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domingo, 9 de agosto de 2015

The Dark Corner: Un estudio de contrastes.

“The Dark Corner” (1946), es un film noir del director Henry Hathaway, el cual está protagonizado por Lucille Ball, Mark Stevens y Clifton Webb.

Un detective privado llamado Bradford Galt (Mark Stevens), descubre un día que lo están siguiendo. Tras acorralar a su perseguidor, averigua que actúa bajo las órdenes de un antiguo socio con el que acabó enemistado. Poco después, Galt se ve envuelto en un calculado plan de asesinato, del cual solo podrá salir con la ayuda de su fiel secretaria, Kathleen Stewart (Lucille Ball).

 

Luego de que “Laura” se convirtiera en un éxito de taquilla en 1944, los estudios 20th Century Fox quisieron capitalizar los buenos resultados del film del director Otto Preminger lanzando otras producciones de corte similar. Una de estas producciones sería “The Dark Corner”, la cual afortunadamente para los ejecutivos del estudio acabó obteniendo los resultados esperados. El film se basó en una historia escrita por Leo Rosten (bajo el seudónimo de Leonard Q. Ross), la cual fue publicada en el año 1945 como una serial en la revista “Good Housekeeping”, y que posteriormente sería adaptada por el guionista Jay Dratler, quien también trabajó en el guion de la ya mencionada “Laura”, y por Bernard Schoenfeld, quien previamente había estado a cargo del guion de “Phantom Lady” (1944). Entre quienes eventualmente se convertirían en los protagonistas de la cinta, se encontraba Lucille Ball, quien varios años más tarde se convertiría en parte de la cultura popular norteamericana gracias a su participación en la serie de televisión “I Love Lucy” (1951-1957). Más allá de los resultados obtenidos por la producción, la actriz en varias ocasiones se encargó de destacar que odió la experiencia de rodar “The Dark Corner”. Gran parte de su resentimiento estaba centrado en la figura del director Henry Hathaway, cuyos malos tratos con Ball provocaron que ella eventualmente comenzara a tartamudear en el set, tras lo cual el director no dudó en acusar a la actriz de asistir ebria a las filmaciones.

En “The Dark Corner”, Bradford Galt es un detective privado que trabaja en Nueva York junto a su secretaría, Kathleen Stewart. Cierto día, ambos se dan cuenta que un hombre de traje blanco (William Bendix) los está siguiendo sin razón aparente. Rápidamente, el detective le tiende una trampa al sujeto, quien tras ser coercionado de forma violenta, revela que ha sido contratado por un tipo llamado Anthony Jardine (Kurt Kreuger) para seguirlo. Resulta que Jardine es un viejo conocido de Galt, con quien este último tenía una pequeña firma de abogados hace algunos años en San Francisco, y que tras utilizar sus encantos para chantajear a mujeres casadas de buena situación económica, terminó incriminando a Galt en un asesinato una vez que este amenazó con exponer su sucio negocio. Fue así como luego de pasar dos años en prisión, Galt se propuso iniciar una nueva vida en Nueva York. En el intertanto, aparentemente Jardine también se mudó a Nueva York, donde ha estado manteniendo una aventura con Mari Cathcart (Cathy Downs), la esposa de un acaudalado coleccionista y vendedor de arte llamado Hardy Cathcart (Clifton Webb). Decidido a descubrir los motivos por los cuales Jardine ha comenzado a seguirlo, Galt termina convirtiéndose en el principal sospechoso del asesinato de su antiguo socio. Con la policía pisándole los talones, ahora el detective deberá descubrir quien ha asesinado a Jardine, y los motivos por los que ha sido seleccionado para cargar con su muerte.

 

Una característica que llama la atención de este film y que comparte con varias producciones de la época, es la relación romántica que inevitablemente se establece entre Galt y su secretaria. Casi pareciera que los hombres de aquella época contrataban secretarias con el único objetivo de seducirlas, y que las mujeres buscaban esa clase de trabajo para dejarse seducir. Desde un inicio, el espectador asume que el rol de secretaria de Kathleen Stewart es solo temporal, una suerte de pasaje a la vida de casada. Evidentemente, el hecho de que el protagonista no tarde demasiado en cortejarla, y que Kathleen responda de manera positiva a los acercamientos del detective, refuerzan esta idea. Sin embargo, lo que resulta aún más curioso, es la dinámica que se establece entre ambos personajes. Kathleen no solo es ingeniosa e independiente, sino que además es algo maternal con Galt, quien en un comienzo se muestra como un tipo duro. De forma gradual, la mujer comienza a enamorarse del detective, y al mismo tiempo lo protege y lo incentiva cuando este se ve acorralado y agobiado por la difícil situación en la que se encuentra. “Estoy atrapado en una esquina oscura, y no sé quién me está golpeando”, dice el protagonista en un pasaje del film, abatido porque ha perdido la única pista con la que contaba. Es entonces cuando Kathleen surge como la figura que lo ayuda a ponerse de pie, y lo motiva a encontrar una solución a sus problemas, tal y como una madre lo haría con su hijo. Obviamente se trata de una dinámica poco común dentro del film noir, la cual afortunadamente funciona de maravilla en esta ocasión.

Uno de los mayores logros de Hathaway al momento del filmar “The Dark Corner”, tiene relación con la forma en como pone el foco de atención en los conflictos de clases que normalmente se esconden entre el pesimismo y la fatalidad del noir. De hecho, la cinta enfatiza determinados contrastes (ferias versus galerías de arte, edificios dilapidados versus espaciosas mansiones, entre otros) que pueden ser interpretados como yuxtaposiciones entre el mundo del proletariado y el de la burguesía, los cuales prueban ser absolutamente excluyentes el uno del otro. En ese sentido, Bradford Galt y Hardy Cathcart funcionan como dos tótems que se encuentran en lados opuestos de la ley y del espectro socioeconómico, mientras que el personaje interpretado por William Bendix es una suerte de germen capaz de corromper a los residentes de ambos mundos por unos pocos dólares. Indudablemente, a través del transcurso de la película se hace evidente como Hathaway toma partido por el héroe de la clase trabajadora, que se ve aplastado por el poder económico de la burguesía, el cual le permite moldear las leyes a su conveniencia. Más allá del comentario social, todo esto da pie a uno de los gags más divertidos del film, el cual involucra a un descolocado Galt en una galería de arte, intentando comprar una invaluable escultura de Donatello como si se tratará de un mueble común y corriente.

 

En cuanto a las actuaciones, Mark Stevens realiza un buen trabajo interpretando un detective atípico, que a diferencia de otros detectives icónicos del género como Sam Spade o Philip Marlowe, se muestra vulnerable en varios pasajes del film, lo que curiosamente ha sido ampliamente criticado durante el transcurso de los años. Lucille Ball por su parte, no solo demuestra tener una gran química con su coprotagonista, sino que además construye un personaje querible quien mediante sus ingeniosas intervenciones, aporta con ciertas dosis de humor sin necesariamente convertirse en un personaje humorístico. Por último, Clifton Webb básicamente vuelve a interpretar a Waldo Lydecker, su rol en “Laura”. Y es que nuevamente personifica a un hombre petulante y adinerado que está obsesionado con una mujer más joven, cuya figura guarda relación con un retrato que posee cierto valor sentimental para el personaje de Webb. La verdad es que Hardy Cathcart es un hombre cuya frialdad se contrasta con el dolor que siente por la infidelidad de su mujer; “El amor no es exclusivo de los adolescentes, querida”, le dice a Mari en un pasaje del film, “es una enfermedad del corazón que afecta a todos los grupos etarios, como mi amor por ti. Mi amor por ti es la única enfermedad que he contraído desde la niñez, y es incurable”. Por otro lado, en lo que respecta al aspecto técnico de la producción, los elementos destacables son la efectiva banda sonora compuesta por Cyril J. Mockridge, y el impecable trabajo de fotografía de Joseph MacDonald, quien demuestra tener un dominio envidiable del uso de la luz y las sombras.

“The Dark Corner” definitivamente podría ser utilizada para ejemplificar la estética del noir, ya que Hathaway y MacDonald realizan un buen trabajo en conjunto al momento de definir la apariencia y la atmósfera de la cinta. De igual forma resulta destacable la labor de la totalidad del elenco, en especial de una Lucille Ball muy alejada del espectro cómico por el cual eventualmente se hizo famosa. Sin embargo, el principal problema del film de Hathaway es que evoca demasiado a otras producciones clásicas del género, como a la ya mencionada “Laura” e incluso a “The Maltese Falcon” (1941), lo que lamentablemente ha provocado que la película sea injustamente subvalorada durante muchos años. Por otro lado, esta subvaloración también puede ser atribuida a la falta de una verdadera femme fatale, ya que la actitud de la joven esposa de Hardy Cathcart solo está motivada por el amor que siente por Jardine, y no por las ansias de destruir a su marido o quedarse con su dinero, y a la ya mencionada actitud pesimista y quejumbrosa del protagonista una vez que se ve envuelto en un embrollo que no parece tener solución. Más allá de estos detalles, “The Dark Corner” en un film noir de una gran factura técnica, plagado de diálogos inteligentes, con un guion interesante, y una dupla de protagonistas bastante atípica para un género que como tantos otros, en ocasiones le resultaba difícil no reproducir de forma automática una fórmula que ya estaba absolutamente consolidada.

por Fantomas.

sábado, 18 de julio de 2015

Kiss Kiss Bang Bang: El debut como director de Shane Black.

“Kiss Kiss Bang Bang” (2005), es una comedia de misterio del director Shane Black, la cual está protagonizada por Robert Downey Jr., Val Kilmer, y Michelle Monaghan.

Harry Lockhart (Robert Downey Jr.) es un ladrón que tras un golpe de suerte, es llevado a Los Ángeles para participar en una prueba de cámara para una producción hollywoodiense. Sin embargo, tras algunos malos entendidos se ve involucrado en la investigación de un par asesinatos junto a la chica de sus sueños (Michelle Monaghan), y un detective (Val Kilmer) que lo ha estado entrenando para su futuro papel.

 

El guionista Shane Black comenzó cimentar su reputación a temprana edad en Hollywood. Cuando solo tenía 26 años, Black escribió el guion de “Lethal Weapon” (1987), cinta que en cierta medida funcionó como la precursora de un subgénero denominado como “buddie movies”, que no es otra cosa que esas películas de compañeros obligados a trabajar juntos con tal de lograr un objetivo en común pese a sus gigantescas diferencias. Tras este prometedor inicio, a fines de los ochenta y principios de los noventa, Black logró establecerse como una suerte de gurú del cine de acción gracias a su trabajo en films como la incomprendida “Last Action Hero” (1993), y las subvaloradas “The Last Boy Scout” (1991) y “The Long Kiss Goodnight” (1996). Tras años de estar tras las cámaras, con “Kiss Kiss Bang Bang”, título que alude a la recopilación de artículos de la crítica cinematográfica Pauline Kael publicada en 1968, Shane Black por fin hacía su debut como director, filmando una historia que rescataba el subgénero que él había ayudado a crear, y que a la vez funcionaba como un llamativo homenaje a las tramas de las novelas pulp con las que él creció. Curiosamente, aunque Black había decidido adaptar la novela “Bodies are where you find them”, del escritor Brett Halliday, le tomó más de un año escribir el guion por encontrarse con un bloqueo creativo. Lo que es peor, es que cuando terminó de escribirlo, su reputación de poco sirvió a la hora de conseguir financiamiento para su proyecto. Eventualmente sería Joel Silver, el mismo productor que se fijó en el guion de “Lethal Weapon”, quien aceptaría financiar la cinta.

En “Kiss Kiss Bang Bang”, el protagonista es un ladrón de poca monta llamado Harry Lockhart, quien al inicio del film irrumpe en una tienda para conseguirle un juguete a su sobrina. Cuando Harry y su compañero de fechorías se disponen a abandonar el lugar, son tiroteados por una civil, quien termina hiriendo a Harry y asesinando a su cómplice. Con la policía tras sus talones, Lockhart se refugia en un edificio cercano solo para percatarse que de forma accidental se ha involucrado en una audición para una película hollywoodiense. Como el guion se asemeja a su experiencia reciente, él expresa toda su frustración y su ira por lo sucedido, lo que impresiona al productor Dabney Shaw (Larry Miller), quien decide llevarlo a Hollywood para una prueba de cámara, no sin antes pedirle que haga equipo con un detective apodado Gay Perry, para que así obtenga algo de experiencia real que pueda ayudarlo con su nueva carrera en la actuación. En otro punto de la ciudad de Los Ángeles vive Harmony Faith Lane, quien inspirada por la serie de novelas del detective “Johnny Gossamer” que leía cuando pequeña, continúa probando suerte como actriz sin demasiado éxito. Será el destino el encargado de reunir a estos dos personajes, quienes además fueron amigos durante la infancia. Impulsado por la atracción que Harry siempre ha sentido por Harmony, este decide mentirle y asegurarle que ahora trabaja como detective privado, lo que será de gran utilidad para la aspirante a actriz cuando su hermana es encontrada muerta en un hotel. Ahora, involucrado en dos casos de asesinato, Lockhart y compañía se verán envueltos en una trama plagada de intrigas, cadáveres, tiroteos y sorpresas, de la cual puede que no logren salir con vida.

 

Básicamente, “Kiss Kiss Bang Bang” es un ejercicio de irreverente reciclaje, en el que Black toma elementos de la novela y el cine negro de los años cuarenta, para fusionarlos con la comedia y la esfera artificial de la industria cinematográfica hollywoodiense. Es por esto que no resulta extraño que los personajes sigan la metodología de un detective ficticio protagonista de unas novelas pulp, el cual es una clara referencia a los personajes creados por Raymond Chandler o Dashiell Hammet, o que el protagonista oficie como un peculiar narrador que no solo omite algunos detalles de su relato, sino que también equivoca su discurso solo para corregirlo algunos segundos más tarde. De la misma forma, Black toma como inspiración los trabajos de Chandler a la hora de dividir de manera episódica el film, precisamente como si se tratara de una novela. Por otro lado, que el héroe de turno sea un ladrón de poca monta que ha sido puesto al amparo de un detective homosexual con el fin de preparar un papel, y que además finja ser un detective privado rudo y sagaz, resulta ser un constructo sumamente original que permite que el espectador rápidamente se identifique con él, principalmente porque funciona como una extensión de una audiencia deseosa de perderse en un mundo completamente ajeno a su realidad. La peculiar mezcla de influencias de las que bebe el guion, facilita que este se traduzca en una trama impredecible que gira en torno a dos cadáveres y que no huye a ningún tópico genérico; suicidios, mentiras, asesinatos, traiciones, torturas, oscuros secretos familiares y curiosas alianzas, pueden ser encontrados a lo largo del relato de Harry Lockhart.

Aun cuando Black se ha especializado en relatos que estudian los lazos masculinos, “Kiss Kiss Bang Bang” no está exenta de la presencia de una femme fatale de ambigua moralidad, incierta fidelidad y nombre sugerente. Harmony Faith Lane se las arregla para igualar tanto en ingenio como en sarcasmo a sus dos compañeros de aventuras, aunque esto al final del día termine exponiendo uno de los principales problemas del film. En gran medida, la relación que se establece entre Harmony y Harry funciona mediante una dinámica marcada por las bromas y los malos entendidos, elementos que se suceden con una velocidad tal que no dejan demasiado espacio para el desarrollo de los personajes o de la trama, lo que también provoca que por momentos el relato gire en círculos mareado por su propia exuberancia. De hecho, en un segmento de la película se repite la misma secuencia de eventos a los menos en dos oportunidades: los protagonistas concluyen que se han topado con un callejón sin salida que no les permite continuar con su investigación; posteriormente se separan, solo para eventualmente contactarse por teléfono para notificarle al resto que han descubierto algo vital para la solución del caso. Probablemente, la razón de esta suerte de déjà vu narrativo responda a que las múltiples separaciones y reuniones que experimentan los protagonistas, se presentan como una gran oportunidad para que Black despliegue su talento con los juegos de palabras y los diálogos inteligentes.

 

Robert Downey Jr. realiza un estupendo trabajo como Harry (y el narrador). El hecho de que el protagonista esté consciente de que está participando de una película, es sencillamente brillante, ya que contribuye a que su narración de los acontecimientos apunte hacia los clichés de Hollywood, los giros de tuerca de la trama, y los elementos que posteriormente cobrarán cierta importancia en la historia. Al mismo tiempo, su química con el personaje interpretado por Val Kilmer es sencillamente explosiva. Son ellos, sus diferencias, sus motivaciones y sus coloridas personalidades, la mejor prueba de porqué a Shane Black se le considera como el arquitecto de las ya mencionadas “buddie movies”. Michelle Monaghan por su parte, interpreta de buena manera a una mujer que es ruda, sexy e independiente, aun cuando a los ojos de Harry es una suerte de damisela en desgracia a la cual debe rescatar. Gracias a su particular personalidad y a su despampanante belleza, el espectador rápidamente comprende la razón por la cual el protagonista la considera la chica de sus sueños. En cuanto al aspecto técnico de la producción, esta cuenta con el magnífico trabajo de fotografía de Michael Barrett, el cual contribuye a otorgarle el toque “noir” al film, y con la efectiva banda sonora del compositor John Ottman, cuyo aire retro viene a reforzar la idea de que “Kiss Kiss Bang Bang” es un producto que funciona como homenaje y como parodia de las tramas detectivescas clásicas.

“Todo lo que necesitas para realizar una película es una chica y una pistola”, dijo Jean-Luc Godard en una ocasión cuando se encontraba promocionando el film “Bande à part” (1964), aludiendo a lo que el público necesitaba para ir a las salas de cine. Algunos años más tarde, la ya mencionada Pauline Kael depuró esa idea luego de ver el afiche de una película en Italia cuya traducción era “Kiss Kiss Bang Bang”. “Estas cuatro palabras”, afirmó ella, “son quizás la declaración más breve imaginable del atractivo básico de las películas. El atractivo es lo que nos atrae y lo que finalmente nos desespera cuando empezamos a darnos cuenta que rara vez las películas son algo más que eso”. En gran medida, el film de Shane Black es el típico caso de “estilo sobre sustancia”, lo que no le permite igualar lo realizado por cintas como “The Big Lebowski” (1998) y “The Long Goodbye” (1973), las cuales se alzan como dos exitosos ejercicios de reformulación de los misterios propios del cine negro, como odiseas cómicas que se mantienen fieles a la ironía pesimista y al fatalismo contagioso propio del género. Pese a esto, “Kiss Kiss Bang Bang” se destaca por ser una película con un timing cómico impecable, plagada de momentos brillantes y excesivos. Con una trama que es macabra, original y divertida por partes iguales, es imposible no percatarse de la elegancia autoparódica que ostenta el film de Black, que con el tiempo se ha convertido en una verdadera obra de culto.

por Fantomas.

miércoles, 4 de marzo de 2015

The Woman in the Window: Los peligros de dejarse envolver por la tentación.

“The Woman In The Window” (1944), es una cinta de cine negro del director Fritz Lang, la cual está protagonizada por Edward G. Robinson, Joan Bennett y Raymond Massey.

Con su esposa e hijos fuera de la ciudad, el profesor universitario Richard Wanley (Edward G. Robinson) se enreda en un inocente flirteo con Alice Reed (Joan Bennett), una mujer a la que conoce por azar, y sin querer comete un crimen terrible. Pero sus problemas no han hecho más que empezar, pues a medida que el astuto fiscal de distrito Frank Lalor (Raymond Massey) se acerca a la solución del crimen, Wanley descubre que está dispuesto a tomar medidas desesperadas con tal de evitar que lo atrapen.

 

Tras finalizar el rodaje de “Ministry of Fear” (1944), el director austriaco Fritz Lang comenzó a trabajar en lo que sería su próximo proyecto. En aquel entonces, el guionista Nunnally Johnson, quien había trabajado en varios films de John Ford incluyendo “The Grapes of Wrath” (1940), había confeccionado un guión basado en un bestseller de J. H. Wallis titulado “Once off Guard”, con la intención de llevarlo a la pantalla grande a través de la compañía independiente de producción que recientemente había formado. Dicho guión rápidamente llamó la atención de Fritz Lang, a quien además de la historia, también le atraía la idea de trabajar alejado de los grandes estudios, ya que eso le significaba gozar de una libertad creativa que escaseaba dentro del sistema de filmación hollywoodense, y además le otorgaba la posibilidad de viajar a Nueva York con el objetivo de visitar locaciones que lo ayudasen a construir sets lo más auténticos posible. Según la entrevista que Lang le otorgó a los periodistas Charles Highman y Joel Greenberg para el libro “The Celluloid Muse: Hollywood Directors Speak”, una de las cosas que inicialmente le molestó del guión de Johnson, era el hecho de que todos los papeles masculinos habían sido escritos para hombres viejos. Con el objetivo de introducir a alguien relativamente joven dentro del elenco masculino, Lang convenció al productor de contratar a Dan Duryea, con quien había trabajado en “Ministry of Fear”. Por otro lado, el director también se tomó la libertad de cambiar el final de la historia, en parte aludiendo a ciertas directrices impuestas por el infame Código de Producción, utilizando según él “un truco tan viejo que casi parece algo novedoso”, y que tiene directa relación con el mundo de los sueños.

“The Woman In The Window” se centra en el veterano profesor de psicología Richard Wanley. El mismo día que su familia se va de vacaciones, Wanley decide asistir a un club de caballeros para reunirse con sus dos mejores amigos, el fiscal de distrito Frank Lalor y el Doctor Michael Barkstane (Edmond Breon). Cuando va de camino al club, Wanley no puede evitar detenerse a admirar el retrato de una bella mujer que se encuentra en exhibición en la vitrina de una tienda. Este hecho en particular desencadena que los tres amigos bromeen con la mujer del cuadro, y con la idea de tener una aventura amorosa que es precisamente lo que ella representa. Aun cuando Wanley admite extrañar la excitación y la libertad propia de la juventud, concuerda con sus amigos que a su edad es preferible llevar una vida tranquila sin mayores complicaciones. Tras una apacible noche de lectura, Wanley abandona el club para detenerse nuevamente a admirar el retrato. De pronto, en la vitrina vislumbra el reflejo de una hermosa mujer, la cual para su sorpresa es la misma muchacha que posó para el retrato. Su nombre es Alice Reed, y luego de presentarse, invita al buen profesor a tomarse una copa. Dejando de lado el sentido común, Wanley acepta y eventualmente termina en el departamento de la muchacha. Para su sorpresa, su breve aventura termina cuando súbitamente en el departamento aparece el novio celoso de Alice, quien tras abalanzarse contra Wanley, es asesinado en defensa propia por el profesor. Esto será solo el principio de su pesadilla, ya que para evitar que la policía lo atrape, Wanley se verá obligado a tomar una serie de medidas desesperadas que no parecen mejorar demasiado la compleja situación en la que se ha visto involucrado.

 

Tan solo una vez que el film ha terminado, el espectador es capaz de apreciar la real importancia de la primera conversación que el protagonista mantiene con sus dos amigos. En gran medida, todas las situaciones en las que se ve envuelto Wanley son consecuencia directa de los peligros de sucumbir a la tentación. Aun cuando Alice Reed no responde al estereotipo de la femme fatale, para el protagonista ella simboliza sus deseos más prohibidos. Es por este motivo que una vez que él acepta su invitación, su destino está sellado. Inevitablemente, Wanley está condenado a confrontar el mal que supuestamente todos llevan dentro. Curiosamente, este proceso gradual comienza con un homicidio absolutamente justificable. Desde ese punto en adelante, cada una de las decisiones que toma Wanley resultan ser entendibles y condenables por partes iguales. Y es que él no desea ver su vida destruida, por lo que decide no dar aviso a la policía del incidente. Esta decisión es extremadamente significativa debido a que Wanley pasa de proteger la existencia de su vida, a proteger las circunstancias que rodean su vida. Este giro es crucial moralmente hablando, ya que posiciona al protagonista en un camino sin retorno, en el cual se muestra dispuesto a convertirse en un criminal con tal de proteger su reputación y su estatus social. Alice Reed lo acompaña en sus decisiones exactamente por las mismas razones, lo que perpetúa la culpa compartida que ella detonó cuando le acercó las tijeras con las cuales el profesor asesinó a su atacante. La eventual aparición de Heidt (Dan Duryea), el guardaespaldas del hombre asesinado, cuyo único objetivo es chantajear a la pareja, termina por reforzar la idea de que las circunstancias han convertido a Wanley en un criminal premeditado, ya que su experiencia y su conocimiento de la psicología le dicta que la única forma de deshacerse de tipos como Heidt es asesinándolos.

“The Woman In The Window” puede ser considerado como un profundo y cínico ataque contra los cimientos del género del thriller. La temática del film constituye una interesante exposición del llamado thriller subjetivo, cuyas características fueron definidas por directores como Alfred Hitchcock y Fritz Lang. En las películas de dichos directores, es común encontrarse con un protagonista que lleva una vida común y corriente, hasta que cierto día por diversos motivos termina siendo arrastrado a un mundo caótico dominado por el peligro y la maldad. Cuando el film se revela como la manifestación de la pesadilla de Wanley, el espectador se da cuenta que el supuesto destino del protagonista no es más que una artificiosa manifestación de sus propios miedos neuróticos. Una vez entendido el mecanismo psicológico al cual se somete Wanley, el espectador no puede aceptar su destino como algo válido. De hecho, tomando en cuenta la naturaleza conservadora del protagonista, incluso se podría argumentar que soñó toda la increíble sucesión de acontecimientos que relata el film solo para justificar su miedo a la libertad. Quizás por este mismo motivo, no resulta extraño que él considere su constructo onírico como una prueba fehaciente de sus miedos, cuando en verdad es solo una manifestación de ellos. El mismo tipo de pensamiento circular invade al espectador de los llamados thrillers subjetivos. Dichos films apelan a los miedos neuróticos de la audiencia al mismo tiempo que satisfacen su sed de aventuras. Curiosamente, a causa de esto el espectador ve reforzados sus miedos, y por ende sigue coartando sus deseos de libertad. El cine al igual que los sueños, no pueden ser tomados como verdades absolutas debido a la engañosa función psicológica que desempeñan. Esta es la verdad subversiva que está implícita en el sueño de Wanley, y que le otorga a “The Woman in The Window” una ironía estructural sumamente significativa.

 

Además de la innegable destreza como director de Fritz Lang, el film funciona de buena manera debido al magnífico trabajo del elenco participante. Edward G. Robinson no solo es capaz de proyectar la frustración de su personaje con su edad y las obligaciones que esta conlleva, sino que además construye con éxito un personaje que pese a su ambigüedad moral, logra despertar la simpatía del espectador, quien no puede evitar pensar que al igual que Wanley, todo el mundo está expuesto a verse envuelto en problemas de diversa índole a raíz de una mala decisión. Joan Bennett por su parte, interpreta de manera espléndida a una mujer que sin ser una femme fatale, termina funcionando como una. Alice Reed no busca fortuna ni poder, ni tampoco deshacerse de su novio celoso, sin embargo termina envuelta en el asesinato de quien es su pareja, en el encubrimiento de dicho crimen en donde su cómplice es un hombre casado, y en una trama de chantaje cuya única solución parece ser la ejecución de otro asesinato. Aun cuando su principal motivación es la conservación de su estilo de vida, Alice actúa con una peculiar nobleza cuando Heidt aparece en su vida y en la de Wanley para chantajearlos, y logra establecer con el profesor una relación de mutuo apoyo y confianza. Por último, cabe destacar la labor de Dan Duryea, quien interpreta de manera soberbia al villano de turno, un hombre sin ninguna clase de escrúpulos que no solo busca conseguir algo de dinero, sino que también desea quedarse con la chica. Por otro lado, en lo que se refiere al aspecto técnico del film, este cuenta con el gran trabajo de fotografía de Milton R. Krasner, y con la efectiva pero olvidable banda sonora del compositor Arthur Lange.

En gran medida debido al giro dramático final de la cinta, ésta en su momento fue vapuleada por gran parte de la crítica especializada, a lo cual Lang no le dio demasiada importancia. En el libro “Dark City: The Film Noir” del autor Spencer Selby, “The Woman in the Window” es descrita como “la primera de un par de importantes pesadillas de clase media realizadas por Fritz Lang”. La segunda sería la cinta titulada “Scarlet Street” (1945), la que debido a su mayor crudeza terminó opacando a su “hermana mayor”, y la cual hoy en día es considerada como una de las obras imprescindibles del cine negro. Pese a eso, “The Woman in the Window” posee méritos suficientes como para brillar por sí misma, al punto que incluso se podría argumentar que es una obra cuya influencia dentro del género es mucho mayor que la ejercida por “Scarlet Street”. Independiente de la superioridad de una u otra cinta, luego del par de pesadillescas obras de Lang, la línea divisora entre el bien y el mal existente en los thrillers criminales norteamericanos nunca volvería a ser la misma. Y es que lo que por mucho tiempo había sido parte de una idea clara y concreta, de súbito se transformó en un portal fatal que cualquiera con deseos normales o reprimidos podía cruzar.


por Fantomas.

domingo, 30 de marzo de 2014

Gattaca: No existe el gen del espíritu humano.

“Gattaca” (1997), es una cinta de ciencia ficción del director Andrew Niccol, la cual está protagonizada por Ethan Hawke, Uma Thurman y Jude Law.

En un futuro no muy distante donde la sociedad está categorizada según sus características genéticas, Vincent Freman (Ethan Hawke) decide asumir la identidad de Jerome Morrow (Jude Law), un perfecto espécimen genético que ha quedado parapléjico luego de sufrir un accidente automovilístico, para así poder cumplir su sueño de viajar al espacio. Sin embargo, cuando el director del programa espacial en el cual trabaja es asesinado, la policía da inicio a una investigación que amenaza con dejar al descubierto su secreto.

 

Durante algo más de una década, el director y guionista Andrew Niccol ha sido el responsable de un número no menor de producciones provocadoras, las cuales han sabido ganarse un espacio al interior de la industria hollywoodense. Desde la alegórica “The Truman Show” (1998) hasta la política “Lord of War” (2005), sus cintas por lo general se han caracterizado por presentar un balance perfecto entre lo tópico y lo simplemente entretenido, lo cual ha permitido que se conviertan en obras que trascienden en el tiempo. Estrenada en el año 1997, “Gattaca” no solo es recordada por ser la opera prima de Niccol, sino porque además mediante una historia que postula que el nuevo orden social está establecido por los rasgos genéticos de cada individuo, Niccol comenzó a construir su reputación como un cineasta capaz de explorar temas complejos en cada una de sus cintas. Desarrollada inicialmente bajo el título de “The Eighth Day”, el cual era una referencia bíblica que apuntaba a implicar que el hombre se había atrevido a intervenir lo que Dios inicialmente había creado, la película se desarrolla en un futuro no tan lejano, en el cual un hombre imperfecto busca abrirse camino en un mundo dominado por la supuesta perfección artificial otorgada por la todopoderosa ingeniería genética.

En “Gattaca”, el protagonista Vincent Freeman es presentado prácticamente como un error de la naturaleza. Y es que él vive en una sociedad en la que los individuos que nacen de forma natural y sin la ayuda de la ingeniería genética, son relegados a trabajos básicos y son encasillados en un segmento subvalorado socialmente, a diferencia de aquellos cuya concepción fue genéticamente alterada, lo que les ha permitido ser considerados como personas “válidas” dentro del mundo en el cual se desarrollan. Es a raíz de esto que las aptitudes de Vincent no son tomadas en cuenta por quienes lo rodean, los cuales prefieren juzgarlo por su predisposición a adquirir miopía y una enfermedad cardiaca que ha reducido su expectativa de vida de manera considerable. Sin embargo, Vincent nunca ha aceptado el destino que la sociedad le ha impuesto. De hecho, cuando todavía era un niño, solía enfrascarse en competencias de natación y resistencia física con su hermano Anton (Loren Dean), quien pese a su supuesta perfección genética, en una ocasión debió ser rescatado por Vincent de una muerte segura. Tras años de realizar trabajos menores, Vincent decide tomar ciertas medidas para cumplir el sueño de su niñez y convertirse en un astronauta. Es entonces cuando a través de un comerciante de ADN conoce a Jerome Morrow, un hombre con una genética envidiable el cual luego de un confuso incidente, quedó confinado a una silla de ruedas. Una vez que Vincent asume su identidad, logra infiltrarse en una empresa llamada Gattaca, la cual está a cargo de diversos viajes al espacio. Lamentablemente para él, cuando está a punto de cumplir su sueño y viajar a una de las lunas de Saturno, el director del programa espacial es asesinado, lo que pone en peligro su falsa identidad y sus posibilidades de ser incluido en la ambiciosa misión interplanetaria.

 

En el film de Niccol, la tensión proviene de dos conflictos en particular. Primero, existe la posibilidad constante de que Vincent sea descubierto; debido a la infinidad de sistemas de seguridad con los que cuenta la empresa donde trabaja, el protagonista se ha visto obligado a tomar una serie de medidas que buscan ocultar su verdadero ADN en un lugar donde hasta una pequeña pestaña puede delatarlo. Segundo, ha ocurrido un asesinato; el director del centro espacial, quien ha cuestionado abiertamente la misión a Saturno, ha sido encontrado muerto, por lo que la policía ha comenzado a identificar al personal en busca de sospechosos. Esto pone sobre la mesa la posibilidad de que eventualmente una computadora establezca una relación entre Vincent, quien antes oficiaba como conserje, y Jerome, el nuevo programador espacial. Al mismo tiempo, el protagonista establece una relación amistosa con Irene (Uma Thurman), una atractiva mujer que trabaja en el centro pero que ha sido excluida de la próxima misión debido a que ha obtenido puntajes demasiado bajos en algunas áreas. Pronto nace una atracción innegable entre ambos, pero un romance en este mundo puede ser peligroso, ya que incluso un beso puede ser suficiente como para identificar a los involucrados en el mismo.

Lo interesante de “Gattaca” es que en cierto modo encierra dos historias en una. Por un lado está la emotiva historia personal de Vincent, quien lo único que desea es superar todos los obstáculos que han sido puestos en su camino. Esta subtrama en particular sirve para personalizar uno de los mensajes que contiene el film, permitiendo de este modo que el espectador se identifique con el protagonista. Vincent es un hombre común y corriente, es un personaje que existe precisamente porque sus fallas son perfectamente percibibles. Jerome en cambio, es presentando como su polo opuesto ya que posee todo lo que Vincent desea, con la excepción de la determinación a toda prueba del protagonista. En gran medida, el film realiza una comparación honesta entre un hombre imperfecto con uno que es percibido como tal. De forma paralela, “Gattaca” entabla un debate moral acerca de los problemas que pueden surgir en una sociedad determinada a discriminar a ciertos individuos a causa de su código genético. Es a raíz de este motivo que muchos estudiosos y científicos han señalado al film de Niccol como un verdadero ensayo bioético, debido a que no apunta a la ingeniería genética como la responsable del problema, sino que más bien establece que el problema surgiría solo si la sociedad está dispuesta a aceptar una ideología genetista que ve a los humanos sencillamente como la mera suma de sus genes.

 

En el ámbito de las actuaciones, la totalidad del elenco realiza un trabajo estupendo. Ethan Hawke convierte con éxito a Vincent en un personaje entrañable y creíble, el cual además demuestra tener una química innegable con sus compañeros de reparto, en especial con Jude Law, quien interpreta a Jerome como a un hombre inteligente, cínico y algo amargado, el cual es incapaz de abandonar el sistema que lo ha convertido en la persona que es en la actualidad. Uma Thurman por su parte, interpreta de manera sólida al interés amoroso del protagonista, la cual se caracteriza por ser una mujer que ha optado por abandonar toda esperanza de cumplir sus sueños. En lo que respecta al aspecto técnico del film, si hay algo por lo que “Gattaca” se caracteriza es por su cuidado aspecto visual. Tanto Jan Roelfs como Sarah Knowles se preocupan de establecer que la cinta se desarrolla en un futuro distópico, mediante la combinación de escenarios en los cuales priman los avances tecnológicos y una estética que perfectamente pudo haber sido sacada de un film noir clásico. Todo esto es complementado por el maravilloso trabajo de fotografía de Slawomir Idziak y por la selección de una paleta de colores en la cual priman los tonos amarillos y azules, con lo cual se pretende generar en el espectador una sensación de inevitabilidad y desesperanza que es compartida por los protagonistas del film. Por último, es necesario destacar la banda sonora compuesta por Michael Nyman, la cual resalta aún más la veta emotiva del relato.

Es necesario mencionar que “Gattaca” ha sido reconocida por muchos estudiosos como un como un verdadero film noir futurista, ya que tanto su aspecto estético como su estructura dramática se asemeja bastante a las cintas de cine negro que se filmaron durante las décadas del cuarenta y cincuenta. Al igual que otros film noirs, “Gattaca” utiliza como punto de partida un crimen y su posterior investigación policial, para luego centrarse en un problema social, en este caso el prejuicio y la intolerancia ejercida por un grupo específico de la sociedad, el cual es presentado mediante una serie de flashbacks que son narrados por la lacónica voz del protagonista. Curiosamente, pese a que el film de Niccol se estrenó durante la década en la cual se desarrolló el Proyecto del Genoma Humano, el cual pretendía identificar aproximadamente 25.000 genes en el ADN humano, con la intención de recolectar suficiente información como para poder realizar avances importantes en el desarrollo de la ingeniera genética, este no tuvo el éxito esperado. Solo algunos años después de su estreno, “Gattaca” comenzó a ser reconocida como una película entretenida que no solo le entrega al espectador una valiosa moraleja acerca de los peligros del abuso de la ingeniería genética, sino que además se alza como una de las cintas de ciencia ficción más inteligentes de los últimos 20 años.



por Fantomas.

jueves, 6 de septiembre de 2012

The Big Heat: Una de las últimas joyas de Fritz Lang en suelo norteamericano.

“The Big Heat” (1953), es un thriller del director Fritz Lang, el cual está protagonizado por Glenn Ford, Gloria Grahame y Lee Marvin.

Cuando al sargento de policía Dave Bannion (Glenn Ford) le ordenan investigar el aparente suicidio de un colega, este se ve enfrentado a un mundo dominado por la corrupción el cual termina cobrando la vida de su esposa (Jocelyn Brando). Ahora motivado por el dolor y la ira, Bannion hará hasta lo imposible por vengarse de los responsables de la muerte de su esposa, aunque esto le cueste la vida.

Durante gran parte de su carrera cinematográfica, el director alemán Fritz Lang se dedicó a retratar el submundo criminal y todas sus aristas. Tras su escape de la Alemania nazi, sus trabajos adquirieron un tono más oscuro y la venganza pasó a convertirse en uno de los temas primarios de sus obras. Teniendo esto en cuenta, la Columbia contrató al realizador para filmar la adaptación del serial “The Big Heat”, escrito por Willian P. McGivern y publicado por la revista Saturday Evening Post, el cual era una historia de venganza que gozó de gran popularidad entre los lectores de la época. El encargado de escribir el guión sería un reportero llamado Sydney Boehm, cuyo mayor cambio a la historia original consistiría en transformar al protagonista de un detective con educación universitaria, a un tipo común y corriente con quien la audiencia pudiera identificarse fácilmente. Para interpretar a este personaje, el estudio escogió a Glenn Ford, quien en aquel entonces era una de las estrellas más populares y confiables de Hollywood, lo que aseguraba el éxito del film. En lo que respecta al resto de elenco, los ejecutivos de la Columbia optaron por utilizar a una serie de actores que estaban bajo contrato con el estudio, entre los que se destacaban un joven Lee Marvin y la ganadora del Oscar, Gloria Grahame. Sería con esta última con quien Lang tendría una serie de diferencias creativas durante el rodaje, las cuales tuvo que solucionar a punta de amenazas (de hecho, en una ocasión le dijo: “o haces lo que te digo, o solo mostraré tu espalda y conseguiré a un loro para que diga tu diálogo”).

A los pocos segundos de comenzado el film, somos testigos de cómo el policía Tom Duncan decide volarse los sesos por motivos desconocidos. A sabiendas de las prácticas ilegales de su marido, Bertha Duncan (Jeanette Nolan) decide ocupar una nota dejada por este para chantajear a Mike Lagana (Alex Scourby), el mafioso más poderoso de la ciudad, y así darse la vida que jamás pudo gozar con el sueldo de su difunto esposo. Es aquí donde entra en escena el sargento Dave Bannion, un honesto policía de homicidios cuya intuición lo empuja a investigar las razones que llevaron a Duncan a suicidarse. Con el cruel asesinato de la amante de este último de por medio, Bannion decide confrontar a Lagana, a quien le promete acabar con su reino de corrupción cueste lo que cueste. Consciente de la amenaza que representa el obstinado policía, Lagana ordena asesinarlo sin imaginarse que un fallido atentado cobrará la vida de la esposa de Bannion. Decepcionado por la nula respuesta de las autoridades y dominado por la ira y el dolor, el ahora ex policía arriesgará su vida para encontrar al responsable de la muerte de su mujer y las pruebas suficientes para encerrar a Lagana, aún cuando esto le cueste su propia vida.


Si bien en la superficie el film de Lang no es más que la historia de un policía honesto, que intenta por todos los medios enfrentarse a un sistema corrupto dominado por criminales sin escrúpulos, la verdad es que en el fondo esconde un mensaje mucho más subversivo que cuestiona los costos personales y profesionales de la cruzada ética del protagonista. Durante la primera mitad de la historia, son dos las mujeres que pierden la vida por el simple hecho de confiar en Bannion, y más tarde una tercera termina corriendo la misma suerte a causa de la información que este último le proporciona. Dentro de su inocencia y su aparente desconexión con el mundo en el que está inmerso, el protagonista parece creer que puede trazar una línea divisoria entre la tranquilidad de su vida doméstica, y el violento entorno en el que se desenvuelve día a día a causa de su trabajo. Lamentablemente para él, serán su ética a prueba de balas y su malentendido heroísmo los grandes responsables de las tragedias que cambiarán su vida. Sin embargo, por la mente de Bannion jamás se vislumbra un dejo de culpabilidad. Esta es la razón por la que el film resulta ser increíblemente insidioso; ¿merecen Lagana y su lacayo Stone (Lee Marvin) pagar por todo lo que han hecho? Por supuesto que sí, pero ¿valía la pena que tres mujeres perdieran la vida a causa de la cruzada de Bannion? Eso es sumamente cuestionable.

Aunque la cinta se centra en la investigación inicial de Bannion y en su posterior sed de venganza, el verdadero motor de la historia resultan ser las mujeres que se cruzan en la vida del protagonista. Durante la primera mitad del film, será el cruento asesinato de la amante de Duncan lo que llevará a Bannion a enfrentarse a Lagana, lo que tendrá como consecuencia la muerte accidental de su esposa a manos de unos de los matones del poderoso e influyente criminal. De la misma forma, durante el segundo tramo de la cinta, otro par de mujeres se convierten en piezas claves de la trama; estás son Bertha Duncan y Debby Marsh (Gloria Grahame). Mientras que la primera se muestra como una verdadera villana y como la guardiana de las pruebas que pueden hundir a Lagana y sus secuaces, la segunda es la seductora pero bien intencionada novia de Vince Stone, el violento hombre de confianza de Mike Lagana. Debby eventualmente termina convirtiéndose en una suerte de interés amoroso del protagonista, y en su nexo más directo con el grupo de criminales, lo que por supuesto le traerá graves consecuencias. En una de las escenas más famosas del film, durante un ataque de celos, Stone quema la mitad de la cara de su chica arrojándole café caliente, por lo que a esta no le queda más remedio que recurrir a Bannion en busca de protección y contención.


En cuanto a las actuaciones, Glenn Ford hace un buen trabajo interpretando a este policía por sobre todo honesto, quien si bien la mayor parte del tiempo se muestra contenido y tranquilo, cuando se enfada es capaz de volverse un hombre sumamente violento que no respeta género ni edad. Lee Marvin por su parte, también realiza una estupenda labor interpretando al gran villano de la cinta, cuya frialdad y crueldad resulta ser realmente atemorizante incluso para su propio jefe, quien parece no poder controlarlo. Sin embargo, quien se roba la película es Gloria Grahame, cuya interpretación de esta mujer inteligente, seductora y desafiante, terminó por convertir a Debby Marsh en el personaje más interesante del film. Era tal el profesionalismo de la joven actriz, que a sabiendas de que su personaje no poseía líneas de dialogo realmente destacables, le pidió ayuda a su novio y futuro esposo, el guionista Cy Howard, quien contribuyó con dos de las líneas de diálogo más famosas de la cinta, que no hacían más que resaltar la sagacidad de su personaje. En lo que al aspecto técnico se refiere, la producción cuenta con el siempre destacable trabajo de fotografía de Charles Lang, y con una más que adecuada banda sonora compuesta principalmente por música de archivo, la cual había sido utilizada anteriormente en otros largometrajes del estudio.

Una de las características más interesantes de “The Big Heat” es su moralidad ambigua, la cual está presente en gran parte de los trabajos de Lang. Si bien el dilema ético del protagonista es un ejemplo perfecto de esto, este probablemente será obviado por el espectador quien no podrá evitar empatizar con un protagonista agobiador por el dolor y la impotencia. Es por esto que el mejor ejemplo de la naturaleza dual de la historia, está encarnado en el personaje de Gloria Grahame. Antes del incidente del café, Debby se muestra abiertamente feliz de estar con Vince Stone, aún cuando sabe a lo que este se dedica y conoce lo violento que puede llegar a ser. Cuando ella conoce a Bannion, sus últimos rasgos de inocencia logran salir a flote, lo que la lleva a intentar convertirse en una mujer acorde a los estándares morales del protagonista. Esta lucha interna es ilustrada con las consecuencias de las quemaduras en su rostro, donde el lado dañado representa todo aquello que Debby quiere dejar atrás, aún cuando en su momento no le molestaba, mientras que el lado sano representa sus ansías de encontrar la tan buscada redención, cuyo costo bien podría ser demasiado alto. Por su interesante contenido temático, su estupendo ritmo narrativo, el excelente trabajo del elenco, y su cuidado aspecto técnico, “The Big Heat” no solo es una de las mejores películas filmadas por Fritz Lang en suelo norteamericano, sino que además es una de las piezas fundamentales del siempre llamativo cine negro.

           

por Fantomas.

miércoles, 27 de junio de 2012

Murder, My Sweet: La primera aparición cinematográfica de Philip Marlowe.

“Murder, My Sweet” (1944), es un thriller del director Edward Dmytryk, el cual está protagonizado por Dick Powell, Claire Trevor, y Anne Shirley.

Tras salir de prisión, un criminal llamado Moose Malloy (Mike Mazurki) va en busca del detective privado Philip Marlowe (Dick Powell), para que lo ayude a encontrar a una antigua novia que no ha visto hace 6 años. Sin embargo, lo que inicialmente parece un caso sencillo, pronto se complica al punto de que es la vida de Marlowe la que termina poniéndose en peligro.


Raymond Chandler era un ejecutivo petrolero hasta que estalló la Gran Depresión, tras lo cual decidió regresar a su primer gran amor, la escritura. Él comenzaría a escribir historias cortas, las cuales serían publicadas con éxito por diversas revistas. Sería en uno de sus primeros relatos, cuyo título era “Killer in the Rain”, que Chandler introduciría al detective privado Philip Marlowe, quien se convertiría en uno de los personajes icónicos del género negro. Tras el éxito de su primera novela, en 1940 Chandler publicó su segundo libro titulado “Farewell, My Lovely”, cuyos derechos serían comprados por la RKO en tan solo 2.000 dólares. El estudio tenía la intención de convertir la historia en una nueva aventura de un sofisticado ladrón llamado “El Halcón”, personaje que protagonizó 16 cintas del estudio. Finalmente la novela daría vida al guión de “The Falcon Takes Over” (1942), cinta la cual gozó de bastante éxito y se convirtió en una de las mejores entradas de la saga. Durante ese mismo periodo, el productor Adrian Scott se encontró con la novela de Chandler en los archivos de la RKO, y pensó que la mejor forma de lanzar su carrera era realizar un film más fiel a la obra original. Tras venderle la idea al estudio, Scott junto al guionista John Paxton comenzaron a escribir un guión que presentaría algunos cambios importantes con respecto a la historia original, donde se destaca la inclusión del personaje interpretado por Ann Shirley, quien se convertiría en el interés amoroso del protagonista. Una vez terminado el guión y con un presupuesto de 400.000 dólares, el director Edward Dmytryk comenzó el rodaje de una cinta que es considerada como una de las piezas esenciales del cine negro.

Uno de los casos más complicados de Philip Marlowe comienza con la visita de un ex-convicto a su oficina llamado Moose Malloy, cuyo físico es propio de un titán pero cuya inteligencia es más propia de un niño pequeño. La razón de su visita es su desesperación por encontrar a una antigua novia llamada Velma, a quien no ha visto hace seis años, cuando ella trabajaba como cantante en un pequeño local nocturno. Pese a su resistencia inicial, Marlowe termina aceptando el trabajo, solo para deducir tras una breve investigación que la chica probablemente lleva un buen tiempo muerta. Antes de que el detective pueda contactar a Moose para contarle sobre sus hallazgos, se involucra en otros dos trabajos; el primero involucra un dudoso intercambio de dinero que sale horriblemente mal, mientras que el segundo tiene relación con la desaparición de un valioso collar de jade, el cual le pertenece a una seductora mujer llamada Helen Grayle (Claire Trevor), quien está casada con un acaudalado hombre que es mucho mayor que ella. Tras investigar varias pistas, algunas de las cuales involucran a Ann Grayle (Anne Shirley), la atractiva hijastra de Helen, y a Jules Amthor (Otto Kruger), un vidente y sanador de dudosa reputación, Marlowe comienza a percatarse de que los tres casos en los que ha estado involucrado en el último tiempo están fuertemente conectados. Es en ese preciso momento que su vida comienza a correr peligro, lo que lo obliga a resolver las numerosas interrogantes que se ciernen sobre su cabeza antes de que sea demasiado tarde.


Lo que resulta interesante, es que con la intención de mantener la narración en primera persona que presenta la novela, Adrian Scott sugirió que la cinta fuera narrada en forma de flashback por el mismo Marlowe, quien al comenzar el film se encuentra en un cuarto de interrogación de la policía con los ojos vendados, tras supuestamente haber sufrido un accidente del que no sabremos nada hasta el último tramo del relato. Lo que no tardaremos en descubrir, es que la policía cree que Marlowe es el culpable de una serie de asesinatos que están de alguna forma relacionados con la desaparición del costoso collar de jade. El hecho de ocupar el sitial del principal sospechoso de la investigación policial será solo uno de los problemas que tendrá que enfrentar el sagaz detective, cuya vida se ve en peligro en más de una ocasión, llegando incluso a ser secuestrado y drogado por un par de hombres cuyas intenciones son desconocidas. La llamativa secuencia alucinatoria que tiene lugar luego de este acontecimiento, es sin duda uno de los puntos altos del film. Un confundido y aterrorizado Marlowe ve con resignación como comienza a perder su sano juicio, al mismo tiempo que intenta encontrar una manera de escapar del lugar donde lo tienen recluido. Tan interesante como la ya mencionada secuencia, es lo que ocurre cada vez que el protagonista pierde el conocimiento a causa de sendos golpes que recibe en su cabeza. Al mismo tiempo que él narra cómo su mente lentamente se sumerge en un oscuro pozo, en el centro de la imagen aparece una suerte de mancha de aceite que termina por consumir todo el cuadro, reflejando de forma perfecta el sentir del detective.

Más allá de las interrogantes que se van planteando durante el transcurso de la cinta (que dicho sea de paso son bastantes), resulta importante el proceso que hace referencia a las conexiones que Marlowe establece con el resto de los involucrados en sus múltiples investigaciones, en especial con Moose y con la totalidad de la familia Grayle. En gran medida, el film sirve a modo de estudio sociológico el cual analiza algunas de las diferencias existentes entre aquellos que exhiben un estatus socioeconómico más bajo (como el protagonista y Moose) y aquellas personas que como los Grayle pueden disfrutar de todos los lujos que el dinero puede comprar. Mientras que la comparación entre los estilos de vida de unos y los otros queda plasmada en el primer tramo de la historia, la idea de que los intereses de los grupos más acomodados priman por sobre los del resto, queda plasmada de forma más sutil en lo que podría ser considerado el núcleo del relato. Resulta curioso como una historia que comienza con la sospechosa desaparición de una muchacha, termina volcándose en la búsqueda de un collar que si bien es muy valioso, es tan solo un collar. Prácticamente todos los personajes, incluyendo al mismo Marlowe, privilegian la búsqueda de la peculiar joya. Y es que al final del día, es el dinero el que manda, y considerando sus necesidades básicas, el buen detective no puede decirle no a un atractivo puñado de billetes.


En cuanto a las actuaciones, Dick Powell realiza un estupendo trabajo como el cínico y sagaz detective privado que no puede evitar meterse en un problema tras otro. Por otro lado, es destacable la actuación de Claire Trevor, quien personifica a una femme fatale de tomo y lomo. Su personaje no solo es capaz de engatusar a prácticamente cualquier hombre que se cruce en su camino, sino que además demuestra ser increíblemente maquinadora incluso cuando parece no tener una salida posible. Como su contraparte, nos encontramos con el personaje interpretado por Anne Shirley, quien está dispuesta a sacrificar su felicidad o su comodidad con tal de que su padre esté feliz. Estos tres personajes más el Señor Grayle (Miles Mander) conforman una compleja relación de múltiples aristas. Si bien la relación que se establece inicialmente entre Marlowe y el señor y la señora Grayle es únicamente laboral, eventualmente esta pasa a estar marcada por los celos, el engaño y la pasión. Al mismo tiempo, la hija del matrimonio demuestra cierto interés romántico por el protagonista, aunque su mayor preocupación es proteger a su frágil padre de cualquier daño que pueda provocarle su joven esposa, sin importar lo que tenga que hacer para lograrlo. Es por esto que los constantes cambios que se producen en la relación que establecen estos cuatro personajes, terminan siendo parte importante de una historia llena de sorpresas.

La verdad es que la trama es increíblemente intrincada, lo que no es de extrañar considerando que para crear la novela, Raymond Chandler fusionó tres de sus historias cortas: “The Man Who Liked Dogs", "Try The Girl", y "Mandarin's Jade". Afortunadamente, el guión está espléndidamente escrito y Dmytryk realiza un excelente trabajo como director, por lo que no resulta complicado seguir cada uno de los giros que presenta la trama, algunos de los cuales vienen a responder ciertas interrogantes que se plantean al inicio del film, mientras que otras abren paso a más preguntas que solo serán contestadas en el último tramo de la historia. En cuanto al aspecto técnico, la cinta cuenta con la atmosférica banda sonora de Roy Webb, y el maravilloso trabajo de fotografía de Harry J. Wild, cuyo uso de la luz y la sombra sirvió de ejemplo para gran parte de los realizadores que más tarde se embarcaron en la tarea de realizar nuevas aportaciones al género negro. “Murder, My Sweet” es fácilmente una de las mejores películas del llamado cine negro gracias a su espléndido guión, el estupendo apartado técnico, su dinámico ritmo narrativo, y el buen trabajo de su elenco. Quizás es por esto mismo es que Raymond Chandler no dudó en afirmar que esta era la mejor adaptación cinematográfica de su obra, lo cual considerando la calidad de otras de sus adaptaciones ya es mucho decir.

          

por Fantomas.

jueves, 31 de mayo de 2012

Lady in the Lake: Un film noir "navideño" donde tù eres el detective.

“Lady in the Lake” (1947), es un thriller del director Robert Montgomery, el cual está protagonizado por el mismo Montgomery, Audrey Totter, y Lloyd Nolan.

Cuando al detective privado Philip Marlowe (Robert Montgomery) le encargan encontrar a la mujer de un acaudalado publicista, acepta el trabajo pensando que sería un caso como cualquier otro. Sin embargo, cuando comienzan a apilarse los cuerpos y su vida es amenazada por un asesino misterioso, se verá obligado a resolver el caso antes de terminar en la cárcel o bajo tierra.

Cuando la MGM compró los derechos de la novela “Lady in the Lake”, del escritor Raymond Chandler, que narraba la cuarta aventura del detective Philip Marlowe, los ejecutivos le preguntaron al novelista si podía adaptar su obra a la pantalla grande. Esta hubiese sido la primera vez que Chandler habría escrito un guión basado en su propio trabajo. Sin embargo, el guión de 175 páginas que él escribió resultó ser imposible de filmar, por lo que el guionista Steve Fisher terminó por reescribir todo. Pese a esto, el escritor insistió en que su nombre apareciera en los créditos, a lo que los ejecutivos se negaron. Más allá de los problemas del estudio con el novelista, la cinta marcaría el debut como director de Robert Montgomery, quien un par de años antes había tenido que ocupar ese puesto momentáneamente en el film “They Were Expendable” (1945), cuando el director John Ford se fracturó la pierna mientras rodaban en locaciones. Debido al uso constante de la cámara subjetiva, según el mismo Montgomery fue realmente difícil rodar la cinta. Según lo que este le dijo al escritor John Tuska para el libro “The Detective in Hollywood”, la filmación del largometraje requirió mucho ensayo, ya que los actores son entrenados para no mirar a la cámara. Finalmente para ayudar a sus colegas, terminó colocando una canasta bajo la cámara la que ocupaba para sentarse, para que al menos los actores sintieran que le estaban respondiendo a él, aún cuando debían concentrarse para mirar a la cámara.

Luego de la pequeña introducción a la historia que el protagonista le realiza directamente al espectador, el relato se sitúa el día antes de navidad donde el detective Philip Marlowe, quien está cansado de los peligros que implica su profesión, visita las oficinas de las Publicaciones Kingsby con la esperanza de que la historia criminal que ha escrito pueda ser publicada. Sin embargo, la editora en jefe de la revista, Adrienne Fromsett (Audrey Totter), tiene otros planes en mente cuando decide citar a Marlowe para una entrevista. Lo que ella desea es que el detective localice a la esposa de su jefe, Derace Kingsby (Leon Ames), quien se encuentra desaparecida hace ya un buen tiempo, para que así el publicista pueda comenzar el proceso de divorcio. Pese a la desilusión que todo esto le provoca, Marlowe acepta el caso sin imaginarse en los problemas que deberá enfrentar. Cuando algunos de los conocidos de la mujer comienzan a morir y el detective empieza a ser perseguido por la policía, este se embarca en una carrera contra el tiempo para encontrar al responsable de los cruentos crímenes, y para descubrir que es lo que en verdad sucedió con la misteriosa señora Kingsby, cuyo destino parece estar ligado con un crimen que ocurrió varios años antes y que parece no tener solución.


Con su cinismo habitual, Marlowe se enfrenta a un caso que presenta como principal sospechosa a la mujer que lo contrata. Adrienne Fromsett tiene la particularidad de interpretar el rol de mujer fatal e interés amoroso del protagonista, sembrando la duda sobre sus verdaderas intenciones, las cuales solo serán reveladas en el último tramo del film. La relación de este personaje con el protagonista es básicamente una relación de amor/odio, que en un momento lleva a Marlowe a renunciar a su tarea solo para ser nuevamente contratado minutos después por Kingsby. Siempre con un dejo de desconfianza, la percepción del protagonista con respecto a la mujer va a ir cambiando a medida que avanza la película, convirtiéndola eventualmente en su única aliada en un caso plagado de mentiras y traiciones. Más allá de esta vertiente romántica, a los pocos minutos de comenzada la cinta se hace evidente el hecho de que el relato intenta conjugar gran parte de los elementos clásicos del film noir. Personas desaparecidas, amantes despechados, policías corruptos, asesinatos, y hombres injustamente acusados, aparecen en una historia que por momentos se complica mucho más de lo esperado, dificultando su seguimiento. Esto obliga a Montgomery a arreglárselas para mantener el interés del espectador, sin entregar demasiada información que puede develar el misterio de forma temprana.

Más allá de los detalles de su trama, la razón principal por la que “Lady in the Lake” se convirtió en uno de los representantes más recordados del film noir, es por el cuestionado uso de la cámara subjetiva, artilugio que fue abiertamente criticado por Raymond Chandler. Corriendo un gran riesgo, Montgomery opta por convertir la cámara en los ojos de la audiencia durante todo el transcurso de la película, invitándola a fusionarse con el protagonista y a experimentar en la medida de lo posible las reacciones de este frente a ciertos escenarios. Es así que cuando Marlowe recibe una cachetada, la cámara se sacude, y cuando el personaje de Audrey Totter se inclina para besarlo, el espectador indirectamente experimenta parte de la sensación de confusión del protagonista, al menos visualmente. Con la intención de darle una mayor consistencia a este efecto, es que será solo a través de un par de espejos situados estratégicamente en algunos de los escenarios que visita el protagonista, que podremos ver su rostro, algunas de sus reacciones, y las consecuencias físicas que le trae el peligroso caso en el que está trabajando. Aunque la decisión del director de filmar en primera persona ha sido ampliamente criticada durante el transcurso de los años, la verdad es que tiene ciertos puntos a su favor. No solo aumenta el suspenso y la paranoia, los cuales son elementos claves del film noir, sino que además requiere de la participación activa del espectador, lo que obviamente termina generando un interés mayor por parte del mismo en una historia más bien genérica.

 

En cuanto a las actuaciones, el mismo tema de la cámara subjetiva atenta contra la correcta interpretación de los involucrados, quienes afortunadamente en su gran mayoría realizan un buen trabajo, evitando que todo el ejercicio se torne irrisorio. Quizás quien más se ve perjudicado con esta decisión artística es el mismo Montgomery, cuyo tono de voz no cambia mucho durante el transcurso del film, aún cuando se ve expuesto a una serie de situaciones límite. Esto combinado con el hecho de que el actor no puede hacer uso de su gestualidad para transmitir las emociones de su personaje, determinan que la labor de guiar las emociones de la historia recaiga en otros personajes, como por ejemplo el interpretado por la actriz Audrey Totter, quien logra destacarse por sobre el resto de sus colegas. En la vereda contraria se encuentra Jayne Meadows, cuya sobreactuación atenta directamente contra la atmósfera de suspenso que presenta el tramo final del film. Por otro lado, la cinta cuenta con el correcto trabajo de fotografía de Paul Vogel, quien junto al director lograr crear una atmósfera cargada de tensión propia de este tipo de películas. En cuanto a la banda sonora, aparte de un par de tonadas navideñas, la producción prácticamente no utiliza composiciones musicales, apoyándose por completo en el apartado visual.

Pese que en general la utilización de la cámara subjetiva funciona bastante mejor de lo esperado, y que la historia de misterio que presenta el film se desarrolla de buena manera, contiene una serie de vueltas de tuerca interesantes, y es relatada por Montgomery a un ritmo narrativo más que adecuado, “Lady in the Lake” es una de las producciones más criticadas por los seguidores de Chandler, Marlowe, y del cine negro en general. Gran parte de esas críticas apuntan a las libertades que se tomó Montgomery tanto con la historia como con el retrato del popular detective, lo que terminó situando a la película como una obra menor del género. Sin embargo, esto no impide que la cinta se ciña a las convenciones narrativas y estilísticas habituales del cine negro, dando vida a un relato que por sobre todo es sumamente entretenido. Curiosamente, este no sería el único largometraje del género que haría uso de la cámara subjetiva para invitar al espectador a participar más activamente del relato; “Dark Passage” (1947), film protagonizado por Humphrey Bogart, también utilizaría el curioso ángulo de cámara aunque solo durante la primera hora de metraje. Pese a las críticas, “Lady in the Lake” es un buen exponente del film noir y una buena demostración de la habilidad como realizador de Robert Montgomery, quien volvería a incursionar como director en el género con la cinta “Ride the Pink Horse” (1947), la cual sería mucho mejor recepcionada tanto por el público como por la crítica.

 

por Fantomas.

viernes, 25 de mayo de 2012

The Big Clock: El tiempo lo es todo.

“The Big Clock” (1948), es un thriller del director John Farrow, el cual está protagonizado por Ray Milland, Charles Laughton, y Maureen O´Sullivan.

George Stroud (Ray Milland), es el exitoso editor de una revista de crímenes que goza de gran popularidad. Sin embargo, luego de una noche de borrachera, Stroud se ve implicado en el asesinato de una modelo (Rita Johnson), quien coincidentemente es la amante de su jefe (Charles Laughton). Con la policía y los numerosos periodistas de la editorial tras la pista del asesino, Stroud tendrá que probar su inocencia antes de que sea demasiado tarde.

A mediados de los cuarenta, el escritor Jonathan Latimer, conocido principalmente por sus novelas policiales protagonizadas por el detective privado William Crane y por su trabajo como guionista en algunas producciones de cine negro hollywoodense, se asoció con el director John Farrow en la realización de diez largometrajes al interior de los estudios Paramount. Entre las novelas que le tocó adaptar durante este periodo, se encuentra “The Big Clock”, la cual fue escrita en 1946 por Kenneth Fearing, quien hizo carrera como escritor de poesías durante la década del treinta, para luego volcarse de lleno a las novelas de detectives. El escrito más importante de Fearing, fusionaba de manera bastante llamativa algunos elementos típicos de la novela negra, con un número importante de observaciones satíricas acerca de la sociedad norteamericana de aquel entonces. Una vez terminado el guión, Farrow y compañía se lanzaron a la tarea de escoger al encargado de interpretar el rol protagónico. Ray Milland, quien en ese entonces gozaba de gran popularidad debido al Oscar que recibió por su actuación en el film “The Lost Weekend” (1945), donde interpretaba a un alcohólico, parecería ser la elección perfecta para dar vida a un hombre que debido a la ingesta desmedida de alcohol, se mete en un problema que puede destruir su vida.

En “The Big Clock”, Milland interpreta a George Stroud, el editor de una popular revista titulada Crimeways, cuyas oficinas se encuentra al interior de un moderno edificio en cuya cima se erige un inmenso reloj, que no hace más que reflejar la importancia que tiene el tiempo para Earl Janoth, el millonario dueño del edificio. “El tiempo es dinero”, es la frase preferida del magnate, cuya ambición sin límites durante años no le ha permitido a Stroud tomarse vacaciones junto a su familia, lo que ha provocado que su relación matrimonial se encuentre en un punto álgido. Y es que la importancia del editor dentro de la compañía reside en su habilidad para encontrar a peligrosos fugitivos de la justicia antes que las mismas autoridades, gracias a un método llamado “el sistema de las pistas irrelevantes”, que le permite realizar un perfil del sospechoso lo que facilita su aprehensión. Como sucede en gran parte de los “relatos negros”, la mayoría de los problemas que debe afrontar el protagonista serán generados por una mujer que irrumpe de improviso en su vida. Dicha mujer es Pauline York, una joven modelo que ha mantenido durante un buen tiempo una relación sentimental oculta con Janoth, a quien ahora desea chantajear con información de su pasado, la cual espera que pueda ser conseguida por Stroud.


Esta la primera de una cadena de acontecimientos que terminan situando al protagonista en un problema del que le será difícil escapar. Y que pese a ser un hombre íntegro, tras perder su empleo y discutir con su esposa, este decide reunirse con York para escuchar su plan. Mal aconsejado por el alcohol y su creciente frustración, Stroud y su nueva amiga terminaran recorriendo varios lugares de la ciudad antes de terminar en el departamento de la mujer. Contrario a lo que se podría pensar, y escapando al prototipo de la mujer fatal, York parece entablar una relación de complicidad con el protagonista, la cual lamentablemente será bastante fugaz. Ante la sorpresiva llegada de Janoth al edificio, a Stroud no le queda más remedio que escapar entre las sombras, convirtiéndose en la única persona capaz de ligar al magnate con la mujer, quien termina muerta tras una fuerte discusión con él. Con el fin de borrar todas las pistas que puedan incriminarlo, Janoth le pide a Stroud que utilice su sistema para encontrar a quien lo vio llegar al lugar, colocando al protagonista en una situación imposible. Con el temor de ser culpado de un crimen que no cometió, Stroud no tendrá más remedio que ocupar su ingenio para encontrar pruebas que lo exculpen antes que la policía, algunos testigos de su noche de juerga, y su propio equipo de periodistas, lo señalen como el hombre que están buscando. 

Como ya había mencionado antes, bajo esta intrincada trama de dimes y diretes, donde se desarrolla un complejo juego del gato y el ratón que está repleto de inesperadas vueltas de tuerca, se encuentra una fuerte crítica a la maquinaría empresarial. Tras el término de la Segunda Guerra Mundial, la sociedad norteamericana fue testigo de cómo se empezaron a erigir enormes edificios de los gigantes corporativos, que no eran más que el reflejo del ego de sus dueños, y de las complicaciones que todo este progreso trajo consigo. La situación familiar de Stroud es un buen ejemplo de los problemas ligados a las políticas empresariales. Las exigencias de producción de las grandes compañías inevitablemente terminan atentando contra los derechos de los trabajadores, al tratarlos como simples engranajes de un gran reloj que está diseñando a funcionar sin descanso, con el fin de obtener las ganancias deseadas. Es dentro de la ambición desmedida de la que son “víctimas” algunos empresarios, que estos terminan cruzando ciertos límites morales cuyas consecuencias son nefastas tanto para ellos, como para sus trabajadores, y para la misma sociedad. Esto queda plenamente demostrado con el accionar del personaje interpretado por Charles Laughton, quien es capaz de utilizar la plataforma comunicacional que posee para mentirle a las autoridades, a sus trabajadores y a la sociedad, no solo con el fin de evitar ir a prisión, sino que también con la intención de no perder todo su patrimonio.


En cuanto a las actuaciones, Ray Milland hace un estupendo trabajo interpretando a un personaje bien intencionado cuyas malas decisiones laborales y personales lo llevan a involucrarse en una complicada situación, que no hará más que aumentar sus niveles de ansiedad a medida que el cerco se cierra en torno a él. Charles Laughton por su parte, está sencillamente genial como este detestable magnate que sin saberlo, se convertirá en la némesis del protagonista. También es destacable la participación de Elsa Lanchaster (la esposa en la vida real de Laughton), quien interpreta a una excéntrica artista que participa en el caso como testigo, aportando un par de momentos bastante cargados a la comedia, y la actuación de George Macready, quien interpreta al fiel empleado de Janoth, que asume la responsabilidad de eliminar todas las pistas que puedan ligar a su jefe con el crimen. Respecto a la relación que se da entre este personaje y el interpretado por Laughton, existe una cierta tensión homosexual que también puede detectarse entre Janoth y Bill Womack (Harry Morgan), quien hace las veces de guardaespaldas/masajista/matón del empresario. Ambos hombres parecen estar dispuestos a hacer lo que sea por su jefe, incluso inmolar su libertad o su vida si es necesario, por lo que en cierta forma Janoth ocupa el rol de "mujer fatal" tan propio de los relatos negros. El elenco lo completa Maureen O´Sullivan (esposa en la vida real de John Farrow), cuyo rol si bien es pequeño cobra cierta importancia en el tramo final del film.

En cuanto al aspecto técnico de la cinta, esta cuenta con el estupendo trabajo de fotografía de Daniel L. Fapp y John F. Seitz, y la atmosférica banda sonora de Victor Young. Igualmente destacable es el diseño de producción, en especial el de la laberíntica fortaleza de Janoth, que en cierta forma ha pasado a convertirse en una prisión para el protagonista, quien primero no puede escapar de ella a causa de su trabajo, y luego no puede permitirse el lujo de abandonar su oficina por temor a ser señalado como un asesino. “The Big Clock” es un excelente exponente del film noir, que mezcla de manera exitosa suspenso, humor, acción y una buena cantidad de giros dramáticos inesperados, que son más que suficientes para capturar la atención del espectador durante todo el transcurso del metraje. Además cuenta con un elenco que en su totalidad realiza un estupendo trabajo, y con un protagonista lo suficientemente querible como para que el espectador empatice con su situación. En la década de los ochenta, el director Roger Donaldson filmaría un remake titulado “No Way Out” (1987), el cual trasladaría la acción de una importante editorial al escenario político de Washington en plena Guerra Fría.

        

por Fantomas.
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