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jueves, 16 de julio de 2015

Zimmer 13: Un Krimi que funciona como un proto-giallo.

“Zimmer 13” aka "El Misterio Del Cuarto Número 13" (1964), es un thriller de misterio del director Harald Reinl, el cual está protagonizado por Joachim Fuchsberger, Karin Dor y Eddi Arent.

Cuando Sir Robert Marney (Walter Rilla), distinguido miembro del parlamento, recibe la visita de Joe Legge (Richard Häussler), un viejo conocido al cual ayudó a huir al extranjero después de un atraco varios años atrás, el diplomático se ve en la obligación de contratar a un detective privado llamado Johnny Gray (Joachim Fuchsberger) para que proteja a su hija Denise (Karin Dor). De manera simultánea, Gray se ve involucrado en la investigación de los asesinatos de unas muchachas cuyos cuellos han sido cortados con una navaja de afeitar, los cuales según Scotland Yard, parecen guardar relación con el calculador Joe Legge y su concurrido club nocturno.

 

Tras realizar 16 adaptaciones de la obra de Edgar Wallace, la productora germano-danesa Rialto Film en sociedad con la productora francesa Société Nouvelle de Cinématographie, quiso cambiar su exitosa y probada fórmula comercial, con la intención de captar la atención de una audiencia ávida de emociones más fuertes. Con esa idea en mente, a mediados de 1963 el productor Horst Wendlandt le encargó al periodista y guionista Will Tremper, la adaptación de la novela “Angel Esquire”, publicada en 1908. Sin embargo, tras leer en el periódico una noticia acerca de un espectacular robo ocurrido a un tren de correos que viajaba de Londres a Glasgow, Wendlandt le pidió a que Tremper que incorporara dicho robo en un guión basado en la novela de Wallace titulada “Room 13”, el cual había sido escrito previamente por Heinz Oskar Wuttig. Lamentablemente para Wendlandt, el trabajo realizado por Tremper no resultaría como él esperaba. En compañía del director Harald Reinl, el guionista no solo incluyó un par de escenas de striptease, de las cuales una presentaba un desnudo parcial, sino que además escribió una escena de violencia gráfica que para la época rayaba en lo obsceno. Como consecuencia de esto, el organismo de censura cinematográfico alemán o FSK, calificó a la película para mayores de 18 años, lo que significó un duro golpe para Wendlandt y sus asociados, quienes pese a quitar las polémicas escenas, no lograron que la FSK cambiara su decisión. A raíz de esto, “Zimmer 13” se convirtió en una de las adaptaciones alemanas de Edgar Wallace menos exitosas comercialmente hablando de la serie.

A poco de comenzada la película, el espectador conoce al infame gánster Joe Legge, quien se presenta en la mansión de Sir Robert Marney con la intención de chantajearlo, y así lograr que este lo ayude a ejecutar el robo de un tren, el cual ha estado planeando minuciosamente durante el último tiempo. Cuando Marney se niega a ayudar a Legge, aun a sabiendas de que su negativa puede significarle la pérdida de su intachable reputación, el criminal amenaza con asesinar a su hija Denise, forzando al diplomático a seguir su macabro juego. Temeroso por la seguridad de su hija, Marney contrata a Johnny Gray, uno de los mejores detectives de Londres, quien le insiste que por el momento es mejor acceder a las demandas del gánster. Con el escenario establecido y con gran parte de los protagonistas presentados, todas las pistas de esta frenética película de misterio comienzan a apuntar a un club nocturno llamado Highlow, donde una serie de mujeres han sido asesinadas recientemente por lo que parece ser un asesino serial. Cuando Scotland Yard finalmente se involucra en esta sórdida trama de secretos y violencia, Gray en compañía del Dr. Higgins (Eddi Arent) y Sir John (Siegfried Schürenberg), dos de los mejores agentes de la policía británica, tendrá que responder las siguientes interrogantes: ¿El próximo robo al tren guarda alguna relación con la serie de asesinatos; cuál es la verdadera motivación del asesino; y por último qué esconde el misterioso cuarto número 13 que se encuentra al interior del club Highlow?

 

Como sucede en gran parte de los Krimi de la Rialto, “Zimmer 13” maneja diversas subtramas cuya eventual intersección da como resultado que el tramo final de la cinta se vuelva más complejo de lo necesario. Si bien la subtrama que tiene relación con el robo del tren es desarrollada sin mayores complicaciones, dejando muy pocas interrogantes con respecto a su ejecución y sus potenciales consecuencias, cuando esta se entrelaza con los asesinatos y con la misteriosa historia de la fallecida madre de Denise, todo el asunto adquiere un cariz completamente distinto. Lo que en un principio parece ser el relato de un brillante robo a un tren cargado de dinero, rápidamente se convierte en un misterio gótico con una fuerte carga psicológica, que en muchos sentidos funciona como un pre-giallo. El simple hecho que el asesino de turno utilice una navaja de afeitar como arma, que sus víctimas predilectas sean en su mayoría mujeres que trabajan en el club nocturno de Legge, y los pequeños indicios que apuntan a que tras estos actos atroces puede esconderse una motivación de tipo psicológica, permite trazar ciertos paralelos con el subgénero que nació con el estreno del film “La Ragazza che Sapeva Troppo” (1963), del director Mario Bava, y que posteriormente depuraría Dario Argento con la cinta “L'uccello dalle piume di cristallo” (1970). Además de los aspectos narrativos mencionados, “Zimmer 13” también se acerca a las convenciones visuales que eventualmente se establecerían en el giallo, gracias a la presencia de una breve escena de desnudo parcial, y a otra escena en la cual es posible ver el patrón de salpicadura de sangre de una de las víctimas del perturbado criminal.

Más allá del tono macabro que rodea a los asesinatos, como todo buen krimi, “Zimmer 13” no está exenta de algunos toques de comedia que son utilizados de manera tal que disminuyen los niveles de tensión del film, sin necesariamente restarle demasiada seriedad a la trama central. En esta oportunidad, es Eddi Arent y su peculiar personaje del Dr. Higgins, el encargado de brindarle pequeños quiebres cómicos a la cinta. Básicamente, Higgins trabaja como científico para Scotland Yard, y bien podría considerarse como la versión del Krimi de Q de la serie de James Bond, con la excepción que el personaje interpretado por Arent posee una extraña obsesión con un maniquí llamado Emily. Será precisamente Higgins quien se convierta en el principal aliado de Johnny Gray durante la investigación, la que además le permitirá poner en práctica algunos de sus ingeniosos inventos. En contraste con la naturaleza del personaje de Arent, se encuentra la atmósfera sórdida y pesimista que domina al film, la cual está construida en base a una serie de imágenes que mezclan de manera perfecta elementos del cine negro y el género gótico. En este aspecto, se vuelven especialmente importantes la mansión de Sir Robert Marney, el sombrío camino que lleva a la misma, el salón principal del club Highlow, y por último los múltiples recovecos del mentado club, los cuales amenazan con convertirse en una verdadera trampa mortal para quienes se atrevan a entrar a los dominios de Joe Legge.

 

En cuanto a las actuaciones, Joachim Fuchsberger, uno de los actores más reconocibles del mundo del Krimi, realiza un espléndido trabajo interpretando a Johnny Gray, un detective serio y determinado que no puede evitar sentirse atraído por Denise Marney, lo que lo lleva a hacer todo lo que está a su alcance para protegerla. Quizás a raíz de esto mismo, resulta curiosa la poca emoción que expresa su personaje cuando eventualmente la relación entre ambos se ve afectada por los acontecimientos en los que se ven envueltos. Dicho sea de paso, la química entre Fuchsberger y Karin Dor es innegable, lo que le otorga un grado más de realismo a la relación que ambos desarrollan a lo largo del film. En el caso puntual de la actriz, su interpretación resulta ser uno de los puntos altos de la cinta, en especial en aquellos momentos en los que Denise no puede evitar perderse en la distancia mientras medita acerca de los horrores que le esperan. Por último, el resto del elenco participante también realiza una labor encomiable, en especial Richard Häussler, cuya interpretación de Joe Legge ayuda a que el personaje se convierta en un villano interesante acorde con el tono de la historia. Por otro lado, en lo que respecta al aspecto técnico del film, resulta destacable el trabajo de fotografía de Ernst W. Kalinke, el pulcro diseño de producción de Walter Kutz y Wilhelm Vorwerg, y la siempre efectiva y dinámica banda sonora del compositor Peter Thomas.

“Zimmer 13” es un atmosférico Krimi que pasa una gran cantidad de tiempo explorando temas propios del género gótico y del policial, al mismo tiempo que desarrolla una historia llena de secretos, chantajes, secuestros, y asesinatos. El tono del film es oscuro, más aun cuando comienza a adentrarse en el submundo criminal controlado por Joe Legge, el cual de improviso se ve inundado por una serie de brutales crímenes. Si bien la inclusión del personaje interpretado por Eddi Arent puede ser considerada como uno de los pequeños desaciertos que presenta la cinta dirigida por Harald Reinl, este resulta ser lo suficientemente divertido como para obviar que su personalidad es sumamente contrastante con el resto de los elementos de la película. Aun cuando no es el mejor exponente del súbgenero conocido como Krimi, “Zimmer 13” cuenta con méritos suficientes como para merecer la atención del espectador que se encuentra en búsqueda de un relato de misterio capaz de conjugar de manera exitosa elementos de diversas fuentes e influencias, el cual además se beneficia de un elenco espléndidamente conformado, y de un magnífico aspecto técnico cuya calidad se refleja en cada una de las imágenes de este interesante thriller policial.


por Fantomas.

lunes, 19 de enero de 2015

Der Mönch mit der Peitsche aka College Girls Murders: El extravagante mundo del Krimi.

“Der Mönch mit der Peitsche” aka “College Girls Murders” (1967), es un thriller de misterio del director Alfred Vohrer, el cual está protagonizado por Joachim Fuchsberger, Siegfried Schürenberg y Uschi Glas.

Cuando las muchachas residentes en un internado para señoritas comienzan a ser asesinadas mediante la exposición a un gas tóxico inodoro, desde Scotland Yard envían al Inspector Higgins (Joachim Fuchsberger) a investigar qué se esconde tras los crímenes. De forma paralela, varios de los sospechosos de los asesinatos comienzan a ser eliminados por un misterioso y letal monje vestido de rojo, el cual látigo en mano, obligará a Higgins a resolver este complejo rompecabezas antes de que sea demasiado tarde.

 

“Der Mönch mit der Peitsche” es una de las primeras entradas a color de la serie de adaptaciones de la obra del escritor británico Edgar Wallace, las cuales fueron realizadas por la productora alemana Rialto Film entre 1959 y 1972. Caracterizadas entre otras cosas por desarrollarse en escenarios propiamente ingleses, ser poseedoras de tramas realmente extravagantes, y presentar motivaciones tradicionales (venganza, dinero, ambición, etcétera), estas producciones exploran territorios familiares para los aficionados a los relatos de misterio. Por otra parte, si bien desde prácticamente el inicio de la serie los realizadores a cargo de estas cintas se encargaron de otorgarles una atmósfera gótica marcada por la presencia de siniestros castillos, escenarios cubiertos por una espesa niebla, guiños al mundo de lo sobrenatural, y diversas mujeres hermosas envueltas en situaciones peligrosas, ya para fines de la década del sesenta, la serie de adaptaciones llevada a cabo por la Rialto comenzó a reflejar una evolución marcada por la fuerte influencia que estaban ejerciendo las aventuras cinematográficas de James Bond y el cine de horror italiano, lo que propició que estas producciones se aventuraran en territorios aún más extravagantes, plagados de villanos dispuestos a utilizar curiosos métodos para lograr sus objetivos, al mismo tiempo que se esconden en guaridas que difícilmente podrían ser replicadas en la realidad. Afortunadamente, ninguna de estas películas tomaba su material demasiado en serio, lo que facilitó que se convirtieran en pequeñas curiosidades dentro del cine policial de misterio, que precisamente es el caso de “Der Mönch mit der Peitsche”.

“Der Mönch mit der Peitsche” comienza con el asesinato de un científico corrupto, cuya invención más reciente es un gas venenoso que está pensado para ser utilizado como un arma biológica. Tras ese fatal acontecimiento, no pasa mucho tiempo antes de que los asesinatos se trasladen a un internado de señoritas. Una a una, las muchachas que residen en dicho lugar comienzan a caer como moscas, a manos de un asesino que utiliza el mentado gas venenoso para conseguir su desconocido y diabólico objetivo. Para complicar aún más las cosas, un misterioso personaje vestido de monje, quien utiliza un látigo para quebrarles el cuello a sus víctimas, comienza a rondar el internado y a sus residentes. Cuando los cuerpos comienzan a apilarse, Scotland Yard es llamado a investigar. Es así como toman el caso el carismático y práctico Inspector Higgins, y Sir John (Siegfried Schürenberg), el torpe pero entusiasta Inspector en Jefe de la policía británica. A medida que avanza la investigación, la dupla se encontrará con una larga lista de sospechosos, en su mayoría hombres de avanzada edad que parecen tener el hábito de compartir con las estudiantes en una serie de cuestionables actividades extracurriculares. De esta forma, el dúo dinámico deberá dilucidar una manera de detener los asesinatos y desenmascarar al responsable de los mismos. ¿Podrán los investigadores llegar al fondo de esta sórdida trama y arruinar los planes del asesino, o las chicas están condenadas a sufrir el mismo destino que sus compañeras caídas?

 

En esta oportunidad, demás está decir que ni el profesorado ni las estudiantes están entusiasmados con la idea de que la policía esté rondando el internado en busca de sospechosos, ya que todos parecen estar ocultando un secreto que puede acarrearles problemas con la ley. De todos los potenciales sospechosos, solo la joven Ann Portland (Uschi Glas) parece estar dispuesta a hablar con Higgins, quien eventualmente termina siguiendo una serie de pistas falsas que parecen llevarlo a un callejón sin salida. Mientras estas pistas falsas continúan apilándose inútilmente, la mente maestra detrás de los asesinatos utiliza a un presidiario para asesinar a más muchachas, al mismo tiempo que el monje escarlata elimina a los miembros del profesorado antes de que estos sean interrogados por la policía, o sucumban al temor de que se descubran sus oscuros secretos. A decir verdad, son tantos los sospechosos y tantos los giros de tuerca que posee el film, que ni el Inspector Higgins ni la audiencia son capaces de resolver el misterio que encierra “Der Mönch mit der Peitsche” hasta bien avanzado el film. Lamentablemente, la gran revelación de la identidad del asesino y sus motivos para cometer los crímenes no logran ser del todo convincentes, ya que no cuentan con la coherencia suficiente como para que el espectador comprenda en su totalidad el papel de todos los involucrados en los asesinatos.

Por otro lado, como sucede en prácticamente todas las entradas del subgénero conocido como krimi, la atmósfera y las locaciones son elementos de vital importancia, afirmación que puede comprobarse en “Der Mönch mit der Peitsche”. Primero y quizás lo más importante, es el internado en el que se centra el film, el cual está repleto de imágenes icónicas y aterradoras. Desde los oscuros pasillos que conectan los dormitorios, pasando por la peculiar ventana que permite ver el fondo de la piscina del recinto (y de paso a las chicas en bikini), hasta la neblina casi permanente que rodea los alrededores del edificio, el film constantemente está sorprendiendo al espectador con escenarios atrayentes y misteriosos. Esta costumbre también se traslada a la guarida secreta del villano de turno, la cual está adornada con un gigantesco acuario y con un peligroso pozo repleto de voraces cocodrilos, dispuestos a alimentarse de los intrusos. A su vez, el apartado visual se complementa con una serie de elementos que dejan en evidencia el nutrido imaginario del director Alfred Vohrer, quien estuvo a cargo de varias de las entradas más recordadas del subgénero. Desde la utilización de una biblia dispensadora de veneno, hasta una peculiar pistola que dispara el ya mencionado gas venenoso, la película está repleta de pequeñas explosiones de creatividad que con el tiempo se convirtieron en parte fundamental de las adaptaciones germanas de la obra de Wallace.

 

En cuanto a los protagonistas del film, tal y como sucede en otras entradas de la serie, si bien Sir John es el jefe director del Inspector Higgins, la verdadera naturaleza de su relación laboral parece situar a Higgins como el más apto para estar a cargo de la investigación. Fuchsberger interpreta a Higgins con una arrogancia tal que siempre parece tener todo bajo control, mientras que Schürenberg convierte a Sir John en un personaje torpe y atolondrado, el cual le otorga pequeños toques cómicos a una historia más bien escabrosa. En el caso de “Der Mönch mit der Peitsche”, resulta especialmente divertida la fascinación de Sir John con la psicología criminal, disciplina que ha descubierto recientemente y que en varias oportunidades a lo largo del film intenta poner en práctica sin grandes resultados. Esto provoca una divertida lucha de métodos entre Higgins y Sir John, donde el primero prefiere encarar el caso desde un punto de vista lógico, mientras que el segundo insiste en abordarlo desde la trinchera de la psicología. Demás está decir que la química entre ambos actores es sencillamente fenomenal, por lo que probablemente sea justo afirmar que las escenas en las que ambos interactúan son quizás las más memorables del film. Por otro lado, resulta necesario destacar el estupendo trabajo de fotografía de Karl Löb, la atractiva dirección de arte de Walter Kutz y Wilhelm Vorwerg, y la efectiva, vibrante y psicodélica banda sonora del compositor Martin Böttcher.

Si algo se puede decir acerca de “Der Mönch mit der Peitsche”, es que suceden muchas cosas a lo largo del film, lo que paradójicamente termina siendo tanto una virtud como un defecto. Si bien las numerosas vueltas de tuerca y la variada galería de sospechosos impiden que el misterio central de la historia se vuelva predecible, por momentos estos mismos elementos complejizan de manera innecesaria la trama, dando cabida a las inconsistencias narrativas antes mencionadas. Pese a este detalle, la cinta que para algunos es una suerte de remake de “Der unheimliche Mönch” (1965), el último krimi en blanco y negro que filmó la Rialto, el cual también contaba con un asesino disfrazado de monje que utiliza un látigo para quebrarle el cuello a sus víctimas, logra fusionar con éxito locaciones atmosféricas, giros de tuerca caprichosos, humor macabro, elementos propios del género del horror y personajes coloridos. Es por este motivo que “Der Mönch mit der Peitsche” se presenta como un buen ejemplo de las virtudes del interesante subgénero nacido en Alemania, y como una producción capaz de satisfacer al espectador que se encuentra en búsqueda de una obra que conjugue asesinatos, misterio, y por supuesto, una plétora de momentos maniacos.


por Fantomas.

viernes, 23 de mayo de 2014

The Hunchback of Soho: Edgar Wallace, la Rialto y el cine a color.

"Der Bucklige von Soho" (1966), es un thriller del director Alfred Vohrer, el cual está protagonizado por Günther Stoll, Eddi Arent y Pinkas Braun.

Un misterioso jorobado (Richard Haller) ha estado estrangulado a jóvenes mujeres en las cercanías del barrio londinense de Soho. Al mismo tiempo, una joven llamada Wanda Merville (Monika Peitsch) es secuestrada por una peligrosa banda de criminales que buscan suplantarla para cobrar su millonaria herencia. Será responsabilidad del Inspector Hopkins (Günther Stoll) descubrir cómo estos hechos se conectan antes de que sea demasiado tarde para todos los involucrados en este peculiar caso.

 

Pese a que inicialmente fue planeada como una cinta en blanco y negro, el arrasador éxito que estaba teniendo el cine a color llevó al productor Horst Wendlandt a cambiar sus planes, convirtiendo a “Der Bucklige von Soho” en el primer film a color de la serie de adaptaciones de la obra del escritor británico Edgar Wallace realizada por la productora Rialto Film. Aunque Wendlandt no deseaba alejarse demasiado de la exitosa fórmula que ya había sido probada anteriormente en múltiples ocasiones, en esta oportunidad se vio obligado a realizar algunos cambios de último minuto en lo que al elenco se refiere. Debido a que previamente había asumido otros compromisos, el actor Joachim Fuchsberger tuvo que ser reemplazado por Günther Stoll, quien había adquirido cierta notoriedad por su trabajo en la miniserie “Melissa” (1966). Al mismo tiempo, la actriz Uschi Glas, quien originalmente había sido contratada para interpretar a Wanda Merville, abandonó la producción para participar en el western “Winnetou und das Halbblut Apanatschi” (1966), del director Harald Philipp. A raíz de eso, Monika Peitsch, quien hasta ese entonces había trabajado mayormente en televisión, se quedó con el papel de la joven heredera. Lamentablemente para Wendlandt, estos no serían los únicos problemas que enfrentaría la producción. La FSK, que no es otra cosa que la organización que está a cargo de la censura de la industria cinematográfica alemana, durante años censuró diversos segmentos del film, lo que provocó que circularan varias versiones de la cinta. Recién en el año 1991 se autorizó el estreno del corte del director, el cual entre otras cosas incluía la secuencia de créditos original y algunas escenas que en su momento se consideraron demasiado violentas como para ser exhibidas en las salas de cine del territorio alemán.

“Der Bucklige von Soho” comienza con el inexplicable asesinato de una joven a manos de un violento jorobado. Casi de manera simultánea, la joven Wanda Merville llega a Londres para cobrar la millonaria herencia que le ha dejado su fallecido padre. Al poco tiempo de su arribo a la ciudad británica, Wanda es secuestrada por el siniestro Alan Davis (Pinkas Braun), quien decide recluirla en un hogar para jóvenes que han tenido problemas con la ley, el cual está manejado por una respetable anciana llamada Lady Perkins (Agnes Windeck), quien coincidentemente es la tía de Wanda. La verdad es que Davis junto a varios secuaces, entre los que se encuentran una sádica institutriz (Gisela Uhlen) y el Reverendo David (Eddi Arent), están llevando a cabo una macabra operación criminal: mientras ellos utilizan a gran parte de las chicas que viven al interior de la institución como esclavas de su negocio de limpieza, las más “afortunadas” son trasladadas a un burdel clandestino donde son obligadas a desenvolverse como prostitutas. Con este escenario entre manos, será responsabilidad del Inspector Hopkins de Scotland Yard y de su torpe y libidinoso jefe, Sir John (Siegfried Schürenberg), descubrir el verdadero plan de los secuestradores y averiguar quiénes son todos los involucrados en esta peligrosa red de corrupción y muerte.

 

Si bien las producciones enmarcadas dentro del ciclo de adaptaciones de la obra de Edgar Wallace realizada por la productora Rialto jamás se caracterizaron por su profundidad dramática, curiosamente para muchos entendidos el comienzo de la utilización del color por parte de la compañía germana, daría pie al franco declive de la serie de films encabezados por el productor Horst Wendlandt. Aunque obviamente esta afirmación queda completamente sujeta a la subjetividad del espectador, es indiscutible que “Der Bucklige von Soho” marcaría un punto de inflexión dentro de la saga a lo menos en el aspecto visual de la misma. Si bien es imposible asegurar que todas las producciones filmadas previo al estreno de este film son ampliamente superiores tanto a nivel narrativo como técnico, es indiscutible que gran parte de las cintas posteriores presentaban guiones que incluían complicaciones algo innecesarias, y en ocasiones se volcaron de manera grosera hacia la comedia, lo que terminó restándole seriedad a las tramas policiales en las cuales se centraban. Para ser justos, todo esto no significa que la fórmula empleada en un principio por Wendlandt sufriera una mutación tal, que la serie cambiara drásticamente de dirección, convirtiéndose en un producto irreconocible para los seguidores de la misma, sino que ciertos elementos fueron intervenidos para evitar los problemas propios del evidente desgaste que estaba sufriendo el ciclo.

Más allá de la discusión antes expuesta, existe una suerte de consenso con respecto a que “Der Bucklige von Soho” está lejos de ser una de las mejores cintas de la saga, principalmente porque no cumple con la promesa que está explicitada en su sinopsis. En gran medida, el film de Vohrer es un ejemplo de una de las debilidades del cine alemán de género, la cual ha sido descrita por determinados críticos como simple cobardía. “Der Bucklige von Soho” como muchas otras producciones germanas de corte similar, es una película que pese a intentar convertirse en un film de explotación, principalmente mediante la inclusión de elementos propios de los dramas carcelarios, del cine de sexplotation, del género del horror y del cine europeo de espías, entre otros, no se atreve a dar el paso necesario para insertarse de lleno en temáticas más oscuras que finalmente cumplan con lo que en un determinado momento promete entregar la producción. Esta falta de valentía y compromiso con los tópicos que pretenden abarcar los films de Wallace, en muchas ocasiones resulta frustrante, y en gran medida explica la inclusión de quiebres cómicos cuya función principal es fragmentar cualquier intento por parte de los realizadores de retratar escenarios escabrosos de manera explícita.

 

En el ámbito de las actuaciones, si bien Günther Stoll interpreta al Inspector Hopkins con aplomo, gracias a lo cual lo convierte en un personaje creíble, este carece del carisma que ostentaban los detectives interpretados anteriormente por Joachim Fuchsberger y Heinz Drache. En el caso de Pinkas Braun, tal y como sucede en otras de las entradas de la serie, interpreta de manera correcta a un villano de rasgos psicopáticos, dispuesto a todo con tal de lograr sus objetivos. Sin embargo, quien en esta oportunidad se alza como el gran villano del film, es el personaje interpretado por Eddi Arent, quien suele ser recordado por los numerosos papeles que interpretó a lo largo del ciclo con una clara inclinación hacia la comedia. El Reverendo David no solo es un hombre inescrupuloso que se esconde tras una fachada de respetabilidad, sino que además es un asesino a sangre fría al cual incluso sus peligrosos asociados parecen temer. Por último, cabe mencionar la labor de Siegfried Schürenberg, quien una vez más interpreta de buena manera al impulsivo Sir John, personaje que en esta ocasión es el encargado de aportar con pequeñas dosis de comedia a una trama en general bastante retorcida. Por otro lado, en relación al aspecto técnico de la producción, resulta destacable el siempre correcto trabajo de fotografía de Karl Löb, y la estrambótica pero adecuada banda sonora del compositor Peter Thomas.

Si bien gran parte de los films pertenecientes al ciclo de adaptaciones de la obra de Edgar Wallace lograban sobreponerse a sus problemas temáticos gracias a las virtudes de la dirección creativa de sus realizadores, a la locura proveniente de sus relatos en ocasiones confusos y frenéticos, y a la sensación de diversión que proyectaban los actores involucrados en dichas producciones, en esta oportunidad el director Alfred Vohrer no logra capitalizar una historia que en el papel a lo menos parecía interesante. Aunque el cineasta utiliza gran parte de los recursos que ocupó en sus aportes previos al ciclo, solo logra construir tres o cuatro escenas capaces de proyectar la locura reinante en gran parte de sus trabajos. Si algo deja en claro “Der Bucklige von Soho”, es que para el año 1966 los creativos a cargo de las adaptaciones cinematográficas de la obra Edgar Wallace se estaban quedando sin ideas. Mientras que el uso del color es una de las pocas innovaciones apreciables que presenta el film, este nuevamente se centra en la eterna lucha del bien contra el mal, y en la presencia de una damisela en desgracia, entre otras cosas. Pese a todas sus falencias, “Der Bucklige von Soho” se alza como una cinta entretenida, poseedora de un ritmo narrativo dinámico, la cual daría paso a una nueva etapa dentro del ciclo llevado a cabo por la Rialto, la cual se caracterizaría por su indiscutible irregularidad creativa.



por Fantomas.

martes, 13 de mayo de 2014

The Indian Scarf: La herencia de Lord Lebanon.

“Das indische Tuch” (1963), es un thriller de misterio del director Alfred Vohrer, el cual está protagonizado por Heinz Drache, Elisabeth Flickenschildt y Klaus Kinski.

Cuando el acaudalado Lord Frances Percival Lebanon (Wilhelm Vorwerg) fallece en circunstancias sospechosas, sus codiciosos familiares esperan con ansias heredar todo su dinero. Para su sorpresa, en su testamento el excéntrico millonario incluyó una cláusula que establece que todos sus familiares deben convivir durante seis días en su castillo antes de poder heredar lo que les corresponde. Aislados en el medio de la nada y agobiados por una tormenta que no les permite salir del castillo, no pasa mucho tiempo antes de que los integrantes de la familia Lebanon comiencen a ser asesinados uno por uno por un estrangulador que utiliza un pañuelo indio. A raíz de esto, el abogado de la familia, Frank Tanner (Heinz Drache), se verá en la obligación de descubrir la identidad del asesino antes de que todos, incluyéndolo a él, se conviertan en víctimas del misterioso psicópata.

 

Para mediados del año 1963, el productor Horst Wendlandt bajo el alero de la productora Rialto Film, ya había realizado quince adaptaciones cinematográficas de la obra del escritor británico Edgar Wallace, las cuales en su mayoría habían obtenido bastante éxito en Alemania. Para su próximo proyecto, Wendlandt deseaba filmar una historia que se desarrollara en su totalidad al interior de un espacio reducido, lo que le permitiría ahorrar costos de producción ya que no se vería en la obligación de rodar en exteriores. Con esto en mente, los guionistas George Hurdalek y Harald G. Petersson rescataron un guión escrito por Egon Eis que previamente había sido desechado por Wendlandt, y lo fusionaron con una adaptación bastante libre de la novela de Edgar Wallace “The Frightened Lady”, la cual ya había sido llevada al cine en dos ocasiones por directores pertenecientes a la industria cinematográfica británica. Curiosamente, la versión del director Alfred Vohrer es la que más se aleja de la novela original, ya que resulta evidente que la dupla de guionistas fueron fuertemente influenciados por la obra “Ten Little Niggers”, de la escritora Agatha Christie. En cuanto a la selección del elenco participante, mientras que Heinz Drache fue seleccionado por su participación en la miniserie “Das Halstuch” (1962), otros como Klaus Kinski, Siegfried Schuerendorf y Eddi Arent, ya se habían convertido en rostros habituales de la serie de adaptaciones de la obra de Edgar Wallace realizada por la Rialto.

“Das indische Tuch” comienza con el asesinato de Lord Frances Percival Lebanon, un hombre acaudalado que deja este mundo de manera violenta a manos de un asesino armado con un pañuelo indio. Cuando los inescrupulosos herederos se reúnen para escuchar la lectura del testamento, estos son sorprendidos por una cláusula que los obliga a convivir en paz y armonía durante una semana al interior del castillo familiar, si es que desean recibir su parte de la herencia. Debido a las malas relaciones que existen entre prácticamente todos los miembros de la familia Lebanon, el simple hecho de convivir un par de días es visto como un desafío difícil de superar. Lo que es peor, si uno de ellos decide abandonar el castillo antes de lo estipulado, la herencia será dividida entre los familiares restantes. El encargado de supervisar que se cumplan estas condiciones es el abogado de Lord Lebanon, Frank Tanner, de quien nadie sabe demasiado. Lamentablemente para los involucrados en esta situación, inmediatamente después de la lectura del testamento, se desata una tormenta que corta las líneas telefónicas y provoca una inundación tal, que el castillo queda por completo aislado del resto del mundo. Será precisamente durante la primera noche que se descubre que entre los integrantes de la familia Lebanon se encuentra un asesino, cuya primera víctima es el Reverendo Lionel Hastings (Alexander Engel).

 

A la mañana siguiente, el mayordomo Richard Maria Bonwit (Eddi Arent) es el encargado de comunicarle al resto de los herederos que el Reverendo ha sido estrangulado en su recámara durante el transcurso de la noche. Desde ese momento en adelante, las sospechas recaen en prácticamente todos los presentes, entre los que se encuentra Lady Emily Lebanon (Elizabeth Flickenschildt), la amarga viuda de Lord Frances, la cual no comprende la razón por la cual la herencia debe ser repartida entre un montón de personas que ella apenas conoce; Edward Lebanon (Hans Clarin), el hijo del matrimonio cuya única preocupación parece ser un concierto de piano que debe dar en Londres; Peter Ross (Klaus Kinski), el hijo ilegítimo del millonario, el cual parece sufrir una grave adicción a la morfina; Isla Harris (Corny Collins), otra hija ilegítima del difunto; el Señor y la Señora Tilling (Hans Nielsen y Gisela Uhlen), un matrimonio que está al borde del divorcio y cuya unión parece haberse realizado solo por conveniencia; el explorador Sir Henry Hockbridge (Siegfried Schürenberg), quien trae consigo a un loro parlanchín y a una peligrosa araña venenosa; y finalmente el Doctor Amersham (Richard Häussler), quien además de haber falsificado el certificado de la autopsia de Lord Lebanon, parece tener otras cosas que esconder. Junto a todos ellos además se encuentra un tosco hombre llamado Chiko (Ady Berber), quien oficia como cocinero, chofer y cuidador al interior del castillo Lebanon.

Como gran parte de las entradas del género policial alemán, también conocido como krimi, “Das indische Tuch” se caracteriza por poseer una ambigüedad tonal que se pasea entre el horror gótico, el misterio y la comedia. Tal como sucede en otras ocasiones, el retorcido sentido del humor que exhiben las adaptaciones de la obra de Edgar Wallace nuevamente se encuentra encarnado en la figura del personaje interpretado por Eddi Arent, el mayordomo Richard Maria Bonwit. Y es que cada vez que uno de los herederos es asesinado, el mayordomo reordena la mesa del comedor y con voz calma y algo burlona, le informa al resto de los sobrevivientes los acontecimientos sucedidos durante el transcurso de la noche. Otro aspecto que resulta interesante de esta producción, es la forma en como el asesino comete sus crímenes. En cierta medida, se podría argumentar que el uso de la cámara subjetiva al momento de los asesinatos, se presenta como el prototipo de un recurso que posteriormente se utilizaría de manera recurrente tanto en el giallo italiano como en el slasher norteamericano. Enmarcando todo lo antes mencionado, se encuentra el escenario gótico escogido por Vohrer para desarrollar el relato, el cual invita a la audiencia a participar en una encrucijada mortal en la que los pasadizos ocultos del castillo y los secretos familiares juegan un rol primordial.

 

Heinz Drache, quien eventualmente se convertiría en uno de los rostros más recordados del krimi, realiza un espléndido trabajo como el abogado Frank Tanner. La gran virtud de Drache, es que el actor siempre supo otorgarle un grado de respetabilidad a los personajes que interpretó durante su carrera, lo que por supuesto se repite en esta oportunidad. Aun cuando Tanner asume de manera improvisada el rol de detective una vez que comienzan los asesinatos, lo que le significa tener que lidiar con las diversas y complejas personalidades de cada uno de los integrantes de la familia Lebanon, esto no lo descarta como sospechoso de los crímenes, sino que muy por el contrario, lleva al espectador a cuestionarse cuáles son sus verdaderas motivaciones y cuál es su rol en la herencia de Lord Lebanon. El resto del elenco por su parte, también realiza un estupendo trabajo, destacándose el ya mencionado Eddi Arent y el siempre intenso Klaus Kinski, cuyo personaje presenta un comportamiento lo suficientemente errático como para convertirlo en uno de los principales sospechosos. Por otro lado, dentro del aspecto técnico del film se destaca el trabajo de fotografía de Karl Löb, el vistoso diseño de producción de Walter Kutz y Wilhem Vorwerg, y la delirante pero atmosférica banda sonora del compositor Peter Thomas.

El director Alfred Vohrer realiza un trabajo tan minucioso a la hora de fusionar elementos propios del género del horror con otros más propios de la comedia y los relatos de misterio, que convierte a “Das indische Tuch” en un híbrido que es tan entretenido como emocionante durante todo el transcurso del metraje. Lo que es aún más importante, es que al alejar la historia del alcance del siempre eficiente y racional Scotland Yard, y situarla en un escenario gótico alejado del resto del mundo, el director establece que en el mundo ficticio en el que habitan los personajes todo es posible. Con respecto a la locura reinante en las adaptaciones de la obra de Edgar Wallace realizadas por la Rialto, cabe mencionar que en el segmento final del film, el director inserta dos bromas internas que funcionan como guiño tanto al autor de la novela en la cual está inspirada la cinta, como a uno de los personajes interpretados por el actor Joachim Fuchsberger en algunas de las producciones del ciclo. En definitiva, “Das indische Tuch” es un krimi sumamente entretenido, el cual combina con éxito una interesante e impredecible trama de misterio con una gama de coloridos personajes, lo que lo sitúa dentro de las entradas más interesantes del ciclo de adaptaciones literarias encabezadas por el visionario productor Horst Wendlandt.



por Fantomas.

lunes, 28 de abril de 2014

The Door With The Seven Locks: El misterio de la familia Selford.

“Die Tur Mit Den 7 Schlossern” (1962), es un thriller de misterio del director Alfred Vohrer, el cual está protagonizado por Heinz Drache, Sabine Sesselmann y Hans Nielsen.

En la estación londinense de Waterloo un hombre muere sin causa aparente, tras lo cual un desconocido intenta apoderarse sin éxito de una llave que el fallecido lleva en el cuello. Con él, ya son dos los cadáveres que han sido encontrados portando una llave similar, lo que lleva al inspector Richard Martin (Heinz Drache) a sospechar que los crímenes están conectados. Eventualmente, sus investigaciones lo llevan al despacho del abogado Haveloc (Hans Nielsen), albacea de la familia Selford, quien le revela que el patriarca de la familia repartió siete llaves entre los integrantes de su círculo de confianza, con la misión de que el día que su hijo y heredero cumpliera la mayoría de edad, debían reunirse y utilizar las siete llaves para abrir la puerta que protege la millonaria herencia familiar.

 

En 1962, tres años después de haber comenzado con la serie de adaptaciones de la obra del escritor británico Edgar Wallace y tras haber producido nueve películas, la compañía alemana Rialto Films continuaba disfrutando el éxito comercial que había obtenido de la mano de las novelas del escritor. Sin embargo, los ejecutivos de la productora estaban plenamente conscientes que para extender el éxito obtenido, debían tomar una serie de medidas que impidieran que sus producciones perdieran todo su atractivo. Para su décima adaptación, los mandamases de la Rialto escogerían la novela “La Puerta de las 7 Cerraduras”, la cual si bien no era uno de los trabajos más celebrados de Wallace, de todas formas combinaba armónicamente el relato de misterio, la novela de aventuras y el enigma policiaco. Al mismo tiempo, Joachim Fuchsberger, quien había intervenido en cinco de las cintas anteriores, fue sustituido por Heinz Drache, quien para ese entonces ya era un actor conocido en Alemania por su habilidad para interpretar personajes metódicos, racionales y de carácter más bien frío. Finalmente, se optó por mantener a gran parte del equipo técnico que había trabajado en las producciones anteriores, en especial al director Alfred Vohrer, quien venía de recibir un sinnúmero de críticas favorables por su trabajo en “Die toten Augen von London” (1961).

“Die Tur Mit Den 7 Schlossern” sigue los pasos del detective de Scotland Yard Richard Martin, mientras este intenta resolver un par de homicidios cuya única conexión son dos llaves idénticas que han sido encontradas en los cuerpos de las víctimas. Eventualmente, los crímenes son relacionados con una historia de tintes fantásticos que un cerrajero llamado Pheeny (Klaus Kinski) le relata al inspector poco antes de ser asesinado, con respecto a una misteriosa puerta que posee siete cerraduras. Tras algunos golpes de buena suerte, Martin descubre que todo este embrollo parece estar ligado con las posesiones del fallecido Lord Selford, cuyos únicos familiares son su heredero, el cual se encuentra viajando alrededor del mundo, y su hermosa sobrina Sybil Lansdown (Sabine Sesselmann), quien actualmente trabaja como bibliotecaria. La ya compleja investigación del Inspector Martin se complicará aún más gracias a la presencia de un bruto (Adv Berber) con una marcada predilección por asesinar a la gente, una peligrosa conspiración cuyo objetivo es quedarse con la totalidad de la herencia de Lord Selford, dos mansiones que guardan una serie de oscuros secretos, el enigmático doctor Antonio Staletti (Pinkas Braun), y un enorme simio que se encuentra encerrado en un laboratorio clandestino.

 

La trama de “Die Tur Mit Den 7 Schlossern” se aleja bastante de la novela en la cual está basada, básicamente porque intenta abarcar demasiadas subtramas al mismo tiempo, lo que obviamente provoca que en ocasiones el interés del espectador se desvíe del misterio central del relato. Para empezar, el film de Vohrer no se conforma con presentar a un misterioso perpetrador cuya identidad permanece oculta gracias a la inclusión de una serie de pistas falsas, sino que además incluye en la trama a múltiples sospechosos, los cuales en su mayoría son culpables en algún grado. Junto con esto, en varios segmentos de la cinta la importancia de las llaves que abren la puerta a la que hace mención el título desaparece por completo, ya que el director prefiere enfocarse en la investigación del posible paradero del heredero perdido de la fortuna Selford, y en los múltiples intentos de asesinato de los cuales es víctima Martin y su compañero Holms (Eddi Arent). El uso de objetos que resultan ser importantes para los protagonistas de una determinada historia pero no para el espectador, o MacGuffins como bien los llamaba Alfred Hitchcock, es usual en este tipo de cintas, aunque muy pocas veces resulta ser más de uno. Debido a que “Die Tur Mit Den 7 Schlossern” incluye al menos tres MacGuffins, a final de cuentas todos terminan careciendo de real importancia para el desarrollo de la trama.

Lamentablemente, los numerosos cambios que el guionista Harald G. Petersson le realiza a la historia de Wallace, lo único que logran es complicar innecesariamente el relato. Por ejemplo, en la novela, Sybil acude a la policía una vez que ve amenazada su vida, revelándole de esta forma al Inspector Martin su relación con los Selford. Petersson en cambio, opta por presentar a Sybil como una bibliotecaria que le ayuda al protagonista a investigar el origen de un escudo de armas, y que de forma casi fortuita le comenta su relación con la familia Selford, lo que le resta credibilidad a todo el asunto. Si bien Petersson toma una serie de decisiones equivocadas, dentro de su apuesta argumental también pueden encontrarse algunos aciertos. Por ejemplo, el guionista le asigna al maquiavélico Dr. Staletti un nuevo y moderno campo de estudio llamado biología constructiva, lo que permite que el clímax del film adquiera tintes propios de una película de horror y ciencia ficción, lo que curiosamente en este caso funciona de maravilla, aunque es necesario aclarar que esto no significa que dicho giro argumental tenga demasiada lógica. Y es que Staletti tiene un ingenioso plan para preservar a las grandes mentes de la humanidad, el cual consiste en trasplantar sus cabezas a cuerpos de simios, para así lograr la fusión perfecta entre fuerza física e inteligencia. Este no es el único guiño al cine de terror que presenta la cinta. La presencia de asesinos deformes, pasajes secretos y lúgubres mansiones, se complementan de buena manera con la sensibilidad especial del director Alfred Vohrer a la hora captar el miedo que sienten los protagonistas ante determinadas situaciones, y con su habilidad para crear escenas siniestras mediante interesantes movimientos de cámara.

 

Resulta necesario reconocer la labor interpretativa de Heinz Drache, quien se convertiría en una figura recurrente dentro del género del krimi o cine policiaco alemán. La actuación de Drache como el Inspector Martin es sencillamente genial, ya que convierte al personaje en un hombre inteligente y metódico, el cual constantemente asume el rol de líder con un carisma a toda prueba. El resto del elenco también realiza una labor encomiable, destacándose Eddi Arent, quien nuevamente demuestra tener dotes para la comedia; Pinkas Braun, quien interpreta con aplomo al villano más interesante y retorcido del film; y Sabine Sesselmann, cuyo personaje no se limita a ser la clásica damisela en peligro frágil e indefensa. En cuanto al aspecto técnico de la producción, es necesario destacar el estupendo trabajo de fotografía de Karl Lob, y el correctísimo diseño de producción de Siegfried Mews y Helmut Nentwig. Lamentablemente, la banda sonora compuesta por Peter Thomas se aleja bastante de sus trabajos más celebrados dentro del género del krimi, por lo que pese a resultar efectiva en algunos pasajes del film, esta es rápidamente olvidada por el espectador una vez terminada la película.

Pese a tratarse de una película sumamente entretenida, el guión de “Die Tur Mit Den 7 Schlossern” exhibe una serie de problemas estructurales que privan al film de todo tipo de suspenso. De hecho, por este motivo el productor Horst Wendlandt tuvo que reprogramar en variadas oportunidades el proceso de filmación, con la esperanza de que Petersson escribiera un guión algo más exento de complicaciones innecesarias. Aun cuando la cinta fue rechazada por la crítica, esta obtuvo un éxito comercial completamente inesperado, reafirmando el interés del público por los relatos basados en la obra de Edgar Wallace. Probablemente, el gran mérito de “Die Tur Mit Den 7 Schlossern” es que gracias a sus alocados giros dramáticos, la producción se presenta como una obra que viene a refrescar un género que en ocasiones se ve limitado por sus propios clichés. Aun cuando la trama parece haber sido escrita por alguien con un serio Trastorno de Déficit Atencional, la espléndida dirección de Alfred Vohrer, la solidez del elenco participante, y el gran trabajo del equipo técnico, convierten a “Die Tur Mit Den 7 Schlossern” en una cinta completamente recomendable. Solo no esperen encontrar una lógica sólida tras los siniestros acontecimientos que rodean a la misteriosa puerta de las siete cerraduras.



por Fantomas.
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