domingo, 23 de marzo de 2008

Cinema Paradiso: Una oda a la amistad, a la juventud y a la magia presente en el cine.

“Nouvo Cinema Paradiso” (1988), es un drama del director Giuseppe Tornatore, el cual está protagonizado por Jacques Perrin, Philippe Noiret, Leopoldo Trieste, Marco Leonardo, Agnese Nano y Salvatore Cascio.

Roma. Década de los ochenta. Es de noche. Salvatore Di Vitto (Jacques Perrin), un exitoso realizador cinematográfico contesta el teléfono. Escucha la voz de su madre, la cual le comunica que Alfredo (Philippe Noiret) ha muerto. El solo nombre es suficiente para traer a la memoria de Salvatore los recuerdos de su juventud vivida en el pueblo de Giancaldo, Sicilia: la plaza polvorienta, la fuente, la iglesia y sobre todo el Paradiso, una sala de cine en la que Alfredo era el proyeccionista y el padre Adelfio (Leopoldo Trieste) el vigilante…

Luego de realizar su primer film, “Il Camorrista” (1986), por el cual fue premiado como “director revelación” por el Sindicato italiano de críticos de cine, Giuseppe Tornatore comenzaría a trabajar en lo que hasta la fecha, podría considerarse como su mejor obra. Si bien “Cinema Paradiso” es un tributo al cine como vehículo de emociones, también pueden evidenciarse ciertos rasgos autobiográficos en la cinta, debido a que el personaje principal no solo comparte el oficio de Tornatore, sino que también ambos provienen de pequeños pueblos situados en Sicilia: Baghelia en el caso de Tornatore, y Giancaldo en el del protagonista. El director al igual que Salvatore, demostró su afición por el mundo del cine a temprana edad, cuando su abuelo lo llevó a ver “The Ten Commandments” (1956). Fueron precisamente las vivencias del director las que lo llevaron a crear un film en el que se recordara aquellos tiempos en los que ir al cine era un acontecimiento, días que con la llegada de la tecnología fueron desapareciendo hasta extinguirse. Muy en el estilo de Federico Fellini, lo que hace Tornatore es transportarnos de la manera más exacta posible, sin tampoco caer en un realismo absoluto, a una pequeña sala de cine de un pueblo como en el que creció, donde la gente se reunía para poder ver diversas historias con las cuales pretendían olvidar sus preocupaciones, y sumergirse de lleno en un mundo de fantasía.

La historia se divide en tres partes; la primera se centra en la infancia de Toto Salvatore Cascio), y en cómo este entabla una relación de amistad con Alfredo, quien además de enseñarle el oficio de proyeccionista, le inculca el amor por el séptimo arte. La segunda parte nos muestra a un Salvatore adolescente (Marco Leonardo), quien ahora está a cargo de proyectar las cintas en el Paradiso, y el cual entablará una relación amorosa con Elena (Agnese Nano), quien se convertirá en su gran amor de juventud. Finalmente, en el último tramo del film vemos a un Salvatore ya adulto y realizado profesionalmente, el cual luego de la trágica noticia que ha recibido, decide volver al pueblo que dejó hace ya muchos años, para reencontrarse con los recuerdos que ha decidido olvidar. Cabe mencionar que en la versión extendida de la cinta, la cual se lanzó hace algunos años, se añaden alrededor de 55 minutos en los cuales se ve como Salvatore se reencuentra con su amor de juventud, lo que vendría a conformar una cuarta parte del film. Sin embargo, este reencuentro sigue teniendo un cariz de amor imposible y tortuoso, lo que confirma lo acertado de una de las frases de Alfredo: ”La vida, Toto, no es como las películas, es más dura, más difícil”.

Es fácil para el espectador identificarse con los personajes de esta cinta, en especial con Alfredo o con el pequeño Toto. La relación amigo/mentor que tienen ejemplifica perfectamente la relación que uno podría tener con su padre o su abuelo, razón por la cual la historia entre ambos se siente más cercana. Alfredo es una fuente de sabiduría, fruto de sus vivencias y de las numerosas películas que ha visto, y un hombre cuyo mayor deseo es ver a Toto realizado como persona. Además de la dupla protagónica, Tornatore nos entrega una serie de personajes secundarios bastante coloridos, entre los que destacan el padre Adelfio, quien se encarga de censurar las películas, en especial aquellas que presentan escenas de besos, un tipo que recita las películas de memoria, un burgués que escupe desde el palco a todo el resto de las personas, e incluso un mendigo que vive en la plaza y que la reclama como suya. Todos estos personajes interactúan con aquellos que ven en la gran pantalla, los cuales los sorprenden, encantan, y emocionan. Y es que en la pantalla del Paradiso desfilarán una serie de actores y actrices que sin saberlo, marcaran la vida de muchas de las personas que asisten a ver sus películas. Es en ese lugar que la figura del proyeccionista no solo oficia de maestro de ceremonias, sino que también se alza como el responsable de permitirle al público que durante un breve periodo de tiempo, puedan trasladarse a un mundo de fantasía que solo existe en sus sueños.

La película está envuelta por un halo de nostalgia, que no solo atrapa al protagonista, sino que también al director y a todos nosotros. Es fácil apreciar que esta cinta está hecha con el corazón, debido a que está repleta de escenas realmente bellas y emotivas, que difícilmente podrán dejar a alguien indiferente. Escenas como la proyección que Alfredo realiza sobre la pared de una de las casas de la plaza, para aquellos que no han podido entrar al cine, es un buen ejemplo los momentos mágicos que presenta el relato. Esa “magia” está presente durante gran parte del transcurso de la cinta, y es lo que convierte a esta obra en algo especial. Si bien Tornatore quiere transmitir su amor hacia el cine, también deja constancia de que los recuerdos son uno de los mayores tesoros que posee el hombre. Es en base a nuestros recuerdos que en ocasiones solemos construir nuestro futuro. En parte eso es precisamente lo que quiere comunicarle Alfredo a Salvatore con el regalo póstumo que le entrega. Aquel simbólico obsequio no es más una herramienta para que el protagonista se encuentre consigo mismo, con sus sueños de infancia, y con su verdadero amor, el séptimo arte.


La década de los ochenta fue un periodo irregular en lo que a cine se refiere, por lo que son pocas las producciones realizadas en aquella época que pueden ser consideradas como clásicos en toda su regla. Una de esas excepciones es precisamente “Cinema Paradiso”, debido a que conjuga un magnífico trabajo de dirección con un guión rico en matices, el cual combina de forma perfecta la comedia con el melodrama. Además la cinta presenta el estupendo trabajo de fotografía de Blasco Giurato, y las sublimes interpretaciones del fallecido Philippe Noiret, del pequeño Salvatore Cascio. Como si esto fuera poco, la producción además cuenta con la bellísima banda sonora compuesta por Ennio Morricone, quien en compañía de su hijo Andrea, creó una de las piezas musicales más inolvidables de la historia del cine italiano. De hecho es tal la carga emotiva que posee la música, que realza aún más la belleza inherente de las imágenes que inundan la pantalla.

Contrario a lo que se podría pensar, al momento de su estreno la cinta de Tornatore fue recibida de manera bastante tibia por el público. No fue hasta que obtuvo el premio especial del jurado en el Festival de Cannes, y el Globo de Oro al mejor film de habla no inglesa, que “Cinema Paradiso” fue postulada como candidata al Oscar a la mejor cinta extranjera. Luego de ganar el Oscar, la película se reestrenó con una amplia y merecida aceptación, pasando a ser una de las obras cinematográficas más importantes de Italia. El relato es una verdadera oda al séptimo arte, y al torrente de emociones que este es capaz de transmitirle al espectador. Y es que habla acerca de la magia presente en cientos de películas, las cuales son capaces de transportarnos a mundos irreales que no son más que la representación de muchos de nuestros sueños. Al mismo tiempo, funciona como un retrato del alma humana, por lo que nos habla de cómo nuestras decisiones afectan a quienes nos rodean y a nosotros mismos, y de cómo nuestros recuerdos pueden convertirse en la llave que nos permita reencontrar la felicidad que creíamos perdida.



Presentación en Chile de Morricone interpretando la canción principal de la cinta:



por Fantomas.

10 comentarios:

Planocenital dijo...

Lo que mejor recuerdo de este film es su tramo final, precisamente el montaje/regalo que vemos en la pantalla. Excelente.
Hasta pronto.
Hernán.

Cristian dijo...

Hola vengo desde CINETERROR y gracias por vistarnos y darnos el links a tú blog..Grande Morricone mi compositor favoritos, lastima que en Chile fue un nuevo acto de Clasismo, pero bueno sera..

Psicodeliazombie dijo...

Esta pelicula junto con La Mision son las cintas mas emotivas que he visto y estan dentro de mis dramas favoritos... Morricone tiene mucho que ver...!!!

saludos...!!!

Katy dijo...

uf! esta película me trae muuchos recuerdos, es muy linda… como tu dijiste.. Provoca nostalgia, y si! la parte final de la película es hermosa...

besis! nos vemos!
chauuu
=)

Cecil B. Demente dijo...

Una carta de amor al cine que nos transporta a otro mundo, esta peli está hecha con el corazón, yo recuerdo en especial la escena de los besos censurados...

TRONCHA dijo...

Esta película para mi siempre ha sido carismática, porque yo también tuve la suerte que tiene el niño de la película, mi padre era proyeccionista en un cine de Madrid y tuve el privilegio de estar en la "cabina" muchas veces.

Saludos...

Jorge dijo...

Excelente reseña, muy buena. Y realmente excelente película la que comentas. Todo un clásico del cine. Y coincido con la música de Ennio Morricone. Un genio.

Saludos, Jorge.

olmedo dijo...

Morricone es grande entre los grandes. Algunas de sus composiciones (como El bueno, el feo y el malo) son como himnos dentro de la historia del cine.

Y la película me resultó muy original. Qué mejor homenaje al cine que hacerlo a través del cine (con una película). Es una forma muy inteligente de realizarlo. Realmente memorable.

Felicidades por tus críticas tan elaboradas y muchas gracias por tu enlace a mi blog: labutacaverde.blogspot.com que ya he correspondido.

8soviet8 dijo...

Gran película y gran reseña. Sin duda uno de los films mas unidos al mundo del cine, que se nos presenta de los ojos de un joven "lazarillo" el cual basara su vida en el mágico y maravilloso mundo del séptimo arte.
La música de Ennio Morricone, tan solo es un pequeño destello, de una película llena de esplendor.

Pablo dijo...

Una película inolvidable y maravillosa. Y que decir de su genial banda sonora?. Y con un final...PERFECTO.
"Ahora el cine es sólo un sueño"...
Saludos!!!
http//:pablocine.blogia.com

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