domingo, 29 de junio de 2008

Charade: La mejor obra hitchcockiana que Hitchcock no dirigió.

“Charade” (1963), es una comedía de suspenso del director Stanley Donen, la cual está protagonizada por Cary Grant y Audrey Hepburn.

Reggie Lambert (Audrey Hepburn) está a punto de divorciase de su marido cuando descubre que este ha sido asesinado. Muy pronto ella comienza a ser perseguida por varios hombres, incluyendo a un apuesto extraño llamado Peter Joshua (Cary Grant), los cuales desean la fortuna que su marido robó durante la Segunda Guerra Mundial. Naturalmente, todos piensan que Reggie conoce el paradero del dinero. A medida que se acumulan los cadáveres, se torna más difícil e importante para ella determinar quienes son los buenos y quienes los villanos en esta historia. ¿En quién podrá confiar?


Durante los años cincuenta y sesenta, los thrillers de espionaje empezaron a gozar de una creciente popularidad. En gran medida, gracias a la salida de una oleada de cintas como “Dr. No” (1962), o el clásico de Alfred Hitchcock, “North by Northwest” (1959), el director Stanley Donen se atrevió a incursionar en el género con “Arabesque” (1966), y la película que hoy nos ocupa. El guión escrito por Peter Stone y Marc Behm, el cual estaba basado en la historia corta de Stone titulada “The Unsuspecting Wife”, se convertiría en la cinta que muchos consideran como uno de los mejores homenajes al cine de Hitchcock. De hecho, Donen y Stone fueron lo suficientemente inteligentes como para aprovechar un “principio de composición” que el director británico había utilizado en el film “Suspicion” (1941), el cual consistía en que las escenas en ocasiones sirven para liberar o cargar de culpa al protagonista.

Es así como en “Charade” nos encontramos con el personaje interpretado por Cary Grant, cuya ambigüedad desata una serie de interrogantes tanto en la protagonista como en el espectador; Peter Joshua, ¿Ayuda desinteresadamente a la pobre Regina Lambert a encontrar el escondite del dinero de su esposo fallecido prematuramente, o quizás sus intereses son muy distintos? Es más, ¿su verdadero nombre será Peter Joshua? ¿Y qué relación tiene con los tres hombres que también están detrás del dinero escondido en Paris? Pese a todas estas interrogantes, la desesperación en la que se ve sumida la protagonista, la lleva a confiar y posteriormente a enamorarse de este hombre del que no sabe nada. Esta suerte de “romances a ciegas”, era uno de los elementos que Hitchcock solía incluir en gran parte de sus trabajos.


El dinero que tanto buscan todos los personajes de la cinta, sirve únicamente como MacGuffin, lo que significa que solo sirve de excusa para poner en marcha una historia que incluye una búsqueda del tesoro, paseos por el Sena, y un grupo de sospechosos que va disminuyendo a medida que transcurre el relato. La cinta se nutre de constantes cambios de atmósfera, que llevan al espectador de lo cómico a lo macabro, o de lo romántico a lo amenazador, en cuestión de segundos. Un ejemplo de esto es la escena donde Peter y Regina se encuentran en un club nocturno, lugar en el cual participan de un juego bastante burdo que consiste en pasarle una naranja a la persona que se encuentra a su lado, sin utilizar las manos. Si bien la secuencia comienza de forma divertida cuando Peter trajina en los voluminosos pechos de una señora madura, no tarde en adquirir un tono más romántico cuando este y Regina se acercan más que nunca gracias al curioso juego del cítrico. Sin embargo, apenas la escena entra en esta atmósfera romántica, Regina recibe amenazas de muerte del siguiente compañero de juego. Son estas súbitas transiciones de atmósfera, una de las características que hacen tan interesante este ejercicio cinematográfico.

Ya para 1963, Audrey Hepburn se había convertido en una de las estrellas más populares de Hollywood. Para la ganadora del Oscar por su actuación en la cinta “Roman Holiday” (1953), su participación en “Charade” representa toda una rareza en su filmografía, particularmente por una serie de anécdotas y trivialidades que rodearon a la cinta y a su rodaje. En primer lugar, nos encontramos con una cinta que se balancea entre la comedia romántica y el thriller, la cual está protagonizada por dos de los actores más cotizados de Hollywood en aquella época. Años antes, la Universal había intentado emparejar a los actores en la cinta “Roman Holiday”, sin embargo, Grant se mostró reticente a aceptar el papel, por lo que finalmente se optó por contratar a Gregory Peck. Diez años después, para aceptar el rol en “Charade”, Grant impuso una serie de condiciones en el guión, tales como que el personaje de la chica debía ser “agresivo” en la relación. Ella debería perseguirlo a él y no al revés, más que nada para evitar los efectos nocivos que podían provocar los veinticinco años de diferencia que existían entre los actores. Pero el actor no fue el único en imponer condiciones. Hepburn también había solicitado que la fotografía estuviera a cargo de Charles Lang, y que Cary Grant interpretara a su interés romántico en la cinta. Pese al miedo inicial de Grant, el film resultó ser todo un éxito, especialmente entre la crítica que reconocía la calidad actoral de ambas estrellas, los cuales le habían dado credibilidad a la atípica relación amorosa, algo que no habían conseguido ni Humphrey Bogart, ni Fred Astaire, ni Gary Cooper con la misma Hepburn.

Ambos actores mantuvieron una relación cordial durante el transcurso de la filmación de la cinta. Incluso su primer encuentro sirvió de base para una de las escenas de la película, desarrollada a las orillas del río Sena, en la que el personaje de Hepburn derrama una bola de helado sobre la camisa del personaje de Cary Grant, y este se comporta con una amabilidad similar a la de aquel primer día, cuando una nerviosa Hepburn le derramó una copa de vino encima al actor. Pese a la cordialidad entre ambos, de todas formas se formó una especie de competición por ver cual de los dos adquiría mayor protagonismo en los medios, aunque todo esto siempre bajo el más estricto respeto. Por otra parte, Peter Stone, un guionista nuevo en estas lides, escribió un guión lleno de giros inesperados y sorprendentes, gags impredecibles y memorables, y diálogos sumamente inteligentes. Esto fue aprovechado a la perfección, tanto por Donen, quien dirigió el film con un estilo intermedio que le permitió saltar de un género a otro sin inconvenientes, como por los actores que encajaron perfectamente en el perfil de los personajes. Grant demuestra ser el actor idóneo para protagonizar las situaciones más extrañas con un tono ligero, mientras que Audrey Hepburn interpreta a la perfección a esta joven algo caprichosa y extravagante, que sale a pasear por París con sus elegantes vestidos Givenchy. Como si fuera poco, el resto del elenco lo constituyen el genial Walter Matthau, James Coburn, George Kennedy, Ned Glass y Jacques Marin, todos perfectos en sus respectivos papeles.

En definitiva, “Charade” triunfa como uno de los mejores homenajes al cine de Hitchcock, debido a la química de sus protagonistas, la dirección impecable de Donen, el extravagante pero inteligente guión de Stone, un espléndido trabajo de fotografía de Charles Lang, el cual está acompañado por la genial banda sonora del maestro Henry Mancini, y la estilizada secuencia de títulos, diseñada por Maurice Binder. El film es uno de los mejores thrillers de espías de los sesenta, al mismo tiempo que probablemente es “la mejor obra hithcockiana que Hitchcock nunca filmó”. Jonathan Demme filmaría un remake titulado “The Truth About Charlie” (2002), que la verdad no le hace justicia a la cinta original.




por Fantomas.

domingo, 22 de junio de 2008

The Man Who Haunted Himself: La faceta desconocida de Roger Moore.

“The Man Who Haunted Himself” (1970), es un thriller psicológico del director Basil Dearden, el cual está protagonizado por Roger Moore y Hildegarde Neil.

Declarado muerto durante unos breves segundos después de un trágico accidente de coche, Harold Pelham (Roger Moore), un tranquilo hombre de negocios, vuelve a la vida milagrosamente sobre la mesa de operaciones. Sin embargo, algo extraño sucede pues parece que durante aquellos segundos en que fue declarado muerto, un demoníaco y ambicioso doble ha usurpado su identidad, tanto en su vida pública como privada. Cuando regresa a casa, se da cuenta de que su doble no sólo está poniendo en peligro toda su carrera, sino que también está comprometiendo su matrimonio. Es así como Harold Pelham emprende una carrera contra el tiempo que puede llevarlo a los límites de la locura.


Tras el éxito que obtuvo la serie “The Saint” (1962-1969), Roger Moore estaba listo para embarcarse en nuevos proyectos. Es por eso que tan pronto terminó la serie, comenzó a trabajar en dos largometrajes: “Crossplot” (1969) y “The Man Who Haunted Himself”. Esta última estaba basada en la novela “El extraño caso del Sr. Pelham”, del escritor Anthony Amstrong, la cual ya había sido adaptada en un episodio de la serie de televisión, “Alfred Hitchcock Presenta” (1955-1962). Para Moore, este film representaba una oportunidad para demostrar su talento actoral, al mismo tiempo que le servía para explorar un género con el cual no estaba muy familiarizado, por lo que no dudó en aceptar el papel apenas le fue ofrecido.

La cinta trata el clásico tema del doppelganger o del doble maligno, desde la compleja mirada de la psiquiatría, agregándole algunos tintes sobrenaturales. Si bien el film en un principio se presenta de manera bastante realista, a medida que va transcurriendo la trama comienza a tornarse cada vez más surrealista. Esta transición es manejada maravillosamente por el director, quien contrasta el mundo real con el mundo más onírico, utilizando diversos efectos de luces para cada una de las etapas de la cinta. De la misma forma, durante el transcurso del film se puede apreciar como el realizador comienza a utilizar ángulos de cámara cada vez más extraños en las escenas en las que participa el protagonista. Todo esto responde al deseo del director de graficar como el personaje de Roger Moore gradualmente comienza a perder su cordura. Y es que su percepción del mundo se va distorsionando cada vez más a medida que comienza a descubrir lo que le ha sucedido. Al mismo tiempo, el espectador no puede evitar preguntarse si lo que está viendo es obra de la trastornada mente de Pelham, o en verdad responde a algo sobrenatural.

Viendo la historia netamente desde el punto de vista de la psiquiatría, se podría pensar que trata acerca de la crisis masculina de los 40. Se retrata a Pelham como un hombre claramente insatisfecho con su matrimonio y con su propia vida, la cual él considera que es demasiado rígida y aburrida. Como respuesta a todo esto, su subconsciente crea una personalidad alterna, la cual no teme tomar riesgos y se muestra más ambiciosa y desinhibida. En parte, la cinta nos plantea el complejo problema moral de las dicotomías existentes en la personalidad del ser humano, las que llevadas a grados extremos, podrían convertirse en esquizofrenia. Esa lucha interna que todos llevamos entre nuestro lado bueno y nuestro lado malo, es encarnada por el personaje de Moore, quien aparentemente llegó a un punto donde no puede definir su propia personalidad.

Otro punto que resulta importante destacar, es la importancia que Dearden le da a los objetos cotidianos, transformándolos en elementos clave de la historia. Un ejemplo claro de esto son las cerillas que Pelham y su doble tienen la costumbre de partir por la mitad. Para Pelham, estas cerillas quebradas son la evidencia más clara de que su doble ha pasado por los mismos lugares en los que él suele estar. De la misma forma, el director utiliza la música tanto para crear una atmósfera inquietante y opresiva, como para diferenciar a Pelham con su doble. El eficiente uso de la banda sonora y la transformación de objetos comunes y corrientes en elementos simbólicos o amenazadores, son dos herramientas que el director Alfred Hitchcock solía emplear en sus trabajos, y que en esta ocasión Dearden utiliza con bastante maestría.

Por otra parte, el director optó por filmar en locaciones reales en vez de utilizar la infraestructura propia de un estudio, con el objetivo de darle un mayor realismo a una cinta que presenta una premisa bastante fuera de la común. Gran parte de la acción se desarrolla al interior de la casa del protagonista, por lo que somos invitados a ser testigos de cómo su vida familiar comienza a caerse a pedazos con la supuesta aparición de su siniestro doble. Al mismo tiempo que las actividades de Pelham se tornan más extrañas y aterradoras, el ritmo narrativo y el estilo visual del film se vuelven más frenéticos. Existe una sensación palpable de desesperación y paranoia, que lentamente comienza a llevar a los bordes de la locura al protagonista. Como ya había mencionado anteriormente, el trabajo de fotografía de Tony Spratling y la banda sonora de Michael J. Lewis colaboran activamente en la construcción de la atmósfera onírica que domina al relato, destacándose como parte de los puntos altos de la producción.

El productor/escritor no acreditado de la cinta, Bryan Forbes, dijo en una ocasión que Roger Moore “siempre había sido subestimado como actor”, y la verdad es que su trabajo en esta película comprueba dicha afirmación. Y es que Roger Moore entrega la que tal vez es la mejor interpretación de su carrera. El actor da vida de manera creíble a las dos personalidades de Pelham, llevándose todo el peso dramático de la cinta. Por un lado está el hombre organizado y obsesivo que nunca hace nada fuera de lo común, mientras que en la vereda contraria está el hombre amante de los autos deportivos, que le gusta el juego y las mujeres. Hildegarde Neil por su parte, interpreta de buena manera a la esposa del protagonista, la cual no logra comprender que es lo que le sucede al hombre que ama. De la misma forma, Thorley Walters y Freddie Jones realizan un estupendo trabajo interpretando a los conocidos del atormentado y confundido Harold Pelham.

“The Man Who Haunted Himself” es una verdadera joya olvidada del cine británico. Tiene una trama interesante que presenta momentos de real tensión, y contiene una serie de escenas de tinte onírico cuyo atractivo visual es innegable. Dearden logra un fino equilibrio entre el suspenso y el horror sobrenatural, lo que culmina con un sorprendente y ambiguo final, que esquiva las soluciones fáciles y que sin duda invita a pensar al espectador que no podrá evitar sentirse algo confundido. Basil Dearden fue un director interesante que curiosamente fallecería en un accidente automovilístico unas pocas semanas después del estreno de la cinta, supuestamente en el mismo lugar donde el personaje interpretado por Moore sufre el accidente al inicio del film. En definitiva, esta película no sólo presenta una faceta desconocida de Roger Moore, sino que además presenta una peculiar mirada al tópico de la doble personalidad.



por Fantomas.

miércoles, 18 de junio de 2008

Sei donne per l'assassino: Bava y los cimientos del giallo.

“Sei donne per l'assassino” (1964), es un giallo del director Mario Bava, el cual está protagonizado por Cameron Mitchell y Eva Bartok.

Una joven modelo llamada Isabella es asesinada por una misteriosa figura enmascarada en el salón de modas dirigido por Max Morlacchi (Cameron Mitchell) y su amante, la condesa Cristiana Como (Eva Bartok). Cuando desaparece el diario de vida de la muchacha, el cual contiene un puñado de datos incriminatorios que pueden dañar a mucha gente, al asesino no le quedará más remedio que comenzar a asesinar a todas las modelos que pudieron tener acceso al ahora preciado diario.

Tras establecer parte de los cimientos básicos del género que posteriormente se conocería como giallo con la cinta “La Ragazza Che Sapevo Troppo” (1963), el director italiano Mario Bava rodó “Sei donne per l'assassino”, film que terminaría de definir la arquitectura de un género que gozaría de bastante popularidad tanto a nivel local como internacional. Y es que tal y como lo dijera el escritor Antonio Bruschini en su libro Profundo Tenebre, “los giallos están llenos de intuición y toques geniales, de auténticas invenciones estilísticas, de descuartizadores y psicópatas de todos los géneros, de navajas, cuchillos, hachas y lanzas acechantes, de ciudades como Roma, Venecia y Milán, transfiguradas por el mal y la violencia, y de personajes cuyo destino solo puede ser uno”. Fue precisamente esta particular mezcla temática y estilística la que terminaría conquistando a un sinnúmero de espectadores alrededor del globo, los cuales con el correr de los años le otorgarían al a veces denostado género del giallo un estatus de culto que se mantiene hasta el día de hoy.

La historia de “Sei donne per l´assassino” se desarrolla alrededor de una afamada casa de modas dirigida por la Condesa Cristina Como y su pareja, el inescrupuloso Max Morlacchi. Bajo el alero de ambos, conviven una serie de personajes cuyos vicios terminan arrastrándolos a un espiral de violencia, comandado por un asesino enmascarado cuyas motivaciones le son esquivas incluso a los inspectores de la policía encargados de investigar una serie de cruentos asesinatos, cuyas víctimas son nada menos que varias de las hermosas modelos que trabajan para la casa de modas de Cristina. La verdad es que más allá de establecer ciertas constantes temáticas y estilísticas, mediante esta producción Mario Bava demarcaría una inclinación artística que posteriormente sería adoptada por gran parte de los directores asociados al giallo; el trasfondo temático de las historias abordadas en el llamado thriller a la italiana, por lo general pasa a un segundo plano para privilegiar la puesta en escena y el aspecto estético de las mismas, otorgándole un puesto de suma importancia a la violencia gráfica que viene adosada al sórdido y peligroso submundo del crimen en el que suelen desenvolverse los personajes del giallo.

La mencionada importancia que tiene la violencia dentro de la historia, queda explicitada en el título del film, el cual indica nada menos que el número de víctimas que perecerán a manos del sádico y misterioso asesino de turno. En una maniobra que no solo glorifica la violencia, sino que además expone que el asesinato puede ser visto como una retorcida forma de arte, idea que se transformaría en una máxima dentro del giallo, Mario Bava se preocupa de imprimirle un marcado dejo de originalidad a cada uno de los crímenes cometidos por el asesino. Mientras que una de las modelos muere tras ser brutalmente golpeada en repetidas ocasiones contra un árbol, otra es asesinada con un guantelete medieval armado con puntas metálicas, y otra de las infortunadas víctimas fallece luego de que el asesino procede a quemarle el rostro con una estufa que está al rojo vivo. Cabe mencionar que la fascinación del director por filmar impactantes escenas de asesinatos, surgió luego del éxito obtenido por la película de Alfred Hitchcock, “Psycho” (1960), y su recordada escena de la ducha.

Por otro lado, el escenario escogido por Mario Bava para relatar esta historia de crímenes y engaños no deja de resultar interesante. En un claro toque de ironía, el director presenta una casa de modas, fiel reflejo de los estándares de belleza y perfección impuestos por la sociedad, que tras su glamorosa fachada esconde la cara más horrible del ser humano. Al mismo tiempo, su elección refleja su preocupación por el aspecto estético de sus producciones, el cual en esta ocasión brilla en toda su gloria. El director mediante el uso de colores vívidos y ciertos toques expresionistas, no solo desafía el concepto de que el blanco y negro era la mejor elección posible a la hora de lidiar con temas sórdidos y complejos, sino que además logra con éxito transformar escenarios cotidianos en lugares pesadillescos, y lo familiar en algo grotesco y amenazante. Al mismo tiempo, Bava también se preocupa de asociar colores como el rojo y el verde, con situaciones de peligro y con la inminente muerte de algunos de los personajes. Por último, el realizador también le otorga cierta significancia a algunos objetos, como por ejemplo a un grupo de maniquíes que en un determinado momento del film, actúan como impávidos espectadores de uno de los cruentos crímenes llevados a cabo por el fantasmal asesino enguantado.

En lo que al aspecto temático se refiere, si bien Bava y el guionista Marcello Fondato logran evadir ciertos clichés propios del thriller y del cine de misterio, no incluyen demasiados elementos como para atraer a la audiencia emocional o intelectualmente. Ninguno de los personajes permanece demasiado tiempo en la historia como para que el espectador desarrolle algún interés por ellos; la mayoría son rápidamente asesinados o bien desaparecen luego de participar en un par de escenas. Tampoco existe una joven heroína, o un brillante detective llamado a resolver los crímenes. Por esta misma razón, ninguno de los personajes es desarrollado de manera adecuada, ni tampoco logran despertar algún grado de empatía en la audiencia. En cuanto al misterio que rodea al asesino y sus motivaciones, Bava entrega tan solo un puñado de pistas, de las cuales la mayoría son falsas, razón por la cual es prácticamente inútil realizar el ejercicio de intentar deducir cual es la verdadera identidad del criminal.

En lo que a las actuaciones respecta, el elenco en general realiza un trabajo correcto, en especial considerando que solo se describen algunos rasgos puntuales de la personalidad de los distintos personajes. Por otro lado, en lo referente al aspecto técnico del film, este cuenta con el espectacular trabajo de fotografía de Ubaldo Terzano, y la atmosférica banda sonora del compositor Carlo Rustichelli. Aún cuando dista de ser una película perfecta, es necesario destacar la importancia de “Sei donne per l'assassino” como la producción que marcó las pautas de un género que sería ampliamente explotado durante la década del setenta. Al mismo tiempo, cabe mencionar que el film ha soportado de buena manera el paso del tiempo, principalmente debido a su magistral uso del Technicolor, su estilizada violencia, y al hecho que refleja de manera perfecta el lado más oscuro del hombre, aquel dominado por la traición, la malicia, y el sadismo desmedido, que en ocasiones tiñe la siempre frágil existencia humana.




por Fantomas.

miércoles, 11 de junio de 2008

Shadow of a Doubt: El film más personal de Alfred Hitchcock.

“Shadow of a Doubt” (1943), es un film de suspenso del director Alfred Hitchcock, el cual está protagonizado por Teresa Wright, Joseph Cotten, Mcdonald Carey y Patricia Collinge.

A casa de sus familiares en el tranquilo pueblo de Santa Rosa llega un día el encantador tío Charlie (Joseph Cotten), un seductor criminal que viaja de Filadelfia a California y al que la justicia le va pisando los talones. Su sobrina, “la pequeña Charlie” (Teresa Wright), es la más contenta con su visita. Sin embargo, ocurren unas situaciones algo extrañas que la hacen sospechar que su querido tío está ocultando algo. Cuando ella comienza a acercarse a la verdad, a su tío no le queda otra opción que prepararse para matarla.

Luego de terminar el rodaje del film “Saboteur” (1942), Hitchcock se encontraba sumamente ansioso de comenzar un nuevo proyecto. Jack Skirball, un productor que había trabajando junto a Frank Lloyd en la Universal, estaba dispuesto a pagarle a David O. Selznick el precio de 150.000 dólares por los servicios de Hitchcock durante dieciocho semanas. Sería una de las encargadas de revisar los guiones para Selznick, Margaret McDonell, la encomendada de presentarle nuevas ideas al director. Luego de que Hitchcock rechazara un par de proyectos, entre ellos el guión de la cinta “Gaslight” (1944), sería una idea del marido de McDonell la que llamaría la atención del británico. Ya bajo las órdenes de Skirball, Hitchcock tendría por misión dirigir un film titulado “Uncle Charlie”, en la que un maníaco homicida se refugia de la policía en la casa de su hermana, lugar en el cual se terminaría encariñando gradualmente de su sobrina favorita.

Para la confección del guión, Hitchcock pidió la colaboración de Thornton Wilder, el cual había plasmado su visión de la vida norteamericana en la obra “Nuestra ciudad”, la cual Hitchcock admiraba enormemente. La insistencia del director de contar con un escritor arraigado en los Estados Unidos, pasaba por el deseo de imprimirle a su cinta un aroma lo más norteamericano posible, alejándose de la cualidad inglesa que se sentía obligado a presentar en todos sus trabajos hasta antes que los Estados Unidos entraran a la guerra. Lamentablemente, justo en el momento en que iba a plasmar sus notas y apuntes en un guión, Wilder fue llamado al ejército. Para colmo, justo cuando Hitchcock comenzaba a trabajar solo en el guión, fue notificado del mal estado de salud de su madre, hecho que cambió completamente el contenido, tema y finalidad de dicho guión. Al verse impedido de viajar a Inglaterra, se vio en la obligación de quedarse en California, lo que le provocó una importante angustia personal. Todo esto dio como resultado el primer relato espiritualmente autobiográfico de la carrera del inglés. El guión definitivo, construido con la ayuda de su esposa Alma y Sally Benson, era una respuesta a su crisis personal.

En primer lugar, el tío Charlie es un hombre que claramente representa al mismo Hitchcock; el guión lo describe como un tipo terriblemente meticuloso y limpio, características que eran razón de orgullo para el director. En su infancia, el tío Charlie tuvo un accidente absolutamente calcado al que sufrió Hitchcock en su niñez, el cual le dejó una cicatriz casi imperceptible en la barbilla. Al mismo tiempo, la descripción de la infancia de Charlie que realiza su hermana, no es más que una descripción del joven Hitchcock: “Un muchacho tan tranquilo, siempre leyendo. Siempre le dije a papá que no debía haberle comprado esa bicicleta. No sabía cómo manejarla. Se metió directamente con ella en la calzada, estaba helada, y patinó, y se estrelló contra un tranvía…”. Este diálogo fue uno de los pocos escritos por el director, y fue creado en base a su propia experiencia. Además de todo esto, los sentimientos del villano, una nostalgia momentánea hacia el pasado y un desprecio hacia el presente, no eran más que los sentimientos del director, expresados por él semanas más tarde de que Wilder dejara el proyecto.

Pero el siniestro tío no es el único personaje que presenta características similares a las del curioso director. El personaje interpretado por Hume Cronyn, el cual está obsesionado con cometer un asesinato y que vive con una madre enferma y exigente a la que nunca ve, también refleja la personalidad de Hitchcock. Pero son los dos Charlies (tío y sobrina), quienes constituyen los aspectos iluminados y oscuros de la naturaleza adulta del director, representados por la monstruosidad del tío y la inocencia de la muchacha. Estos personajes representan la dualidad de tendencias internas existentes en Hitchcock, quien tenía que convivir con románticas y oscuras fantasías relacionadas con asesinatos, sueños sexuales no cumplidos, y pensamientos dominados por la lujuria y la posesión. El director podía ser crudo, cruel y tiránico con sus actores, e impredecible con sus colegas. Como el tío Charlie, codiciaba la buena vida y la respetabilidad de un buen nombre. A su vez, Hitchcock era capaz de repentinos e inexplicables actos de bondad, como por ejemplo regalarle un coche a su cocinera, o escribir una carta para ayudar a alguien a conseguir trabajo, entre otras cosas.

Esta división espiritual de Hitchcock, está expresado en el sinfín de dualidades existentes en la cinta: los dos Charlies, los dos criminales buscados, dos secuencias de cenas, dos hombres cuyo hobby es planear asesinatos, dos niños pequeños, dos escenas en un garaje, una de ellas una declaración de amor, y la otra un intento de asesinato, etc. El que se reflejara todo este dilema interior en el film era algo totalmente compresible dado el momento por el que estaba pasando el director. Mientras escribía y dirigía la cinta, su madre estaba muriendo su país natal, lo que se sumó al poco control que tenía sobre su vida profesional, lo que terminó sumiendo al director en una profunda crisis. A un nivel más profundo, la historia estaba ligada a las inconsistencias presentes en la personalidad de Hitchcock. Era un católico victoriano profundo, que comía y bebía demasiado. Era un cineasta clásico y un manipulador de efectos que amaba los desafíos técnicos. Meticuloso en su trabajo, pero absolutamente despreocupado por su salud. Totalmente correcto en público, pero en privado se sentía atraído por el más terrible humor escatológico.

En cuanto a la imagen de las parejas que bailan el vals “La viuda alegre”, escena que aparece varias veces durante el transcurso de la cinta, no es más que una forma de unir a ambos Charlies como si fueran una sola persona. Hay que recordar la secuencia y las circunstancias en las cuales es introducida la canción dentro de la trama. Al llegar el tío Charlie a casa de sus familiares, es su hermana quien comienza a canturrear las primeras notas de la canción, después lo hace su hija, y a raíz de eso, todo el mundo intentará recordar el nombre de la canción durante la cena. Es ahí cuando el personaje de Joseph Cotten indica molesto: “Es el Danubio Azul”, a lo que su sobrina responde: “Sí, eso es…¡Ah, no! Es la viuda…”, siendo interrumpida por el personaje de Cotten quien derriba su copa para desviar la atención. El tío no quiere que sepan el nombre de la canción debido a que se apega mucho a su realidad. En parte, es este acto de telepatía entre tío y sobrina, lo que hace suponer que son las dos caras de la misma moneda.

La cinta cuenta con grandes actuaciones, donde obviamente se destaca la labor de Teresa Wright y Joseph Cotten. La actriz había recibido nominaciones al Oscar por su tres primera películas: “The Llittle Foxes” (1941), “Mrs Miniver” (1942) y “Pride of the Yankees” (1942), de las cuales ganó el galardón por su actuación en “Mrs Miniver”. Por su parte, Joseph Cotten había trabajado junto a Orson Welles en “Citizen Kane” (1941), y se presentaba como el candidato perfecto para interpretar al apuesto y sociópata tío que estrangula a viudas ricas. Por otra parte, tanto la fotografía de Joseph Valentine como la banda sonora de Dimitri Tiomkin son realmente impecables, y en conjunto con el realizador logran a cabalidad que el espectador vea como un pequeño y apacible pueblo norteamericano, se va transformando en un sitio sumamente inquietante y aterrador. El director convierte lo doméstico en algo amenazante, y eso el espectador lo percibe desde el primer momento. También resulta destacable el hecho que los personajes secundarios sean bastante coloridos (el mejor ejemplo son el cuñado de Charlie y su amigo), lo que permite que algunos actúen como alivios cómicos, mientras que otros contribuyen a aumentar los niveles de tensión del relato. En definitiva, “Shadow of a Doubt” es un espléndido largometraje, el cual en varias ocasiones fue indicado por el mismo Hitchcock como su obra favorita, y cuya mayor virtud es graficar de manera magistral la dualidad existente en el hombre, y la incómoda dualidad con la que tenía que lidiar a diario el siempre complejo maestro del suspenso.



por Fantomas.

domingo, 8 de junio de 2008

The Lady From Shanghai: La tortuosa historia tras este gran clásico del cine negro.

“The Lady From Shanghai” (1948), es un film de cine negro del director Orson Welles, el cual está protagonizada por el mismo Welles y Rita Hayworth.

Un marinero irlandés llamado Michael O´Hara (Orson Welles) salva de una agresión a la enigmática Elsa Bannister (Rita Hayworth) y como recompensa, su marido, Arthur Bannister (Everett Sloane), lo contrata para conducir un lujoso yate en un viaje de placer por el mar Caribe. Durante el exótico crucero, Michael se enamora de Elsa, al tiempo que va cayendo en la enrevesada trampa que el matrimonio le tiene preparada.

En 1946, con su carrera en Hollywood prácticamente en la ruina, Orson Welles regresó a Nueva York donde él y Mike Todd se asociaron para producir “Around the World”, una versión musical de la comedia de Julio Verne, “La vuelta al mundo en 80 días”. Cuando Todd decidió retirarse de este proyecto debido al alto costo que significaba, Welles debió hacerse cargo de financiar por completo la obra. Cuando este se quedó sin dinero, logró convencer al presidente de Columbia Pictures, Harry Cohn, de mandarle los fondos suficientes para continuar con el show. A cambio de esto, Welles prometió escribir, dirigir, producir y protagonizar un film para Cohn de manera gratuita. Lamentablemente para Welles, su obra no duraría mucho más en cartelera, dejando al multifacético artista endeudado con la oficina de impuestos internos. Esta fue una de las razones por las cuales Welles tuvo que radicarse en Europa un par de años después.

Obligado a cumplir con su palabra, Welles le sugirió a Cohn filmar una adaptación del libro “If I Die Before I Wake”, del escritor Sherwood King. Se dice que el interés del director en el libro derivó en la posibilidad de contar con su ex-esposa, Rita Hayworth, como la viva encarnación de la femme fatale, tan típica del cine negro. Hayworth, quien era la estrella más importante de la Columbia, accedió a una reconciliación profesional con la condición de que un porcentaje del dinero que Welles ganara por la película, tendría que serle entregado para el mantenimiento de la hija de ambos, Rebecca. La simple idea de contar con Welles y Hayworth como protagonistas de una cinta del estudio le encantó a Cohn, aunque sería una decisión que posteriormente lamentaría. El primer “crimen” que cometió Welles fue el de cambiar el look característico de Hayworth, obligándola a cortarse el cabello y a teñírselo rubio. Sin embargo, lo peor estaba por venir. La película presenta un “cuadrado amoroso”, donde el trío de hombres compuesto por el personaje de Welles, Michael, Bannister, y su socio Grisby (Glenn Anders), luchan por la atención de la esposa del acaudalado empresario, Elsa. Ella es la típica "esposa trofeo", y durante el transcurso de la cinta se sugiere que el socio de Bannister intentará quedarse con la mujer usando su oscuro pasado en su contra. Michael vendría a representar el nuevo interés amoroso de Elsa, al cual ella ve como la oportunidad de escapar de la enfermiza relación que mantiene con su esposo.

Esto debe haber removido una serie de dolorosos recuerdos en la mente de Cohn. Hayworth fue en parte, creada por Cohn. Luego de que la actriz firmó por la Columbia, fue él quien alteró su apariencia latina y creo la imagen de chica sexy que la actriz ostentaba, además de cambiarle el nombre de Margarita Dolores Cancino a Rita Hayworth. Sin embargo, la imagen que el productor había creado no reflejaba la verdadera personalidad de la actriz. Según uno de los responsables de la biografía de Orson Welles, Hayworth era una joven traumatizada, la cual fue víctima de abuso sexual a manos de su padre cuando tenía solo 12 años. La actriz contrajo matrimonio con Edward Judson a los 18 años, el mismo año que firmaría el contrato con la Columbia Pictures. Fue entonces cuando su marido no encontró nada mejor para escalar posiciones en la industria cinematográfica, que ofrecerle su mujer al poderoso magnate. Posteriormente aparecería Orson Welles, el chico maravilla del cine, quien en un inicio se presentaría como una suerte de salida a tanto abuso y explotación. Al ver la cinta no es difícil encontrar semejanzas con esta historia. Según el mismo biógrafo de Welles, la trama aludía al oscuro pasado de Hayworth y como ella era una verdadera esclava de Harry Cohn. Es por esta razón que muchas personas creen que cuando Cohn se dio cuenta de los paralelos existentes entre el film y su pasado, decidió “sabotear” la cinta encargándose por completo del corte final de la misma.

De la misma forma, mientras que Elsa no era más que un reflejo de Hayworth, Michael parecía cumplir la misión de reflejar a su creador. Al igual que el protagonista, Welles se encontraba en deuda con Cohn y con la Columbia, de la misma forma como Michael se ve en la obligación de trabajar para Bannister y Grisby. Michael, el hombre de espíritu libre, refleja a Welles, un hombre caracterizado por su disconformidad con la maquinaria hollywoodense. Por otro lado, mientras que Michael debe rebajarse con tal de poder seguir viendo a Elsa, Welles se vio forzado a cumplir con el compromiso previamente acordado con Cohn para así poder tener la opción de filmar nuevas cintas. También resulta interesante el hecho de que todos los personajes de la cinta presentan una compulsión por ganar dinero con tal de sobrevivir. Michael accede a ayudar a Grisby a fingir su propia muerte por la suma de $5000 dólares, con los cuales pretende mantener a Elsa, Grisby necesita cobrar su seguro de vida para así poder disfrutar una vida libre de preocupaciones, Bannister depende de sus millones para retener a su esposa a su lado, y Elsa, como la mayoría de las femme fatales, exige dinero como modo de retribución por sus experiencias pasadas poco agradables. Pese a que se ha dicho que el personaje de la actriz raya en la misoginia, es justo señalar que la mujer fatal del cine negro se caracteriza por ser traicionera, seductora, y por sobre todo codiciosa. Sin embargo, en esta ocasión es difícil no sentir una cuota de simpatía por su personaje, más aún cuando somos testigos del podrido ambiente en el que se mueve, y de los dolorosos recuerdos que aún sigue arrastrando.

El guión de esta cinta fue terminado por Welles el 20 de septiembre de 1946. Inicialmente planeada como una filmación de dos meses, “The Lady From Shanghai” se salió de calendario cuando Welles, después de elaborar las secuencias en Acapulco y San Francisco, cambió de idea acerca del largometraje e insistió en volver a empezar (el costo final de la película fue de $2.000.000 de dólares). A pesar de que la fotografía principal se terminó en febrero de 1947, la producción del film estaba lejos de su final. Cuando Cohn vio los primeros cortes de la cinta de Welles, además de molestarse por las semejanzas biográficas antes mencionadas, se mostró bastante molesto por la extraña adaptación de la novela, así como también por la manera poco convencional en que Hayworth había sido fotografiada. Para ayudar a simplificar la historia, Cohn le pidió a la ejecutiva de producción de la Columbia, Virginia Van Upp y a la editora Viola Lawrence, que retiraran diversas escenas con el fin de darle un sentido más claro a la trama. El resultado final fue una película de 87 minutos (se realizó un corte de alrededor de 60 minutos), la cual fue retenida por la Columbia por 15 meses antes de su estreno debido a un par de revisiones negativas.

“The Lady From Shanghai” es un relato que incluye una trama policíaca, un par de vueltas de tuerca, y un conjunto de personajes que viven al filo. El guión resulta atractivo por la preocupación que exhibe al momento de describir y desarrollar a los personajes, además del hecho que Welles no escatima en recursos al momento de contar su historia. La utilización de la voz en off resulta clave al momento de introducir e informar al espectador de los acontecimientos que van sucediendo en este enfermizo juego del gato y el ratón. El buen uso de la fotografía y la correcta banda sonora de Heinz Roemheld, contribuyen en la construcción de la atmósfera opresiva y decadente que exhibe la cinta. Está demás decir que las actuaciones son de primer nivel, con un Orson Welles y una Rita Hayworth en su mejor forma. Es sabido que el fracaso de esta película en su momento significó el fin momentáneo de la carrera de Welles en Hollywood, el cual tuvo que autoexiliarse con el fin de poder seguir realizando películas. Solo volvería 11 años después al sistema de los grandes estudios, para filmar “Touch of Evil”(1958), cinta que sufriría el mismo destino que “The Lady From Shanghai”, ya que también sería sometida a severos cortes en contra de la voluntad del director. Pese a todo, este film hoy es considerado como uno de los grandes clásicos del cine negro, ya que presenta un ritmo bastante adecuado, así como también momentos de gran tensión, además de dejarnos escenas como la celebrada secuencia de la sala de los espejos, que ha sido imitada pero jamás igualada en más de una ocasión. Esta es sin duda una obra única en su género, que aún tras todos los cambios a los que fue sometida, sigue manteniendo el sello del inigualable Orson Welles.



por Fantomas.

miércoles, 4 de junio de 2008

Singin´ in the Rain: Las razones del porque debemos ver la mejor comedia musical de todos los tiempos.

“Singin´in the Rain” (1952), es una comedia musical dirigida por Stanley Donen y Gene Kelly, la cual está protagonizada por el mismo Kelly, Donald O´Connor y Debbie Reynolds.

En 1927, Don Lockwood (Gene Kelly) y Lina Lamont (Jean Hagen) forman una famosa pareja romántica del cine mudo. Como la última película muda de Don y Lina va directo al fracaso, el también actor y amigo de Lockwood, Cosmo (Donald O´Connor) decide transformarla en un musical. Pese a que Don tiene la voz perfecta, la de Lina es un verdadero desastre. Es por esto que secretamente deciden doblar la voz de Lina con la de Kathy Selden (Debbie Reynolds), una joven actriz emergente de la que Don no tardará en enamorarse.

Los mejores talentos del cine musical trabajaron unidos en “Singin´in the Rain”, una cinta considerada como una pieza clave dentro del género de la comedia musical, que el gran Arthur Freed produjo para la Metro Goldwyn Mayer. Durante su estadía en el estudio, el productor fue responsable de una serie de musicales, entre los cuales se destaca el film “An American in Paris” (1951), por el cual recibió un merecido Oscar. Sería Freed el responsable del título de la película que hoy nos ocupa, el cual fue impuesto incluso antes de que el guión previera el famoso sketch musical que caracteriza a esta película. Mientras trabajaba en uno de los musicales que produjo para la MGM, Freed escribió la canción “Singin´in the Rain”, la cual quería utilizar en uno de sus siguientes trabajos. Pese al descontento de Gene Kelly y de Stanley Donen, que encontraban que la idea era ridícula, el título se mantuvo y a Kelly no le quedo otra que trabajar en el número de baile, que a la larga sería lo más recordado de toda la cinta.

Dentro del equipo que participó en esta cinta, además de los ya mencionados Gene Kelly (estrella principal, co-director y coreógrafo) y el director Stanley Donen, estaba la eterna pareja de guionistas conformada por Betty Comden y Adolph Green, quien en esta ocasión trabajaron bajo unas condiciones de extrema presión. La pareja de guionistas recibiría dos nominaciones al Oscar por sus próximos dos trabajos para la MGM: “The Band Wagon” (1953) y “It´s Always Fair Weather” (1955). Además cuenta con la importante participación de Donald O´Connor como el frenético Cosmo, y con el encanto e inocencia juvenil de Debbie Reynolds en su primer papel protagónico, el cual obtuvo a los 19 años de edad. Es posible que debido a la inexperiencia de Reynolds, Arthur Freed decidiera que era mejor no utilizar su voz, por lo que fue doblada en todas las canciones por la actriz Jean Hagen, hecho bastante irónico porque en la cinta es el personaje de Reynolds quien dobla la aguda voz del personaje de Hagen. Los directores artísticos Randall Duel y Cedric Gibbons, y el fotógrafo Harold Rosson, también formaban parte de este estupendo equipo de talentos que contribuyó a la realización de la película. La gran mayoría de este bien conformado equipo se encontraba en el mejor momento de su carrera, lo que se reflejó en el resultado final de su trabajo. Es por esto que este film es considerado por la gran mayoría de los cinéfilos como la comedia musical más emblemática de la historia del cine.

Pero esta cinta no se queda solo en ser un gran musical. Fue el escritor Ray Bradbury, conocido por su trabajo ligado al género fantástico, el que una vez mencionó que “Singin´ in the Rain" perfectamente podría ser considerada como un film de ciencia ficción. La razón es simple: si definimos la ciencia ficción como un relato en el cual un determinado avance científico es el centro de la historia, esta película perfectamente cae dentro de aquel género. Si bien en esta ocasión el avance científico no es una máquina que permita viajar en el tiempo o un sofisticado robot, la trama nos muestra como la llegada del cine sonoro, algo impensado en esos tiempos, cambia por completo la vida de todos los personajes involucrados en la historia. Ante la amenaza de perder el trabajo y todo lo que han logrado, Don y compañía tendrán que ingeniárselas para poder sobrevivir en un mundo que cambió de la noche a la mañana. Esto no se aleja tanto a lo que en términos de ciencia ficción podría ser la lucha por la supervivencia del hombre ante una invasión alienígena, la que viene a representar algo que esencialmente es desconocido para él.

Además de esto, la cinta sirve como vehículo biográfico de muchos personajes reales de Hollywood. La historia recoge un sinfín de anécdotas auténticas vividas por los veteranos de la MGM en la transición del cine mudo al sonoro: entre ellas la contratación de profesores de dicción para el reciclaje de actores, el primitivo y accidentado rodaje con sonido, y la fiebre por la realización de películas sonoras que desató el inusitado éxito de la primera cinta de su especie, “The Jazz Singer” (1927). En más de alguna forma, este film es una gran sátira del terremoto vivido en Hollywood ante aquella histórica transición. Son precisamente las representaciones de estas anécdotas las que se alzan como los puntos cómicos más altos de esta gran cinta.

En cuanto a lo que a coreografías se refiere, el trabajo realizado por Kelly y O´Connor es realmente espectacular. Para todos aquellos que miran con malos ojos las secuencias de “canto y baile”, es probable que esta cinta los haga cambiar de opinión. No solo las coreografías son impresionantes, sino que el estado físico, la rapidez, el control y la destreza de ambos actores es aún más sorprendente. Ambos supieron combinar de manera perfecta arte con destreza física, al punto que es difícil separar la una de la otra, fusionándose en coreografías llenas de estilo. Vean la rutina de Kelly en la canción “Singin´ in the Rain” y tengan en cuenta que el actor estaba agripado y con fiebre cuando la realizó; o la rutina de O´Connor para la canción “Make´em laught”, la cual incluye dos increíbles saltos hacia atrás apoyándose en una pared, al más puro estilo de Jackie Chan o Jet Li. De seguro que la noción que poseen acerca de este tipo de escenas va cambiar aunque sea un poco. Otro punto alto de esta película es la grandiosa rutina de la canción “Broadway Melody/Broadway Rhythm”, que aparece casi al final de la historia. Además de la estupenda fotografía y lo bien elaborado que se presenta el escenario, lleno de llamativas luces y aún más llamativos vestuarios, contamos con la presencia de la hermosa Cyd Charisse quien representa a la “chica mala” salida de la imaginación de Don Lockwood. La secuencia está cargada de sexualidad, pese a que no se pronuncia palabra alguna. Esta escena, que es un verdadero caramelo visual, no viene más que a complementar un film prácticamente sin fallos.

El trabajo de todos los actores que participan en esta cinta es excelente. Desde Gene Kelly, pasando por Jean Hagen que hace un estupendo trabajo personificando a Lina Lamont, el prototipo de la rubia tonta que además presenta una voz sumamente desagradable, hasta la debutante Debbie Reynolds. La ex miss Burbank era una bailarina sin entrenamiento y una actriz de limitada experiencia que la MGM contrató para este papel. Pese a esto, se comportó como una verdadera profesional, soportando incluso los numerosos insultos de su co-estrella Gene Kelly, quien era retratado como un perfeccionista tiránico por sus compañeros de reparto. La verdad es que viendo su actuación, es difícil entender que es lo que tanto disgustaba al veterano actor. El rodaje de esta película, que empezó apenas dos meses después de la finalización de su guión, duró sólo cinco meses, y durante ese tiempo (y como era costumbre) Donen y Kelly se movieron en dos platós diferentes aplicando un sistema complicado y agotador: mientras uno dirigía la filmación de una escena, su compañero se ocupaba de la otra.

Aunque la crítica aplaudió esta cinta cuando fue estrenada, solo logró dos nominaciones al Oscar: mejor actriz secundaria para Jean Hagen y mejor banda sonora para Lennie Hayton. Existe un gran número de personas que opina que “Singin´ in the Rain” sufrió las consecuencias del éxito de la anterior obra de Kelly, “An American in Paris”. Dicho film había arrasado con los Oscars el año anterior, recibiendo el premio a la mejor película, mejor banda sonora, mejor fotografía, mejor guión, mejor dirección de arte y mejor diseño de vestuario, además del premio honorario recibido por Gene Kelly debido a su versatilidad como actor, cantante, director y bailarín. El gran problema de “Singin´in the Rain” es que salió al poco tiempo después del alabado musical, por lo que se vio algo opacada. En definitiva podemos decir con autoridad que estamos frente a la mejor comedia musical de todos los tiempos, la cual presenta esplendidas coreografías, una magnífica banda sonora, estupendos actores y momentos realmente inolvidables. Lo importante es que no se queda sólo en ser un musical, sino que esta película reúne otros valores que la engrandecen aún más, y que para algunos pueden representar un motivo válido para darle una oportunidad a un género que no es de gusto masivo.



por Fantomas.

domingo, 1 de junio de 2008

Jason and the Argonauts: Una película literalmente mítica.

“Jason and the Argonauts” (1963), es un film de aventuras del director Don Chaffey, el cual está protagonizado por Todd Armstrong, Nancy Kovack, Honor Blackman, y Gary Raymond.

Desde el Olimpo, Zeus (Niall MacGinnis) y Hera (Honor Blackman) son testigos de cómo Pelias (Douglas Wilmer) asesina a su medio hermano, el rey Aeson de Tesalia. Sin embargo, una profecía indica que el hijo del fallecido rey, Jason (Todd Armstrong), está destinado a recuperar el trono que injustamente le fue arrebatado a su padre. A sabiendas de esto, Pelias envía a Jason en un traicionero viaje rumbo a Cólquida en busca del mítico vellocino dorado. Junto a un grupo de valerosos hombres, Jason deberá enfrentarse a numerosas dificultades si es que desea recuperar lo que le pertenece por derecho propio.


A fines de la década del cincuenta, Ray Harryhausen y el productor Charles H. Schneer comenzaron a discutir la posibilidad de realizar una cinta basada en la mitología griega, específicamente en la historia de Perseo. Tras filmar “Mysterious Island” (1961), la dupla retomó la idea pero con una ligera diferencia; en vez de adaptar la historia de Perseo, decidieron adaptar el relato de Jason y su búsqueda del vellocino dorado, básicamente porque dicha leyenda les permitía incluir un mayor número de elementos fantásticos en la producción. Tras tomar esta decisión, en 1960 ambos fueron a presentarle la idea a los ejecutivos del estudio Columbia, quienes intrigados por el proyecto decidieron darle luz verde a Harryhausen y compañía para que comenzaran con el proceso de pre-producción. A sabiendas que la mitología está repleta de historias que se caracterizan por ser episódicas y carentes de continuidad, Harryhausen y Schneer contrataron al guionista Jan Read y a la experta en mitología griega Beverly Cross para confeccionar el guión. En lo que respecta al elenco que trabaja en el film, este estaría conformado mayoritariamente por actores británicos salvo dos excepciones; Todd Armstrong, quien obtendría el rol protagónico gracias a su presencia escénica, y Nancy Kovacs, quien es la encargada de interpretar a la sacerdotisa Medea.

Con el fin de disminuir los costos de producción, Harryhausen y compañía decidieron realizar el rodaje del film en Italia, país que en la década del sesenta no solo contaba con una industria cinematográfica en crecimiento, sino que también con hermosos parajes que tanto a Harryhausen como el director Don Chaffey decidieron incluir en la cinta. En lo que respecta a la elaboración de los efectos especiales, Harryhausen utilizó un proceso llamado Dynamation, el cual ya venía empleando hace años, para confeccionar gran parte de las escenas más famosas y recordadas del film. Básicamente, la técnica consistía en la proyección de una imagen de acción real, sobre la cual fotografiaba los modelos de los personajes fantásticos que deseaba incluir en determinadas escenas. Gracias a su ingenio y indiscutible habilidad, el técnico en efectos especiales pudo darle vida a criaturas tales como el imponente gigante de bronce Talos, la hidra de siete cabezas que custodia el vellocino de oro (dicho sea de paso, en la legenda original el encargado de cuidar el tan preciado objeto era un dragón que jamás dormía), y los esqueletos vivientes que surgen de la tierra para intentar ponerle fin a la aventura de Jason y sus camaradas.

La historia de la cinta es bastante sencilla; el reino de Tesalia se sume en el caos luego de que el Rey es asesinado por Pelias, su codicioso medio hermano. Sin embargo, la existencia de una profecía que anuncia que el hijo del fallecido Rey algún día retomará el trono y le devolverá la paz a Tesalia, atormenta constantemente a Pelias. Dicho hijo es Jason, quien se verá embarcado en una aventura cuyo objetivo es encontrar el legendario vellocino dorado, objeto cuyos poderes mágicos en teoría le ayudarán a recuperar su lugar en el reino. Sin embargo, lo que Jason no sabe es que quien lo ha convencido de emprender semejante tarea es nada menos que Pelias, quien espera que el joven guerrero perezca a manos de uno de los tantos monstruos que custodian el peligroso camino al vellocino. Impulsado por sus ansias de gloria, Jason reúne a los mejores hombres de Grecia y construye una colosal embarcación llamada Argo, con el fin de tener éxito en una aventura que incluso es vigilada de cerca por los mismos dioses del Olimpo.

Básicamente, “Jason and the Argonauts” presenta todos los clichés existentes en las cintas que se centran en alguna especie de búsqueda; un grupo de hombres seleccionados por sus numerosas habilidades, deben acompañar a un guerrero en la búsqueda de un objeto invaluable. En el camino se encuentran con una serie de peligros, enfrentan a la muerte en más de una ocasión, y presencian maravillas de una belleza inimaginable. Desde tiempos inmemoriales, las historias que presentan la búsqueda de un objeto que asegura la solución de diversos problemas han presentado un atractivo inapelable. En este caso, el vellocino dorado de Jason supuestamente tiene el poder de sanar a las personas, traer la paz, y deshacerse de la plaga y la hambruna, razones más que suficientes para que él y un grupo de valerosos hombres arriesguen su vida con tal de conseguirlo. Además de las cuantiosas dosis de acción que presenta la trama, esta contiene un buen número de elementos buscan atrapar al espectador. El simple hecho de que a Jason se le otorgue la oportunidad de pedirle ayuda la diosa Hera en cinco ocasiones durante su viaje, le imprime una maravillosa dinámica a la cinta, ya que lleva al espectador a cuestionarse en qué momento y por qué motivo Jason tendrá que pedirles auxilio a los dioses.

En el ámbito de las actuaciones, estas son algo irregulares. Si bien Armstrong realiza una labor correcta interpretando al temerario y bienintencionado protagonista, cabe mencionar que tanto sus diálogos como los de Nancy Kovacs tuvieron que ser doblados por actores británicos, debido a que ambos fueron incapaces de cambiar su acento norteamericano. En el aspecto técnico, la cinta cuenta con el estupendo trabajo de fotografía de Wilkie Cooper, y el magnífico diseño de producción de Geoffrey Drake. La banda sonora por su parte, la cual fue compuesta por Bernard Herrmann, se caracteriza por estar conformada por piezas musicales utilizadas por el compositor en algunos de sus trabajos previos. El músico utilizó pasajes exactos de las bandas sonoras que escribió para las cintas “The Kentuckian” (1955) y “Beneath the 12 Mile Reef” (1953), y reescribió algunos pasajes que compuso para films como “North by Northwest” (1959), “The Day the Earth Stood Still” (1951), y “Vértigo” (1958), entre otros.

“Jason and the Argonauts” es una entretenida película que mezcla actos heroicos, mitología griega, elementos fantásticos y sobrenaturales, y una serie de efectos especiales por sobre todo llamativos. Pese a que en términos generales se trata de una buena producción, esta es recordada mayormente por la labor realizada por Ray Harryhausen. Si bien se trata del mejor trabajo del llamado mago del stop-motion, cuyo encanto es incombustible, también hay que reconocer que el paso del tiempo no ha sido del todo amable con unos efectos especiales que hoy en día palidecen ante el extravagante uso del CGI. Aunque tanto Harryhausen como Schneer consideraron realizar una secuela, tras la tibia recepción que tuvo la cinta en los Estados Unidos, la dupla desestimó la idea. Varios años después, Harryhausen retomaría el tema mitológico en la película “Clash of the Titans” (1981), la cual relataba los intentos de Perseo por rescatar a la princesa Andrómeda. En definitiva, “Jason and the Argonauts” es una ejemplo clásico de grandeza cinematográfica, ya que se trata de una producción que presenta una historia épica plagada de imágenes inolvidables, un excelente trabajo de dirección, buenas actuaciones, y un espléndido apartado técnico, lo que en conjunto ha elevado este film al Olimpo del género fantástico.




por Fantomas.

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