miércoles, 28 de mayo de 2008

Lone Wolf and Cub, Sword of Vengance: Itto Ogami y su sangrienta cruzada de venganza.

“Lone Wolf and Cub: Sword of Vengance” (1972), es un film de artes marciales del director Kenji Misumi, el cual está protagonizado por Tomisaburo Wakayama y Akihiro Tomikawa.

Itto Ogami (Tomisaburo Wakayama) es el Kaishakunin del Shogunato; su misión es la de asistir a los condenados mientras realizan el ritual del Seppuku. Es por ello que se ha ganado una multitud de enemigos que desean verlo muerto y humillado. En un complot que busca usurpar su posición, la familia Yagyu asesina a su esposa y lo acusa de traición. Ogami no tendrá más opción que escapar en compañía de su pequeño hijo Diagoro (Akihiro Tomikawa), no sin antes jurar venganza por el deshonor traído a su familia y por la muerte de su amada esposa.


En 1970, el escritor Kazuo Koike y el artista gráfico Goseki Kojima, crearían el manga para adultos, “Lone Wolf and Cub”, el cual rápidamente se volvería popular en Japón. En ese entonces, el actor y productor Shintaro Katsu, quien había protagonizado la popular serie de películas de Zatoichi, el espadachín ciego, estaba buscando un proyecto con el cual pudiera lanzar a la fama a su hermano Tomisaburo Wakayama, quien ya había trabajado en cuatro producciones las cuales no tuvieron una gran acogida por parte del público. Fue así como Katsu dio con el popular manga creado por Koike y Kojima, el cual en su opinión no solo merecía ser adaptado para la pantalla grande, sino que además parecía ser el vehículo perfecto para que su hermano alcanzara la tan esquiva fama. Para escribir el guión de la que se convertiría en la primera entrada de una serie de seis películas, Katsu contrató al mismísimo Kazuo Koike, a sabiendas de que él podría adaptar la historia mejor que nadie. Dicha historia se desarrolla en plena era Tokugawa, época en la cual los samuráis se convirtieron en burócratas, cortesanos y administradores del Japón, alejándose de su veta guerrera tantas veces retratada en el cine.

Es en este escenario que el director Kenji Misumi reinventa la imagen del samurái honorable visto en la ya mencionada saga de “Zatoichi”, para dar paso a Itto Ogami, una suerte de antihéroe que tras su altercado con el clan Yagyu, se convierte en un despiadado asesino a sueldo que se vende al mejor postor, y cuya única compañía es su pequeño hijo al cual transporta en un carrito de madera. En esta primera entrega básicamente se cubre el origen de la mala fortuna de Ogami, y la razón por la cual él abandona su rol de samurái y emisario directo del Shogunato, para convertirse en un asesino a sueldo. Además se relata su primera misión, consistente en eliminar a una banda de yakuzas la cual mantiene a una pequeña villa sumida en el terror. Todo este oscuro viaje está repleto de acción y violencia. En ese sentido, el director no tiene inconveniente alguno para exhibir una violencia gráfica y estilizada, donde podemos ver desde desmembramientos, hasta una brutal violación, dejando en claro que no es una cinta apta para todo tipo de espectadores.

Sin embargo, como mencioné anteriormente, toda la violencia es tratada de una manera bastante estilizada. Gracias a un gran manejo de la cámara y al correcto uso de la luz y la sombra, Misumi logra que estas poderosas escenas de acción se conviertan en una expresión surrealista y poética a la vez. Por otro lado, las coreografías de dichas escenas presentan características que las diferencian a las vistas en otras cintas similares. Por ejemplo. las peleas con espadas son excitantes, rápidas y brutales. Basta solo un golpe propinado por Ogami para que la victima comience a desangrarse de inmediato. En gran medida, es gracias a lo explícito de los eventos y a la dinámica con los que estos son exhibidos, que la cinta rápidamente despierta el interés del espectador deseoso de acción.

La actuación de Tomisaburo Wakayama es una de las principales razones por las que esta película y la serie en general, se encuentran un escalón más arriba que el resto de las cintas del género realizadas en la década del setenta. Wakayama no solo resulta ser imponente físicamente, sino que además es lo suficientemente expresivo como para lograr que el espectador sea capaz de apreciar las cicatrices emocionales que le han dejado los recientes acontecimientos que han cambiado su vida por completo. De igual manera, el actor logra establecer la dicotomía a la cual se enfrenta su personaje, mostrándose por un lado como un hombre tanto o más despiadado que aquellos a los cuales se enfrenta, mientras que al mismo tiempo también es capaz de proyectar su lado más sensible en diversas escenas, como por ejemplo aquella en la que toma un baño con su hijo. Por su parte, el pequeño Akihiro Tomikawa también realiza un estupendo trabajo, en su caso personificando a Diagoro, aunque tomando en cuenta lo pequeño que era en ese tiempo, es difícil imaginar como el desfile de decapitaciones y de arterias expulsando grandes cantidades de sangre no le provocaron un trauma al niño de por vida.

Debido a que la trama de esta cinta y la de sus posteriores secuelas fue extraída directamente del manga, este sirvió prácticamente como un storyboard para los films. A su vez, el director le dio un cierto aspecto de cómic a la cinta, convirtiendo algunas escenas en verdaderas viñetas en las que el diálogo se realiza sin movimiento alguno. Otra cosa que contribuye a la transformación de la producción en una suerte de cómic en movimiento, es el hecho de que la narrativa es extremadamente episódica, por lo que a ratos parece que la cinta está constituida por una serie de capítulos cortos los cuales poseen una cierta independencia. Esto último va estrictamente ligado al hecho de que la trama no es presentada en orden cronológico, por lo que las secuencias que involucran flashbacks tienden a desorientar un poco al espectador. Para colmo, dichas secuencias son en extremo necesarias si se quiere entender el pasado del protagonista, por lo que la cinta requiere la completa atención de la audiencia durante todo el transcurso de su metraje.

Por otro lado, la película presenta una muy buena fotografía, cuyo responsable fue Chishi Makiura, el cual volvería a ejercer esta tarea en tres cintas más de la serie. De la misma forma, el film presenta una correcta banda sonora, compuesta por Hideaki Sakurai. El director se preocupa de mantener un tono fatalista y un aura de perdición de manera constante durante el transcurso de la historia, lo que viene a reflejar de manera clara la situación en la que se ve inmerso Itto Ogami y su hijo. Está claro que esta producción no pretende tener la misma profundidad narrativa de obras de temáticas similares, realizadas por maestros como por ejemplo Akira Kurosawa o Kenji Mizoguchi, los cuales ocupaban las cintas de samuráis para expresar sus postulados acerca del honor y la naturaleza de la vida, entre otras cosas. “Lone Wolf and Cub: Sword of Vengance” no es más que una película que pretende entretener a base de bastante acción, violencia estilizada, y una historia inteligentemente construida, cosa la cual logra sin mayores inconvenientes. Se trata de un verdadero caramelo visual que con el paso de los años se ha convertido en un film de culto a toda prueba, y que inevitablemente te arrastrará a ver el resto de la saga de este curioso samurái y su aguerrido hijo.




por Fantomas.

12 comentarios:

Andrés Olaizola Pérez dijo...

Muchas gracias por tu comentario!

Y te añadí a los links.

Salu2!

Psicodeliazombie dijo...

Tremenda muestra del cine chambara de los setentas.... estos japos desde siempre han sorprendido a occidente con joyitas de culto...!!!!

BUDOKAN dijo...

Quiero decirte que te felicito por haber rescatado el film del transiberiano en el post anterior porque es una joya de la Hammer. Y con respecto a ésta es un gran film de venganza. Saludos!

Jorge - cinenovedades dijo...

Otra más de las que no he visto! Pero todo lo que sea artes marciales me encanta!

Por lo que comentas es muy violenta y explícita, además de estar muy bien dirigida y coreografeada.

Me apunto para ver esta saga!

Excelente reseña! Saludos!

Anónimo dijo...

hola Fantomas, excelente comentario,como siempre es muy entretenido leer tus reseñas. saludos

Pablo dijo...

Que hay Fantomas, la verdad es que aunque no te deje ningún comentario, no por ello dejo de pasar casi a diario por tu blog, el motivo es que las últimas películas por ti comentadas o no las he visto o apenas me acuerdo de ellas. Saludos!!!
http://pablocine.blogia.com

Nelson, un habitante del patio dijo...

Sin ser un fanático , las historias de samurais siempre han cautivado mi atención. Por lo mismo, pondré esta interesante recomendación tuya en mi lista corta de cine por ver.
Saludos,

Ficciones arte dijo...

AHHHHHH.
me muero por conseguir el manga, ya vi la película y esta buenísima.
un saludote.

Katy dijo...
Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.
MarioBava dijo...

No la he visto, habra que echarle un vistazillo porque de vez en cuando hay que desconectar de tanto terror y cine rarito...

saludos

TRONCHA dijo...

El gran kaisakunin del shogun, Ito Ogami, andando junto a Daigoro en el camino del infierno, magnífica esta saga de aventuras, en concreto creo recordar que son 6 películas, si alguien está interesado le recomiendo que también intente disfrutar del comic de Kazuo Koike y Goseki Kojima todo un lujo.

Saludos...

Anónimo dijo...

ME MATA ESTE GENERO Y CLASICOS COMO ESTOS MAS AUN GRACIAS SOY OSCAR DE TRELEW. PREGUNTA: NO SE DESCARGA DE ESTE BLOG? PERDON X MI IGNORANCIA...... OSCARMANUELAMADO@YAHOO.COM.AR

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