sábado, 30 de mayo de 2009

The Terminator: I'll be back.

“The Terminator” (1984), es un film de acción y ciencia ficción dirigido por James Cameron, el cual está protagonizado por Arnold Schwarzenegger, Linda Hamilton y Michael Biehn.

En la misma noche, dos seres llegan del futuro a la ciudad de Los Ángeles. Uno se llama Kyle Reese (Michael Biehn), y es un soldado miembro de la resistencia contra la tiranía de las máquinas. El otro es un androide de apariencia humana (Arnold Schwarzenegger) cuya misión es asesinar a una tal Sarah Connor (Linda Hamilton), para así evitar el nacimiento de su hijo John, el líder de una rebelión que todavía no existe.


Durante el tiempo que James Cameron estuvo trabajando en la división de efectos especiales y en la segunda unidad de la productora de Roger Corman, "New World Productions", Gale Anne Hurd, quien había sido asistente de Corman, comenzaba a cobrar importancia dentro de la productora. Ambos, deseosos de consolidar sus carreras, desarrollarían una idea concebida por Cameron en 1981 mientras se encontraba en Roma realizando la post-producción de su primer largometraje, “Piraña 2” (como dato curioso: el director fue despedido en dos ocasiones durante la realización de dicha cinta). Dicha idea estaba plasmada en un par de dibujos realizados por Cameron, en los cuales emergía desde las llamas un esqueleto de un robot sujetando un arma, el cual a su vez estaba en medio de un futurista campo de batalla. Esas imágenes servirían para desarrollar una historia ahora por todos conocida, donde un cyborg (un ente mitad hombre, mitad máquina) proveniente de un futuro apocalíptico, viaja al pasado para asesinar a la madre del futuro líder de la resistencia humana.

Una vez diseñada gran parte de la trama, Cameron y Hurd vendieron la idea a un pequeño estudio como un film de acción de bajo presupuesto, donde Cameron haría el papel de director. Mientras que el director había escrito el papel del villano pensando en el actor Lance Henriksen (incluso pensó en O. J. Simpson, pero irónicamente lo descartó por pensar que era un “buen tipo imposible de convertirse en un frío asesino"), los ejecutivos del estudio le sugirieron contratar a Arnold Schwarzenegger para el papel de Kyle Reese. Ante la insistencia de los productores, Cameron aceptó reunirse con el actor. El resto es historia. Tanto el director como el actor se sintieron más intrigados con la posibilidad de que Schwarzenegger interpretara al Terminator. Aunque el agente del actor y los ejecutivos del estudio tenían sus reservas con respecto a esto, el actor realizó la que sería la decisión más importante de su carrera. Su papel en la cinta, ayudó a Schwarzenegger a establecerse como una estrella de acción contemporánea. El físico del actor le daba credibilidad a su imagen de Golem de la ciencia ficción, que se ve como un humano pero se mueve como un robot. Además, su reducido diálogo y marcado acento, junto con la inexpresividad de su rostro, en esta ocasión resultaron ser elementos claves para interpretar a este asesino imparable carente de toda emoción.

Para interpretar a Sarah Connor, Cameron y Hurd contrataron a Linda Hamilton, actriz que poseía una mezcla de ternura y rudeza que la hacían perfecta para el papel. Michael Biehn por su parte, estuvo a punto de no obtener el rol de Reese debido a que audicionó con un marcado acento sureño que él había estado ensayando para actuar en una versión teatral de “Cat on a Hot Tin Roof”. Luego de audicionar por segunda vez con su acento real, lograría quedarse con el papel del atormentado héroe. En cuanto a Lance Henriksen, este finalmente obtendría un papel secundario como uno de los policías a cargo de la investigación que involucra una serie de asesinatos de mujeres llamadas Sarah Connor. Pese a tener al elenco seleccionado, Cameron tuvo que aplazar un año las filmaciones debido a los compromisos previos de Schwarzenegger. Durante ese tiempo, el director tuvo la posibilidad de terminar el guión y desarrollar el storyboard.

Por otro lado, Stan Winston sería el encargado de darle vida al Terminator, ya que no solo diseñó el maquillaje utilizado por Schwarzenegger (como por ejemplo el exoesqueleto del robot que se ve a través de las heridas en su rostro), sino que también confeccionó las secuencias en stop-motion en las que el esqueleto del robot intenta capturar a la protagonista. Sin embargo, pese a la experticia de Winston, no todos los efectos especiales resultan ser de gran factura, principalmente debido a la escasez de presupuesto con el que contaba la cinta. Muy ligado a esto, durante los últimos días de filmación Cameron tuvo que lidiar con una serie de problemas causados por la falta de dinero. Fue entonces cuando el director optó por utilizar todo lo aprendido durante sus días como trabajador de la empresa de Corman, y decidió filmar una serie de tomas en la ciudad de Los Ángeles sin preocuparse por conseguir ningún tipo de permiso para ello.

La atmósfera oscura, la selección de escenarios urbanos nocturnos, y el uso de las sombras, entre otras cosas, combinado con los elementos propios de la ciencia ficción, darían vida a lo que hoy se conoce como “Tech noir”, término acuñado en honor al nombre del club en el que el Terminator ataca por primera vez a Sarah Connor. Pero además existe una fuerte influencia proveniente del cine de terror, en especial del género del slasher. El Terminator comienza asesinando a todas las mujeres llamadas Sarah Connor, de la misma forma como los asesinos del súbgenero del slasher se dedican exclusivamente a quitarles la vida a grupos de adolescentes.Junto con esto, al igual que la gran mayoría de los villanos del slasher, el Terminator es imparable. Por muy derrotado que parezca, sabemos que en cualquier momento puede ponerse nuevamente de pie. Básicamente asistimos al enfrentamiento de nuestra heroína contra el monstruo indestructible, donde a fin de cuentas se termina por cumplir la regla de la “final girl” tan propia del slasher (casi siempre es una mujer la que finalmente acaba con la vida del asesino de turno). Por último, el asesino del slasher por lo general suele ocultar su rostro tras una máscara, mientras que en el caso del Terminator él esconde su verdadera apariencia tras un rostro humano, lo que no deja de ser una variante interesante. Pese a todo esto, los productores decidieron promocionarla como una cinta de acción para así intentar ganar una mayor suma de dinero.

“The Terminator” es a estas alturas todo un clásico del cine de ciencia ficción. Presenta un guión inteligente, una buena utilización de limitados recursos, una atmósfera logradísima de paranoia permanente, un villano que termina resultando más interesante que la pareja de protagonistas, cuya relación a ratos parece algo forzada, y una buena banda sonora compuesta por Brad Fiedel, cuyo tema principal intentaba simular “los latidos de un hombre mecánico”. Tal vez los puntos más criticables de la cinta resultan ser las opacas actuaciones de Linda Hamilton y Michael Biehn, quienes posteriormente no supieron capitalizar el éxito obtenido con este film, la inclusión de personajes secundarios que resultan algo molestos y que perfectamente podrían haber sido omitidos (como por ejemplo el personaje de Henriksen), y las correctas pero poco inspiradas escenas de acción a las que se les podía haber sacado más provecho. James Cameron afinaría muchos de estos detalles en la excelente secuela, “Terminator 2: Judgment Day” (1991). De todas formas, “The Terminator” marcó una época, sirvió para lanzar al estrellato tanto a James Cameron como a Arnold Schwarzenegger, y fácilmente podemos ubicarla entre las películas más influyentes que se realizaron en la década de los ochenta.




por Fantomas.

domingo, 24 de mayo de 2009

The Pit and the Pendulum: Los vestigios de la Inquisición.

“The Pit and the Pendulum” (1961), es un film de terror del director Roger Corman, el cual está protagonizado por Vincent Price, Barbara Steele, John Kerr y Luana Anders.

España, 1546. Tras enterarse de la muerte de su hermana Elizabeth (Barbara Steele), Francis Barnard (John Kerr) viaja a España para presentarle sus respetos a su cuñado, Nicholas Medina (Vincent Price), hijo de un famoso inquisidor, y de paso para averiguar las verdaderas razones de la muerte de su hermana, pues las explicaciones que ha dado Nicholas han sido nulas.

Aun cuando “The Fall of the House of Usher” (1960), la primera adaptación de la obra del escritor Edgar Allan Poe realizada por el director Roger Corman, gozó de un inesperado éxito al momento de su estreno, la productora norteamericana American International Pictures jamás pensó en realizar una serie de adaptaciones de la obra del afamado escritor. Sin embargo, al ver la oportunidad comercial y artística que se le presentaba, Corman presionó a los ejecutivos de la AIP para que aprobaran la adaptación del relato “The Masque of the Red Death”, el cual según el director era una de las mejores obras de Poe. Lamentablemente para Corman, el reciente estreno en los Estados Unidos de la cinta del sueco Ingmar Bergman, “The Seventh Seal” (1957), lo obligó a cambiar de planes. Y es que según Corman, la película de Bergman presentaba demasiados elementos que también estaban presentes en el relato de Poe, por lo que se inclinó a posponer su proyecto y adaptar primero “The Pit and the Pendulum”.

A medida que el proyecto tomaba forma, los ejecutivos de la AIP decidieron contratar a gran parte del equipo de producción y al guionista de “The Fall of the House of Usher”, para asegurarse de que el resultado comercial y artístico fuese el mismo. Al momento de escribir el guión del film, Richard Matheson optó por alejarse lo más posible del relato original de Poe, y reciclar algunos de los elementos presentes en “House of Usher”. De esta forma, de la historia original Matheson solo conservó el horror de la Inquisición y la maquinaria que utilizaban en ese entonces para torturar a los prisioneros. Es necesario considerar que el relato de Poe estaba ambientado en el año 1808, y era narrado por un prisionero no identificado de la Inquisición española, el cual es sometido a numerosas torturas antes de ser rescatado por oficiales franceses. La versión de Matheson en cambio, se centra en la muerte y el entierro prematuro de una hermosa mujer llamada Elizabeth, cuyo marido, Nicholas Medina, últimamente ha estado comportándose de manera extraña. La llegada del hermano de la mujer al castillo de los Medina, no solo revolucionará la vida del siniestro hombre, sino que además dará inicio a una serie de curiosos acontecimientos que parecen indicar que Elizabeth ha regresado de la tumba.


En una entrevista realizada por Tom Weaver para su libro “Return of the B Sciencie Fiction and Horror Heroes”, Matheson reveló que las adaptaciones de la obra de Poe no le provocaban mayor interés. Según palabras del mismo guionista: “Solo estaba tratando de ganarme la vida con ellas. Tenía que criar a cuatro niños y como el primer film, `House of Usher`, tuvo éxito, decidí seguir adelante. Pero como tú puedes ver, para cuando comencé a trabajar en la tercera adaptación, ´Tales of Terror´, no pude seguir tomando el trabajo en serio y comencé a insertar toques de comedia en el resto de las adaptaciones”. En otra entrevista, Matheson añadiría: “El proceso de construcción del guión de ´The Pit and the Pendulum´ fue ridículo, porque nosotros tuvimos que tomar una historia corta acerca de un tipo tendido en una tabla con una filosa navaja balanceándose sobre él, y crear un relato más complejo a partir de eso. Lo único que pude hacer fue construir una trama utilizando la premisa básica de una vieja cinta de suspenso”. Durante el transcurso de los años, han sido varios los historiadores que han asegurado que la cinta a la cual se refería Matheson era “House on Haunted Hill” (1959), de cuyo guión habría extraído la idea de los amantes ilícitos que deciden llevar a cabo un siniestro plan para quedarse con los bienes del marido engañado.

Tal y como sucede en “The Fall of the House of Usher”, en esta ocasión también se le otorga a la residencia de los protagonistas una cierta atmósfera malsana, capaz de influenciar el comportamiento de quienes habitan el lugar. Al mismo tiempo, se le otorga un especial grado de importancia a la historia familiar y a los recuerdos reprimidos del protagonista, elementos los cuales son descritos como generadores de cambios en el comportamiento de Nicholas Medina, quien eventualmente no puede evitar hacer uso de las peculiares técnicas de tortura que aprendió de su padre, un famoso inquisidor español. Por otro lado, este film es recordado por haber introducido el tema de la mujer dominante versus el hombre sumiso, el cual sería revisado en gran parte de las producciones que dirigió Roger Coman basándose en la obra de Poe. Desde un principio resulta evidente que el personaje de Price realmente se encuentra acongojado por la reciente y extraña muerte de su esposa, a quien prácticamente idolatraba. Lamentablemente para él, aparentemente el espíritu de su esposa está decidido a acompañarlo por toda la eternidad, ya que durante las noches escucha su voz susurrando en los pasillos del castillo en el cual reside, amenazando con fragmentar por completo la cada vez más frágil psiquis del atormentado Nicholas.


En el ámbito de las actuaciones, Vincent Price se destaca como Nicholas Medina, un hombre marcado por la tragedia cuyos manierismos melodramáticos no solo convierten al protagonista en un personaje memorable, sino que además lo sitúan como la encarnación de la atmósfera pesimista y enfermiza que domina a la historia. Si bien el resto del elenco también realiza un estupendo trabajo interpretando sus respectivos roles, cabe resaltar el caso de Barbara Steele. Si bien la actriz poseía ciertas características físicas e interpretativas que la alzaban como la elección perfecta para protagonizar melodramas góticos y thrillers de época, lamentablemente fue subutilizada por Corman. Pese a eso, Steele realiza una espléndida labor proyectando la presencia fantasmal de su personaje, y las pocas escenas que protagoniza resultan ser algunas de las más memorables del film. En cuanto al aspecto técnico de la producción, esta cuenta con la efectiva pero olvidable banda sonora del compositor Les Baxter, con el maravilloso trabajo de fotografía de Floyd Crosby, y con el magnífico diseño de producción de Daniel Haller, quien es en gran medida responsable del atractivo visual y de la peculiar atmósfera que presenta el film. Y es que el castillo de los Medina, el cual está ubicado cerca de un acantilado donde se escucha el rugido del océano, se caracteriza por estar compuesto por fríos corredores oscuros, habitaciones tenuemente iluminadas por la luz de las velas, pasadizos secretos, y una espeluznante sala de torturas que cobra especial importancia durante el último tramo del relato.

Pese a haber sido rodada en un plazo de tan solo dieciséis días y contar con un escasísimo presupuesto, “The Pit and the Pendulum” no solo resultó ser un éxito de taquilla, sino que además en su momento fue bien recibida por la crítica especializada. Y es que centrándose en una perturbadora historia de fantasmas con algunos giros de tuerca, Corman desarrolla la narración de la historia revelación tras revelación, hasta llegar a un climático final el cual lamentablemente resulta algo predecible. Pese a este último detalle, es innegable que “The Pit and the Pendulum” es un entretenido relato de misterio, crimen e intriga, el cual presenta un marcado y llamativo estilo gótico con algunos toques realmente delirantes, y un protagonista claramente memorable y desequilibrado, cuya violenta catarsis final está plagada de momentos brillantes. Es por todo lo antes mencionado que este film en uno de los más recordados del exitoso ciclo de adaptaciones de los escritos de Edgar Allan Poe realizado por Roger Corman, quien por algo es apodado “el Rey Midas del cine de bajo presupuesto”.



por Fantomas.

Don Sharp: Fu Manchu, vampiros, piratas y otras hierbas.

Don Sharp fue un director que alcanzó cierta fama durante la década de los sesenta gracias a las películas que filmó para la Hammer Films, y a las cuatro cintas que tuvieron como protagonista al actor Christopher Lee. Sharp, nació el 19 de abril de 1922 en Hobart, Tasmania, una pequeña comunidad australiana de tan solo 64.000 habitantes, lugar donde existían cuatro salas de cine, además de un pequeño teatro utilizado por un grupo de actores profesionales que se habían asentado en el lugar, los cuales se dedicaban a impartir clases. El joven Sharp asistía a lo menos dos veces por semana a las salas de cine, mostrando una particular predilección por los melodramas criminales producidos por la Warner Brothers en aquella época. Como los padres de Sharp deseaban que este se convirtiera en un contador, este comenzó a estudiar contabilidad. Durante ese periodo, le ofrecerían un trabajo de dos semanas en el teatro local, como el encargado de llamar a los actores a escena.

Sharp no tardaría en interesarse en la actuación, oficio que vería como una forma de escapar de la carrera impuesta por sus padres. Con el pasar del tiempo, Sharp comenzaría a participar frecuentemente en el teatro, donde se graduaría como actor y dirigiría su primera obra un poco antes de enlistarse voluntariamente en la Real Fuerza Aérea Australiana, en 1940. Durante su estadía en el ejército, Sharp no abandonaría del todo la actuación, ya que participaría en un par de obras organizadas por la institución. Cuando fue retirado del ejército en 1944, Sharp decidió no volver a Hobart y probar suerte en Melbourne. Fue en dicha ciudad donde lograría el puesto de suplente en una compañia australiana que estaba adaptando la comedia de Broadway, “Kiss and Tell”. Para suerte de Sharp, uno de los actores titulares contrajo una laringitis que permitió que este asumiera un papel en la obra. Debido a su actuación, Sharp sería contratado por la agencia de representantes más importante de Australia, comenzando una exitosa carrera en la radio y en el teatro.

“Podría haber continuado con mi carrera en el teatro en Australia,” díria en una ocasión Sharp, “pero lo que realmente quería era participar en películas. Fue entonces cuando partí a Inglaterra, donde conseguí rápidamente un trabajo en un teatro, aunque nunca pude conseguir siquiera una cita con el director de castings. Me encontraba compartiendo un piso con un tipo (Frank Worth) que había sido camarógrafo de la marina durante la guerra, y que ahora estaba trabajando como asistente de director en el cine. Nosotros decidimos que la única cosa que debiamos hacer era realizar nuestra propia película, la cual lanzaría mi carrera como actor. Escribimos un guión, lo co-producimos y él la dirigió, mientras que yo me ocupaba de las cuentas y interpretaba el papel principal”. Para llevar a cabo el proyecto, Sharp y Worth además de buscar financiamiento externo, tuvieron que vender todo lo que tenían. Cuando “Ha´penny Breeze” (1950), fue estrenada, Sharp se encontraba en el hospital aquejado de viejas dolencias adquiridas durante su tiempo en el ejército. La cinta obtuvo buenos resultados, por lo que poco después Sharp fue contactado por un buen número de personajes influyentes que querían contratarlo, pero no como actor sino que como guionista.

Gracias a la insistencia de sus padres para que estudiara contabilidad, y a su experiencia manejando las cuentas de su primera película, Sharp pudo trabajar como asistente de producción en todas aquellas cintas en la cuales estuvo encargado del guión. Entre estas se encuentran “Child´s Play” (1957), una comedia acerca de un grupo de pequeños genios y sus correrías en una planta nuclear y, “Robbery Under Arms” (1957), que trataba el tema de los ladrones de ganado en la frontera australiana. Esta última cinta sería el primer acercamiento de Sharp al cine de época, género por el cual el director sería reconocido posteriormente. El director declararía en una ocasión, “No se trataba de una fascinación personal con el género, sino que se me contrató para realizar bastante cintas de época, las cuales según los críticos, conseguían transmitir la sensación de estar en dicha época, sin limitarse a solo que parecieran de una época determinada mediante la utilización de utileria”.

Al mismo tiempo que trabajaba como asistente de producción, Sharp conseguiría sus primeros trabajos como director, destacando lo conseguido con la cinta, “The Adventures of Hal Five” (1958), producido por Britain´s Children´s Film Foundation, la cual marcaría su primer acercamiento con el cine fantástico. También filmaría el musical, “The Golden Disc” (1958), considerado como la primera gran cinta de rock and roll británica. Entre los siguientes films de Sharp se encuentran, “The Professionals” (1959), un drama de similares características a la cinta de Jules Dassin, “Rififi” (1955); y “It´s All Happening” (1963), una especie de celebración de la música pop británica estelarizada por Tommy Steele, la cual además presentaba algunas bandas como Shane Fenton and the Fentones y The Clyde Valley Stompers. Aunque posteriormente Sharp tendría la posibilidad de trabajar con mayores presupuestos, y material más “respetable”, la mayoría de los fanáticos de la Hammer concuerdan que su mejor cinta fue, “Kiss of the Vampire” (1963), la cual además de marcar su debut en la casa del martillo, era la primera película de vampiros del estudio no centrada en la figura de Drácula.

El guión de dicha cinta, además de permitirle a Sharp demostrar su capacidad para construir escenas escalofriantes, fue uno de los más destacables escritos por el productor de la Hammer, Anthony Hinds, bajo su seudónimo habitual de John Elder. Para el director, la realización de este film significó todo un reto, debido que hasta ese momento solo había participado como director en un par de thrillers de bajo presupuesto, mientras que en otros había estado a cargo de la segunda unidad. De hecho, Sharp regresaba de la India, lugar donde se encontraba filmando algunas escenas de la cinta, “Harry Black and the Tiger” (1958), cuando su agente le comentó que la Hammer estaba buscando a alguien nuevo para dirigir su próximo film de terror. Al poco tiempo, Sharp recibió el guión y se arriegó en un mundo que para él era completamente extraño; el del cine de terror. Tan bueno fue el trabajo del director en esta película, que “Kiss of the Vampire” sería la primera producción del estudio en ser reseñada por el London Times, e incluso sería comparada con el trabajo de Val Lewton al interior de la RKO (con el cual Sharp no estaba ni cercanamente familiarizado).

La segunda cinta de Sharp para la Hammer sería, “Devil-Ship Pirates” (1964), una de las tantas aventuras protagonizadas por piratas que la casa del martillo lanzaría durante mediados de los sesenta. Estas estaban diseñadas para ser consumidas por públicos más jóvenes durante la época de vacaciones de las escuelas. Esta sería la primera colaboración del director con Christopher Lee, con quien se llevaría bastante bien debido a su pasado como actor. El guión de Jimmy Sangster giraba en torno a la época en la cual la armada española ofreció indultos a los piratas con la condición de que ellos lucharan junto con la armada. Christopher Lee interpretaba a uno de los piratas que aceptaba el indulto, solo para ocuparlo como fachada de sus actividades criminales. Inmediatamente después de dicha cinta, Sharp aceptaría un proyecto fuera de la Hammer titulado, “Witchcraft” (1964), una historia referente a la maldición de una vieja bruja, retomándo de esta forma el género del horror.

El próximo trabajo de Sharp, “The Face of Fu Manchu” (1965), sería la primera de cuatro películas que él filmaría para Harry Alan Towers. Esta y la segunda de la serie, “Brides of Fu Manchu” (1966), la que también sería dirigida por Sharp, son las únicas entradas que vale la pena ver de la serie de cinco películas dedicas al personaje interpretado por Christopher Lee (las otras tres son: “Vengeance of Fu Manchu”, dirigida por Jeremy Summers; “Castle of Fu Manchu” y “Blood of Fu Manchu”, ambas dirigidas por Jess Franco). El resultado de las dos cintas dirigidas por Sharp es bastante bueno, más aún teniendo en cuenta que Towers era conocido por su sacar adelante sus producciones de la manera más rápida y menos costosa posible. Apenas terminó “The Face of Fu Manchu”, a Sharp se le presentó la posibilidad de encargarse de varias de las secuencias aéreas y de riesgo de la cinta, “Those Magnificent Men in Their Flying Machines” (1965). Aunque la decisión de volver a trabajar en la segunda unidad no era fácil, más aún después de haber dirigido más de media dozena de películas, el director aceptó el trabajo debido a que su experiencia en el ejército lo acercaba al proyecto.

Luego de esto, retomaría el puesto de director en la cinta, “Curse of the Fly” (1965), la tercera entrada en la serie de “The Fly”, que lamentablemente pese a los esfuerzos del director y del guionista Harry Spalding por mejorar lo que parecía ser una idea gastada, terminaría siendo una cinta bastante mediocre. A su término, Sharp retornaría a la Hammer para filmar, “Rasputin, the Mad Monk” (1966), un drama de época con algunos toques propios del género de terror. Por motivos concernientes a la familia real, el relato se toma bastante licencias creativas, aunque de todas formas se alza como una de las buenas y más interesante producciones de la Hammer. Luego vendría la ya mencionada “Brides of Fu Manchu”, tras la cual Sharp escaparía por un tiempo del género del horror, que según su opinión suele convertirse en el final del camino de muchos directores.

Los films “The Violent Enemy” (1967) y “Hennessy” (1975), ambos centrados en el conflicto entre los británicos y el Ejército Republicano Irlandés, los que ayudarían a establecer su reputación como director, otorgándole la posibilidad de hacerse cargo de cintas de mayor presupuesto como por ejemplo el remake para la televisión de “The Four Feathers” (1977), y el remake de “The Thirty Nine Steps” (1978). Sin embargo, durante el periodo que transcurrió entre su salida de la Hammer y su consolidación como director, Sharp no abandonó del todo el género del horror. Además de filmar “Dark Places” (1973), el director es recordado por la cinta de culto, “Psychomania” (1973), conocida también como "The Death Wheelers", un bizarro híbrido entre las cintas de exploitation de motociclistas y las historias de zombies. La historia involucra a una madre que hace un pacto con el diablo para que este reviva a su hijo muerto, el cual era el líder de una pandilla de motociclistas. Una vez que este vuelve a la vida, convence a su antigua pandilla para que se unan a él transformados en zombies.

Durante la última etapa de su carrera, Sharp filmaría la alabada miniserie, “A Woman of Substance” (1984), y un par de telefilmes los cuales no tendrían mayor repercusión. Además participaría una vez más en la casa del martillo en 1980, dentro de la serie de televisión, “Hammer House of Horror”, donde dirigiría el episodio titulado, “Guardian of the Abyss”. Su última incursión en el género del horror sería la cinta, “Secrets of the Phantom Caverns” (1984), la cual se aleja bastante en términos de calidad y contenido a lo visto durante la época que el director trabajó en la Hammer. Don Sharp fue un director modesto capaz de crear buenas cintas, pero que lamentablemente tuvo poco acceso a mayores presupuesto o a guiones profundamente elaborados. De todas formas dejó un legado que presenta a lo menos media docena de películas que resultan ser bastante entrañables y que aún siguen siendo recordadas de buena manera por los amantes del cine de terror y de aventuras.


por Fantomas.

sábado, 16 de mayo de 2009

Hammer Music: Un repaso a la obra de los compositores más importantes de la casa del martillo.

Es innegable que las bandas sonoras son un elemento fundamental de la atmósfera de una película. En el caso de la Hammer (especialmente aquellas compuestas por James Bernard), estas se transformaron en parte del sello del estudio, un elemento tan importante como sus historias, su ambientación, sus actores o sus directores. Es por esta razón, que considero importante revisar de manera breve parte de la vida y obra de los compositores más importantes que pasaron por la casa del martillo, cuyas obras hoy son consideradas como piezas fundamentales de la música del género del horror.

James Bernard:

James Bernard nace el 20 de septiembre de 1925 en India. Hijo de un oficial británico, en su niñez tuvo que mudarse a Inglaterra a causa de su delicada salud. Bernard fue educado en el Wellington College, donde sería compañero del futuro actor, Christopher Lee, otro de los rostros icónicos de la casa del martillo. Después de participar en la Segunda Guerra Mundial con la Fuerza Aérea Real, accedió en 1946 al prestigioso The Royal College of Music. Durante el siguiente año trabajó para Benjamin Britten, el creador de la ópera “Peter Grimes”, y en 1950 escribió con Paul Dehn, Frank Harvey y Roy Boulting el guión de la película “Seven Days to Noon” (1950), cuyo trabajo fue recompensado con un Oscar, lo que no deja de ser curioso principalmente porque Bernard es más recordado por su trabajo como compositor.


Al mismo tiempo que trabajaba en su guión, comenzaba a componer la música de varios shows radiofónicos de la BBC, siendo la de “The Duchess of Malfi” la que le abrió las puertas de la Hammer. Cuando el compositor John Hotchkiss tuvo que dejar por enfermedad la producción de “The Quatermass Xperiment” (1955), el conductor musical del estudio, John Hollingsworth, recomendó al joven Bernard a quién conocia debido a que había participado como conductor de la banda sonora de “The Duchess of Malfi”, y dejó a Anthony Hinds unas cintas de esta composición; el productor, maravillado, no dudó en contratar a James Bernard, quien con el tiempo se convertiría en una de las piezas fundamentales del estudio.

El estilo musical del compositor era inconfundible, a lo largo de 23 bandas sonoras para el estudio, Bernard mostró un gran control de la sonoridad, escribiendo unos riffs repetitivos cuyo sello ya es marca de las producciones de la casa del martillo. El compositor quien declaró haber sido fuertemente influenciado por el trabajo de Paderewski, debió aprender el oficio para la radio, un medio en el que normalmente sólo se utilizaban líneas percusivas y de cuerda para la composición de las bandas sonoras. Gran parte de las cintas en las cuales Bernard aportó con sus composiciones, no serían lo mismo sin su atmosféricas bandas sonoras. Según el compositor, Terence Fisher siempre le daba libertad creativa en las composiciones realizadas para sus películas, ya que al director no le interesaba el aspecto musical de sus historias; enaltecía la labor del montador James Needs, al que consideraba responsable del montaje sonoro final de sus composiciones; y se quejaba de sus pobres aptitudes para la conducción de sus propias partituras, una labor que normalmente tuvo que ser resulta por su amigo John Hollingsworth, y tras la muerte de este, por Phil Martell.

Las bandas sonoras realizadas por Bernard al interior de la Hammer son: “The Quatermass Xperiment” (1950), “X-The Unknown” (1956), “Quatermass 2” (1957), “The Curse Of Frankenstein” (1957), “Horror of Dracula” (1958), “The Hound Of The Baskervilles” (1959), “The Stranglers Of Bombay” (1960), “The Terror Of The Tongs” (1961), “Kiss Of The Vampire” (1963), “The Damned” (1963), “The Gorgon” (1964), “She” (1965), “Dracula-Prince Of Darkness” (1966), “The Plague Of The Zombies” (1966), “Frankenstein Created Woman” (1967), “The Devil Rides Out” (1968), “Dracula Has Risen From The Grave” (1968), “Frankenstein Must Be Destroyed” (1969), “Taste The Blood Of Dracula” (1970), “Scars of Dracula” (1970), “Frankenstein And The Monster From Hell” (1974), “The Legend of The Seven Golden Vampire” (1974). De todos estos trabajos, Bernard declaró que la banda sonora de “She”, era su preferida. Otros trabajos destacables fuera de la casa del martillo serían sus composiciones para la cinta, “Pacific Destiny” (1956), “Torture Garden” (1967), “Murder Elite” (1985), y el acompañamiento musical realizado en 1997 para la cinta “Nosferatu, a Symphony of Horror” (1922), del director F.W. Murnau.

Don Banks:

Donald Oscar Banks, más conocido como Don Banks, nació el 25 de Octubre de 1923 en South Melbourne, Australia. Banks sería educado en el Cambridge College, y durante la depresión el joven Don fue transferido al Melbourne Boys´High School. Desde temprana edad demostraría su interés por la música, en gran medida por la fuerte influencia de su padre, quien era un reconocido músico de jazz. A los cinco años comenzaría sus clases de piano, y durante su juventud aprendería a tocar saxofón, violín y trombón, instrumento que más tarde tocaría en algunas de las bandas a las cuales pertenecería. Tras terminar sus estudios, trabajaría algún tiempo como ayudante en un par de empresas.

Entre 1941 y 1946 serviría en las Fuerzas Militares Australianas, principalmente en la rama médica del ejército. Tras esto, estudiaría composición en el University Conservatorium of Music, donde lograría graduarse con honores. Demostando sus deseos de perfeccionar su arte, en el año 1950, se trasladaría a Inglaterra para seguir estudiando con el maestro Matyas Seiber, tras lo cual se trasladaría a Salzburg, Austria en el año 1953, para trabajar un tiempo con el profesor Milton Babbitt. Ese mismo año, sus composiciones comenzarían a ganar cierto reconocimiento; su composición “Four Pieces for Orchestra” fue tocada en la BBC. Tras esto ganaría un par de premios por sus obras y trabajaría como profesor en algunas universidades. En 1959, Banks compuso su primera banda sonora para el cine, en la película “Murder at Site 3”. El compositor ingresó al mundo del cine principalmente porque buscaba una buena fuente de ingresos para mantener a su familia. Es así como llegaría a la casa del martillo en el año 1962, para componer la banda sonora de la cinta, “Captain Clegg”.

Aparte de este trabajo, estaría a cargo de siete bandas sonoras de la casa del martillo, las cuales son: “Nightmare” (1964), “The Evil of Frankenstein” (1964), “Hysteria” (1965), “The Reptile” (1966), “Rasputin: the Mad Monk” (1966) y “The Mummy´s Shroud” (1967). Dichas composiciones para la Hammer son realmente excelentes, en especial de la “Rasputin”, pero lamentablemente su trabajo se vió algo ensombrecido por la obra de James Bernard (con quién trabajo en la composición de la música de la cinta, “Torture Garden”). La carrera cinematográfica de Banks sería breve y estaría mayormente ligada al género del horror (también es responsable de la banda sonora del film, “Die, Monster Die!”). Su carrera trascendería más allá de la pantalla, siendo uno de los precursores de la música electrónica (de hecho colaboró en el desarrollo de uno de los primeros sintetizadores), fusionando el jazz con la música clásica, y el jazz con la música electrónica.

Orgulloso de su identidad australiana, a principios de los cincuenta fundaría la Asociación Australiana de Música, la que serviría como plataforma para muchos de los jóvenes compositores australianos. Además fue miembro fundador de la Sociedad Británica de Música Electrónica y patrocinador del Jazz Centre Society de Londres. No es entonces de extrañar que Banks sea uno de los músicos más respetados a nivel mundial, al nivel de que el galardón musical más importante de su país lleva su nombre. Teniendo todo esto en perspectiva, para la Hammer fue todo un lujo contar con la participación de un músico de la categoría de Banks, quién murió el cinco de septiembre de 1980, a causa de la leucemia que le afectaba.

Henry Robinson y algunas menciones honrosas:

Henry MacLeod Robertson, también acreditado como Henry Robinson, nació en Elgin, Escocia, el 19 de noviembre de 1932. Su carrera profesional en la música comenzó en 1957, como compositor y conductor de shows de televisión como “Six-Five Special” y “Oh Boy!”. Tras solicitar una membresia para la Performing Right Society al año siguiente, comienza a trabajar bajo los seudónimos Henry MacLeod, Harry Robertson y Harry Robinson, siendo el último de estos el que más utilizaría. Durante su carrera participaría en distintas actividades en diversos medios. Por un tiempo trabajaría en las casas disqueras EMI y Decca, participando como director musical de artistas como Craig Douglas, y conduciría los musicales de Lionel Bart, “Fings Ain´t Wot They Used T´be” (1960) y “Maggie May” (1964).

Su carrera en el cine comenzaría en 1964 con la cinta, “Valley of the Kings”. Aunque llegaría a componer más de cincuenta bandas sonoras, e incluso escribiría un par de guiones para el cine y la televisión, Robertson es más recordado por las bandas sonoras que realizó para la casa del martillo (aunque debido al constante cambio de seudónimos, logró confundir a más de algún fan de las producciones del estudio), las cuales son: “The Vampire Lovers” (1970), “Lust For A Vampire” (1971), “Countess Dracula” (1971), “Twins Of Evil” (1971), y “Demons Of The Mind” (1972). Lamentablemente, su obra más reconocida al interior de la Hammer es la bizarra canción de la cinta “Lust For a Vampire”, que no es de lo mejor de su carrera, la cual no fue en extremo brillante pero si contó con un par de aciertos como el tema central de la serie de televisión, “Journey to the Unknown” (1968). Gran parte de su carrera cinematográfica estaría ligada al género fantástico, pero sin duda es su paso por la Hammer el que lo hizo conocido entre los amantes del cine de terror.

El resto de los compositores que trabajaron alguna vez en la Hammer, en su gran mayoría no realizaron más de cuatro bandas sonoras al interior del estudio, con las excepciones de Frank Spencer, responsable de casi todas las bandas sonoras de la era Exclusive (Pre-Hammer) y de una buena parte de la primera etapa de la Hammer, desde “Dr. Morelle” (1949) hasta “The Last Page” (1952), sumando alrededor de 14 bandas sonoras en total; y Ivor Slaney, quien llegaría al estudio como el reemplazo de Spencer, donde se haría cargo de al menos nueve de las bandas sonoras del estudio, resaltando sus trabajos en las cintas, “The Saint ´s Return” (1953), “Spaceways” (1953) y “Murder by Proxy” (1954). Por último, entre los compositores menores, son destacables los trabajos de Benjamin Frankel, responsable de la música de “The Curse of the Werewolf” (1961), “The Old Dark House” (1963) y “I Only Arsked!” (1958); y Malcolm Williamson, responsable de “The Brides of Dracula” (1960), “Crescendo” (1970), y “Horror of Frankenstein” (1970).







por Fantomas.

martes, 12 de mayo de 2009

Slasher Films: Origen, caída y renacimiento del subgénero.

El subgénero del cine de terror conocido como “Slasher”, ha sido venerado y odiado por partes iguales durante una buena cantidad de años. Aquellas cintas en las cuales sus protagonistas eran un grupo de adolescentes, los cuales eran acosados y asesinados brutalmente por uno o más asesinos, y que fueron llamadas despectivamente como “películas de adolescentes muertos” por el crítico Roger Ebert, nacieron a finales de la década de los setenta y reinaron durante gran parte de los ochenta, sobre todo en norteamérica. Con el renacer del subgénero que se ha visto en el último tiempo, en su gran mayoría bajo la forma de remakes de las cintas más icónicas o recordadas de los slasher films, no está demás echarle una mirada a las bases de un subgénero que ha sabido perdurar durante treinta años.

Los origenes de las cintas slasher han sido vastamente discutidos. El supuesto concenso general es que “Psycho” (1960), de Alfred Hitchcock, sería la encargada de crear las bases del subgénero; centra la trama en torno a un asesino trastornado, especifíca la forma en como este se comporta alrededor de su presa, y finalmente el señala el modus operandi del crimen, en donde el asesino apuñala (de ahí lo de slasher) a su víctima hasta la muerte. También se ha hablado de la influencia que pudo haber ejercido el giallo italiano sobre el nacimiento del slasher. El giallo nacería en el año 1963 de la mano del film, “La muchacha que sabia demasiado” del director Mario Bava, y sería perfeccionado por Dario Argento en, “El pájaro con las plumas de cristal” (1969). Aunque ambos subgéneros presentan similitudes, también presentan un buen número de diferencias que ayudan a distinguir entre un giallo y un slasher; Es correcto mencionar que los giallos presentan tramas en las que una persona común y corriente se ve involucrado en un crimen, el cual terminará investigando. El slasher por su parte, nos presenta a una protagonista que hará todo lo posible por escapar del asesino. Otra diferencia clara es que mientras que el giallo nos presenta potenciales sospechosos que bien podrían transformarse en víctimas, el slasher tan solo nos presenta un grupo de potenciales víctimas del asesino de turno. Obviamente existen más diferencias, pero estas dos resultan esenciales a la hora de distinguir entre un subgénero y el otro.


De todas maneras hay gente que suele incluir a algunos giallos dentro del subgénero del slasher. Mientras la factoría de giallos siguió su curso, en los Estados Unidos se continuaba explotando el estilo impuesto por “Psycho”. Antes de la salida de la cinta que daría el puntapié inicial a la moda del slasher, el género del horror se nutriría de obras que influenciarían la estética sombría tan propia del subgénero del slasher. Cintas como “The Last House on the Left” (1972) y “The Hills Have Eyes” (1977), ambas del director Wes Craven; “The Texas Chainsaw Massacre” (1974), de Tobe Hooper; “Black Christmas” (1974), de Bob Clark (film que es considerado por muchos como el primer slasher), y “Bay of Blood” (1971), de Mario Bava, son buenos ejemplos de las producciones que cimentaron el camino que llevaría a la formación del slasher como un subgénero con identidad propia. En las películas mencionadas reina la violencia y la desesperanza, donde las víctimas están a merced de los asesinos, atrapados en un juego del gato y el ratón.

En octubre de 1978, John Carpenter estrenaría el fruto de las múltiples influencias adquiridas durante años; “Halloween”, una cinta filmada con tan solo $300.000 dólares, reventaría las taquillas y de paso, reescribiría los parámetros de la fórmula del slasher, dando como resultado el nacimiento del subgénero tal como lo conocemos. Los fans del cine de terror adoraron la combinación del icónico psicópata Michael Myers, con la inclusión de escenas de sexo, mientras que los críticos alabaron el trabajo de Carpenter por lo innovador y espeluznante que este resultaba. “Halloween” establecería la dualidad sexo/muerte, y las convenciones de la chica como último sobreviviente. El éxito de la cinta de Carpenter gatillaría una oleada de imitaciones las cuales resultarían ser bastantes disparares en términos de calidad.

Los slashers se transformarían en cintas sumamente rentables durante la década de los ochenta. Más aún con la salida de cintas como “Friday the 13th” (1980), del director Sean S. Cunningham, y sus respectivas secuelas que nos presentarían a otros de los asesinos icónicos del subgénero, el prácticamente inmortal Jason Voorhees, con su ya conocida máscara de hockey. El director Wes Craven también adoptaría esta nueva tendencia, y con su cinta “Nightmare on Elm Street” (1984), nos entregaría a otros de los asesinos más reconocidos del slasher, el espectral Freddy Krueger. Al igual que “Halloween” y “Friday the 13th”, la cinta de Craven muestra como protagonista absoluto al asesino, convirtiéndolo en una especie de antihéroe, en un personaje aún más importante que sus víctimas. Otro punto en común que tienen las tres producciones, clásicos absolutos del género del horror, es que gatillaron una serie de secuelas que por lo general, demostraban una baja considerable en su calidad argumental, algo bastante común en aquellas sagas que por lo menos lograron cinco entradas.

¿Pero cuales son las características esenciales de un slasher? Si desglosamos los tres elementos claves de estas producciones, es más fácil darnos cuentas cuales son las reglas básicas del subgénero:
1. El Asesino: Suele ser un hombre, el cual por lo general se oculta tras una máscara o un disfraz, aún cuando sus víctimas y las autoridades conozcan su identidad. Además, habitualmente son personajes silenciosos y prácticamente indestructibles, verdaderos monstruos salidos de las más espantosas pesadillas. Por último, su historia pasada suele estar marcada por algún trauma en la niñez, hecho que terminó convirtiéndolo en un homicida. Dicho rasgo se utiliza para intentar crear un nivel de simpatía con el espectador, reforzando la idea de que los asesinos son las verdaderas estrellas del espectáculo.
2. La Víctima: En los slashers las víctimas sueles ser jóvenes, atractivos, y guiados por sus hormonas. Lo usual es que sean estudiantes en el último año de colegio, o universitarios proclives a la diversión desenfrenada. Aunque rara vez son asesinados por sus actos, si existe una especie de código moral en el subgénero que tiende a castigar el mal comportamiento de estos jóvenes.
3. La Violencia: El elemento que separa a los slashers de los thrillers es su nivel de violencia. La razón principal por la que difícilmente uno puede encontrar un slasher con alguna profundidad dramática, es porque la idea del subgénero es centrarse en la violencia y no precisamente en la trama. Las muertes son violentas y gráficas, y con los años comenzaron a ser cada vez más imaginativas.

Existen otras convenciones propias de los slashers. A diferencia de los giallos, los slashers presentan un tiempo dramático más corto. Mientras que en los giallos la acción se desarrollaba durante semanas o días, en los slashers los sucesos suelen desarrollarse en cosa de horas o en una fecha específica. Además de “Halloween”, son numerosas las cintas que acontencen en una fecha particular: “My Bloody Valentine” (1981), “April Fool´s Day” (1986), “Prom Night”(1980), “Mother´s Day” (1980), y “Silent Night, Deadly Night” (1984), entre otras. La característica que comparten ambos subgéneros, es la utilización del punto de vista de asesino, el que obviamente ayuda a crear una atmósfera de constante peligro. También suele ocurrir que muchos de los slashers suelen ocurrir en escenarios habitualmente poblados de jóvenes, como campus universitarios, campamentos, calles de pequeños pueblos o fiestas de fraternidad, todo esto con el fin de lograr que el público objetivo de este tipo de cintas logrará identificarse con las víctimas. Finalmente está la convención ya mencionada de presentar a una mujer como la única sobreviviente de los hechos, la cual por lo general logra vencer al imparable asesino, transformando la tragedia en un hecho casi catártico.

Aunque con los años se intentó revitalizar el subgénero integrando nuevos elementos a la fórmula, como por ejemplo el realismo de la cinta de John McNaughton, “Henry Portrait of a Serial Killer” (1986); la combinación tensiones raciales y leyendas urbanas del film, “Candyman” (1992); o incluso el elemento sobrenatural presente en “Child´s Play” (1988), estos no fueron suficientes para detener la inminente caída de un subgénero carente de nuevas ideas. Pese a la inmesa rentabilidad que tuvieron estas producciones a principios de los ochenta, dada en gran medida por el escaso presupuesto que se necesitaba para llevar a cabo una cinta de este tipo, hecho que impulsó a un gran número de directores mediocres a filmar su visión de los que debía ser el subgénero, fue el agotamiento de las historias, lo rutinario de la violencia, y lo predecible que estas cintas comenzarón a ser, lo que finalmente sepultó la mina de oro.

A medidados de los noventa, con el estreno de “Scream” (1996), del director Wes Craven, el slasher renació brevemente con nuevos códigos. Pese a que la historia de Craven utilizaba la misma base del slasher clásico, solo que en esta ocasión, la gran interrogante de la trama era la identidad del asesino. El éxito de “Scream” (film que tendría dos secuelas), ayudo a que por un corto periodo de tiempo, volvería la fiebre por las cintas slasher, de las cuales algunas adoptarían el modelo aplicado en la cinta de Craven, lo que sucede en “Urban Legend” (1998) y sus secuelas; otras retornarían al modelo clásico, como por ejemplo “I Know What You Did Last Summer” (1997); mientras que un tercer grupo se dedicaría a revivir glorias pasadas, ya sea en la forma de remakes o sumando una nueva entrada a las sagas clásicas, como por ejemplo “Halloween H2O” (1998), “Jason X” (2001), o el funesto remake de “Psycho” (1998), de Gus Van Sant, entre otras.

Este breve resurgimiento del slasher terminó aportando en su mayoría un gran número de cintas completamente olvidables, lo que ayudo a que el público rápidamente le diera la espalda al subgénero. Ya a mediados del 2000, el subgénero derivó en la forma de cintas como “Saw” (2004) o “Hostel” (2005), dando nuevo brios al cine de horror. En el último tiempo, con los estrenos de remakes como “Friday the 13th” (2009), “My Bloody Valentine” (2009), “Halloween” (2007), y el inminente remake de “Nightmare on Elm Street”, entre muchas otras, es complejo augurar que es lo que va a suceder en un futuro con el slasher. El subgénero se las ha arreglado para sobrevivir por treinta años en las carteleras, lo que parece evidenciar la fascinación de parte de nuestra sociedad con los omnipotentes y aterrorizantes asesinos ocultos en la oscuridad.

Otros Slashers clásicos recomendables que no han sido mencionados en el artículo:
- Terror Train (1980) Dir. Roger Spottiswoode
- Happy Birthday To Me (1981) Dir. J. Lee Thompson
- The Burning (1981) Dir. Tony Maylam
- The House On Sorority Row (1983) Dir. Mark Rossman
- Sleepaway Camp (1983) Dir. Robert Hiltzik
- Deliria aka Stage Fright (1987) Dir. Michele Soavi
- The Prowler (1981) Dir. Joseph Zito
- Madman (1982) Dir. Joe Giannone
- The Slumber Party Massacre (1982) Dir. Amy Holden Jones
- The Initiation (1984) Dir. Larry Stewart

por Fantomas.

sábado, 9 de mayo de 2009

Paul Newman: La Leyenda del Indomable.

Paul Leonard Newman, nació el 26 de enero de 1925 en Shaker Heights, un afluente suburbio de Cleveland. Hijo de padre judío y madre católica, el joven Paul era un excelente deportista, el cual mostraría un temprano interés en el teatro. Él tendría su debut actoral a los siete años, como uno de los personajes de Robin Hood en una producción de su escuela. Newman se graduaría de la Escuela de Shaker Heights en el año 1943. Tras esto, asistiría por un corto periodo de tiempo a la Universidad de Ohio, de la cual sería expulsado tras un confuso incidente. Por un tiempo, Newman se dedicaría a vender enciclopedias Collier de puerta en puerta. Durante ese periodo, Newman también intentaría enlistarse en el ejército para servir como piloto. Sin embargo, el futuro actor tenía un serio problema a la vista, por lo que tuvo que contentarse con ser radio operador de los aviones que operaban el Pacífico Sur.

A su regreso, Newman obtendría una beca deportiva en la escuela de artes, Kenyon College, donde se jugaría fútbol americano hasta el momento que protagonizó otro incidente que terminó mandándolo a la cárcel por una noche. En vista que necesitaba una nueva actividad extracurricular, él decidió volver al drama, apareciendo en un buen número de producciones organizadas por la escuela. Tras graduarse en inglés, Newman viajó a Chicago, donde comenzó a trabajar con la prestigiosa compañia de teatro, Woodstock Players. Él también conocería y se casaría con la actriz Jackie Witte, con la cual al poco tiempo tendría un hijo. Lamentablemente, al mismo tiempo del nacimiento de su hijo, moriría su padre Arthur, el cual dejaría en manos de Paul la tienda que manejó por tantos años. Newman tendría que optar por asegurar la estabilidad familiar, o perseguir su sueño y transformarse en actor. Finalmente, optaría por correr el riesgo y su mudaría junto con su familia a New Haven, Connecticut, donde se uniría al programa de drama de la prestigiosa Universidad de Yale.


Durante su estadia en Yale, en 1952 Newman comenzaría a trabajar en la serie de televisión, “The Aldrich Family” (1949-1953). Ese mismo año, sería aceptado en el renombrado Actor´s Studio, donde tendría como maestros a Lee Strasberg y Elia Kazan. El año siguiente, Newman tendría un exitoso debut en la obra de Broadway, “Picnic”, donde además de ganar un Theatre World Award por su papel, lograría ser contratado por los ejecutivos de la Warner Brothers. Sin embargo, el éxito no sería de inmediato. Su primera cinta sería, “The Silver Chalice” (1954), la que marcaría una de las peores humillaciones en la carrera del actor. Las críticas hacia la película y en especial hacia su actuación fueron tan brutales, que Newman tomó la decisión de publicar unas sentidas disculpas a los cinéfilos por su actuación.

Tras esto, Newman volvería a las tablas y trabajaría mayormente en televisión, tanto en series como en algunos telefilmes. Su siguiente trabajo en Hollywood sería en la cinta, “The Rack” (1956), un drama bélico que protagonizaría junto a Lee Marvin, la cual también sería víctima de las críticas, lo que tendría como consecuencia su rápido retiro de las salas de cine. Ese mismo año, Newman protagonizaría la cinta que lo lanzaría a la fama. En “Somebody Up There Likes Me” (1956), el actor interpretaría al boxeador Rocky Graziano, papel que finalmente le traería un sinfín de críticas positivas. De ahí para adelante, las cosas se moverían rápidamente para Newman, el cual protagonizaría “The Helen Morgan Story” (1957), y “Until They Sail” (1957), ambas bajo la dirección de Robert Wise.

Ese mismo año, Newman ganaría el Globo de Oro al novato más prometedor. Durante la filmación de su próxima cinta, “The Long Hot Summer” (1958), el actor se involucraría sentimentalmente con su coestrella, Joanne Woodward. Un año después de divorciarse de Jackie Witte, Newman se casaría con Woodward, dando inicio a una de las uniones más duraderas de Hollywood. El drama dirigido por Martin Ritt, se convertiría en un nuevo éxito para el actor, el cual ganaría el premio al mejor actor en Cannes por participación en el film. Ese mismo año, protagonizaría su primer éxito de taquilla. Este sería la adaptación de la novela de Tennessee Williams, “Cat on a Hot Tin Roof” (1958), donde compatiría créditos con Elizabeth Taylor. El film fue uno de los más taquilleros ese año, pese al hecho de que Williams odió el resultado, y no tuvo problemas en expresarlo públicamente. Su actuación en esta cinta le valió su primera nominación al Oscar.

Luego vendría, “The Left Handed Gun” (1958), donde interpretaría por segunda vez el rol de Billy The Kid (la primera fue en el programa de televisión, “The Philco Television Playhouse”). La cuarta y última película de ese año sería la comedia, “Rally ´Round the Flag, Boys!” (1958), la que co-protagonizaría con Joanne Woodward y Joan Collins. A esta le seguiría el drama, “The Young Philadelphians” (1959), donde Newman interpretaría a un joven abogado cuyas aspiraciones lo llevan a cuestionarse su sentido de la lealtad cuando su mejor amigo es acusado de asesinato. Tras filmar “Rally ´Round the Flag, Boys!”, Newman retornó a las tablas con la obra “Sweet Bird of Youth”, de Tennessee Williams. A su regreso a Hollywood, Newman le compraría su contrato a la Warner, para protagonizar las cintas; “Éxodo” (1960), de Otto Preminger, y “From The Terrace” (1960), del director John O´Hara, donde nuevamente trabajaría junto a Woodward.

En su siguiente trabajo titulado, “The Hustler” (1961), Newman interpretaría a otro de los personajes que marcarían su carrera; el arrogante jugador de pool Fast Eddie Felson. Por dicho papel, el actor obtendría su segunda nominación al Oscar. Luego vendría, “Paris Blues” (1961), donde nuevamente trabajaría bajo las ordenes de Martin Ritt, y compartiría créditos con Louis Armstrong, Diahann Carroll y Sidney Poiter. Diez años más tarde, en el año 1971, Newman formaría una nueva compañia de producción junto a Poiter, Barbra Streisand y Steve McQueen, llamada First Artist, la que tenía por objetivo darle a los actores la posibilidad de producir sus propios proyectos. A su regreso a los Estados Unidos, Newman protagonizaría la versión cinematográfica de “Sweet Bird of Youth” (1962).

Después de esto, participaría en dos cintas con Ritt; la primera sería el compilado de historias de Hemingway, “Adventures of a Young Man” (1962). En la segunda, interpretaría a otro de sus personajes más recordados. En “Hud” (1963), Newman es Hud Bannon, un terrateniente alcohólico, libidinoso y arrogante. Dicho papel le valdría su tercera nominación al Oscar. Ese mismo año, el actor volvería a Paris para filmar la sátira, “A New Kind Of Love” (1963), y luego participaría en el thriller, “The Prize” (1963), del director Mark Robson. En 1964 filmaría dos cintas; la comedia de humor negro, “What a Way to Go!”, co-protagonizada por Shirley MacLaine, y “The Outrage”, un remake de “Rashomon” (1950), de Akira Kurosawa, dirigido por Martin Ritt.

La segunda mitad de los sesenta comenzaría con “Lady L” (1965), una comedia dirigida por Peter Ustinov, y co-protagonizada por Sophia Loren y David Niven. Luego vino “Harper” (1966), la historia de un detective privado que es contratado por el personaje interpretado por Lauren Bacall, para encontrar a su marido el cual ha sido secuestrado. Siguiendo en la línea del suspenso, la próxima cinta de Newman sería “Torn Curtain” (1966), donde colaboraría por primera y única vez con el maestro del género, Alfred Hitchcock. El año 1967, Newman participaría en dos verdaderos clásicos; el western “Hombre”, dirigido por su colaborador habitual, Martin Ritt, y el drama carcelario, “Cool Hand Luke”, donde el actor obtendría una nueva nominación al Oscar, mientras que George Kennedy obtendría el Oscar al mejor actor de reparto.

En “The Secret War of Harry Frigg” (1968), Newman interpreta a un soldado experto en evasiones, el cual es ascendido temporalmente a general para que rescate a otros cinco soldados americanos en manos de los alemanes. Este mismo año, Newman debutaría como director con el film, “Rachel, Rachel” (1968), la que recibiría una nominación al Oscar a la mejor película. 1969 sería otro gran año para el actor. Primero filmaría “Winning”, la historia de un corredor de carreras de autos que se encuentra inmerso en un triángulo amoroso. La segunda cinta sería, “Butch Cassidy and the Sundace Kid”, donde formaría equipo con Robert Redford y Katharine Ross, y la cual se volvería todo un clásico del género del western.

Los setenta comenzarían con Newman nuevamente trabajando junto a Woodward, en el drama “WUSA” (1970), dirigido por Stuart Rosenberg. Al año siguiente, nuevamente trabajaría tras las cámaras en la adaptación de la novela de Ken Kesey, “Sometimes a Great Notion” (1971), la cual también protagonizó. Tras esto, protagonizaría “Pocket Money” (1972) y “The Life and Times of Judge Roy Bean” (1972), un par de westerns sin mayor relevancia, aunque el segundo fue dirigido por el gran John Huston. A estos trabajos le seguiría un thriller de espías titulado, “The Mackintosh Man” (1973), donde nuevamente estaría bajo las ordenes de Huston, y cuyo co-protagonista sería James Mason.

Las dos películas siguientes de Newman serían dos verdaderos hits. En “The Sting” (1973), interpretaría al veterano estafador, Henry Gondorff, quien en compañia del personaje interpretado por Robert Redford, crean un elaborado plan para estafar a un peligroso criminal. “The Towering Inferno” (1974), por su parte, se encargaría de reunir un elenco estelar, comandado por Newman y por Steve McQueen, los cuales deberan arreglarselas para sobrevivir a un voraz incendio ocurrido en un lujoso edificio. La próxima cinta del actor se titularía, “The Drowning Pool” (1975), un thriller dirigido por Stuart Rosenberg, y en el cual el actor retomaría el personaje de investigador privado Lew Harper. Acto seguido, interpretaría a William Cody en el film, “Buffalo Bill and the Indians” (1976), del director Robert Altman.

Las últimas dos cintas en las que participaría Newman durante la década de los setenta serían; “Slap Shot” (1977), una comedía dirigida por George Roy Hill, la cual según la opinión de muchos críticos, era el primer film en el que el actor abandonaba su faceta de “niño bonito”, para adoptar una actitud más madura. La otra sería el thriller de ciencia ficción, “Quintet” (1979), donde nuevamente estaría bajo las ordenes de Altman, y en la que interpreta a un hombre inmerso en un mundo donde los humanos son utilizados como piezas de un juego mortal. Sería durante este periodo, Newman se enfrentaría a un serio revés. Su hijo Scott moriría a causa de una sobredosis, lo que empujaría al actor a formar la Fundación Scott Newman, dedicada a educar a las personas acerca del abuso de drogas y alcohol. Profesionalmente tampoco le iría demasiado bien, ya que debido a sus últimas incursiones, se llegó a mencionar que su carrera estaba llegando a su fin.

Pero el actor no estaba listo para retirarse aún. Esto lo demostraría con su actuación en el drama, “Fort Apache: The Bronx” (1981), donde interpretaría a un duro policía el cual intenta llevar la justicia a las peligrosas calles del Bronx. Luego vendría, “Absence of Malice” (1981), del director Sidney Pollack, en la cual Newman interpreta al hijo de un fallecido jefe criminal, el cual es víctima de una elaborada trampa que busca incriminarlo en un crimen que no cometió. Tras esta cinta, el actor trabajaría en otro clásico, “The Veridict” (1982), del director Sidney Lumet. Por estos últimos dos trabajos, Newman sería nominado nuevamente al Oscar al mejor actor, lo que ayudaría a reafirmar su alicaida reputación. Una vez logrado esto, el actor pudo concentrarse en otras actividades ajenas a la actuación. Más allá de su afición por las carreras de automóviles, tanto él como su esposa mostraban un creciente interés en la política. En el año 1978, Jimmy Carter lo nombró delegado de Estados Unidos en una conferencia de las Naciones Unidas referente al desarmamentismo. En 1982, el actor creó la empresa “Newman´s Own”, dedicada a la comercialización de distintos artículos comestibles, y cuyas ganancias serían utilizadas con fines benéficos, particularmente para financiar “Hole in the Wall Camp”, un campamento de verano para niños con cáncer, sida y otras enfermedades relacionadas con afecciones sanguíneas.


Aunque su veta como director había estado detenida desde principios de los setenta, donde Newman filmaría la ya mencionada “Sometimes a Great Notion”, y “The Effect of Gamma Rays on Man-in-the-Moon Marigolds” (1972), donde nuevamente tendría a Woodward como su protagonista, en los ochenta volvería a dirigir tres cintas más. “The Shadow Box” (1980), de nuevo con Woodward como protagonista de un drama acerca de los sueños y la cruel realidad de tres pacientes terminales internadas en un hospital, trabajo por el cual Newman recibiría una nominación al Emmy como mejor director. A esta le seguría “Harry & Son” (1984), la cual relata las desventuras de un obrero de la construcción (interpretado por Newman) el cual no puede conseguir empleo, y las constantes peleas de este con su hijo el cual se rehúsa a trabajar. La tercera, que también sería la última película dirigida por Newman sería, “The Glass Manegerie” (1987), una adaptación de una obra de Tennessee Williams, la cual contaría con la ya clásica compañia de Woodward, además de John Malkovich y Karen Allen.

Hasta la fecha, Newman había sido nominado siete veces al Oscar y aún no recibía el premio. Por esta razón en el año 1986, el actor recibiría un Oscar honorario en reconocimiento a su trabajo. Sin embargo, al año siguiente lograría ganar un Oscar por su actuación en, “The Colour of Money” (1986), del director Martin Scorsese, donde retomaría el personaje interpretado en “The Hustler”. Pasarían tres años antes de su próximo trabajo. En “Shadow Makers” (1989), interpretaría al General Leslie R. Groves, encargado de construir la primera bomba atómica. Luego vendría “Blaze” (1989), un drama biográfico acerca de un gobernardor de Louisiana en la década de los cincuenta que se debate entre el amor de una stripper y su lucha por los derechos civiles. Los noventa comenzarían para Newman con “Mr and Mrs Bridge” (1990), otro drama en el que comparte pantalla con su esposa Joanne Woodward.

Newman filmaría cuatro películas más durante los noventa; “The Hudsucker Proxy” (1994), de los hermanos Coen, interpreta al director de una compañia el cual busca obtener una serie de beneficios de la debacle de esta; “Nobody´s Fool” (1994), donde Newman obtendría su novena nominación al Oscar, esta vez por su interpretación de un perdedor el cual busca obtener algún tipo de compensación por su problema en la rodilla, a la vez que se involucra sentimentalmente con la esposa de su jefe; “Twilight” (1998), donde interpretaría a un policía retirado que se ve involucrado en un caso de chantaje; y por último, ”Message in a Bottle” (1999), un drama co-protagonizado por Kevin Costner. Cabe mencionar que en el año 1994, Newman recibiría otro premio Oscar, esta vez por sus esfuerzos humanitarios.

El último tramo de la carrera del actor comenzaría con, “Where the Money Is” (2000), en la cual interpretaría a un veterano ladrón de bancos que se encuentra preparando un nuevo golpe. El 2002 marcaría su retornó a las tablas en la obra, “Our Town”, la cual sería su última actuación en Broadway, y la que sería filmada para ser exhibida en la televisión, tras lo cual Newman sería nominado a un premio Emmy. También actuaría en, “Road to Perdition” (2002), del director Sam Mendes, y protagonizada por Tom Hanks, donde obtendría una nueva nominación al Oscar por su actuación. El 2005, Newman trabajaría como actor y productor en la miniserie “Empire Falls”, producida por la cadena HBO. El elenco incluiría nombres como los de Ed Harris, Philip Seymour Hoffman, Helen Hunt y Joanne Woodward. Ese mismo año, el actor prestaría su voz para el documental animado de la IMAX, “Magnificent Desolation”.

El 2006 sería un año de bastante actividad para Newman. Primero abriría un nuevo restaurante en Westport, llamado “The Dressing Room”, el cual tenía como objetivo reunir fondos para el teatro Westport Country Playhouse. Además prestaría su voz para la cinta de la Pixar, “Cars” (2006), el cual vendría a ser su último rol. En el 2008, debido al cáncer que lo afectaba, debió abandonar la dirección de la obra teatral, “Of Mice and Men”. El 26 de septiembre, Paul Newman moriría a causa del cáncer al pulmón que lo afectaba, a los 83 años. El actor estuvo en la cima del estrellato por casi 50 años, tiempo en el que además pudo transformarse en un campeón de carreras de autos y en un filántropo de inmensa generosidad, habiendo donado cerca de $175 millones de dólares a la caridad. Un ejemplo tanto dentro como fuera de la pantalla, Paul Newman dejó un legado enorme, el cual estamos llamados a redescubrir.

por Fantomas.

jueves, 7 de mayo de 2009

Invasion of the Body Snatchers: ¡No te duermas!...podrías perder tu identidad.

“Invasion of the Body Snatchers” (1956), es un film de ciencia ficción del director Don Siegel, el cual está protagonizado por Kevin McCarthy, Dana Wynter, King Donovan y Carolyn Jones.

Miles Bennell (Kevin McCarthy) es un médico de un pequeño pueblo americano que últimamente ha tratado a varios pacientes que presentan síntomas similares, donde se destaca el hecho de que muchos de ellos dicen no reconocer a sus familiares o amigos. Sin embargo, no tienen signos físicos que evidencien alguna enfermedad. A medida que se extiende el fenómeno, el Dr. Bennell empieza a entrever la horrible verdad: ¿Y si se tratase de una sutil invasión extraterrestre?


La amenaza de una invasión extraterrestre comenzó a ser un tema popular en las cintas de ciencia ficción realizadas durante la década de los cincuenta, tras la salida de películas como “The Thing from Another World” (1951), “The Day the Earth Stood Still” (1951) y “It Came from Outer Space” (1953), entre otras. Mientras que gran parte de estas producciones situaban a la amenaza en el espacio exterior, “Invasion of the Body Snatchers” sitúa a los invasores ya instalados en la Tierra, y lo que es peor, ellos pueden asumir la forma humana y vivir entre nosotros. Este relato está basado en la novela serializada “The Body Snatchers”, del escritor Jack Finney, la cual sería publicada por primera vez en la revista Colliers Magazine. Inicialmente, Finney tenía una idea completamente diferente de la historia cuando empezó a escribir la novela. Sería él mismo quien declararía: “Mi primera idea fue una escena en la que un perro resultaría herido, quizá atropellado por un coche, tras lo cual se descubriría que una parte de su esqueleto era de acero inoxidable; el hueso y el acero estarían unidos, de modo que quedara claro que habían crecido juntos. Pero esa idea no me condujo a ningún lado”.

Pronto Finney comenzaría a desarrollar un nuevo concepto “en el cual la gente comenzaría a quejarse que sus cercanos en realidad eran impostores”. Dicha idea tomó vuelo y se convirtió en un relato nutrido de metáforas, donde los humanos comenzarían a ser reemplazados por imitadores carentes de todo tipo de emoción. De hecho, la versión fílmica de la historia fue interpretada de variadas formas; mientras que para algunos era una alegoría anti-comunista, para otros era un ataque directo a las políticas implantadas por el senador Joseph McCarthy. Sin embargo, Finney aseguraría que “solo es una historia que pretendía entretener, y no tiene un significado más allá de eso. La idea de escribir todo un libro para decir que no es positivo que seamos todos iguales y que el individualismo es algo bueno, me hace reír”.

El mismo año que se publicó “The Body Snatchers”, otra novela de Finney había sido llevada a la pantalla grande (Five Against the House, 1955), lo que le otorgó cierta notoriedad al escritor en Hollywood. El productor Walter Wanger sería uno de los que leería su novela, la cual no dudaría en enseñársela al director Don Siegel. Decidido a producir la película, Wanger comenzó a buscar apoyo para la distribución en la empresa Allied Artist, mientras que Siegel comenzaba a desarrollar el proyecto en compañía del escritor Daniel Mainwaring, con quien había trabajado en un par de cintas durante la primera etapa de su carrera. Mainwaring contaría además con la ayuda de Richard Collins, y el entonces debutante Sam Peckinpah (quién además tiene un cameo como el encargado de la gasolinera), los cuales se encargarían de corregir los diálogos. El guión de Mainwaring llevaría por título “Sleep No More” (el cual luego sería cambiado por el estudio), y se mantendría fiel a la novela, por lo menos en los acontecimientos que narra, cambiando solo algunos desafortunados pasajes de la historia original, además del final el cual es considerado como el cambio más importante dado el deficiente final que presentaba la novela.

Como mencionaba anteriormente, durante el transcurso de los años se le han dado diversas lecturas a la historia relatada en el film. Como buen producto de su era, muchos la interpretaron como una metáfora de la amenaza comunista, la cual intentaba atrapar a los ciudadanos norteamericanos en una vida monótona y sin sentido. Por otro lado, hay quienes la ven como una representación de la era de la conformidad y el peligroso camino del McCarthyismo, el cual forzaba a que todos pensaran lo mismo, no dejando espacio alguno para la excentricidad o la expresión individual. Para Don Siegel, este no era más que el retrato de cientos de personas que deambulaban por ahí, especialmente dentro de la industria del cine; “Sé de muchos asociados que ya son entes. Ellos despiertan en las mañanas, toman su desayuno, van a trabajar, vuelven a su casa a comer y luego duermen”.

Sea cual sea la lectura que se le quiera dar a la historia, el gran atractivo de la cinta recae en la paranoia inherente al relato, su intensidad histérica, el terror producido por no poder confiar en la gente que nos rodea, la posibilidad de perder nuestra identidad, y los horrores de la deshumanización de un mundo complejo. Siegel le imprime a la historia un ritmo narrativo que no da tiempo para descansos, construyendo diversos momentos de tensión mediante elementos que pronto se volverían parte del sello del director; personajes en constante movimiento, escenas rodadas en cuartos claustrofóbicos o sumidos casi en la total oscuridad, y el hecho de mantener el foco de atención en el protagonista principal, entre otras cosas. Sin embargo, el corte final de la cinta no sería el deseado por el director; los toques de humor fueron removidos por el estudio, y se agregó un prólogo, un epílogo, y algunas narraciones en off para evitar que la película fuese considerada oscura y deprimente.

La película fue rodada en 19 días con un presupuesto de aproximadamente 300.000 dólares. La actriz Vera Miles fue considerada para el rol de Becky Driscoll (la novia del protagonista), pero el productor Walter Wanger terminó escogiendo a Dana Wynter, una joven actriz que se encontraba contratada por la Fox. Kevin McCarthy por su parte, ya había trabajado con Siegel en el film “An Annapolis Story” (1955), lo que facilitó bastante su trabajo. Aunque la labor del reparto es excelente, las verdaderas estrellas de la cinta son las vainas extraterrestres. Con respecto a esto, Siegel reconocería en su autobiografía: “Mi brillante director de arte, Ted Haworth, encontró la forma de crear las vainas de manera simple y económica. La parte más difícil era cuando las vainas se abrían de golpe, revelando su parecido a los protagonistas. Naturalmente, ellos tuvieron que crear impresiones de sus cuerpos fabricadas con látex. Tras la desaparición gradual de la espuma de jabón, se revelaban sus cuerpos completos”.

“Invasion of the Body Snatchers” es considerada como una de las mejores películas del género. Por ese mismo motivo se han realizado tres remakes de esta película, donde el remake realizado por el director Philip Kaufman en el año 1978 es por lejos el mejor, al punto que incluso supera en algunos aspectos al film original. De todas maneras, “Invasion of the Body Snatchers” se mantiene como un clásico con tintes de obra maestra. Don Siegel puede no haber tenido una gran cantidad de recursos para filmar esta película, pero se las arregló para dirigir un film que funciona a nivel dramático y emocional, donde el horror yace en la posibilidad de convertirnos en una especie de zombies, meras caricaturas de nuestra propia existencia, en seres sin emociones a los cuales les ha sido quitado todo aquello capaz de producirles dicha y darle sentido a sus vidas.




por Fantomas.

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