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viernes, 31 de julio de 2015

Fort Apache, The Bronx: El crudo retrato del Bronx de los ochenta.

“Fort Apache, The Bronx” (1981), es un drama del director Daniel Petrie, el cual está protagonizado por Paul Newman, Ken Wahl y Rachel Ticotin.

En medio del barrio del Bronx, se encuentra una estación de policía conocida como “Fuerte Apache”, que es el único bastión de la ley en un lugar dominado por la violencia, la prostitución, y la venta de drogas. Ahí trabaja el veterano oficial Murphy (Paul Newman), quien bajo su actitud en apariencia cínica, esconde el deseo de ayudar a la comunidad y sobrevivir en un territorio evidentemente hostil.

 

A fines de la década del setenta, el barrio neoyorkino del Bronx se encontraba dominado por el caos, el desempleo, la alta tasa de inmigrantes hispanoparlantes, y la violencia, siendo uno de los casos más comentados el de una serie de incendios que se cree fueron provocados por los dueños de las propiedades siniestradas, en un intento desesperado por recuperar el dinero que habían invertido en ellas. La repercusión mediática que tuvo la difícil situación social que se vivía en el Bronx, llevó al director Daniel Petrie y al guionista Heywood Gould a trabajar en un proyecto que se inspiraría en las experiencias de dos policías llamados Thomas Mulhearn y Pete Tessitore, quienes trabajaron durante varios años en el Bronx. Lamentablemente para los involucrados en la cinta, su historia tocaba temas que se acercaban demasiado a la realidad del momento; durante los nueve meses que duró el rodaje de “Fort Apache”, al menos una docena de individuos afroamericanos y puertorriqueños desarmados fueron asesinados por oficiales de policía. Esto sumado a que diversos activistas locales consideraban que la película solo retrataba los aspectos negativos del barrio, y que en gran medida presentaba un mensaje abiertamente racista, terminó desatando masivas protestas, disturbios, una demanda y la formación del Comité Contra Fuerte Apache. A raíz de esto, “Fort Apache, The Bronx” suele ser considerada como una de las producciones más peligrosas en la historia de la ciudad.

En su afán por intentar documentar la realidad existente en el barrio del Bronx, “Fort Apache, The Bronx” utiliza como catalizador a un policía llamado Murphy, quien día tras día debe enfrentarse con la prostitución, los asaltos, el tráfico de drogas, la corrupción dentro de su propio departamento de policía, y su propia soledad. Lamentablemente, al mismo tiempo que la película intenta seguir los pasos del personaje interpretado por Newman, se disipa en diversas subtramas que finalmente no se dirigen a ninguna parte. Una de estas subtramas involucra a una prostituta drogadicta llamada Charlotte (Pam Grier), quien deambula por las calles asesinando policías y otros transeúntes sin justificación alguna, configurando lo que en apariencia se convertirá en el misterio central del film. De hecho, son sus asesinatos los que gatillan que el recientemente arribado Capitán Conolly (Edward Asner), organice una operación a gran escala para encontrarla (cabe mencionar que la policía desconoce quién es el responsable de los crímenes), la cual implica arrestar a cualquier persona que esté cometiendo un delito por menor que este sea, con el fin de obtener algún tipo de información con respecto a su paradero. Durante dicho operativo, al cual Murphy se opone abiertamente ya que amenaza con alterar la dinámica pacífica que el departamento de policía mantiene con la comunidad, lo único que Connolly logra es que se genere una masiva protesta cuando son retenidos unos activistas locales, la que eventualmente termina siendo disipada mediante el uso de gas lacrimógeno. Lo que resulta a lo menos curioso, es que de ese punto en adelante, los asesinatos con los que se inicia el film pierden importancia para la policía, el caso jamás es resuelto, y el destino de Charlotte termina en manos de una pareja de narcotraficantes a los cuales también ataca sin mayor justificación.

 

Como sucede con el caso de Charlotte, el film presenta una serie de escenas que parecen haber sido incluidas sin propósito alguno, como por ejemplo una en la que Murphy y su joven y ambicioso compañero Corelli (Ken Wahl), intentan disuadir a un travesti para que no salte de un edificio, u otra en la que el protagonista asiste a una adolescente que le ha ocultado por meses su embarazo a su familia durante su trabajo de parto. Petrie incluso incluye una climática escena, en la que una dupla de narcotraficantes toma como rehenes a un grupo de pacientes y profesionales de un hospital, los cuales terminan siendo rescatados por operativos del SWAT y por el mismo Murphy. Los breves momentos en los que la cinta logra mantener un hilo narrativo definido, y que tienen que ver con la parte más humana de la historia, son probablemente los más interesantes de toda la producción. Durante estos fragmentos es posible ver la relación sentimental que Murphy entabla con una enfermera puertorriqueña llamada Isabella (Rachel Ticotin), y la crisis de conciencia que tiene el policía cuando ve como dos de sus compañeros lanzan a un joven inocente desde el techo de un edificio. Ambas situaciones sitúan a Murphy en una compleja encrucijada moral, ya que mientras que su nueva novia resulta ser adicta a la heroína, lo que provoca que el protagonista se cuestione si debe o no conseguirle droga para mantenerla a su lado, por otro lado sabe que si delata a sus colegas, será repudiado por el resto de sus compañeros quienes lo tratarán como a un criminal más, condenándolo a un retiro prematuro de la fuerza policial.

En el fondo, Petrie utiliza el film para presentar dos abordajes diametralmente opuestos con respecto a la aplicación de la ley (liberal y conservador), los cuales prueban ser igualmente ineficientes. El hecho de que el director no se abandere con ninguna de las dos posturas, provoca que pese a que Connolly es presentando como la encarnación del abordaje conservador, este no sea retratado como una persona incapaz de empatizar con su entorno. Muy por el contrario, él apoya a Murphy cuando este decide relatar lo que sucedió con sus compañeros, y se muestra inclinado a acabar con la corrupción existente en su departamento. Incluso en un pasaje de la cinta, Connolly esgrime un discurso en el cual asegura que la gente respetuosa de la ley que vive en el Bronx, merece la seguridad y la protección que la policía debiese otorgarles. Murphy por su parte, quien es señalado como una figura liberal por sus propios compañeros, cree firmemente que debido a la situación miserable que se vive en el barrio, la mejor forma de aplicar la ley es manteniendo un cierto nivel de entendimiento y empatía con los diversos miembros de la comunidad, los que deben lidiar con problemas que van más allá de la alta tasa de criminalidad. De manera inteligente, el film no intenta etiquetar a estos hombres como héroes o villanos, sino que más bien expone que ambos están persiguiendo un mismo objetivo de la forma en que ellos honestamente creen que es la mejor, y que sus respectivas opciones no están exentas de consecuencias.

 

En lo que a las actuaciones respecta, Paul Newman realiza una labor encomiable interpretando al solitario y por momentos algo ambiguo Murphy, quien hace lo posible por sobrevivir y ser feliz en la dura realidad del Bronx. Rachel Ticotin por su parte, también realiza un gran trabajo interpretando a la enfermera heroinómana que se enamora del personaje de Newman, con quien tiene una gran química pese a que los actores tenían más de treinta años de diferencia. Si bien la experiencia de participar en un film de las características cuasi documentales de “Fort Apache, The Bronx”, se presentaba como una experiencia interesante para Newman, la verdad es que todo el proceso le significó una serie de problemas al actor. Debido al corrosivo retrato que efectuaba la cinta con relación a la comunidad residente en el Bronx, Newman fue arrastrado a la polémica cortesía del New York Post. Una vez que el actor leyó un par de artículos publicados por el Post en los que se acusaba a la producción de racista, no solo emplazó al periódico por realizar un “periodismo irresponsable”, sino que además se refirió al medio como un “tarro de basura”. A modo de respuesta, el periódico publicó un artículo titulado “Lo que Paul no nos dijo acerca de Fort Apache”, lo que solo provocó que el conflicto escalara aún más. Eventualmente, todo esto quedaría enterrado por el trabajo de caridad que por años realizó Newman, y por su constante preocupación por los menos privilegiados, lo que hasta el día de hoy lo sitúa como un ejemplo a seguir dentro de la industria hollywoodense.

Si hay algo que reconocerle a Daniel Petrie, es que intenta actuar como un observador y no como un propagandista, aunque por momentos la línea divisoria entre ambas posturas se vuelva algo difusa. Lo que refuerza esta idea, son los esfuerzos que realiza el director por rodar una cinta realista que tiene por objetivo relatar la vida y obra de un hombre con una gran consciencia, pero no necesariamente con un gran coraje. Sin embargo, el gran pecado de “Fort Apache, The Bronx” es creer que el espectador necesita violencia y acción para prestarle atención a una historia con una alta dosis de melodrama. Probablemente a esto se deba el hecho de que Petrie inserta una serie de escenas clichés propias de los shows policiales emitidos en la televisión, cuya única consecuencia irónicamente es restarle ritmo y realismo a la película. Destrozada por la crítica especializada con justa razón, más allá de las buenas actuaciones de sus protagonistas y de las buenas intenciones de Petrie, “Fort Apache, The Bronx” es una cinta deficiente de trama indefinida, rodada con una estética muy similar a la que se puede encontrar en una producción pensada para la televisión. Para terminar, es necesario mencionar que el cuadro final, que retrata al protagonista haciendo su trabajo, en gran medida resume el mensaje principal del film, que básicamente sería que la respuesta para combatir el crimen y la pobreza es el compromiso personal, compromiso que personajes como Murphy y Connolly parecen llevar grabado a fuego en su ADN.

por Fantomas.

lunes, 30 de marzo de 2015

Millions: Varios santos, cientos de libras y una pareja de niños.

“Millions” (2004), es una comedia del director Danny Boyle, la cual está protagonizada por Alex Etel, Lewis McGibbon y James Nesbitt.

Cuando el asalto a un tren sale mal, una enorme valija llena de libras esterlinas cae desde el cielo y aterriza en las manos de un niño de siete años llamado Damian (Alex Etel), y de su hermano mayor Anthony (Lewis McGibbon). En este caso, solo hay una cosa que puede hacerse: gastarlas como si no hubiera un mañana. Y esto por una sencilla razón: en doce días, Gran Bretaña adoptará el Euro y todas las libras esterlinas irán a parar al incinerador.

 

A principios de la década del 2000, el escritor y guionista Frank Cottrell Boyce se embarcó en un ambicioso proyecto que involucraba la confección de un guión que sería filmado por el director británico Danny Boyle, y su posterior adaptación al formato literario, el cual sería publicado a la par con el estreno del film. “Ahora parece algo sacado de la ciencia ficción”, musita Boyce en el audio comentario presente al inicio del DVD de “Millions”. Durante ese mismo audio comentario, ambos recuerdan los esfuerzos que tuvieron que realizar para estrenar la cinta a tiempo, justo cuando Gran Bretaña estaba considerando adoptar el Euro tal y como lo habían hecho gran parte de los países pertenecientes a la Unión Europea (cosa que aún no sucede). “No es culpa del dinero que este sea robado”, declara en un pasaje del film Anthony Cunningham, quien a sus nueve años de edad es bastante más realista que su pequeño hermano de siete años, Damian. Por lo tanto, no es culpa de ellos que un bolso que contiene 265.000 libras esterlinas, el cual cayó de un tren en movimiento directamente sobre el lugar de juego de Damian, ahora se encuentre escondido debajo de su cama. Esa es precisamente la lógica que Boyle y Boyce utilizan para reflejar una realidad que va más allá de un simple hito financiero que marcó una época, y que busca explorar las formas maravillosas en como los niños ven el mundo.

Como se menciona anteriormente, “Millons” se centra en Damian y Anthony, quienes se han mudado junto a su padre (James Nesbitt), el cual ha enviudado recientemente, a un nuevo suburbio ubicado en las afueras de Liverpool. Mientras se encuentran en pleno proceso de mudanza, para matar el tiempo Damian construye un elaborado fuerte hecho de cajas de cartón desechadas, a orillas de las líneas del tren que pasan cerca de su nueva casa. Cierto día, mientras Damian se encuentra jugando en su interior, un bolso repleto de dinero se estrella contra uno de los muros del fuerte, desencadenando su colapso. Si bien el dinero fue arrojado de un tren en movimiento, Damian está seguro que le ha sido enviado por Dios. Y es que él es un niño especial el cual posee un conocimiento enciclopédico de los santos, y que constantemente imagina que es visitado por los héroes del martirio cristiano, a los cuales aprovecha de preguntarles si se han encontrado con Santa Maureen, su madre fallecida. Más allá de las alucinaciones de Damian relacionadas con su catolicismo, el dinero que le ha caído del cielo es real, y ahora él y su hermano se disponen a gastarlo. Mientras que Anthony cree que es más costo-eficiente ocupar el dinero para sobornar a sus compañeros de colegio y comprar propiedades, Damian impulsado por el consejo de San Francisco de Asís, desea darle el dinero a los pobres para así ganarse un lugar en el cielo junto a su madre. Afortunadamente, Boyle y Boyce son lo suficientemente inteligentes como para establecer un límite de tiempo para que los niños decidan qué hacer con el dinero, el cual está relacionado con el supuesto cambio de moneda que el Reino Unido está a punto de adoptar, lo cual le imprime una divertida sensación de urgencia a todo el asunto.

 

Resulta a lo menos curiosa la relación que Damian mantiene con los santos cristianos. Para el niño, las apariciones de los santos son algo completamente normal, y van de la mano con su marcado catolicismo. En ese sentido, gracias a que Boyle narra la historia desde el peculiar punto de vista del niño, el espectador es capaz de aceptar que dichas apariciones están ligadas al mundo real, y que no son solo el producto de la activa imaginación de Damian. Esta idea incluso es reforzada por el director en una escena en la que San José reemplaza al protagonista durante parte de su participación en una obra estudiantil acerca del nacimiento de Jesús, cuando este se ve obligado a huir de la amenazante presencia del villano de turno (Christopher Fulford). Al mismo tiempo, pese a su apariencia y a que claramente provienen de una época completamente distinta, los santos de Boyle se presentan como hombres contemporáneos capaces de utilizar un lenguaje coloquial, con la excepción de San Nicolás quien es el único que le habla a Damian en latín, lenguaje el cual aparentemente el niño entiende a la perfección. Cabe mencionar que en la versión literaria de “Millions”, Frank Cottrell Boyce enfatiza la fijación de Damian con los santos, así como también su fascinación por la mortificación y su obsesión con la realización de buenas obras, lo que lo convierte un marginado social. De hecho, su comportamiento en la novela es bastante más extremo, lo que eventualmente lo lleva a estar bajo tratamiento psicológico. Que el comportamiento de Damian haya sido “normalizado” en el film, probablemente responde al hecho que para que la historia funcione, Boyle era consciente que el protagonista debía ser un personaje que despertara la empatía del espectador, y no que este último se limitara solo a catalogarlo como un chico raro.

Más allá del dinero y los santos, la historia que intenta relatar “Millions” tiene que ver con las vidas de los niños, de su padre, y de Dorothy (Daisy Donovan), una mujer que trabaja en una organización de caridad y que se encuentra con una pequeña fortuna durante su paso por el colegio en el cual estudian Damian y Anthony. Por un lado, el dinero se presenta como una pequeña distracción para la pareja de niños, los cuales aún están lidiando con las consecuencias de la muerte de su madre. Mientras ellos piensan que hacer con su nueva fortuna, su padre no parece estar demasiado bien; no solo expresa sentirse algo aislado del resto del mundo, lo que de forma automática le niega cualquier posibilidad de rearmar su vida junto a otra mujer, sino que además toda la situación que está experimentando lo ha distraído a tal punto, que no ha logrado proteger a sus hijos del villano de turno, quien tras realizar el robo perfecto ahora está rondando el vecindario con el objetivo de encontrar el dinero que ha perdido. Probablemente una de las cosas más impresionantes de “Millions”, es que estos temas son explorados utilizando un mínimo de sentimentalismo, el cual es reemplazado con generosas dosis de humor negro. Por ejemplo, resulta ser particularmente divertido como los niños utilizan la muerte de su madre para obtener cosas gratis en diferentes lugares, o como los cuatro personajes protagónicos en un frenesí de codicia e ingenuidad, logran afianzar sus lazos mientras intentan cambiar sus libras por euros en diversos bancos londinenses.

 

Uno de los puntos altos del film claramente es la elección de su elenco. Alex Etel y Lewis McGibbon realizan un estupendo trabajo interpretando sus respectivos roles. Y es que no solo logran que Damian y Anthony se presenten como dos niños peculiares pero extremadamente queribles, sino que además evitan caer en el exceso de dramatismo, impidiendo de esta forma que su comportamiento sea identificado como el producto de una realidad trágica que en algún grado los empuja a marginarse del resto de la sociedad. Lo que es aún más importante, es que la historia les permite demostrar que son increíblemente inteligentes, algo que queda patente en la mayoría de sus diálogos, como por ejemplo cuando Anthony expone la teoría de que quizás es mejor cambiar las libras por dólares, para luego cambiar la moneda norteamericana por euros una vez que esta última viera mermado su valor tras su salida inicial. En cuanto al aspecto técnico del film, resulta necesario destacar el correcto trabajo de fotografía de Anthony Dod Mantle, el cual se complementa de manera perfecta con el interesante juego de cámaras utilizado por Boyle. De la misma forma, la banda sonora compuesta por John Murphy acompaña de forma perfecta la intencionalidad de las imágenes, así como también lo hacen las dos canciones de la banda británica Muse que son utilizadas durante el transcurso de la historia. Por último, según Boyce y Boyle, el diseño de producción de Mark Tildesley resultó ser una pieza fundamental en la concreción de su visión inicial, en especial en aquellas escenas en las que los santos católicos desfilan ante los ojos de Damian.

El gran problema con “Millions” es que tras la primera hora de metraje, la historia central comienza a perder fuerza y se ve amenazada por la aparición de diversas subtramas. Sin embargo, las falencias que presenta el guión son superadas en gran medida gracias a la interpretación de la dupla protagónica, y a las fortalezas temáticas que se exhiben durante la primera mitad de la cinta. En cierta forma, “Millions” podría ser considerada como la reinterpretación realizada por Danny Boyle y Frank Cottrell Boyce del film “A Simple Plan” (1998), del director Sam Raimi, cuyo producto fue esta divertida parábola navideña contemporánea. Evidentemente, el concepto de que un grupo de personas súbitamente se encuentre con una gran suma de dinero no es nuevo, y de hecho ha estado presente dentro del espectro cinematográfico por al menos medio siglo. Lo que resulta original de esta película, es la forma en como el dinero es utilizado como un medio mediante el cual los hermanos descubren cómo funciona el mundo, y que es lo realmente importante en sus vidas. Por otro lado, si bien la secuencia final en la que los protagonistas supuestamente visitan una aldea africana resulta ser algo innecesaria, hay que reconocer que responde al tono del film. Mal que mal, uno de los requisitos de la santidad es la realización de un milagro, y ya que Damian está claramente en búsqueda de dicha santidad, la secuencia final es una licencia que tanto los protagonistas como el espectador son capaces de aceptar sin mayores condiciones.

por Fantomas.

martes, 10 de marzo de 2015

The Paradine Case: La problemática última colaboración entre Hitchcock y Selznick.

“The Paradine Case” (1947), es un drama judicial del director Alfred Hitchcock, el cual está protagonizado por Gregory Peck, Ann Todd, Charles Laughton y Alida Valli.

Cuando la hermosa y elegante señora Paradine (Alida Valli) es acusada de haber asesinado a su marido ciego, ella contrata al prestigioso abogado Anthony Keane (Gregory Peck) para que se encargue de su defensa. Es así como Keane comienza a familiarizarse con el exótico pasado de su clienta, lo que gradualmente provoca que el abogado exprese una incontrolable atracción hacia ella. Ahora que ha permitido que el corazón domine a la razón, la obsesión ciega de Keane no solo puede costarle el caso, sino que también su hasta entonces feliz matrimonio.

 

Desde que el escritor Robert Hickens publicó su novela “The Paradine Case” en el año 1933, el productor David O. Selznick se mostró interesado en llevarla a la pantalla grande. Tras varios intentos fallidos de producir la adaptación al interior de los estudios MGM, Selznick optó por llevar a cabo el proyecto junto a Alfred Hitchcock bajo el alero de los estudios RKO, marcando lo que sería su último trabajo en conjunto. Lamentablemente, el proyecto se desarrolló de forma caótica desde el inicio, lo que provocó que nadie se interesara demasiado por participar en el mismo. Aun cuando Gregory Peck aceptó interpretar el rol protagónico del film, el hecho que Hitchcock estaba más preocupado del término de su contrato con Selznick, y que el productor se mostraba cada vez más neurótico e inseguro de sí mismo, produjo una compleja atmósfera laboral de la cual era difícil abstraerse. Algunas semanas después del inicio del proceso de pre-producción, Hitchcock se reunió con su esposa Alma y con Ben Hecht para trabajar en el guión desarrollado por Selznick, lo que probaría ser una tarea extremadamente difícil. Al hecho de que Hitchcock, Hecht y Selznick tuvieron numerosas dificultadas para ponerse de acuerdo sobre la trama y el desarrollo de los personajes, se sumó la intervención de Joseph O. Breen, administrador del Código de Producción Cinematográfica, quien le estampó una serie de puritanas objeciones a los distintos borradores del guión.

Tras un año de problemas con el guión, el film comenzó a rodarse el 19 de diciembre de 1946, aun cuando la participación de la actriz italiana Alida Valli, quien se suponía que iba a interpretar a la señora Paradine, todavía no estaba asegurada. Si antes Selznick se mostraba inquieto por el destino del proyecto, ahora era presa de un pánico incontrolable que lo llevó a reescribir el guión por completo, sobre la base del día a día, enviando así nuevas líneas de diálogo al plató cada mañana justo antes de que los actores comenzaran a situarse frente a las cámaras. “Esto, por supuesto, hacía que Hitchcock se distrajera”, recordaría Gregory Peck, quien también señalaría en su momento que el director estaba tan aburrido con el proyecto y con la desorganización de Selznick, que a menudo cuando terminaban una toma, los actores solían mirar la silla del director solo para descubrir que este estaba durmiendo o al menos fingía estarlo. De manera simultánea, por aquel entonces la hipocondría de Hitchcock parecía ir en aumento, al igual que su peso, ya que como lo había hecho en ocasiones anteriores, el director optó por refugiarse de las presiones en la comida y la bebida. Para colmo, cuando Hitchcock le entregó a Selznick el film terminado, el que originalmente tenía una duración aproximada de tres horas, el productor redujo drásticamente su duración a 115 minutos, lo que le provocó un daño irreparable a la cinta que fue percibido por la crítica especializada. Y es que la pérdida de peso temático y narrativo es claramente percibible, aun cuando la producción presenta una serie de elementos que refuerzan la idea de que su infame reputación no es del todo merecida.

 

Pese a que se podría argumentar que “The Paradine Case” es más un film de Selznick que de Hitchcock, de todas formas posee elementos característicos de las cintas del director británico, como por ejemplo la exploración de temas como la obsesión, el amor y el sacrificio, los cuales serían revisados con mayor profundidad en gran parte de las películas que Hitchcock realizó durante la segunda mitad de la década del cincuenta. En esta ocasión, el abogado británico Anthony Keane se enamora de su atractiva y enigmática clienta, a quien la están enjuiciando por el asesinato de su esposo. Los sentimientos del abogado son evidentes incluso para su propia esposa (Ann Todd), quien pese a eso lo motiva a ganar el caso para que así el abogado pueda volver a ella con su psiquis intacta. Y es que ella puede ver con toda claridad, que si bien Keane no da señales de querer abandonarla por su clienta, él nunca volverá a ser el mismo hombre si la mujer de la cual se ha enamorado es sentenciada a morir en la horca. El conflicto amoroso en el que se ve involucrado el trío protagónico refleja en gran medida uno de los temas favoritos del director: la caída de un hombre que no puede evitar sucumbir a sus más oscuros impulsos, lo que lo lleva a caer en una trampa de la cual debe salir para salvarse mental y emocionalmente. Obviamente esto no será tarea sencilla, ya que el abogado no solo tendrá que lidiar con sus propios sentimientos, sino que también con sus celos, con su ego, y con la posibilidad de que su carrera se vea destruida por un fallo desfavorable en el juicio.

Si hay algo que resulta interesante con respecto a “The Paradine Case”, es el hecho que el film presenta una perspectiva única, la cual unifica los puntos de vista de todos los personajes femeninos del relato, gracias a que no pierden el tiempo peleándose entre sí a causa de sus celos o de su relación con los hombres. Es por este motivo que si bien el punto de vista de los hombres en relación a la figura de la Sra. Paradine es parte central de la trama, este queda relegado a un segundo plano cuando se hace evidente que la historia es relatada desde una perspectiva femenina. Por ejemplo, los hombres no son idealizados ni tampoco son tratados como un objeto; muy por el contrario, son comprendidos, compadecidos y amados. Gay Keane observa a su marido constantemente, y está consciente que él está pendiente de la Sra. Paradine. Esto le permite reconocer la fascinación del abogado por la acusada prácticamente desde el momento en el que se desarrolla. Por otro lado, tanto Gay como su amiga Judy (Joan Tetzel), y la esposa del Juez Horfield (Charles Laughton), Sophie Horfield (Ethel Barrymore), asisten al juicio como espectadoras, específicamente para ver el accionar de Keane y de Horfield. Y es que el foco de ambos es la Sra. Paradine, y su lucha por determinar si se trata de una santa o una asesina. Mientras que Horfield no duda en demostrar la satisfacción sádica que le provoca enjuiciar a una mujer hermosa, Keane defiende apasionadamente su visión idealizada de la acusada, aun cuando esta lo desprecia por tratar de involucrar a un criado llamado Andre Latour (Louis Jourdan) en el crimen, con quien ella al parecer mantiene una relación que va más allá de lo estrictamente laboral.

 

En lo que respecta al ámbito de las interpretaciones, el elenco realiza un trabajo bastante dispar. Mientras que Gregory Peck no realiza esfuerzo alguno por parecer británico, la actuación de Alida Valli provoca que el espectador se cuestione que es lo que tanto le atrae al protagonista de la gélida e inexpresiva Sra. Paradine. En la vereda contraria se encuentra Ann Todd, quien interpreta de manera correcta a la abnegada y sacrificada esposa del protagonista; Charles Laughton, quien logra que el Juez Horfield no solo resulte ser un personaje detestable, sino que además se eleve como la encarnación de la indolencia provocada por la sobreexposición a casos como el de la Sra. Paradine; y por último Ethel Barrymore, quien interpreta de manera sobresaliente a la compasiva y a menudo humillada esposa de Horfield, al punto que le significó una nominación al Oscar como mejor actriz de reparto. En cuanto al aspecto técnico de la producción, junto al trabajo de fotografía de Lee Garmes, es necesario destacar la ingeniosa forma en como Hitchcock filmó los dramáticos detalles del juicio: utilizando cuatro cámaras, cada una posicionada para filmar a los cuatro personajes principales que participan en las escenas que conforman el juicio, el director se aseguró de captar cada una de las reacciones de los involucrados, en un intento de otorgarle una mayor profundidad a todo el proceso. Por último, la banda sonora compuesta por Franz Waxman no funciona del todo bien, ya que es más propia de un melodrama que de una cinta que por momentos pretende sumergirse en los terrenos del suspenso, específicamente cuando intenta plantar un dejo de duda acerca de la real culpabilidad de la Sra. Paradine.

Viendo la progresión de la sociedad conformada por Hitchcock y Selznick en perspectiva, se podría afirmar que la calidad de los films realizados por la dupla mostró un evidente declive con el paso de los años. Y es que mientras que su primer trabajo en conjunto, “Rebecca” (1940), es sin duda el punto más alto de su compleja sociedad, “The Paradine Case” terminó siendo una de las películas menos memorables y más criticadas del admirado director británico, pese al interesante trasfondo temático que se esconde tras un drama judicial que carece de real suspenso, y cuyos protagonistas palidecen ante la participación de los personajes secundarios. Más allá de si se trata de una fábula acerca de los peligros de la participación de los productores en el proceso creativo cinematográfico, o de un ejemplo de cómo puede verse afectada una producción debido a la falta de interés del director, la mejor manera de ver “The Paradine Case” es considerándola como un producto transicional dentro de la carrera de Hitchcock, situado entre el éxito comercial que resultó ser “Notorious” (1946) y sus trabajos posteriores que comenzarían a presentar rasgos más experimentales y personales. Pese a sus innovaciones técnicas, a los ocasionales momentos de brillantez que tiene la cinta, y a lo interesante que resulta ser el prisma femenino desde el cual es relatada la historia, “The Paradine Case” tal como ocurre con su protagonista, resulta difícil no otorgarle un fallo desfavorable.


por Fantomas.

sábado, 2 de agosto de 2014

The Mercenaries/Dark of the Sun: Un crudo retrato de la Crisis del Congo.

“The Mercenaries” (1968), es un drama bélico del director Jack Cardiff, el cual está protagonizado por Rod Taylor, Yvette Mimieux, Peter Carsten y Jim Brown.

En plena guerra, una banda de mercenarios comandados por el Capitán Curry (Rod Taylor) intentará evacuar a los habitantes de un pueblo del Congo y, al mismo tiempo, impedir que una fortuna en diamantes caiga en manos de las fuerzas rebeldes.

 

En el año 1965, el escritor Wilbur Smith publicó su segunda novela titulada “The Dark of the Sun”, la cual relataba desde la tribuna de la ficción la llamada Crisis del Congo, ocurrida entre 1960 y 1966, y durante la cual Joseph Mobutu llegó al poder una vez que la República del Congo logró independizarse de Bélgica. Cuando los estudios MGM compraron los derechos de la novela, se le encomendó a Ranald MacDougall la tarea de adaptar al guión, aunque finalmente también participó en su elaboración Adrian Spies y Rod Taylor. Ante la imposibilidad de filmar en locaciones en África, el equipo de filmación liderado por el director Jack Cardiff no tuvo más opción que trasladarse a Jamaica. Para Cardiff, su participación en “The Mercenaries” sería una experiencia absolutamente inolvidable. Con respecto a su trabajo en el film, el director declaró lo siguiente en su biografía titulada “Magic Hour”: “´The Mercenaries´ estaba ambientada en el Congo belga pero tuvo que ser rodada en Jamaica, debido a que no pudimos encontrar un tren de vapor adecuado en África, y este era parte vital de la trama. Pese a que era una historia muy violenta, la violencia que ocurrió en el Congo en aquel periodo fue mucho peor de lo que yo podía plasmar en el film; mientras investigaba el tema encontré documentos tan repulsivos que me dieron nauseas.”

“The Mercenaries” está ambientada en plena Rebelión Simba ocurrida en el Congo en 1964. El Congo acababa de salir de un periodo brutal durante el cual lograron independizarse de Bélgica. Sin embargo, tras su independencia, las diferentes provincias del país africano entraron en una guerra de secesión, en la que al mismo tiempo que las tropas de las Naciones Unidas intentaban instaurar un gobierno centralizado, mercenarios de distintas nacionalidades se dedicaban a luchar por los líderes regionales. Al poco tiempo que este conflicto terminó, estalló la Rebelión Simba. Si bien los rebeldes aseguraban que estaban luchando contra la corrupción del gobierno, la verdad es que básicamente estaban asesinando a todos los ciudadanos congoleses que desde su punto de vista habían sido “occidentalizados”, al mismo tiempo que se dedicaban a aterrorizar a los europeos que habían decidido quedarse en el Congo. Ante esta situación, el gobierno del Congo se vio obligado a utilizar mercenarios para liderar y entrenar a los militares congoleses, para así terminar con la rebelión. Es aquí donde “The Mercenaries” comienza. El Capitán Curry y su fiel compañero, el Sargento congolés Ruffo (Jim Brown), son contratados por el gobierno para liderar una misión cuyo objetivo es rescatar a un grupo de colonos europeos que viven en un pueblo remoto. Sin embargo, su verdadera misión es la siguiente: recuperar cincuenta millones de dólares en diamantes sin cortar, los cuales serán utilizados por el Presidente Ubi (Calvin Lockhart) para mantenerse a flote y acabar con los Simbas. Para cumplir dicha misión, la dupla tendrá un plazo de 72 horas. Si lo logran, recibirán una recompensa de 50.000 dólares.

 

Con la ayuda de 40 de los mejores soldados del ejército del Congo, un simpatizante Nazi llamado Henlein (Peter Carsten), y un brillante pero alcohólico médico llamado Wreid (Kenneth More), Ruffo y Curry emprenderán una odisea en la que constantemente se verán enfrentados a la amenaza de posibles ataques por parte de los despiadados rebeldes. Junto con esto, Curry tendrá que lidiar con la amenaza que significa la figura de Henlein, quien evidentemente sabe de la existencia de los diamantes. Curiosamente, el primer enfrentamiento serio entre ambos hombres es provocado por una mujer llamada Claire (Yvette Mimieux), a quien el grupo liderado por Curry rescata de una granja saqueada previamente por los Simba. Con respecto a esto último, es necesario mencionar que aun cuando la trama de “The Mercenaries” es bastante simple, la complejidad dramática que presenta el film está dada por la interacción entre los protagonistas, específicamente entre Curry y Ruffo. Por un lado está Curry, un soldado norteamericano que aparentemente es feliz tomando el dinero que el gobierno congolés está dispuesto a ofrecerle, y al cual poco le importa la situación que se vive en el Congo. Esto ocurre porque básicamente es un hombre que siente un total desprecio por el mundo, y por la forma en como las grandes potencias privilegian sus propios intereses en desmedro del resto. Esto queda perfectamente explicitado en la siguiente frase mencionada por Curry en un determinado momento de la cinta: “El arma es china, Ruffo, pagada con rublos rusos. El acero probablemente proviene de una fábrica alemana construida con francos franceses. Luego fue traída acá en una aerolínea sudafricana probablemente subsidiada por los Estados Unidos.”

Ruffo por su parte, ahora se encuentra luchando en su país de origen, y a diferencia de Curry, su mayor deseo es lograr que en el Congo opere una sociedad funcional. Aun cuando ambos mercenarios son amigos, en lo que se refiere al conflicto en el que ahora se encuentran insertos, sus posturas son completamente opuestas. Ruffo admite que en esta oportunidad su verdadero interés es su país y no el dinero, lo que provoca que Curry se pregunte qué sucedería si se vieran obligados a luchar en lados opuestos del conflicto. “Lucharía contigo. Pero no me gustaría,” afirma Ruffo con evidente amargura en un determinado momento del film. El lazo de amistad que une a estos hombres se vuelve especialmente importante a medida que avanza la historia, ya que la situación a la que se ven enfrentados posibilita la opción de que uno de ellos traicione al otro con el objetivo de sobrevivir. Junto con explorar los matices existentes en la relación entre Curry y Ruffo, “The Mercenaries” también se sumerge en otros temas como el racismo, el genocidio, y la violación de los derechos humanos que en ocasiones cometen algunos gobiernos en nombre de una supuesta democracia. Además de condenar la ideología nazi que orgullosamente reconoce seguir Henlein, el film retrata con un evidente recelo las posturas de los dos grupos envueltos en el conflicto del Congo. Mientras que por un lado se condena la actitud genocida de los Simbas, también se expone que la drástica occidentalización del Congo en cierta medida justifica el violento accionar de un grupo de nativos que parecen no estar dispuestos a que sus costumbres y creencias sean pisoteadas y desechadas de un día para otro.

 

En el ámbito de las actuaciones, Rod Taylor realiza un estupendo trabajo interpretando a un personaje carismático cuyas motivaciones son cuestionables, el cual eventualmente parece encontrar en la difícil misión que se le ha encomendado una oportunidad para redimir todos sus errores pasados. Jim Brown por su parte, interpreta de manera espléndida a un hombre cuya formación es producto de la fusión de dos mundos completamente opuestos, los cuales él espera que puedan convivir en paz. Al mismo tiempo, la química que posee con Rod Taylor es innegable, aun cuando se dice que la relación entre ambos actores tras las cámaras distaba de ser amistosa. A diferencia de la dupla protagónica, Yvette Mimieux y Peter Carsten realizan una labor más bien mediocre. Mientras que el personaje interpretado por Mimieux solo funciona como el interés amoroso de Curry, razón por la cual su inclusión resulta completamente injustificada, Carsten frecuentemente cae en la sobreactuación, por lo que Henlein termina reducido a ser una mera caricatura. En lo que respecta al aspecto técnico del film, mientras que la dirección de fotografía de Edward Scaife es irregular, los efectos especiales a cargo de Cliff Richardson por momentos dejan bastante que desear. Afortunadamente, la banda sonora compuesta por Jacques Loussier es sencillamente perfecta, ya que marca con exactitud el tono pesimista que domina a la historia.

Por otro lado, “The Mercenaries” adolece de algunos problemas de guión, los cuales se evidencian principalmente en la calidad de algunos diálogos, y en la inclusión de determinados hechos cuyo único objetivo parece ser sumarle minutos al metraje. Al momento de su estreno, el film de Jack Cardiff causó bastante polémica por la crudeza de algunas de sus imágenes. Y es que entre otras cosas, “The Mercenaries” incluye escenas de infanticidio, y muestra con lujo de detalles la brutalidad con la que actuaban los Simbas en contra de los colonos europeos, quienes en el film prefieren suicidarse antes de verse violentados sexualmente o torturados por los nativos africanos. Todo esto provocó que la producción adquiriera un seguimiento de culto, el cual se cimentó cuando directores como Quentin Tarantino y Martin Scorsese la nombraron como uno de sus “placeres culpables”. De hecho, el mismo Scorsese mencionó en una entrevista que le sorprendió la inesperada ferocidad del film cuando lo vio por primera vez en 1968. En relación a esto último, pareciera que la gran pregunta que plantea la cinta es: ¿Puede utilizarse la violencia para alcanzar la paz? Curry eventualmente terminará encontrando la respuesta a dicha interrogante, aunque en el proceso ve con impotencia como se convierte en aquello que tanto desprecia. “The Mercenaries” comienza como otra película de acción con altas dosis de violencia, pero en el camino se convierte en una rara subversión del género bélico, la cual no solo expone una serie de temas bastante interesantes, sino que además saca al espectador de su zona de confort para enfrentarlo con las atrocidades que se cometieron en el África post-colonial.



por Fantomas.

viernes, 25 de julio de 2014

Un Cuento Chino: Las jugarretas del destino.

“Un Cuento Chino” (2011), es un drama del director Sebastián Borensztein, el cual está protagonizado por Ricardo Darín, Ignacio Huang y Muriel Santa Ana.

Roberto (Ricardo Darín) es ferretero. Hosco, rutinario, maniático, coleccionista de historias curiosas que recorta de los periódicos, hasta que un día sin darse cuenta, acabará formando parte de una de ellas, cuando un joven chino llamado Jun (Ignacio Huang) llega a su vida de repente, desde la puerta trasera de un taxi.

 

El viernes 2 de mayo de 1997, el diario el Clarín publicó una insólita noticia. En Moscú, miembros de las fuerzas armadas rusas robaron un par de vacas y se las llevaron en un avión. Pero durante el vuelo las vacas se descontrolaron y ante la posibilidad de un accidente aéreo, la tripulación se vio forzada a tirarlas al vacío. Para su mala suerte, una de las vacas cayó sobre un pesquero japonés enviándolo al fondo del mar. Cuando el director argentino Sebastián Borensztein se enteró de esta noticia, de inmediato supo que tenía que hacer algo con ella. Según el mismo Borensztein: “Era una imagen que no me podía quitar de la cabeza. Pensaba en los pescadores que ya terminaron su faena diaria, fumándose un pucho (de tabaco), sentados en la cubierta de su barco, cuando de pronto ven un puntito negro que se acerca, se acerca y es una vaca. Dije: ¿cómo puede ser? El cielo es tan enorme, el mar es tan gigante y esos dos hechos se juntan. Esto tiene que ser el comienzo de una próxima película.” Con el paso de los años, al director también comenzó a llamarle la atención el tema de la Guerra de las Malvinas, especialmente las consecuencias que esta había tenido tanto para los hombres que habían participado en dicho conflicto, como para la misma sociedad argentina. De la unión de esos dos elementos nacería el guión de “Un Cuento Chino”, el cual desarrollaría en detalle durante múltiples almuerzos con el actor Ricardo Darín.

“Un Cuento Chino” comienza en un lago de China, donde al interior de una pequeña embarcación un chino llamado Jun está a punto de proponerle matrimonio a su enamorada. Sin embargo, de manera inesperada una vaca cae del cielo y le quita la vida de forma instantánea a la pobre muchacha. Al otro lado del mundo, Roberto vive una vida monótona y exenta de complicaciones; es dueño de una pequeña ferretería de barrio y su constante mal humor lo ha llevado a aislarse por completo del resto del mundo. Su única diversión pareciera ser coleccionar historias curiosas que recorta de diversos periódicos, y situarse en las cercanías del aeropuerto de Ezeiza para ver como aterrizan los aviones. Es precisamente mientras efectúa esta última actividad que Roberto conoce a Jun, cuando este es bajado a la fuerza de un taxi luego de ser asaltado por el chofer. Perdido y sin saber una sola palabra de español, Jun despertará la compasión de Roberto quien intentará ayudarlo a encontrar a su tío, el cual supuestamente vive en Buenos Aires. Lamentablemente para Roberto, dicha tarea resultará ser un poco más difícil de lo que esperaba, por lo que se ve obligado a alojar a Jun en su casa. Es así como dos hombres completamente opuestos, separados por una barrera idiomática y cultural, deberán aprenden a convivir aun cuando la compañía se presenta particularmente tediosa y tortuosa para el huraño Roberto.

 

Contrario a lo que se podría pensar en un principio, la relación que Roberto construye con Jun no se limita a ser un mero acto de solidaridad, sino que la inesperada llegada del joven chino a la vida del protagonista viene a alterar el orden que con tanto ahínco intenta preservar. Y es que Roberto vive anclado a un pasado que no solo lo protege del dolor emocional, sino que además evita que este se exponga a nuevas decepciones o situaciones desconocidas. Este ex-combatiente de la Guerra de las Malvinas, que demuestra una increíble devoción a su madre a la cual nunca conoció, plagado de costumbres que rayan en lo obsesivo, y decepcionado del sistema el cual constantemente lo está “cagando a palos”, se ve enfrentado a una situación tan increíble como las que suele recortar de los periódicos que religiosamente revisa a diario. Jun por su parte, ha llegado a Buenos Aires con la esperanza de que su único familiar vivo le ayude a lidiar con el dolor provocado por la muerte de su amada. Desde la trinchera de la humildad y el desamparo, Jun casi sin pretenderlo, comenzará a romper la unión que Roberto tiene con un pasado marcado por la tragedia. Esto ocurrirá de manera casi simbólica, en la medida que el joven comienza a eliminar una serie de trastos y porquerías que se encuentran apiladas en varios puntos de la casa de Roberto, ya sea por accidente o por mandato, los cuales impiden que el protagonista sea capaz de vivir alegremente o de entregarse a la posibilidad de experimentar el amor.

Quien también intenta resquebrajar la dura coraza de Roberto es Mari (Muriel Santa Ana), una mujer que busca desesperadamente el amor del protagonista, sin demasiados resultados. A diferencia de Roberto, Mari es de aquellas personas que se muestran felices por el mero hecho de estar vivas. Fiel representante de la dulzura e ingenuidad campesina, Mari dice todo lo que se le pasa por la cabeza, sin ningún tipo de censura, básicamente porque se trata de una persona por completo bienintencionada. Todo esto provoca que ella sea la única que ve a Roberto con otros ojos, los de la ternura y la pasión, aquellos que habitualmente ayudan a resaltar las cualidades del ser amado. “Sos gruñón, ermitaño, sensible, bueno… y valiente. Y además tenés esa mirada que me mata”, le dice Mari a Roberto en un pasaje de la cinta, lo que no solo resulta ser una descripción bastante acertada del protagonista, sino que además es una muestra fehaciente de que ella está dispuesta a esperarlo el tiempo que sea necesario. Si hay algo por lo que uno debe agradecerle a Sebastián Borensztein, es por haber tomado la decisión de rodar esta fábula afable sin mayores melodramas, aun cuando el núcleo de la historia sea la confrontación entre dos tipos alejados tanto en lo físico como en lo emocional, cuyos destinos se han cruzado de forma inesperada. Lo que es aún más interesante, es que de la cotidianeidad que surge de la relación entre Roberto y Jun nace la comedia, la cual al ser completamente espontánea, le otorga un grado de realidad a un relato que en otras circunstancias podría haber resultado absolutamente inverosímil.

 

Evidentemente, Ricardo Darín se alza como la gran estrella del film, quien a base de exabruptos y comportamientos obsesivos logra sacarle algunas carcajadas al espectador, aun pese a que por momentos pareciera que el actor recurre a demasiados lugares comunes. Por otro lado, tanto Muriel Santa Ana como Ignacio Huang dotan de un innegable carisma a sus respectivos personajes, logrando que el espectador rápidamente se interese en sus problemas y cruzadas particulares. En el caso particular de Huang, pese a que se ve opacado por la sombra de Darín, realiza un trabajo realmente encomiable a la hora de transmitirle al espectador y a su nuevo entorno, sus sentimientos y emociones a través de sus gestos y miradas, que son las únicas herramientas que posee para comunicarse. Y es que al igual que Roberto, el espectador sufre por la ininteligibilidad del idioma del joven oriental, la cual no nos permite comprenderlo del todo. En cuanto al aspecto técnico del film, resulta destacable el trabajo de fotografía de Rodrigo Pulpeiro, el cual varía según el estado de ánimo del protagonista. De la misma forma, también resulta destacable la inmaculada dirección de arte de Laura Musso, quien es la gran responsable de la estética retro que ostenta el hogar de Roberto, la cual ejemplifica a la perfección su apego por el pasado. Por último, pero no por eso menos importante, es la banda sonora del compositor Lucio Godoy, la cual acompaña de forma adecuada la emocionalidad de las imágenes que se van sucediendo a la largo del film.

“Un Cuento Chino” no se olvida de la autocrítica social, de forma que lo simbólico y lo material conviven con naturalidad en esta verdadera fábula melancólica sobre lo mucho que enriquece nuestra vida aquello que no esperamos, y que pareciera que esperaba por nosotros. Es a través de la aceptación del dolor y de una conexión que va más allá de lo meramente lingüístico, que Roberto y Jun terminan encontrándose y descubriendo que son más parecidos de lo que pensaban en un comienzo. Como sucede en determinadas ocasiones en el campo de las relaciones humanas, estos dos hombres se encuentran, se conocen, y eventualmente se necesitan para enfrentar el mundo que los rodea y que parece estar en su contra. En una entrevista, el director Sebastián Borensztein se encargó de resumir a la perfección la moraleja central de “Un Cuento Chino”: “Es absurdo que Argentina haya estado en guerra con Inglaterra, es absurdo que una vaca caiga del cielo y hunda un barco. Ahora, lo que no es absurdo es que dos personas que viven en las antípodas del planeta geográficamente y culturalmente hablando, tengan la posibilidad de ser uno la llave que le abre la puerta para resolver su vida al otro.”



por Fantomas.

sábado, 17 de mayo de 2014

Robot & Frank: La amistad no tiene botón de apagado.

“Robot & Frank” (2012), es un drama de ciencia ficción del director Jake Schreier, el cual está protagonizado por Frank Langella, James Marsden, Liv Tyler y Susan Sarandon.

En un futuro cercano, Frank (Frank Langella), un ladrón retirado, tiene dos hijos adultos que están preocupados porque creen que él ya no puede vivir solo. Pese a que están tentados a ponerlo en un asilo para ancianos, Hunter (James Marsden) elige una opción distinta: en contra de los deseos de su padre, le compra un robot humanoide que camina, habla y que está programado para mejorar su salud física y mental. Pese a su rechazo inicial, Frank pronto descubrirá en el robot a un amigo con el cual no tardará en planear su retorno al mundo delictual.

 

Algún tiempo después de haberse graduado de la Escuela de Artes Tisch, perteneciente a la Universidad de Nueva York, Jake Schreier y Christopher D. Ford comenzaron a albergar el deseo de realizar un largometraje. Para ello decidieron tomar como base el guión que había escrito Ford como parte de su tesis en Tisch, el cual Schreier había ayudado a producir. Alrededor del año 2002, cuando ambos aun eran estudiantes, comenzaron a mostrar un gran interés en el rápido desarrollo que estaba teniendo la tecnología, y en el impacto que esta tenía a diario en la gente común y corriente. A diferencia de otros retratos distópicos que han intentado relatar el auge de la tecnología en el cine moderno, los realizadores deseaban que “Robot & Frank” explorara el tema sin la necesidad de exponer un dilema moral al respecto. De acuerdo con Schreier, “la tecnología no es mala ni buena pero va a cambiar la forma en como nosotros nos relacionamos con el resto de las personas. No hay forma de detener eso.” Con la intención de que el film presentara una apariencia futurista sin alejarse demasiado de la realidad actual, la dupla de creativos le pidió a Justin Oullette de Tumblr que diseñara diversos aparatos electrónicos que posteriormente serían utilizados por los protagonistas, y a la empresa Alterian, conocida por su autoría en los diseños de vestuario de la banda de música electrónica Daft Punk, que diseñara el robot en el cual se centraría la trama, el cual se suponía que debía emular a los robots creados en Japón para el cuidado de personas enfermas.

En el film, Frank es presentado básicamente como una reliquia. Mientras vive sus días en solitario sumido en una rutina interminable, no puede evitar sentirse incómodo con la forma en como el mundo está cambiando a su alrededor. Lo que es peor, es que su memoria ha comenzado a fallar de manera notoria. Debido a la falta de actividades recreativas o de cosas que despierten su pasión por la vida, Frank mata el tiempo coqueteando con Jennifer (Susan Sarandon), la bibliotecaria del pueblo en el cual reside, y robando objetos sin mucho valor de una pequeña tienda de artículos para baño. Y es que durante su juventud, Frank solía trabajar como ladrón de objetos que nadie creía que podían ser robados. Evidentemente el robo hormiga que ahora realiza jamás podrá reemplazar la emoción que sentía cuando planeaba grandes robos, pero es lo único que él tiene. Eso hasta que uno de sus hijos le regala un robot. Su hijo, Hunter, no puede evitar preocuparse por el notorio deterioro de la memoria de su padre, y por como eso ha alterado su forma de vida. Aunque en un principio Frank se niega a la idea de tener un robot rondando por la casa, no le queda más remedio que aceptar el curioso regalo de su hijo ante la amenaza de que será internado en un asilo para ancianos si no logra convivir con su nuevo huésped mecánico.

 

Ante el temor de que la presencia de su nuevo cuidador altere su esquema de vida, Frank inicialmente sabotea cada uno de los intentos del robot por mantenerlo saludable e intelectualmente estimulado. Eventualmente y luego de muchas discusiones, Frank aprenderá que si bien el robot está programado con diversas directrices, ninguna de estas le impide quebrantar la ley. Para su sorpresa, quien comenzó como un intruso no deseado en su hogar, no tarda en convertirse en el cómplice perfecto para emprender una nueva oleada criminal, cuyo blanco será una pareja de jóvenes empresarios que pretenden convertir la vieja biblioteca que suele visitar en un lugar completamente digitalizado. Evidentemente, gran parte de la trama del film se centra en la relación que se forma entre la extraña pareja protagónica. Según aseguran los Gerontólogos, una de las mejores maneras de ralentizar o prevenir el deterioro cognitivo en los adultos mayores, es mantenerlos activos mediante la realización de actividades significativas. Con esto en mente, inicialmente el robot trata de incentivar a Frank a salir de excursión y a crear una pequeña huerta en el patio de su casa. Sin embargo, ninguna de estas actividades llama la atención de Frank. Cuando ambos logran encontrar un punto de encuentro, Frank no solo comienza a verlo como un verdadero amigo, sino que además comienza a comer mejor, demuestra una vitalidad que parecía perdida, y su memoria parece mejorar de manera significativa. El único problema es que las actividades que han estado realizando lamentablemente han llamado la atención de la policía local y de una de sus víctimas, lo que les traerá una serie de problemas.

El intercambio de pensamientos y creencias que se produce entre Frank y el robot, es una de las muchas herramientas que el director Jake Schreier y el guionista Christopher D. Ford utilizan para lidiar con el tema de la pérdida de la memoria y con el temor a volverse viejo y obsoleto. En cierta medida, ese mismo temor es el que lleva a Frank a retomar la senda criminal, ya que mediante los robos que él comete busca demostrar que su inteligencia y la experiencia que ha recopilado durante el transcurso de su vida, son herramientas suficientes para vencer cualquier tipo de avance tecnológico. Si bien los frutos de la relación de amistad que Frank mantiene con el robot son evidentes, durante todo el transcurso del film existen pequeños momentos que buscan recordarle al espectador que la salud mental del protagonista no se encuentra del todo bien. En ocasiones Frank se muestra desorientado, lo que lo lleva a pensar que su hijo aún se encuentra estudiando en la universidad, o que su restaurante favorito todavía permanece en funcionamiento, cuando la verdad es que dicho lugar cerró hace años. El director también plantea una interrogante relacionada con el grado de entendimiento que posee el robot acerca de Frank o del mundo que lo rodea. “Yo no soy un ser humano”, le recuerda constante a su dueño, quien no puede evitar ver en la máquina un atisbo de humanidad.

 

Obviamente el film no funcionaria de la forma en que lo hace si no fuese por la actuación de Frank Langella, quien se lleva todo el peso dramático de la historia. Langella no solo maneja a la perfección los sutiles toques de humor negro que presenta la cinta, sino que además retrata de manera realista a un hombre testarudo y solitario cuya memoria ha comenzado a marchitarse, el cual gradualmente va abandonando su rígida coraza ante la presencia de un robot con características casi humanas. El resto del elenco por su parte, también realiza una labor encomiable, ya que todos logran proyectar con éxito que su afecto y sus problemas con el protagonista son reales. Obviamente cabe destacar el trabajo de la actriz Rachel Ma, a quien se le encomendó la tarea de darle vida al robot, y de Peter Sarsgaard, quien le otorgó la voz al adorable cuidador mecánico. En lo que respecta al aspecto técnico del film, resulta destacable el trabajo de fotografía de Matthew J. Lloyd, y la banda sonora compuesta por la banda Francis and the Lights, la cual al igual que el resto de la producción se caracteriza por su belleza y su simplicidad, y por la forma en como acompaña perfectamente una historia que se supone acontece en un futuro cercano.

“Robot & Frank” bien puede ser reconocida como una de las pocas películas que utiliza ciertos elementos propios de la ciencia ficción para contar una historia, y no para montar un espectáculo lleno de luces y colores. Probablemente lo único criticable que presenta el film, es la inclusión de una subtrama romántica cuya única función pareciera ser la elaboración de un golpe de efecto que se presenta en la forma de una inesperada vuelta de tuerca. El gran mérito de la cinta de Schreier y Ford radica en el hecho que realiza varias cosas a la vez. Al mismo tiempo que elabora un certero comentario social sobre el envejecimiento y el cuidado que se debe tener con las personas que padecen de demencia, relata una enternecedora historia de amistad entre un hombre cuya vida ha quedado suspendida en el tiempo, y un robot que por momentos parece tener alma. En definitiva, “Robot & Frank” es sin lugar a dudas un film con una alta carga emocional, el cual invita al espectador a sumergirse en la pequeña aventura de un hombre que está luchando contra los problemas propios de la vejez, el cual es rescatado de un olvido autoimpuesto por una amistad que él jamás se hubiese imaginado que sería capaz de forjar.



por Fantomas.

lunes, 21 de abril de 2014

Heavenly Creatures: Los alcances de una amistad obsesiva.

“Heavenly Creatures” (1994), es un drama biográfico del director Peter Jackson, el cual está protagonizado por Kate Winslet y Melanie Lynskey.

Cuando diversas circunstancias reúnen a dos imaginativas adolescentes llamadas Juliet Hulme (Kate Winslet) y Pauline Parker (Melanie Lynskey), ellas rápidamente forman un importante lazo afectivo que las lleva a crear un mundo de fantasía al que solo ellas pueden acceder. Sin embargo, cuando sus padres comienzan a mirar con algo de temor la intensidad de su amistad, las jóvenes se juran permanecer unidas y desarrollan un plan que tendrá macabras consecuencias.

 

Tras terminar el rodaje de la comedia de terror “Braindead” (1992), el director Peter Jackson comenzó a albergar el deseo de incursionar en otros géneros cinematográficos que le permitieran evitar cualquier tipo de encasillamiento prematuro. Fue entonces cuando su esposa, la guionista y productora Fran Walsh, le sugirió realizar un film sobre el infame asesinato llevado a cabo por dos adolescentes llamadas Juliet Hulme y Pauline Parker, en la ciudad neozelandesa de Christchurch el año 1954. Entusiasmado con la idea, Jackson rápidamente le presentó el proyecto al productor Jim Booth, con quién acordó que la cinta se centraría en la relación de amistad que entablaron ambas jóvenes, y no en el asesinato y el posterior juicio al que fueron sometidas. Según declararía el mismo Jackson: “Su amistad durante la mayor parte del tiempo resultó ser enriquecedora, y nosotros quisimos honrar eso en el film. Básicamente, nuestra intención era realizar una cinta acerca de una amistad que terminó terriblemente mal”. En un principio, Jackson y Walsh se lanzaron a la tarea de estudiar el caso, utilizando una serie de periódicos de la época que se dedicaron a contar los pormenores del juicio como principal documento. Sin embargo, la constante satanización de las adolescentes por parte de la prensa, los llevó a examinar los hechos más de cerca con el fin de crear una versión más humana de todo el asunto. Fue así como ambos viajaron a través del país con el fin de entrevistar a diversas personas que tuvieron algún grado de contacto con Pauline Parker y Juliet Hulme cuarenta años atrás, entre las que se encontraban antiguas compañeras de clase, vecinos, amigos de ambas familias, abogados y psicólogos. Jackson y Walsh también tuvieron acceso al diario de vida de Pauline, el cual documentaba con lujo de detalles los eventos que marcaron su amistad con Juliet.

En su primer rol cinematográfico, Kate Winslet interpreta a Juliet, una adolescente inglesa que acaba de mudarse a Nueva Zelanda con sus padres. Debido a su situación económica y al hecho de que su familia constantemente está viajando alrededor del mundo, Juliet es culta y algo malcriada. De forma casi inmediata, ella entabla una amistad con Pauline, una adolescente neozelandesa solitaria y depresiva que vive una realidad mucho más humilde junto a sus esforzados padres. El fuerte lazo que forman las chicas se desarrolla alrededor de su fascinación por el tenor Mario Lanza y diversas estrellas de cine como James Mason, de su inclinación por escribir historias fantásticas de amor y traición, y de sus frágiles infancias. Curiosamente, mientras su amistad crece a pasos agigantados, el tono del film resulta ser liviano e incluso algo cómico. Y es que inevitablemente existen momentos de gran felicidad cuando se está junto a la persona querida. Sin embargo, el inicio de la cinta, el cual consiste en una serie de imágenes que tienen por objetivo demostrar las bondades de la idílica ciudad de Christchurch, las cuales rápidamente son ahogadas por un grito desgarrador y varias tomas de las jóvenes corriendo a través de un bosque, inevitablemente continúan resonando en la cabeza del espectador durante los momentos más enternecedores e inocentes. Algo horrible ha sucedido, lo que ha provocado que las chicas estén cubiertas de sangre. Por este motivo, durante todo el transcurso del relato, el espectador es acompañado por una escalofriante sensación de horror y desesperanza que está fuertemente ligada al macabro resultado de la peculiar relación de las protagonistas.

 

Básicamente, la película postula que el crimen fue el resultado de una trágica confluencia de coincidencias: Dos chicas, ambas emocionalmente inestables en la medida justa para complementar sus respectivas debilidades, son incomprendidas en una escuela para niñas de Christchurch. A raíz de esto se vuelven amigas, unidas principalmente por su gusto por lo macabro. Por un lado, la sencilla e imperturbable Pauline no puede evitar sentirse fascinada por Juliet, quien en variadas ocasiones no duda en dejar en evidencia su completo descaro y rebeldía. Juliet por su parte, también admira a Pauline, en especial por la cicatriz que esta última tiene en una de sus piernas, la cual fue producto de una cirugía para combatir la enfermedad a los huesos que padecía: “Las mejores personas tienen enfermedades al pecho y a los huesos”, asegura en una ocasión Juliet. “¡Es escalofriantemente romántico!”. Casi todo es escalofriantemente romántico en las vidas de estas muchachas, quienes se vuelven inseparables al mismo tiempo que comienzan a refugiarse con asiduidad en un mundo de fantasía que ellas llaman el Cuarto Mundo. Su amistad inevitablemente se vuelve intoxicante, y les impide ver más allá de la realidad que ellas han creado. Obviamente sus padres están excluidos de su particular cotidianeidad, en especial la madre de Juliet (Diana Kent), una psicóloga que está más preocupada de revivir su moribunda sexualidad que de comunicarse con su hija.

Eventualmente, a los padres de las muchachas comienza a resultarles perturbadora su cercanía. Si bien sospechan que ambas podrían estar engendrando inclinaciones homosexuales, la palabra lesbianismo resulta ser completamente tabú. Si bien existen una serie de escenas que refuerzan esta idea, como por ejemplo algunas en las que aparecen luchando en ropa interior o intercambiando besos “accidentales”, el film no busca realizar un estudio acerca de la sexualidad de las muchachas, sino que pretende retratar las circunstancias que las llevaron a cometer el horrendo crimen por el cual fueron sentenciadas. Es por este motivo que la dialéctica entre las vívidas fantasías de las muchachas y los sucesos de su vida cotidiana, ocupa un puesto de especial importancia en la narrativa. Peter Jackson utiliza bastante tiempo graficando el estado mental de las protagonistas, y el grado en el cual ellas creían y aceptaban el producto de su incansable imaginación. Es a raíz de esto que durante el transcurso del film, el espectador no solo es testigo de cómo diversas figuras de plastilina cobran vida ya sea para personificar a las personas que rodean a las muchachas, o para alzarse como la encarnación de sus temores y sus deseos más oscuros, sino que además es posible apreciar como figuras como Orson Welles y Mario Lanza son integrados de forma tangible al mundo creado por Juliet y Pauline.

 

En cualquier cinta de estas características, la elección del elenco resulta ser uno de los puntos clave de todo el proceso. Afortunadamente, Peter Jackson encontró en las debutantes Kate Winslet y Melanie Lynskey a las protagonistas perfectas. Si bien Winslet realiza un estupendo trabajo interpretando a Juliet, quien gran parte del tiempo es una joven alegre y energética cuyo mayor anhelo es contraer matrimonio con uno de los Santos de la religión que ha creado junto a Pauline, actitud que por momentos cambia por la más completa histeria cuando se enfrenta ante la posibilidad de ser abandonada tanto por su madre como por su amiga, es Lynskey quien definitivamente se roba todas las miradas. Su interpretación de Pauline resulta fascinante y escalofriante al mismo tiempo, ya que la joven actriz es capaz de transmitir con la mirada y con su lenguaje corporal toda la ira contenida y el gran grado de frustración que siente su personaje con el entorno que la rodea, el cual es incapaz de comprender la genialidad que tanto ella como Juliet ostentan. Como dato curioso, cabe mencionar que tras su estadía en prisión, Juliet Hulme eventualmente se convertiría en la afamada escritora de novelas de misterio Anne Perry. Por otro lado, en lo que al aspecto técnico de la producción se refiere, resulta destacable el magnífico trabajo de fotografía de Alun Bollinger, el cuidadoso diseño de producción de Grant Major, la inquietante pero no siempre efectiva banda sonora del compositor Peter Dasent, y los interesantes efectos especiales diseñados por Richard Taylor, los cuales pese a no ser extremadamente refinados poseen un encanto particular.

Aun cuando “Heavenly Creatures” intenta contextualizar y racionalizar el comportamiento violento de Juliet y Pauline, una vez terminado el film el espectador no puede evitar pensar que no existe una explicación lógica para lo que en verdad sucedió. Eso provoca que la cinta presente un vacío dramático importante, el cual es compensado parcialmente por el magnífico guión escrito por Walsh y Jackson, el inconfundible estilo visual del director, y las brillantes interpretaciones del dúo protagónico. En gran medida, la moraleja de “Heavenly Creatures” es que en ocasiones cuando se reúne cierto tipo de personas, estas son capaces de cometer actos que como individuos serían incapaces de realizar. Al mismo tiempo, se puede concluir que a veces suceden tragedias básicamente porque las personas están esperando que alguien más se atreva a detener algo que está destinado al fracaso. En el caso de Pauline y Juliet, la realidad es nublada por sus propios desbarajustes emocionales. Teniendo todo esto en mente, es justo asegurar que lo que convierte al film de Jackson en una obra apasionante y aterradora, es la forma en como el director retrata a dos jóvenes infelices que deciden crear un mundo alternativo que les resulta tan seguro y atractivo, que están dispuestas a asesinar con tal de conservarlo.



por Fantomas.

domingo, 30 de marzo de 2014

Gattaca: No existe el gen del espíritu humano.

“Gattaca” (1997), es una cinta de ciencia ficción del director Andrew Niccol, la cual está protagonizada por Ethan Hawke, Uma Thurman y Jude Law.

En un futuro no muy distante donde la sociedad está categorizada según sus características genéticas, Vincent Freman (Ethan Hawke) decide asumir la identidad de Jerome Morrow (Jude Law), un perfecto espécimen genético que ha quedado parapléjico luego de sufrir un accidente automovilístico, para así poder cumplir su sueño de viajar al espacio. Sin embargo, cuando el director del programa espacial en el cual trabaja es asesinado, la policía da inicio a una investigación que amenaza con dejar al descubierto su secreto.

 

Durante algo más de una década, el director y guionista Andrew Niccol ha sido el responsable de un número no menor de producciones provocadoras, las cuales han sabido ganarse un espacio al interior de la industria hollywoodense. Desde la alegórica “The Truman Show” (1998) hasta la política “Lord of War” (2005), sus cintas por lo general se han caracterizado por presentar un balance perfecto entre lo tópico y lo simplemente entretenido, lo cual ha permitido que se conviertan en obras que trascienden en el tiempo. Estrenada en el año 1997, “Gattaca” no solo es recordada por ser la opera prima de Niccol, sino porque además mediante una historia que postula que el nuevo orden social está establecido por los rasgos genéticos de cada individuo, Niccol comenzó a construir su reputación como un cineasta capaz de explorar temas complejos en cada una de sus cintas. Desarrollada inicialmente bajo el título de “The Eighth Day”, el cual era una referencia bíblica que apuntaba a implicar que el hombre se había atrevido a intervenir lo que Dios inicialmente había creado, la película se desarrolla en un futuro no tan lejano, en el cual un hombre imperfecto busca abrirse camino en un mundo dominado por la supuesta perfección artificial otorgada por la todopoderosa ingeniería genética.

En “Gattaca”, el protagonista Vincent Freeman es presentado prácticamente como un error de la naturaleza. Y es que él vive en una sociedad en la que los individuos que nacen de forma natural y sin la ayuda de la ingeniería genética, son relegados a trabajos básicos y son encasillados en un segmento subvalorado socialmente, a diferencia de aquellos cuya concepción fue genéticamente alterada, lo que les ha permitido ser considerados como personas “válidas” dentro del mundo en el cual se desarrollan. Es a raíz de esto que las aptitudes de Vincent no son tomadas en cuenta por quienes lo rodean, los cuales prefieren juzgarlo por su predisposición a adquirir miopía y una enfermedad cardiaca que ha reducido su expectativa de vida de manera considerable. Sin embargo, Vincent nunca ha aceptado el destino que la sociedad le ha impuesto. De hecho, cuando todavía era un niño, solía enfrascarse en competencias de natación y resistencia física con su hermano Anton (Loren Dean), quien pese a su supuesta perfección genética, en una ocasión debió ser rescatado por Vincent de una muerte segura. Tras años de realizar trabajos menores, Vincent decide tomar ciertas medidas para cumplir el sueño de su niñez y convertirse en un astronauta. Es entonces cuando a través de un comerciante de ADN conoce a Jerome Morrow, un hombre con una genética envidiable el cual luego de un confuso incidente, quedó confinado a una silla de ruedas. Una vez que Vincent asume su identidad, logra infiltrarse en una empresa llamada Gattaca, la cual está a cargo de diversos viajes al espacio. Lamentablemente para él, cuando está a punto de cumplir su sueño y viajar a una de las lunas de Saturno, el director del programa espacial es asesinado, lo que pone en peligro su falsa identidad y sus posibilidades de ser incluido en la ambiciosa misión interplanetaria.

 

En el film de Niccol, la tensión proviene de dos conflictos en particular. Primero, existe la posibilidad constante de que Vincent sea descubierto; debido a la infinidad de sistemas de seguridad con los que cuenta la empresa donde trabaja, el protagonista se ha visto obligado a tomar una serie de medidas que buscan ocultar su verdadero ADN en un lugar donde hasta una pequeña pestaña puede delatarlo. Segundo, ha ocurrido un asesinato; el director del centro espacial, quien ha cuestionado abiertamente la misión a Saturno, ha sido encontrado muerto, por lo que la policía ha comenzado a identificar al personal en busca de sospechosos. Esto pone sobre la mesa la posibilidad de que eventualmente una computadora establezca una relación entre Vincent, quien antes oficiaba como conserje, y Jerome, el nuevo programador espacial. Al mismo tiempo, el protagonista establece una relación amistosa con Irene (Uma Thurman), una atractiva mujer que trabaja en el centro pero que ha sido excluida de la próxima misión debido a que ha obtenido puntajes demasiado bajos en algunas áreas. Pronto nace una atracción innegable entre ambos, pero un romance en este mundo puede ser peligroso, ya que incluso un beso puede ser suficiente como para identificar a los involucrados en el mismo.

Lo interesante de “Gattaca” es que en cierto modo encierra dos historias en una. Por un lado está la emotiva historia personal de Vincent, quien lo único que desea es superar todos los obstáculos que han sido puestos en su camino. Esta subtrama en particular sirve para personalizar uno de los mensajes que contiene el film, permitiendo de este modo que el espectador se identifique con el protagonista. Vincent es un hombre común y corriente, es un personaje que existe precisamente porque sus fallas son perfectamente percibibles. Jerome en cambio, es presentando como su polo opuesto ya que posee todo lo que Vincent desea, con la excepción de la determinación a toda prueba del protagonista. En gran medida, el film realiza una comparación honesta entre un hombre imperfecto con uno que es percibido como tal. De forma paralela, “Gattaca” entabla un debate moral acerca de los problemas que pueden surgir en una sociedad determinada a discriminar a ciertos individuos a causa de su código genético. Es a raíz de este motivo que muchos estudiosos y científicos han señalado al film de Niccol como un verdadero ensayo bioético, debido a que no apunta a la ingeniería genética como la responsable del problema, sino que más bien establece que el problema surgiría solo si la sociedad está dispuesta a aceptar una ideología genetista que ve a los humanos sencillamente como la mera suma de sus genes.

 

En el ámbito de las actuaciones, la totalidad del elenco realiza un trabajo estupendo. Ethan Hawke convierte con éxito a Vincent en un personaje entrañable y creíble, el cual además demuestra tener una química innegable con sus compañeros de reparto, en especial con Jude Law, quien interpreta a Jerome como a un hombre inteligente, cínico y algo amargado, el cual es incapaz de abandonar el sistema que lo ha convertido en la persona que es en la actualidad. Uma Thurman por su parte, interpreta de manera sólida al interés amoroso del protagonista, la cual se caracteriza por ser una mujer que ha optado por abandonar toda esperanza de cumplir sus sueños. En lo que respecta al aspecto técnico del film, si hay algo por lo que “Gattaca” se caracteriza es por su cuidado aspecto visual. Tanto Jan Roelfs como Sarah Knowles se preocupan de establecer que la cinta se desarrolla en un futuro distópico, mediante la combinación de escenarios en los cuales priman los avances tecnológicos y una estética que perfectamente pudo haber sido sacada de un film noir clásico. Todo esto es complementado por el maravilloso trabajo de fotografía de Slawomir Idziak y por la selección de una paleta de colores en la cual priman los tonos amarillos y azules, con lo cual se pretende generar en el espectador una sensación de inevitabilidad y desesperanza que es compartida por los protagonistas del film. Por último, es necesario destacar la banda sonora compuesta por Michael Nyman, la cual resalta aún más la veta emotiva del relato.

Es necesario mencionar que “Gattaca” ha sido reconocida por muchos estudiosos como un como un verdadero film noir futurista, ya que tanto su aspecto estético como su estructura dramática se asemeja bastante a las cintas de cine negro que se filmaron durante las décadas del cuarenta y cincuenta. Al igual que otros film noirs, “Gattaca” utiliza como punto de partida un crimen y su posterior investigación policial, para luego centrarse en un problema social, en este caso el prejuicio y la intolerancia ejercida por un grupo específico de la sociedad, el cual es presentado mediante una serie de flashbacks que son narrados por la lacónica voz del protagonista. Curiosamente, pese a que el film de Niccol se estrenó durante la década en la cual se desarrolló el Proyecto del Genoma Humano, el cual pretendía identificar aproximadamente 25.000 genes en el ADN humano, con la intención de recolectar suficiente información como para poder realizar avances importantes en el desarrollo de la ingeniera genética, este no tuvo el éxito esperado. Solo algunos años después de su estreno, “Gattaca” comenzó a ser reconocida como una película entretenida que no solo le entrega al espectador una valiosa moraleja acerca de los peligros del abuso de la ingeniería genética, sino que además se alza como una de las cintas de ciencia ficción más inteligentes de los últimos 20 años.



por Fantomas.
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