lunes, 31 de marzo de 2008

The 39 Steps: ¿Qué son los 39 escalones?

“The 39 Steps” (1935), es un film de suspenso del director Alfred Hitchcock, el cual está protagonizado por Robert Donat y Madeleine Caroll.

El canadiense Richard Hannay (Robert Donat) está en un teatro de Londres asistiendo a un espectáculo de variedades, cuando de repente se produce una gresca y resuena un disparo. En el consiguiente pánico, Hannay se encuentra a si mismo abrazando a una aterrorizada chica llamada Annabella Smith (Lucie Mannheim), quien lo convence de llevarla a su departamento. Una vez allí, le confiesa que es una espía perseguida por unos peligrosos hombres que pretenden sacar un importante secreto del país. Esa noche Smith es asesinada, por lo que Richard debe huir luego de ser acusado del crimen. Así se verá involucrado en una complicada trama de espionaje que bien puede costarle la vida.


Luego del éxito obtenido por Hitchcock con la película “The Man Who Knew Too Much” (1934), en la que se trataban los temas del terrorismo político y el espionaje internacional, el director insistió en que se mantuvieran esos mismos ingredientes en el tratamiento de la famosa novela de John Buchan, “Los 39 escalones”. El guionista Charles Bennet, con quien el director había trabajado en su anterior film, era de la opinión de que pese a que la novela poseía un ritmo adecuado, estaba totalmente desprovista de carácter, humor y potencial para atraer al público. Es por este motivo que Hitchcock y Bennet decidieron explotar dos aspectos de la realidad contemporánea: las noticias referentes a Hitler y su participación en la ascensión del fanatismo nazi, y el deseo del público de ver elementos cómico-románticos.

Tanto Hitchcock como Bennet sabían que la confusión y el temor a lo desconocido eran elementos valiosos que podían ser canalizados en una película. Fue entonces que tomaron el “punto débil” de “The Man Who Knew Too Much”, que consistía en el hecho de que en ningún momento de la película se aclara exactamente quién era el objetivo del intento de asesinato, o cual era el asunto internacional que se hallaba en juego. Este punto débil se encontraría presente en todo el resto de los films de Hitchcock, y sería patentado con el nombre de “MacGuffin” por el mismo director. Para que se entienda mejor, un MacGuffin es algo que no es ni relevante, ni importante, ni en definitiva, asunto de nadie. Simplemente es un elemento que hace que la historia siga su curso. En el caso de “The 39 steps”, el MacGuffin es una fórmula secreta. Sin embargo, la persecución de la que es víctima el protagonista (y que pasa a ser el núcleo de la historia) tiene por objetivo que dicha fórmula no sea dada a conocer. Es por esto que pese a que la fórmula puede parecer importante en un principio, cuando la historia comienza a avanzar pierde toda su importancia tanto para los personajes como para el público.

Todo el proceso de adaptación se llevó a cabo durante las vacaciones invernales de Hitchcock, Bennet, y sus respectivas familias en Saint Moritz. Ya de vuelta en Londres, el productor Michael Balcon les permitió contratar al dramaturgo Ian Hay para que escribiera los diálogos de “The 39 Steps”, el cual luego de unos cuantos días, completó los últimos detalles del guión. Para el interpretar al protagonista sería seleccionado el actor Robert Donat, a quien el director admiraba por su trabajo en el teatro. Donat aceptó encantado la propuesta debido a que le daba la posibilidad de trabajar en una comedia romántica. Por otra parte, fue Madeleine Carroll la actriz seleccionada para interpretar al interés amoroso del protagonista. Ella tenía una ya larga carrera en el cine, y al momento de recibir el ofrecimiento por parte del director, mostró varias reservas acerca de participar en este proyecto, por lo que el productor le ofreció un contrato por dos películas si es que ella así lo deseaba. Fue de esta forma que se completó el reparto y comenzaron las filmaciones.

Cuando llegó el primer día de rodaje, Donat y Carroll aún no se conocían y Dickie Beville, director de la segunda unidad de Hitchcock, estaba preocupado por el hecho de que la primera escena prevista resultara algo insípida. La secuencia era aquella en la que la pareja, esposada entre sí por los espías, consigue escapar hacia los campos de Escocia. Hitchcock, conocido por su peculiar sentido del humor, decidió sacarle provecho a esta situación. En la mañana presentó a los dos actores principales, les explicó la secuencia y unió sus muñecas con un par de esposas. Luego los hizo ensayar la escena, hasta que alguien les dijo que debido a un problema técnico que se debía solucionar, era mejor que se fueran a descansar. Pero además les dijo que no sabía donde había dejado las llaves de las esposas, desapareciendo hasta bien entrada la tarde. A la hora del té, Hitchcock encontró la llave (Donat más tarde, descubriría que la llave le había sido cuidadosamente entregada a un guardia del estudio tan pronto como les fueron colocadas las esposas). La razón que esgrimió el director para esta broma de mal gusto, fue que deseaba demostrar el drama que significaba estar esposado, el terror especial que se siente al estar inevitablemente atado. Esto demostraba ciertos rasgos de sadismo por parte de Hitchcock, existentes al momento de relacionarse con otras personas.


Si bien Hitchcock utiliza la universalidad de la intriga política, el miedo a lo desconocido y a la corrupción para proveer de suspenso a la cinta, se podría decir que el tema principal de la historia es la relación de confianza que se da entre la pareja de protagonistas, y como esta va variando con los diversos acontecimientos en los que se ven involucrados. Esta idea de la confianza existente en una pareja, es reforzada a lo largo de toda la historia mediante el contraste de la relación de los protagonistas con la de las otras parejas que aparecen en el film, como por ejemplo la del posadero y su esposa, o la del profesor Jordan (Godfrey Tearle) y su esposa. “The 39 Steps” se podría considerar como la primera obra maestra del director, tanto en el sentido técnico como dramático. Todos los elementos presentes en la película funcionan de la mejor manera posible, desde la perfecta dirección de Hitchcock, a las estupendas actuaciones de los protagonistas que proyectan una química increíble, sin olvidar también los decorados y la selección de locaciones. Lo que más impresionó a la gente que asistió al preestreno de la cinta, fue la riqueza de los detalles psicológicos que presentan los personajes, y el resonante humor de la trama.

“The 39 Steps” tiene un ritmo narrativo trepidante, que presenta una situación de tensión tras otra, hecho que puede resultar poco verosímil, pero que sin embargo cumple el objetivo de envolver al espectador en la trama y dejarlo al borde de su asiento durante todo el transcurso del metraje. La película responde a la filosofía del director que en alguna ocasión diría: “No filmo nunca un trozo de vida porque esto la gente puede encontrarlo perfectamente en su casa, en la calle, o incluso delante de la puerta del cine. Por otra parte, rechazo también los productos de pura fantasía, porque es importante que el público pueda reconocerse en los personajes. Rodar películas para mí, quiere decir en primer lugar y ante todo contar una historia. Esta historia puede ser inverosímil, pero jamás banal.” Esta declaración resume en gran medida la obra del maestro del suspenso, y explica porque sus películas lograron captar la atención de cientos de espectadores, algo que prevalece hasta el día de hoy. Sin duda esta cinta se encuentra entre los mejores trabajos de la época británica de Hitchcock, por lo que es una obra de visionado obligatorio para todos los amantes del buen cine.

por Fantomas.

viernes, 28 de marzo de 2008

The Killing: Kubrick y su visión del cine negro.

“The Killing” (1956), es un thriller del director Stanley Kubrick, el cual está protagonizado por Sterling Hayden, Coleen Gray, y Vince Edwards.

Cuando el ex-convicto Johnny Clay (Sterling Hayden) anuncia que tiene un plan para cometer un atraco perfecto, todo el mundo quiere participar, especialmente cuando este revela que el plan es hacerse con dos millones de dólares en un robo a las oficinas del hipódromo en el cual “nadie sufrirá daño”. Sin embargo, a pesar de toda su preocupación, Clay y sus hombres han descuidado una cosa: Sherry Peatty (Marie Windsor), una mujer codiciosa y traicionera que planea dar su propio golpe financiero,incluso si tiene que librarse de toda la banda de Clay para conseguirlo.

Luego del fracaso de sus dos primeros largometrajes, “Fear and Desire” (1953) y “Killer´s Kiss” (1955), Stanley Kubrick eligió sumergirse en el género del film noir para intentar recuperarse del golpe. Esta sería la primera película en la que el director colaboraría con el productor James B. Harris, quien posteriormente produciría las películas “Paths of glory” (1957) y “Lolita” (1962). Cuando el director vio la novela “Clean Break”, del escritor Lionel White, rápidamente reconoció el gran potencial que esta tenía, por lo que se propuso llevarla a la pantalla grande. Fue por eso que junto a Harris compraron los derechos de la novela en aproximadamente diez mil dólares. Una vez hecho esto, Kubrick buscó a Jim Thompson, escritor considerado como uno de los grandes de la novela policíaca, para que lo ayudara con la construcción del guión, específicamente con los diálogos del relato.

Con esta cinta Kubrick no hace más que continuar lo comenzado por el director John Huston con “The Asphalt Jungle” (1950), película responsable de reformular los códigos establecidos dentro del género del film noir. Si bien el director no varía tanto en lo que se refiere a la estructura de los personajes principales, presentando al tipo rudo con un pasado criminal y con ansias de conseguir dinero fácil, y a la femme fatale de rigor, el resto de los personajes no son más que tipos comunes y corrientes, cada uno con sus respectivo oficio, que cierto día se les presenta la oportunidad de participar en un robo organizado, el cual si bien tiene por objetivo conseguir dinero, también se presenta como una oportunidad de romper con la rutina de sus aburridas vidas. Sin embargo, donde más se puede apreciar el deseo de renovación del género es en el estilo narrativo que utiliza el director, con el cual definitivamente rompe con el molde establecido, adelantándose varios años con una fórmula narrativa que hoy en día resulta bastante habitual, y que ha sido adoptada por directores como Quentin Tarantino o Alejandro Gonzáles Iñárritu, entre otros.

El director narra los hechos de forma paralela, sin respetar cronología alguna, con el fin de mostrarnos los distintos puntos de vista de los personajes involucrados en el atraco, tarea que realiza de manera impecable. Durante el transcurso de la cinta, nos son entregadas distintas piezas de un rompecabezas que debemos armar para poder apreciar el cuadro completo. De esta forma el espectador se puede enterar de cuáles son las motivaciones que llevan a este grupo de hombres a involucrarse en un arriesgado plan. Como los hechos no están en orden y con el fin de no confundir al espectador, Kubrick utiliza una voz en off cuya misión consiste en situarnos en el tiempo y espacio en el que está ocurriendo la acción.

La presentación de los personajes es realizada de manera directa y sin mucho rodeo, entregando acertadas descripciones que muestran tanto la personalidad de los involucrados, como sus motivaciones para participar en el robo. Es precisamente con las motivaciones que cada uno presenta, que Kubrick construye las personalidades de los improvisados ladronees, respondiendo a la idea de “dime porque lo haces y te diré quién eres”. Es así como veremos personajes algo amorales motivados solo por sus ansías de dinero, mientras que otros personajes como el cantinero, lo hacen por objetivos más loables como el querer cuidar mejor a su esposa enferma. Esta variante en los motivos de los participantes es otra de las características que en cierta forma alejan a esta cinta del resto de las obras más convencionales del cine negro.

Algo que Kubrick supo utilizar muy bien es el hecho de que la banda fuera conformada en su mayoría por tipos sin ninguna experiencia delictual. El director juega con esto creando un ambiente de suspenso ante la posibilidad de que cualquiera de estos hombres no logre cumplir con su parte de plan, por muy simple que esta fuera. La tensión aumenta aún más cuando entra en juego la mujer codiciosa y su marido, un hombre cobarde y totalmente cegado por el amor algo enfermizo que siente por su esposa. Es a raíz de estos dos personajes, en especial debido a la ambición de la mujer, que se desencadenarán una serie de acontecimientos que no harán más que traer nefastas consecuencias para todos los involucrados en el robo.

Es posible darle una sublectura a la forma en cómo Kubrick presenta al género femenino en esta película, llegando incluso a decir que se puede apreciar una marcada misoginia por parte del director. Si bien el personaje de Marie Windsor responde al típico personaje de la mujer fatal tan habitual en las cintas de cine negro, la cual presenta rasgos con los que difícilmente se va a ganar la simpatía del público, el hecho de que la mujer de Johnny Clay sea descrita más bien como un estorbo, razón por la cual el protagonista le ordena desaparecer hasta una vez completado el plan, o que la mujer de otro de los miembros de la banda sea retratada como una mujer enferma incapaz de hacer algo por sí misma, pareciera no ser coincidencia. Todas las mujeres del film se presentan como inútiles, ya sea física o mentalmente, o sencillamente como manipuladoras y codiciosas, infiriéndose que de una forma u otra pueden terminar estropeando el plan.

La cinta cuenta con buenas actuaciones pese a contar con actores más bien desconocidos, con la sola excepción de Sterling Hayden quien ya había interpretado un rol similar en “The Asphalt Jungle”. La película cuenta además con una buena banda sonora, compuesta por Gerald Fried, la cual muchas veces es utilizada a muy bajo volumen, sonando más fuerte solo en los momentos de mayor tensión, lo que habla de un muy buen aprovechamiento de la misma. La fotografía de Lucien Ballard por su parte, es bastante realista agregándole aún más solidez a una producción que está estupendamente armada. Kubrick nos entrega una película espectacular, que presenta un ritmo narrativo sumamente ágil, diálogos inteligentes, un excelente clímax, y la utilización de un estilo narrativo que en manos de otro director menos hábil hubiese sido un verdadero desastre. “The Killing” es una verdadera joya del cine negro y la primera gran película de un director que nos entregaría una serie de obras maestras durante el transcurso de su carrera.




por Fantomas.

martes, 25 de marzo de 2008

Madhouse: El último rol protagónico de Vincent Price en un film de terror.

“Madhouse” (1974), es un film de terror del director Jim Clark, el cual está protagonizado por Vincent Price, Natasha Pyne, Peter Cushing y Robert Quarry.

Cuando la prometida de Paul Toombes (Vincent Prince), una famosa estrella del cine de terror, es brutalmente asesinada, el actor es víctima de un colapso emocional que pone fin a su carrera. Doce años más tarde, Toombes es invitado a revivir a su personaje más famoso, el Doctor Muerte, en una serie de televisión británica. Lamentablemente, a poco tiempo de su llegada a Inglaterra, comienzan a ocurrir una serie de asesinatos de características similares a los que aparecían en los films del actor, por lo que rápidamente se convierte en el principal sospechoso de los crímenes.

En el año 1970, la productora American International Pictures compró los derechos de la novela “Devilday”, del escritor Angus Hall, con la intención de adaptarla y llevarla a la pantalla grande. A grandes rasgos, la novela de Hall relataba la historia de un periodista que tiene una serie de encuentros con una deslucida estrella del cine de terror, que en la actualidad coquetea con el satanismo. La verdad que el interés de los ejecutivos de la American International Pictures en la floja novela de Hall, estaba dado por el contenido altamente controversial de la misma. De hecho, cuando el escritor introduce al protagonista en la historia, este está teniendo sexo con una fanática de tan solo dieciséis años de edad, tras lo cual asiste a una misa negra que él mismo se encarga de presidir. A raíz de esto, pasarían un par de años antes de que el proyecto finalmente fuese rodado. Solo cuando la productora británica Amicus mostró cierto interés en la adaptación, los ejecutivos de la American International Pictures decidieron darle luz verde al proceso de pre-producción. En lo que demostraría ser una decisión acertada, los guionistas Ken Levison y Greg Morrison optaron por eliminar gran parte del contenido de la novela, para solo mantener la premisa básica del actor que regresa a la televisión luego de haber estado involucrado en un bullado escándalo que puso fin a su carrera.

En cuanto a la elección del elenco, el papel protagónico del film le sería otorgado a Vincent Price, quien durante años se alzó como la máxima estrella de las producciones de la American International Pictures. Sin embargo, contrario a lo que se podría pensar, el actor no se encontraba a gusto trabajando para la productora. Price no solo estaba cansando de participar en producciones de bajo presupuesto, sino que además se sentía subvalorado por los ejecutivos de la American International Pictures, quienes se negaban a aumentarle el sueldo. El resto del elenco estaría conformado por Robert Quarry, Peter Cushing y Adrienne Corri. En el caso particular de Quarry, él era el actor que estaba llamado a ocupar el puesto de Price en la productora una vez que a este se le terminara el contrato. Desafiando toda lógica, la dupla de actores mantuvo una relación bastante amigable tanto dentro como fuera del set. De hecho, ambos se quejarían enérgicamente por la dudosa calidad del guión de la cinta, el cual solo les fue entregado un día antes de comenzar las filmaciones, para así evitar que se negaran a participar en la producción. Según declararía Quarry en una ocasión, los diálogos eran tan pobres, que optó por improvisar gran parte de sus líneas de diálogo. Una vez que Price se percató de lo que estaba haciendo Quarry, inmediatamente le pidió que lo ayudara con sus diálogos, porque al igual que su colega, él también consideraba que eran sencillamente espantosos.

“Madhouse” se centra en la figura de Paul Toombes, un actor hollywoodense al borde retiro, quien en el pasado adquirió cierta notoriedad gracias a su participación en una serie de cintas de terror, en las cuales interpretó a un siniestro psicópata conocido como el Doctor Muerte. La historia comienza en medio de una fiesta que tiene por objetivo celebrar el reciente matrimonio de Toombes con una joven a la cual dobla en edad. Lamentablemente para el veterano actor, su flamante nueva esposa es asesinada esa misma noche, lo que provoca que Toombes sufra un colapso nervioso durante el cual insiste en culpar al Doctor Muerte del asesinato de su mujer. Doce años más tarde, Toombes acepta la invitación de un productor británico llamado Oliver Quayle (Robert Quarry), quien le ofrece resucitar al Doctor Muerte en el contexto de una serie de televisión. Inevitablemente, sus inseguridades y sus mayores miedos comienzan a apoderarse de Toombes en su nueva aventura actoral, lo que se acrecentará cuando varios de sus cercanos comiencen a ser asesinados utilizando los métodos frecuentados por el Doctor Muerte en sus films. Convertido en el principal sospechoso de los crímenes, Toombes se verá obligado a descubrir la verdad tras los asesinatos, antes de que el verdadero responsable logre su objetivo, y él se vuelva completamente loco.

Uno de los mayores problemas que presenta “Madhouse”, es que constantemente deja en evidencia su modesto presupuesto y la carencia de un guión sólidamente construido, lo cual obligó al director a insertar una serie de escenas recicladas para extender el metraje del film. Es por este motivo que durante el transcurso de la cinta, es posible ver escenas de “The House of Usher” (1960), “The Pit and the Pendulum” (1961) y “The Raven” (1963), las cuales sirven para ilustrar las glorias pasadas de Toombes/Price. Resulta evidente que esta peculiar decisión artística no solo responde a los objetivos antes mencionados, sino que además era un claro intento por parte de los ejecutivos de la American International Pictures de explotar el atractivo comercial de una de las mejores etapas de la carrera de Price. Más allá de estos detalles, el director intenta centrarse en los asesinatos que rodean a la figura de Paul Toombes. A raíz de esto, el mayor generador de suspenso del relato es la posibilidad de que el protagonista sea el verdadero responsable de los crímenes, los cuales comete sin plena consciencia de lo que está haciendo. En lo que puede considerarse como un sutil guiño al entonces popular género del giallo italiano, el asesino de turno no solo está provisto de un disfraz que oculta su verdadera identidad, sino que además muestra cierta predilección por el uso de armas blancas y por las mujeres jóvenes y hermosas. De la misma forma, el trabajo policial resulta ser completamente inútil, por lo que la tarea de develar el misterio que se esconde tras los crímenes recae en los hombros del cada vez más perturbado Paul Toombes.

En cuanto a las actuaciones del elenco participante, estas son sin lugar a duda el punto más alto del film. Mientras que Price interpreta de buena manera a un hombre claramente perturbado por su pasado, al cual se le está negando la oportunidad de rehacer su vida, Robert Quarry interpreta correctamente al despreciable productor responsable del regreso del protagonista a la actuación, y Peter Cushing realiza una encomiable labor interpretando a Herbert Flay, un viejo amigo y colaborador de Paul Toombes. Lamentablemente, Cushing solo aparece en contadas ocasiones y sus interacciones con Price son bastante limitadas. En cuanto al aspecto técnico de la producción, esta cuenta con el correcto trabajo de fotografía de Ray Parslow, y la olvidable pero efectiva banda sonora del compositor Douglas Gamley. Algo que sin duda resulta curioso, es el hecho de que pese a tratarse de una película de terror, “Madhouse” está prácticamente desprovista de una atmósfera que le permita al director generar algún tipo de reacción en el espectador. Clark solo logra crear algunos momentos de verdadero terror en el último tramo del film, pero para entonces ya es demasiado tarde como para remediar lo hecho durante gran parte del metraje.

Debido al pobre trabajo publicitario realizado previo al estreno del film, y al gran número de deficiencias que presentaba el mismo, “Madhouse” resultó ser un completo fracaso de taquilla. Esto provocó que algunos proyectos de la American International Pictures que involucraban a Price, como por ejemplo uno titulado “The Naked Eye”, fuesen rápidamente desechados, marcado así el fin de una era dominada por las cintas de terror gótico. En gran medida, la caída de pequeñas productoras como la American International Pictures, la Hammer o la Amicus, se debió a la irrupción en el género del horror de los grandes estudios, quienes tras el inusitado éxito de “The Exorcist” (1973) quisieron obtener su tajada de la torta. Pese a todas sus falencias, “Madhouse” logra ser una cinta entretenida, que posee un interesante discurso acerca de la naturaleza del estrellato y las malas políticas existentes dentro de la industria cinematográfica. Además de esto, hoy en día la película de Jim Clark es vista como una suerte de pieza histórica que documenta el trabajo de Vincent Price en la industria, lo que se asoma como una razón más que suficiente para rescatarla del más completo olvido.



por Fantomas.

domingo, 23 de marzo de 2008

Cinema Paradiso: Una oda a la amistad, a la juventud y a la magia presente en el cine.

“Nouvo Cinema Paradiso” (1988), es un drama del director Giuseppe Tornatore, el cual está protagonizado por Jacques Perrin, Philippe Noiret, Leopoldo Trieste, Marco Leonardo, Agnese Nano y Salvatore Cascio.

Roma. Década de los ochenta. Es de noche. Salvatore Di Vitto (Jacques Perrin), un exitoso realizador cinematográfico contesta el teléfono. Escucha la voz de su madre, la cual le comunica que Alfredo (Philippe Noiret) ha muerto. El solo nombre es suficiente para traer a la memoria de Salvatore los recuerdos de su juventud vivida en el pueblo de Giancaldo, Sicilia: la plaza polvorienta, la fuente, la iglesia y sobre todo el Paradiso, una sala de cine en la que Alfredo era el proyeccionista y el padre Adelfio (Leopoldo Trieste) el vigilante…

Luego de realizar su primer film, “Il Camorrista” (1986), por el cual fue premiado como “director revelación” por el Sindicato italiano de críticos de cine, Giuseppe Tornatore comenzaría a trabajar en lo que hasta la fecha, podría considerarse como su mejor obra. Si bien “Cinema Paradiso” es un tributo al cine como vehículo de emociones, también pueden evidenciarse ciertos rasgos autobiográficos en la cinta, debido a que el personaje principal no solo comparte el oficio de Tornatore, sino que también ambos provienen de pequeños pueblos situados en Sicilia: Baghelia en el caso de Tornatore, y Giancaldo en el del protagonista. El director al igual que Salvatore, demostró su afición por el mundo del cine a temprana edad, cuando su abuelo lo llevó a ver “The Ten Commandments” (1956). Fueron precisamente las vivencias del director las que lo llevaron a crear un film en el que se recordara aquellos tiempos en los que ir al cine era un acontecimiento, días que con la llegada de la tecnología fueron desapareciendo hasta extinguirse. Muy en el estilo de Federico Fellini, lo que hace Tornatore es transportarnos de la manera más exacta posible, sin tampoco caer en un realismo absoluto, a una pequeña sala de cine de un pueblo como en el que creció, donde la gente se reunía para poder ver diversas historias con las cuales pretendían olvidar sus preocupaciones, y sumergirse de lleno en un mundo de fantasía.

La historia se divide en tres partes; la primera se centra en la infancia de Toto Salvatore Cascio), y en cómo este entabla una relación de amistad con Alfredo, quien además de enseñarle el oficio de proyeccionista, le inculca el amor por el séptimo arte. La segunda parte nos muestra a un Salvatore adolescente (Marco Leonardo), quien ahora está a cargo de proyectar las cintas en el Paradiso, y el cual entablará una relación amorosa con Elena (Agnese Nano), quien se convertirá en su gran amor de juventud. Finalmente, en el último tramo del film vemos a un Salvatore ya adulto y realizado profesionalmente, el cual luego de la trágica noticia que ha recibido, decide volver al pueblo que dejó hace ya muchos años, para reencontrarse con los recuerdos que ha decidido olvidar. Cabe mencionar que en la versión extendida de la cinta, la cual se lanzó hace algunos años, se añaden alrededor de 55 minutos en los cuales se ve como Salvatore se reencuentra con su amor de juventud, lo que vendría a conformar una cuarta parte del film. Sin embargo, este reencuentro sigue teniendo un cariz de amor imposible y tortuoso, lo que confirma lo acertado de una de las frases de Alfredo: ”La vida, Toto, no es como las películas, es más dura, más difícil”.

Es fácil para el espectador identificarse con los personajes de esta cinta, en especial con Alfredo o con el pequeño Toto. La relación amigo/mentor que tienen ejemplifica perfectamente la relación que uno podría tener con su padre o su abuelo, razón por la cual la historia entre ambos se siente más cercana. Alfredo es una fuente de sabiduría, fruto de sus vivencias y de las numerosas películas que ha visto, y un hombre cuyo mayor deseo es ver a Toto realizado como persona. Además de la dupla protagónica, Tornatore nos entrega una serie de personajes secundarios bastante coloridos, entre los que destacan el padre Adelfio, quien se encarga de censurar las películas, en especial aquellas que presentan escenas de besos, un tipo que recita las películas de memoria, un burgués que escupe desde el palco a todo el resto de las personas, e incluso un mendigo que vive en la plaza y que la reclama como suya. Todos estos personajes interactúan con aquellos que ven en la gran pantalla, los cuales los sorprenden, encantan, y emocionan. Y es que en la pantalla del Paradiso desfilarán una serie de actores y actrices que sin saberlo, marcaran la vida de muchas de las personas que asisten a ver sus películas. Es en ese lugar que la figura del proyeccionista no solo oficia de maestro de ceremonias, sino que también se alza como el responsable de permitirle al público que durante un breve periodo de tiempo, puedan trasladarse a un mundo de fantasía que solo existe en sus sueños.

La película está envuelta por un halo de nostalgia, que no solo atrapa al protagonista, sino que también al director y a todos nosotros. Es fácil apreciar que esta cinta está hecha con el corazón, debido a que está repleta de escenas realmente bellas y emotivas, que difícilmente podrán dejar a alguien indiferente. Escenas como la proyección que Alfredo realiza sobre la pared de una de las casas de la plaza, para aquellos que no han podido entrar al cine, es un buen ejemplo los momentos mágicos que presenta el relato. Esa “magia” está presente durante gran parte del transcurso de la cinta, y es lo que convierte a esta obra en algo especial. Si bien Tornatore quiere transmitir su amor hacia el cine, también deja constancia de que los recuerdos son uno de los mayores tesoros que posee el hombre. Es en base a nuestros recuerdos que en ocasiones solemos construir nuestro futuro. En parte eso es precisamente lo que quiere comunicarle Alfredo a Salvatore con el regalo póstumo que le entrega. Aquel simbólico obsequio no es más una herramienta para que el protagonista se encuentre consigo mismo, con sus sueños de infancia, y con su verdadero amor, el séptimo arte.


La década de los ochenta fue un periodo irregular en lo que a cine se refiere, por lo que son pocas las producciones realizadas en aquella época que pueden ser consideradas como clásicos en toda su regla. Una de esas excepciones es precisamente “Cinema Paradiso”, debido a que conjuga un magnífico trabajo de dirección con un guión rico en matices, el cual combina de forma perfecta la comedia con el melodrama. Además la cinta presenta el estupendo trabajo de fotografía de Blasco Giurato, y las sublimes interpretaciones del fallecido Philippe Noiret, del pequeño Salvatore Cascio. Como si esto fuera poco, la producción además cuenta con la bellísima banda sonora compuesta por Ennio Morricone, quien en compañía de su hijo Andrea, creó una de las piezas musicales más inolvidables de la historia del cine italiano. De hecho es tal la carga emotiva que posee la música, que realza aún más la belleza inherente de las imágenes que inundan la pantalla.

Contrario a lo que se podría pensar, al momento de su estreno la cinta de Tornatore fue recibida de manera bastante tibia por el público. No fue hasta que obtuvo el premio especial del jurado en el Festival de Cannes, y el Globo de Oro al mejor film de habla no inglesa, que “Cinema Paradiso” fue postulada como candidata al Oscar a la mejor cinta extranjera. Luego de ganar el Oscar, la película se reestrenó con una amplia y merecida aceptación, pasando a ser una de las obras cinematográficas más importantes de Italia. El relato es una verdadera oda al séptimo arte, y al torrente de emociones que este es capaz de transmitirle al espectador. Y es que habla acerca de la magia presente en cientos de películas, las cuales son capaces de transportarnos a mundos irreales que no son más que la representación de muchos de nuestros sueños. Al mismo tiempo, funciona como un retrato del alma humana, por lo que nos habla de cómo nuestras decisiones afectan a quienes nos rodean y a nosotros mismos, y de cómo nuestros recuerdos pueden convertirse en la llave que nos permita reencontrar la felicidad que creíamos perdida.



Presentación en Chile de Morricone interpretando la canción principal de la cinta:



por Fantomas.

jueves, 20 de marzo de 2008

Man with the X-Ray Eyes: El deseo incontrolable de ver más allá.

“The Man With the X-Ray Eyes“ (1963), es un film de ciencia ficción del director Roger Corman, el cual está protagonizado por Ray Milland y Diana Van der Vlis.

El brillante Dr. James Xavier (Ray Milland) logra desarrollar un suero que puede mejorar la visión a niveles insospechados, permitiendo incluso ver a través de cualquier objeto. Inspirado por el increíble potencial médico de su descubrimiento, y pese al rechazo de sus colegas, el doctor decide experimentar la poción en su cuerpo, solo para descubrir que su habilidad para ver a través de las paredes, de la ropa y de la piel, es eclipsada por su insaciable deseo de ver más allá, incluso si eso significa ver más allá de lo que un mortal puede soportar.

Roger Corman es bien conocido por ser el hombre que formó una fortuna a base de películas de bajo presupuesto, entre las que se pueden encontrar algunos films realmente memorables (como por ejemplo la seguidilla de adaptaciones de Edgar Allan Poe que realizó durante los sesenta), como también otros que fácilmente podrían ser incluidos en el grupo de las peores cintas de la historia del cine. Y es que básicamente gran parte de sus películas no hacen más que extraer ideas de producciones más costosas realizadas por los grandes estudios en Hollywood, las cuales son adaptadas a un formato más casero. Sin embargo, cuando el director y productor ha logrado separarse de la simple imitación para aparecer con algo totalmente original, este ha terminado realizando obras realmente memorables, siendo este precisamente el caso de “The Man With the X-Ray Eyes“.

El guión creado por Ray Russell y Robert Dillon, nos entrega una historia que si bien se presenta como el típico relato del científico loco tantas veces visto dentro del género de la ciencia ficción, con el transcurso de los minutos se hace evidente que la trama presenta algunas variaciones que la convierten en una propuesta bastante original. Para empezar, en esta cinta no existen villanos. Lo más cercano a eso es el personaje interpretado por Don Rickles, que es una suerte de estafador el cual presiona en una primera instancia al Dr. Xavier a actuar como un fenómeno de feria, para luego obligarlo a desenvolverse como una especie de curandero. Sin embargo, él no es más que una amenaza menor dentro de la trama, es tan solo una de las consecuencias de los actos cometidos por Xavier. Y es que precisamente es eso lo que explora la cinta; las consecuencias de los experimentos del protagonista, y como este afronta las dificultades producidas por su “nueva visión” del mundo.

A diferencia de otros científicos locos tanto cinematográficos como literarios, entre los que se encuentran el Dr. Frankenstein o el protagonista de la novela de H. G. Welles, “El hombre invisible”, los cuales se presentan como personajes absolutamente megalomaníacos que buscar igualarse a Dios meramente por alimentar su ego, el Dr. Xavier inicia sus experimentos con un objetivo más noble en mente; el de diagnosticar enfermedades subyacentes tan solo utilizando la visión humana, ganando de esta forma tiempo para tratar dicha enfermedad. Sin embargo, en el transcurso de dichas investigaciones surgirán otro tipo de objetivos que inevitablemente lo terminarán consumiendo. Esto responde un poco a la visión cinematográfica de los científicos durante los años cincuenta y sesenta, época en la cual eran presentados como hombres temerarios capaces de cruzar todo tipo de fronteras con tal de lograr sus objetivos, desatando por lo general algún tipo de desastre de incalculables consecuencias. Todo esto está acompañado por la lucha constante entre la ciencia y la religión, la que en este caso queda aún más patente durante el climático final de la cinta, el cual nos enseña que aquellos hombres que desafían los límites impuestos por Dios, tarde o temprano terminan siendo castigados por su atrevimiento.

También se podría decir que todo el proceso vivido por el protagonista es bastante similar a las distintas etapas de la drogadicción. Xavier comienza con una pequeña dosis para probar los efectos, luego al ver que el suero funciona, comienza a aplicarse mayores dosis para que el efecto sea aún mayor. Es más, después de un tiempo se da cuenta que el efecto es solo momentáneo, por lo que constantemente debe estar aplicándose el suero, sin que necesariamente utilice su visión para algún fin práctico. Todo esto le traerá problemas en el trabajo, con sus amigos, con la ley, y finalmente terminará sumiéndolo en un infierno del que difícilmente podrá salir. Es por este motivo que muchas veces se ha dicho que este film presenta una fuerte critica a las investigaciones médicas realizadas durante los cincuenta y los sesenta, en las que se aplicó LSD en pacientes alcohólicos o con problemas psiquiátricos, debido a la teoría que sostenía un grupo de psicoanalistas, la cual postulaba que la droga ayudaba a derribar las barreras psicológicas del paciente, facilitando en gran medida a su recuperación. En la cinta ocurre precisamente lo contrario, cada vez que aumenta la capacidad visual del protagonista, su percepción de mundo real es cada vez más borrosa.

Por otro lado, la actuación de Ray Milland es uno de los elementos responsables de la efectividad del relato. Su interpretación del arrogante Dr. Xavier es sumamente creíble, lo que ayuda a que la trama no se torne ridícula o sin sentido. Hay que recordar que el actor fue merecedor de un Oscar por su papel en la cinta “The Lost Weekend” (1945), en la que interpretaba a un personaje de similares características. El resto del elenco hace un trabajo aceptable, teniendo en cuenta que tampoco se contaba con el presupuesto para contratar actores de mayor calibre. El gran toque de originalidad se lo da su director, el cual retrata la creciente profundidad de la visión del protagonista, mediante una serie de efectos en 3D, filmaciones de esqueletos humanos, y algunos de efectos de luz. Lo interesante es que pese a no ser efectos demasiado sofisticados, cumplen el objetivo de crear la ilusión de que el protagonista puede ver más allá de lo humanamente posible. Por supuesto no podía faltar el toque bizarro tan característico de las producciones de Corman, el cual es representado por la fiesta en que Xavier puede ver a todos sus invitados desnudos. Esta escena viene a dar un cierto alivio cómico a una historia bastante cargada al melodrama, que posee una profundidad mayor de la que el espectador podría imaginar.

Contando con un pequeño presupuesto de solo 300.000 dólares (existen películas del director que fueron hechas incluso con menos dinero), Corman realizó un film que es por muchos considerado como su mejor incursión en el género de la ciencia ficción. Entre las muchas virtudes que presenta, podemos nombrar el excelente ritmo narrativo que mantiene la cinta, por lo que resulta ser sumamente entretenida, y la sólida actuación del protagonista, entre otras cosas. Por otro lado, nos encontramos con la adecuada banda sonora del compositor Lex Baxter, un inteligente guión, y unos efectos simples pero efectivos. Si hay algo que reconocerle a Corman, es que muchas veces se las arregló para realizar buenos films con poco dinero, como en este caso que nos entrega esta estupenda que película que ya se ha convertido en un clásico de culto del género, y en un imperdible dentro de la filmografía del “versátil” Roger Corman.




por Fantomas.

martes, 18 de marzo de 2008

The Lady Vanishes: De lo mejor de la época británica del maestro del suspenso.

“The Lady Vanishes” (1938), es un film de suspenso del director Alfred Hitchcock, el cual está protagonizado por Margaret Lockwood, Michael Redgrave, y Dame May Whitty.

En un tren a Inglaterra, Iris Henderson (Margaret Lockwood) conoce a Miss Froy (Dame May Whitty), una simpática anciana con la que entabla una cierta amistad. Tras una pequeña siesta, Iris despierta y no encuentra por ningún lado a Miss Froy. Lo peor es que el resto de los pasajeros no recuerda haberla visto en el tren. El único que cree la historia de la joven es un músico llamado Gilbert (Michael Redgrave). Ahora juntos iniciarán una investigación que los llevará a poner en peligro sus vidas.

Luego de completar la cinta “Young and Innocent” (1937), Hitchcock y su esposa Alma se encontraban buscando algo interesante para terminar el contrato de dos películas que tenían con el productor Edward Black. Lamentablemente, no encontraron nada que los convenciera, por lo que al británico no le quedó otra opción que presentarse en la oficina del productor para preguntar si es que existía algún guión ya preparado, un proyecto que alguien se hubiese visto en la obligación de abandonar. Esta increíble excepción hecha por el director no dejó de sorprender a Black, quien conocía los métodos habituales de Hitchcock. Sin embargo, a sabiendas de que un director poco motivado es peligroso para el negocio, el productor rápidamente se decidió a entregarle una historia que debido a ciertos problemas fue abandonada el año anterior.

En mayo de 1936, el guionista Frank Launder le había sugerido a la productora Gainsborugh (para la cual estaba trabajando), que comprara los derechos de la novela “The Wheel Spins”, de la escritora Ethel Lina White. Esto lo pidió como parte de su contrato, el cual estipulaba que debía escribir un guión al año, siendo la adaptación de la novela en cuestión el guión que él deseaba elaborar. Pero por aquel entonces, tenía que reelaborar un guión de otro film que iba a entrar inmediatamente en producción, por lo que se le encargó la adaptación a Sydney Gilliat, a quien posteriormente se le sumaria Launder. El director seleccionado en un principio para filmar esta cinta era Roy Williams Neill, un norteamericano radicado en Inglaterra, el cual es responsable de la gran mayoría de los films de Sherlock Holmes protagonizados por Basil Rathbone. Cuando el guión se encontraba finalizado, un equipo fue enviado a la ex Yugoslavia bajo las órdenes de Fred Gunn, quien era asistente de dirección, para rodar los exteriores durante el verano. Pero tras un accidente en el cual Gunn se fracturó el tobillo, la investigación de la policía yugoslava descubrió el guión, y como era su costumbre, insistieron en aprobar las impresiones de unos extranjeros acerca de su país. Fue de esta forma que el equipo fue rápidamente deportado, debido a que las primeras páginas del guión fueron consideradas como controversiales. Cuando el equipo volvió a Londres, el informe de este pequeño altercado policial internacional, sumado al accidente de Gunn y la poca motivación presentada por el director norteamericano, fueron razones suficientes para cancelar el proyecto.

Apenas Hitchcock leyó el guión, abandonó todos los proyectos poco interesantes que había considerado con el escritor Michael Hogan. Luego les hizo unas pequeñas sugerencias a Launder y Gilliat con respecto al guión, relacionadas específicamente con las escenas iniciales y finales de la cinta. Tras esto, dijo poder filmar “The Lady Vanishes” en un mes. Según recordaría Launder: “La diferencia entre el nuevo principio que escribió y el del guión original era que el ritmo resultaba mucho más rápido. Y el último rollo quedó realmente más excitante, con más giros y sorpresas.” El guión final revelaría que solo fueron cambios menores los realizados por Hitchcock, ya que la historia seguía siendo la misma. “Creo que este es el único caso en el que Hitchcock trabajó sobre un guión preparado para otro director”, diría Gilliat, a sabiendas de que esto era una situación peculiar en la carrera del director, pero que sin embargo revela en gran medida la fascinación que experimentó el realizador cuando le llegó este guión, que él consideraría como uno de los mejores que jamás hubiera tenido entre sus manos.

El reparto fue rápidamente conformado por Dame May Whitty, quien aceptó el papel clave de Miss Froy; Margaret Lockwood, quien se encontraba bajo contrato con la Gainsborough y la cual se reconocía como fan de las novelas escritas por Ethel Lina White, por lo que confió en que el papel de la protagonista le fuera adjudicado. Sin embargo, no fue hasta después que realizó una prueba de cámara a pedido del mismo Hitchcock que recibió el papel. Finalmente se contrató a Michael Redgrave para personificar al protagonista masculino, algo que no resultó tan fácil. El actor se encontraba enfrascado en su carrera teatral y no tenía ninguna intención de participar en una película debido a que según sus parámetros, ningún actor serio se concentraba en aparecer en el cine o ante las cámaras. Sin embargo, tras escuchar a John Gielgud, director de la compañía a la cual pertenecía, quien ya había trabajado con Hitchcock en una ocasión, y que le dijo que esto podría ser una experiencia muy enriquecedora, fue que el actor aceptó muy a regañadientes la oferta de la productora.

Se podría decir que la película se divide en dos segmentos bastante marcados. En el primer segmento, la acción ocurre en un hotel ubicado en una ciudad ficticia de Europa, el cual se encuentra repleto debido a que el tren que debe partir hacia Londres se encuentra prácticamente sepultado bajo la nieve. Es en este contexto que se nos presenta a los personajes principales y sus respectivas personalidades, los cuales participan en una serie de situaciones cómicas, además de un misterioso asesinato. Es en esta parte de la cinta que personajes como Caldicott (Naunton Wayne) y Charters (Basil Radford), un par de ingleses cuya mayor preocupación es llegar a tiempo a un partido de cricket, adquieren cierta notoriedad debido a la gran cantidad de situaciones cómicas en las que se ven envueltos. En el segundo segmento en cambio, la acción transcurre en el interior del tren, en donde se nos presenta a otro grupo de personajes, en su gran mayoría poseedores de características algo más oscuras que los vistos anteriormente, y se entra de lleno en el plano del suspenso cuando Miss Froy desaparece. De todas formas, fiel al estilo de Hitchcock, esta parte del film no deja de tener algunos momentos cómicos, que bajo la ideología del director, servían para alivianar un poco la tensión.

Las actuaciones son en general bastante buenas, incluso la de Redgrave que en más de una ocasión mencionó que nunca se tomó muy en serio su actuación en este film. Lo curioso de todo esto, es que precisamente esa interpretación algo indiferente que realiza el actor, le dio a su personaje una locuacidad natural que encaja perfectamente con la esencia del papel que debía personificar, y que por lo demás fue algo que dejó sumamente contento a Hitchcock. La película como mencioné anteriormente, cuenta con un muy buen guión, que contiene algunas vueltas de tuercas bastante interesantes, junto con algunos momentos llenos de tensión, algo que Hitchcock sabia lograr a la perfección. Esta cinta se podría considerar fácilmente como uno de los mejores trabajos realizados por el director durante su época británica, la cual a lo largo de los años ha servido como inspiración para otras obras. De hecho, la productora británica Hammer Films realizaría un remake en 1979, el cual sería protagonizado por Elliot Gould y Angela Lansbury.


por Fantomas.

domingo, 16 de marzo de 2008

Ghostbusters: ¿A quien vas a llamar?....

“Ghostbusters” (1984), es una comedia de ciencia ficción producida y dirigida por Ivan Reitman, la cual está protagonizada por Bill Murray, Dan Aykroyd, Harold Ramis, Sigourney Weaver, y Rick Moranis.

Cuando la Universidad de Columbia cancela el departamento de parasicología, los doctores Peter Venkman (Bill Murray), Raymond Stantz (Dan Aykroyd), y Egon Splenger (Harold Ramis) quedan desempleados. En vista de su actual situación, deciden forman una empresa llamada Cazafantasmas, dedicada a la investigación y extracción de pestes paranormales. Pese a su escepticismo, Dana Barrett (Sigourney Weaver) decide ir a visitarlos luego de una extraña experiencia que ha sufrido en la cocina de su departamento. Esto no será más que el inicio de una serie de fenómenos sobrenaturales que azotaran la ciudad de Nueva York, tras los cuales se esconde el resurgimiento de una antigua fuerza del mal que planea destruir todo a su paso.


A principios de los ochenta, Dan Aykroyd comenzó a desarrollar una historia basada en su fascinación por lo paranormal, la cual deseaba filmar junto a su amigo, el actor cómico John Belushi, con quien había trabajado en el programa de televisión, “Saturday Night Live”. La historia original de Aykroyd presentaba una buena cantidad de diferencias con respecto a lo que luego se convertiría en el guión de “Ghostbusters”; en el guión original, los Cazafantasmas eran un grupo de personas capaces de viajar en el tiempo y el espacio en busca de peligrosos fantasmas. Además, estos Cazafantasmas utilizaban un vestuario similar al que visten los equipos S.W.A.T., y ocupaban varitas mágicas para enfrentarse a los seres paranormales. Fue con esta ambiciosa idea que Aykroyd llegó a las puertas del productor y director Ivan Reitman, a quien le gustó la idea de un grupo de cazadores de fantasmas, pero que de inmediato le hizo ver al actor que para realizar dicha película se necesitaría de un enorme presupuesto. De esta forma, Aykroyd se puso a trabajar junto con Harold Ramis en la elaboración de un nuevo guión, el cual crearon luego de tres semanas encerrados en un refugio anti-bombas.

Este nuevo guión, fue escrito especialmente para que fuera protagonizado por John Belushi, Eddie Murphy y John Candy. Sin embargo, Belushi fallecería debido a una sobredosis de drogas durante el proceso de la elaboración del guión, mientras que John Candy y Eddie Murphy no podían participar en el proyecto debido a que tenían otros compromisos. Al saber esto, Aykroyd y Ramis le realizaron algunos cambios al guión, los cuales además de cambiar la personalidad de los protagonistas, tenían por objetivo desarrollar de mejor manera algunas de las ideas que ya habían plasmado en los primeros borradores. Una vez terminado el guión, se lanzaron a la búsqueda del actor que reemplazaría a John Belushi. Fue así como contrataron a Bill Murray, a quien se le suele atribuir cierta responsabilidad en la construcción del relato, en gran medida debido a su interpretación semi-improvisada, la que obligaba a cambiar algunas escenas. Hay algunos que dicen que Murray nunca leyó el guión y que improvisó todo, mientras que hay otros que aseguran que solo improvisó algunas líneas, pero que debido a su habilidad como actor cómico lograba que sus líneas parecieran improvisadas.

Por otra parte, el rol pensado para John Candy, que era el del abogado Louis Tully, le fue entregado a Rick Moranis. Fue con la llegada del actor que se sugirió cambiar el perfil del personaje, de un hombre de negocios algo conservador a un abogado bastante torpe e incompetente que siente una marcada atracción por el personaje de Sigourney Weaver. De la misma forma, el personaje que se había creado teniendo en mente a Eddie Murphy, le fue cedido a Ernie Hudson, un actor sin mucha experiencia en el cine, por lo que se redujo considerablemente la participación de este personaje en la historia. De hecho, el personaje de Hudson recién se integra durante la segundad mitad de la cinta, una vez que los Cazafantasmas ya se han establecido y cuando estos están buscando a alguien que los ayude a realizar su trabajo.

El guión presenta una trama bastante simple pero muy bien escrita. Tenemos a un trío de profesores universitarios que de un día para otro quedan desempleados. Tras tener una experiencia paranormal en una biblioteca, estos hombres deciden abrir una compañía de “exterminio” de fantasmas. Pese a que en un inicio el negocio va mal, tras toparse con el caso de Dana Barrett, quien dice que un monstruo de otra dimensión habita en su refrigerador, la actividad paranormal en Nueva York aumenta de manera drástica, convirtiendo a los Cazafantasmas en los nuevos héroes de la nación, los que sin saberlo, están llamados a salvar al mundo de la amenaza de un Dios ancestral. Básicamente esa es la historia de esta cinta, la cual no solo presenta un ritmo narrativo dinámico, sino que además está plagada de diálogos inteligentes y momentos memorables que hoy en día se encuentran fundidos en la memoria popular. Cabe mencionar que mientras que Aykroyd aportó con gran parte del concepto básico de la historia, Ramis logró aterrizar los elementos fantásticos y situarlos en un contexto realista, lo que probablemente explica el éxito de esta cinta. Y es que pese a que claramente se trata de una historia fantástica, no resulta completamente inverosímil.


En gran medida, la “credibilidad” del film yace en el hecho de lo bien logrados que resultan ser los efectos especiales, más aún tomando en cuenta la época en que fue realizada la cinta. Se utilizaron todo tipo de elementos para crear los efectos, desde maquetas a animaciones, e incluso impresiones ópticas. Los efectos tienen la cualidad de no verse ridículos, y lo que es mejor, no entorpecen las actuaciones ni las situaciones en los que son utilizados. Ya sea en la escena del hotel en la que intentan cazar al mítico Pegajoso (fantasma creado pensando en el fallecido Belushi), o en la escena del enfrentamiento con Gozer (Slavitza Jovan), los efectos especiales logran ser bastante funcionales, pasando a formar parte de los atractivos que presenta esta película (de hecho, la cinta recibiría una nominación al Oscar por sus efectos especiales). El trabajo de fotografía de Laszlo Kovacs, así como también la banda sonora compuesta por Elmer Bernstein, son otros de los puntos altos del film. Cabe mencionar que la canción principal de la cinta, la cual fue escrita e interpretada por Ray Parker Jr, además de situarse por tres semanas en el número uno de la lista de realizada por la Billboard, terminaría obteniendo una nominación al Oscar a la mejor canción original.

La película además presenta un puñado de buenas actuaciones, donde la mayoría del elenco realiza un buen trabajo, incluyendo a Ernie Hudson, quien como mencionaba anteriormente, no tiene mucha participación en la cinta. “Ghostbusters” fue un verdadero éxito de taquilla al momento de su estreno, convirtiéndose en la comedia más exitosa de los ochenta. Fue por este motivo que se realizó una secuela en 1989, la que lamentablemente no estaría a la altura de la cinta original. A mi parecer, el éxito de esta película se debe a que los guionistas si bien jamás toman demasiado en serio la historia, tampoco cayeron en el facilismo de construir una comedia a base de momentos burdos. Por algo el American Film Institute (AFI) le otorgó hace algunos años el puesto número 28 entre las 100 mejores comedias de la historia del cine. En definitiva, estamos ante una película entretenida e inteligente, la cual con el paso de los años ha mantenido su estampa de clásico y que en lo personal, es una de mis cintas favoritas.




por Fantomas.

viernes, 14 de marzo de 2008

Theater of Blood: Una bizarra visión de la obra de Shakespeare.

“Theater of Blood” (1973), es una cinta de terror del director Douglas Hickox, la cual está protagonizada por Vincent Price, Diana Rigg y Ian Hendry.

Cansado de recibir críticas negativas durante años, el actor shakesperiano Edward Lionheart (Vincent Price) decide que es hora de llevar su obra a niveles inusitados. El plan es simple: acabar con todos sus detractores utilizando métodos inspirados en las distintas obras de Shakespeare, como por ejemplo un descabezamiento al estilo de Cimbelina, un apuñalamiento a la manera de Julio César o la intempestiva extracción de una libra de carne, inspirada en el Mercader de Venecia. Lo que demuestra que el mundo es verdaderamente un escenario… ¡El escenario del crimen!


Aunque para la década del setenta el actor norteamericano Vincent Price estaba dedicado principalmente al trabajo en televisión, de todas formas consiguió un par de papeles en algunas cintas de terror, las cuales pese a contar con modestos presupuestos, marcarían un hito en su carrera. Dos de estas películas serían “The Abominable Dr. Phibes” (1971) y su secuela, “Dr. Phibes Rises Again” (1972), cuyo inusitado éxito provocó que los productores Stanley Mann y John Kohn comenzaran a gestar una idea que eventualmente sería plasmada en un guión por Anthony Greville-Bell, un ex-oficial del ejército que durante los años setenta trabajó en al menos cinco producciones como guionista. Luego de que la productora United Artist aceptara financiar el proyecto, Vincent Price fue rápidamente llamado a interpretar el rol protagónico del film, lo que marcaría su primer alejamiento de la productora American International Pictures, con la cual realizó gran parte de sus trabajos más memorables. Al igual que en las cintas de Phibes, en esta ocasión Price estaba llamado a interpretar a un demente vengativo, cuyos particulares métodos presentan una clara cuota de humor negro. A raíz de esto, la dirección del proyecto le fue ofrecida a Robert Fuest, quien se había hecho cargo de los dos films de Phibes. Sin embargo, el director rechazó el ofrecimiento basándose en su miedo al encasillamiento. Con respecto a la decisión de Fuest, Vincent Price declararía en una ocasión: “Todos ellos temían ser encasillados. De todas formas, creo que Bob nunca hizo nada tan bueno como Dr. Phibes”.

Tras la negativa de Fuest, sería contratado el director británico Douglas Hickox. Con respecto a su participación en el film, el director declararía en una ocasión: “Intenté mantener un equilibrio entre el humor y el horror. Era tan bueno el guión, que no perdí tiempo pensando en cómo salvarlo, cosa que uno suele hacer en el trabajo. Afortunadamente tuve la libertad de concentrarme en los aspectos creativos de la producción”. Lamentablemente para Hickox, los organismos de censura no pensaron que había realizado un buen trabajo balanceado el horror y el humor negro del relato, por lo que el film terminó obteniendo una calificación R (restricted) debido a la gran cantidad de violencia gráfica que presentaba. Pese a esto, Vincent Price disfrutó mucho su participación en esta producción, debido a que el guión le otorgaba la posibilidad de interpretar a ocho personajes shakesperianos, algo que según él muy pocos actores lograban hacer durante todo el transcurso de su carrera, más aún si eran norteamericanos. Otro hecho que dejó muy satisfecho a Price, fue la posibilidad de trabajar con actores dramáticos bastante respetados en Inglaterra, como por ejemplo Robert Morley, Jack Hawkins, Harry Andrews y Michael Horden. Lo curioso de todo el asunto, es que gran parte de estos actores accedieron a trabajar en el film solo por el hecho de compartir escena con Price. En relación a esto, el mismo Hickox mencionaría en una ocasión: “Todo el mundo era un fan y ellos querían trabajar con él. Todos lo hicieron como un pequeño homenaje para él”.

La historia de “Theater of Blood” es bastante sencilla; tras ser despreciado constantemente por el círculo de críticos teatrales, el actor shakesperiano Edward Lionheart decide confrontar a sus miembros, en especial a Peregrin Devlin (Ian Hendry), quien es el presidente de la funesta organización. Tras la negativa de los críticos de reconocer la supuesta calidad de la obra de Lionheart, este decide suicidarse lanzándose al rio Támesis. Sin embargo, el actor termina siendo rescatado por un grupo de vagabundos con serios problemas mentales, quienes eventualmente se convierten en sus más grandes admiradores y en los cómplices del grotesco plan de Lionheart, quien ahora que está dado por muerto, se embarcará en una cruzada de venganza que tendrá como objetivo demostrarles por última vez a los críticos que alguna vez despreciaron su talento, su innegable calidad interpretativa. De forma paralela, Devlin en compañía de la policía y de Edwina (Diana Rigg), la hija de Lionheart, intentarán detener con el enloquecido actor antes de que este acabe con la vida de todos los críticos de Londres y con la suya propia.

“Theater of Blood” tiene el mérito de haberle dado la oportunidad a Vincent Price de fusionar su reputación como estrella del cine de terror, con su inclinación por la auto parodia. Por otro lado, la cinta se caracteriza por presentar una serie de ingeniosos asesinatos, los cuales se encuentran contenidos en un guión que presenta una estructura poco ortodoxa. Y es que las víctimas de Lionheart en gran medida no hacen más que pasearse como blancos móviles, por lo que ni siquiera se esfuerzan por despertar la simpatía del espectador. El protagonista nominal por su parte, Peregrine Devlin, es un personaje absolutamente detestable cuyas acciones están motivadas por sus propios intereses, mientras que uno de los dos personajes femeninos del film, no actúa como el interés amoroso del supuesto héroe de turno, sino que interpreta el rol de la preocupada hija del villano del relato. En cuanto a Lionheart, quien es el verdadero centro de atención de la cinta, la mayor parte del tiempo aparece en la forma de algún personaje shakesperiano, evitando revelar demasiados aspectos de su vida personal o de su propia personalidad. Es por esto que él se termina alzando como una fantasmal figura con una marcada afición por el teatro y la muerte, la cual está rodeada de un particular halo de misterio que realza el impacto que produce el personaje.

En el ámbito de las actuaciones, si bien todo el elenco realiza un estupendo trabajo, es innegable que quien se destaca por sobre el resto es Vincent Price. Aún cuando su personaje es unidimensional y a ratos se torna algo caricaturesco, de todas formas el actor logra despertar la simpatía de un público que no puede evitar participar activamente en las grotescas correrías de Edward Lionheart. Fue tal el impacto que tuvo la actuación de Price, que incluso algunos críticos en un arranque de delirio temporal, aseguraron que el actor era merecedor de una nominación al Oscar por su participación en el film. Aunque esto claramente no ocurrió, de todas formas la actuación de Price en “Theater of Blood” es recordada como una de las mejores de su carrera. En cuanto al aspecto técnico de la producción, mientras que el trabajo de fotografía de Wolfgang Suschitzky resulta ser correcto, la banda sonora compuesta por Michael J. Lewis es algo deficiente, ya que por momentos quebranta la atmósfera malsana que caracteriza el relato. Lo que sí cabe mencionar, es la estupenda selección de locaciones que presenta el film, ya que en gran medida son responsables del halo de decadencia que rodea a la figura de Lionheart. Con respecto a esto, Price mencionaría en una ocasión que el lugar escogido para rodar un asesinato inspirado en la obra “Richard III”, “era una vieja bodega de vinos abandonada, ubicada abajo del Támesis. Debido a unas fugas de agua que presentaba el lugar, se habían formado estalactitas. Era un sitio muy oscuro que debió ser iluminado con cientos de velas, lo que dio como resultado una escena espectacular. Uno no podría construir un set como ese ni en cien años”.

“Theater of Blood” es una estupenda película, la cual no solo resulta ser sumamente entretenida, sino que además es una obra visualmente atractiva que ha soportado de buena forma el paso del tiempo, y que cuya peculiar temática le ha otorgado un puesto honor dentro del ciclo de cine de terror británico realizado durante la década del setenta. De hecho, era la obra preferida de Price, quien consideraba que este film y el díptico protagonizado por el Dr. Phibes, eran una peculiar trilogía de horror acerca del mundo del teatro. Como dato curioso, durante el rodaje de esta cinta Price conoció a la actriz Coral Browne, quien se encargó de interpretar a una de las tantas víctimas de Edward Lionheart, la cual muere electrocutada a manos del demencial intérprete. Luego de filmar la grotesca escena en la que participaban juntos, Price le envió una botella de champagne a la actriz. Eso sería el comienzo de un lindo idilio, que algún tiempo después se convertiría en el tercer y último matrimonio del actor. ¡Vaya forma de conocer a tu futura esposa!



por Fantomas.

miércoles, 12 de marzo de 2008

The Most Dangerous Game: La película favorita del asesino del zodiaco.

“The Most Dangerous Game” (1932), es un thriller de los directores Irving Pichel y Ernest B. Schoedsack, el cual está protagonizado por Joel McCrea, Fay Wray y Leslie Banks.

La embarcación en la que viaja un grupo de cazadores naufraga en una extraña isla. El único sobreviviente es un avezado cazador llamado Robert Rainsford (Joel McCrea), el cual descubre una casa en medio de la desolada isla. Allí conoce al Conde Zaroff (Leslie Banks), quien vive en su fortaleza junto a sus sirvientes y a una pareja de hermanos sobrevivientes de un anterior naufragio. Tras manifestar su afición por la caza, el misterioso personaje los obligará a participar en “el juego más peligroso”, en el cual Rainsford y compañía se convertirán en las presas del sádico Conde.


Ernest B. Schoedsack y Merian C. Cooper, co-director y productor de esta película respectivamente, conformaban una dupla bastante peculiar. Cooper fue piloto durante la Primera Guerra Mundial, mientras que Schoedsack era el camarógrafo de un noticiero, quien se había hecho bastante conocido por su gran valentía. Los caminos de ambos se cruzarían una vez terminado el conflicto bélico, dando vida a una lucrativa sociedad que se mantuvo en pie durante varios años. De esta forma, ambos hombres participaron en un buen número de cintas de aventura, entre las que se encuentran “The Four Feathers” (1929), “King Kong” (1933) y “Mighty Joe Young” (1949), entre otras. La selección de sus proyectos, que por lo general se balanceaban entre el cine de aventuras y el cine documental, se debe en gran medida al espíritu aventurero que ambos poseían, el mismo que los llevó a filmar en locaciones ubicadas en los rincones más remotos de la Tierra. Ejemplos de esto son su documental mudo titulado “Grass” (1925), que describe sus seis semanas de viaje a través de las montañas de Irán, o las numerosas tomas que realizaron en las junglas de Tailandia para su film “Chang” (1927). Esto en gran medida explica la razón por la cual ambos creativos se interesaron en una historia corta titulada “The Hounds of Zaroff”, del escritor Richard Cornell, la cual situaba a un grupo de personajes en una peculiar situación de vida o muerte.

Sería el guionista James Ashmore quien se encargaría de adaptar dicha historia, a la cual le realizaría una serie de cambios, entre los que se encuentran la inclusión de la pareja de hermanos interpretados por Fray Way y Robert Armstrong, y la variación del tiempo destinado a la cacería iniciada por Zaroff de tres días a una noche. Si bien estos cambios apuntaban a darle un ritmo más frenético a la historia y a otorgarle más matices a la misma, por otra parte atentaban con destruir la peculiar atmósfera opresiva que presentaba el relato original. Afortunadamente, la inclusión de Eve Trowbridge (Fay Wray) como el interés amoroso del protagonista, terminó siendo un verdadero acierto ya que la pareja de directores en vez de perder el tiempo desarrollando una posible subtrama romántica, le otorgan una cierta carga erótica al personaje de Wray que se complementa de manera perfecta con la crudeza de la situación a la que se ven expuestos los protagonistas. Al mismo tiempo, el simple hecho de que Robert Rainsford se vea obligado a proteger a una mujer frágil mientras se desarrolla la cruenta cacería de la que son víctimas, directamente contribuye a aumentar los niveles de tensión del relato.

Por su parte, Zaroff bien podría ser considerado como un símil del famoso Conde Drácula. Se trata de un tipo extremadamente educado, que “invita” a sus potenciales víctimas su hogar (que casualmente se trata de un siniestro castillo ubicado en una colina) como huéspedes, y que incluso se describe como una persona que “duerme de día y caza de noche”, lo que deja aún más explicitado su parecido con el conocido vampiro. Este personaje viene a representar el lado más oscuro del hombre, aquel que hace que este discrimine a sus pares, tratándolos de prescindibles o inferiores. Para el conde, aquellas personas que tienen la mala suerte de caer en sus garras, son consideradas como simples animales que deben someterse de una forma u otra, a su desquiciado juego. Por otro lado, Zaroff es descrito como un desviado sexual que solo siente placer a través de la cacería. Esto queda evidenciado cuando él describe a Eve Trowbridge como un simple premio de la cacería que está a punto de llevar a cabo. “Solo luego de matar, el hombre puede conocer el verdadero éxtasis del amor”, dice Zaroff en un momento de la cinta, dejando patente que es un hombre que actúa en base a sus instintos y sus pulsiones más profundas.

En más de una forma, “The Most Dangerous Game” fue una suerte de maqueta que Cooper y Schoedsack llevaron a cabo para definir ciertos elementos que posteriormente pasarían a formar parte de su cinta más exitosa, la mítica “King Kong”. De hecho, en ambas producciones no solo participa el mismo elenco, sino que además estas contaron con el mismo editor (Archie E. Marshek), el mismo compositor (Max Steiner), y el mismo guionista (James Ashmore). De acuerdo con el biógrafo Mark Cotta Vaz, la producción de esta cinta comenzó casi al mismo tiempo que la de “King Kong”, por lo que con el fin de abaratar ciertos costos, la pareja de productores utilizó el set de la jungla de este film para recrear las escenas que se desarrollan en la Isla de la Calavera, las cuales son parte importante de “King Kong”. De esta forma, las escenas de “The Most Dangerous Game” se filmaban durante el día, mientras que las de Kong eran rodadas durante la noche.


En el ámbito interpretativo, el elenco realiza un estupendo trabajo, destacándose las actuaciones de Fray Wray y Joel McCrea, quienes cargan con gran parte del peso dramático del film. En el caso particular de McCrea, este alcanzaría una mayor notoriedad luego de su participación en el film de Alfred Hitchcock, “Foreign Correspondent” (1940). Leslie Banks por su parte, realiza un trabajo más que adecuado personificando al maquiavélico Conde Zaroff, aunque a ratos cae un poco en la sobreactuación. Debido a que luego de la Primera Guerra Mundial el actor quedó con gran parte del lado izquierdo de su cara paralizado, los directores aprovecharon dicha limitación para establecer la dualidad que caracteriza al siniestro personaje. De esta forma, en aquellas escenas en las que es enfocado el lado derecho de su rostro, Zaroff se muestra como un hombre civilizado, encantador, e incluso algo compasivo con sus invitados. Todo esto cambia en aquellas escenas en las que su rostro es enfocado en su totalidad, ya que es ahí cuando el espectador pasa a ser testigo de la verdadera naturaleza del frío y despiadado Conde.

La película dura alrededor de 65 minutos, lo que ayuda en gran medida a que el dinámico ritmo narrativo establecido desde el principio del film no decaiga en ningún momento. Lamentablemente, esta obra terminó siendo opacada por el tremendo éxito que obtuvo “King Kong”, lo que al mismo tiempo relegó a gran parte de las producciones llevadas a cabo por Schoedsack y Cooper al más completo olvido. Al mismo tiempo, el éxito que estaban obteniendo los estudios Universal con sus películas de monstruos, no permitían sembrar mayor interés en una obra en la que el villano no es más que un simple humano. Tan solo el paso de los años ayudaría a convertir a “The Most Dangerous Game” en una obra de culto, la cual obtendría una mayor notoriedad debido a su mención en la cinta de David Fincher, “Zodiac” (2007), en la que se la señala como la película preferida de infame asesino del zodiaco, que aterró a los habitantes de California a fines de la década del sesenta. La verdad es que “The Most Dangerous Game” cuenta con suficientes méritos como para brillar por sí misma; a la entretenida historia y a las buenas actuaciones, hay que sumarle el cuidado trabajo de fotografía de Henry W. Gerrard, y la inquietante banda sonora de Max Steiner, elementos que en conjunto convierten a este film en una verdadera joya olvidada del cine de suspenso y aventuras.


por Fantomas.

lunes, 10 de marzo de 2008

The Fearless Vampire Killers: ¿Quién dijo que los vampiros no son tema de burla?

“The Fearless Vampire Killers” (1967), es una parodia de terror del director Roman Polanski, la cual está protagonizada por Jack MacGrowran, Ferdy Mayne, Sharon Tate, y el mismo Polanski.

En una remota aldea de Transilvania, el Profesor Abronsius (Jack MacGrowran) y su atribulado ayudante, Alfred (Roman Polanski), descubren algunos indicios que parecen comprobar la existencia de vampiros. Cuando Sarah (Sharon Tate), la hermosa hija del dueño de la posada en la cual se encuentran alojados, es misteriosamente secuestrada, los dos investigadores comienzan su búsqueda en las profundidades del castillo del Conde Von Krolock (Ferdy Mayne), un misterioso aristócrata de la zona cuya conducta es bastante sospechosa.


Luego del éxito internacional obtenido con su film de terror psicológico, “Repulsion” (1965), el director Roman Polanski arribó a Inglaterra donde se le ofreció la oportunidad de contar con presupuestos más suntuosos para la realización de sus numerosos proyectos. Durante el proceso de rodaje de “Cul-de-sac” (1966), Polanski comenzó a gestar la idea que le daría vida a su próximo proyecto; luego de ver numerosas películas de terror en diversas salas de cine, el director se percató que el público no las trataba con demasiada seriedad. A raíz de esto, Polanski junto al guionista Gérard Brach pensaron que sería una buena idea realizar un film de terror que fuera intencionalmente gracioso. El productor Martin Ransohoff por su parte, quien era dueño de la productora Filmways, la cual estaba a cargo de la distribución de las cintas de los estudios MGM, tras ver “Cul-de-sac” quedó tan impresionado con el trabajo de Polanski, que se ofreció a financiar el próximo proyecto del director, el cual eventualmente sería titulado “The Fearless Vampire Killers”. Sería el mismo productor el que finalmente convencería al realizador de contratar a la hasta entonces desconocida actriz Sharon Tate, la cual se caracterizaba por ser poseedora de una belleza innegable, que terminó conquistando a Polanski quien eventualmente comenzó una relación sentimental con la actriz.

En más de un sentido, “The Fearless Vampire Killers” rinde un sentido tributo a las producciones realizadas por estudios como la Hammer, los cuales en aquel entonces se encontraban en la cima de su popularidad, siendo las historias de vampiros las favoritas del público. Es por esto que no resulta extraño que el director haya escogido el tema del vampirismo para explorar el cine del terror desde el prisma de la sátira, lo que obviamente lo llevó a transmutar ciertas convenciones del género sin necesariamente renunciar a ciertos gestos, actitudes y símbolos por todos conocidos. Por ejemplo, Polanski reemplaza al valeroso y temerario cazador de vampiros tan propio del horror gótico engendrado por la ya mencionada factoría hammeriana, por el torpe y despistado Profesor Abronsius, quien es una suerte de hermano perdido de Albert Einstein el cual a diferencia de su ayudante, comienza a cazar vampiros con la intención de saciar su sed de conocimiento y para demostrarle a sus colegas, quienes llevan años burlándose de él, que gran parte de sus teorías eran ciertas. El resto de los personajes bien podrían dividirse en dos grupos, donde uno está conformado por aquellos personajes que responden a los clichés más conocidos del género, mientras que el otro está compuesto por aquellos que se encuentran encasillados en el campo de la parodia. Es así como por ejemplo el Conde Krolock, cuyo nombre está inspirado en el del noble chupasangre que aparece en la cinta de Friedrich Wilhelm Murnau, “Nosferatu” (1921), y Sarah, la bella hija del posadero, se alzan como fieles representantes de este tipo de relatos, mientras que Alfred, el leal y temeroso ayudante del Profesor Abronsius; Shagal (Alfie Bass), el judío dueño de la posada; Koukol (Terry Downes), el sirviente jorobado del Conde; y Herbert Von Krolock (Iain Quarrier), el hijo homosexual del vampiro que siente una gran atracción hacia Alfred, son personajes que claramente están al servicio de la comedia presente en el film.

Sin lugar a dudas, resulta a lo menos curioso la gran cantidad de similitudes que presenta este film con la cinta de la Hammer, “Kiss of the Vampire” (1963), del director Don Sharp. Para empezar, en ambas producciones el vampiro de turno invita a sus víctimas a su residencia con la intención de emboscarlos, a lo que se le suma el hecho de que en ambas películas los protagonistas asisten a un baile que sirve como rito iniciático de la joven virgen que es tomada prisionera por los villanos respectivos. Sin embargo, en lo que más se parecen ambas cintas es en la forma en como abarcan el mito del vampirismo. En ambas casos se le otorga un cariz religioso a la práctica del vampirismo, al introducir sectas dedicadas a alabar a su profana deidad, y cuyo objetivo es engrosar sus filas para así propagar su condición por todos los rincones del planeta. Por otro lado, la trama cuenta con todos los elementos necesarios como para convertir al film en una comedia con una cierta predilección por el absurdo; mientras que los protagonistas son dos cazadores de vampiros bastante ineptos que parecen incapaces de encontrar a un chupasangre, la exuberante damisela en desgracia está tan ensimismada con el lujo del castillo del Conde Von Krolock que jamás se percata del peligro en el que se encuentra, e incluso hay espacio para un vampiro judío que se estremece cada vez que alguien le muestra un crucifijo.

Otro hecho que resulta interesante destacar, es que poco antes de que Sarah sea secuestrada por el Conde Von Krolock desde su bañera, la hija del posadero va al cuarto que Alfred comparte con su jefe para explicarle lo aburrida que resulta ser su vida, la cual se encuentra dominada por completo por su padre. Más tarde, cuando Alfred intenta descubrir los motivos que lo han llevado a introducirse en el castillo del vampiro, Abronsius comienza a discutir el fenómeno que provoca que los murciélagos vuelen en invierno, cuando se supone que debiesen estar hibernando: “Creo que todo esto se debe a una necesidad puramente mecánica de combatir el letargo de la hibernación, de restaurar la circulación mediante movimientos primarios, de causar que los miembros vitales trabajen de manera automática”. Parálisis, el congelamiento de la empatía humana, aburrimiento y letargo. Ese es el verdadero mundo en el que se desarrolla la historia de “The Fearless Vampire Killers”, uno en el que la represión y la conformidad hipócrita quedan completamente explicitadas cuando Shagal, el padre de Sarah, la encierra en su cuarto para protegerla de los hombres, al mismo tiempo que este pasa sus noches molestando a la criada (Fiona Lewis) en su habitación. Por contraste, se espera que el mundo de los vampiros esté dominado por la transgresión, y por la promesa implícita de aventuras sexuales y libre albedrio. Sin embargo, en la escena del baile queda en evidencia que el reino de los vampiros es aún más estático y mecanizado que el mundo habitado por Alfred, Sarah y el profesor Abronsius, lo que obviamente resulta increíblemente decepcionante para el trío protagónico.

En el ámbito de las actuaciones, el elenco en general realiza un estupendo trabajo, en especial Jack MacGrowan, cuyo personaje es sin lugar a dudas el más memorable del film. En el caso particular de Roman Polanski, no solo logra que Alfred se convierta en un personaje querible con el cual el espectador logra identificarse en algún grado, sino que además demuestra tener un gran manejo de la comedia. Ferdy Mayne por su parte, le otorga al Conde Von Krolock un cariz amenazador, el cual en gran medida es responsable de que la cinta por momentos se mantenga dentro del terreno del horror sin caer en la parodia desenfrenada. En cuanto al aspecto técnico de la producción, resulta destacable el maravilloso trabajo de fotografía de Douglas Slocombe, la inquietante banda sonora del compositor Krzystof Komeda, y el espectacular diseño de producción de Wilfred Shingleton, el cual juega un papel importantísimo en la trama. Más allá de los siniestros interiores del castillo del vampiro, es necesario mencionar que la historia de “The Fearless Vampire Killers” se desarrolla en pleno invierno, por lo que los inclementes cambios climáticos y la nieve que parece cubrir todo a la vista, crean una sensación de claustrofobia y peligro constante aun cuando los protagonistas se desenvuelven en espacios abiertos.

Cuando Martin Ransohoff vio la cinta terminada, rápidamente mostró su molestia ya que se había imaginado una cinta completamente diferente dados los trabajos anteriores del director. Polanski por su parte, no quiso cambiar ni un solo fotograma, lo que obligó a ambas partes a llegar a un acuerdo. Por este motivo, la versión del director fue estrenada en todo el mundo excepto en Inglaterra, donde se eliminaron más de 15 minutos de metraje, y donde además se doblaron los numerosos diálogos hablados en alemán, eslavo y yiddish, los cuales le conferían un cierto encanto al film y daban pie a algunos de los gags más sutiles del mismo. Junto con todo esto, la cinta fue rebautizada como “The Fearless Vampire Killers, or Pardon Me, But Your Teeth Are In My Neck”, con el fin de clarificar que se trataba de una parodia y no de una película de horror gótico. Está idea sería realzada con la inclusión de una cursi secuencia animada, en la cual el clásico león de los estudios MGM se convertía en un vampiro. Más allá de los puntos de vista disímiles de Polanski y Ransohoff, la cinta de todas formas obtendría una pobre recepción en los Estados Unidos. Habitualmente considerada como un interesante fallo en la carrera de Polanski, “The Fearless Vampire Killers” es mucho más que eso, ya que se trata de un film poseedor de una estética deslumbrante, el cual se aproxima al horror y a la comedia de una manera poco habitual, lo que con el paso de los años le ha valido un espacio de honor dentro del tantas veces denostado género de la parodia.




por Fantomas.

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