje que Capra desea entregar es claro; se nos ha dado la oportunidad de escoger que es lo que queremos realizar con nuestras vidas, y cual es la huella que deseamos dejar en este mundo. Todo esto, es lo que deberá entender George antes de que sea demasiado tarde.

Las actuaciones de todo el elenco son soberbias. Capra sin duda poseía un ojo privilegiado al momento de escoger a sus actores, lo que queda comprobado con esta cinta. Destacable resulta la actuación de Henry Travers como el ángel con alma de niño, que busca conseguir sus ansiadas alas ayudando al cada vez más desesperado George. Lionel Barrymore por su parte, interpreta de buena manera al malvado e inescrupuloso señor Potter, quien en su afán por conseguir más dinero, no dudará en robar si con eso logra hundir a su gran enemigo. James Stewart, quien fuera nominado al Oscar al mejor actor por su participación en este film, muestra una faceta que hasta ese momento no había demostrado en sus trabajos anteriores, ya que en esta ocasión interpreta a un hombre bienintencionado que en el fondo esconde una gran negatividad. La banda sonora de Dimitri Tiomkin y el trabajo de fotografía de Joseph F. Biroc y Joseph Walker, también forman parte de los puntos altos de la cinta.

“It´s a Wonderful Life” fue estrenada a poco de terminar la Segunda Guerra Mundial, por lo que el mensaje de positivismo que entrega el film, no fue muy bien recibido por una sociedad que ya había dejado de creer en los finales felices, razón por lo cual terminó siendo un fracaso de taquilla. Pese a esto, la cinta recibió cinco nominaciones al Oscar en las categorías: mejor película, mejor director, mejor edición y mejor sonido, además de la nominación obtenida por Stewart. En el año 1974, la productora dueña de los derechos de la cinta, se olvidó de renovarlos por lo que esta pasó a ser de propiedad pública, gracias a lo cual todas las cadenas de televisión norteamericanas comenzaron a emitirla frecuentemente en la época navideña. Gracias a esto, la película comenzó a ser considerada como unos de los grandes clásicos navideños de la historia del cine. A mi gusto, este es uno de esas cintas imprescindible para cualquier cinéfilo, más aún en plena época navideña.

por Fantomas.

sábado, 22 de diciembre de 2007

The Name of the Rose: La razón por sobre la fe.

“The Name of the Rose” (1986), es un thriller del director francés Jean-Jacques Annaud, el cual está protagonizado por Sean Connery y Christian Slater.

En el año 1327, el monje franciscano William de Baskerville (Sean Connery) y su novicio, el joven Adso (Christian Slater), se dirigen a una Abadía Benedictina ubicada en el norte de Italia. Ellos forman parte de una delegación de monjes franciscanos, los cuales van a participar en un debate con un grupo de monjes benedictinos, el que se ha generado debido a ciertas diferencias espirituales. A su llegada, se encuentran con la sorpresa de que un joven traductor ha muerto en extrañas circunstancias. Cuando el abad a cargo del monasterio le pide a William que investigue la causa del curioso suceso, este y su discípulo se embarcarán en una carrera contra el tiempo que busca evitar que aparezcan nuevos cadáveres.


El director Jean-Jacques Annaud se encontraba promocionando su film “Quest for fire” (1981), cuando leyó un articulo en el periódico francés “Le Monde” acerca de una novela llamada “El nombre de la rosa”, del escritor Umberto Eco, la cual estaba a punto de ser lanzada en Francia. Al director le fascinó tanto la obra, que se apresuró a comprar los derechos de esta para realizar una adaptación cinematográfica antes de que alcanzara el estatus de bestseller a nivel internacional. Adaptar una novela de 500 páginas no sería tarea sencilla, por lo que el director requirió la ayuda de un grupo de guionistas compuesto por Andrew Birkin, Gerard Brach, Howard Franklin y Alain Godard, cuyo objetivo fue desarrollar un guión inteligente que al mismo tiempo presentara un atractivo comercial. Annaud le dedicaría cuatro años de su vida a la preparación de la cinta, tiempo en el cual recorrió Europa y los Estados Unidos en busca de un elenco multiétnico que presentará distintos intereses y rostros distintivos.

El director se había resistido a la idea de contratar a Sean Connery para el papel de William de Baskerville, debido a que él aún relacionaba al actor con su personaje más famoso, James Bond. Sin embargo, cuando Annaud no logró encontrar a otro actor para el papel, le otorgó a Connery la posibilidad de audicionar para el film, tras lo cual lo contrató. Sin embargo, cuando Umberto Eco se enteró de esto, puso el grito en el cielo. Los ejecutivos de la Columbia Pictures reaccionaron de la misma forma, y rápidamente se rehusaron a financiar el proyecto. Esto respondía al hecho que durante la primera mitad de los ochenta, el veterano actor alcanzó el punto más bajo de su carrera, participando en un fracaso de taquilla tras otro, por lo que su presencia en la cinta hacía suponer que esta no atraería a un gran número de espectadores. Debido a esto, Annaud se vio en la obligación de pedirle dinero a inversionistas privados, los cuales en conjunto le otorgaron 16 millones de dólares, suma más que suficiente para realizar el film sin mayores inconvenientes. El elenco lo completarían un inexperto Christian Slater y Valentina Vargas, quien interpreta a una joven muda que seduce al discípulo de William de Baskerville.

El protagonista de la cinta, William de Baskerville, es básicamente una especie de Sherlock Holmes de la Edad Media, mientras que el joven Adso por su parte, vendría a ser el equivalente del Dr. Watson. De hecho, es debido a su fama como investigador que el abad del monasterio le pide indagar la verdad que se esconde tras los misteriosos asesinatos que últimamente han ocurrido en el lugar. Y es que la verdad el monje interpretado por Connery es un personaje bastante peculiar. Pese a ser un hombre religioso, sus acciones suelen estar guiadas por la razón y no por la fe. Es debido a esto que rápidamente desestima aquellas teorías que le adjudican las muertes a algo sobrenatural o demoníaco. Para él, todos estos sucesos tienen una explicación que responde a la lógica, por lo que el solo hecho de pensar que se trata de una especie de castigo divino le parece algo descabellado. Este debate entre la religión y la razón (o la ciencia) pese a no ser algo novedoso, de todas formas resulta interesante y es inteligentemente abordado por el director.

Al mismo tiempo, el film es un retrato de la decadencia social y espiritual de la época, donde incluso existían diferencias ideológicas dentro de la misma iglesia católica, las cuales provocaron que sus miembros cometieran una serie de atrocidades durante la Edad Media. En este sentido, Annaud retrata a la Iglesia como juez, jurado y verdugo de todos aquellos que no cumplían con las pautas establecidas por la institución, no importando si estos eran civiles o individuos pertenecientes a algunas de las distintas congregaciones religiosas. En aquella época, el libre pensamiento era tomado prácticamente como una herejía, razón por la cual su castigo solía ser la hoguera. De la misma forma, las mujeres y la sexualidad eran vistas como instrumentos del Diablo, idea que explicaría el gran número de mujeres que fueron enjuiciadas como brujas durante la inquisición. Este proceder dictatorial está representado por el inquisidor Bernardo Gui (F. Murray Abraham), quien parece tener un pasado en común con William de Baskerville.

En lo que se refiere al aspecto técnico del film, resulta destacable la atmósfera opresiva e inquietante que construye Annaud en colaboración con el director de fotografía Tonino Delli Colli. El monasterio donde transcurre la historia es retratado como un lugar lúgubre y misterioso, el cual parece encerrar algunos secretos que es mejor que permanezcan enterrados. Cabe mencionar que el monasterio tuvo que ser construido específicamente para llevar a cabo esta producción, ya que el director no logró encontrar una locación que cumpliera con sus expectativas. Para complementar el ambiente malsano que se respira en el monasterio, Annaud contrató a una serie de extras de rasgos faciales algo siniestros, con el fin de que todos los residentes del lugar se mostraran como posibles sospechosos de los crímenes en los que se centra el relato.

En el ámbito de las actuaciones, no solo resulta destacable la actuación de Sean Connery, quien tras participar en esta cinta vio revitalizada su carrera, sino que además es encomiable la labor de Ron Perlman, quien interpreta a un siniestro monje de accionar sospechoso. Por otro lado, aún cuando Jean-Jacques Annaud le imprime un ritmo narrativo más bien pausado al film, este logra construir con éxito una historia atractiva, donde la trama policial sirve como excusa para examinar el abuso de poder cometido por la Iglesia Católica durante la Edad Media, la cual básicamente utilizaba el miedo y la ignorancia de las personas como instrumentos de control de masas. En definitiva, pese a sus virtudes “The Name of the Rose” sigue siendo una de las películas más injustamente subvaloradas de la década de los ochenta, razón por la cual resulta necesario redescubrirla.




por Fantomas.

jueves, 20 de diciembre de 2007

The Thin Man: El inicio de una saga acerca de una curiosa pareja de detectives.

“The Thin Man” (1934), es una comedia de misterio del director W. S. Van Dyke, la cual está protagonizada por William Powell y Myrna Loy.

Nick Charles (William Powell), un detective retirado, y su millonaria esposa Nora (Myrna Loy), están intentando establecerse cuando él es arrastrado de nuevo al trabajo debido a la desaparición de un amigo y su posible vinculo con un asesinato. El amigo, Clyde Wynant (Edward Ellis), ha desaparecido misteriosamente justo antes de que su amante apareciera muerta. Wynant rápidamente se convierte en el principal sospechoso, pero su hija Dorothy (Maureen O`Sullivan) se rehúsa a creerlo. Es por esto que ella hará todo lo posible para que Nick la ayude a resolver el caso. Ahora con un trago en su mano y una sonrisa en su rostro, la pareja de detectives comenzará su investigación antes de que sigan apareciendo personajes muertos.


El director W. S. Van Dyke siempre fue un gran aficionado a las historias de misterio, por lo que cuando supo que la MGM había comprado los derechos de la novela “The Thin Man” del escritor Dashiell Hammett por la suma de 14.000 dólares, inmediatamente pidió que se le asignara su adaptación. Pese a haber comprado los derechos, el estudio no consideraba la novela como una propiedad de gran valor, mayormente porque el público parecía haberse cansado de las historias de detectives. Sin embargo, debido a que Van Dyke tenía la reputación de filmar sus películas de manera rápida y sin grandes costos, dejaron que siguiera adelante con el proyecto. Para el rol de Nick Charles, el director inmediatamente pensó en William Powell, quien había sido contratado recientemente por la MGM luego de alcanzar cierta fama trabajando para otros estudios. Los ejecutivos del estudio se mostraron particularmente preocupados con la elección del actor, debido a que el público lo solía identificar con otro detective cinematográfico. Powell había interpretado a Philo Vance en una serie de films que produjo la Paramount entre 1929 y 1933. Sin embargo, Van Dyke estaba convencido que el actor era la mejor opción para el rol, por lo que lo contrató de todas formas.

El estudio tampoco aprobaría la elección del director para interpretar a Nora. Hasta ese entonces, Myrna Loy solo había interpretado roles secundarios en más de ochenta películas sin mayor éxito. Tan pronto como leyó el guión de la cinta, Loy se sintió entusiasmada por el hecho de trabajar en una comedia. Sin embargo, la cabeza del estudio, Louis B. Mayer, quería que la estrella olvidada del cine mudo, Laura La Plante, ocupara el lugar de Loy. Van Dyke recientemente había trabajado con Loy y Powell en “Manhattan Melodrama” (1934), por lo que sabía que existía una química especial entre la pareja la cual podía ser explotada. Nuevamente gracias a su reputación, Van Dyke pudo contar con la pareja de actores en su film sin mayores inconvenientes con los ejecutivos del estudio. Para escribir el guión, el director recurrió a Frances Goodrich y Albert Hackett, quienes habían sido contratados recientemente por la MGM. Van Dyke les pidió que ignoraran el misterio planteado en la novela de Hammett para centrarse en la relación existente entre Nick y Nora. Además les pidió que construyeran el guión en torno al talento de la pareja de protagonistas, razón por la cual son muchas las escenas exclusivamente dedicadas a ellos en el film.


De acuerdo con Samuel Marx, la cabeza del departamento de historia de la MGM en aquel periodo, había dos elementos del guión que les preocupan a los productores: el hecho de que la historia de asesinato fuese tratada de manera frívola y en tono de comedia, y que la pareja de protagonistas fuese un matrimonio sofisticado que parecía estar constantemente bajo los efectos del alcohol. Sin embargo, al final del día el director demostró que sabía lo que estaba haciendo. El intento por parte de Van Dyke de reinventar en cierta forma las historias de detectives, resultó ser bastante exitoso. La química entre los actores fue tal, que muchos espectadores llegaron a pensar que estaban casados en la vida real. Powell y Loy se preocuparon de interpretar lo mejor posible a un matrimonio que disfruta estar juntos, lo que en su momento resultó sumamente importante debido a que gran parte de las películas realizadas en Hollywood hasta la fecha, retrataban el matrimonio como el foco de problemas domésticos, o como “el final feliz” de un romance. En cuanto a la constante presencia de alcohol en la cinta, está responde a una forma de celebración por el término de la Prohibición, y en cierta medida es uno de los motores de la comedia presente en la historia.

Tal y como lo pidió Van Dyke, la investigación del asesinato pasa a ocupar un lugar bastante secundario en la trama. La pareja protagónica no realiza un gran esfuerzo por resolver el misterio, sino que más bien se dedican a disfrutar las comodidades de su hogar, siempre con una copa de alcohol en la mano. Corresponde mencionar que el otro integrante de la familia es un perro de nombre Asta, el cual aporta con varios de los momentos cómicos del film. Ya en el lado más serio de la trama, nos encontramos ante una galería de posibles sospechosos, todos bastante coloridos, los cuales sin distinción poseen algún motivo para cometer el asesinato que da inicio a la investigación (luego ocurrirán otros crímenes), hecho que invita al espectador a tratar de averiguar qué hay detrás de estos sucesos y quien es el verdadero culpable. La respuesta a dichas interrogantes será entregada al final de la cinta, durante una cena que reúne a todos los sospechosos, en la que reina un atmósfera de tensión combinada con algunos toques de comedia.

Por momentos, el director no puede evitar caer en una puesta en escena algo teatral, lo que resiente un poco el ritmo narrativo de la cinta. Aún así consigue una serie de escenas realmente inolvidables, como por ejemplo la escena en que somos testigos de la curiosa celebración del día de Navidad por parte de la pareja protagónica. Nuevamente debo destacar la actuación tanto de William Powell como de Myrna Loy, quienes se llevan el todo el peso de la historia. Por otro lado, James Wong Howe realiza un correcto trabajo de fotografía, mientras que William Axt compuso una discretísima banda sonora. Afortunadamente para Van Dyke y la pareja de guionistas, esta cinta fue una de las últimas en ser estrenadas antes de la imposición del Código Hays, el cual probablemente hubiese terminado censurando varias de las escenas de la producción, además de obligar a un replanteamiento casi total de la historia.

The Thin Man” tuvo un buen recibimiento por parte de la crítica y el público al momento de su estreno, al punto que no solo sirvió para catapultar las carreras de Powell y Loy, sino que además recibió cuatro nominaciones al Oscar (mejor película, mejor actor, mejor director, y mejor guión adaptado). Si esto no fuera suficiente, la cinta generó cinco secuelas entre 1936 y 1947 las cuales tuvieron un éxito similar al del film original. El gran mérito de Van Dyke es haber balanceado elementos propios de un thriller y una comedia, dentro de una historia sofisticada e inteligente. Por todas las virtudes que presenta esta película, no es de extrañar que sea considerada como una de las grandes obras realizadas durante la era dorada de Hollywood, y que siga resultando entretenida en la actualidad.



por Fantomas.

martes, 18 de diciembre de 2007

Guess Who´s Coming to Dinner?: Una prueba de que el amor supera todas las barreras.

“Guess Who´s Coming to Dinner?” (1967), es una comedia romántica del director Stanley Kramer, la cual está protagonizada por Katharine Hepburn, Spencer Tracy, Sidney Poitier, y Katharine Houghton.

Los principios liberales de Matt Drayton (Spencer Tracy), editor de un periódico vanguardista, son puestos a prueba cuando su hija, Joey (Katharine Houghton), anuncia su compromiso con John Prentice (Sidney Poitier), un doctor Afro-americano reconocido internacionalmente. Mientras que su esposa Christina (Katharine Hepburn) acepta prácticamente de inmediato la decisión de Joey, Matt tiene serias dudas al respecto. Todo se complicará aún más cuando John les explique que si alguno de los dos se niega a dar su consentimiento, no habrá matrimonio, y lo que es peor, solo tendrán hasta la cena para tomar una decisión.

En la biografía “Stanley Kramer: Filmmaker”, del escritor Donald Spoto, el director declara que “la idea central de la cinta surgió un día que estaba caminando con William Rose por las calles de Beverly Hills. Mientras caminábamos, él me contó una historia acerca de un hombre blanco sudafricano, un liberal, cuya hija se había enamorado de un hombre de color. Inmediatamente yo dije, ´Cielos, nosotros debemos contar esa historia aquí, en este país, en este ambiente…que interesante resultaría ver a un hombre liberal enfrentarse cara a cara con sus principios al interior de su propio hogar´. Al mismo tiempo pensé, ´Es una situación perfecta para realizar una película con (Spencer) Tracy´”. Kramer sabía que la cinta sería un vehículo perfecto para el actor de color Sidney Poitier. Sin embargo, antes aseguró la participación de Tracy y de la actriz Katharine Hepburn. Esto provocaría que cuando llegó el momento de contratar a Poitier, al director le bastó con comentarle que Tracy y Hepburn se habían embarcado en el proyecto para que el actor aceptara participar en la cinta.

Pese al buen comienzo del proyecto, el clima en los Estados Unidos no era el mejor para una cinta de este tipo. Durante los años sesenta, se vivieron tiempos tumultuosos en Norteamérica debido a la lucha de los afro-americanos contra el racismo existente en el país, por lo tanto la sola idea de realizar un film en que una joven blanca fuera pareja de un joven de color, era totalmente impensada y constituía un riesgo mayor al imaginable. De hecho, los ejecutivos de la Columbia no se mostraron muy entusiasmados con la idea de realizar una producción de estas características. Sin embargo, Stanley Kramer estaba decidido a plasmar su discurso en contra del racismo, por lo que insistió en la aprobación del proyecto por parte del estudio. Eventualmente Mike Frankovich, presidente de la Columbia en aquel entonces, entendió la importancia del mensaje que quería entregar el director, por lo que finalmente terminó aprobando la realización de la cinta.

Lamentablemente para el director, este no sería el único problema que tendría que enfrentar durante la realización del film. Si bien logró que tanto Tracy como Hepburn accedieran a participar en la producción, el contratarlos no resultó ser un proceso sencillo. En aquel entonces, Spencer Tracy se encontraba sumamente enfermo. Tanto él como su pareja de muchos años, Katharine Hepburn, se encontraban retirados de la actuación desde hace unos años debido a la delicada salud del actor. No fue hasta que Stanley Kramer les habló de la cinta y de la importancia de la misma, que ambos tomaron la decisión de volver a trabajar en lo que sería el noveno y último film que realizarían juntos. El hecho que la salud de Tracy se encontrara sumamente deteriorada impedía que este pudiera ser asegurado por el estudio, por lo que tras el primer día de filmación los ejecutivos de la Columbia tomaron la decisión de cancelar la producción. Al enterarse de esto, el director ofreció su sueldo y el de Katharine Hepburn como garantía en caso de que algo le pasara a Tracy. El estudio aceptó la propuesta y ordenó la reanudación de las filmaciones, tomando la precaución de acomodar las mismas al estado de salud del actor.

Consciente del posible rechazó que podía provocar “Guess Who´s Coming to Dinner?”, el guionista William Rose escribió la historia en tono de comedia, lo en que cierta forma ayuda a alivianar el conflictivo tema central. Es por esta misma razón que los personajes de Christina y Matt Drayton no son racistas, sino personas bastante abiertas de mente, que se ven enfrentadas a una situación impensada, donde su mayor preocupación es el juicio social que deberá afrontar la joven pareja si deciden seguir adelante con lo que se proponen. Dentro del mismo contexto, se encuentra el personaje del Monseñor Ryan, interpretado por Cecil Kellaway, que es un personaje netamente conciliador. En la vereda contraria, quien representa la visión de gran parte de la sociedad norteamericana de aquel entonces es Tillie (Isabel Sandford), la empleada de la familia Drayton. Pese a ser una mujer de color, ella piensa que la gente de raza negra tiene un determinado puesto dentro la sociedad, y que lo que intenta John Prentice es aspirar a algo que está fuera de su alcance. Es por eso que ella bien puede ser considerada como la viva representación de la rigidez social existente en aquella época.

Algo similar sucede con el padre de John (Roy Glenn), quien ve esta unión casi como una traición a su gente, porque para él, un hombre de color solo debe estar con una mujer de color. Es aquí donde se produce un choque generacional entre un padre acostumbrado a la segregación racial, y un hijo que ve a todas las personas como iguales. Pese al discurso en contra del racismo que presenta la cinta, de todas formas fue criticada por los pocos minutos de metraje utilizados para exhibir el amor de la joven pareja. Algunos años más tarde, el biógrafo de Sidney Poitier, William Hoffman, afirmaría que varias de las tomas que mostraban a la pareja besándose, fueron eliminadas en la versión final del film. De hecho, la única vez que uno puede ver a los dos actores besándose en la película, es mientras viajan en taxi del aeropuerto a la casa de la joven, cuando el chofer del taxi los observa utilizando su espejo retrovisor.

La película está plagada de diálogos inteligentes, momentos inolvidables, y actuaciones sencillamente espectaculares. No solo Katharine Hepburn recibió el Oscar a la mejor actriz por su participación en este film, sino que además Spencer Tracy obtuvo una nominación al mejor actor, mientras que Cecil Kellaway y Beah Richards obtuvieron nominaciones al Oscar por sus roles secundarios. Probablemente el punto más alto de la cinta sea el hermoso monólogo final del personaje de Spencer Tracy. Esta escena, además de la importancia que posee dentro de la historia, tiene un inmenso valor agregado. Fue la última escena que filmaría el actor antes de morir, y se considera como un verdadero discurso de él hacia su pareja en la vida real. Tracy fallecería a las dos semanas de terminada la película, la cual jamás vio terminada, al igual que su gran amor Katharine Hepburn, quien jamás vio el film completo debido al profundo dolor que le producía el recuerdo del actor. “Guess Who´s Coming to Dinner?” es una de esas películas inolvidables, que además de todo lo antes mencionado, cuenta con la estupenda dirección de Stanley Kramer, nominado también al Oscar por su trabajo, y con la fantástica banda sonora obra del compositor Frank De Vol, lo que en definitiva convierte a esta obra en un clásico a toda prueba.




por Fantomas.

domingo, 16 de diciembre de 2007

Miracle on 34th Street: Una cinta para no dejar de creer.

“Miracle on 34th Street” (1947), es un clásico navideño del director George Seaton, el cual está protagonizado por Maureen O´Hara, John Payne, Natalie Wood, y Edmund Gwenn.

Un poco antes de que comience el clásico desfile navideño anual, organizado por las tiendas Macy en Nueva York, Kris Kringle (Edmund Gwenn), un anciano barbudo y bonachón, acepta reemplazar al actor ebrio que debía hacer de Santa Claus. Doris Walker (Maureen O´Hara), una alta ejecutiva de Macy, complacida por su trabajo, lo termina contratando como el nuevo Santa del local de la calle 34. En su nuevo trabajo, pronto contagiará a todos con el espíritu navideño, con la excepción de Doris a quien han educado con la idea de que solo debe creer en aquello que es tangible. Pero cuando Kris sea declarado demente y enviado a juicio para encerrarlo en una institución siquiátrica, la fe de todos será puesta a prueba, enfrentando tanto a grandes como a chicos a la pregunta: ¿Crees en Santa Claus?

En 1947, el escritor Valentine Davis motivado por la decepción que le provocaba la comercialización de la Navidad, escribió la novela “Miracle on 34th Street”, la cual intentaba imaginar que pasaría si Santa Claus trabajara en una de las grandes tiendas comerciales durante la época navideña. Tras enseñarle la historia a su esposa Liz, Davis le envió el escrito al director George Seaton a quien había conocido durante su estadía en la Universidad de Michigan. Seaton, entusiasmado por el relato de su amigo, no tardó en enseñárselo a los ejecutivos de la 20th Century Fox, quienes pese a las dudas iniciales que les provocó el proyecto, terminaron comprando los derechos de la novela. Fue así como finalmente Seaton se encargó de escribir el guión, tras lo cual comenzó a escoger al elenco. El director optaría por la actriz Maureen O´Hara para interpretar el papel femenino protagónico del film. Curiosamente, la actriz tuvo que ser obligada a participar en la cinta por los ejecutivos de la Fox, ya que se encontraba en Irlanda cuando comenzó el proceso de pre-producción y no estaba dispuesta a retornar a los Estados Unidos. El resto del elenco lo completarían John Payne, Edmund Gwenn, y Natalie Wood, quien en ese entonces solo tenía 8 años.

“Miracle on 34th Street” es básicamente una historia contada en tono de fábula acerca de la importancia de los sueños y la fe, al mismo tiempo que estipula una sutil crítica al consumismo reinante en la época navideña. Maureen O´Hara interpreta a Doris, una mujer divorciada que vive junto a su hija Susan, la cual a causa de su trabajo conoce a Kris Kingle, un viejo bonachón que representa el verdadero espíritu de la Navidad y que cambiará por completo su forma de ver la vida. Doris es una mujer tras su éxito profesional, esconde varias heridas ligadas a su fracaso matrimonial. Debido a que a perdido la fe en el amor (y por ende en todo aquello que es intangible), se ha preocupado de inculcarle a su hija un apego por lo real, dejando de lado todo tipo de fantasías y creencias, anulando de forma toda la capacidad imaginativa de la niña, mermando en cierta forma su niñez.

Es necesario entender, que la situación de las madres divorciadas en los años 40 era bastante más precaria de lo que lo es actualmente. Era bastante raro ver madres divorciadas en la clase media norteamericana, más aún en una sociedad que hasta ese momento, era absolutamente machista. En dichas condiciones, era poco común ver a una mujer ocupando un cargo importante, y si lo llegaban a obtener, tenían un sinfín de dificultades para mantenerlo. Es por este motivo que la visión que Doris tiene de la vida es más bien práctica; es más fácil no depender de nadie para que de esta forma no te puedan defraudar. Debido a su experiencia personal, Doris piensa que es mejor preparar a su hija para valerse por si misma, evitando todo tipo de desilusiones futuras que inevitablemente vienen ligadas a los sueños y a la esperanza. Cabe recalcar que eran tan grande el machismo existente en aquella época, que el simple hecho de mostrar a una mujer independiente y exitosa, le trajo a la cinta algunos problemas con ciertos organismos de censura.

Kris Kringle por su parte, es un anciano que afirma ser Santa Claus, y cuyo mayor deseo, es contagiar a todos aquellos que lo rodean con el cada vez más escaso espíritu navideño. Este personaje resulta ser tan entrañable, que no pasa desapercibido y que lentamente se irá ganando el cariño y el respeto de aquellos con los que trabaja, incluso el de las escépticas Doris y su hija Susan. En gran medida, Kringle indirectamente critica la comercialización de la Navidad, y es debido a esto que eventualmente termina siendo enviado a juicio. Es precisamente durante el juicio que la cinta adquiere algunos tintes fantásticos. Aunque no existen pruebas concluyentes de que Kringle sea en verdad Santa Claus, tampoco existen pruebas que indiquen lo contrario. Y es que la cinta llama a creer en lo imposible, a tener fe en que los sueños se pueden hacer realidad, y que finalmente lo importante de la Navidad recae en apreciar a nuestros seres queridos y no en la cantidad de presentes que recibimos.

La figura de Kris Kringle/Santa Claus viene representar todo lo relacionado a la fantasía y a los sueños. Aquello que es intangible, pero que sin embargo representa parte importante de nuestras vidas. Para Doris, significa la fe de que puede rehacer su vida, y encontrar nuevamente el amor, encarnado por su vecino, el abogado Fred Gailey (John Payne), mientras que para Susan significa encontrar la esencia de lo que es ser un niño, donde la imaginación ocupa un lugar primordial y los sueños son posibles. El mensaje atemporal de la cinta ha llevado a que en distintas épocas se hayan filmado remakes de la historia, siendo el más conocido de estos, la versión filmada en 1994 por el director Les Mayfield. “Miracle on 34th Street” cuenta con un estupendo elenco, donde se destaca la interpretación de Edmund Gwenn, quien terminaría recibiendo un premio Oscar al mejor actor secundario por su participación en este film. La cinta además recibiría otros dos premios Oscar, uno al mejor guión y otro por la mejor historia original.

Por su entrañable historia, el magnífico elenco, la estupenda fotografía de Lloyd Ahem y Charles Clarke, y sencillamente porque exuda espíritu navideño, “Miracle on 34th Street” sigue siendo considerado como uno de los grandes clásicos navideños de la historia del cine. Curiosamente, como el productor y jefe de la Fox, Darryl F. Zanuck, pensaba que la cinta no tendría demasiado éxito, insistió en estrenarla en el mes de mayo, debido a que según él, durante el verano iba más gente al cine. En definitiva, George Seaton realiza un buen trabajo mezclando un drama judicial con una historia de tintes fantásticos, dando como resultado una película que con el paso de los años, se ha transformado en una parada obligada para todos los cinéfilos durante la época navideña.




por Fantomas.

viernes, 14 de diciembre de 2007

The Bird With the Crystal Plumage: El debut cinematográfico de Dario Argento.

“L'uccello dalle piume di cristallo” (1970), es un giallo del director Dario Argento, el cual está protagonizado por Tony Musante y Suzy Kendall.

Sam Dalmas (Tony Musante) es un escritor norteamericano que se encuentra de paso en Roma. Cierta noche, presencia como alguien intenta asesinar a la mujer del dueño de una galería de arte. Afortunadamente la mujer sobrevive, convirtiéndose en la única persona que ha sido capaz de escapar con vida del ataque de un despiadado asesino serial que ha estado causando estragos en la ciudad. Intrigado por el asunto, Sam decide iniciar una investigación por su cuenta, la cual inevitablemente pondrá en riesgo su vida y la de su novia Julia (Suzy Kendall).

A fines de la década del sesenta, el entonces guionista Dario Argento estaba cansado de entregarle sus guiones a directores que él consideraba incapaces de transformar las palabras en imágenes. Por este motivo, decidió escribir un guión que él mismo pudiese llevar a la pantalla grande. En aquel entonces, a Argento le interesaba el tema de la maquinaría del miedo, por lo que escogió explorarlo en el contexto de un thriller de misterio ambientado en Roma. De esta forma, comenzó a escribir una historia inspirada en la novela “The Screaming Mimi”, del escritor Fredric Brown. Una vez terminada, se la presentó a Goffredo Lombardo, quien era el jefe de los estudios Titanus. Impresionado por sus trabajos previos como guionista, Lombardo le cedió a Argento la dirección de “L'uccello dalle piume di cristallo”. Sin embargo, cuando el ejecutivo se percató de algunos problemas que surgieron durante el proceso de pre-producción, de inmediato quiso reemplazar a Argento. No fue hasta que habló con el director y con el padre de este, el productor Salvatore Argento, que finalmente Lombardo decidió confiar en el realizador debutante.

“L'uccello dalle piume di cristallo” gira en torno a Sam Dalmas, un escritor norteamericano que está buscando inspiración para su próxima obra en Italia. Poco antes de regresar a Norteamérica, él es testigo de un intento de asesinato al interior de una galería de arte, el cual no fue capaz de impedir debido a que quedó atrapado entre dos pesadas puertas de vidrio. Junto con la llegada de la policía al lugar, Dalmas no solo se entera de que la víctima del ataque logró sobrevivir, sino que además le comentan que el crimen parece estar conectado a una serie de homicidios perpetrados por un psicópata, el cual durante el último tiempo ha tenido aterrorizados a los habitantes de Roma. Tras ser interrogado, él se percata de que existe un detalle sobre el crimen que presenció que no puede recordar del todo. Ante la aparente ineptitud de la policía y motivado por su propia curiosidad, Sam emprende una investigación por su cuenta, impulsado por el Inspector Morosini (Enrico Maria Salerno), sin llegar a imaginarse que sus deseos de encontrar al asesino y descubrir las motivaciones del mismo, bien podrían costarle la vida y la de su novia Julia.


Es sabido que el trabajo del realizador británico Alfred Hitchcock ejerció una fuerte influencia en el mundo del giallo. Según el mismo Argento, él le rinde homenaje al maestro del suspenso en varios pasajes de “L'uccello dalle piume di cristallo”. Por ejemplo, al igual que en los films de Hitchcock, la policía es retratada por Argento como una entidad claramente ineficiente, la cual incluso apoya la investigación iniciada por Sam Dalmas con la esperanza de que el asesino cometa un error al verse acorralado por el escritor. Al mismo tiempo, cuando el protagonista se ve obligado a atestiguar impotente como una mujer es atacada por un asaltante de identidad desconocida, es imposible no trazar ciertos paralelos con la situación vivida por el personaje interpretado por James Stewart en el film “Rear WIndow” (1954). Por otro lado, el protagonista del film, el cual dicho sea de paso es bastante hitchcockiano, es utilizado por Argento para ahondar en el papel del arte en la psicosis criminal. Al contrastar la ineficiencia de la policía, quienes cuentan con toda clase de artefactos capaces de determinar ciertos rasgos del criminal, con la efectividad de la investigación de Sam, el director básicamente está declarando que los asesinatos están íntimamente relacionados con lo artístico, con las ideas, con los conceptos, con lo abstracto y con la faceta creativa del hombre. Y es que por esto no resulta extraño que el protagonista, quien al desarrollarse como escritor presenta una mayor cercanía con su lado artístico, se acerque más al paradero del criminal que la misma policía. De hecho es tal su acercamiento, que en dos ocasiones el psicópata intenta acabar con la vida de Sam, fallando miserablemente en ambas oportunidades.

Como exponente del giallo, “L'uccello dalle piume di cristallo” fue una de las primeras producciones que amalgamó gran parte de los elementos característicos del llamado thriller a la italiana. Y es que no solo presenta grandes dosis de violencia altamente estilizada, sino que además cuenta con el clásico investigador civil, con el asesino completamente vestido de negro cuya identidad se desconoce, y con una fuerte carga erótica, entre otras cosas. Sin embargo, contrario a lo que muchos estudiosos del cine postulan, el film de Argento no puede ser visto como el responsable de haber definido las características del giallo, ya que este solo exacerbó y desarrolló lo visto en las cintas “La ragazza che sapeva troppo” (1963) y “Sei donne per l'assassino” (1964), ambas del director Mario Bava. Básicamente, el mayor aporte del Argento al género fue haber cambiado las motivaciones y el trasfondo psicológico del asesino de turno. Mientras que en los films de Bava los asesinos cometían crímenes violentos motivados por la búsqueda de poder, dinero, o sencillamente a causa de su instinto de auto-preservación, Argento instauraría la demencia y los traumas infantiles como los grandes motores de los asesinos del giallo, lo cual eventualmente serviría de influencia para muchos de los directores que se aventuraron en el género.

Gran parte del encanto de “L'uccello dalle piume di cristallo” reside en el hecho de que la cinta invita al espectador a intentar resolver el misterio antes que los protagonistas. Sin embargo, Argento no juega limpio a la hora de entregarle ciertos datos al espectador, principalmente porque se basa en el concepto de la poca fiabilidad de los recuerdos. Esto en parte explica la razón por la cual algunos flashbacks no parecen reflejar los hechos ocurridos al interior de la galería de arte. Y es que Sam Dalmas no puede evitar rellenar los espacios en blanco con su propia interpretación de los hechos que atestiguó, lo que transmuta por completo la concepción que tiene el espectador sobre el intento de asesinato que motiva la investigación del protagonista. El punto de vista de Sam se convierte en el punto de vista de la audiencia, y por ende sus conclusiones, por muy erradas que sean, se convierten en las conclusiones del espectador. Más allá del aspecto temático del film, cabe destacar la correcta actuación de Tony Musante, quien interpreta de buena manera a un hombre cuya curiosidad lo lleva a obsesionarse con un caso policial potencialmente peligroso, sin mediar ningún tipo de consecuencia. Sam Dalmas no solo resulta ser un personaje carismático, sino que además escapa de la tan temida unidimensionalidad que en ocasiones impide que el espectador demuestre algún tipo de interés en el destino de determinados personajes.

En cuanto al aspecto técnico de la producción, se destaca el estupendo trabajo de fotografía de Vittorio Storaro, quien convierte las apacibles calles de la ciudad de Roma en lugares lúgubres cargados de una atmósfera inquietante, y la efectiva banda sonora del compositor Ennio Morricone, cuya combinación de melodías jazzísticas con tonadas infantiles, da vida a composiciones musicales que complementan perfectamente las imágenes sombrías y escalofriantes salidas de la mente de Argento. Muchos de los temas que aparecen en “L'uccello dalle piume di cristallo”, como por ejemplo la afición de la sociedad por el voyerismo, el papel del arte en la psicosis, y la poca fiabilidad de la memoria, serían retomados por el director en gran parte de sus obras posteriores. Al mismo tiempo, su habilidad para retratar la brutalización de sus personajes iría en aumento, mientras que su cercanía al cine de Hitchcock comenzaría a diluirse a medida que iba ganando confianza en su propia visión, lo cual le otorgó un sello distintivo a sus obras. Pese a esto, gran parte de sus trabajos posteriores no lograrían igualar lo realizado por Argento en “L'uccello dalle piume di cristallo”, ya que básicamente esta cinta contiene la verdadera esencia del cine del director italiano. Quizás por esta misma razón este film sigue siendo considerado como una de las obras más importantes del género del giallo, y como una de las mejores entradas en la filmografía de un realizador que en la actualidad parece haber perdido completamente el rumbo.




por Fantomas.

jueves, 13 de diciembre de 2007

The Howling: El mito de la licantropía según Joe Dante.

“The Howling” (1981), es un film de terror del director Joe Dante, el cual está protagonizado por Dee Wallace, Patrick Macnee, y Dennis Dugan.

La conductora de noticias Karen White (Dee Wallace) sufre una traumática experiencia a manos del asesino serial Eddie Quist (Robert Picardo). Atormentada por horrorosas pesadillas, Karen decide asentarse por un tiempo en una comunidad ecológica llamada la Colonia, la cual es comandada por el psiquiatra George Waggner (Patrick Macnee). Sin embargo, a su llegada no puede evitar notar el extraño comportamiento de los miembros de la comunidad, quienes pronto demostrarán su verdadera naturaleza, poniendo en peligro la vida de la desafortunada reportera.


En el año 1977, el escritor Gary Brandner publicó una novela de terror titulada “The Howling”, la cual gozó de un gran éxito comercial. Dicho suceso llamaría la atención del director Joe Dante, quien en compañía del guionista Terence H. Winkless comenzaría a trabajar en una adaptación de relato. Sin embargo, Dante pronto se mostraría insatisfecho con la dirección que estaba tomando el proyecto. Según declaraciones del mismo director: “Nuestro primer gran error en la etapa de adaptación fue intentar apegarnos a la novela. Asumimos que cuando la gente paga dinero por un libro, ellos compran un todo no solo un título. Pero cuando adaptamos fielmente el libro nada tenía sentido. Es uno de esos libros que parecen haber sido escritos a la rápida; la gente expresa asombro y terror en la página cinco, más asombro y más terror en la página diez, página treinta, más asombro y más terror… Antes de seguir encontrándote con lo mismo, te verás saltándote varias secciones para ver qué es lo que finalmente sucede”.

Con la intención de cambiar el rumbo del proyecto, Dante contrató al guionista John Sayles, con quien ya había trabajado en “Piranha” (1978). Sayles solo mantendría un par de ideas del borrador escrito por Winkless, y se apegaría al concepto de que la historia se desarrollaba en el presente, en el seno de una colonia de hombres lobo. Al mismo tiempo, el guionista se vio en la obligación de eliminar ciertos pasajes del libro, para así evitar cualquier problema con los organismos de censura de la época. Por último, a modo de homenaje, Sayles decidió nombrar a algunos de los personajes de la historia al igual que varios de los directores que alguna vez filmaron cintas de hombres lobo, como por ejemplo George Waggner, Terence Fisher y Freddie Francis. Por otro lado, Dante tuvo que solucionar algunos problemas que se gestaron a causa de la escases de presupuesto con la que contaba la producción. En un principio, el encargado de los efectos de maquillaje de “The Howling” sería el experimentado y galardonado Rick Baker, quien ese mismo año trabajaría en la exitosa “An American Werewolf in London” (1981), del director John Landis. Sin embargo, eventualmente tuvo que ser reemplazado por Rob Bottin, quien era uno de los tantos profesionales que Baker apadrinó durante su carrera.

En cierta forma, con “The Howling” Dante y Sayles reinventan el mito de la licantropía. Para empezar, los hombres lobo pueden transformarse en el momento que estimen conveniente, por lo que no necesitan esperar a que haya luna llena para dar rienda suelta a su lado más salvaje. De hecho, existe una conexión evidente entre la licantropía y las pulsiones más básicas del ser humano, la cual queda expresada en una sugerente escena de sexo que contiene la primera transformación explícita de la cinta. Por otro lado, ser un hombre lobo ya no es visto como una maldición, sino que dicha condición es presentada como un don reservado para unos pocos, los cuales están llamados a exhibir con orgullo el inmenso poder primitivo que les fue otorgado. Por este mismo motivo, no resulta extraño que los licántropos de Dante se relacionen en el contexto de una comunidad regida por sus propias reglas, cuyas pretensiones van más allá de la mera búsqueda de alimento. Y es que mientras algunos buscan integrarse en la sociedad durante el día, otros no ocultan sus deseos de dominar y asesinar al resto de los integrantes de la humanidad, a quien ellos consideran infinitamente inferiores.

Por otro lado, “The Howling” se presenta como un peculiar ensayo sobre el comportamiento humano. Durante el transcurso de la película son varias las instancias en las que el director deja patente la idea de que el ser humano vive en un constante conflicto interno, el cual está marcado por su evidente dualidad, sus deseos y sus pulsiones más primarias. Sin embargo, debido a la necesidad del hombre por encajar en la sociedad, este se ve obligado a reprimir gran parte de sus inclinaciones y obsesiones con tal de lograr el tan ansiado sentido de pertenencia. Es en este contexto que Dante presenta la licantropía como un símbolo de liberación y rebeldía contra las normas sociales y morales que oprimen a diario a cientos de personas. Es precisamente esta búsqueda de libertad sin límites lo que finalmente lleva al grupo de hombres lobo que protagonizan la historia, a recluirse en una comunidad alejada de la civilización donde pueden dar rienda suelta a sus instintos más básicos y su lado más salvaje.

Más allá del subtexto presente en la trama, la razón por la cual “The Howling” tuvo bastante éxito al momento de su estreno tiene relación con la esencia de la cinta. Y es que básicamente se trata de una película hecha para el fanático del cine de terror. Además de los ya mencionados guiños a varios de los involucrados en el cine de licántropos, el film cuenta con los cameos de Roger Corman y el publicista Forrest J. Ackerman, quien fue el responsable de la venerada revista “Famous Monsters of Filmland”. Al mismo tiempo, Dante se preocupó de combinar escenas de violencia gráfica de un innegable atractivo visual, con numerosas dosis de humor negro cuya función principal era dotar al relato de un cierto nivel de credibilidad. Con respecto a esto último, el guionista John Sayles sería el encargado de explicar la lógica tras dicho concepto: “Si un conocido te dijera que en verdad existen los hombres lobo, al principio te parecería muy cómico. Uno de los problemas de las cintas de terror es que se toman todo muy en serio; pero si algo así sucediera, las personas que tienen sentido del humor lo seguirían conservando, sin importar lo peligroso o lo extraño de la situación en la que se vean involucradas. Yo quise reflejar eso, sin caer en lo mismo que el film `Love at First Bite´, que parodiaba el mito del vampirismo”.

En cuanto a las actuaciones, si bien el elenco encargado de interpretar a los personajes secundarios no realiza un mal trabajo, lamentablemente Dee Wallace realiza una labor bastante mediocre a la hora de interpretar a la contrariada protagonista del film. Y es que al no proyectar correctamente las emociones experimentadas por su personaje, impide que el espectador muestre real interés por el destino de la protagonista. Por suerte, el resto de los elementos que conforman el film son lo suficientemente interesantes como para impedir que este se hunda por completo. Al correcto trabajo de fotografía de John Hora, se le suma la atmosférica banda de Pino Donaggio, y los llamativos efectos especiales de Rob Bottin. El éxito obtenido por “The Howling” eventualmente daría vida a seis secuelas, las cuales no lograrían igualar lo realizado por Joe Dante en la cinta original. Esto en gran medida explica la razón por la cual este film se convirtió en un clásico inmediato del cine de licántropos, y porque sus secuelas rápidamente pasaron al más completo olvido. En definitiva, “The Howling” es una parada obligada para todos los amantes del género, ya sea por su innegable atractivo visual, su capacidad de sorprender y horrorizar al espectador, su peculiar mezcla de temáticas, o su atrevimiento a la hora de reformular el siempre interesante mito de la licantropía.




por Fantomas.
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