jueves, 29 de enero de 2009

Dr. Phibes Rises Again: Phibes Aterroriza Egipto.

“Dr. Phibes Rises Again” (1972), es un film de terror del director Robert Fuest, el cual está protagonizado por Vincent Price y Robert Quarry.

Tras una década de letargo, el infame Doctor Phibes (Vincent Price) se despierta para dirigirse a Egipto junto a su ayudante muda Vulnavia (Valli Kemp), con la intención de resucitar a su difunta esposa. Sin embargo, una vez que Phibes desembarca en la mística tumba de los faraones, se verá enfrentado a un misterioso hombre llamado Darius Biederbeck (Robert Quarry), quien hará todo lo posible por truncar los planes del buen doctor y acabar para siempre con su reinado de terror.


Después del éxito comercial de “The Abominable Dr. Phibes” (1971), la productora American International Pictures rápidamente buscó repetir la fórmula. En esta ocasión, el director Robert Fuest escribió el guión en compañía de Robert Bless, un viejo amigo del productor Louis M. Heyward, cuyo objetivo era equilibrar el peculiar sentido del humor que poseía el director. Filmada en Inglaterra, la producción contaba con un modesto presupuesto al cual Fuest y compañía le sacaron el máximo provecho, gracias al hecho de que ciertos gastos operacionales eran menos costosos al interior de la industria cinematográfica británica en comparación con la industria norteamericana. Gracias a esto, el film está repleto de atractivos y excéntricos toques visuales que permiten crear la ilusión de que la producción contó con un presupuesto mayor, como por ejemplo la parrilla de un Rolls Royce que adorna el ataúd de la difunta esposa de Phibes. Por otro lado, en esta oportunidad el rival de Phibes estaría interpretado por Robert Quarry, quien recientemente había participado en la exitosa “Count Yorga, Vampire” (1970). Tal y como ocurrió con Joseph Cotten en el anterior film, a Quarry le resultó complicado interpretar las escenas en las que se confronta a Phibes, básicamente porque el personaje de Price solo podía comunicarse mediante expresiones faciales y algo de pantomima. Para colmo, debido a que Price era poseedor de un desarrollado sentido del humor, este disfrutaba exagerando sus expresiones faciales con el objetivo de que Quarry arruinara las tomas en las que participaban juntos, lo que dificultó aún más su compleja labor.

Pese a que ambos actores mantenían una relación cordial, su trabajo se vio opacado por un desagradable incidente que estaba ligado a la situación contractual que ambos mantenían con la American International Pictures. Para ese entonces, Vincent Price estaba cansado de trabajar bajo el alero de la AIP, lo que concordaba con el hecho de que su contrato estaba a punto de llegar a su fin, y con las intenciones de los mandamases de la productora quienes deseaban reemplazar al actor con alguien más joven. Cuando un publicista inglés se enteró de las verdaderas intenciones de la American International Pictures, rápidamente quiso corroborar los rumores con el mismísimo Price, lo que provocó que la relación entre ambos actores se tensara. Según Robert Quarry: “Llevábamos una semana de rodaje. La productora organizó una gran recepción. Fue entonces cuando un publicista inglés se le acercó a Vincent y le preguntó: ´¿Qué opina del hecho de que el Sr. Quarry haya llegado a reemplazarlo en la AIP?´ Vincent me contó lo que había sucedido. Él no estaba para nada contento; estaba herido. Aquel publicista dio a entender que yo quería destronar al rey. No debería haber dicho algo así, ese hombre debió haber sido despedido. Después de eso, Vincent nunca fue el mismo. Eso creó una brecha entre nosotros, al menos socialmente. En cuanto al aspecto laboral, todo fue increíblemente placentero. Nuestro sentido del humor fue el lazo que nos mantuvo unidos laboralmente. Disfrutamos trabajar en ese film. Pero nunca más lo vi socialmente luego de ese incidente, nunca más”.

La historia de “Dr. Phibes Rises Again” comienza exactamente tres años después de los acontecimientos del primer film. Luego de un largo letargo, el Dr. Phibes despierta solo para ver con horror como su magnífica guarida ha sido destruida durante su ausencia. Lo que es aún peor, del lugar se han llevado unos pergaminos que especifican la locación de la tumba de un faraón egipcio, la cual en su interior alberga el Río de la Vida, que es lo único que posiblemente puede resucitar a la amada mujer de Phibes, Victoria. Pese a que Phibes rápidamente asesina a los responsables del robo y logra recuperar los pergaminos, de todas formas se ve enfrascado en una carrera contra el tiempo con un equipo arqueológico comandado por el profesor Darius Biederbeck, quien también busca descifrar los secretos que esconde la Tumba del Faraón. Decidido a impedir que alguien más encuentre el mítico Río de la Vida, Phibes comenzará a asesinar uno por uno a sus rivales, no sin antes enfrentarse a un viejo conocido suyo, el perseverante inspector Trout (Peter Jeffrey).

Con la intención de repetir el éxito de “The Abominable Dr. Phibes”, Robert Fuest básicamente recicló varios de los elementos presentes en dicho film con la intención de no reconfigurar demasiado la fórmula. Por lo tanto, Phibes no solo nuevamente asesina a un grupo de desdichadas víctimas de manera ingeniosa, sino que además vuelve a estar acompañado por su silenciosa cómplice Vulnavia, y se reencuentra con su némesis, el inspector Trout, a quien evade sin mayores dificultades en múltiples ocasiones. Lo otro que se repite es la presencia de hermosos, ostentosos y excéntricos decorados, los cuales estuvieron a cargo de Brian Eatwell; la inclusión de la canción “Over the Rainbow” en la banda sonora, que esta vez adquiere un significado especial; y la estupenda actuación de Vincent Price, quien gracias al dominio de su propio lenguaje corporal, logra transmitir las múltiples emociones de un personaje que interpretado por otro actor menos experimentado, bien podría haber terminado convirtiéndose en una mera caricatura. Pese a todo esto, Fuest de todas maneras no puede evitar cometer algunos errores que convierten a “Dr. Phibes Rises Again” en una cinta menos memorable que su predecesora. A diferencia del primer film, los asesinatos en esta ocasión no poseen un hilo conductor coherente que los dote de algún significado especial. Si bien los métodos utilizados por Phibes para acabar con sus enemigos son creativos y llamativos, estos no tienen la misma carga simbólica que los crímenes de la cinta original. Por otro lado, la inclusión del inspector Trout en esta ocasión no tiene mayor relevancia dentro de la trama, por lo que su presencia solo logra quebrantar el buen ritmo narrativo que presenta el film.

Si bien el productor Louis M. Heyward aseguró que “Dr. Phibes Rises Again” logró recaudar más dinero que la primera entrega, la American International Pictures consideró que la cinta había sido un completo fracaso comercial, por lo que echó por la borda la posibilidad de producir una tercera entrega de las correrías del maquiavélico Dr. Phibes, aún cuando ya se estaba trabajando en un guión para dicho proyecto. En gran medida, fue Samuel Z. Arkoff quien se negó a filmar otra secuela, básicamente porque consideraba que el tipo de horror exhibido en las cintas de Phibes, ya no le resultaba atractivo al público de la época. Mucho tiempo después de que la American International Pictures cerrara sus puertas, se retomó la idea de realizar una secuela. Mientras que uno de los proyectos fue titulado “Dr. Phibes in the Holy Land”, otro llevó por nombre “Phibes Resurrectus”, y contaba con la participación del productor Jon Davison y del director George Romero. Pese al interés existente, Robert Fuest se negó a dirigir una nueva entrega por temor a ser encasillado como un director de cine de terror. Vincent Price por su parte, insistía que Fuest era el único director capaz de sacar adelante un proyecto que tuviese a Phibes como protagonista, por lo que finalmente el proyecto se archivó y nunca se llevó a cabo.

Si hay algo por lo que “Dr. Phibes Rises Again” se caracteriza, es por la particular dicotomía moral que domina al relato. Y es que si bien tanto Phibes como Biederbeck desean dar con el llamado Río de la Vida, los métodos que utilizan para lograr objetivo así como también sus motivaciones, resultan ser diametralmente opuestas. Mientras que Biederbeck está dispuesto a jugar sucio hasta cierto punto para poder obtener un inconmensurable beneficio personal, Phibes está dispuesto a asesinar a quien le impida llevar a cabo su objetivo, el cual no es otro más que revivir al amor de su vida. El simple hecho de que Phibes esté motivado por el inmenso amor que siente por su difunta esposa, de alguna forma convierte sus actos por muy repugnantes o violentos que estos sean, en algo aceptable que incluso lo acerca aún más al espectador. Pese a que “Dr. Phibes Rises Again” es una cinta no exenta de errores, de todas formas resulta ser un producto entretenido, no solo por el extravagante humor negro que domina a la trama, sino que además por la estupenda labor actoral de la dupla protagónica, por los suntuosos decorados presentes a lo largo de la historia, y por las altas dosis de ingenio que Fuest logra plasmar en la pantalla.


por Fantomas.

viernes, 23 de enero de 2009

Vanishing Point: Un viaje intenso a máxima velocidad.

“Vanishing Point” (1971), es una road movie dirigida por Richard C. Sarafian y escrita por Guillermo Cain, la cual está protagonizada por Barry Newman, Cleavon Little y Dean Jagger.

Kowalsky (Barry Newman), un ex combatiente del Vietnam, se dedica a recoger y entregar automóviles entre Denver y San Francisco. Rememorando su antigua profesión de piloto de bólidos, se lanzará con su coche a enormes velocidades, perseguido por la policía. En su carrera es ayudado por un "disc-jockey" (Cleavon Little) que va orientándole desde una emisora y previniéndole de cuantos peligros le acechan. La huida le servirá para refrescar los recuerdos de su vida anterior, y para encontrar su verdadero lugar en este mundo.


Las “road movies” son un género por naturaleza norteamericano. Si bien este tipo de cintas son herederas de la tradición literaria del viaje iniciático, que se remonta a la Odisea homérica, estas nacen a raíz de dos fenómenos vividos por los norteamericanos y que los marcarían de distinta manera. Primero, las road movies nacen como una suerte de metáfora del desarrollo cultural, económico y social, vivido por los norteamericanos luego de la Segunda Guerra Mundial. Por otra parte, este tipo de películas no viene más que a demostrar la visión del automóvil como un símbolo del poder industrial norteamericano, más aún a partir de la década de los cincuenta, con la aparición de los autocines y la incorporación del público adolescente. El auto se convirtió en una metáfora de independencia y libertad. Este se convierte en un espacio privado donde cada cual puede hacer lo que le plazca en su interior, y que además le daba la posibilidad al dueño de ir donde quisiera.

El viaje presente en las road movies se traduce en una jornada de descubrimiento. No solo se trata de llegar del punto A al punto B, sino que el sujeto sufre cambios a distintos niveles cuando ha llegado al final de su recorrido. En general, este tipo de cintas poseen una estructura episódica, en que cada segmento de la narrativa enfrenta a los protagonistas a un nuevo desafío. Encuentros fortuitos, experiencias vividas, descubrimientos realizados, todas estas cosas son las que le dan un sentido al viaje del protagonista, y que a fin de cuentas vendrán a determinar su destino. No todos los protagonistas de este tipo de películas actúan de igual forma una vez que llegan al punto físico que marca el final de su travesía; mientras que algunos se establecen en el lugar de destino, otros se dan cuenta que este no es más que una parada momentánea de un viaje que aún no ha terminado, o incluso pueden llegar a la conclusión de que debido a las experiencias vividas ya le es imposible regresar a su origen, por lo que escogen el exilio definitivo o la muerte.


“Vanishing Point” es uno de los tantos productos que durante la década de los setenta intentaron explotar los elementos cultures surgidos en aquellos años; Hippies, drogas, y rock and roll, todo está presente en esta película que si bien se podría considerar como la respuesta de la 20th Century Fox a la cinta “Easy Rider” (1969), con el correr de los minutos nos demuestra que es algo más que eso. Indudablemente, estamos frente a una producción que tiene el carácter de una película de acción. Gran parte de la cinta está constituida solo por el protagonista y su Dodge Challenger, correteando por las carreteras a toda velocidad, escapando de la policía mediante acrobacias vistosas pero creíbles. Por otro lado, el film no posee una gran cantidad de diálogos, dejando que el sonido del motor y la bien seleccionada banda sonora ocupen el lugar de estos.

Y es que la cinta se presenta como una metáfora de la libertad individual como fin último. Kowalski es un personaje misterioso, del cual no obtendremos demasiada información. Solo mediante flashbacks sabremos que participó en la guerra de Vietnam, que alguna vez fue un policía honesto dado de baja por intentar detener a un compañero abusivo, que más tarde se convertiría en un piloto de carreras, y que finalmente su esposa murió en un accidente de surf. Estos son todos los datos que se nos entregan durante el transcurso de la historia, razón por la cual cuesta entender del todo las motivaciones y la decisión final del protagonista. ¿Por qué se ha convertido en un renegado?, ¿qué lo motiva a realizar una apuesta suicida con la persona que lo emplea?, y por último, ¿qué lo lleva a tomar la decisión final siendo que su única falta fue correr a exceso de velocidad?

Es posible que los hechos trágicos de su vida lo hayan llevado a esta carrera que pareciera no tener un final feliz. La compra de droga para permanecer despierto, las altas velocidades totalmente innecesarias, y las confrontaciones con la policía, hacen que el espectador intuya que tal vez esta es la última carrera de Kowalski. Cuando el protagonista decide escapar de la policía, inmediatamente se convierte en un referente de libertad, un hombre que decide luchar en contra del sistema, un verdadero héroe. Pero en su extraña y particular cruzada tendrá un aliado, que será el DJ Super Soul, el cual actuará no tan solo como relator de las aventuras del protagonista, sino que también como el encargado de difundir el supuesto mensaje que intenta entregar Kowalski.

La trama de la cinta no es más que una gran crítica a la sociedad norteamericana de la época, caracterizada por los valores ultraconservadores, el racismo existente, y la represión de la libertad de expresión. Una escena ejemplificadora de esto, es aquella en la que una turba de gente apedrea la estación de radio, para posteriormente entrar a golpear al DJ y sus colaboradores. En general existe un claro mensaje en contra de la intolerancia, y la violencia con la que esta se hace latente en ocasiones. Sin embargo, es curioso ver un cierto dejo homofóbico en una de las secuencias de la película. Llama la atención que los dos hombres que intentan asaltar a Kowalski sean homosexuales, y que además se justifique la golpiza que el protagonista les propina a dichos personajes. Si bien por un lado se ataca el hecho de que se golpee al DJ de raza negra, por otro se justifica totalmente la violencia en contra de los homosexuales que terminan siendo retratados como inadaptados sociales y criminales.

Aunque el director quería a Gene Hackman para el rol protagónico, Barry Newman realiza un buen trabajo interpretando a Kowalski, un personaje que pese a lo limitado de sus diálogos, logra expresar su disconformidad con el mundo que lo rodea y con la vida que la ha tocado vivir. De la misma forma, el actor cómico Cleavon Little demuestra sus dotes dramáticos construyendo un personaje que por lo bajo podría ser considerado como llamativo. La cinta además cuenta con el buen trabajo de fotografía de John A. Alonzo, y como había mencionado anteriormente, con una buena selección de temas musicales que acompañan de gran manera a las imágenes. “Vanishing Point” es una película entretenida y dinámica, pero que no está exenta de algunos problemas en el guión, además de presentar algunas escenas que hoy en día pueden parecer algo ridículas. Sin embargo, esta también exhibe una trama se presenta en clave de crítica social, como una verdadera alegoría de la libertad, que incluso entrega un cierto mensaje religioso que da para diversas interpretaciones (esto ocurre durante toda la secuencia del desierto), el cual resulta ser sumamente interesante. Es por todo esto, y por su calidad de cinta de culto, que “Vanishing Point” se presenta como un producto llamativo dentro del subvalorado subgénero de las road movies.




por Fantomas.

viernes, 16 de enero de 2009

Outland: Incluso en el espacio el hombre es su peor enemigo.

“Outland” (1981), es un film de ciencia ficción escrito y dirigido por Peter Hyams, el cual está protagonizado por Sean Connery, Peter Boyle y Frances Sternhagen.

Io, luna de Júpiter de grandes riquezas minerales, alberga la explotación minera Con-Amalgamate 27. Allí es trasladado el marshall William T. O’Niel (Sean Connery) para investigar una serie de extraños suicidios que han ocurrido en el último tiempo y que parecen esconder algo mucho más macabro.


En 1979 se estrenaría “Alien”, del director Ridley Scott, cinta que no solo llamaría la atención por su particular y bien lograda fusión de elementos del cine de ciencia ficción con otros más propios del género del horror, sino que también por el hecho de presentar una a humanidad con ansías de explotar los recursos que ofrece el espacio, siendo las poderosas e invisibles compañías multinacionales las encargadas de dicha tarea. Dentro de ese mismo contexto, se estrenaría dos años después “Outland”, que al igual que su predecesora continúa con esa visión mercantilista de la exploración espacial, efectuando de esta manera una contundente crítica al capitalismo que tantos problemas causó en los años setenta y ochenta, precisamente en el sector energético.

Las similitudes entre “Alien” y “Outland” van más allá de los distópicos futuros que nos presentan. Las bandas sonoras de ambas producciones fueron compuestas por Jerry Goldsmith (ambas son excelentes por lo demás), por lo que no resulta tan extraño que estas presenten algunos puntos en común. Además, resulta evidente que la atmósfera claustrofóbica de “Outland” es prácticamente idéntica a la de su predecesora. Es importante aclarar que no estamos hablando de que Peter Hyams se haya limitado a copiar lo visto en “Alien”, sino que el realizador adoptó algunos elementos y construyó un relato de tintes similares pero de temática diferente. Uno de estos elementos es sin lugar a dudas la ambientación que presenta la cinta. La intrincada estación minera en la que se desarrolla la historia es exhibida como si fuese una gigantesca prisión espacial, por lo que prevalece la noción de que los trabajadores que habitan en el lugar en verdad son prisioneros de la misma, en especial considerando que su única alternativa de “libertad” es la inmensidad del espacio exterior.

Durante gran parte de la cinta, Peter Hyams nos presenta un thriller policíaco con algunos toques de suspenso. Si bien en un principio el director logra sembrar algunas interrogantes, el guión revela de manera algo apresurada gran parte de las respuestas. El marshall O’Niel no tardará demasiado en descubrir el verdadero motivo tras las misteriosas muertes ocurridas en el último periodo en la minera, al mismo tiempo que nos son revelados los culpables de dichos acontecimientos. Puede que para algunos espectadores esto resulte algo decepcionante, pero la verdad es que pareciera que Hyams ocupa este primer segmento como excusa para dejar patente la crítica al capitalismo y a la avaricia de las empresas multinacionales, y para gatillar la subtrama que domina el último tercio de la película, donde el director agrega elementos propios del western (llama la atención de sobremanera que el arma de elección en el futuro sean escopetas sin ningún tipo de aditamento especial).

Una vez identificados los culpables, O´Neil no tendrá más opción que enfrentar solo a un grupo de sicarios que han sido contratados para asesinarlo y así silenciar sus investigaciones. Es en este punto donde resultan evidentes los elementos que Hyams tomó prestados de la cinta “High Noon” (1952), del director Fred Zinnemann. Tenemos al solitario héroe esperando el inevitable duelo con los villanos de turno, con el fin de rescatar a una comunidad totalmente apática con su causa. Si bien en “High Noon” la hora es indicada por un reloj de pared y los acontecimientos son relatados prácticamente en tiempo real, en “Outland” el reloj que indica el tiempo restante para que los mercenarios arriben a la estación minera es digital, y la cuenta regresiva se cumple en aproximadamente veinte minutos. Este tramo, que obviamente funciona como un guiño al clásico western, se desarrolla de manera algo lenta y lamentablemente está repleto de conversaciones sin mayor relevancia, lo que obviamente le quita ritmo a la historia. Para colmo, este guiño le costó a la cinta ser inevitablemente comparada con “High Noon” (de hecho fue llamada por algunos críticos como “High Noon en el espacio”), lo que le quitó la posibilidad de ser juzgada por sus propios méritos.

Como mencionaba anteriormente, el guión de Hyams encierra una fuerte crítica social, en especial a las grandes compañías, retratándolas como entidades amorales cuya única preocupación son las ganancias, no importando que para lograr este fin deban pasar por encimas de las personas o de la misma ley. En “Outland” todos los habitantes del satélite parecen compartir esta ideología, desde el más humilde de los obreros hasta la cabeza de la compañía. Es más, en varias ocasiones se sugiere que todas las personas que se encuentran en aquel lugar están dispuestas a vivir en un verdadero infierno con tal de obtener grandes sumas de dinero de forma rápida. Para esto deben lograr tasas de productividad elevadas que tienen como consecuencia la entrega de jugosos bonos monetarios. Es por esta razón que no resulta extraño que nadie esté dispuesto a ayudar a O´Niel (ni siquiera el resto de la policía) en sus intentos por detener el complot empresarial tras los “accidentes”, o al momento de enfrentarse a los peligrosos sicarios.

En cuanto a las actuaciones, en general son bastante buenas salvo algunas excepciones. Sean Connery realiza un buen trabajo interpretando al unidimensional O´Niel, convirtiéndolo en un personaje carismático y dándole los rasgos característicos de un tipo rudo. Sin embargo, quien se roba la película es la actriz Frances Sternhagen, la cual interpreta a la sarcástica y sagaz doctora Lazarus, único personaje de la cinta que le tenderá una mano amiga a O´Niel, debido a que su ética le impide mantenerse de brazos cruzados con respecto a lo que ocurre en el satélite. Los diálogos entre ambos personajes son por lejos los mejores que presenta el guión. Por su parte, Peter Boyle realiza un correcto trabajo interpretando al villano de turno, el amoral y codicioso Sheppard, al igual que el actor James Sikking que interpreta a Montone, un policía corrupto que como bien se describe en la cinta; “no hace nada incorrecto, pero tampoco hace lo correcto”. Quienes realizan un pésimo trabajo son Kika Markham y Nicholas Barnes, esposa e hijo de O´Niel respectivamente, personajes que perfectamente pudieron ser removidos de la historia ya que el guión tampoco ahonda demasiado en el problema de fondo que arrastra el protagonista, y que lo lleva a quedarse a enfrentar a los villanos en vez de acompañar a su familia en su viaje de retorno a la Tierra.

Peter Hyams es uno de los pocos directores que ha dedicado gran parte de su carrera a la realización de cintas ciencia ficción, con resultados que se sitúan entre la medianía cinematográfica y la más completa mediocridad. Si bien el guión de esta producción no es perfecto y presenta más de algún error incluso a nivel científico (en más de alguna ocasión se ha citado el “error imperdonable” de asegurar de que cuando el cuerpo humano se expone al vacío, este explota, lo que obviamente no sucede pero resulta visualmente atrayente), en su gran mayoría estos terminan siendo irrelevantes, con la sola excepción de la displicencia con la que se trata la problemática personal que experimenta el protagonista momentos antes de llegar al claustrofóbico satélite. Hyams conduce la historia con un ritmo pausado, mas no tedioso, por lo que logra captar la atención del espectador. “Outland” es de aquellas películas que sin ser excelentes, resultan ser sumamente entretenidas. Lamentablemente en el caso del film de Hyams, este ha sido perjudicado por comparaciones odiosas y algo innecesarias, que lo han sepultado en el más completo olvido.



por Fantomas.

domingo, 11 de enero de 2009

I Vampiri: La primera cinta de horror gótico italiano.

“I Vampiri” (1956), es una cinta de terror dirigida por Riccardo Freda y Mario Bava, la cual está protagonizada por Gianna María Canale, Carlo D´Angelo y Dario Michaelis.

Durante el último tiempo, en Paris se han multiplicado los asesinatos de varias jóvenes que aparecen sin una gota de sangre en el cuerpo. A raíz de esto, un buen número de periódicos sensacionalistas han decidido apodar al misterioso asesino como “el vampiro”. Cuando el periodista Pierre Lantin (Dario Michaelis) decide investigar por su cuenta los misteriosos crímenes, eventualmente da con la figura de la bella condesa Giselle du Grand (Gianna María Canale), quien bajo su inocente apariencia esconde un oscuro secreto.
A fines de la década del treinta, el italiano Riccardo Freda daría sus primeros pasos al interior de la industria cinematográfica de su país de origen como guionista y asistente de producción. En el año 1942, Freda debutaría como director con el film “Don Cesare di Bazan”, para luego realizar una serie de dramas de época entre los que se incluye una de las tantas adaptaciones de la famosa novela de Victor Hugo, “Les Miserables”. Durante todo ese tiempo, Freda jamás demostró verdadero interés en el género del horror. De hecho, le desagradaban las historias con tintes sobrenaturales, básicamente porque pensaba que el mal que residía en los hombres comunes y corrientes era más atemorizante que aquel que se encarnaba en la figura de monstruos y fantasmas. Con esto en mente, Freda se propuso realizar una cinta de terror, aun cuando estaba consciente de que no sería una tarea sencilla. Para entusiasmar a un grupo de productores con su proyecto, el director grabó una cinta de audio donde detallaba con minuciosidad la historia que había desarrollado. Pese a esto, los productores se mostraron reacios a apoyar un proyecto que no seguía los cánones por los que en ese entonces se regía la industria cinematográfica italiana. Fue entonces cuando Freda les propuso un curioso trato: no solo filmaría una cinta de horror exenta de escenas objetables o en extremo violentas, sino que además la terminaría en solo doce días.

Para lograr semejante cometido, Freda se asoció con Mario Bava, quien por ese entonces oficiaba con éxito como director de fotografía. Bava era conocido no solo por la pulcritud de su trabajo, sino que además por la velocidad con la cual solía trabajar. Lamentablemente, luego de diez días de rodaje, el excéntrico Freda consideró que estaba atrasado en el programa que él mismo se había impuesto, por lo que les pidió a los productores una extensión del plazo previamente acordado. Cuando estos se negaron, Freda abandonó la producción, obligando a Bava a asumir el puesto de director. En cosa de horas, Bava restructuró por completo la historia, centrándola por completo en el joven y ambicioso reportero y en su cruzada investigativa, aún a sabiendas de que solo le quedaban dos días para terminar el film. Cabe mencionar que el guión de “I Vampiri” se inspiró en la leyenda de la Condesa Bathory, una condesa húngara que durante el siglo XVII supuestamente asesinó de manera brutal a más de 650 mujeres jóvenes. La leyenda asegura que el sadismo de la Condesa nació de la creencia de que la sangre de jóvenes vírgenes le ayudaría a conservar su juventud. Supuestamente, no contenta con darse baños de sangre, la Condesa también bebía la sangre de sus víctimas, razón por la cual con el paso de los años se desarrolló una leyenda vampírica en torno a su figura que terminó rivalizando con la del mismísimo Vlad el Impalador.


En gran medida, “I Vampiri” no solo moderniza el escenario gótico tradicional en el que suelen desarrollarse las historias de vampiros, sino que además reconfigura la noción preconcebida del vampirismo, primero a través de la figura del Doctor Du Grand (Antoine Balpêtré), quien es un científico loco que realiza experimentos utilizando la sangre de jóvenes vírgenes, y segundo a través de la Condesa Du Grand y su supuesta sobrina Giselle (Gianna Maria Canale), quienes son los verdaderos vampiros del film. Al igual que Bathory, la Condesa Du Grand desea obtener belleza y juventud, pero en vez de bañarse en la sangre de sus víctimas, ella utiliza los conocimientos científicos del Doctor Du Grand para realizar transfusiones de sangre que le ayudan a convertirse en la hermosa y encantadora Giselle. Cabe mencionar que el secreto de su identidad y la naturaleza de su vampirismo, son revelados en una magnífica secuencia de transformación, en la cual Giselle se convierte sin mayores preámbulos en una mujer vieja y marchita, fiel reflejo de la decadencia que la rodea.

Por otro lado, en el film de Bava y Freda se quebranta por completo el cliché tan propio del cine fantástico que sitúa a la mujer como víctima de las circunstancias en las que se ve involucrada. En esta ocasión, la Condesa Du Grand y su en apariencia inocente alter ego, son las responsables de numerosos y brutales crímenes, cuya raíz no es otra que el dolor provocado por un amor no correspondido, y la incapacidad de aceptar el proceso natural de envejecimiento, el cual acarrea consigo la pérdida de la belleza que alguna vez se tuvo. La dualidad que presentan estos personajes en gran medida viene a emular ciertos aspectos presentes en las fábulas góticas escritas durante el siglo XIX, en la cuales era común encontrarse con mujeres en apariencia puras e inocentes, que de un momento a otro se convertían en seres pasionales, impulsivos y violentos. Al mismo tiempo, la Condesa representa inequívocamente al movimiento del feminismo, aunque siempre en un tono más metafórico que literal.


En cuanto a las actuaciones del film, tanto Gianna María Canale y Dario Michaelis realizan un trabajo correcto interpretando sus respectivos papeles, otorgándole de esta forma una mayor credibilidad al relato. Sin embargo, es el aspecto técnico de la producción el que realmente sobresale en esta ocasión. No solo resulta destacable la maravillosa dirección de arte de Beni Montresor, quien con un escaso presupuesto realizó una serie de decorados con tintes góticos de una belleza indiscutible, sino que además la atmosférica banda sonora de los compositores Franco Mannino y Roman Vlad, y el magnífico trabajo de fotografía de Mario Bava, el cual se caracteriza por poseer tintes evidentemente expresionistas. Cabe mencionar que una de las escenas más recordadas de la cinta, es aquella que se centra en la ya mencionada transformación de la Condesa Du Grand. Para llevar a cabo dicha escena, Bava utilizó una técnica transicional que había aprendido de Karl Struss, un prestigioso director de fotografía que ganó un Oscar por su trabajo en la película “Sunrise: A Song of Two Humans” (1927), del director F. W. Murnau.

Pese a tratase de una buena entrada dentro del género del cine de terror, al momento de su estreno “I Vampiri” no obtuvo buenos resultados de taquilla, básicamente por el hecho de que Freda, Bava y el resto del equipo de filmación decidieron aparecer en los créditos con sus nombres originales, lo que despertó la desconfianza de un público acostumbrado a ver cintas de terror realizadas por profesionales de apellidos anglosajones. Esto llevó a muchos directores de la época, entre los que se incluyeron Freda y Bava, a firmar algunos de sus trabajos utilizando pseudónimos anglosajones, para así evitar inminentes fracasos comerciales. Probablemente el gran mérito de “I Vampiri” es haberse atrevido a utilizar una historia de tintes fantásticos para confrontar los horrores de la modernización. Sin necesariamente condenar los efectos del progreso, el film se encarga de reconocer la violencia y los peligros inherentes a los avances tecnológicos y a la ciencia utilizada para conseguirlos. Y es que el Doctor Du Grand y la Condesa son vampiros modernos que explotan la ciencia y la tecnología para su propio beneficio, lo que de forma directa afecta negativamente a todos aquellos que los rodean. En definitiva, pareciera que “I Vampiri” reinventa la mitología del vampirismo con la intención de sugerir de forma metafórica, que ciertos aspectos de la ciencia y la tecnología encierran tanto los peligros como las maravillas de la era moderna.


por Fantomas.

martes, 6 de enero de 2009

Heroes Of The East: El conflicto Japón-China desde la perspectiva de las artes marciales.

“Heroes Of The East” (1979), es una comedía de artes marciales del director Lau Kar-Leung, la cual está protagonizada por Gordon Liu y Yuko Mizuno.

Ah To (Gordon Liu) es un joven chino de clase acomodada, cuyo padre le ha arreglado un matrimonio por conveniencia con una joven japonesa, hija de uno de sus asociados. Pese a la resistencia inicial de Ah To, al conocer a su futura esposa, Kung Zi (Yuko Mizuno), queda encantado con su belleza y la relación entre ellos comienza de la mejor manera. Sin embargo, cuando una serie de malentendidos matrimoniales confluyen en un incidente internacional, él se verá forzado a enfrentar a siete peligrosos maestros de las artes marciales japonesas, cada uno experto en una diferente disciplina, desde karate hasta ninjitsu, todo esto para recuperar a su querida esposa.


“Heroes of the East” es un film bastante inusual para los parámetros del cine de artes marciales de los setenta, donde el gore y los asesinatos brutales eran algunos de los elementos presentes en la gran mayoría de este tipo de cintas. De la misma forma, tampoco están presentes temas tan comunes como la venganza, los códigos de honor, o la lucha de clases, los cuales solían ser el motor de los conflictos presentes en la mayoría de las películas de artes marciales de aquel periodo. El director Lau Kar-Leung deliberadamente nos entrega un film donde existe una divertida lucha de orgullos, y que al mismo tiempo se presenta como un estudio serio de dos culturas diferentes. Los conflictos maritales y culturales han existido en el cine por años, pero curiosamente nunca habían sido presentados de manera tan literal como sucede en esta producción.

Ocupando una peluca para ocultar su distintiva cabeza rapada, Gordon Liu interpreta a un joven caballero chino, quien debe casarse de manera obligada con una joven japonesa. Pese a la buena impresión inicial, Ah To no tardará en darse cuenta que su esposa no responde a los parámetros de las abnegadas esposas chinas. Ella es una mujer orgullosa y de carácter fuerte, bien entrenada en las artes marciales japonesas, que rápidamente desordenará su apacible hogar con sus destructivas sesiones de entrenamiento matutino. Con el fin de poner algo de orden, Ah To intentará enseñarle a Kung Zi el valor de las artes marciales chinas por sobre las japonesas. Esto no es más que el punto de partida del enfrentamiento entre dos personas de temperamento fuerte, el cual es explorado durante la primera mitad del film, donde el director además mezcla de manera perfecta la comedia con la exhibición respetuosa de ambas culturas.

Se podría decir que la popularidad de las cintas que enfrentan a japoneses con chinos se inició con el estreno de “The Chinese Boxer” (1970), del director y actor Wang Yu, aunque el film más recordado en ese sentido es “Fist of Fury” (1972), del director Wei Lo, el cual está protagonizado por Bruce Lee, y donde se expresaba abiertamente el odio entre japoneses y chinos (en 1994, Jet Li participó en el remake llamado “Fist of Legend”). La diferencia de “Heroes of the East” con estas cintas, es el trato que el director le da a la historia. El objetivo principal de Kar-Leung en sus trabajos es siempre promover el kung fu de manera positiva, agregando en esta ocasión un tributo a las distintas artes marciales japonesas. En vez de presentar una historia estereotipada en que vemos a maestros marciales chinos y japoneses peleando entre sí por venganza o por una suerte de placer sádico, los luchadores de ambos países son tratados con respeto y finalmente son reunidos debido a sus intereses comunes, lo que la cinta llama “camino marcial”.

Uno podría argumentar que la cinta si realiza un retrato negativo de las costumbres y los personajes japoneses; Kung Zi resulta ser una verdadera molestia durante la primera mitad de la película, y los japoneses son vistos como los “villanos” de la historia, en especial el personaje del actor japonés Yasuaki Kurata, quien además de retar a duelo al protagonista, quiere quedarse con Kung Zi. Sin embargo, es el retrato positivo de los personajes chinos lo que ayuda a mitigar este factor. En una verdadera película anti-japonesa, los chinos odiarían a los japoneses, y los mismos japoneses serían descritos como monstruos subhumanos. En esta cinta en cambio, existe un claro respeto por los estilos japoneses y una preocupación evidente por evitar un conflicto internacional. El sobrio maestro de Ah To (Simon Yuen Siu-Tien) incluso va más allá cuando especifica que toda la situación no se trata de un conflicto entre países, sino que es tan solo una pelea entre individuos.

Antes de “Heroes of the East”, muy pocos actores japoneses habían trabajado en la industria hongkonesa, con la excepción del actor Yasuaki Kurata, quien había adquirido cierta popularidad tras participar en la cinta “The King Boxer” (1971). Al personaje de Kurata en esta cinta (interpreta a un curioso maestro de ninjitsu) se le atribuye en gran medida el boom que sufrió el cine que presentaba a ninjas como protagonistas, el cual tuvo su peak durante la década del ochenta. Si bien los ninjas habían aparecido por años en el cine japonés e incluso en una película de la saga de Bond, “You Only Live Twice” (1967), fue la colorida exageración de este estilo lo que capturó la atención de los espectadores. El personaje de Kurata a ratos pareciera ser una especie de caricatura, el cual emplea todo tipo de trucos para poder vencer a su rival, mezclando bastante la comedia slapstick con movimientos propios de la disciplina que practica.

Gordon Liu realiza un excelente trabajo personificando a Ah To, logrando que el personaje sea querible, al mismo tiempo que mezcla ciertos rasgos de fortaleza y debilidad, lo que lo transforma en un héroe bastante humano. A medida que la cinta progresa, el director muestra como el orgullo, el honor y el ego de To son los principales obstáculos en su intento por vivir feliz con Kung Zi. Por su parte, la actriz Yuko Mizuno también realiza un estupendo trabajo personificando a esta obstinada y fuerte mujer, la cual en el fondo está enamorada de su marido. Las secuencias de lucha entre ambos personajes son realmente atractivas, lo que podría considerarse como todo un logro teniendo en cuenta que la actriz no tenía experiencia alguna en lo que a artes marciales se refiere previo a la realización de esta película. También es destacable la química que se produce entre ambos personajes, pese a que los actores solo hablaban en sus lenguajes nativos, por lo que tuvieron que recurrir a la ayuda de traductores para poder comunicarse entre sí.

Aunque “Heroes of the East” posee varios elementos característicos del género, logra mantenerse como una cinta única en su especie. Al mismo tiempo, es un excelente ejemplo de la habilidad del director Kar-Leung para atrapar al espectador con sus meticulosas coreografías de lucha y sus interesantes historias. Por este motivo, esta es una de las películas que presenta uno de los enfrentamientos más atractivos entre luchadores chinos y japoneses. Lo que resulta impresionante, es que el director haya logrado esto sin recurrir al derramamiento de sangre excesivo o la muerte de algunos personajes. Es por esto que podríamos decir que Lau Kar-Leung se sitúa por sobre otros realizadores del género, gracias a su capacidad de entregarnos una excelente cinta de artes marciales, que presenta una historia sumamente accesible incluso para los espectadores que no son fanáticos del género.



por Fantomas.

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