miércoles, 17 de diciembre de 2014

Ransom aka The Terrorists: Terrorismo en la década del setenta.

“The Terrorists” aka “Ransom” (1974), es un thriller del director Caspar Wrede, el cual está protagonizado por Sean Connery, Ian McShane y Jeffry Wickham.

Un grupo de terroristas liderados por Ray Petrie (Ian McShane), secuestran un vuelo proveniente de Gran Bretaña cuando este se encuentra aterrizando en un país de Escandinavia. Todo esto ocurre al mismo tiempo que otros miembros del grupo terrorista, se encuentran recluidos en la casa del Embajador Británico Palmer (Robert Harris), a quien tienen como rehén. Para enfrentar la compleja situación, es asignado el implacable Coronel Nils Tahlvik (Sean Connery), quien no solo tendrá que velar por la vida de los rehenes, sino que también tendrá que hacer lo posible por evitar un inminente conflicto internacional.

 

Durante la primera mitad de la década del setenta, Sean Connery se caracterizó por participar en una serie de producciones algo eclécticas, entre las cuales estaban las recordadas y alabadas “The Offence” (1972) y “The Man Who Would Be King” (1975), y la cuestionable “Zardoz” (1974). Justo en medio de estos dos polos de calidad caería el thriller político “Ransom”, el cual sería dirigido por el realizador finlandés Caspar Wrede, quien hasta ese entonces había desarrollado gran parte de su carrera en televisión. Muchos años antes de que la palabra terrorismo adquiriera una importancia especial, y que el concepto se transformara en una amenaza latente a nivel mundial, en gran medida debido al infame atentado a las Torres Gemelas, en algunos lugares del mundo el terrorismo ya se presentaba como una espina que buscaba destruir ciertos consensos establecidos por la sociedad civilizada. Resulta importante recordar que el terrorismo no está limitado a un solo grupo de personas. Sujetos de todas las ideologías, colores, religiones y agendas, han utilizado el terror como una herramienta para lograr una determinada causa, realizar un llamado de atención, o hablar radicalmente contra un gobierno, solo por nombrar algunos motivos recurrentes. Por ejemplo, a principios de la década del setenta, Reino Unido veía como los miembros del Ejército Republicano Irlandés (IRA) se alzaban como un verdadero grupo terrorista en su búsqueda por combatir el colonialismo británico reinante en Irlanda. Basado en el creciente aumento de la violencia por parte de grupos como el IRA, el guionista Paul Wheeler desarrolló un guión que buscaba reflejar los peligros y las ramificaciones políticas de esta nueva amenaza, el cual eventualmente titularía “Ransom”.

El film de Wrede se centra en un grupo de terroristas, liderados por el temido Martin Shepherd (John Quentin), el cual ha secuestrado al embajador británico residente en un país ficticio de Escandinavia. Sus demandas son sencillas: el embajador será liberado una vez que varios de sus compañeros encarcelados sean dejados en libertad por las autoridades británicas. Ante la posibilidad de que sus planes se vean frustrados, otro pequeño grupo de terroristas liderados por un hombre llamado Ray Petrie, ha secuestrado un vuelo comercial repleto de pasajeros inocentes, a los cuales planea utilizar como moneda de intercambio en caso de que la situación de Shepherd se complique. Lamentablemente para los secuestradores, durante el aterrizaje del vuelo, en una arriesgada maniobra el piloto de dicho avión (Norman Bristow), inutiliza el tren de aterrizaje para que de esta forma la aeronave no pueda moverse de una de las pistas de aterrizaje, y las autoridades dispongan del tiempo suficiente como para evaluar las acciones a seguir. Ante la compleja situación, el Gobierno Británico decide aceptar cada una de las peticiones de los terroristas. Sin embargo, el experto en seguridad nacional local Nils Tahlvik tiene unas órdenes muy diferentes; sus superiores lo han autorizado a intentar frustrar el plan de los terroristas con la finalidad de capturarlos, antes de que las autoridades británicas les permitan salirse con la suya.

 

Con la intención de establecer los alcances de la amenaza terrorista existente en aquel entonces, “Ransom” comienza con una serie de imágenes de archivo de diversos ataques terroristas, tras lo cual la acción se traslada rápidamente a la residencia del Embajador Británico en el país escandinavo en el cual se desarrolla el film. Ataviados con unas medias sobre sus rostros, Martin Shepherd y sus compañeros se encargan de establecer sus demandas para posteriormente en el film, describir de manera bastante superficial los motivos que los han llevado a involucrarse en una violenta lucha contra un sistema que consideran corrupto. En la vereda contraria se encuentra Nils Tahlvik, un policía determinado e implacable con muy poca experiencia en situaciones ligadas al terrorismo, el cual no solo deberá lidiar con dos secuestros de manera simultánea, sino que además tendrá que buscar la forma de superar las presiones políticas que trae consigo la participación de diplomáticos tales como el gravemente enfermo Embajador Palmer, y el Capitán Frank Barnes (Jeffry Wickham), quien ha sido enviado por el gobierno Británico para supervisar toda la operación. Esto provoca que la situación se vuelva una verdadera batalla de ingenios entre los involucrados, especialmente entre Tahlvik y Petrie, quienes desde sus respectivas trincheras buscan la forma de doblegar a su rival.

Uno de los principales problemas de “Ransom” es el exceso de complicaciones que presenta un guión a ratos algo confuso, lo que provoca que el film pierda bastante intensidad a medida que se va desarrollando el conflicto. A raíz de esto mismo, existen algunas subtramas que de un momento a otro pierden total importancia, y lo que es peor, es que el hecho que desencadena la serie de situaciones en las que se ven involucrados Talhvik, el Capitán Barnes, y el resto de los personajes que interactúan en la cinta, a ratos se diluye al punto de convertirse casi en una anécdota. Sin embargo, el mayor problema que presenta el film de Wrede es que jamás se sumerge de lleno en la exploración de las consecuencias de los actos terroristas, por lo que el director no se toma la molestia de explorar la mentalidad y la ideología de los terroristas, ni tampoco de retratar la reacción de quienes se convierten súbitamente en sus rehenes, ni menos de mostrar las consecuencias políticas del accionar final del protagonista, el cual inevitablemente resulta algo errático y antojadizo, aun cuando se entiende que es su forma de demostrar su disconformidad con la peculiar manera en la que el Gobierno Británico parece estar combatiendo el terrorismo. Por otro lado, resulta a lo menos sorprendente la pasividad con la que los pasajeros del vuelo secuestrado se toman la situación en la que se ven envueltos, lo que provoca que se establezca una relación prácticamente cooperativa entre los rehenes y los terroristas, la cual termina mermando por completo el interés del espectador por los destinos de todos los involucrados.

 

En el ámbito de las actuaciones, el elenco en general realiza una labor correcta interpretando a un puñado de personajes que no pueden escapar de su propia unidimensionalidad. Sean Connery una vez más demuestra que es poseedor de una presencia magnética, lo que en cierta medida permite que el espectador perdone el hecho de que el escandinavo Coronel Talhvik posea un inconfundible acento escoses. Lo que vuelve medianamente interesante al protagonista, es que es un hombre que no solo se limita a seguir órdenes, sino que se atreve a investigar qué es lo que se oculta tras el riesgoso plan de los terroristas, aun a sabiendas de las consecuencias políticas y personales que podría causar su testarudez. Ian McShane por su parte, también realiza un buen trabajo interpretando a un terrorista frio y calculador, el cual termina siendo protagonista de una de las vueltas de tuerca más interesantes del film. En cuanto al aspecto técnico de la producción, no solo resulta destacable el estupendo trabajo de fotografía de Nils Nykvist, en especial durante una secuencia de persecución aérea que se desarrolla en medio de unas montañas nevadas, sino que además la efectiva banda sonora del compositor Jerry Goldsmith, pese a no ser una de las creaciones más memorables del elogiado músico.

Dentro de las cosas positivas de “Ransom”, se pueden destacar una serie de interesantes escenas en las cuales los protagonistas discuten acerca de las ventajas y las desventajas de las diferentes tácticas de negociación con los terroristas. Es así como se contrarrestan los beneficios de ceder ante sus demandas y salvar de esa forma las vidas de decenas de inocentes sin la necesidad de derramar de sangre, con las desventajas de intentar frustrar sus planes, para así no sentar un precedente que sería nefasto para un país pequeño como el que sirve de escenario para esta película. Y es que ni Tahlvik ni sus superiores desean convertirse en el blanco de futuros ataques terroristas, por lo que harán todo lo que esté a su alcance para demostrar que tienen cero tolerancia con el terrorismo. Más allá de eso y de la sorpresiva vuelta de tuerca final de la cinta, “Ransom” no es más que un thriller político promedio. A todo lo antes mencionado, no ayuda el hecho de que el guión confine al personaje interpretado por Connery a una oficina, la cual se convierte en el centro de operaciones desde el cual intenta superar en ingenio a los terroristas. Lamentablemente para cuando él se mete de lleno en la acción, ya es demasiado tarde. Aunque evidentemente existen thrillers de temáticas similares mejor confeccionados que el film de Caspar Wrede, este a lo menos funciona como una suerte de cápsula temporal del terrorismo reinante en la década del setenta, el cual según la particular visión del director, parecía ser un terrorismo bastante más inofensivo que el existente hoy en día.


por Fantomas.

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