martes, 27 de marzo de 2012

My Best Friend is a Vampire: Los problemas de un vampiro adolescente.

“My Best Friend is a Vampire” (1987), es una comedia de horror del director Jimmy Houston, la cual está protagonizada por Robert Sean Leonard, Cheryl Pollack y Rene Auberjonois.

Tras tener una cita que terminó mal con una hermosa mujer, Jeremy Capello (Robert Sean Leonard) comienza a experimentar una serie de cambios que lo convierten en el blanco de un maniaco cazador de vampiros llamado Leopold McCarthy (David Warner). Ahora junto a su mejor amigo Ralph (Evan Mirand), Jeremy tendrá que aprender a lidiar con su nueva condición e intentar sobrevivir a la persecución incesante del profesor McCarthy.

Durante la década de los ochenta, junto con el nacimiento, auge y caída del slasher, otro subgénero enmarcado dentro del cine de terror comenzó a tener bastante éxito. Este sería el llamado “cine de transformación adolescente”, conocido también como “cine de monstruos adolescentes”, el cual había nacido en la década de los cincuenta en la forma de una serie de largometrajes serie B. Las características principales de este subgénero son su marcada inclinación hacia la comedia, y la inclusión de un adolescente como protagonista, el cual no solo estaba llamado a lidiar con los cambios que comienza a experimentar por una determinada serie de acontecimientos, sino que además debe intentar aceptarlos. Obviamente, dichos cambios no se refieren a cambios hormonales o psicológicos (aunque estos también están de cierta forma incluidos en el tema central de estas películas), sino que se refieren a verdaderas transformaciones en monstruos como vampiros u hombres lobo. Este es precisamente el caso de “My Best Friend is a Vampire”, a la cual se suman films como “Teen Wolf” (1985) o “Once Bitten” (1985), solo por dar algunos ejemplos.

El protagonista de esta cinta es Jeremy Capello, un adolescente común y corriente sin mayores problemas, el cual últimamente ha estado teniendo una serie de extraños sueños en los cuales aparece una misteriosa mujer que intenta seducirlo. A poco de haber empezado el film, él es enviado a dejar una bolsa de mercadería a una vieja mansión en la que ahora vive Nora (Cecilia Peck), una seductora mujer que resulta ser la misma que ha estado apareciendo en sus sueños. Después de una fallida cita, la cual es interrumpida por el Profesor McCarthy y su torpe colaborador Grismdyke (Paul Wilson), el protagonista nota que ha sido mordido por la mujer, lo cual pronto desencadenará su transformación en un vampiro. Es cuando comienza a experimentar una serie cambios notorios, como una creciente sed de sangre, que aparece Modoc (Rene Auberjonois), un viejo vampiro que actuará como mentor de su ahora colega, el cual tendrá que aceptar su nueva naturaleza, al mismo tiempo que intenta conquistar a la chica que le gusta, y trata de escapar del Profesor McCarthy, quien se ha empecinado en enviarlo al infierno junto con el resto de los de su especie.

Aunque básicamente esto resume la trama del film, este presenta algunos elementos que la convierten en una obra interesante, y que la distinguen del resto de las cintas de su tipo. Lo primero y quizás lo más importante, es que a diferencia de la gran mayoría de los protagonistas de este tipo historias, Jeremy no desea escapar de la “maldición” de la que ha sido víctima. En ningún momento de la película él intenta buscar una cura para su condición, pese a que si rehúye por un tiempo a la idea de beber sangre. Sin embargo, cuando encuentra una alternativa no violenta, Jeremy pasará gran parte del tiempo tratando de sacarle el mayor provecho posible a las habilidades que ahora ha adquirido. Y es que en la realidad cinematográfica creada por Jimmy Houston, la gran mayoría de los vampiros son una especie incomprendida, que solo busca vivir en paz sin hacerle daño a nadie (de hecho, prefieren beber sangre de cerdo embotellada que sangre humana). El paralelo existente entre este discurso y el expresado por otras minorías sociales es evidente. A sabiendas de esto, el director decide para jugar con la sexualidad del protagonista, incluyendo una serie de gags que involucran a sus padres, los cuales creen que los cambios que ha estado experimentando últimamente su hijo, tienen relación con su supuesta homosexualidad no asumida.

La inclusión de “vampiros amables” no es la única variación al mito del vampirismo que incluye el film. También los separa en dos grupos: los muertos, que son aquellos que nacieron vampiros, y los no muertos, que son aquellos que al igual que Jeremy, han sido transformados por una mordida. La gran diferencia entre dichas especies, reside en el hecho de que los vampiros como Jeremy pueden caminar a la luz del día, lo que en términos narrativos obviamente ayuda a que el director pueda explorar con más detenimiento las actividades cotidianas del protagonista, tanto en su casa como en su escuela. El vampirismo como un estilo de vida, le será introducido a Jeremy por Modoc, quien como había mencionado anteriormente, se convertirá en su mentor, el cual busca enseñarle las bondades de su recientemente adquirida condición y advertirle del peligro que significa McCarthy en sus vidas. Cabe mencionar que McCarthy dista bastante del típico cazador de vampiros cinematográfico. Es un hombre egocéntrico, cuya cruzada contra los chupasangres solo se sostiene en su búsqueda de fama y reconocimiento de sus pares. Sus métodos son poco ortodoxos, y está dispuesto a sacrificar humanos si con esto logra atrapar a su presa. En términos generales es una verdadera caricatura de la figura clásica del Profesor Van Helsing, imagen que es reforzada por su ayudante, el cual no solo es torpe sino que también es cobarde.

Algo que resulta bastante curioso, es que esta película rompe los moldes concernientes a las actitudes clásicas de los adolescentes en el cine. En una suerte de inversión de los papeles, en esta ocasión el protagonista se siente atraído por Darla Blake (Cheryl Pollack), quien es una chica más bien retraída y de bajo perfil, y no toma en cuenta a Candy Andrews (LeeAnne Locken), quien es una de las chicas más populares de su escuela y que da la casualidad que se siente atraída por él. Quizás por el hecho de que tanto Jeremy como Darla se sienten un poco distanciados del mundo que los rodea, es que el romance que se da entre ellos funciona tan bien. Se siente mucho más real, y eso conlleva a que el espectador se identifique más con ellos. En general, todo el elenco realiza un buen trabajo, en especial Robert Sean Leonard, quien hoy en día es más conocido por su rol de Wilson en la serie “House M.D.”. Aquí interpreta a un personaje bastante querible, que busca sobrellevar de la mejor manera posible sus cambios, sin pasar a llevar a otros en el proceso. En el aspecto técnico, el film cuenta con el discreto trabajo de fotografía de James Bartle, y con la correcta banda sonora compuesta por Steve Dorff, la cual se complementa con algunos clásicos setenteros y ochenteros de bandas como Blondie y Oingo Boingo.

Si bien la cinta cuenta con una buena cantidad de virtudes, también presenta más de algún problema. Después de los primeros cuarenta minutos de metraje, el ritmo del film comienza a decaer, principalmente debido al hecho de que los conflictos principales de la historia llegan a un punto muerto. El director incluye una serie de secuencias que no tienen otro objetivo más que agregarle algunos minutos al film, lo que hace pensar que este habría funcionado mucho mejor si su duración hubiese sido menor. Por otro lado, nos encontramos con una serie de convenientes coincidencias que provocan algunas de las situaciones que ocurren durante el transcurso de la historia, las cuales se ven bastante artificiales. Así mismo, el final parece algo apresurado, por lo que no es del todo satisfactorio. “My Best Friend is a Vampire” es una película entretenida, que presenta un humor más inteligente que el que podemos ver hoy en día en las cintas de este tipo, y que tiene la virtud de haberse atrevido a romper algunas de las convenciones clásicas de género del horror y del llamado subgénero del “cine de monstruos adolescentes”, lo que obviamente la distingue del resto. Aunque no posee las características para tildarla como un “indispensable del género”, de todas formas es recomendable para aquellos que disfrutan los films que mezclan el terror con la comedia.

por Fantomas.

sábado, 24 de marzo de 2012

Way of the Dragon: El "Dragón" ha llegado a Roma.

“Way of the Dragon” (1972), es una cinta de artes marciales dirigida por Bruce Lee, la cual está protagonizada por Nora Miao, Chuck Norris y el mismo Lee.

Tang Lung (Bruce Lee) llega a Roma para ayudar a una amiga de la familia, Chen Ching Hua (Nora Miao), cuyo restaurante está siendo amenazado por una banda de criminales. Tras ponerle precio a la cabeza de Lung, los criminales contratarán a Colt (Chuck Norris), un americano experto en artes marciales que parece ser el único capaz de derrotarlo.

Tras filmar “The Big Boss” (1971), finalizó el contrato que Bruce Lee tenía con el productor Raymond Chow, lo que le permitió al actor crear su propia productora a la que le pondría por nombre Concord. Esto no solo le permitió tener completo control creativo sobre su próximo proyecto, sino que además significó que a la hora de asociarse con la productora Golden Harvest, compañía la cual había sido fundada por Chow, estos no le impusieran la contratación del director Lo Wei, cuya relación con Lee se fracturó por completo durante el rodaje de “The Big Boss”. Fue así como Bruce Lee no solo asumió la elaboración del guión de la cinta, sino que además ofició como director y estrella de la misma, marcando uno de los hitos más importantes de su corta carrera. Pese a ser una película hongkonesa, Lee deseaba internacionalizar su carrera, razón por la cual decidió que uno de los villanos fuese norteamericano. Esto lo llevó a contratar a Chuck Norris, quien en ese entonces aún era un desconocido artista marcial que tuvo la oportunidad de conocer al actor durante una exhibición que el primero realizó a comienzos de los setenta en Long Beach, California.

En el film, Bruce Lee interpreta a Tan Lung, un joven campesino que es enviado a Roma por su tío para ayudar a Chen Ching Hua, cuyo restaurante chino se encuentra bajo el asedio de una banda de criminales. Aunque nunca se explica la razón por la cual el jefe de este grupo de mafiosos desea apoderarse tan urgentemente del lugar, desde el primer minuto queda claro que no aceptarán un no como respuesta, por lo que hasta que Chen Ching se decida a firmar el contrato de venta del local, se dedicarán a ahuyentar a los clientes del lugar y a golpear a los empleados, empujando a estos últimos a aprender karate para poder sacar el negocio adelante. No es hasta que llega Tan Lung, quien logra repeler a los criminales del lugar, que estos deciden contratar a tres expertos en artes marciales, entre los que se encuentra el personaje interpretado por Chuck Norris, con quien el protagonista tendrá un climático combate al interior del coliseo romano. Si bien esta es básicamente la trama, la cual en términos generales parece bastante cliché, esta presenta algunos elementos interesantes, que bien pueden ser vistos como las inquietudes profesionales y personales que tenía Bruce Lee en aquella época, y que quiso plasmar en algo más de una hora y media de metraje.

Desde el inicio del film, queda claro que Bruce Lee deseaba a toda costa demostrar sus dotes como actor cómico, y sabía que esta era la oportunidad para hacerlo. Fue asi como él opta por insertar el aspecto cómico de la historia dentro del tema del choque cultural al que debe enfrentarse Tan Lung a su llegada a Roma. En toda la secuencia en la que el protagonista se pasea ansiosamente por el aeropuerto buscando comida mientras alguien va a recogerlo, se ven las dificultades que se le presentan por el mero hecho de no hablar italiano. Antes de llegar a uno de los restaurantes que posee el aeropuerto, en su intento desesperado por conseguir alimento, el protagonista intenta sin éxito robarle un helado a un niño. El mismo problema idiomático lo llevará a pedir por equivocación cinco platos de sopa en el ya mencionado restaurante, lo que difícilmente logrará saciar su apetito. El tema de la comunicación no es lo único que dificultará la adaptación de Tan Lung a su nuevo hogar. Su vestimenta, la cual es típica de China, es objeto de burla entre sus compatriotas que trabajan en el restaurante, los cuales llevan años viviendo en Europa. Lo mismo sucede con su comportamiento, el cual es visto con desconfianza y algo de sorpresa por quienes lo rodean. Probablemente el momento que mejor ejemplifica este “traumatizante” primer encuentro con la cultura italiana, es aquel en que una bella joven lleva al protagonista a su departamento. Este siendo un hombre de campo el cual está acostumbrado a una solemnidad constante en su actuar, termina actuando como un niño asustadizo cuando se encuentra de golpe con la joven desnuda en frente suyo.

Mientras que el segmento cómico del film se prolonga durante la primera media hora de metraje, el tema de la dicotomía cultural se extiende durante toda la cinta, aunque no de forma tan explícita. Dentro del discurso de Tan Lung se percibe un marcado patriotismo, lo cual bien puede ser visto como una extensión del pensamiento de Bruce Lee, quien ya había expuesto su fervor por la cultura china en el film “Fist of Fury” (1971). Resulta curioso que antes de la llegada del protagonista a Roma, todos los meseros del restaurante chino practiquen karate y no kung-fu, teniendo en cuenta que el primero es originario de Japón. Con el arribo de Tan Lung, el resto de sus compatriotas no solo aprenden a valorar el kung-fu, sino que además logran vencer a sus rivales por primera vez en mucho tiempo. Ya durante el segundo tramo de la cinta, esta se vuelca de lleno a las escenas de acción, las cuales en su mayoría ocurren en el pequeño patio trasero del restaurante. Es ahí donde Bruce Lee demuestra las razones que lo llevaron a convertirse en una figura inmortal dentro del cine de artes marciales. Las escenas de lucha, las cuales fueron coreografiadas por él, no suelen caracterizarse por su espectacularidad, sino que se destacan por la crudeza bestial que exhibe el actor en cada movimiento que realiza. Es por esto que el centro de atención de dichas secuencias son la velocidad de cada uno de los movimientos de Lee, y el daño que estos provocan en sus oponentes.

Las escenas de acción son bastantes y en su mayoría resultan ser entretenidas y visualmente atractivas, pero ninguna se compara a la famosa secuencia que enfrenta a Tan Lung con el personaje interpretado por Chuck Norris. No solo el escenario donde esta transcurre le otorga un aire épico a todo el asunto, sino que además la lucha está muy bien coreografiada, y el hecho de que no exista diálogo alguno mientras ocurre el enfrentamiento, le imprime un cierto grado de solemnidad a este choque de titanes del género. Pese a que la cinta presenta una serie de elementos destacables, no es precisamente la mejor obra de Lee. Las actuaciones en general son algo mediocres, siendo Nora Miao prácticamente la única que realiza un buen trabajo, interpretando a esta joven mujer que intenta sacar adelante su negocio, y que tras superar la nefasta primera impresión que tiene del protagonista, comienza a sentir algo más profundo por él. Si bien Bruce Lee demuestra tener gracia como actor cómico, recurriendo bastante al humor slapstick y a la expresividad de su rostro, por momentos cae en la sobreactuación y parece estar algo desconectado del medio que lo rodea. En cuanto a Norris, este tiene escasas líneas de diálogo, pero de todas formas interpreta con sobriedad a un personaje que si bien es contratado para asesinar al protagonista, no oculta el respeto que siente por él.

En el aspecto técnico, si bien es meritorio el hecho de que se le haya sacado el máximo provecho posible a algunas locaciones turísticas en Roma, el trabajo de fotografía de Tadashi Nishimoto resulta ser mediocre. Afortunadamente no sucede lo mismo con la banda sonora compuesta por Joseph Koo, la cual acompaña de buena manera a las imágenes, en especial durante el segmento cómico del film. Con respecto a esto, existe un dato curioso en relación a la banda sonora. Por razones que desconozco, Koo tomó prestado parte de la música que Ennio Morricone compuso para la cinta “Once Upon a Time in the West” (1968), y uno de los temas de la banda sonora de “Diamonds Are Forever” (1971), la cual estuvo a cargo de John Barry, para acompañar dos escenas claves de la película. Más allá de esta curiosidad, “Way of the Dragon” se caracteriza por ser un largometraje entretenido, que posee un buen ritmo narrativo, bastantes escenas de acción, y la magnética presencia del siempre carismático Bruce Lee. En la vereda contraria, la historia por momentos carece de cohesión, dejando una buena cantidad de interrogantes sin responder sobre la mesa, los diálogos son pocos inspirados, y posee un par de vueltas de tuerca que si bien son sorprendentes, parecen innecesarias. Pese a sus defectos, "Way of the Dragon” posee una cantidad suficiente de elementos redentores como para convertirse en una película recomendable, la cual tiene la virtud de haber sido la causante de lanzar a Chuck Norris al estrellato, y haberle otorgado a Bruce Lee la oportunidad de alcanzar su sueño e insertarse en la industria hollywoodense, aunque fuese por muy poco tiempo.

por Fantomas.

lunes, 19 de marzo de 2012

Quick Change: Un robo para la risa.

“Quick Change” (1990), es una comedia dirigida por Howard Franklin y Bill Murray, la cual está protagonizada por el mismo Murray, Geena Davis y Randy Quaid.

Tras robar un banco disfrazado de payaso, Grimm (Bill Murray) y sus cómplices deberán intentar salir de Nueva York con destino a un lugar paradisiaco. Seguidos de cerca por la policía, escapar de la ciudad que tanto odian puede resultar aún más difícil que cometer el curioso robo que han decido llevar a cabo.

A través de los años, han sido varias las películas que pueden ser vistas como verdaderas odas cinematográficas a la ciudad de Nueva York. Algunas siguen siendo recordadas hasta el día de hoy, como por ejemplo “Manhattan” (1979) de Woody Allen, o “King of Comedy” (1983) de Martin Scorsese. Otras sin embargo, terminan siendo relegadas a un segundo plano, siendo olvidadas por completo con el paso del tiempo. Ese es precisamente el caso de “Quick Change”, la primera y única cinta como director del actor Bill Murray. Cuando su carrera no estaba precisamente en su mejor momento, Murray se embarcó en la adaptación de la novela del mismo nombre del escritor Jay Cronley, la cual ya había sido llevada al cine anteriormente por el director Alexandre Arcady bajo el título de “Hold-Up” (1985), siendo protagonizada por Jean-Paul Belmondo. El guionista Howard Franklin sería el encargado de adaptar la novela. Sin embargo, cuando este se embarcó en el proyecto nunca esperó que eventualmente pasaría a dirigir la cinta en compañía de Murray. Esto sucedería luego de que la dupla no pudiera encontrar a un director de su gusto, tras las negativas de Jonathan Demme y Ron Howard.

Un hombre vestido como payaso se baja del metro de Nueva York con dificultad, intentando pasar entre la gente que le impide bajarse del vagón, con un montón de globos que lleva en una de sus manos, para dirigirse a uno de los tantos bancos de la ciudad. Pese a que el banco está por cerrar sus puertas, el payaso con arma en mano, convence al guardia de seguridad que le permita entrar para realizar uno de los robos cinematográficos más vistosos e inteligentes de la historia del cine. El hombre que está a punto de salir del banco con un par de millones de dólares es Grimm, un trabajador público que está aburrido de la vida en la Gran Manzana, y que ahora ha tomado una decisión radical que a su manera de ver, es la única forma de escapar de la ciudad que tanto odia. Es así como comienza esta peculiar comedia, que intenta darle un original giro al cine centrado en intrincados robos llevados a cabo por un grupo de personas, el cual gozó de bastante popularidad en la década de los cincuenta. Como es de esperarse, Grimm no trabaja solo, sino que es ayudado por Phyllis (Geena Davis), su pareja, quien lo ha seguido en su alocado plan solo por el amor que esta le tiene; y por Loomis (Randy Quaid), su mejor amigo, quien lo admira ciegamente y que está dispuesto a seguirlo donde sea.

El primer tramo del film, que abarca todo el desarrollo del robo, es probablemente la mejor parte de la cinta. El plan es sencillo pero brillante, y el personaje de Murray es retratado como un sabelotodo con nervios de acero, lo que juega a favor de toda la situación. Realmente toma su papel de payaso en serio, y se atreve a burlarse de la policía, de los medios, e incluso de los rehenes, a quienes confunde con su desquiciada actitud. Su disposición con la gente que lo rodea es completamente comprensible cuando esta se yuxtapone con el circo que han formado los medios en las afueras del banco. Periodistas y curiosos se han agolpado en las inmediaciones del lugar, lo que varios vendedores ambulantes han identificado como una oportunidad comercial bastante rentable. El simple hecho de que todo el mundo esté intentando sacar provecho de una situación en esencia trágica, provoca que el espectador se identifique aún más con el protagonista, involucrándose de lleno en el resultado del robo. Por otra parte, aquí es donde comienza la rivalidad entre Grimm y Rotzinger (Jason Robards), el veterano jefe de la policía que intentará a toda costa detener al osado ladrón que está destruyendo la reputación que tantos años le ha costado construir.

Si bien toda la secuencia del robo es realmente ingeniosa y divertida, esta solo dura alrededor de 25 minutos, tras lo cual comienza el tortuoso escape del trío de improvisados ladrones por las calles de Nueva York. Es aquí donde no solo se exponen las razones por las cuales Grimm odia tanto a la ciudad, sino que también se profundiza en la relación que existe entre los protagonistas y las razones que los llevaron a planear y ejecutar el robo. La poca preocupación por el prójimo, la alta tasa de crímenes, la ineficacia de las autoridades, y la mala calidad de vida, entre otras cosas, son parte de las razones por las cuales el personaje de Murray desea escapar con su amada a una paradisiaca playa. Y es que para colmo, en su camino al aeropuerto, Grimm y compañía se toparan con ladrones, ciudadanos con alma de vigilantes, miembros de la mafia, un taxista que no habla inglés (brillantemente interpretado por Tony Shalhoub), y un conductor de autobús (Philip Bosco) que al intentar conservar el orden en el caótico mundo en el que se mueve, genera gran parte de las escenas más cómicas de la cinta. Si bien en lo personal muchas de estas situaciones me parecieron divertidas, es inevitable reconocer que en su gran mayoría son bastante inverosímiles, más aún cuando el protagonista logra resolverlas de manera bastante conveniente.

Bill Murray es un actor de mente ágil, lo que lo ha ayudado a improvisar en varias de las cintas en las cuales ha participado con exitosos resultados. Por ende, para que su genialidad funcione a toda su capacidad, necesita desenvolverse en una historia donde las situaciones vayan aconteciéndose de forma frenética, cosa que sucede en “Quick Change”. El actor realiza un buen trabajo interpretando a este hombre capaz de ir un paso adelante del resto, sin olvidar a quienes han decidido acompañarlo en su arriesgada aventura, razón por la cual probablemente este sea uno de sus personajes más queribles. Geena Davis por su parte, es una actriz versátil con marcados dotes para la comedia, la cual además exhibe una gran química con Murray, lo que ayuda a que su romance cinematográfico adquiera mayor credibilidad. En lo que respecta a Randy Quaid, si bien interpreta de buena manera a un personaje que se caracteriza por ser inocentón y bastante torpe, después de un rato este se vuelve algo cansador, lo que lo termina convirtiendo en uno de los puntos más bajos de la cinta. Por último cabe destacar la actuación de Jason Robards, quien se muestra como el perfecto rival del protagonista, no solo debido a su gran ingenio, sino además por la tenacidad que este exhibe durante todo el transcurso del film.

En el aspecto técnico, la cinta cuenta con un buen trabajo de fotografía de Michael Chapman, quien le saca un buen provecho a los distintos puntos de la ciudad por donde transitan los protagonistas, convirtiendo a Nueva York en un personaje más del film. En cuanto a la banda sonora compuesta por Randy Edelman, si bien resulta ser correcta, no es precisamente memorable y se olvida a los poco minutos de terminada la película. “Quick Change” es una cinta entretenida, que tiene un ritmo narrativo bastante frenético, buenos diálogos, destacables actuaciones, una buena cantidad de personajes secundarios interesantes, y situaciones realmente cómicas, lo cual solo es opacado por la inverosimilitud de algunos pasajes, lo que impide que la película pueda ser considerada como una comedia brillante. Es quizás por ese detalle que el film no fue muy bien recibido al momento de su estreno, aún cuando Bill Murray se había mostrado optimista en una entrevista en la que declaró: “Todos disfrutarán esta película. En especial los neoyorkinos debido a que saben mejor que nadie lo horrible que es su ciudad”. A mi gusto, “Quick Change” es una de esas películas que parecen adquirir más valor con el paso del tiempo. Y es que básicamente es una divertida fábula acerca de un grupo de personajes anónimos que intentan sobrevivir en un verdadero infierno urbano, y en ese sentido funciona bastante bien.

por Fantomas.

sábado, 17 de marzo de 2012

Bob le Flambeur: Los constantes giros de la suerte.

“Bob le Flambeur” (1956), es un drama criminal del director Jean-Pierre Melville, el cual está protagonizado por Roger Duchesne, Daniel Cauchy, e Isabelle Corey.

Bob Montagné (Roger Duchesne) es un jugador fracasado que se abre camino a través del submundo parisino. Cuando su dinero está a punto de acabarse, decide asaltar un casino con la ayuda de sus viejos camaradas. Sin embargo, en su camino se interpondrán la traición, secretos y una peligrosa y seductora joven, que eventualmente amenazan con echar por la borda su magistral golpe final.

Jean-Pierre Melville, cuyo verdadero apellido es Grumberg (su apellido “artístico” se debía a la admiración que sentía por Herman Melville, el autor de “Moby Dick"), es considerado por muchos como el padre de la Nouvelle Vague, nombre que se le dio al movimiento liderado por un grupo de cineastas franceses que surgió a fines de la década del cincuenta, los que decidieron revelarse en contra de las estructuras del cine francés de la época, no solo en términos técnicos sino también narrativos. Mientras que Melville rodaba las escenas en locaciones con cámara en mano montado sobre una bicicleta, este exponía sus intereses personales. Su admiración por el cine y la cultura norteamericana, la cual compartían los cineastas de la Nouvelle Vague, lo llevó no solo a viajar a los Estados Unidos para filmar una cinta, sino que además a expresar su afición abiertamente, llegando a los sets de filmación en su coche americano, utilizando un sombrero vaquero y unos Ray-Ban. Con respecto a esto, el actor Daniel Cauchy recordaría en una ocasión: “siempre sintonizaba la emisora de las Fuerzas Armadas, en la que escuchaba a Glenn Miller”. Al mismo tiempo, devoraba las películas americanas de gánsteres, las cuales eventualmente adaptaría a sus propios cánones, empapándolas de referencias personales y sofisticación.

Ese es precisamente el caso de “Bob le Flambeur”, el quinto trabajo del director, el cual es considerado por muchos como la cinta que inauguró el movimiento de la Nouvelle Vague. El protagonista de la historia es Bob Montagné, un ex ladrón de bancos que ahora pasa sus días apostando el poco dinero que le queda en los cuartos privados que abundan en las calles del barrio de Pigalle. El hecho de que pierda cada apuesta que realiza poco parece importarle, razón por la cual tampoco se cuestiona su accionar diario. Bob es un apostador empedernido, que busca incesantemente a la suerte, su vieja amante perdida, incluso al llegar a su casa todas las noches, donde utiliza una moneda en la máquina tragamonedas que guarda en su closet. Tan importante como su pasión por el juego, es el cuidado de las apariencias y su estricto código de honor, que lo lleva a despreciar a los proxenetas que rondan en su querido barrio, por violar la galantería de los criminales sofisticados como él. Pese a su infortunado presente, Bob sigue siendo venerado por sus cercanos, en especial por su protegido Paolo (Daniel Cauchy), quién intenta seguir cada uno de los pasos de su mentor, aunque no siempre lo logra, lo que eventualmente lo mete en problemas que ni el mismo Bob podrá solucionar.

La cinta comienza con una descripción de las calles del barrio de Pigalle, escenario donde se desarrolla gran parte del relato, para luego presentarnos parte de la rutina diaria del protagonista, sus andanzas por las diversas salas de apuestas del lugar y su inclinación por rescatar de las calles a apuestas jovencitas que intentan ganarse la vida de manera fácil. Es así como se encuentra con Anne (Isabelle Corey), una joven que es pretendida por un proxeneta llamado Marc (Gérard Buhr), quien hace las veces de villano del film. Dicha joven, terminará convirtiéndose en el objeto de deseo de Paolo, y en la causante de su descenso al infierno. Para Bob, dentro de su galantería, la joven no es más que alguien que se encuentra perdida en la vida, y que necesita una mano para no caer en las garras de los hombres más detestables del submundo donde se mueve. Es por esto que el protagonista no solo le ofrece un techo donde vivir, sino que también le consigue trabajo e intenta emparejarla con Paolo. Sin embargo, Anne es una femme fatale en toda su regla, cuya frialdad la lleva a utilizar a los hombres para conseguir un fin determinado. En todo el transcurso de la historia, Anne solo tiene una muestra de real afecto hacia Bob, a quién le entrega una flor en muestra de gratitud, gesto que probablemente escondía algún significado especial para Melville, debido a que este también lo incluye en el film “Le Cercle Rouge” (1971).

Será en una de sus tantas visitas a uno de los casinos de la ciudad de Paris, que Bob escucha que en el casino de Deauville la caja fuerte contiene más de ochocientos millones de francos. Es ahí cuando decide intentar cambiar su suerte, planeando un robo en compañía de un grupo de viejos colegas. En un principio el plan parece sencillo, y a medida que los involucrados ensayan cada uno de los pasos a seguir, en su mente el robo comienza a parecer cada vez más perfecto. En el segundo tramo de la cinta, vemos con lujo de detalle todo el proceso que precede al robo, comenzado con el reclutamiento de los ladrones, continuando con la simulación del robo en un sitio baldío, y terminando con la práctica metódica del encargado de abrir la caja fuerte. Lo que en un principio parece ser un plan a prueba de fallas, eventualmente se verá amenazado por los fantasmas de los protagonistas, los cuales comienzan a confabular en su contra. Las mujeres se vuelven un problema y su traición amenaza por echar por la borda los sueños de riqueza de este grupo de criminales. Por otro lado, la pasión incombustible por el juego del protagonista no solo se vuelve un problema primordial a la hora de cometer el robo, sino que también es parte esencial de la increíble vuelta de tuerca final del film, la cual está cargada de tensión e ironía.

En el ámbito de las actuaciones, nos encontramos con un elenco que sorprendentemente realiza un estupendo trabajo, y digo sorprendentemente porque no todos eran actores profesionales. Melville no contaba precisamente con un gran presupuesto, lo que lo obligó a rodar la cinta por partes mientras conseguía el dinero necesario para poder pagarles a los actores. Daniel Cauchy recordaría en una ocasión el director le dijo: “Ahora mismo tengo dinero para tres o cuatro días, y después de eso filmaremos cuando podamos”. Dicha situación lo llevó a tomar decisiones bastante arriesgadas a la hora de escoger al reparto. En aquel entonces, Roger Duchesne tenía serios problemas con el alcohol, lo que lo transformaba en una persona impredecible. Pese a esto, su trabajo en el film es impecable a la hora de darle vida a este criminal honorable, hombre de pocas palabras, cuya afición por el juego en ocasiones sobrepasa el límite de la cordura. Por otro lado, Isabelle Corey, quién interpreta de gran manera a quién es quizás uno de los personajes más interesantes de la historia, fue recogida de la calle por Melville, quien tras invitarla a dar un paseo en su automóvil americano, descubrió que la atractiva joven solo tenía dieciséis años. Por último cabe destacar la actuación de Daniel Cauchy, que logra dotar a Paolo de un aire inocentón, que lo arrastrará a perder la cabeza por una mujer que no muestra mayor interés en él.

El film también presenta un apartado técnico destacable. No solo cuenta con un estupendo trabajo de fotografía de Henri Decaë y Maurice Blettery, sino que además cuenta con la atmosférica banda sonora compuesta por Jo Boyer y Eddie Barclay. En conjunto, estos elementos dotan a la cinta de un aire melancólico y algo romántico, lo que se mezcla bien con las intenciones del director de representar el mundo criminal con sofisticación. En gran medida, “Bob le Flambeur” no es más que la expresión de la admiración que Melville sentía por el film noir norteamericano, lo que mezcla con referencias personales, otorgándole un sello propio e inconfundible al film. Oficiando de narrador, el director nos entrega su percepción del mundo del protagonista, la cual está cargada de ironía y cinismo. La cinta cuenta con un ritmo narrativo pausado, pero nunca tedioso, y está repleta de diálogos destacables y situaciones memorables, razón por la cual el mismísimo Jean-Luc Godard ha mencionado que esta es su película preferida de Melville. Y es que bajo la apariencia de un relato sobre el asalto a un casino, se esconde una fábula moral repleta de personajes inolvidables, y un final que es fiel a la esencia del protagonista.

por Fantomas.

miércoles, 14 de marzo de 2012

George Peppard: La estrella que no fue.

George William Peppard Jr., nació el 1 de Octubre de 1928, en Detroit, Michigan. Hijo único de George Peppard, un empresario de la construcción, y Vernelle Rohrer, una cantante de ópera, George pasó su infancia y adolescencia en la ciudad de Dearborn, donde asistió a la escuela Dearborn High. Con el fin de desarrollar su afición por el teatro sin ser molestado por sus compañeros de colegio, él se destacó tanto en el equipo de atletismo, como en el de fútbol americano. Con el fin de dejar aún más en claro su virilidad, el 8 de Julio de 1946, se enlistó en el Cuerpo de Marines. Peppard, que en ese entonces tenía 18 años, fue enviado al campo de entrenamiento militar de Parris Island, para luego ser enviado en agosto a Campo Lejune. En aquel lugar fue asignado a una compañía al interior del Cuartel General de Batallones. Un mes después, fue asignado al primer batallón de la Décima Flota de Marines. En Abril de 1947, sería promovido a cabo, para luego abordar una serie de barcos que lo llevarían a realizar ejercicios militares en distintas bases ubicadas a lo largo de los Estados Unidos. Luego de permanecer durante 18 meses en distintas dependencias de los Marines, el cabo Peppard fue dado de baja con honores del Cuerpo de Marines. Tras su fallido paso por el ejército, se inscribió en la Universidad Purdue para estudiar ingeniería civil, carrera que le había llamado la atención desde su adolescencia, pese a que su madre quería que se convirtiera en pianista profesional.

Cuando todo parecía estar en orden, su padre falleció súbitamente, lo que lo obligó a hacerse cargo del negocio familiar durante un año, donde participó en numerosas obras de construcción que su padre había dejado incompletas. A esas alturas, George ya no podía luchar contra su interés por el teatro, por lo que se matriculó en la Universidad de Bellas Artes del Instituto de Tecnología Carnegie, ubicado en Pittsburgh. Fue en aquel lugar que Peppard se graduó del bachillerato de artes, estudió griego y se interesó por la obra de Shakespeare, lo que lo llevó a participar en varias oportunidades en el Festival Shakesperiano de Oregón, entre 1952 y 1953. Al mismo tiempo que debutaba como actor profesional en el Pittsburgh Playhouse con la obra “The Crucible”, Peppard trabajaba en la radio del Instituto como disc-jockey e ingeniero de la estación, lo que lo ayudó a engrosar aún más su currículo artístico. Después de graduarse, el ahora actor se mudó a Nueva York para estudiar al interior del Actor´s Studio. Peppard y su novia de aquel entonces, Helen Davis, arrendaron un pequeño departamento en Greenwich Village, por el cual pagaban 40 dólares al mes. Para poder pagar dicho departamento, George trabajaría por un tiempo en un banco y como taxista.

Desde el principio de su carrera, Peppard se caracterizaría por ser un tipo directo que no tenía pelos en la lengua a la hora de catalogar un proyecto como mediocre, aún cuando esto podía afectar directamente su precaria situación económica, y enemistarle con agentes, productores, y directores por partes iguales. Pese a esto, el blondo y elegante actor conseguiría trabajo tanto en la radio como en la televisión. Durante su primer año en Nueva York, él junto a otros dos graduados del Actor´s Studios, Pat Hingle y Arthur Storch, fueron seleccionados para participar en una obra de Broadway de Richard Nash titulada, “Girls of Summer”, la cual se estrenó en Noviembre de 1956. Pese a que la obra fue un completo fracaso, la actuación de Peppard fue destacada por la crítica. Desafiando al destino, el trío de actores se embarcarían juntos en otro proyecto, el largometraje “The Strange One” (1957). Aunque nuevamente la actuación de Peppard fue destacada por la crítica, esto no le fue de gran ayuda en términos profesionales. Francamente preocupado por la situación en la que se encontraba, él decidió tomarse un tiempo para reevaluar la elección profesional que había hecho.

Como era de esperarse, su pasión por la actuación ganó nuevamente, lo que llevó a Peppard a aceptar un rol en la serie de televisión Hallmark Hall of Fame and Suspicion. En 1958, obtendría un papel en otra obra de Broadway titulada, “The Pleasure of His Company”, la cual resultó ser exitosa a nivel del público y la crítica. Su participación en dicha obra lo llevaría a firmar un contrato con la MGM, y a participar en un par de producciones del estudio, entre las que se encontraban “Pork Chop Hill” (1959), “Home From the Hill” (1960), y “The Subterraneans” (1960), siendo esta última la primera cinta en la que Peppard obtendría un rol protagónico. Tan solo un año después, el actor trabajaría en la que tal vez es la cinta más importante de su carrera, la comedía romántica “Breakfast at Tiffany´s” (1961), donde interpretaría al interés amoroso del personaje de Audrey Hepburn. Gracias a este rol, durante un breve periodo de tiempo Peppard sería catapultado a la cima de la industria hollywoodense, logrando el estatus que buscó desde el inicio de su carrera. Durante cinco años, el actor participaría con roles protagónicos en cintas como “How the West Was Won” (1962), “The Victors” (1963), “The Carpetbaggers” (1964), “Operation Crossbow” (1965), “The Third Day” (1965), y “The Blue Max” (1966).

En 1964, Peppard se divorciaría de Helen Davis, con quién tuvo dos hijos, para contraer nupcias con su co-estrella en el film “The Carpetbaggers”, la actriz Elizabeth Ashley, con quién tendría a su tercer hijo, Christian. Ya durante la segunda mitad de la década de los sesenta, su carrera comenzó a declinar, lo que de todas formas no le impidió participar en cintas como “Tobruk” (1967), “House of Cards” (1968), y “Pendulum” (1969), entre otras. Lamentablemente, aunque por un lado Peppard demostraba ser un actor sumamente preocupado de su trabajo, lo que lo llevó por ejemplo a tomar clases de aviación para interpretar al piloto alemán Bruno Stachel en la cinta, “The Blue Max”, su afición por el alcohol desarrollada durante los años en los que intentaba lidiar con el hecho de que la fama le había sido esquiva, y su carácter complicado que lo llevó en más de una ocasión a estallar en los sets de filmación, lentamente lo fueron confinando a participar en producciones de bajo presupuesto. Durante este periodo, Peppard gozó de cierto éxito gracias a su participación en la serie de televisión, “Banacek” (1972-74), y al papel que interpretó en el telefilme, “Guilty or Innocent: The Sam Sheppard Murder Case” (1975), el cual fue ampliamente alabado por la crítica, lo que por un breve instante lo situó nuevamente como un actor respetado. Sin embargo, su mal ojo para escoger roles en el cine terminarían por sepultar su ya alicaída carrera.

Durante los setenta participaría en films mediocres como “One More Train to Rob” (1971), “The Groundstar Conspiracy” (1972), “Newman´s Law” (1974), y “Dammation Alley” (1979), y en series de televisión que serían canceladas sin pena ni gloria, como “Mid-Air Crash” (1975) y “Doctor´s Hospital” (1975-76). En 1975, Peppard contraería matrimonio por tercera vez, con la también actriz Sherry Boucher-Lytle. Debido a la escases de ofertas laborales a la que se enfrentaba en aquel entonces, en 1979 decide producir, dirigir y protagonizar el drama, “Five Days From Home”, el cual tuvo una buena recepción por parte de la crítica. Aunque la experiencia resultó ser medianamente exitosa, Peppard no mostró ningún interés por repetirla, por lo que se volcó nuevamente a la actuación en cintas serie B y en series de televisión, siendo estas últimas las que eventualmente lo lanzarían a la fama nuevamente. Ya para 1978, el había actor abandonado el alcohol. Los problemas que había experimentado debido a su alcoholismo, lo llevarían a ocupar sus últimos años de vida a ayudar a otros alcohólicos en su lucha contra la adicción. En 1979, junto con divorciarse de su tercera esposa, el actor participaría en la deplorable “From Hell to Victory”, del director Umberto Lenzi.

Para poder pagar sus cuentas, Peppard comenzó los ochenta participando en otro puñado de cintas de calidad cuestionable, entre las que se encuentran “Battle Beyond the Stars” (1980), “Your Ticket is no Longer Valid” (1981), y “Race for the Yankee Zephyr” (1981). En 1981, el actor acepta el papel de Blake Carrington en la serie de televisión, “Dinasty” (1981-89). Sin embargo, durante el rodaje del episodio piloto en el que también participaron Linda Evans y Bo Hopkins, Peppard se enfrentó en reiteradas ocasiones con los productores de la serie, Richard y Esther Shapiro, debido a que estaba convencido de que su rol era demasiado similar al de J. R. Ewing de la serie “Dallas” (1978-91). Tres semanas después, mientras se filmaba un episodio adicional, el actor es despedido siendo reemplazado por John Forsythe, quien debe filmar nuevamente todas las escenas en las que había participado Peppard. Sería en 1983 cuando el actor volvería a surgir como una estrella de la televisión, interpretando al Coronel John “Hannibal” Smith, en la serie de acción y aventuras, “A-Team” (1983-87). Inicialmente, dicho papel había sido escrito pensando en el actor James Coburn, quien no aceptó la oferta recayendo el rol en manos de Peppard, a quien el productor de la serie, Stephen J. Cannell, le tenía una gran admiración pese a los problemas por los que era conocido el actor.

Lamentablemente, Peppard haría gala de su mal carácter durante el rodaje de la serie, debido a la molestia que le causaba la excesiva atención que le estaban dando los medios a Mr. T. El enojo del actor llegó a tal punto, que durante un tiempo solo se comunicó con su colega a través de un intermediario (el también actor de la serie, Dirk Benedict). Entre los muchos rumores que existen, se dice que la verdadera razón por la cual el actor tuvo una pésima relación con Mr. T durante todos los años que trabajaron juntos, era porque este último era afroamericano. Además se comenta que en una ocasión, ambos actores llegaron a los puños. Mientras que algunos aseguran que Peppard le voló dos dientes a su musculoso colega, otros dicen que el veterano actor “solo” le causó una lesión cervical a Mr. T, la cual aún padece en la actualidad. Este no sería el único problema que tendría Peppard durante su participación en la serie, ya que también fue acusado de machista por las actrices Melinda Culea y Marla Heasly, a quienes les hizo la vida imposible aludiendo que el programa era exclusivamente para hombres. Durante este periodo, conocería a su cuarta esposa, Alexis Adams, con quién contraería matrimonio en 1984, y se divorciaría en 1986. En 1988, el actor protagonizaría un telefilme titulado, “Man Against the Mob”, el cual era el primero de una serie de producciones pensadas para la televisión, ambientadas en la década de los cuarenta. Al año siguiente rodaría una secuela titulada, “Man Against the Mob: The Chinatown Murders” (1989). Aunque se había planeado un tercer film, este no pudo ser realizado debido a que el actor falleció durante la preproducción.

En 1992, Peppard se despediría de su carrera cinematográfica con la cinta, “The Tigress”. Poco tiempo después, al actor que durante años había fumado dos cajetillas diarias, le fue diagnosticado cáncer al pulmón. Tras recibir la fatal noticia, contrajo nupcias por quinta y última vez con Laura Taylor, quien lo acompaño hasta el día de su muerte. Pese a la grave enfermedad que le aquejaba, Peppard no paró de trabajar, y en 1994 rodó el piloto de una nueva serie (un spin-off de "Matlock"), poco antes de fallecer. George Peppard falleció a causa de una pulmonía, el 8 de Mayo de 1994, a los 65 años de edad, en los Ángeles, California. El actor al que en su vida cotidiana le gustaba hacer ejercicio, navegar, cazar, leer y escribir, tuvo una carrera marcada por malas decisiones que lo llevaron a desperdiciar su talento, tirando por la borda cualquier posibilidad de convertirse en uno de los actores más recordados de su generación. Gran parte de sus problemas, surgieron a raíz de su afición por el tabaco y el alcohol, lo cual solo era superado por su gusto por las mujeres de “cualquier edad”, lo que lo llevó a contraer nupcias en cinco ocasiones. Aunque George Peppard siempre será recordado como por su interpretación del ingenioso y carismático John “Hannibal” Smith, el actor en algún momento fue una de las figuras más promisorias de la industria hollywoodense, lo que le permitió plasmar su talento en un puñado de producciones realizadas durante la década de los sesenta, y que eventualmente le valieron una estrella en el paseo de la fama de Hollywood.

por Fantomas.

martes, 13 de marzo de 2012

Caltiki, Il mostro Immortale: Freda, Bava, los mayas y el fin del mundo.

“Caltiki, Il mostro Immortale” (1959), es una cinta de terror y ciencia ficción del director Riccardo Freda, la cual está protagonizada por John Merivale, Didi Sullivan, y Gérard Herter.

Durante una expedición científica a las ruinas mayas en Tikal, el doctor John Fielding (John Merivale) y su equipo son atacados por un monstruo gigantesco que destruye todo a su paso. Tras quemar al monstruo y conseguir un fragmento del mismo, Fielding regresa a casa con el objetivo de examinar la naturaleza de la extraña criatura, sin imaginarse que esta causó la desaparición de los mayas y que ahora puede causar la destrucción de la humanidad.

Durante gran parte de la década del cuarenta y del cincuenta, el cine de terror era visto tanto por la crítica como por el público como un género de segunda categoría, lo que significó que durante mucho tiempo no se estrenaran muchas producciones de este tipo, especialmente en Europa. Esta noción del cine de terror como algo burdo, se mantendría hasta fines de los cincuenta, cuando la productora británica Hammer Films demostró que el género no solo permitía obtener ganancias económicas, sino que además dejaba cabida a expresiones artísticas dignas de aplauso. Sin embargo, antes de que esto sucediera, existieron algunos directores que se atrevieron a probar suerte con modestas producciones, no siempre logrando los resultados deseados. Este fue el caso del italiano Riccardo Freda, responsable de la primera cinta de terror gótico italiana, “I Vampiri” (1956), la cual marcaría el camino para otros directores como su amigo Mario Bava, quienes pronto emprenderían la difícil tarea de cimentar las bases del cine de terror italiano, otorgándole una identidad propia e inigualable.

Lamentablemente para Freda, su primera incursión en el género tendría una fría recepción del público, lo que provocaría que los productores perdieran todo interés en financiar películas de características similares. Fue ahí cuando el director comprendió que para poder rodar su próxima cinta, tendría que desarrollar una idea que pudiese ser ofrecida en distintos mercados. Fue por este motivo que junto al guionista Filippo Sanjust, tomaron parte de la premisa del film norteamericano “The Blob” (1958), la mezclaron con algunos elementos de la producción de la Hammer, “The Quatermass Xperiment” (1955), y agregaron algunas ideas propias para darle vida al curioso guión de “Caltiki, Il mostro Immortale”. Como el director sabía que tomar ideas prestadas de otras producciones exitosas no era suficiente para disipar las dudas que el público y la crítica italiana tenían de los profesionales de su propia industria cinematográfica, Freda optó por anglicanizar su nombre (utilizó el seudónimo de Robert Hamton) y los nombres de su equipo de filmación, para hacer creer a la audiencia que el film era británico. Aunque el proyecto se veía prometedor, el director era conocido por ser un tipo complicado que en más de una ocasión abandonó rodajes por mero capricho. Precisamente esto fue lo que sucedió durante la filmación de la cinta, por lo que el puesto de director cayó en manos de Mario Bava, quien oficiaba de director de fotografía del film. Algunos años después, en una entrevista Freda explicaría que la razón por la que abandonó el rodaje, fue porque deseaba darle una oportunidad a su amigo Mario para dirigir.

La cinta comienza en Tikal, donde un grupo de investigadores encabezados por el doctor John Fielding, intentan resolver la interrogante que se esconde tras la desaparición del pueblo maya. Lo que parece ser una expedición tranquila, se ve interrumpida por la súbita muerte de dos científicos que se encontraban rondando las cercanías de uno de los volcanes de la zona. Con el objetivo de descubrir que fue lo que realmente sucedió con ellos, Fielding y compañía se adentran en un templo subterráneo lleno de riquezas, el cual se encuentra custodiado por Caltiki, una criatura de naturaleza desconocida que destruye todo lo que toca (su modus operandi es básicamente el mismo que el del monstruo de “The Blob”). Tras escapar y destruir a este ser extraño, los sobrevivientes se trasladan a Ciudad de México llevando un fragmento de este con ellos, sin imaginarse que sus ansias por resolver sus interrogantes terminarán por poner en riesgo a toda la gente que los rodea, dando inicio a lo que bien podría convertirse en el fin del mundo. Si bien esto podría ser considerado como el núcleo del relato, la verdad es que Freda en su intento por satisfacer a una audiencia más diversa, decide explorar distintos temas y subtramas que no siempre se entrelazan de manera coherente, logrando que esta producción sea más interesante de lo parece.

Junto al conflicto principal, nos encontramos con el rápido descenso a la locura de Max Gunther (Gérard Herter), uno de los colaboradores de Fielding que en la expedición pierde un brazo a manos del monstruo, lo que desata que comience a aflorar el lado más oscuro de este. Y es que eventualmente este personaje se convierte en un asesino cuya obsesión con la esposa de Fielding, llega a niveles enfermizos. De forma paralela, se explora la suerte de triángulo amoroso que se produce entre Ellen (Didi Sullivan), Max, y Linda (Daniela Rocca), siendo esta última una suerte de sirvienta del matrimonio Fielding que se encuentra locamente enamorada de Max. No contento con esto, Freda añade a la mezcla una serie de experimentos que buscan despertar a la criatura, y una teoría que involucra a un meteorito que pasa una vez cada cientos de años, y que cuyas propiedades radiactivas parecen ser el detonante del crecimiento de Caltiki. Afortunadamente, pese a que varias de las ideas lanzadas a la mezcla son bastante inverosímiles y no parecen tener demasiada relación las unas con las otras, el director logra sacar adelante la cinta a base de momentos efectistas apoyados por el excelente equipo técnico con el que contaba.

Si bien la cinta contó con un escaso presupuesto, razón por la cual los efectos especiales son bastante básicos, quedando en evidencia el excesivo uso de maquetas e incluso de algunos juguetes, los cuales en su mayoría son utilizados en el último tramo del film, esto queda en segundo plano gracias al estupendo trabajo de fotografía de Mario Bava, y a la también destacable banda sonora compuesta por Roberto Nicolosi y Roman Vlad, elementos que combinados dotan al film de una atmósfera sombría y perturbadora, incluso en aquellas escenas donde los efectos especiales muestran más de alguna falencia (dicho sea de paso, estos también estuvieron a cargo de Bava). Por otro lado, las actuaciones van desde lo mediocre hasta lo medianamente correcto. Y es que estamos ante personajes unidimensionales, meros estereotipos del científico, del héroe, del villano, y de la damisela en peligro, tan propios del cine serie B de ciencia ficción norteamericano. Esto dificulta que el espectador se involucre demasiado con los protagonistas y sus conflictos, y se preocupe más por el apartado visual o por los múltiples giros narrativos que ofrece el film.

En un poco más de una hora de metraje, Riccardo Freda y Mario Bava (vamos a darles el mismo reconocimiento, pese a que no se sabe con certeza qué porcentaje de la responsabilidad del film le corresponde a cada uno) nos entregan una cinta entretenida, con un ritmo de narrativo frenético, y que con el paso de los años se ha convertido en una obra de culto. Esto se debe sin lugar a dudas a su potente apartado visual, cuya sofisticación pone al film un escalafón más arriba que algunas de las producciones realizadas por figuras insignes del cine de ciencia ficción norteamericano de la época, como Bert I. Gordon y Nathan Juran. Por otro lado, cabe mencionar que algunas de las escenas de la cinta podrían considerarse como verdaderas precursoras de lo que sería el cine gore italiano, el cual en un futuro sería comandado por figuras como Lucio Fulci y Dario Argento, entre otros. En definitiva, “Caltiki, Il mostro Immortale” es una película absolutamente recomendable, que en la medida de lo posible ha soportado de buena forma el paso del tiempo, aún cuando parte de su guión, sus humildes efectos especiales, y algunas de las actuaciones le jueguen algo en contra.


por Fantomas.

sábado, 10 de marzo de 2012

Operation Crossbow: El último recurso de la ingeniería nazi.

“Operation Crossbow” (1965), es un thriller de espías del director Michael Anderson, el cual está protagonizado por George Peppard, Sophia Loren, Trevor Howard, y John Mills.

Durante la Segunda Guerra Mundial, un comando secreto de las fuerzas aliadas recibe información sobre una nueva y poderosa arma que el Tercer Reich va a usar contra Inglaterra. Es entonces cuando deciden preparar a un pequeño grupo de soldados para infiltrarse en una fábrica subterránea, dónde se cree los nazis están trabajando en algunas armas que podrían cambiar el curso de la guerra.


Durante la década de los sesenta, se estrenó una gran cantidad de thrillers de espionaje y cintas bélicas situadas en la Segunda Guerra Mundial, las cuales se caracterizaban por contar con altos presupuestos, y estar protagonizadas por un largo grupo de estrellas consagradas, quienes en algunas ocasiones solo participaban con breves cameos. Precisamente sería el director Michael Anderson, responsable de la cinta que hoy nos ocupa, quién se haría cargo de al menos tres de estas superproducciones. En el caso de “Operation Crossbow”, la película se centra en los esfuerzos de un grupo de operativos británicos, y algunos norteamericanos, por encontrar y destruir los cohetes V1 y V2 que los nazis desarrollaron y comenzaron a utilizar al final de la guerra. En el desarrollo del guión estaría involucrado el prestigioso guionista Emeric Pressburger, cuya carrera en aquel entonces se encontraba en un punto bastante álgido. Su delicado estado financiero, lo llevó a aceptar la tarea de reescribir el guión escrito por Derry Quinn y Ray Rigby, quedando solo unas pocas semanas para que comenzara la filmación del film. Agobiado por la escasez de tiempo, Pressburger realizó una serie de cambios de forma apresurada, logrando entregar el guión final solo unas horas antes del comienzo del rodaje. Por el temor que le producía el hecho de que su carrera se hundiera aún más por un guión escrito a la rápida, Pressburger decidió ocupar el seudónimo de Richard Imrie, el cual volvería a utilizar en su siguiente trabajo.

Como mencionaba anteriormente, la cinta se sitúa en el último tramo de la Segunda Guerra Mundial, cuando tras recibir una serie de fotografías aéreas que parecen indicar que los alemanes están fabricando armas de largo alcance, el Primer Ministro Winston Churchill (Patrick Wymark) le encarga a Duncan Sandys (Richard Johnson), uno de sus ministros, el reclutamiento de una serie de voluntarios con conocimientos de ingeniería e idiomas, con el fin de infiltrarlos en la que se cree que es la fábrica en la que se están construyendo estás nuevas armas, cuyo único fin era retrasar el ya casi inevitable derrocamiento de nazismo. Eventualmente el ejército británico escoge a tres soldados que parecen cumplir los requisitos principales: el teniente norteamericano John Curtis (George Peppard), el británico Robert Henshaw (Tom Courtenay), y el holandés Phil Bradley (Jeremy Kemp). Con un escaso tiempo a cuestas, estos tres hombres son preparados para asumir la identidad de tres colaboradores de los nazis que han muerto durante la guerra, para luego adentrarse en territorio francés y así ser llevados por reclutadores alemanes a la tan buscada y temida fábrica subterránea.

Evidentemente la misión se irá complicando a medida que pasa el tiempo, no solo por el hecho de que el lanzamiento de los cohetes está por acontecer, sino porque además los improvisados espías tendrán que solucionar algunos imprevistos para los que no estaban preparados. Es aquí cuando entra en escena Bamford (Anthony Quayle), un agente doble que está bastante ligado a la fabricación de los cohetes, y Nora (Sophia Loren), la hermosa mujer del hombre que está siendo suplantado por el teniente Curtis, quién está buscando a su esposo para que le ceda la tuición de sus hijos. En relación a esto, puntualmente a la participación de Sophia Loren en la cinta, cabe mencionar que su papel es más bien pequeño y responde a la petición que le hizo su marido Carlo Ponti, quien además es el productor de este film, quien creía que la sola presencia de la actriz serviría para atraer más gente a las salas de cine. Más allá de esto, si bien es evidente que la inclusión de su personaje tiene como principal objetivo imprimirle ciertas dosis de suspenso a la cinta, también logra humanizar al personaje de Peppard, quien hasta antes de toparse con esta mujer cae en el típico arquetipo del personaje rebelde y mujeriego. El personaje de Loren además sirve para demostrar que en toda guerra existen víctimas inocentes, cuyas muertes en ocasiones responden al llamado “bien común”.

Podría decirse que la cinta está conformada por una serie de episodios, en los cuales se examinan los distintos aspectos de todo este operativo. No solo se hace hincapié en el sistema de espionaje aéreo del ejército aliado, y en la toma de decisiones al interior del gobierno británico, sino que también existe un segmento del film el cual se centra en los experimentos fracasados del ejército nazi, y en las consecuencias que estos tuvieron para sus propios soldados. Es precisamente en este tramo de la película, que la etiqueta de villanos con la cual usualmente se identifica al ejército nazi, desaparece por algunos minutos para identificarlos únicamente como hombres cuyas órdenes les costaron la vida. Es a través del entrelazamiento de esta serie de “segmentos” que durante la primera mitad de la cinta, el espectador se entera de la situación a la que tendrán que enfrentarse los protagonistas. Ya durante el segundo tramo de la película, esta se mete de lleno en el trabajo de espionaje en terreno, primero al interior de un hostal vigilado de cerca por los nazis, y luego dentro de la fábrica, dónde además ocurren prácticamente todas las escenas de acción que presenta el film.

En el ámbito de las actuaciones, el elenco en general realiza un buen trabajo, con la excepción de Sophia Loren, cuya interpretación de una mujer que sin querer se ve enfrentada a la posibilidad de perder la vida con el fin de salvaguardar la operación de espionaje británico, resulta poco creíble por momentos, especialmente porque la actriz cae en la sobreactuación. En el aspecto técnico, la cinta cuenta con el espléndido trabajo de fotografía de Erwin Hillier, y la atmosférica banda sonora del compositor Ron Goodwin, quienes en conjunto logran darle un mayor dramatismo a determinadas escenas. Por otro lado, un aspecto destacable de film son sus efectos especiales y la selección de locaciones, elementos los cuales logran darle una mayor credibilidad a la cinta. En relación a esto, Michael Anderson mostró una gran preocupación por rodar una película que se acercara lo más posible a la realidad, lo que lo llevó a utilizar material de archivo para recrear ciertas escenas en las cuales se pretende mostrar como los británicos detuvieron el inminente bombardero a su país. Lo que es aún más importante, el director tuvo una serie de discusiones con los ejecutivos de la MGM, con el objetivo de lograr que los personajes germanos efectivamente hablaran alemán y no inglés, lo que obviamente le da un toque de realismo mayor a la producción.

Si bien “Operation Crossbow” no difiere demasiado del resto de las producciones sesenteras que presentaban temáticas similares, tiene la virtud de ser una película entretenida, con un destacable apartado técnico, y cuyo ritmo narrativo resulta ser bastante fluido. Sin embargo, difícilmente podría ser enmarcada entre las mejores películas de su género. Quizás por eso al momento de su estreno en Norteamérica tuvo una fría recepción, lo que llevó a los distribuidores a cambiar el título del film por “The Great Spy Mission”, debido que pensaban que el título original llevaría a la gente a creer que se trababa de un drama médico, género el cual no gozaba de mucha popularidad a mediados de los sesenta. De todas formas, estamos ante una película recomendable, que ha logrado envejecer de manera digna, y que explora un tema no muchas veces tratado dentro del género del cine bélico. Como dato curioso, al momento de su estreno, Duncan Sandys, quien en el film es retratado como el ministro responsable de la heroica operación, estaba siendo acusado de ser el principal responsable de haber destruido la industria aeronáutica británica, debido a su insistencia en la idea de que los misiles habían dejado obsoletos a los aviones como armas bélicas.

por Fantomas.

lunes, 5 de marzo de 2012

Barking Dogs Never Bite: Cuidado, dueño suelto.

“Barking Dogs Never Bite” (2000), es una comedia del director Joon-ho Bong, la cual está protagonizada por Lee Sung-jae, Bae Doo-na, Kim Ho-jung.

Yun-ju (Lee Sung-jae) es un estudiante universitario recién graduado que está luchando para convertirse en profesor, y así darle una mejor vida a su esposa y al hijo que está por nacer. Sin embargo, cuando los ladridos de un perro que vive en su edificio comienzan a molestarlo, decide tomar acciones extremas contra su torturador, dando inicio a una serie de acontecimientos que pondrán su vida de cabeza.

Antes de saltar a la fama con cintas como “Memories of Murder” (2003) o “The Host” (2006), que lo ubicarían como uno de los directores más importantes de la industria cinematográfica surcoreana en la actualidad, Joon-ho Bong escribiría el guión de lo que se convertiría en su ópera prima, la curiosa “Barking Dogs Never Bite”. Desde su primer largometraje, el director se encargaría de retratar la particular mirada tragicómica que posee del mundo, y además se preocuparía de marcar las tendencias que pronto se convertirían en el sello distintivo de su cine. Por un lado, es evidente que Joon-ho Bong tiene una inclinación hacia el humor sardónico, el cual en este caso lo traslada a un escenario urbano teñido por la marcada psicosis de los personajes que se desenvuelven en el. Por otro lado, queda claro que el director busca complacer a la audiencia intentando quizás de manera inconsciente, convertirse en la respuesta surcoreana a Steven Spielberg, demostrando su capacidad para manipular las emociones del espectador, para luego asegurarle que existe una resolución catártica al final del camino. ¿Pero es el debut Joon-ho Bong una obra redonda? Eso es lo que intentaremos averiguar en este artículo.

Como he mencionado anteriormente, el protagonista del film es Yun-ju, un joven cuyo mayor deseo es convertirse en profesor, no porque eso sea realmente su sueño o su vocación, sino porque está consciente que aquello cambiará rápidamente su estatus de vida. Y es que a poco de comenzada la cinta, queda en evidencia que nuestro protagonista siente que está en el escalafón más bajo de la pirámide social. Lentamente se ha ido convirtiendo en un hombre amargado, que debe lidiar con la presión económica y emocional de tener a su esposa embarazada, y que debe encontrar un modo de ganar un espacio en el cada vez más corrupto sistema educativo. Cansado de ver de cómo la gente a su alrededor quiebra la ley (en especial aquellas que dictan que no se pueden tener mascotas dentro de los edificios), y enloquecido por los constantes ladridos de un perro que vive en uno de los departamentos de su edificio, Yun-ju decide tomar la justicia con sus propias manos, secuestrando al primer perro que encuentra en el complejo laberinto de departamentos en el cual reside, para luego deshacerse de él, abandonándolo al interior de un viejo mueble ubicado en el sótano del edificio.

Cuando Yun-ju se da cuenta que ha asesinado al perro equivocado, decide atacar de nuevo complicando toda la situación. Es ahí cuando entra en escena Hyeon-nam (Bae Doo-na), una joven que trabaja como secretaria de la administración del edificio, que guiada por su inocencia y genuina compasión, comienza a averiguar quién es el responsable de los repentinos secuestros y asesinatos caninos. En el fondo, ambos personajes esconden el deseo de convertirse en algo más que personas marginadas por una sociedad que no suele reconocer los logros individuales de la gente común y corriente. Por un capricho del destino, “criminal” y “justiciera” terminan uniendo fuerzas, y entablando una amistad que en cierta medida los ayudará a cambiar sus vidas. Si ya la historia de por si es extraña, una vez que se agregan a la ecuación un conserje con un gusto particular por la carne de perro, la ruda amiga de Hyeon-nam, y un vagabundo maniático que ha estado viviendo en las calderas del edificio durante bastante tiempo sin ser detectado, la cinta se convierte en un relato urbano inquietante acerca de un grupo personajes anónimos involucrados en situaciones fuera de lo común.

El film no solo explora los límites que cada persona está dispuesta a cruzar para alcanzar lo que ellos creen que les brindará la tan ansiada felicidad, sino que además se centra en las dificultades propias de la vida en pareja, temas que evidentemente se terminan cruzando. Y es que Yun-ju sabe que para obtener un puesto como profesor, será necesario juntar una alta suma de dinero para sobornar al decano de una determinada universidad. Sus ansias por obtener dicho dinero, no solo se convertirán en el detonante de su loca carrera como asesino de perros, sino que además desencadenaran una serie de hechos que ponen en peligro su matrimonio, el cual por momentos parece estar en la cuerda floja. Hyeon-nam por su parte, está atrapada en un trabajo tedioso, lo que la lleva a pasar gran parte del día escondida en la parte de atrás de la tienda en la que trabaja su mejor amiga. Según ella, la única forma de obtener algún grado de atención de la gente que la rodea, es realizando un acto heroico digno de aparecer en la televisión. Es por este motivo que ella convierte la búsqueda del desconocido asesino de perros, en su cruzada personal por convertirse en alguien famosa y admirada por los demás, escapando así del penoso anonimato en el cual se encuentra enclaustrada.

Es precisamente a través de sus carencias y frustraciones, que ambos protagonistas terminan conectándose y mostrándose de forma casi involuntaria, el verdadero camino para alcanzar la felicidad. En términos interpretativos, tanto Lee Sung-jae como Bae Doo-na realizan un estupendo trabajo, logrando que el espectador se identifique en cierta medida con sus personajes, aún cuando estos cometan algunos actos con los que uno puede no estar de acuerdo. Si bien el director se toma el tiempo suficiente para mostrar los distintos aspectos de la vida de Yun-ju, retratando en detalle los problemas y sueños que ocupan sus pensamientos, no sucede lo mismo con su contraparte femenina, cuya vida familiar no es lo suficientemente explorada como para que el espectador se haga una idea de la influencia de su familia en su vida. Por otro lado, la cinta cuenta con el estupendo trabajo de fotografía de Yong-kyou Cho y Yeong-gyu Jo, quienes por momentos dotan al film de una atmósfera casi surrealista, la cual es complementada por la espléndida banda sonora del compositor Sung-woo Jo, quien a punta de piezas jazzísticas le imprime un mayor grado de locura a un relato que por sí solo ya es bastante demencial.

Si bien la idea en general resulta atractiva, la cinta presenta algunos problemas que limitan su capacidad de convertirse en un film memorable. Joon-ho Bong exhibe algunas dificultades a la hora de plasmar el gran número de ideas de tono social que deseaba incluir en el relato, las cuales en variadas ocasiones son subdesarrolladas, perdiéndose por completo dentro de la locura que caracteriza a la cinta. Dentro de esto mismo, el director a sabiendas de que el núcleo cómico de la película (el asesinato y el consumo de perros) es un tema conflictivo no solo en su país, sino que también en la gran mayoría de los países occidentales, opta por atenuar el marcadísimo humor negro del film con algunas subtramas que carecen de importancia, consiguiendo involuntariamente ralentizar el ritmo narrativo de la película. El último detalle que puede resultar molesto, es que si bien se especifica al inicio del film que ningún animal resultó dañado durante la filmación, hay algunas escenas que se ven demasiado reales, por lo que pueden resultar algo fuertes para los amantes de los perros o de los animales en general. De todas formas, “Barking Dogs Never Bite” es una cinta interesante que tiene algunos momentos realmente cómicos, y otros que poseen una profunda carga emocional pese a los macabros elementos que posee el relato. El debut cinematográfico de Joon-ho Bong está lejos de ser perfecto, pero de todas formas merece más reconocimiento del que actualmente tiene.

por Fantomas.

jueves, 1 de marzo de 2012

Telefon: Hipnosis a distancia.

“Telefon” (1977), es un thriller del director Don Siegel, el cual está protagonizado por Charles Bronson, Lee Remick, y Donald Pleasence.

Nikolai Dalchimski (Donald Pleasence), un ex agente de la KGB, roba un libro con los nombres de todos los agentes secretos de la agencia enviados a los Estados Unidos en los años cincuenta. Cuando estos empiezan a realizar actos de sabotaje contra instalaciones del gobierno americano, el gobierno soviético decide enviar al coronel Borzov (Charles Bronson) para localizar y eliminar a Dalchimski antes de que este provoque la Tercera Guerra Mundial.

En 1975, tras leer la novela “Telefon” del escritor norteamericano Walter Wager, la cual se centraba en la idea del uso del control mental como un arma capaz de desatar o solucionar un conflicto bélico, el productor y director James B. Harris reconoció el potencial comercial que poseía la historia y decidió comprar los derechos de la misma, con la intención de llevarla a la pantalla grande. Si bien en un principio Harris había pensado en Peter Hyams para el puesto de director (sería el mismo Hyams en compañía de Stirling Silliphant quienes escribirían el guión), los ejecutivos de la MGM desestimaron su idea porque según ellos, era más conveniente que la cinta fuera dirigida por un realizador con más experiencia. Fue así como Don Siegel se sumó al proyecto, sin imaginar la gran cantidad de problemas que tendría con el protagonista del film, el siempre popular Charles Bronson. El actor, quién en ese entonces había logrado establecerse como uno de los tipos duros más reconocidos de la pantalla grande, estaba consciente de su popularidad, razón por la cual no solía ser muy cooperador con los directores o los actores con los cuales trabajaba.

El primer problema que tuvo Siegel con Bronson, tuvo relación con el famoso bigote del actor. Para el director, era necesario que Bronson se afeitara el bigote una vez que su personaje comenzara su misión de “espionaje”, con el fin de que este no pudiera ser reconocido por el villano de turno y las autoridades norteamericanas. Sin embargo, el actor se negó a afeitarse el bigote, iniciando una fuerte discusión con Siegel, quien eventualmente tuvo que ceder de mala gana al capricho del actor. Lo que resulta aún más curioso, fue la negativa de Bronson de besar a Lee Remick en la escena que esta lo va a buscar al aeropuerto a su llegada a Norteamérica. El actor básicamente se negó porque según él, cuando su esposa lo iba a buscar al aeropuerto jamás lo besaba. Ante esto, Siegel le dijo a Remick que entonces lo abrazara en la ahora polémica escena, a lo que la actriz le respondió: “Pero, Don, no me atrevo. Él es capaz de golpearme”. Aunque eventualmente la escena sería rodada sin inconvenientes, la tensión en el set era palpable, y terminó estallando en la filmación de una escena al interior del Hotel Hyatt de San Francisco. En dicha escena, el personaje de Bronson debía bajarse de un ascensor de vidrio para ir tras uno de los agentes de la KGB. Para que las cámaras pudiesen tomar el ascensor sin problemas, Siegel marcó con una cinta negra el lugar donde el actor debía bajarse, lo cual no le hizo ninguna gracia a Bronson quien sintió que lo estaban tomando por tonto. Tras una fuerte discusión en la cual el director amenazó con abandonar el film, el actor decidió hace una tregua con Siegel, la cual se extendió hasta el fin del rodaje.

La cinta básicamente se centra en la paranoia existente a ambos lados de la cortina de hierro durante la Guerra Fría, y en los alcances de la misma. El villano de turno es Nikolai Dalchimski, un agente de la KGB que tras enterarse de un proyecto secreto llamado “Telefon”, decide que él es el encargado de iniciar un conflicto bélico de proporciones catastróficas. Pero, ¿en qué consiste dicho proyecto? Como bien se lo explica el general Strelsky (Patrick Magee) al personaje de Bronson al principio del film, a principios de los cincuenta, la KGB preparó a 51 agentes para infiltrarse en el corazón de los Estados Unidos. La particularidad de dichos agentes, es que gracias a la hipnosis, basta que escuchen un poema de Robert Frost para que se conviertan en bombas de tiempo ambulantes, y realicen ataques suicidas contra una serie de puntos estratégicos norteamericanos. Ante dicho escenario, el coronel Borzov es enviado a Norteamérica, donde junto a Barbara (Lee Remick), una agente de la CIA, tendrán que encontrar a Dalchimski y eliminar cualquier rastro del macabro proyecto antes de que este llegue a oídos de las autoridades norteamericanas, dando inicio a una guerra sin precedentes.

Resulta curioso como la cinta funciona en distintos niveles. Es un thriller efectivo, cuya tensión se mantiene no solo por lo aleatorio de los ataques suicidas, lo cual obviamente dificulta la tarea de Borzov y compañía, sino además por el hecho de que el espectador no tarda en darse cuenta que el protagonista no es más que un simple peón de sus superiores y de su propia compañera, quien tiene órdenes de asesinarlo una vez que este cumpla su misión. Por otro lado, “Telefon” bien podría ser vista como una “road movie”, aunque técnicamente no lo sea. En un principio, la relación entre Barbara y Borzov es áspera y se basa en la mutua desconfianza. Ninguno tiene claro las órdenes del otro, y su asociación no ha sido voluntaria, sino que ha sido impuesta por sus superiores. Será a medida que viajan por los Estados Unidos en búsqueda de Dalchimski, que la improvisada dupla entabla una relación de compañerismo, la que no tardará en convertirse en algo más. Además la cinta presenta un par de trepidantes escenas de acción, que involucran explosiones, peleas de puños, persecuciones a toda velocidad, e incluso una serpiente de cascabel. Por último, el film presenta una mirada cómica al entonces cada vez más relevante mundo de las computadoras, las cuales son utilizadas por la diligente agente de la CIA, Dorothy Putterman (Tyne Daly), para intentar solucionar todas las interrogantes que plantean los extraños ataques suicidas que han emprendido una serie de supuestos ciudadanos norteamericanos comunes y corrientes.

Si bien Charles Bronson jamás será recordado por sus habilidades actorales, en esta ocasión realiza un buen trabajo interpretando a este militar frio e implacable, que a medida que transcurre la cinta va mostrando algunos rasgos de humanidad, sin dejar de lado su personaje de tipo duro. Por su parte, Lee Remick se presenta como el complemento perfecto del personaje de Bronson, con quién tiene una gran química, lo que obviamente ayuda a que la relación que se va cimentando entre ellos durante el transcurso de la cinta resulte creíble. Por último cabe destacar la actuación de Donald Pleasence, quien interpreta de gran manera a este villano megalómano, voyerista y cobarde, que disfruta viendo como los agentes encubiertos se convierten en verdaderos entes, y se inmolan por una causa que carece de sentido. En el apartado técnico, la cinta cuenta con el correcto trabajo de fotografía de Michael Butler, y con la efectiva banda sonora del compositor Lalo Schifrin, que se presenta como uno de los puntos altos del film.

Aunque en general esta producción cuenta con más virtudes que defectos, si tiene algunos detalles que pueden llegar a molestarle a ciertos espectadores. Si bien el personaje interpretado por Tyne Daly aporta con algunas dosis de humor, este bien pudo haber sido sacado de film, ya que gran parte de sus intervenciones no tienen mayor importancia dentro del desarrollo de la historia. Por otro lado, hay que reconocer que el relato en general es bastante fantástico (de hecho, el mismo Siegel reconocería que el guión era “totalmente imposible de creer”), lo que da pie a explicaciones curiosas, como el método que está utilizando Dalchimski para escoger a sus víctimas, y a situaciones que rayan en el surrealismo, como lo que sucede en la escena donde se lleva a cabo la confrontación final entre los protagonistas y el personaje de Pleasence. Más allá de estos detalles, “Telefon” es una cinta entretenida, que presenta un ritmo adecuado, y que mezcla de buena manera distintos elementos narrativos, por lo que puede ser considerado como uno de los films de espías más interesantes de los setenta, el cual parece haber sentado las bases de lo que sería la trama de la comedía “The Naked Gun” (1988), donde el villano interpretado por Ricardo Montalbán también emplea la hipnosis para convertir a ciudadanos comunes en asesinos improvisados.



por Fantomas.
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