











“My Best Friend is a Vampire” (1987), es una comedia de horror del director Jimmy Houston, la cual está protagonizada por Robert Sean Leonard, Cheryl Pollack y Rene Auberjonois.
Durante la década de los ochenta, junto con el nacimiento, auge y caída del slasher, otro subgénero enmarcado dentro del cine de terror comenzó a tener bastante éxito. Este sería el llamado “cine de transformación adolescente”, conocido también como “cine de monstruos adolescentes”, el cual había nacido en la década de los cincuenta en la forma de una serie de largometrajes serie B. Las características principales de este subgénero son su marcada inclinación hacia la comedia, y la inclusión de un adolescente como protagonista, el cual no solo estaba llamado a lidiar con los cambios que comienza a experimentar por una determinada serie de acontecimientos, sino que además debe intentar aceptarlos. Obviamente, dichos cambios no se refieren a cambios hormonales o psicológicos (aunque estos también están de cierta forma incluidos en el tema central de estas películas), sino que se refieren a verdaderas transformaciones en monstruos como vampiros u hombres lobo. Este es precisamente el caso de “My Best Friend is a Vampire”, a la cual se suman films como “Teen Wolf” (1985) o “Once Bitten” (1985), solo por dar algunos ejemplos.
Aunque básicamente esto resume la trama del film, este presenta algunos elementos que la convierten en una obra interesante, y que la distinguen del resto de las cintas de su tipo. Lo primero y quizás lo más importante, es que a diferencia de la gran mayoría de los protagonistas de este tipo historias, Jeremy no desea escapar de la “maldición” de la que ha sido víctima. En ningún momento de la película él intenta buscar una cura para su condición, pese a que si rehúye por un tiempo a la idea de beber sangre. Sin embargo, cuando encuentra una alternativa no violenta, Jeremy pasará gran parte del tiempo tratando de sacarle el mayor provecho posible a las habilidades que ahora ha adquirido. Y es que en la realidad cinematográfica creada por Jimmy Houston, la gran mayoría de los vampiros son una especie incomprendida, que solo busca vivir en paz sin hacerle daño a nadie (de hecho, prefieren beber sangre de cerdo embotellada que sangre humana). El paralelo existente entre este discurso y el expresado por otras minorías sociales es evidente. A sabiendas de esto, el director decide para jugar con la sexualidad del protagonista, incluyendo una serie de gags que involucran a sus padres, los cuales creen que los cambios que ha estado experimentando últimamente su hijo, tienen relación con su supuesta homosexualidad no asumida.
Algo que resulta bastante curioso, es que esta película rompe los moldes concernientes a las actitudes clásicas de los adolescentes en el cine. En una suerte de inversión de los papeles, en esta ocasión el protagonista se siente atraído por Darla Blake (Cheryl Pollack), quien es una chica más bien retraída y de bajo perfil, y no toma en cuenta a Candy Andrews (LeeAnne Locken), quien es una de las chicas más populares de su escuela y que da la casualidad que se siente atraída por él. Quizás por el hecho de que tanto Jeremy como Darla se sienten un poco distanciados del mundo que los rodea, es que el romance que se da entre ellos funciona tan bien. Se siente mucho más real, y eso conlleva a que el espectador se identifique más con ellos. En general, todo el elenco realiza un buen trabajo, en especial Robert Sean Leonard, quien hoy en día es más conocido por su rol de Wilson en la serie “House M.D.”. Aquí interpreta a un personaje bastante querible, que busca sobrellevar de la mejor manera posible sus cambios, sin pasar a llevar a otros en el proceso. En el aspecto técnico, el film cuenta con el discreto trabajo de fotografía de James Bartle, y con la correcta banda sonora compuesta por Steve Dorff, la cual se complementa con algunos clásicos setenteros y ochenteros de bandas como Blondie y Oingo Boingo.
Si bien la cinta cuenta con una buena cantidad de virtudes, también presenta más de algún problema. Después de los primeros cuarenta minutos de metraje, el ritmo del film comienza a decaer, principalmente debido al hecho de que los conflictos principales de la historia llegan a un punto muerto. El director incluye una serie de secuencias que no tienen otro objetivo más que agregarle algunos minutos al film, lo que hace pensar que este habría funcionado mucho mejor si su duración hubiese sido menor. Por otro lado, nos encontramos con una serie de convenientes coincidencias que provocan algunas de las situaciones que ocurren durante el transcurso de la historia, las cuales se ven bastante artificiales. Así mismo, el final parece algo apresurado, por lo que no es del todo satisfactorio. “My Best Friend is a Vampire” es una película entretenida, que presenta un humor más inteligente que el que podemos ver hoy en día en las cintas de este tipo, y que tiene la virtud de haberse atrevido a romper algunas de las convenciones clásicas de género del horror y del llamado subgénero del “cine de monstruos adolescentes”, lo que obviamente la distingue del resto. Aunque no posee las características para tildarla como un “indispensable del género”, de todas formas es recomendable para aquellos que disfrutan los films que mezclan el terror con la comedia.
por Fantomas.
“Caltiki, Il mostro Immortale” (1959), es una cinta de terror y ciencia ficción del director Riccardo Freda, la cual está protagonizada por John Merivale, Didi Sullivan, y Gérard Herter.La cinta comienza en Tikal, donde un grupo de investigadores encabezados por el doctor John Fielding, intentan resolver la interrogante que se esconde tras la desaparición del pueblo maya. Lo que parece ser una expedición tranquila, se ve interrumpida por la súbita muerte de dos científicos que se encontraban rondando las cercanías de uno de los volcanes de la zona. Con el objetivo de descubrir que fue lo que realmente sucedió con ellos, Fielding y compañía se adentran en un templo subterráneo lleno de riquezas, el cual se encuentra custodiado por Caltiki, una criatura de naturaleza desconocida que destruye todo lo que toca (su modus operandi es básicamente el mismo que el del monstruo de “The Blob”). Tras escapar y destruir a este ser extraño, los sobrevivientes se trasladan a Ciudad de México llevando un fragmento de este con ellos, sin imaginarse que sus ansias por resolver sus interrogantes terminarán por poner en riesgo a toda la gente que los rodea, dando inicio a lo que bien podría convertirse en el fin del mundo. Si bien esto podría ser considerado como el núcleo del relato, la verdad es que Freda en su intento por satisfacer a una audiencia más diversa, decide explorar distintos temas y subtramas que no siempre se entrelazan de manera coherente, logrando que esta producción sea más interesante de lo parece.
Junto al conflicto principal, nos encontramos con el rápido descenso a la locura de Max Gunther (Gérard Herter), uno de los colaboradores de Fielding que en la expedición pierde un brazo a manos del monstruo, lo que desata que comience a aflorar el lado más oscuro de este. Y es que eventualmente este personaje se convierte en un asesino cuya obsesión con la esposa de Fielding, llega a niveles enfermizos. De forma paralela, se explora la suerte de triángulo amoroso que se produce entre Ellen (Didi Sullivan), Max, y Linda (Daniela Rocca), siendo esta última una suerte de sirvienta del matrimonio Fielding que se encuentra locamente enamorada de Max. No contento con esto, Freda añade a la mezcla una serie de experimentos que buscan despertar a la criatura, y una teoría que involucra a un meteorito que pasa una vez cada cientos de años, y que cuyas propiedades radiactivas parecen ser el detonante del crecimiento de Caltiki. Afortunadamente, pese a que varias de las ideas lanzadas a la mezcla son bastante inverosímiles y no parecen tener demasiada relación las unas con las otras, el director logra sacar adelante la cinta a base de momentos efectistas apoyados por el excelente equipo técnico con el que contaba.
Si bien la cinta contó con un escaso presupuesto, razón por la cual los efectos especiales son bastante básicos, quedando en evidencia el excesivo uso de maquetas e incluso de algunos juguetes, los cuales en su mayoría son utilizados en el último tramo del film, esto queda en segundo plano gracias al estupendo trabajo de fotografía de Mario Bava, y a la también destacable banda sonora compuesta por Roberto Nicolosi y Roman Vlad, elementos que combinados dotan al film de una atmósfera sombría y perturbadora, incluso en aquellas escenas donde los efectos especiales muestran más de alguna falencia (dicho sea de paso, estos también estuvieron a cargo de Bava). Por otro lado, las actuaciones van desde lo mediocre hasta lo medianamente correcto. Y es que estamos ante personajes unidimensionales, meros estereotipos del científico, del héroe, del villano, y de la damisela en peligro, tan propios del cine serie B de ciencia ficción norteamericano. Esto dificulta que el espectador se involucre demasiado con los protagonistas y sus conflictos, y se preocupe más por el apartado visual o por los múltiples giros narrativos que ofrece el film.
En un poco más de una hora de metraje, Riccardo Freda y Mario Bava (vamos a darles el mismo reconocimiento, pese a que no se sabe con certeza qué porcentaje de la responsabilidad del film le corresponde a cada uno) nos entregan una cinta entretenida, con un ritmo de narrativo frenético, y que con el paso de los años se ha convertido en una obra de culto. Esto se debe sin lugar a dudas a su potente apartado visual, cuya sofisticación pone al film un escalafón más arriba que algunas de las producciones realizadas por figuras insignes del cine de ciencia ficción norteamericano de la época, como Bert I. Gordon y Nathan Juran. Por otro lado, cabe mencionar que algunas de las escenas de la cinta podrían considerarse como verdaderas precursoras de lo que sería el cine gore italiano, el cual en un futuro sería comandado por figuras como Lucio Fulci y Dario Argento, entre otros. En definitiva, “Caltiki, Il mostro Immortale” es una película absolutamente recomendable, que en la medida de lo posible ha soportado de buena forma el paso del tiempo, aún cuando parte de su guión, sus humildes efectos especiales, y algunas de las actuaciones le jueguen algo en contra.
por Fantomas.