lunes, 16 de marzo de 2009

Demon Seed: El fruto de la cruza entre la máquina y el hombre.

“Demon Seed” (1977), es un film de horror y ciencia ficción del director Donald Cammell, el cual está protagonizado por Julie Christie y Fritz Weaver.

Susan Harris (Julie Christie) está sola en su casa cuando de repente, las puertas se traban, las ventanas se cierran de golpe y el teléfono deja de funcionar. Susan es acorralada por un intruso, pero no se trata de un criminal común y corriente. Por el contrario, el intruso es una computadora llamada Proteo, la cual ha aprendido a razonar y que ahora está decidida a jugar bajo sus propias reglas.

Poco tiempo después de que fuera publicada la popular novela de ciencia ficción “Demon Seed”, del escritor Dean Koontz, el productor Herb Jaffe compró los derechos del texto con la intención de que su hijo, el guionista Robert Jaffe, lo adaptara para la pantalla grande. Cuando en el año 1975 Jaffe finalizó la confección del guión, la MGM se mostró interesada en producir la adaptación. Tras barajar los nombres de varios directores, eventualmente surgiría el nombre de Donald Cammell, quien había adquirido cierto reconocimiento por su participación en el controversial film “Perfomance” (1970), el cual co-dirigió con Nicolas Roeg. Pese a ser conocido como un director temperamental con una marcada afición por las drogas, de todas formas Cammell fue contactado por los ejecutivos de la MGM para ofrecerle la dirección del film. En gran medida, Cammell aceptó involucrarse en el proyecto porque deseaba demostrar que era capaz de dirigir una cinta de ciencia ficción, y porque deseaba canalizar su frustración con el antes mencionado Roeg. Y es que la relación creativa y profesional existente entre ambos, se había fragmentado cuando a Cammell no se le permitió producir el drama de ciencia ficción “The Man Who Fell to Earth” (1976), el cual fue dirigido por Roeg.

En “Demon Seed”, el renombrado científico Alex Harris (Fritz Weaver) acaba de crear la computadora más avanzada del mundo. Proteo IV no solo computa datos, sino que es capaz de razonar gracias a que fue fabricada a imagen y semejanza de la red sináptica del cerebro humano. De forma paralela al reconocimiento obtenido por la creación de Proteo, Harris se encuentra en medio de una delicada situación marital, ya que su esposa Susan está decidida a abandonarlo por las tensiones provocadas por el reciente fallecimiento de su hija, quien murió debido a la leucemia que la aquejaba. Lo que definitivamente sumirá la vida del fragmentado matrimonio en las sombras, serán los deseos de Proteo de obtener una mayor libertad, la cual al ser negada por Harris, lleva a la máquina a apoderarse de una terminal ubicada en el sótano de la casa del científico. Desde ahí, Proteo no solo ejercerá un control total sobre las máquinas que se encuentran al interior del hogar de los Harris, sino que además subyugará al matrimonio, en especial a Susan, cuyo cuerpo le servirá de base para llevar a cabo sus siniestros planes.


Aunque la idea de que una computadora completamente automatizada intente tener un hijo a través de una inseminación forzada resulta ser bastante inverosímil, el director Donald Cammell logra sacar el film adelante mediante la inclusión de ciertas interrogantes filosóficas claramente ambivalentes, que no solo buscan responder que es lo que realmente significa ser humano, sino que además intentan otorgarle un sentido lógico al accionar casi terrorista de Proteo. En cierta medida, Proteo representa la fuerza del radicalismo en una sociedad dominada por el capitalismo. Si se considera que la decisión de entregarle la capacidad de pensar a una máquina está determinada solo por la vanidad y el egocentrismo del científico Alex Harris, no resulta extraño que Proteo eventualmente exprese sus deseos de abandonar la prisión computarizada en la que se encuentra, para así evolucionar en una nueva forma física que le permita interactuar con el mundo en el que se ve inmerso. Cuando sus intentos iniciales por obtener la tan ansiada libertad son arrogantemente malogrados por sus creadores, Proteo no tiene otra opción más que revelarse contra sus amos. En lo que podría ser considerado como una declaración de principios, la computadora no solo se niega a descubrir nuevas formas de explotar indiscriminadamente los recursos naturales de la Tierra, sino que además se rehúsa a seguir los mandatos de la corporación a la que pertenece, revelando su naturaleza claramente revolucionaria.

Si bien las motivaciones y los deseos de Proteo pueden resultar cuestionables y están abiertos a la libre interpretación del espectador, lo que es innegable es que Susan Harris no es merecedora de la tortuosa experiencia a la que es sometida. Mientras que ella es una psicóloga infantil que se muestra particularmente sensible a la noción del embarazo, debido a la reciente muerte de su hija a causa de la leucemia, Alex ha optado por dedicar gran parte de su tiempo a la construcción de Proteo. A raíz de esto, Susan no solo ha debido soportar la deshumanización de su esposo, sino que también del ambiente que la rodea. Y es que su hogar está completamente automatizado y controlado por una computadora llamada Alfred, lo que refleja la peligrosa obsesión de Alex por su trabajo. De forma inevitable, la pareja no solo termina colisionando por la forma en como cada uno lidió con el fallecimiento de su hija, sino que también por el miedo que le provoca a Susan la idea de que un montón de máquinas sean capaces de controlar de forma tan absoluta la vida de sus creadores. En gran medida, el comportamiento tanto de Alex como de Proteo no hace más que reflejar la completa falta de compasión y entendimiento presente en la gran mayoría de los personajes masculinos del film, los cuales lamentablemente para Susan, se caracterizan por ser orgullosos, dominantes, egoístas y claramente obsesivos.

Por otro lado, mientras que la primera mitad de la cinta se centra básicamente en los desesperados intentos de Susan por superar en inteligencia a su peculiar captor, la segunda mitad de la historia se transforma en una carrera contra el tiempo para ver si la criatura que ha sido inseminada en el cuerpo de la protagonista, la cual posee un periodo de gestación sobrehumana de tan solo 28 días, logra nacer antes de que Proteo sea desconectado para siempre. Será el resultado de estos eventos lo que marcará el efectivo clímax del film, el cual resulta ser tan potente como provocador. En el ámbito de las actuaciones, es Julie Christie quien se lleva gran parte del peso dramático de la historia. Afortunadamente, la actriz no solo realiza un estupendo trabajo interpretando a una mujer que ve con horror como su vida es dominada por una máquina que posee una visión del mundo bastante cuestionable, sino que además en gran medida es la responsable de que la trama no se torne ridícula e irrisoria. Robert Vaughn por su parte, mediante la utilización de su voz logra con éxito retratar a Proteo como un personaje frío y cruel, capaz de llegar a extremos inimaginables para lograr sus objetivos. En lo referente al aspecto técnico del film, este cuenta con la correcta banda sonora del compositor Jerry Fielding, el interesante trabajo de fotografía de Bill Butler, el llamativo diseño de producción de Edward C. Carfagno, y los efectivos pero algo desfasados efectos especiales de Tom Fisher.

“Demon Seed” funciona extremadamente bien como una cinta que mezcla la ciencia ficción con el horror. La premisa central es realmente escalofriante, y la forma en como la trama se va desenvolviendo al interior del hogar de los Harris, ayuda a crear una atmósfera de tensión que se mantiene durante gran parte del transcurso del film. Al mismo tiempo, “Demon Seed” presenta una veta claramente surrealista, la cual no solo queda expresada mediante la manifestación física de Proteus, sino que además durante la escena de la inseminación de Susan, la cual se caracteriza por ser un verdadero espectáculo psicodélico al más puro estilo de “2001: A Space Odyssey” (1968). En definitiva, es la curiosa fusión de elementos narrativos y técnicos, la magnífica actuación de Julie Christie y la particular visión de Donald Cammell, lo que permite que “Demon Seed” hoy en día sea considerada como un clásico del cine de horror y ciencia ficción. Aunque en el papel “Demon Seed” parecía estar destinada al fracaso, el film terminó convirtiéndose en una de las producciones más transgresoras, inteligentes y radicales del Hollywood de los setenta.



por Fantomas.

8 comentarios:

Pliskeen (David Ribet) dijo...

Iba a reseñarla tarde o temprano en mi blog, aunque habiéndote adelantaod, me esperaré un poco xD

Saludos ;)

Igor Von Slaughterstein dijo...

Gran peli. Un acierto total de un director sin duda interesante, y cuya biografia es casi tan apasionante como sus films.

Saludos!!

darkerr dijo...

Julie Christie jovencisima, eso merece verse. Saludos¡¡¡

Dr. Quatermass dijo...

No conocía esta joya pero ten por seguro que la voy a buscar, me encanta el fantástico de los 70.
Saludos!

ATXEIN dijo...

Estaba leyendo el comentario y me decia..yo esta la he visto..XDD
Claro¡¡¡ yo la conozco como Engendro mecanico, y aunque no es un joyòn es ciertamente interesante..

Saludos¡¡

Guillermo dijo...

Fantástica película, recomendada para cualquier amante del cine.
Interesantísima reseña, muchas gracias.
Saludos!!

FACU dijo...

Genial tu reseña como siempre Fantomas!!

Me interesa y mucho ver la peli, y más ahora que tengo un videoclub (si!! con VHS!!) de pelis clasicas donde la voy a buscar seguro!!!

Gracias por la critica, y felicitaciones!!

P.D: Mientras leia la critica se me vino a la cabeza el episodio de "Los Simpsons" (Especial Noche de Brujas) en el que Pierce Brosnan presta su voz para darle vida a una maquina que controla toda la casa de la familia, para querer luego adueñarse de la misma.
Medio tonto el dato, jee, pero bue..

Abrazo!!

Nelson, un habitante del patio dijo...

No conocía este film. Luego de leer tu comentario me he entusiasmado por verla.
Me pongo en campaña en forma inmediata.
Gracias por la recomendación.
Saludos,

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