miércoles, 18 de noviembre de 2009

Lady in a Cage: Cuando tu casa se convierte en una prisión.

“Lady in a Cage” (1964), es un thriller del director Walter Grauman, el cual está protagonizado por Olivia de Havilland, James Caan y Jeff Corey.

Sola en su residencia, pasando un acalorado fin de semana de vacaciones, una viuda (Oliva de Havilland) queda accidentalmente atrapada en el elevador de su casa por una falla de energía. Incapaz de escapar, su situación empeora cuando la alarma de emergencia atrae a un enjambre de peligrosos intrusos, entre los que se encuentran un alcohólico (Jeff Corey) y su borracha amiga prostituta (Ann Southern), y un trío de jóvenes delincuentes (James Caan, Rafael Campos, Jennifer Billingsley) quienes emprenden una orgía de vandalismo gratuito y sádica brutalidad que culmina en asesinato.


En la década del sesenta, el estreno de “What Ever Happened to Baby Jane?” (1962) propició que muchas de las divas olvidadas de Hollywood, como por ejemplo Bette Davis y Joan Crawford, entre otras, pudieran relanzar sus carreras participando en cintas de temáticas siniestras, las cuales estaban plagadas de interpretaciones guiñolescas. En dichas producciones, la soledad, la decadencia y las preocupaciones de la Norteamérica de la época, eran retratadas en una radiografía radical y pesimista. Al mismo tiempo, la incomunicación, la locura y el olvido, eran características propias de los personajes que convivían en esta realidad dominada por el terror más puro. En el caso particular de Olivia De Havilland, actriz que brilló en toda su gloria durante la década del cuarenta, luego de reemplazar a Joan Crawford en el film “Hush… Hush, Sweet Charlotte” (1964), protagonizaría “Lady in a Cage”, un angustiante thriller cuyo tema central es el salvajismo inherente del ser humano, el cual sería explorado ampliamente por diversos cineastas durante la década del setenta.

“Lady in a Cage” comienza en medio de las celebraciones del cuatro de julio. Debido al ambiente festivo, a nadie le importan las horribles noticias que están siendo transmitidas por la radio, ni mucho menos los problemas del ciudadano promedio. Al interior de la residencia Hilyard, la acaudalada viuda Cornelia Hilyard se muestra tan indiferente como el resto de las personas. Probablemente su mayor preocupación es su hijo Malcolm (William Swan), quien está por salir de vacaciones durante el fin de semana largo. El trato existente entre ellos, rápidamente refleja la relación edípica que domina a los miembros de la familia Hilyard. “¿Me dejaste una de tus pequeñas notas de amor como siempre lo haces?”, le pregunta Cornelia a su hijo antes de que este abandone la casa, sin imaginarse la triste la realidad que la espera. Y es que la verdad su hijo si le ha dejado una nota; a sus treinta años, Malcolm ha decidido cortar el cordón umbilical que lo une a su madre mediante una reveladora carta, cuyo contenido solo será revelado en el tramo final del film, y que en gran medida significará el golpe de gracia para la sufrida protagonista.

Como si se tratara de una siniestra coincidencia, la partida de su hijo desatará un efecto dominó cuyo resultado será el encarcelamiento involuntario de Cornelia Hilyard en el ascensor que ha instalado en su domicilio. A la desesperación y la claustrofobia experimentada por la situación, se suma el dolor provocado por una reciente fractura de cadera, lo que dificulta el escape de la viuda de su improvisada celda. Y es que ella es consciente de que nadie visitará la casa durante un par de días, razón por la cual sus niveles de angustia comenzarán a elevarse en una rápida escalada. Su situación empeora de manera drástica cuando a la casa llega un alcohólico con serios problemas psiquiátricos, una prostituta codiciosa y tres jóvenes extremadamente violentos, los cuales deciden matar el tiempo atormentando a la indefensa viuda. Desde ese momento, la realidad de la alguna vez tranquila señora Hilyard se transforma en un verdadero infierno, del cual podría no tener escapatoria.

Cabe mencionar que durante el transcurso de la cinta, los niveles de violencia no hacen más que aumentar. Y es que los jóvenes encabezados por Randall Simpson (James Caan) no solo se contentan con torturar psicológicamente a la cada vez más descontrolada señora Hilyard, sino que además se dedican a destruir la casa y a golpear al alcohólico y a su amiga. Los diversos arranques de violencia protagonizados por los salvajes jóvenes, y el curioso discurso que estos esgrimen en repetidas ocasiones, no hacen más que plantear la siguiente interrogante: ¿ellos son monstruos o víctimas de una sociedad que ha decidido voluntariamente olvidarlos durante toda su vida? Al mismo tiempo, el espectador se ve impulsado a cuestionar ciertas actitudes de la protagonista; ¿ella es una víctima o en verdad es un monstruo que motivado por su egoísmo ha destruido la vida de su hijo? Básicamente, la historia refleja la decadencia presente en una sociedad donde reina el individualismo, el egoísmo, la incomunicación y el exitismo, lo que inevitablemente provoca que aflore la peor cara del ser humano y se destruyan los preceptos de moralidad existentes.

Olivia de Havilland realiza un estupendo trabajo interpretando a una mujer quien ve con impotencia como su vida se destruye por completo. Aunque por momentos no puede evitar caer en la sobreactuación, la verdad es que la actriz logra proyectar la angustia que siente su personaje durante prácticamente todo el transcurso del film. Ann Southern y Jeff Corey por su parte, interpretan de buena manera a una prostituta en extremo egoísta, y a un borracho con un retorcido sentido de la moralidad respectivamente. Por último, en su debut cinematográfico, James Caan interpreta de manera correcta al gran villano de la historia, el cual lamentablemente resulta ser demasiado unidimensional como para convertirse en un personaje memorable. En lo que se refiere al aspecto técnico de la producción, resulta destacable el magnífico trabajo de fotografía de Lee Garmes, y la jazzística banda sonora de Paul Glass, quienes en conjunto logran construir la atmósfera opresiva y claustrofóbica que domina al relato.

“Lady in a Cage” está repleta de momentos que bordean el surrealismo. Y es que el guión escrito por el guionista Luther Davis no hace más que graficar la eterna lucha entre el orden existente en la sociedad y el caos que busca destruirla, todo de manera bastante peculiar. Al mismo tiempo, la película retrata de buena manera el lado salvaje del ser humano, aquel que aflora en ausencia de normas que regulen su comportamiento. Incluso para los estándares actuales, “Lady in a Cage” se presenta como una cinta impactante, la cual ha soportado de buena manera el paso del tiempo. A las altas dosis de violencia psicológica que presenta la trama, se suman un par de escenas gore las cuales son insertadas durante el clímax del relato, por lo que no resulta extraño que en su momento el film fuese prohibido en Inglaterra. En definitiva, “Lady in a Cage” podría ser considerada como una obra adelantada a su época, cuya mayor virtud es mantener al espectador al borde de su asiento durante todo el transcurso de esta curiosa historia.

* Advertencia: El Trailer presenta algunos spoilers.


por Fantomas.

4 comentarios:

Pliskeen (David Ribet) dijo...

No la conocía, pero ese argumento pinta muy bien, así que me pondré a buscarla.

Saludos ;)

Möbius el Crononauta dijo...

Ahí le veo, rescatando esos clásicos oscuros de culto. No la he visto, y apuntada queda, pinta muy bien.

Saludos

francisco Acuña dijo...

yo tampocola conosia...pero me antojaste con tu reseña
un dia se estos me la descargo a ver que tal

saludos.

Fantomas dijo...

- Pliskeen, Möbius, Francisco: Espero que puedan ver esta película. Les aseguro que resulta ser bastante entretenida.

Gracias por sus comentarios,
Saludos!

Pd: llegó fin de año y las exigencias académicas me están consumiendo todo el tiempo que tengo, por lo que no puedo responder los comentarios tan rápido como quisiera. De antemano gracias por la paciencia.

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