viernes, 3 de julio de 2009

Spellbound: Hitchcock, el psicoanálisis, y Dalí.

“Spellbound” (1945), es un thriller psicológico del director Alfred Hitchcock, el cual está protagonizado por Ingrid Bergman, Gregory Peck, Michael Chekhov y Leo G. Carroll.

A la clínica psiquiátrica de Green Manors llega el joven y prestigioso doctor Edwardes (Gregory Peck) para sustituir al veterano director. El recién llegado no tarda en ser mirado por los demás médicos con cierto recelo, ya que evidencia ciertos síntomas de amnesia y un gran complejo de culpabilidad. Edwardes cree ser culpable de un asesinato, pero no consigue recordar las circunstancias que rodearon al supuesto crimen, ni el lugar donde se cometió. La bella y fría doctora Constance Peterson (Ingrid Bergman), enamorada de él, tratará desesperadamente de demostrar su inocencia arriesgando su prestigio profesional e incluso su propia vida.

Tras haber terminado las filmaciones de “Lifeboat” (1943), Alfred Hitchcock volcó su atención a su próximo proyecto. Consciente del deseo de David O. Selznick de realizar un film que hablara de las posibilidades curativas de la psicoterapia, Hitchcock había estado buscando una novela que sirviera para cumplir este objetivo, y cuyos derechos pudiera adquirir sin complicaciones. La idea del director era evitar los tópicos que pudieran resultar controversiales, y por una vez ganarle a Selznick en su propio juego, adquiriendo la opción cinematográfica de una novela adaptable para luego revenderle los derechos al productor. La novela escogida por el director sería “The House of Dr. Edwardes”, la cual había sido escrita por John Leslie Palmer y Hilary Aidan St. George Saunders bajo el seudónimo de Francis Beeding, y cuyo contenido era un sorprendente relato de brujería, cultos satánicos, psicopatología, asesinato, y confusión de identidades, ambientado en un asilo suizo.

Selznick se mostró bastante receptivo a la idea de Hitchcock, principalmente por el hecho de que en aquel entonces, él se encontraba consultando a un psicoterapeuta. Aunque el productor no se comprometió del todo con el proyecto, si se mostró sumamente interesado en que la historia se enfocara en el psicoanálisis. Finalmente, Selznick decidió comprarle los derechos a Hitchcock, quién dicho sea de paso, en aquel entonces se encontraba en Londres, por lo que le encargó la producción de la cinta al guionista Ben Hecht. Poco tiempo después, Hitchcock y Hecht comenzaron a trabajar en la confección del guión, para lo cual visitaron el Asilo de Hartford en Connecticut, el cual sería su primera parada en su recorrido por diversos hospitales mentales, antes de parar en los pabellones psiquiátricos del Hospital Bellevue ubicado en Nueva York. La colaboración entre el director y el guionista resultó ser bastante fructífera, especialmente por la fascinación que ambos hombres compartían por los rincones más oscuros de la mente humana. Mientras que Hecht se preocupaba de ir hilvanando una trama coherente, Hitchcock aportaba giros argumentales que se apoyaban en aquellos hechos cotidianos que podían convertirse en pequeños traumas.

El guión final, que inicialmente tenía solo unos leves tintes románticos que posteriormente serían aumentados por Selznick, contenía una buena parte de las pesadillas y traumas del director, los cuales mantuvo escondidos bajo una avalancha de temerosa represión durante gran parte de su vida. Es por esto que las dos historias de culpabilidad que aparecen en el film, tienen estricta relación con los sentimientos de Hitchcock. Es así como tanto el hombre que piensa que es responsable de la muerte de su padre, como el personaje de Gregory Peck, son una suerte de reflejo de la figura del cineasta británico. Quien mejor explica la mezcla de resentimiento y culpabilidad que caracterizó la relación de Hitchcock con su padre, es el personaje interpretado por Ingrid Bergman; “La gente se cree a menudo culpable de algo que nunca hizo. Normalmente es algo que se remonta a su infancia. El niño desea a menudo que le ocurra algo terrible a alguien, y si realmente le ocurre algo a esa persona, el niño cree que él ha sido la causa. Y crece con un complejo de culpa sobre un pecado que ha sido solamente un mal sueño infantil”.

Algo similar sucede con las palabras que menciona el protagonista cuando sufre un ataque de pánico en medio de un procedimiento quirúrgico; “¡Abrid las cerraduras de las puertas! ¡No pueden mantener a la gente en celdas!”, grita desesperadamente el doctor Edwardes en dicha escena, reflejando el terror sentido por el director durante su infancia, cuando este fue encerrado en una celda de una prisión por su padre. Y es que la filmografía de Hitchcock bien puede ser vista como una suerte de ejercicio catártico, mediante el cual el director pudo expresar sus propias vivencias, sus tortuosas fantasías, y su incombustible sentimiento de culpabilidad. Cuando se considera esto, las palabras mencionadas por el mentor de Constance, el doctor Alexander Brulov (Michael Chejov), adquieren un mayor sentido; “Es muy triste amar y perder a alguien. Pero al cabo de un tiempo olvidarás. Volverás a tomar los hilos de tu vida allá donde los dejaste no hace mucho. Y trabajarás duro. Hay mucha felicidad en el trabajar duro. Quizá la mayor parte de la felicidad”.

En lo que al estudio del psicoanálisis se refiere, la secuencia más importante de la cinta es aquella que refleja el sueño recurrente del personaje de Gregory Peck. Para llevar a cabo dicha secuencia, Hitchcock y Hecht debieron persuadir a Selznick para que contratara a Salvador Dalí, quien realizó una serie de pinturas cuyas imágenes se convertirían en la representación del subconsciente del aproblemado protagonista. Aunque Selznick pensó que Hitchcock le pedía esto solo para obtener algo de publicidad extra, la verdad es que el director quería realizar secuencias oníricas que resultaran vívidas, lo que sería posible mediante la gran ejecución gráfica del pintor. Sin embargo, las ideas surrealistas de Dalí llegaron a extremos desmesurados, por lo que incluso Hitchcock debió dar su brazo a torcer ante las presiones de Selznick. La secuencia del sueño tal y como fue diseñada en un principio, resultaba demasiado larga e incomprensible, razón por la cual se redujo su duración de veinte minutos a tan solo dos. Cabe mencionar que la afamada secuencia sería dirigida por William Cameron Menzies, ya que Hitchcock se encontraba en Londres en ese momento. Sin embargo, su nombre no aparecería en los créditos para así no opacar al realizador británico.

En lo que al aspecto interpretativo de la cinta se refiere, la totalidad del elenco realiza un estupendo trabajo, destacándose la labor de la dupla protagónica, quienes exhiben una gran química durante todo el transcurso del film. Cabe mencionar que tanto Gregory Peck como Ingrid Bergman solo fueron contratados por Selznick, luego de que este no pudiera contar con los servicios de Joseph Cotten y Dorothy McGuire. La película obtendría seis nominaciones al Oscar, en las categorías de mejor actor secundario (Michael Chejov), mejor fotografía (George Barnes), mejores efectos especiales, mejor director, mejor película, y mejor banda sonora (Miklós Rózsa), obteniendo el galardón solo en esta última. El gran mérito del compositor consistió en la utilización de un instrumento musical electrónico conocido como theremin, cuyo peculiar sonido en este caso sería asociado a todo tipo de desórdenes psicológicos, lo que produjo un efecto pocas veces logrado en producciones de estas características.

Aún cuando la idea inicial de Hitchcock y Selznick era enfatizar los alcances del psicoanálisis, eventualmente el director terminó reduciendo toda la parafernalia psicológica a lo que él llamaba “MacGuffin”. En otras palabras, convirtió el tema del psicoanálisis en un elemento que ayuda al desarrollo de la trama, pero que no tiene mayor importancia para la trama en sí. De hecho, según el mismo Hitchcock: “Spellbound es otra historia de persecución envuelta en una trama que involucra un seudo-psicoanálisis”. Más allá de las declaraciones del director, es innegable que esta cinta viene a marcar uno de los puntos más altos de su carrera. Y es que además de la famosa e inolvidable secuencia onírica, el film cuenta con una serie de maravillosos efectos visuales, una trama interesante y coherente, sólidas actuaciones, un acercamiento más director al universo freudiano, y una atmosférica banda sonora. Todos estos elementos en conjunto no solo permitieron que la cinta fuese todo un éxito al momento de su estreno, sino que además terminaron situando a “Spellbound” como uno de los trabajos más brillantes del siempre complejo Alfred Hitchcock.


por Fantomas.

10 comentarios:

Pliskeen (David Ribet) dijo...

Mis recuerdos son muy vagos. Creo haberla visto hace muchos años, pero no entera.

La haré un revisionado.

Saludos ;)

Anónimo dijo...

Alberto Q.
www.lacoctelera.com/traslaspuertas

Soy un gran fan de Hitch...

Esta SPELLBOUND está considerada una obra menor pero a mí me gusta bastante y la he visto muchas veces. Genial la escena del sueño de Dalí, que citas.

Saludos!

Darkerr dijo...

Notable articulo, Fantomas, muy ilustrativo como siempre. Aprendo mucho sobre Hitchcock leyéndote. Saludos¡¡

DIALOGUISTA dijo...

Este post esta genial!!!!!!
Todo lo que vi del maestro del suspenso me gustó y supongo que esta peli que encima entrelaza el suspenso con el psicoanalisis me va a gustar aún más.
Y me encantó los detalles que contas sobre la infancia de Hitchcok!!!! ¿De donde sacaras tantos datos? ;-))...misterio...ja
A ver si la veo mañana mismo!!!! Y ya la estoy anotando en mis lista de pelis por ver del face.
Ahora, mientras te leia, pensaba, ¿y que habra dicho Dalí cuando vió su sueño de 20 minutos en una toma de dos minutos solamente? Claro esta que la forma de contar de ambos es muy diferentes, aunque de todas formas, es un lujazo tener a Dali en un relato de estilo clasico!!!
Saludos!!!

Michifus dijo...

Hitchcock, el más grande.

M

Claudia dijo...

Muy buena pelicula, a mi gusto una de las mejores.
Excelente reseña, interesante los datos de la vida de Hitchcock

babel dijo...

Aquí se llamó "Recuerda". A mí me gusta mucho, aunque a de Hitchcock no le hago ningún asco a nada, claro. Pero esta es de las que quedan.

Buena reseña, como casi siempre. Un saludo!

mge dijo...

Gracias por recordarme que me debo ver esta peli.

Ya mismo la estoy bajando.

Criss Cross dijo...

Si la he querido ver, principalmente por lo de Dalí. No sabia que fuera del psicoanalisis,

jeje todo tiene sentido.

Dialoguista dijo...

Vengo a contar que la vi!!! Y me encantó, justamente por el tema que trata, engarzado en una historia de suspenso, muy buena :D
Saludos Fantomas!!!

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