domingo, 10 de agosto de 2008

12 Angry Men: La dificultad de lidiar con los prejuicios.

“12 Angry Men” (1957) es un drama/thriller del director Sidney Lumet, el cual está protagonizado por Henry Fonda y Lee J. Cobb.

Los miembros de un jurado deben resolver si condenan a muerte a un joven pandillero acusado de homicidio. Lo que en principio parece sencillo (hay numerosas pruebas en su contra), se vuelve un torturante repaso a los expedientes cuando el miembro número ocho del jurado (Henry Fonda), se declara en desacuerdo con la mayoría debido a que posee dudas razonables acerca de la culpabilidad del joven.


Henry Fonda sólo produjo una película durante el transcurso de su carrera en Hollywood. Fue tanto el estrés que le provocó la experiencia, que el actor se dio cuenta de que era una tarea que no le interesaba repetir. Esto es una verdadera pena, debido a que “12 Angry Men” es una de las cintas que más enorgullecían al actor, además de ser uno de los mejores dramas que se han filmado acerca del poder judicial norteamericano. Fonda era un gran fan del telefilme del mismo nombre escrito por Reginald Rose, el cual había sido transmitido en 1954. Debido a eso, fue que Fonda y Rose lograron recaudar 350.000 dólares para comenzar a filmar la versión cinematográfica de la historia. Para dirigir el proyecto, Fonda contrató a un joven director de televisión que tenía fama de tener un gran dominio de la dirección de actores. Dicho realizador era Sidney Lumet, quien luego de sumarse al proyecto, se dirigió a Broadway para reclutar a los mejores talentos posibles para así conformar al elenco de la producción.

Sin previo aviso, la cinta rápidamente nos sitúa al interior de un juzgado de la ciudad de Nueva York, en el cual está siendo enjuiciado un joven pandillero el cual ha sido acusado de asesinar a su padre. Una vez que los alegatos finales de los abogados han concluido, el grupo de personas que conforman el jurado se retiran a una pequeña habitación con el fin de determinar el destino de un joven que a todas luces parece culpable. Si bien la gran mayoría de los miembros del jurado tienen su decisión clara y desean retomar su vida lo más rápido posible, de improviso aparece una voz disidente que parece creer que el fiscal falló al momento de establecer la culpabilidad del acusado más allá de la duda razonable. Como es de esperarse, la idea de revisar nuevamente el caso no es bien recibida por sus compañeros, dando inicio a una lucha de ingenios que no solo pondrá sobre el tapete las ideologías del variopinto grupo que conforma el jurado, sino que además dejará en evidencia sus propios miedos y frustraciones.

El hecho de que el espectador solo conozca los detalles del juicio por medio de lo que escucha de los integrantes del jurado, y que además tenga una vaga noción de la personalidad del acusado, es uno de los puntos clave de una historia que realiza un discurso acerca de la importancia de la presunción de la inocencia, y de la duda razonable en el sistema judicial norteamericano. Hay que recordar que el sistema de jurados se creó con el fin de que un grupo de ciudadanos objetivos, fuesen capaces de decidir si el cargo criminal que se le imputa a un determinado acusado ha sido probado a cabalidad por el fiscal de turno. Si la evidencia exhibida por la parte demandante no determina eficazmente la culpabilidad del acusado, entonces resulta imposible culpabilizar a una persona por un hecho puntual. El gran problema de algunos de los personajes que conforman el jurado, es que su visión de la justicia se encuentra absolutamente distorsionada, lo que los lleva a enjuiciar al muchacho por razones absolutamente ajenas a su situación. El personaje de Fonda en cambio, simplemente quiere revisar la evidencia expuesta en el caso para así asegurarse de que está haciendo lo correcto. Bien lo dice su personaje: “No podemos decidir todo en cinco minutos. Supongamos que estamos errados”. Y es que él no actúa como defensor del acusado, sino que actúa como defensor de la duda razonable.

Uno de los puntos altos de la película, es sin duda el retrato que se realiza de cada uno de los miembros del jurado. Aunque sólo son identificados con números y no por sus nombres, durante el transcurso de la discusión el espectador tiene la posibilidad de conocer las razones por las cuales cada uno de ellos considera que el acusado es culpable o inocente, y como cada una de sus opiniones inevitablemente está teñida por sus prejuicios, su infancia, o viejas rencillas personales. En gran medida, los personajes creados por Reginald Rose no son otra cosa más que un microcosmos de la sociedad, razón por la cual es posible ver a hombres de diferentes edades, profesiones y estrato social, lo que le otorga una riqueza mayor a la férrea discusión que protagonizan. De hecho, es precisamente esta mezcla heterogénea de personalidades lo que da paso a los numerosos diálogos inteligentes que presenta el film, y a la colisión de opiniones que se convierte en el principal punto de interés del relato.

En lo que a las actuaciones se refiere, el elenco en general realiza una labor encomiable, destacándose las interpretaciones de Henry Fonda y la de Lee J. Cobb, quien interpreta a su testaruda y encolerizada contraparte. También resulta destacable la actuación de Joseph Sweeney, quien interpreta a un entrañable anciano que se convertirá en el mejor aliado del personaje de Fonda en su cruzada por un veredicto justo. Por otro lado, el trabajo de fotografía de Boris Kaufman es sencillamente impecable, ya que no solo exhibe un excelente uso de la luz y la sombra, sino que además le saca el mayor provecho posible a la pequeña habitación en la que se desarrolla prácticamente la totalidad de la cinta. Cabe mencionar que el hecho de que la película haya sido rodada en blanco y negro no solo dota a la misma de una cierta teatralidad, sino que además le otorga un cariz documental que en cierta forma le recuerda al espectador que existe un discurso definido tras la interesante trama judicial.

Pese a que “12 Angry Men” fue la primera cinta de Sydney Lumet, aún continúa siendo considerada como una de las mejores obras de su carrera. Si bien el film no tuvo gran éxito comercial cuando fue estrenado en 1957 (de hecho tuvo tan mala acogida por parte del público, que Fonda fue incapaz de recuperar la inversión realizada en la producción), la crítica si supo reconocer su riqueza técnica e interpretativa, por lo que fue nominado a tres premios Oscar, donde se destaca su nominación a la mejor película. En 1997 William Friedkin realizó un remake para la televisión, el cual estaba protagonizado por Jack Lemmon, George C. Scott y Edward James Olmos, entre otros. En dicha versión, el mayor cambio estuvo dado por la inclusión de cuatro afroamericanos como miembros del jurado. El hecho de que en la versión de 1957 todos los miembros del jurado fuesen blancos fue motivo de diversas críticas, las que señalaban que la producción no solo era inverosímil, sino que además presentaba un marcado racismo. Más allá de las polémicas o el esquivo éxito comercial, la cinta de Lumet hoy es considerada como uno de los grandes clásicos de la historia del cine, en gran medida porque el problema que expone, las imperfecciones del sistema judicial, aún siguen siendo motivo de debate en varios países del mundo.




por Fantomas.

15 comentarios:

Pliskeen dijo...

En su momento criticaron mucho la teatralidad de la cinta, lo cual en mi opinión es una de sus mayores bazas.

Para mí sigue siendo una de las mejores películas de Lumet, que ya es decir. Y además del remake televisivo de Friedkin, también se hizo el año pasado en rusia un remake titulado simplemente "12", de ¡3 horas de duración!

Saludos ;)

ZesTT dijo...

Grandísima película del maestro Sidney Lumet, me han encantado tus comentarios, muy buenos.

El estudio psicológico del ser humano que lleva implícito la película me parece soberbio, sólo hay un momento que no me cuela que es cuando todos se ponen de pie dando la espalda al jurado que ha admitido sus motivos racistas para condenar al joven, me parece un momento demasiado irreal, forzado, teatral...

Es el único "pero" que le doy a la peli, en su conjunto me parece extraordinaria.

Pablo dijo...

Magnífica película, pero en todos los sentidos, y demostrando Lumet, que con cuatro perras y cuatro sillas, se puede hacer una verdadera obra maestra. Saludos!!!
http://pablocine.blogia.com

Anónimo dijo...

Alberto Q.

www.lacoctelera.com/traslaspuertas

Peliculón con mayúsculas. Inolvidable interpretación de Fonda. De lo mejorcito de Lumet, sin duda.

Saludos!!!

Anónimo dijo...
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Charly Ramone dijo...

Dios, que buena es esta película, que grande es Sidney Lumet, y que gran reparto.

Una joyita.

Saludos.

Ariel Luque dijo...

Lumet demuestra que el guión es el corazón de una buena película. Una gran historia realizada de manera simple, sin nigun tipo de artificio ni complicaciones de espacios, locaciones y demás. Tiene esos rasgos de teatro pero que no la hacen inverosimil, creo que se puede jugar con eso mientras que se mantengan estos recursos dentro del rango de verosimilitud que logra el cine. Y Lumet en esta gran pélícula demostro que sabe jugar muy bien con ello. Una abrazo.

Ariel.

Damián de Haedo dijo...

Un gran clásico. Sin dudas, algunos de sus elementos pueden parecer demodé. Pero su impacto es innegable. Y Lumet sigue dando que hablar hoy en día!

MarioBava dijo...

Me parece que no la he visto porque no me suena el argumento..Habra que echarle el guante en cuanto se pueda..

Saludos

darkerr dijo...

No la he visto, estuve a punto de ver la versión de Friedkin, pero preferí reservarla luego de ver la original. De esta historia hasta hay obra teatral hecha en México según he visto por la tv.

Adriana Menendez dijo...

una de las mejores, indudablemente un clásico. saludos.

Monica dijo...

Hola Fantomas excelente comentario,para una pelicula buenisima con actuaciones sobresalientes.Felicitaciones una vez mas.

babel dijo...

Esta película es una de mis preferidas. Como bien dices en la reseña, el dibujo de personajes es magnífico: Ver como Fonda se va desmoronando frente a los demás, cuando nadie duda del veredicto unánime es, además de toda una lección de cine, de humanidad. Una obra maestra.
No había visto hasta ahora tu magnífica reseña. Ando de vacaciones y algo despistada, je je.
Saludos.

Jorge - cinenovedades dijo...

Si, señor! Peliculón de principio a fin. Siempre me han interesado las historias sobre tramas judiciales, y ésta cinta de Lumet es una verdadera joyita. Por suerte el gran Sidney sigue dando que hablar hoy día con la fenomenal "Before the devils knows youre dead".
Magnífica reseña, Saludos!

Möbius el Crononauta dijo...

Me encantó desde que la vi de jovencito. Aunque claramente teatral, siempre me ha fascinado como se puede hacer una película así con un puñado de actores y una habitación.

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