viernes, 20 de junio de 2014

The Red Queen Kills Seven Times: El segundo giallo de la corta carrera de Emilio Miraglia.

“La Dama Rossa Uccide Sette Volte” (1972), es un giallo del director Emilio Miraglia, el cual está protagonizado por Barbara Bouchet, Ugo Pagliai y Marina Malfatti.

Kitty Wildenbrück (Barbara Bouchet) jamás ha podido superar el sentimiento de culpa que le provocó el asesinato accidental de su hermana Evelyn, con quien nunca se llevó del todo bien, el cual fue ocultado de la luz pública gracias a la ayuda de su hermana Franziska (Marina Malfatti) y su marido Herbert (Nino Korda). Varios meses más tarde, cuando el abuelo de las muchachas fallece en extrañas circunstancias, comienzan a ocurrir una serie de violentos asesinatos los cuales según varios testigos, son cometidos por una mujer morena que viste una vistosa capa roja. Aterrada por la similitud de la situación con una vieja leyenda familiar, Kitty se ve obligada a descubrir si la responsable de los crímenes es en verdad su hermana Evelyn, quien parece haberse levantado de la tumba para vengarse de la responsable de su prematura muerte.

 

Tras el estreno de “La notte che Evelyn uscì dalla tomba” (1971), el director italiano Emilio Miraglia rápidamente comenzó con los preparativos de su nuevo proyecto, con el cual pretendía incursionar nuevamente en el entonces popular género del giallo. En compañía del escritor Fabio Pittorru, Miraglia confeccionó un guión con el cual esperaba desarrollar un discurso feminista que llamaba a rebelarse en contra del orden patriarcal existente en la sociedad italiana, mediante la inclusión de una figura asesina femenina. En “La Dama Rossa Uccide Sette Volte”, Miraglia cuenta la historia de dos jóvenes hermanas, las cuales pertenecen a una familia aristocrática alemana que durante siglos ha sido víctima de una peculiar maldición. La leyenda cuenta que, varios siglos atrás, dos antepasadas de la dupla de hermanas conocidas solo como la Reina Roja y la Reina Negra, desarrollaron un marcado resentimiento entre sí. Después de soportar varios años de tormento a manos de la Reina Roja, la Reina Negra finalmente terminó asesinando a su hermana mientras ella dormía. Exactamente un año después de dicho acontecimiento, la Reina Roja se levantó de su tumba y asesinó a seis personas inocentes antes de acabar con la vida de la Reina Negra en venganza por lo sucedido. Desde entonces, según la leyenda, la historia se ha repetido una y otra vez: cada cien años, las descendientes de las hermanas están llamadas a recrear dicho drama homicida, lo que significa que durante cada una de las supuestas reencarnaciones de la Reina Roja, siete personas están destinadas a morir de manera violenta sin que nadie pueda hacer nada al respecto para evitar tan trágico desenlace.

Cuando el film comienza, el ciclo concerniente a la maldición parece haber sido quebrantado. Aunque la relación actual entre Kitty y Evelyn está lejos de ser amistosa, ambas parecen estar sanas y salvas. Mientras que Kitty trabaja como fotógrafa en una agencia de modas establecida en su ciudad natal, Evelyn supuestamente se encuentra estudiando en los Estados Unidos. Sin embargo, Miraglia pronto le revela al espectador la horrenda verdad: hace algún tiempo, Kitty asesinó accidentalmente a su cruel hermana durante una pelea ocurrida al interior de los terrenos de la familia. Asustada por lo acontecido, Kitty decide recurrir a su prima Franziska y a su marido Herbert, quienes rápidamente la ayudan a esconder el cuerpo de Evelyn en la cripta de la mansión gótica de su abuelo Tobías (Rudolf Schündler). Lamentablemente para los integrantes de la familia Wildenbrück, poco tiempo después de aquel trágico acontecimiento, aparece una misteriosa figura vestida de rojo que exhibe un particular parecido con la fallecida Evelyn, la cual comienza a asesinar brutalmente a varias personas cercanas a Kitty, lo que sugiere que la maldición se ha vuelto a repetir. Naturalmente, gran parte de los empleados de la agencia de modas en la que trabaja la protagonista se convierten en los principales sospechosos de los crímenes. Entre ellos se encuentran Lulu Palm (Sybil Danning), una voluptuosa y ambiciosa modelo; Hans (Bruno Bertocci), el pervertido director de la agencia; su asistente Rosemary (Maria Pia Giancaro); y Martin Hoffmann (Ugo Pagliai), quien además de ser la pareja de Kitty, es el vice-director de la agencia y el principal sospechoso del Inspector Toller (Marino Mase). Además de ellos, también aparece como sospechosa la desequilibrada esposa de Martin, quien se encuentra recluida en una institución siquiátrica, y Peter (Fabrizio Moresco), el ex-novio drogadicto de Evelyn.

 

“La Dama Rossa Uccide Sette Volte” guarda una serie de similitudes temáticas con la ya mencionada “La notte che Evelyn uscì dalla tomba”, lo que revela algunas de las obsesiones de Miraglia. Para comenzar, ambos films se centran en personajes obsesionados con mujeres fallecidas cuyo nombre es Evelyn, a lo que se suma el hecho de que ambas producciones cuentan con un personaje que en algún momento estuvo encerrado al interior de una institución siquiátrica. Resulta evidente que el director muestra un especial interés por la locura y la muerte, y por cómo estos elementos por lo general suelen estar conectados dentro del particular mundo del giallo. Al mismo tiempo, Miraglia en esta ocasión se preocupa de establecer ciertas dualidades que le otorgan una profundidad mayor al relato. Más allá de las dualidades más obvias representadas por Kitty y Evelyn, o por sus supuestas antepasadas, el director se encarga de yuxtaponer la realidad con lo netamente fantástico, particularmente durante la secuencia inicial donde una pequeña Evelyn tras robar una muñeca propiedad de su hermana, procede a apuñalarla violentamente supuestamente influenciada por una pintura que retrata el destino de la Reina Roja y la Reina Negra. Desde ese momento, Miraglia permite que el mundo folclórico se infiltre en el mundo real, infectando a todos sus habitantes. Y es que Tobías cree en la leyenda familiar a tal punto, que permite que esta gobierne su vida y sus decisiones, condicionando también la vida de sus queridas nietas.

Lo que resulta aún más llamativo, es el hecho que comparada con los héroes nominales del film, la frígida y neurótica Kitty, y su zalamero novio Martin, quien convenientemente ha encerrado a su desequilibrada esposa en una institución siquiátrica para así poder perseguir una relación con Kitty, la Reina Roja emerge como un personaje más interesante para el espectador. Y es que sus víctimas por lo general resultan ser personajes que parecen ser merecedores de su cruel destino, como por ejemplo Hans, el insufrible director de la agencia de modas donde trabaja la protagonista, el cual es asesinado mientras se encuentra en un parque buscando prostitutas para saciar sus particulares inclinaciones sexuales, o personajes que tienen tan pocos minutos en pantalla que la audiencia no logra crear un nexo significativo con ellos. Curiosamente, al seleccionar a este tipo de víctimas la Reina Roja se convierte en una suerte de vengadora feminista, ya que gran parte de ellas pertenecen a una industria que convierte a las mujeres en un objeto con fines comerciales. Hasta cierto punto, Miraglia incentiva al espectador a identificarse con la cruzada criminal de la Reina Roja, no solo presentándola como una verdadera fuerza imparable de carácter cuasi omnipresente, sino que además incluyendo secuencias que pretenden retratar su retorcido punto de vista, convirtiendo de esta forma a la audiencia en un cómplice más de sus crímenes.

 

Aun cuando su personaje es prácticamente unidimensional, Barbara Bouchet no solo se alza como una actriz con un carisma y una belleza innegable, sino que además ella logra inyectarle algo de emoción genuina a la atribulada Kitty Wildenbrück. El resto del elenco realiza un trabajo correcto, aunque más que por sus dotes interpretativas, las actrices Marina Malfatti, Sybil Danning y Maria Pia Giancaro se destacan por su desbordante sensualidad. En cuanto al aspecto técnico del film, resulta destacable tanto el diseño de producción de Lorenzo Baraldi, como el trabajo de fotografía de Alberto Spagnoli. Ambos contribuyen en la construcción de la atmósfera misteriosa y espeluznante que exuda el castillo gótico de la familia Wildenbrück, dentro del cual suceden varios de los acontecimientos clave de la trama. Afortunadamente, el equipo conformado por Miraglia, Baraldi y Spagnoli, logra trasladar dicha atmósfera a gran parte de los escenarios en los que transcurre el film, lo que contribuye a establecer la noción de que ningún lugar es lo suficientemente seguro como para evitar la venganza de la Reina Roja. Por último, es necesario mencionar la banda sonora compuesta por Bruno Nicolai, quien como de costumbre cumple con entregar un par de piezas musicales que complementan a la perfección tanto la belleza de las imágenes, como el tono malsano que domina a la producción.

Como sucede con prácticamente todos los giallos, “La Dama Rossa Uccide Sette Volte” está lejos de ser una película perfecta. Además de presentar algunos problemas narrativos que complejizan más de la cuenta algunos puntos de la trama, el film incluye una escena de violación que resulta ser completamente innecesaria ya que luego de sucedida, nunca más se habla del tema, por lo que su inclusión parece ser una burda excusa para ver a Barbara Bouchet desnuda, lo que es completamente inaceptable. Pese a lo antes mencionado, resulta evidente que en esta producción Emilio Miraglia logró ejecutar de mejor forma algunos elementos narrativos que en “La notte che Evelyn uscì dalla tomba” planteó de manera algo torpe. Curiosamente, pese a que todo parecía indicar que el éxito obtenido con este díptico de giallos incentivaría a Miraglia a trabajar en nuevos proyectos de corte similar, el director desapareció de la faz de la Tierra luego de rodar un western titulado “Spara Joe... e così sia!” (1972), el cual no tardaría en pasar al más completo olvido. En definitiva, “La Dama Rossa Uccide Sette Volte” se alza como un giallo absolutamente disfrutable, el cual ostenta un cuidado aspecto visual, una historia bien construida con múltiples giros de tuerca, y unos veinte minutos finales que se caracterizan por presentar un ritmo narrativo tan frenético como el actuar de la implacable Reina Roja.



por Fantomas.

lunes, 16 de junio de 2014

All The Colors Of The Dark: El giallo y su aproximación al ocultismo.

“Tutti i colori del buio” (1972), es un giallo del director Sergio Martino, el cual está protagonizado por Edwige Fenech, George Hilton y Susan Scott.

Jane Harrison (Edwige Fenech) vive en Londres con Richard Steele (George Hilton), su novio. Lamentablemente para ella, desde hace algún tiempo ha estado teniendo cruentas pesadillas, las cuales están influenciadas por el asesinato de su madre ocurrido hace ya varios años, y por un accidente reciente que provocó que perdiera el bebé que estaba esperando. Mientras que Richard cree que la solución para el problema de Jane es el consumo de vitaminas, su hermana Barbara (Susan Scott) le recomienda que consulte a un psicoanalista. Sin embargo, influenciada por una misteriosa vecina llamada Mary (Marina Malfatti), Jane termina asistiendo a una misa negra, lo que desencadenará lo que parece ser su lento descenso a locura.

 

De las cinco películas que el director italiano Sergio Martino filmó entre 1971 y 1973, probablemente “Tutti i colori del buio” es la más interesante de todas. Y es que a diferencia del resto de los films que comprenden dicha etapa del director, la cual está conformada por “Lo strano vizio della Signora Wardh” (1970), “La coda dello scorpione” (1971), “Il tuo vizio è una stanza chiusa e solo io ne ho la chiave” (1972) y “Torso” (1973), esta producción en particular escapa de los típicos cánones del giallo para inspirarse en la exitosa cinta de terror psicológico “Rosemary´s Baby” (1968), del director Roman Polanski. Tras ver el film del cineasta polaco, Martino se propuso confeccionar un giallo que tuviese una clara relación con el mundo del ocultismo, para así darle nueva vida a un género que se estaba quedando falto de ideas. Con esto en mente, el director se acercó al guionista Santiago Moncada, quien previamente había trabajado con Mario Bava en la cinta “Il rosso segno della follia” (1970), con el fin de escribir una historia que se adaptara a la peculiar idea que él tenía en mente. Dicha historia posteriormente sería adaptada por la dupla conformada por Ernesto Gastaldi y Sauro Scavolini, quienes para ese entonces ya se habían convertido en colaboradores habituales de Martino.

Tras una introducción consistente en una pesadilla en la cual conviven una mujer embarazada lista para dar a luz, una escalofriante anciana vestida como si fuese una niña, una mujer desnuda sobre una cama la cual intenta defenderse del mortal ataque de un psicópata de intensos ojos azules, y la secuencia en negativo de lo que parece ser un accidente automovilístico, aparece Jane, la sufrida protagonista que actualmente está cursando un cuadro de depresión causado por la pérdida del niño que llevaba en su vientre, luego de protagonizar un accidente de tráfico causado torpemente por su pareja Richard. Como si esto fuera poco, Jane además tiene que cargar con el trauma del inexplicable asesinato de su madre, el cual ocurrió cuando ella y su hermana Barbara eran tan solo unas niñas. Todo esto le ha provocado una serie de pesadillas cada vez más vívidas, que han influido directamente en su relación de pareja, y la han convertido en una persona solitaria cuyo único contacto fuera de su hogar es su hermana Barbara. Preocupada por la situación, Jane no solo accede a tomar unas vitaminas que le ha estado dando Richard, sino que además ante la insistencia de su hermana, acepta visitar al Doctor Burton (George Rigaud), un psicoanalista que asegura que puede ayudarla a solucionar su peculiar problema. Sin embargo, ante la aparición de un hombre idéntico al que habita en sus sueños (Ivan Rassimov), el cual parece seguirla a donde quiera que vaya, Jane no tiene más remedio que adoptar una medida extrema para resolver su delicada situación; influenciada por su nueva vecina Mary, Jane accede a participar en un ritual satánico cuyas consecuencias irán más allá de todo lo que ella pudo haber imaginado, convirtiendo su vida en un verdadero infierno.

 

Tal y como sucede en la ya mencionada “Rosemary´s Baby”, en el film de Martino la protagonista es una mujer que experimenta un estado de paranoia constante provocado por sus vivencias personales y por determinados hechos que han estado ocurriendo a su alrededor, lo que ha gatillado su cada vez más marcado aislamiento del resto del mundo. Al mismo tiempo, la inclusión de un embarazo como evento detonante del frágil estado psicológico de Jane, la insinuación de que su pareja Richard no es de fiar, la presencia de un culto satánico cuyos rituales están marcados por el sexo y la sangre, y la constante sensación de claustrofobia a la que es sometida la protagonista, son otros de los paralelos que se pueden trazar entre “Tutti i colori del buio” y la ya clásica cinta de Polanski. Con respecto a esto último, llama la atención como Martino retrata la sensación de claustrofobia y aislamiento que experimenta Jane, ya sea mediante el uso de primeros planos cuando ella se encuentra al interior de determinados escenarios cerrados, o de planos abiertos cuando ella está en medio de escenarios urbanos, los cuales por lo general son filmados detrás de diversos objetos para así crear la ilusión de que ella está siendo constantemente observada. Cabe mencionar que todo esto es complementado con el uso de peculiares ángulos de cámara, y por una edición por momentos realmente frenética. Gracias a esto, Martino convierte a “Tutti i colori del buio” en una pesadilla surrealista, lo que le permite jugar con las expectativas del espectador quien al igual que Jane, le resulta difícil distinguir la fantasía de la realidad.

Algo que sin lugar a dudas logra cimentar el cariz surrealista que posee el film, es el hecho de que la mayoría de las muertes que presenta “Tutti i colori del buio” suceden fuera de pantalla, o bien acontecen dentro del contexto de un sueño. A raíz de esto, los únicos asesinatos verificables son aquellos cometidos por Jane o por Richard, lo que no solo le otorga una ambigüedad inusitada a la cinta, sino que además provoca que esta resulte ser bastante menos sangrienta que el promedio de los giallos. Afortunadamente, Martino compensa la falta de violencia gráfica con diversas escenas de desnudo de la magnética Edwige Fenech, y con un par de secuencias realmente efectivas, entre las que se encuentran la ya mencionada secuencia de la pesadilla constante de Jane, y aquellas que se centran en los rituales satánicos liderados por el oscuro personaje interpretado por Julián Ugarte. Con respecto a dichos rituales, estos no solo quedan grabados en la retina del espectador por presentar a una serie de personajes repulsivos reunidos en torno al cuerpo desnudo de la protagonista, quien no puede ocultar su desagrado y su temor una vez que el líder de la secta se abalanza sobre ella, dando inicio a una grotesca orgía cuyo supuesto objetivo es librar a Jane de la frigidez y la sensación de paranoia que ha provocado un serio quiebre en su relación con Richard y con el resto del mundo, sino que además una de estas secuencias incluye el asesinato ritual de un pequeño perro, escena que rápidamente se convierte en una de las más escabrosas de todo el film.

 

Resulta evidente que el film no tendría el impacto que posee si no fuese por la correcta labor del elenco participante. Edwige Fenech no solo se destaca por su innegable belleza y su desbordante sensualidad, sino que además por su capacidad de expresar de manera realista la sensación de pánico y desconcierto que siente su personaje cuando se da cuenta que es incapaz de distinguir que es real y que es producto de su volátil imaginación. El actor de origen uruguayo George Hilton por su parte, aun cuando su personaje solo obtiene unos pocos minutos de pantalla, logra interpretar de forma convincente a un hombre que no es del todo sincero con su pareja, lo que provoca que inevitablemente el espectador sospeche de sus verdaderas intenciones con Jane. Quien obtiene un mayor protagonismo en el film es Ivan Rassimov, quien interpreta a un misterioso hombre de penetrantes ojos azules que comienza a acosar a Jane sin motivo aparente. Pese a no tener muchas líneas de diálogo, Rassimov se alza como una presencia amenazante que provoca un gran impacto en el relato. En cuanto al aspecto técnico de la cinta, uno de los elementos más memorables de “Tutti i colori del buio” es el trabajo de fotografía de Miguel Fernández Mila y Giancarlo Ferrando. El trabajo de cámara se nutre constantemente de la belleza de los escenarios londinenses, al mismo tiempo que es el gran responsable del suspenso y los tintes surrealistas que presenta el relato. Todo esto es complementado por la atmosférica banda sonora del compositor Bruno Nicolai, la cual además cumple con realzar el tono psicodélico que domina algunos pasajes del film.

Si bien se podría argumentar que “Tutti i colori del buio” no es precisamente un giallo debido a la ausencia de algunos elementos visuales/narrativos característicos del género, como por ejemplo la presencia del clásico asesino enguantado, es innegable que el film de Martino conserva otros como el misterio, la paranoia, el erotismo, y la participación de un testigo ocular, el cual está encarnado en la figura de la inestable Jane. De hecho, el acto inaugural de la trama establece que Jane presenció cómo su madre fue asesinada, lo cual posteriormente es yuxtapuesto con la poca fiabilidad que ella posee como testigo. Y es que muchas de las situaciones que son exhibidas en la pantalla han sido filtradas y deformadas por la percepción personal de la protagonista, lo que provoca que gran parte de ellas no logren ser aceptadas como una certeza absoluta por el espectador. Probablemente el mayor problema de “Tutti i colori del buio” es la resolución del misterio que se esconde tras la peculiar situación de Jane, la cual no solo se siente algo apresurada, sino que además resulta algo tramposa y ambigua. Pese a esto, el film de Martino se alza como una entrada interesante dentro del género del giallo, gracias a la particular mezcla de elementos que posee la trama, a su dinámico ritmo narrativo, a su maravilloso aspecto visual, y a la presencia de una protagonista incapaz de distinguir si su sufrimiento es causado por los hombres que la rodean o por el mismísimo Diablo.



por Fantomas.
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