domingo, 13 de julio de 2008

High Plains Drifter: Un western con toques sobrenaturales.

“High Plains Drifter” (1973), es un western del director Clint Eastwood, el cual está protagonizado por el mismo Eastwood, Verna Bloom, y Marianna Hill.

Tras la llegada de un misterioso forastero (Clint Eastwood) a la pequeña ciudad fronteriza de Lago, sus habitantes se enteran del inminente regreso de tres peligrosos pistoleros condenados por las acusaciones realizadas por la compañía minera que maneja el lugar. Temerosos de las represalias que los criminales puedan tomar, los vecinos deciden contratar al forastero para que los proteja, sin imaginar que este tiene su propia agenda y que cuyo accionar le traerá al pueblo consecuencias inimaginables.


En su segunda aventura como director, Clint Eastwood optó por retornar al western, género cinematográfico que lo lanzó a la fama, con la intención de quebrantar y retorcer las bases del western clásico que gozaba de tanta popularidad en los Estados Unidos. Con esto en mente, Eastwood junto al aclamado escritor Ernest Tidyman (responsable del guión de “The French Connection”), realizaron un tratamiento de nueve páginas en el que planteaban las siguientes preguntas: ¿Qué habría pasado si el sheriff de “High Noon” hubiese sido asesinado? ¿Y qué habría pasado después de dicho acontecimiento? En el borrador escrito por Tidyman, el hermano del sheriff regresaba para vengarlo ante la mirada contemplativa de los habitantes del pueblo, tal como sucedía en “High Noon” donde nadie hace nada por ayudar al personaje interpretado por Gary Cooper. Si bien la idea era interesante, Eastwood decidió darle un enfoque diferente a la historia. Según el actor/director: “uno no puede saber si el hermano en cuestión es un ser diabólico o una suerte de arcángel. Es tarea de la audiencia sacar sus propias conclusiones”. Tomando este concepto como base, Tidyman escribió un guión que luego sería reescrito por Eastwood y Dean Riesner, quien era un colaborador habitual del director Don Siegel.

En “High Plains Drifter” Eastwood personifica a un pistolero sin nombre, que llega a un pequeño pueblo llamado Lago con intenciones desconocidas. Debido a que es un hombre de pocas palabras (muy en el estilo de los primeros personajes del actor), los pueblerinos no tardan en mostrarse cautelosos, desconfiados, abiertamente hostiles y sobre todo temerosos de su presencia en el lugar. Sin embargo, cuando estos se enteran del regreso de tres peligrosos criminales que han jurado venganza, los habitantes de Lago no solo deciden contratar al extraño para que los proteja, sino que además aceptan someterse a todas sus exigencias sin importar lo peculiares que estas sean. Desde ese momento en adelante, el forastero no solo someterá al pueblo a una transformación total marcada por la humillación y la culpa, sino que además abusará de su recientemente adquirido poder para calmar sus más oscuros deseos, mientras espera la llegada del trío de forajidos. Y es que en este sentido, el protagonista parece no tener límites, llegando incluso a violar a una mujer interpretada por Marianna Hill. Dicha escena no solo resultaría tremendamente controversial por su contenido, sino que además también provocaría que una serie de movimientos feministas criticaran duramente la cinta.


En gran medida, la inminente venida de los forajidos no es más que lo que Alfred Hitchcock llamaba “McGuffin”, o sea, un elemento que provoca la generación de una serie de acontecimientos dentro de una determinada historia, pero que finalmente no tiene mayor relevancia para la trama en sí. Quienes terminan siendo los verdaderos antagonistas del personaje de Eastwood son la totalidad de los habitantes de Lago, quienes esconden un oscuro secreto el cual han preferido enterrar en lo más profundo de su mente, y el cual será revelado a través de diversos flashbacks. Sin embargo, durante el transcurso de la película la actitud de los pueblerinos está plagada de ironías. No solo recompensan al protagonista por asesinar a los hombres cuya misión era defenderlos de las amenazas externas, sino que además lo alzan como su líder pese a la desconfianza que este les provoca. Y es que “High Plains Drifter” es una de las tantas cintas filmadas a fines de los sesenta y principios de los setenta, en las cuales se cuestionaba el estilo y los ideales del western tradicional, lo que provocó que fueran conocidas bajo el nombre de “Anti-Westerns”. En el film de Eastwood el cinismo inunda la pantalla, al mismo tiempo que expone que en el mundo que él ha creado, no existe mayor diferencia entre los encargados de impartir la ley y los villanos de turno, y que la gente que dice ser “buena y decente” ni siquiera merece ser salvada del círculo de corrupción que han pasado a integrar voluntariamente.

Más allá de la crítica que Eastwood le realiza a los estereotipos de la vertiente más clásica y conservadora del género, llama la atención el componente sobrenatural que la cinta posee. A través de los flashbacks antes mencionados, se nos sugiere que el extraño bien podría ser el viejo sheriff a cargo del lugar, quien murió ante la mirada impávida de los habitantes de Lago a manos de los criminales que ahora buscan vengarse de estos últimos. Y es que con la clara intención de presentar esta solución como una posibilidad plausible, Eastwood le pidió a Buddy Van Horn, quien en muchas ocasiones trabajó como doble de riesgo del actor, que interpretara el papel del fallecido sheriff Duncan para sembrar la semilla de la duda en el espectador. Es debido a esto que el protagonista bien podría ser considerado como un fantasma, un ángel vengador, o incluso el mismísimo diablo, quien ha descendido a la Tierra a ofrecerle una falsa salvación a un grupo de pueblerinos corruptos que se niegan a aprender de sus errores. Lo que refuerza esta idea es la actitud del extraño, quien gradualmente se encarga de convertir el pueblo en un verdadero infierno, no solo sometiendo a sus habitantes a vejaciones varias, sino que además cambiando por completo la apariencia del lugar, el cual no tarda en teñirse por completo de rojo.


En el ámbito de las actuaciones, Eastwood realiza un trabajo impecable interpretando a este hombre a ratos cruel pero carismático, cuya verdadera naturaleza solo es revelada en el último tramo de la cinta. Si bien es él quien se lleva gran parte del peso dramático de la película, el resto de elenco también realiza una buena labor, destacándose las interpretaciones de Billy Curtis, Verna Bloom y Mitch Ryan. Otro de los puntos altos del film es el escenario donde transcurre el relato, el cual se convierte en un personaje más de la historia. Cabe mencionar que la totalidad del pueblo fue construido especialmente para esta producción a orillas del lago Mono, en California, para dar la impresión de que se trata de una suerte de oasis ubicado en medio del desierto, lo que le otorga un cierto cariz onírico al lugar. Por otro lado, también es destacable la atmosférica banda sonora compuesta por Dee Barton, que por momentos parece haber sido sacada de una cinta de terror, lo que refuerza la idea de que la trama toca temas relacionados con lo sobrenatural. Por último es necesario reconocer el buen trabajo de fotografía de Bruce Surtees, quien colabora enormemente a crear un estado de tensión constante durante todo el metraje.

Aunque en esta obra son evidentes las influencias de directores como Sergio Leone, Don Siegel, e incluso en algunos aspectos la de Federico Fellini, Eastwood intenta imprimirle su sello personal al film. Al momento de rodar la cinta, el western era un género que ya se había explotado ampliamente, por lo que resulta ser todo un mérito que esta producción presente una historia original e interesante, que intenta aportar su grano de arena en lo que se refiere a refrescar un género algo desgastado por la constante repetición de clichés. Con el paso de los años, Eastwood perfeccionaría sus habilidades como director y nos entregaría sendas joyas del género como “The Outlaw Josey Wales” (1976), “The Pale Rider” (1985), y “Unforgiven” (1992). Aún cuando dista de ser una cinta perfecta, “High Plains Drifter” bien podría ser considerada como una joya del western, no solo por la originalidad de su temática y la gran cantidad de momentos surrealistas que esta presenta, sino que también por el buen ritmo narrativo que le imprime el director a la historia, y por el carisma a toda prueba que exhibe el silencioso pero implacable protagonista.

 

por Fantomas.

8 comentarios:

Igor Von Slaughterstein dijo...

Una obra maestra del imprescindible Clint y la primera incursión del mismo en el western sobrenatural. Porque soy de la opinión de que "El Jinete Pálido" también tiene clarísimos elementos fantasmales. Aunque es cierto que son mucho más ambiguos que en esta cinta.

Tu reseña de "El Cuervo" la había leido explorando tu blog. No así la magnífica semblanza de la carrera de Vincent, que me parece de las mejores que he leido. Gracias por esos artículos.

Saludos!!

Pliskeen dijo...

Coincido con igor en los elementos fantasmales (o sobrenaturales) de "El jinete pálido", aunque como bien apunta, ahí no quedan tan definidos como pudiera ser en la película que citas, lo cual en mi opinión le da un toque mucho más misterioso y abstracto.

Eastwood aprendió de todos aquellos con los que trabajó (Leone, Siegel..) pero nunca pretendió imitarlos, sino crear su propio sello. Y ahí es donde reside la grandeza de este fantástico director y genial -aunque aún infravalorado- actor.

Saludos y excelente reseña ;)

Möbius el Crononauta dijo...

Enorme película, tenebrosa, oscura, no exenta de cierto humor, y con ese final de pesadilla con el pueblo pintado... maravillosa, nunca me canso de verla.

Un recuerdo para Geoffrey Lewis, padre de Juliette, y uno de los mejores secundarios que haya tenido Eastwood.

babel dijo...

Tremenda película!!. Aunque confieso que, en general, Clint me gusta más como director que como actor. No por su calidad interpretativa, de la que no cabe ninguna duda, es sólo cuestión de gusto personal, supongo.

darkerr dijo...

Aun no he visto este film de Eastwood , lo cual me resulta imperdonable, sus westerns clásicos los he visto de a pocos, lo mas reciente ha sido "Dos mulas para la hermana Sara", y junto con éste que comentas han de faltarme un par más, asi que de todas maneras lo tengo que ver. Crítica impecable como siempre, como Eastwood se lo merece. Saludos¡¡¡

Nelson, un habitante del patio dijo...

Un muy buen film de Eastwood, de esos para ver una y otra vez.
Saludos,

CIne Con Chile dijo...

Un clásico de Eastwood!
De lo mejor y más raro que se ha visto en el western
Grande!
Saludos

zeitzler dijo...

Lo mejor es el modo en que se ve al nuevo sheriff solamente pendiente de no perder su placa. Y como Clint se la da a el enanito del pueblo...que tiene que esconderse debajo de la mesa.

Personalmente creo que ese es el único personaje que se redime de todo el pueblo cuando le salva la vida a Clint (la más inesperada escena de la peli: oyes el disparo, tiemblas... y allí esta el enanito con el révolber)

Y el golpe de música justo cuando la imagen de Clint desaparece ante el espectador...escalofriante. Uno de los finales más aterradores que he visto. Curioso que no lo hayan copiado tanto como el clásico susto-justo-cuando-estabamos-a-salvo de El Octavo Pasajero.

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