domingo, 31 de enero de 2010

Torn Curtain: Todo por una fórmula.

“Torn Curtain” (1966), es un thriller de espías del director Alfred Hitchcock, el cual está protagonizado por Paul Newman y Julie Andrews.

Michael Amstrong (Paul Newman) es un físico atómico estadounidense que va a Copenhague para asistir a una conferencia internacional. Ante la sorpresa de todos, se pasa al Berlín Oriental para ofrecer sus servicios a los comunistas. Su novia Sarah (Julie Andrews) lo sigue para persuadirlo de regresar, ya que no puede creer el sorprendente cambio ideológico de Michael, quien en realidad pretende obtener una fórmula secreta que puede ser la clave para la construcción de una nueva arma nuclear.


Luego del fracaso comercial de “Marnie” (1964), los ejecutivos de la productora MCA/Universal decidieron ejercer un mayor control sobre Alfred Hitchcock, insistiéndole que su próximo proyecto debía ser comercialmente atractivo. Entre las ideas que se barajaron, el director mostró un especial interés en el bullado caso de espionaje Burgess-MacLean ocurrido en Inglaterra. Guy Burgess y Donald MacLean eran dos espías británicos que trabajaron secretamente para la Unión Soviética, investigando los secretos del desarrollo nuclear atómico norteamericano en plena Guerra Fría. Ambos eran homosexuales y alcohólicos, y en 1951 huyeron juntos una vez que se supo que MacLean era un doble agente. A Hitchcock le intrigaba la reacción emocional de la esposa de Burgess, y el tema del amor-versus-deber, el cual se veía teñido por un amor no correspondido y por la homosexualidad de los involucrados. Teniendo en mente que el centro narrativo y emocional de la cinta debía ser la reacción de la mujer traicionada por su marido, el director llamó al escritor James Goldman, quien tenía cierta experiencia con historias de corte similar. Sin embargo, el escritor decidió rechazar el proyecto, por lo que Hitchcock tuvo que contratar a Brian Moore, quien había escrito varias novelas exitosas entre las que se encontraba “The Lonely Passion of Judith Hearne”.

El reciente éxito de las cintas protagonizadas por James Bond, en cierta medida incentivó a Hitchcock a retomar el tema del espionaje. Sin embargo, lo que deseaba el director era retratar el lado menos atractivo del ahora idealizado mundo del espionaje. En relación a esto, el director declararía en una ocasión: “La cinta presenta a un hombre común sintiendo lo que es ser un espía, y lo poco atractivo del asunto. Él se ve involucrado en un asesinato, engaña a un profesor, etc. En realidad, la idea es mostrar que el espionaje es un negocio despreciable. En este caso, yo intento que la audiencia se identifique con este hombre común y que sienta lo poco placentero que resulta ser este negocio. Un espía es un héroe en su propio país, pero es un villano en el país enemigo”. Lamentablemente, la relación entre Hitchcock y su guionista no estuvo exenta de problemas. Las constantes presiones por parte del estudio de contratar a Paul Newman y Julie Andrews para interpretar a los protagonistas, no solo provocaron que el director tuviera que echar por la borda el tema de la homosexualidad y otras de las ideas planteadas por Moore, sino que además lo obligó a comenzar con la producción de manera anticipada.

Todo esto irritó a Hitchcock por diversos motivos. No solo no pudo contratar a Eve Marie Saint y a Cary Grant para interpretar los roles protagónicos, sino que además le resintió el hecho de que la dupla de protagonistas iba a ganar un sueldo mucho más alto que el suyo, lo que en cierta medida opacaba su participación en el film. Para colmo, el perfil de Newman y Andrews lo obligaba a eliminar por completo cualquier rastro de la historia de Burgess y MacLean, y a desechar por completo la idea de retratar el mundo del espionaje desde un punto de vista femenino. Como era de esperarse, todo esto fragmentó la relación entre Moore y Hitchcock, al punto que el director llegó a afirmar que el relato resultaba poco creíble, y que los personajes en general eran bastante flojos. Quizás por esto mismo, el proceso de rodaje resultó ser una verdadera tortura para todos los involucrados. El director perdió gran parte del interés en la producción durante la filmación de la misma, y se enfrascó en varias disputas con el elenco, en especial con Newman quien constantemente se quejaba de la calidad del guión. Si bien cuando Hitchcock finalizó el rodaje de la cinta, pensó que sus problemas se habían acabado, pronto se dio cuenta de su error. Nuevamente debido a las presiones del estudio, el realizador terminó rompiendo su exitosa relación con el compositor Bernard Herrmann, lo que provocó que fuese John Addison el encargado de componer la banda sonora del film.

Básicamente, la historia se puede dividir en tres actos; durante el primer acto se juega con la idea de que el protagonista a desertado y se ha pasado al bloque comunista, en el segundo se describe como Michael Armstrong se infiltra en Berlín Oriental e intenta conseguir la tan ansiada fórmula, y en el tercer y último acto la acción se centra en el intento de escape de la dupla de protagonistas, quienes son seguidos de cerca por las autoridades alemanas. Lo que sin duda resulta interesante, es que en esta ocasión el famoso MacGuffin es una idea abstracta. Y es que lo que busca el personaje interpretado por Newman, es el fragmento de una fórmula que solo conoce el afamado profesor Gustav Lindt (Ludwig Donath), cuya efectividad aún no ha sido probada. Consciente de la dificultad que significaba plasmar esta idea en la pantalla grande, Hitchcock elaboró una ingeniosa secuencia en la que Armstrong y Lindt escriben en una pizarra una serie de fórmulas matemáticas, entre las cuales se esconde la solución del problema que el protagonista busca resolver.

Por otro lado, la cinta cuenta con una serie de escenas memorables, donde la más recordada es aquella en la que el protagonista asesina de manera brutal a un agente de la Gestapo llamado Gromek (Wolfgang Kieling). Debido a lo gráfico de dicha escena, esta fue ampliamente criticada tras el estreno del film. También resulta destacable la secuencia en la que los protagonistas intentan cruzar la frontera a bordo de un bus repleto de agentes de la resistencia, aún cuando esta presenta algunos aspectos técnicos algo deficientes. Sin embargo, la película no está exenta de errores o ciertas lagunas narrativas. A la nula química existente entre Paul Newman y Julie Andrews, quienes de todas maneras realizan un buen trabajo interpretando su respectivos roles, se suma la inclusión de escenas con fines meramente propagandísticos, como aquella que tiene como protagonista a la Condesa Kuchinska (Lila Kedrova), una polaca que detesta la ideología comunista, razón por la cual se muestra desesperada por emigrar a los Estados Unidos.

En relación al aspecto técnico del film, este cuenta con el estupendo trabajo de fotografía de John F. Warren, el correcto diseño de producción de Hein Heckroth, y la efectiva banda sonora del ya mencionado John Addison. Al momento de su estreno, “Torn Curtain” logró obtener buenos resultados de taquilla, aún cuando no consiguió ser aceptada por la crítica especializada. Y es que pese a tratarse de una película entretenida, las presiones del estudio, la rotación de guionistas y el desinterés del propio director, terminaron reflejándose en una historia marcada por la traición y las falsas apariencias. En definitiva, si bien es indiscutible que “Torn Curtain” es una de las obras menores del siempre interesante Alfred Hitchcock, la película está lejos de ser uno de sus peores trabajos como lo aseveró la crítica en aquel entonces, razón por la cual merece ser reivindicada como algo más que un correcto thriller ambientado en la Guerra Fría.




por Fantomas.

Rita Hayworth: La diosa del amor.

Margarita Carmen Cansino, más conocida como Rita Hayworth, nació el 17 de octubre de 1918, en Brooklyn, Nueva York. Su padre era un bailarín español llamado Eduardo Cansino, y su madre era una corista llamada Volga Hayworth. Mientras que su padre deseaba que Rita se convirtiera en una bailarina, su madre esperaba que ella se convirtiera en actriz. Su abuelo, Antonio Cansino, uno de los bailarines españoles clásicos más famosos de su época, sería el encargado de instruir a la joven en el arte de la danza. “No me gustaba mucho”, declararía Hayworth algunos años después con respecto a la danza, “pero no tenía el valor de decirle a mi padre, así que comencé a tomar lecciones. Ensayo, ensayo, ensayo, en eso consistió mi infancia”. “Cuando tenía solo tres años y medio de edad, tan pronto como pude ponerme de pie, empecé con las lecciones de baile”, agregaría Hayworth. Fue así como ella asistiría a clases en el Carnegie Hall todos los días durante algunos años, bajo la estricta tutela de su tío Angel Cansino. Para cuando tenía ocho años, Cansino y su familia se muda al oeste de Hollywood, donde establecieron su propio estudio de danza. Varias estrellas hollywoodenses, entre las que se encontraban James Cagney y Jean Harlow, recibirían entrenamiento especializado por parte de Cancino.

A medida que Hayworth fue creciendo, su padre vio el potencial que ella tenía y la convirtió en su compañera en un espectáculo que se llamaría, “The Dancing Cansinos”. Debido a que en ese entonces Rita no tenía edad legal para trabajar en clubes nocturnos y bares, ella y su padre cruzaron a México a principios de los treinta, donde se presentarían en distintos clubes repartidos por Tijuana. Sería en uno de esos clubes que Hayworth sería descubierta por el entonces encargado de la Fox Film Corporation, Winfield Sheehan. Una semana más tarde, Rita sería llevada a Hollywood para realizar una prueba de cámara para el estudio. Impresionado por su presencia en pantalla, Sheehan contrató a Hayworth (cuyo nombre artístico en ese momento era Rita Cansino) por seis meses. Durante su estadía en la Fox, Hayworth aparecería con roles menores en cinco películas, siendo la primera de estas “Under the Pampas Moon” (1953). Para cuando finalizó su contrato con el estudio, la Fox se había convertido en la Twentieth Century-Fox, y Darryl F. Zanuck era ahora el encargado del estudio. A Zanuck poco le importó el interés de Sheehan por la joven actriz, por lo que decidió no renovar su contrato.


Para aquel entonces, Hayworth tenía 18 años y estaba casada con el empresario Edward C. Judson, quien la doblaba en edad. A sabiendas del potencial como actriz de Hayworth, Judson se las arregló para conseguirle distintos roles en varias películas independientes, como por ejemplo “Rebellion” (1936) y “Trouble in Texas” (1937), entre otras. Eventualmente, Judson terminó consiguiéndole a Hayworth una prueba de cámara en los estudios Columbia. Harry Cohn, quien en ese entonces estaba a cargo del estudio, firmó un contrato a largo plazo con la actriz, quien gradualmente fue apareciendo con pequeños roles en distintas cintas de la Columbia. Preocupado por el look demasiado latino de Rita, el cual podía terminar encasillando a la actriz en roles hispánicos, Cohn le pagó un tratamiento que le ayudaría a ensanchar su frente. Para cuando ella regresó a la Columbia, era pelirroja y había cambiado su nombre a Rita Hayworth. En 1937, la actriz aparecería en cinco films del estudio con roles menores, siendo el primero de ellos el drama “Criminal of the Air” (1937). Al año siguiente, Hayworth trabajaría en cinco cintas más de la serie B del estudio.

En 1939, Cohn presionó al director Howard Hawks para que le otorgara a Hayworth un pequeño pero importante papel en el drama de aviación, “Only Angels Have Wings” (1939), el cual estaba protagonizado por Cary Grant y Jean Arthur. La cinta resultó ser todo un éxito, y pronto Hayworth comenzó a recibir cientos de cartas de sus admiradores, por lo que Cohn comenzó a ver a la actriz como la primera estrella oficial del estudio (la Columbia nunca había tenido a una estrella bajo contrato, con la excepción de Jean Arthur quien en ese momento quería desligarse del estudio). De esta forma, Cohn comenzó a darle mejores papeles a Rita en cintas como “Music in My Heart” (1940), “The Lady in Question” (1940), y “Angels Over Broadway” (1940), con el fin de incrementar su popularidad. Incluso permitió que ella participara en la cinta de la MGM, “Susan and God” (1940), co-protagonizada por Joan Crawford. Al año siguiente, Hayworth iría a préstamo a la Warner Brothers donde participaría en el film, “The Strawberry Blonde” (1941), protagonizado por James Cagney y Olivia de Havilland.

Tras el éxito de “The Strawberry Blonde”, la popularidad de Hayworth se disparó convirtiéndola en una de las grandes estrellas de Hollywood. Tan impresionados quedaron los ejecutivos de la Warner con la actuación de la actriz, que de inmediato intentaron contratarla. Sin embargo, Cohn no estaba dispuesto a perderla. Su próxima cinta sería la también exitosa “Blood and Sand” (1941), la cual sería producida por la Fox, el mismo estudio que seis años atrás había desechado a la actriz. Este film marcaría el primero de sus roles de mujer seductora, el cual sería altamente alabado por la crítica. Hayworth regresó en gloria y majestad a la Columbia Pictures para grabar el musical “You´ll Never Get Rich” (1941), junto a Fred Astaire, el cual sería una de las cintas más costosas jamás realizadas por el estudio. Fue tal el éxito de la película, que al año siguiente la actriz nuevamente trabajaría junto a Astaire en “You Were Never Lovelier” (1942). Ese mismo año, Hayworth participaría en dos cintas más; “Tales of Manhattan” y “My Gal Sal”. Pero no todo sería alegría ese año. Cansada de los malos tratos de su marido, quien la amenazaba con golpearla si no le daba dinero, Hayworth pidió el divorcio el 24 de febrero de 1942. Una vez que se separó de Judson, la actriz se vio sin dinero, por lo que tuvo que pedirle alojamiento por un tiempo a su amigo Hermes Pan.

Durante este periodo, Hayworth posó para la Life Magazine con un seductivo negligé. Cuando los Estados Unidos se involucraron en la Segunda Guerra Mundial en diciembre de 1941, la actriz se convirtió en una de las favoritas de los soldados. Rápidamente pasó a ganarse el apodo de “la diosa del amor”. Pese a ser un símbolo sexual, ella se mostró discreta. De hecho, en una ocasión declararía: “todos los demás realizan escenas de desnudos, pero yo no. Nunca realicé películas que involucraran desnudos. No tenía la necesidad de hacer eso. Yo bailé y fui provocativa en algunos aspectos, pero nunca me expuse por completo”. El 7 de septiembre de 1943, Hayworth contraería matrimonio con Orson Welles. Ninguno de sus colegas conocía los planes de la pareja, la cual les avisó a sus más cercanos solo un día antes del matrimonio. Unas pocas horas después de la ceremonia, ambos regresaron a su trabajo en el estudio. Durante esta relación, la actriz tendría a su primera hija, Rebecca. Luego de estar casados durante cinco años, los problemas entre la pareja eran insoportables. Según Hayworth, Welles “no mostraba ningún interés por establecer un hogar. Cuando le sugerí que compráramos una casa, él me dijo que no quería asumir esa responsabilidad. Él me dijo que nunca debería haberse casado en primer lugar; que eso había interferido su libertad y su estilo de vida”.

Para 1944, Hayworth había alcanzado la cima de su fama. Ese año, ella realizó una de sus cintas más conocidas, el musical “Cover Girl” (1944), el cual estaba co-protagonizado por Gene Kelly. Dicho film terminó por posicionar a la actriz como una de las grandes estrellas de la Columbia durante la década de los cuarenta. Aunque su voz era doblada en los musicales, su exuberante estilo al momento de bailar la distinguía del resto de los actores que participaban en los musicales de aquella época. Cohn siguió explotando el talento de Hayworth en las cintas a color: “Tonight and Every Night” (1945), y “Down to Earth” (1947). Su atractivo erótico se destacaría aún más en el clásico del cine negro, “Gilda” (1946), del director Charles Vidor. En dicha cinta, Hayworth realizaría un legendario striptease que la convertiría en un icono cultural y en la femme fatale por excelencia. Uno de los roles más aclamados de la actriz sería el de Elsa Bannister en la cinta de Orson Welles, “The Lady from Shanghai” (1947). La producción sería un fracaso de taquilla, fracaso que sería atribuido al brusco cambio de apariencia de Hayworth, quien se tiñó el pelo rubio además de cortárselo. Dicho movimiento sería realizado a espaldas de Cohn, quien se enfureció una vez que se enteró del cambio de look de la actriz.

Su siguiente película, “The Loves of Carmen” (1948), sería la primera cinta co-producida por la Columbia y la productora de la actriz; The Beckworth Corporation. El film sería todo un éxito, y Hayworth recibiría un porcentaje de las ganancias, maniobra que repetiría en todas las cintas en las que participó hasta 1955, cuando tuvo que disolver su productora para pagar las deudas que mantenía con la Columbia. La actriz había mantenido una tensa relación con el estudio durante años. En 1943, ella fue suspendida sin derecho a sueldo por nueve semanas cuando se rehusó a aparecer en “Once Upon A Time” (1944). Cabe recordar que en aquella época, los actores no tenían la posibilidad de escoger sus proyectos como sucede en la actualidad, y además tenían salarios fijos. En 1945, la actriz nuevamente sería suspendida el día que se enteró que estaba embarazada. En 1947, Hayworth firmó un nuevo contrato con la Columbia el cual le prometía un salario de $250.000 dólares, además del 50% de las ganancias de sus cintas. En 1951, el estudio declaró que había invertido más de $800.000 dólares en propiedades para la actriz, la cual fue nuevamente suspendida en 1952, cuando faltó a las filmaciones de “Affair in Trinidad” (1952), con la excusa de que no le gustaba el guión.

En 1955, ella inició una demanda para así poder librarse del contrato con el estudio. Hayworth declararía; “Harry Cohn pensaba que yo era una de las personas que él podía explotar para así conseguir dinero. Y yo hice un montón de dinero para él, pero no mucho para mi”. La actriz siguió sintiendo resentimiento hacia la figura de Harry Cohn, incluso varios años después de que su carrera había terminado y él estaba muerto. “Él sentía que era mi dueño”, declararía en otra ocasión Hayworth, “Era un hombre muy posesivo conmigo, él no quería que saliera con nadie ni que tuviera amigos. Nadie puede vivir de esa forma, así que lo enfrenté… ¿Quieres saber que es lo que pienso de Harry Cohn? Él es un monstruo”. Aunque Cohn tenía una reputación de ser un hombre difícil, él también tenía razones de sobra para enojarse con la actriz. Él había invertido grandes sumas de dinero en Hayworth antes de que ella comenzara su relación con el Príncipe Aly Khan (que en ese entonces estaba casado), lo que sin duda representaba un riesgo para su carrera, e indirectamente colocaba a la Columbia en una posición incómoda. De hecho, un periódico británico realizó un llamado a boicotear las cintas de la actriz. El mismo Cohn expresaría su frustración con la actriz en una entrevista de la Revista Time. “Hayworth debe valer fácilmente diez millones de dólares en la actualidad. Ella poseía el 25% de las ganancias de sus cintas las cuales además eran exitosas, pero tenía que casarse lo que causó su salida del negocio durante dos o tres años”.

En 1948, Hayworth dejaría su carrera como actriz para contraer matrimonio con Aly Khan, con quien tendría una hija llamada Yasmin. En 1951, mientras aún seguía casado con ella, lo vieron bailando en un club nocturno con la también actriz, Joan Fontaine. Ese mismo año, Hayworth se divorciaría de Khan bajo el pretexto de maltrato psicológico. Durante la lucha por la custodia de su hija Yasmin, Khan declaró que quería que fuera criada siguiendo las costumbres musulmanas. Hayworth por su parte, quería criarla bajo la religión católica. De hecho, la actriz rechazó una oferta de un millón de dólares por criar a su hija como musulmana. La lucha por la custodia de la pequeña fue una de las batallas públicas más grandes de las que se tenga memoria en Hollywood. Hayworth temía que su ex marido secuestrara a su hija para llevársela a su país, por lo que se vio obligada a realizar diversas negociaciones para impedir que esto ocurriera. Lamentablemente, este no sería el último matrimonio desastroso de la actriz. Algunos meses después de divorciarse de Khan, Hayworth contrajo matrimonio con Dick Haymes, un cantante nacido en Argentina que intentó colgarse de la fama de la actriz. Debido a sus problemas económicos y a la falta de papeles que le permitieran extender su estadía en los Estados Unidos, las autoridades intentaron deportarlo. Sin embargo, Hayworth asumiría la responsabilidad de certificar la ciudadanía de Haymes mediante el lazo del matrimonio. Luego de dos años juntos, la actriz decidió separarse debido a los constantes abusos físicos y verbales que recibía por parte de su marido.

Hayworth se casaría por quinta y última vez con el productor James Hill, el 2 de febrero de 1958. Hill sería el responsable de conseguirle el rol de Ann Shankland en la cinta “Separate Tables” (1958), el cual sería una de las últimas interpretaciones aclamadas de la actriz. Luego de tres años de matrimonio, Hayworth pidió el divorcio afirmando que era víctima de violencia psicológica. Algunos años después, Hill escribiría el libro “Rita Hayworth: A Memoir”, en el cual afirmaría que su matrimonio colapsó debido a que la actriz quería que ambos abandonaran el circuito hollywoodense. Sin embargo, Charlton Heston en su libro “In the Arena”, declararía que efectivamente Hill abusaba psicológicamente de la actriz. Tras filmar “Affair in Trinidad” (1952), junto a su gran amigo Glenn Ford, Hayworth participó en “Salome” (1953), y en “Miss Sadie Thompson” (1953), tras lo cual nuevamente se retiró de la gran pantalla durante cuatro años para lidiar con los problemas ocasionados en su matrimonio con Haymes. Hayworth regresaría a la pantalla grande en 1957 con el film, “Fire Down Below” (1957), y con el musical “Pal Joey” (1957), el cual marcaría su última participación al interior de la Columbia.

La última cinta exitosa de la actriz sería el drama, “The Story on Page One” (1959). Durante la década del sesenta, Hayworth continuó trabajando en diversas películas las cuales no tuvieron demasiado éxito. La última cinta de la actriz sería el western, “The Wrath of God” (1972). Tímida y reclusiva, Rita Hayworth era la antítesis de los personajes que interpretaba en la pantalla grande. “Yo soy muy tímida”, dijo en una ocasión, “y sufro de complejo de inferioridad”. La actriz no tuvo una vida fácil. Según Barbara Leaming en su libro, “If This was Happiness: A Biography of Rita Hayworth”, cuando era una adolescente, Hayworth fue víctima de abuso sexual por parte de su padre. Posteriormente, sus matrimonios fallidos no hicieron más que arrastrarla a una espiral de destrucción marcada por el alcoholismo, que terminó deteriorándola por completo. El mito Rita Hayworth se extinguió una fría mañana de invierno de 1976 en el aeropuerto londinense de Heathrow, cuando el mundo esperaba a la diosa del amor de los cuarenta y del avión sólo descendió una mujer irreconocible, envejecida, desaliñada, ausente y muy asustada. Una de las estrellas hollywoodenses más brillantes de la época dorada del cine norteamericano, falleció el 13 de mayo de 1987 a causa del Alzheimer, no sin antes quedar inmortalizada en decenas de películas donde demostró su lado más bello y glamoroso.



por Fantomas.

jueves, 28 de enero de 2010

Batman: Pow! Biff! Thwack!

“Batman” (1966), es una comedia de acción del director Leslie H. Martinson, la cual está protagonizada por Adam West, Burt Ward, Cesar Romero, Burgess Meredith, Frank Gorshin, y Lee Meriwether.

Cuando Batman (Adam West) y Robin (Burt Ward) reciben el aviso de que el Comodoro Schmidlapp (Reginald Denny) corre peligro a bordo de su yate, emprenden una misión de rescate. Pero la advertencia es una trampa organizada por cuatro de los más peligrosos villanos del mundo, que pretenden derrotar al Dúo Dinámico de una vez y para siempre para así poder llevar a cabo sus siniestros planes que implican la conquista del mundo.


Tras el éxito de la primera temporada de “Batman” (1966-68), el productor William Dozier consideró prudente realizar un largometraje con el fin de promover la serie internacionalmente. Curiosamente, Dozier había planeado realizar un largometraje antes de que comenzara la serie, para presentarlo como una suerte de episodio piloto. Sin embargo, los niveles de audiencia de la ABC en 1965 eran tan bajos, que era imposible que los ejecutivos se arriesgaran a invertir dinero en un producto que no había sido probado. Ahora que las cosas habían cambiado, Dozier consiguió un presupuesto cercano al millón y medio de dólares, gracias a lo cual pudo comenzar a desarrollar un proyecto bastante más ambicioso que el que había planeado en un principio. Para escribir el guión, fue contratado Lorenzo Semple Jr., quien ya había escrito algunos de los guiones de la primera temporada de la serie. Por otro lado, sería Leslie H. Martinson, un director con una larga carrera en televisión, el escogido para dirigir el film.

Con el fin de que la cinta presentara un mayor atractivo comercial, la historia cuenta con la presencia de los cuatro villanos más populares de la serie: el Pingüino (Burgess Meredith), Gatúbela (Lee Meriwether), el Guasón (Cesar Romero), y el Acertijo (Frank Gorshin). La trama es bastante sencilla; los cuatro villanos han secuestrado a un millonario que ha inventado una máquina capaz de deshidratar por completo a las personas convirtiéndolas en polvo. Mientras Batman y Robin intentan evitar que los villanos cumplan sus planes, Bruce Wayne y su alter-ego se enamoran de una periodista del Moscow Bugle llamada Miss Kitka, que resulta ser nada menos que la misma Gatúbela. Durante los 105 minutos de metraje, somos testigos de las distintas trampas que los villanos ponen en el camino de los protagonistas, donde las aventuras de estos están relatadas en el particular tono camp que poseía la serie sesentera del famoso encapotado.

Prácticamente todos los elementos que terminaron convirtiendo a “Batman” en una serie de culto están presentes en la película, como por ejemplo la comedia absurda, que es sin duda uno de los elementos claves de la cinta. Escenas como la del tiburón explosivo, el aterrizaje del baticóptero en un cerro de colchones, o la famosa escena de la bomba la cual termina con Batman diciendo: “Hay días en que uno no puede deshacerse de una bomba”, son perfectos ejemplos de aquello. Lo mismo sucede con los acertijos del Acertijo, cuyas soluciones escapan a toda lógica: “¿Qué nace blanco para convertirse en blanco y amarillo?” pregunta Batman, “un huevo” responde Robin. “¿Cómo divides 17 manzanas en 16 personas?” pregunta Batman, “haces pastel de manzana” responde el chico maravilla. Si bien ya las respuestas resultan curiosas, el razonamiento es aún más curioso; “Manzanas en un pastel de manzana, la unificación en una suave mezcla. Un Huevo, un perfecto contenedor natural, el contenedor de todas nuestras esperanzas futuras. ¿La unificación y un contenedor de esperanza? La Organización de las Naciones Unidas”. Pese a lo “incoherente” que pueden resultar este tipo de situaciones, es la seriedad que le imprimen los actores a sus personajes lo que termina convirtiendo gran parte de estos gags en algo realmente cómico

En términos de producción, Dozier y compañía decidieron incluir una serie de artefactos que obviamente resultan llamativos. De esta forma además del ya clásico batimóvil, podemos ver el baticóptero, la batilancha, o el baticiclo, a lo que se suma el submarino manejado por los villanos. Si bien nos encontramos con estas pequeñas novedades, es evidente que el presupuesto de la cinta era más bien modesto debido a que el diseño de producción no dista mucho de lo que se podía ver en la serie. En ese sentido, cabe destacar el diseño de la baticueva, la cual pese a aparecer tan solo unos minutos en la cinta, es uno de los puntos altos en lo que a diseño de escenarios se refiere. Por otro lado, la narración es bastante episódica, y en parte la película bien podría ser considerada como la unión de un par de episodios. Al igual que la serie, el film sigue un patrón donde se nos presenta el plan de los villanos, Batman y Robin intentan detenerlos, se meten en un problema que bien podría costarles la vida, para luego salvarse e intentar desmantelar la siguiente estratagema de los villanos.

Las actuaciones son en general bastante correctas. Adam West realiza un estupendo trabajo como Batman, imprimiéndole seriedad a su personaje pese a lo absurdo de las situaciones en las cuales se involucra el héroe encapotado. Además, el actor explota bastante el humor físico, siendo protagonista de varias de las escenas más memorables de la cinta. Burt Ward por su parte, cumple una función similar a la del Batman de Adam West, con la diferencia de que su personaje exuda inocencia. En lo que a los villanos se refiere, todos realizan un buen trabajo interpretando al maquiavélico cuarteto de criminales, destacándose la interpretación de Frank Gorshin, quien personifica a un maniático Acertijo. Cabe mencionar que si bien Julie Newmar era quien interpretaba a Gatúbela en la serie de televisión, debido a que ella se había comprometido para participar en una película, tuvo que ser reemplazada por Lee Meriwether quien terminó haciendo un correcto cometido como la sensual villana. Por otra parte, el trabajo de fotografía de Howard Schwartz, y la banda sonora compuesta por Nelson Riddle, no se alejan demasiado de lo visto en la serie, por lo que son correctas sin ser nada especial.

Obviamente “Batman” no tiene ni la profundidad dramática ni la espectacularidad técnica de las cintas de Tim Burton o Christopher Nolan. Es evidente que desde que comenzó la serie, tanto el productor William Dozier como el equipo de guionistas, quisieron adaptar las aventuras de Batman desde el prisma de la comedia, lo cual no dejó a todo el mundo satisfecho. Y es que de hecho, el humor que maneja la película no es para todos los gustos, por lo que si uno no acepta desde un principio el tono de las situaciones que presenta el film, es preferible hacer un paso al costado. Por lo contrario, si uno ve la cinta con el ánimo indicado, resulta ser un entretenido pasaje a la nostalgia, donde no eran necesarios demasiados artificios para lograr divertir al espectador. En definitiva, “Batman ´66” es una humilde producción que exuda originalidad, y cuyo tono caricaturesco le da un encanto especial. Obviamente no es la mejor adaptación de la historieta de Bob Kane, pero probablemente es una de las más divertidas.



por Fantomas.

lunes, 25 de enero de 2010

The Monster Squad: El fin del mundo empieza a la medianoche... a no ser de que un grupo de niños pueda imperdirlo.

“The Monster Squad” (1987), es una comedia de terror del director Fred Dekker, la cual está protagonizada por Andre Gower, Ryan Lambert, Brent Chalem y Robby Kiger.

Cien años atrás, el Profesor Van Helsing (Jack Gwillim) intentó erradicar a Drácula (Duncan Regehr) para siempre, utilizando un amuleto que tenía la capacidad de abrir un portal hacia el limbo de los condenados. Sin embargo, fue Van Helsing quien terminó siendo devorado por el portal, mientras que Drácula logró escapar con vida. Un siglo más tarde, un grupo de niños serán los encargados de detener al vampiro, quien planea utilizar el amuleto para dominar el mundo.


Durante la década del treinta y del cuarenta, los estudios Universal lanzaron una serie de cintas centradas en los grandes monstruos de la literatura, tales como Drácula, el monstruo de Frankenstein, la Momia, el Hombre Invisible, y el Hombre Lobo, entre otros, las cuales en su momento gozaron de un éxito inusitado, y con el tiempo se convirtieron en parte de los grandes clásicos del cine de terror. Aproximadamente cuarenta años después, el director Fred Dekker y el guionista Shane Black tomaron a un puñado de estos personajes icónicos de la galería de monstruos de los estudios Universal, y se lanzaron a la tarea de realizar un film centrado en un grupo de niños informados acerca de la mitología que rodea a dichas criaturas, los cuales se ven obligados a enfrentarlas con el objetivo de detener una catástrofe sin precedentes. En gran medida, “The Monster Squad” no solo está inspirada en las cintas de terror protagonizadas por actores tales como Boris Karloff, Bela Lugosi y Lon Chaney Jr., sino que además está fuertemente influenciada por la comedia “Abbott and Costello Meet Frankenstein” (1948), la cual marcaría el fin de una era. Dicho film cerraría la participación de Drácula, el Hombre Lobo y el Monstruo de Frankenstein, en la serie de producciones llevadas a cabo por la Universal que conformarían la llamada época dorada del cine de terror.

En esta ocasión, en vez de estar confinados en cementerios victorianos, tenebrosos castillos de corte gótico, y siniestras tumbas decrépitas ubicadas en los puntos más lejanos del globo, los monstruos clásicos ahora acechan las calles de las ciudades modernas, e incluso se atreven a viajar en avión con tal de alcanzar sus objetivos. La verdad es que la trama de “The Monster Squad” es bastante simple y hasta cierto punto un poco absurda; Tras años de espera, Drácula une fuerzas con el monstruo de Frankenstein (Tom Noonan), el Hombre Lobo (Carl Thibault), la Momia (Michael MacKay), y el Monstruo de la Laguna Negra (Tom Woodruff), para encontrar el diario del Profesor Van Helsing, el cual contiene el hechizo que debe ser pronunciado si se quiere utilizar un amuleto capaz de sumir al mundo en la oscuridad eterna. Sin embargo, el diario que tanto ansían encontrar se encuentra en manos de un niño llamado Sean (Andre Gower) y de su grupo de amigos fanáticos de los monstruos, los cuales al enterarse de la amenaza que se cierne sobre sus cabezas, deciden conformar un escuadrón cuya misión será detener a Drácula y a sus secuaces, y enviarlos al limbo por toda la eternidad.

El encanto del film reside en gran medida en el hecho de que la historia es relatada a través de los ojos de los niños. Tanto los diálogos como algunas situaciones apuntan a responder un puñado de preguntas que todo fanático del cine de terror hizo inocentemente durante su infancia. Interrogantes tales como: ¿Puede un hombre lobo morir en una explosión? O ¿Qué sucede si le quitas las vendas a una momia?, son respondidas durante el transcurso del film de manera bastante colorida. Lo absurdo de estas interrogantes es balanceado con el profundo respeto que expresa Dekker hacia los monstruos clásicos, y con ciertos momentos que no buscan otra cosa más que pincelar esta historia fantástica con algunas dosis de realidad. Por ejemplo, en una determinada escena el escuadrón se ve forzado a pedirle ayuda a un hombre que conocen como “el escalofriante hombre alemán” (Leonardo Cimino), quien supuestamente posee vastos conocimientos acerca de los monstruos. Para sorpresa tanto de los niños como del espectador, el personaje interpretado por Cimino se revela a sí mismo de manera sutil como un sobreviviente del Holocausto acontecido durante la Segunda Guerra Mundial, por lo que los monstruos que él dice conocer poco tienen que ver con el mundo fantástico que tanto le llama la atención a Sean y a sus amigos. Gracias a momentos sobrecogedores como este, “The Monster Squad” adquiere una profundidad temática mayor de la esperada en una producción de este tipo, lo que forma parte del encanto especial que caracteriza al film.

Con el mismo objetivo de imprimirle ciertos toques de realidad a una historia netamente fantástica, durante el transcurso del film es posible apreciar cómo algunos de los niños no solo deben enfrentarse a Drácula y al resto de las criaturas, sino que además deben lidiar con sus problemas personales. Mientras que Sean debe soportar las incesantes discusiones de sus padres, Horace (Brent Chalem) es molestado por los niños de su escuela debido a su exceso de peso. Al convertir a los protagonistas en personajes multidimensionales con problemas reales y cotidianos, el director facilita que el espectador se conecte de mejor manera con ellos, y de paso se involucre más en la historia no importando lo inverosímil que esta sea. Por otro lado, la misma dedicación que se le otorgó a la construcción de los personajes, se replicó en el diseño de la apariencia de los monstruos. Para evitar cualquier tipo de problema legal con los estudios Universal, el especialista en efectos especiales Stan Winston, tuvo que rediseñar la apariencia de los monstruos por todos conocidos, evitando despojarlos de su identidad. Afortunadamente, Winston no solo cumple con creces su misión, sino que además logra dotar al Monstruo de la Laguna Negra y al Hombre Lobo de una apariencia amenazante que se aleja del tono caricaturesco que por momentos adquiere el film.

En el ámbito de las actuaciones, la totalidad del elenco realiza una labor correcta. Mientras que Duncan Regehr personifica a un Drácula que presenta una marcada dignidad aristocrática que se complementa con su naturaleza siniestra, Tom Noonan interpreta a un monstruo de Frankenstein cuyas inseguridades y sentimientos primitivos lo humanizan al punto de convertirlo en uno de los personajes más carismáticos del film. En cuanto a los niños, si bien la mayoría realiza un trabajo razonablemente encomiable, quien más se destaca es Ashley Bank, quien interpreta a Phoebe, la integrante más joven del Escuadrón. La pequeña no solo resulta ser adorable, sino que además desarrolla una relación especial con el monstruo de Frankenstein, la cual junto con sentirse real y sincera, escapa al cliché que suele estar presente en las cintas que se centran en las desventuras de la incomprendida criatura. En lo que al aspecto técnico de la producción se refiere, esta cuenta con el espléndido trabajo de fotografía de Bradford May, la atmosférica banda sonora del compositor Bruce Broughton, y el espectacular diseño de maquillaje del ya mencionado Stan Winston. Sin embargo, cabe mencionar que “The Monster Squad” no está exenta de problemas. Debido a que Dekker se vio obligado a editar al menos treinta minutos de metraje a petición de los productores del film, existen varios agujeros narrativos que dañan la continuidad del relato. Al mismo tiempo, resulta curioso que ninguno de los habitantes del pueblo donde residen los integrantes del Escuadrón, siquiera cuestione la naturaleza sobrenatural de sus invasores, lo que echa por la borda los intentos por parte del director de situar la historia en el contexto del mundo real.

En “The Monster Squad”, uno de los grandes méritos de Fred Dekker fue haber convertido una producción perteneciente a la Serie B, en un sentido homenaje al cine clásico de terror con un considerable nivel técnico. Además de esto, el director fusiona de manera eficiente ciertas dosis de gore, acción, drama y humor slapstick, dentro del contexto de un guión inteligente, dinámico, plagado de nostalgia y políticamente incorrecto a ratos, el cual constantemente retrata a los niños que conforman el Escuadrón manejando armas de fuego y maldiciendo a los cuatro vientos. Lamentablemente, al momento de su estreno “The Monster Squad” no gozó de demasiado éxito. Sin embargo, con el correr de los años la producción adquirió el estatus de film de culto, en gran medida gracias a que le otorgaba la oportunidad al espectador de visualizarse luchando contra las amenazantes criaturas de la noche. A raíz de todo lo antes mencionado, la película protagonizada por Andre Gower y compañía hoy en día es vista como un verdadero imperdible para los amantes del cine de terror, cuyo particular encanto solo ha crecido con el paso del tiempo.




por Fantomas.

domingo, 17 de enero de 2010

Judy Garland: Una actriz que nunca pudo encontrar su lugar sobre el arcoíris.

Frances Ethel Gumm, más conocida como Judy Garland, nació el 10 de junio de 1922, en Grand Rapids, Minnesota. Hija de Francis Avent Gumm y Ethel Marion Milne, dos artistas de vodevil, desde pequeña mostró interés en el canto y el baile. Judy debutaría en el teatro de su padre a los treinta meses de edad, junto a sus dos hermanas mayores, Mary Jane y Dorothy Virginia, durante un show navideño donde cantaría el coro de “Jingle Bells”. Acompañadas por su madre en el piano, las Hermanas Gumm se presentaron en el teatro de su padre durante algunos años. Sin embargo, cuando él fue acusado de acoso sexual por uno de los acomodadores del teatro, la familia se mudó a Lancaster, California, en junio de 1926. Una vez en California, Francis compró un nuevo teatro, al mismo tiempo que su esposa comenzó a trabajar para que sus hijas pudieran ingresar a la industria cinematográfica. En 1928, las Hermanas Gumm se matricularon en una escuela de baile manejada por Ethel Meglin, quien además estaba a cargo de la compañía de baile Meglin Kiddies. Tras aparecer en un show navideño, las hermanas participaron en un cortometraje titulado “The Big Revue” (1928). Después participarían en otros cortos como “A Holiday in Storyland” (1929), “The Wedding of Jack and Jill” (1929), y “Bubbles” (1930). La última aparición de las Hermanas Gumm sería en el corto, “La Fiesta de Santa Barbara” (1935).

En 1934, las hermanas que durante algunos años habían visitado algunas de las ciudades más importantes de los Estados Unidos con su espectáculo de vodevil, decidieron cambiar el nombre del trío por el de las “Hermanas Garland” tras la recomendación del productor George Jessel. Fue durante ese periodo que la pequeña Frances cambió su nombre a Judy. En 1935, el trío se separaría y Judy firmaría un contrato con la Metro-Goldwyn-Mayer, supuestamente sin haber tenido que realizar ningún tipo de casting. En un principio, los ejecutivos del estudio no sabían que hacer con Garland, quien a sus trece años era demasiado grande para encarnar papeles infantiles y demasiado pequeña para interpretar roles adultos. Además, la apariencia física de Judy significó todo un dilema para el estudio. Su belleza no encajaba con los parámetros de glamour de las estrellas de la época, lo que terminó desencadenando que la actriz se sintiera poco atractiva en comparación con sus compañeras, causándole una gran ansiedad. Su inseguridad se exacerbo a causa de la actitud del jefe del estudio, Louis B. Mayer, quien solía llamarla su “pequeña jorobada”. Durante sus primeros años en el estudio, Garland sería fotografiada utilizando vestidos sencillos los cuales tenían por objetivo crear la imagen de que ella era la típica “chica de al lado”.


Ella ejercería diversas funciones al interior del estudio antes de participar en el musical “Every Sunday” (1936), junto a la joven artista Deanna Durbin. La cinta sirvió para que ambas actrices llamaran la atención de Mayer. Sin embargo, solo Garland se quedaría en la MGM, mientras que Durbin firmaría un contrato con la Universal. El 16 de noviembre de 1935, mientras se encontraba preparando una presentación en el programa radial Shell Chateau Hour, Garland se enteró que su padre había sido hospitalizado a causa de una meningitis. Frank Gumm fallecería a la mañana siguiente, y Judy cantaría por primera vez “Zing! Went the Strings of My Heart”, canción que posteriormente interpretaría en todos sus conciertos. Garland nuevamente llamaría la atención de los ejecutivos del estudio cuando interpretó la canción “You Made Me Love You”, en la fiesta de cumpleaños que la MGM preparó para el actor Clark Gable; esta interpretación sería similar a la realizada por la actriz en la cinta “Broadway Melody of 1938” (1937), en la cual ella interpreta el tema mirando una foto de Gable.

Cuando la MGM decidió unir a Garland con Mickey Rooney, nació una de las duplas cinematográficas más exitosas de la época. El dúo apareció por primera vez juntos en la cinta, “Thoroughbreads Don´t Cry” (1937), a la que le seguiría “Love Finds Andy Hardy” (1938). Estas serían las dos primeras de las nueve películas que la pareja co-protagonizaría durante los años siguientes. Para poder cumplir con el frenético ritmo de filmación, Garland, Rooney, y otros jóvenes actores, consumían constantemente anfetaminas, y barbitúricos antes de acostarse. Para Garland, el consumo constante de drogas desencadenó una adicción contra la cual batalló durante toda su vida, la cual además profundizó sus trastornos mentales, y la llevó a padecer anorexia, lo que en conjunto eventualmente la terminó llevando a su muerte. Varios años después, Garland declararía que su juventud le había sido robada por la MGM. En 1938, a sus 16 años, tras haber interpretado varios papeles secundarios, Garland obtuvo el papel de Dorothy Gale en “The Wizard of Oz” (1939), una cinta basada en el libro infantil de L. Frank Baum.

En esta película, Garland interpretaría la canción “(Somewhere) Over the Rainbow”, por la cual siempre sería recordada. Aunque los productores Arthur Freed y Mervyn LeRoy siempre quisieron que Garland fuera la protagonista, Louis Mayer intentó pedirle a la 20th Century Fox los servicios de Shirley Temple, los cuales finalmente no serían cedidos por el estudio. Para poder disimular el tamaño de su busto, la joven utilizó un corset especial y un vestido azul, que cumplía la función de hacer ver a la actriz más joven de lo que realmente era. Las filmaciones comenzaron el 13 de octubre de 1938, y culminaron el 16 de marzo de 1939. Tras terminar la cinta, la MGM le comunicó a la actriz que debía embarcarse en una gira por los Estados Unidos para promocionar el film, “Babes in Arms” (1939). Tanto Garland como Mickey Rooney se mostraron poco satisfechos con la gira, la cual los obligaba a realizar cinco presentaciones al día. “The Wizard of Oz” tuvo un gran éxito de crítica, pero no obtuvo tan buenos resultados de taquilla. El dinero invertido solo pudo ser recuperado en 1940 cuando la cinta fue relanzada. Esta actuación, junto a la de “Babes in Arms”, le valió a Judy un Oscar especial a la mejor actriz juvenil. Luego de este reconocimiento, Garland se convirtió en una de las actrices más cotizadas de la MGM.

En 1940, Garland protagonizaría tres cintas: “Andy Hardy Meets Debutante”, “Strike Up the Band”, y “Little Nellie Kelly”. En esta última, la actriz interpretaría su primer rol adulto, el cual consistió en encarnar a una madre y a una hija al mismo tiempo. El doble rol significó todo un reto para ella, ya que debió dar su primer beso en pantalla. El éxito de los tres films, aseguraron el puesto de Garland al interior de la MGM. Durante este periodo, ella mantendría sus primeras relaciones amorosas. La primera de ellas fue con el músico Artie Shaw, a quien la actriz le tenía un gran afecto. Por lo mismo quedó devastada cuando Shaw culminó la relación en 1940, para fugarse con su amante Lana Turner. Cuando cumplió 18 años, Garland comenzaría una relación con el también músico David Rose, quien en ese entonces estaba casado con la actriz y cantante Martha Raye. A petición del estudio, la pareja accedió esperar un año hasta que Rose se divorciara de Raye, tras lo cual contrajeron matrimonio el 27 de julio de 1941. Ella estaba evidentemente más delgada cuando filmó, “For Me and My Gal” (1942), junto al entonces debutante Gene Kelly. Aquí por primera vez, su nombre apareció en los créditos por sobre el título de la cinta, lo que marcó su exitosa transición del mercado adolescente al estrellato adulto.

Cuando cumplió 21 años, Garland optó por aclarar el color de su cabello. Pese a sus notorios cambios físicos, la actriz aún se sentía insegura de su apariencia. Lo que empeoró aún más las cosas, fue la disolución de su matrimonio con David Rose en 1944, luego de que la actriz sufriera un aborto espontáneo. Una de las películas más exitosas de Garland al interior de la MGM sería, “Meet Me in St. Louis” (1944), en la cual interpretaría las canciones “The Trolley Song”, “The Boy Next Door”, y “Have Yourself a Merry Little Christmas”. Vicente Minnelli sería asignado para dirigir esta cinta, y fue él quien solicitó que la maquilladora Dorothy Ponedel se encargara de cambiar la apariencia de la actriz. Garland quedó encantada con el trabajo de Ponedel, razón por la cual exigió que ella se ocupara de su estética durante el resto de su contrato con la MGM. Durante las filmaciones de “Meet Me in St. Louis”, pese a tener una relación tensa en un inicio, Garland y Minnelli comenzaron una relación amorosa la cual terminó en matrimonio en 1945. Un año después, nacería la primera y única hija de la pareja, Liza Minnelli.

En “The Clock” (1945), la actriz obtendría su primer rol dramático. Pese al éxito de crítica y taquilla que tuvo la cinta, los fanáticos de Garland esperaban que ella cantara. Por este motivo, pasarían muchos años antes de que ella participara en una cinta dramática no musical. Otros reconocidos largometrajes de la actriz durante los cuarenta serían: “The Harvey Girls” (1946), en la cual interpretó la canción ganadora del Oscar, “On the Atchison, Topeka and the Santa Fe”; y “The Pirate” (1948). Durante la filmación de “The Pirate”, Garland sufrió una crisis nerviosa y fue internada en una clínica privada. Aunque ella fue capaz de terminar la cinta, en julio de ese año intentó suicidarse por primera vez cortándose las muñecas con un vidrio roto. Durante este periodo, Garland pasó dos semanas en tratamiento al interior del Austen Riggs Center, un hospital psiquiátrico ubicado en Stockbridge. Luego de “The Pirate”, la actriz filmó tres películas más al interior de la MGM: “Easter Parade” (1948), “In the Good Old Summertime” (1949), y su última cinta con el estudio, “Summer Stock” (1950).

Posteriormente, Garland presentaría una serie de problemas emocionales que no le permitieron finalizar algunas de las películas en las que participó. Durante la filmación de “The Barkleys of Broadway” (1949), la actriz comenzó a consumir pastillas para dormir además de morfina. Esto combinado con los constantes dolores de cabeza que sufría, retrasó en varios días el proceso de filmación. Luego de que el doctor personal de la actriz le recomendara acortar su horario de trabajo, el ejecutivo de la MGM, Arthur Freed, decidió suspender a Garland y reemplazarla por Ginger Rogers. Posteriormente, Judy sería seleccionada para interpretar el rol protagónico en el film, “Annie Get Your Gun” (1950). Antes de comenzar las filmaciones, se mostró muy preocupada por su apariencia física, ya que no sabía como lo haría el director Busby Berkeley para que sus dañados brazos no se vieran mal en pantalla. Ella comenzaría a llegar atrasada al set de filmación, mientras que en otras ocasiones ni siquiera se molestaba en asistir. Esto le ocasionó una nueva suspensión en mayo de 1949, y terminó siendo reemplazada por Betty Hutton. Más tarde obtuvo un papel en “Royal Wedding” (1951), pero nuevamente sería suspendida por sus constantes ausencias.

En 1951, Garland se divorció de Vincente Minnelli. Ese mismo año comenzó una relación sentimental con Sidney Luft, quien se convertiría en su manager. Luft organizaría una serie de conciertos en el Reino Unido, lo que le dio la oportunidad a la actriz de visitar Inglaterra, Escocia, y Irlanda. En octubre de 1951, Garland presentaría un espectáculo de vodevil en el teatro Palace de Broadway. Dicho espectáculo resultó ser todo un éxito, y llegó a ser descrito como “uno de los grandes triunfos personales en la historia del mundo del entretenimiento”. Garland recibiría un premio Tony por su contribución al resurgimiento del vodevil. La actriz y Luft se casaron en 1952, y ese mismo año Garland tuvo a la primera hija de la pareja, Lorna. El éxito profesional y personal de Judy durante este periodo se vieron opacados por una entrevista que dio su madre al periódico Los Angeles Mirror. En dicha entrevista, la mujer reveló que mientras su hija estaba ganando una pequeña fortuna en Broadway, ella tenía un trabajo de escritorio en una compañía aérea por $61 dólares a la semana. Judy y su madre estuvieron distanciadas durante años, y la actriz llegó a declarar que su madre “sólo era buena para generar caos y miedo”, y la acusó de despilfarrar el dinero que había ganado durante su niñez y su adolescencia.

En 1954, Garland filmó un remake musical del film de 1937, “A Star is Born”, para la Warner Bros. Luft y Garland produjeron la película a través de su productora Transcona Enterprises, mientras que la Warner financió los costos de producción, y facilitó sus instalaciones y equipo. La cinta dirigida por George Cukor y co-protagonizada por James Mason, marcaba el esperado regreso de la actriz al cine. Sin embargo, a medida que las filmaciones avanzaban, ella comenzaría a repetir el comportamiento mostrado durante sus últimas producciones al interior de la MGM. Los costos de producción aumentaron, lo que causó el enojo de la cabeza del estudio, Jack Warner. Al momento de su estreno, la cinta gozó del beneplácito de la crítica y del público. Pese a las medidas adoptadas por Jack Warner, el film de todas formas no logró recuperar lo invertido, lo que significó el fin de la relación entre la Warner y la productora de la actriz. Garland sería nominada al Oscar a la mejor actriz por su actuación en la cinta. El mismo día de la ceremonia de los Oscar, Garland se encontraba en el hospital a punto de dar a luz a su hijo, Joseph Luft, razón por la cual un equipo de televisión se encontraba en la habitación de la actriz preparado para televisar el discurso de aceptación del galardón en caso de que ella lo ganara. Lamentablemente, la actriz terminó perdiendo el Oscar a manos de Grace Kelly, pese a que era la favorita del público y la crítica.

Tras divorciarse de Luft, comenzó una lucha por la custodia de sus hijos. Más tarde participaría en cintas como “Judgment at Nuremberg” (1961), por la cual obtendría una nueva nominación al Oscar; “Gay Purr-ee” (1962), y “A Child is Waiting” (1963). Su último film, “I Could Go On Singing” (1963), en cierta forma reflejó su propia vida debido a que tuvo que interpretar a una famosa cantante. A principios de 1955, Garland apareció en numerosos especiales de televisión. El primero de ellos fue una emisión especial del programa Ford Star Jubilee, el cual era el primer programa emitido a color por la cadena CBS. Tras firmar un contrato por tres años con la cadena, participó en una edición en vivo del programa General Electric Theater, el cual fue transmitido en 1956 antes de que su esposo y representante se enfrascara en una discusión con la CBS con respecto al rumbo que tomaría la carrera de Judy. En 1956, Garland se presentó durante cuatro semanas en el New Frontier Hotel de Las Vegas, por un salario de $55.000 dólares a la semana, convirtiéndose en la artista mejor pagada de Las Vegas.

A pesar de sufrir de laringitis, sus conciertos fueron todo un éxito, razón por la cual sus presentaciones se extendieron por una semana más. En noviembre de 1959, Garland fue hospitalizada a causa de una hepatitis aguda. En enero de 1960 cuando fue dada de alta, los doctores le anunciaron que sólo tenía cinco años de vida y que quizás no podría volver a cantar. Aunque en un principio sintió alivio tras escuchar su diagnóstico, debido a que “por primera vez en su vida no sentía presión”, la salud de Garland mejoró considerablemente en los meses siguientes, y para agosto de ese año, volvió a presentarse Inglaterra. Fue tan calurosa la acogida del público londinense, que ella anunció su intención de mudarse permanentemente a Inglaterra. De su exitoso concierto en el Carnegie Hall en abril de 1961, salió el disco en vivo titulado, “Judy at Carnegie Hall”, el cual permaneció durante trece semanas en el primer puesto de la revista Billboard, y le valió cinco premios Grammy, incluyendo el de mejor álbum del año y mejor vocalista femenina. En 1961, Garland y la CBS establecieron un nuevo acuerdo que establecía la participación de la actriz en nuevos especiales de la cadena.

El especial “The Judy Garland Show”, fue emitido en 1962 y contó con la participación de Frank Sinatra y Dean Martin. Posteriormente, Garland firmaría un contrato por 24 millones de dólares para filmar un programa semanal de televisión llamado “The Judy Garland Show”, el cual debutó el 29 de septiembre de 1963. Pese a que la serie tuvo una buena aceptación por parte de la crítica, fue cancelada luego de 26 episodios debido a que competía con la exitosa serie “Bonanza” (1959-73), emitida a la misma hora por la cadena NBC. La cancelación del programa significó un duro golpe personal y financiero para la actriz, quien nunca se recuperó de todo de este fracaso. Al poco tiempo después, Garland regresó a los escenarios, donde su actuación más notable sería en compañía de su hija Liza, en noviembre de 1964. El concierto fue transmitido por la cadena televisiva británica ITV, y marcaría una de las últimas presentaciones de Garland en Inglaterra. Posteriormente ella aparecería en programas como “The Ed Sullivan Show”, “The Tonight Show”, “The Hollywood Palace”, y “The Merv Griffin Show”, donde en este último oficiaría como anfitriona invitada.

En 1963, Garland comenzó con los trámites para divorciarse de Sid Luft, aludiendo a que su marido en varias ocasiones la golpeó mientras estaba borracho, y que había intentado llevarse a sus hijos a la fuerza. En 1964, Garland realizaría una serie de conciertos en Australia que no serían bien recibidos. De hecho, durante su segunda presentación en ese país, su concierto comenzó una hora después de lo previsto, lo que causó la indignación de los 70.000 espectadores que asistieron al show, quienes convencidos de que la artista estaba borracha, la abuchearon durante toda su presentación que sólo duró 45 minutos. Tras llamar “brutos” a los asistentes a dicho concierto, Garland se presentó en Sydney sin mayores inconvenientes. Después de que se le diagnosticara pleuresía, la actriz anunció que se casaría con el promotor de conciertos Mark Herron, con quien finalmente contrajo matrimonio el 14 de noviembre de 1965. En febrero de 1967, Garland fue escogida para interpretar a Helen Lawson en la cinta de la Fox, “Valley of the Dolls” (1967). En ese entonces, se rumoreaba que el personaje de Neely O´Hara de la novela en la que estaba basada la cinta, estaba inspirado en la vida de Garland. Debido a que la actriz no asistió a los ensayos, terminó siendo reemplazada por Susan Hayward.

En el mes de julio regresó al teatro Palace de Nueva York, para realizar 16 conciertos junto a sus hijos Lorna y Joey Luft. A partir de 1969, su salud se fue deteriorando de manera más notoria, y en marzo de ese año realizó su último concierto en la ciudad de Copenhagen. Ese mismo mes contrajo matrimonio con el empresario Mickey Deans, tras divorciarse de Herron en febrero de 1969. Sería Deans quien la encontraría muerta el 22 de junio de ese año en el baño de su casa en Londres. Pese a que en un comienzo se mencionó que la causa de su muerte había sido una sobredosis de barbitúricos, la versión oficial señaló que la cantante y actriz falleció a causa de un paro cardiaco accidental a sus 47 años de edad. A pesar del éxito que gozó durante su carrera, Judy Garland tendía que lidiar con sus frecuentes crisis nerviosas, sus repentinos cambios de humor, sus ataques de ansiedad, y sus abundantes y terribles crisis depresivas. Se sospecha que además padecía de alucinaciones, lo que terminó hundiéndola aún más en el consumo de alcohol y drogas, lo que la obligó a asistir a terapia hasta el final de su vida. La actriz y cantante pasó de ser una promesa infantil a una de las estrellas más importantes al interior de la MGM, gracias a su calidad interpretativa y a su entrega en la pantalla grande. Hoy en día, Judy Garland es una figura icónica, que pese a la vida tormentosa que tuvo, supo exhibir su talento indiscutible como actriz y cantante, gracias a lo cual jamás será olvidada.





por Fantomas.

sábado, 16 de enero de 2010

L’Aile ou la Cuisse (aka Muslo o Pechuga): El gusto por la buena comida.

“L’Aile ou la cuisse” (1976), es una comedia del director Claude Zidi, la cual está protagonizada por Louis de Funès y Coluche.

Charles Duchemin (Louis de Funès), el mejor crítico culinario y jefe de la guía gastronómica que lleva su nombre, y su hijo Gérard (Coluche), quien prefiere trabajar como payaso de circo antes que aprender todo sobre el negocio familiar, deberán unir sus fuerzas para enfrentarse a Tricatel (Julien Guiomar), el rey de la comida preparada, que pretende hacerse con los mejores restaurantes de Francia para servir en ellos su insípida comida a base de fórmulas químicas.


En 1975, el director Claude Zidi se encontraba cenando en el restaurante Petit Colombier cuando uno de los meseros le preguntó que parte del pollo deseaba comer, ¿el muslo o la pechuga? Extrañamente, al director le pareció que la pregunta podría ser el título de su siguiente película. Mientras pensaba en eso, comenzó a hablar con sus amigos acerca de la Guía Michelin y la comida chatarra. Esa conversación casual se convertiría en la base de la historia de “L’Aile ou la cuisse”, cuyos protagonistas están basados en dos personajes que hicieron historia en Francia; mientras Duchemin está basado en Louis Ducatel, quien fuese candidato a la presidencia de Francia en 1969, obteniendo solo un %1,26 de las preferencias, Tricatel está basado en Jacques Borel, un empresario que instaló más de cien locales de comida rápida por toda Francia. Zidi comenzó a escribir el guión junto a Michel Fabre, con la esperanza de que Louis de Funès interpretara al gourmet Charles Duchemin. Sin embargo, el actor no hace mucho había sufrido un ataque cardíaco, lo que complicaba su participación en la cinta.

Según el productor Christian Fechner: “El delicado estado de salud de Funès era un problema. Sin embargo, tras varias discusiones acordamos financiar dos semanas de filmación, tiempo suficiente como para que comenzara a rodar la maquinaría. A Zidi solo se le pagaría una vez que el film estuviese terminado, y a los técnicos se les renovaría el contrato semana tras semana”. Inicialmente, se había contratado el actor Pierre Richard para interpretar al hijo de Duchemin. Sin embargo, seis semanas antes de que comenzaran las filmaciones, Richard renunciaría debido a que sentía que su papel no era lo suficientemente importante. Por este motivo el director pensó en Coluche, un actor cómico al que le había dado un pequeño rol en la cinta “Le Grand Bazar” (1973). Sería idea de Funès que el personaje interpretado por Coluche utilizara un par de gruesos anteojos y una peluca con el objetivo de darle una apariencia más inocente. Las filmaciones comenzarían en mayo de 1976, y con el fin de cuidar la salud del protagonista, se instalaría de manera constante una ambulancia con un cardiólogo cerca del set de filmación.

“L’Aile ou la cuisse” básicamente toca el tema de la lucha entre la cocina tradicional francesa (o la cocina tradicional de cualquier país), representada por Charles Duchemin, y la comida rápida, representada por Tricatel. Durante el transcurso de la película, se insiste en la idea de que los productos distribuidos por Tricatel son netamente artificiales, y por ende son potencialmente peligrosos. Esto queda totalmente evidenciado en la escena en la que Duchemin y su hijo se infiltran en la fábrica de Tricatel. En su interior, se encontrarán con un verdadero laboratorio en el cual incluso utilizan petróleo para desarrollar algunas de las comidas distribuidas por el magnate gastronómico. No dejan de ser curiosas unas máquinas que a base de una suerte de masa, un par de moldes, y lo que en apariencia es pintura, fabrican distintos alimentos como pollo o lechuga. En cierta medida, esto viene a reflejar como la comida chatarra lentamente ha ido desplazando a la comida tradicional en nuestra sociedad, debido a factores como su sabor, la rapidez de su preparación, y su bajo costo, aún cuando sabemos lo dañina que esta es para nuestra salud.

La historia se constituye de tres subtramas principales, las cuales se van intercalando a medida que transcurre el film. Primero tenemos los múltiples intentos por parte de Tricatel de robar la aún no publicada Guía Duchemin, con el fin de averiguar cuáles son los restaurantes mejor evaluados para luego comprarlos. Por otro lado, nos encontramos con los problemas familiares que se generan debido al deseo del hijo de Duchemin de convertirse en payaso de circo, lo que viene a echar por la borda todos los planes que su padre tiene para él. Finalmente, nos encontramos con la lucha mediática que se produce entre Duchemin y Tricatel, la cual culminará en un polémico programa de televisión. Todo esto es relatado de manera bastante episódica, dando espacio para algunas escenas que si bien no tienen mucha relación con la trama central, funcionan como pequeños gags que en cierta medida reflejan la personalidad de los protagonistas. De esta forma nos encontramos con una serie de escenas en las cuales vemos como Duchemin se las arregla para ir de incógnito a una serie de restaurantes los cuales debe evaluar, evidenciando lo mucho que disfruta su trabajo.


Las actuaciones en general son realmente estupendas. Louis de Funès gozó de gran popularidad en Francia gracias a las numerosas comedias en las cuales participó, donde en más de una ocasión algunas de estas obras fueron rescatadas de la mediocridad gracias a la genialidad del actor. En esta ocasión, de Funès realiza un estupendo trabajo, demostrando un estilo de comedia bastante más sutil y controlado que el que se puede apreciar en sus anteriores trabajos, probablemente a causa de su delicado estado de salud. De la misma forma, Coluche interpreta de buena manera al bonachón pero algo torpe hijo de Duchemin, el cual se ve atrapado por su pasión por el circo y el miedo que le tiene a su padre. La pareja de actores se complementa de buena manera en cada una de las escenas que comparten, las cuales por lo general están marcadas por una serie de situaciones cómicas. Julien Guiomar por su parte, interpreta de manera perfecta al maquiavélico e inescrupuloso Tricatel, quien intentará por todos los medios silenciar a Duchemin antes de que este exponga lo insalubre de sus productos en la televisión abierta.

La cinta además cuenta con el buen trabajo de fotografía de Wladimir Ivanov y Claude Renoir, y la estupenda banda sonora compuesta por Vladimir Cosma. “L’Aile ou la cuisse” es una película entretenida que se encuentra plagada de momentos memorables, como las visitas que Duchemin realiza a un par de restaurantes ocupando diversos disfraces, o toda la secuencia al interior de la fábrica de Tricatel, la cual por momentos parece haber sido sacada de un film de James Bond. El hecho de que la cinta sea narrada mediante una serie de “episodios”, ayuda en gran medida a que la historia no se torne tediosa en ningún momento. Además, la trama presenta una serie de giros dramáticos inesperados, y a medida que transcurre el film se van integrando nuevos personajes a la historia, los cuales en cierta medida ayudan a mantener “fresco” el relato. En definitiva, “L’Aile ou la cuisse” además de ser una excelente comedia, probablemente es uno de los mejores trabajos del siempre carismático Louis de Funès, por lo que queda especialmente recomendada para aquellos que no estén muy familiarizados con la obra de este actor.




por Fantomas.

miércoles, 13 de enero de 2010

The Maltese Falcon: Una obra maestra del cine negro.

“The Maltese Falcon” (1941), es una cinta de cine negro del director John Huston, la cual está protagonizada por Humphrey Bogart, Mary Astor, y Peter Lorre.

En 1593, los Caballeros de la Orden de Malta decidieron obsequiarle al Emperador Carlos V una estatuilla de un halcón, realizada en oro macizo con incrustaciones de piedras preciosas, en agradecimiento a ciertas prerrogativas concedidas por el monarca. Sin embargo, esta maravillosa joya no llegó nunca a manos de Carlos V, ya que la galera en la que era trasportada fue asaltada por unos piratas. Cuatrocientos años después, el detective privado Sam Spade (Humphrey Bogart) y su socio, Archer (Jerome Cowan), aceptan el encargo de una muchacha (Mary Astor) que quiere averiguar dónde se encuentra su hermana que ha desaparecido junto a Floyd Thursby, un hombre sin escrúpulos que supuestamente tiene el halcón.


En 1930, cuando Dashiell Hammett publicó su tercera novela titulada “The Maltese Falcon”, la Warner Bros le pagó la suma de 8.500 dólares por los derechos del escrito. Los ejecutivos del estudio le asignarían la adaptación a los guionistas Maude Fulton, Lucien Hubbard, y Brown Holmes, quienes “suavizarían” un poco la historia que estaría protagonizada por Ricardo Cortez y que se titularía, “Dangerous Female” (1931). Tras el fracaso de dicha adaptación, pasarían cinco años antes de que la Warner intentara nuevamente adaptar la novela. En esta ocasión, Holmes se encargaría en solitario de escribir el guión de esta nueva cinta, la cual convertía al detective Sam Spade en un abogado llamado Ted Shayne, y al halcón maltés en un cuerno incrustado con joyas. Dicho film, protagonizado por Warren Williams y una joven Bette Davis, se titularía “Satan Met a Lady” (1936), y no obtendría mejores resultados que la adaptación anterior. Algunos años después, la misma Davis la recordaría como “una de la peores películas en las que he trabajado”.

Pese a estos fracasos, los ejecutivos de la Warner estaban convencidos del potencial de la obra de Hammett, por lo que intentaron adaptarla una vez más en 1941. Como ha ocurrido muchas veces en Hollywood, el resultado del proyecto se vio favorecido por una serie de felices accidentes. John Huston, quien en ese entonces se encontraba en la Warner trabajando como guionista, había exigido en su contrato la posibilidad de dirigir una película a su elección. Su elección para sorpresa de todos, sería realizar una nueva adaptación de la novela de Hammett pese a los fracasos de sus anteriores versiones cinematográficas. Jack Warner solo aceptaría realizar un segundo remake de la cinta si Huston le presentaba un guión atractivo, el cual terminaría escribiendo junto a Allen Rivkin. El siguiente “accidente” tendría relación con el elenco del film. Para interpretar a Sam Spade, los ejecutivos de la Warner habían seleccionado a la estrella de las cintas de gánsteres, George Raft. Sin embargo, el actor rechazó el papel, el cual luego le sería ofrecido a Paul Muni, Edward G. Robinson, y John Garfield, antes de que llegara a las manos de Humphrey Bogart. Por otro lado, pese a que Huston quería a Geraldine Fitzgerald para el rol de Brigid O´Shaughnessy, los ejecutivos del estudio insistieron en que la actriz más indicada para el papel era Mary Astor.

Completarían el reparto el actor de Broadway Sidney Greenstreet (quien a sus 61 años jamás había filmado una cinta), Peter Lorre, quien había adquirido fama internacional gracias a su papel en la cinta de Fritz Lang, “M” (1931), y el padre del director, Walter Huston, quien durante el transcurso de los años interpretaría una serie de papeles secundarios en muchos de los films del director. Gran parte del éxito de la cinta se debe a la confianza que Huston tenía en el proyecto y en su equipo de colaboradores. El director estaba no solo estaba seguro del potencial que tenía la novela de Hammett (razón por la cual se apegó lo más posible al escrito original), sino que también confió ciegamente en su director de fotografía, Arthur Edeson, cuyo manejo oscuro y casi claustrofóbico de la fotografía marcó el inicio del film noir en la industria hollywoodense. Además, Huston fue lo suficientemente astuto como para permitir que Bogart y su personaje se convirtieran en el núcleo de la cinta, lo que a final de cuentas contribuyó a que el film fuese considerado prácticamente como una obra maestra de principio a fin.

Y es que el Sam Spade de Bogart es un hombre frío y rudo. Cuando se entera que su compañero ha sido asesinado, no solo permanece inmutable, sino que además apenas se le presenta la oportunidad, besa a la viuda y declara su despreció por su difunto socio. Por otro lado, golpea a Joel Cairo (Peter Lorre) no solo porque debe hacerlo para sonsacarle información, sino porque el hombre lleva un pañuelo perfumado, algo que le produce un rechazo inmediato (la cinta tuvo algunos problemas con el código Hays por la supuesta homosexualidad del personaje de Lorre, pero Huston se las arregló para que no pasaran a mayores). A Spade no le gustan los policías y en la única persona que confía es en su secretaria Effie (Lee Patrick), siendo un héroe bastante atípico para la época. La razón por la cual el personaje de Bogart causó tanto revuelo, es debido a que se trata de un hombre que vive en base a sus propias reglas, y porque su rudeza y su actitud ante la vida no hacen más que esconder viejas heridas y sueños rotos, lo que le permite establecer un cierto vínculo con la audiencia. El Sam Spade de Bogart no solo lo llevaría a la fama, sino que además el personaje adquiriría vida propia, fusionándose eventualmente con la personalidad del actor.

Resulta curioso como por momentos la trama pasa a segundo plano, otorgándole un mayor protagonismo a los diálogos y a la interacción de Spade con el resto de los personajes involucrados en esta historia de engaño y decepción. El halcón maltés se convierte en un ejemplo de lo que Alfred Hitchcock llamaba “MacGuffin”, ya que eventualmente nos damos cuenta de que realmente no importa mucho donde está o quien lo tiene, aún cuando este es el motor de todo lo que sucede en la historia. La verdad es que el relato puede considerarse como un conjunto de interesantes conversaciones, las cuales se ven interrumpidas por violentos interludios protagonizados por hombres rudos y codiciosos, los cuales no dudan en cometer asesinatos si con ello consiguen su objetivo. La cinta tiene una buena cantidad de escenas memorables, en especial aquellas que conforman el tramo final de la historia, y presenta un elenco de actores que realiza un trabajo impecable de principio a fin. Pese a esto, solo Sidney Greenstreet obtendría una nominación al Oscar al mejor actor secundario. El film además sería nominado a la mejor película y al mejor guión.

“The Maltese Falcon” es uno de los grandes clásicos del cine y una de las películas de detectives más icónicas de las que se tenga memoria. En su primer trabajo como director, Huston probó ser un profesional consumado, no solo debido a que se dio el trabajo de desarrollar un storyboard que detallaba cada una de las tomas, sino que además logró terminar la cinta antes de lo previsto y con un presupuesto considerablemente menor. Al momento de su estreno, el film fue todo un éxito, lo que catapultó las carreras de Huston y Bogart, quienes seguirían trabajando en otros proyectos que terminarían convirtiéndose en clásicos por mérito propio. En definitiva, “The Maltese Falcon” no solo cumple con presentar los elementos que se convertirían en las claves del film noir; el detective siempre confiado en sus instintos y en recibir una buena paga; la enigmática y bella mujer, la cual es objeto de deseo pero también de sospecha; y un atmósfera dominada por un aire de fatalismo y derrota, sino que también presenta las suficientes virtudes técnicas y humanas como para que la cinta sea considerada como una joya magistral e imperecedera.




por Fantomas.

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