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lunes, 16 de enero de 2017

Saul Bass: El diseñador que convirtió las secuencias de créditos en una forma de arte.


Saul Bass nació el 8 de Mayo de 1920, en el barrio del Bronx de la ciudad de Nueva York. Criado en el seno de una familia rusa/judía que inmigró a los Estados Unidos en 1907, Bass demostraría a muy corta edad su interés por el dibujo y el arte comercial exhibido en las calles del Bronx, en especial por los afiches de películas, los carteles de diversas tiendas comerciales, y los anuncios publicados en los periódicos. Afortunadamente, sus padres, Aaron y Pauline Bass, quienes se desempeñaban como dueño de una tienda de pieles y ama de casa respectivamente, supieron incentivar su interés en el arte. En una oportunidad, Bass mencionó que sus primeros pasos como artista los dio durante su niñez, cuando su padre le regaló una caja de crayones. “Los usé y dibujé con ellos hasta que se agotaron, y luego él me regaló otra caja y así pude continuar”, declararía en una oportunidad Bass con cierta nostalgia, explicando que sus primeros pasos en el mundo del arte, ayudarían a forjar su amor por trabajar con las manos y su tan marcada sensibilidad visual. Pero no solo el arte llamaría la atención de Bass durante su juventud. El futuro diseñador también se mostraría interesado en el basquetbol, el cine, las historias de ciencia ficción, las civilizaciones antiguas, y la arqueología. Quien en un momento pasaría a ser un visitante frecuente del Museo Metropolitana de Arte y del Museo de Historia Natural de la ciudad de Nueva York, se graduó en 1936 de la Secundaria James Monroe. Durante su paso por dicha institución estudiantil, Bass ofició como director de arte de la publicación literaria, “The Monroe Doctrine”, y del anuario escolar, lo que venía a reforzar cuál era su verdadera vocación. 

Tras salir del colegio, Bass trabajó como repartidor y como pintor de letreros de algunos locales comerciales. Fue así como fue descubierto por la Liga de Estudiantes de Arte de Manhattan, quienes impresionados con los letreros diseñados por Bass, le ofrecieron una beca para que pudiese perfeccionar sus habilidades innatas. Sería en 1936 cuando él comenzó sus estudios de arte en la Liga, los cuales realizaba durante la noche, para así tener tiempo para trabajar durante el día, con el fin de aumentar los ingresos familiares, los cuales se habían visto notoriamente mermados a causa de la Gran Depresión. Durante su paso por la Liga de Estudiantes de Arte, Bass descubrió y aprendió a admirar a Howard Trafton, un ilustrador comercial y un profesor bastante popular, cuyo particular estilo técnico y educativo influenció el trabajo de Bass tanto en su faceta de diseñador, como en su posterior aventura como profesor universitario. Por ejemplo, cuando en una ocasión se le preguntó a Trafton que buscaba entregarle a sus estudiantes, este respondió: “No le enseño a mis estudiantes como realizar un trabajo terminado. Trató de enseñarles los fundamentos del arte (color, composición y distribución), que son los mismos elementos que van a utilizar al momento de realizar una pintura o un anuncio publicitario”. Bass por su parte, sostenía que los elementos básicos del arte (saber dibujar, dominar el proceso de composición, y comprender el uso del color) eran las habilidades más importantes que debía desarrollar cualquier estudiante de arte. 



Debido a la Gran Depresión, a Bass le costó bastante encontrar trabajo una vez que se graduó de la escuela de arte. De hecho, sus dos primeros trabajos no tenían relación alguna con el diseño. Un año después de terminar sus estudios, Bass compiló un portafolio el cual presentó de manera obsesiva en varias agencias de publicidad. Su método fue sistemático. Dividió Manhattan en secciones, y utilizó la guía telefónica para localizar a las distintas agencias. Fue entonces cuando comenzó su peregrinaje por la ciudad, hasta terminar siendo contratado por una pequeña firma controlada por una pareja de hermanos. No contento con conseguir empleo, Bass continuó adquiriendo conocimientos de manera autodidacta, devorando cualquier tipo de material visual como revistas, historietas, y afiches de películas, lo que eventualmente le traería algunos frutos. En 1938, cuando Bass tenía 18 años, se encontraba ganando veinte dólares a la semana, lo que lo ubicaba entre los trabajadores jóvenes mejor pagados de Manhattan. No pasaría mucho tiempo antes de que la Warner Brothers le ofreciera un puesto como encargado del diseño de letras y afiches publicitarios de la compañía. En 1939, Bass contraería matrimonio con Ruth Cooper, con quien tendría dos hijos: Robert en 1942, y Andrea en 1946. Dos años más tarde, serían los estudios Twentieth Century-Fox quienes le ofrecieron un trabajo como diseñador. Pese a que este nuevo trabajo lo llevó a ganar cien dólares a la semana, las exigencias propias de las campañas publicitarias de la industria cinematográfica hastiaron a Bass, al punto que en 1944 decidió renunciar y juró que nunca más volvería a trabajar en el rubro de la publicidad cinematográfica. 

Determinado a convertirse en un director de arte, Bass se unió a la Blaine Thompson Company, una agencia publicitaria bastante reconocida en Nueva York, con la condición de que no trabajaría en nada relacionado a la industria cinematográfica. Enfocado en el diseño de publicidad para diversos productos y para espectáculos de Broadway, por primera vez en mucho tiempo él se sintió feliz con su trabajo. Durante este periodo, Bass también descubriría el trabajo de Gyorgy Kepes, un diseñador de origen húngaro con una marcada inclinación por el estilo Bauhaus, que rápidamente se convertiría en su mentor. Kepes sería el responsable de enfocar las ideas de Bass acerca del modernismo, la psicología y la responsabilidad social de los diseñadores, permitiéndole al diseñador que eventualmente sus ideas Avant Garde fuesen exhibidas a un gran número de personas, a través de muchos de sus diseños tanto publicitarios como cinematográficos. En 1946, Bass se mudó a California para trabajar en Buchanan & Company, lo que nuevamente lo acercaría al mundo del cine. Tras varios años y diversos trabajos en un par de empresas californianas de publicidad, en 1952 Bass decidió abrir su propia empresa llamada Saul Bass y Asociados. En 1955, contrató a Elaine Makatura como su asistente. Su talento como diseñadora no tardó en hacerse evidente, lo que facilitó que ambos congeniaran tanto creativamente como románticamente. A raíz de esto, Bass se divorció de su mujer Ruth y se casó con Elaine en 1961. Ambos conformaron un equipo creativo increíble que participaría en diversos proyectos durante 40 años, dando vida a los trabajos más recordados del diseñador.






miércoles, 11 de julio de 2012

Burt Lancaster: Un acróbata en Hollywood.

Burton Stephen Lancaster nació el 2 de noviembre de 1913, en Manhattan, Nueva York. Criado en el seno de una modesta familia de inmigrantes irlandeses compuesta por Elizabeth Roberts, James Henry Lancaster y sus cuatro hijos, el futuro actor pasó gran parte de su infancia jugando en las calles de East Harlem, al mismo tiempo que trabajaba lustrando zapatos y vendiendo periódicos para poder ayudar a su familia. Durante su adolescencia, comenzaría a desarrollar un marcado interés por la gimnasia, lo que lo llevaría a formar parte del equipo de basquetbol de la Escuela Secundaria DeWitt Clinton. Además de su gusto por el deporte, Lancaster era un ávido lector y un fanático de los films de aventuras de Douglas Fairbanks. Tanto era así, que a menudo utilizaba el living de su hogar para mostrarle a su familia lo que había visto en la pantalla grande. Sin embargo, jamás pensó en convertirse en un actor. Él deseaba ser cantante de ópera, pero cuando entró a la pubertad los cambios en su voz echaron por la borda su sueño. Lamentablemente, un poco antes de graduarse de la secundaria, su madre murió a causa de una hemorragia cerebral. Tras superar esta dolorosa pérdida, Lancaster ingresó a la Universidad de Nueva York gracias a una beca deportiva, con la intención de convertirse en profesor de educación física. Sin embargo, pronto cambiaría la universidad por la acrobacia, y junto a su amigo Nick Cravat se unirían al Circo de los Hermanos Kay como trapecistas bajo el nombre de “Lang y Cravat”. “Es una gran vida”, declaró alguna vez cuando se le preguntó por su etapa circense, la cual a su pesar tuvo que abandonar en 1939 luego de sufrir una grave lesión. Luego trabajaría por un tiempo como vendedor y como mesero cantante, para terminar en 1942 enlistándose en el ejército para participar en la Segunda Guerra Mundial.

Lancaster formaría parte de la División de Servicios Especiales, grupo militar encargado de seguir a las tropas de infantería con el fin de subirles la moral. También participó en el quinto batallón del General Mark Clark, el cual estuvo estacionado en Italia de 1943 a 1945. A su regreso a los Estados Unidos, mientras se encontraba visitando a su familia en Nueva York, fue invitado a participar en la audición de la obra de Broadway, “A Sound of Hunting”, lo que lo llevó a obtener un rol en la misma. Si bien la producción solo permaneció tres semanas en cartelera, la actuación del acróbata retirado llamó la atención del agente de Hollywood Harold Hecht, quien le presentó al productor Hal Wallis que finalmente contrataría a Lancaster para trabajar en la cinta “The Killers” (1946), la cual estaba basada en una historia de Ernest Hemingway. El ahora actor de 32 años, rápidamente saltó a la fama gracias a su atractivo físico y a su apariencia de tipo rudo, lo que le permitiría obtener roles protagónicos en los films “Brute Force” (1947) y “I Walk Alone” (1948). En 1946, Lancaster se divorciaría de June Ernst, su primera esposa, con la que contrajo matrimonio en 1935, para casarse con la enfermera Norma Anderson, con quien tendría cinco hijos. El éxito que logró con sus primeros trabajos, lo llevó a buscar papeles más diversos como el del ambicioso esposo del personaje de Barbara Stanwyck en “Sorry, Wrong Number” (1948), y el del doctor alcohólico en “Come Back, Little Sheba” (1952). Para ese entonces, Lancaster había incursionado en el mundo de la producción, convirtiéndose en uno de los primeros actores en establecer su propia productora (fundada en sociedad con el agente Harold Hecht), la cual en un inicio se llamaría Norma Production, para luego cambiar a Hecht-Hill-Lancaster tras la inclusión del guionista James Hill a la sociedad.


La primera cinta producida por la compañía de Lancaster sería “Kiss the Blood Off My Hands” (1948), a la cual le seguiría el film de aventuras “The Flame and the Arrow” (1950), el cual sirvió para que el actor exhibiera sus habilidades acrobáticas. Cabe mencionar que tanto en esta producción como en “The Crimson Pirate” (1952), Lancaster pudo reunirse con su viejo amigo Nick Cravat (con quien trabajaría en nueve largometrajes), el cual por lo general interpretaría roles secundarios que requerían de una gran habilidad física. La obra culmine de la compañía productora del actor sería la cinta “Marty” (1955), un drama de bajo presupuesto protagonizado por Ernest Borgnine, el cual estaba basado en un telefilme de Paddy Chayefsky. Este modesto film se convirtió en un éxito de taquilla y obtuvo cuatro premios Oscar, incluyendo el de mejor película. En cuanto a Lancaster, el punto más alto de su carrera llegaría de la mano del rol del Sargento Milt Warden en el largometraje “From Here to Eternity” (1953). Su participación en la cinta ganadora de ocho premios Oscar no solo le valió su primera nominación de la Academia, sino que además estampó en la memoria colectiva la famosa escena de amor en la playa entre el personaje de Lancaster y el de Deborah Kerr. Muchos años después, uno de los hijos del actor aseguró que este había tenido una relación sentimental con su coestrella, lo que fue desmentido por la misma Kerr, quien solo admitió que existía una atracción mutua entre ella y su colega.

Ya para aquel entonces, Lancaster era conocido por ser un actor de carácter difícil. Su mala fama se había comenzado a gestar durante la filmación de “The Killers”, a causa de los dichos del productor Mark Hellinger quien en una ocasión comentó: “Ese chico ha hecho una película y ya cree que sabe más que todos los que estamos en el set”. Su forma de ser inevitablemente lo llevaría a probar suerte como director, debutando con el film “The Kentuckian” (1955). La experiencia no le resultaría demasiado agradable, por lo que solo la repetiría veinte años después en la cinta “The Midnight Man” (1974). Al año siguiente Lancaster viajó a Europa para rememorar sus tiempos como acróbata en “Trapeze” (1956), para luego protagonizar junto a Katherine Hepburn el drama “The Rainmaker” (1956). En aquella época, era común ver a Lancaster trabajar junto a actores consagrados, demostrando su estatus de estrella. Por ejemplo, en “Run Silent, Run Deep” (1958) su coestrella era nada menos que Clark Gable, mientras que en “Gunfight at the O.K. Corral” (1957) trabajó junto a Kirk Douglas. Si bien ambos actores habían compartido escena varios años antes en el film “I Walk Alone”, fue durante el rodaje del western que se hicieron amigos. “Él intentaba decirme como debía actuar”, diría Lancaster refiriéndose a Douglas. “Yo le dije a él como debía actuar. Fue de esta suerte de disputa amable que nació nuestra amistad la cual estaba basada en el respeto mutuo”.


Durante los años venideros, la dupla que había demostrado tener una gran química dentro y fuera de la pantalla, colaboró en un puñado de cintas entre las que se encuentran “The Devil´s Disciple” (1959), “Seven Days in May” (1964) y “Tough Guys” (1986). Su excelsa interpretación de un ambicioso columnista de chismes en el film “Sweet Smell of Success” (1957), sería una suerte de aviso de lo que estaba por venir para el actor. En 1960, su compañía productora se encontraba lidiando con algunos problemas económicos, pero de todas formas fue capaz de sacar adelante la cinta “Elmer Gantry” (1960), donde Lancaster interpreta a un predicador con una marcada inclinación hacia las mujeres y el whisky. Dicho rol le valió el Oscar al mejor actor, y con el paso de los años se convirtió en su papel más recordado. Cuando en una ocasión le pidieron explicar cómo había desarrollado el personaje, Lancaster respondió: “En Elmer Gantry no estaba actuando. Era yo quien aparecía en la pantalla”. Su próximo film, “The Young Savages” (1961), le serviría principalmente para establecer una duradera relación laboral con el director John Frankenheimer, con quien trabajaría en cuatro producciones más (“Birdman of Alcatraz”, “Seven Days in May”, “The Train”, y “The Gypsy Moths”). Por otro lado, en “Judgment at Nuremberg” (1961), el actor no solo haría gala de su calidad interpretativa sino que también de su mal temperamento. Durante gran parte del rodaje, Lancaster tuvo una serie de problemas con Maximillian Schell, quien curiosamente interpretaba al antagonista de su personaje en el film.

Durante ese mismo periodo, el actor tuvo un bullado episodio de furia durante el programa de televisión del periodista Mike Wallace. En vez de soportar con calma las preguntas que hacían referencia a su mal temperamento, Lancaster se retiró furioso del estudio para nunca regresar. En 1963, el actor viajó a Italia para formar parte de la cinta “Il Gattopardo” sin saber que la única razón por la cual el director Luchino Visconti lo había elegido como protagonista era para lograr que la 20th Century Fox financiara el proyecto. Aunque la relación entre ambos fue tensa en un principio, pronto el actor se ganaría el respeto del realizador llegando incluso a convertirse en amigos. Es por esto que no resulta extraño que casi una década después, Lancaster protagonizara otra cinta de Visconti titulada “Gruppo di famiglia in un interno” (1974). Para poder participar en proyectos menos comerciales como “Il Gattopardo” y la subvalorada “The Swimmer” (1968), el actor en más de una ocasión optó por aceptar roles en films que él consideraba verdaderas “basuras”. De hecho, ese fue su veredicto a la hora de catalogar “Airport” (1970), producción que puso de moda las “cintas de desastres”. Su desencanto con la industria lo llevó a participar en diversos proyectos, como por ejemplo en la obra teatral “Knickerbocker Holiday”, donde llamó la atención su interpretación de la canción “September Song”. Igual de llamativa sería su participación en el programa “Sesame Street”, donde se encargó de recitar el alfabeto.


Durante la década del setenta, la carrera del envejecido actor comenzó a experimentar un franco declive, obligándolo a aceptar roles secundarios y a participar cintas que no tenían suficiente atractivo comercial. Entre sus trabajos más destacables de este periodo se encuentran “Executive Action” (1973), film que explora los intereses económicos ocultos tras la muerte del Presidente John F. Kennedy, y el western de Robert Aldrich, “Ulzana´s Raid” (1972). De la mano del mismo Aldrich, Lancaster protagonizaría la cinta “Twilights Last Gleaming” (1977), la cual criticaba en duro términos a la Guerra de Vietnam. En cierto modo, el mensaje de la película no era más que la extensión de las ideas del actor. Durante gran parte de su vida, Lancaster fue un participante activo de un buen número de movimientos liberales, por lo que frecuentemente salía en defensa de las minorías raciales y sexuales (lo que no resulta extraño, dado que por años se ha mantenido que el actor era bisexual). De hecho, en 1985 se unió a una importante campaña en contra del SIDA luego que su amigo cercano y colega, Rock Hudson, contrajera la enfermedad. De la misma manera, mostró abiertamente su rechazo a la Guerra de Vietnam y a movimientos como el Macartismo, y apoyó en varias ocasiones a candidatos demócratas.

Pese a que para la segunda mitad de la década del setenta su nombre ya no tenía mucho peso comercial, de todas formas sus servicios seguían siendo requeridos. Para ese entonces, lo único que le importaba a Lancaster era encontrar proyectos que le resultaran atractivos o desafiantes, al punto que participó gratis en la cinta de Bernardo Bertollucci, “Novecento” (1976), y llegó a desembolsar 150.000 dólares solo para asegurar que el film “Go Tell the Spartans” (1978) pudiese ser completado. Los ochenta comenzarían de buena manera para Lancaster, quien recibió una nueva nominación al Oscar por su papel en la película “Atlantic City” (1980), del director Louis Malle. Lamentablemente, para aquel entonces el estado de salud del actor no era de lo mejor. A causa de la arterioesclerosis que lo aquejaba, en 1980 tuvo serias complicaciones durante una cirugía cuyo propósito era removerle la vesícula biliar. Al poco tiempo después, mientras participaba en el film “Cattle Annie and Little Britches” (1981), el actor sufrió dos infartos cardíacos que obligaron a su equipo médico a realizarle un bypass cuádruple de emergencia. Si bien todo esto lo obligó a buscar trabajo en el medio televisivo, el cual era bastante menos exigente, no impidió que en 1988 acudiera a una sesión en el Congreso junto a otros actores como Jimmy Stewart y Ginger Rogers, con la intención de protestar contra el plan del magnate Ted Turner que pretendía colorear varias producciones rodadas en blanco y negro durante las décadas del treinta y del cuarenta.


Tras trabajar en varias series de televisión y en algunas cintas mediocres, Lancaster participó en el film “Field of Dreams” (1989), el cual se convertiría en la última entrada de su carrera cinematográfica. En cuanto a su trabajo en televisión, el actor se despediría con el telefilme “Separate but Equal” (1991). En 1990, Lancaster sufrió un grave accidente cerebrovascular que paralizó parte de su cuerpo y le afectó el habla. Ese mismo año, contrajo matrimonio con la productora televisiva Susan Martin, quien lo acompañó hasta el momento de su muerte. El actor fallecería el 20 de octubre de 1994, a causa de un infarto cardíaco, a los 80 años de edad. Locutor de radio, showman en el ejército durante la Segunda Guerra Mundial, actor teatral, productor, director, y finalmente estrella de cine, Burt Lancaster supo cimentar su carrera superando el hecho de ser un actor autodidacta, ganándose la aceptación del público y la crítica, lo que lo llevó a convertirse en una de las grandes estrellas hollywoodenses de todos los tiempos. Y es que la frescura que desprendía Burt Lancaster en la pantalla grande y la humanidad con la que dotó a sus personajes, permanece intacta hasta el día de hoy en cada una de las películas en las cuales participó.

 

por Fantomas.

lunes, 16 de abril de 2012

Joseph Cotten: Crónica de una estrella fugaz.

Joseph Cheshire Cotten, nació el 15 de mayo de 1905, en Petersburg, Virgina, al interior de una familia acomodada sureña. Hijo de Joseph Cotten Sr. y Sally Bartlett, el mayor de tres hermanos descubrió a temprana edad su pasión por el teatro y la poesía, razón por la cual solía presentarle actos artísticos a su familia. Cotten estudiaría actuación en la Escuela Hickman de Expresionismo, ubicada en Washington, y en 1924 se mudaría a Nueva York para probar suerte en el mundo del teatro. Lamentablemente, el único trabajo que conseguiría sería como expedidor de una tienda. Luego de estar un año buscando un papel en una obra, Joseph viajó a Miami junto con unos amigos para pensar que iba a hacer con su vida. Durante ese tiempo, él trabajaría como salvavidas, crítico de teatro, publicista, e incluso como empresario a cargo de la fabricación y la venta de “Tip Top Potato Salad”. Sin embargo, su pasión por el teatro sería más fuerte y tras participar en una obra del Miami Civic Theater, consigue un trabajo en Nueva York como asistente del director de escena, gracias a un contacto que conoció al interior del periódico Miami Herald. En 1929, trabajaría durante una temporada en el Teatro Copley de Boston, donde aprendería el arte de la interpretación en las más de 30 obras en las cuales participó.

Ya para 1930, Cotten se había hecho un nombre en el mundo del teatro, lo que lo llevó a debutar en una obra de Broadway. En 1931, el actor contrajo matrimonio con Lenore La Mont, una pianista divorciada que tenía una hija de dos años de edad. El matrimonio duraría hasta 1960, cuando Lenore fallecería a causa de la leucemia que le aquejaba. A mediados de la década del treinta, Cotten comenzó a trabajar en algunas obras de radioteatro. En una de sus audiciones, conoció a un hombre 10 años menor, que se transformaría en uno de sus mejores amigos y que tendría una gran influencia en su carrera. Su nombre era Orson Welles. Durante uno de los ensayos al interior de la radio de la CBS, la dupla dilapidó cualquier opción de ser contratados por la estación de radio. Durante un show que estaba ambientado en una planta de árboles de caucho, el par de actores no pudo aguantarse la risa que les causaba uno de los diálogos de la obra. El director a cargo estaba enfurecido con ambos, y no dudó en llamarlos “inmaduros” y “poco profesionales”. Ambos actores fueron considerados mala influencia, por lo que no sería hasta que Welles formara su propia compañía, los “Mercury Theatre Players”, que Cotten no compartiría escena con quién pronto se convertiría en una suerte de mentor que lo ayudaría a abrirse paso en la industria cinematográfica.

Antes de que eso sucediera, Cotten obtendría su primer rol protagónico en la segunda producción teatral de Welles titulada, “Horse Eats Hat”. Dicha obra se estrenó el 26 de diciembre de 1936, en el Teatro Maxine Elliott de Nueva York. Al año siguiente, Joseph pasaría a ser uno de los miembros originales de la celebrada compañía de Welles, lo que lo llevó a participar en producciones de Broadway tales como “Julius Caesar”, “The Shoemaker´s Holiday” y “Danton´s Death”, y en varias obras de radioteatro que fueron transmitidas por los programas “The Mercury Theatre on the Air” y “The Campbell Playhouse”. Cotten tendría su debut cinematográfico en un corto dirigido por Welles titulado, “Too Much Johnson”, el cual había sido escrito para ser estrenado en teatro. Lamentablemente, la cinta jamás fue estrenada en público y hoy en día se desconoce si existe alguna copia. En 1939, Cotten regresaría a Broadway para interpretar el rol protagónico en la obra “The Philadelphia Story”. Fue tal el éxito de dicha obra, que los estudios MGM realizarían una adaptación cinematográfica, la cual no sería protagonizada por Cotten sino que por Cary Grant. Aprovechando la situación, Leland Hayward, quien era el agente de Cotten, les sugirió a los ejecutivos de la MGM que se fijaran en el trabajo que venía haciendo Orson Welles, quien con su Mercury Theatre estaba generando bastante interés en Hollywood, pensando que él podría ayudar a su representado a convertirse en un actor de cine.

Después del éxito que tuvo Welles con la transmisión radial de “War of the Worlds” durante la fiesta de Halloween de 1938, este obtuvo un contrato único con la RKO Pictures. El contrato por dos películas le otorgaba total libertad artística, aunque con la limitación de que serían producciones de bajo presupuesto. Rápidamente, Welles pensó en incluir a sus colegas del Mercury Theatre en su primer film. Sin embargo, pasaría un año antes de que Welles encontrara un proyecto que le llamara la atención, dicho proyecto se convertiría en “Citizen Kane” (1941). El rodaje de la cinta, basada en parte de la vida del magnate de la prensa, William Randolph Hearst, comenzaría a mediados de 1940 y Cotten sería el encargado de interpretar al mejor amigo del protagonista, quien a su vez era interpretado por Welles. Cuando “Citizen Kane” se estrenó el 1 de Mayo de 1941, no obtuvo una gran recaudación. Esto se debió a que el mismo Hearst, quien era dueño de varios periódicos, evitó que estos publicitaran el film. De todas formas, la crítica se haría cargo de otorgarle el reconocimiento que se merecería, lo que ayudó a catapultar las carreras de cuatro actores que eran miembros de los Mercury Players; Agnes Moorehead, Ruth Warrick, Ray Collins, y Joseph Cotten. Sin embargo, de los cuatro solo Cotten logró cierto éxito en Hollywood más allá de “Citizen Kane”, mientras que el resto interpretaría mayormente a personajes secundarios en una buena cantidad de largometrajes.

Un año después, Cotten protagonizaría la adaptación de la novela de Booth Tarkington, “The Magnificents Ambersons” (1942), la cual estaría a cargo de su amigo Orson Welles. Después del desastre comercial de “Citizen Kane”, los ejecutivos de la RKO se mostraron algo aprehensivos con la realización de esta producción, razón por la cual luego de algunas proyecciones de prueba, se editó más de una hora de metraje. Pese a todo, la cinta fue bien recibida por la crítica, quienes además destacaron la gran actuación de Cotten. En 1941, el actor nuevamente colaboraría con su gran amigo, está vez en la confección de guión del film “Journey into Fear” (1943), el cual fue protagonizado por el mismo Cotten. Aunque para el tiempo que comenzó el rodaje, Welles ya había sido despedido de la RKO, se le permitió trabajar en la producción con la condición de que su duración no fuera excesiva. Si bien la película tuvo un éxito moderado, la dupla de amigos solo volverían a trabajar juntos seis años más tarde, en el thriller, “The Third Man” (1949). Años más tarde, a sabiendas de la difícil personalidad de Welles, durante una entrevista le preguntaron a Cotten sobre su viejo amigo, a lo que este respondió: “Era exasperante. A veces era explosivo, irracional y feroz. También era elocuente, penetrante, excitante, y siempre ingenioso. Pero por sobre todo, nunca, pero nunca fue aburrido”.

En 1943, Cotten firmó un contrato con el productor David O. Selznick, lo que sin duda le ayudó a lograr cierto estatus dentro del circuito hollywoodense durante gran parte de la década de los cuarenta. No solo tuvo la oportunidad de trabajar bajo las órdenes de Alfred Hitchcock en el thriller “Shadow of a Doubt” (1943), donde interpretaría a un asesino serial, sino que además pudo protagonizar cintas tan exitosas como “Gaslight” (1944), coprotagonizada por Ingrid Bergman y Charles Boyer, y “Duel in the Sun” (1946), donde interpretó al interés amoroso del personaje de Jennifer Jones. Con dicha actriz (quien era la esposa de Selznick), participaría en otros tres film: “Since You Went Away” (1944), “Love Letters” (1945), y “Portrait of Jennie” (1948), siendo esta última la más destacable de sus colaboraciones. En dicha película, Cotten interpretó a un melancólico artista que se obsesiona con una muchacha que parece haber muerto hace ya bastantes años. Este papel le valíó un premio en el Festival de Venecia. La relación de amistad del actor con los Selznick se extendería por años, hasta la muerte del productor en 1965. Antes de que terminara la década, Cotten trabajaría nuevamente con Hitchcock en el film “Under Capricorn” (1949), esta vez interpretando a un acaudalado hombre australiano con un oscuro pasado.

Durante la década del cincuenta, la popularidad de Cotten comenzó a declinar, aunque de todas formas tuvo la oportunidad de trabajar con actrices como Joan Fontaine en la cinta romántica “September Affair” (1950), y con Marilyn Monroe en el thriller “Niagara” (1953), luego de que James Mason rehusara interpretar el papel protagónico masculino de esté último film. En 1953, el actor volvería a trabajar en el teatro, esta vez interpretando el rol de Linus Larabee en la obra de Broadway “Sabrina Fair”, el cual sería interpretado por Humphrey Bogart en la adaptación cinematográfica que sería filmada en 1954. Tras trabajar en varias producciones menores, a mediados de los cincuenta Cotten decide tomarse un descanso y dedicarse de lleno al mundo de la televisión. Entre los programas en los cuales participó, se destacan “On Trial” (1956-59), el cual posteriormente pasó a llamarse “The Joseph Cotten Show”; y algunos episodios de las series “Alfred Hitchcock Presents” (1955-59) y “General Electric Theater” (1954-56). En 1958, tendría un pequeño cameo en la ya mencionada “Touch of Evil”, y obtendría el rol protagónico en la producción de ciencia ficción, “From the Earth to the Moon” (1958). Pese a esto, recién a mediados de los sesenta Cotten volvería a trabajar de manera regular en el cine.

En 1960, Cotten contrajo matrimonio con la actriz británica Patricia Medina, luego del fallecimiento de su primera esposa a principios de ese mismo año. Tras un buen tiempo alejado del cine, el actor regresa con la cinta de terror “Hush… Hush, Sweet Charlotte” (1964), la cual pese a augurar una suerte de renacer profesional de Cotten, no evitó que durante el resto de la década del sesenta, este fuera relegado a participar en una serie de films olvidables y en variados shows de televisión. A principios de los setenta, Cotten obtuvo roles secundarios en un par de películas que fueron bien recibidas por la crítica y por el público, entre las que se encontraban: “Tora! Tora! Tora!” (1970), “The Abominable Dr. Phibes” (1971), y “Soylent Green” (1973). Pese a que la mayoría de los proyectos en los que se veía involucrado el actor eran de bajo presupuesto, la filmación en locaciones le permitió a él y a su esposa viajar por varios países, llegando incluso a vivir por cortos periodos de tiempo en Londres, Paris y Roma durante esta época. A fines de la década, Cotten realizó su contribución al “cine de desastres” con un rol en la cinta “Airport ´77” (1977), y continúo trabajando en televisión de manera regular.

En 1981, Cotten trabajaría por última vez como actor en el film de terror, “The Survivor”. Ese mismo año, el actor que entonces tenía 75 años de edad, sufriría un accidente cerebrovascular que afectaría gravemente su fonación. Por este motivo, tuvo que someterse varios años a terapia física, tiempo en el cual además aprovechó de dedicarse a la jardinería, hobby el cual siempre le había apasionado. En 1987, Cotten publicó su autobiografía titulada, “Vanity Will Get You Somewhere”, la cual logró ser comercializada con éxito. El resto de su vida la pasaría junto a su esposa en la casa que ambos tenían en Los Ángeles. El 6 de febrero de 1994, tras una larga batalla contra el cáncer de garganta, el actor fallecería a causa de la neumonía que desarrolló como complicación de su enfermedad de base. Durante el transcurso de su carrera, Joseph Cotten demostró ser un actor versátil que debió lidiar con la completa indiferencia por parte de la Academia. Quizás esta misma falta de reconocimiento por parte de la crítica, provocó que con el tiempo Cotten se convirtiera en un actor algo olvidado por el público en general, pese a haber aparecido en varias cintas exitosas y en otras que con el tiempo se han convertido en films de culto. Nunca es tarde para remediar los errores que se han cometido, y en este caso nunca es tarde para comenzar a conocer la obra de este estupendo actor.


por Fantomas.

viernes, 13 de enero de 2012

Vincent Price: La voz más recordada del cine de terror.

Vincent Leonard Price Jr., nació el 27 de mayo de 1911 en St. Louis, Missouri. Nacido en el seno de una familia de clase alta, el hijo de Marguerite Cobb y Vincent Leonard Price Sr., dueño de una fábrica de dulces y descendiente directo del primer niño nacido en el Massachusetts colonial, debutó a los cinco años de edad como actor, interpretando a un ángel en una obra escolar. Sin embargo, serían las artes y no la actuación, lo que más le apasionaría durante sus primeros años de vida. Tras terminar su enseñanza escolar en St. Louis, Price se licenció en historia del arte en la Universidad de Yale, para luego obtener su primer trabajo en 1933, como profesor en la Escuela Riverdale de Yonkers, Nueva York. Para ese entonces, ya había comenzado a engendrar su gusto por la actuación, específicamente por el teatro. De hecho, en sus ratos libres Price se dedicaría a visitar a agentes teatrales para así lograr obtener una oportunidad para desarrollar su verdadera pasión. Durante un viaje a Europa, se enroló en la Universidad de Londres, se empapó de la cultura inglesa y trabajó con una compañía teatral amateur, antes de conseguir en 1935, el rol del Príncipe Alberto en la obra “Victoria Regina”, desarrollada por la compañía West End. Por dicho rol, Price obtendría el modesto suelto de 5 libras semanales.

Posteriormente interpretaría el mismo papel en los teatros neoyorkinos, trabajando junto con la actriz Helen Hayes. La obra logró mantenerse en cartelera durante tres años con bastante éxito. Una vez que logró cimentar cierta reputación en el escenario teatral, Price obtuvo su primer rol cinematográfico en la comedia de la Universal, “Service de Luxe” (1938), del director Rowland V. Lee. Gracias a su trabajo en dicho film, rápidamente la crítica lo sindica como una de las grandes sorpresas de la temporada, augurando un futuro prometedor para el joven actor. En aquella época, Price aprovechaba sus tiempos libres para seguir trabajando en el teatro, destacándose por su papel de villano en la obra “Angel Street”, de Patrick Hamilton. Si bien durante las décadas del treinta y cuarenta el actor no logró ubicarse en lo más alto del mundo hollywoodense, si obtuvo una serie de interesantes papeles secundarios donde por lo general interpretaba a personajes históricos. Su primer coqueteo con el cine de terror lo tendría en las cintas de la Universal, “Tower of London” (1939), donde compartió roles con Basil Rathbone y Boris Karloff, y en el film “The Invisible Man Returns” (1940).

Sería al interior de los estudios de la 20th Century Fox, donde Price comenzaría a llamar la atención de la audiencia y la crítica. Uno de sus roles más famosos lo tendría en el film noir “Laura” (1940), del director Otto Preminger. El actor declararía en una entrevista que a su gusto, “Laura” era una cinta casi perfecta, razón por la cual sin duda era una de sus favoritas. Sin embargo, en esa misma entrevista reconoció que si tuviera que rescatar un solo film de su carrera, sería el drama gótico “Dragonwyck” (1946). Según Price: “El papel de Dragonwyck fue muy difícil de abordar, debido a que se trataba de un personaje desquiciado, un monomaniáco, que no está consciente de su condición. Por esa misma razón fue todo un reto interpretarlo”. Aunque el actor trabajaría aproximadamente en 20 largometrajes más durante los cuarenta, ninguno obtendría la atención de los dos antes mencionados. Mientras trabaja en el cine, Price también tuvo tiempo para trabajar en radio, donde personificó al protagonista de la serie “The Saint”, Simon Templar, desde 1943 hasta 1951.

Con el tiempo, a Price le comenzó a interesar el trabajo tras las cámaras, por lo que en 1951 firmó un contrato con la RKO como actor y director (Sin embargo, él jamás dirigiría un film). Durante la década de los cincuenta, el advenimiento de la televisión le cambiaría drásticamente el rostro a la industria cinematográfica, lo que permitió que el actor accediera a roles más diversos. Esto le abrió las puertas al cine de terror, obteniendo el rol protagónico en el film “House of Wax” (1953), el cual si bien presentaba una historia y una ambientación más bien clásica, obtuvo un gran éxito debido a que fue rodada en 3D. Esto enseguida situó a Price como uno de los actores de moda, y en un referente inmediato del cine de terror. Al año siguiente, el actor volvería a participar en un largometraje filmado en 3D titulado, “The Mad Magician” (1954), el cual obtuvo buenos resultados a nivel de taquilla, pero se presentaba como un film inferior a su anterior éxito. Durante gran parte de la década, Price se dedicó a interpretar diversos roles en varias series de televisión, y tan sólo al final de esta volvió de lleno al cine de terror y ciencia ficción en cintas como; “The Fly” (1958), “The Return of the Fly” (1959), “House on Haunted Hill” (1959) y “The Tingler” (1959). En estas dos últimas estaría bajo las órdenes del director William Castle, el llamado rey del “gimmick cinematográfico”.

A principios de los sesenta, la American International Pictures, empresa la cual durante los cincuenta se había dedicado a asustar al público norteamericano con variadas cintas de bajo presupuesto, decidió gastar 300.000 dólares (lo cual era bastante para ellos en aquel entonces) para producir “The Fall of the House of Usher” (1960), la cual era una adaptación de la historia del mismo nombre escrita por Edgar Allan Poe. Tras haber contratado a Roger Corman para dirigirla, los productores escogieron a Vincent Price para interpretar el rol principal, sin pensar en que la cinta se convertiría en todo un éxito, marcando el inicio de una serie de adaptaciones de la obra de Poe que conservaría el núcleo creativo que estuvo a cargo de “Usher”; Price, Corman y el escritor Richard Matheson. El resto de las cintas que conformarían este ciclo son: “The Pit and the Pendulum” (1961), “Tales of Terror” (1962), “The Comedy of Terrors” (1963), “The Raven” (1963), “The Masque of Red Death” (1964) y “Tomb of Ligeia” (1965). Cabe mencionar que los dos últimos films del ciclo fueron rodados en Inglaterra, lo que traería una serie de curiosas consecuencias para el equipo de filmación. Como norma de la industria cinematográfica británica, solo permitían que un extranjero trabajara en las cintas filmadas en sus estudios. Debido a que tanto Corman como Price eran extranjeros, no pudieron contratar coestrellas norteamericanas para acompañar al actor en sus periplos por Inglaterra. Lo que es aún peor, si el trabajo era realizado por algún técnico norteamericano, ellos obligatoriamente debían adjudicárselo a algún técnico británico para así evitarse problemas.

Más allá de este peculiar hecho, todo el ciclo de adaptaciones de Poe fue un éxito, y le permitió a Price demostrar su versatilidad como actor, ya que algunas de estas cintas estaban bastante ligadas al género de la comedia (es el caso de “The Comedy of Terrors” y “The Raven”). Además de exhibir su gran talento en la pantalla grande, Price aprovechaba cada ocasión que tenía para demostrar que también era un tipo divertido fuera de la pantalla. En una ocasión, reemplazo su propia figura de cera en un museo de Los Ángeles, con el fin de lanzarles agua con una jeringa a los visitantes. Con referencia esto, el actor recordaría en una entrevista: “Encuentro todo divertido, y creo que yo soy lo más divertido de todo. No significa que sea un comediante, pero cada vez que me tomo las cosas demasiado en serio me tengo que reír… eso me ayudó a lidiar con muchos de los horribles films en los que trabaje”. Y es que precisamente a Price le tocó participar en muchas películas mediocres, siempre por diversas razones, ya sea contractuales o financieras (“Confessions of an Opium Eater”, “Dr. Goldfoot and the Girl Bombs” y “House of a Thousand Dolls”, solo por nombrar algunas).

Afortunadamente para Price, su calidad como actor le ayudó a salir de pie cada vez que tuvo que lidiar con este tipo de asignaciones. De hecho, la reputación del actor entre sus seguidores continuó creciendo gracias a sus roles en films como “Witchfinder General” (1968), “The Abominable Dr. Phibes” (1971) y “Theater of Blood” (1973). A través de los años, Price también se dio el tiempo para participar en diversas series de televisión (recordado es su rol de “Cabeza de Huevo” en la serie “Batman”), crear el departamento de arte de Sears Roeburk, y escribir varios libros relacionados con el arte, la cocina y su perro Joe. A principios de los setenta, el actor grabó una serie de lecturas dramáticas de algunos poemas e historias cortas de Edgar Allan Poe, convirtiéndose en aquel periodo en el lector mejor pagado de Norteamérica. En el verano de 1977, participaría en una obra de teatro llamada “Diversions and Delights”, en la cual personificaba a Oscar Wilde. La obra, que solo contaba con él en escena y estaba situada un año antes de la muerte de Wilde, estuvo en cartelera durante dos años, gozando de un increíble éxito.

Eventualmente, el actor se comenzaría a alejar de cine cuando se percató que la mayoría de los roles que le ofrecían eran burdos y sin sentido. Fue entonces cuando a petición del mismísimo Michael Jackson, Price prestó su voz para oficiar de narrador en el video musical de “Thriller”. Con respecto a esto, el actor recordaría en una entrevista; “Mis amigos pensaban que me había vuelto loco, pero a mí me encantan los experimentos”. Ese mismo año, participó como narrador en el cortometraje animado de Tim Burton, “Vincent” (1982), el cual en gran medida no es más que un homenaje del realizador a uno de los ídolos de su infancia. Al año siguiente, Price se reuniría con Christopher Lee, Peter Cushing y John Carradine, para filmar “House of Long Shadows” (1983), cinta que con los años cobraría importancia por reunir a cuatro grandes del cine de horror a nivel mundial. Curiosamente, uno de sus últimos roles importantes sería en el film de la Disney, “The Great Mouse Detective” (1986), donde le daría voz al profesor Ratigan. Ya para esta época, era más común ver a Price en el medio televisivo que el cinematográfico, llegando a participar incluso en algunos comerciales de una marca de cloro.

En 1989, Price fue agregado al paseo de la fama de St. Louis, debido a la contribución cultural que este había realizado dentro de los Estados Unidos. El último rol significativo del actor lo tendría en la cinta de Tim Burton, “Edward Scissorhands” (1990), donde interpretaría a un inventor y padre del protagonista. Fue aquí cuando la salud de Price comenzó a decaer, y pronto el octogenario actor se vio obligado a recluirse en su casa ubicada en Sunset Hill. Durante sus últimos días de vida, era común que algunos de los viejos amigos de Price, como por ejemplo la actriz Hazel Court, lo visitaran al menos una vez a la semana. La misma actriz declararía en una entrevista que “dos semanas antes de su fallecimiento, él le compró un cuadro a un joven artista. Creo que eso no hacía más que definir como era él; un hombre que hizo lo que creía correcto hasta el final”. El 25 de octubre de 1993, fallecería en Los Ángeles víctima de un cáncer pulmonar. Solo veinte personas fueron invitadas a su funeral; sus cenizas, su sombrero de paja y un ramo de flores fueron lanzados al mar por sus tres hijos.

De manera lamentable, en aquella época fueron muchos los medios de prensa que a la hora de tributar la figura de Vincent Price, solo se centraron en sus roles ligados al cine de terror, dejando de lado completamente su trabajo en el teatro, la radio y la televisión, entregándole a la gente una imagen distorsionada e incompleta de un artista polifacético. Price además de ser un gran actor que representó toda clase de papeles, era también un excelente cocinero, lo que lo llevó a publicar varios libros de cocina. A esto se le sumaba su inconfundible voz, que lo ayudó no solo a obtener diversos trabajos en la radio, sino que también le otorgó una estampa pocas veces vista en el cine. Pese a que en muchas ocasiones trabajó con consagradas estrellas del cine de terror como Boris Karloff, Peter Lorre y Basil Rathbone, entre otros, Price supo eclipsarlos y presentarse como la nueva estrella del género del horror. Fue de esta forma que el actor dejó para siempre plasmado en la mente de los cinéfilos sus 191 centímetros de altura, su porte severo, su fino bigote, su perversa y socarrona voz, y su timbre de voz grave. La vida y obra de Price bien pueden resumirse con una de sus frases más celebres: “A veces creo que personifico el inconsciente oscuro de la raza humana… Sé que suena mal… pero me encanta”.


por Fantomas.

John Carpenter: El miedo es sólo el comienzo

John Howard Carpenter nació en Carthage, Nueva York, el 16 de enero de 1948. Hijo de Milton Jean Carter y Howard Ralph Carpenter, fue criado en Bowling Green, Kentucky, donde su padre trabajaba como profesor de historia y teoría de la música en la Universidad Oeste de Kentucky. En aquel entonces, la familia Carpenter vivía en una pequeña cabaña situada en las cercanías del museo de la Universidad, la cual arrendaban por 50 dólares al mes. El lugar era un verdadero paraíso natural, ocupado por una modesta laguna y un bosque conformado por diversos tipos de árboles. John creció en este ambiente salvaje y hermoso, con tintes casi fantásticos, lo que lo llevaría a sentirse algo solo a ratos, pero al mismo tiempo le ayudaría a desarrollar su imaginación. Al ser su padre un violinista, el pequeño John constantemente escuchaba música clásica, lo que lo llevó a aprender a tocar violín, piano y guitarra. Su madre por otro lado, trabajaba en una librería. Desde temprana edad, sus padres lo incentivaron a desarrollar su creatividad. En su hogar no compraron una televisión hasta que John tuvo doce años, y era común ver una gran cantidad de libros en las repisas de cada una de las habitaciones. No pasó mucho tiempo antes de que John decidiera comenzar a utilizar una vieja máquina de escribir con la cual dio rienda suelta a su creatividad.

En una de sus tantas entrevistas, Carpenter menciona que la primera película que fue a ver junto a su padre fue “The African Queen” (1951), donde la imagen de Humphrey Bogart saliendo del agua cubierto por sanguijuelas dejaría una marcada huella en su memoria. Sin embargo, la cinta que desataría su pasión por el cine sería “It Came from Outer Space” (1953), la cual originalmente fue filmada en 3D. Luego de aquella experiencia, John se convertiría en un adicto al cine, por lo que constantemente estaría creando películas en su mente. La cabaña que era su hogar y las cercanías del museo, se convertirían en los sets de filmación de las pequeñas historias que creaba. Cuando tenía ocho años, su padre le regaló una cámara de video de 8mm, con stop motion. Con ella haría su primer film junto con un grupo de amigos; “Gorgon the Space Monster”, la cual no solo incluía efectos especiales en stop motion, sino que también presentaba una banda sonora compuesta por diferentes piezas de música clásica y algunos ruidos grabados por el mismo Carpenter. Cada vez que el ahora cineasta amateur se reunía con amigos, les hacía ver su “ópera prima”. Fue en aquel entonces cuando comenzó a decirle a sus padres que se convertiría en director de cine y que se mudaría a Hollywood.



Su pasión, algo obsesiva a ratos, lo llevó a convertirse en una persona solitaria, un ser algo extraño que no encajaba en la comunidad en la que estaba inmerso, que se caracterizaba por ser bastante conservadora y poco sofisticada. En 1964, cuando los Beatles se hicieron populares, John se dejó el pelo largo, perpetuando en forma consciente su propia soledad. Recién cuando ingresó a la escuela secundaria, encontró algo que le interesaba aún más que las películas; las chicas. En aquella época logró convertirse en alguien popular, lo que cambió su forma de pensar de manera radical. Ya no le satisfacía aislarse de la sociedad, sino que se percató de lo mucho que le gustaba ser aceptado por los demás, y que para hacerlo, debía encontrar una forma para llegar a ellos. Aún siendo un adolescente, prueba el oficio de escritor, abordando temas de ciencia ficción y terror. Debido a esto, a los 15 años decide fundar una productora llamada Emerald Productions, la cual utiliza para dar un toque de profesionalismo a los diversos cortometrajes y a los fanzines que edita entre 1965 y 1969, como por ejemplo: “Fantastic Films Illustrated”, “King Kong Journal” y “Phantasm: Terror Thrills of the Films”.

Antes de retirarse de la Universidad Oeste de Kentucky, John participó un tiempo como actor. Aunque su interpretación era más bien mecánica y carente de toda emoción, la experiencia le sirvió no solo para volver a interesarse en el cine, sino que también para comprender el proceso al que debían someterse los actores en su trabajo. Fue entonces cuando decide cambiarse a la prestigiosa Universidad del Sur de California de Artes Cinematográficas, con el apoyo irrestricto de su padre. Durante su corta estadía en dicha casa de estudios, Carpenter escribió y dirigió un cortometraje de 8 minutos titulado, “Captain Voyeur” (1968). Dicho corto, presentaría una serie de elementos que el director posteriormente utilizaría en uno de sus largometrajes más celebrados, “Halloween” (1978). Al año siguiente, John colaboraría con el productor y escritor John Longenecker, con quien filmaría el cortometraje, “The Resurrection of Brocho Billy” (1970). Dicha cinta, que era una elegía al western, presentaba a un protagonista no hace más que expresar el deseo del mismo Carpenter de convertirse en un héroe del viejo oeste. El director no solo obtendría un Oscar al mejor cortometraje por su trabajo, sino que además este se convertiría en el primer film realizado por un estudiante en ser estrenado en todos los Estados Unidos.


Su próximo trabajo, una comedia negra de ciencia ficción llamada “Dark Star” (1974), comenzó como un proyecto estudiantil. Sin embargo, Carpenter pronto se dio cuenta de que dentro de los parámetros universitarios era imposible llevar a cabo un proyecto de la magnitud que él quería hacerlo. La historia de dicho film la coescribió junto a Dan O´Bannon, con quién además compartió diversas labores como por ejemplo la composición de la banda sonora, la fabricación de efectos especiales e incluso tuvieron que participar como actores de la cinta. Con solo 60.000 dólares, la dupla logró armar un largometraje que fue distribuido a nivel nacional, lo que impresionó a muchos de los ejecutivos de los grandes estudios debido a la capacidad de ambos de armar un proyecto rentable con poco dinero, y utilizando elementos que podían haber sido sacados de un tacho de basura. Si bien en la actualidad el director no ve con buenos ojos su primer largometraje, si reconoce que la experiencia serviría para ver cómo funcionaba la industria del cine, y el proceso que se debía llevar a cabo para transformar una idea en una película.

El siguiente film de Carpenter sería “Assault on Precint 13” (1976), el cuál sería un thriller de bajo presupuesto influenciado directamente por las obras de Howard Hawks, en particular la cinta “Rio Bravo” (1959). Tal y como había sucedido en su anterior trabajo, John no solo se encargo de la dirección, sino que también escribió el guión, compuso la banda sonora y realizó la edición bajo el seudónimo de John T. Chance, que era el nombre del personaje de John Wayne en “Rio Bravo”. Aunque en Norteamérica el film no tuvo mucho éxito y fue bastante maltratado por la crítica, en Europa, específicamente en el Festival de Cine de Londres, tuvo una muy buena recepción, lo que según el mismo Carpenter, marcaría el comienzo de su carrera como director. La realización de dicha cinta tendría otra consecuencia importante. El director conocería a Debra Hill, productora y guionista con la que además de compartir la admiración por Howard Hawks, terminaría trabajando en gran parte de sus películas más celebradas. Curiosamente, con el transcurso de los años, “Assault on Precint 13” obtendría el reconocimiento que se merecía en los Estados Unidos, siendo considerada como uno de los mejores films de “explotación” de los setenta.


Antes de filmar la que quizás es su mejor película, Carpenter dirigió un film de suspenso hecho para la televisión titulado, “Someone´s Watching Me!” (1978), cuya historia tomaba prestados una gran cantidad de elementos propios del cine de Alfred Hitchcock. Fue aquí donde conoció a la actriz Adrienne Barbeau, con quien contrajo matrimonio al año siguiente, tuvo un hijo llamado John Cody, y se separó en 1984. En una de sus conversaciones con el productor Irwin Yablans, el directo comenzó a discutir el deseo del productor de filmar un largometraje centrado en un asesino con un gusto especial por las niñeras. Carpenter tomó la idea de Yablans y junto a Debra Hill, desarrolló una historia situada en la fiesta de Halloween. Durante la filmación de “Halloween” (1978), nuevamente John se haría cargo de la composición de la banda sonora, la cual en algunas entrevistas ha admitido que fue inspirada por las bandas sonoras de las cintas “Suspiria” (1977) y “The Exorcist” (1973). El director nuevamente trabajaría con un presupuesto relativamente bajo, de tan solo 320.000 dólares.

Para su sorpresa, el film recaudaría alrededor de 65 millones de dólares, convirtiéndose en la cinta independiente más exitosa de la historia. El éxito del largometraje residía básicamente en el hecho de que el director insertó un elemento “extraño” en un ambiente cotidiano, convirtiendo la historia en algo tangible y creíble. Cabe mencionar que dicha película, es considerada por mucho como el iniciador del popular género slasher que reinó durante la década de los ochenta en los Estados Unidos. En 1979, Carpenter colaboraría por primera vez con el actor Kurt Russell, en la cinta hecha para la televisión, “Elvis” (1979). Dicho largometraje, no solo obtuvo el beneplácito de los espectadores y la crítica, logrando que fuera distribuida en algunas salas de cine internacionales, sino que además ayudó a revivir la carrera de Russell, quien había sido lanzado a la fama como “niño actor” en la década de los sesenta. En su próximo trabajo, el director volvería a aliarse con Debra Hill para escribir el guión de “The Fog” (1980), una fantasmal historia de venganza inspirada en cómics tales como “Tales from the Crypt”, y en la cinta “The Crawling Eye” (1958), en la cual aparecían unos monstruos que se escondían en las nubes.


Completar “The Fog” no sería tarea fácil para Carpenter. Después de ver la primera edición del film, el director no se mostró satisfecho con el resultado. Por primera vez en su carrera, tuvo que ingeniárselas para salvaguardar un proyecto que estaba casi terminado y que lamentablemente, no cumplía con sus expectativas. Por este motivo, decidió filmar varias escenas no escritas en el guión original, las cuales finalmente equivaldrían a un tercio de la película terminada. Pese a todos los problemas que debió superar, y a la mala critica que recibió el film, de todas formas logro recaudar cerca de 21 millones de dólares, con un presupuesto inicial de tan solo un millón. En 1981, Carpenter comienza a rodar “Escape From New York”, la cual no hace más que reflejar sus preferencias por el cine de suspenso, la ciencia ficción, la comedia y el western, además de su afición por los cómics. El protagonista, Snake Plissken, interpretado por Kurt Russell, era un personaje sacado directamente del mundo del los cómics, que además presentaba algunas características propias del típico héroe del western. Quizás por este motivo, dicho personaje no tardaría en convertirse en uno de los protagonistas más recordados del mundo cinematográfico de Carpenter, alcanzando incluso una suerte de culto en torno a él.

Durante la filmación de “Escape From New York”, el director le solicitó ayuda a Roger Corman, quien le cedió varios técnicos de su compañía New World Pictures para completar los efectos especiales. Entre dicho grupo de técnicos, se encontraba un joven James Cameron, quien eventualmente se convertiría en uno de los directores más reconocidos de Hollywood. En su próximo film, “The Thing” (1982), película basada en el clásico de la ciencia ficción del director Howard Hawks, “The Thing From Another World” (1951), y en la novela de John W. Campbell Jr., “Who Goes There?”, Carpenter da el salto a las grandes ligas. Con un presupuesto de 15 millones de dólares, el director trabajaría nuevamente junto a Kurt Russell, con el experto en efectos especiales Rob Bottin, y con el afamado compositor Ennio Morricone, en la realización de uno de los grandes clásicos del cine de ciencia ficción. Lamentablemente para Carpenter, la cinta no tuvo un gran éxito comercial, convirtiéndose en el primer fracaso financiero del director. Debido a esto, la Universal, quien le habría ofrecido la adaptación de una de las novelas de Stephen King titulada “Firestarter”, decide removerlo de la dirección para contratar a Mark L. Lester. Irónicamente, el siguiente proyecto de Carpenter estaría basado en una de las novelas del exitoso escritor.


El guión de “Christine” (1983), estaba basado en la novela del mismo nombre de King, y se centraba en la historia de un adolescente que compra un viejo automóvil el cual resulta tener poderes sobrenaturales. Pese a que la cinta fue bien recibida por el público y la crítica, Carpenter no estaba satisfecho con su trabajo. Según él, solo realizó esta película porque era lo único que le fue ofrecido en aquel entonces. En su búsqueda por reencantar a la audiencia, el director se topó con un guión escrito por Bruce Evans y Raynold Gideon, el cual utilizaría para rodar la cinta romántica de ciencia ficción, “Starman” (1984). Para Carpenter, esta era su oportunidad de demostrar que podía desenvolverse en otros campos distintos al cine de terror y suspenso. El largometraje, que tuvo un éxito moderado, dio pie para que el productor Ilva Salkind le ofreciera a John la dirección de “Santa Claus: The Movie” (1985). Aunque inicialmente el director se mostró encantado con la idea de diversificar el tipo de cine que estaba rodando, las múltiples exigencias que le presentó al productor, entre las que se encontraba la opción de tener un completo control creativo, terminaron por desencadenar su desvinculación del proyecto. Varios años más tarde, Carpenter declararía en una entrevista que se arrepentía de haber dejado pasar una posibilidad de demostrarle a la crítica que tenía la capacidad de dirigir cualquier tipo de historia.

Lamentablemente para el director, su próximo film, la comedia de acción “Big Trouble in Little China” (1986), resultaría ser un completo fracaso de taquilla, lo que desencadenó que tuviera que lidiar con diversos problemas financieros durante los años siguientes. Carpenter no tuvo más opción que regresar al cine de bajo presupuesto, filmando largometrajes tales como “Prince of Darkness” (1974), film influenciado por la serie de la BBC, “Quatermass” (1953-58), en el cual pudo plasmar su interés por la religión y la miseria humana. Posteriormente rodaría la película de ciencia ficción, “They Live” (1988), la cual expresaba una feroz crítica al capitalismo reinante en Norteamérica. Pese a que tampoco fue bien recibida en su momento, con el transcurso de los años se ha convertido en una obra de culto. Antes de que terminara la década de los ochenta, a Carpenter se le ofreció la dirección de cintas como “The Exorcist III” (1990), “Top Gun” (1986) y “Fatal Attraction” (1987), proyectos de los cuales decidió retirarse por diversos motivos. Desde aquí en adelante, la carrera del director mostraría un marcado declive. Cintas fallidas como “Memoirs of an Invisible Man” (1992), “Body Bags” (1993), “Village of the Damned” (1995), “Escape From L.A.” (1996) y “Vampires” (1998), marcarían una etapa donde Carpenter se alejaba cada vez más de la brillantez que lo caracterizó en una época.


Probablemente el film, “In the Mouth of Madness” (1994), inspirado en la obra de Lovecraft, es el mejor trabajo del director durante la década de los noventa, aunque de todas formas este no fue recibido bien por el público y la crítica. Lamentablemente para sus seguidores, la década del 2000 solo fue una prolongación de la mediocridad que venía presentando el director. A la horrible “Ghost of Mars” (2005), le siguió la irregular “The Ward” (2010). Entre la realización de ambos films, Carpenter participó en dos episodios de la serie de televisión, “Masters of Horror”, los cuales pueden ser considerados como lo mejor que ha hecho el realizador en mucho tiempo. En el Fright Night Film Festival realizado el 2011, el director reveló que se encuentra trabajando en un western gótico, el cual espera estrenar en un futuro no muy lejano. Pese a todos sus altos y bajos, John Carpenter cuenta con una filmografía que lo ubica fácilmente entre los mejores directores fantásticos de la historia del cine, razón por la cual ya se han realizado remakes de a lo menos tres de sus films. La raíz de su éxito básicamente se basa en el hecho de que Carpenter es un hombre multifacético, que supo explotar de la mejor forma posible cada una de las habilidades que desarrolló durante su infancia y que luego perfeccionó en su adultez. Ahora solo nos queda esperar que el director vuelva a sorprendernos con algo de la magia con la que alguna vez plasmó en la pantalla grande.


por Fantomas.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Leslie Nielsen: Recordando a una de las grandes figuras del humor absurdo norteamericano.

Leslie William Nielsen nació el 11 de febrero de 1926, en Regina, Saskatchewan, Canadá. Hijo de una inmigrante inglesa y un inmigrante danés miembro de la Policía Montada Canadiense, Nielsen vivió gran parte de su infancia en Fort Norman, un lugar remoto cerca del Circulo Artico donde su padre estaba asignado, para luego pasar su adolescencia en la ciudad de Edmonton. Nielsen no tuvo una infancia muy feliz ya que su padre solía golpear a su madre, lo que provocó que el pequeño Leslie albergara unos profundos deseos de huir de su hogar. Su medio tío, Jean Hersholt, era un actor conocido por su interpretación del Dr. Christian en una serie radiofónica del mismo nombre, que posteriormente sería llevada al cine y la televisión. Sería gracias a él que Nielsen se interesaría en la actuación. De hecho, en una entrevista concedida al Boston Globe el actor declararía: “Aprendí a temprana edad que cuando mencionaba a mi tío, la gente me miraba como si fuese el mentiroso más grande del mundo. En ese momento los llevaba a mi casa y les enseñaba algunas revistas, y las cosas cambiaban drásticamente. Fue entonces cuando comencé a pensar que el negocio de la actuación no era una mala idea, aún cuando yo era muy tímido y necesitaría de mucho coraje para intentarlo. Mi tío murió antes de que estuviera en posición de conocerlo. Lamento no haber tenido la posibilidad de conocerlo mejor”.

Luego de graduarse de la escuela secundaria, Nielsen se enlistó en la Fuerza Aérea Real Canadiense, donde permaneció durante un año antes de mudarse a Calgary, donde consiguió un trabajo de disc jockey en una radio local. No pasaría mucho tiempo antes de que Nielsen comenzara a interesarse más en el mundo de la radio, por lo que terminó matriculándose en la Academia Lorne Greene de Artes de Radiofónicas, ubicada en Toronto. A fines de los cuarenta, mientras se encontraba estudiando en Toronto, Nielsen recibió una beca para asistir a la prestigiosa escuela de teatro Neighborhood Playhouse, ubicada en Nueva York. En relación a esto, el actor mencionaría en una ocasión: “No podía negarme, pero debo decir que cuando uno viene de la tierra de la nieve, los alces y la lana, y llega a Nueva York, uno se siente bastante lerdo. Mientras yo no abría mi boca, sentía una cierta seguridad. Pero siempre pensaba que iba a ser desenmascarado: ´Ok, empaca tus cosas.´ ´Bueno, ¿Qué es lo que sucede?´ ´Hemos descubierto que tú no tienes talento, y te estamos enviando de regreso a Canadá´”. Tras pensarlo detenidamente, Nielsen se mudó a Nueva York donde estudió teatro y música en la Neighborhood Playhouse, al mismo tiempo que participaba en algunas obras teatrales. Luego de esto, él asistió al Actors Studio, hasta que logró su primer trabajo en televisión; un pequeño papel en un episodio de la serie “Studio One” (1948), donde también participó Charlton Heston, por el cual recibió 75 dólares.

Sus brillantes ojos azules y su voz profunda le abrieron rápidamente las puertas del mundo de la televisión, aunque eso no ayudó demasiado a cimentar la confianza del actor. El mismo Nielsen reconocería que era consciente de su humilde pasado, por lo que intentó asumir la actitud de un “actor serio”. Afortunadamente para él, su estrategia le ayudó a conseguir más de 50 roles sólo en la década del cincuenta, época conocida como la “Era Dorada de la Televisión”. El actor no ganaría más de 75 o 100 dólares por show, pero por lo menos le alcanzaba para vivir tranquilo. Su distintiva voz lo llevaría a trabajar como narrador de un buen número de documentales y comerciales, pero salvo algunas pocas excepciones, sus primeros trabajos como actor no fueron muy fructíferos. En 1956, Nielsen tuvo su debut en el cine en la película “The Vagabond King”, del director Michael Curtiz. El actor no tendría muy buenos recuerdos de su trabajo con Curtiz, a quien describiría como “un sádico, un sádico encantador, pero un sádico”. Pese a que el film pasó sin pena ni gloria por las salas de cine, Nielsen atrajo la atención del productor Nicholas Nayfack, quien le ofreció asistir a la audición de la película de ciencia ficción, “Forbidden Planet” (1956), lo que dio como resultado que no solo el actor consiguiera el rol protagónico de la cinta, sino que además terminara firmando un contrato a largo plazo con la MGM.

“Forbidden Planet” se convirtió en un éxito inmediato, lo que le aseguró al actor una serie de papeles en otras películas de la MGM como por ejemplo “Ransom!” (1956), “The Opposite Sex” (1956), y “Hot Summer Night” (1957), entre otras. Sería gracias a su trabajo en la comedía romántica “Tammy and the Bachelor” (1957), coprotagonizada por Debbie Reynolds, que Nielsen recibiría sus primeras críticas positivas. Pese a esto, el actor no estaba conforme con la calidad de los proyectos que le eran ofrecidos. Esto lo llevó a abandonar la MGM, no sin antes audicionar para el rol de Messala en la pieza histórica, “Ben-Hur” (1959). Finalmente Stephen Boyd se quedaría con el rol. Luego de abandonar la MGM, Nielsen consiguió un rol en la miniserie de la Disney, “The Swamp Fox” (1959-61). Durante gran parte de los sesenta y los setenta, el actor trabajó mayormente en diversas series de televisión, como por ejemplo en “Alfred Hitchcock: Presents” (1958-61), “The Fugitive” (1963-67), “The Wild Wild West” (1965-69), “S.W.A.T.” (1975-76), y “The Virginian” (1962-71), entre otras. Probablemente sus roles más importantes en televisión durante este periodo los obtuvo en las series policiales: “The New Breed” (1961-62), en el piloto de “Hawaii Five-O” (1968), y en “The Bold Ones: The Protectors” (1969-70).

En 1972, Nielsen participó en la cinta de desastres “The Poseidon Adventure”, para luego colaborar con el director William Girdler en dos ocasiones, en las películas “Project: Kill” (1977) y “Day of the Animals” (1977). Su último rol dramático antes de meterse de casi lleno en el mundo de la comedia lo tendría en el film canadiense “City on Fire” (1979), donde interpretaría a un alcalde corrupto. En 1980, la capacidad del escritor y director Jerry Zucker para tomar actores conocidos por su seriedad a todo prueba, y ubicarlos en situaciones absurdas, se terminaría convirtiendo en un punto de inflexión en la carrera de Nielsen, quien en ese entonces tenía 54 años de edad. En la comedia “Airplane!” (1980), la cual parodiaba las películas de desastre, el actor interpretaba a un inexpresivo doctor que contrastaba con el entorno absurdo en el cual se desenvolvía. No solo la cinta se convertiría en un éxito, sino que además serviría para demostrar lo cómodo que se sentía el actor interpretando roles cómicos. De hecho, cuando se sugirió que dicho rol no encajaba con el perfil del actor, Nielsen protestó diciendo que “siempre había sido encasillado en roles que no encajaban con su perfil”, y que desde hace mucho tiempo que deseaba trabajar en comedias.

Pese a su buen desempeño en “Airplane!”, pasaría un tiempo antes de que Nielsen fuese considerado como un actor cómico, por lo que no tuvo más remedio que participar en un par de cintas de terror, específicamente “Prom Night” (1980) y “Creepshow” (1982). En 1982, el equipo conformado por Jerry Zucker y Jim Abrahams le ofrecería al actor el rol protagónico en una serie de media hora de duración, que pretendía parodiar los clásicos dramas policiales televisivos de los sesenta y setenta. Dicha serie tendría por nombre “Police Squad” (1982), donde el actor interpretaría al despistado detective Frank Drebin, rol por el cual sería merecedor de una nominación a los Emmy. Inexplicablemente, dicho show sería cancelado luego de seis episodios, pero de todas formas serviría para establecer definitivamente a Nielsen como un verdadero actor cómico, aún cuando durante los seis años siguientes él interpretó mayormente roles dramáticos en diversas series de televisión. Fue entonces cuando nuevamente fue llamado por el equipo Zucker-Abrahams, quienes deseaban realizar un largometraje basado en la serie “Police Squad”. De esta forma el actor retomaría al personaje de Frank Drebin en “The Naked Gun: From the Files of Police Squad!” (1988), cinta que sería bien recibida tanto por el público como por la crítica, dando inicio a la larga relación de Nielsen con la comedia.

Rápidamente el actor se convirtió en el protagonista de un sinfín de parodias, como por ejemplo “Repossessed” (1990), la cual se burlaba abiertamente del clásico del cine de terror, “The Exorcist” (1973). Al año siguiente, Nielsen nuevamente encarnaría a Frank Drebin en “The Naked Gun 2 ½: The Smell of Fear” (1991), logrando un nuevo éxito en su carrera. Posteriormente el actor tendría un pequeño rol en el episodio final de la serie “Golden Girls” (1985-92), como el hombre que se ganaba el corazón de Dorothy (Bea Arthur), para luego trabajar en la mediocre “Surf Ninjas” (1993). Aprovechando su afición por el golf, en 1994 Nielsen filmaría dos videos instructivos donde se burlaba abiertamente de su forma de jugar. Ese mismo año participaría en la última parte de la trilogía protagonizada por Frank Drebin titulada, “The Naked Gun 33 1/3: The Final Insult” (1994). Hasta un poco antes de su fallecimiento, Nielsen expresó abiertamente sus deseos de rodar una cuarta parte, lo que lamentablemente jamás ocurrió. Pasaría poco tiempo antes de que el actor retomara sus raíces canadienses participando en la serie de culto “Due South” (1994-99), donde interpretaba a un miembro de la policía montada canadiense.

Durante el resto de la década de los noventa, Nielsen siguió participando mayormente en parodias, entre las que se encuentran “Dracula: Dead and Loving It” (1995), “Spy Hard” (1996), y “Wrongfully Accused” (1998), entre otras. Además trabajó en la adaptación de la serie animada “Mr. Magoo” (1997), la cual pasó sin pena ni gloria por las salas de cine. La verdad es que ninguna de estas cintas tuvo el éxito esperado, por lo que muchos críticos llegaron a declarar que era preferible evitar cualquier comedia protagonizada por Nielsen que no fuese “The Naked Gun”. No sería hasta su participación como el Presidente Harris en el film “Scary Movie 3” (2003), que el actor nuevamente conseguiría el beneplácito de la crítica y el público. Tras participar en la aún más popular “Scary Movie 4” (2006), el actor aceptaría un rol dramático en el film “The Music Within” (2007), el cual sería exhibido solo en un puñado de festivales independientes. Ese mismo año, él obtendría un pequeño rol en la serie del Discovery Channel, “Doctor*ology” (2007), para posteriormente conseguir un puñado de pequeñas participaciones en algunas parodias bastante mediocres como por ejemplo “Superhero Movie” (2008) y “Spanish Movie” (2009). Lamentablemente, Leslie Nielsen falleció el 28 de noviembre del 2010, en un hospital de Fort Lauderdale, a causa de las complicaciones de la neumonía que estaba cursando. El actor que estuvo casado en cuatro ocasiones y que tuvo dos hijos con su segunda esposa (Alisande Ullman), era un bromista empedernido, lo que quedó comprobado cuando publicó una autobiografía ficticia titulada “The Naked Truth”, en la cual se retrataba como un actor popular con un largo historial de prestigiosas participaciones en el cine. Pese a no ser un actor excepcional, es innegable que Leslie Nielsen es uno de los rostros más reconocibles del humor absurdo norteamericano, cuyo legado quedó plasmado en cientos de series de televisión y en un número similar de películas.



por Fantomas.

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