viernes, 23 de octubre de 2009

Häxan: Las brujas y el Diablo en la Edad Media.

“Häxan” (1922), es un film mudo de terror del director Benjamin Christensen, el cual está protagonizado por el mismo Christensen, Clara Pontoppidan y Oscar Stribolt.

Una visión histórica de la brujería, la magia negra y el ocultismo, a través de una serie de recreaciones y pinturas las cuales en su mayoría se centran en las culturas paganas reinantes durante la convulsionada Edad Media.
Después de encontrar una copia del libro Malleus Maleficarum en una librería de Berlín, el cual dicho sea de paso probablemente es el tratado más importante que existe sobre la persecución de las brujas llevada a cabo durante la época del Renacimiento, el cineasta Benjamin Christensen pasó dos años estudiando manuales, ilustraciones y tratados acerca de la brujería y la cacería de brujas. Su intención era crear una cinta completamente original inspirada en la brujería, y no una adaptación de los textos que había estado leyendo en el último tiempo. Con respecto a esto, Christensen declararía: “Estoy en contra de las adaptaciones… Estoy buscando la forma de crear films originales”. Eventualmente el director obtendría financiamiento de la industria cinematográfica sueca, la cual además le aseguraba una completa libertad creativa. Con el dinero obtenido, Christensen compró y remodeló el estudio cinematográfico Astra, el cual estaba ubicado en Dinamarca. Una vez instalado, las filmaciones comenzaron en Febrero del año 1921, y se extendieron hasta Octubre de ese mismo año. A eso se le sumó el proceso de post-producción, el cual tomó otro año, por lo que recién a fines de 1922 el film pudo ser estrenado. Cabe mencionar que el costo total de la producción fue de aproximadamente 2 millones de coronas suecas, razón por la cual “Häxan” ostenta el título del film mudo escandinavo más costoso de la historia.

“Häxan” está compuesta por siete capítulos, a través de los cuales Christensen procede a revisar la historia de la brujería en Europa, centrándose puntualmente en el periodo de la Edad Media. Hace cientos de años, existía una fuerte creencia en el Diablo y en su influencia en la sociedad, lo que quedó plasmado en distintas formas de arte. Durante el periodo que duró la reprochable inquisición, la población europea estaba fuertemente comprometida con el cristianismo, y rehuía a cualquier hallazgo científico que atentara contra sus creencias. Lamentablemente, la fe en Dios en vez de impedir que decenas de ridículas supersticiones inundaran la mente de la sociedad de la época, alimentó la creencia de que el Diablo había enviado a parte de sus lacayos a la Tierra para controlar el destino del hombre. Será precisamente durante el primer capítulo del film, que Christensen intenta explicarle al espectador mediante una serie de ilustraciones, la visión que en aquel entonces la sociedad tenía del infierno, el cual se creía que estaba habitado por miles de demonios encargados de atormentar a las pobres almas que habían sido destinadas al fuego eterno, ya sea sumergiéndolas en ardientes calderos o dejándolas a merced de hambrientos dragones.


A partir del segundo capítulo, el film utiliza una serie de coloridas dramatizaciones para centrarse en el tema de la brujería. Es así como Christensen procede a retratar la cotidianidad de las brujas, como estás se reunían a escondidas para evitar ser torturadas y quemadas en la hoguera, y como es que preparaban sus pociones y sus encantos. Eventualmente en la historia aparece el Diablo (Benjamin Christensen) luciendo una de sus representaciones más genéricas, seduciendo a hermosas doncellas a través de sus sueños. A partir de ese momento, la audacia del director experimenta una franca escalada, por lo que no resulta extraña la presencia de imágenes que en ese entonces resultaron ser claramente controversiales. Por ejemplo, es posible ver a un grupo de monjas corriendo descontroladamente de un lado para otro por la supuesta presencia del Diablo, a una serie de brujas besándole el trasero a Príncipe de la Tinieblas, y ciertas conductas lascivas de las supuestas hechiceras, entre otras cosas. A diferencia de otras producciones de corte similar en las cuales existe una clara división entre los agentes del bien y el mal, en “Häxan” la línea divisoria entre religiosos y herejes resulta ser algo difusa, por lo que por momentos las brujas son presentadas como víctimas y los agentes de la ley como victimarios.

Una vez que el enigmático mundo de la brujería es presentado, Christensen se mete de lleno en los pantanosos terrenos de la inquisición. De esta forma, el director no solo relata con lujo de detalles las horrendas torturas a las que eran sometidas las mujeres acusadas de practicar la brujería, sino que además repasa toda la secuencia de acontecimientos que van desde que una mujer era encarcelada por sus conductas herejes, hasta que finalmente era sentenciada a la hoguera. Es dentro de este contexto que Christensen establece que la paranoia reinante en aquel entonces, determinó que incluso una mujer que presentara un aspecto envejecido y taciturno, fuese candidata para ser sentenciada a la hoguera, aun cuando su conducta anterior hubiese sido totalmente irreprochable. Al mismo tiempo, el director explica cómo fue que esta verdadera barbarie se extendió con tanta facilidad por los países cristianos europeos. Sin embargo, es necesario mencionar que no todo tiene un cariz documental. Una vez que establece el contexto histórico, religioso y social en el que se desarrolla el film, Christensen aprovecha de insertar algunas cuotas de ficción, dentro de las cuales se encuentra la historia de una anciana que ha sido acusada injustamente, y que tras ser torturada brutalmente por los inquisidores, decide vengarse de la familia que la incriminó.


Como se menciona anteriormente, durante el transcurso del film resulta evidente de que las conductas de los inquisidores y de los integrantes de la Iglesia Católica, no están demasiado alejadas de las conductas que suelen tener los herejes que persiguen con tanto recelo. Por ejemplo, entre las escenas de tortura se puede apreciar como los hombres encargados de dictar las sentencias, parecen sentir un cierto grado de placer con el sufrimiento de las mujeres señaladas como brujas. Por otro lado, en un determinado momento del film, un monje le implora a uno de sus compañeros que lo azote con un látigo, para así poder acallar los lujuriosos pensamientos provocados por la visita de una atractiva joven al monasterio donde reside. Este evento es uno de los tantos ejemplos que presenta la producción, cuyo objetivo es demostrar que los miembros de las órdenes religiosas son igualmente proclives a caer en las garras de determinadas fuerzas demoniacas como los campesinos ignorantes. Esto queda totalmente explicitado en la secuencia en la cual supuestamente el Diablo se infiltra en un convento, para luego hechizar a una de las monjas, la cual terminará cometiendo una serie de actos sacrílegos antes de contagiar al resto de las religiosas del convento, las cuales no pueden evitar perder por completo su frágil cordura.

En el último capítulo del film, Christensen traza algunos paralelos entre la brujería y ciertos trastornos psicológicos modernos. Según el director, trastornos tales como el sonambulismo, la cleptomanía y la piromanía, probablemente fueron interpretados como signos de posesión demoniaca en la Edad Media. Si bien las ideas que plantea el director en el último segmento de la cinta son interesantes, en cierta forma rompen por completo la mística creada por los capítulos anteriores. El gran mérito de “Hâxan” es que fusiona hechos históricos, ficción, realidad objetiva, alucinaciones y obras de arte, y conforma un interesante discurso en primera persona que no es más que la propia interpretación del director del concepto de la brujería. En cuanto al aspecto técnico de la producción, esta cuenta con el espectacular diseño de producción de Richard Louw, y el espléndido trabajo de fotografía de Johan Ankerstjerne, quien en gran medida es responsable de la atmósfera onírica que caracteriza al film. Aunque suele ser considerado como un documental, debido a su tono juguetón y a su discurso más bien subjetivo, “Häxan” funciona mejor como una cinta de terror. La que hoy es recordada como una de las cintas más extravagantes del cine mudo, funciona como un estudio superficial de la brujería, y como un discurso acerca de la discriminación y el temor a lo desconocido, actitudes que a menudo sacan a relucir lo peor del ser humano.




7 comentarios:

Cinemagnificus dijo...

Conho, no la he visto. Interesantisima. No la conocia. La voy a buscar.

Don_fofo - Cinediondo dijo...

Te las mandaste loco, a pesar de tenerla hace varios años, hasta ahora no había encontrado mucha informaciónen español sobre esta película y su autor.

Gracias por el baño de cultura.

Saludos

Fantomas dijo...

- Cinemagnificus: Espero que puedas verla y me comentes que te pareció.

- Don fofo: Me alegro que te haya gustado la reseña, a fin de cuentas esa es la idea del blog; que les resulte entretenido a quienes lo visitan.

Gracias por los comentarios,
Saludos.

Möbius el Crononauta dijo...

Realmente curiosa, a ver si podemos hacernos con ella.

Saludos

Darkerr dijo...

Pude ver alguna vez una emisión via el canal Retro, aunque incompleta. Me gustaría verla nuevamente, pues me sorprendió la gran atmosfera malefica y sus imágenes muy logradas de todas las referencias hechas, digo, me resultó sorprendente para su época.

Laurem dijo...

Siempre me llamo la atencion saber como se llamaba esta película desde que vi algunas escenas en un documental que vi hace muchos años en People and arts, espero poder conseguir la película en internet, pues se ve interesante.

Anónimo dijo...

HÄXAN es una puta oba maestra del
7º arte, y ha sido descaradamente plagiada por Charles Laughton: La Noche del Cazador, Pier Paolo Pasolini: Los Cuentos de Canterbury y Stanley Kubrick: El Resplandor.

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