lunes, 6 de julio de 2015

Night Watch: Insomnio y horror en Londres.

“Night Watch” (1973), es un thriller del director Brian G. Hutton, el cual está protagonizado por Elizabeth Taylor, Laurence Harvey y Billie Whitelaw.

En medio de una tormenta, una mujer llamada Ellen Wheeler (Elizabeth Taylor) asegura haber visto un cadáver en la casa abandonada que está frente a su domicilio. Sin embargo, cuando la policía llega al lugar, no encuentra pruebas de que se haya cometido un crimen, por lo que atribuyen todo el suceso a la imaginación de Ellen. ¿Será que Ellen se está volviendo loca, o en verdad existe un asesino que se ha instalado en su vecindario y que pretende convertirla en su próxima víctima?

 

En el año 1973, el matrimonio de nueve años entre Elizabeth Taylor y Richard Burton estaba llegando a su fin, por lo que ambos actores quisieron enfocarse en sus respectivas carreras, las que no se encontraban precisamente en su mejor momento. En el caso puntual de “Night Watch”, esta película suele ser recordada como una de las pocas producciones protagonizadas en solitario por Taylor durante el tiempo que ella estuvo casada con Burton. El film también marcaría el reencuentro de la actriz con Laurence Harvey, con quien previamente había coprotagonizado el melodrama “Butterfield 8” (1960), por el cual Taylor ganó el Oscar a la mejor actriz. Basada en una obra de Lucille Fletcher, quien se hizo conocida gracias a las radionovelas que escribió a principios de los cuarenta, entre las cuales se encuentran “The Hitch-Hicker”, la que originalmente fue interpretada por Orson Welles en The Campbell Playhouse, y “Sorry, Wrong Number”, la que eventualmente fue llevada a la pantalla grande por el director Anatole Litvak, “Night Watch” en la superficie parece visitar un terreno familiar para aquellos relacionados con thrillers como “Gaslight” (1944), del director George Cukor, o con todas aquellas películas que ponen en duda la sanidad mental de sus protagonistas, como es el caso de “Sudden Fear” (1952), “Diabolique” (1955), o “Midnight Lace” (1960), entre otras. Sin embargo, a medida que va avanzando la trama, es posible darse cuenta que no todo es lo que parece ser.

En “Night Watch”, la ociosa y adinerada Ellen Wheeler intenta superar junto a su trabajólico esposo John (Laurence Harvey), el recuerdo del fallecimiento de su primer esposo (Kevin Colson), quien ocho años atrás tuvo un violento accidente automovilístico en el cual también perdió la vida su joven amante (Linda Hayden). Debido a la crisis nerviosa que le provocó toda la situación, Ellen ha tenido que lidiar con constantes pesadillas que han derivado en varias noches de insomnio, y con el hecho de que tanto su marido como su mejor amiga, Sarah Cooke (Billie Whitelaw), la traten como una persona cuya sanidad mental está a punto de quebrarse. Durante una particular y lluviosa noche de insomnio, Ellen ve a través de su ventana que en la casa abandonada que está cruzando la calle, han situado sobre una silla el cadáver de un hombre al cual le han cortado la garganta. Dado su historial psiquiátrico y su tendencia a la histeria, John no cree la historia de su esposa, pero de todas formas accede llamar a la policía para así poder tranquilizarla. Cuando la policía registra la vieja casa abandonada sin mayores resultados, y posteriormente descarta la posibilidad de que se haya cometido un crimen en el lugar, la paranoia de Ellen se intensifica a la par con la preocupación que tanto su marido como Sarah sienten por su salud mental, más aun cuando la mujer se obsesiona con comprobar que lo que vio aquella noche fue real.

 

A diferencia de lo que le sucede al personaje interpretado por James Stewart en el clásico de Alfred Hitchcock, “Rear Window” (1959), en esta oportunidad Ellen Wheeler no solo sufre por la posibilidad de que se estén cometiendo asesinatos a pasos de su casa, sino que también está sumida en una gran angustia a causa del fatal accidente que sufrió su primer marido hace ya algunos años, por el hecho de que nadie parece creer en sus palabras, ni siquiera sus más cercanos, y por la sospecha latente de que su actual marido la está engañando con su mejor amiga, quien se jacta de ser una persona liberal y de mantener una relación con un acaudalado y desconocido hombre casado. A medida que el film progresa, la protagonista intenta adormecer su dolor emocional y las extrañas visiones que la han estado atormentando durante las noches, con la ayuda de alcohol y pastillas que habitualmente le son administradas por su marido y su buena amiga, todo esto sin demasiados resultados. Muy por el contrario, su paranoia parece ir en aumento, así como también el número de cadáveres que asegura ver en la casa vecina. ¿Se están cometiendo crímenes horribles en la vieja casa abandonada que está cruzando la calle, o todo no es más que un producto de la perturbada imaginación de Ellen? ¿O quizás John está intentando volver loca a su mujer para luego asesinarla y quedarse con su fortuna? Las sorprendentes respuestas a estas preguntas solo serán contestadas por Brian G. Hutton en el impredecible final de la cinta.

A primera vista y con justa razón, “Night Watch” puede parecer un catálogo bastante típico de un gran número de clichés propios del cine de terror, entre los que se encuentran la damisela en peligro, el incesante sonido de los truenos y la lluvia entrelazado con el brillo enceguecedor de los relámpagos, la presencia de una vieja y lúgubre casa abandonada, la interacción del grupo de amigos y familiares incrédulos, la escasa ayuda de la siempre inoperante policía, y la intervención de diversos personajes cuyas actitudes hacen suponer que algo siniestro se traen entre manos. Solo una vez que el film llega a su tercio final, el espectador logra darse cuenta cómo Brian G. Hutton utiliza las convenciones del género del horror para su propio beneficio, logrando con esto manipular las expectativas de la audiencia, inclusive de aquella familiarizada con este tipo de relatos. El gran mérito de Hutton en “Night Watch”, es que el director logra construir una atmósfera dominada por el suspenso y la paranoia, y la mantiene durante todo el transcurso de la historia, capturando con esto rápidamente el interés del espectador. De hecho, a poco de comenzada la película, el director rápidamente establece el frágil estado psicológico de la protagonista mediante la inclusión de una serie de secuencias oníricas, que funcionan como parte de las piezas del rompecabezas que la audiencia está llamada a resolver, y que al mismo tiempo se alzan como la representación de los horrores reprimidos que Ellen Wheeler logra controlar con cierto éxito durante el día, pero que al caer la noche dominan por completo sus pensamientos.

 

Evidentemente, la estrella del film es Elizabeth Taylor, quien vestida con diversas tenidas elaboradas por el diseñador italiano Valentino específicamente para la ocasión, domina cada una de las escenas en las cuales participa. Aunque por momentos cae en la sobreactuación, Taylor termina otorgándole un grado importante de verosimilitud a su personaje, logrando que su frágil estado mental sea tan creíble como interesante. Apoyando la labor de la actriz, se encuentra la totalidad del elenco secundario, en especial Laurence Harvey, quien además de exhibir una gran química con su coprotagonista, le otorga a su personaje un cierto grado de ambigüedad que impide que el espectador distinga si se trata de un marido abnegado, o de un tipo codicioso e infiel. Quien también construye un personaje interesante es Robert Lang, actor que interpreta al extraño y sospechoso vecino de los Wheeler, quien pese a mostrarse molesto por el hecho de que la pareja ahora habita la casa que alguna vez perteneció a su familia, de todas formas no pierde oportunidad para mirar lascivamente a la protagonista. Por otro lado, en lo que se refiere al aspecto técnico del film, probablemente el aspecto más destacable sea el trabajo de fotografía de Billy Williams y la dirección de arte de Peter Murton, quienes son los grandes responsables del tono a ratos malsano que domina a la cinta y que rodea a la vieja casa abandonada que tanto obsesiona a Ellen. La banda sonora compuesta por John Cameron en cambio, pese a ser efectiva nunca alcanza la relevancia suficiente como para ser considerada un elemento clave a la hora de delinear la atmósfera de determinadas escenas.

Durante años, “Night Watch” ha sido una producción injustamente subvalorada, en gran medida porque fue estrenada en un periodo durante el cual Elizabeth Taylor atravesaba un mal momento profesional y personal, lo que empañó el trabajo de Hutton y compañía. Si bien es cierto que no se trata de una obra fundamental del género thriller psicológico, ni tampoco es una de las mejores películas de Taylor, no se puede negar que el director fusiona de manera interesante elementos del horror gótico, del grand guignol, e incluso del giallo, que por aquel entonces se encontraba en su peak de popularidad, para luego incluir un inesperado giro de tuerca que paradójicamente dota de originalidad a un producto plagado de clichés. Por otro lado está la actuación de Elizabeth Taylor y el resto del elenco, quienes le imprimen seriedad a todo el asunto e impiden que el film se convierta un ejercicio fallido de suspenso cinematográfico. Como dato anecdótico, Taylor y Harvey la pasaron tan bien trabajando juntos durante el rodaje de “Night Watch”, que comenzaron a hacer planes para coprotagonizar otro thriller de similares características en el futuro. Sin embargo, esto jamás sucedería ya que mientras filmaban la película, Harvey fue diagnosticado de cáncer estomacal, por lo que se cree que tuvo que lidiar con los intensos dolores provocados por su enfermedad durante gran parte del rodaje. Lamentablemente, Laurence Harvey fallecería tres meses después de que “Night Watch” fuese estrenada, dejando a cuestas una carrera plagada joyas a redescubrir.

por Fantomas.

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