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jueves, 5 de febrero de 2015

The Holcroft Covenant: Ludlum, Frankenheimer, Caine y los nazis.

“The Holcroft Covenant” (1985), es un thriller del director John Frankenheimer, el cual está protagonizado por Michael Caine, Anthony Andrews y Victoria Tennant.

Noel Holcroft (Michael Caine) es un arquitecto neoyorkino que recibe una inesperada herencia de su padre, un antiguo general nazi: 4 billones de dólares en fondos robados al tercer Reich, los cuales supuestamente deben ser utilizados para reparar el daño realizado por el ejército nazi. Cuando intenta averiguar la misteriosa historia que esconde el tesoro, Holcroft se ve enfrentado a una aventura palpitante en la que acabará siendo el único hombre capaz de abortar la escalofriante e inexorable amenaza del resurgimiento de un omnipotente cuarto Reich.

 

Tras ser publicado en 1978, el complejo thriller del escritor Robert Ludlum titulado “The Holcroft Covenant”, se convirtió rápidamente en un bestseller internacional. Esto llevó a los productores Edie y Ely Landau a adquirir los derechos de dicha novela, cuya adaptación inicial estuvo a cargo de los guionistas Edward Anhalt y John Hopkins. Cuando el aclamado director John Frankenheimer se sumó al proyecto, este reclutó al guionista George Axelrod, con quien había trabajado previamente en el thriller político “The Manchurian Candidate” (1962), para arreglar ciertos aspectos del guión original. Para sorpresa de Frankenheimer, a su llegada el actor norteamericano James Caan ya había sido contratado para interpretar el rol protagónico, lo que eventualmente le trajo una serie de problemas a la producción. Según declararía el mismo director a la revista Films and Filming en 1985: “Él (Caan) no debería haber sido contratado. Pasaron tres cosas al mismo tiempo. Primero, su elección fue un error. Segundo, él estaba alterado emocionalmente en aquel entonces. Tercero, él había estado teniendo disputas con los productores durante meses y yo no sabía eso. Estas tres cosas se fusionaron y generaron una situación con la que no se podía trabajar”. A raíz de todo esto, Caan se desligó del proyecto cuando este estaba entrando al proceso de producción, lo que obligó al director a comenzar el rodaje sin un protagonista, o de lo contrario la película iba a colapsar. Rápidamente, Frankenheimer le envió el guión a Michael Caine, quien acababa de terminar de filmar la comedia “Water in June” (1984). Pese a que el actor estaba por tomarse un pequeño receso, este aceptó participar la producción salvándola de su cancelación inminente.

Si bien el guión de “The Holcroft Covenant” se aleja bastante de algunos aspectos de la novela, este mantiene gran parte de la premisa básica intacta: Noel Holcroft se entera a través de un enigmático banquero suizo (Michael Lonsdale) que su padre, un reconocido General Nazi, le dejó una fortuna de 4 billones de dólares, la cual debe ser utilizada para reparar los horribles crímenes del ejército Nazi. Dicho dinero es el resultado de un pacto realizado entre el padre de Holcroft y otros dos oficiales nazis, quienes supuestamente le dieron la espalda a Hitler durante los últimos días de la guerra, con la esperanza que sus hijos pudieran vivir en un mundo mejor. Los términos del pacto dictan que Holcroft debe localizar a los primogénitos de los otros dos oficiales, quienes se encuentran ocultos en diversas partes del globo, para así poder acceder a la impresionante suma de dinero, de la cual él será el único administrador. Una vez que las piezas entran en movimiento, Holcroft se ve involucrado en diversos intentos de asesinato, viajes alrededor de Europa, y una enrevesada trama de espionaje y traición, en la cual su principal aliada será Helden von Tiebolt (Victoria Tennant), la hija mejor de uno de los oficiales que participaron en el misterioso pacto. Con el tiempo en contra y con un montón de gente que desea verlo muerto, Holcroft tendrá que descubrir en quien confiar y que es lo que se esconde tras la peculiar herencia de su padre, antes de que sea demasiado tarde.

 

Más allá de su popularidad, es sabido que “The Holcroft Covenant” no es precisamente uno de los mejores trabajos del escritor Robert Ludlum, en gran medida porque la trama resulta algo densa y está desarrollada de manera torpe. Debido a esto, es justo argumentar que gran cantidad de los cambios realizados por el equipo de guionistas apuntaban a simplificar la historia, lo que pese a sus buenas intenciones no lograron del todo. Por ejemplo, el extenso periplo por Sudamérica que algunos de los protagonistas realizan en la novela fue eliminado por completo, limitando la acción a la ciudad de Nueva York y a diversos puntos de Europa; las numerosas facciones que buscan adueñarse del dinero en el escrito original, fueron reducidas de manera considerable en el film (aunque de todas formas por momentos resulta complicado identificar quien trabaja para quien); y por último, una compleja subtrama que involucraba a un asesino internacional fue obviada por considerarse innecesaria. Como se menciona anteriormente, pese a todos estos cambios, el guión de George Axelrod y compañía dejan una serie de cabos sueltos que no solo dificultan la completa comprensión de la trama, sino que además terminan restándole credibilidad a la misma. Probablemente lo que resulta más molesto, es que nunca queda claro quien desea asesinar a Holcroft, ya que a medida que avanza la trama, los diversos personajes que van apareciendo a lo largo de la peligrosa aventura del protagonista, parecen compartir el interés por que este firme el mentado acuerdo, ya sea para hacerse con el dinero o para obtener un misterioso documento que revelaría elementos importantes del plan nazi.

Aun cuando la unidimensionalidad ronda entre los personajes de la película, dentro de la diversa galería de participantes de esta peculiar búsqueda del tesoro, hay algunos que se destacan como por ejemplo el Comandante Leighton (Bernard Hepton), quien inicialmente se presenta como parte de los servicios de inteligencia británicos, y cuyo objetivo primordial pareciera ser que todos los interesados en el dinero se eliminen entre sí. La razón principal por la cual este misterioso agente se convierte en uno de los personajes más interesantes del film, es debido a su cuasi omnipresencia y a su sarcasmo constante. Diálogos como: “La suposición, señor Holcroft, es, como dicen en mi profesión, la madre de los errores” o “Debemos movernos. Este lugar está repleto de todo tipo de monstruos, muchos de los cuales trabajan para mí”, explican porque Leighton termina adquiriendo un protagonismo impensado en algunos pasajes de la cinta. Otro de los personajes interesantes es Johann von Tiebolt, uno de los hijos de los infames generales nazis, quien pese a presentarse inicialmente como aliado de Noel Holcroft, eventualmente exhibe un lado bastante oscuro y algunas inclinaciones definitivamente obscenas. Por último, también resulta necesario mencionar a Althene Holcroft (Lilli Palmer), la madre del protagonista cuyo odio hacia su fallecido marido, la impulsa a tratar de convencer a su hijo que no se involucre con el dinero acuñado por los nazis, y Oberst (Richard Münch), un siniestro hombre que asegura presidir una organización que busca subsanar el daño provocado por los nazis, y que maneja más información de lo que aparenta.

 

En cuanto al protagonista, afortunadamente el Holcroft de Caine es bastante menos molesto que su contraparte literaria, ya que en general prefiere participar activamente en la solución de la peculiar situación en la que se ve involucrado, en vez de perder el tiempo quejándose de su mala suerte. Al mismo tiempo, el actor exhibe una química innegable con el personaje interpretado por Victoria Tennant, lo que ayuda a otorgarle un cierto grado de credibilidad a la súbita relación amorosa que ambos entablan. Si bien es cierto que Caine realiza un buen trabajo interpretando a Holcroft, la verdad es que dista de ser uno de sus personajes más memorables, básicamente por su inescapable unidimensionalidad. Según diversas fuentes, más allá del dinero y de la posibilidad de rodar en diversos países, la razón por la cual el actor británico aceptó protagonizar “The Holcroft Covenant”, tiene relación con la figura de John Frankenheimer, director a quien Caine admiraba abiertamente. En relación al director, mientras que este demuestra su experiencia en varios pasajes del film, ya sea imprimiéndole un ritmo narrativo dinámico a la historia o haciendo uso de un interesante juego de cámaras, responsable de la atmósfera opresiva de la cinta, también comete una serie de errores cuestionables que no aportan demasiado a la trama, como por ejemplo la prolongación innecesaria de la infame escena de la Love Parade en Berlín, cuyo objetivo central solo pareciera ser incluir unos cuantos desnudos gratuitos en el film. Por otro lado, el trabajo de fotografía de Gerry Fisher resulta ser correcto, mientras que la banda sonora compuesta por Stanislas Syrewicz complementa de buena manera la sordidez y la tensión que por momentos domina la historia.

Si bien el film contiene gran parte de los elementos característicos de los trabajos de Robert Ludlum, como por ejemplo una intriga internacional, diversas locaciones europeas, persecuciones, traiciones, balaceras, sexo, violencia, y numerosas vueltas de tuerca, este no logró los resultados esperados y solo recaudó aproximadamente 400.000 dólares en los Estados Unidos. Si bien Frankenheimer logra con relativo éxito capturar la atención del espectador durante gran parte del metraje, a fin de cuentas “The Holcroft Covenant” puede considerarse como un producto fallido, el cual no logra comprimir una novela de suspenso de 500 páginas dentro de una historia coherente de dos horas de duración. Y es que muchos de los diálogos son sencillamente olvidables o carecen de demasiado sentido, lo que le dificulta aún más la tarea a un espectador que intenta no perderse entre los numerosos giros dramáticos del film. Al mismo tiempo, los intentos por inyectarles vida a los diversos personajes unidimensionales que desfilan a lo largo de este complejo thriller, son demasiados escasos como para tener algún efecto tangible en la trama. Pese a todo lo antes mencionado, “The Holcroft Covenant” se ve beneficiado del buen trabajo del elenco participante, y de los breves pero significativos destellos de brillantez de Frankenheimer, lo que en conjunto apela a la capacidad del espectador de obviar determinados detalles y lo inverosímil que por momentos resulta la historia.


por Fantomas.

jueves, 21 de agosto de 2014

On Her Majesty´s Secret Service: Bond y su momento de mayor fragilidad.

“On Her Majesty´s Secret Service” (1969), es un film de acción del director Peter R. Hunt, el cual está protagonizado por George Lazenby, Diana Rigg y Telly Savalas.

Tras rescatar a una chica llamada Tracy (Diana Rigg) del supuesto ataque de una pareja de asaltantes, James Bond (George Lazenby) establece un vínculo con ella y con su padre, Marc-Ange Draco (Gabriele Ferzetti), quien es el jefe de un conocido sindicato criminal, debido a que este posee información del paradero del maquiavélico Ernst Stavro Blofeld (Telly Savalas). Bond pronto descubrirá que escondido en medio de los Alpes Suizos, Blofeld planea desarrollar y lanzar una peligrosa bacteria que podría acabar con millones de personas en todo el planeta, y que solo él puede detenerlo.

 

Tras el estreno de “Goldfinger” (1964), los productores Albert Broccoli y Harry Saltzman pretendían continuar la serie con la adaptación de la novela “On Her Majesty´s Secret Service”. Sin embargo, durante el transcurso de los años surgieron una serie de problemas de diversa índole que obligaron a posponer su adaptación. Todo empeoraría con la renuncia de Sean Connery al inicio del rodaje de “You Only Live Twice” (1967), quien además de estar cansado de interpretar al sofisticado espía inglés, no se encontraba en muy buenos términos contractuales con Broccoli. Ante la inminente posibilidad de perder la pequeña mina de oro que habían descubierto, Broccoli y Saltzman se lanzaron a la difícil tarea de encontrar al reemplazante de Connery. De esta forma convocaron a más de 400 postulantes en un llamado abierto, entre los que se encontraban Roger Moore, Timothy Dalton, John Richardson, Robert Campbell, y un ignoto modelo australiano de 29 años cuyo mayor éxito había sido un comercial de una conocida barra de chocolate, llamado George Lazenby. Curiosamente, Lazenby sería seleccionado para interpretar a Bond básicamente porque mientras estaba audicionando para el rol, golpeó accidentalmente en el rostro al coordinador de los dobles de riesgo, lanzándolo por los aires, dando con esto muestras de su salvaje personalidad. Lamentablemente para el novato actor, lo que podía haberse convertido en la oportunidad de su vida, terminó sentenciando su destino en el mundo del cine. Al hecho de su nula experiencia como actor, se sumó su incapacidad a la hora imitar de forma convincente el acento británico, y el escaso control de su propio ego. Una vez que se transformó en el centro de atención de los medios, Lazenby comenzó a tener problemas tanto con sus compañeros de elenco, como con los productores y el mismo director. Su ego descontrolado también lo llevaría a rechazar un contrato por siete películas, ya que su agente lo convenció de que las cintas de James Bond pronto dejarían de importarle a la audiencia, razón por la cual debía privilegiar su participación en otro tipo de producciones, como por ejemplo los cada vez más populares Spaghetti Western. Eventualmente, la crítica destrozaría a Lazenby, y este se vería obligado a pasar el resto de su carrera participando en cintas de bajo presupuesto tanto en Europa como en Asia.

A diferencia de la gran mayoría de los films del popular agente secreto, en “On Her Majesty´s Secret Service” Bond se convierte en el motor que impulsa la trama, y no en un mero vehículo cuya función principal es llevar al espectador de una glamorosa locación a otra. En esta oportunidad, Bond se encuentra en medio de la Operación Bedlam, cuyo objetivo es capturar al genio criminal Ernst Stavro Blofeld. Sin embargo, el espía británico se ve obligado a hacer un alto en el camino para rescatar a una joven que está a punto de ahogarse en el mar. Dicha joven se llama Tracy di Vicenzo, y es la alocada hija del respetado jefe del sindicato criminal de Córcega, Marc-Ange Draco. Curiosamente, dicho acontecimiento servirá para que Bond y Draco establezcan un curioso acuerdo; según Draco, Bond es el único hombre capaz de encaminar a su hija, por lo que lo incita a conquistarla con la promesa de que no solo va a pagarle un millón de libras esterlinas si logra su cometido, sino que además lo ayudará a dar con el paradero del esquivo Blofeld. A medida que el romance avanza y Bond gradualmente comienza a enamorarse de Tracy, este descubre que puede acercarse a Blofeld a través de un genealogista llamado Sir Hilary Bray (George Baker), quien ha sido contratado por el criminal para que certifique un supuesto título nobiliario que posee. A sabiendas de esto, Bond asume la identidad de Sir Hilary Bray y se dirige a los Alpes Suizos, donde Blofeld aparentemente maneja una clínica que se dedica al tratamiento de las alergias. Sin embargo, 007 pronto descubrirá que el verdadero plan del líder de S.P.E.C.T.R.E. consiste en utilizar a sus jóvenes y hermosas pacientes para dispersar a nivel mundial un virus de infertilidad, a no ser que se le otorgue un perdón total por todos sus crímenes pasados y se le valide el título nobiliario que tanto ansía tener.

 

“Esto nunca le pasó al otro tipo”. Esta línea de diálogo, dicha por el James Bond interpretado por George Lazenby al inicio del film, en gran medida resume lo que representa “On Her Majesty´s Secret Service” dentro de la popular saga del agente británico. Entre otras cosas, en esta oportunidad Bond utiliza disfraces ridículos, se deprime cuando es reprimido por M (Bernard Lee), se enamora, coquetea momentáneamente con la abstinencia, y eventualmente contrae matrimonio. Pese a las múltiples diferencias que presenta el Bond de Lazenby con el de Sean Connery, de todas formas la cinta presenta una serie de elementos cuya función parece ser enlazar esta nueva aventura con el resto de la exitosa serie. Para empezar, la secuencia de créditos cumple con exhibir a gran parte de la galería de chicas Bond y villanos que se habían visto hasta entonces. De la misma forma, cuando Bond considera su retiro prematuro, es posible escuchar varias de las canciones utilizadas en los films protagonizados por Connery. Esta yuxtaposición entre el nuevo y el viejo Bond, donde se exponen tanto sus similitudes como sus diferencias, lamentablemente termina dejando al descubierto las falencias interpretativas de Lazenby. Por estos motivos, “On Her Majesty´s Secret Service” usualmente es tratada como una entrada inusual dentro de la serie, no al nivel de “Casino Royale” (1967) o “Never Say Never Again” (1983), pero que de todas formas se convirtió en un momento incómodo para Saltzman y Broccoli, el cual les costaría bastante superar.

Si hay algo que no se puede negar, es que “On Her Majesty´s Secret Service” posee algunas de las mejores escenas de acción de la saga. Además de ser visualmente atractivas, son rápidas, emocionantes, y bastante realistas para estar enmarcadas dentro del pintoresco universo Bond. En gran medida, la razón por la que el director Peter Hunt quiso otorgarle un tono más realista a la cinta, fue debido a que deseaba regresar a las raíces de Bond como espía, ya que sentía que la imagen del icónico personaje había perdido su eje en las últimas cintas de Connery, hasta el punto de volverse un producto propio del género fantástico. Quizás por esta misma razón, en “On Her Majesty´s Secret Service” Bond no es el asesino letal e implacable que es posible ver en las cintas anteriores, sino que es un hombre notoriamente más vulnerable, más humano. Lo que es más importante, es que cada vez que Bond da muestras de alguna conexión emocional durante el posterior transcurso de la saga, es posible trazar paralelos con este film. Por ejemplo, en “For Your Eyes Only” (1981), Bond visita la tumba de Tracy, lo que de por sí es un inusual reconocimiento de la historia pasada del espía, y un signo evidente de que en algún momento se le intentó dar una cierta continuidad a sus aventuras. Por otro lado, en “License to Kill” (1989), Bond de inmediato demuestra una evidente empatía con su amigo Felix Leiter (David Hedison) cuando su flamante nueva esposa es asesinada. Motivado por su propio pasado, el espía británico emprende una violenta cruzada para encontrar a los responsables del crimen.

 

Pese a que el film presenta algunos diálogos absolutamente olvidables, el elenco en general realiza un buen trabajo, con la sola excepción de Lazenby. Y es que el australiano pese a que logra otorgarle un aire de sofisticación al personaje, y se desenvuelve de manera brillante en las escenas de acción, lamentablemente se muestra algo torpe en aquellas escenas en las que Bond expresa algún tipo de sentimiento o conflicto. Al mismo tiempo, es necesario mencionar que George Baker fue el encargado de doblar la voz de Bond mientras este asume la identidad de Sir Hillary Bray, ya que Lazenby jamás logró reproducir de manera creíble el acento del genealogista. Telly Savalas por su parte, logra construir a un Blofeld que es menos escalofriante que el representado brevemente por Donald Pleasance, pero que claramente resulta ser más amenazante físicamente hablando. Por último, Diana Rigg no solo interpreta a quien es probablemente la chica Bond más activa y madura de toda la serie, sino que además por momentos es capaz de opacar al mismísimo 007. En cuanto al aspecto técnico de la cinta, resulta destacable el trabajo de edición de John Glen, quien en conjunto con Peter Hunt, que dicho sea de paso había trabajado como editor en los films anteriores de Bond, le otorgan una dinámica bastante distintiva a la producción en general. Al mismo tiempo, el trabajo de fotografía de Michael Reed, la banda sonora del compositor John Barry, la cual además incluye un tema de Louis Armstrong, y en especial el diseño de producción de Syd Cain, también se encuentran dentro de los puntos altos de la cinta.

Aun cuando la primera mitad de “On Her Majesty´s Secret Service” avanza de manera pausada, el ritmo narrativo se acelera notablemente una vez que Bond se infiltra en la peculiar clínica de Blofeld, donde resguarda a doce bellas jóvenes a las cuales él llama sus “ángeles de la muerte”. Lamentablemente para gran parte de los involucrados en la producción, una vez que esta no obtuvo los resultados esperados a nivel comercial en los Estados Unidos, y la actuación de Lazenby fue ampliamente denostada por la crítica especializada, no tuvieron más remedio que aceptar que sus intentos por construir a un Bond más complejo habían fracasado, y que su participación al interior de la saga había terminado de manera amarga. Con el objetivo de borrar lo más rápido posible de la memoria del espectador la existencia de “On Her Majesty´s Secret Service”, en “Diamonds are Forever” (1971), Broccoli y Saltzman optaron por regresar a la fórmula utilizada en las cintas previas de Connery. Al mismo tiempo, la supuesta venganza que Bond emprende en contra de Blofeld debido a los acontecimientos finales ocurridos en el film de Hunt, solo es explorada de manera superficial en la secuencia inicial de la cinta, para luego ser obviada por completo durante el resto de los encuentros que tiene la dupla de personajes a lo largo del film. “On Her Majesty´s Secret Service” es una cinta injustamente subvalorada, la cual resulta clave a la hora de entender a Bond como personaje, ya que deja explicitado que el espía es algo más que las bellas mujeres, las armas, los artefactos y la misión. Irónicamente, eventualmente Daniel Craig lograría lo que Lazenby desafortunadamente no pudo hacer en su momento, en gran medida debido a que en ese entonces el público no pudo superar el impacto que le provocó la salida del inigualable Sean Connery.



por Fantomas.

jueves, 24 de abril de 2014

Thank You, Mr. Moto: En la búsqueda del tesoro de Genghis Khan.

“Thank You, Mr. Moto” (1937), es un thriller de acción del director Norman Foster, el cual está protagonizado por Peter Lorre, Thomas Beck y Jayne Regan.

El Sr. Moto (Peter Lorre) debe competir con una banda de peligrosos cazadores de tesoros por la posesión de siete pergaminos, los cuales una vez reunidos, forman un mapa que revela la locación de la tumba de Genghis Khan, la cual se dice que contiene un enorme tesoro. Si bien Moto ya tiene en su poder uno de los pergaminos, el resto están en manos del Príncipe Chung (Philip Ahn) y su madre (Pauline Frederick), quienes consideran que su deber sagrado es proteger los pergaminos y el secreto de la tumba de Khan.

 

Pese a ser el segundo film en ser estrenado dentro del ciclo de producciones protagonizadas por Kentaro Moto, “Thank You, Mr. Moto” no fue la segunda cinta en ser producida. El proceso de producción de “Mr. Moto Takes a Chance” (1938) comenzó en Julio de 1937, pero su estreno fue retrasado por la situación provocada por la Guerra Sino-Japonesa. A raíz de esto, los ejecutivos de los estudios Twentieth Century Fox optaron por adaptar la novela “Thank You, Mr. Moto”, la cual fue serializada en la revista Saturday Evening Post a principios de 1936. El estudio dio inicio al proceso de producción en Octubre de 1937, y estrenaría el film tan solo dos meses después, exactamente el día 24 de Diciembre. Tal y como sucedió en la primera entrada de la serie, el guión y la novela en la cual está basado, presentan una serie de diferencias, las cuales en este caso en su mayoría están motivadas por las tensiones existentes en el lejano Oriente. Por ejemplo, en determinado segmentos, la novela presenta un levantamiento civil en el Norte de China y a varios expansionistas japoneses que desean realizar un ocupamiento militar en territorio enemigo, lo cual evidentemente fue obviado en el film. De la misma forma, se eliminó la participación de una representante de un museo norteamericano, la cual viajaba a China con el único objetivo de adquirir una serie de pinturas pertenecientes a la Dinastía Sung, las cuales eran vendidas sin mayor oposición por un noble venido en desgracia.

Tal y como sucede en “Think Fast, Mr. Moto” (1937), el personaje interpretado por Peter Lorre rápidamente demuestra que es un hábil asesino cuando la ocasión lo amerita. Atrapado en la inmensidad del Desierto Gobi durante una violenta tormenta de arena, el Sr. Moto no duda en apuñalar certeramente a uno de los miembros de la caravana que lo acompaña, cuando este ingresa sigilosamente a su tienda con la intención de asesinarlo y quitarle el mítico pergamino que el misterioso detective japonés trae consigo. Esta no será la única víctima que el protagonista cobre durante el transcurso del film, lo que no solo convierte a “Thank You, Mr. Moto” en la entrada más violenta de toda la serie, sino que además siembra un manto de dudas con respecto a las verdaderas intenciones de un hombre del cual no se sabe demasiado. De hecho, en esta oportunidad tampoco se aclara la verdadera identidad del Sr. Moto, ni tampoco se revela para quien trabaja, aun cuando en un determinado momento del film este se identifica como un importador que a ratos oficia como detective, y como un miembro de la policía internacional. Con respecto al halo de misterio que lo rodea, su amigo, el agente diplomático norteamericano Tom Nelson (Thomas Beck), describe a Moto como un aventurero, un explorador, un soldado de fortuna, y como uno de los misterios de Oriente. Tom también asegura que nadie sabe demasiado acerca de su amigo japonés, pero que cuando este se presenta por lo general suelen suceder hechos fuera de lo común.

 

En relación al posible empleador del protagonista, si bien el Sr. Moto le revela al Príncipe Chung que se encuentra de visita en Peiping para averiguar si la leyenda del tesoro de Genghis Khan es cierta, jamás le comenta quien lo ha enviado a cumplir con dicha misión. Por otro lado, la razón por la cual el Sr. Moto es invitado a la fiesta organizada por el Coronel Tchernov (Sig Rumann), otro de los grandes interesados en los pergaminos custodiados por Chung, tampoco queda del todo clara. El protagonista sabe que la realización de dicho evento tiene un propósito claro, pero asegura no conocer el motivo que se esconde tras su invitación. Durante dicha fiesta, el espectador es testigo de una de las tantas facetas de Moto, quien se muestra como un hombre cortés y culto, capaz de hablar en distintos idiomas y de desenvolverse con total confianza entre diplomáticos y ciertos miembros de la alta sociedad. Cabe mencionar que desde el momento en el que el Sr. Moto asesina al Coronel Tchernov, para posteriormente asegurar que actúo de forma violenta con el solo objetivo de proteger la integridad física del Príncipe Chung, quien se había rehusado a venderle los tan ansiados pergaminos, sus acciones rápidamente se tornan ambiguas y algo cuestionables. No solo obliga a Eleonor Joyce (Jayne Reagan), una de las invitadas a la fiesta que tiene la mala fortuna de descubrir el cadáver de Tchernov, a declarar que el Coronel se suicidó, sino que además comienza a vigilarla de cerca para impedir que esta le cuente la verdad de lo sucedido a Tom Nelson, quien no puede ocultar la atracción que siente por la joven.

La fórmula argumental utilizada en este film es básicamente la misma que Norman Foster utilizó en “Think Fast, Sr. Moto”: Desde un principio, Kentaro Moto se encuentra trabajando en un caso del que no se tiene información alguna, el protagonista sigue mostrando una clara predilección por el uso de disfraces, el espectador es testigo de cómo se desarrolla una subtrama romántica entre una pareja de jóvenes que en cierto grado están relacionados con el Sr. Moto, y en variadas ocasiones el protagonista hace gala de su experticia en las artes marciales de forma explosiva y violenta. Dicho sea de paso, es necesario aclarar que los problemas de salud que aquejaban a Peter Lorre en aquel entonces le dificultaban incluso subir escaleras, por lo que todas las escenas de acción fueron ejecutadas por Harvey Parry, una leyenda viviente entre los dobles de acción el cual era conocido como el “Decano”. Por otro lado, también se perpetúa el respeto hacia las diferentes culturas orientales, ya sea retratando a personajes como el Príncipe Chung y su madre como personas honorables y tradicionalistas, o insertando pequeños guiños culturales en determinadas escenas, como por ejemplo aquella en la que el protagonista aparece tocando un samisén al interior de una tienda de antigüedades, o aquella en la que el Sr. Moto menciona la práctica del harakiri.

 

En general, la totalidad del elenco realiza un estupendo trabajo, pero quien sin lugar a dudas se destaca por sobre el resto es Peter Lorre. En la biografía “The Lost One: A Life of Peter Lorre”, del escritor Stephen D. Youngking, el actor explica el proceso al que se sometió para personificar al Sr. Moto: “El Sr. Moto es un japonés astuto, de mente ágil, y una persona bastante sofisticada. Bueno, entonces, yo me convierto en esa persona y lo hago bien. No necesito estudiar a un verdadero japonés para saber lo que debo hacer. Eso está mal. Existe una idea preconcebida de cada nacionalidad y los actores piensan que deben imitar esa idea, como si los japoneses o los chinos no fueran tan diversos como lo somos nosotros. Cada hombre se mueve acorde a lo que es. Una vez que has imaginado como es, entonces debes moverte como él lo haría.” Curiosamente, existen una serie de opiniones sobre si la actuación de Lorre se vio o no afectada por la adicción a la morfina que por ese entonces lo aquejaba. Mientras que Norman Foster aseguró en numerosas ocasiones que varias escenas no salieron como él esperaba debido a que Lorre era incapaz de realizar cualquier tipo de destreza física, Leon Ames, quien acompañó al actor en varias de las cintas de Moto, declaró que Lorre cumplía con precisión todos los aspectos no físicos de su rol: “Él era agudo. Ese hombre jamás se olvidaba de una palabra o una línea mientras actuaba, jamás. Él era como una computadora”.

En cuanto al aspecto técnico de la producción, esta cuenta con el correcto trabajo de fotografía de Virgil Miller, la efectiva pero olvidable banda sonora del compositor Samuel Kaylin, y la humilde pero cuidada dirección de arte de Bernard Herzbrun y Albert Hogsett. El gran mérito de “Thank You, Mr. Moto” es que se las arregló para combatir el sentimiento anti-japonés que se estaba instalando en Norteamérica debido a la brutal invasión de China por parte de Japón. En gran medida, esto se logró gracias a que el personaje interpretado por Peter Lorre resulta ser más educado y refinado que la mayoría de los personajes anglosajones con los cuales interactúa, lo cual le permite usar la condescendencia de los extranjeros a su favor. Al mismo tiempo, durante el transcurso del film al poco convencional héroe japonés le es otorgada la oportunidad de demostrar que su mayor preocupación en esta ocasión es preservar la integridad de la herencia cultural del país vecino, lo que de cierta forma puede ser considerado como un peculiar llamado a la unidad. En definitiva, “Thank You, Mr. Moto” es probablemente la mejor entrada de toda la serie, ya que posee una trama que mezcla en la medida justa misterio, intriga, acción y romance, algo que no se repetiría en el resto de los films del enigmático Kentaro Moto.



por Fantomas.

martes, 15 de abril de 2014

Think Fast, Mr. Moto: ¿Quién es realmente Kentaro Moto?

“Think Fast, Mr. Moto” (1937), es un film de misterio del director Norman Foster, el cual está protagonizado por Peter Lorre, Virginia Field y Thomas Beck.

El misterioso Señor Moto (Peter Lorre) se embarca en un crucero que va desde San Francisco a Shanghái, con la intención de resolver un asesinato ocurrido en una tienda de curiosidades ubicada en pleno Barrio Chino de la ciudad de San Francisco. Al interior del crucero, el Sr. Moto se hace amigo de Robert Hitchings Jr. (Thomas Beck), el hijo del dueño de una importante compañía naviera, el cual durante el viaje termina enamorándose perdidamente de una mujer algo sospechosa llamada Gloria Danton (Virginia Field). Una vez en Shanghái, Moto deberá descubrir el secreto que conecta el asesinato ocurrido en San Francisco, con Gloria y la compañía dirigida por Robert Hitchings.

 

Para el año 1936, los estudios Twentieth Century-Fox ya habían logrado capitalizar el interés del público norteamericano por la cultura oriental mediante la serie de films protagonizados por el carismático detective chino Charlie Chan. Sin embargo, no contentos con esto, los ejecutivos del estudio quisieron seguir aprovechando este interés mediante la adquisición de varias novelas escritas por el futuro ganador del premio Pulitzer, John P. Marquand, las cuales estaban protagonizadas por otro detective oriental, en este caso un japonés conocido como el Sr. Kentaro Moto. Poco antes de que esto sucediera, Marquand había adquirido una cierta notoriedad por sus contribuciones en la revista Saturday Evening Post, razón por la cual el editor de dicha publicación lo envió al Oriente con el objetivo de recolectar nuevo material para sus historias. Durante su viaje por China y Japón, Marquand conoció a un cortés detective japonés que eventualmente inspiraría la creación del Sr. Moto. Pese a que “Think Fast, Mr. Moto” es la tercera novela del escritor sobre el curioso detective, esta sería seleccionada por el director Norman Foster y el guionista Howard Ellis Smith para sentar las bases de una serie compuesta por un total de ocho films, los cuales serían protagonizados en su totalidad por el multifacético Peter Lorre.

Uno de los tantos misterios que esconde “Think Fast, Mr. Moto”, así como también el resto de los films que componen el ciclo de aventuras del personaje interpretado por Lorre, tiene relación con la verdadera ocupación del Sr. Moto. Curiosamente, no parece existir consenso al respecto. ¿Es un agente secreto al servicio del Emperador japonés o simplemente es un modesto detective? En el tramo final de la cinta, Bob Hitchings le pregunta a Moto cuál es su verdadera ocupación, a lo que él responde amablemente mediante una tarjeta de negociosos que lo identifica como un empresario que en sus ratos libres se desempeña como detective solo por diversión. Sin embargo, tras revisar varias de sus aventuras cinematográficas, el espectador no puede evitar concluir que el Sr. Moto es más bien un detective cuyo hobby es desempeñarse como empresario. Su memoria privilegiada, la utilización constante de diversos y llamativos disfraces, y su innegable experticia en las artes marciales, la cual saca a relucir cada vez que se encuentra en problemas, refuerzan la idea de que el Sr. Moto es más un hombre de acción que un ejecutivo acostumbrado a dirigir su rentable negocio sentado cómodamente en su escritorio.

 

Si hay algo que resulta evidente durante el transcurso del film, es que el director Norman Foster muestra una especial preocupación por retratar al Sr. Moto como un personaje de múltiples facetas. Por ejemplo, la pelea que el protagonista tiene con uno de los miembros de una peligrosa red de contrabandistas al interior del camarote de Hitchings, le revela al espectador que bajo su actitud cortés y su curiosa inclinación por la leche, el Sr. Moto es un verdadero instrumento de destrucción, un pequeño luchador capaz de derrotar al más temible de los rivales. Esta característica no solo juega un papel importante en la trama, sino que además distancia al personaje de gran parte de los detectives que poblaron las numerosas producciones de bajo presupuesto de características similares que los diferentes estudios realizaron durante las décadas del treinta y del cuarenta, en especial de Charlie Chan y el Sr. Wong (Boris Karloff), quienes nunca demostraron ni la más mínima habilidad atlética. Cabe mencionar que más allá de su potencial para emplear tácticas despiadadas y mortales, Moto también exhibe una faceta más amable. Por ejemplo, en diversas oportunidades exhibe una clara preocupación por Bob Hitchings, a quien él considera como un verdadero amigo. Y es que no solo decide no interferir en la relación amorosa que Hitchings establece con Gloria Danton, sino que además no duda en ofrecerle un extraño brebaje al mismo Hitchings capaz de acabar con cualquier resaca.

Si bien es cierto que hoy en día sería políticamente incorrecto que un actor europeo interpretara a un personaje de origen asiático, es necesario mencionar que “Think Fast, Mr. Moto” no puede ser acusada de presentar estereotipos racistas. Mientras que el protagonista se presenta como un hombre valiente y honorable, capaz de combinar su inteligencia con su manejo del ju-jitsu para llevar a diversos criminales ante la justicia, no existen villanos orientales unidimensionales en el film, y la policía china es retratada como una entidad eficiente y honesta. En cuanto a la selección de Shanghái como el centro de operaciones de una peligrosa banda de contrabandistas, es necesario recordar que durante la década del veinte y a principios de la década del treinta, dicha cuidad era reconocida como una de las más fascinantes del mundo, ya que era sofisticada, peligrosa, cosmopolita y algo decadente, lo que la convertía en el escenario ideal para desarrollar una historia policial con una clara influencia multicultural. En relación a esto último, resulta interesante la inclusión de algunos guiños a la cultura oriental tales como la aparición de un tallado de Kwan Yin, la diosa budista de la piedad, o la mención que Moto realiza del arte del haiku, el cual dicho sea de paso en un determinado momento utiliza para alertar a su compañera que se encuentran en grave peligro.

 

Desde un principio Peter Lorre se sintió atraído por la idea de interpretar a un personaje que se alejara de los siniestros villanos que había estado personificado en sus cintas anteriores. Probablemente esto contribuyó a que la actuación del pequeño actor de origen húngaro en la serie de films del Sr. Moto resultara ser absolutamente memorable. Su baja estatura, su cara redonda, sus ojos protruidos y su voz distintiva, permitieron que solo se necesitara un par de anteojos, unos dientes falsos, y un mínimo de maquillaje para completar la transformación. Lo más importante de todo, es que Lorre personifica a Moto como un hombre que pese a su peculiar apariencia y sus distintivas características, jamás se convierte en una mera caricatura. De hecho, la ambigüedad que el actor le imprime al colorido detective japonés le otorga un carácter sumamente humano, lo que le permite destacarse de gran parte de sus colegas cinematográficos. En cuanto al resto del elenco, todos realizan una labor bastante acertada, en especial Thomas Beck, quien también participaría en la segunda entrada de la serie titulada “Thank You, Sr. Moto” (1937), y Sig Ruman, quien interpreta al villano de turno.

En relación al aspecto técnico de la producción, el trabajo de fotografía de Harry Jackson resulta ser simplemente correcto, mientras que la dirección de arte de Lewis H. Creber se presenta como uno de los puntos altos del film, ya que con escasísimos recursos logra crear la ilusión de que el navío en el que viajan los protagonistas es un crucero de lujo, y que las en apariencia peligrosas calles de Shanghái están dominadas por un claro ambiente cosmopolita. En lo que se refiere al lado menos amable del film, el misterio que supuestamente conforma el núcleo de la trama, por momentos deja de ser el centro de interés. De hecho, la mitad del tiempo el espectador no puede evitar concentrar su atención en el accionar del Sr. Moto, dejando por completo de lado el misterio que este busca resolver. Al mismo tiempo, la trama se complica más de la cuenta por la escasa información que entrega en un principio el director Norman Foster con respecto a los motivos que llevan al Sr. Moto a visitar una tienda del Barrio Chino de San Francisco, y que posteriormente lo hacen embarcarse camino a Shanghái. Pese a todo, “Think Fast, Mr. Moto” es una cinta sumamente entretenida, cuyo encanto se replicaría en todo el resto de las entradas del ciclo protagonizado por el inigualable Peter Lorre.



por Fantomas.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

The Fury: El poder destructivo del odio.

“The Fury” (1978), es un thriller de ciencia ficción del director Brian De Palma, el cual está protagonizado por Kirk Douglas, John Cassavetes, y Amy Irving.

Tras ser atacado por un supuesto grupo extremista, el agente del gobierno Peter Sandza (Kirk Douglas) es dado por muerto. Algunos meses más tarde, desesperado por encontrar a su hijo Robin (Andrew Stevens), Sandza recurre a Gillian Bellaver (Amy Irving), una joven que posee poderes psíquicos inexplicables. Ella parece ser la única capaz de revelar donde está retenido Robin, quien está siendo utilizado en peligrosos experimentos mentales, cuyas consecuencias pueden ser devastadoras.

Después de filmar “Carrie” (1976), Brian De Palma se puso a buscar financiamiento para otros de los proyectos que tenía en carpeta. Debido a la escasa recaudación que logró dicho film, esto no sería una tarea fácil. Sin embargo, por esas casualidades de la vida, tras acompañar a la actriz Jill Clayburgh a ver el estreno de la cinta “Silver Streak” (1976), la cual ella protagonizaba, la pareja se encontró con el actor Alan Ladd y el productor Frank Yablans en un restaurante de Nueva York. Este último le mencionó a De Palma que junto al escritor John Farris, se encontraban escribiendo la adaptación de la novela “The Fury”, la que quizás podría interesarle. Al día siguiente, el representante del director, que casualmente también era el representante de Farris, le envío el mentado guión. Para el realizador, el flechazo fue inmediato. En el escrito reconoció elementos de la ya mencionada “Carrie”, y otros tantos de “The French Connection” (1971) y de “Three Days of the Condor” (1975), con los cuales le entusiasmaba trabajar. Fue entonces cuando casi sin pensarlo, De Palma llamó a Yablans para confirmarle su participación en el proyecto. Pese a creer que el guión era lo suficientemente bueno como para atraer a la audiencia, el director quiso asegurarse de no fracasar nuevamente en la taquilla contratando a dos actores consagrados como Kirk Douglas y John Cassavetes, quienes le otorgarían al film el "star-power" suficiente como para obtener una buena recaudación en las salas de cine.

En “The Fury”, Kirk Douglas interpreta a Peter Sandza, un agente del gobierno cuyo hijo Robin es engañado por los superiores de Sandza, quienes convencen al joven que su padre ha muerto en un tiroteo en Israel, con el fin de investigar y manipular las habilidades psíquicas que este posee, y que lo convierten en una potencial arma de destrucción contra los rusos. Sediento de venganza, Sandza regresa a los Estados Unidos con el único fin de encontrar a su hijo y asesinar al responsable de su “secuestro”, el siniestro agente Ben Childress (John Cassavetes). En medio de su cruzada, Sandza se percata de que no es el único que está buscando a su hijo. Una joven llamada Gillian Bellaver no solo ha estado teniendo una serie de problemas a causa de sus poderes paranormales, sino que además se ha estado comunicando telepáticamente con Robin, por lo que ella cree que él es el único que puede ayudarla a comprender su situación y a encontrar un lugar en un mundo que le es ajeno. Es así como eventualmente Peter y Gillian unen fuerzas para encontrar a Robin, sin conocer que tanto el carácter como los poderes del joven se encuentran fuera de control, lo que inevitablemente traerá consecuencias mortales para todos quienes osen interponerse en su camino.


“The Fury” es una película en extremo curiosa. Lo que comienza como una cinta de espionaje, pronto se convierte en una producción que trata acerca del fenómeno psíquico y de los problemas que conlleva el paso por la adolescencia. Durante la primera media hora del film, De Palma se centra en la situación que conlleva a que Peter se aleje involuntariamente de su hijo, y como este regresa un año después de dicho acontecimiento a los Estados Unidos para intentar vengarse de sus antiguos colegas. Como su contraparte nos encontramos con Ben Childress, quien no solo es responsable de todo lo sucedido, sino que además es el encargado de llevar a cabo el proyecto que recluta jóvenes psíquicos para convertirlos en armas del gobierno. Estrictamente ligado con esto, también somos testigos de cómo el grupo liderado por la doctora Susan Charles (Fiona Lewis), intenta despertar el verdadero poder psíquico de Robin, incrementando su ira a través de la filmación del supuesto asesinato de su padre. Sin embargo, lo que más afecta al joven es la relación que este mantiene con la Dra. Charles, cuyos tintes edípicos tendrán macabras consecuencias en un joven cada vez más emborrachado con su poder y su incontrolable ira.

Ya en la segunda mitad del film, el director explora los problemas que sufre Gillian a causa de su poder, específicamente como es apartada por sus compañeras de colegio, quienes piensan que es un fenómeno, y como esta termina siendo internada por su propia voluntad en un instituto que se dedica a trabajar con jóvenes como ella, el cual está a cargo del aparentemente bienintencionado doctor Jim McKeever (Charles Durning). Y es que el mayor temor de la joven es que su poder (o su maldición como ella lo ve), la lleve a dañar a aquellos a quienes ama, situación que ya ha experimentado en un par de ocasiones cuando sin quererlo, le ha provocado hemorragias a quienes tienen contacto con ella. Para alegría de Gillian, será en este lugar donde por fin se sienta a gusto, aunque lamentablemente no podrá disfrutar de aquello por mucho tiempo. Pronto la joven comenzará a fortalecer su nexo psíquico con Robin, quien también estuvo un tiempo en el instituto, lo que no solo la llevará a intentar dar con el paradero de aquel que comparte y entiende su don, sino que además la pone en la mira de Childress, quien hace ya un tiempo está buscando otro conejillo de indias capaz de convertirse en un arma efectiva y moldeable a sus más oscuros deseos.


Como es de esperarse por la talla de los actores que participan en esta producción, el elenco completo realiza un estupendo trabajo interpretando sus respectivos papeles. Se destaca la actuación de Kirk Douglas, quien personifica a este padre vengativo de energía contenida, la cual por momentos se libera de manera violenta y brutal. Amy Irving por su parte, refleja de buena manera la evolución de su personaje, que pasa de ser una joven frágil y algo asustadiza, a ser una mujer fuerte capaz de enfrentarse a cualquier situación. Por último cabe mencionar la labor de John Cassavetes, que logra que su personaje se muestre como un hombre realmente siniestro capaz de todo por alcanzar sus objetivos, lo que lo sitúa como un villano a la altura de las circunstancias. En el aspecto técnico del film, este cuenta con la atmosférica banda sonora compuesta por el siempre confiable John Williams, y con el correcto trabajo de fotografía de Richard H. Kline, que permite que en ciertos pasajes la cinta adquiera un cariz onírico. Cabe destacar que la producción también presenta una buena cantidad de bien logrados efectos especiales, los cuales resultan ser en su mayoría bastante viscerales y vienen a coronar el último tramo del relato.

En “The Fury” De Palma opta por no utilizar una estructura lógica para narrar una historia compleja y trágica, que no solo intenta fusionar géneros que rara vez suelen ir de la mano, sino que además juega a confundir y manipular al espectador para facilitar la entrada de este al mundo surrealista y onírico en el que se desarrollan los acontecimientos. Sin embargo, esta maniobra del director termina siendo un arma de doble filo. Mientras que logra con éxito capturar la atención del espectador, al mismo tiempo provoca que la cinta sufra una curiosa dicotomía que impide que las dos subtramas principales se fusionen de buena manera, hecho que solo ocurrirá en el último tramo del film. Claramente “The Fury” no es de lo mejor que podemos encontrar dentro de la filmografía del siempre interesante Brian De Palma, pero tampoco es uno de sus peores trabajos. Pese a que su carencia de definición narrativa arrastra consigo algunos agujeros en la trama, la cinta presenta un buen número de escenas visualmente atrayentes, las cuales en su mayoría son bastante viscerales, además de un par de momentos realmente destacables que han soportado bien el paso del tiempo, manteniendo intacta su capacidad de sorprender al espectador. Es precisamente por sus virtudes que "The Fury" se alza como una producción interesante, que al menos merece ser rescatada de los anales del cine setentero.

 

por Fantomas.

jueves, 2 de agosto de 2012

I Deal in Danger: Como reciclar una serie de televisión para convertirla en un largometraje.

“I Deal in Danger” (1966), es un thriller bélico del director Walter Grauman, el cual está protagonizado por Robert Goulet, Christine Carère, y Eva Pflug.

David March (Robert Goulet) es un agente secreto norteamericano que logra infiltrarse en el alto mando alemán a principios de la Segunda Guerra Mundial, con el pretexto de que es un traidor. Ahora con la ayuda de Gretchen Hoffmann (Eva Pflug), una científica germana, tendrá que encontrar la forma de sabotear un peligroso proyecto secreto nazi, el cual puede cambiar el curso del conflicto bélico.

A principios de los sesenta, el cantante y actor Robert Goulet alcanzaría cierta fama en los Estados Unidos principalmente por su participación en varias obras de Broadway. Esto eventualmente lo llevó a probar suerte como actor en otros medios como el cine y la televisión, siendo en este último donde obtendría una mayor cantidad de roles durante el transcurso de su carrera. En 1965, Goulet sería escogido para protagonizar una serie de televisión producida por la 20th Century Fox titulada “Blue Light” (1966), la cual había sido creada por Larry Cohen y Walter Grauman. El show, el cual estuvo constituido por 17 episodios, presentaba al personaje de Goulet como un supuesto corresponsal norteamericano que al percatarse de la hegemonía nazi a principios de la Segunda Guerra Mundial, decide traicionar a su país y unirse a los servicios de inteligencia germanos. Sin embargo, pronto se descubre que él pertenece a un grupo de espías llamado “Blue Light”, cuyo objetivo principal es desmantelar la maquinaría nazi desde dentro. Debido a que a la serie no obtuvo los resultados esperados, el estudio optó por reciclar los cuatro primeros episodios, y editarlos de manera tal que pudieran ser utilizados para realizar un largometraje pensado para ser estrenado en las salas de cine del país, dando vida de esta forma a “I Deal in Danger”.

La cinta comienza con el asesinato del miembro número 16 del grupo de espías denominado “Blue Light”, estableciendo que solo queda un integrante vivo de dicho grupo, David March, quien se encuentra cómodamente infiltrado en la Alemania nazi. Como es de esperarse, su posición no solo le permite codearse con oficiales de la Gestapo y con miembros de la alta sociedad germana, sino que además le facilita la obtención de información confidencial que puede resultar crucial para el desarrollo de la guerra. En la actualidad, su principal objetivo es encontrar la manera de sabotear un proyecto secreto que se conoce bajo el nombre de “Grossmunchen”, el cual consiste en la fabricación de un nuevo tipo de armamento, con el cual los alemanes pretenden invadir Norteamérica y por ende ganar la guerra. Durante el transcurso de su difícil misión, March será ayudado por otra supuesta traidora llamada Suzanne Duchard (Christine Carère), cuyo padre fue ejecutado por la Resistencia Francesa por colaborar con los nazis, y por Gretchen Hoffmann, una de las científicas germanas a cargo del temido proyecto secreto, quien tras un trágico episodio se percata que desea enmendar lo que su país le ha hecho a tanta gente inocente.


Debido a su origen multiepisódico, “I Deal in Danger” presenta dos líneas dramáticas claramente marcadas. Durante su primera mitad, la cinta se centra en el juego del gato y el ratón que se produce entre el protagonista y Elm (Werner Peters), un oficial de la SS que desconfía de la lealtad de March, al punto que logra conseguir una orden judicial para asesinarlo al más mínimo indicio de que es un traidor. Y es que el oficial alemán sospecha que March es nada menos que el último miembro vivo de “Blue Light”, lo que lo convierte en un hombre muy peligroso. La prueba de fuego a la que será sometido el protagonista, consistirá en la validación de las intenciones de un doble agente británico (Donald Harron), quien siguiendo el ejemplo de March, supuestamente quiere comenzar a trabajar para la Alemania nazi. Lo que March no sabe, es que los alemanes están en conocimiento de las verdaderas intenciones del espía inglés, por lo que si este confirma que las palabras de su colega son sinceras, terminará cavando su propia tumba. Ya durante la segunda mitad del film, la  acción se centra en el traslado del protagonista a una planta subterránea de armamento, lugar en el cual conocerá a la científica Gretchen Hoffmann, quien parece ser su mejor opción para poder destruir la tan temida arma secreta de los alemanes, por lo que tendrá que convencerla de ayudarlo a cumplir su misión.

Teniendo en cuenta el escenario y las circunstancias en las que se desarrolla la historia, es evidente que gran parte del encanto de la cinta reside en la posibilidad de que el plan del protagonista sea expuesto por los nazis, poniendo en riesgo no solo su vida y la de sus asociados, sino que también toda la operación de la que forma parte, lo que significaría un golpe tremendo para las fuerzas aliadas. Sin embargo, hay una serie de elementos que atentan contra la construcción de una trama verosímil, los cuales en su mayoría tienen relación con la forma en la que son representados los oficiales nazis. En su gran mayoría, con la excepción del villano interpretado por Werner Peters, los nazis resultan ser personajes caricaturizados, que no solo se dejan engañar fácilmente por March y Suzanne Duchard, sino que además presentan un grado de sadismo y frialdad bastante menor al que usualmente exhiben en las producciones de estas características, lo que inevitablemente disminuye el nivel de tensión de algunas escenas que dependen del accionar del oficial nazi de turno. Y es que por momentos, los alemanes parecen ser tan solo una tropa de ineptos, cuya soberbia los ha llevado a confiarse demasiado, al punto que dejan que un supuesto traidor norteamericano deambule libremente incluso por sus fábricas de armamento más celosamente cuidadas.


Afortunadamente, el film se ve bastante beneficiado con la participación de Robert Goulet, quien interpreta de buena manera a este espía sofisticado, seductor y temerario, que siempre se las arregla para lograr su objetivo con una sonrisa en su rostro. Quienes también realizan un buen trabajo son el ya mencionado Werner Peters y Horst Frank, quienes interpretan de manera creíble a los principales villanos de la cinta (que dicho sea de paso, son los únicos dos personajes que dudan de la lealtad del protagonista), lo que los convierte no solo en personajes atractivos, sino que también en los principales generadores de tensión del relato. Por último cabe mencionar la labor tanto de Christine Carère como de Eva Pflug, quienes si bien realizan un trabajo correcto, por momentos sus interpretaciones se ven algo mermadas por lo pobre de sus diálogos. En el aspecto técnico, probablemente lo que más se destaca es la banda sonora compuesta por Joseph Mullendore y Lalo Schifrin, la cual de todas formas presenta algunos pasajes bastante planos que no permiten crear la atmósfera deseada. Por razones obvias, la fotografía por momentos deja bastante que desear, al igual que algunos de los sets en los cuales se desarrolla la historia, los cuales no pueden evitar exhibir la escasez de presupuesto con la que contaba la serie.

En términos narrativos, la cinta se ve tanto beneficiada como perjudicada por el collage de episodios que Cohen y Grauman utilizaron para construir el guión del film. Si bien por un lado la edición de los capítulos ayudó a que los ripios narrativos que presentaba la serie fueran eliminados, dando como resultado que la producción presente un ritmo bastante dinámico, por otra parte también provocó que muchas de las situaciones que se exploran durante el transcurso de la historia se resuelvan de manera apresurada, simplificando demasiado el trabajo de March y compañía. De la misma forma, durante los casi noventa minutos que dura el film, es imposible no percatarse de las secuelas directas del origen televisivo de la película, entre las que se encuentran las transiciones entre escenas tan típicas de las series de la época, y la secuencia de títulos inicial, la cual contiene varios extractos de los episodios de la serie, los cuales no necesariamente aparecen en el film. Pese a sus problemas narrativos y técnicos, “I Deal in Danger” resulta ser una “película” entretenida, que se ve ampliamente beneficiada por la presencia de un protagonista lo suficientemente interesante y querible, como para que el espectador haga caso omiso a varios de los elementos que atentan directamente contra la verosimilitud de una historia cuya concepción es por lo menos curiosa.


por Fantomas.

martes, 22 de mayo de 2012

Scorpio: El lado decadente del mundo del espionaje.

“Scorpio” (1973), es un thriller del director Michael Winner, el cual está protagonizado por Burt Lancaster, Alain Delon, y Paul Scofield. 

Cross (Burt Lancaster), un agente de la CIA, y Scorpio (Alain Delon), un asesino a sueldo, han trabajado mucho tiempo juntos resolviendo algunos conflictos internacionales con el fin de inclinar la balanza a favor de los Estados Unidos. Sin embargo, cuando la agencia decide asesinar a Cross, la dupla se verá envuelta en un juego del gato y el ratón del que solo uno podrá salir con vida.

Durante la década del sesenta, el cine de espionaje experimentó un alza en su popularidad debido a la aparición del espía británico James Bond, lo que provocó la realización de una buena cantidad de producciones similares, en las que un determinado espía estaba llamado a eliminar cualquier amenaza que desafiara el orden mundial. Sin embargo, la visión del mundo del espionaje cambió bruscamente durante la década del setenta en Hollywood, debido a la influencia que el fracaso de la guerra de Vietnam y el bullado escándalo de Watergate habían tenido en la sociedad norteamericana. La paranoia y el cinismo reinante se traspasaron al cine de espionaje, el cual se convirtió en el mejor vehículo para reflejar el sentir de la población. Fue así como de pronto las coloridas historias de espías como el mismo Bond o Derek Flint (Our Man Flint, 1966), se convirtieron en relatos oscuros, donde la traición estaba a la orden del día, y cuyos protagonistas solían ser hombres atormentados cuyas lealtades estaban trastocadas. Fue en este clima de desconfianza que David W. Rintels en compañía de Gerald Wilson escribieron el guión de “Scorpio”, cinta que pretendía relanzar la carrera de un Burt Lancaster que en ese entonces tenía 59 años.

En esta ocasión, Lancaster interpreta a Cross, un veterano agente de la CIA que junto a Scorpio, un asesino a sueldo francés, durante el último tiempo han estado encargándose de eliminar algunos de los objetivos de la agencia, con el fin de inclinar la balanza política a favor de los Estados Unidos. Y es que el mundo se encuentra en medio del conflicto entre los bloques capitalista y comunista, donde los involucrados son meros peones en un juego que no parece tener límites. A su llegada de su última misión, nos enteramos que la CIA quiere a Cross muerto, y que el encargado de asesinarlo es nada menos que Scorpio, a quien le han ofrecido una suculenta suma de dinero y el puesto de su otrora mentor en la agencia. Acusado de ser un doble agente y con el implacable asesino tras sus pasos, Cross huye a Viena esperando que Zharkov (Paul Scofield), un agente soviético con quien él ha entablado una duradera amistad pese a estar en bandos contrarios, lo ayude a vivir lo suficiente como para poder sacar a su esposa (Joanne Linville) del país para el que alguna vez trabajó y que ahora quiere verlo muerto.


Esta es básicamente la trama de un film que durante su primera hora, no solo nos sitúa en el contexto histórico en el que transcurre la historia, sino que además nos explica a grandes rasgos las características del trabajo de Cross y Scorpio, la relación que existe entre ellos, y la vida que estos mantienen fuera de su trabajo. Al mismo tiempo, Cross es retratado como un hombre que está cansado del trabajo que realiza, específicamente debido a que está plenamente consciente de lo vacuo de su accionar, y que cuya única preocupación es su esposa quien pacientemente lo espera en casa cada vez que sale de viaje. Por otro lado, Scorpio es descrito como un joven ambicioso, cuya lealtad no es más que un bien que le ofrece al mejor postor, y que cuya desconexión con el mundo lo ha llevado a identificarse con los gatos callejeros, a los que parece tenerles más cariño que a los mismos humanos. Si bien es cierto que él muestra un cierto respeto por Cross, que lo lleva a dudar de las acusaciones que se le imputan, y que en un determinado momento del film baraja la idea de abandonar su trabajo para comenzar una nueva vida con la mujer que ama, durante gran parte del relato exhibe una frialdad sin límites. Y es que desde el primer minuto es evidente que ambos hombres se desenvuelven en un mundo completamente ambiguo, donde nada es lo que parece y donde todos intentan resolver las situaciones que se van presentando para su propio beneficio. 

Es debido a esta misma ambigüedad que cuesta identificarse con alguno de los protagonistas, ya que ninguno de los dos logra alzarse como un personaje moralmente aceptable. De la misma forma, la cinta tampoco toma partido por uno de los dos bloques en conflicto. Mientras que se cuestionan duramente las políticas norteamericanas concernientes a la erradicación del comunismo en el mundo, también se expone la idea de que el comunismo como doctrina está lleno de fallos que no permiten que su aplicación solucione los problemas sociales que está llamado a solventar. En ese sentido, tanto Cross como Zharkov, que no son más que las dos caras de la misma moneda, en una de las tantas conversaciones que mantienen durante el transcurso del film expresan su malestar con las ideologías que alguna vez juraron seguir y proteger, y que eventualmente los han arrastrado a un conflicto que no parece tener solución ni sentido. Sus conversaciones también sirven para poner sobre el tapete el tema de lo viejo versus lo nuevo. Tanto Cross como Zharkov pertenecen a una especie en extinción, que era capaz de cuestionar las órdenes de sus superiores, lo que con el tiempo los ha convertido en una amenaza para estos últimos, quienes ahora prefieren delegar el trabajo sucio a tipos como Scorpio, que pertenece a nueva camada de espías que se caracteriza por su eficiencia y por un accionar exento de cuestionamientos morales.


Con el fin de mantener un ritmo narrativo ágil y romper la pasividad en la que cae por momentos el film, el director inserta algunas escenas de acción bastante bien coreografiadas, en las cuales llama la atención la participación de Burt Lancaster, cuyo pasado como artista de circense le permitió realizar todas las acrobacias que requerían dichas escenas. De la misma forma, la trama contiene algunas vueltas de tuerca que si bien son interesantes, también exponen uno de los grandes problemas del film, que es la inverosimilitud de algunas situaciones. Gran parte del tiempo los personajes son omniscientes en extremo, lo que provoca que algunos conflictos se solucionen con una rapidez abismante. Por ese mismo motivo, cuesta entender que Cross tenga tantos problemas para esconderse en Viena, pero que le resulte tan sencillo regresar a los Estados Unidos para asesinar a quien antes era su jefe (John Colicos). En cuanto al desempeño del elenco, este es algo dispar. Mientras que Delon realiza un buen trabajo interpretando a este asesino enigmático y ambicioso, Paul Scofield se luce como el reposado agente soviético que pese a su marcado patriotismo, no duda en tenderle una mano a su amigo a sabiendas de los problemas que esto le puede ocasionar. Burt Lancaster en cambio, a ratos no puede evitar reflejar el tedio que le provocó interpretar este papel (el cual se dice que no aceptó de buena gana), lo que inevitablemente le quita dramatismo a algunas de las escenas en las que participa. 

Por otro lado, la cinta cuenta con el correcto trabajo de fotografía de Robert Paynter, y con la nostálgica banda sonora del compositor Jerry Fielding, que realza el tono pesimista de la historia. Así mismo, es destacable la adecuada utilización de los escenarios en los que transcurre el film, al punto que estos terminan convirtiéndose en elementos clave a la hora de construir una atmósfera de suspenso propia de un relato de espías. Pese a tener un par de largometrajes destacables dentro de su filmografía, Michael Winner siempre ha sido considerado como un director mediocre. Esto queda absolutamente patente durante la primera media hora del film, la cual presenta un estilo narrativo algo caótico que no solo dificulta la comprensión de la historia, sino que además pone en peligro el grado de interés del espectador en la misma. Solo una vez que Cross emprende su huída, la cinta se torna bastante más interesante y entretenida, sin llegar a convertirse en una experiencia completamente satisfactoria. Lamentablemente, “Scorpio” no cuenta con los atributos suficientes como para convertirse en una de las joyas del cine de espionaje, pero de todas formas es una película recomendable para quienes tienen cierta debilidad por este tipo de relatos.

                 

por Fantomas.

domingo, 1 de abril de 2012

Funeral in Berlin: El ingenio de Harry Palmer

“Funeral in Berlin” (1966), es un thriller del director Guy Hamilton, el cual está protagonizado por Michael Caine, Paul Hubschmid y Eva Renzi.

Harry Palmer (Michael Caine) es un espía cuya última misión consiste en viajar al Berlín comunista para ayudar en la fuga de un militar desertor. Pero cuando el asunto se enreda, Palmer se ve atrapado en el centro de una conspiración que puede costarle la vida.

Tras el éxito de “The Ipcress File” (1965), film basado en la novela del mismo nombre del escritor Len Deighton, el cual tenía como protagonista al ácido espía británico Harry Palmer, el productor Harry Saltzman rápidamente se lanzó a la tarea de realizar una secuela basada en otra de las novelas de Deighton titulada “Funeral in Berlin”, la cual al igual que la anterior novela del escritor, no está protagonizada por Palmer sino que por un espía sin nombre (dicho sea de paso, el nombre de Harry Palmer fue inventado exclusivamente para la cinta “The Ipcress File”). Para darle un mayor realismo a la producción, Hamilton y su equipo decidieron rodar la cinta en locaciones ubicadas en Berlín, lo que les significó varios problemas debido al tenso clima político que se vivía en la ciudad en aquel entonces. Un buen número de guardias de Berlín Oriental que se encontraban tras el muro, se dedicarían a sabotear algunas tomas con la ayuda de espejos, con los cuales cegaban a los actores y entorpecían la labor de los camarógrafos. Por este motivo, el equipo de filmación tuvo que utilizar cámaras con lentes telescópicos en gran parte de las escenas que se rodaron en las cercanías del muro. Tan importante como las locaciones fue la elección del elenco, que en su mayoría estuvo compuesto por actores de habla alemana, quienes ayudaban a crear la sensación de que el protagonista del film realmente se encontraba inmerso en el conflicto que dividía Berlín.

En esta ocasión, a Harry Palmer se le encarga la en apariencia sencilla misión de sacar al Coronel Stok (Oskar Homolka), un desertor soviético, de Berlín Oriental. Para esto, el protagonista se asociará con Johnny Vulkan (Paul Hubschmid), un agente británico residente en Berlín, quien es el único que puede contactarlo con un hombre llamado Kreutzman (Günter Meisner), el cual ha estado ayudando a varios presos políticos a cruzar el muro con la ayuda de vistosos e ingeniosos planes. Es precisamente uno de sus planes el que le da el nombre al film, aunque la verdad es que el título tiene numerosas capas y alusiones; será bajo la fachada de un funeral falso, que Palmer y compañía intentarán ayudar a Stok a pasar al otro lado del muro, sin imaginarse las numerosas dificultades que se interpondrán en su camino. Y es que como suele ocurrir en las historias de este tipo, la trama se complica por la aparición de espías de otras agencias, identidades falsas, e incluso por una disputa que involucra oro nazi. Inmerso en una ciudad donde no se puede confiar en nadie, Palmer tendrá que sacar a relucir su preciado ingenio para evitar perder la vida en un conflicto que tiene bastante más aristas de las que aparenta.

Si bien es sabido que tanto Harry Saltzman como Guy Hamilton formaron parte del llamado "universo Bond", el mundo del espionaje en el que se mueve Palmer es diametralmente opuesto al retratado en las cintas de 007. Palmer no suele viajar a lugares exóticos o paradisiacos, ni tampoco está rodeado de lujos y comodidades. Lamentablemente para él, no solo debe encargarse del "trabajo sucio" de la agencia, sino que además debe lidiar con el aspecto burocrático y aburrido de su profesión, razón por la cual no es de extrañar que en muchas ocasiones sea retratado como un simple empleado público que pone en riesgo su vida por un sueldo miserable. Eso lo ha llevado a convertirse en un personaje reprimido y cínico, que odia su trabajo y a quienes están de alguna manera ligados a este, pero que de todas formas lleva a cabo sus asignaciones porque está consciente de que es lo que sabe hacer mejor. Al mismo tiempo es un hombre desconfiado, cuyos actos aunque no lo parezcan, tienen un objetivo específico, lo que le ayuda a ir un paso adelante del resto, incluyendo al mismo espectador. Su agudeza mental es precisamente lo que lo lleva no solo a desconfiar de las motivaciones de Stok, sino que también lo mantienen alerta cuando en su camino se cruza una hermosa mujer llamada Samantha Steel (Eva Renzi), cuyas verdaderas intenciones son reveladas recién en la mitad de la historia.

Lo que resulta sumamente curioso, es que todo el plan de escape del Coronel soviético no es más que la excusa para adentrarnos en lo que eventualmente se convertirá en la historia principal. Con el objetivo de no entregar demasiados detalles que puedan arruinar el visionado de la cinta, solo puedo mencionar que este giro dramático incluye el nombre de un militante nazi que supuestamente falleció hace varios años, y que al parecer tiene una gran suma de dinero guardada en un banco en Suiza. Más allá de la codicia, existe otro motivo que parece empujar a algunos de los personajes involucrados en este intrincado complot, y este es su supuesta homosexualidad. El tema, que en aquel entonces aún era un tabú en el cine, razón por la cual jamás se toca de forma abierta durante el metraje, parece ser el detonante de la serie de decisiones apresuradas que toma uno de los integrantes del MI5, cuya identidad solo será revelada en el último tramo del film. Una vez que se destapa esta cadena de intrigas y traiciones, Palmer tendrá que poner a prueba su intelecto para salir vivo de la engorrosa situación y descubrir quién es realmente la persona que está detrás de todo esto.

Michael Caine nuevamente realiza una estupenda labor interpretando a Harry Palmer. El actor logra dotar de profundidad a Palmer, evitando con esto que se transforme en un personaje unidimensional o en otro de los tantos personajes paródicos que surgieron en aquella época. El resto del elenco también realiza un buen trabajo, en especial Guy Doleman quien interpreta a Ross, el gélido y calculador jefe del protagonista. En relación al elenco, existe un dato curioso concerniente a Eva Renzi, quien interpreta al interés amoroso de Palmer. En un principio había sido contratada la actriz Anjanette Comer para interpretar dicho papel. Si bien ella alcanzó a filmar varias escenas, debido a una enfermedad tuvo que abandonar el rodaje, siendo reemplazada por Renzi, quien eventualmente tuvo que rodar todas las escenas en las que había participado Comer. En el ámbito técnico, la cinta cuenta con el pulido trabajo de fotografía de Otto Heller, quien le imprime al film una atmósfera opresiva y pesimista, que se complementa de estupenda manera con los escenarios donde transcurre la historia. Por otro lado, tenemos la irregular banda sonora compuesta por Konrad Elfers, que en ciertas ocasiones tiende a jugar en contra de la atmósfera que se supone deberían tener algunas secuencias.

Como ya había mencionado antes, las locaciones juegan un papel importante en el film, convirtiéndose por momentos en un personaje más del mismo. Ese Berlín que aún exhibe algunas de las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, y que está dividido por un muro que a ratos parece adquirir un carácter omnipresente, es un elemento clave dentro de una historia dotada de altas dosis de tensión y realismo. De forma complementaria, Guy Hamilton le imprime a la película un ritmo narrativo que logra atrapar al espectador, y construye un relato interesante que enriquece con conocimientos adquiridos en su época como miembro de la inteligencia militar durante la Segunda Guerra Mundial. En relación a esto, Michael Caine declararía en una entrevista: “Guy en ocasiones salía con una idea que sonaba bastante fantástica, la cual justificaba diciendo que ´era lo que normalmente se haría´”. En definitiva, son varios los elementos que han colaborado a que “Funeral in Berlin” no solo haya envejecido de buena manera, sino que además sea una de las mejores películas de espías de los sesenta, como por ejemplo el aspecto de documento histórico que tiene la producción, la maravillosa interpretación de Caine, y las múltiples vueltas de tuerca que presenta el relato, solo por nombrar algunos. Es precisamente por sus virtudes que esta cinta suele ser recordada como la mejor de la saga de Harry Palmer, quien volvería a la pantalla grande en tres ocasiones más, aunque de forma bastante más deslucida.

por Fantomas.

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