lunes, 28 de junio de 2010

Hansel and Gretel: Los oscuros confines de la imaginación infantil.

“Hansel and Gretel” (2007), es un film de terror del director Yim Pil-Sung, el cual está protagonizado por Chun Jung-Myeong, Eun Won-jae, Shim Eun-kyeong y Jin Ji-hye.

Tras sufrir un accidente automovilístico en medio de una solitaria carretera, Eun Soo (Chun Jung-Myeong) va a parar a una misteriosa cabaña repleta de dulces y juguetes, donde habita una extraña familia que parece estar dominada por los gustos y los caprichos de sus tres pequeños hijos. Aunque en un principio todo va bien, eventualmente el joven se da cuenta de que le es imposible escapar del bosque que rodea a la pequeña e idílica casa, cuyos habitantes esconden un oscuro secreto.


Hace ya bastantes años que la industria cinematográfica surcoreana viene produciendo una serie de películas realmente interesantes y cautivadoras, las cuales en su gran mayoría están ligadas al género fantástico. Lamentablemente, dichas producciones no son ampliamente distribuidas fuera de Asia, y cuando lo son, no consiguen la publicidad suficiente como para que la gente que no está familiarizada con este tipo de películas se entere de su existencia. Este es precisamente el caso de “Hansel and Gretel”, la cual es la segunda película del director y guionista Yim Pil-Sung, quien dos años antes había incursionado en el género del horror psicológico con el film “Antarctic Journal” (2005). En esta ocasión, el director le da vida a una oscura y retorcida reinvención del cuento escrito por los Hermanos Grimm, en el cual una pareja de niños se convierten en los prisioneros de una bruja cuya casa está hecha de jengibre. Los sueños infantiles, la pérdida de la inocencia y el poder de la imaginación, son parte de los temas que toca Pil-Sung en este film que fusiona la fantasía con el horror y el drama, y que a diferencia del relato de los Hermanos Grimm, está narrada desde el punto de vista de un adulto.

La trama de “Hansel and Gretel” gira en torno a un joven llamado Eun Soo, quien se encuentra de camino a ver su madre la cual está sumamente enferma, viaje que aprovecha para evitar afrontar el hecho de que está próximo a convertirse en padre. Mientras intenta contactarse con su novia, Eun Soo pierde el control del vehículo el cual va a dar al medio de un solitario bosque. Cuando logra recuperar el conocimiento, el joven se encuentra con una niña llamada Young Hee (Shim Eun-kyeong), quien le ofrece ayudar para salir del embrollo en el que se encuentra metido. Tras aceptar la ayuda de la pequeña, Eun Soo se ve obligado a pasar la noche en la casa de su inusual anfitriona, quien le recomienda que espere a que amanezca para intentar regresar a la carretera. Tan pronto como ingresa a la colorida casa de Young Hee, Eun Soo empieza a percibir que algo extraño sucede en el lugar. Junto a la niña, viven sus hermanos Jung-soon (Jin Ji-hye) y Man-bok (Eun Won-jae), y los padres de estos, quienes no parecen tener otra preocupación más que consentir a sus tres retoños. Sin embargo, lo que realmente le preocupa a Eun Soo, es que la cabaña parece estar completamente desconectada del resto del mundo, ya que no solo el único teléfono del lugar se encuentra en reparaciones, sino que además su celular no consigue captar señal alguna al interior de un lugar que parece estar sacado de un retorcido cuento de hadas.

Todo empeorará drásticamente para Eun Soo a la mañana siguiente, cuando se percata que la casa no solo se encuentra aislada en medio de la nada, sino que además el bosque que la rodea es un laberinto gigante el cual no parece tener salida. Para colmo, los padres de los niños deciden ausentarse sin previo aviso del lugar y por un tiempo indefinido, obligando al joven a hacerse cargo de los pequeños. Durante su estadía forzosa al interior de la casa, Eun Soo es testigo de una serie de acontecimientos extraños que parecen tener una raíz sobrenatural. Tenebrosos sonidos provenientes del techo, misteriosas figuras que deambulan amparadas en la oscuridad, y pasillos que parecen cambiar de forma con el correr de los minutos, son parte del repertorio siniestro que esconde la llamada “Casa de los Niños Felices”. Inevitablemente y de manera gradual, Eun Soo comienza a perder la razón al mismo tiempo que intenta por todos los medios descubrir el secreto que esconden con tanto recelo Young Hee y sus hermanos, antes de que sea demasiado tarde para él y para una pareja de desconocidos que no son lo que aparentan ser.

Aún cuando la cinta explora el lado más siniestro del mundo infantil, y al mismo tiempo retrata a Young Hee y a sus hermanos como figuras casi demoniacas, el director incluye algunos giros de tuerca que impiden que el espectador satanice por completo a los pequeños. Tal y como sucede en el cuento escrito por los Hermanos Grimm, los adultos parecen ser la raíz del problema en torno al cual gira la trama. Su actitud abusiva ha sido en gran medida el detonante del comportamiento violento y caprichoso de un grupo de niños que han decidido convertir una solitaria casa en medio del bosque, en una suerte de santuario llamado a resguardar su inocencia perdida y sus ansias de juventud eterna. Con el fin de reafirmar la noción de que los adultos en sus intentos por destruir el mundo de fantasía impuesto por los niños, terminan corrompiéndolos y arrastrándolos a cometer actos impulsivos y horrendos, Yim Pil-Sung inserta en la historia a la pareja antes mencionada, la cual en reiteradas ocasiones exhibe una actitud hostil hacia los niños. Junto con esto, el director también incluye un flashback que no solo explica los motivos por los cuales Young Hee y compañía han decidido recluirse en un mundo de fantasía alejado del mundo de los adultos, sino que además establece ciertos paralelos entre el film y el cuento de los Hermanos Grimm, como por ejemplo claras referencias al canibalismo y a la tan temida pérdida de la inocencia.

En lo que a las actuaciones respecta, la totalidad del elenco participante realiza un estupendo trabajo. Mientras que Chun Jung-Myeong convierte al protagonista en un personaje carismático con el cual el espectador logra identificarse, el trio de niños logra con éxito proyectar la dualidad de sus personajes, los cuales por momentos resultan ser realmente aterrorizantes y siniestros, para luego convertirse en seres frágiles y atormentados por los fantasmas de su pasado. En cuanto al aspecto técnico de la producción, no solo resulta destacable el vistoso trabajo de fotografía de Ji-yong Kim, sino que además la maravillosa dirección de arte de Seong-hie Ryu. Algo que sin duda resulta curioso, es que pese a las tonalidades alegres que inundan el peculiar hogar de los tres niños, este logra convertirse en un lugar siniestro donde por las noches abundan los peligros en cada uno de sus rincones. Y es que incluso alegres pinturas de conejos, inocentes muñecas de trapo y rústicos dibujos infantiles, adquieren un cariz claramente amenazador al interior de la “Casa de los Niños Felices”. Por último cabe destacar la banda sonora compuesta por Byung-woo Lee, la cual no solo cumple un rol fundamental a la hora de construir la atmósfera opresiva e inquietante que domina a gran parte del relato, sino que además durante el tramo final de la cinta es la gran responsable de que el horror se convierta en sentimentalismo.

En términos narrativos, mientras que la primera mitad del film se caracteriza por sumergirse en los terrenos del suspenso y del horror, la segunda mitad entra más de lleno en el melodrama, lo que convierte al relato en una suerte de fantasía agridulce que invita al espectador a recordar la importancia de sus seres queridos. Probablemente es a causa de este cambio de dirección temática, que durante la segunda mitad de la cinta el ritmo narrativo decae notablemente, al igual que el interés del espectador en una historia que por momentos resulta ser demasiado compleja. En líneas generales, el film de Yim Pil-Sung se presenta como una interesante reinvención del cuento clásico de los Hermanos Grimm, en la cual si bien cambian los personajes y el escenario donde transcurre la historia, el trasfondo de esta es prácticamente el mismo. En definitiva, pese a sus falencias en el aspecto narrativo, “Hansel and Gretel” resulta ser una producción interesante que no solo presenta un indiscutible atractivo visual, buenas actuaciones y una atrayente mezcla de géneros, sino que además refleja a la perfección la dualidad existente en la gran mayoría de los cuentos infantiles.



por Fantomas.

Peter Lorre: Un pequeño gran actor ligado a los roles secundarios.

Ladislav Löwenstein, más conocido como Peter Lorre, nació el 26 de junio de 1904, en Rozsahegy, Hungría. La madre de Peter falleció en 1908, tras lo cual su familia se mudó a Rumania, y luego a una granja en Austria durante la Primera Guerra Mundial. Cuando el territorio austriaco donde se encontraban pasó a ser parte de la entonces Yugoslavia, la familia regresó a Viena. Para ese entonces, Peter ya se había fijado el objetivo de convertirse en actor. Aunque para complacer a su padre, Peter trabajó durante un tiempo como empleado de un banco, pronto comenzó a dedicar todo su tiempo a la actuación. En varios documentos biográficos se suele mencionar erróneamente que Lorre habría sido psiquiatra. Probablemente este rumor se deba a que uno de los primeros trabajos como actor sería en una compañía teatral especializada en el psicodrama (lo que se entiende como el uso de la actuación como una herramienta terapéutica), la cual estaba liderada por el psicólogo Jacob Moreno. Sería durante este periodo que Ladislav Löwenstein cambiaría su nombre a Peter Lorre.

En 1924, pese a la desaprobación de su padre, Lorre se mudó a Breslavia donde continuó trabajando en el teatro, y luego se trasladó a Zurich, para en 1925 regresar a Viena. Él continuaría apareciendo en algunas producciones locales hasta 1928, cuando a los 21 años de edad decidió trasladarse a Berlín. Al poco tiempo de su llegada a la ciudad germana, fue llamado a participar en la obra “Pioniere in Ingolstadt”, en la cual interpretó al idiota del pueblo, papel que le valió una serie de buenas críticas. También participaría con igual éxito en las obras “Dantons Tod” y “Geschichten aus dem Wiener Wald”, llamando la atención del escritor avant-garde Bertolt Brecht, quien lo invitaría a participar en las obras “Happy End” y “Mann Ist Mann”. En aquella época, Lorre conocería a su primera esposa, Celia Lovsky. Durante este periodo también se enfermaría gravemente, razón por la cual tuvo que someterse a una compleja cirugía. El resultado de dicha intervención sería una serie de problemas de salud que lo acompañarían durante el resto de su vida, y una fuerte adicción a la morfina, la cual si bien logró mantener en secreto, jamás pudo dejar de lado. Sería su participación en la obra “Fruehlings Erwachen” la que llamaría la atención del director Fritz Lang, quien inmediatamente le ofreció a Lorre un rol en su primer film sonoro.


Mientras Lang realizaba los últimos preparativos antes de comenzar con la fase de filmación de su cinta, Lorre continuó trabajando en producciones teatrales como “Die Unuberwindlichen” y “Die Quadratur des Kreises”. Finalmente, en 1931 Lorre aparecería en el film de Lang “M”, el cual era la historia de un asesino de niños. La interpretación de Lorre como el siniestro asesino, resultó ser escalofriante, patética y convincente por partes iguales. Gracias a esto, el actor no sólo recibió el beneplácito de la crítica alemana, sino que además se le abrieron las puertas a nivel internacional. Pese a esto, durante los dos años siguientes Lorre sólo conseguiría roles secundarios o participaría como extra en un par de producciones alemanas. Cuando se preparaba para filmar su novena cinta, Lorre se vio obligado a escapar de Alemania con el ascenso de Hitler al poder. Si bien el actor no era un objetivo primario en el plan maestro de Hitler, era solo cuestión de tiempo para que los nazis fijaran sus ojos en él (el ser judío, extranjero y parte de la elite intelectual no le ayudaban mucho que digamos). Por lo tanto, el instinto de sobrevivencia y el rechazó hacia la creciente censura que dominaba a la Alemania de la época, llevaron a Lorre y a varios de sus colegas a abandonar el país en busca de nuevos horizontes.

El noveno film de Lorre sería terminado en Viena. Posteriormente, él y Celia se mudarían a Paris donde el actor participó sólo en la cinta “High and Low” (1933). En 1934, Alfred Hitchcock le pidió que interpretara a un terrorista en la cinta “The Man Who Knew Too Much”. Aunque Lorre ha declarado que no sabía ni una pizca de inglés cuando fue llamado a participar en el proyecto, él de todas formas logró imprimirle un toque siniestro a su personaje. El actor y el director mantendrían una cordial relación durante todo el proceso de filmación de la película, en especial debido a que ambos tenían cierta afición por las bromas pesadas. Durante su estadía en Inglaterra, Peter y Celia finalmente contraerían matrimonio. Su participación en el film de Hitchcock pronto llamó la atención de la industria hollywoodense, razón por la cual la Columbia Pictures no tardó en ofrecerle un contrato. Sin pensarlo demasiado, Lorre aceptó la propuesta y se embarcó hacia los Estados Unidos. Desafortunadamente, los ejecutivos del estudio no sabían qué hacer con él cuando arribo a Hollywood, por lo que la primera película norteamericana de Lorre sería el film de la MGM, “Mad Love” (1935), en el cual nuevamente interpretaría a un asesino psicópata.

A su regreso a la Columbia, Lorre aceptó interpretar a Roderick Raskolnikov en la versión cinematográfica de la novela de Fiódor Dostoievski, “Crime and Punishment” (1935). La película resultó ser un experimento interesante, pero lamentablemente no consiguió los resultados de taquilla deseados. De esta forma, Lorre regresó brevemente a Inglaterra para participar en otro film de Hitchcock, “Secret Agent” (1936). Cuando regresó a Norteamérica, el actor dejó la Columbia y firmó un contrato con la 2oth Century Fox. Su primer rol en el estudio sería el del Coronel Gimpy en la cinta “Crack-Up” (1936), el cual le permitió mezclar sus dotes para la comedía con su faceta más dramática. Su siguiente proyecto sería sin duda algo que se alejaba bastante de sus trabajos anteriores; Lorre sería escogido para interpretar al detective japonés Mr. Moto, el cual estaba basado en el personaje protagonista de las novelas de John P. Marquand. Como el estudio había tenido éxito con la serie de cintas protagonizadas por Charlie Chan, otro detective japonés, pensaron que sería buena idea repetir la fórmula. Gracias a la calidad actoral de Lorre, Moto se convirtió en un personaje bastante más interesante que el resto de los detectives que solían aparecer en las producciones hollywoodenses de la época.

La serie compuesta por ocho películas, comenzó en 1937 con la cinta “Think Fast, Mr Moto”, y finalizó en 1939 con “Mr. Moto Takes a Vacation”. La habilidad de Lorre para imprimirle a sus personajes una cierta característica siniestra, sería fundamental a la hora de convertirlo en un actor exitoso. Los villanos que interpretó mostraban un oscuro toque humorístico, mientras que sus personajes más cómicos poseían un trasfondo perverso. En 1940, Lorre comenzó a tener problemas con su esposa Celia, debido a sus amistades (entre los que se encontraba Humphrey Bogart), el alcohol y las mujeres. Si bien su matrimonio se quebró completamente durante ese año, la pareja recién se divorciaría en 1945. A principios de los cuarenta, el actor firmaría un contrato con la Warner Brothers, donde gozaría de cierta popularidad gracias a su participación en una serie de cintas de suspenso y aventuras. Su primer papel importante al interior del estudio sería en el film “The Maltese Falcon” (1941), donde interpretaría al amanerado Joel Cairo, uno de sus personajes más recordados.

Durante la filmación de dicha película, Lorre conocería a quien se convertiría en su segunda esposa; la actriz Kaaren Verne. Verne, quien hacía poco que había llegado de Alemania, estaba de visita en el set de filmación de “The Maltese Falcon” cuando supo que Lorre, a quien ella admiraba, se encontraba en el lugar. Ya durante la filmación de “All Through the Night” (1941), Peter y Kaaren se convertirían en una pareja inseparable, y cuatro años después, finalmente contraerían matrimonio. Actor de reparto predilecto de la Warner Bros, en 1942 el actor fue seleccionado para interpretar el rol de Ugarte en la cinta “Casablanca”, donde nuevamente tendría la oportunidad de trabajar con Bogart, con quién coincidiría en tres ocasiones más. Durante este periodo, el director Frank Capra le ofreció el rol del Dr. Einstein en la comedía “Arsenic and Old Lace” (1944), cuyo guión aún no estaba terminado. A la espera de que Capra terminara los últimos detalles de su proyecto, Lorre continuó trabajando al interior de la Warner, generalmente en producciones serie B donde interpretaba roles secundarios. Algunas de las cintas en las que participaría durante este periodo serían “The Constant Nymph” (1943), “The Cross of Lorraine” (1943), y “Passage to Marseille” (1944), entre otras.

Su rol en “Arsenic and Old Lace” sirvió para demostrar la veta cómica de Lorre, la cual continuaría explotando durante el transcurso de su carrera. Tras la Segunda Guerra Mundial, el actor participaría mayormente en thrillers y dramas bélicos como por ejemplo “Hotel Berlin” (1945), “Black Angel” (1946), “The Veredict” (1946) y “Three Strangers” (1946), entre otros. Lamentablemente, durante este periodo su carrera decayó, obligándolo a volver al teatro y a intervenir también en la radio. Fue entonces cuando volvió a Alemania y dirigió la que sería su única película como director, “Der Verlorene” (1951), la cual no tuvo demasiado éxito. En la década de los cincuenta, Lorre trabajaría mayormente en la televisión, aunque de vez en cuando obtenía papeles en el cine, algunos de los cuales aún son recordados con cierto cariño como por ejemplo los interpretados en “Beat the Devil” (1953), “20.000 Leagues Under the Sea” (1954) y “Silk Stockings” (1957). Para colmo, en 1950 Lorre se divorciaría de Kaaren Verne, debido a los problemas causados por su adicción a la morfina. Curiosamente, el actor conocería a quien sería su tercera esposa, Annemarie Brenning, mientras se encontraba internado en una clínica alemana de rehabilitación de drogas.

Ya a fines de los cincuenta, la participación de Lorre en el cine se reducida casi exclusivamente a cameos. Sería de la mano de Roger Corman y sus producciones de terror serie B, que el actor volvería a brillar en la pantalla grande acompañado de Vincent Price. El trío colaboraría en tres films: “Tales of Terror” (1962), “The Raven” (1963) y “The Comedy of Terrors” (1963). El 23 de marzo de 1964, cuatro días después de terminar de filmar la comedia “The Patsy” (1964), protagonizada por Jerry Lewis (cinta en la que dicho sea de paso, Lorre no quería participar), un infarto detuvo el corazón y la carrera de uno de los secundarios más recordados y distinguidos que nos ha dado el celuloide. Su rostro y sus caracterizaciones han inspirado los rasgos de no pocos personajes, y han desembocado en ríos de tinta que rinden merecido homenaje a un pequeño gran actor con una selecta galería de interpretaciones, las que le han valido un puesto de honor en la memoria de los amantes del séptimo arte.



por Fantomas.

viernes, 25 de junio de 2010

The Ipcress File: Harry Palmer, el sagaz colega de James Bond

“The Ipcress File” (1965), es un thriller de espías del director Sidney J. Furie, el cual está protagonizado Michael Caine, Nigel Green y Guy Doleman.

Una serie de importantes científicos desaparecen misteriosamente y al cabo de poco tiempo, reaparecen comportándose de manera extraña. El gobierno británico le encomienda al agente Harry Palmer (Michael Caine) la misión de descubrir quién está detrás de esta misteriosa operación. De esta forma, Palmer, acostumbrado a encargarse del trabajo sucio de los servicios secretos, se verá inmerso en una compleja trama de espionaje.


En noviembre de 1962, poco después del estreno de la exitosa “Dr. No”, la primera incursión en el cine del encantador y sofisticado agente británico James Bond, el escritor Len Deighton publicó la novela de espías “The Ipcress File”. Dicha novela fue bien recibida tanto por el público como por la crítica, por lo que el productor Harry Saltzman, uno de los responsables del “Dr. No”, contactó a Deighton para proponerle que la novela se usara como base para realizar una nueva serie de films de espías. Para Saltzman, esta era una oportunidad única para alejarse de la naturaleza más fantástica de las cintas de Bond, y filmar una historia de espías bastante más realista protagonizada por un terrenal Harry Palmer. Michael Caine, quien en aquella época había adquirido cierta notoriedad en la industria cinematográfica británica gracias a su papel como el Teniente Gonville Bromhead en la cinta “Zulu” (1964), fue escogido para interpretar a Palmer, que se convertiría en el primer rol protagónico del actor. Con la finalidad de mantener ciertos estándares de calidad, Saltzman prefirió utilizar a gran parte del equipo de filmación que había trabajado en “Dr. No”, entre los que se destacan el editor Peter R. Hunt, el compositor John Barry, y el encargado del diseño de producción Ken Adam.

A diferencia de Bond, Harry Palmer no es un espía glamoroso ni pretende serlo. A él no se le asignan peligrosas misiones en el extranjero, o se le provee de un sofisticado equipo que lo ayude a sortear ciertos imprevistos. Tampoco se rodea de hermosas mujeres o pasa sus ratos libres en el casino jugando bacará, sino que coquetea con una de sus compañeras de trabajo y visita el supermercado más cercano a su humilde departamento, con el fin de comprar los víveres que posteriormente formarán parte de su almuerzo. Palmer es más parecido a un detective que a un espía, ya que su mejor arma resulta ser su inteligencia. Las pistas algo vagas que va encontrando en el transcurso de su investigación no apuntan a vistosos villanos, sino que conducen a sujetos que buscan permanecer entre las sombras, por lo que se necesita a un verdadero espía para encontrarlos. Para dejar aún más clara las diferencias existentes entre Bond y Palmer, se nos aclara que este último fue “rescatado” de una prisión militar por el Coronel Ross (Guy Doleman), responsable de que el rebelde Palmer trabaje como espía para el gobierno británico.

Al principio del film, Palmer es ascendido por Ross quien lo transfiere al departamento del Mayor Dalby (Nigel Green). Los agentes del departamento de Dalby están trabajando en un problema que han decidido denominar como el de la “Fuga de Cerebros”. Al parecer, en el último tiempo gran parte de los científicos más brillantes de Inglaterra han desaparecido, o muestran un comportamiento errático que los ha inutilizado para ejercer sus tareas. Dalby no cree que esto se trate de una coincidencia, por lo que cuando un científico llamado Radcliffe desaparece, este le asigna a todos sus hombres que den con su paradero. El principal sospechoso de las desapariciones parece ser un criminal llamado Eric Ashley Grantby (Frank Gatliff), a quien Palmer decide seguir de cerca. Aunque en un principio la investigación parece ir bien encaminada, pronto Palmer se verá atrapado en una compleja situación cuando por error asesine a un agente de la CIA. Ahora los verdaderos culpables aprovecharán este descuido para inculpar a Palmer, y así deshacerse de la única persona que puede echar por la borda sus planes.

Es precisamente la encrucijada en la que se ve atrapado Palmer, el principal foco de tensión de la cinta. El protagonista no sólo debe cuidar sus espaldas de los villanos de la historia, sino que además debe protegerse del constante acoso por parte de los espías norteamericanos, quienes piensan que Palmer es un agente corrupto. La precaria situación en la que se encuentra el protagonista, inevitablemente lo lleva a pensar que un espía británico está involucrado en la desaparición de los científicos, por lo que todos sus colegas son presentados como posibles sospechosos en un momento de la cinta, incluyendo al Coronel Ross y al Mayor Grantby. Especialmente durante la segunda mitad del film, existe un clima de paranoia constante dado por el misterio de la identidad de la mente maestra que está detrás los secuestros, y de un par de asesinatos que buscaban borrar todas las pistas que pudieran dar alguna luz con respecto al contenido de una cinta titulada con el nombre “Ipcress”. En gran medida, esta sensación de paranoia está exacerbada por las curiosas tomas realizadas por Sidney J. Furie, quien prefiere posicionar la cámara de manera que dé la impresión de que constantemente existe alguien observando la acción desde las sombras.


En el ámbito de las actuaciones, Michael Caine realiza un estupendo trabajo como el cínico y rebelde Harry Palmer. El resto de los actores realiza un trabajo correctísimo interpretando a los sospechosos colegas de Palmer. Tal vez quien más destiñe es Frank Gatliff, quien interpreta a Eric Ashley Grantby, villano que pese a esconderse bajo un halo de misterio, la verdad es que no resulta ser demasiado memorable. Por otro lado, el trabajo de fotografía de Otto Heller si bien por momentos es altamente estilizado y llamativo, en otras ocasiones resulta poco acertado y algo molesto. En relación a la banda sonora compuesta por John Barry, si bien es sumamente atmosférica, esta tiende a ser sobreutilizada por el director por lo que eventualmente deja de producir el efecto deseado. Curiosamente, da la impresión de que algunos años más tarde, Barry utilizaría algunos pasajes de la música que compuso para este film en la banda sonora de la cinta de James Bond, “Diamonds Are Forever” (1971).

Pese a que si bien es meritorio el hecho de que “The Ipcress File” presente una versión más realista del mundo del espionaje, la cinta por momentos se torna algo lenta, especialmente durante la primera mitad del film, donde el director le dedica bastante tiempo a la presentación de los personajes. Es sabido que a Sidney J. Furie jamás le gustó el guión, y que de hecho le prendió fuego durante el primer día de filmación. Además el director tuvo una áspera relación con Harry Saltzman, con quien no compartía la visión que este último tenía de la película, razón por la cual estuvo a punto de abandonar el rodaje. El ritmo narrativo y los niveles de tensión mejoran bastante durante la segunda mitad del film, aunque de todas formas queda la sensación de que la historia se alarga innecesariamente más de lo debido, lo que inevitablemente provoca algunos agujeros en el guión. Pese a esto, “The Ipcress File” logra mantener sin problemas la atención del espectador hasta el tenso desenlace, gracias a la interrogante que se plantea con respecto a la identidad del responsable de los secuestros, y a los chispeantes diálogos del personaje de Caine. “The Ipcress File” junto con “Funeral in Berlin” (1966), son las dos mejores entradas de la saga protagonizada por Harry Palmer (aunque la verdad, yo ni siquiera tomaría en cuenta los dos engendros que protagonizó en los noventa), lo que de inmediato posiciona a esta producción como una de las buenas cintas de espías que surgieron en la Inglaterra de los sesenta.




por Fantomas.

martes, 22 de junio de 2010

Without a Clue: Detrás de cada gran detective, hay un ayudante que hace todo el trabajo.

“Without a Clue” (1988), es una comedia de misterio del director Thom Eberhardt, la cual está protagonizada por Michael Caine y Ben Kingsley.

El Dr. John Watson (Ben Kingsley) es un brillante detective. Sin embargo, para proteger su reputación como doctor, contrata a un actor llamado Reginald Kincaid (Michael Caine) para que personifique a Sherlock Holmes, el personaje que ha creado para ocultar su verdadera afición. Cuando en medio de un complejo caso Watson desaparece, el inepto “Holmes” deberá intentar resolver la situación antes de que sea demasiado tarde.

La idea que dio vida a esta inusual historia del detective más famoso del mundo, surgió luego de que el guionista Gary Murphy viera la adaptación televisiva de la segunda novela de Sir Arthur Conan Doyle protagonizada por Sherlock Holmes, “The Sign the Four”, en la cual Holmes humilla sin contemplaciones al Dr. Watson en frente de algunos detectives de Scotland Yard. Fue en ese momento que Murphy pensó en la posibilidad de desarrollar una historia donde Watson fuese en realidad el sagaz detective, y Holmes fuese sólo el encargado de llevarse el crédito de las investigaciones, convirtiéndose en una suerte de “imagen corporativa”. Con esta idea en mente, Murphy y su colega Larry Strawther desarrollarían el guión que posteriormente sería llevado a la pantalla grande por el norteamericano Thom Eberhardt. En cuanto al elenco protagónico, el productor Marc Stirdivant no dudaría en contratar a Michael Caine y Ben Kingsley, dos actores que a esas alturas ostentaban unas exitosas carreras. Las filmaciones comenzarían en noviembre de 1987, en Gloucester, Inglaterra.

Un poco antes de que comenzara el rodaje, Michael Caine declararía con respecto al film: “Es una comedia. Si tú piensas que yo voy a interpretar a Holmes y que el tipo que interpretó a Gandhi va a estar en el rol de Watson, que otra cosa podría ser además de una comedia”. En otra entrevista, Caine declararía: “A la fecha probablemente existen cientos de películas acerca de Sherlock Holmes, pero esta sin duda es única en su especie. Para mí, había solo una forma de interpretar a Holmes, y esa era de la forma más cómica posible”. Caine tendría una función fundamental al momento de filmar la cinta. Según la actriz Lysette Anthony, quien se encargó de interpretar a Leslie Giles, el guión en el papel no era ni la mitad de lo cómico e inteligente que terminó resultando una vez que se plasmó en la pantalla. Esto se debió en parte a que cierto día, el director tras presenciar uno de los ensayos llevados a cabo por Caine y Kingsley, pensó que sería mejor darle cierta libertad a los actores, en especial a Caine, para que estos pudieran improvisar cuando lo creyeran conveniente. Afortunadamente para él, el tiempo le daría la razón.

La cinta comienza con un par de ladrones quienes están intentando llevar a cabo el robo de sus vidas en la Royal Gallery de Londres. De pronto, entre las sombras aparece la figura inconfundible de Sherlock Holmes, quien acompañado por el Dr. Watson se enfrenta a los criminales quienes pronto se verán acorralados por Scotland Yard y el inspector Lestrade (Jeffrey Jones). Aunque el reconocimiento por la captura de los criminales cae sobre los hombros de Holmes, una vez que los detectives abandonan el lugar se revela la increíble verdad; es Watson el cerebro de las investigaciones, mientras que Holmes no es más que un perdedor incapaz de lograr una conjetura medianamente inteligente por sí mismo. Para colmo, Reginald Kincaid, el verdadero nombre del tipo contratado por Watson para personificar a Holmes, es un jugador, bebedor y mujeriego empedernido, lo que de todas formas no impide que este se lleve todos los créditos de las investigaciones en las que se ve involucrado, no importando lo obvio de sus observaciones o lo idiota de sus deducciones. Cansado de esta situación, Watson decide despedirlo para probar suerte con su nuevo producto; “John Watson, el doctor del crimen”.

Sin embargo, la charada que ha sostenido por tanto tiempo le impide que las autoridades o los admiradores de Holmes lo tomen en serio, por lo que cuando se involucra en el caso del robo de unas placas utilizadas para imprimir los billetes de cinco libras, el cual puede terminar por arruinar al Imperio Británico, a Watson no le queda más remedio que traer de regreso a Kincaid para la última investigación de Holmes. Desde el inicio de la cinta nos podemos dar cuenta de que estamos frente a una comedia de enredos y chistes visuales. El Holmes de Caine es bastante similar al Inspector Clouseau de Peter Sellers, en el sentido que constantemente está provocando enredos y dejando en evidencia su incompetencia, inclinándose más por el humor absurdo y dejando de lado toda sutileza. Durante la segunda mitad de la cinta, nos encontramos con el obligado giro argumental que hace hincapié en las interrogantes que plantea la investigación torpemente llevada a cabo por Holmes, lo que lamentablemente influye negativamente en el resultado del film. Al carecer la investigación de todo misterio (un poco antes de la mitad del relato nos enteramos que es el Profesor Moriarty quien está detrás del robo de las placas), el único punto de interés que esta presenta la cinta es la posible “redención” como detective de Kincaid/Holmes y los errores que este continúa cometiendo pese a sus buenas intenciones.

La principal razón por la que esta película funciona tan bien es debido a la química innegable que existe entre Caine y Kingsley. Caine es comiquísimo como el irresponsable, cobarde y torpe Holmes, quien protagoniza gran parte de las escenas más divertidas de la cinta, al mismo tiempo que se complementa de manera perfecta con el brillante pero ninguneado Dr. Watson, a quien le cuesta resignarse a la idea de que su creación se lleve todos los aplausos. Por su parte, tanto Jeffrey Jones como Lysette Anthony, realizan un gran trabajo como Lestrade y Leslie Giles respectivamente. No deja de resultar divertida la constante batalla de “intelectos” que se lleva a cabo entre Holmes y Lestrade, donde este último al no percatarse de la farsa que sostienen Watson y su amigo actor, intenta imitar por completo a Holmes. Lo que definitivamente llama la atención con respecto a la cinta, es su tono clásico y la estupenda dirección de arte de Terry Ackland-Snow y Robin Tarsnare, quienes construyen unos escenarios más que acordes con la época y el lugar donde transcurre la historia. Igualmente satisfactorios resultan ser el trabajo de fotografía de Alan Hume, y la banda sonora compuesta por Henry Mancini.

“Without a Clue” no presenta una historia con demasiadas sorpresas y por momentos se torna demasiado teatral. Sin embargo, dentro de los cientos de adaptaciones de las aventuras del archiconocido Sherlock Holmes, esta película se presenta como una refrescante y original revisión del personaje. Además refleja un momento de la vida de Conan Doyle, quien cansado de su personaje más famoso, intentó “asesinarlo” sin mayor éxito. Más allá de las posibles fallas que pueda presentar esta cinta, “Without a Clue” es una divertida y eficaz comedia que vale la pena revisar, principalmente por la impecable interpretación de sus protagonistas, un puñado de situaciones realmente hilarantes, y por lo original de su premisa. En definitiva, a mi gusto esta es una de las mejores películas del siempre irregular Thom Eberhardt, y es una verdadera joya olvidada que merece ser redescubierta, en especial por los espectadores asiduos a las aventuras del incomparable Sherlock Holmes y su siempre fiel compañero el Dr. Watson.




por Fantomas.

lunes, 21 de junio de 2010

Michael Caine: El "Cockney" que logró convertirse en una estrella.

Maurice Joseph Micklewhite, más conocido como Michael Caine, nació el 14 de marzo de 1933, en una de las aéreas más pobres de Londres. Su madre trabajaba haciendo el aseo en el Mercado Billingsgate de Londres, mientras que su padre (quien trabajaba como cargador en ese mismo lugar) al momento del nacimiento de Michael se encontraba desempleado. Tan precaria era la situación de la familia de Micklewhite, que vivían hacinados en una casa junto a otras tres familias. Para colmo, la casa no contaba con electricidad y tenía sólo un baño para 12 personas. Cuando Maurice tenía 14 años, comenzó a interesarse por la actuación, aunque no precisamente por la actividad en sí. En aquella época, Maurice se sentía atraído por un muchacha llamada Amy, la cual participaba en el club de drama de la escuela secundaria a la que ambos asistían. Cierto día, mientras él miraba una de las sesiones del club de drama escondido tras una puerta, esta repentinamente se abrió, lo que causó que Maurice irrumpiera violentamente en la habitación quedando postrado en el piso. Sorprendida, la profesora a cargo del club elogió el “entusiasmo” de uno de los pocos hombres que parecían demostrar cierto interés por la actuación. Aunque Caine intentó excusarse, una vez que sus ojos se posaron en Amy este decidió inscribirse en el club.

Con el pasar del tiempo, Caine comenzó a ver la actuación como el medio que le serviría para alcanzar la fama que le ayudaría a dejar atrás el mundo en el que se vio inmerso durante su niñez. Sin embargo, él estaba consciente que para lograr dicha meta tendría que esforzarse a diario y cubrir algunas falencias provocadas por su educación incompleta. Y es que cuando este tenía 16 años, dejó la educación secundaria para buscar un trabajo y así ayudar a su familia. Durante los siguientes dos años, Caine trabajaría como mesero, conserje y asistente de cocinero, postergando inevitablemente su sueño de convertirse en actor. Luego de la Segunda Guerra Mundial, Caine intentó hacer carrera en el ejército por lo que en 1951 se enlistó en el Regimiento Queens Royal, y posteriormente sirvió en Alemania y Corea. En 1953, luego de completar el Servicio Militar, trabajaría en dos compañías de teatro y conocería a su primera esposa, Patricia Haines. Una vez casado, Michael y Patricia se mudaron a Londres para perseguir una carrera en la actuación. Sería durante este periodo que Maurice Micklewhite cambiaría su nombre a Michael Caine, cuyo origen sería la cinta “The Caine Mutiny” (1954).


Durante 1955, Caine y su esposa tuvieron que sortear algunos problemas económicos, los cuales se acrecentaron cuando nació la primera hija de ambos, Dominique. Esto sumado a la deteriorada relación matrimonial de Caine, terminaron por separar a la pareja tras dos años y medio de matrimonio. Con un gran sentimiento de culpa y sin ningún centavo, Michael regresó a la casa de sus padres. Como su padre se encontraba postrado debido a algunos problemas en su columna, Caine tuvo que tomar un trabajo en una fábrica de acero. Desafortunadamente, su padre falleció al poco tiempo después, tras lo cual Michael se mudó a Paris donde trabajó un tiempo como mesero. A su regreso a Londres, Caine encontró un telegrama que había sido enviado por su agente, en el cual le comunicaba que le había conseguido un trabajo. Dicho trabajo era un rol en la cinta “A Hill in Korea” (1956). Lamentablemente el film pasó desapercibido, por lo que Caine optó por despedir a su agente y trabajar durante un tiempo en el teatro. Durante los cuatro años siguientes, Michael obtuvo pequeños roles en varias series de televisión y algunos papeles como extra en un par de largometrajes. Pese a que a finales de los cincuenta Caine comenzó a obtener mejores roles en el teatro y la televisión gracias a su actuación en obras como “Long, Short and Tall”, de todas formas sería arrestado por el no pago de la pensión alimenticia de su hija.

Ya durante la década de los sesenta, la carrera del actor comenzaría a ir en franco ascenso. Una noche tras finalizar una de las funciones de la obra “Next Time I´ll Sing to You”, Stanley Baker, una de las más grandes estrella del cine británico de la época, le contó a Caine acerca de un papel en la cinta “Zulu” (1964). El actor obtendría el rol de Gronville Bromhead en dicho film, el cual le permitiría demostrar su estampa y su talento a un mayor número de personas. Tras haber firmado un contrato por siete años con la Embassy Pictures, Caine comenzó a prepararse para participar en “The Ipcress File” (1965), una cinta de espías que intentaba aprovechar el éxito de las cintas de James Bond, la cual además marcaría la primera ocasión en la que Caine interpretaría al espía Harry Palmer (personaje que encarnaría en cinco ocasiones). Cuando el director Lewis Gilbert vio el trabajo del actor en “The Ipcress File”, le ofreció el rol protagónico en el film “Alfie” (1966). Ese mismo año, Caine participaría en tres cintas más (“Gambit”, “Funeral in Berlin” y “The Wrong Box”), las cuales obtendrían distintos resultados de taquilla. Sería la nominación al Oscar por su rol en “Alfie” el que terminaría estableciendo al actor como una de las grandes estrellas del cine británico.

Durante el resto de la década del sesenta, Caine participó en nueve cintas más, siempre interpretando roles con distintos matices los cuales le permitieron demostrar su versatilidad como actor. Entre las películas más destacadas de este periodo se encuentran “Hurry Sundown” (1967), “The Italian Job” (1969) y “The Battle of Britain” (1969). También firmó un contrato por dos películas con la 20th Century Fox, las cuales lamentablemente tuvieron pésimos resultados de taquilla; estas serían “Deadfall” (1968) y “The Magus” (1968). Tras filmar en Austria el drama bélico “The Last Valley” (1970), Caine comenzó a albergar el deseo de convertirse en productor. Este deseo se convertiría en realidad cuando junto a un amigo llamado Michael Klinger, compraron los derechos de una novela titulada “Jacks Return Home”, la cual posteriormente se convertiría en “Get Carter” (1971). Lamentablemente para Caine, la cinta fue ampliamente criticada por su excesiva violencia, la cual se caracterizó por su marcado realismo. La próxima cinta del actor, “Kidnapped” (1971), sería el único trabajo que Caine haría sin goce de sueldo. A su regreso a Londres, el actor comenzó a sentir los estragos causados por el exceso de trabajo, por su creciente afición por el alcohol, y por los más de 80 cigarrillos que fumaba al día.

A sabiendas del delicado estado físico y mental en el que se encontraba, Caine se fue un tiempo al campo para descansar del frenético estilo de vida que estaba llevando. Alguien que cumpliría un rol importante en la rehabilitación del actor sería Tony Curtis, quien lo ayudaría a dejar el cigarrillo. Sin embargo, Caine seguía consumiendo a lo menos tres botellas de vodka al día. En cierta ocasión, mientras se encontraba tomando un café con un amigo, vio un comercial en el que aparecía una hermosa muchacha brasileña. Caine, quien quedó embelesado por la belleza de aquella mujer, se propuso conocerla sin importar como. Esa misma noche, el actor se enteró que la joven se llamaba Shakira Baksh, y que en realidad era india y no brasileña. Pese a que la muchacha se negó en un principio a tener una cita con Caine, fue la insistencia de este último lo que finalmente la convenció a aceptar su invitación. Tras filmar la cinta “Pulp” (1972), Caine se mudó junto a Shakira a su departamento en Londres. Por primera vez en mucho tiempo, el actor sintió que su vida era perfecta. Para mejorar aún más la situación, Caine recibió una invitación para co-protagonizar con Laurence Olivier el film “Sleuth” (1972). Al año siguiente, Caine contraería matrimonio con Shakira Baksh, quien a los pocos meses daría a luz a la segunda hija del actor, Natasha.

Durante la segunda mitad de los setenta, Caine seguiría cimentando su fama de actor versátil. Además de trabajar en la comedia de misterio “Peeper” (1975), también participaría en el drama “The Romantic English Women” (1975), del director Joseph Losey. Mientras Caine se encontraba junto a su esposa disfrutando de una tardía luna de miel en Paris, este recibió un llamado del director John Huston, por el cual el actor sentía una marcada admiración. Huston le ofrecería un rol en la cinta “The Man Who Would Be King” (1975), la cual sería rodada en Marruecos. Tras participar en el film bélico “The Eagle Has Landed” (1976), el actor tendría un cameo en el clásico “A Bridge Too Far” (1977). En 1978, debido a la gran cantidad de dinero que estaba perdiendo a causa de los impuestos, Caine y su esposa decidieron mudarse a Los Ángeles, donde rápidamente consiguió un rol en la cinta “The Swarm” (1978). En su próxima cinta, “California Suite” (1978), el actor interpretaría por primera vez a un homosexual, lo que le valdría el reconocimiento de la crítica. Lamentablemente para Caine, a principios de los ochenta sólo obtendría roles en cintas mediocres que obtuvieron pésimos resultados de taquilla.

Cuando parecía que la carrera de Caine se encontraba en franco descenso, esta pudo revitalizarse gracias al rol que el actor obtuvo en la cinta de Brian De Palma, “Dressed to Kill” (1980). Al año siguiente, el actor viajaría a Hungría para filmar el drama deportivo, “Escape to Victory” (1981), la cual tendría la particularidad de contar en el elenco con jugadores profesionales de fútbol. En 1983, Caine protagonizaría el drama “Educating Rita”, por el cual recibiría una nueva nominación al Oscar. El hecho de perder el Oscar al mejor actor a manos de Robert Duvall, provocó que Caine decidiera regresar a Inglaterra en 1984. Durante la segunda mitad de los ochenta, el actor participaría en cintas como “The Holcroft Covenant” (1985), “The Fourth Protocol” (1987), “Without a Clue” (1988) y “Hanna and Her Sisters” (1986), cuyo rol en esta última le valió el Oscar al mejor actor de reparto. En 1988, el escritor y director David Wickes le envío a Caine un guión que exponía una nueva e intrigante teoría acerca de la verdadera identidad de Jack el Destripador. En “Jack the Ripper” (1988), Caine interpretaría al detective a cargo de la investigación de los cruentos asesinatos ocurridos en el Londres del siglo XIX.

La década del noventa comenzaría para Caine con la miniserie “Jekyll & Hyde” (1990). Durante el resto de la década, el actor no obtendría roles demasiado interesantes, y generalmente interpretaría papeles secundarios. Su trabajo más destacado de este periodo sería en el film “The Cider House Rules” (1999), por el cual obtendría su segundo Oscar al mejor actor de reparto. En los últimos diez años, Caine ha interpretado una serie de roles secundarios en varias cintas comercialmente exitosas como por ejemplo “Miss Congeniality” (2000), “Children of Men” (2006), “The Prestige” (2006) y “The Dark Knight” (2008), entre otras. Además ha interpretado un par de roles protagónicos en los films “Secondhand Lions” (2003), “Flawless” (2007) y “Harry Brown” (2009), lo que ha servido para reafirmar su calidad como actor. El hecho de que en el último tiempo se hayan filmado una buena cantidad de remakes de cintas protagonizadas por Caine (“Italian Job”, “Get Carter”, “Alfie” y “Sleuth”), ha provocado un renovado interés por la filmografía del actor. Además de su carrera como actor, Caine se ha dedicado constantemente a alimentar sus hobbies, entre los que se encuentran la literatura, la jardinería y la gastronomía (de hecho, el actor es dueño de seis restaurantes). Con más de 80 películas a su haber y una carrera marcada por las dificultades y un constante espíritu de superación, Michael Caine se instala como uno de los mejores actores británicos de todos los tiempos, quien afortunadamente parece tener pila para rato. Esperemos que siga iluminando la pantalla con sus espléndidas actuaciones por muchos años más.











por Fantomas.

sábado, 19 de junio de 2010

The Eiger Sanction: Espionaje de altura.

“The Eiger Sanction” (1972), es un thriller de acción del director Clint Eastwood, el cual está protagonizado por el mismo Eastwood, George Kennedy y Vonetta McGee.

Jonathan Hemlock (Clint Eastwood), un asesino a sueldo retirado aficionado al arte, es forzado repentinamente a buscar a un doble agente que ha asesinado a un amigo cercano. La cacería lleva a Hemlock a participar en una aventura en los Alpes Suizos con un equipo de alpinistas, debido a que uno de ellos es el hombre que busca.


Intentado sacar provecho de la fiebre por las cintas de espías ocurrida durante los sesenta y los setenta, la Universal decidió adaptar la novela “The Eiger Sanction” del escritor Rod Whitaker, quien firmaba sus obras bajo el seudónimo de Trevanian. El mismo Whitaker en compañía de Warren Murphy y Hal Dresner, serían los encargados de escribir el guión que en principio serviría como vehículo para el actor Paul Newman. Sin embargo, cuando Newman se vio imposibilitado de participar en el film, la Universal contrató a Clint Eastwood para interpretar el rol del asesino Jonathan Hemlock. Pese a que la relación de Eastwood con el estudio se venía deteriorando hace ya algunos años, específicamente debido a las pobres campañas de promoción que la Universal desarrollaba para las películas producidas por la Malpaso (de hecho, sería la última cinta que Eastwood filmaría para la Universal), el film le ofrecía la oportunidad de utilizar el alpinismo como uno de los elementos clave de la trama (deporte que en lo personal le interesaba bastante al actor/director), por lo que finalmente decidió unirse al proyecto.

Eventualmente Eastwood asumiría la dirección de la cinta luego de que su amigo Don Siegel le recomendara hacerse cargo del proyecto. Según el escritor Rod Whitaker, “The Eiger Sanction” no es más que una sátira de las novelas de Ian Fleming protagonizadas por James Bond. A raíz de esto, la novela presenta a un protagonista bastante menos glamoroso y sofisticado que su símil británico, además de una serie de juegos de palabras que no buscan otra cosa más que burlarse de los personajes y de su secreta actividad. Si bien Eastwood decidió mantener el perfil del protagonista, el cual se asemejaba bastante al de los personajes que el actor había interpretado anteriormente, optó por rehuir de la espectacularidad propia de las cintas de espías, para intentar que la historia se presentara de la manera más realista posible. Esto lo llevó a protagonizar todas las escenas de alpinismo (aunque también esgrimió que uno de los motivos que lo llevaron a hacerlo, fue que no esperaba que un doble de riesgo estuviera dispuesto a arriesgar su vida si él no estaba dispuesto a hacerlo), para lo cual tuvo que entrenarse durante varios meses. Esta fue la principal razón por la cual esta película adquirió cierta fama, más aún cuando se supo que durante el segundo día de filmación, David Knowles, uno de los dobles de riesgo, perdió la vida luego que una roca golpeara su cabeza.

En cuanto a la historia, en Zúrich un espía norteamericano cuyo nombre clave es Wormwood (Frank Redmond), tras recoger un rollo con información secreta es apuñalado por dos asesinos. De vuelta en los Estados Unidos, nos encontramos con Jonathan Hemlock, un asesino a sueldo retirado que no quiere saber nada de su antigua vida ni de la organización para la que alguna vez trabajó. Hemlock, cuya gran pasión es coleccionar valiosos cuadros de distintos pintores, ahora vive impartiendo clases de Historia en la Universidad. Hasta él llega Pope (Gregory Walcott), el mensajero de la organización dirigida por Dragón (Thayer David), un albino que vive encerrado en un búnker debido a su imposibilidad de exponerse a la luz del sol, para encargarle el asesinato del agente que ha matado a Wormwood. Pese a la negativa inicial de Hemlock, eventualmente se ve obligado a cooperar con su antiguo empleador luego de que este lo amenaza con dar orden de confiscar su valiosa colección de arte. Lo que parece un trabajo sencillo se complicará cuando Hemlock se vea obligado a participar en la ascensión de una de las caras del monte Eiger ubicado en los Alpes Suizos, con el fin de revelar la identidad del responsable del asesinato de Wormwood y del robo de la información secreta que este llevaba consigo.

La historia básicamente se divide en tres segmentos, donde el primero consiste en la presentación del protagonista, su filosofía y su frialdad al momento de efectuar sus “sanciones”, y en la introducción del “McGuffin” de turno, que en este caso no es otro que el famoso rollo con información secreta que le es arrebatado a Wormwood. Es en este tramo del film donde nos enteramos de la existencia de la secreta organización de asesinos, y de las razones que llevaron a Hemlock a abandonar dicha organización, además de conocer a Jemima Brown (Vonetta McGee), el interés amoroso del protagonista. Ya en el segundo tramo del film, presenciamos el duro entrenamiento al que se debe someter el protagonista si es que desea salir airoso de su misión en el Eiger, y nos son presentados dos nuevos personajes: Miles Mellough (Jack Cassidy), un antiguo enemigo de Hemlock el cual supuestamente conoce la verdadera identidad del asesino, y Ben Bowman (George Kennedy), un viejo amigo del protagonista que además de colaborar en su entrenamiento, está encargado de supervisar la ascensión del Eiger. Aunque evidentemente este es el tramo más flojo de la cinta, presenta algunos momentos destacables como la persecución por el desierto que protagonizan Hemlock, Mellgouh, y su guardaespaldas.

Ya en el último tramo del film, Eastwood se concentra de lleno en la espectacular y peligrosa ascensión del Eiger. Aunque este segmento no está exento de la intriga que rodea al grupo de alpinistas, son las escenas de alpinismo las que realmente llaman la atención. Dichas escenas no contienen ni el más mínimo efecto especial, por lo que gracias a su marcado realismo, el vértigo propio de la altura, y el espectacular trabajo de fotografía de Frank Stanley, la cinta adquirió un cierto seguimiento de culto. En el ámbito de las actuaciones, el personaje interpretado por Eastwood está hecho a su medida. Si bien en numerosas ocasiones se ha atacado la calidad interpretativa del actor, este personifica perfectamente a personajes rudos y rebeldes quienes sólo siguen las reglas impuestas por ellos mismos. George Kennedy por su parte, realiza un buen trabajo como el afable amigo de Hemlock. Lamentablemente, da la impresión que se le podía haber sacado un mayor provecho a su personaje. Algo similar sucede con Vonetta McGee, la cual si bien realiza un buen trabajo como la agente que se enamora de Hemlock, su papel termina siendo totalmente intrascendente.

En cuanto a la banda sonora compuesta por John Williams, es sin duda uno de los puntos altos del film junto con el ya mencionado trabajo de fotografía de Frank Stanley. “The Eiger Sanction” difícilmente podría ser considerada como una de las mejores películas de Eastwood, o como una entrada destacada del llamado “cine de espías”, principalmente debido a la gran cantidad de tiempo que Eastwood le dedica al entrenamiento al que debe someterse su personaje, lo que reciente un poco el ritmo narrativo del film. La película dura alrededor de dos horas, pero perfectamente se podrían haber editado a lo menos 15 minutos de metraje que no aportan demasiado a la historia. Sin embargo, la película de todas formas resulta ser lo suficientemente entretenida como para mantener la atención del espectador durante todo el transcurso del relato. Además tiene la virtud de presentar un final relativamente inesperado, y ser un verdadero espectáculo visual que como dije anteriormente, se destaca por su marcado realismo. En definitiva, “The Eiger Sanction” contiene algunos elementos que la convierten en una película interesante, los que sin embargo no logran situarla como una obra completamente satisfactoria.




por Fantomas.

miércoles, 16 de junio de 2010

Hanzo the Razor, Sword of Justice: El largo y duro "brazo" de la ley.

“Hanzo the Razor: Sword of Justice” (1972), es un film de acción del director Kenji Misumi, el cual está protagonizado por Shintarô Katsu, Yukiji Asaoka y Mari Atsumi.

Itami Hanzo (Shintarô Katsu) es un policía muy particular. No sólo se dedica a impartir justicia en las calles de Edo con mano de hierro, sino que también mantiene a raya a sus corruptos superiores y a la chusma que ocupa los puestos de poder en el cada vez más decadente shogunato Tokugawa. Cuando un delincuente le revela que un conocido criminal ha logrado escapar de prisión gracias a la ayuda de algunos oficiales corruptos, Hanzo deberá emplear algunos de los métodos poco ortodoxos que le han otorgado cierta fama en el cuerpo de policía.


Basado en el manga “Goyôkiba” del escritor Kazuo Koike, responsable del popular manga “Lone Wolf and Cub”, “Hanzo the Razor” se presenta como una de las cintas pertenecientes al Jidaigeki (subgénero del cine que se refiere a aquellas películas ambientadas en el Japón de la era Edo) más peculiares de los setenta. El director Kenji Misumi, quien precisamente se especializó en la realización de cintas Jidaigeki desde mediados de los cincuenta a mediados de los setenta, trabajó durante una buena cantidad de tiempo para la Daiei Motion Picture Company, empresa que produjo la exitosa saga de Zatoichi, samurái legendario interpretado por Shintarô Katsu. De las 26 películas protagonizadas por Zatoichi que produjeron los Estudios Daiei, Misumi dirigió seis de las entregas antes de que el estudio se declarara en bancarrota en 1971. Antes de saltar a la fama gracias a su participación en la saga de culto “Lone Wolf and Cub”, realizada por la Toho, Misumi asumiría la dirección de la primera entrega de la trilogía de Hanzo, donde tendría la oportunidad de trabajar nuevamente con Shintarô Katsu.

Con el objetivo de mantener los elementos presentes en la gran cantidad de los mangas escritos por Koike en aquel periodo, la cinta presenta un marcado discurso antifeudalista. Además de esto, Hanzo se muestra empeñado en desafiar las reglas estrictas del shogunato, y no duda en ostentar lo eficaz que le resulta el uso de la brutalidad policíaca. El protagonista no muestra respeto por nadie más que él mismo, razón por la cual todos los integrantes de la sociedad japonesa de la época, desde las figuras del gobierno hasta un trío de ex-delincuentes que ahora trabajan para él, son víctimas de sus insultos y de sus reprimendas morales. Lo único que puede equiparar su poco respeto por las figuras de autoridad, es su incurable devoción por su trabajo, cuyo fin no es más que proteger a los ciudadanos de la creciente tasa de criminales. Una clara muestra del accionar y de la ideología de Hanzo se puede apreciar durante las primeras escenas del film, cuando este se niega a firmar un juramento estándar de la policía, donde cada oficial asegura el cumplimiento de su labor con honor ante todo. Y es que su negativa no va ligada al hecho de que él sea un policía corrupto, sino que ante sus ojos es el único policía que no lo es. Desde el jefe hasta el último de los oficiales han recibido sobornos por parte de los criminales y los dueños de los burdeles, por lo que dicho juramento no es más que una muestra clara de la hipocresía de los encargados de hacer valer la ley.

Su actitud desafiante y los violentos métodos que emplea al momento de capturar a los diversos criminales que debe intentar poner tras las rejas, han provocado que Hanzo acumule una gran cantidad de enemigos. Por ese motivo en su hogar no sólo se puede encontrar un arsenal de armas escondidas en las paredes, sino que también ha diseñado una serie de trampas mortales para evitar la intrusión de visitantes inesperados. Decidido a vivir en carne propia las técnicas de tortura que él debe aplicarle a los criminales, Hanzo les pide a sus criados que le coloquen pesados bloques de cemento sobre sus piernas, las cuales están apoyadas en puntiagudos bloques de piedra. Ya durante los primeros veinte minutos de metraje, el director se encarga de retratar la particular personalidad del héroe de turno. Sin embargo, lo más sorprendente está por venir. Si bien Hanzo se muestra preocupado de entrenar su mente y su cuerpo, muestra una especial preocupación por entrenar su “impresionante” órgano reproductor, el cual utiliza con frecuencia en sus interrogatorios. El fruto de su particular entrenamiento se ve reflejado en las largas sesiones de interrogatorio a las que somete a gran parte de los personajes femeninos del film, siempre con excelentes resultados.

Si esto suena como algo potencialmente ridículo y ofensivo, es porque efectivamente es algo ridículo y ofensivo. Es debido a esta particularidad que por momentos “Hanzo the Razor” pareciera acercarse más a un film sexploitation que a una cinta de samuráis, aún cuando las escenas de sexo son pocas y no son completamente explícitas. Es evidente que la simple idea de que un policía viole a una mujer con el fin de obtener información que le permita desbaratar los planes de un grupo de oficiales corruptos, es cuestionable bajo cualquier punto de vista, pese a que eventualmente sus víctimas se muestren más que dispuestas a cooperar con el trabajo detectivesco de Hanzo a cambio de unos minutos más de “interrogatorio”. Sin embargo, es imposible no reconocer que estas escenas presentan algunas dosis de humor absurdo, más aún cuando en una de las sesiones de interrogatorio podemos apreciar el “punto de vista” del órgano reproductor del protagonista (lo que resulta increíble e irrisorio). Además del contenido sexual del film, nos encontramos con un par de escenas de acción bastante violentas, donde no faltan los desmembramientos o la emanación descontrolada de sangre de aquellos que prueban el frío acero de la espada de Hanzo.

La cinta está dividida en una suerte de episodios, donde el más importante es aquel que hace referencia a un caso de corrupción que ha permitido que un renombrado asesino evite ser encarcelado. Los resultados de su investigación no solo lo llevarán a enfrentarse al criminal y a un grupo de soldados a su cargo, sino que además obtendrá cierta información que probablemente será utilizada por él más adelante (hay que tener en cuenta que esta es la primera entrada de una trilogía). Durante el último tramo de la cinta, la premisa central se deja de lado para dar paso al caso de un par de niños cuyo padre se encuentra gravemente enfermo, por lo que les ha pedido que lo maten. Será Hanzo quien deberá resolver dicho problema, ya que si los niños cumplen el deseo de su padre moribundo, arriesgan ser sentenciados a una crucifixión pública. Aunque este episodio bien podría haber sido obviado, se presenta con el sólo objetivo de destacar la imagen de Hanzo como el protector de los más desposeídos.

En el ámbito de las actuaciones, el elenco en general realiza un buen trabajo, en especial Shintarô Katsu quien le imprime una seriedad increíble a un personaje que por momentos cuesta tomar demasiado en serio. Por su parte, el trabajo de fotografía de Chishi Makiura es realmente destacable, por lo que la cinta resulta ser visualmente atractiva. Lo que si resulta extraño, es la banda sonora compuesta por Kunihiko Murai, la cual parece haberse inspirado en la banda sonora de la cinta “Shaft” (1971). No deja de resultar deliciosamente absurda la imagen de un rudo samurái impartiendo la ley en pleno periodo Edo al son del funk. “Hanzo the Razor: Sword of Justice” es sin duda una de las cintas de samuráis más extrañas salidas del Japón de los setenta. Desde el protagonista, una suerte de “Harry el Sucio” japonés con cierta inclinación por el sadomasoquismo y algunas prácticas sexuales fuera de lo común, hasta la peculiar banda sonora, todo parece ser parte de una absurda parodia de los films de samuráis, la cual si bien no presenta una historia demasiado sólida, si contiene un puñado de características que provocan que esta sobresalga del resto, encumbrándose como una cinta de culto por donde se le mire.



por Fantomas.

lunes, 14 de junio de 2010

Series de Televisión: "Magnum P.I.", el escenario soñado para un detective privado.

A principios de los ochenta, el escritor y productor Glen A. Larson, quien había sido el responsable de un puñado de series policiales durante los setenta, se encontraba trabajando en los Estudios Universal. Durante ese periodo, un joven actor llamado Tom Selleck también se encontraba bajo contrato con la Universal y había protagonizado una serie de pilotos fallidos. Pese a eso, el estudio tenía sus esperanzas depositadas en Selleck, por lo que decidieron darle una nueva oportunidad. Por este motivo, al actor le ofrecieron participar en un proyecto desarrollado por Larson titulado “Magnum P.I.” (1980-88), el cual estaba protagonizado por Thomas Magnum, un modesto investigador privado que es contratado para probar el sistema de seguridad de la lujosa mansión hawaiana del solitario escritor Robin Masters (quien jamás sería visto por los espectadores). Luego de que Magnum logra traspasar todas las medidas de seguridad de la propiedad, Masters lo recompensa ofreciéndole una habitación en la cabaña de huéspedes y permitiéndole conducir su Ferrari rojo. Como la CBS recientemente había cancelado la exitosa “Hawaii Five-O” (1968-80), la idea de filmar una nueva serie en las islas hawaianas entusiasmó a los ejecutivos de la cadena. Sin embargo, cuando Selleck leyó el guión escrito por Larson, se rehusó a participar en el proyecto.

Larson había creado a Magnum con la idea de que fuera un personaje que exudara testosterona, y que sus encuentros con los criminales que le tocaba perseguir estuvieran marcados por excitantes tiroteos y persecuciones a toda velocidad. Además su vida personal estaría marcada por un constante desfile de bellas mujeres. Selleck en cambio, esperaba que el personaje fuera un héroe que se caracterizara por su inteligencia y no por su evidente machismo. Lamentablemente para la Universal, fueron incapaces de encontrar a otro actor que pudiera interpretar al detective. Fue entonces cuando los ejecutivos del estudio contrataron a Donald P. Bellisario, un escritor más talentoso pero menos experimentado que Larson, para que reescribiera el guión del piloto. Sería Bellisario el responsable de convertir a Magnum en un ex-oficial de inteligencia de la marina, quien combatió en Vietnam donde fue testigo de una serie de atrocidades. Por este motivo, luego de la guerra Magnum decide dejar todo atrás y buscar un lugar donde pueda ser feliz. Es así como el detective convierte la mansión de Masters en su centro de operaciones, lo que no le causa mucha gracia al mayordomo de Masters, Jonathan Quayle Higgins III. Como Masters nunca se encuentra en casa, esta queda al cuidado de Magnum y Higgins, quien también tiene un pasado en el ejército.


A diferencia de Magnum, Higgins trasladó la disciplina adquirida en el ejército a su vida como civil. Debido a las diferentes filosofías de los dos hombres, estos mantienen una relación que pasa del amor al odio de manera constante. Selleck se mostró satisfecho con el renovado perfil del personaje, por lo que tras unirse al proyecto la CBS dio la orden de comenzar el rodaje del episodio piloto. Bellisario sería contratado como productor ejecutivo, mientras que a Larson se le respetaría su labor como creador de la serie, y se le pagarían alrededor de $50.000 dólares por episodio. Thomas Magnum no tenía un compañero, pero si tenía un círculo de amigos cercanos a los cuales recurría cuando se encontraba en problemas. John Hillerman fue contratado para interpretar a Higgins, quien pese a su actitud hostil con Magnum (la cual se fue suavizando con cada nueva temporada), realmente le tiene aprecio. Dos de los amigos de Magnum durante la guerra también formarían parte de la serie; Roger E. Mosley interpretaría a T. C., un piloto de helicópteros que ahora trabaja en una empresa de chárter y que ocasionalmente le ofrece al protagonista algo de apoyo aéreo. Larry Manetti en cambio interpretaría a Orville “Rick” Wright, quien es dueño de un restaurante y siempre está dispuesto a acudir en ayuda de Magnum.

Pese a que Robin Masters nunca fue visto en pantalla, los espectadores si pudieron escuchar su voz en algunas ocasiones; sería Orson Welles quien le otorgaría la voz a este misterioso personaje durante las primeras temporadas del show. Pese a ser un drama policial, algunos de los mejores momentos de “Magnum P.I.” correspondían al intercambio de bromas entre Higgins, Magnum y Rick. Uno de los episodios más memorables en este sentido es “Operation: Silent Night” (1983). En dicho episodio, el helicóptero de T. C. se estrella en una isla desierta cuando este transportaba a Magnum y compañía, los cuales se encontraban viajando a distintos destinos durante la víspera de Navidad. Mientras buscan como poder salir de la isla (donde la ansiedad provoca que aumente la tensión entre los cuatro “accidentados”), sin saberlo se encuentran en gran peligro debido a que la isla es utilizada por la marina como un sitio de bombardeo. El episodio piloto titulado “Don´t Eat the Snow in Hawaii”, fue televisado el 11 de diciembre de 1980, y fue lo suficientemente exitoso como para que la CBS autorizara la grabación de una temporada completa.

Afortunadamente para los ejecutivos de la Universal, Tom Selleck respondió con éxito a las expectativas que se habían depositado en él, y pronto se convirtió en una de las estrellas televisivas más importantes de la época. (De hecho, en 1981 se le ofreció el rol protagónico de la cinta de Steven Spielberg, “Raiders of the Lost Ark”, pero lamentablemente no pudo aceptar el papel debido a que complicaba su continuidad en la serie. Pese a que de todas maneras participó en un par de films, siendo el más exitoso “Three Men and a Baby” (1987), su carrera se desarrollaría principalmente en la pantalla chica). Durante su primera temporada, “Magnum P.I.” se convirtió en una de las series más vistas en su horario. Dos años después, la serie obtendría los mismos resultados de audiencia que uno de los shows más exitosos de la CBS; “M.A.S.H.” (1972-83). Una de las preguntas que surgió con el estreno de las temporadas posteriores, particularmente luego del fallecimiento de Orson Welles en 1985, era si Robin Masters era real o simplemente un seudónimo que alguien utilizaba para ocultar su identidad. De hecho, en un momento de la serie Magnum comienza a sospechar que es Higgins quien se esconde bajo el nombre del famoso escritor. Pese a que los guionistas le plantearon esta interrogante a los espectadores, jamás le dieron una respuesta concreta a este misterio.

Los niveles de audiencia comenzaron a descender durante el otoño de 1987, por lo que los productores decidieron filmar un último episodio en el cual Magnum es asesinado por un criminal, tras lo cual se va al cielo (“Limbo”, 1987). Los ejecutivos de la CBS desconocían por completo la curiosa decisión de los productores, por lo que se apresuraron a confirmar una octava temporada de la serie. Por este motivo, los escritores se vieron en la obligación de resolver el tema de la “muerte” de Magnum. Dicho tema sería explicado en el episodio “Infinity and Jelly Donuts” (1987), donde se revelaría que en realidad Magnum no había fallecido, sino que había soñado su ascensión al cielo luego de haber recibido un disparo. Una vez que el personaje se recuperó por completo, continuó con sus peligrosas aventuras como lo había venido haciendo durante siete temporadas. En la primavera de 1988, se transmitió un nuevo “episodio final” de dos horas de duración titulado, “Resolutions”. En este episodio, Magnum se reúne con su joven hija Lily (Kristen Carreira), quien se pensaba que estaba muerta. Tras esta inesperada reunión, Magnum renuncia a su vida como detective privado, y se enlista en la marina siempre con la idea de que Higgins era en realidad Robin Masters. Aunque la Universal pensó en realizar un spin-off titulado “Robin Masters”, la idea (desarrollada por Bob Shayne) nunca pudo ser concretada debido a que el estudio no estaba dispuesto a pagar la increíble suma de dinero que estaba exigiendo Glen Larson por los derechos del personaje. Sin embargo, de haberse realizado la serie se hubiese establecido que Higgins no era Robin Masters.

Ambientada en la multicultural isla de Oahu, “Magnum P.I.” era principalmente una serie acerca de la amistad, la cual además fusionaba con éxito acción, drama, comedia y algunos elementos de misterio, en cada uno de sus episodios. El show además es recordado por el uso de herramientas de narración poco convencionales en la televisión de la época, como las retrospectivas, las secuencias oníricas, y la fusión de historias provenientes de otros shows como “Simon & Simon” (1981-89) y “Murder She Wrote” (1984-96). Entre una de sus características más destacables, se encuentra el hecho de que los guionistas fueron capaces de ir más allá de las simples historias de misterio, para enfocarse en la complejidad de las relaciones personales de los protagonistas. Pese a esto, cada episodio presenta historias independientes, lo que no quita que los personajes y sus relaciones fueran evolucionando con el transcurso de las temporadas. Por otro lado, la Guerra de Vietnam fue un tema recurrente en el show. Debido a que Magnum, T. C. y Rick participaron en dicho conflicto bélico, era común presenciar flashbacks que retrataban algunos de los hechos que marcaron su vida y los convirtieron en las personas que ahora se encontraban viviendo en Hawai. El show ganó dos Emmys y dos Globos de Oro, los cuales recayeron en Tom Selleck y John Hillerman por sus respectivas actuaciones. “Magnum P.I.” no sólo presentaba un elenco destacable, sino que contaba con un buen grupo de guionistas que colaboraron en la tarea de convertir a la serie en una de las más memorables del subgénero de los “Detectives Privados Televisivos”.



por Fantomas.

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