viernes, 9 de octubre de 2009

The Mephisto Waltz: Tu alma pronto será mía.

“The Mephisto Waltz” (1971), es una cinta de terror del director Paul Wendkos, la cual está protagonizada por Alan Alda, Jacqueline Bisset, Barbara Parkins y Curd Jürgens.

Cuando Myles Clarkson (Alan Alda), un músico convertido en periodista, entrevista a un solitario y excéntrico pianista llamado Duncan Ely (Curd Jürgens), sin saberlo se involucra junto a su esposa Paula (Jacqueline Bisset) en el corazón de una secta diabólica que quiere utilizarlo para extender la vida del moribundo pianista.


Luego de haber visto el modesto telefilme de horror “Fear No Evil” (1969), del director Paul Wendkos, el productor Quinn Martin comenzó a trabajar en un proyecto de corte similar el cual sería distribuido por los estudios 20th Century Fox. Para asegurarse que el proyecto tuviera éxito, el productor contrató al mismísimo Wendkos, quien ya había demostrado tener un claro manejo a la hora de abordar historias de horror. Lamentablemente para Wendkos, rodar el extenso guión escrito por Ben Maddow, el cual era una adaptación de la novela “The Mephisto Waltz”, del escritor Fred Mustard Steward, no resultaría ser una tarea sencilla. En su opinión, el guión presentaba temas demasiado complejos, como por ejemplo el referente a la transferencia de almas, los cuales de no ser tratados de manera correcta fácilmente podían convertir a la producción en una suerte de parodia. Con respecto a esto, Wendkos declararía en una ocasión: “Cuando tú estás tratando temas como la transferencia de almas, resulta difícil plasmar en la pantalla ese tipo de material extrasensorial. La verdad es que no existe forma de entender a cabalidad ese tema. Es por esta razón que nosotros utilizamos una serie de dispositivos estéticos cuyo objetivo era facilitar que la audiencia entrara de lleno al terreno de lo paranormal”.

Aunque en un principio la producción iba a contar con un gran presupuesto, como el mandamás de los estudios 20th Century Fox, Darryl F. Zanuck, estaba a punto de ser despedido, Wendkos y compañía tuvieron que trabajar con un presupuesto considerablemente menor al propuesto inicialmente. Para ese entonces, Wendkos ya había contratado al actor Alan Alda para interpretar a un periodista que alberga el deseo de convertirse en un gran pianista, y a Jacqueline Bisset para interpretar a la sufrida esposa del protagonista. Wendkos sabía que era un riesgo contratar a Bisset, debido a que su personaje se llevaba gran parte del peso dramático de la historia, y ella era una actriz inexperimentada que jamás se había enfrentado a un reto de este tipo. Alan Alda por otro lado, era un actor formado en el teatro, el cual a diferencia de su coestrella gozaba de cierta reputación en el circuito cinematográfico. Además de tener algunos problemas con Bisset en determinadas escenas, Alda tuvo que entrenar algunas secciones de las melodías que su personaje interpreta en el piano, para así crear la ilusión de que es él quien realmente toca el instrumento. Fue tal su profesionalismo, que Alda logró adquirir la habilidad suficiente como para tocar el piano en las escenas que requerían que el protagonista ejecutara determinadas piezas musicales. Por otro lado, fiel a su estilo, Zanuck terminó imponiéndole al director la elección de varios de los miembros del elenco, los cuales en su mayoría eran amigos del cada vez menos influyente ejecutivo, lo que por supuesto molestó bastante a Wendkos a quien no le quedó más opción que obedecer a Zanuck.

Si por algo es recordada “The Mephisto Waltz”, es por la gran cantidad de imágenes potencialmente controversiales que contiene. Y es que Wendkos no solo incluye un extraño funeral repleto de adoradores del Diablo, sino que además la cinta está plagada de escenas de carácter surrealista, contiene una escena en la que un perro ataca sexualmente al personaje de Bisset, y los protagonistas eventualmente se ven inmersos en una extravagante fiesta de año nuevo en la casa de Duncan Ely. Es precisamente la secuencia de la fiesta la que hoy en día es recordada como una de las más controversiales del film, ya que retrata sin tapujos conductas claramente incestuosas, contiene grandes dosis de desnudez, y presenta un alto contenido erótico, todo lo cual es acompañado por la psicodélica música que estaba tan de moda en aquella época. Es necesario mencionar que dicha escena, que tenía por objetivo reflejar la absoluta decadencia del peculiar grupo de satanistas liderado por Ely, curiosamente no sufrió ninguna objeción por parte de los organismos censores de aquel entonces. De todas maneras, Wendkos había rodado una secuencia bastante menos controversial, anticipándose a la posible reacción de los siempre rigurosos organismos de censura norteamericanos.

Otra de las escenas más recordadas del film, es aquella que se centra en una misa negra celebrada por el personaje de Bisset. Cabe mencionar que la actriz no se encontraba precisamente entusiasmada con el rodaje de dicha escena. Con respecto a esto, Wendkos declararía en una ocasión: “Cuando Jackie Bisset tuvo que invocar al Diablo, ella estaba realmente asustada. Todos los actores que habían sido educados con una formación católica, estaban bastante asustados con la idea de realizar un misa negra”. Fue tal el trauma que sufrió la actriz con la mentada secuencia, que eventualmente comenzó a tener pesadillas que guardaban estricta relación con los sucesos relatados en el film, lo que paradojalmente le ayudó a imprimirle un mayor grado de credibilidad a su personaje. Igualmente traumatizante resultó ser la escena en la cual el aterrador perro de Duncan intenta atacar a Paula. Dicha escena, la cual tenía por objetivo representar el deseo del Diablo de poseer el cuerpo del personaje interpretado por Bisset, de inmediato siembra algunos paralelos entre el film de Wendkos y la clásica cinta de Roman Polanski, “Rosemary´s Baby” (1968), en la cual la mujer de un ambicioso actor termina siendo utilizada por una siniestra secta como el recipiente del engendro del Diablo.

Probablemente el mayor problema del film es la simpleza con la que se trata todo el tema del intercambio de almas. Según la mitología creada por Fred Mustard Steward en su novela, solo basta con aplicar un misterioso líquido en la frente de la persona que se desea utilizar como recipiente de una determinada alma para que se cumpla el objetivo. Lamentablemente, todo el asunto resulta demasiado ridículo como para gozar de un grado de credibilidad aceptable. Es a raíz de esto en que “The Mephisto Waltz” las imágenes priman más que la propia historia, la cual en gran medida se centra en la relación enfermiza que se establece entre la dupla protagónica y la familia Duncan. Y es que debido a la insatisfacción que siente Paula con su matrimonio, en ningún momento cuestiona el brusco cambio de personalidad de su marido. De hecho, resulta evidente que gran parte de los personajes están obsesionados en algún grado con la figura de Duncan Ely y con todo aquello que lo rodea; mientras que Roxane Duncan (Barbara Parkins) claramente sufre el complejo de Elektra, Paula se ve atraída por la personalidad avasalladora del eximio pianista, y finalmente Myles se ve enceguecido por la fama y la fortuna del personaje interpretado por Curd Jürgens. Lo que resulta curioso es que al mismo tiempo que sucede todo esto, todos los personajes de la historia se muestran interesados en poseer el cuerpo de Myles, convirtiendo al personaje en un simple objeto de deseo.

En cuanto a las actuaciones, la verdad es que el elenco en general realiza una labor bastante irregular, donde quien más se destaca es Curd Jürgens como el siniestro Duncan Ely. Alan Alda por su parte, pese a ser un actor experimentado y metódico, realiza una labor realmente mediocre que no permite que su personaje resulte del todo convincente. En relación al aspecto técnico de la producción, esta cuenta con el interesantísimo trabajo de fotografía de William W. Spencer, quien dota al film de una atmósfera claramente onírica, y con la inquietante banda sonora del compositor Jerry Goldsmith, la cual lamentablemente es interrumpida en múltiples ocasiones por la abrupta utilización de música de corte psicodélico. Aún cuando no está exenta de errores, “The Mephisto Waltz” es una cinta bien realizada que presenta un ritmo narrativo dinámico, interesantes giros de tuerca, y un par de momentos realmente escalofriantes, razón por la cual hoy en día el film de Wendkos es considerado como una pequeña gema del cine de terror setentero, centrado en la siempre atrayente figura del Diablo.




por Fantomas.

3 comentarios:

Möbius el Crononauta dijo...

No sabía nada de esta cinta, y por lo que dices tiene muy buena pinta. La apunto a mi larga lista de pendientes.

Saludos

Sam_Loomis dijo...

Yo tampoco la conocía, como muchas de las que mencionas aquí, pero suena como un producto interesante, tal vez algún día le de una oportunidad.

Saludos

Darkerr dijo...

Anotada para un futuro vistazo.

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