martes, 4 de agosto de 2009

Island of Terror: Peter Cushing y los peligros de la radioactividad.

“Island of Terror” (1966), es un film de horror y ciencia ficción del director Terence Fisher, el cual está protagonizado por Peter Cushing, Edward Judd, Carole Gray y Eddie Byrne.

La tranquila vida de los habitantes de una pequeña isla irlandesa se ve alterada cuando la policía encuentra el cuerpo mutilado de un hombre al que le faltan los huesos. Tras el macabro hallazgo, el Doctor Reginald Landers (Eddie Byrne) decide llamar a dos prestigiosos científicos ingleses; el Doctor Brian Stanley (Peter Cushing) y su colega David West (Edward Judd). A partir de ese momento, el trío de científicos intentará descubrir el misterio que se esconde tras los crímenes que están ocurriendo en la isla, antes de que el o los responsables acaben con la vida de todos sus habitantes.

Tras el rotundo fracaso comercial de “The Phantom of the Opera” (1962), el director Terence Fisher decidió probar suerte fuera de las dependencias de la productora británica Hammer Films, lo que de cierta forma le permitía alejarse por un momento de los films de horror gótico que tanto éxito le habían traído. Fue así como durante un breve periodo de tiempo, el director estableció una sociedad comercial con la productora Planet Film Productions, la cual había sido fundada por el productor Tom Blakey, junto con la cual realizaría dos cintas enmarcadas dentro del género de la ciencia ficción; “Island of Terror” y “Night of the Big Heat” (1967). Con respecto a la primera, el proyecto se generó cuando el productor Richard Gordon recibió una historia escrita por Gerry Fernback titulada “The Night the Silicates Came”. A los ojos de Gordon, el escrito de Fernback era por lejos uno de los mejores relatos de ciencia ficción que había leído en el último tiempo, por lo que rápidamente recurrió a Tom Blakey para llevar a cabo su adaptación cinematográfica. Una vez que Edward Mann y Al Ramsen convirtieron la historia de Fernback en un guión, Blakey convenció a Peter Cushing para que se uniera a la producción. Al poco tiempo después, Fisher y su equipo de filmación se trasladaron a una pequeña localidad rural inglesa para rodar una cinta que estaba claramente inspirada en los grandes clásicos de la ciencia ficción que fueron realizados durante la década del cincuenta en los Estados Unidos.

La historia de “Island of Terror” se desarrolla en una pequeña isla irlandesa, en la cual un grupo de científicos encabezados por el Doctor Philips (Peter Forbes Robertson) se encuentra trabajando en una cura para el cáncer. Aunque en un principio los experimentos realizador por el Doctor Philips y sus colaboradores parecen inocuos, el descubrimiento de un cadáver el cual carece de esqueleto, pone en alerta a los habitantes de la isla. Luego del macabro descubrimiento y la posterior llegada de una dupla de científicos conformada por el Dr. Brian Stanley y su colega David West, rápidamente se desata una histeria colectiva en la hasta entonces tranquila localidad isleña. La situación empeora considerablemente cuando Stanley y compañía descubren que los responsables de los misteriosos y brutales asesinatos que están sucediendo en la isla, son unas criaturas bautizadas como silicatos, los cuales no son otra cosa más que el producto del uso indiscriminado de radiación por parte de la silente comunidad de científicos que se encontraba recluida en el lugar realizando sus experimentos sobre el cáncer. Inmersos en una carrera contra el tiempo, Stanley, West y el resto de los habitantes de la isla, deberán descubrir la forma de detener a los en apariencia indestructibles silicatos, antes de que estos extiendan su reinado de terror por todo el planeta.

En esencia, “Island of Terror” pertenece a un subgénero del cine de terror ampliamente explotado por la industria cinematográfica británica, cuyas historias transcurren en pequeñas comunidades aisladas del resto del mundo. En la mayoría de estos films, un agente externo se encarga de amenazar a una determinada comunidad, la cual eventualmente es rescatada por las fuerzas de la modernidad que viajan desde el continente para resolver el problema en cuestión. En ese sentido, el film de Fisher es quizás uno de los que veneran más explícitamente a los expertos llamados a hacer el papel de héroes en este tipo de producciones. Lo que es aún más importante, es que Fisher prefiere evitar cualquier tipo de juicio moral con respecto a las acciones de los científicos responsables de la creación de los silicatos, basándose en la idea de que para lograr la meta que estaban intentando conseguir, es inevitable que existan ciertos daños colaterales. Otro motivo por el cual el film parece condonar las acciones de los científicos, tiene relación con las profesiones de la dupla protagónica; mientras que el Dr. Brian Stanley es un afamado patólogo que suele dar conferencias en una de las mejores universidades de Londres, el Dr. David West es un reconocido ortopedista que exhibe un gran respeto hacia la investigación científica.

La dupla de científicos es acompañada por una hermosa mujer llamada Toni Morrill (Carole Gray), cuya única función es actuar como la damisela en peligro de la historia. La inclusión de este personaje no es el único problema que presenta un guión plagado de elementos algo absurdos, que atentan contra la seriedad que Fisher intentó imprimirle a la cinta. Mientras que por una parte resulta curioso que a horas de su llegada a la isla, tanto Stanley como West asuman un control total sobre los habitantes del lugar, tampoco deja de llamar la atención el hecho de que luego de pasar varias horas al interior de un pub buscando la forma de eliminar a los silicatos, la dupla de científicos llegue a la conclusión de que la mejor forma de combatir a las criaturas es utilizando bencina y dinamita. Por otro lado, sin lugar a dudas el gran protagonista del film es el personaje interpretado por Peter Cushing. Desde su llegada a la isla, el Dr. Stanley se muestra como un hombre dispuesto a sacrificarse con tal de salvar a la humanidad. Es tal su arrojo, que no solo se expone a una gran cantidad de isótopos radioactivos que se encuentran almacenados en el laboratorio secreto de los científicos que residían en la isla, con la intención de descubrir la naturaleza de sus experimentos, sino que además pone en riesgo su integridad física durante un ataque de los silicatos, con el solo fin de descubrir si las criaturas son en verdad radioactivas. A raíz de todo esto, el Dr. Stanley se alza como el único héroe presente en la filmografía de Fisher que sufre un daño físico importante en su lucha contra las fuerzas del mal.

En el ámbito de las actuaciones, Peter Cushing le otorga una cierta cuota de solemnidad a su personaje, aún cuando algunas de sus decisiones no resultan ser demasiado brillantes. Edward Judd por su parte, realiza un trabajo relativamente correcto, el cual se ve opacado por el hecho de que el guión intenta establecer de manera bastante torpe que el Dr. West es un mujeriego empedernido. En cuanto al aspecto técnico de la producción, esta cuenta con el irregular trabajo de fotografía de Reginald H. Wyer, la sorprendentemente atmosférica banda sonora del compositor Malcolm Lockyer, y los humildes pero efectivos efectos especiales de Michael Albrechtsen. En relación a esto último, los silicatos se caracterizan por presentar una apariencia similar al caparazón de una tortuga, del cual surgen dos largos tentáculos cuya función es extraer todo la estructura ósea de sus víctimas. Lo que resulta aún más curioso que su peculiar apariencia, es que pese a moverse con una lentitud abismante, los silicatos se presentan como figuras amenazantes capaces de acabar sin problemas con la vida de todos los habitantes de la isla.

Mientras que el director Terence Fisher demostró una gran cantidad de entusiasmo y habilidad a la hora de rodar las producciones de horror gótico que realizó para la Hammer, su acercamiento a cintas poseedoras de historias de carácter más contemporáneo no resultó ser igual de memorable. En el caso puntual de “Island of Terror”, Fisher abusa de la utilización de los silicatos, renunciando por completo a construir una atmósfera de misterio en torno a ellos, razón por la cual cada vez que estos aparecen en pantalla pierden un poco de su efectividad inicial. Sin embargo, es necesario reconocer que pese a esto, el director logra superar la gran mayoría de los giros narrativos absurdos que presenta el guión, mediante la utilización de un ritmo narrativo dinámico que no le da tiempo al espectador de pensar en los errores científicos y temáticos que presenta el film. Es precisamente gracias al trabajo de Fisher y a la participación destacada de Peter Cushing, que “Island of Terror” hoy en día es vista como una película sumamente entretenida, que es recordada como la prueba más tangible que Terence Fisher era un director versátil que incluso era capaz de sacar adelante producciones cuyo guión dejaba bastante que desear.




por Fantomas.

7 comentarios:

Pliskeen (David Ribet) dijo...

No la conocía,pero parece una monster-movie simpática. Además, Cushing y Fisher suelen ser garantía.

Saludos ;)

Crowley (www.tengobocaynopuedogritar.blogspot.com) dijo...

Es que Fisher es muy difícil que haga una película mala o aburrida. Es un genio detrás de las cámaras que es sinónimo de garantías y resultados. La desconocía pero me ha picado la curiosidad.
Saludos

Lucifer, Becario del Mal dijo...

Muy interesante, estos monstruitos a lo Quatermass me pirran, sean vegetales, animales o en este caso pedruscos irritables. Pero es que practicamente todo lo de la Hammer es de mérito y disfrute.

videodromo dijo...

Bueno, no sabe usted lo que es ver este fiilm en un maratón de cine fantástico y de terror, en un gran cine que había en Madrid, qeu conserva el nombre pero no su estructura interna, porque ahora es multisalas, es el cine IDEAL, en pleno mes de agosto, a las cinco de la madrugada, ver los silicatos fue apoteósico, la peña absolutamtne pasada de vueltas, lo que pudimso reirnos, pero en líneas generales estoy de acuerdo con usted, es un guión correcto, donde el gran gancho es el propio Peter Cushing, brazo derecho de terence Fisher, por cierto del qeu este verano en la semana de cine fantastico en el cine de verano hemso podido ver otra de sus joyes "las novias de drácula" qué gran film

Sam_Loomis dijo...

Como siempre, escogiendo títulos muy llamativos para reseñar, Fantomas. Tienes razón, la presencia de Peter Cushing siempre es atrayente a un filme, y en particular éste no lo conocía, tampoco de la que llamas "trilogía alinígena". Suenan interesantes.

Saludos

Quimerico Inquilino dijo...

Uno de los pocos films del Tándem Fisher-Cushing que me quedan por ver. La tengo ahí, apartadita, hasta encontrar el momento ideal.

Gracias por la estupenda reseña.

Dr. Quatermass dijo...

Me la apunto, esto promete ser lo más. Me encanta la sci-fi británica, con ese toque tan diferente de lo que se hacía en USA.

Y algún dia se le reconoceran las virtudes al gran Terence Fisher mas allá de haber realizado el mejor Drácula de la historia.

Saludos!

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