martes, 24 de febrero de 2009

Suspiria: Un asalto a los sentidos.

“Suspiria” (1977), es un film de terror del director Dario Argento, el cual está protagonizado por Jessica Harper y Udo Kier.

Suzy Bannion (Jessica Harper) es una joven que ingresa a una exclusiva academia de baile, la misma noche que asesinan a una de las alumnas. La subdirectora del establecimiento es la amable Madame Blanc (Joan Bennett), quien le brinda a la nueva alumna todas las comodidades y facilidades para que pueda estudiar tranquilamente. Sin embargo, tras una serie de extraños acontecimientos, la estancia de Suzy en el lugar se termina convirtiendo en una verdadera pesadilla.


Luego del éxito obtenido por “Profondo Rosso” (1975), el director Dario Argento deseaba embarcarse en un proyecto que lo alejara momentáneamente del mundo del giallo, para así adentrarse de lleno en los terrenos del horror sobrenatural. Con la intención de crear una historia que presentara una mitología propia, Argento pensó adaptar varios relatos del escritor H. P. Lovecraft. Sin embargo, tras considerar que era prácticamente imposible hacerle justicia a los textos de Lovecraft en la pantalla grande, el director optó por buscar nuevas fuentes de inspiración. Una de estas fuentes fueron los textos vívidos de Thomas De Quincy, en especial uno titulado “Suspiria de Profundis”, el cual contenía oscuras descripciones de una diosa romana llamada Levana, quien se creía que presidía el reconocimiento de los recién nacidos, y sus subordinadas, Nuestras Señoras de la Tristeza. Esta figuras mitológicas sentarían las bases de lo que posteriormente serían las Tres Madres, que no eran otra cosa más que una suerte de trinidad impía que controlaría el mundo de la oscuridad existente en la trilogía fílmica de Argento que comenzaría con “Suspiria”. Lewis Carroll, los Hermanos Grimm y Edgar Allan Poe también parecen haber tenido una fuerte influencia en el guión escrito por Argento y Daria Nicolodi, en el cual esta última también plasmó ciertos elementos presentes en los relatos de su abuela, quien tuvo una relación cercana con la magia negra durante su adolescencia.

En “Suspiria”, una joven y tímida bailarina llamada Suzy Bannion ingresa a una exclusiva escuela de danza ubicada en Friburgo, sin imaginarse que dicho lugar encierra un oscuro secreto, el cual tiene relación con la enigmática fundadora de la escuela, una mujer llamada Helena Marcos. Como si se tratara de una suerte de cuento de hadas convencional, el film se mueve entre un mundo realista y moderno, y otro directamente gótico y fantástico. Es en este contexto que el director rápidamente establece que la protagonista acaba de ingresar a un mundo en que nada es lo que parece, y donde quienes lo habitan se encuentran en constante peligro. Desde el abrupto cierre de la puerta del aeropuerto a su llegada, hasta la indolencia del chofer de taxi que la deja esperando bajo la lluvia a la entrada de la escuela, se hace patente la idea de que las figuras heroicas o compasivas son incapaces de habitar en un lugar donde la gente parece tener problemas para comunicarse entre sí, donde se mantienen oscuros y terribles secretos, donde ronda la muerte en cada rincón, y donde las autoridades hacen caso omiso a las llamadas de auxilio por el temor que les provoca descubrir la verdad que se esconde en la escuela dirigida por la ya mencionada Helena Marcos.


La sensación de que la historia se desarrolla siguiendo ciertos parámetros existentes en los cuentos de hadas, se hace completamente patente una vez que Suzy llega a la siniestra y extravagante escuela. Cabe mencionar que en el guión original escrito por Dario Argento y Daria Nicolodi, las protagonistas del film eran menores de edad, lo cual eventualmente tuvo que ser cambiado por el director para así evitar tener problemas con los organismos de censura de la época. Pese a esto, de todas formas Argento retrata a la protagonista como si se tratara de una niña atrapada en un mundo de matices oníricos, lo que se complementa con el actuar infantil de sus compañeras de escuela, y con la actitud autoritaria de las profesoras que trabajan en el lugar. Con la intención de plasmar con mayor fuerza la idea de que Suzy y sus compañeras son una suerte de peculiares niñas, Argento ordenó colocar los pomos de las puertas a gran altura para que las chicas tuviesen que estirar los brazos para abrirlas. Al mismo tiempo, resulta evidente que gran parte de los personajes del film responden a ciertos arquetipos folklóricos; mientras que Suzy se presenta como una joven inmersa en una búsqueda que la hará perder su inocencia, otros personajes actúan como canalizadores de la cruzada de la muchacha, y otros como la Señorita Tanner (Alida Valli), Madame Blanc y la elusiva Helena Marcos, se presentan como un trio de malevolentes figuras maternales cuya función es corromper a la protagonista y a su entorno. De esta forma, sería justo mencionar que “Suspiria” esencialmente se desarrolla en un ambiente de inocencia quebrantado por hechos abiertamente violentos, que le otorgan un cariz claramente surrealista al film.

Complementando lo antes mencionado, es necesario recalcar que aún cuando la academia donde se desarrolla la historia es un famoso edificio histórico construido en el año 1516 llamado “Zum Walfisch”, en el cual vivió el filósofo humanista Erasmus von Roterdam desde 1529 a 1531, este posee un aspecto irreal que refuerza la naturaleza sobrenatural del relato. Es por este motivo que no resulta extraño que entre sus paredes sucedan cosas espantosas e inexplicables, como que de súbito un grupo de murciélagos invada las habitaciones, o que comiencen a caer miles de gusanos del techo de las estancias, lo que sugiere que algo putrefacto se esconde en el lugar. Sin lugar a dudas, los grandes responsables de que la escuela presente un aspecto claramente surreal, son el director de arte Giuseppe Bassan y el director de fotografía Luciano Tovoli. Especial mención merece este último, cuyo uso del color, en especial del rojo y el azul, no solo dota al film de una atmósfera onírica, claustrofóbica y escalofriante, sino que además refleja los estados de ánimo de la protagonista, y cumple con advertirle al espectador que el peligro se cierne de forma constante sobre la cabeza de la indefensa Suzy.

En cierta medida, el elemento que logra amalgamar el aspecto visual del film y la por momentos ilógica trama, es la banda sonora compuesta por la banda italiana de rock progresivo Goblin. Y es que la palpitante y disonante música escrita por Claudio Simonetti y sus colaboradores, es la que eventualmente logra plasmar la idea que tras los asesinatos y los extraños acontecimientos que rodean a la escuela de danza, se esconde una explicación estrictamente ligada a lo sobrenatural, a la brujería y a las artes ocultas. En relación al aspecto interpretativo del film, Jessica Harper realiza una labor encomiable personificando a una heroína que se ve enfrentada a sus más grandes temores, y que de un momento a otro se ve obligada a madurar para así poder salir airosa de la encrucijada en la que se encuentra. Por otro lado, contrario a lo que se podría pensar, “Suspiria” es una de las películas menos violentas de Argento. Aún cuando el film sí contiene un par de escenas de asesinatos que resultan ser tan impactantes como atractivas visualmente hablando, el director en esta ocasión prefiere apoyarse en la atmósfera y el tono de la historia, al momento de sorprender y aterrorizar a un espectador que no puede evitar sentirse absorbido por la extravagante propuesta que presenta “Suspiria”.

Hoy en día, “Suspiria” sigue siendo recordada como una de las cintas más memorables del género, y como uno de los mejores trabajos de Dario Argento, quien en los últimos años ha sido incapaz de repetir lo hecho durante sus primeros años de carrera como director. Es precisamente en esta cinta donde el realizador populariza varias de las constantes que habrían de repetirse en sus obras posteriores, como por ejemplo su marcada extravagancia estética, la figura de la mujer como centro del horror, y su inclinación por la utilización de bandas sonoras disonantes y a ratos desorientadoras, entre otras cosas. En gran medida, la razón por la que “Suspiria” funciona de buena manera es porque Argento supo conjugar a la perfección un cuidado aspecto estético, una banda sonora memorable y atmosférica, y un guión que no solo fusiona y moderniza ciertos elementos de los cuentos infantiles, el horror gótico y la mitología ligada al ocultismo, sino que además establece un mundo surreal donde todo es posible, lo que permite que la mente del espectador fluya sin ningún tipo de límites.



por Fantomas.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Winchester 73: La versión más oscura del héroe clásico del western.

“Winchester 73” (1950), es un western del director Anthony Mann, el cual está protagonizado por James Stewart, Shelley Winters y Stephen McNally.

El jinete Lin McAdam (James Stewart) está buscando al asesino de su padre y un rifle único; un Winchester 73, el cual ha estado en posesión de un diverso grupo de personajes desesperados, entre los que se encuentran un bandido loco (Dan Duryea), un traficante de armas inmoral (John McIntire), un salvaje jefe indio (Rock Hudson), y “Dutch Henry” Brown (Stephen McNally), el peligroso asesino que McAdam está persiguiendo.


“Winchester 73” fue un proyecto que estuvo dando vueltas en la Universal por un buen tiempo a finales de los cuarenta. En un principio, el proyecto le había sido asignado al director Fritz Lang, quien ya había logrado obtener un cierto reconocimiento por su trabajo en los westerns “The Return Of Frank James” (1940) y “Western Union” (1941), ambos realizados para la 20th Century Fox. Lang estuvo trabajando en el guión con Robert L. Richards, el cual estaba basado en una historia de Stuart N. Lake. Lake era un experto conocedor de la figura de Wyatt Earp, razón por la cual no es de extrañar que dicho personaje también tenga un pequeño rol en esta historia.

Por otro lado, el actor James Stewart había estado ocupado retomando su carrera luego de retornar de su heroico servicio en la Segunda Guerra Mundial. En 1947, Stewart asumió el rol de Elwood P. Dowd en una obra de Broadway titulada “Harvey”, escrita por Mary Chase. Con el fin de asegurar la participación del actor en la adaptación cinematográfica de la obra que la Universal pretendía realizar, el agente de este llegó a un curioso trato con William Goetz, quien era el jefe del estudio en aquel entonces; mientras que a Stewart solo le importaba quedarse con el rol protagónico de la adaptación de la obra, Goetz pretendía que el actor protagonizara un western que había estado en el limbo durante años. Luego de una larga discusión concerniente al salario del actor, se llegó al acuerdo de que Stewart recibiría un porcentaje de las ganancias de ambas películas. Cuando Stewart se sumó al proyecto, Lang había renunciado a la dirección del mismo. Fue el mismo actor quien propuso al director Anthony Mann como reemplazante, debido a que Stewart admiraba el trabajo de este, y además no había tenido la oportunidad de trabajar con él anteriormente. Fue así como llegó el director junto al escritor Borden Chase, quien se encargaría de reescribir el guión de Richards.

El guión de Chase estructura la historia de manera episódica, lo cual le permitió al director no solo incluir gran parte de los elementos presentes en el llamado western clásico, sino que además le otorgó la oportunidad de revitalizar el género hasta cierto punto. Por un lado, Chase y Mann se las arreglaron para incorporar muchas de las situaciones y personajes típicos de los westerns de la época. Solo por nombrar algunos de estos elementos, el film nos presenta: un tiroteo, una persecución a una caravana, una competencia de tiro al blanco, un juego de póker, un robo a un banco, e indios atacando a un grupo de soldados, entre otras cosas. Por otra parte, el director se encargaría de mezclar estos elementos con otros más propios del cine negro. Y es que Anthony Mann se había especializado en filmar cintas de cine negro, entre las que destacan “T-Men” (1947) y “Side Street” (1950), entre otras. En “Winchester 73”, Mann ocupa su experiencia como director de cine negro para contar la historia de un disparatado grupo de personajes que comparten una característica en común: el deseo incontrolable de poseer el curioso rifle de repetición Winchester 73, el cual siempre vendrá acompañado de un oscuro destino.

En esta ocasión, el personaje interpretado por James Stewart es un héroe de moralidad ambigua el cual es impulsado por un sentimiento de venganza prácticamente sicopático. Es un personaje que presenta una dualidad bastante interesante; por un lado, el protagonista se presenta como un auténtico caballero el cual es honesto, inteligente, valiente y amable, mientras que en otros momentos sale a relucir su lado más oscuro, el cual deja en evidencia de que se trata de un hombre que puede ser sanguinario y brutal, capaz de arrasar con todo aquel que se interponga en su cruzada de venganza. Acompañando al personaje de Stewart, se encuentra se amigo “Carta Alta”, interpretado por Millard Mitchell. Este personaje se presenta como el fiel amigo de Lin MacAdam, el cual parece compartir el proceder de su compañero sin importar lo cuestionable que este resulta ser en ciertas ocasiones. Pese a que a fin de cuentas es este personaje quien nos revela la verdad tras el asesinato del padre de MacAdam, en ningún momento se especifica cual es la razón que lo lleva a cruzar gran parte del oeste tras un criminal que no le ha hecho ningún daño.


El resto de los personajes de esta cinta son igualmente coloridos. Lola Manners, personaje interpretado por Shelley Winters, es una mujer fuerte y valiente que no teme enfrentarse a las situaciones que se le van presentado durante el viaje que emprende junto a su pareja (un tipo sumamente cobarde) en búsqueda de un nuevo hogar. Este será el “interés amoroso” de MacAdam, aunque claramente este no le da mucha importancia a esta relación, debido a la obsesión que lo consume. “Dutch Henry” Brown, el villano de turno, bien podría considerarse como el doble maligno de MacAdam, ya que a fin de cuentas ambos personajes presentan bastantes similitudes. Completando el cuadro está Waco Johnnie Dean (Dan Duryea), un delincuente sin escrúpulos que disfruta del miedo que les infunde a los demás, y Wyatt Earp (Will Geer), quien sale solo unos minutos y se muestra algo más amigable de lo que se dice que fue dicho personaje. Además, el film tiene la particularidad de contar con una de las primeras apariciones cinematográficas de Rock Hudson, quien interpreta a un jefe indio, y de Tony Curtis, quien participa como uno de los soldados que deben enfrentarse a la inmisericorde envestida de los indios.

Anthony Mann realizaría otros cuatro westerns junto a Stewart en un lapso de cinco años, pero ninguno a la altura de “Winchester 73”. Es gracias a la estructura episódica que posee la historia, que esta posee un ritmo narrativo más bien dinámico. Por otro lado, si bien el director integra los elementos clásicos del western, logra reinventar por completo el conflicto típico del pistolero, otorgándole una psicología distinta al héroe de turno. Con respecto a esto, la razón por la cual esta cinta es reconocida como la iniciadora del western moderno, queda ilustrada en la escena en la cual MacAdam se encuentra por primera vez con su enemigo. En esta escena, ambos hombres han llegado a Dogde City para una competencia de tiro al blanco, y el Sheriff Wyatt Earp ha tomado posesión de las armas de los visitantes como medida precautoria. Cuando MacAdam entra a una cantina y se encuentra de cara con su enemigo, ambos hombres saltan e intentar desenfundar sus armas prácticamente como si estuvieran poseídos, solo para darse cuenta de que no están en posesión de sus armas. Esta escena tiene un particular efecto; por primera vez en un western el espectador se ve forzado a confrontar un hecho subversivo; el noble héroe del oeste, aquel que cabalga hacia el horizonte, puede ser un perfecto maníaco. Desde el lanzamiento de “Winchester 73”, la idea de que el héroe del western podía ser un hombre con problemas personales, alguien violento e incluso algo psicótico, comenzó a tomar fuerza en los films norteamericanos posteriores a esta obra.
En definitiva, "Winchester 73" se trata de una cinta sumamente recomendable, que logra entretener y que cambió el esquema de las historias ambientadas en el viejo oeste.




por Fantomas.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Torture Garden: El siniestro mundo del Doctor Diabolo.

“Torture Garden” (1967), es un film de terror del director Freddie Francis, el cual está protagonizado por Burguess Meredith, Jack Palance, Michael Ripper y Peter Cushing.

Cinco personas visitan un espectáculo de feria dirigido por el misterioso Doctor Diabolo (Burguess Meredith). Luego de una pequeña presentación, él les promete una experiencia realmente escalofriante si están dispuestos a pagar un dinero extra. Arrastrados por su curiosidad, el pequeño grupo decide seguirlo a un lugar donde todos podrán ver su destino a través de las tijeras de una deidad llamada Atropos (Clytie Jessop).


Después del increíble éxito obtenido por el film de antologías “Dr. Terror´s House of Horrors” (1965), del director Freddie Francis, los mandamases de la modesta productora británica Amicus, Max J. Rosenberg y Milton Subotsky, se lanzaron a la tarea de gestar un proyecto de similares características que pudiese repetir lo logrado por dicho film. Mientras tanto, la productora realizó otras ocho películas, cuyo éxito comercial fue variable, como por ejemplo la cinta de ciencia ficción “Daleks´ Invasion Earth: 2150 AD” (1966), y el thriller gótico “The Skull” (1965). Con respecto a este último film, la historia corta que sentó las bases de su guión fue escrita por Robert Bloch, cuyo trabajo eventualmente sería utilizado para desarrollar la segunda cinta de antologías de la Amicus, la cual sería titula “Torture Garden”. En esta ocasión Subotsky optaría por no participar en la confección del guión, para otorgarle la oportunidad a Bloch de adaptar con total libertad sus propias historias. A diferencia de los relatos escritos por Subotsky para “Dr. Terror´s House of Horrors”, los cuales se caracterizaban por ser bastante predecibles, en esta ocasión Bloch desarrolla cuatro historias cortas que gozan de cierta originalidad y altas dosis de locura, lo que permite que sus desenlaces sean completamente impredecibles.

La primera historia, “Enoch”, se caracteriza por ser inusualmente gris y pesimista. Bajo el apartado sobrenatural que presenta, se esconde un relato repleto de clichés que se centra en un hombre detestable y codicioso que busca deshacerse de un familiar para quedarse con su dinero. En este caso, es un joven llamado Colin Williams (Michael Bryant) quien se muestra determinado a averiguar el secreto tras la fortuna de su frágil tío Roger (Maurice Denham). Lamentablemente, los pequeños toques de suspenso que presenta este segmento son rápidamente anulados cuando se revela que una bruja solía vivir en la vieja casona del tío Roger. El único familiar vivo de dicha bruja, es un gato llamado Baltazar, quien convence a Colin de seguir sus siniestras instrucciones con la promesa de que le revelará el secreto de su tío. Resulta evidente que este segmento está fuertemente influenciado por “El Gato Negro”, relato escrito por Edgar Allan Poe, solo que en esta ocasión Baltazar se presenta como una suerte de alter ego del protagonista, quien lo obliga a realizar actos que conscientemente no llevaría a cabo. Aún cuando la historia presenta una marcada atmósfera gótica y se desarrolla en un escenario realmente escalofriante, de todas formas “Enoch” no resulta ser un segmento realmente convincente, por lo que una vez visto es rápidamente olvidado por el espectador.

La segunda historia titulada “Terror Over Hollywood”, aún cuando mezcla de buena manera la sátira con el suspenso, es probablemente el segmento menos interesante de todos los que conforman las distintas cintas de antologías de la Amicus. En esta ocasión la protagonista es Carla Hayes (Beverly Adams), una joven aspirante a actriz que desea escalar hasta lo más alto del circuito hollywoodense. Para lograr su objetivo, Carla buscará ganarse el afecto de un veterano actor llamado Bruce Benton (Robert Hutton), quien pertenece a un selecto grupo de artistas que parece haber descubierto un método para conservar su juventud eternamente. Si bien resulta interesante el comentario subversivo que Bloch realiza acerca la naturaleza del estrellato, y sobre como Hollywood está habitado por un gran número de personajes totalmente autómatas que son manejados por los grandes estudios, finalmente las mediocres actuaciones de la dupla protagónica y la poco inspirada puesta en escena del segmento, terminan por sepultar el interés del espectador en un relato que lamentablemente está plagado de buenas ideas mal ejecutadas.

La tercera historia, “Mr. Steinway”, es quizás una de las más recordadas y criticadas del film. Y es que cualquier relato que presente a un piano homicida va a costar tomarlo en serio. En “Mr. Steinway”, Dorothy Endicott (Barbara Ewing) comienza una relación amorosa con el famoso concertista de piano Leo Winston (John Standing), cuyas habilidades artísticas se ven afectadas tras la llegada de la hermosa y algo egoísta joven a su vida. Es a raíz de esto que el espíritu de la difunta madre de Winston decide poseer el piano el artista, para así acabar con la vida de la absorbente Dorothy. Si bien resulta interesante la forma en como Francis dota a un objeto inerte de sentimientos y emociones, y como el guionista establece ciertos paralelismos entre las relaciones amorosas y el vampirismo, asegurando que es el egoísmo de Dorothy lo que ha drenado la sensibilidad artística de Winston, lamentablemente a medida que avanza el relato este se va hundiendo cada vez más en la simple caricatura, transformándose en una suerte de placer culpable que muchas veces ha sido catalogado como una parodia de la novela “Psycho”, la cual fue escrita por el mismísimo Bloch.

La última historia, “The Man Who Collected Poe”, es por lejos la mejor de todo el film. De hecho, es recordada como una de las mejores historias de toda la saga de antologías de la Amicus. El protagonista de este relato es Ronald Wyatt (Jack Palance), un fanático de la obra de Edgar Allan Poe, quien tiene la oportunidad de conocer a Lancelot Canning (Peter Cushing), el más grande coleccionista de objetos pertenecientes a Poe en el mundo. Con la intención de obtener las piezas más preciadas de la colección de Canning, Wyatt se propone descubrir el secreto que esconde el primero, sin imaginarse que las consecuencias de sus actos pueden ser fatales. La historia esencialmente funciona de forma adecuada gracias a la presencia de Peter Cushing y Jack Palance, quienes interpretan a la perfección a una pareja de coleccionistas obsesivos dispuestos a hacer cualquier cosa con tal de obtener aquello que desean. Por otro lado, el relato no solo hace un estupendo trabajo explorando la desesperación que en ocasiones domina a los aficionados al coleccionismo, sino que además mezcla de manera eficiente ciertas dosis de suspenso con otras de humor negro, y posee una peculiar atmósfera gótica que es coronada con un escalofriante final de tintes sobrenaturales.

“Torture Garden” presenta el mismo problema existente en prácticamente todas las cintas de antologías, y es que lamentablemente no todos los segmentos logran mantener un cierto nivel narrativo y técnico que permita que el producto final se convierta en una obra memorable. En esta ocasión tampoco ayuda demasiado que el escenario que enmarca las cuatro historias no resulte del todo convincente, principalmente por la evidente sobreactuación en la que cae Burguess Meredith, quien convierte al supuestamente siniestro Doctor Diabolo en algo no muy lejano a una simple caricatura. Por lo que sí se destaca “Torture Garden” es por su apartado visual, el cual en gran medida es responsabilidad del estupendo trabajo de fotografía de Norman Warwick, el cual se complementa de manera perfecta con la efectiva pero olvidable banda sonora compuesta por Don Banks y James Bernard. Es a raíz de esto que no resulta extraño que varios años más tarde del estreno del film, Freddie Francis haya asegurado que “Torture Garden” fue su mejor trabajo al interior de la Amicus, por lo menos en lo referente al ya mencionado apartado visual. Aun cuando es evidente que “Torture Garden” no es uno de los mejores productos de la Amicus, de todas formas resulta ser un film entretenido que presenta un puñado de buenas actuaciones, un memorable segmento final, y por sobre todo un indiscutible atractivo visual.

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por Fantomas.

viernes, 6 de febrero de 2009

Groundhog Day: El peor día de tu vida....una y otra vez.

“Groundhog Day” (1993), es una comedía dirigida por Harold Ramis, y escrita por el mismo director en compañía de Danny Rubin, la cual está protagonizada por Bill Murray y Andie McDowell.

Phil Connors (Bill Murray) es un detestable meteorólogo televisivo que llega con su equipo a un pequeño pueblo llamado Punxsutawney, para grabar un reportaje sobre el Día de la Marmota, durante el cual se supone que el animal en cuestión indica el termino del invierno. Tras pasar una noche en el lugar, Phil descubre que está viviendo nuevamente el Día de la Marmota… una y otra vez. Desde ese momento tendrá que revivir el curioso día de forma indefinida, hasta poder encontrar una solución a su peculiar problema.

Una película sobre un hombre condenado a vivir el mismo día una y otra ve no parece ser una buena premisa para un éxito de taquilla, pero con Bill Murray en frente de las cámaras y con Harold Ramis tras de ellas, todo parece posible. Basado en una historia de Danny Rubin, el guión escrito por el mismo Rubin junto a Ramis presentaba algunas diferencias con respecto a la historia original. Por ejemplo en el relato original, el personaje de Murray desde un principio se encontraba atrapado en el tiempo. Fue Ramis quien insistió en crear un segmento introductorio, el cual serviría para establecer la procedencia del personaje protagónico, evitando de esta manera que la trama se tornara confusa. De la misma forma, Rubin originalmente había sugerido que el protagonista estuviese atrapado en el mismo día durante cientos de años, pero finalmente se decidió por minimizar drásticamente este espacio de tiempo a diez años, aunque esto no se especifica nunca en la cinta.

Resulta más extraño aún el hecho de que el “Día de la marmota” sea la festividad seleccionada para desarrollar la historia. Sería en una entrevista que Rubin explicaría las razones de su elección: “Existen muchas razones para que el Día de la Marmota sea una buena elección. Primero, porque marca el fin del invierno. Eso coincidía con el sentido de la historia dado que el personaje principal se encuentra atrapado en su día más oscuro. De la misma forma, tenía sentido que el personaje fuera tan solo un pasajero eventual, y que además su trabajo consistiera en la predicción del clima. Además, se trata de una festividad no “explotada” cinematográficamente. Finalmente, la razón por la que seleccioné el Día de la Marmota fue porque tuve la idea en la época cercana a la fiesta, y debido a que era una de las pocas personas fuera de Pennsylvania que sabían algo acerca de ella.”


Al momento de escoger al actor que ocuparía el rol protagónico, Rubin no veía con buenos ojos la inclusión de Murray en el proyecto. Él esperaba contratar a un actor como Kevin Kline, e incluso se llegó a pensar en Tom Hanks para el papel protagónico. Si bien a Rubin le gustaba el trabajo realizado por Murray en sus cintas anteriores, no lo consideraba un actor capaz de llevar a cabo lo que él tenía pensado. Sin embargo, tras la insistencia del estudio que quería un comediante conocido para interpretar el rol protagónico, y luego de que Harold Ramis sugiera a Murray como la elección perfecta para dicho rol, a Rubin no lo quedó más opción que contratarlo. El film volvería a reunir a Murray y Ramis, quienes anteriormente habían trabajado juntos en “Caddyshack” (1980), “Stripes” (1981), y “Ghostbusters” (1984). Sin embargo, al parecer no existía una muy buena relación entre ambos y la realización de esta cinta no sirvió para mejorarla; mientras que Murray quería darle un toque más filosófico a la historia, Ramis tenía que insistirle que se trataba de una comedia. Fueron tantos los roces durante la filmación, que desde aquel entonces ambos dejaron de hablarse casi por completo.

Phil Connors es un personaje arrogante, sarcástico, amargado por sus propias desilusiones, sin esperanza alguna, y apartado del resto de las personas. Para colmo, él piensa en la sinceridad no como un valor, sino como un arma que puede ser usada en su contra. En resumidas cuentas, Phil es un perfecto idiota incapaz de ver más allá de su propia nariz. El solo hecho de tener que ir a cubrir la noticia de una marmota que predice el fin del invierno, ya representa un insulto para su abultado ego. Lo único que él desea es abandonar el pueblo lo antes posible, e irónicamente es lo único que no podrá hacer. Todas las mañanas a las 6 a.m., Phil será despertado por la alarma del reloj y por la canción “I got you babe”, de Sonny y Cher (canción que seguramente quedará estancada en la cabeza del espectador por un tiempo). Él tendrá que vivir una serie de inevitables experiencias una y otra vez; encontrarse con un viejo compañero de escuela el cual ahora vende seguros y que resulta ser bastante molesto, meter su pie accidentalmente en un charco de agua, y posar en frente de la cámara para reportar (cada vez de peor manera) el acontecimiento por el cua
l se encuentra en el pueblo, entre otras cosas.
Si bien en un principio el personaje de Murray se pregunta la razón de este extraño suceso, más temprano que tarde optará por sacarle el máximo provecho posible a la situación; si cada mañana amanece en la misma cama, a la misma hora y es el mismo día, significa que no existe el mañana, por lo tanto no existen las consecuencias. Así comienza una travesía por sus más oscuros deseos y fantasías; seducirá a cuanta mujer se cruce en su camino, comerá hasta hastiarse, e incluso experimentará lo que se siente cometer un robo. Todo esto no lo llevará más que a un espiral de autodestrucción que terminará en múltiples intentos de suicidio. Dentro de esta inevitable monotonía, Phil aprenderá a conocerse a sí mismo, a conocer a Rita, y aprenderá lo que es el verdadero amor. Es recién entonces cuando Phil se da cuenta de que quiere transformarse en un buen hombre, lo que no le resultará tan sencillo.

Su viaje se puede considerar como una parábola acerca la sociedad materialista; la historia involucra un crecimiento personal, que nace de la reflexión del personaje acerca de su propia existencia. Él se encuentra atado a la rueda del tiempo, y está destinado a girar hasta que se gane la promoción al próximo nivel. También habla acerca de la monotonía y como se puede lidiar con ella. Mientras nosotros en muchas ocasiones desarrollamos de manera semiautomática nuestras actividades cotidianas, él está forzado a parar y tratar cada día como si fuera un mundo en sí mismo, al mismo tiempo que decide bajo que prisma va a vivir ese día. A fin de cuentas, él decide romper con todos los esquemas que había establecido durante años, para encontrar su yo más auténtico, donde la creatividad y la compasión fluyen de manera natural. Toda la historia no es más que una gran ironía; un hombre atrapado en sí mismo solo puede ser liberado confinándolo y obligándolo a cuestionarse su vida.

“The Groundhog Day” es una genial comedia que entrega un mensaje más profundo del que uno se puede imaginar, siendo reconocida como una de las “100 mejores comedias de la historia del cine” por el American Film Institute. Y es que la verdad tiene razones de sobra para justificar dicha mención. Las actuaciones son estupendas, en especial la de Bill Murray, siendo esta la cinta que muchos consideran como el punto de inflexión en la carrera del actor, debido a que a partir de este trabajo él comenzaría a demostrar su versatilidad. Por su parte, Andie MacDowel brilla como la adorable Rita, mientras que el resto del elenco realiza un más que correcto trabajo. Probablemente "Groundhog Day" es la mejor película del director Harold Ramis, y sin duda es uno de los mejores trabajos de Bill Murray, por lo que de seguro esta cinta no dejará a nadie insatisfecho..


por Fantomas.
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