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sábado, 21 de febrero de 2015

Hold-Up: ¿Qué hace Jean-Paul Belmondo vestido de payaso dentro de un banco?

“Hold-Up” (1985), es una comedía del director Alexandre Arcady, la cual está protagonizada por Jean-Paul Belmondo, Guy Marchand y Kim Cattrall.

Grimm (Jean-Paul Belmondo) es un hombre que está a punto de llevar a cabo su más ambicioso plan: atracar el banco más importante de Montreal y llevarse a casa, libre de impuestos, más de dos millones de dólares. Sin embargo, lo que en un principio parecía ser un plan perfecto, se verá amenazado por diversos obstáculos que dificultaran el escape de Grimm y de sus dos cómplices: el torpe pero leal Georges (Guy Marchand), y la sensual Lisa (Kim Cattrall).

 

Para cuando comenzó a filmar la comedia de acción “Hold-Up”, la cual contó con un presupuesto bastante generoso y con el icónico actor Jean-Paul Belmondo como protagonista, el director francés Alexandre Arcady había logrado al menos tres grandes éxitos de taquilla, siendo el más importante de ellos el film “Le Grand Pardon” (1982). El guión de “Hold-Up” se basó en la novela “Quick Change”, del escritor norteamericano Jay Cronley, y fue escrito por el mismo Arcady en compañía de Daniel Saint-Hamont y el popular guionista Francis Veber, quien fue incluido en la producción a petición de Belmondo. Debido a que el escenario urbano norteamericano presente en la novela de Cronley era parte esencial de la historia y del funcionamiento de la misma, el equipo de producción tomó la decisión de rodar el film en Montreal, la ciudad más grande de la provincia canadiense de Quebec. Cabe mencionar que esta decisión poseía una doble intencionalidad: por un lado le imprimía al film una estética “americana” que facilitaría su distribución en el mercado norteamericano, y al mismo tiempo le otorgaba la posibilidad al director de incluir una serie de ambiciosas y vistosas escenas de riesgo en la narrativa, las cuales solían ser parte del sello de las películas de acción en las que participó Belmondo durante gran parte de las décadas del setenta y el ochenta.

En “Hold-Up”, el genio criminal conocido como Grimm, elabora un brillante e infalible plan para asaltar el supuestamente inexpugnable Banco Central de Montreal. Ataviado de un disfraz de payaso, Grimm ingresa al banco y toma como rehenes a todas las personas que se encuentran en su interior. Lo que la gran mayoría de las víctimas del asalto y lo que la policía liderada por el Inspector Simon Labrosse (Jean-Pierre Marielle) no sospechan, es que el criminal cuenta con dos cómplices entre los rehenes: Georges, quien además de ser el mejor amigo de Grimm, es un tipo sumamente inseguro y torpe; y Lisa, quien pese a mantener una relación amorosa con Georges, está secretamente interesada en Grimm. Irónicamente, una vez que el trío logra eludir a la policía y escapar del banco con cerca de dos millones de dólares en efectivo, es entonces cuando comienzan los problemas. Al asedio incesante del Inspector Labrosse, quien intenta en vano descubrir la estratagema de los asaltantes antes de que estos abandonen Montreal, se suma la presencia de Lasky (Tex Konig), un viejo conocido de los criminales el cual una vez que descubre su plan, hace todo lo posible por arrebatarles el botín, y una serie de diversas desventuras en las que se ve envuelto un desafortunado chofer de taxi llamado Jeremie (Jacques Villeret), y el tan temido “factor humano” al cual Grimm responsabiliza constantemente de los fracasos de los grandes planes que él alguna vez puso en marcha. Con el tiempo y las probabilidades en su contra, Grimm y sus secuaces intentarán llegar al aeropuerto de Montreal antes de que su loca carrera termine en prisión.

 

“Hold-Up” es un film que intenta fusionar dos segmentos o subtramas claramente delimitadas, en una misma historia repleta de matices. El primero de estos segmentos presenta una marcada inclinación hacia la comedia, y funciona como la típica película de robos norteamericana, pero teñida por las influencias del cine francés. Es por este motivo que la primera mitad del film gira en torno a una grotesca parodia de un asalto a un banco, la cual se convierte en la lucha de ingenios entre Grimm, quien es retratado como un meticuloso y extravagante ladrón, y el Inspector Labrosse, quien no puede evitar perder el control cada vez que sostiene una conversación con el payaso que tiene como rehenes a los clientes de la prestigiosa entidad financiera. Una vez que la acción se traslada a los diversos rincones de la ciudad de Montreal que se encuentran entre el banco en cuestión y el aeropuerto al cual desean llegar los protagonistas, la cinta mezcla de manera algo caótica escenas de acción, dosis importantes de humor negro, e incluso algunos breves momentos dramáticos, los cuales en su mayoría hacen referencia a la relación existente entre el trío protagónico, en especial entre Grimm y Georges. Es a raíz de esto que durante la segunda mitad de la cinta es posible ver frenéticas persecuciones automovilísticas, breves pero memorables interacciones entre Grimm y Labrosse, y la inclusión de un taxista algo torpe que hará las veces tanto de víctima como de victimario del trío de ladrones.

Si hay algo que llama la atención durante la segunda mitad de la cinta, es la exploración de las diversas aristas de aquello que Grimm llama “el factor humano”. Según el experimentado ladrón, lo único que puede frustrar un buen plan es la estupidez propia del ser humano. En esta oportunidad, la codicia sin límites de Lasky, la inocencia cuasi infantil de Georges, el oportunismo de Jeremie, y la naturaleza caprichosa e impredecible de Lisa, son los principales ejemplos del tan temido “factor humano”. En el caso puntual de Lisa, ella en repetidas oportunidades le sugiere a Grimm que sería más conveniente para ambos huir juntos y dejar a Georges a merced de la policía, aun a sabiendas que el pobre Georges está perdidamente enamorado de ella. Esto de inmediato le otorga un cierto grado de ambigüedad a la historia, ya que por un lado el espectador desea ver triunfante al trío protagónico, pero por otra parte se sugiere que Lisa en cualquier momento puede traicionar a sus compañeros sin mayor remordimiento, cuya relación de amistad demuestra ser absolutamente inquebrantable. Lamentablemente, pese a que durante la segunda mitad del film se exhibe un puñado de buenas ideas, Arcady no logra plasmarlas con demasiado éxito, lo que provoca que la película caiga en una vorágine de frenética mediocridad, exenta de giros dramáticas realmente interesantes, lo cual intenta ser compensado por el director con la inclusión de numerosas escenas de riesgo y diversos cambios de escenario, que no hacen más que evidenciar lo frágil del plan de escape de los protagonistas.

 

En cuanto a las actuaciones, la totalidad del elenco realiza un trabajo que va desde lo meramente correcto hasta lo sencillamente brillante. Dentro de este abanico de interpretaciones, quien realmente se destaca es Jean-Paul Belmondo, quien no solo capitaliza de manera brillante su carisma natural, sino que además construye un personaje interesante que no se conforma con representar al estereotipo del genio criminal codicioso y calculador, sino que muy por el contrario, demuestra ser un tipo leal y preocupado por su amigo, el cual no solo rechaza los múltiples avances que le realiza Lisa, sino que también se muestra dispuesto a sacrificar el botín con tal de conservar la libertad de su viejo compañero. Guy Marchand por su parte, interpreta de buena manera a un personaje torpe, bien intencionado y plagado de sueños, mientras que Kim Cattrall cumple con lo justo con su rol de femme fatale, cuyo cambio de opinión final resulta ser demasiado errático e incomprensible como para otorgarle demasiada importancia. Por otro lado, en lo que respecta al aspecto técnico de la producción, al correcto trabajo de fotografía de Richard Ciupka, se suma la vibrante banda sonora del compositor Serge Franklin, cuya mezcla de ritmos propios del jazz, el blues y el country, la convierten en uno de los puntos altos de la cinta.

Cinco años más tarde del estreno de “Hold-Up”, el director y guionista Howard Franklin en compañía de Bill Murray, estrenarían su propia adaptación de la novela de Jay Cronley, la cual además de estar mejor ejecutada, presenta una serie de importantes diferencias con la cinta de Alexandre Arcady. Entre otras cosas, “Quick Change” (1990) no solo trasladaría la acción a la ciudad de Nueva York, sino que además la convertiría en parte del conflicto central de la historia, ya que las complicaciones que experimenta el protagonista interpretado por Bill Murray y sus compañeros de fechorías, están estrictamente ligados con el ritmo frenético característico de la ciudad norteamericana. El Grimm de Murray odia la ciudad y a sus habitantes, y ese es uno de los principales motivos que lo llevan a asaltar un banco junto a sus dos cómplices. Este pequeño detalle provoca que la segunda mitad de “Quick Change”, funcione de mucha mejor manera que los segundos cuarenta minutos del film de Arcady. Al mismo tiempo, la dinámica entre el trío protagónico es completamente diferente. Mientras que en “Hold-Up” Lisa es pareja de Georges, y es sin lugar a dudas la más ambiciosa y egoísta de los tres, en “Quick Change” el personaje interpretado por Geena Davis mantiene una complicada relación amorosa con Grimm, quien constantemente se muestra como un personaje sumamente ególatra que no puede ver más allá de su propia nariz. Más allá de las diferencias con su remake y de las falencias propias de un guión que decae de manera notable durante la segunda mitad, “Hold-Up” se alimenta del carisma de Belmondo, de la gran cantidad de diálogos ingeniosos escritos por Francis Veber, y de la habilidad de Arcady a la hora de filmar escenas visualmente atrayentes, para alzarse como una de las buenas comedias de acción francesa rodadas durante la década del ochenta.


por Fantomas.

sábado, 17 de marzo de 2012

Bob le Flambeur: Los constantes giros de la suerte.

“Bob le Flambeur” (1956), es un drama criminal del director Jean-Pierre Melville, el cual está protagonizado por Roger Duchesne, Daniel Cauchy, e Isabelle Corey.

Bob Montagné (Roger Duchesne) es un jugador fracasado que se abre camino a través del submundo parisino. Cuando su dinero está a punto de acabarse, decide asaltar un casino con la ayuda de sus viejos camaradas. Sin embargo, en su camino se interpondrán la traición, secretos y una peligrosa y seductora joven, que eventualmente amenazan con echar por la borda su magistral golpe final.

Jean-Pierre Melville, cuyo verdadero apellido es Grumberg (su apellido “artístico” se debía a la admiración que sentía por Herman Melville, el autor de “Moby Dick"), es considerado por muchos como el padre de la Nouvelle Vague, nombre que se le dio al movimiento liderado por un grupo de cineastas franceses que surgió a fines de la década del cincuenta, los que decidieron revelarse en contra de las estructuras del cine francés de la época, no solo en términos técnicos sino también narrativos. Mientras que Melville rodaba las escenas en locaciones con cámara en mano montado sobre una bicicleta, este exponía sus intereses personales. Su admiración por el cine y la cultura norteamericana, la cual compartían los cineastas de la Nouvelle Vague, lo llevó no solo a viajar a los Estados Unidos para filmar una cinta, sino que además a expresar su afición abiertamente, llegando a los sets de filmación en su coche americano, utilizando un sombrero vaquero y unos Ray-Ban. Con respecto a esto, el actor Daniel Cauchy recordaría en una ocasión: “siempre sintonizaba la emisora de las Fuerzas Armadas, en la que escuchaba a Glenn Miller”. Al mismo tiempo, devoraba las películas americanas de gánsteres, las cuales eventualmente adaptaría a sus propios cánones, empapándolas de referencias personales y sofisticación.

Ese es precisamente el caso de “Bob le Flambeur”, el quinto trabajo del director, el cual es considerado por muchos como la cinta que inauguró el movimiento de la Nouvelle Vague. El protagonista de la historia es Bob Montagné, un ex ladrón de bancos que ahora pasa sus días apostando el poco dinero que le queda en los cuartos privados que abundan en las calles del barrio de Pigalle. El hecho de que pierda cada apuesta que realiza poco parece importarle, razón por la cual tampoco se cuestiona su accionar diario. Bob es un apostador empedernido, que busca incesantemente a la suerte, su vieja amante perdida, incluso al llegar a su casa todas las noches, donde utiliza una moneda en la máquina tragamonedas que guarda en su closet. Tan importante como su pasión por el juego, es el cuidado de las apariencias y su estricto código de honor, que lo lleva a despreciar a los proxenetas que rondan en su querido barrio, por violar la galantería de los criminales sofisticados como él. Pese a su infortunado presente, Bob sigue siendo venerado por sus cercanos, en especial por su protegido Paolo (Daniel Cauchy), quién intenta seguir cada uno de los pasos de su mentor, aunque no siempre lo logra, lo que eventualmente lo mete en problemas que ni el mismo Bob podrá solucionar.

La cinta comienza con una descripción de las calles del barrio de Pigalle, escenario donde se desarrolla gran parte del relato, para luego presentarnos parte de la rutina diaria del protagonista, sus andanzas por las diversas salas de apuestas del lugar y su inclinación por rescatar de las calles a apuestas jovencitas que intentan ganarse la vida de manera fácil. Es así como se encuentra con Anne (Isabelle Corey), una joven que es pretendida por un proxeneta llamado Marc (Gérard Buhr), quien hace las veces de villano del film. Dicha joven, terminará convirtiéndose en el objeto de deseo de Paolo, y en la causante de su descenso al infierno. Para Bob, dentro de su galantería, la joven no es más que alguien que se encuentra perdida en la vida, y que necesita una mano para no caer en las garras de los hombres más detestables del submundo donde se mueve. Es por esto que el protagonista no solo le ofrece un techo donde vivir, sino que también le consigue trabajo e intenta emparejarla con Paolo. Sin embargo, Anne es una femme fatale en toda su regla, cuya frialdad la lleva a utilizar a los hombres para conseguir un fin determinado. En todo el transcurso de la historia, Anne solo tiene una muestra de real afecto hacia Bob, a quién le entrega una flor en muestra de gratitud, gesto que probablemente escondía algún significado especial para Melville, debido a que este también lo incluye en el film “Le Cercle Rouge” (1971).

Será en una de sus tantas visitas a uno de los casinos de la ciudad de Paris, que Bob escucha que en el casino de Deauville la caja fuerte contiene más de ochocientos millones de francos. Es ahí cuando decide intentar cambiar su suerte, planeando un robo en compañía de un grupo de viejos colegas. En un principio el plan parece sencillo, y a medida que los involucrados ensayan cada uno de los pasos a seguir, en su mente el robo comienza a parecer cada vez más perfecto. En el segundo tramo de la cinta, vemos con lujo de detalle todo el proceso que precede al robo, comenzado con el reclutamiento de los ladrones, continuando con la simulación del robo en un sitio baldío, y terminando con la práctica metódica del encargado de abrir la caja fuerte. Lo que en un principio parece ser un plan a prueba de fallas, eventualmente se verá amenazado por los fantasmas de los protagonistas, los cuales comienzan a confabular en su contra. Las mujeres se vuelven un problema y su traición amenaza por echar por la borda los sueños de riqueza de este grupo de criminales. Por otro lado, la pasión incombustible por el juego del protagonista no solo se vuelve un problema primordial a la hora de cometer el robo, sino que también es parte esencial de la increíble vuelta de tuerca final del film, la cual está cargada de tensión e ironía.

En el ámbito de las actuaciones, nos encontramos con un elenco que sorprendentemente realiza un estupendo trabajo, y digo sorprendentemente porque no todos eran actores profesionales. Melville no contaba precisamente con un gran presupuesto, lo que lo obligó a rodar la cinta por partes mientras conseguía el dinero necesario para poder pagarles a los actores. Daniel Cauchy recordaría en una ocasión el director le dijo: “Ahora mismo tengo dinero para tres o cuatro días, y después de eso filmaremos cuando podamos”. Dicha situación lo llevó a tomar decisiones bastante arriesgadas a la hora de escoger al reparto. En aquel entonces, Roger Duchesne tenía serios problemas con el alcohol, lo que lo transformaba en una persona impredecible. Pese a esto, su trabajo en el film es impecable a la hora de darle vida a este criminal honorable, hombre de pocas palabras, cuya afición por el juego en ocasiones sobrepasa el límite de la cordura. Por otro lado, Isabelle Corey, quién interpreta de gran manera a quién es quizás uno de los personajes más interesantes de la historia, fue recogida de la calle por Melville, quien tras invitarla a dar un paseo en su automóvil americano, descubrió que la atractiva joven solo tenía dieciséis años. Por último cabe destacar la actuación de Daniel Cauchy, que logra dotar a Paolo de un aire inocentón, que lo arrastrará a perder la cabeza por una mujer que no muestra mayor interés en él.

El film también presenta un apartado técnico destacable. No solo cuenta con un estupendo trabajo de fotografía de Henri Decaë y Maurice Blettery, sino que además cuenta con la atmosférica banda sonora compuesta por Jo Boyer y Eddie Barclay. En conjunto, estos elementos dotan a la cinta de un aire melancólico y algo romántico, lo que se mezcla bien con las intenciones del director de representar el mundo criminal con sofisticación. En gran medida, “Bob le Flambeur” no es más que la expresión de la admiración que Melville sentía por el film noir norteamericano, lo que mezcla con referencias personales, otorgándole un sello propio e inconfundible al film. Oficiando de narrador, el director nos entrega su percepción del mundo del protagonista, la cual está cargada de ironía y cinismo. La cinta cuenta con un ritmo narrativo pausado, pero nunca tedioso, y está repleta de diálogos destacables y situaciones memorables, razón por la cual el mismísimo Jean-Luc Godard ha mencionado que esta es su película preferida de Melville. Y es que bajo la apariencia de un relato sobre el asalto a un casino, se esconde una fábula moral repleta de personajes inolvidables, y un final que es fiel a la esencia del protagonista.

por Fantomas.

viernes, 17 de febrero de 2012

Le grande bouffe (La Gran Comilona): Comer hasta morir.

“Le grande bouffe” (1973), es una comedia del director Marco Ferreri, la cual está protagonizada por Marcello Mastroianni, Ugo Tognazzi, Michel Piccoli, y Philippe Noiret.

Un grupo de cuatro amigos formado por el piloto de aviones Marcello (Marcello Mastroianni), el magistrado Philippe (Philippe Noiret), el cocinero Ugo (Ugo Tognazzi) y el productor audiovisual Michel (Michel Piccoli), hastiados de su propia existencia realizan un terrible y pantagruélico pacto: Reunirse en una barroca mansión de París, antigua residencia del poeta Boileau, y dar rienda suelta a su gula hasta llegar a los límites del ser humano.

Marco Ferreri suele ser recordado por haber sido uno de los directores cómicos más inusuales del cine italiano, cuyo trabajo siempre se caracterizó por desafiar las normas establecidas para el cine de la época. Quizás por este mismo motivo, el director logró obtener una mayor popularidad en Francia que en su país natal. Sin embargo, su historia como director comenzaría a gestarse en los cincuenta, cuando viajó a España y conoció al guionista Rafael Azcona, con quién compartía la misma visión pesimista y negativa de la sociedad en la que les tocó vivir. Fue así como juntos darían vida a una trilogía de ácidas comedias, compuesta por “El Pisito” (1959), “El Cochecito” (1960), y la cinta que hoy nos ocupa. Sería especialmente en esta última que la dupla fustigaría con furia, casi con crueldad, todo aquello que odiaban del mundo banal y consumista en el que estaban inmersos, encarnado por la burguesía, generando airadas reacciones del público al momento de su estreno en el Festival de Cannes, ganándose en ese entonces el repudio de la crítica, que señaló al film como el más decadente de la historia del cine francés.

Con la máxima de realizar un cine centrado en la fisiología más que en los sentimientos, y con la ayuda del productor Jean-Pierre Rassam, Ferreri comenzó a gestar el que tal vez fue el film más “afrancesado” de su carrera. La historia de “Le grande bouffe” es tan caótica como el desarrollo de su rodaje. Habiendo reunido a dos figuras importantes del cine italiano, y a otras dos del cine francés, desde un principio el director insistió en la importancia de la improvisación, y de la creación en terreno de una cinta que claramente necesita un cierto grado de locura espontánea. Como bien lo mencionaría Ugo Tognazzi en una vieja entrevista, el clima de confianza que creó Ferreri permitió que los egos involucrados en el proyecto no colisionaran en su búsqueda por protagonismo. Es más, fue tal el grado de confianza y respeto que se formó entre los miembros del elenco, que un día mientras el director se encontraba preparando una escena en el jardín de la casa en la que ocurren los dantescos acontecimientos que conforman la cinta, los actores le tiraron en la cabeza las mil hojas del libreto hechas pedacitos.

Mediante el relato de cómo estos cuatro amigos se reúnen en una casa para literalmente comer hasta morir, Ferreri ataca a la sociedad del consumo, la que al igual que los protagonistas del film parece no saciarse con nada. Como bien queda establecido en el transcurso de la cinta, el cuerpo no es continente suficiente para abarcar la interminable búsqueda de placer (gastronómico, sexual, intelectual, etc.) tan propia del ser humano. Estos cuatro hombres, aparentemente exitosos en sus respectivos campos y fieles representantes de la burguesía, deciden buscar en la comida una suerte de vía de escape de una vida que ha dejado de tener sentido, y en donde las apariencias lo son todo. Por supuesto que este curioso método de suicidio colectivo los llevará de regreso a lo básico, limitando sus existencias a satisfacer solo sus necesidades fisiológicas. Mientras que algunos tendrán que lidiar con su hambre insaciable o sus deseos ocultos, otros como el personaje de Mastroianni, deberán tratar de aplacar su inagotable deseo sexual, ya sea con el trío de prostitutas que los protagonistas deciden invitar a su grotesco acto de suicidio, o con Andrea (Andréa Ferréol), una maestra de escuela que por casualidad da con estos hombres, y que eventualmente decide sumarse a la vorágine gastronómica y sexual en la que están inmersos.

El escenario en general es grotesco, y es algo de lo que no tardan en percatarse las mismas prostitutas. No pasa mucho tiempo antes de que las simples molestias estomacales se conviertan en flatulencias, y para que estas terminen mutando en actos decididamente escatológicos, lo que por supuesto no disuade a los personajes de frenar su “aventura” gastronómica. De la misma forma en que las prostitutas se sienten ofendidas e incluso asqueadas con el accionar de estos hombres, el espectador siente que está siendo testigo de un espectáculo decadente pero extrañamente atrayente. El sufrido camino hacia su propia autodestrucción, es conducido por la ya mencionada Andrea, una mujer que caerá en los mismos excesos del resto del grupo, y que en cierta medida podría considerarse como la mismísima encarnación de la muerte, la cual decide acompañar a estos hombres en su último acto de grandilocuencia. Andrea por momentos se convierte prácticamente en un personaje omnipresente, la cual además parece ser la única capaz de comprender los actos de este grupo que cree que la felicidad reside en la sublimación de las pulsiones fisiológicas.

Para poder obtener la independencia creativa que finalmente gozó el elenco, cada uno de los actores involucrados se identificó con su personaje al punto de convertirse en ellos, lo cual obviamente se refleja en la pantalla. El trabajo de todo el elenco es excepcional, y la química existente entre los actores es innegable. Resulta curioso como por momentos estos pasan a formar parte de la escenografía, del espectáculo, y dejan de ser vehículos utilizados por el director para transmitirle alguna emoción al espectador. Esto también contribuye al hecho de que este último tome cierta distancia de los personajes, y vea con incredulidad como se desarrolla este verdadero circo romano de la glotonería, donde los participantes compiten por ver quién es el primero en morir a causa de sus excesos. Por otro lado, nos encontramos con el correcto trabajo de fotografía de Mario Vulpiani, quien colabora en gran medida en la construcción de este escenario dantesco, cuyo único acompañamiento musical es una pequeña pieza compuesta por Philippe Sarde, la cual es utilizada en muy contadas ocasiones durante el transcurso de una cinta que presenta un ritmo narrativo algo pausado.

Si bien existen una serie de simbolismos inmersos en una historia que no tiene ni un principio ni un final definido, estos se han ido diluyendo en el tiempo, perdiendo importancia ante el impactante espectáculo visual. La aparición del personaje de Tognazzi personificando a Marlon Brando, o el escatológico fallecimiento del personaje de Piccoli, dejan en segundo plano cualquier tipo de mensaje que la dupla conformada por Ferreri y Azcona quisieron transmitir en su momento. Lo que en los setenta se presentó como una película rupturista y provocativa, hoy en día puede ser vista como algo más que una simple extravagancia cinematográfica, o incluso como un mero capricho de un director que buscaba llamar la atención. Si bien el mensaje de “Le grande bouffe” ha perdido fuerza, aún cuando seguimos inmersos en una sociedad gobernada por el consumo, la cinta se conserva como una experiencia única, que falla a la hora de despertar el intelectualismo del espectador, pero que triunfa estimulando las pasiones primarias del mismo. Aunque obviamente no será del gusto del grueso de los espectadores, “Le grande bouffe” se presenta como una experiencia al menos interesante que difícilmente podrá dejar indiferente a quién se aventure a verla.


por Fantomas.

miércoles, 8 de febrero de 2012

L`alpagueur aka El Cazador de Hombres: Un caza recompensas a la francesa.

“L`alpagueur” (1976), es un thriller del director Philippe Labro, el cual está protagonizado por Jean-Paul Belmondo, Bruno Cremer, y Patrick Fierry.

El Cazador de hombres (Jean-Paul Belmondo) es un mercenario solitario y marginal que firma un acuerdo con dos personas importantes para llevar a cabo una serie de misiones utilizando métodos particulares e ilegales, con el objeto de detener a algún peligroso traficante, criminal, etc. Gracias a estas acciones su cabeza tiene precio en muchos lugares, por lo que es perseguido tanto por las autoridades como por los maleantes que intenta eliminar.




A principios de los setenta, el denominado “cine polar” que englobaba a un grupo de cintas francesas fuertemente influenciadas por las producciones del film noir que se rodaron en el Hollywood de los cuarenta, comenzó a mutar al tomar ciertos elementos del cada vez más exitoso cine italiano, tanto en el aspecto narrativo, como en el técnico y el artístico. Fue entonces que cuando bajo el alero de directores como Henri Vernuil, Jacques Deray, y el director de la cinta que hoy nos ocupa, un grupo de actores franceses como Alain Delon y Jean-Paul Belmondo, entre otros, comenzaron a cimentar su fama como hombres de acción en una serie de thrillers criminales, donde por lo general interpretaban a personajes que actuaban fuera de los márgenes de la legalidad. Este es precisamente el caso de “L`alpagueur”, donde Belmondo interpreta a un solitario y misterioso caza recompensas conocido únicamente como “El Cazador” (lo que rápidamente nos trae a la memoria al personaje que Clint Eastwood interpretó en la “Trilogía del Dólar” de Sergio Leone), quien es utilizado de manera secreta por la policía para obtener las pruebas que les permitan capturar diversos criminales que se las han ingeniado para evadir la ley.

Es así como en un determinado momento del film, le es encomendada la tarea de capturar a un peligroso criminal conocido como “El gavilán” (Bruno Cremer), quien últimamente ha estado cometiendo una serie de robos con violencia, en los que utiliza a jóvenes con problemas como fugaces cómplices, a los cuales asesina una vez cometido el crimen. Sin embargo, en uno de estos atracos el cómplice de turno, un joven llamado Costa Valdez (Patrick Fierry), logra salir con vida, convirtiéndose en la única esperanza de la policía, y posteriormente del Cazador, para dar con el tan buscado criminal. Lamentablemente, no todo es tan sencillo como parece. No solo el Cazador tendrá que ganarse la confianza del joven, sino que además deberá ayudarlo a fugarse de la cárcel para dar con el posible paradero del Gavilán. Será la relación que se desarrolla entre el protagonista y Costa, lo que constituye el verdadero núcleo de la película. No pasa mucho tiempo antes de que se transformen en una suerte de maestro y alumno, cuyas semejanzas los terminan uniendo en un potente lazo de amistad. Ambos son hombres solitarios y amorales, los cuales no parecen tener familia ni amigos, por lo que por momentos da la impresión que la relación que establecen es la representación del único rasgo de humanidad que les va quedando.

Mientras que el personaje de Belmondo calza perfecto con el típico antihéroe presente en el spaghetti western, presentándose como un hombre motivado solo por el dinero, el cual está sumamente consciente de su efectividad, y que utiliza la ironía tan seguido como sus puños, aquel interpretado por Bruno Cremer se alza como su contraparte perfecta. El Gavilán es un tipo frío, despiadado y autosuficiente, que pareciera cometer crímenes por mero placer. Ambos son depredadores, aunque claramente pertenecen a distintas especies. Resulta curioso cómo tras la elección de jóvenes cómplices, se esconde una homosexualidad latente por parte del criminal. En todos los atracos, este busca establecer una relación de dominancia con sus cómplices, corrompiéndolos y convirtiéndolos en un mero instrumento para un fin. Sin embargo, todo esto queda en el ámbito de la mera especulación, ya que al igual que lo que sucede con la mayoría de los personajes del film, es poco lo que sabemos acerca de la vida del Gavilán, y durante el transcurso de la película tampoco son explicados sus motivos.

Básicamente, la cinta está divida en tres actos. En el primero son presentados los personajes principales, como estos llevan a cabo sus respectivas actividades, y como es encarcelado el joven Costa. Ya en el segundo acto, el Cazador debe infiltrarse en la prisión para ganar la confianza de Costa, sonsacarle la información que la policía no pudo obtener de él, y ayudarlo a escapar del establecimiento con la colaboración de un grupo clandestino que opera al interior de la prisión. Finalmente, en el tercer acto la improvisada dupla de compañeros no solo deben ingeniárselas para escapar de la policía y del grupo de criminales involucrados en la fuga de la cárcel, sino que además deben dar con el paradero del villano de turno, antes de que este cometa un nuevo crimen. Sin lugar a dudas, es durante el tercer tramo de la cinta donde se concentra la mayor parte de la acción y el suspenso de la misma, cuyo clímax es el esperado enfrentamiento entre el Cazador y el Gavilán, donde las palabras sobran y el único método de comunicación son los puños de los involucrados.

La película en gran medida se sostiene gracias al excelente trabajo de Belmondo. Este impide que su personaje se torne unidimensional, aún cuando sus líneas de diálogo son más bien escasas. El gran mérito del actor, es la capacidad que este tiene para imprimirle ciertos rasgos humorísticos al Cazador, dotándolo de una humanidad que lo aleja de convertirse en una mera encarnación de la virilidad masculina. Esto lo complementa con un buen uso del lenguaje no verbal, lo que termina convirtiéndolo en un personaje querible. Bruno Cremer también realiza un buen trabajo interpretando al temido y escalofriante Gavilán, logrando por momentos que este se convierta casi en un personaje omnipresente, pese a que solo aparece en contadas escenas. Por otro lado, es destacable el trabajo de fotografía de Jean Penzer, quien logra dotar al film de una atmósfera gris y pesimista, lo cual es bastante propio del “polar”. Lamentablemente, no se puede decir lo mismo de la banda sonora compuesta por Michel Colombier, la cual si bien tiene algunos pasajes interesantes, en general es bastante olvidable y es muy mal utilizada por el director.

Aunque en términos generales “L`alpagueur” es una cinta entretenida e interesante, que mezcla escenas de acción con otras más inclinadas a la comedia o al suspenso, hay dos cosas que resultan criticables. La primera es que al caer en un estilo narrativo más bien episódico, Philippe Labro desvía la atención del conflicto principal, lo que por momentos le resta importancia al punto de que parece solo otra “mini-aventura” de las tantas que emprende el protagonista. Lo otro que resulta molesto, es que quedan muchas preguntas sin resolver y existen algunos agujeros en el guión que desafían la credibilidad del mismo. Si bien tanto Labro como Belmondo trabajarían en cintas superiores a la que hoy nos ocupa, de todas formas “L`alpagueur” es un buen ejemplo de esta oleada de cintas producidas en Francia durante los setenta, que supieron mezclar con éxito elementos de diversos géneros, dando como resultado historias que se desarrollaban en un universo poblado únicamente por hombres que exudaban testosterona, los cuales aprovechaban cada oportunidad para establecer su dominancia ante sus pares. Y es que precisamente en ese ambiente que Jean-Paul Belmondo logró establecerse como uno de los tipos duros más recordados de la historia del cine europeo.

por Fantomas.

domingo, 23 de enero de 2011

Swimming Pool: Los misterios del proceso creativo.

“Swimming Pool” (2003), es un thriller del director François Ozon, el cual está protagonizado por Charlotte Rampling, Ludivine Sagnier y Charles Dance.

Harta de ser considerada una simple autora de novelas policiales, la escritora Sarah Morton (Charlotte Rampling) acepta irse de vacaciones a la casa que su editor posee en el sur de Francia. Todo es paz y descanso los primeros días, pero luego aparece Julie (Ludivine Sagnier), la hija del editor, quien complicará de manera insospechada las vacaciones de Sarah.


Luego de rodar el musical de misterio “8 Women” (2002), el director francés François Ozon deseaba realizar una cinta más íntima, con menos personajes y que fuera protagonizada por una actriz con la que él ya hubiese trabajado anteriormente. Fue por este motivo que el realizador de inmediato pensó en la actriz británica Charlotte Rampling, con quien había trabajado en el film “Under the Sand” (2000), lo que les permitió desarrollar una muy cercana amistad. Con esto en mente, Ozon se asoció con Emmanuèle Bernheim con la intención de escribir un guión a la medida de Rampling. Aunque en un principio la dupla había pensado en retratar la relación entre una mujer madura y un hombre más joven, finalmente esta idea fue desechada por Ozon quien consideró que sería más interesante plasmar la relación entre dos mujeres diametralmente opuestas. Debido a esto, el director rápidamente contrató a la actriz Ludivine Sagnier para que interpretara a una joven sexy y atrevida, que por momentos da la impresión de ser una suerte de Marilyn Monroe del sur de Francia.

“Swimming Pool” se centra en la figura de Sarah Morton, una escritora de novelas policiales las cuales gozan de bastante popularidad en Inglaterra. Aunque todo el mundo, incluyendo a su editor John Bosload (Charles Dance), está bastante contento con su trabajo, Sarah ha comenzado a albergar el deseo de explorar otros géneros literarios. Sin embargo, las presiones de su entorno y la imposibilidad de trabajar en nuevos proyectos, la han llevado a convertirse en una mujer cínica y amargada, incapaz de satisfacer sus propios deseos y necesidades. Con la esperanza de que un poco de tranquilidad ayude a Sarah a elaborar una nueva novela, Bosload le ofrece hospedarse por un tiempo en la casa que posee en un pequeño pueblo del sur de Francia. Aunque durante sus primeros días al interior de la acogedora casa de Bosload, Sarah logra encontrar la inspiración que había estado buscando, la inesperada llegada de Julie, quien es la desinhibida hija de su editor, rápidamente quebranta todos los esquemas de la escritora y la obliga a replantearse su visión de sí misma y del mundo que la rodea.


La diferencia de edad y de personalidades que existe entre ambas mujeres, rápidamente provoca una serie de conflictos entre ellas. En el caso particular de Julie, ella se presenta como una joven extrovertida, absolutamente confiada de sí misma, y capaz de expresar su sexualidad libremente, lo que provoca que todas las noches llegue a la casa con un hombre diferente. A diferencia de la muchacha, Sarah es una mujer inflexible y algo tímida, cuyo desprecio por la vida la ha llevado a recluirse en sí misma, evitando todo tipo de contacto con su entorno. Inevitablemente, más allá del rechazo mutuo inicial, entre ambas mujeres se genera una curiosa dinámica marcada por los celos que siente Sarah por la vida que lleva la joven, quien en parte le recuerda un pasado exento de preocupaciones y restricciones. Lo que resulta aún más interesante, es que gradualmente la dupla de protagonistas comienza a mimetizarse, a intercambiar ciertos rasgos, y a comportarse por momentos casi como si fueran una unidad. Y es que como todo artista, Sarah se ve forzada a crear un pacto con su nueva realidad, integrándola a su proceso creativo y modificando su propio estilo de vida.

En general, la película presenta un ritmo narrativo bastante pausado, en gran medida porque Ozon le dedica una buena cantidad de tiempo al desarrollo de la personalidad de Sarah. De esta forma, en las escenas que transcurren en Londres es posible ver como la protagonista se relaciona con su editor, con su padre y con el alcohol, que se ha convertido en la única herramienta capaz de hacerla olvidar su patética vida aunque sea solo por un momento. Luego de que Sarah llega a la zona de Luberon, el espectador no solo es testigo de cómo ella se establece en el lugar, sino que además puede apreciar cuál es su método de trabajo, y cuáles son las costumbres y creencias que la han llevado a vivir una vida marcada por una constante amargura. En cierta forma, el ritmo narrativo que presenta la película tiene estricta relación con el ritmo del proceso creativo de Sarah. Es por esto que no resulta extraño que una vez que la escritora se ha adaptado a su nueva realidad, y se ve accidentalmente envuelta en una trama policial similar a las que suele plasmar en sus novelas, el ritmo del film adquiera un marcado dinamismo que no varía hasta el complejo y ambiguo final del relato.

En el ámbito de las actuaciones, la dupla protagónica realiza una labor impecable. Mientras que Charlotte Rampling interpreta de forma magnífica a una mujer que sufre una constante evolución a medida que transcurre el relato, Ludivine Sagnier se destaca como la increíblemente sensual Julie, quien es retratada como una suerte de femme fatale que eventualmente sucumbe ante el trato maternal de Sarah, convirtiéndose en una niña incapaz de controlar sus emociones. En cuanto al aspecto técnico del film, resulta destacable el trabajo de fotografía de Yorick Le Saux, quien dota a la producción de un evidente preciosismo visual, y la efectiva banda sonora del compositor Philippe Rombi, quien en gran medida es responsable de la atmósfera opresiva e inquietante que domina al relato, la cual permite transformar lo cotidiano en algo absolutamente perturbador.

Resulta necesario mencionar que el sorprendente final de la cinta le presenta un reto al espectador, quien tendrá que definir que es real y que es un producto de la imaginación de la protagonista. En gran medida, “Swimming Pool” puede ser considerado como un estudio de carácter, y como una representación del proceso creativo que tiende a fusionar la realidad con la fantasía, al punto que resulta complicado distinguir la una de la otra. Es precisamente por esto último, que la historia se encuentra plagada de simbolismos, siendo quizás el más importante el que tiene relación con la piscina que sirve de escenario para varias escenas del film. Según el mismo Ozon: “la piscina encierra una cualidad transformadora, la cual es manipulada por quienes la utilizan, lo que permite que la dupla de protagonistas moldee su personalidad a medida que comienzan a relacionarse entre sí. Al mismo tiempo, la piscina se convierte en el reflejo del universo de Julie, por lo que Sarah solo logra sumergirse en ella cuando acepta a la joven como su fuente de inspiración”. En definitiva, “Swimming Pool” se alza como un complejo e interesante thriller psicológico, cuyo particular encanto está dado por su fusión entre el suspenso más clásico y la mística del proceso creativo.



por Fantomas.

lunes, 7 de junio de 2010

The Professional: La venganza de un espía abandonado por su país.

“Le Professionnel” (1981), es un thriller de acción del director Georges Lautner, el cual está protagonizado por Jean-Paul Belmondo, Jean Desailly y Robert Hossein.

Un agente secreto del servicio francés, Joss Beaumont (Jean-Paul Belmondo), es enviado a Malagawi, un pequeño país de África, para asesinar al presidente N'Jala (Pierre Saintons), dictador y enemigo de Francia. Sin embargo, el servicio secreto francés traiciona a Joss y lo entrega a las autoridades africanas para que estas lo juzguen. Dos años más tarde, Beaumont se escapa y regresa a París donde sólo tendrá una idea en la cabeza: vengarse de sus superiores.




Luego de participar en las cintas “Flic ou voyou” (1979) y “Le guignolo” (1980), ambas filmadas por Georges Lautner, Jean-Paul Belmondo tenía planeado rodar la cinta de aventuras “Barracuda”, junto al director Yves Boisset, la cual estaría basada en el caso de una mujer que fue tomada como rehén en Chad desde 1974 a 1977. Sin embargo, luego de trabajar siete meses en el guión, los involucrados no pudieron llegar a un acuerdo con respecto a la construcción del proyecto. Belmondo quería filmar una historia de aventuras, pero se rehusaba a hacer cualquier tipo de alusión al caso del secuestro. Fue entonces cuando su hermano, el productor Alain Belmondo, le propuso adaptar la novela “Death of a Beast With Fragile Skin”, del escritor Patrick Alexander. Cuando Yves Boisset rechazó adaptar la novela, el director Georges Lautner tomó su lugar. Inicialmente el guionista Michel Audiard sería el encargado de adaptar la novela, trasladando la acción desde Inglaterra a Francia. Sin embargo, el borrador no dejó conforme ni a Lautner ni a Patrick Alexander, quien terminó involucrándose en el proyecto. Por este motivo sería contratado Jacques Audiard, quien se encargó de reescribir el guión.

En esta ocasión Belmondo interpreta a Joss Beaumont, uno de los operativos mejor preparados del servicio secreto francés. Él no sólo ha sido entrenado en la utilización de diferentes armas y en la aplicación de estrategias improvisadas, sino que además se le ha enseñado a vivir de su ingenio y a no depender de otros agentes o de ningún tipo de complejos artefactos. Sin embargo, su vasto entrenamiento no le sirve de mucho cuando en su última misión, su propio gobierno lo entrega a las autoridades del ficticio país de Malagawi, cuando este se encontraba en dicho país con la intención de asesinar al Presidente N´jala. Abandonado y sometido a un narcótico que les permite a sus captores dominar sus dichos y sus actos, Beaumont es enviado a prisión donde sufre el abuso de los guardias del lugar. Como suele suceder en los dramas carcelarios, el protagonista debe sobreponerse a los abusos de los que es víctima hasta poder idear un plan de escape junto a su compañero de celda. Si bien la cinta no se detiene demasiado en la vida como prisionero de Beaumont, toda la secuencia sirve para retratar al protagonista como un tipo duro, cuya sed de venganza se va incrementando cada día que pasa encerrado al interior de la precaria prisión africana.

Durante su escape, Beaumont y su compañero se involucran en una batalla con algunos soldados del ejército de Malagawi, cuando estos últimos arriban a una aldea con el fin de asesinar a sus ocupantes y destruir las viviendas. Es aquí donde nos encontramos con uno de los tantos agujeros en el guión que presenta el film, los que a fin de cuentas poco importan dado el grado de entretención de la película. Afortunadamente para Beaumont, en una de las cabañas no sólo tiene escondido su pasaporte y algo de dinero, sino que además tiene a su disposición un rifle de francotirador con el cual logra contener momentáneamente a los soldados armados con lanzallamas y jeeps con armamento pesado. Esta secuencia no sólo está cargada de una acción bastante explosiva, sino que además da paso a un recurso bastante utilizado en este tipo de cintas; el de ocupar el lente de la cámara como si se tratara de la mira del rifle del protagonista. Tras asesinar a sólo un par de soldados (pese a que es cercado por más de 20 soldados) y dejar un rastro de destrucción a su paso, Beaumont comienza su viaje de regreso a París.

A su llegada a París, Beaumont se entera de que el Presidente N´jala se quedará en la ciudad durante tres días por razones diplomáticas. Es ahí cuando decide cumplir con la misión que alguna vez le fue encomendada, destruyendo las pretensiones políticas de los que alguna vez fueron sus superiores. Tras anunciarle sus intensiones a los encargados de la protección del presidente, estos le designan al comisario Rosen (Robert Hossein) la misión de capturar a Beaumont. Sin embargo, Rosen dista de ser un hombre honorable; como si fuera el peor de los criminales, el comisario es un tipo sádico que abusa y manipula a todos aquellos con los que el protagonista aún mantiene contacto, como por ejemplo su esposa (Elisabeth Margoni), y su viejo amigo el Capitán Valeras (Michel Beaune). Dentro de los tres días que Beaumont se pone como plazo para asesinar a N´jala, este se encarga de burlarse sistemáticamente de las autoridades francesas, al mismo tiempo que comienza a entrelazar las piezas de su complejo plan. Desde su llegada a París, la historia se llena de enredos al más puro estilo de las obras de intriga, donde se mezcla la comedia con generosas dosis de violencia.

Beaumont se ve involucrado en varias golpizas, en una apasionante persecución automovilística por las calles de París, e incluso en un duelo al más puro estilo del lejano oeste. Entre sus actividades más violentas, el protagonista se da el tiempo para visitar a las mujeres de su vida; su esposa y su amante (Cyrielle Clair), donde esta última intenta ayudar a Joss a lograr su objetivo pese al gran riesgo que esto conlleva. En el ámbito de las actuaciones, es Jean-Paul Belmondo quien se lleva todo el peso de la cinta, y es en gran medida la razón por la que el film funciona tan bien. Como en otras ocasiones, Belmondo personifica a un tipo verdaderamente duro, un antihéroe con un carisma a toda prueba. El actor realiza sus propias escenas de riesgo, lo que en cierta medida le otorga un mayor realismo a una historia a ratos inverosímil. Robert Hossein por su parte, resulta ser el perfecto antagonista del personaje de Belmondo. El comisario Rosen es un hombre verdaderamente detestable, por lo que el espectador no puede más que disfrutar cuando Beaumont logra burlarse de él y del resto de los agentes del gobierno (que al final del día actúan como si fueran criminales).

En lo que al aspecto técnico se refiere, el trabajo de fotografía de Henri Decaë es bastante irregular, por lo que el aspecto visual del film no es precisamente atrayente. Por otra parte, de la banda sonora compuesta por Ennio Morricone cobra especial importancia el tema “Chi Mai”, el cual fue utilizado por primera vez en la cinta “Maddalena” (1971), del director Jerzy Kawalerowicz. Dicho tema es sobreutilizado durante el transcurso del film, pudiendo ser escuchado en la mayoría de los momentos emotivos y de suspenso de la historia. Según Georges Lautner: “la idea de sobreutilizar el tema central fue tomada de la cinta ´Doctor Zhivago´ donde el tema ´Lara´s Theme´ es constantemente utilizado durante el transcurso del film. Además la música ayudó a enmascarar varios de los agujeros en el guión”. “Le Professionnel” no es una película perfecta ni pretende serlo. Por momentos se carga bastante a la comedia, lo que es compensado con la gran cantidad de violencia que presenta el film, y con un final más bien dramático que fue algo criticado en su tiempo. Lo que es innegable es que se trata de una película sumamente entretenida, donde la actuación de Belmondo y la banda sonora de Morricone de seguro quedarán grabadas en la memoria del espectador.




por Fantomas.

martes, 11 de mayo de 2010

State of Siege: Testimonio de la Latinoamérica de los 70.

“État de siège” (1972), es un thriller político del director Costa-Gavras, el cual está protagonizado por Yves Montand, Renato Salvatori, y O. E. Hasse.

En Uruguay, un ciudadano norteamericano, Michael Santore (Yves Montand), es secuestrado por la guerrilla de izquierda Tupamaros. Sus captores lo acusan de ser un agente de la CIA, responsable del entrenamiento de la policía local en técnicas de tortura y anti sedición. Mientras que la guerrilla trata de extraerle una confesión a Santore, las autoridades, encabezadas por el gobierno de extrema derecha, se están acercando peligrosamente a su escondite.


De 1960 a 1967, Dan Mitrione, un agente del FBI incorporado a la Office of Public Safety (OPS), dependiente de la Agencia para el Desarrollo Internacional (AID), trabajó con la policía brasileña en un momento en el que los opositores políticos eran sistemáticamente torturados, encarcelados y asesinados sin juicio, como efecto del Golpe de Estado en Brasil ocurrido en 1964. En 1969, Mitrione fue transferido a Uruguay, otra vez como funcionario de la AID, para supervisar la acción de la Office of Public Safety en ese país. En aquella época, el gobierno uruguayo, encabezado por el conservador Jorge Pacheco Areco, tuvo que enfrentar el colapso en la economía, una crisis de desempleo y huelgas estudiantiles, además de la acción de la guerrilla izquierdista Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros. Los excesos del gobierno de turno y el uso reiterado de torturas, aumentó las tensiones en Uruguay, lo que provocó el secuestro de Mitrione el 31 de julio de 1970. Cuando el gobierno uruguayo se negó a cumplir con las demandas de los Tupamaros, estos asesinaron a Mitrione con dos disparos en la cabeza.

Este hecho real es el que sirve de base para “État de siège”, cuyo guión fue escrito por Costa-Gavras y Franco Solinas. Tal y como lo había hecho en sus films anteriores, el director mediante este elegante thriller político deja patente su crítica al abuso de poder de los gobiernos que se establecieron en Latinoamérica durante los sesenta y setenta. Si bien la historia transcurre en Uruguay, esta perfectamente podría extrapolarse a cualquiera de sus países vecinos. De hecho, la cinta fue filmada en Chile en pleno gobierno de Salvador Allende, específicamente en Valparaíso, Santiago, Iquique y Viña del Mar, ciudades que sirvieron para retratar al Montevideo de la época. El rodaje de la cinta causó un gran revuelo en el país, ya que no era precisamente un lugar apto para llevar a cabo una producción cinematográfica de nivel. Por aquellas ironías del destino, solo un año después de filmada la cinta la realidad superó a la ficción; en Chile se llevó a cabo un golpe de estado tras el cual las calles se llenaron de militares, reinó el miedo y la represión, y las torturas se convirtieron en una práctica común.

La cinta comienza con un crudo retrato de las calles de una Uruguay repleta de militares. Durante una de sus revisiones, encuentran al ciudadano norteamericano Michael Santore muerto al interior de un vehículo. Debido al revuelo causado por su muerte y la historia de su secuestro, la prensa comienza a preguntarse cuál es la importancia de este hombre como para que haya sido secuestrado por los guerrilleros, y cuál es su verdadera labor al interior del gobierno uruguayo. Tras esta suerte de introducción, se procede a relatar cómo este hombre y otros dos funcionarios (de los cuales uno logra escapar) fueron secuestrados por los Tupamaros, quienes posteriormente los llevaron a un lugar conocido como la “cárcel del pueblo” para interrogarlos acerca de su papel en el intento de los Estados Unidos, por controlar cualquier amenaza a la seguridad nacional que pudiera surgir en la región durante el transcurso de la Guerra Fría. Es durante el transcurso de los interrogatorios que nos enteramos de la verdadera labor de Santore; él es el encargado de entrenar a las fuerzas policiales de algunos países latinoamericanos en diversas formas de tortura, que pudiesen resultarles útiles a la hora de recolectar información vital para el país.

“El dolor preciso, en el momento preciso, en la cantidad precisa, para el efecto deseado”. Esta frase pertenece a Dan Mitrione, y sintetiza en gran medida quien era y a que se dedicaba. Su alter-ego cinematográfico ejecuta algunas de las técnicas utilizadas por Mitrione en la vida real; choques eléctricos en los genitales, quemaduras de cigarrillos, y agujas electrificadas clavadas en la piel bajo las uñas, eran parte de sus prácticas habituales. En una de las escenas más crudas de la cinta, se puede ver como Michael Santore y sus colaboradores imparten clases de tortura utilizando a un modelo humano que se encuentra completamente desnudo y atado en una silla, a merced de sus captores quienes le aplican corriente en los genitales. De forma paralela a los interrogatorios, Costa-Gavras se preocupa de retratar el convulsionado ambiente social y político del Uruguay de la época, los intentos del gobierno por desarticular a los Tupamaros, y como estos últimos se organizaban para luchar contra lo que ellos creían injusto. En ese sentido, resultan interesantes las escenas que retratan todo el operativo que tiene por objetivo secuestrar a Santore, y aquella que transcurre al interior de un bus, el cual sirve como punto de encuentro para un grupo de guerrilleros que debe decidir el destino de Santore mediante votación democrática.

La estructura del relato es guiada por los eventos más que por los personajes. La cinta está compuesta por múltiples flashbacks los cuales saltan de una locación a otra sin previo aviso. Esto sumado al hecho de que el film no presenta un protagonista definido (lo más cercano a eso vendría siendo el personaje de Montand), provoca que por momentos al espectador le resulte algo difícil seguir la trama. Pese a lo dramático del escenario en el cual se desenvuelve la historia, el director procura incluir algunas escenas de humor negro que ayuden a distender un poco la pesada atmósfera del film. Las actuaciones en general son estupendas. El elenco está liderado por un soberbio Yves Montand, que interpreta a este torturador que está plenamente consciente de su papel y del destino que le espera a manos de los guerrilleros. Por otro lado, el trabajo de fotografía de Pierre-William Glenn es en gran parte responsable del aspecto documental que presenta la cinta, lo que ayuda en cierta medida a que el relato se vea más real. Por su parte, la banda sonora compuesta por Mikis Theodorakis es utilizada en muy pocas ocasiones, por lo que no alcanza a ser realmente relevante a la hora de dotar de una atmósfera específica al film.

Como era de esperarse, “État de siège” no fue bien recibida en los Estados Unidos debido a que declaraba abiertamente en contra de la presunta intervención del país del norte en la política de América del Sur. En aquel entonces, las sospechas de que la CIA jugó un papel importante en el ascenso al poder de dictadores de ultra derecha en varios países de Sudamérica, no pudieron ser comprobadas, razón por la cual tanto las entidades gubernamentales como el público norteamericano reaccionaron de manera violenta en contra del film. El mensaje final de la cinta es frustrante ya que da a entender que las acciones de ambas facciones son completamente inútiles; el gobierno seguirá torturando, los Estados Unidos continuarán entrometiéndose, y las guerrillas continuaran cometiendo actos de terrorismo a modo de protesta. Aunque Costa-Gavras claramente enjuicia el accionar del gobierno uruguayo y de los enviados de los Estados Unidos, también se preocupa de establecer que el asesinato de Michael Santore es un retroceso por parte de una organización cuyo objetivo es procurar que se respeten los derechos humanos. “État de siège” es una película algo árida, cuyo ritmo pausado y su particular estructura narrativa no la hacen apta para todo público. Sin embargo, su carga histórica y la crudeza de sus imágenes la convierten en un thriller político de visionado obligado.




por Fantomas.

sábado, 16 de enero de 2010

L’Aile ou la Cuisse (aka Muslo o Pechuga): El gusto por la buena comida.

“L’Aile ou la cuisse” (1976), es una comedia del director Claude Zidi, la cual está protagonizada por Louis de Funès y Coluche.

Charles Duchemin (Louis de Funès), el mejor crítico culinario y jefe de la guía gastronómica que lleva su nombre, y su hijo Gérard (Coluche), quien prefiere trabajar como payaso de circo antes que aprender todo sobre el negocio familiar, deberán unir sus fuerzas para enfrentarse a Tricatel (Julien Guiomar), el rey de la comida preparada, que pretende hacerse con los mejores restaurantes de Francia para servir en ellos su insípida comida a base de fórmulas químicas.


En 1975, el director Claude Zidi se encontraba cenando en el restaurante Petit Colombier cuando uno de los meseros le preguntó que parte del pollo deseaba comer, ¿el muslo o la pechuga? Extrañamente, al director le pareció que la pregunta podría ser el título de su siguiente película. Mientras pensaba en eso, comenzó a hablar con sus amigos acerca de la Guía Michelin y la comida chatarra. Esa conversación casual se convertiría en la base de la historia de “L’Aile ou la cuisse”, cuyos protagonistas están basados en dos personajes que hicieron historia en Francia; mientras Duchemin está basado en Louis Ducatel, quien fuese candidato a la presidencia de Francia en 1969, obteniendo solo un %1,26 de las preferencias, Tricatel está basado en Jacques Borel, un empresario que instaló más de cien locales de comida rápida por toda Francia. Zidi comenzó a escribir el guión junto a Michel Fabre, con la esperanza de que Louis de Funès interpretara al gourmet Charles Duchemin. Sin embargo, el actor no hace mucho había sufrido un ataque cardíaco, lo que complicaba su participación en la cinta.

Según el productor Christian Fechner: “El delicado estado de salud de Funès era un problema. Sin embargo, tras varias discusiones acordamos financiar dos semanas de filmación, tiempo suficiente como para que comenzara a rodar la maquinaría. A Zidi solo se le pagaría una vez que el film estuviese terminado, y a los técnicos se les renovaría el contrato semana tras semana”. Inicialmente, se había contratado el actor Pierre Richard para interpretar al hijo de Duchemin. Sin embargo, seis semanas antes de que comenzaran las filmaciones, Richard renunciaría debido a que sentía que su papel no era lo suficientemente importante. Por este motivo el director pensó en Coluche, un actor cómico al que le había dado un pequeño rol en la cinta “Le Grand Bazar” (1973). Sería idea de Funès que el personaje interpretado por Coluche utilizara un par de gruesos anteojos y una peluca con el objetivo de darle una apariencia más inocente. Las filmaciones comenzarían en mayo de 1976, y con el fin de cuidar la salud del protagonista, se instalaría de manera constante una ambulancia con un cardiólogo cerca del set de filmación.

“L’Aile ou la cuisse” básicamente toca el tema de la lucha entre la cocina tradicional francesa (o la cocina tradicional de cualquier país), representada por Charles Duchemin, y la comida rápida, representada por Tricatel. Durante el transcurso de la película, se insiste en la idea de que los productos distribuidos por Tricatel son netamente artificiales, y por ende son potencialmente peligrosos. Esto queda totalmente evidenciado en la escena en la que Duchemin y su hijo se infiltran en la fábrica de Tricatel. En su interior, se encontrarán con un verdadero laboratorio en el cual incluso utilizan petróleo para desarrollar algunas de las comidas distribuidas por el magnate gastronómico. No dejan de ser curiosas unas máquinas que a base de una suerte de masa, un par de moldes, y lo que en apariencia es pintura, fabrican distintos alimentos como pollo o lechuga. En cierta medida, esto viene a reflejar como la comida chatarra lentamente ha ido desplazando a la comida tradicional en nuestra sociedad, debido a factores como su sabor, la rapidez de su preparación, y su bajo costo, aún cuando sabemos lo dañina que esta es para nuestra salud.

La historia se constituye de tres subtramas principales, las cuales se van intercalando a medida que transcurre el film. Primero tenemos los múltiples intentos por parte de Tricatel de robar la aún no publicada Guía Duchemin, con el fin de averiguar cuáles son los restaurantes mejor evaluados para luego comprarlos. Por otro lado, nos encontramos con los problemas familiares que se generan debido al deseo del hijo de Duchemin de convertirse en payaso de circo, lo que viene a echar por la borda todos los planes que su padre tiene para él. Finalmente, nos encontramos con la lucha mediática que se produce entre Duchemin y Tricatel, la cual culminará en un polémico programa de televisión. Todo esto es relatado de manera bastante episódica, dando espacio para algunas escenas que si bien no tienen mucha relación con la trama central, funcionan como pequeños gags que en cierta medida reflejan la personalidad de los protagonistas. De esta forma nos encontramos con una serie de escenas en las cuales vemos como Duchemin se las arregla para ir de incógnito a una serie de restaurantes los cuales debe evaluar, evidenciando lo mucho que disfruta su trabajo.


Las actuaciones en general son realmente estupendas. Louis de Funès gozó de gran popularidad en Francia gracias a las numerosas comedias en las cuales participó, donde en más de una ocasión algunas de estas obras fueron rescatadas de la mediocridad gracias a la genialidad del actor. En esta ocasión, de Funès realiza un estupendo trabajo, demostrando un estilo de comedia bastante más sutil y controlado que el que se puede apreciar en sus anteriores trabajos, probablemente a causa de su delicado estado de salud. De la misma forma, Coluche interpreta de buena manera al bonachón pero algo torpe hijo de Duchemin, el cual se ve atrapado por su pasión por el circo y el miedo que le tiene a su padre. La pareja de actores se complementa de buena manera en cada una de las escenas que comparten, las cuales por lo general están marcadas por una serie de situaciones cómicas. Julien Guiomar por su parte, interpreta de manera perfecta al maquiavélico e inescrupuloso Tricatel, quien intentará por todos los medios silenciar a Duchemin antes de que este exponga lo insalubre de sus productos en la televisión abierta.

La cinta además cuenta con el buen trabajo de fotografía de Wladimir Ivanov y Claude Renoir, y la estupenda banda sonora compuesta por Vladimir Cosma. “L’Aile ou la cuisse” es una película entretenida que se encuentra plagada de momentos memorables, como las visitas que Duchemin realiza a un par de restaurantes ocupando diversos disfraces, o toda la secuencia al interior de la fábrica de Tricatel, la cual por momentos parece haber sido sacada de un film de James Bond. El hecho de que la cinta sea narrada mediante una serie de “episodios”, ayuda en gran medida a que la historia no se torne tediosa en ningún momento. Además, la trama presenta una serie de giros dramáticos inesperados, y a medida que transcurre el film se van integrando nuevos personajes a la historia, los cuales en cierta medida ayudan a mantener “fresco” el relato. En definitiva, “L’Aile ou la cuisse” además de ser una excelente comedia, probablemente es uno de los mejores trabajos del siempre carismático Louis de Funès, por lo que queda especialmente recomendada para aquellos que no estén muy familiarizados con la obra de este actor.




por Fantomas.
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