sábado, 16 de mayo de 2009

Rasputin, the Mad Monk: Una joya algo olvidada de la Hammer.

“Rasputin, the Mad Monk” (1966), es un drama histórico de terror del director Don Sharp, el cual está protagonizado por Christopher Lee, Barbara Shelley y Francis Matthews.

Grígori Yefímovich Rasputín (Christopher Lee) es un hombre alto, de extraordinaria fortaleza, grosero, con poderes de hipnosis y curativos, y por sobre todo de desmesurada ambición. En San Petersburgo conoce a Sonia (Barbara Shelley), una dama de honor de la mismísima Zarina, a la cual utilizará para introducirse en la Corte Real y dar rienda suelta a sus ambiciones.


La vida y la repentina muerte de Grigori Yefimovitch Rasputín, quien ofició de consejero del Zar Nicolás II al mismo tiempo que decía ser un hombre santo, ha servido de inspiración para muchos cineastas desde que fue asesinado la noche del 16 de Diciembre de 1916. De hecho, existen numerosos cortometrajes europeos que han retratado el ascenso y la caída del llamado Pecador Sagrado. De todas las producciones basadas en la vida de Rasputín, probablemente la más famosa es “Rasputin and the Empress” (1932), la cual fue producida por los estudios MGM y fue protagonizada por gran parte del clan Barrymore. Fue tal el impacto que produjo aquel film, que la Princesa Irina Yousoupoff, esposa del Príncipe Felix Yousoupoff, uno de los hombres que participó en el asesinato de Rasputín, interpuso una demanda contra el estudio por considerar que la cinta faltaba a la verdad. Tras un largo juicio, la Princesa obtuvo una indemnización por daños y perjuicios de aproximadamente 25.000 euros. Quizás por este motivo Anthony Hinds, quien en ese entonces utilizaba el seudónimo de John Elder, se encargó de escribir “esto no es un documental, es entretenimiento”, en la primera página del guión de la cinta que posteriormente sería titulada “The Mad Monk”, la cual buscaba plasmar con ciertas licencias creativas la colorida vida de Rasputín. Para que quedara aún más claro que el film no buscaba reproducir determinados hechos con rigor histórico, Hinds puntualizó lo siguiente: “No hubo intención de reproducir de manera fidedigna ciertos hechos históricos… todos los personajes y los incidentes deben ser tomados como ficticios”.

La seguidilla de eventos que darían como resultado la realización de “Rasputin, The Mad Monk”, comenzarían en el año 1961, cuando al interior de la productora británica Hammer Films se desarrolló un proyecto titulado “The Sins of Rasputin”. Aproximadamente cuatro años después, el proyecto fue retomado por Anthony Hinds, quien reescribió el guión basándose en dos obras literarias escritas por el ya mencionado Príncipe Felix Yousoupoff: “Rasputin” y “Lost Splendour”. Lamentablemente para Hinds, debido a los problemas legales protagonizados anteriormente por Yousoupoff, cada página del guión debió someterse a la meticulosa revisión del Príncipe, lo que significó que el escrito fuese modificado en múltiples ocasiones. El rodaje del film comenzó en el verano de 1965 al interior de los estudios Bray, y estuvo a cargo del director Don Sharp, quien venía de filmar el thriller “The Face of Fu Manchu” (1965) junto al actor Christopher Lee, quien debido a su marcada afición por la historia relacionada con el asesinato de Rasputín, se mostró sumamente interesado en participar en la cinta. Debido al alto costo que había tenido el film “Dracula: Prince of Darkness” (1966), Sharp no solo tuvo que reutilizar algunos de los sets usados en dicha producción, sino que además debió eliminar algunas páginas del guión de Hinds con el fin de reducir los costos del rodaje.

La historia escrita por Hinds se concentra en los humildes orígenes de Rasputín como un curandero marginado en la Rusia Zarista. Luego de ser expulsado de un monasterio por su comportamiento violento y libidinoso, y por sus poco ortodoxas habilidades sobrenaturales, Rasputín decide dirigirse a San Petersburgo para satisfacer sus ansías de riqueza y poder. A su llegada a la ciudad, al interior de un pequeño café local conoce al Dr. Boris Zargo (Richard Pasco), quien gracias a sus poderosas conexiones eventualmente lo ayuda a ingresar a los círculos sociales más próximos a la Corte Real Rusa. Dentro de la gente con la cual Rasputín establece contacto, se encuentra una mujer llamada Sonia (Barbara Shelley), quien oficia como dama de honor de la Zarina. Decidido a cumplir con su plan, Rasputín seduce e hipnotiza a Sonia para que atente contra el hijo del Zar, permitiéndole de esta forma ejercer cierta influencia sobre los cada vez más vulnerables integrantes de la Casa Real Rusa.

Pese a que “Rasputin, the Mad Monk” presenta una serie de giros argumentales que convierten a la historia en una suerte de melodrama gótico, el film también cuenta con ciertos elementos que lo acercan a la esencia de las producciones de horror de la Hammer, como por ejemplo un Intento de violación, mutilaciones varias, la desfiguración del rostro de un personaje mediante la utilización de ácido, y el brutal desenlace del maquiavélico protagonista. Por otro lado, Don Sharp juega bastante con la dualidad de un antihéroe claramente complejo que tiene raíces de tinte sobrenatural. Mientras que los poderes de sanación que posee Rasputín quedan explicitados durante los primeros minutos de la cinta, cuando él sana a una mujer moribunda al interior de una pequeña taberna, sus verdaderas intenciones quedan expuestas durante una fiesta en la que se revela que sus actos de generosidad están ligados a los beneficios que obtiene de ellos. Desde prácticamente el principio del relato, el protagonista es retratado como un personaje egocéntrico, motivado por una determinación y una ambición a toda prueba, que lo terminan situando en el corazón de la Casa Real Rusa. Por otro lado, Rasputín es un blasfemo, pero uno extremadamente carismático. Y es que no tiene ningún problema en reconocer que sus poderes le han sido concedidos por el mismísimo Diablo, al mismo tiempo que seduce a las personas que lo rodean con el objetivo de llevar a cabo sus siniestros planes.

En cuanto al aspecto interpretativo del film, Christopher Lee realiza un estupendo trabajo personificando al vulgar, violento, lascivo y ambicioso Rasputín. Cabe mencionar que Lee pasó mucho tiempo investigando su rol, llegando al punto de consultarle a una serie de expertos los efectos del envenenamiento por cianuro, para así interpretar de mejor forma la escena en la que Zargo tienta a Rasputín con unos chocolates envenenados. Por otro lado, el resto del elenco también realiza un buen trabajo, en especial Barbara Shelley, cuyo personaje no solo resulta ser de vital importancia para el desarrollo de la trama, sino que además representa la atracción que sienten ciertas mujeres por los personajes ruines, sucios, rudos y despreciables, por sobre aquellos hombres que se caracterizan por ser cultos, distinguidos y amables. En lo que se refiere al aspecto técnico de la producción, no solo resulta destacable el trabajo de fotografía de Michael Reed, sino que también la correcta banda sonora del compositor Don Banks, y el estupendo diseño de producción de Bernard Robinson, aún cuando ciertos escenarios denotan la falta de presupuesto con la que contó el film.

La mayoría de los problemas que presenta “Rasputin, the Mad Monk”, tienen estricta relación con el escaso presupuesto de la producción. El hecho de haber trabajado con sets reciclados, no solo le impidió a Don Sharp crear un mundo amplio y rico en matices, sino que además tampoco le permitió desarrollar el trasfondo político necesario para entender los alcances del relato. Y es que debido a que los eventos relatados en el film carecen de contexto, los intentos de Rasputín por obtener ciertas cuotas de poder resultan algo irrisorios. En lo que “Rasputin, the Mad Monk” definitivamente tiene éxito, es en la ilustración de las habilidades de manipulación que posee el colorido protagonista. Resulta evidente que Rasputín se aprovecha de las inseguridades y las vulnerabilidades de quienes lo rodean, con el objetivo de derribar a la clase dominante y así tomar el lugar que él cree que le corresponde. Con relación a esto último, Rasputín es la encarnación de uno de los temas recurrentes de las producciones de la Hammer: la lucha de la clase humilde por derrocar a la aristocracia que la oprime. Pese a sus falencias, “Rasputin, the Mad Monk” es un film por sobre todo entretenido, el cual presenta una serie de giros argumentales lo suficientemente interesantes como capturar la atención del espectador sin mayores problemas, razón por la cual se alza como una de las piezas de época más atractivas de la llamada Casa del Martillo.


por Fantomas.

5 comentarios:

Pliskeen (David Ribet) dijo...

Esta ni la conocía, aunque la verdad es que nunca me ha llamado especialmente la atención la figura de Rasputín. Quizás con la mezcla de terror se haga más interesante.

Saludos ;)

Igor Von Slaughterstein dijo...

Muy interesante la versión Hammer de la vida de Rasputin, pues además funciona como una típica película del estudio por si misma.

Saludos!!

Dr. Quatermass dijo...

Hasta los títulos más oscuros de Hammer tienen interés, tipo Capitán Kronos o los siete vampiros de oro. No he visto este Rasputín, pero si que es verdad que solo Lee ya es razón para ello.
Saludos!

Möbius el Crononauta dijo...

Desde los matices hammerianos que le deben haber dado a la historia de Rasputin deben ser bastante curiosos. Habrá que verla.

Saludos

Darkerr dijo...

Christopher Lee como Rasputin¡¡¡, eso por si sólo es digno de verse.

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