jueves, 30 de diciembre de 2010

Monkey Shines: Pensamientos que matan.

“Monkey Shines” (1988), es un film de terror del director George Romero, el cual está protagonizado por Jason Beghe, John Pankow y Kate McNeil.

Tras sufrir un accidente y quedar tetrapléjico, Allan Mann (Jason Beghe) consigue un mono amaestrado para que lo ayude en sus quehaceres domésticos. Sin embargo, eventualmente el mono comienza a comportarse de manera extraña, convirtiéndose en un peligro tanto para su dueño como para quienes lo rodean.

Tras terminar con la sociedad comercial que había mantenido por un largo tiempo con el productor Richard Rubinstein, con quien había fundado la productora Laurel Entertainment, George Romero comenzó a buscar nuevos proyectos que llamaran su atención. Fue así como en el año 1986 conoció al productor Charles Evans, quien le entregó una copia de la novela “Monkey Shines”, del escritor británico Michael Stewart, junto con el guión de una adaptación que jamás se llegó a rodar. Entusiasmado con el relato, el cual le otorgaba la posibilidad de adentrarse en ciertas temáticas que nunca antes había explorado, Romero escribió un borrador de diez páginas donde detallaba las ideas que a él le interesaba imprimirle al film. Una vez que el guión definitivo estuvo terminado, este sería comprado por la productora Orion Pictures, la cual le concedería un presupuesto de 6.7 millones de dólares al director, lo que de inmediato convirtió a “Monkey Shines” en el proyecto más costoso de Romero hasta aquel entonces. Al mismo tiempo, esta producción sería la primera que el director filmaría bajo el alero de una productora importante, hecho que eventualmente lamentaría ya que los ejecutivos de la compañía influirían en algunas de sus decisiones artísticas, específicamente en la elección del final del film.

“Monkey Shines” se centra en la figura de Allan Mann, un joven atleta que vive junto a su novia Linda Aikman (Janine Turner), y que tras sufrir un grave accidente queda tetrapléjico, lo que inevitablemente transformará su vida en un verdadero infierno. Ante la evidente depresión de Allan, su amigo Geoffrey (John Pankow), quien trabaja al interior de un laboratorio que realiza experimentos con animales, le facilita una chimpancé amaestrada llamada Ella para que le ayude a realizar parte de sus actividades domésticas. Lo que Allan no sabe, es que su amigo le ha estado inyectando al animal un suero que contiene células cerebrales humanas, con el objetivo de que este se vuelva más inteligente. Es debido al efecto de dicho suero, que Ella comienza a desarrollar un fuerte vínculo afectivo con su nuevo amo, el cual aparentemente va más allá del simple cariño. Cuando Allan comienza a tener diversos problemas con las personas que lo rodean, específicamente con su posesiva madre (Joyce Van Patten), su molesta enfermera (Christine Forrest), y su novia infiel, estas extrañamente son víctimas de curiosos accidentes fatales. Todo apunta que la culpable de dichos accidentes es Ella, quien parece haberse convertido en la homicida extensión del cada vez más frustrado y enojado Allan.

Durante gran parte de la historia, “Monkey Shines” no tiene la apariencia de un thriller, ya que básicamente se enfoca en la compleja situación de Allan y en su conexión con Ella, lo que provoca que los elementos más espeluznantes solo vayan siendo insertados de manera gradual en el relato. Una vez que el protagonista sufre el accidente, el espectador es testigo de cómo crecen sus frustraciones y sus resentimientos, los cuales solo serán atenuados temporalmente por la llegada de Ella a su vida. El primer indicio de que la conexión existente entre Allan y Ella va más allá de lo meramente físico y lo afectivo, ocurre durante una clase de derecho en la cual el chimpancé levanta la mano a sabiendas que su dueño conoce la respuesta a la pregunta que ha realizado el profesor. Desde ese punto en adelante, el lazo entre la mascota y Allan no hace más que profundizarse. No solo Ella parece anticiparse a las necesidades de su dueño, sino que además parece estar sincronizada telepáticamente con los deseos reprimidos y la ira que siente Allan, por lo que eventualmente decide expresarlos en contra de quienes de una u otra forma le han hecho daño a su querido amo. De manera inteligente, Romero materializa el peculiar nexo existente entre Allan y Ella mediante una serie de escenas en las que se da a entender que el protagonista está viendo el mundo a través de los ojos de su mascota, lo que no solo siembra la duda con respecto a quien es el verdadero culpable de los crímenes que suceden alrededor de él, sino que además le otorga un cariz siniestro a la amigable chimpancé.

Por otro lado, resulta curioso el hecho de que Ella sea la única mujer con la cual Allan no tiene una relación del todo disfuncional. Mientras que su madre parece estar ayudándolo solo por un tema de autocomplacencia, su enfermera detesta la presencia de la mascota en la casa, y su novia lo está engañando con el médico encargado de su tratamiento. Básicamente, “Monkey Shines” retrata a la discapacidad como un ente castrador, el cual obliga al protagonista a depender de las mujeres que están a su alrededor, incluyendo a Ella. La única relación normal que Allan logra tener con una mujer, es aquella que mantiene que Melanie Parker (Kate McNeil), quien es la especialista que supervisa el entrenamiento de Ella. Cuando eventualmente ellos se enamoran y comienzan una relación amorosa, indirectamente prueban que la discapacidad de Allan, su mujer, su madre y su enfermera, no han logrado castrarlo por completo. A raíz de todo esto, se puede inferir que la discapacidad física y emocional de Allan y su dependencia en las mujeres que lo rodean, son los verdaderos generadores del horror que presenta el film. La chimpancé a su vez, no resulta ser una figura aterradora solo por el hecho de que se convierte en una mascota homicida, sino porque ella representa las pulsiones más oscuras del protagonista, las cuales solo mediante su externalización pueden llevarlo a encontrar el camino hacia la propia aceptación que tanto le ha costado alcanzar.

Probablemente el gran villano de “Monkey Shines” es la siempre peligrosa ambición científica. Después de que Allan le cuenta que algo extraño está sucediendo con Ella, y tras presenciar su errático comportamiento, de todas formas Geoffrey continúa inyectándole el suero a la chimpancé para volverla más inteligente. El irresponsable y egoísta comportamiento de Geoffrey no solo se debe a que él cree que sus experimentos eventualmente le traerán fama y fortuna, sino que además está convencido de que lo ayudarán a terminar de una vez por todas con la rivalidad profesional que tiene con el Rector de la universidad donde trabaja (Stephen Root). Como suele suceder en gran parte de este tipo de films, la ira, los celos, la vanidad, la codicia y la falta de ética, suelen convertirse en los ingredientes necesarios para crear a un monstruo, el cual en esta ocasión se escapará por completo del control de quienes creen que tienen todo calculado. Cabe mencionar que si bien es interesante el tratamiento que se le da a la figura de Geoffrey, la inclusión de una subtrama que involucra los numerosos esfuerzos de uno de sus colegas por robarle los resultados de sus investigaciones, no solo se ve algo forzada, sino que además carece de toda importancia para el desarrollo de la trama.

En el ámbito de las actuaciones, en general el elenco realiza un trabajo correcto. Quien más se destaca obviamente es Jason Beghe, debido a que no solo logra que el espectador empatice con la situación y con las frustraciones que experimenta Allan, sino que además le inyecta una innegable cuota de credibilidad a su personaje. En cuanto al aspecto técnico de la producción, resulta destacable el estupendo trabajo de fotografía de James A. Conter, la atmosférica banda sonora del compositor David Shire, y los atractivos efectos especiales diseñados por el siempre confiable Tom Savini. Más allá de los asesinatos y su incongruente final, “Monkey Shines” es una cinta que básicamente explora el horror psicológico que debe enfrentar un hombre que se ve sometido a una situación invalidante, de la cual aparentemente no tiene escapatoria. En ese sentido, Romero realiza un trabajo encomiable materializando la maldad humana en la figura de Ella, quien no puede evitar verse influenciada por todo lo que está sucediendo en su alrededor. Es precisamente esta idea lo que convierte a “Monkey Shines” en un film de terror que posee un encanto especial, ya que como explicaría el mismo Romero: “Es la situación, los personajes, y como estos van evolucionado a lo largo de la historia, lo que realmente afecta al espectador”.



por Fantomas.

martes, 28 de diciembre de 2010

Tetsuo, The Iron Man: Delirante horror cyberpunk.

“Tetsuo: The Iron Man” (1989), es un film de terror y ciencia ficción del director Shinya Tsukamoto, el cual está protagonizado por Tomorowo Taguchi, Kei Fujiwara, y por el mismo Tsukamoto.

Un extraño hombre conocido como “el fetichista del metal” (Shinya Tsukamoto), que tiene la insana costumbre de incrustarse objetos metálicos en su cuerpo, es atropellado por un automóvil a toda velocidad. A partir de ese momento, el conductor de dicho automóvil (Tomorowo Taguchi) empezará a sufrir extraños cambios en su cuerpo, el cual pronto se verá invadido por una serie de singulares protuberancias metálicas.

En la década de los ochenta, cuando la industria cinematográfica japonesa se encontraba en su punto más flojo, comenzaron a surgir una serie de jóvenes directores que habían dedicado gran parte de sus energías al rodaje de cortometrajes y al trabajo en el teatro experimental. Entre esta camada de nuevos directores se encontraba Shinya Tsukamoto, quien para su tercer trabajo tras las cámaras, decidió adaptar una obra teatral que él había desarrollado durante su época como estudiante. Dicha obra titulada “Tetsuo”, se centraba en las desventuras de un oficinista, que tras atropellar a un hombre conocido como "el fetichista del metal”, intenta deshacerse de su cadáver en el bosque. Impulsado por la excitación propia de la situación, el protagonista da rienda suelta a sus deseos más oscuros y comienza a tener sexo con su novia mientras el cadáver los observa desde el suelo. Desde aquel momento, como si de una maldición se tratase, al personaje interpretado por Taguchi no le queda más remedio que ver como su cuerpo empieza a transformarse en un montón de metal, convirtiendo su vida en un verdadero calvario del que parece no haber escapatoria.

Si ya la premisa es bastante extraña, el desarrollo de la historia lo es aún más. Tsukamoto salta de un lugar a otro de manera frenética, sin detenerse en ningún momento para explicarle al espectador lo que está sucediendo. Luego de descubrir un pedazo de metal en su rostro, el protagonista será atacado por una mujer que experimenta una mutación en su brazo, cuyo origen es desconocido (aunque todo parece indicar que "el fetichista del metal” se ha albergado en su cuerpo como un organismo parásito). Tras este pesadillezco episodio, la tasa de mutación del personaje interpretado por Taguchi comienza a aumentar de manera dramática, al mismo tiempo que este experimenta una serie de episodios de alto contenido sexual con su novia (Kei Fujiwara). Ya en lo que se podría denominar como el tercer acto del relato, un irreconocible protagonista se ve enfrentado en una batalla sin cuartel con "el fetichista del metal”, cerrando con esto una historia completamente delirante, que no desea otra cosa más que reflejar la dependencia casi “castradora” del hombre con un entorno cada vez más tecnificado.

Bajo la apariencia de una cinta de horror cyberpunk, se esconde una fuerte crítica por parte de Tsukamoto a una sociedad abducida por la globalidad tecnológica. Por un lado, “el fetichista del metal” puede ser visto como el fiel representante de una sociedad que arrastra a miles de jóvenes a encerrarse en una virtualidad más satisfactoria que el mundo real. El internet y la tecnología en general, entregan diversas herramientas con las que el ser humano puede convertirse, mutar durante un periodo determinado de tiempo en alguien más, reflejando una imagen idealizada de sí mismo a todos aquellos que también están sumidos en el mismo mundo tecnológico. Al mismo tiempo, el director propone que es inevitable que la conducta sexual y el instinto primitivo del hombre se vean potenciados por la exposición a la ya mencionada globalidad tecnológica. Es por este motivo que no resulta extraño encontrarnos con una serie de dantescas escenas de alto contenido erótico, donde el protagonista no sólo intenta tener relaciones sexuales con su novia utilizando el enorme falo-taladro que ha crecido en su cuerpo, sino que este también imagina a la mujer como portadora de un falo endoscópico con el cual es literalmente ultrajado.

Al igual que David Cronenberg en alguno de sus films, Tsukamoto señala al sexo como el catalizador del deterioro y las mutaciones que sufre el cuerpo de su protagonista. Si bien durante gran parte de la cinta vemos que es la mujer quien “provoca” que se aceleren los cambios en el cuerpo del protagonista, será "el fetichista del metal” quien provoque la mutación más importante en el cuerpo del personaje interpretado por Tomorowo, otorgándole un cierto tono homosexual al relato. Recién cuando estos dos hombres se han convertido en uno, fusionando por completo la carne con el metal, logran vislumbrar su verdadero objetivo; destruir un mundo que a sus ojos es completamente decadente. Más allá de los aspectos argumentales, “Tetsuo” se destaca por su impactante estilo visual, el cual amenaza con jugar con la mente del espectador. Según el mismo Tsukamoto, el film está rodado en blanco y negro para resaltar el metal que cubre el cuerpo del protagonista. Debido a que se trata de una producción de bajísimo presupuesto, el director tuvo que suplir la falta de recursos reciclando viejos televisores, de los cuales extrajo ciertos componentes electrónicos los que finalmente adaptaba al cuerpo de los actores mediante una pasta de arcilla.

De todas formas, la falta de presupuesto no evitó que el director tomara algunas decisiones artísticas bastante riesgosas, como el hecho de utilizar la técnica del stop-motion para retratar la transformación del protagonista, lo que terminó condicionando el plan de rodaje alargándolo casi dos años. Es importante mencionar que Tsukamoto no sólo se hizo cargo de los efectos especiales, sino que también se encargó de la fotografía y la edición de la cinta. De manera inteligente, el director utiliza una serie de recursos tanto de edición como de fotografía, para dotar a la película de una atmósfera pesadillezca y surrealista, donde el espectador se ve forzado a utilizar su imaginación cuando le son presentadas una serie de peculiares imágenes en rápida sucesión, dejándole muy poco tiempo para procesarlas por completo. Todo esto va acompañado por la efectiva banda sonora industrial compuesta por Chu Ishikawa. El tema de las actuaciones resulta ser bastante difícil de analizar, debido al caos reinante en la historia. De todas formas, el elenco en general realiza un buen trabajo aún cuando tienden a sobreactuar, ya que hay que considerar que los personajes responden al mundo enfermo en el que se desenvuelven.

“Tetsuo” es un film que presenta influencias tanto del cine del ya mencionado Cronenberg, como también del trabajo de directores como Sogo Ishii y David Lynch, entre otros. A ratos la historia puede ser un poco difícil de comprender, pero mediante un par de flashbacks el espectador logra entender de mejor manera que es lo que está sucediendo. Y es que más allá de la historia, lo realmente importante de esta cinta es su impresionante aspecto visual y el mensaje que subyace bajo este. Casi exenta de diálogo y con una buena cantidad de escenas eróticas y gore, “Tetsuo” se presenta como una verdadera experiencia cinematográfica que difícilmente podrá dejar indiferente al espectador. Lo increíble es que a más de veinte años de su estreno, la cinta sigue impactando y mostrándose como un producto sumamente original, el cual no solo juega con los sentidos del espectador, sino que también lo invita a participar en la retorcida realidad en la que se desenvuelven sus protagonistas.




por Fantomas.

domingo, 26 de diciembre de 2010

The Entity: Un violento caso basado en una historia real.

“The Entity” (1982), es un film de terror del director Sidney J. Furie, el cual está protagonizado por Barbara Hershey, Ron Silver y David Labiosa.

Carla Moran (Barbara Hershey) es una mujer que de un día para otro, comienza a ser atacada sexualmente por una entidad invisible. Una vez que su vida colapsa por completo y sus amigos la creen loca, no tiene más remedio que recurrir a un grupo de científicos que intentarán descubrir que es lo que en verdad sucede al interior de la casa de la mujer.

En el año 1978, el escritor Frank DeFelitta publicó la novela “The Entity”, la cual estaba basada en las experiencias sobrenaturales de una mujer llamada Doris Bither, quien afirmaba que un ser paranormal la había atacado sexualmente de manera reiterativa. Cuatro años antes de la publicación de la novela, Doris había decidido asistir al departamento de psiquiatría de la Universidad de California, con la intención de dilucidar qué es lo que realmente le estaba sucediendo. Si bien un especialista le diagnosticó un desorden mental, existía una serie de hechos que en cierta forma invalidaban dicho diagnóstico. Por ejemplo, Doris presentaba varias lesiones que usualmente se producen tras experimentar un ataque sexual, y que difícilmente podían haber sido autoinfringidas. Tras ser sometida sin grandes resultados a múltiples sesiones de hipnosis regresiva por el psiquiatra Kerry Gaynor, Doris eventualmente buscó la ayuda de un equipo de expertos pertenecientes al laboratorio de parapsicología de la misma Universidad, quienes recolectaron una serie de pruebas y documentaron cada una de las supuestas agresiones sufridas por la mujer. Debido a lo peculiar de la historia, el director Sidney J. Furie le pidió a DeFelittia que escribiera la adaptación de su propia novela, para así llevarla a la pantalla grande. Curiosamente, aun cuando para la década de los ochenta los organismos de censura norteamericanos se habían vuelto bastante más permisivos, los productores del film decidieron retrasar su estreno por más de un año, ya que temían que la cinta fuese blanco de numerosas críticas debido a la naturaleza perturbadora del relato.

“The Entity” se centra en la vida de Carla Moran, una madre soltera de tres hijos, la cual trabaja durante el día mientras que por las noches estudia para convertirse en secretaria y así optar a una mejor calidad de vida. Aunque en apariencia es una mujer normal, hay un aspecto de su vida que amenaza con destruir todo lo que ha construido con bastante esfuerzo. Una noche, Carla es asfixiada con una almohada por una entidad invisible que es mucho más fuerte que ella. Lamentablemente para Carla, los ataques físicos de la entidad se vuelven cada vez más violentes y frecuentes, lo que transforma su vida en un verdadero infierno. Y es que a los ataques reiterados de la entidad, se une la incredulidad de sus amigos, la intranquilidad de sus hijos, y el escrutinio de los psiquiatras quienes la creen loca. Aterrada por la situación, Carla decide visitar a un psiquiatra llamado Phil Sneiderman (Ron Silver), a quien no solo le asegura que ha sido violentada sexualmente por la entidad, sino que además le muestra pruebas físicas del hecho. Ante la incredulidad del facultativo, la protagonista no tiene más remedio que acudir donde un par de académicos del área de lo paranormal, quienes intentarán develar si la supuesta entidad es real, o tan solo es el producto de la vívida imaginación de una mujer atormentada por un par de desilusiones y traumas infantiles.

Como sucede en gran parte de las cintas que se zambullen dentro del mundo de lo sobrenatural, las fuerzas de la racionalidad presentes en el film se muestran totalmente escépticas ante los eventos que narra Carla, y lo que es peor, es que luego de una serie de conversaciones con la mujer no tardan en postular que todo se debe a que desde la infancia ha reprimido su miedo al sexo. Y es que las implicaciones de un padre fuertemente ligado a la religión, el cual solía abusar constantemente de Carla, son algo que los psicoanalistas freudianos no pueden ignorar. El principal perpetrador de este escepticismo es el Doctor Sneiderman, quien no solo exhibe un interés algo obsesivo en la figura de Carla, sino que además no duda en denostar a los parasicólogos una vez que estos se presentan en escena. Las divisiones y el esnobismo existente al interior del ambiente académico le otorgan una capa más de profundidad al conflicto central de la cinta, y además ejemplifican la importancia de la siempre compleja política universitaria a la hora de mantener en funcionamiento dichas instituciones. En gran medida, la protagonista es utilizada tanto por Sneiderman como por los parasicólogos, quienes al mismo tiempo que buscan desacreditar a sus detractores en el campo académico, intentan dotar de cierta legitimidad a sus postulados por descabellados o frívolos que parezcan.

El escepticismo de los psicólogos eventualmente se torna cansino, más aún cuando no se muestran dispuestos a creer en los dichos de Carla pese a que varios testigos confirman su historia. Lo que es aún peor, es que su testarudez no cede ni siquiera cuando tienen la posibilidad de ver el extraño fenómeno por ellos mismos. Si bien es evidente que el film se preocupa de exhibir el fracaso de psicoanálisis, también se preocupa de criticar la soberbia y la hipocresía de ciertas disciplinas académicas que solo buscan la autoglorificación, lo que en este caso provoca que Carla quede absolutamente a la deriva con su peculiar problema. A diferencia de los expertos, el espectador en ningún momento duda de los dichos de la protagonista, aun cuando el film intenta materializar a la entidad de manera algo burda, a través de objetos que se mueven solos y puertas que se cierran sin motivo aparente, lo que obviamente responde a los clichés más habituales del género. Por otro lado, resulta curioso como la seriedad que Sidney J. Furie le intenta imprimir a la cinta durante gran parte de su metraje, es puesta en juego cuando los parasicólogos intervienen la casa de Carla con la intención de aislar a la entidad con la ayuda de helio líquido. Aunque dicha escena es atractiva visualmente hablando, se desvía por completo del interesante escrutinio psicológico al que es sometida la protagonista y que conforma el eje central del film.

En el ámbito de las actuaciones, si bien el elenco en general realiza un estupendo trabajo, es la maravillosa interpretación Barbara Hershey la que contribuye a que el film funcione de buena manera. La actriz retrata a Carla como una mujer evidentemente angustiada y fragmentada por la situación a la que se ve sometida, la cual gracias a que posee una increíble fuerza interior logra sobrellevar cada uno de los episodios de violencia que le toca vivir a manos de la siniestra entidad. En este sentido, su actitud decidida se contrasta con la actitud pasiva y manipuladora de prácticamente todos los hombres que participan en la historia, los cuales no solo son incapaces de ayudar a la protagonista, sino que además al igual que la entidad que la acosa, intentan ejercer un cierto grado de control sobre la mujer, demostrando su naturaleza claramente patriarcal. Por otro lado, en relación al aspecto técnico de la producción, esta cuenta con el competente trabajo de fotografía de Stephen H. Burum, la mediocre banda sonora del compositor Charles Bernstein, y los modestos pero llamativos efectos especiales de Martin Bresin y Robert Willard.

Aunque “The Entity” jamás logra igualar la brutalidad y la crudeza del primer ataque que sufre la protagonista, el film logra alzarse por sobre el resto de las cintas de su tipo gracias a que convierte la historia de Carla Moran en una experiencia cinematográfica compleja, visualmente aterradora, y psicológicamente atrapante. Obviamente la cinta juega con la siempre interesante dicotomía entre lo real y lo imaginario, la cual expone la fragilidad de la psiquis humana y el poder de la imaginación a la hora de conjurar cosas realmente grotescas y espeluznantes. Al mismo tiempo, expone la constante batalla entre la ciencia de lo paranormal y la ciencia que estudia la condición humana, situando a una mujer inocente en medio de dos fuerzas completamente opuestas, la cual ve con impotencia como los agentes de ambas ideologías son incapaces de ayudarla a solucionar su problema. Con esto en mente, resulta evidente que el terror contenido en el relato tiene relación tanto con el fenómeno inexplicable que acecha a Carla, como con las consecuencias físicas de los supuestos ataques llevados a cabo por la entidad. Gracias a todo lo antes mencionado, “The Entity” bien podría ser encasillada entre las mejores entradas del subgénero del horror sobrenatural filmadas durante la década del ochenta, reconocimiento que le ha sido negado básicamente porque durante años se ha pensado que el film de Sidney J. Furie es tan solo otra mala copia de “The Exorcist” (1973), suposición que no puede estar más alejada de la realidad.



por Fantomas.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Santa Claus: Una Navidad como ninguna otra.

“Santa Claus” (1959), es una cinta de aventuras del director René Cardona, la cual está protagonizada por José Elías Moreno, José Luis Aguirre, Armando Arriola y Cesáreo Quezadas.

Con la ayuda del Mago Merlín (Armando Arriola), Santa Claus (José Elías Moreno) debe impedir que el demonio Precio (José Luis Aguirre) lleve a cabo sus planes para arruinar la Navidad.

Tras el término de la Segunda Guerra Mundial, el empresario K. Gordon Murray comenzó a importar cintas mexicanas a los Estados Unidos. Aunque eventualmente adquiriría cierta fama gracias a los films de terror que distribuía, sus primeras adquisiciones estaban mayormente dirigidas a un público infantil. Fue así como dio con “Santa Claus”, una desconcertante fábula navideña del guionista y director cubano René Cardona, quien durante años había estado trabajando en diversas producciones realizadas por la industria cinematográfica mexicana. Filmada por completo en los estudios Churubusco-Azteca, los cuales eran propiedad del gobierno mexicano, la película se centra en la batalla entre Santa Claus y un demonio llamado Precio, quien ha sido enviado por el Diablo para acabar con la Navidad. En su cruzada por salvar la Navidad, Santa Claus será ayudado por el Mago Merlín y una buena parte de los niños que trabajan en su taller, junto a los cuales no sólo deberá seguir los pasos de Precio, sino que también deberá evitar que este último contamine la mente de los niños del mundo.

La cinta comienza con un número musical de alrededor de diez minutos de duración, donde rápidamente son apreciables los cambios que René Cardona realiza en la mitología clásica de Santa Claus. Para empezar, el centro de operaciones del protagonista ya no se encuentra en el Polo Norte, sino que está ubicado en un castillo en las nubes. En aquel lugar, ya no son un grupo de duendes los que ayudan a Papá Noel en la fabricación de juguetes, sino que son niños de diversas nacionalidades los que se encargan de dicha labor (lo que habla muy mal de la política laboral del Sr. Claus). Además, podemos ver que Santa utiliza una serie de curiosas computadoras para monitorear el comportamiento de los niños alrededor del globo (incluso tiene una extraña máquina que tiene una boca y que transmite las palabras que dicen los pequeños). Acto seguido, somos transportados al mismísimo infierno, donde diversos demonios danzan alrededor del fuego. Es ahí donde nos es presentado el villano de esta historia, el demonio Precio, quien de no cumplir la labor que le ha encomendado el Diablo, será condenado a comer helado de chocolate por la eternidad (lo que es cruel, ya que los demonios no soportan el frío y menos el chocolate).

Básicamente, Precio centra sus esfuerzos en corromper a una niña pobre llamada Lupita (Lupita Quezadas), a un niño rico (Antonio Díaz Conde Jr.), y a tres traviesos hermanos cuyos nombres jamás son revelados. Mientras que los dos primeros le dan más importancia a la familia y a los valores familiares (por ejemplo, Precio intenta sin éxito convencer en múltiples ocasiones a la niña para que esta robe la muñeca que tanto quiere y que sus padres no pueden comprarle), los tres hermanos terminan cayendo en las garras del demonio, realizando una serie de travesuras con las cuales intentan sabotear la labor de Santa Claus. Más allá de la trama, lo que hace tan especial a esta película es lo perturbador que resulta el mismísimo Papá Noel. A la ya mencionada explotación infantil, se le suma su risa siniestra, y su costumbre de espiar a los niños incluso cuando estos están durmiendo. Lo que resulta aún más extraño, es que él tiene la capacidad de ver los sueños de los pequeños e influir en ellos. Visto de esta manera, Santa Claus es retratado como una suerte de Gran Hermano que aprueba la esclavitud infantil, lo que obviamente se contradice por completo con la imagen hollywoodense del alegre gordinflón.

Existen otras extrañas particularidades en la versión mexicana de Santa Claus. En su castillo además de los niños que trabajan para él, viven su buen amigo el mago Merlín, y Vulcano el herrero (Ángel Di Stefani). Mientras que el primero está encargado de realizar las pócimas que le permiten a Papá Noel hacerse invisible o dormir a los niños que se despiertan cuando sienten su presencia, Vulcano es el responsable de la fabricación de una llave que le permite abrir todas las puertas del mundo. Además, cabe mencionar que en esta ocasión, Santa se transporta en un trineo tirado por unos siniestros renos mecánicos. Durante gran parte de la cinta, Santa se dedica a mostrarnos su castillo, sus costumbres, y a espiar a los niños en los cuales se centra el relato. Será recién durante la última media hora de metraje, que veremos cómo este viaja a la Tierra a repartir los regalos, y a enfrentarse con Precio, quien tiene una serie de sorpresas preparadas para su archienemigo (las cuales a decir verdad, no son demasiado elaboradas).

En el ámbito de las actuaciones, estas son más bien mediocres, aunque también hay que pensar que los actores hacen lo que pueden considerando la escasa profundidad de sus personajes. Aunque el Santa Claus de José Elías Moreno resulta simpático, inevitablemente adquiere un cariz algo siniestro debido a las costumbres antes mencionadas. Armando Arriola por su parte, interpreta a un Merlín con serios problemas de memoria, por lo que en gran medida se asemeja a un abuelo algo senil, mientras que José Luis Aguirre interpreta a un demonio bastante caricaturesco. Los diálogos distan de ser memorables, e incluso hay algunos que se repiten hasta el cansancio. Por otro lado, el trabajo de fotografía de Raúl Martínez Solares es bastante mediocre, al igual que la banda sonora de Antonio Díaz Conde, que toma prestadas una serie de canciones populares y las mezcla con música navideña. En cuanto al diseño de los escenarios, estos se asemejan bastante a los de las cintas de ciencia ficción serie B realizadas en Norteamérica durante los cincuenta, lo que extrañamente le otorga un encanto especial a esta peculiar producción.

Aunque al momento de su estreno la cinta no obtuvo muchas ganancias en Norteamérica, con el correr de los años adquirió el estatus de film de culto, lo que llevó a que K. Gordon Murray la exhibiera por 30 años durante la época navideña. Y es que las diferencias culturales llevaron a Cardona a crear un Santa Claus proveniente de un universo paralelo, donde solo las buenas intenciones del protagonista se mantienen y se cambia todo lo demás. “Santa Claus” es una de esas películas que deben ser vistas por su “factor alucinógeno”, aún cuando la producción sea un completo desastre. La trama en si es casi inexistente (de hecho, da la impresión de que son pequeños episodios que están débilmente ligados entre sí), hay una buena cantidad de números musicales que dejan bastante que desear (y que son utilizados mayormente para sumarle minutos al film), e incluso se tiende a estereotipar las costumbres y las vestimentas de ciertas culturas, rozando peligrosamente el racismo. En definitiva, esta película pese a todo resulta entretenida, y es perfecta para aquellos que quieran ver algo distinto a los típicos clásicos navideños a los que estamos acostumbrados.

Les deseo una Feliz Navidad a todos y un próspero Año Nuevo!!



por Fantomas.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Tokyo Godfathers: Un extraño cuento de Navidad.

“Tokyo Godfathers” (2003), es una cinta de animación del director Satoshi Kon, la cual fue escrita por el mismo Kon en compañía de Keiko Nobumoto.

Un mendigo (Gin), un travesti (Hana) y una adolescente que ha huido de su hogar (Miyuki), encuentran un bebé abandonado. El grupo decide buscar a los padres de la criatura, pero hallarlos en el enjambre humano de Tokio puede ser lo más parecido al viejo dicho de encontrar una aguja en un pajar.

“Tokyo Godfathers” al igual que las cintas anteriores del fallecido Satoshi Kon, “Perfect Blue” (1998) y “Millennium Actress” (2001), fue realizada pensando más en los diversos festivales internacionales de cine que en el público en general. Sin embargo, la película que hoy nos ocupa es recordada como un trabajo atípico dentro de la corta filmografía del director. Por primera vez, Kon se alejaba de los dramas psicológicos que marcaron su obra para meterse de lleno en el mundo de la fantasía y la comedía, dejándole en claro al espectador que los elementos fantásticos de la historia están ligados directamente a la imaginación de los protagonistas. Es sabido que el director se basó en el western de John Ford, “Three Godfathers” (1948), en el cual tres forajidos se topan con una madre moribunda a quien le prometen cuidar a su bebé durante su travesía por el desierto. Básicamente, lo que hizo Kon fue actualizar este melodrama protagonizado por John Wayne, convirtiéndolo en un estudio sociológico de cómo la sociedad urbana moderna abandona por completo a las personas sin hogar.

Como mencionaba anteriormente, los primeros pasos de Kon en la comedía están protagonizados por tres vagabundos residentes en Tokio, cada uno de los cuales convive con la carga de un desafortunado pasado. Gin es un borracho de unos cincuenta años de edad, que asegura haber perdido todo por una mala apuesta; Hana es un travesti huérfano que perdió su trabajo como cantante de un cabaret luego de golpear a un cliente; y Miyuki es una adolescente que huyó de su casa luego de protagonizar un violento incidente con su padre. En plena víspera de Navidad, mientras buscan un regalo para Miyuki en un montón de basura, el peculiar trío se encuentra con una recién nacida abandonada en el frío. Pese a que en un principio piensan en llevar a la bebé a la policía, tras la insistencia de Hana, que opina que la niña es un verdadero regalo de Dios, los protagonistas deciden buscan a los padres del bebé por su cuenta, embarcándose en una serie de aventuras que les traerán más de un problema.

Aunque para Kon hubiese sido más sencillo apegarse a la historia relatada por John Ford, junto al guionista Keiko Nobumoto el director introduce una serie de vueltas de tuerca al relato. Para empezar, la aparición del bebé desata un verdadero efecto dominó marcado por una serie de coincidencias, las cuales guían a los protagonistas a buen número de curiosas locaciones entre las que se incluyen el matrimonio de la hija de un conocido criminal, la humilde casa de un asesino latinoamericano, y el cabaret donde solía trabajar Hana, entre otros. La búsqueda de los padres de la niña se convertirá en un viaje casi catártico para los protagonistas, ya que los obliga a repasar sus propias historias, vergüenzas y verdades, viéndose eventualmente obligados a enfrentar el pasado que han intentando dejar atrás. Y es que la acción que presenta el film ocupa un lugar secundario ante el estado emocional y la relación existente entre los tres “padrinos”. Gin, Hana, Miyuki y la bebé, a quien han bautizado como Kiyoko (niña pura), forman una verdadera familia disfuncional donde cada uno de los miembros hace todo lo que está a su alcance para cuidar del resto.

Durante el transcurso de la historia, somos testigos de las múltiples discusiones del trío de protagonistas, así como también de algunos monólogos introspectivos que revelan parte de los secretos personales que ninguno de ellos se ha atrevido a revelarle al resto o a sí mismos por mucho tiempo. Como en el fondo “Tokyo Godfathers” es una película navideña donde los protagonistas pueden ser considerados como un equivalente a los tres reyes magos, existen una serie de elementos que podrían ser enmarcados dentro del llamado realismo mágico. En múltiples ocasiones, Hana asegura que el bebé, y por ende ellos también, están protegidos por fuerzas celestiales. De hecho en el tramo final de la cinta, somos testigos de una seguidilla de “milagros navideños” que encausan a todos los involucrados por el buen camino, al mismo tiempo que los recompensan por sus actos. Básicamente, Kon nos entrega su versión de la fantasía navideña tradicional americana, en la cual los protagonistas ven como su fe es restaurada por Dios, un ángel, Santa Claus, o todas las anteriores.

Los dramas personales de los protagonistas y las oscuras y deprimentes calles de Tokio en las cuales se desarrolla la historia (que inevitablemente se convierten en un personaje más), hubiesen terminado transformando a “Tokyo Godfathers” en un verdadero melodrama si Kon no hubiese adherido algunas dosis de comedia y acción desenfrenada a la mezcla. La cinta está repleta de momentos realmente hilarantes (los cuales por lo general están centrados en la interacción entre los protagonistas) y de algunas escenas llenas de adrenalina y emoción, que ayudan a alivianar la crudeza del tema de fondo. Por otro lado, los personajes tiene la virtud de ser lo suficientemente humanos como para despertar la simpatía del espectador desde el principio del relato. Además el film se destaca por la excelente calidad de la animación, la cual es fluida y atractiva a la vista, y por el estupendo trabajo de fotografía de Katsutoshi Sugai. También resulta destacable la banda sonora compuesta por Keiichi Suzuki y los Moonriders, la cual acompaña de manera perfecta el desarrollo de la acción.

Tomando en cuenta el trasfondo de la historia, la crudeza de algunas escenas, y el tono de una buena parte de los diálogos, es evidente que “Tokyo Godfathers” no es una película destinada al público infantil. Sin lugar a dudas, estamos ante una fábula adulta que recalca la importancia de la familia y el amor por el prójimo, en un mundo donde no siempre tenemos tiempo para detenernos y pensar en las cosas que realmente son importantes en nuestra vida. En su corta carrera como director, Satoshi Kon demostró ser uno de los grandes talentos de la animación japonesa, no solo por crear historias interesantes y entretenidas, sino que además por su excelso domino del ritmo narrativo. Con una trama que atenta contra cualquier atisbo de verosimilitud, aludiendo a una serie de improbables coincidencias que finalmente terminan siendo determinantes para conseguir el desenlace esperado, “Tokyo Godfathers” se alza como una de las mejores cintas de animación de los últimos años, y como una aventura navideña sin precedentes que vale la pena revisar.



por Fantomas.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Series de Televisión: "Tales From the Darkside", antologías de terror de bajo presupuesto.

“Tales From the Darkside” (1984-88), irrumpió en los ochenta como el mejor ejemplo de que una serie no debía estar asociada a uno de los grandes estudios, ni tener un gran presupuesto, ni ser transmitida por una importante cadena para tener éxito en la televisión. Esta serie compuesta por diversas historias de terror, permaneció durante cuatro temporadas al aire, principalmente porque no existía una serie de terror que colmara las necesidades de los espectadores de la época. El show planteaba que de manera paralela al mundo normal que conocemos, existe un universo con reglas y habitantes muy diferentes, el cual es conocido como el “lado oscuro”. Cada uno de los segmentos de esta serie de 30 minutos de duración, comienza con un retrato del mundo normal, el cual es interrumpido por la escalofriante voz de un narrador que nos advierte de los peligros que se esconden en la oscuridad. Al igual que series como “Night Galery” (1970-73) o “The Twilight Zone” (1959-64), este show presenta historias que van desde el terror más crudo, hasta la comedia slapstick. La única diferencia que “Tales From the Darkside” presenta con las series antes mencionadas, es que esta tiene unos orígenes bastante más humildes.

Las raíces de la serie están ligadas a la compañía Laurel Tv Inc., y a los productores Richard Rubinstein, Jerry Golod, y George Romero. Obviamente, quien más llama la atención es el reconocido director George Romero, quien recientemente había estrenado con cierto éxito la cinta “Creepshow” (1982), que presentaba una serie de historias cortas de terror escritas por Stephen King. Con el éxito de dicha cinta en mente, en 1983 Romero escribió un piloto para una nueva serie de televisión titulada “Trick or Treat”. Dicho piloto relataba la historia de un anciano (Barnard Hughes), que en la norteamérica rural de los cuarenta, durante la festividad de Halloween, se dedicaba a aterrorizar a los hijos de los granjeros que le debían dinero. Es entonces que durante un Halloween, un trío de grotescos vengadores sobrenaturales deciden darle su merecido al viejo Hackles. Dirigido por Bob Balaban, este episodio de 30 minutos de duración se convirtió en un verdadero éxito al momento de su estreno.

Producido con solo 200.000 dólares, “Trick or Treat” rápidamente dio paso a la producción de “Tales From the Darkside”, cuya primera temporada estaría compuesta por 23 episodios. Sin embargo, una vez que la serie comenzó a producirse, el presupuesto por episodio fue rebajado a 100.000 dólares, lo cual no daba pie a un gran margen de error (de hecho, se llegó a rumorear que por episodio sólo se utilizaban 188 dólares en la fabricación de los efectos especiales). Pese a los riesgos que esto implicaba, los ejecutivos decidieron seguir adelante con el proyecto. La primera temporada del show fue rodada utilizando un equipo de filmación no perteneciente a ningún sindicato (lo cual era otra estrategia para reducir costos), y los episodios se filmaban en máximo tres días. Lo que es aún peor, para ahorrar tiempo, los productores utilizaron de manera simultánea dos edificios como estudios de filmación; una antigua fábrica de colchones ubicada en Los Ángeles, y una sala de ensayo en Nueva York, la cual en algún momento fue utilizada por Pink Floyd.

Pese a todas estas medidas de reducción de costos, “Tales From the Darkside” se caracterizó por no escatimar en creatividad y talento, tanto delante como tras las cámaras. Cada episodio contaba con la participación de por lo menos un actor conocido, como por ejemplo Penelope Ann Miller, Lisa Bonet, Tippi Hedren, Christian Slater, y Nancy Travis, entre otros. De la misma forma, a cargo de los guiones se encontraban escritores de la talla del ya mencionado Stephen King (“Word Processor of the Gods”), Robert Bloch (“A Case of the Stubborns”, “Everybody Needs a Little Love”, “Beetles”), John MacDonald (“Ring Around the Redhead”), y Frederic Brown (“The Greezenstack”), entre otros. Además, el mismo Romero contribuyó con algunos guiones, específicamente para los episodios “The Devil´s Advocate”, “The Circus” y “Baker´s Dozen”. Pese a los talentos involucrados, a la serie no le resultó fácil encontrar el tono adecuado para sus historias, razón por la cual algunas eran realmente escalofriantes, mientras que otras abusaban en demasía del humor negro.

Pese a esto, el show se convirtió en un verdadero éxito durante su primera temporada, lo que provocó que durante el segundo año el presupuesto por episodio fuera de 124.000 dólares. Sin embargo, lo mejor estaría por venir; en esta ocasión, los ejecutivos de la cadena de televisión encargaron 42 episodios, que eran equivalentes a dos temporadas más. Si bien las estrategias de reducción de costos combinadas con el talento tras las cámaras habían dado sus frutos, no todos los involucrados en la serie estaban felices con la fórmula que se estaba utilizando. Uno de ellos era George Romero, quien sentía que el show aún presentaba muchos problemas, siendo el bajo presupuesto con el que contaba uno de los más importantes. Cansado de la situación, Romero renunció a su puesto como productor ejecutivo, y decidió no contribuir más a la serie como guionista. Ya durante las últimas dos temporadas, “Tales From the Darkside” comenzó a evidenciar las falencias propias de contar con un bajo presupuesto. En algunos de los últimos episodios resultaba dolorosamente evidente el hecho de que la producción sólo contaba con dos sets, no existiendo la posibilidad de filmar en exteriores.

Al mismo tiempo, la calidad de los actores involucrados también decreció, lo que terminó sepultando por completo a una serie que comenzó de forma prometedora. Pese a la evidente baja de la calidad del show, los ejecutivos de Laurel Tv intentaron crear una nueva serie de terror titulada “Moment of Fear”. Sin embargo, dicho proyecto no alcanzaría siquiera a llegar a la etapa de preproducción del episodio piloto. Cuando “Tales From the Darkside” se vio sumergida en una competencia con series de mejor calidad, los productores de Laurel reformularon su producto y dieron vida a un nuevo show de antologías de terror llamado “Monsters” (1988), cuya única diferencia con “Darkside” era que cada episodio contaba con la presencia de un monstruo de algún tipo. Luego de cuatro años al aire, el director John Harrison decidió realizar una adaptación cinematográfica titulada “Tales From the Darkside: The Movie” (1990), la cual contó con historias de Stephen King y Michael MacDowell. Pese a que se trataba de una producción de calidad considerable, esta lamentablemente no logró llamar la atención del público de la época.

Bajo el gore y el horror más puro, cada uno de los episodios de la serie pueden ser vistos como cuentos morales modernos, que intentan concientizar al espectador de las consecuencias que conlleva actuar de manera maliciosa o egoísta. De hecho, son numerosos los segmentos en que el bien es recompensado al mismo tiempo que el mal es castigado. Por ejemplo, en el episodio “The Devil´s Advocate”, un presentador de un programa de conversación llamado Mandrake (Jerry Stiller), día tras día reparte su veneno indiscriminadamente a través de su tribuna. No sólo hiere a las personas con sus dichos, sino que además es rudo con sus auditores, y cruel a la hora de efectuar juicios. A medida de que el episodio avanza, Mandrake comienza lentamente a transformarse en un demonio deforme. Ahora ya muerto, él deberá pasar el resto de su eternidad encerrado en un pequeño cuarto sin puertas ni ventanas, escuchando las quejas de los habitantes del infierno. En otros episodios en cambio, la moraleja iba acompañada de un humor negrísimo, como sucede en el capítulo titulado “Let The Games Begin”, donde un ángel y un demonio se pelean el alma de un tipo común y corriente. En definitiva, “Tales From the Darkside” es una serie interesante que se atrevió a intentar cosas nuevas dentro de un género bastante explotado, con resultados algo dispares. Compensando su bajo presupuesto con talento al por mayor, la serie puede ser recordada como un producto de segunda categoría que tiene un encanto especial, gracias a lo cual logró cierto éxito durante la década de los ochenta.



por Fantomas.

viernes, 17 de diciembre de 2010

National Lampoon´s Christmas Vacation: Cuando las buenas intenciones terminan en caos.

“National Lampoon´s Christmas Vacation” (1989), es una comedia del director Jeremiah Chechik, la cual está protagonizada por Chevy Chase, Beverly D´Angelo y Randy Quaid.

Clark Griswold (Chevy Chase), un típico padre de familia norteamericano, sueña con una Navidad perfecta, y justamente por eso las cosas se salen de control hasta el punto en que la festividad se convierte en un auténtico circo.


En el año 1970, en Norteamérica comenzó a publicarse la revista de humor National Lampoon, la cual se caracterizaba por presentar una serie de parodias de hechos cotidianos, junto con contenido de carácter más surrealista. Seria tal el éxito de esta publicación, que a fines de la década de los setenta, la industria hollywoodense comenzó a producir una serie de cintas que utilizaban la marca “National Lampoon”, y que además involucraban a gran parte del equipo creativo de la revista. Fue así como nació la franquicia de “Vacaciones”, la cual presentaba como protagonistas a la familia Griswold, liderada por el torpe pero bienintencionado Clark Griswald. Tras un par de exitosas entregas, la Warner Bros le pidió al director y guionista John Hughes, que escribiera el guión de una nueva entrada de la saga. Para Hughes, su participación en esta cinta se convertiría en una rara excepción en su carrera. Con respecto a esto, él declararía en una entrevista: “En la única secuela que estuve involucrado por obligación fue en la tercera película de ´Vacaciones´. El estudio me rogó que escribiera un nuevo guión, y yo sólo accedí debido a que tenía una buena historia en la cual basarme”.

Dicha historia, cuya autoría correspondía al mismo Hughes, se titulaba “Christmas ´59”, y fue publicada en diciembre de 1980 en uno de los números de la revista National Lampoon. Tal y como sucedió en las dos primeras entradas de la saga, Hughes decidió no utilizar la silla del director dejando su puesto al inexperto Jeremiah Chechik, cuya única experiencia como director la había obtenido en un par de humildes spots comerciales. A diferencia de las dos cintas anteriores, donde la familia Griswold se encontraba disfrutando sus vacaciones de verano en distintos puntos del globo, en esta ocasión Clark y compañía están concentrados en los preparativos de la fiesta de Nochebuena que han organizado en su hogar junto a su familia. Lamentablemente para Clark, sus ansías por conseguir que todo salga como él lo ha planeado, los resentimientos y discusiones que se provocan entre los diversos integrantes de la familia, la visita de un primo algo chiflado, y su inherente mala fortuna, terminan siendo los ingredientes necesarios para una fiesta verdaderamente caótica y ciertamente inolvidable.

Clark es la encarnación del verdadero espíritu navideño. Él está empecinado en convertir esta Navidad en un recuerdo imborrable para el resto de su familia, ya sea adornando la casa con cientos de luces, cortando un verdadero árbol de navidad, o realizando actividades propias de la festividad. Por supuesto que cada actividad, cada pequeño detalle del cual Clark está a cargo, termina horriblemente mal no solo perjudicando directamente a su familia, sino que también a sus molestos vecinos (Julia Louis-Dreyfus y Nicholas Guest). En gran medida, el protagonista intenta decirnos que cualquier desastre se puede superar con optimismo y con fe, razón por la cual es inevitable empatizar con su causa. Su entusiasmo por la Navidad termina siendo contagioso, y eventualmente esto le trae una gran recompensa (que como todo en este film, viene acompañada del más completo caos familiar). A modo de subtrama, durante todo el transcurso de la cinta, Clark fantasea con respecto a los planes que tiene para un supuesto bono navideño que va a recibir de la empresa para la cual trabaja. Sus fantasías no solo generan un par de divertidos gags, sino que además el bono en sí tendrá consecuencias realmente hilarantes.

Sorprendentemente, “Christmas Vacation” presenta una serie de elementos que la conectan con el clásico navideño “It´s a Wonderful Life” (1946). Al igual que el personaje interpretado por James Stewart, llega un momento en el que Clark Griswold pierde por completo la esperanza tanto en la festividad, como en sí mismo, recuperándola sólo tras experimentar un verdadero “milagro” navideño. Además, es posible ver el film de Frank Capra en la televisión de los Griswold, en la escena en la cual los abuelos llegan de visita. Finalmente, detrás de las cámaras existe otra conexión: el asistente del director fue Frank Capra III, el nieto del legendario y premiado director. Aunque hay escenas realmente memorables (como el episodio de las luces o el problema con el árbol navideño), para ser sinceros no todos los gags que presenta el film funcionan de buena manera. Pese a que gran parte de las escenas presentan los elementos necesarios para provocar la risa del espectador, por alguna extraña razón no logran el efecto deseado. Probablemente gran parte de la responsabilidad la tenga el director Jeremiah Chechik, quien como había mencionado anteriormente, sólo había trabajado en el rubro de los spots publicitarios, razón por la cual no logra sacarle un mejor provecho al buen guión y al estupendo elenco con el cual contaba.

En el ámbito de las actuaciones, el elenco en general realiza un estupendo trabajo. Este es probablemente el rol más recordado de Chevy Chase y con justa razón. Su personaje es casi como un niño pequeño, capaz de sorprenderse con las cosas más simples de la vida. Él disfruta a su familia aún cuando en su gran mayoría son personajes molestos, y se empeña para que todo salga bien aún cuando sabe por experiencia propia que nada resulta como él desea. Beverly D´Angelo por su parte, interpreta de buena manera a la comprensiva y más aterrizada Ellen Griswold, al igual que Juliette Lewis y Johnny Galecki, quienes encarnan a los cínicos hijos de la pareja. Junto con el personaje de Chase, probablemente quien termina quedándose en la memoria del espectador es el campestre primo Eddie (Randy Quaid). Aunque en el fondo es bienintencionado, su accionar dista de ser loable, razón por la cual protagoniza una buena parte de las escenas más divertidas de la película. En el aspecto técnico, Thomas E. Ackerman realiza un trabajo correcto de fotografía, mientras que Angelo Badalamenti pone su grano de arena con una banda sonora bastante efectiva.

Uno de los problemas que tiene el film, es el poco provecho que se le saca a los invitados de Clark. Con la excepción del tío Lewis (William Hickey) y la tía Bethany (Mae Questel), que son un verdadero par de caricaturas vivientes, el resto de los familiares no alcanzan a brillar como individuos, por lo que no cumplen la función por la cual fueron incluidos en la historia. Más allá de los pequeños problemas que pueda presentar la película, esta resulta ser bastante entretenida y a mi gusto ha soportado realmente bien el paso del tiempo. John Hughes fue responsable de los guiones de una gran cantidad de comedias sencillamente geniales, y “Christmas Vacation” califica para ser considerada como una de las buenas comedias que fueron realizadas durante los ochenta (de hecho, este film y el original son las dos mejores entradas en la saga de “Vacaciones”). En definitiva, “Christmas Vacation” es una película bastante recomendable, la cual adquiere un encanto especial durante la época navideña.



por Fantomas.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Mini Especial Navideño


Como estamos cerca de la Navidad, dejaré de lado el especial de terror ochentero (del cual ya han sido publicadas 8 de las 16 entradas que lo conforman) para publicar tres reseñas navideñas. La segunda mitad del especial atrasado de Halloween espero comenzar a publicarla desde el día 26 de diciembre. Me gustaría que me dieran su opinión con respecto a la primera mitad del especial, ya que para mí es bastante importante la opinión de quienes visitan este blog.

Saludos a todos,

Fantomas ;)

lunes, 13 de diciembre de 2010

The New York Ripper: Una de las cintas más controversiales de Lucio Fulci.

“Lo Squartatore di New York” (1982), es una cinta de terror del director Lucio Fulci, la cual está protagonizada por Jack Hedley, Almanta Suska y Howard Ross.

Los habitantes de la ciudad de Nueva York están siendo aterrorizados por un asesino que muestra una marcada inclinación hacia las mujeres hermosas de conductas cuestionables. A raíz de esto, el Teniente Fred Williams (Jack Hedley) es asignado para descubrir la identidad del psicópata, cuyos niveles de violencia han aumentado drásticamente en el último tiempo.





Con resultados algo dispares, Lucio Fulci sería uno de los pocos directores que intentaría revitalizar el alicaído cine de terror italiano durante la década de los ochenta. Dentro de las muchas fórmulas que utilizó el director en las distintas producciones que realizó durante dicho periodo, se encuentra su particular aproximación al subgénero del slasher en el film “Lo Squartatore di New York”. Junto a los guionistas Dardano Sacchetti, Gianfranco Clerici y Vincenzo Mannino, Fulci se encargó de escribir el guión de una de sus cintas más vilipendiadas tanto por el público, como por la crítica especializada que venía reverenciando sus últimos trabajos. Básicamente, la historia de “Lo Squartatore di New York” se centra en la investigación llevada a cabo por el Teniente Williams, quien está tras la pista de un misterioso asesino que durante el último tiempo se ha dedicado a mutilar mujeres a lo largo de toda la ciudad de Nueva York, el cual además presenta la particularidad de poseer una voz aguda muy similar a la del célebre Pato Donald. Con tal de encontrar al psicópata lo antes posible, Williams no tiene más remedio que reclutar al Doctor Davis (Paolo Malco), quien aparentemente es el único psiquiatra capaz de desentrañar los patrones de conducta y la posible identidad del criminal que está aterrorizando a las mujeres de la llamada Gran Manzana.

Como sucede en prácticamente todos los films de Lucio Fulci, los cruentos asesinatos que comete el psicópata de turno se convierten en las grotescas piezas centrales de la cinta. Fiel a su estilo, el director italiano no solo le presenta al espectador una escena en la que una desafortunada mujer es prácticamente violada con una botella de vidrio rota, sino que además tiene tiempo para incluir una escena en la que a una mujer le abren el estómago, y otra en la que a una tercera víctima la torturan lentamente con una navaja de afeitar, la cual dicho sea de paso debido a su crudeza inclusive en la actualidad ha tenido problemas con los organismos de censura británicos. Si bien la inclusión de estas escenas ya era razón suficiente como para que tanto el público como la crítica se mostraran algo incómodos con la cinta de Fulci, la evidente misoginia que exuda el guión no hizo más que complicar las cosas. Y es que no son pocas las escenas en las cuales las mujeres son víctimas de algún tipo de violencia, ya sea verbal o física, lo que obviamente molestó a determinadas agrupaciones conservadoras y feministas de la época. Sin embargo, todo esto no es estricta responsabilidad del director italiano. Mientras que por un lado es innegable que el guionista Dardano Sachetti ya había demostrado ciertas cuotas de misoginia en sus trabajos anteriores, también es necesario recordar que el subgénero del slasher por lo general conllevaba ciertas dosis de violencia hacia la mujer, por lo que el contenido del film de Fulci solo respondía a las expectativas que el público de la época tenía de las producciones derivadas del entonces popular subgénero.

Los problemas que “Lo Squartatore di New York” tuvo con los distintos organismos de censura de la época no solo tienen relación con sus niveles de violencia y con su ya mencionada misoginia, sino que además tienen bastante que ver con la forma en como el director retrata a cada uno de los personajes involucrados en la historia, y en como este trata el tema de la sexualidad. De inmediato llama la atención la subtrama que tiene relación con la vida secreta de una mujer llamada Jane Forrester (Alexandra Delli Colli). Pese a provenir de un mundo repleto de riquezas y privilegios, Jane prefiere pasar sus mañanas en antros de mala muerte acompañada por hombres que la humillan sexualmente, y sus tardes al interior de pequeños teatros viendo pornografía. Si bien todo esto ya es bastante sórdido, Fulci se encarga de volver aún más escabroso todo el asunto insertando una serie de close-ups de los labios temblorosos del personaje interpretado por Delli Colli, mientras esta se masturba hasta llegar al orgasmo. En gran medida, el guión se muestra determinado a implicar a todos los personajes que participan en el relato en una dinámica de perversión sexual. El gran problema del film es que no realiza ningún tipo de diferenciación entre las expresiones sexuales inofensivas, como por ejemplo aquellas que son practicadas por uno de los sospechosos llamado Mickey Scellanda (Howard Ross), o la misma homosexualidad reprimida del Doctor Davis, y las correrías homicidas llevadas a cabo por el obsesivo asesino. Este es precisamente el motivo por el cual el film resulta ser tan repugnante; Fulci intenta establecer que todos los personajes son igualmente depravados, cuando en verdad esto está lejos de ser así.

Con la intención de dejar aún más en claro que la historia se centra en un microcosmos que está adherido a una cultura dominada por la suciedad y la depravación, Fulci escoge como escenarios del film diversas calles que se caracterizan por estar repletas de basura, grafitis, locales nocturnos y tiendas de pornografía. Junto con esto, para lograr que estos rincones de la ciudad de Nueva York se vean aún más decadentes de lo que realmente son, Fulci los contrasta con los bellos paisajes aledaños a la Universidad de Columbia, lo que sin duda resulta ser una estrategia bastante efectiva a la hora de establecer el tono del film. Mientras que es evidente que el director realiza un buen trabajo a la hora de construir la atmósfera de “Lo Squartatore di New York”, también es innegable que el guión presenta un buen número de falencias que terminan por afectar la calidad del producto. A la gran cantidad de diálogos absurdos que presenta el film, se le suma el hecho de que la mayoría de las conclusiones obtenidas por la policía y por Fay Majors (Almanta Suska), la única mujer que logra escapar con vida luego del asesino, son algo forzadas y distan de ser realmente concluyentes, lo que de todas formas no impide que los protagonistas eventualmente averigüen la verdadera identidad del psicópata. Lamentablemente, a raíz de este mismo problema, el espectador no puede evitar perder cierto grado de interés en la trama policial, lo que lo lleva a centrar toda su atención en los horrendos crímenes que comete el peculiar asesino con voz de pato.

En el ámbito de las actuaciones, la verdad es que el elenco realiza un trabajo más bien mediocre, en gran medida debido a que los personajes están pobremente construidos. Y es que mientras el Teniente Williams y el médico forense a cargo de la investigación no parecen tomarse demasiado en serio los asesinatos, la actitud de la víctima interpretada por Almanta Suska está lejos de resultar creíble. Pese a esto, la improvisada heroína al menos logra despertar la simpatía del espectador, el cual no puede evitar sentir cierto grado de interés por su rol dentro de la trama. En cuanto al aspecto técnico de la producción, esta cuenta con el correcto trabajo de fotografía de Luigi Kuveiller, quien le saca bastante provecho al lado más decadente de la ciudad de Nueva York, la poco inspirada banda sonora del compositor Francesco De Masi, la cual parece ser más apropiada para una serie de televisión policiaca de los años setenta que para un film de terror, y el irregular diseño de maquillaje y efectos especiales del equipo conformado por Gianetto de Rossi y los hermanos Rochetti, los cuales si bien son capaces de crear efectos realmente repulsivos y realistas, en determinadas oportunidades están lejos de lograr el efecto deseado.

Para gran parte de los entendidos y de los seguidores de la carrera de Lucio Fulci, “Lo Squartatore di New York” marcaría el inicio de la debacle creativa del director, cuyas producciones posteriores no pudieron igualar lo hecho por Fulci durante gran parte de la década del setenta. A los problemas narrativos, interpretativos y técnicos antes mencionados, se suma lo absurdo de las motivaciones del asesino, las cuales poco tienen que ver con la atmósfera depravada y decadente que domina al relato. A fin de cuentas, “Lo Squartatore di New York” es un ejemplo más de la marcada inclinación por el aspecto visual que siempre mostró Lucio Fulci, lo que en más de una ocasión lo llevó a descuidar por completo el guión de sus trabajos. Curiosamente, con el transcurso de los años este film se ha convertido en una parada obligada para los amantes del género del horror que buscan experimentar lo más extremo y desagradable del espectro temático. Y es que en ese aspecto es indudable que Fulci consigue su cometido, razón por la cual no resulta extraño que “Lo Squartatore di New York” haya sido catalogada como parte de los “video nasties”, término que fue acuñado en Gran Bretaña durante la década de los ochenta, y que hacía referencia a aquellas producciones que fueron distribuidas en video casete, las cuales fueron ampliamente criticadas por sus niveles de violencia tanto por la prensa, como por comentadores sociales y diversas organizaciones religiosas.



por Fantomas.

sábado, 11 de diciembre de 2010

The Thing: Como realizar un remake de forma correcta.

“The Thing” (1982), es un film de terror y ciencia ficción del director John Carpenter, el cual está protagonizado por Kurt Russell, Wilford Brimley y Keith David.

En la Antártica, los residentes de una aislada base norteamericana encuentran a un perro en la nieve que no es lo que parece; de hecho, es una entidad capaz de imitar a la perfección la apariencia de sus víctimas. Solos, asustados y sin poder huir del lugar, el desafortunado grupo tendrá que batirse con un monstruo cuya identidad desconocen por completo.


A fines de los setenta, el productor David Foster conoció en una fiesta al joven productor Stuart Cohen, quien en ese entonces estaba trabajando en televisión y deseaba ingresar al mundo del cine. Unas pocas semanas después, Cohen le presentó a Foster un proyecto que no fue del agrado de este último. Decidido a trabajar con Foster, Cohen nuevamente contactó al productor para ofrecerle realizar una adaptación de la novela “Who Goes There?”, del escritor John Campbell. Rápidamente, Foster le recordó a Cohen que el productor y director Howard Hawks había adaptado dicha novela en 1951. Sin embargo, para sorpresa de Foster, Hawks había realizado una adaptación bastante libre del relato, ya que tan solo había tomado prestado alrededor del 10% de la historia original. Tras comprarle los derechos del libro a Wilbur Stark, quien había aprovechado la mala situación económica que atravesó la RKO durante la década del cuarenta, para asegurarse los derechos de gran parte de las producciones más icónicas del estudio, Foster se acercó a los ejecutivos de los estudios Universal para sugerirles que contrataran a John Carpenter como director del proyecto. Para Carpenter, esta era su primera colaboración con uno de los grandes estudios, por lo que temía que los ejecutivos no le dejaran desarrollar sus ideas con libertad. Afortunadamente para él, Foster se aseguró de que eso no sucediera.

Bill Lancaster sería el encargado de escribir el guión del film, el cual posteriormente sería intervenido por Carpenter, quien entre otras cosas cambió el final que aparecía en el guión original. Por otro lado, el director reuniría a gran parte del equipo de filmación con el que había trabajado en “Escape From New York” (1981), y contrataría a Rob Bottin, quien había estado involucrado en la creación de los efectos especiales de “The Fog” (1980), para diseñar a las criaturas que amenazarían a los protagonistas de la historia. Bottin se convertiría en uno de los hombres más importantes del equipo de filmación, ya que gran parte de los 15 millones de presupuesto con los que contaba la cinta se invirtieron en la creación de los efectos especiales. Para Bottin, trabajar en esta película significó todo un reto, ya que como los criaturas en las que se centra la trama tiene la capacidad de replicar la forma de cualquier ser vivo, estas debían tener un aspecto único que escapara a todo lo antes visto en el género. Con el objetivo de sacar adelante semejante tarea, Bottin llamaría a Stan Winston, uno de los profesionales más respetados en el campo de los efectos especiales. Según el mismo Bottin, la razón por la cual recurrió a Winston fue porque deseaba que su equipo de trabajo sintiera algo de presión, y porque si tenía que construir otro maldito perro mecánico se iba a volver loco.

La historia de “The Thing” se desarrolla en torno a los doce miembros de una base norteamericana ubicada en la Antártica, los cuales tras tener un extraño encuentro con un par de miembros de una expedición noruega, de improviso se ven enfrentados a una amenaza casi imposible de detectar. Y es que a su base ha llegado un perro que resulta ser una criatura alienígena que puede imitar a la perfección la forma de sus víctimas, ya sean humanos o animales. A raíz de esto, la paranoia no tarda en apoderarse de los miembros de la expedición norteamericana, por lo que el piloto de helicópteros R. J. MacReady (Kurt Russell), se ve obligado a asumir el liderato del cada vez más aterrorizado grupo, y a descubrir cuál de sus compañeros ha sido víctima de la entidad alienígena antes de que sea demasiado tarde. La gran diferencia que existe entre esta producción y la adaptación realizada por el director Christian Nyby en la década del cincuenta, es la importancia que le otorgan los protagonistas a su peculiar visitante. Mientras que en el film original se generaba una pugna entre los soldados que buscaban destruir aquello que ellos consideraban como una amenaza, y los científicos que pensaban que el extraterrestre debía ser protegido debido a que era un descubrimiento sin precedentes, en la cinta de Carpenter todos los involucrados en la historia están convencidos que la criatura que los acecha es una amenaza que debe ser destruida a toda costa, debido que su sola existencia amenaza incluso el destino del resto de la humanidad.

Por otro lado, si bien en ambas cintas existe una atmósfera de paranoia constante, la fuente de dicha atmósfera dista bastante en ambas producciones. Mientras que en el film de Nyby la ambición de los científicos juega un rol clave en la forma en como los protagonistas afrontan el conflicto en el que se ven inmersos, en la cinta de Carpenter es la posibilidad de que uno de los personajes en verdad sea un alienígena lo que siembra la desconfianza y el horror entre los miembros de la expedición norteamericana. A raíz de esta misma diferencia, no resulta extraño que en la versión de 1951 el director se apoye fuertemente en los diálogos para exponer el conflicto central, mientras que en el remake, Carpenter decide utilizar el silencio como el principal generador de suspenso, el cual solo es interrumpido por intermitentes e inesperadas ráfagas de horror visceral. Más allá de las diferencias temáticas que presentan ambas producciones, probablemente una de las diferencias más importantes que exhiben tiene relación con la forma y la naturaleza de la criatura que pone en jaque a los involucrados en ambos relatos. Mientras que en la versión de Nyby el alienígena tiene una forma humanoide, el extraterrestre creado por Rob Bottin no presenta una forma definida, por lo que el espectador solo alcanza a ver una buena cantidad de transformaciones incompletas del monstruo, cada una más repulsiva que la anterior.

En cuanto a los personajes, en su gran mayoría corresponden a representaciones de distintos arquetipos. Mientras que MacReady es el héroe lacónico, el Dr. Blair (Wilford Brimley) es el hombre sabio, y Childs (Keith David) es el tipo rudo, sólo por nombrar algunos. La verdad es que el espectador nunca llega a saber mucho más que sus apellidos y sus roles al interior de la base, y ciertamente jamás llega a conocer nada de su pasado. Aunque la unidimensionalidad de los protagonistas suele ser nombrada como una de las debilidades del film, el hecho de que los personajes en alguna medida resulten familiares, contribuye a que el espectador se identifique más fácilmente con ellos. Por otro lado, en el ámbito de las actuaciones, la totalidad del elenco realiza un estupendo trabajo a la hora de retratar la claustrofobia y el horror que siente cada uno de los personajes involucrados en el relato, al mismo tiempo que juegan con la ambigüedad de sus acciones, lo que permite que los rasgos que los identifican como humanos resulten ser casi imperceptibles. En relación al aspecto técnico de la producción, no solo resulta destacable la minimalista pero efectiva banda sonora del compositor Ennio Morricone, sino que además el pulcro trabajo de fotografía de Dean Cundey, y el espectacular diseño de efectos especiales del ya mencionado Rob Bottin.

¿Es la versión de Carpenter superior al film de Nyby/Hawks? En algunos aspectos sí, pero resulta complejo comparar dos obras que pese a basarse en la misma novela, difieren tanto entre sí. Y es que mientras que en la cinta original se jugaba con la idea de que la ambición del ser humano eventualmente puede causar su propia destrucción, en el film de Carpenter se postula que la incapacidad de trabajar en equipo y la inevitable desconfianza en el prójimo, no hacen otra cosa más que sembrar el caos en cualquier grupo humano. Al mismo tiempo, en ambas producciones existe un evidente intercambio de roles entre los humanos y el alienígena. Mientras que en la versión original la criatura es considerada por los científicos como una herramienta para conseguir la tan ansiada fama mundial, en el remake son los humanos quienes se convierten en un instrumento para el extraterrestre, quien desea a toda costa escapar del frío de la Antártica para así sembrar su semilla por el resto del mundo. Más allá de las comparaciones, “The Thing” no solo evidencia la habilidad de Carpenter como director, sino se caracteriza por ser un film que presenta un guión sólido, un elenco encomiable, un ritmo narrativo dinámico y unos efectos especiales que pese al paso del tiempo, siguen conservando su capacidad de sorprender y aterrar al espectador por partes iguales.



por Fantomas.

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