miércoles, 27 de junio de 2012

Murder, My Sweet: La primera aparición cinematográfica de Philip Marlowe.

“Murder, My Sweet” (1944), es un thriller del director Edward Dmytryk, el cual está protagonizado por Dick Powell, Claire Trevor, y Anne Shirley.

Tras salir de prisión, un criminal llamado Moose Malloy (Mike Mazurki) va en busca del detective privado Philip Marlowe (Dick Powell), para que lo ayude a encontrar a una antigua novia que no ha visto hace 6 años. Sin embargo, lo que inicialmente parece un caso sencillo, pronto se complica al punto de que es la vida de Marlowe la que termina poniéndose en peligro.


Raymond Chandler era un ejecutivo petrolero hasta que estalló la Gran Depresión, tras lo cual decidió regresar a su primer gran amor, la escritura. Él comenzaría a escribir historias cortas, las cuales serían publicadas con éxito por diversas revistas. Sería en uno de sus primeros relatos, cuyo título era “Killer in the Rain”, que Chandler introduciría al detective privado Philip Marlowe, quien se convertiría en uno de los personajes icónicos del género negro. Tras el éxito de su primera novela, en 1940 Chandler publicó su segundo libro titulado “Farewell, My Lovely”, cuyos derechos serían comprados por la RKO en tan solo 2.000 dólares. El estudio tenía la intención de convertir la historia en una nueva aventura de un sofisticado ladrón llamado “El Halcón”, personaje que protagonizó 16 cintas del estudio. Finalmente la novela daría vida al guión de “The Falcon Takes Over” (1942), cinta la cual gozó de bastante éxito y se convirtió en una de las mejores entradas de la saga. Durante ese mismo periodo, el productor Adrian Scott se encontró con la novela de Chandler en los archivos de la RKO, y pensó que la mejor forma de lanzar su carrera era realizar un film más fiel a la obra original. Tras venderle la idea al estudio, Scott junto al guionista John Paxton comenzaron a escribir un guión que presentaría algunos cambios importantes con respecto a la historia original, donde se destaca la inclusión del personaje interpretado por Ann Shirley, quien se convertiría en el interés amoroso del protagonista. Una vez terminado el guión y con un presupuesto de 400.000 dólares, el director Edward Dmytryk comenzó el rodaje de una cinta que es considerada como una de las piezas esenciales del cine negro.

Uno de los casos más complicados de Philip Marlowe comienza con la visita de un ex-convicto a su oficina llamado Moose Malloy, cuyo físico es propio de un titán pero cuya inteligencia es más propia de un niño pequeño. La razón de su visita es su desesperación por encontrar a una antigua novia llamada Velma, a quien no ha visto hace seis años, cuando ella trabajaba como cantante en un pequeño local nocturno. Pese a su resistencia inicial, Marlowe termina aceptando el trabajo, solo para deducir tras una breve investigación que la chica probablemente lleva un buen tiempo muerta. Antes de que el detective pueda contactar a Moose para contarle sobre sus hallazgos, se involucra en otros dos trabajos; el primero involucra un dudoso intercambio de dinero que sale horriblemente mal, mientras que el segundo tiene relación con la desaparición de un valioso collar de jade, el cual le pertenece a una seductora mujer llamada Helen Grayle (Claire Trevor), quien está casada con un acaudalado hombre que es mucho mayor que ella. Tras investigar varias pistas, algunas de las cuales involucran a Ann Grayle (Anne Shirley), la atractiva hijastra de Helen, y a Jules Amthor (Otto Kruger), un vidente y sanador de dudosa reputación, Marlowe comienza a percatarse de que los tres casos en los que ha estado involucrado en el último tiempo están fuertemente conectados. Es en ese preciso momento que su vida comienza a correr peligro, lo que lo obliga a resolver las numerosas interrogantes que se ciernen sobre su cabeza antes de que sea demasiado tarde.


Lo que resulta interesante, es que con la intención de mantener la narración en primera persona que presenta la novela, Adrian Scott sugirió que la cinta fuera narrada en forma de flashback por el mismo Marlowe, quien al comenzar el film se encuentra en un cuarto de interrogación de la policía con los ojos vendados, tras supuestamente haber sufrido un accidente del que no sabremos nada hasta el último tramo del relato. Lo que no tardaremos en descubrir, es que la policía cree que Marlowe es el culpable de una serie de asesinatos que están de alguna forma relacionados con la desaparición del costoso collar de jade. El hecho de ocupar el sitial del principal sospechoso de la investigación policial será solo uno de los problemas que tendrá que enfrentar el sagaz detective, cuya vida se ve en peligro en más de una ocasión, llegando incluso a ser secuestrado y drogado por un par de hombres cuyas intenciones son desconocidas. La llamativa secuencia alucinatoria que tiene lugar luego de este acontecimiento, es sin duda uno de los puntos altos del film. Un confundido y aterrorizado Marlowe ve con resignación como comienza a perder su sano juicio, al mismo tiempo que intenta encontrar una manera de escapar del lugar donde lo tienen recluido. Tan interesante como la ya mencionada secuencia, es lo que ocurre cada vez que el protagonista pierde el conocimiento a causa de sendos golpes que recibe en su cabeza. Al mismo tiempo que él narra cómo su mente lentamente se sumerge en un oscuro pozo, en el centro de la imagen aparece una suerte de mancha de aceite que termina por consumir todo el cuadro, reflejando de forma perfecta el sentir del detective.

Más allá de las interrogantes que se van planteando durante el transcurso de la cinta (que dicho sea de paso son bastantes), resulta importante el proceso que hace referencia a las conexiones que Marlowe establece con el resto de los involucrados en sus múltiples investigaciones, en especial con Moose y con la totalidad de la familia Grayle. En gran medida, el film sirve a modo de estudio sociológico el cual analiza algunas de las diferencias existentes entre aquellos que exhiben un estatus socioeconómico más bajo (como el protagonista y Moose) y aquellas personas que como los Grayle pueden disfrutar de todos los lujos que el dinero puede comprar. Mientras que la comparación entre los estilos de vida de unos y los otros queda plasmada en el primer tramo de la historia, la idea de que los intereses de los grupos más acomodados priman por sobre los del resto, queda plasmada de forma más sutil en lo que podría ser considerado el núcleo del relato. Resulta curioso como una historia que comienza con la sospechosa desaparición de una muchacha, termina volcándose en la búsqueda de un collar que si bien es muy valioso, es tan solo un collar. Prácticamente todos los personajes, incluyendo al mismo Marlowe, privilegian la búsqueda de la peculiar joya. Y es que al final del día, es el dinero el que manda, y considerando sus necesidades básicas, el buen detective no puede decirle no a un atractivo puñado de billetes.


En cuanto a las actuaciones, Dick Powell realiza un estupendo trabajo como el cínico y sagaz detective privado que no puede evitar meterse en un problema tras otro. Por otro lado, es destacable la actuación de Claire Trevor, quien personifica a una femme fatale de tomo y lomo. Su personaje no solo es capaz de engatusar a prácticamente cualquier hombre que se cruce en su camino, sino que además demuestra ser increíblemente maquinadora incluso cuando parece no tener una salida posible. Como su contraparte, nos encontramos con el personaje interpretado por Anne Shirley, quien está dispuesta a sacrificar su felicidad o su comodidad con tal de que su padre esté feliz. Estos tres personajes más el Señor Grayle (Miles Mander) conforman una compleja relación de múltiples aristas. Si bien la relación que se establece inicialmente entre Marlowe y el señor y la señora Grayle es únicamente laboral, eventualmente esta pasa a estar marcada por los celos, el engaño y la pasión. Al mismo tiempo, la hija del matrimonio demuestra cierto interés romántico por el protagonista, aunque su mayor preocupación es proteger a su frágil padre de cualquier daño que pueda provocarle su joven esposa, sin importar lo que tenga que hacer para lograrlo. Es por esto que los constantes cambios que se producen en la relación que establecen estos cuatro personajes, terminan siendo parte importante de una historia llena de sorpresas.

La verdad es que la trama es increíblemente intrincada, lo que no es de extrañar considerando que para crear la novela, Raymond Chandler fusionó tres de sus historias cortas: “The Man Who Liked Dogs", "Try The Girl", y "Mandarin's Jade". Afortunadamente, el guión está espléndidamente escrito y Dmytryk realiza un excelente trabajo como director, por lo que no resulta complicado seguir cada uno de los giros que presenta la trama, algunos de los cuales vienen a responder ciertas interrogantes que se plantean al inicio del film, mientras que otras abren paso a más preguntas que solo serán contestadas en el último tramo de la historia. En cuanto al aspecto técnico, la cinta cuenta con la atmosférica banda sonora de Roy Webb, y el maravilloso trabajo de fotografía de Harry J. Wild, cuyo uso de la luz y la sombra sirvió de ejemplo para gran parte de los realizadores que más tarde se embarcaron en la tarea de realizar nuevas aportaciones al género negro. “Murder, My Sweet” es fácilmente una de las mejores películas del llamado cine negro gracias a su espléndido guión, el estupendo apartado técnico, su dinámico ritmo narrativo, y el buen trabajo de su elenco. Quizás es por esto mismo es que Raymond Chandler no dudó en afirmar que esta era la mejor adaptación cinematográfica de su obra, lo cual considerando la calidad de otras de sus adaptaciones ya es mucho decir.

          

por Fantomas.

martes, 19 de junio de 2012

One, Two Three: ¡Sitzen machen!

“One, Two, Three” (1961), es una comedia del director Billy Wilder, la cual está protagonizada por James Cagney, Horst Buchholz, y Pamela Tiffin.

C.R. MacNamara (James Cagney) es el representante de una multinacional de refrescos en Berlín Occidental, quien busca convertirse en el jefe de operaciones de la compañía en Europa. Sin embargo, sus sueños se ponen en peligro cuando su jefe le encarga cuidar a su hija Scarlett (Pamela Tiffin), una díscola y alocada joven que tras eludir su vigilancia, se enamora de Otto Piffl (Horst Buchholz), un joven comunista que vive al otro lado de la cortina de hierro.


En el año 1928 en Berlín, Billy Wilder tuvo la oportunidad de ver la frenética obra teatral “Ein, zwei, drei”, del dramaturgo húngaro Ferenc Molnar, en la que un banquero parisino llamado Norrison debe lidiar con Lydia, la hija de uno de sus clientes más importantes, quien tras casarse en secreto con Anton, un rabioso taxista socialista, queda embarazada de este. Temiendo la reacción del padre de la chica, Norrison no tendrá más remedio que convertir a Anton en un falso aristócrata en un tiempo record, ante la inminente llegada del poderoso empresario. Tras preguntarse qué pasaría si la historia de Molnar se trasladara al Berlín de la Guerra Fría, Wilder en compañía de I. L. A. Diamond comenzaron a escribir un guión donde Norrison se convirtió en C.R. MacNamara, el representante de la Coca-Cola en la ciudad germana, quien eventualmente se convierte en la figura principal de una hilarante lucha ideológica. Aunque la conocida compañía de refrescos juega un rol primordial en la historia, la verdad es que Wilder algunos años antes había declarado que no le gustaba dicha bebida de fantasía, ya que consideraba que tenía gusto a “neumáticos quemados”. La verdad es que uno de los motivos que llevó al director a utilizar el nombre de dicha compañía, fue su reticencia a utilizar nombres de empresas ficticias, ya que esto era equivalente a “tirar la credibilidad de la cinta por la ventana”. Por otro lado, tras estrenar “Love in the Afternoon” (1957), cinta en la que el personaje de Gary Cooper trabaja en la Pepsi-Cola, Wilder le prometió a los ejecutivos de la Coca-Cola Company que algún día haría un film centrado en un trabajador de su compañía, con fin de establecer una suerte de equilibrio comercial entre ambas empresas. 

El relato se ambienta uno o dos meses después del cierre de la Puerta de Brandeburgo. C.R. MacNamara es un hombre completamente dedicado a la compañía en la cual trabaja, y cuya principal ambición es obtener el puesto de jefe de operaciones de la Coca-Cola en Europa. Para lograr esto, durante el último tiempo ha estado manteniendo relaciones comerciales con Peripetchikoff (Leon Askin), Borodenko (Ralf Wolter), y Mishkin (Peter Capell), tres representantes soviéticos que han mostrado interés en introducir el afamado refresco a los pueblos situados tras la cortina de hierro. Si bien la idea parece prometedora, pronto pasará a segundo plano cuando Mac recibe una llamada de su jefe en Atlanta, quien le pide que cuide a su hija Scarlett durante un par de semanas mientras esta recorre Berlín. Lamentablemente para MacNamara, actuar como niñera de la joven resultará mucho más difícil de lo que él pensaba, lo que tendrá como consecuencia que ella termine contrayendo matrimonio con Otto Piffl, un joven comunista que reside en Berlín Oriental, y que desprecia todo aquello relacionado a la doctrina capitalista. Con la inminente llegada de los padres de Scarlett, MacNamara se verá obligado a encontrar una rápida solución para sus problemas, los cuales parecen acrecentarse con cada minuto que pasa, y que eventualmente lo llevarán a cruzar la cortina de hierro en una alocada misión de rescate.

 

La situación económica y social de la época se presta para que Wilder exponga una serie de contrastes, siempre desde el prisma de la comedia. Por ejemplo, la situación de MacNamara y su familia dista bastante de la galería de personajes de la Alemania derrotada que los rodean; mientras que su esposa Phyllis (Arlene Francis) planea una vacaciones con sus hijos en la bella Venecia, gran parte de los trabajadores de la compañía aún siguen condicionados por el temor a la marcialidad nazi, lo que los lleva a tratar a MacNamara con una reverencia extrema. En ese sentido se destaca Schlemmer (Hanns Lothar), la mano derecha del protagonista, quien se ha convertido en un esbirro del capitalismo, al mismo tiempo que intenta por todos los medios ocultar su oscuro pasado como oficial de la Gestapo del cual claramente se avergüenza. Por otro lado hay una serie de personajes cuya única preocupación es su propia supervivencia (la secretaria Ingeborg y Fritz, el chofer), lo que los empuja a participar en cada una de las alocadas ideas de MacNamara, a sabiendas de los beneficios económicos que estas conllevan. Esta línea de acción por parte del protagonista, es lo que utiliza Wilder para exponer los inconvenientes del sistema capitalista. Son tales las ansías de MacNamara de ascender y mejorar aún más su estilo de vida, que incluso intenta sobornar al trío de emisarios soviéticos ocupando como pago a su bella secretaria (lo que expone la concepción de la mujer como bien de consumo existente en las sociedades capitalistas), con tal de que estos le ayuden a rescatar Otto Piffl de las garras de la policía de Berlín Este, quien ha retenido al joven debido a una trampa maquinada un par de horas antes por el mismo Mac.

Sin embargo, Wilder no se conforma con apuntar los defectos del sistema capitalista, sino que además retrata con acidez el ideario comunista. Es aquí donde cobra importancia Otto. El joven, miembro activo del partido comunista cuya ideología sigue con orgullo, termina enamorándose de una chica que es la viva representación del capitalismo, la que eventualmente lo arrastrará a una conversión obligada de la mano de MacNamara y compañía, durante la cual se exhibe un violento contraste entre el idealismo del joven y el pragmatismo del protagonista. Es precisamente durante este tramo de la cinta que la acción adquiere un ritmo impensado, el cual se ve coronado con la aparición de una serie de personajes que desfilan a sus anchas por las oficinas de la Coca-Cola, mientras intentan convertir al incorregible joven en un falso aristócrata alemán. Resulta curioso el hecho de que la “capitalización” de Otto primero ocurra por la fuerza, y que luego por voluntad propia termine citando, sin saberlo, la constitución americana. Esto no hace más que reflejar el escepticismo que le provocaban a Wilder ambos sistemas políticos, lo cual ya lo había expresado varios años antes en la cinta “Ninotchka” (1939), cuyo guión es de su autoría. Otto Piffl, al igual que Ninotchka, tras pasar gran parte de su vida siendo bombardeado por las ideas de la doctrina comunista, termina descubriendo que el capitalismo no es tan malo como creía cuando entabla un romance con alguien proveniente de un país capitalista.

 

Por momentos, la cinta enfatiza su naturaleza caricaturesca, en especial durante la aventura de MacNamara y compañía en Berlín Este. En medio de las negociaciones con los representantes soviéticos al interior del comedor de un hotel de la ciudad, su secretaria se pone a bailar encima de la mesa al ritmo de la música interpretada por una pequeña orquesta que se encuentra en el lugar, lo que no solo provoca la reacción desmesurada de los soviéticos quienes están embobados con los encantos de la joven, sino que además desata una serie de caóticas situaciones más propias del humor slaptick. Igual de caricaturesca es la persecución automovilística que ocurre luego de que los soviéticos descubren que han sido engañados por MacNamara, quien ahora trata desesperadamente de regresar a Berlín Oeste junto con un “torturado” Otto, quien ha sido sometido a los horrores de la música pop norteamericana de la época. El hecho de que Wilder decida trabajar en base a estereotipos y caricaturice cada uno de los elementos del film, provoca que inevitablemente los personajes sean en su gran mayoría unidimensionales, y que cada uno de ellos presente un guiño específico que es vital para el juego cómico que se desarrolla de manera constante durante todo el transcurso de la cinta. Todo esto funciona a la perfección en gran medida por el estupendo trabajo del elenco involucrado. Más allá de la extraordinaria actuación de Cagney, cuyos dotes para la comedía quedan absolutamente demostrados, se destaca la labor de Pamela Tiffin, cuyo personaje, el cual es algo molesto a ratos, representa a cabalidad la frivolidad que parece reinar en el sistema capitalista. También es destacable la labor de Arlene Francis, quien a lo largo de la película mediante una serie de irónicos diálogos, se transforma en la voz de la conciencia del protagonista, convirtiéndose en el motor de varias de las situaciones claves del relato. 

Por otro lado, la cinta cuenta con la estupenda banda sonora de André Previn, que complementa de forma perfecta las imágenes de una historia que corre a mil por hora, y el impecable trabajo de fotografía de Daniel L. Fapp. “One, Two, Three” es una película que no hace más que reflejar la genialidad de Billy Wilder, quien construye de manera perfecta una cinta que hasta el día de hoy mantiene intacta su capacidad para hacer reír al espectador, y que realiza una dura crítica a ambos bloques sin la necesidad de ofender a nadie, lo que a mi gusto la convierte en una joya subvalorada del director (cuyo gag final, dicho sea de paso es brillante). Como dato curioso, no todo fue diversión durante el rodaje de este film. James Cagney tuvo varios problemas tanto con Billy Wilder como con Horst Buchholz. Mientras que al primero lo consideraba un jefe bastante molesto, principalmente por el hecho de que lo hizo repetir una escena más de cuarenta veces, porque no podía evitar equivocarse en una línea de dialogo, al segundo lo detestaba porque consideraba que el joven actor ocupaba cada oportunidad que tenía para robar cámara. Fue tal la frustración que le provocó su colega, que Cagney escribiría en su autobiografía: “Horst Buchholz realizó una serie de artimañas para robar cámara, y yo tenía que depender de Billy Wilder para que corrigiera a este chico. Si Billy no lo hubiese hecho, habría sentado de un golpe a Buchholz, lo cual habría hecho feliz de la vida en varios puntos del rodaje”. Finalmente fue tan desagradable la experiencia para James Cagney, que decidió retirarse de la actuación durante 20 años, hasta que aceptó participar en “Ragtime” (1981), la cual sería su última aparición en la pantalla grande.

 

por Fantomas.

jueves, 14 de junio de 2012

Series de Televisión: "Friday the 13th: The Series", se venden antigüedades demoníacas.

Con la intención de ser inmortal, Lewis Vendredi (R. G. Armstrong) realiza un pacto con el Diablo quien a cambio le pide vender una serie de antigüedades malditas en su tienda. Sin embargo, cuando este intenta deshacer el pacto, el Diablo cobra su vida y lo arrastra a las llamas del infierno. Cuando él fallece, su tienda es heredada por su sobrina Micki Foster (Louise Robey) y el primo político de esta, Ryan Dallion (John LeMay), quienes no se imaginan el peligro que están por enfrentar. Cuando se enteran que las antigüedades vendidas por su tío son capaces de dañar a sus dueños, Micki y Ryan en compañía de Jack Marshak (Chris Wiggins), un viejo amigo de Vendredi con conocimientos de brujería, arte, historia y ciencia, emprenderán una cruzada para recuperar los objetos antes de que sea demasiado tarde. Esta es básicamente la historia de la serie de televisión “Friday the 13th: The Series”, la cual se extendió por tres temporadas entre 1987 y 1990. La historia de su origen es bastante peculiar. El sorpresivo éxito que tuvo la cinta de terror, “Friday the 13th” (1980), la cual eventualmente se convirtió en una gran franquicia compuesta por producciones de bajo presupuesto que para fortuna de los productores, obtuvieron ganancias considerables. Sin embargo, estas fueron ampliamente criticadas en aquella época por repetir la misma fórmula una y otra vez sin ningún tipo de vergüenza. En 1987, la Paramount Pictures decidió aventurarse en el mundo de la televisión sindicada con la serie “Star Trek: The Next Generation” (1987-1994). Este no sería el único proyecto que produciría el estudio, quien creyó conveniente realizar un spin-off televisivo de una de sus franquicias más exitosas, dando de esta forma vida a “Friday the 13th: The Series”.

Como era evidente que un psicópata que ocupa una máscara de hockey y que machete en mano se dedica a asesinar adolescentes no podía ser la estrella de un show semanal, el productor ejecutivo Frank Mancuso se vio forzado a desarrollar un nuevo concepto, lo que evidentemente significaría que la serie solo utilizaría el título de la popular franquicia. En otras palabras, el título se convirtió en un gancho para atraer a los fans de los largometrajes, con la esperanza de que estos se convirtieran en seguidores del show televisivo tras ver un par de episodios. En vez de tener a un asesino en masa como personaje principal, “Friday the 13th: The Series” presentaba a un trío de protagonistas quienes fueron condenados a recuperar antigüedades malditas con capacidades asesinas. Filmada en Canadá con un presupuesto menor a los 500.000 dólares por episodio, la serie estaba protagonizada por la modelo Louise Robey, el virtualmente desconocido John LeMay, y el veterano Chris Wiggins, quien era relativamente conocido por sus numerosos trabajos en televisión. Aunque muchos televidentes se sintieron engañados cuando vieron que el show poco y nada tenía que ver con las correrías de Jason Voorhees, “Friday the 13th: The Series” rápidamente escaló al segundo puesto de audiencia durante la emisión de sus primeros episodios.

 

En cuanto al contenido de la serie, se especializaba en la dramatización de un tipo de personaje en particular: el perdedor. La mayoría de las semanas, algún extraño con bastante mala suerte, que además era poco agraciado, pobre, o presentaba algún problema físico, se encontraba en posesión de una de las antigüedades demoniacas que de alguna forma compensaban sus deficiencias personales. Ante las críticas que comenzaron a aparecer tras la emisión de los episodios de la primera temporada, Jim Henshaw, quien era el encargado de editar las historias, salió en defensa del show: “Nosotros estamos tratando lidiar con las obsesiones faustianas, al mismo tiempo que intentamos explorar el interior de los villanos, sus obsesiones, y lo que ocurre con sus víctimas. Además buscamos insertar un dilema moral en cada episodio, con el fin de presentar ciertas ambigüedades morales existentes en la sociedad. Por lo tanto, queremos lograr aterrorizar en áreas que la gente no suele explorar en busca de horrores”. Si bien todo esto era cierto, y la idea de resucitar de manera semanal la legenda Faustiana era interesante, la serie no resultaba ser particularmente entretenida. Tal y como sucedió con la franquicia cinematográfica, rápidamente la fórmula de “Friday the 13th: The Series” se volvió tan repetitiva, que la mecánica de las historias se tornó predecible: se descubría cual era la antigüedad a encontrar, luego se revelaba su uso, se procedía a la búsqueda del objeto, y luego se incluían algunas secuencias de gore a la mezcla.

Lo que era aún peor que una buena idea ejecutada de manera mediocre, era la guerra que se vivía tras las cámaras entre los creativos de la serie. Falta de comunicación entre los guionistas y los editores, y una fuerte batalla concerniente a la calidad de los efectos especiales, estuvieron a punto de acabar con el show antes del fin de su primera temporada. Pese a todos los problemas que sufrió durante su primer año de emisión, “Friday the 13th: The Series” sobrevivió su primera temporada y fue renovada para una segunda. Louise Robey pronto se convirtió en una estrella de culto entre los círculos de aficionados al horror, lo que provocó que la serie se centrara un poco más en su personaje. Aunque durante la segunda temporada se intentaron incorporar algunos elementos que rompieran una fórmula que ya mostraba un desgaste importante, los guionistas continuaron cayendo en lugares comunes lo que no le ayudó a la serie a conseguir una mayor audiencia. Por ejemplo, un buen número de episodios incluía la trágica muerte de un ser querido o un conocido de alguno de los protagonistas. Mientras que Micki pierde a su compañera de cuarto en “Better of Dead”, y a su pareja en “Master of Disguise”, Jack pierde a un hijo en “Bottle of Dreams”, y a una sobrina en “Symphony in B#”. Finalmente Ryan pierde a una novia en “Double Exposure”, y a su padre en “Pipe Dream”.

 

Otro de los intentos por revitalizar los relatos consistió en trasladar la acción a lugares potencialmente escalofriantes como hospitales (“Dr. Jack”), monasterios (“The Poison Pen”), una seudo comunidad Amish (“The Quilt of Hathor"), prisiones (“The Prisioner”), un faro (“The Pirate´s Promise”), y un culto Druida (“Tree of Life”), entre otros. Sin embargo, después de un tiempo esta pequeña variación visual no fue suficiente para elevar la calidad y los niveles de audiencia del show. Durante la tercera y última temporada, los guionistas decidieron emplear algunas vueltas de tuerca más interesantes. En “The Long Road Home”, los protagonistas se ven obligados a utilizar la antigüedad maldita durante el clímax del episodio. En otros capítulos como “Demon Hunter”, la serie finalmente se alejó del tema del oportunismo humano y el villano de la semana pasó a ser un demonio de cabello largo y enormes garras, mientras que otro episodio de dicha temporada, “The Charnel Pit”, incluía viajes en el tiempo. Todo esto dejaba en evidencia de que por lo menos los guionistas estaban intentando insertar nuevos elementos que ayudaran a evitar la inminente cancelación de la serie. Otro de los cambios importantes que sucedieron en la tercera temporada fue la salida de John LeMay, quien fue reemplazado por Steve Monarque, que llegó a interpretar a un personaje llamado Johnny Ventura. Pese a todos los esfuerzos realizados por el equipo creativo, la serie fue cancelada al final de su tercer año por sus bajos niveles de audiencia.

Algo destacable de la serie, es que se haya atrevido a evitar los finales felices. Sin embargo,  esto fue llevado a tal extremo que "Friday the 13th: The Series" terminó convirtiéndose en un show demasiado sombrío, que no le permitía a los protagonistas interactuar demasiado tiempo con otros personajes, lo que inevitablemente los condicionaba a transformarse en personajes prácticamente unidimensionales. Mientras que Ryan era retratado como un hombre algo infantil con una marcada inclinación por los cómics y la música rock, Micki era más bien una mujer arrogante y engreída, cuya personalidad se fue suavizando a medida que la serie progresaba (de hecho, es quizás el único personaje cuya personalidad evolucionó durante el transcurso del show). Si hubiese que categorizar a los protagonistas, Ryan sería el creyente y el romántico, mientras que Micki era la escéptica y la irritante (por lo menos durante la primera temporada), Es por esto que probablemente el personaje más interesante de la serie era el interpretado por Chris Wiggins. Jack era un filósofo, un guerrero, la figura paterna de los otros dos protagonistas, un artista del engaño, un mago, un historiador, y un experto en lo oculto. Su amplia gama de habilidades le otorgaba la capacidad de aportar con distintos matices en cada uno de los episodios. Lamentablemente, los guionistas no supieron explotar las potencialidades de cada uno de estos personajes, provocando que los espectadores no solo fueran tres pasos más adelante que el trío protagónico en cada uno de los episodios, sino que además lograron que la audiencia se sintiera constantemente frustrada por el escaso poder de deducción de Micki y compañía.

 

Durante sus tres años de emisión, “Friday the 13th: The Series” visitó prácticamente todos los lugares comunes del género del horror. En los episodios aparecieron muñecos demoniacos (“The Inheritance”), la pintura de Dorian Gray (“A Cup of Time”), museos de cera (“Wax Magic”), vampiros ("Baron´s Blood”), y almas en pena (“Wedding in Black”), entre otras cosas. Si bien pocas veces estas ideas fueron ejecutadas de manera brillante, por lo menos el equipo a cargo de la serie fue capaz de plasmarlas de manera correcta. Y es que el show de ninguna manera es terrible, con la excepción de algunos episodios como “Badge of Honor”, donde se intentó aprovechar el boom generado por series como “Miami Vice” (1984-1990) con resultados catastróficos. La verdad es que a fin de cuentas, “Friday the 13th: The Series” fue un show de horror que manejó un buen número de conceptos interesantes con los que se generaron un puñado de buenos episodios, pero que lamentablemente no supo superar la carencia de originalidad que finalmente causó su cancelación. Y es que como dijeron algunos críticos de la época, tal y como sucedía con las películas de la saga original, si veías un episodio de la serie era como si los hubieses visto todos.

       

por Fantomas.

martes, 12 de junio de 2012

Las Garras de Lorelei: La enigmática sirena del Rin.

“Las Garras de Lorelei” (1974), es una cinta de terror del director Amando de Ossorio, la cual está protagonizada por Tony Kendall, Helga Liné y Silvia Tortosa.


En un pueblito ubicado a las orillas del Rin, los habitantes viven asustados ante las muertes que últimamente, de forma inexplicable, acontecen en la zona. Aunque todo parece indicar que se trata de una fiera proveniente del bosque, no todos piensan así. Algunos lugareños creen que la culpable es Lorelei (Helga Liné), la mítica sirena que vigila el oro del Rin y que ha vuelto de su letargo milenario en búsqueda de sangre.

 

Tras terminar el rodaje de “El Ataque de los Muertos sin Ojos” (1973), el director Amando de Ossorio comenzó a buscar en el mundo de las leyendas y los mitos la inspiración necesaria para darle vida a su próximo proyecto. Eventualmente, el cineasta encontraría algunas referencias mitológicas relacionadas con un pináculo rocoso ubicado a orillas del río Rin llamado Lorelei, las cuales llamarían profundamente su atención. Debido a que el punto en el cual se alza esta roca es una zona particularmente peligrosa y difícil de navegar por su profundidad y fuertes corrientes, muchos marineros perdieron la vida en aquel lugar. Lo que le otorga un mayor aire de misticismo a ese punto geográfico en específico, son los extraños sonidos parecidos a un murmullo que provoca el agua al pasar por ahí. Todo esto sirvió como punto de partida para un par de leyendas germánicas que terminaron siendo plasmadas en poemas, pinturas, canciones, óperas y películas. Una de esas leyendas asegura que el tesoro de los Nibelungos está escondido bajo la roca de Lorelei, mientras que otra leyenda, la cual es bastante más conocida y que en gran medida inspiró el guión de “Las Garras de Lorelei”, relata la historia de una doncella llamada Lorelei, quien tras ser traicionada por su enamorado, se lanzó del risco para convertirse en una criatura acuática cuyo canto lleva a los marineros a su muerte.

Una vez terminado el guión, el cual fusionaba elementos de ambas leyendas con algunos clichés propios del género fantástico, Ossorio rápidamente contrató a la actriz alemana Helga Liné, quien desde el año 1960 se encontraba radicada en Madrid, para interpretar a la enigmática y vengativa Lorelei. Con respecto a su participación en el film, en una entrevista reciente la actriz no solo declaró que Ossorio era un pésimo director y una persona desagradable, sino que además afirmó que la única razón por la que decidió participar en una cinta tan horrible, fue debido a que en aquel entonces era una madre soltera de dos hijos, la cual tenía que pagar las cuentas de alguna forma. El elenco lo completaría la española Silvia Tortosa y el italiano Tony Kendall, cuyas carreras estuvieron fuertemente ligadas al cine fantástico. Por otro lado, como se trataba de una producción de bajo presupuesto, Ossorio y compañía tuvieron que minimizar algunos costos ya sea fabricando artesanalmente determinados efectos especiales, y utilizando material extraído de otras producciones. Fue así como para evitar filmar en Alemania, se utilizaron algunas de las escenas de un documental titulado “The Castles of the Rhine”, las cuales se ensamblaron con unas tomas que el director rodó a orillas del río Alberche, el cual está ubicado en las cercanías de Madrid, para dar la impresión de la que cinta realmente transcurría en un pequeño pueblo germano ubicado a orillas del Rin.

 

En cuanto a la historia, “Las Garras de Lorelei” se desarrolla en un pequeño pueblo alemán el cual está siendo aterrorizado por una serie de macabros asesinatos, cuyo culpable por algún extraño motivo ha decido arrancarle el corazón a sus víctimas. Con el temor de que una de las estudiantes que asisten a un internado ubicado en las cercanías del pueblo se convierta en la nueva víctima del asesino, la profesora Elke Ackerman (Silvia Tortosa) decide contratar los servicios de Sirgurd (Tony Kendall), un joven cazador que no tardará en imponer sus propias reglas y en conquistar a gran parte de las jóvenes que residen en el lugar. En una de sus primeras rondas por las cercanías del internado, Sirgurd descubre en una cabaña aparentemente abandonada, a una misteriosa mujer con la que rápidamente establece un vínculo inexplicable. Para su sorpresa, no pasa mucho tiempo antes de que descubra que dicha mujer es nada menos que Lorelei, una criatura marina que cada vez que hay luna llena, sale de su guarida para conseguir corazones humanos que le permitan retornar a su sueño milenario. Sin embargo, ahora que se ha empecinado a convertir a Sirgurd en su compañero para toda la eternidad, al joven no le quedará más remedio que involucrarse en una carrera frenética cuyo objetivo es detener a Lorelei antes de que esta cumpla con su horrible misión.

La trama del film bien podría considerarse como la conjugación de dos corrientes narrativas, donde la primera está claramente ligada con el género del horror y con las historias que tienen a monstruos como Drácula como protagonistas, mientras que la segunda se mete de lleno en los terrenos del melodrama. Al igual que el famoso vampiro, Lorelei es un monstruo inmortal que acecha por las noches a sus víctimas, el cual se ve en la necesidad de extraerle el corazón a sus víctimas para así prologar su existencia, tal y como Drácula necesita la sangre de los humanos para conservar su vida eterna. Siguiendo con los paralelos existentes entre el Conde y Lorelei, con el fin de proteger a un determinado grupo de mujeres, Sirgurd se hace asesorar por el profesor Von Lander (Sergio Mendizábal), quien ha dedicado su vida a estudiar el mito de la extraña criatura marina, lo que lo ha llevado a descubrir que la radiación es lo único que puede acabar con su vida. Al mismo tiempo, Sirgurd descubre que Lorelei presenta otra debilidad; tal y como Drácula no puede exponerse a la luz del sol, Lorelei no puede permanecer demasiado tiempo fuera del agua sin poner en riesgo su existencia. Finalmente, una vez que el héroe de turno ha logrado determinar las debilidades de la mujer, este concentra sus esfuerzos en encontrar la guarida de la seductora criatura para así terminar con la amenaza que esta representa. En cuanto a la naturaleza melodramática del film, esta se ve reflejada en el triángulo amoroso conformado por Lorelei, Sirgurd y Elke Ackerman. Si bien la relación de estos dos últimos no comienza de la mejor manera, eventualmente la atractiva profesora no puede seguir ocultando sus sentimientos hacia su viril protector, lo que inevitablemente la convierte en el blanco de la furia de Lorelei, quien no está dispuesta a perder a su amado a manos de otra mujer.

 

El hecho de que Lorelei sea una villana con una historia trágica, en cierta medida contribuye a que el espectador empatice en algún grado con su situación. Y es que su mayor deseo es encontrar a alguien que la acompañe por toda la eternidad. Sin embargo, por motivos obvios, sus eventuales enamorados mortales inevitablemente terminan dejándola completamente sola. En cuanto al ámbito de las actuaciones, Helga Liné se destaca como la enigmática, seductora y cruel Lorelei. Tony Kendall y Silvia Tortosa por su parte, realizan una labor correcta aun cuando su interpretación se ve afectada por un puñado de diálogos deficientes y por situaciones que rompen con el tono de suspenso que intenta establecer el film. En relación al aspecto técnico de la producción, esta cuenta con la disonante banda sonora del compositor Antón García Abril, el encomiable diseño de producción de Cruz María Baleztena y Alfonso de Lucas, el cual se asemeja bastante a lo visto en las cintas de horror gótico de la productora británica Hammer Films, y los atractivos e ingeniosos efectos especiales diseñados por Alfredo Segoviano, los cuales en gran medida impiden que ciertos segmentos de la cinta caigan en la comedia involuntaria a causa de la evidente ineptitud del director.

Si bien Amando de Ossorio es conocido por haber sido el responsable de algunas de las joyas del cine fantástico español de bajo presupuesto, es necesario reconocer que no era precisamente un gran director. Aun cuando la historia de “Las Garras de Lorelei” poseía un tremendo potencial, este no pudo ser completamente explotado debido a la presencia de algunos detalles que inevitablemente alteran el resultado del producto. Por ejemplo, a ratos el relato carece de cohesión debido a que de golpe son introducidos una serie de personajes los cuales no tienen mayor relevancia en la trama, lo que provoca que la acción se traslade sin control de un lugar a otro sin respetar ninguna lógica narrativa. Además de esto, el film contiene algunas escenas completamente ridículas e innecesarias que atentan con destruir la atmósfera de suspenso y paranoia que Ossorio logra construir en algunos pasajes del relato. Dichas escenas transcurren en su mayoría al interior del internado, y se concentran en la relación que Sirgurd establece con las jóvenes que residen en el lugar, las cuales hacen todo lo posible por conquistar al galán recién llegado, quien coquetea constantemente con ellas. Más allá de estos factores, hay que reconocer que “Las Garras de Lorelei” es una película entretenida, que presenta una estética hammeriana, unas buenas dosis de gore, una interesante fusión de elementos de diversos géneros narrativos, bellas mujeres, y un encanto que finalmente resulta inexplicable, tan inexplicable como el poder de seducción de Sirgurd, quien provoca que prácticamente todas las mujeres que aparecen en la película pierdan el control ante su mera presencia.

              

por Fantomas.

miércoles, 6 de junio de 2012

Lifeforce: Sexo, alienígenas, y fin del mundo.

“Lifeforce” (1985), es una cinta de horror y ciencia ficción del director Tobe Hooper, la cual está protagonizada por Steve Railsback, Mathilda May, y Peter Firth.

La nave espacial angloamericana "Churchill" va en misión de estudio hacia el cometa Halley, que se está acercando a la Tierra. Al llegar a destino, encuentran una nave extraterrestre que viaja en la cola del famoso cometa. En su interior, sólo hallan tres ataúdes de cristal con lo que parecen ser dos hombres y una mujer. Cuando estos llegan a la Tierra, desatan un caos alucinante que comienza en Londres y que amenaza con ser solo el inicio del fin del mundo como lo conocemos.

 

Tras comprar los derechos de la novela “Space Vampires”, del escritor Colin Wilson, el productor Manahem Golan contactó al director Tobe Hooper con la intención de llevar el relato a la pantalla grande. Entusiasmado con la idea adaptar la historia, el realizador contactó a Dan O´Brannon y a Don Jakopy para que escribieran el guión. Fue así como se inició una labor que se extendió durante 22 semanas, en las que además Hopper y su equipo de filmación trabajaron en Londres en la construcción de los escenarios, y en el desarrollo de diversos efectos especiales que le permitieran a la cinta distinguirse de otras producciones de similares características. Pese a que el director contó con total libertad creativa y un presupuesto inicial de 15 millones de dólares, el cual eventualmente se elevó a 25 millones debido a que Manahem Golan decidió que era prudente invertir más dinero, el rodaje no estuvo exento de problemas. La inclinación por la experimentación de John Dykstra, quien estaba a cargo de los efectos especiales, no solo provocó una explosión que quemó por completo uno de los sets, sino que además le causó una serie de quemaduras de gravedad al actor Bill May, quien tuvo que ser rescatado de un destino peor por el equipo de filmación. Debido a estos lamentables acontecimientos, Dykstra fue forzado a terminar los efectos especiales en su estudio de Los Ángeles, los cuales posteriormente fueron incluidos por Hooper quien aún se encontraba trabajando en Inglaterra.

“Lifeforce” comienza a bordo del transbordador espacial Churchill, cuyos tripulantes, que forman parte de una aventura conjunta del gobierno americano y el británico, tienen por misión investigar los misterios que esconde el cometa Halley, el cual coincidentemente está pasando cerca de la superficie terrestre. Para su sorpresa, en la cola del cometa encuentran una extraña nave alienígena, que en su interior alberga tres ataúdes de cristal que contienen tres cuerpos humanoides. Tras recoger los ataúdes, se iniciará una serie de acontecimientos que darán como resultado el aterrizaje forzoso del transbordador en la superficie terrestre, y la supuesta muerte de la totalidad de sus tripulantes. Para sorpresa de los encargados de la Agencia Espacial Europea que estaba a cargo de monitorear la misión, lo único que logró mantenerse intacto tras la tragedia fueron los tres ataúdes de cristal, los cuales terminan siendo llevados a su centro de operaciones. Es durante la investigación de la naturaleza de las formas humanoides que se encuentran en su interior, que estas despiertan desatando el caos en el lugar, lo que luego se traslada a Londres y a sus alrededores. Es entonces cuando el único sobreviviente del Churchill, el Coronel Tom Carlsen (Steve Railsback), el Coronel Colin Caine (Peter Firth), y el Doctor Hans Fallada (Frank Finlay), deberán unir fuerzas para detener a estos alienígenas que amenazan con destruir el mundo.

 

El contexto social que se esconde tras la historia de “Lifeforce” es el auge de una enfermedad que a mediados de los ochenta sería identificada con el nombre de SIDA, y que sería reconocida como una epidemia que puede afectar a todo el mundo sin importar las inclinaciones sexuales de cada persona. El hecho de que el trío de alienígenas, encabezados por una atractiva mujer (Mathilda May), se apropien de la energía de las personas que tocan (como si de vampiros se tratase), y que estas a su vez tengan un tiempo determinado para apropiarse de la energía de otros individuos antes de convertirse en polvo, hace clara referencia a las enfermedades de transmisión sexual donde el portador de esta contagia a todos aquellos que tienen contacto con él. Pese al conocimiento del alcance del SIDA, de todas formas la cinta incluye un par de escenas que resultan ser un guiño a la idea de que esta enfermedad es más común en la comunidad homosexual. La primera ocurre durante una autopsia, en la que la supuesta víctima (un hombre), mesmeriza al patólogo y mediante un beso lo convierte en un portador más de la “enfermedad”. La segunda escena involucra un beso entre Carlsen y un psiquiatra interpretado por Patrick Stewart, cuyo objetivo es descubrir si este último está actuando como vehículo de la fuerza vital de la chica alienígena. Y es que con el fin de proteger su verdadero cuerpo, la mujer ha ido traspasando su fuerza vital de cuerpo en cuerpo, obligando a Carlsen y Caine a recorrer Inglaterra en búsqueda de la clave que les permita detener el horror que está por dominar al mundo.

Para reafirmar aún más la idea de que el rastro de muerte y destrucción que van dejando los extraterrestres, tiene relación con las enfermedades de transmisión sexual, la chica ejerce un control hipnótico sobre sus víctimas, que suelen ser varones, el cual está acompañado de algunas insinuaciones de carácter erótico (de hecho, ella deambula completamente desnuda por la Tierra seduciendo a todos quienes tienen la desgracia de encontrársela). La principal víctima de la hipersexualización que ejerce esta “mujer” es Tom Carlsen, quien en un momento del film admite que su mayor temor es no poder controlarse, y sucumbir al incontrolable deseo sexual que le provoca la chica, lo que inevitablemente lo llevará a cometer actos que van en contra de sus principios y de su naturaleza. En relación a esto mismo, el tramo final de la cinta contiene un marcado simbolismo de lo que aparentemente algunas personas pensaban con respecto al tema de la sexualidad en aquel entonces. Londres se encuentra en el más completo caos, dominado por miles de personas infectadas, y una catedral de la ciudad está siendo utilizada por los alienígenas como el punto de recolección de la fuerza vital de los humanos, la cual está subiendo directamente hacia el espacio con el objetivo de poner en funcionamiento su nave espacial. Si analizamos toda la situación, pareciera que se nos está entregando un mensaje propio del puritanismo cristiano, el cual dictamina que si tenemos sexo indiscriminado y eso no nos causa una enfermedad, el precio a pagar será nuestra alma, sentenciándonos a deambular por siempre en el infierno.

 

Más allá del tema de fondo y los simbolismos que presenta el film, este alcanzó cierta notoriedad debido a que toma variados elementos del cine de horror y ciencia ficción, y los combina para dar vida a una historia que no termina por decidir cuál es la amenaza a la que deben hacer frente los protagonista. Lo qué comienza como una cinta de ciencia ficción modélica, no tarda en convertirse en un relato de vampiros, que eventualmente se transforma en una película distópica en la que hordas de zombies se han apoderado de un mundo al borde de su extinción. Esta falta de definición narrativa provoca que el relato se complique más de la cuenta por momentos, llevando a la confusión al espectador a quien eventualmente no le queda más remedio que entregarse a la distorsionada lógica del film. Por otro lado, las actuaciones no son mucho mejores que el guión. Solo Peter Firth logra entregar una interpretación por lo menos correcta, a diferencia de Steve Railsback cuya labor es bastante deficiente. En lo referente al aspecto técnico de la producción, se destaca la banda sonora compuesta por Henry Mancini, el trabajo de maquillaje de Nick Maley, y los efectos especiales realizados por John Dykstra, los que logran ser efectivos aún cuando algunos dejan bastante que desear. 

Lamentablemente para Hooper y compañía, la cinta fue un fracaso de taquilla y además fue ampliamente criticada por Colin Wilson, quien no solo no estaba de acuerdo con las libertades creativas que se tomó el realizador, especialmente en el último tramo de la historia, sino que además denunció que se editaron una buena cantidad de minutos de metraje que terminaron por provocar que el relato a ratos se tornara confuso. Si bien es evidente que Tobe Hooper es un director mediocre, aún cuando dentro de su filmografía existan un par de films destacables que han soportado bien el paso del tiempo, en esta ocasión hay que reconocer que el realizador logra crear con éxito un par de escenas de verdadero terror, y otras que logran retratar de cuerpo completo un mundo que está girando fuera de control por acontecimientos que escapan a la comprensión humana. Aún cuando los problemas que presenta “Lifeforce” son evidentes, terminan siendo parte de su especial encanto. En el fondo, se trata de una película inclasificable pero sumamente entretenida, cuya historia esconde un mensaje social potencialmente incendiario para la época, y cuyo desarrollo es tan impredecible que inevitablemente termina capturando la atención del espectador.

           

por Fantomas.
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