miércoles, 22 de marzo de 2017

Grand Piano: No existe tal cosa como el concierto perfecto.

En el thriller “Grand Piano” (2013), del director Eugenio Mira, Tom Selznick (Elijah Wood), el pianista más talentoso de su generación, está listo para retornar a los escenarios tras cinco años de silencio. Sin embargo, poco antes de salir a escena, Tom es contactado por un misterioso hombre (John Cusack) que lo amenaza con asesinar a su esposa (Kerry Bishé), quien se encuentra en la audiencia, si es que falla siquiera una nota durante su presentación. 

Tras el éxito comercial del modesto thriller “Buried” (2010), y el posterior estreno de la interesante “Red Lights” (2012), el director y productor Rodrigo Cortés junto con su productora Nostromo Pictures, llamó la atención de varias compañías de distribución tanto norteamericanas como europeas, que estaban buscando financiar proyectos enmarcados en el género del thriller, que les permitieran no solo recuperar rápidamente su inversión, sino que además les generaran ganancias sin correr demasiados riesgos. De manera paralela, antes de obtener el reconocimiento de la crítica y el público por el drama musical “Whiplash” (2014), Damien Chazelle desarrolló un par de guiones con la esperanza de poder acceder a la oportunidad de dirigirlos. Uno de esos guiones sería precisamente el de “Grand Piano”, el cual llamaría rápidamente la atención de Cortés y su socio Adrián Guerra, particularmente por tratarse de una suerte de tributo a los grandes directores del género del suspenso, pero en clave de musical. Ante la imposibilidad de Chazelle de hacerse cargo de la dirección del proyecto, los productores contrataron al director español Eugenio Mira, quien de inmediato se lanzó a la difícil tarea de configurar el sistema mediante el cual fusionaría las piezas musicales con los giros narrativos, para que el conjunto funcionara como un instrumento perfectamente afinado. 

Como se adelanta previamente, el protagonista de “Grand Piano” es Tom Selznick, un inquieto prodigio del piano que está listo para su regreso a los escenarios en compañía de una gran orquesta, luego de un receso de cinco años provocado por un incidente ocurrido durante su última presentación, en la que intentó sin éxito tocar “La Cinquette”, obra musical compuesta por su fallecido mentor, la cual es conocida como “la pieza imposible”. Respaldado por su hermosa esposa Emma, quien es una reconocida actriz de Hollywood que desea que su marido recupere la confianza que alguna vez tuvo, Selznick debe lidiar con sus propios miedos y con la presión del público, la prensa, y sus colegas, quienes están esperando que cometa otro error que termine por sepultar su carrera. Si bien el concierto se presenta como un desafio difícil de afrontar, todo se pone cuesta arriba cuando Selznick descubre una nota escrita en una de las hojas de su partitura con el mensaje: “Toca una nota de forma errónea y morirás”. Pese a su incredulidad inicial, el joven pianista no tarda en percatarse que se encuentra bajo la mira de un misterioso francotirador, quien mediante un auricular comienza a entregarle instrucciones, lo que obliga a Tom a intentar descubrir cuál es el verdadero objetivo del criminal que lo amenaza desde la sombras, mientras que lucha por dar el concierto más perfecto de su vida. 



Si bien el film evidencia casi desde su inicio que utiliza el trabajo de directores como Alfred Hitchcock y Brian De Palma como modelo, la verdad es que “Grand Piano” solo se asemeja a los thrillers realizados por esos cineastas de manera superficial. Aun cuando Eugenio Mira cumple en el aspecto técnico y estilístico, ya sea realizando tomas largas, evitando los cortes repentinos y empleando el recurso de la pantalla dividida de forma eficiente, a diferencia de los directores antes mencionados, Mira no entiende del todo la importancia de introducir a la audiencia al mundo donde se desarrolla la historia, ni tampoco cumple con permitir que el espectador se conecte en algún grado con los personajes. En gran medida, esto se debe a que el guion de Chazelle parece no darle importancia alguna a la inclusión de escenas que busquen el desarrollo de los personajes, sino que su principal preocupación es empujarlos rápidamente a la acción, entregándole al espectador un poco más que una mera sinopsis del pasado y presente del protagonista. La principal consecuencia de esto, es que a la audiencia le resulta complicado creer la frenética seguidilla de giros dramáticos en los que se ve envuelto Tom Selznick, aun cuando la forma en como estos se presentan sea innegablemente atractiva.  

La suspensión de la incredulidad por parte del espectador es fundamental para que la cinta funcione, y de eso está consciente el trío conformado por Mira, Guerra y Cortés, quienes convierten el escenario en el que se desarrolla la trama en un mundo contenido en sí mismo, donde la lógica no se aplica. Mientras que por un lado la trama central es difícil de digerir, por otra parte la forma en como el protagonista se desenvuelve ante la crisis que se le presenta es bastante cuestionable. En un concierto de las características que exhibe la película, cada músico no solo debe intentar tocar cada una de las piezas musicales de manera perfecta, sino que además debe estar atento a las indicaciones del conductor, escuchar a los otros miembros de la orquesta, y debe enfocarse en el arco emocional de la experiencia musical que está intentando crear. Sin lugar a dudas se trata de una tarea exhaustiva y compleja, pero en “Grand Piano” se le pide al espectador que acepte que Tom Selznick puede hacer todo eso, y al mismo tiempo involucrarse en un intercambio de palabras con el villano de turno, temer por su vida y por la de su esposa, y planear su escapatoria haciendo entre otras cosas, un par de llamados con su teléfono celular en pleno concierto. 



Aun cuando en un inicio resulta complicado tomar en serio al protagonista como el próximo Rachmaninoff, una vez que se sienta y comienza a tocar el piano que alguna vez fue de su mentor, logra crear la ilusión de que se trata del mejor pianista vivo. Esto es mérito de Elijah Wood, quien gracias a las lecciones de piano que tomó previo al inicio de las filmaciones, se desenvuelve como un pianista virtuoso, en especial durante el último acto de la cinta. Wood también es quien sin lugar a dudas realiza el mejor trabajo interpretativo del film, imprimiéndole una energía a su personaje que logra traspasarse al espectador. John Cusack por su parte, realiza un buen trabajo como la voz en off que controla al protagonista como si fuese una marioneta, mientras que Kerry Bishé entrega una interpretación correcta como la flamante esposa del aproblemado pianista. En la vereda contraria se encuentran tanto Alex Winter, más conocido por su rol en la película “Bill & Ted´s Excellent Adventure” (1989), como Tamsin Egerton, cuyas interpretaciones resultan ser mediocres y uno de los puntos más bajos de la película. En cuanto al aspecto técnico de la producción, no solo se destaca el estupendo trabajo de fotografía de Unax Mendia, sino que además la atmosférica y casi hitckoquiana banda sonora del compositor Victor Reyes, la cual funciona en dos niveles; como música diegética (como concierto clásico de piano), y como partitura incidental del film. 

En una entrevista, el director Eugenio Mira se describió a sí mismo como alguien capaz de realizar diversas tareas al mismo tiempo, lo cual se refleja en “Grand Piano”, que básicamente es un thriller creado para personas que creen que pueden hacer varias cosas a la vez con el mismo grado de eficiencia. Afortunadamente para él y para el espectador, el despliegue técnico, la gran actuación de Elijah Wood, y la perfecta conjunción entre las imágenes y la música, logran al menos por un momento, crear la ilusión de que eso es posible, configurando de esta forma un film dinámico y entretenido, aun cuando el nivel de suspenso decae considerablemente en el tercer acto, cuando se revela el verdadero objetivo del criminal interpretado por John Cusack. Pese a que las falencias de “Grand Piano” son innegables, se trata de una producción interesante que no alcanza los niveles cinematográficos de las películas realizadas por Hitchcock, pero que de todas formas podría ser considerada como un tributo a su forma de hacer cine, cuyo planteamiento invita al espectador a entregarse a la experiencia y disfrutar del paseo, sin cuestionarse demasiado durante todo el proceso.



por Fantomas.

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