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domingo, 26 de julio de 2015

The Hot Rock: Robar un diamante nunca fue tan difícil.

“The Hot Rock” (1972), es una comedia del director Peter Yates, la cual está protagonizada por Robert Redford y George Segal.

Cuando un ladrón llamado John Dortmunder (Robert Redford) se entera que un enorme y peculiar diamante está esperando ser robado en un museo de Manhattan, reúne a un grupo de colegas para intentar hacerse con la piedra. Sin embargo, aun cuando Dortmunder y compañía realizan una cuidadosa planificación del atraco, pronto se darán cuenta que cumplir con su objetivo se convertirá en una tarea mucho más difícil de lo que jamás hubiesen imaginado.

 
A fines de la década del sesenta y durante gran parte de la década del setenta, el director británico Peter Yates rodó una serie de cintas que gozaron de una gran popularidad, entre las que se encuentran “Bullit” (1968), “The Friends of Eddie Coyle” (1973), “Mother, Jugs & Speed” (1976), “Breaking Away” (1979) y “The Hot Rock” En el caso de esta última, la cual está basada en la novela del mismo nombre del escritor Donald E. Westlake, quien durante el transcurso de los años publicó una serie de trabajos que presentaban al desafortunado ladrón profesional John Archibald Dortmunder como protagonista, lo que le permitió demostrar su habilidad a la hora de crear personajes queribles ligados al mundo del crimen, los cuales habitualmente se veían sumergidos en tramas extravagantes. Con el fin de adaptar la novela de Westlake, Yates se asoció con el guionista William Goldman, responsable del guion de “Butch Cassidy and the Sundance Kid” (1969), film que en gran medida fue el responsable de catapultar a Robert Redford al estrellato. Cabe mencionar que el actor y el guionista mantendrían una lucrativa relación laboral y creativa hasta el conflictivo rodaje de “All the President´s Men” (1976), donde los problemas tras las cámaras terminarían por separarlos. Curiosamente, Redford en más de una ocasión ha declarado que accedió a participar en “The Hot Rock” básicamente porque en aquella época se encontraba en una difícil situación económica. Además de eso, a Redford le entusiasmaba trabajar con George Segal, quien inicialmente iba a protagonizar el film en compañía de George C. Scott, cuyo alto salario terminó sacándolo de la producción.

En “The Hot Rock”, John Dortmunder lleva solo dos minutos fuera del recinto penitenciario en el cual cumplió su más reciente condena, cuando comienza a ser perseguido por un vehículo manejado por su incompetente colega y cuñado Kelp (George Segal), quien desea incluirlo en un nuevo trabajo. El objetivo es un diamante que se encuentra en exhibición en un museo de Nueva York, el cual desea ser recuperado por un embajador africano conocido como el Dr. Amusa (Moses Gunn), ya que en su nación natal la gema es venerada como un artefacto religioso. Para llevar a cabo el robo, Dortmunder y Kelp reclutan a Stan Murch (Ron Leibman), un loco por los vehículos que en sus ratos libres escucha grabaciones de carreras de autos, y a Allan Greenberg (Paul Sand), quien es un experto fabricante de explosivos domésticos. Es así como Dortmunder idea un plan que consiste en desviar la atención de los guardias del museo provocando un accidente automovilístico falso, para que de esta forma él y Kelp puedan extraer el diamante que se encuentra en una bóveda de vidrio fortificado. Aunque en un principio el atraco sale según lo planeado, las complicaciones que sufre el grupo de ladrones alerta a los guardias del museo, los cuales eventualmente acorralan a Greenberg, quien opta por tragarse el diamante antes de ser arrestado. Es entonces cuando comienzan los verdaderos problemas para Dortmunder y compañía, quienes ahora tendrán que encontrar la forma de sacar a Greenberg de prisión si desean que este les diga que ha hecho con el cada vez más esquivo diamante.

 
William Goldman realiza un gran trabajo adaptando la novela al formato cinematográfico, ya que al mismo tiempo que plasma de manera fiel gran parte de la trama del libro de Westlake, se las arregla para agregar pasajes completamente originales que mantienen el espíritu de la novela. Mientras que algunos de los cambios que realiza el guionista son meramente cosméticos, como por ejemplo reemplazar la esmeralda que persigue el Dortmunder literario por un diamante, otros responden al proceso natural de síntesis propio de una adaptación literaria, entre los que se encuentra la reducción de los seis atracos originales a tan solo cuatro (lo que queda plasmado en el titulo con el cual la película fue distribuida en Inglaterra, “How To Steal A Diamond in Four Uneasy Lessons”), y la omisión del cerrajero experto Roger Chefwick, quien también formaba parte del grupo de ladrones en la novela. Junto con esto, el Dortmunder de Redford resulta ser un poco más inteligente que su contraparte literaria, y el personaje interpretado por Paul Sand pasa de ser un mujeriego empedernido, a un tipo tímido dominado por su poco confiable padre, el abogado Abe Greenberg (Zero Mostel). Por otro lado, uno de los toques cómicos más destacables de “The Hot Rock”, es el hecho de que Dortmunder sufra de gastritis, lo que según el doctor que se la diagnóstica, es provocada debido a que el ladrón es “del tipo silencioso”, lo que lo lleva a internalizar su estrés. Esto no solo es objeto de burla por parte de Kelp, quien siempre había admirado los supuestos nervios de acero de su colega, sino que además se presenta como una debilidad que convierte al protagonista en un personaje vulnerable y dañado, lo que eventualmente puede provocar que uno de sus complejos planes se termine desmoronando junto con su aparente tranquilidad.

Por otro lado, los actos delictuales posteriores al atraco inicial al museo, el que dicho sea de paso es rodado por Yates con un cuidado metódico por los detalles, y utilizando el silencio como herramienta para aumentar la tensión de la maniobra llevada a cabo por Dortmunder y compañía, son en gran medida los responsables de dotar al film de un encanto especial que lo distancia de otras producciones con temáticas similares. El hecho de que cada acto delictual sea más descabellado que el anterior, combinado con la curiosa mezcla de personalidades que ostentan los cuatro atolondrados criminales, contribuye a que se cree un efecto cómico bastante atractivo que rápidamente captura al espectador. Algo que si llama la atención con respecto a los crímenes cometidos por los protagonistas, es la “inocencia” que rodea la ejecución de sus descabellados planes. Por ejemplo, cuando Dortmunder y Kelp intentan sacar a Greenberg de prisión, resulta a lo menos curiosa la facilidad con la que se infiltran en el recinto penitenciario en el que se encuentra recluido su compañero, como también resulta curiosa la escasa resistencia que pone la totalidad de los agentes de la ley pertenecientes a un departamento de policía que eventualmente los protagonistas tienen que atacar en su loca búsqueda del diamante. Pese a esto, la verdad es que Yates maneja las secuencias con tanta elegancia, y hace tan buen uso de las personalidades de los protagonistas, explotando incluso la potencial úlcera de Dortmunder como una herramienta generadora de suspenso, que la “sencillez” con la que los criminales llevan a cabo sus planes termina siendo prácticamente un dato anecdótico que no afecta la experiencia.


Gran parte del éxito de la fórmula empleada por Yates y Goldman descansa en la gran actuación de la totalidad del elenco participante. Mientras que Redford dota a Dortmunder de un carisma innegable al interpretarlo como un ladrón con una seguridad y una frialdad increíble a la hora de planificar los crímenes, características que posteriormente pierde casi por completo cada vez que entra en acción, Segal actúa como el tipo positivo del grupo, quien no duda en expresar la admiración que siente por su amigo y cuñado. Ron Leibman por su parte, se destaca como Stan Murch, quien es retratado como un tipo energético, temerario y obsesionado con cualquier cosa que tenga motor, lo que se contrasta con el personaje interpretado por Paul Sand, cuya torpeza natural y su actitud reservada y algo neurótica, lo convierten en el eslabón más débil del grupo. Por último, es necesario mencionar la impecable actuación de Zero Mostel, quien durante su carrera se caracterizó por interpretar personajes cómicos con un profesionalismo envidiable. Por otro lado, en lo que respecta al aspecto técnico de la producción, esta cuenta con el correcto trabajo de fotografía de Edward R. Brown, la jazzística y por sobre todo efectiva banda sonora del compositor Quincy Jones, y el maravilloso trabajo de edición de Fred W. Berger y Frank P. Keller, el cual le valió a la dupla una nominación al Oscar.

Según Donald E. Westlake, el guion original de Goldman incluía el climático final en el aeropuerto que aparecía en la novela, pero finalmente este tuvo que ser cambiado por las similitudes que tenía con el final otra de las cintas de Yates, el aclamado thriller policial “Bullit”. A raíz de esto, Goldman se inclinó por un final abierto, cuyos espacios en blanco pudiesen ser llenados por el espectador. “The Hot Rock” tiene una serie de momentos memorables, su elenco se complementa de manera espléndida, y Yates maneja con habilidad un guion inteligente y divertido, lo que pone sobre la mesa la interrogante de por qué el film no es considerado como uno de los grandes clásicos del cine centrado en espectaculares robos. Quizás esto se deba a que por un lado, nunca se logra establecer una motivación lo suficientemente convincente como para que Dortmunder continúe persiguiendo incansablemente su objetivo, más allá de argumentar que si no logra hacerse con el diamante, una maldición caerá sobre él. Al mismo tiempo, la tendencia de la película de repetirse a sí misma y dedicarle tiempo a escenas innecesarias que buscan profundizar en el desarrollo de los personajes, le impiden a la producción convertirse en un clásico del género ya que esto afecta su dinámica, ralentizando un relato de naturaleza frenética. Curiosamente, el mismo Redford en una ocasión se encargó de indicar lo que según su opinión, era uno de los grandes problemas del film, y que tenía que ver con la nacionalidad y la filmografía de Yates: “Su especialidad era la acción”, declararía el actor, “y esto era una comedia. El problema es que él no entendía nuestro humor”. Más allá de estos detalles y de la cuestionable afirmación de Redford, la reputación de “The Hot Rock” ha mejorado con el paso de los años, y hoy en día es reconocida como una película inteligente y divertida, que aporta con un toque de originalidad y locura a un género tan frecuentemente explotado.


por Fantomas.

viernes, 20 de marzo de 2015

The Iron Giant: Tú eres quien escoges ser.

“The Iron Giant” (1999), es un film animado del director Brad Bird, el cual está protagonizado por Jennifer Aniston, Eli Marienthal y Vin Diesel.

Un robot de dimensiones gigantes (Vin DIesel) ha llegado desde el espacio tras chocar contra la Tierra. Hogarth Hughes (Eli Marienthal), un niño de nueve años que vive en el Maine de la década del cincuenta junto a su madre Annie (Jennifer Aniston), lo encuentra y decide llevárselo a su casa para cuidarlo. Ahora Hogarth no solo tendrá que ingeniárselas para esconder al robot, sino que también deberá protegerlo de un agente del gobierno llamado Kent Mansley (Christopher McDonald), quien está sobre la pista de “la invasión alienígena”, y está decidido a usar toda la fuerza del ejército de los Estados Unidos para acabar con el gigante.

 

A mediados de los ochenta, el poeta Ted Hughes escribió la novela “The Iron Man” para sus propios hijos. En 1986, una vez que la novela se publicó, el músico Pete Townshend se fijó en ella para desarrollar un musical que sería lanzado tres años más tarde bajo el título, “The Iron Man: A Musical”. Cuando este trabajo fue llevado al teatro a principios de la década del noventa, el director artístico Des McAnuff consideró que la obra “The Iron Man” poseía un innegable potencial cinematográfico, opinión que fue compartida por los estudios Warner quienes adquirieron los derechos de la novela. A fines de 1996, cuando el proyecto estaba parcialmente desarrollado, se le ofreció la dirección del film a Brad Bird, quien hasta ese entonces trabajaba en el departamento de animación de la compañía Turner Entertaiment. Afortunadamente para Bird, gozó de una gran libertad creativa, pese al temor que el fracaso de la cinta animada “Quest for Camelot” (1998) había detonado al interior de los estudios Warner. La falta de entidades reguladoras causada por los despidos que provocó el fracaso de “Quest for Camelot”, le permitió a Bird incluir a dos personajes que no aparecían en el libro original y cuya participación es clave en la historia: un artista y dueño de una chatarrería llamado Dean McCoppin (Harry Connick Jr.), y el siniestro agente federal Kent Mansley. Eventualmente, pese al malestar inicial del director, Tim McCanlies fue contratado para perfeccionar el borrador desarrollado por Bird. Sería el mismo McCanlies quien cambiaría el final original propuesto por Bird, por uno mucho más dulzón acorde con el público para el cual estaba pensada la producción.

El protagonista de “The Iron Giant” es Hogarth, un inquieto niño obsesionado con las historietas y las cintas de ciencia ficción, el cual vive junto a su madre soltera, y que sueña con embarcarse en fantásticas aventuras y poder encontrar a un amigo. Una noche, ve como todos sus deseos se hacen realidad al encontrarse cara a cara con un robot gigante que proviene del espacio exterior. La amistad que ambos entablan no tarda en verse amenazada por el agente federal Kent Mansley, quien no puede evitar ver al gigante de hierro como una amenaza para el país, lo que lo lleva a intentar encontrar pruebas que justifiquen un despliegue armado importante que asegure su destrucción. En su cruzada por salvar a su peculiar amigo del prejuicio del resto de los habitantes del pueblo donde reside, y de la malsana obsesión de Kent por convertirse en un héroe, Hogarth recibirá la ayuda de Dean McCoppin, el dueño de una chatarrería y un aspirante a artista, quien parece ser el único capaz de comprender la naturaleza inocente del robot, y de saciar su incontrolable gusto por el metal. Ambientado en pleno clímax de la Guerra Fría, el film está plagado de la iconografía existente en la sociedad norteamericana de la década del cincuenta (cafeterías, historietas de Superman, y películas de ciencia ficción de bajo presupuesto, entre otras cosas) y de la enfermiza paranoia desatada por la “Amenaza Roja”, en específico con la en ese entonces reciente puesta en órbita del satélite soviético Sputnik. En ese sentido, la cinta retrata con un detalle encomiable varias de las características socioculturales del aquel periodo, lo que le otorga a la historia un subtexto mucho más complejo del que habitualmente puede encontrarse en este tipo de películas animadas familiares.

 

Más allá de los temas relacionados con la paranoia generada por la Guerra Fría, “The Iron Giant” busca entregar un mensaje que hace referencia a la amistad incondicional, y al individualismo versus el compañerismo. Como sucede con Elliott en la cinta “E.T.: the Extra-Terrestrial” (1982), Hogarth es un niño que está buscando a alguien para establecer la conexión paternal que falta en su vida, y al igual que el protagonista de la cinta clásica de Steven Spielberg, él encuentra a ese amigo/figura paterna en un ser que proviene del espacio exterior. La relación que se establece entre Hogarth y el robot se convierte en el corazón del film, básicamente porque su interacción se sustenta sobre la base de la ternura y carece por completo de cinismo. Es así como la forma en como ambos personajes aprenden el uno del otro, es explorada durante el transcurso de la historia. Sin embargo, es el gigante de hierro quien más se enriquece de la relación que establece con Hogarth, ya que el pequeño lo ayuda a descubrir los pequeños placeres de la vida, como por ejemplo lo divertido que puede ser bañarse en un lago, o las aventuras que se esconden en el mundo de los cómics, entre otras cosas. Lo que es aún más importante, es que el nexo prácticamente inquebrantable que existe entre el gigante y el niño, se convertirá en el catalizador del que posiblemente es el mensaje más relevante del film; “tú eres lo que escoges ser”, le dice Hogarth al robot en un pasaje de la historia, frase que adquiere un valor especial cuando este último revela su verdadera forma ante el asedio del ejército y de un enloquecido Mansley.

Lo que sin dudas se convierte en uno de los puntos más altos del film, es la selección del elenco que le otorga las voces a los protagonistas. Mucho antes de convertirse en una estrella del cine de acción, Vin Diesel sorprendentemente realiza un muy buen trabajo dándole la voz al Gigante de Hierro, ya que consigue que sea intimidante o extremadamente amigable según lo amerite la situación, permitiendo que de esta forma el personaje adquiera matices suficientes como para creer que en verdad puede ser poseedor de un alma. Eli Marienthal por su parte, consigue que Hogarth sea el reflejo de la inocencia infantil, pero al mismo tiempo le imprime al niño una madurez y una sabiduría que van más allá de su edad, y que le permiten afrontar la amenaza que significa la molesta presencia de Kent Mansley, interpretado de buena manera por Christopher McDonald. En relación a este último, el actor captura a la perfección la paranoia de la que es víctima el agente gubernamental, la cual lo lleva a sospechar de todos los que lo rodean y a inspirar temor en el resto. Lo que es más importante, es que su actitud errática y acelerada contrasta con la calma de personajes como Annie Hughes o Dean McCoppin, lo que no solo realza su papel de villano, sino que por momentos lo convierte en el generador de varios de los momentos cómicos de la cinta.

 

En cuanto al trabajo de animación de “The Iron Giant”, este rivaliza con algunos de los mejores esfuerzos realizados por la factoría Disney durante la década del noventa. El simple hecho de que la historia se desarrolle en Maine, le otorgó a los animadores la oportunidad de crear hermosos bosques, pintorescos pueblos e inspiradoras escenas cubiertas por la nieve. Así mismo, el diseño de los personajes permite que estos se vean y actúen como humanos, aun cuando interactúan en una realidad bastante animada. Lo que es aún más importante, es que se mueven con fluidez y reaccionan de manera acorde a las emociones complejas existentes en el relato. En el caso particular del Gigante de Hierro, el cual presenta algunos elementos generados por computadora, los cuales dicho sea de paso afortunadamente se complementan de buena manera con la animación tradicional, su diseño responde a una suerte de tributo a las criaturas presentes en el cine de ciencia ficción de la década del cincuenta, y en gran medida acentúa sus cualidades extraterrestres. Sin embargo, son sus cualidades humanas las que lo convierten en una de las creaciones más encantadoras que haya dado el cine de animación. Y es que la expresividad de sus ojos y sus gestos infantiles contribuyen a que el espectador no solo empatice con su situación, sino que también se preocupe por su bienestar y por el desarrollo del personaje en sí. Por otro lado, también resulta necesario destacar la banda sonora compuesta por Michael Kamen, la cual complementa de manera perfecta los diversos tonos dramáticos que presenta la historia.

Brad Bird a menudo es alabado por su habilidad a la hora de confeccionar historias. De hecho, por “The Incredibles” (2004) recibió una nominación al Oscar al mejor guión original, mientras que su trabajo en algunos de los primeros episodios de “The Simpsons” se caracterizó por su obsesiva fidelidad con los diversos arcos dramáticos que desarrolló, lo cual le permitía de manera organizada agudizar el humor distintivo de dicho programa de televisión. Sin embargo, sería justo asegurar que “The Iron Giant” es su trabajo más logrado, aun cuando resultó ser un fracaso de taquilla, principalmente por la pobre campaña de promoción realizada por los estudios Warner. Y es que cuando Hogarth y su gigantesco amigo deciden esconderse en el santuario de metal de Dean, o cuando los tres pasan una entretenida tarde a orillas de lago, se producen pequeños y personales momentos de progresión dramática que se repiten en reiteradas ocasiones a lo largo del film. Hogarth ama al gigante, y por eso no resulta extraño que este se preocupe de instruirlo y protegerlo desde el preciso momento en que lo encuentra, hasta cuando el ejército lo fuerza a convertirse en un arma indestructible. Lo que resulta aún más impresionante, es que Hogarth transforma el dilema final de gigante, quien se debate entre el bien y el mal, en algo tan simple y atractivo como la acción de tomar la decisión de convertirse en Superman o en el villano de historietas Atomo. Por todo lo antes mencionado, “The Iron Giant” no solo se alza como una pieza fundamental del cine de animación de los noventa, sino que además su mensaje principal, “tú eres lo que escoges ser”, le otorga una atemporalidad a la historia que colabora a que la misma resuene en la memoria del espectador hasta mucho después de terminada la película.

por Fantomas.

lunes, 16 de marzo de 2015

Django Kill... If You Live, Shoot!: El spaghetti western surrealista de Giulio Questi.

“Se sei vivo spara” (1967), es un spaghetti western del director Giulio Questi, el cual está protagonizado por Tomas Milian, Milo Quesada y Roberto Camardiel.

Un bandido mestizo sin nombre conocido (Tomas Milian), forma parte de una banda de forajidos que asalta una diligencia cargada de oro. Lamentablemente, termina siendo traicionado por el resto de los integrantes de la banda, quienes lo fusilan junto a un grupo de forajidos de origen mexicano que también participaron en el robo. Para sorpresa de todo el mundo, el mestizo logra sobrevivir al artero ataque y ahora con la ayuda de dos misteriosos nativos americanos, se dispone a recuperar el oro y vengarse de quienes alguna vez fueron sus compañeros.

 

Durante las décadas del sesenta y el setenta, literalmente se hicieron decenas de westerns en Italia. Utilizando el film “A Fistful of Dollars” (1964) del director Sergio Leone como punto de partida, los llamados spaghetti western resultaron ser todo un éxito tanto en el mercado europeo como en el norteamericano. Esto obviamente incentivó una mayor producción de cintas del género al interior de la industria cinematográfica italiana, y facilitó la concreción de diversas coproducciones con compañías de diversos países de Europa. Por aquel entonces, el productor Alessandro Jacovoni había acordado con una distribuidora la realización de varios westerns. Debido a que pasado un tiempo aún no había filmado ninguno, se vio en la necesidad de rodar un western lo más rápido posible para cumplir con su contrato. Fue entonces cuando conoció a un director llamado Giulio Questi, quien había codirigido varias cintas y estaba preparando un comedia de horror titulada “Death Laid an Egg” (1968). Casi de inmediato, Jacovoni le pidió a Questi que desarrollara un guión ligado al género del western. Aun cuando el cineasta no poseía un real interés en las historias del viejo oeste, aprovechó la oportunidad que se le estaba otorgando para desarrollar varias ideas de diversa índole, para luego enmarcarlas dentro del mundo del western. Fue así como Questi junto a Franco Arcalli, rápidamente escribieron un guión cuya producción finalmente fue co-financiada por la compañía española Hispamer Films y la italiana GIA Società Cinematografica.

Ambientada en el viejo oeste, “Se sei vivo spara” o “Django Kill… If You Live, Shoot!”, está inspirada en las experiencias de Questi como un partisano anti-fascista durante la Segunda Guerra Mundial, y no tiene relación alguna con la cinta “Django” (1966) del director Sergio Corbucci, aun cuando su título sugiere lo contrario. El protagonista es un bandido mitad mexicano conocido únicamente como “el Extraño”, quien tras formar parte de un asalto a una diligencia cargada de oro, es traicionado por un hombre llamado Oaks (Piero Lulli) y su banda de forajidos. La forma casual y sádica en la que Oaks y sus compañeros le ordenan al Extraño y a sus indefensos compañeros mexicanos que caven su propia tumba antes de abrir fuego contra ellos, resulta ser perturbadora dada la actitud displicente hacia el valor de la vida humana que expresa Oaks y compañia. Y es que en el mundo creado por Questi, sencillamente todo palidece cuando se compara con el oro y la riqueza. Este tema continúa explorándose a medida que el film introduce a una serie de personajes que refuerzan la idea de que la gente está dispuesta a hacer lo que sea, incluso sacrificar a sus propios hijos, por obtener algún beneficio. Una vez que el protagonista logra levantarse de su tumba gracias a la ayuda de dos misteriosos nativos americanos, él eventualmente rastrea a Oaks y a su banda en un pequeño pueblo situado en el medio de la nada que es conocido como “el Lugar Infeliz”, el cual es regido por dos hombres: el Sr. Templer (Milo Quesada), quien es dueño de la cantina local, y un pastor llamado Hagerman (Francisco Sanz). Serán ellos quienes deciden atacar a los forajidos para quedarse con el oro, sin considerar que un acaudalado terrateniente llamado Sorrow (Roberto Camardiel) y su peculiar pandilla de vaqueros homosexuales, también desean apoderarse del preciado botín.

 

Gran parte de las cosas extrañas y surrealistas que suceden a lo largo del film, responden a que Questi parece trabajar a nivel metafórico la mayor parte del tiempo. Según el mismo director, en “Se sei vivo spara” quiso retratar algunas de las experiencias que vivenció durante los dos años que combatió junto a la resistencia italiana situada en las montañas. A raíz de esto, no resulta extraño que la cinta está plagada de guiños políticos. Por ejemplo, mientras que prácticamente la totalidad de los personajes norteamericanos son retratados como hombres retorcidos y malvados, la constante y cuestionable fascinación que todos expresan por el oro puede ser tomado como un comentario negativo en contra del capitalismo. Por último, la banda de vaqueros vestidos de negro que están bajo las órdenes de Sorrow, bien pueden ser considerados como una analogía del infame grupo de los camisas negras liderados por Mussolini. También se ha postulado que el director a través de este film pretendía romper algunas de las constantes del género del western. Al hecho de que el protagonista es un personaje sumamente torturado tanto figurativa como literalmente, se suma que en vez de ser el típico antihéroe taciturno tan propio del spaghetti, es un hombre cansado y confundido que lucha para encontrarle sentido a la violencia que lo rodea.

El film aparentemente también posee un subtexto de tono religioso, que sugiere que el Extraño es una suerte de Jesucristo del lejano oeste. Junto al hecho de que el protagonista es un hombre que se levanta de su tumba tras haber sido dado por muerto sin una explicación lógica de por medio, existe una escena donde el Extraño tras rechazar el ofrecimiento de Sorrow de convertirse en uno de sus “muchachos”, es desnudado hasta quedar vestido con algo que se asemeja a un taparrabos, para posteriormente ser crucificado en un cuarto plagado de murciélagos e iguanas, entre otras cosas. Aun cuando tras ver estas imágenes es imposible no asociarlas a un contexto religioso, en numerosas entrevistas Questi se han encargado de negar tajantemente la inclusión de simbología cristiana en el film. Lo que no resulta cuestionable, es que el director y sus colaboradores aprovechan cada una de las oportunidades que se les presentan para abusar de la inocencia de determinados personajes, y degradar los conceptos de la moralidad. Por ejemplo, la pureza de Evan (Ray Lovelock), quien es el hijo de Templer, es destruida por la banda de vaqueros comandados por Sorrow. Su abuso sexual implícito y su posterior suicido, es posiblemente uno de los momentos más perturbadores de la cinta. Lo que es aún peor, es que ni siquiera después de muerto Evan está a salvo de hombres avariciosos como su padre, quien para conservar el oro no encuentra nada mejor que enterrarlo junto a su hijo. Además de todo lo antes mencionado, el film contiene algunos elementos que usualmente están inmersos dentro de la literatura del horror gótico, entre los que se encuentra la fantasmal esposa de Hagerman, Elizabeth (Patrizia Valturri), a quien el religioso mantiene encerrada en uno de los cuartos de su casa porque supuestamente está demente.

 

Más allá de la curiosa mezcla de influencias y subtramas que presenta la película, es necesario mencionar que “Se sei vivo spara” es una producción que además de estar bien rodada, cuenta con actuaciones encomiables y con un buen trabajo de edición. Tomas Milian interpreta de buena manera a un personaje atípico para el género, cuya mayor virtud es que logra establecerse como un enigma fascinante lleno de contradicciones. El protagonista es un hombre tranquilo que está consumido por el rencor, y que su venganza prácticamente se limita a ver y disfrutar como otros hombres se matan entre sí por el mismo oro que él alguna vez deseó y que ahora solo simboliza su caída al infierno. Roberto Camardiel por su parte, hace un gran trabajo interpretando a un villano que es un fiel reflejo de la locura reinante en la cinta. Y es que Sorrow no solo posee un cuarto de torturas, sino que además juega con pequeños soldados de juguete, y su mascota es un loro parlanchín que interactúa de manera dinámica con él. En cuanto al aspecto técnico del film, el estupendo trabajo de fotografía de Franco Delli Colli se complementa de manera perfecta con el trabajo de montaje de Franco Arcalli, cuyo estilo atípico de edición está marcado por la presencia de cortes rápidos y la entonces revolucionaria técnica de mostrar un acto de violencia desde distintos puntos de vista, lo que le otorga a la producción un estilo visual bastante crudo y surrealista. Por último, resulta necesario mencionar la magnífica banda sonora compuesta por Ivan Vandor, la cual compite incluso con algunas de las piezas musicales creadas por Ennio Morricone para algunas de las entradas más memorables del género del spaghetti western.

La desolación existente en “Se sei vivo spara” se convertiría en algo usual en los westerns realizados durante la década del setenta (un buen ejemplo es el film de Clint Eastwood, “High Plains Drifter”), pero cuando se estrenó la cinta de Questi esta particularidad fue considerada como algo increíblemente audaz e innovador. Lo mismo ocurre con la inusual mezcla de elementos propios del western clásico, el horror gótico y la explotación, los que en su conjunto provocan que la cinta sea percibida como una verdadera pesadilla alucinatoria, que dicho sea de paso no está exenta de momentos gore que no hacen más que reflejar la decadencia de los habitantes del pueblo en el que se desarrolla la trama. Aun cuando los elementos a destacar son numerosos, la verdad es que el ritmo narrativo de “Se sei vivo spara” por momentos deja bastante que desear, al igual que el encadenamiento de las distintas subtramas que conforman la historia, las cuales para ser sinceros adolecen de una real cohesión que ayude a otorgarles el peso dramático necesario para despertar el interés del espectador en ellas. Si bien Giulio Questi nunca estuvo de acuerdo con el cambio de título sugerido por los productores, y sin lugar a dudas se mostró aún más molesto con los distintos cortes que sufrió el film debido a la censura de la época, la verdad es que sin el prefijo de Django esta producción al igual que otros numerosos spaghetti westerns, perfectamente pudo haber desaparecido en la más completa oscuridad.

por Fantomas.

sábado, 21 de febrero de 2015

Hold-Up: ¿Qué hace Jean-Paul Belmondo vestido de payaso dentro de un banco?

“Hold-Up” (1985), es una comedía del director Alexandre Arcady, la cual está protagonizada por Jean-Paul Belmondo, Guy Marchand y Kim Cattrall.

Grimm (Jean-Paul Belmondo) es un hombre que está a punto de llevar a cabo su más ambicioso plan: atracar el banco más importante de Montreal y llevarse a casa, libre de impuestos, más de dos millones de dólares. Sin embargo, lo que en un principio parecía ser un plan perfecto, se verá amenazado por diversos obstáculos que dificultaran el escape de Grimm y de sus dos cómplices: el torpe pero leal Georges (Guy Marchand), y la sensual Lisa (Kim Cattrall).

 

Para cuando comenzó a filmar la comedia de acción “Hold-Up”, la cual contó con un presupuesto bastante generoso y con el icónico actor Jean-Paul Belmondo como protagonista, el director francés Alexandre Arcady había logrado al menos tres grandes éxitos de taquilla, siendo el más importante de ellos el film “Le Grand Pardon” (1982). El guión de “Hold-Up” se basó en la novela “Quick Change”, del escritor norteamericano Jay Cronley, y fue escrito por el mismo Arcady en compañía de Daniel Saint-Hamont y el popular guionista Francis Veber, quien fue incluido en la producción a petición de Belmondo. Debido a que el escenario urbano norteamericano presente en la novela de Cronley era parte esencial de la historia y del funcionamiento de la misma, el equipo de producción tomó la decisión de rodar el film en Montreal, la ciudad más grande de la provincia canadiense de Quebec. Cabe mencionar que esta decisión poseía una doble intencionalidad: por un lado le imprimía al film una estética “americana” que facilitaría su distribución en el mercado norteamericano, y al mismo tiempo le otorgaba la posibilidad al director de incluir una serie de ambiciosas y vistosas escenas de riesgo en la narrativa, las cuales solían ser parte del sello de las películas de acción en las que participó Belmondo durante gran parte de las décadas del setenta y el ochenta.

En “Hold-Up”, el genio criminal conocido como Grimm, elabora un brillante e infalible plan para asaltar el supuestamente inexpugnable Banco Central de Montreal. Ataviado de un disfraz de payaso, Grimm ingresa al banco y toma como rehenes a todas las personas que se encuentran en su interior. Lo que la gran mayoría de las víctimas del asalto y lo que la policía liderada por el Inspector Simon Labrosse (Jean-Pierre Marielle) no sospechan, es que el criminal cuenta con dos cómplices entre los rehenes: Georges, quien además de ser el mejor amigo de Grimm, es un tipo sumamente inseguro y torpe; y Lisa, quien pese a mantener una relación amorosa con Georges, está secretamente interesada en Grimm. Irónicamente, una vez que el trío logra eludir a la policía y escapar del banco con cerca de dos millones de dólares en efectivo, es entonces cuando comienzan los problemas. Al asedio incesante del Inspector Labrosse, quien intenta en vano descubrir la estratagema de los asaltantes antes de que estos abandonen Montreal, se suma la presencia de Lasky (Tex Konig), un viejo conocido de los criminales el cual una vez que descubre su plan, hace todo lo posible por arrebatarles el botín, y una serie de diversas desventuras en las que se ve envuelto un desafortunado chofer de taxi llamado Jeremie (Jacques Villeret), y el tan temido “factor humano” al cual Grimm responsabiliza constantemente de los fracasos de los grandes planes que él alguna vez puso en marcha. Con el tiempo y las probabilidades en su contra, Grimm y sus secuaces intentarán llegar al aeropuerto de Montreal antes de que su loca carrera termine en prisión.

 

“Hold-Up” es un film que intenta fusionar dos segmentos o subtramas claramente delimitadas, en una misma historia repleta de matices. El primero de estos segmentos presenta una marcada inclinación hacia la comedia, y funciona como la típica película de robos norteamericana, pero teñida por las influencias del cine francés. Es por este motivo que la primera mitad del film gira en torno a una grotesca parodia de un asalto a un banco, la cual se convierte en la lucha de ingenios entre Grimm, quien es retratado como un meticuloso y extravagante ladrón, y el Inspector Labrosse, quien no puede evitar perder el control cada vez que sostiene una conversación con el payaso que tiene como rehenes a los clientes de la prestigiosa entidad financiera. Una vez que la acción se traslada a los diversos rincones de la ciudad de Montreal que se encuentran entre el banco en cuestión y el aeropuerto al cual desean llegar los protagonistas, la cinta mezcla de manera algo caótica escenas de acción, dosis importantes de humor negro, e incluso algunos breves momentos dramáticos, los cuales en su mayoría hacen referencia a la relación existente entre el trío protagónico, en especial entre Grimm y Georges. Es a raíz de esto que durante la segunda mitad de la cinta es posible ver frenéticas persecuciones automovilísticas, breves pero memorables interacciones entre Grimm y Labrosse, y la inclusión de un taxista algo torpe que hará las veces tanto de víctima como de victimario del trío de ladrones.

Si hay algo que llama la atención durante la segunda mitad de la cinta, es la exploración de las diversas aristas de aquello que Grimm llama “el factor humano”. Según el experimentado ladrón, lo único que puede frustrar un buen plan es la estupidez propia del ser humano. En esta oportunidad, la codicia sin límites de Lasky, la inocencia cuasi infantil de Georges, el oportunismo de Jeremie, y la naturaleza caprichosa e impredecible de Lisa, son los principales ejemplos del tan temido “factor humano”. En el caso puntual de Lisa, ella en repetidas oportunidades le sugiere a Grimm que sería más conveniente para ambos huir juntos y dejar a Georges a merced de la policía, aun a sabiendas que el pobre Georges está perdidamente enamorado de ella. Esto de inmediato le otorga un cierto grado de ambigüedad a la historia, ya que por un lado el espectador desea ver triunfante al trío protagónico, pero por otra parte se sugiere que Lisa en cualquier momento puede traicionar a sus compañeros sin mayor remordimiento, cuya relación de amistad demuestra ser absolutamente inquebrantable. Lamentablemente, pese a que durante la segunda mitad del film se exhibe un puñado de buenas ideas, Arcady no logra plasmarlas con demasiado éxito, lo que provoca que la película caiga en una vorágine de frenética mediocridad, exenta de giros dramáticas realmente interesantes, lo cual intenta ser compensado por el director con la inclusión de numerosas escenas de riesgo y diversos cambios de escenario, que no hacen más que evidenciar lo frágil del plan de escape de los protagonistas.

 

En cuanto a las actuaciones, la totalidad del elenco realiza un trabajo que va desde lo meramente correcto hasta lo sencillamente brillante. Dentro de este abanico de interpretaciones, quien realmente se destaca es Jean-Paul Belmondo, quien no solo capitaliza de manera brillante su carisma natural, sino que además construye un personaje interesante que no se conforma con representar al estereotipo del genio criminal codicioso y calculador, sino que muy por el contrario, demuestra ser un tipo leal y preocupado por su amigo, el cual no solo rechaza los múltiples avances que le realiza Lisa, sino que también se muestra dispuesto a sacrificar el botín con tal de conservar la libertad de su viejo compañero. Guy Marchand por su parte, interpreta de buena manera a un personaje torpe, bien intencionado y plagado de sueños, mientras que Kim Cattrall cumple con lo justo con su rol de femme fatale, cuyo cambio de opinión final resulta ser demasiado errático e incomprensible como para otorgarle demasiada importancia. Por otro lado, en lo que respecta al aspecto técnico de la producción, al correcto trabajo de fotografía de Richard Ciupka, se suma la vibrante banda sonora del compositor Serge Franklin, cuya mezcla de ritmos propios del jazz, el blues y el country, la convierten en uno de los puntos altos de la cinta.

Cinco años más tarde del estreno de “Hold-Up”, el director y guionista Howard Franklin en compañía de Bill Murray, estrenarían su propia adaptación de la novela de Jay Cronley, la cual además de estar mejor ejecutada, presenta una serie de importantes diferencias con la cinta de Alexandre Arcady. Entre otras cosas, “Quick Change” (1990) no solo trasladaría la acción a la ciudad de Nueva York, sino que además la convertiría en parte del conflicto central de la historia, ya que las complicaciones que experimenta el protagonista interpretado por Bill Murray y sus compañeros de fechorías, están estrictamente ligados con el ritmo frenético característico de la ciudad norteamericana. El Grimm de Murray odia la ciudad y a sus habitantes, y ese es uno de los principales motivos que lo llevan a asaltar un banco junto a sus dos cómplices. Este pequeño detalle provoca que la segunda mitad de “Quick Change”, funcione de mucha mejor manera que los segundos cuarenta minutos del film de Arcady. Al mismo tiempo, la dinámica entre el trío protagónico es completamente diferente. Mientras que en “Hold-Up” Lisa es pareja de Georges, y es sin lugar a dudas la más ambiciosa y egoísta de los tres, en “Quick Change” el personaje interpretado por Geena Davis mantiene una complicada relación amorosa con Grimm, quien constantemente se muestra como un personaje sumamente ególatra que no puede ver más allá de su propia nariz. Más allá de las diferencias con su remake y de las falencias propias de un guión que decae de manera notable durante la segunda mitad, “Hold-Up” se alimenta del carisma de Belmondo, de la gran cantidad de diálogos ingeniosos escritos por Francis Veber, y de la habilidad de Arcady a la hora de filmar escenas visualmente atrayentes, para alzarse como una de las buenas comedias de acción francesa rodadas durante la década del ochenta.


por Fantomas.

miércoles, 18 de febrero de 2015

The Gauntlet: La aventura más explosiva y extravagante de Clint Eastwood.

“The Gauntlet” (1977), es un film de acción del director Clint Eastwood, el cual está protagonizado por el mismo Eastwood y Sondra Locke.

El policía originario de Phoenix, Ben Shockley (Clint Eastwood), ha estado por años esperando que le sea asignado un caso importante para potenciar su mediocre carrera. Es por esto que cuando le ordenan escoltar desde Las Vegas a Phoenix a “un testigo común para que participe en un juicio sin importancia”, no puede evitar sentirse algo decepcionado. Sin embargo, una serie de explosivas y peligrosas situaciones pronto le demostrarán lo equivocado que estaba con respecto a su nueva misión.

 

Tras el exitoso estreno de “The Enforcer” (1976), los estudios Warner comenzaron a presionar a Clint Eastwood para que se involucrara lo antes posible en un nuevo proyecto que le permitiera sacar provecho de su revitalizada carrera. En aquel entonces, el director Sam Peckinpah se encontraba trabajando en el proceso de pre-producción de un guión desarrollado por Dennis Shryack y Michael Butler, el cual había sido escrito con la intención de que Marlon Brando y Barbra Streisand lo protagonizaran. Eventualmente, Brando abandonó el proyecto y fue reemplazado por Steve McQueen, quien lamentablemente tras una serie de discusiones con quien sería su coprotagonista, también abandonó la producción. Esta serie de problemas pavimentaron la llegada de Eastwood, quien también asumiría el rol de director del film ante la dimisión de Peckinpah. Para sorpresa de los ejecutivos de los estudios Warner, Eastwood se negó a trabajar con Streisand por considerarla demasiado vieja para ser su coprotagonista, e insistió en que fuese contratada Sondra Locke, con quien mantenía una relación extramarital en aquella época Demás está decir que los ejecutivos del estudio no podían ocultar su preocupación ante la nueva situación de la producción. Y es que se habían destinado cinco millones de dólares de presupuesto para la cinta, bajo la premisa que sería protagonizada por dos estrellas de la talla de Eastwood y Streisand, y no por el actor y una actriz de escasa trayectoria y popularidad. Pese a esto, apoyaron cada una de las decisiones del director, quien además incluyó una gran cantidad de violencia que no estaba concebida originalmente en el guión de Shryack y Butler.

En “The Gauntlet”, al oficial de policía Ben Shockley se le asigna la tarea de buscar y escoltar a una prostituta llamada Gus Mally (Sondra Locke) desde Las Vegas hasta Phoenix, para que participe como testigo en un juicio contra un jefe de la mafia. A raíz de la importancia de su testimonio y de las consecuencias que este puede tener para una serie de personajes influyentes y corruptos, la mafia se propone hacer todo lo posible para asegurarse que Shockley y Mally jamás lleguen a Phoenix con vida. De hecho, es tanta la atención que obtiene la chica y su protector designado, que incluso se han abierto apuestas en la llamada ciudad del pecado en relación a las probabilidades de supervivencia que tiene la improvisada dupla. Decidido a cambiar su mala fortuna, Shockley acepta el desafío de proteger a la chica, aun a sabiendas de las mortales consecuencias que puede tener su decisión. Una vez que ambos emprenden la ruta hacia su destino final, se ven enfrentados a la incesante amenaza de los miembros de la mafia, a una pandilla de motociclistas, e incluso a la misma fuerza policial de los estados de Nevada y Arizona. Es a raíz de todo esto que si desean llegar a Phoenix sanos y salvos, Shockley y Mally deberán formar un lazo de confianza y respeto que les permita trabajar como equipo, antes de que sus diferencias, los fantasmas de su pasado, y las miles de balas que son disparadas hacia su dirección terminen con sus ambiciones, sus anhelos y con su vida.

 

A diferencia de Harry Callahan, uno de los personajes más icónicos de Eastwood, quien suele ser recordado por su afición a la violencia, su escaso respeto por sus superiores, y por su indiscutible efectividad a la hora de acabar con cuanto criminal se cruce en su camino, el protagonista de “The Gauntlet” es un policía fracasado, con un marcado gusto por el alcohol, el cual resulta ser tan incompetente que sus jefes corruptos le asignan la tarea de recoger a una testigo clave a quien planean asesinar, antes de que ella logre atestiguar y los conecte con el crimen organizado. Por su parte, la testigo en cuestión también resulta ser un personaje marginal; Gus Mally es una prostituta cuya vida es un completo desastre, la cual paradójicamente posee educación universitaria, la que se refleja en múltiples oportunidades en las cuales demuestra ser intelectualmente más aguda que Shockley. Como gran parte de las películas en las que una dupla aparentemente incompatible se ve obligada a compartir un largo viaje en vehículo, durante su peligrosa travesía, Shockley y Gus discuten incesantemente hasta que no solo descubren las virtudes del otro, sino que además se ven expuestos a la promesa de una renovación personal si es que logran sobrevivir a los múltiples intentos de homicidio que constituyen la trama central.

“The Gauntlet” básicamente se constituye por un puñado de espectaculares escenas de acción, cada una de las cuales busca dramatizar los diversos intentos de asesinatos a los que se ven expuestos los protagonistas. Los ejemplos más importantes de esto son la escena en la cual Shockley y Gus están atrapados al interior de una cabaña debido al asedio de decenas de policías; la escena en la cual el auto en el que se trasladan los protagonistas es perseguido por un helicóptero a través de un camino montañoso; y la famosa escena final, en la que la dupla protagónica utiliza un autobús blindado para llegar a su ansiado destino, el cual está custodiado por cientos de policías fuertemente armados con ametralladoras y escopetas. La primera y la tercera escena antes mencionadas, están marcadas por una exageración deliberada de la violencia, que resulta ser tan espectacular como caricaturesca. De hecho, aun cuando la cabaña que es rodeada por la policía recibe una cantidad tal de municiones que eventualmente termina colapsando, Shockley logra escapar completamente ileso del lugar. Más increíble aún resulta ser la secuencia del autobús, ya que previo a su llegada a Phoenix, es el mismo Shockley el que se encarga de darle a los policías corruptos un mapa de la ruta que tomará una vez que entre a la ciudad en su intento por llegar al ayuntamiento. Si bien algunos estudiosos han planteado que tanto las características del protagonista, como las increíbles situaciones en las que este se ve envuelto y de las cuales termina alzándose victorioso, conjugan en un mismo personaje al arquetipo del héroe y del antihéroe, y el mito que rodea a la figura de Eastwood y la desconstrucción del mismo, la verdad parece ser mucho más sencilla y decepcionante. Al final del día, las secuencias antes mencionadas no hacen más que reflejar el sin sentido que por momentos domina al film, y una falta de verdadero interés por parte de Eastwood por un proyecto que no parece elevarse más allá de una mera obligación contractual.

 

Si bien resulta curioso e interesante que el film presente a Eastwood interpretando a un policía decididamente estúpido y abatido por su propia frustración, lamentablemente el personaje carece de múltiples capas que permitan un desarrollo satisfactorio de su personalidad. Y es que la dirección de Eastwood de sí mismo deja bastante que desear, ya que más allá del carisma innegable del actor, en diversas oportunidades pareciera que su actuación la está desarrollando en piloto automático. Afortunadamente esto no sucede con el resto del elenco participante, entre los que se destacan Pat Hingle, quien interpreta al colega y único amigo de Shockley; William Prince y Michael Cavanaugh, quienes personifican de manera bastante efectiva a los villanos de turno; y por último Sondra Locke, quien en esta oportunidad demuestra sus habilidades como actriz, interpretando a quien se convierte en el personaje más interesante de una cinta plagada de personajes genéricos y algo aburridos. Entre otras cosas, Locke logra otorgarle un grado palpable de profundidad a Gus Mally, y logra expresar con éxito su impotencia y su dolor cuando para salvar de una golpiza a Shockley, se ofrece como carnada a un trío de motociclistas que intentan abusar de ella. En cuanto al aspecto técnico de la producción, esta cuenta con el correcto trabajo de fotografía de Rexford L. Metz, y con la efectiva y vibrante banda sonora del compositor Jerry Fielding, la cual termina siendo uno de los puntos más altos de la película.

“The Gauntlet” es una película que por momentos no parece tener otro propósito más que reunir escenas de acción sin demasiada lógica. En ese sentido, Eastwood demuestra tener un domino envidiable a la hora de escenificar piezas de acción que en esta oportunidad, no solo son espectaculares, sino que además son extravagantes y poseedoras de un particular humor negro. Aun cuando el concepto que le da vida al film presenta algunos puntos de interés, la ejecución del mismo es deficiente ya que no logra generar la tensión suficiente como para que el espectador se vea realmente envuelto en la trama. Al mismo tiempo, la historia resulta ser demasiado predecible ya que no solo los villanos son identificados por el espectador a los pocos minutos de comenzada la película, sino porque además el resultado final de la peligrosa aventura de los protagonistas nunca es puesto en duda. Pese a todas sus falencias, “The Gauntlet” logró recaudar más de 100 millones de dólares a nivel mundial, convirtiéndose en un nuevo triunfo para Eastwood quien más allá de las cámaras y de Hollywood, comenzaría a experimentar ciertos problemas en su vida privada, específicamente con su mujer de aquel entonces, Margaret Neville Johnson, por la tortuosa relación que el actor mantenía con Sondra Locke, quien dicho sea de paso también estaba casada. “The Gauntlet” bien podría considerarse como un traspié en la carrera de Eastwood, cuyo concepto básico sería replicado en diversas ocasiones durante el transcurso de los años, siendo “16 Blocks” (2006) del director Richard Donner probablemente el mejor ejemplo del mismo.


por Fantomas.

jueves, 5 de febrero de 2015

The Holcroft Covenant: Ludlum, Frankenheimer, Caine y los nazis.

“The Holcroft Covenant” (1985), es un thriller del director John Frankenheimer, el cual está protagonizado por Michael Caine, Anthony Andrews y Victoria Tennant.

Noel Holcroft (Michael Caine) es un arquitecto neoyorkino que recibe una inesperada herencia de su padre, un antiguo general nazi: 4 billones de dólares en fondos robados al tercer Reich, los cuales supuestamente deben ser utilizados para reparar el daño realizado por el ejército nazi. Cuando intenta averiguar la misteriosa historia que esconde el tesoro, Holcroft se ve enfrentado a una aventura palpitante en la que acabará siendo el único hombre capaz de abortar la escalofriante e inexorable amenaza del resurgimiento de un omnipotente cuarto Reich.

 

Tras ser publicado en 1978, el complejo thriller del escritor Robert Ludlum titulado “The Holcroft Covenant”, se convirtió rápidamente en un bestseller internacional. Esto llevó a los productores Edie y Ely Landau a adquirir los derechos de dicha novela, cuya adaptación inicial estuvo a cargo de los guionistas Edward Anhalt y John Hopkins. Cuando el aclamado director John Frankenheimer se sumó al proyecto, este reclutó al guionista George Axelrod, con quien había trabajado previamente en el thriller político “The Manchurian Candidate” (1962), para arreglar ciertos aspectos del guión original. Para sorpresa de Frankenheimer, a su llegada el actor norteamericano James Caan ya había sido contratado para interpretar el rol protagónico, lo que eventualmente le trajo una serie de problemas a la producción. Según declararía el mismo director a la revista Films and Filming en 1985: “Él (Caan) no debería haber sido contratado. Pasaron tres cosas al mismo tiempo. Primero, su elección fue un error. Segundo, él estaba alterado emocionalmente en aquel entonces. Tercero, él había estado teniendo disputas con los productores durante meses y yo no sabía eso. Estas tres cosas se fusionaron y generaron una situación con la que no se podía trabajar”. A raíz de todo esto, Caan se desligó del proyecto cuando este estaba entrando al proceso de producción, lo que obligó al director a comenzar el rodaje sin un protagonista, o de lo contrario la película iba a colapsar. Rápidamente, Frankenheimer le envió el guión a Michael Caine, quien acababa de terminar de filmar la comedia “Water in June” (1984). Pese a que el actor estaba por tomarse un pequeño receso, este aceptó participar la producción salvándola de su cancelación inminente.

Si bien el guión de “The Holcroft Covenant” se aleja bastante de algunos aspectos de la novela, este mantiene gran parte de la premisa básica intacta: Noel Holcroft se entera a través de un enigmático banquero suizo (Michael Lonsdale) que su padre, un reconocido General Nazi, le dejó una fortuna de 4 billones de dólares, la cual debe ser utilizada para reparar los horribles crímenes del ejército Nazi. Dicho dinero es el resultado de un pacto realizado entre el padre de Holcroft y otros dos oficiales nazis, quienes supuestamente le dieron la espalda a Hitler durante los últimos días de la guerra, con la esperanza que sus hijos pudieran vivir en un mundo mejor. Los términos del pacto dictan que Holcroft debe localizar a los primogénitos de los otros dos oficiales, quienes se encuentran ocultos en diversas partes del globo, para así poder acceder a la impresionante suma de dinero, de la cual él será el único administrador. Una vez que las piezas entran en movimiento, Holcroft se ve involucrado en diversos intentos de asesinato, viajes alrededor de Europa, y una enrevesada trama de espionaje y traición, en la cual su principal aliada será Helden von Tiebolt (Victoria Tennant), la hija mejor de uno de los oficiales que participaron en el misterioso pacto. Con el tiempo en contra y con un montón de gente que desea verlo muerto, Holcroft tendrá que descubrir en quien confiar y que es lo que se esconde tras la peculiar herencia de su padre, antes de que sea demasiado tarde.

 

Más allá de su popularidad, es sabido que “The Holcroft Covenant” no es precisamente uno de los mejores trabajos del escritor Robert Ludlum, en gran medida porque la trama resulta algo densa y está desarrollada de manera torpe. Debido a esto, es justo argumentar que gran cantidad de los cambios realizados por el equipo de guionistas apuntaban a simplificar la historia, lo que pese a sus buenas intenciones no lograron del todo. Por ejemplo, el extenso periplo por Sudamérica que algunos de los protagonistas realizan en la novela fue eliminado por completo, limitando la acción a la ciudad de Nueva York y a diversos puntos de Europa; las numerosas facciones que buscan adueñarse del dinero en el escrito original, fueron reducidas de manera considerable en el film (aunque de todas formas por momentos resulta complicado identificar quien trabaja para quien); y por último, una compleja subtrama que involucraba a un asesino internacional fue obviada por considerarse innecesaria. Como se menciona anteriormente, pese a todos estos cambios, el guión de George Axelrod y compañía dejan una serie de cabos sueltos que no solo dificultan la completa comprensión de la trama, sino que además terminan restándole credibilidad a la misma. Probablemente lo que resulta más molesto, es que nunca queda claro quien desea asesinar a Holcroft, ya que a medida que avanza la trama, los diversos personajes que van apareciendo a lo largo de la peligrosa aventura del protagonista, parecen compartir el interés por que este firme el mentado acuerdo, ya sea para hacerse con el dinero o para obtener un misterioso documento que revelaría elementos importantes del plan nazi.

Aun cuando la unidimensionalidad ronda entre los personajes de la película, dentro de la diversa galería de participantes de esta peculiar búsqueda del tesoro, hay algunos que se destacan como por ejemplo el Comandante Leighton (Bernard Hepton), quien inicialmente se presenta como parte de los servicios de inteligencia británicos, y cuyo objetivo primordial pareciera ser que todos los interesados en el dinero se eliminen entre sí. La razón principal por la cual este misterioso agente se convierte en uno de los personajes más interesantes del film, es debido a su cuasi omnipresencia y a su sarcasmo constante. Diálogos como: “La suposición, señor Holcroft, es, como dicen en mi profesión, la madre de los errores” o “Debemos movernos. Este lugar está repleto de todo tipo de monstruos, muchos de los cuales trabajan para mí”, explican porque Leighton termina adquiriendo un protagonismo impensado en algunos pasajes de la cinta. Otro de los personajes interesantes es Johann von Tiebolt, uno de los hijos de los infames generales nazis, quien pese a presentarse inicialmente como aliado de Noel Holcroft, eventualmente exhibe un lado bastante oscuro y algunas inclinaciones definitivamente obscenas. Por último, también resulta necesario mencionar a Althene Holcroft (Lilli Palmer), la madre del protagonista cuyo odio hacia su fallecido marido, la impulsa a tratar de convencer a su hijo que no se involucre con el dinero acuñado por los nazis, y Oberst (Richard Münch), un siniestro hombre que asegura presidir una organización que busca subsanar el daño provocado por los nazis, y que maneja más información de lo que aparenta.

 

En cuanto al protagonista, afortunadamente el Holcroft de Caine es bastante menos molesto que su contraparte literaria, ya que en general prefiere participar activamente en la solución de la peculiar situación en la que se ve involucrado, en vez de perder el tiempo quejándose de su mala suerte. Al mismo tiempo, el actor exhibe una química innegable con el personaje interpretado por Victoria Tennant, lo que ayuda a otorgarle un cierto grado de credibilidad a la súbita relación amorosa que ambos entablan. Si bien es cierto que Caine realiza un buen trabajo interpretando a Holcroft, la verdad es que dista de ser uno de sus personajes más memorables, básicamente por su inescapable unidimensionalidad. Según diversas fuentes, más allá del dinero y de la posibilidad de rodar en diversos países, la razón por la cual el actor británico aceptó protagonizar “The Holcroft Covenant”, tiene relación con la figura de John Frankenheimer, director a quien Caine admiraba abiertamente. En relación al director, mientras que este demuestra su experiencia en varios pasajes del film, ya sea imprimiéndole un ritmo narrativo dinámico a la historia o haciendo uso de un interesante juego de cámaras, responsable de la atmósfera opresiva de la cinta, también comete una serie de errores cuestionables que no aportan demasiado a la trama, como por ejemplo la prolongación innecesaria de la infame escena de la Love Parade en Berlín, cuyo objetivo central solo pareciera ser incluir unos cuantos desnudos gratuitos en el film. Por otro lado, el trabajo de fotografía de Gerry Fisher resulta ser correcto, mientras que la banda sonora compuesta por Stanislas Syrewicz complementa de buena manera la sordidez y la tensión que por momentos domina la historia.

Si bien el film contiene gran parte de los elementos característicos de los trabajos de Robert Ludlum, como por ejemplo una intriga internacional, diversas locaciones europeas, persecuciones, traiciones, balaceras, sexo, violencia, y numerosas vueltas de tuerca, este no logró los resultados esperados y solo recaudó aproximadamente 400.000 dólares en los Estados Unidos. Si bien Frankenheimer logra con relativo éxito capturar la atención del espectador durante gran parte del metraje, a fin de cuentas “The Holcroft Covenant” puede considerarse como un producto fallido, el cual no logra comprimir una novela de suspenso de 500 páginas dentro de una historia coherente de dos horas de duración. Y es que muchos de los diálogos son sencillamente olvidables o carecen de demasiado sentido, lo que le dificulta aún más la tarea a un espectador que intenta no perderse entre los numerosos giros dramáticos del film. Al mismo tiempo, los intentos por inyectarles vida a los diversos personajes unidimensionales que desfilan a lo largo de este complejo thriller, son demasiados escasos como para tener algún efecto tangible en la trama. Pese a todo lo antes mencionado, “The Holcroft Covenant” se ve beneficiado del buen trabajo del elenco participante, y de los breves pero significativos destellos de brillantez de Frankenheimer, lo que en conjunto apela a la capacidad del espectador de obviar determinados detalles y lo inverosímil que por momentos resulta la historia.


por Fantomas.

jueves, 8 de enero de 2015

The Enforcer: Harry Callahan versus el feminismo... y un grupo de terroristas.

“The Enforcer” (1976), es un film de acción del director James Fargo, el cual está protagonizado por Clint Eastwood, Tyne Daly y Bradford Tillman.

En esta oportunidad, al Inspector Harry Callahan (Clint Eastwood) se le asigna la captura de un grupo terrorista autodenominado “Fuerza de Acción Revolucionaria del Pueblo”, el cual ha estado amenazando a la ciudad de San Francisco durante el último tiempo. Lamentablemente para Callahan, el Departamento de Policía también le ha asignado a un nuevo compañero con el que no está muy entusiasmado; una novata llamada Kate Moore (Tyne Daly), la cual se verá enfrentada a los terroristas y al complicado carácter del implacable Inspector.

 

Tras el éxito comercial de “Dirty Harry” (1971) y de su secuela “Magnum Force” (1973), los estudios Warner Brothers rápidamente intentaron seguir capitalizando la popularidad del peculiar Inspector interpretado por Clint Eastwood. El primer guión de lo que posteriormente se convertiría en “The Enforcer”, fue escrito en 1974 por dos estudiantes de cine llamados Gail Morgan Hickman y S. W. Schurr, quienes inspirados por las dos primeras entradas de la saga y por el secuestro de la nieta del magnate de las comunicaciones, William Randolph Hearst, ocurrido en 1974, le dieron vida a una historia titulada “Moving Target”. Al mismo tiempo, al interior de la Warner el escritor Stirling Silliphant estaba desarrollando un guión titulado “Dirty Harry and More”, en el cual el Inspector Callahan se veía enfrentado a la asignación de una nueva compañera de raíces asiáticas llamada More. Una vez que Eastwood tuvo acceso a ambos guiones, le pidió a Silliphant que integrara la idea de la compañera en la historia escrita por Hickman y Schurr, y posteriormente le pidió a Dean Riesner, quien había trabajado en los guiones de “Dirty Harry” y “Coogan´s Bluff” (1968), que le diera los toques finales al guión escrito por Silliphant. Por otro lado, para el papel de la compañera del protagonista fue contratada Tyne Daly, quien previamente había rechazado el rol en tres ocasiones por considerar que el personaje de Kate Moore era tratado de manera despectiva en ciertos pasajes del film. Sin embargo, una vez que se le permitió intervenir en la construcción de su personaje, la actriz finalmente aceptó participar en la cinta. Por último, cabe mencionar que si bien Eastwood pretendía dirigir “The Enforcer”, este tuvo que ser reemplazado por James Fargo luego que el actor tuviera que encargarse de la dirección de la película “The Outlaw Josey Wales” (1976), una vez que el director Philip Kaufman fue despedido por sus constantes discusiones con Eastwood.

En “The Enforcer”, tal como sucedió en Italia con las Brigadas Rojas y en la antigua Alemania Occidental con la llamada Banda Baader-Meinhof, un grupo de terroristas de extrema izquierda que se hace llamar “Fuerza de Acción Revolucionaria del Pueblo”, está causando estragos en la ciudad de San Francisco. Entre sus demandas al Ayuntamiento, se encuentra el pago de millones de dólares, o de lo contrario continuarán realizando atentados en contra de ciudadanos inocentes. En el intertanto, tras frustrar un robo y una situación de secuestro de una manera poco ortodoxa, el Inspector Harry Callahan una vez más es reprimido por sus superiores por la utilización excesiva de fuerza, razón por la cual es retirado temporalmente del Departamento de Homicidios como castigo. Ante la falta de opciones y el calibre de la nueva amenaza que se cierne sobre la ciudad, el Capitán McKay (Bradford Tillman) no tiene más opción que restituir a Callahan, aunque en compañía de Kate Moore, una Inspectora novata sin ninguna experiencia en este tipo de situaciones, cuya inclusión en el caso solo busca demostrarle a los medios de comunicación que el Departamento de Policía de San Francisco está realizando cambios a favor de la inclusión de agentes femeninos entre sus fuerzas. Con el tiempo en contra, Callahan y Moore tendrán que lidiar con la estupidez de sus superiores, con Ed Mustapha (Albert Popwell), el líder de un grupo extremista de militancia afroamericana que parece tener una conexión con los terroristas, y con sus propios prejuicios, en su camino por capturar a quienes se han convertido en los criminales más buscados de la ciudad.

 

Tanto “Dirty Harry” como “Magnum Force” indirectamente planteaban una interrogante de alcances cuasi filosóficos, la cual estaba estrechamente relacionada con el comportamiento del protagonista: ¿Estaban esas películas glorificando el comportamiento de un policía que estaba actuando como juez, jurado y ejecutor? Con la intención de alejarse de las críticas que se habían generado a partir de esa noción, en “The Enforcer” no solo los asesinatos que comete Callahan están en su mayoría justificados en nombre de la defensa personal, sino que además el núcleo de la historia gira en torno de la relación que se establece entre el protagonista y su nueva compañera. En gran medida, Harry Callahan puede ser considerado como un verdadero símbolo del conservadurismo. Y es que no solo pone en ridículo las reformas modernistas que la ciudad de San Francisco está intentando llevar a cabo, y que tienen relación con el empoderamiento de las mujeres dentro de las fuerzas del orden, sino que además durante gran parte del film exhibe un comportamiento misógino, el cual se acentúa cuando empieza a interactuar con Kate Moore, a quien ve como el mero producto de un capricho del Alcalde la ciudad. Para su sorpresa, Moore resulta ser una mujer con opinión propia, capaz de realizar observaciones inteligentes, deseosa de aprender de la experiencia de Callahan, y que prácticamente no realiza aquello que el protagonista considera que son las típicas “estupideces femeninas”.

A raíz de esto, a medida que transcurre la historia y que la relación entre ambos goza de un mayor desarrollo, se revela que la misoginia de Callahan en parte no es más que una máscara con la que oculta su frustración por haber perdido a varios compañeros, y que existe una evidente tensión sexual entre ambos aun cuando ninguno de los dos se atreva a reconocerlo. Todo esto desemboca en el hecho de que “The Enforcer” termina siendo un film algo más liviano que sus predecesores, aun cuando todas las entradas de la saga intentan establecer un equilibrio entre la violencia y el humor negro, donde gran parte de la comedía radica en la lacónica calma expresada por Callahan ante el rostro del caos. Más allá de la variante temática que presenta la cinta, “The Enforcer” sigue prácticamente la misma rutina que las anteriores entradas de la saga, lo que inevitablemente provoca que su desarrollo resulte algo predecible. Lo que quizás es aún peor, es que el hecho de enfrentar al personaje de Eastwood contra un grupo de terroristas, no ayuda a que el film se desmarque de forma significativa del resto de las incursiones cinematográficas de Harry Callahan. Tampoco ayuda demasiado que existan segmentos de la película en los que la trama concerniente a los terroristas sea prácticamente olvidada, ni que estos se conviertan en personajes caricaturescos a los cuales resulta complicado tomar en serio.

 

En el ámbito de las actuaciones, aun cuando Clint Eastwood fue nombrado como “el peor actor del año” por la publicación humorística “Harvard Lampoon”, la verdad es que el actor no solo realiza un buen trabajo humanizando a un personaje que por momentos no puede evitar caer en la unidimensionalidad, sino que además proyecta con éxito las convicciones y las lealtades de Callahan sin la necesidad de utilizar demasiadas palabras. Al mismo tiempo, Eastwood exhibe una química innegable con Tyne Daly, quien interpreta de buena manera a una mujer que desea ganar un espacio en un mundo dominado por los hombres, objetivo que eventualmente logra con bastante esfuerzo y una cuota de humor. Por otro lado, en lo referente al aspecto técnico de la película, es necesario destacar la efectiva y atmosférica banda sonora del compositor Jerry Fielding, la cual mezcla piezas que presentan elementos más propios del jazz y del funk, con otras más reflexivas y emotivas, como por ejemplo aquella que es utilizada cuando Callahan presencia la agónica muerte de su viejo amigo y compañero Frank DiGiorgio (John Mitchum). También cabe destacar el trabajo de cámara de James Fargo, el cual le imprime a la cinta un ritmo enérgico y dinámico, que propicia que el espectador no le dé demasiada importancia a las deficiencias de un guión bastante esquemático.

Al momento de su estreno, “The Enforcer” resultó ser todo un éxito de taquilla, aun pese a ser criticada por su exceso de violencia. La verdad es que más allá de las posibles falencias de la producción, sin lugar a dudas el principal problema que presenta “The Enforcer” es lo poco interesantes que resultan ser los antagonistas, cuya presencia incluso interrumpe el flujo narrativo logrado por el director. Ni siquiera en la secuencia final, la cual se desarrolla en Alcatraz y que dicho sea de paso es por lejos la más violenta de todo el film, los miembros del grupo terrorista se convierten en personajes medianamente interesantes, como si sucede con el maniático asesino serial Scorpio en “Dirty Harry”, o con el grupo de policías corruptos en “Magnum Force”. Pese a eso, “The Enforcer” tiene el mérito de ser la entrada de la saga que mejor maneja el equilibrio entre la acción y el humor, en especial una vez que Callahan se muestra algo más vulnerable y es posible presenciar su incómoda interacción con Kate Moore. Curiosamente, “The Enforcer” originalmente fue concebida como la última entrada de la que iba a ser una trilogía de films sobre Harry Callahan. Sin embargo, en el año 1983, los estudios Warner realizaron una encuesta que eventualmente dio pie a la producción de una cuarta entrada titulada “Sudden Impact” (1983), la cual contaría con Eastwood como director, y que sería parte del trato que el actor hizo con el estudio a cambio de volver a interpretar al duro Inspector de policía, el cual consistía en la cesión de una mayor libertad creativa en sus futuros proyectos como director al interior de la Warner.


por Fantomas.

viernes, 2 de enero de 2015

The Last Starfighter: Bienvenido guerrero estelar a la batalla contra la Armada Ko-Dan.

“The Last Starfighter” (1984), es un film de ciencia ficción del director Nick Castle, el cual está protagonizado por Lance Guest, Dan O´Herlihy y Catherine Mary Stewart.

Alex Rogan (Lance Guest) es un adolescente que escapa de su monótona rutina jugando a un videojuego llamado Starfighter. Su habilidad y tenacidad atraen a un amable extranjero llamado Centauri (Robert Preston), que en verdad resulta ser un extraterrestre. Sin previo aviso, Alex es transportado hasta un lugar lejano de la galaxia, para participar en un escuadrón intergaláctico cuya misión es detener a un ejército alienígena que pretende conquistar toda la galaxia.

 

El éxito del film “Star Wars” (1977) no solo tuvo un gran impacto en el cine de ciencia ficción de la década de los ochenta desde el punto de vista temático y estético, sino que también generó un creciente interés por parte del público y la industria hollywoodense por el género. Por este motivo, durante los años subsiguientes a su estreno, surgieron numerosos clones de la obra de George Lucas, cuyo principal objetivo era sacarle el máximo provecho a esta nueva fiebre por el cine de ciencia ficción. Es precisamente dentro de este grupo de producciones que se encuentra “The Last Starfighter”, cinta dirigida por Nick Castle y escrita por Jonathan R. Betuel. Sin embargo, el popular clásico de la ciencia ficción no sería la única fuente de inspiración del film de Castle. Para 1984, Norteamérica ya llevaba algunos años experimentado el auge de la llamada “Cultura del Videojuego”, la cual nació en 1978 tras el éxito del juego “Space Invaders”. La fascinación experimentada por jóvenes y adultos con las entonces novedosas máquinas de videojuegos, sería en gran medida la razón por la cual la industria hollywoodense eventualmente fijaría su mirada en este nuevo movimiento, y consideraría la posibilidad de utilizar computadoras cada vez más avanzadas para confeccionar nuevas aventuras cinematográficas. Fue así como junto a “TRON” (1982), “The Last Starfighter” se convirtió en una de las primeras películas en utilizar gráficos generados por computadora (CGI) como parte de sus efectos especiales, los cuales en el caso del film de Castle, buscaban recrear diversas naves espaciales y algunos de los increíbles escenarios en los que transcurre la historia.

En “The Last Starfighter”, Alex Rogan es un adolescente que sueña con hacer algo más con su vida que solo reparar cosas en el parque de remolques en el cual reside. Para empezar, desea ir a la universidad, pasar más tiempo con su novia Maggie (Catherine Mary Stewart), y escapar de la aburrida rutina de la vida pueblerina. Con el fin de abstraerse de su entorno y de sus problemas, Alex se dedica a jugar un videojuego llamado “Starfighter”, cuya experticia en el mismo le ha valido obtener el estatus de pequeña celebridad entre sus vecinos. Una noche, tras recibir una mala noticia, Alex supera el puntaje máximo del videojuego, ganándose no solo la adoración de sus vecinos y familiares, sino que también del desarrollador del juego, un extraño hombre llamado Centauri, quien de improviso aparece en el hogar del adolescente. Es así como Alex no tarda en enterarse de que ni Centauri ni el juego son de este planeta. De hecho, el juego fue diseñado como una prueba de habilidad cuya única finalidad es reclutar a los mejores pilotos estelares de la galaxia, para que se unan a los esfuerzos de la Liga Estelar por defender la Frontera del rebelde Xur (Norman Snow) y de la venerable Armada Ko-Dan. Aunque en un principio Alex se niega a convertirse en uno de los guerreros de la Liga Estelar, diversas circunstancias lo obligan a reconsiderar sus opciones y a embarcarse en una lucha desesperada a bordo de una nave de combate en compañía de un alienígena llamado Grig (Dan O´Herlihy).

 

Evidentemente, las similitudes entre “The Last Starfighter” y el popular universo creado por George Lucas son numerosas. Por ejemplo, Alex Rogan al igual que Luke Skywalker, pasa de ser un adolescente asentado en un punto lejano y prácticamente olvidado por el resto de la sociedad, a ser la única esperanza de la galaxia en su batalla contra una poderosa fuerza militar alienígena. Al mismo tiempo, ambos se ven influenciados por un personaje que hace las veces de figura paterna, la cual en este caso es encarnada por Centauri, a la hora de tomar una decisión que marcará el resto de sus vidas. Más allá de una falta de originalidad que afortunadamente no afecta el resultado final, el gran mérito del director Nick Castle en “The Last Starfighter” es su capacidad de hacer palpable la pasión puesta en el film y en sus personajes, lo cual permite que el espectador participe activamente alentando al protagonista y a sus amigos en su aventura interplanetaria. En gran medida, son los protagonistas los que convierten al film en algo memorable; no solo se trata de personajes cándidos y honestos que rápidamente despiertan la empatía del espectador, sino que además el hecho de que sean poseedores de problemas, esperanzas y sueños, evita que se conviertan en meros arquetipos y pasen a ser personajes con los cuales es sencillo identificarse, provocando que la audiencia realmente se interese en el posible resultado de la increíble aventura en la cual se han visto envueltos de manera accidental.

Como se menciona anteriormente, uno de los motivos por los cuales “The Last Starfighter” se distinguió en su momento, fue por el uso de innovadores efectos especiales generados por computadora (CGI), lo cual ya había sido realizado con anterioridad por el director Steven Lisberger en el film “TRON” con bastante éxito. A diferencia de “TRON”, donde se utilizó CGI para recrear el mundo electrónico de las computadoras, en “The Last Starfighter” Nick Castle quiso utilizar esta nueva herramienta para recrear el espacio y diversos vehículos espaciales entre los que se destaca la nave de combate Gunstar, utilizada por el protagonista en su batalla contra la Armada Ko-Dan. De esta forma, el director estaba convencido de que podría distanciarse de lo visto a nivel de efectos especiales en los films de George Lucas, otorgándole a su obra la oportunidad de brillar por méritos propios. Para lograr dicho objetivo, fue contratada la empresa Digital Productions, la cual en el último tiempo había estado tratando de crear efectos CGI lo más realistas posibles mediante la utilización de la supercomputadora Cray X-MP, cuyo valor era de aproximadamente 15 millones de dólares y cuyo peso era de 15.000 toneladas. Lamentablemente para los involucrados en la producción, la tecnología de aquel entonces funcionaba a una velocidad bastante lenta pese al increíble tamaño de la computadora, por lo que el tiempo establecido inicialmente para crear los modelos tridimensionales resultó ser insuficiente. Las presiones del estudio terminaron por obligar al director a simplificar los efectos visuales, lo que de todas formas no impidió que la supercomputadora en varias ocasiones amenazara con descomponerse a causa del exceso de trabajo al cual estaba siendo sometida.

 

En el campo de las actuaciones, el elenco en general realiza un estupendo trabajo. Lance Guest personifica de gran manera a un adolescente que busca su lugar en el mundo, lo cual se vuelve una tarea mucho más compleja cuando descubre que la beca a la cual había postulado para ingresar a la universidad fue rechazada. Igual de destacable resulta ser su interpretación de Beta, un androide capaz de imitar las características físicas de Alex, el cual es dejado en la Tierra para cubrir la ausencia momentánea del protagonista. Especialmente divertido resulta ser su proceso de adaptación al comportamiento terrícola, y sus desacuerdos con Maggie quien es incapaz de darse cuenta que el joven que ahora la acompaña no es realmente su novio. También es necesario destacar la actuación de Dan O´Herlihy, que interpreta al amigable compañero de combate de Alex, y a Robert Preston, cuya interpretación de Centauri se asemeja bastante a su papel del “Profesor” Harold Hill en la cinta “The Music Man” (1962). En cuanto al aspecto técnico de la producción, la banda sonora compuesta por Craig Safan aparece como uno de los puntos altos del film, ya que resulta ser energizante y edificante por partes iguales. Otro de los elementos destacables de la cinta es el diseño de producción de Ron Cobb, quien previamente había creado diversos diseños para las películas “Star Wars” y “Alien” (1979), entre otras. Teniendo en cuenta sus trabajos anteriores, no resulta extraño que la nave de combate Gunstar, que sin lugar a dudas se convierte en el símbolo más recordado del film, guarde un innegable parecido con el X-Wing de “Star Wars”.

Aun cuando los efectos especiales que presenta la película hoy en día pueden parecer algo primitivos, mantienen un encanto que encaja perfectamente con el tono de la historia, y lo que es más importante, continúan siendo memorables por aquello que representan. Resulta innegable que “The Last Starfighter” causó un impacto en la industria cinematográfica de la década del ochenta, el cual se extendió durante parte de los años noventa. Desde el estreno del film de Nick Castle, el constante avance tecnológico ha permitido la creación de efectos visuales que ostentan una perfección impensada, los cuales han servido para que diversos directores plasmen en la pantalla grande sus más alocadas fantasías de manera realista. Lo que es verdaderamente increíble con respecto a “The Last Starfighter”, es que no solo se trató de un vehículo de prueba para lo que posteriormente sería la utilización de efectos visuales generados por computadora en el cine, sino el hecho de que el principal objetivo del director siempre fue relatar una historia dominada por un cierto grado de ingenuidad y ternura, donde los efectos especiales están al servicio de la misma. Es gracias a eso que pese al paso de los años, la cinta ha sabido superar su falta de originalidad y lo anticuado de sus efectos especiales, para convertirse en una obra memorable dentro del género de la ciencia ficción, cuya principal virtud es reforzar la idea de que nada es imposible en la medida que nosotros seamos capaces de seguir nuestros sueños sin importar lo increíbles que parezcan.


por Fantomas.
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