viernes, 26 de septiembre de 2008

Cani Arrabbiati: La cinta "perdida" de Mario Bava.

“Cani Arrabbiati” (1974), es un thriller del director Mario Bava, el cual está protagonizado por Riccardo Cucciolla, Lea Lander y George Eastman.

Tres desesperados delincuentes, Doc (Maurice Poli), Treintaidós (George Eastman) y Bisturí (Don Backy), llevan a cabo un precipitado robo en el que su vehículo queda destrozado en un encontronazo con la policía. En su desesperación, huyen a un garaje para apropiarse de otro coche, y toman como rehén a María (Lea Lander), una inocente transeúnte. Pese a que la policía les permite huir, los criminales saben que no tardarán en atraparlos. Es por esta razón que al llegar a un semáforo en rojo secuestran un nuevo vehículo. Su conductor, Riccardo (Riccardo Cucciolla), es obligado a servirles de chofer. Sin embargo, él tiene que llevar a su hijo enfermo al hospital, pero los asesinos no se lo van a permitir.

En la década del setenta, el director italiano Mario Bava intentó adentrarse en el mundo del thriller más realista para alejarse un tiempo de las historias de terror fantástico que tanta fama le dieron. Sin embargo, su nuevo emprendimiento se vio afectado por una serie de problemas legales y comerciales que dificultaron toda la experiencia. Mientras que su escalofriante ensayo acerca de la necrofilia titulado “Lisa and the Devil” (1973) no encontró distribuidores, razón por la cual tuvo que ser alterada de manera tal que se asemejara lo más posible a la exitosa “The Exorcist” (1973), tras lo cual fue estrenada bajo el nombre de “House of Exorcism”, su siguiente proyecto, “Cani Arrabbiati”, se convertiría en un verdadero dolor de cabeza para el director.

Durante el verano de 1974, Bava rodó suficientes escenas como para completar la cinta (con la excepción de un corto prólogo). Además contaba con la totalidad de la banda sonora compuesta por Stelvio Cipriani, gracias a lo cual logró construir una versión preliminar del film. Sin embargo, uno de los inversionistas que respaldaban al productor Roberto Loyola, murió en un accidente de tránsito ese mismo verano, poniendo en riesgo el futuro del proyecto. Sin dinero para pagar la postproducción y la edición del film, la película fue archivada y luego tomada como un activo cuando Loyola se declaró en bancarrota. Por este motivo, durante mucho tiempo se pensó que el proyecto jamás vería la luz del día. Sin embargo, veinte años más tarde, la compañía Spera Cinematografica, liderada por la actriz Lea Lander, una de las protagonistas de la cinta, logró recaudar el dinero suficiente como para terminar y restaurar la película, la cual tras su larga estadía en el “purgatorio” no se encontraba en las mejores condiciones. Fue así como finalmente uno de los trabajos más interesantes de Mario Bava pudo ser estrenado y apreciado tanto por sus seguidores, como por el público en general.

Una de las principales razones por las cuales esta cinta bien podría ser considerada como una de las obras más interesantes de Mario Bava , es el hecho de que la acción transcurre en tiempo real y jamás se aleja de la situación límite que se está viviendo al interior del automóvil. Y es que el director logra dotar al relato de una atmósfera claustrofóbica, aún cuando el vehículo se transita en un camino abierto bajo el inmenso cielo azul. Esta misma sensación de claustrofobia inevitablemente incide en el comportamiento de las personas que se encuentran al interior del vehículo, afectando en especial a los criminales quienes comienzan a comportarse de manera cada vez más errática y violenta. Mientras que por un lado el gigantesco Treintaidós no para de hacer gala de su apetito sexual, su compañero apodado Bisturí constantemente demuestra que es un hombre violento capaz de asesinar a cualquier que se interponga en su camino. Es por este motivo que a los aterrorizados rehenes no les quedará más remedio que atender a las retorcidas peticiones de sus captores, más aún considerando que la vida de un niño se encuentra en manos de las pulsiones de esta banda de psicópatas.

Si bien los guionistas Cesare Frugoni y Alessandro Parenzo sitúan una serie de dificultades en el camino de los delincuentes con el fin de aumentar los niveles de tensión del relato, la verdad es que el principal foco de tensión de la historia se ubica en el asiento trasero del automóvil. Y es que María se ve forzada a soportar las constantes insinuaciones de Treintaidós y los malos tratos de Bisturí, lo que inevitablemente termina incomodando tanto al resto de los rehenes como al mismo espectador. La escalada de violencia llega a tal punto que luego de un fallido intento de escape por parte de María, los criminales la obligan a orinar en frente de ellos con el solo fin de humillarla y disfrutar con su sufrimiento. Es por todo esto que durante gran parte de la cinta, María se ve sumida en una incontrolable histeria que le impedirá pensar con claridad, y que pondrá en riesgo su vida. Lo contrario sucede con Riccardo, quien pese al caos y el horror que se vive al interior del vehículo, se las arregla para mantener la calma y buscar una forma de salir del embrollo en el que involuntariamente se ha visto inmerso.

“Cani Arrabbiati” es uno de los trabajos más llamativos de Mario Bava por diversos motivos. Si bien fue el único film donde el director evadió por completo las convenciones propias del género fantástico, el cual exploró con bastante éxito durante la década del sesenta, la película de todas formas exhibe ciertos tintes macabros que provocan que la realidad que el realizador presenta, sea vista como una verdadera pesadilla habitada por personajes oscuros y aterrorizadores, los cuales se desenvuelven en un escenario inhóspito y hostil, lo que deja poco espacio para la esperanza o la redención. Según el director, vivimos en un mundo dominado por los hombres, donde prevalece la ley del más fuerte, y donde las mujeres son relegadas a ser simples objetos sexuales, que pueden ser utilizados por los hombres a su antojo. Es a raíz de todo esto que por momentos el discurso del realizador pareciera ser que la muerte no es un castigo, sino que es la única forma en que el hombre puede liberarse de un mundo sumido en el más absoluto descontrol.

En lo que al aspecto interpretativo se refiere, las actuaciones resultan ser creíbles y por sobre todo intensas. Lo que sin duda llama la atención, es que ninguno de los personajes de la cinta, ni siquiera los rehenes, logra despertar la simpatía del espectador. Y es que mientras que María es retratada como una mujer histérica que pone en riesgo al resto de los rehenes, Riccardo se muestra como un hombre cobarde e individualista, que no muestra ningún interés en ayudar a la mujer. En lo que respecta al aspecto técnico del film, resulta destacable el trabajo de cámara de Mario Bava, quien apoyado por la estupenda banda sonora del ya mencionado Stelvio Cipriani, logra dotar al relato de una atmósfera opresiva que rápidamente atrapa al espectador. Cabe mencionar que el prólogo de la cinta fue filmado en el año 1997 por Lamberto Bava, hijo del afamado realizador italiano, el cual se basó en las notas que su padre había dejado antes de fallecer. Si bien este prólogo recién cobra sentido una vez terminado el film, este resulta destacable por el sencillo motivo que retrata de manera perfecta el cinismo presente en gran parte de las obras del director. En definitiva, “Cani Arrabbiati” es una película por sobre todo entretenida, que mantiene intacta su capacidad de sorprender e incomodar al espectador, y que retrata de manera perfecta la mirada pesimista que Bava tenía del mundo que nos rodea.




por Fantomas.

domingo, 21 de septiembre de 2008

The Cat o´Nine Tails: La segunda aventura cinematográfica de Dario Argento.

“Il Gatto a Nove Code” (1971), es un giallo del director Dario Argento, el cual está protagonizado por Karl Malden y James Franciscus.

Franco Arno (Karl Malden), un no vidente que trabaja diseñando crucigramas, y su sobrina Lori (Cinzia De Carolis), accidentalmente escuchan una extraña conversación entre un ladrón y un chantajista. Sin previo aviso, la discusión termina en asesinato. Consternado por no haber podido evitar el crimen, Franco decide unir fuerzas con un periodista llamado Carlo Giordani (James Franciscus), quien también desea resolver el asesinato cuyo trasfondo parece tener relación con una enrevesada trama de espionaje industrial, y con un estudio genético que dice poder demostrar las tendencias psicopáticas de las personas.


Tras el éxito de "L'uccello dalle piume di cristallo" (1970), el director italiano Dario Argento se percató de su habilidad para crear historias de suspenso y terror, lo que lo motivó a intentar establecer nuevas tendencias cinematográficas con su próximo trabajo. Sin embargo, cuando la empresa distribuidora Titanus le exigió filmar una producción de características similares a su primer trabajo, Argento se vio atrapado en sus propias pretensiones. Fue así como sin más remedio, se puso a trabajar en su segundo proyecto en compañía de los guionistas Luigi Collo y Dardano Sacchetti, el cual estaría fuertemente influenciado por dos producciones anglosajonas; el clásico de Robert Siodmak, “The Spiral Staircase” (1945), y el thriller “Twisted Nerve” (1968), del director Roy Boulting. En ambas cintas se hace referencia al concepto de que los impulsos criminales están determinados por una predisposición genética, idea que rápidamente fascinó a Argento, quien quiso explorar la inevitabilidad del mal en el ser humano.

Por otro lado, Argento retoma el tema del voyerismo, el cual había explorado en profundidad en "L'uccello dalle piume di cristallo". Durante el transcurso del film, numerosos close-ups a un omnipresente ojo humano marcan la presencia del asesino genéticamente discapacitado, quien acecha pacientemente a sus víctimas antes de quitarles la vida de la forma más violenta posible. El placer voyerista que experimenta el asesino es en parte compartido por el espectador, gracias a la utilización de ángulos de cámara que reflejan el punto de vista del criminal, quien irónicamente asesina sistemáticamente a todas aquellas personas que han visto demasiado. Al mismo tiempo, en un arranque de genialidad, Argento distorsiona el concepto del voyerismo incluyendo a un protagonista ciego, que fácilmente se alza como uno de los personajes más interesantes del universo cinematográfico creado por el director. A diferencia del resto de los personajes, quienes por momentos voluntariamente escogen no ver el entorno que los rodea y su propia realidad, Franco Arno utiliza su curiosidad natural y sus sentidos remanentes para percibir lo que los demás han decidido ignorar, convirtiéndose por derecho propio en el encargado de resolver el misterio que se esconde tras los crímenes que ha escogido investigar.

Otro de los puntos de interés que presenta el film, es la relación existente entre Franco Arno y su sobrina Lori. La interacción entre ambos no solo reviste a la producción de una consciencia moral, sino que además sirve para contrastar la inocencia de la pequeña Lori, con el a veces sórdido mundo en el que se desarrolla la trama, la cual no está ajena a temas como el adulterio, el incesto y la violencia infantil. Si bien para Arno la investigación de los crímenes comienza como un juego algo más complejo que los crucigramas que desarrolla a diario, eventualmente tanto él como su sobrina son arrastrados sin remedio hacia la red de intriga que rodea a los asesinatos, amenazando con acabar con sus vidas. Sin embargo, como se menciona anteriormente, Arno no emprende solo su improvisada labor de detective, sino que es asistido por el periodista Carlo Giordani, lo que se presenta como una ligera innovación dentro de los parámetros del giallo. En vez de centrarse en un solo personaje que oficia voluntariamente de detective amateur, como suele suceder en el thriller a la italiana, Argento opta por reunir a dos civiles que motivados por su curiosidad, se lanzan a la tarea de resolver una seguidilla de crímenes, aún a expensas de su propio bienestar.

En términos generales, la película sigue la misma estructura básica de los relatos de misterio; algunas pistas son reveladas de manera gradual, ciertas lealtades son puestas a prueba, existe una inclinación hacia la implantación de pistas falsas, y la identidad del asesino recién es revelada durante el clímax del film. Lamentablemente, el guión invierte tan poco tiempo en profundizar en las personalidades de los personajes secundarios, que eventualmente poco importa descubrir la identidad del criminal. Pese a esto, Argento se las arregla para elevar los niveles de suspenso de la trama, transformando lo rutinario en algo cautivante e interesante. La utilización de las laberínticas calles de Roma como escenario de una intensa persecución automovilística, la estilización constante de la violencia, y algunos toques de humor negro, son parte de los elementos que el director incluye en la trama con el objetivo de otorgarle diversos matices al film, y así capturar la atención del espectador.

Cabe mencionar que en “Il Gatto a Nove Code” no hay grandes dosis de gore, ni los asesinatos se destacan por su original puesta en escena, con la excepción de la muerte del corrupto Dr. Calabresi (Carlo Alighiero), quien conoce su mortal destino en una congestionada estación de tren. En lo que lo que a las actuaciones se refiere, James Franciscus no solo dota a su personaje de un carisma innegable, sino que además se complementa de buena manera con el experimentado Karl Malden, quien se destaca como el ingenioso y receptivo Franco Arno. En la vereda contraria está Catherine Spaak y la gran mayoría de los actores encargados de interpretar a los personajes secundarios, quienes lamentablemente realizan una labor bastante olvidable. Por otro lado, la cinta cuenta con el estupendo trabajo de fotografía de Erico Menczer, y la jazzística banda sonora del compositor Ennio Morricone, quienes en conjunto logran dotar al film de una atmósfera ciertamente inquietante que se mantiene durante gran parte del metraje.

La historia no ha sido amable con la segunda película de Dario Argento. Tampoco ayudó demasiado que el mismo director se encargara de tildar a “Il Gatto a Nove Code” como su obra menos querida. El verdadero problema del film es que jamás ha podido escapar de la sombra de la exitosa "L'uccello dalle piume di cristallo". Y es que el debut cinematográfico de Argento no solo se presentaba como un producto fresco e innovador, sino que además cumplía con documentar algunas de las obsesiones personales del realizador, y se alzaba como un brillante ejercicio de suspenso cinematográfico. Más allá de las comparaciones odiosas, “Il Gatto a Nove Code” se destaca por ser un producto único dentro de la filmografía del director, el cual ha soportado de buena manera el paso del tiempo, y que más allá de sus falencias, finalmente se presenta como una cinta entretenida cuyo final abierto le otorga un encanto especial.




por Fantomas.

domingo, 14 de septiembre de 2008

The Grave Of The Fireflies: La consecuencia más terrible de la guerra.

“Grave of the Fireflies” (1988), es un film de animación japonesa escrito y dirigido por Isao Takahata, el cual está basado en la novela semi-autobiográfica del mismo nombre del escritor Akiyuki Nosaka.

Año 1945, la zona portuaria de Kobe. El padre de Seita de trece años, y de Setsuko de cinco, está combatiendo en la Armada japonesa mientras la madre es herida en un bombardeo y muere. Seita intenta hacerse cargo de su hermana, y se instalan en la casa de una tía. Las penurias de la situación terminan agriando la relación, y Seita decide abandonar a su pariente y alojarse con su hermana en una cueva a orillas de una laguna. A pesar de algunas alegrías efímeras, la vida es demasiado dura, y los pequeños tendrán que intentar sobrevivir hasta que termine la guerra.


El estudio Shinchosha realizaría su primera película animada en 1988 con la ayuda del Estudio Ghibli, al que contrató para realizar la animación. “La tumba de las luciérnagas” es la primera película de Isao Takahata (director de las series animadas “Heidi” y “Marco”) en Ghibli, y está basada en la novela parcialmente autobiográfica del novelista japonés Akiyuki Nosaka. El escritor concibió su novela como una disculpa dedicada a su propia hermana, que murió de malnutrición, y se basa en la propia experiencia del autor durante el bombardeo de Kobe en 1945. Aunque el tema parecía ser realmente inusual para una cinta de animación en aquella época, no era la primera que lidiaba con una situación similar. Dicha distinción le corresponde al film “Barefoot Gen” (1983), del director Masaki Mori, el cual relataba lo acontecido tras el bombardeo atómico de Hiroshima.

La historia nos muestra de manera cruda y realista las dificultades y penurias de dos pequeños niños, víctimas indefensas de la amenaza bélica que se cierne sobre ellos, mostrándonos tal vez la cara más desgarradora de la guerra. Será a causa de los bombardeos norteamericanos a civiles que tenían por objetivo “debilitar la mano de obra de Japón”, que Seita y Setsuko perderán a su madre, que acabará falleciendo a causa de las quemaduras producidas por las bombas incendiarias. En esta situación de orfandad, y tras deambular por los restos de lo que alguna vez fue su hogar, no les quedará más opción que pedir asilo en la casa de una tía, lugar en el cual además de tener que lidiar con los efectos colaterales de la guerra, como lo son la escasez y el racionamiento de comida, tendrán que soportar el maltrato de la mujer que los hospeda, que ve en los pequeños una amenaza cierta a la supervivencia del resto de los integrantes del hogar.

Desilusionados por la actitud de su familiar, el joven Seita y su hermana Satsuko se van a vivir a una cueva junto a un lago, lugar donde podrán dar rienda suelta a sus deseos de libertad, pero que sin embargo no les traerá más que dificultades tanto alimenticias, higiénicas, y existenciales, intensificando sus penurias. No es poca la gente que responsabiliza a la tía como la gran culpable de que los pequeños tengan que valerse por ellos mismos, a sabiendas de que probablemente no van a ser capaces de sobrevivir. Sin embargo, el mismo Takahara ha mencionado que pese a que la cinta se centra en la historia de los hermanos, el tema de fondo es que la guerra es un tiempo difícil para todos. La tía también tiene problemas para alimentar a los suyos, viéndose obligada en más de una ocasión a comer los restos de comida pegados en el fondo de la olla para poder sobrevivir. Seita por su parte, pese a que se trata solo de un niño, la situación le exige una maduración precoz que pareciera estar fuera de sus posibilidades o su voluntad.

Será el orgullo, o un arrebato infantil si se prefiere, lo que desencadena que Seita tome la funesta decisión de abandonar la casa de su tía en compañía de su hermana. Pese a estar conscientes de la gravedad de la situación y al dificultoso futuro que los espera, los niños asumen los problemas con resignación, tragándose sus penas, en especial Seita quien ahora debe cumplir las labores de padre y madre de la pequeña Satsuko. En su nuevo hábitat, los pequeños se dedicarán a recordar tiempos mejores, donde la comida y el dinero no les era escaso, y su madre se encontraba dispuesta a atender todas sus necesidades. Y es que los niños no pierden su condición de niños pese a todo; construyen columpios, cazan luciérnagas, y echan a volar su imaginación, intentando escapar por un momento de la cruenta realidad.

Takahara construye una cinta trágica, inmensamente dolorosa, que muestra una realidad que usualmente preferimos ignorar. Son pocas las películas que causan el efecto que produce esta, dejando al espectador con un dejo de impotencia y con una tristeza sobrecogedora, al ser testigo de cómo el entorno de los niños, y finalmente el mismo Seita, autoproclamado como el protector de su pequeña hermana, son incapaces de evitar la escalada de acontecimientos trágicos de los que son víctimas. Seita al abandonar la casa de su tía, no le quedará más opción que comenzar a robar para sobrevivir, sufriendo la golpiza de los propietarios de los bienes que sustrae, y arriesgándose a ser una víctima más de los bombardeos al incursionar en los hogares desprotegidos a causa de estos, en busca de elementos intercambiables por comida.

Takahata además aprovecha este entorno realista para integrar más de algún simbolismo, otorgándole una trascendencia dramática a los objetos, en especial a una caja metálica de caramelos, que en cierto modo pasa a ser un contenedor del amor incondicional entre los hermanos. Hasta cierto punto, los caramelos y las luciérnagas pasan a tener un significado similar; ambas representan una luz de esperanza en un mundo oscuro y desolador, dominado por el miedo, el egoísmo y la violencia, donde los recuerdos de los momentos felices vividos parecieran ser la única vía de escape que se tiene. Existe además una analogía entre la corta vida de las luciérnagas y el número limitado de caramelos, con la vida de los pequeños. Si bien ellos no están exentos de momentos llenos de felicidad y tranquilidad, estos serán breves y limitados, lo que irá apagando la vida y el alma de los pequeños de manera lenta y dolorosa. “¿Por qué las luciérnagas mueren tan pronto?”, preguntará la pequeña Setsuko en un pasaje del film. Esto no es más que una metáfora en forma de pregunta, que al espectador una vez terminada la película le costará responder.

La dirección de animación y diseño de personajes corrió a cargo del talentoso Yoshifumi Kondo, el que luego se encargaría de dirigir "Whisper of the heart" (1995) para los estudios Ghibli. Sin dudas que Setsuko es uno de los personajes más reales y queribles que se hayan visto en el cine animación. Actúa con la ingenuidad, el candor y la curiosidad normal de una niña de su edad, llegando con facilidad al corazón del espectador que tendrá que ver con amargura todo lo que le sucede a la pequeña. Seita por su parte, es un personaje que hará hasta lo imposible por ayudar a su hermana, sin importar que esto signifique robar o tragarse la inmensa pena que siente tras la muerte de sus seres queridos, con el fin de mantener la integridad emocional de su hermana.

Al momento de su estreno, el film fue lanzado junto con “My Neighbor Totoro” (1988), de Hayao Miyazaki, en parte para atenuar el impacto que “La tumba de las luciérnagas” podría producir en los niños, decisión que encuentro absolutamente acertada. Takahata nos entrega una película tierna, infinitamente emotiva, y efectista al momento de mostrarnos los efectos de la guerra. Todo esto, más la sobrecogedora banda sonora de Michio Mamiya, construyen una de las películas más tristes de la historia del cine de animación, una que difícilmente puedes olvidar luego de haberla visto. Una película de aquellas que te desgarran el corazón, y que al mismo tiempo sirve como evidencia del excelente cine de animación que los japoneses han realizado durante todos estos años.




por Fantomas.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

The Great Escape: Una de las más grandes piezas del cine de escapismo.

“The Great Escape” (1963), es un drama bélico dirigido por John Sturges, el cual está protagonizado por Steve McQueen, James Garner y Richard Attenborough, entre otros.

600 oficiales ingleses y americanos trabajaron durante un año para planear y ejecutar la evasión de un campo de prisioneros nazi en 1944, la mayor evasión de la historia militar. Comandados por el cerebro organizador británico (Richard Attenborough), el experto en túneles (Charles Bronson), el especialista en falsificaciones de documentos (Donald Pleasence), el encargado de los aprovisionamientos (James Garner) y el rebelde de las buenas ideas (Steve McQueen), este grupo de prisioneros intentará llevar a cabo un plan descabellado que puede significar un duro golpe para la maquinaría nazi.


En marzo de 1943, el oficial canadiense Paul Brickhill fue herido en el desierto de Túnez, tras lo cual fue tomado prisionero por las tropas del Mariscal de campo alemán Erwin Rommel. Brickhill terminó en un campo de prisioneros al sureste de Berlín, llamado “Stalag Luft III”, el cual presentaba todas las precauciones necesarias para evitar cualquier plan de escape que pudiesen confeccionar los prisioneros. Pese a esto, Brickhill junto con otros 700 prisioneros no tardaron en echar a andar un complejo plan de escape dirigido por el líder de escuadrón, Roger Bushell, el cual pretendía sacar a 250 prisioneros del campo. El trabajo de Brickhill consistía en la falsificación de los papeles necesarios para poder salir del país sin mayores complicaciones. Sin embargo, a último minuto Brickhill fue excluido del escape debido a su intensa claustrofobia. Al volver de la guerra, él dedico cuatro años a escribir una novela que relataba su experiencia al interior del campo de prisioneros, la cual lanzó en 1950 con un enorme éxito.

Esta novela fue leída por un joven director llamado John Sturges, el cual quedo inmediatamente maravillado con la historia, mayormente porque reflejaba el porqué habían triunfado los aliados. “Por una lado está la maquinaria alemana, con sus brillantes uniformes y la absoluta obediencia a las órdenes. En el otro lado del enrejado, había hombres de distintos países, distintos pasados, carácter y lenguajes, haciendo lo que ellos desearan. Sin reglas arbitrarias, ellos formularon una organización que eventualmente golpeó a la maquinaria alemana”. Convencido de que la historia era perfecta para hacer un gran film, el director intentó convencer al mandamás de la MGM, Louis B. Mayer, el cual rápidamente rechazó el proyecto debido a lo poco hollywoodense del final. Además sintió que la historia era demasiado grande, con muchos personajes y demasiados detalles, lo que terminaría elevando demasiado los costos de producción.

Luego de obtener varios éxitos trabajando para la MGM, Sturges terminó su contrato con el estudio, tras lo cual se asoció con los productores independientes Walter, Marvin y Harold Mirish. El primer proyecto del director fue un western llamado “The Magnificent Seven” (1960), protagonizado por Yul Brynner, junto con una serie de prometedores actores tales como Steve McQueen y James Coburn, entre otros. Debido al éxito obtenido con esta cinta, en la cual el director mostró su capacidad para ensamblar historias de acción con un gran número de personajes, pudo obtener el dinero para comprar los derechos del libro de Brickhill y contratar a un guionista para adaptarlo. Pese a que el escritor se negó por años a vender su novela, accedió a la propuesta de Sturges, la cual involucraba completa fidelidad a la historia original, junto con aceptar la ayuda del escritor durante la filmación de la cinta.

William Roberts sería el encargado de adaptar la novela. El guionista también había participado en el guión de “The Magnificent Seven” junto con Walter Newman. Roberts construiría este guión de manera similar a su anterior trabajo, estableciendo una figura clara de autoridad, la cual sería la encargada de dominar la acción y de presentar al resto de los personajes a medida de que los reclutaba para trabajar con él. Al tiempo que el guión iba tomando forma, Sturges comenzó a trabajar en su próxima cinta, un drama protagonizado por Lana Turner, “By Love Possessed” (1961), donde se vio en la necesidad de reclutar a Roberts para perfeccionar el guión. De esta forma el guión de “The Great Escape” cayó en las manos de Newman, cuyo trabajo tuvo que ser perfeccionado posteriormente por el guionista W. R. Burnett y por el escritor James Clavell, dando vida al guión definitivo.

La cinta es considerada como un clásico esencial de la historia del cine por un sinnúmero de factores. En primer lugar, cuenta con un elenco realmente espectacular. En gran medida, esta película es responsable de la imagen por la que sería conocido el actor Steve McQueen hasta el día de su muerte. A pesar de que su nombre aparecía por sobre el de las otras estrellas en el cartel promocional, su aparición es intermitente durante la primera mitad de la cinta, dando lugar para que todo el resto del elenco brille con luces propias. El desempeño de sus colegas es notable, entre los cuales se encuentran los norteamericanos James Garner, James Coburn, Charles Bronson, además de una serie de actores británicos como Richard Attenborough, Donald Pleasence, David McCallum y John Leyton, quienes en esta producción fueron presentados a la audiencia internacional.

Sturges nunca dudó acerca de su intención inicial de relatar una historia en la cual cada una de las piezas, cada uno de los personajes, cada elemento del intrincado escape, funcionara de forma equivalente, cosa que logra a cabalidad en esta cinta. Pese a esto, la película es un testamento claro del estatus de estrella de McQueen, quedando inmortalizado como un actor icónico en especial gracias a su inolvidable escena del escape en motocicleta, y sus constantes visitas a las celdas de aislamiento. Además del tremendo elenco y lo bien construidos que se encuentran los personajes, Sturges es sumamente hábil al momento de crear momentos de tensión constantes durante todo el transcurso de la cinta. Ya sea dentro del campo de prisioneros, durante la planificación y ejecución del brillante plan de escape, o cuando intentan cruzar Alemania en búsqueda de refugio, el espectador vive en constante incertidumbre, preguntándose si los protagonistas serán capaces de llegar a destino y no caer nuevamente en manos de la despiadada Gestapo.

Pese a lo dramático de las circunstancias y debido a que se trata de una cinta basada en hechos reales, el director opta por darle un tono más cercano al cine de aventuras que al drama bélico, sin que esto signifique que la película esté exenta de momentos emotivos o trágicos. Es clara la preocupación del director por dejar patente la importancia de las relaciones personales al interior del campo, y de esta forma celebrar el espíritu de cooperación y la perseverancia de este grupo de hombres. Y es que el realizador hizo su mejor esfuerzo por contar la historia lo más pegado posible a la realidad, aunque siempre preocupándose de mantener un ritmo narrativo que atrapara al espectador y no lo soltara hasta el fin de la historia. En la tarea de construir la atmósfera de esta obra, Sturges contó con la ayuda de Daniel L. Fapp, quien hizo un maravilloso trabajo de fotografía, y con Elmer Bernstein, compositor de una de las bandas sonoras más inolvidables de la historia del cine.

“The Great Escape” tiene la virtud de ser un film que reúne excitantes escenas de acción, momentos llenos de suspenso, algunas dosis de humor, excelentes actuaciones, y un noble sentimentalismo que la ubican como una de las mejores películas de 1963, y como una de las mejores cintas de aventuras de todos los tiempos. Pese a todas sus virtudes, el film solo obtuvo una nominación al Oscar a la mejor edición, dejando en evidencia que la “crítica especializada” en más de una ocasión suele equivocarse. Esta película podría ser considerada como la mejor o una de las mejores obras de John Sturges, quien logra sin dificultad alguna construir una historia perfectamente ensamblada que logra entretener, emocionar e impactar al espectador durante casi tres horas. Puede que en muchos aspectos esta cinta no sea la mejor a la hora de documentar lo ocurrido durante la Segunda Guerra Mundial, pero sin duda es uno de los films bélicos más recordados, el cual continua siendo venerado hasta el día de hoy.




por Fantomas.

jueves, 4 de septiembre de 2008

The Thing From Another World: ¿De dónde viene?, ¿Como llegó a este lugar?, y lo más importante ¿Qué es?.

“The Thing From Another World” (1951), es un film de ciencia ficción/horror del director Christian Nyby, el cual está protagonizado por Margaret Sheridan, Kenneth Tobey y Robert Cornthwaite.

Una misteriosa explosión atrae a un grupo de militares cuya base se encuentra en el Ártico. Al dirigirse al lugar de los hechos, descubren una nave espacial enterrada en el hielo, y en su interior, un misterioso cuerpo, el cual es llevado con ellos hasta su refugio con el fin de estudiarlo. Una vez en el lugar, comenzará una férrea discusión entre los científicos y los militares con respecto a lo que deben hacer con su descubrimiento. Mientras que los militares proponen destruirlo, los científicos desean protegerlo y estudiarlo. Sin embargo, cuando la criatura despierte de su letargo, tendrán que unir fuerzas si es que quieren salir con vida del lugar.

El temor a la amenaza nuclear y al comienzo de la Guerra Fría entre los Estados Unidos y la URSS, se materializó en toda una generación de películas, generalmente pertenecientes a la serie B de los estudios, las cuales mezclaron sin pudores elementos ligados del género al horror con planteamientos relacionados con la ciencia ficción. Dentro de esta seguidilla de películas se encuentra “The Thing From Another World”, la cual fue producida por Howard Hawks bajo el alero de los estudios RKO, y cuya historia está basada en una novela del escritor John W. Campbell Jr., quien es considerado como una de las figuras claves en el desarrollo de la ciencia ficción moderna. La novela en cuestión se titula “Who Goes There?”, y fue el primer trabajo del escritor que en aquel entonces utilizaba el seudónimo de Don Stuart. El encargado de adaptar dicho relato sería el guionista Charles Lederer, quien en un arranque de originalidad solo mantuvo la premisa básica del escrito, descartando entre otras cosas la naturaleza física de la criatura descrita por Campbell, la cual en la novela era capaz de cambiar de forma a placer, dificultando con esto su captura.

Si bien la confección del guión suele serle atribuida a Lederer, existen una serie de rumores que indicarían que otros hombres intervinieron en el proceso de creación del relato, entre los cuales se encuentran Ben Hetch, William Faulker, y el mismo Howard Hawks, quienes en conjunto trabajaron en varias producciones. Otro rumor que ha circulado durante años pero que probablemente es falso, es que Orson Welles fue el encargado de escribir algunos de los diálogos del guión, lo que le otorgaría un cariz especial al mismo. Independientemente de quien haya participado en la construcción del guión, este tuvo que ser intervenido con el fin de quitar algunas escenas las cuales eran demasiado cruentas para la época, como por ejemplo una que describía con lujo de detalles la decapitación de uno de los personajes a manos de la misteriosa criatura alienígena. Hay que recordar que en aquellos años, los organismos de censura vigilaban de cerca las producciones hollywoodenses con el objetivo de que estás no contuvieran nada que pudiese alterar a una sociedad cada vez más paranoica e insatisfecha con la situación que estaban viviendo.


Otra de las controversias que ronda a esta producción, tiene relación con la dirección de la misma. Tras el excelente trabajo de edición que Christian Nyby realizó en la cinta “Red River” (1948), Howard Hawks le ofreció el puesto de director en “The Thing From Another World”. Sin embargo, la inexperiencia de Nyby terminó hartando a Hawks, quien finalmente se encargaría de dirigir gran parte de las escenas que conforman el film. Aunque el productor desmintió este hecho en una entrevista, la cinta presenta una serie de elementos que conformaban el sello personal de Hawks, entre los que se encuentran su predilección por las historias que estudian las dinámicas de grupo, en especial cuando los integrantes de dicho grupo están sometidos a una gran presión, la cual eventualmente desencadenará una serie de conflictos que expondrán la verdadera naturaleza del ser humano.

En relación lo antes mencionado, el descubrimiento de la criatura (James Arness) de inmediato polariza a los dos grupos presentes al interior de la base militar ubicada en el Ártico; mientras que los militares liderados por el Capitán Patrick Hendry (Kenneth Tobey) prefieren abogar por el bien común y el compañerismo, el grupo de científicos encabezados por el doctor Carrington (Robert Cornthwaite) sitúan su curiosidad profesional por sobre la sobrevivencia de sus compañeros, lo que inevitablemente causará una serie de conflictos entre ambos bandos. Dentro de esta lucha de intereses, el doctor Carrington se alza como el verdadero villano de la historia, ya que su sed de conocimiento no solo termina poniendo en peligro a sus compañeros, sino que además se trata de un hombre dispuesto a cualquier cosa con tal de lograr sus objetivos. Si bien en gran medida Carrington responde al arquetipo del científico loco, figura habitual del cine de ciencia ficción de los cincuenta, este logra escapar de la unidimensionalidad a la que estaba destinado gracias a un par de escenas en las cuales se le ofrece la oportunidad de redimir sus errores antes de que sea demasiado tarde.


Por otro lado, Howard Hawks fue lo suficientemente inteligente como para reconocer las falencias que presentaba la producción y utilizarlas a su favor. A sabiendas de que la apariencia del extraterrestre distaba de ser amenazante, Hawks limitó sus apariciones imprimiéndole un halo de misterio a su figura, con lo cual lo convirtió casi en un ser omnipresente el cual puede atacar en cualquier momento a los residentes de la base militar. Claramente con esto el director no solo construye una atmósfera de paranoia constante que pasa a dominar la historia, sino que además logra que la criatura provoque miedo y no risas en las pocas apariciones que tiene. En relación a las actuaciones, resulta destacable la labor de Robert Cornthwaite y Kenneth Tobey, así como también la interpretación de Margaret Sheridan, quien personifica a Nikki, una mujer que se ve obligada a buscar un lugar en un mundo dominado por los hombres. Curiosamente, James Arness, quien es más conocido por su rol en el film “Them!” (1954) y que en esta ocasión se encargó de interpretar al extraterrestre, declaró en variadas ocasiones que se sentía avergonzado de su rol en esta cinta, razón por la cual ni siquiera asistió al estreno de la misma.

En cuanto al aspecto técnico, resulta destacable el trabajo de fotografía de Russell Harlan, y la banda sonora compuesta por Dimitri Tiomkin. Estos elementos en conjunto ayudan a aumentar la sensación de claustrofobia y la tensión de ciertos pasajes del film, especialmente aquellos en los que participa el extraterrestre. “The Thing From Another World” no es una cinta perfecta, pero de todas formas es una de las obras más importantes del cine de ciencia ficción. Mientras que por un lado es criticable el hecho de que un buen número de los personajes secundarios carezcan de rasgos distintivos, y lo mediocre que resultan ser algunos efectos especiales, por otra parte resulta destacable el ritmo narrativo que Hawks le imprime al relato, la calidad de los diálogos, y la atmósfera que presenta la producción. Tres décadas más tarde, el director John Carpenter filmaría un espléndido remake el cual a diferencia de la cinta de Hawks, presentaría dosis más altas de gore y se acercaría más a la novela de Campbell, lo que lo llevaría a convertirse en un clásico por méritos propios.


por Fantomas.
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