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lunes, 22 de junio de 2015

The Relic: Horror en el museo.

“The Relic” (1997), es un film de horror del director Peter Hyams, el cual está protagonizado por Penelope Ann Miller y Tom Sizemore.

Tras la llegada de un barco que trae valiosos ejemplares para el Museo de Historia Natural de Chicago, en cuyo interior se encuentra una serie de cadáveres horriblemente mutilados, la Dra. Margo Green (Penelope Ann Miller), una bióloga evolucionista que trabaja en el museo, y el teniente Vincent D´Agosta (Tom Sizemore), deciden unir fuerzas para intentar esclarecer las causas de tan atroces muertes, y cuál es su conexión con la nueva exhibición que está por inaugurar el museo.

 

“The Relic” está basada en la exitosa novela de horror del mismo nombre escrita por Douglas Preston, quien ejerció como periodista y director de relaciones públicas para el Museo Americano de Historia Natural de la ciudad de Nueva York, y el escritor y licenciado en literatura inglesa Lincoln Child. Lamentablemente para los productores del film, a raíz de que la novela retrataba de manera poco amable a los encargados de la administración del museo, y al temor de estos de que el contenido de la cinta ahuyentara a los niños del lugar, ellos eventualmente rechazaron la importante suma de dinero que la Paramount Pictures ofreció por utilizar el museo para ambientar la película. Tras este pequeño percance, los productores visitaron varios museos ubicados en Washington y Chicago cuya arquitectura se asemejaba al neoyorquino, antes de que los encargados del Museo Field de Historia Natural de Chicago se interesaran en el contenido de la novela, y facilitaran sus dependencias para el rodaje del film. Cabe mencionar que la elección del escenario principal de la historia no sería el único problema que enfrentaría la producción. Debido a que una buena parte del relato se desarrolla en una serie de túneles subterráneos cubiertos de agua, la salud de Tom Sizemore se vio mermada en dos ocasiones durante el proceso de rodaje, el cual eventualmente tuvo que ser suspendido por un tiempo cuando Peter Hyams se vio demasiado enfermo como para continuar trabajando.

El film comienza con el descubrimiento de una antigua reliquia ubicada en la jungla de Brasil. Bajo la suposición de que la estatua va a llamar la atención de un buen número de personas cuando sea exhibida bajo el marco de una exposición titulada “Superstición”, la cual va a llevarse a cabo en el Museo de Historia Natural de Chicago, un antropólogo llamado John Whitney (Lewis Van Bergen) aborda un barco junto con sus descubrimientos, con la intención de enseñárselos al curador del museo. Sin embargo, cuando el barco llega al puerto de Chicago, la policía encabezada por el teniente Vincent D´Agosta descubre que ha ocurrido una inexplicable masacre a bordo de la embarcación, la que aparentemente no ha dejado sobrevivientes. Mientras tanto, al interior del Museo de Historia Natural, la Dra. Margo Green, quien se especializa en el estudio del ADN y su evolución en las distintas especies, se sorprende al ver un par de cajas que aparentemente formaban parte del cargamento que transportaba Whitney. En su interior, no solo se encuentra con la ya mencionada estatua, sino que además viene una serie de hojas vegetales cubiertas por lo que parece ser una extraña especie de hongo. Cuando eventualmente uno de los guardias del museo es brutalmente asesinado en circunstancias similares a las víctimas del barco, el teniente D´Agosta comienza a pensar que puede existir un nexo entre ambos crímenes, por lo que decide pedirle ayuda a la Dra. Green y así intentar descubrir quién o qué está detrás de los asesinatos.

 

En gran medida, “The Relic” funciona bajo un esquema similar al que presentan las cintas que se desarrollan al interior de casas embrujadas. Y es que casi la totalidad de la acción se lleva a cabo al interior del espeluznante museo de Chicago, cuyos oscuros pasillos, sus desolados laboratorios, su intricado piso subterráneo, la atmosférica exhibición que está pronta a inaugurarse, y la red de túneles que parece albergar a la criatura que el Dr. Albert Frock (James Whitmore) señala como la posible encarnación de Kothoga, un mítico monstruo del bosque, se convierten en lugares donde el peligro acecha en cada rincón. Evidentemente, el guión también funciona como un homenaje a cintas tales como “Jaws” (1975), “Alien” (1979), y “Jurassic Park” (1993), entre otras. Esta idea es reforzada por la presencia de una protagonista que comparte gran parte de las características heroicas exhibidas por el personaje interpretado por Sigourney Weaver en “Alien”, quien también confía plenamente en su inteligencia a la hora de enfrentarse a la criatura. El teniente D´Agosta por su parte, se presenta como un policía sumamente supersticioso pero capaz, el cual está determinado a cerrar el museo hasta finalizar la investigación, aun cuando el mismísimo Alcalde de Chicago (Robert Lesser) lo está presionando para permitir que se lleve a cabo la gala inaugural de la exhibición “Supersticiones”, ya que el evento se propicia como la oportunidad perfecta para reunir fondos para su posible reelección.

Como es de suponer, la criatura termina irrumpiendo en la gala y no pasa mucho tiempo antes de que las cabezas comiencen a rodar. Es entonces cuando “The Relic” pasa de ser una película de terror con toques de ciencia ficción, a una cinta de desastres en la cual el museo se convierte en un verdadero circuito de obstáculos. Y es que al mismo tiempo que la electricidad comienza a fallar, todos los sistemas de alarma se vuelven completamente locos, provocando que los rociadores actúen sin control y que las enormes compuertas de seguridad amenacen con dejar a todos los asistentes a la gala atrapados al interior del museo, sin ninguna posibilidad de escapar del lugar. La poca consistencia narrativa que presenta el film, cuyo guión se pasea entre el género policial, la ciencia ficción, el horror y el cine de desastres, es probablemente su mayor falencia ya que no solo provoca que algunos giros de la trama carezcan de una explicación lógica o satisfactoria, sino que además merma de forma considerable los niveles de suspenso que alcanza la historia. Con respecto a esto último, en general se suele afirmar que en este tipo de películas entre más tiempo se mantenga el misterio sobre la real naturaleza del antagonista principal, más tensión se genera durante la espera de su gran revelación. Lamentablemente en este caso no ocurre precisamente eso, principalmente porque durante la primera hora de metraje la historia se diluye en los diversos aspectos de la investigación policial, al mismo tiempo que se enfatizan algunos elementos que tienen poca importancia para el desarrollo de la trama, y ciertos giros narrativos en apariencia más profundos son explorados solo de manera superficial.

 

En el ámbito de las actuaciones, tanto Tom Sizemore como Penelope Ann Miller realizan un trabajo interpretativo mucho mejor de lo que por lo general se suele ver en cintas de horror de estas características, ya que logran que sus personajes no solo resulten ser carismáticos, sino que además le otorgan un grado extra de credibilidad a la historia. Algo similar sucede con Linda Hunt y James Whitmore, quienes consiguen despertar el interés del espectador con sus respectivos personajes, aun pese a la poca exposición que estos tienen. En cuanto al aspecto técnico del film, resulta destacable el correcto aunque algo opaco trabajo de fotografía de Peter Hyams, y la efectiva para rápidamente olvidable banda sonora del compositor John Debney. Sin embargo, quien se roba por completo la película son los efectos especiales creados por Stan Winston y su equipo de colaboradores. Para darle vida a Kothoga, Winston y compañía crearon tres criaturas cuyas cabezas eran manejadas por dos personas, al mismo tiempo que otro grupo de técnicos se encargaban de mover a control remoto los brazos, las garras, la boca y el resto del cuerpo del monstruo. Según relatan algunos de los involucrados en la producción, Winston se inspiró en una serie de invertebrados y arácnidos a la hora de diseñar a la bestia. Si bien gran parte de los efectos especiales creados por Winston han soportado de buena manera el paso del tiempo, no se puede decir lo mismo de aquellos creados digitalmente mediante el uso de computadoras, los cuales terminan restándole algo de espectacularidad a los efectos más “artesanales” diseñados por Winston.

En cuanto a sus niveles de horror y violencia, “The Relic” probablemente se encuentra uno o dos escalones por sobre la media de las cintas de la época, aun cuando estos se concentran principalmente durante la última media hora del film. Al método utilizado por Kothoga para acabar con sus víctimas, el cual consiste en desmembrarlas para así alimentarse de parte de sus cerebros, se suma una escena al interior de una sala de autopsia la cual contiene altas dosis de humor negro, y el intenso enfrentamiento final entre los protagonistas y la criatura. Aun cuando es innegable que “The Relic” es una cinta por sobre todo entretenida, es imposible no considerarla como un producto fallido incapaz de explotar todo su potencial. Mientras que por un lado la producción presenta una premisa básica interesante, en especial cuando se crea un nexo entre la criatura, la ciencia y una vieja superstición tribal, y además existen múltiples elementos que provocan que la cinta sea disfrutable incluso en la actualidad, particularmente durante el último tramo de la misma, donde además se entrega una explicación relativamente satisfactoria acerca del origen del monstruo, por otra parte la película presenta una serie de problemas que cuando emergen a la superficie, le recuerdan al espectador los motivos por los cuales el film de Hyams es solo una obra menor del género.

por Fantomas.

viernes, 20 de marzo de 2015

The Iron Giant: Tú eres quien escoges ser.

“The Iron Giant” (1999), es un film animado del director Brad Bird, el cual está protagonizado por Jennifer Aniston, Eli Marienthal y Vin Diesel.

Un robot de dimensiones gigantes (Vin DIesel) ha llegado desde el espacio tras chocar contra la Tierra. Hogarth Hughes (Eli Marienthal), un niño de nueve años que vive en el Maine de la década del cincuenta junto a su madre Annie (Jennifer Aniston), lo encuentra y decide llevárselo a su casa para cuidarlo. Ahora Hogarth no solo tendrá que ingeniárselas para esconder al robot, sino que también deberá protegerlo de un agente del gobierno llamado Kent Mansley (Christopher McDonald), quien está sobre la pista de “la invasión alienígena”, y está decidido a usar toda la fuerza del ejército de los Estados Unidos para acabar con el gigante.

 

A mediados de los ochenta, el poeta Ted Hughes escribió la novela “The Iron Man” para sus propios hijos. En 1986, una vez que la novela se publicó, el músico Pete Townshend se fijó en ella para desarrollar un musical que sería lanzado tres años más tarde bajo el título, “The Iron Man: A Musical”. Cuando este trabajo fue llevado al teatro a principios de la década del noventa, el director artístico Des McAnuff consideró que la obra “The Iron Man” poseía un innegable potencial cinematográfico, opinión que fue compartida por los estudios Warner quienes adquirieron los derechos de la novela. A fines de 1996, cuando el proyecto estaba parcialmente desarrollado, se le ofreció la dirección del film a Brad Bird, quien hasta ese entonces trabajaba en el departamento de animación de la compañía Turner Entertaiment. Afortunadamente para Bird, gozó de una gran libertad creativa, pese al temor que el fracaso de la cinta animada “Quest for Camelot” (1998) había detonado al interior de los estudios Warner. La falta de entidades reguladoras causada por los despidos que provocó el fracaso de “Quest for Camelot”, le permitió a Bird incluir a dos personajes que no aparecían en el libro original y cuya participación es clave en la historia: un artista y dueño de una chatarrería llamado Dean McCoppin (Harry Connick Jr.), y el siniestro agente federal Kent Mansley. Eventualmente, pese al malestar inicial del director, Tim McCanlies fue contratado para perfeccionar el borrador desarrollado por Bird. Sería el mismo McCanlies quien cambiaría el final original propuesto por Bird, por uno mucho más dulzón acorde con el público para el cual estaba pensada la producción.

El protagonista de “The Iron Giant” es Hogarth, un inquieto niño obsesionado con las historietas y las cintas de ciencia ficción, el cual vive junto a su madre soltera, y que sueña con embarcarse en fantásticas aventuras y poder encontrar a un amigo. Una noche, ve como todos sus deseos se hacen realidad al encontrarse cara a cara con un robot gigante que proviene del espacio exterior. La amistad que ambos entablan no tarda en verse amenazada por el agente federal Kent Mansley, quien no puede evitar ver al gigante de hierro como una amenaza para el país, lo que lo lleva a intentar encontrar pruebas que justifiquen un despliegue armado importante que asegure su destrucción. En su cruzada por salvar a su peculiar amigo del prejuicio del resto de los habitantes del pueblo donde reside, y de la malsana obsesión de Kent por convertirse en un héroe, Hogarth recibirá la ayuda de Dean McCoppin, el dueño de una chatarrería y un aspirante a artista, quien parece ser el único capaz de comprender la naturaleza inocente del robot, y de saciar su incontrolable gusto por el metal. Ambientado en pleno clímax de la Guerra Fría, el film está plagado de la iconografía existente en la sociedad norteamericana de la década del cincuenta (cafeterías, historietas de Superman, y películas de ciencia ficción de bajo presupuesto, entre otras cosas) y de la enfermiza paranoia desatada por la “Amenaza Roja”, en específico con la en ese entonces reciente puesta en órbita del satélite soviético Sputnik. En ese sentido, la cinta retrata con un detalle encomiable varias de las características socioculturales del aquel periodo, lo que le otorga a la historia un subtexto mucho más complejo del que habitualmente puede encontrarse en este tipo de películas animadas familiares.

 

Más allá de los temas relacionados con la paranoia generada por la Guerra Fría, “The Iron Giant” busca entregar un mensaje que hace referencia a la amistad incondicional, y al individualismo versus el compañerismo. Como sucede con Elliott en la cinta “E.T.: the Extra-Terrestrial” (1982), Hogarth es un niño que está buscando a alguien para establecer la conexión paternal que falta en su vida, y al igual que el protagonista de la cinta clásica de Steven Spielberg, él encuentra a ese amigo/figura paterna en un ser que proviene del espacio exterior. La relación que se establece entre Hogarth y el robot se convierte en el corazón del film, básicamente porque su interacción se sustenta sobre la base de la ternura y carece por completo de cinismo. Es así como la forma en como ambos personajes aprenden el uno del otro, es explorada durante el transcurso de la historia. Sin embargo, es el gigante de hierro quien más se enriquece de la relación que establece con Hogarth, ya que el pequeño lo ayuda a descubrir los pequeños placeres de la vida, como por ejemplo lo divertido que puede ser bañarse en un lago, o las aventuras que se esconden en el mundo de los cómics, entre otras cosas. Lo que es aún más importante, es que el nexo prácticamente inquebrantable que existe entre el gigante y el niño, se convertirá en el catalizador del que posiblemente es el mensaje más relevante del film; “tú eres lo que escoges ser”, le dice Hogarth al robot en un pasaje de la historia, frase que adquiere un valor especial cuando este último revela su verdadera forma ante el asedio del ejército y de un enloquecido Mansley.

Lo que sin dudas se convierte en uno de los puntos más altos del film, es la selección del elenco que le otorga las voces a los protagonistas. Mucho antes de convertirse en una estrella del cine de acción, Vin Diesel sorprendentemente realiza un muy buen trabajo dándole la voz al Gigante de Hierro, ya que consigue que sea intimidante o extremadamente amigable según lo amerite la situación, permitiendo que de esta forma el personaje adquiera matices suficientes como para creer que en verdad puede ser poseedor de un alma. Eli Marienthal por su parte, consigue que Hogarth sea el reflejo de la inocencia infantil, pero al mismo tiempo le imprime al niño una madurez y una sabiduría que van más allá de su edad, y que le permiten afrontar la amenaza que significa la molesta presencia de Kent Mansley, interpretado de buena manera por Christopher McDonald. En relación a este último, el actor captura a la perfección la paranoia de la que es víctima el agente gubernamental, la cual lo lleva a sospechar de todos los que lo rodean y a inspirar temor en el resto. Lo que es más importante, es que su actitud errática y acelerada contrasta con la calma de personajes como Annie Hughes o Dean McCoppin, lo que no solo realza su papel de villano, sino que por momentos lo convierte en el generador de varios de los momentos cómicos de la cinta.

 

En cuanto al trabajo de animación de “The Iron Giant”, este rivaliza con algunos de los mejores esfuerzos realizados por la factoría Disney durante la década del noventa. El simple hecho de que la historia se desarrolle en Maine, le otorgó a los animadores la oportunidad de crear hermosos bosques, pintorescos pueblos e inspiradoras escenas cubiertas por la nieve. Así mismo, el diseño de los personajes permite que estos se vean y actúen como humanos, aun cuando interactúan en una realidad bastante animada. Lo que es aún más importante, es que se mueven con fluidez y reaccionan de manera acorde a las emociones complejas existentes en el relato. En el caso particular del Gigante de Hierro, el cual presenta algunos elementos generados por computadora, los cuales dicho sea de paso afortunadamente se complementan de buena manera con la animación tradicional, su diseño responde a una suerte de tributo a las criaturas presentes en el cine de ciencia ficción de la década del cincuenta, y en gran medida acentúa sus cualidades extraterrestres. Sin embargo, son sus cualidades humanas las que lo convierten en una de las creaciones más encantadoras que haya dado el cine de animación. Y es que la expresividad de sus ojos y sus gestos infantiles contribuyen a que el espectador no solo empatice con su situación, sino que también se preocupe por su bienestar y por el desarrollo del personaje en sí. Por otro lado, también resulta necesario destacar la banda sonora compuesta por Michael Kamen, la cual complementa de manera perfecta los diversos tonos dramáticos que presenta la historia.

Brad Bird a menudo es alabado por su habilidad a la hora de confeccionar historias. De hecho, por “The Incredibles” (2004) recibió una nominación al Oscar al mejor guión original, mientras que su trabajo en algunos de los primeros episodios de “The Simpsons” se caracterizó por su obsesiva fidelidad con los diversos arcos dramáticos que desarrolló, lo cual le permitía de manera organizada agudizar el humor distintivo de dicho programa de televisión. Sin embargo, sería justo asegurar que “The Iron Giant” es su trabajo más logrado, aun cuando resultó ser un fracaso de taquilla, principalmente por la pobre campaña de promoción realizada por los estudios Warner. Y es que cuando Hogarth y su gigantesco amigo deciden esconderse en el santuario de metal de Dean, o cuando los tres pasan una entretenida tarde a orillas de lago, se producen pequeños y personales momentos de progresión dramática que se repiten en reiteradas ocasiones a lo largo del film. Hogarth ama al gigante, y por eso no resulta extraño que este se preocupe de instruirlo y protegerlo desde el preciso momento en que lo encuentra, hasta cuando el ejército lo fuerza a convertirse en un arma indestructible. Lo que resulta aún más impresionante, es que Hogarth transforma el dilema final de gigante, quien se debate entre el bien y el mal, en algo tan simple y atractivo como la acción de tomar la decisión de convertirse en Superman o en el villano de historietas Atomo. Por todo lo antes mencionado, “The Iron Giant” no solo se alza como una pieza fundamental del cine de animación de los noventa, sino que además su mensaje principal, “tú eres lo que escoges ser”, le otorga una atemporalidad a la historia que colabora a que la misma resuene en la memoria del espectador hasta mucho después de terminada la película.

por Fantomas.

viernes, 2 de enero de 2015

The Last Starfighter: Bienvenido guerrero estelar a la batalla contra la Armada Ko-Dan.

“The Last Starfighter” (1984), es un film de ciencia ficción del director Nick Castle, el cual está protagonizado por Lance Guest, Dan O´Herlihy y Catherine Mary Stewart.

Alex Rogan (Lance Guest) es un adolescente que escapa de su monótona rutina jugando a un videojuego llamado Starfighter. Su habilidad y tenacidad atraen a un amable extranjero llamado Centauri (Robert Preston), que en verdad resulta ser un extraterrestre. Sin previo aviso, Alex es transportado hasta un lugar lejano de la galaxia, para participar en un escuadrón intergaláctico cuya misión es detener a un ejército alienígena que pretende conquistar toda la galaxia.

 

El éxito del film “Star Wars” (1977) no solo tuvo un gran impacto en el cine de ciencia ficción de la década de los ochenta desde el punto de vista temático y estético, sino que también generó un creciente interés por parte del público y la industria hollywoodense por el género. Por este motivo, durante los años subsiguientes a su estreno, surgieron numerosos clones de la obra de George Lucas, cuyo principal objetivo era sacarle el máximo provecho a esta nueva fiebre por el cine de ciencia ficción. Es precisamente dentro de este grupo de producciones que se encuentra “The Last Starfighter”, cinta dirigida por Nick Castle y escrita por Jonathan R. Betuel. Sin embargo, el popular clásico de la ciencia ficción no sería la única fuente de inspiración del film de Castle. Para 1984, Norteamérica ya llevaba algunos años experimentado el auge de la llamada “Cultura del Videojuego”, la cual nació en 1978 tras el éxito del juego “Space Invaders”. La fascinación experimentada por jóvenes y adultos con las entonces novedosas máquinas de videojuegos, sería en gran medida la razón por la cual la industria hollywoodense eventualmente fijaría su mirada en este nuevo movimiento, y consideraría la posibilidad de utilizar computadoras cada vez más avanzadas para confeccionar nuevas aventuras cinematográficas. Fue así como junto a “TRON” (1982), “The Last Starfighter” se convirtió en una de las primeras películas en utilizar gráficos generados por computadora (CGI) como parte de sus efectos especiales, los cuales en el caso del film de Castle, buscaban recrear diversas naves espaciales y algunos de los increíbles escenarios en los que transcurre la historia.

En “The Last Starfighter”, Alex Rogan es un adolescente que sueña con hacer algo más con su vida que solo reparar cosas en el parque de remolques en el cual reside. Para empezar, desea ir a la universidad, pasar más tiempo con su novia Maggie (Catherine Mary Stewart), y escapar de la aburrida rutina de la vida pueblerina. Con el fin de abstraerse de su entorno y de sus problemas, Alex se dedica a jugar un videojuego llamado “Starfighter”, cuya experticia en el mismo le ha valido obtener el estatus de pequeña celebridad entre sus vecinos. Una noche, tras recibir una mala noticia, Alex supera el puntaje máximo del videojuego, ganándose no solo la adoración de sus vecinos y familiares, sino que también del desarrollador del juego, un extraño hombre llamado Centauri, quien de improviso aparece en el hogar del adolescente. Es así como Alex no tarda en enterarse de que ni Centauri ni el juego son de este planeta. De hecho, el juego fue diseñado como una prueba de habilidad cuya única finalidad es reclutar a los mejores pilotos estelares de la galaxia, para que se unan a los esfuerzos de la Liga Estelar por defender la Frontera del rebelde Xur (Norman Snow) y de la venerable Armada Ko-Dan. Aunque en un principio Alex se niega a convertirse en uno de los guerreros de la Liga Estelar, diversas circunstancias lo obligan a reconsiderar sus opciones y a embarcarse en una lucha desesperada a bordo de una nave de combate en compañía de un alienígena llamado Grig (Dan O´Herlihy).

 

Evidentemente, las similitudes entre “The Last Starfighter” y el popular universo creado por George Lucas son numerosas. Por ejemplo, Alex Rogan al igual que Luke Skywalker, pasa de ser un adolescente asentado en un punto lejano y prácticamente olvidado por el resto de la sociedad, a ser la única esperanza de la galaxia en su batalla contra una poderosa fuerza militar alienígena. Al mismo tiempo, ambos se ven influenciados por un personaje que hace las veces de figura paterna, la cual en este caso es encarnada por Centauri, a la hora de tomar una decisión que marcará el resto de sus vidas. Más allá de una falta de originalidad que afortunadamente no afecta el resultado final, el gran mérito del director Nick Castle en “The Last Starfighter” es su capacidad de hacer palpable la pasión puesta en el film y en sus personajes, lo cual permite que el espectador participe activamente alentando al protagonista y a sus amigos en su aventura interplanetaria. En gran medida, son los protagonistas los que convierten al film en algo memorable; no solo se trata de personajes cándidos y honestos que rápidamente despiertan la empatía del espectador, sino que además el hecho de que sean poseedores de problemas, esperanzas y sueños, evita que se conviertan en meros arquetipos y pasen a ser personajes con los cuales es sencillo identificarse, provocando que la audiencia realmente se interese en el posible resultado de la increíble aventura en la cual se han visto envueltos de manera accidental.

Como se menciona anteriormente, uno de los motivos por los cuales “The Last Starfighter” se distinguió en su momento, fue por el uso de innovadores efectos especiales generados por computadora (CGI), lo cual ya había sido realizado con anterioridad por el director Steven Lisberger en el film “TRON” con bastante éxito. A diferencia de “TRON”, donde se utilizó CGI para recrear el mundo electrónico de las computadoras, en “The Last Starfighter” Nick Castle quiso utilizar esta nueva herramienta para recrear el espacio y diversos vehículos espaciales entre los que se destaca la nave de combate Gunstar, utilizada por el protagonista en su batalla contra la Armada Ko-Dan. De esta forma, el director estaba convencido de que podría distanciarse de lo visto a nivel de efectos especiales en los films de George Lucas, otorgándole a su obra la oportunidad de brillar por méritos propios. Para lograr dicho objetivo, fue contratada la empresa Digital Productions, la cual en el último tiempo había estado tratando de crear efectos CGI lo más realistas posibles mediante la utilización de la supercomputadora Cray X-MP, cuyo valor era de aproximadamente 15 millones de dólares y cuyo peso era de 15.000 toneladas. Lamentablemente para los involucrados en la producción, la tecnología de aquel entonces funcionaba a una velocidad bastante lenta pese al increíble tamaño de la computadora, por lo que el tiempo establecido inicialmente para crear los modelos tridimensionales resultó ser insuficiente. Las presiones del estudio terminaron por obligar al director a simplificar los efectos visuales, lo que de todas formas no impidió que la supercomputadora en varias ocasiones amenazara con descomponerse a causa del exceso de trabajo al cual estaba siendo sometida.

 

En el campo de las actuaciones, el elenco en general realiza un estupendo trabajo. Lance Guest personifica de gran manera a un adolescente que busca su lugar en el mundo, lo cual se vuelve una tarea mucho más compleja cuando descubre que la beca a la cual había postulado para ingresar a la universidad fue rechazada. Igual de destacable resulta ser su interpretación de Beta, un androide capaz de imitar las características físicas de Alex, el cual es dejado en la Tierra para cubrir la ausencia momentánea del protagonista. Especialmente divertido resulta ser su proceso de adaptación al comportamiento terrícola, y sus desacuerdos con Maggie quien es incapaz de darse cuenta que el joven que ahora la acompaña no es realmente su novio. También es necesario destacar la actuación de Dan O´Herlihy, que interpreta al amigable compañero de combate de Alex, y a Robert Preston, cuya interpretación de Centauri se asemeja bastante a su papel del “Profesor” Harold Hill en la cinta “The Music Man” (1962). En cuanto al aspecto técnico de la producción, la banda sonora compuesta por Craig Safan aparece como uno de los puntos altos del film, ya que resulta ser energizante y edificante por partes iguales. Otro de los elementos destacables de la cinta es el diseño de producción de Ron Cobb, quien previamente había creado diversos diseños para las películas “Star Wars” y “Alien” (1979), entre otras. Teniendo en cuenta sus trabajos anteriores, no resulta extraño que la nave de combate Gunstar, que sin lugar a dudas se convierte en el símbolo más recordado del film, guarde un innegable parecido con el X-Wing de “Star Wars”.

Aun cuando los efectos especiales que presenta la película hoy en día pueden parecer algo primitivos, mantienen un encanto que encaja perfectamente con el tono de la historia, y lo que es más importante, continúan siendo memorables por aquello que representan. Resulta innegable que “The Last Starfighter” causó un impacto en la industria cinematográfica de la década del ochenta, el cual se extendió durante parte de los años noventa. Desde el estreno del film de Nick Castle, el constante avance tecnológico ha permitido la creación de efectos visuales que ostentan una perfección impensada, los cuales han servido para que diversos directores plasmen en la pantalla grande sus más alocadas fantasías de manera realista. Lo que es verdaderamente increíble con respecto a “The Last Starfighter”, es que no solo se trató de un vehículo de prueba para lo que posteriormente sería la utilización de efectos visuales generados por computadora en el cine, sino el hecho de que el principal objetivo del director siempre fue relatar una historia dominada por un cierto grado de ingenuidad y ternura, donde los efectos especiales están al servicio de la misma. Es gracias a eso que pese al paso de los años, la cinta ha sabido superar su falta de originalidad y lo anticuado de sus efectos especiales, para convertirse en una obra memorable dentro del género de la ciencia ficción, cuya principal virtud es reforzar la idea de que nada es imposible en la medida que nosotros seamos capaces de seguir nuestros sueños sin importar lo increíbles que parezcan.


por Fantomas.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Dark City: ¿Son los recuerdos la llave para descifrar el alma?

“Dark City” (1998), es una cinta de ciencia ficción del director Alex Proyas, la cual está protagonizada por Rufus Sewell, Jennifer Connelly y William Hurt.

John Murdoch (Rufus Sewell) despierta en una extraña habitación de hotel solo para descubrir que ha perdido su memoria y que es buscado por una serie de brutales asesinatos. Mientras intenta poner en orden las piezas de su pasado, comienza a ser perseguido por unos seres conocidos como “Los Extraños”, los cuales poseen la habilidad de alterar con su mente la conformación de la ciudad y a sus habitantes. Con el tiempo en contra, Murdoch tendrá que encontrar la forma de detener a sus perseguidores antes de que estos lleven a cabo su siniestro plan.

 

Luego de dudar de la existencia de todo lo conocido por el hombre, René Descartes eventualmente popularizó la frase “pienso, luego existo”, cuando intentaba sentar las bases de un principio de total certeza sobre el cual fundar su filosofía. Según su razonamiento, desde el momento que se reconoce que un determinado pensamiento emerge desde un punto que él llamaba “yo”, es indiscutible que ese “yo” existe. Sin embargo, aun cuando uno acepte la propuesta filosófica de Descartes, queda una pregunta por responder: ¿Quién soy yo? Dicha pregunta, la cual forma parte esencial de la identidad individual, durante mucho tiempo ha sido utilizada como una pieza fundamental dentro de los géneros del horror y la ciencia ficción. Por ejemplo, mientras que algunos films han postulado que la identidad reside en el cerebro y que continuará existiendo incluso luego de ser transferida a otro cuerpo, aunque las consecuencias resulten ser nefastas, como sucede por ejemplo en “Frankenstein Must Be Destroyed” (1969), otras cintas como “Dracula” (1931), exponen que el verdadero terror que experimentan las víctimas del vampiro no reside en la posibilidad de que este los asesine, sino que en el hecho de que los transforme en una versión distorsionada de ellos mismos. Por otro lado, producciones más recientes como por ejemplo “Total Recall” (1990), incluso postulan que no se puede estar seguro de la propia identidad cuando los recuerdos que constituyen dicha identidad pueden haber sido insertados de manera artificial. Buscando explorar el tema de la búsqueda de la identidad y como esta se correlaciona con la realidad que nos rodea, Alex Proyas en compañía de Lem Dobbs y David S. Goyer, escribieron un guión fuertemente influenciado por el género del film noir, el expresionismo alemán, la serie de televisión “The Twilight Zone” (1959-1964), y la obra de Kafka, entre otras cosas, el cual eventualmente titularían “Dark City”.

En gran medida, el film relata la historia de John Murdoch y de su gradual descubrimiento de la naturaleza de la ciudad en la que reside, y de una sociedad subterránea conocida como los “Extraños”. Como muchos héroes de la ciencia ficción, sus recuerdos están fragmentados en pedazos que parecen no tener sentido. Entre las pocas cosas que recuerda, se encuentra su esposa Emma (Jennifer Connelly), quien trabaja como cantante en un club nocturno, y un lugar llamado Shell Beach, en el cual aparentemente pasó parte de su infancia. Confundido y atemorizado, John de pronto se ve perseguido por la policía, específicamente por el Inspector Frank Bumstead (William Hurt), quien lo culpa del asesinato de varias prostitutas; por los Extraños, quienes lo ven como una amenaza para sus misteriosos planes, y por un extraño psiquiatra llamado Daniel Schreber (Kiefer Sutherland), cuyos motivos no están del todo claros. De manera inteligente, Alex Proyas utiliza la lógica del sueño para perseguir al protagonista mientras este intenta descubrir el misterio de su propia vida. En el transcurso de su particular investigación, Murdoch descubre que es el único humano que comparte la habilidad de los Extraños, la cual le permite utilizar su mente para alterar el universo físico que lo rodea. Irónicamente, entre más cosas descubre, son más las interrogantes que tendrá que responder. De manera ineludible, el principal problema que tendrá el protagonista para ejecutar dicha tarea será la imposibilidad de averiguar si sus recuerdos son reales, si su pasado realmente sucedió, o si la mujer que ama alguna vez existió.

 

Con respecto a todo lo antes mencionado, se desprende que el autoanálisis es un proceso al cual eventualmente se somete casi la totalidad de los personajes de la cinta. John Murdoch es un sólido ejemplo de un personaje cuyo principal objetivo termina siendo descubrir cuál es su verdadera identidad, lo que por momentos resulta ser una tarea prácticamente imposible. De la misma forma, los Extraños, quienes se explica que poseen una mente colectiva, parecen estar buscando por todos los medios obtener aquello que convierte a los humanos en seres únicos e irrepetibles, ya que del éxito de dicha misión depende su propia sobrevivencia. Es así como se postulan preguntas tales como: ¿qué es verdaderamente el alma? y ¿Los recuerdos influyen en la conformación de la misma? Por otro lado, resulta interesante la forma en como John Murdoch se convierte en la encarnación de un sentimiento de rebeldía contra el sistema, gatillado en gran medida por su resistencia al control que los Extraños han estado ejercido sobre los habitantes de la ciudad. Y es que durante el transcurso del film, el protagonista es perseguido tanto por la policía como por los Extraños, los cuales terminan convirtiéndose en símbolos de autoridad. De esta forma, John se rebela tanto contra la policía que busca encarcelarlo por crímenes que no cometió, como contra los Extraños, quienes desean someterlo a vivir una vida que no le pertenece.

Más allá del aspecto temático, es destacable la forma en como Alex Proyas estructura la historia. Desde el momento en el que el protagonista despierta desnudo en una tina a pocos metros de una prostituta muerta, se embarca en un viaje de descubrimiento que presenta nuevas pistas en cada esquina. Pequeñas cosas como una postal de “Shell Beach”, o un álbum de fotografías totalmente en blanco, se convierten en piezas claves para John a la hora de armar el rompecabezas de su existencia. Es en este contexto que se desarrolla una creciente sensación de paranoia a medida que el espectador se entera de los alcances de la relación existente entre la humanidad y una misteriosa sociedad subterránea de hombres de piel pálida. Lo que es aún más importante, es que Alex Proyas utiliza los efectos visuales no para cubrir posibles falencias narrativas, sino que para otorgarle una mayor profundidad a las revelaciones que van surgiendo a lo largo del film. Y es que bajo la superficie estilística sugerida por el director, existen una multitud de temas que invitan al espectador a pensar en los matices de lo que está sucediendo. Por ejemplo, al mismo tiempo que los villanos son humanizados más allá de lo esperado, las nuevas habilidades de John lo acercan peligrosamente a sus peculiares perseguidores. A raíz de esto, la línea que separa al protagonista y a sus enemigos se vuelve difusa, al punto que cuesta distinguir si sus motivos son realmente nobles o solo están alimentados por su propio egoísmo.

 

En el ámbito de las actuaciones, Rufus Sewell realiza una labor estupenda interpretando a John Murdoch, un hombre al cual le cuesta lidiar con los alcances de sus descubrimientos y con las consecuencias de sus nuevas habilidades. De igual manera resulta destacable la actuación de Jennifer Connelly como la acongojada esposa del protagonista, y la de William Hurt como el policía que eventualmente se abre a la posibilidad de que él y el resto de los habitantes de la ciudad han estado viviendo una mentira. Sin embargo, quien realmente se destaca por sobre el resto es Richard O´Brien, cuya interpretación del siniestro Señor Mano, quien es uno de los Extraños, resulta ser realmente memorable. Lo contrario sucede con Kiefer Sutherland, cuya interpretación del cobarde y traicionero Doctor Schreber por momentos resulta algo forzada y caricaturesca. En cuanto al aspecto técnico de la cinta, existe una complementación perfecta entre el trabajo de fotografía de Dariusz Wolski, el diseño de producción de George Liddle y Patrick Tatopoulos, la dirección de arte de Richard Hobbs y Michelle McGahey, y la banda sonora compuesta por Trevor Jones. Aunque resulta evidente la influencia estética del expresionismo alemán y el film noir, la intención de Tatopoulos a la hora de diseñar la ciudad era básicamente situar al espectador en un lugar extraño que tuviese algunos elementos identificables. Según el mismo diseñador: “La película tiene lugar en todos lados, y ocurre en ninguna parte. Es una ciudad construida con pedazos de otras ciudades. Un rincón de un lugar, y otro de algún otro sitio. De esta forma no sabes realmente donde estás. Una pieza se verá como una calle de Londres, pero una porción de la arquitectura se asemeja a la de Nueva York, y la base arquitectónica se asemeja a la de una ciudad europea. Tú estás ahí, pero no sabes dónde estás, que es exactamente lo que le ocurre al protagonista”.

En “Dark City”, el director Alex Proyas inunda la pantalla con referencias literarias y cinematográficas de autores tales como F. W. Murnau, Fritz Lang, Franz Kafka y George Orwell, entre otros, creando de esta forma un mundo único y extraordinario, pero sorprendentemente convincente. Es por esto que no resulta extraño que la cinta de Proyas replique lo hecho por Fritz Lang en “Metropolis” (1927), y se cuestione que es lo que nos convierte en humanos y por qué eso no puede ser cambiado por decreto. Y es que ambas producciones hablan de mundos falsos fabricados por sociedades ideales, y en ambas el sistema creado por quienes gobiernan es destruido por el corazón de los sometidos. Aun cuando “Dark City” no pretende resolver interrogantes de carácter filosófico y existencial, de todas maneras explora una serie de ideas complejas de una manera casi catártica, permitiendo que el espectador se cuestione acerca del mundo que lo rodea. A nivel técnico, el film es un verdadero logro de Alex Proyas y su equipo, ya que el director no solo crea un mundo visualmente envolvente y atractivo, sino que además se las ingenia para utilizar la estética al servicio de la historia. A raíz de esto, la película termina convirtiéndose en una verdadera experiencia cinematográfica, la cual curiosamente pasó casi desapercibida al momento de su estreno, y que tan solo con el correr de los años ha logrado obtener gradualmente el reconocimiento que merece.


por Fantomas.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Westworld: Bienvenido a las mejores vacaciones de tu vida.

“Westworld” (1973), es un film de ciencia ficción del director Michael Crichton, el cual está protagonizado por Yul Brynner, Richard Benjamin y James Brolin.

En un futuro cercano, un parque de diversiones llamado Delos ofrece a sus clientes la posibilidad de vivir sus fantasías gracias a la utilización de sofisticados robots de apariencia humanoide. Con la esperanza de protagonizar una aventura del lejano oeste, Peter Martin (Richard Benjamin) y John Blane (James Brolin) se alistan para lo que prometen ser las mejores vacaciones de su vida. Sin embargo, luego de una grave falla mecánica en el lugar, ellos se verán obligados a enfrentarse a un letal robot pistolero (Yul Brynner) que buscará asesinarlos cueste lo que cueste.

 

A principios de la década del setenta, cuando el escritor Michael Crichton vio como Hollywood comenzaba a demostrar un marcado interés por su obra, este decidió que quería probar suerte como director. A sabiendas que los estudios solo lo tomarían en serio si presentaba un proyecto ligado a la ciencia ficción, durante el mes de Agosto de 1972, Crichton desarrolló un guión que buscaba explorar los peligros de la creciente dependencia de la sociedad en la tecnología. Una vez terminado, rápidamente se lo presentó a todos los grandes estudios con la esperanza que alguno quisiera llevarlo a la pantalla grande. Tras una serie de rechazos, eventualmente el proyecto sería aceptado por los estudios MGM, quienes designaron a Dan Melnick como jefe de producción. Esto no dejaría del todo contento al escritor, ya que estaba al tanto de las exigencias comerciales del estudio. Según el mismo Crichton: “MGM tenía una mala reputación entre los cineastas; en los últimos años, directores tan diversos como Robert Altman, Blake Edwards, Stanley Kubrick, Fred Zinnerman y Sam Peckinpah, se habían quejado amargamente por el trato que recibieron. Existían demasiadas historias de presiones poco razonables, cambios de guión arbitrarios, post-producciones inadecuadas, y recortes repentinos de cintas terminadas. Nadie que tuviera alguna alternativa realizaba una película en la Metro, pero en aquel entonces nosotros no teníamos alternativa. Dan Melnick nos aseguró que no estaríamos sujetos al trato usual de la MGM. En gran medida, él respetó esa promesa”. Pese a la intervención de Melnick, Crichton tuvo que lidiar con repentinos cambios en el guión, con el hecho de que no tuvo ni el más mínimo control sobre la elección del elenco, y con el escaso presupuesto con el que contó el film, el cual en su gran mayoría se gastó en los sueldos de los profesionales involucrados.

La historia de “Westworld” está ambientada en un parque temático creado por la corporación Delos. Por mil dólares al día, Delos ofrece la experiencia de vivir diversas y salvajes fantasías en una de sus tres arenas: Mundo Romano, Mundo Medieval y Mundo del Oeste. Los visitantes pueden comer, beber, tener sexo y asesinar en cualquiera de estos tres periodos históricos, sin la preocupación de resultar heridos en el proceso. Y es que cada uno de estos mundos está habitado por androides que han sido programados para satisfacer todas las necesidades de los turistas, objetivo que también es controlado por un grupo de técnicos quienes supervisan todo lo que ocurre en el recinto desde una tecnológica sala de control central. Con la idea de pasar las mejores vacaciones de sus vidas, dos amigos llamados Peter Martin y John Blane, llegan al Mundo del Oeste con la intención de actuar como dos forajidos de la época. Si bien al principio todo parece perfecto, y la dupla de amigos tienen la posibilidad de participar en duelos a muerte, trifulcas de bar, e incluso en una explosiva fuga de prisión, todo se complicará cuando un robot pistolero parece rehusarse a dejarlos tranquilos. Lo que es aún peor, es que por una serie de averías mecánicas, en cada uno de los mundos los androides comienzan a rebelarse de manera violenta, dejando a Peter, John y al resto de los turistas, abandonados a su propia suerte.

 

Aun cuando el guión de Crichton no desarrolla este tema, es posible inferir que lo que Delos realmente comercializa es violencia, muerte y adulterio. Dentro de este contexto, los androides se convierten en metáforas de opresión, por lo que su revuelta termina siendo una respuesta lógica a la explotación a la que están siendo sometidos. Al mismo tiempo, Delos también está vendiendo un sueño hollywoodense en el que el machismo y la misoginia parecen sentar las bases de la realidad en la que se desenvuelven los protagonistas. Y es que no solo las mujeres son reducidas a meros objetos sexuales, sino que además aun cuando existen algunos personajes secundarios femeninos, el film opta por ignorar por completo sus experiencias al interior del particular parque temático. Por otro lado, resulta interesante la forma en como “Westworld” satiriza los mitos propios del lejano oeste desde el prisma de la ciencia ficción. Esto en gran medida es logrado por Crichton mediante el entrelazado del proceso de adaptación de la dupla protagónica a la experiencia del lejano oeste, y el trabajo de los ingenieros y los científicos en sus laboratorios y en las salas de control, dejando en evidencia la artificialidad de todo el asunto. A través de dicha dinámica, el director de manera pausada va construyendo el escenario en el cual debido a una serie de fallas mecánicas, las cuales son ignoradas por las fuerzas capitalistas que manejan el parque temático, todo se sale de control. Aun cuando estas fallas jamás logran ser justificadas de forma satisfactoria, Crichton introduce el concepto de un virus de computadora, el cual cobra especial importancia porque resulta ser casi profético, ya que recién a mediados de la década del ochenta se empezó a hablar de este tipo de inconvenientes tecnológicos.

Estilísticamente hablando, Crichton crea una lograda atmósfera del lejano oeste gracias al uso correcto de diversos clichés de la época retratados con anterioridad en numerosas producciones hollywoodenses. Por ejemplo, los tiroteos son igualmente violentos que los exhibidos en las películas de Sam Peckinpah, y las peleas en el bar son lo suficientemente caóticas como para enorgullecer a John Ford. Aun cuando existe un evidente grado de respeto y admiración por las características propias del Western, de todas formas el director no pierde la oportunidad de satirizar el machismo reinante en el lejano oeste, a través de la inclusión del personaje interpretado por Richard Benjamin. En un principio, los gestos neuróticos y el acento neoyorquino de Peter Martin lo sitúan como un hombre obligado a desenvolverse en un mundo extraño el cual no comprende del todo. Una vez que Martin supera su incomodidad inicial, y es capaz de disfrutar su participación en duelos a muerte, sus encuentros sexuales con prostitutas androides, y el whisky de dudosa procedencia, comienza a disfrutar sus particulares vacaciones a sabiendas de los peligros que supone dar rienda suelta a sus más oscuros deseos. Afortunadamente, su transición entre un hombre acongojado por la reciente separación de su esposa y un pistolero implacable e inescrupuloso, resulta tan creíble como su posterior transición en un hombre dominado por el pánico y la confusión, el cual tendrá que encontrar la forma de lidiar contra una amenaza que parece ser indestructible.

 

En general, la selección del elenco resulta destacable. Y es que no solo la interpretación de Richard Benjamin termina siendo satisfactoria, sino que además la elección de Yul Brynner resultó ser más que acertada. El actor ya había logrado establecerse como un ícono del Western gracias a su participación en el film “The Magnificent Seven” (1960), por lo que para el espectador no resulta difícil aceptarlo como la encarnación del pistolero clásico. Lo que es aún mejor, es que su rostro inexpresivo y su fría mirada ayudan a convertirlo en un robot convincente y aterrador. De forma inteligente, Crichton filma diversas escenas utilizando el punto de vista del androide, lo que de inmediato le otorga al personaje un interesante grado de autonomía y subjetividad. A su vez, la secuencia final de persecución está casi exenta de diálogo, lo que definitivamente aumenta la tensión de la peculiar batalla entre el hombre y la máquina. Será en este escenario que Martin tendrá que hacer uso de su ingenio si es que desea salir con vida de Delos, ya que no tardará en verse en desventaja ante la eficiencia y la fuerza del implacable y vengativo pistolero mecánico. Por otro lado, en cuanto al aspecto técnico del film, sin lugar a dudas resulta destacable la dirección de arte de Herman Blumenthal, el diseño de decorados de John P. Austin, y el trabajo de fotografía de Gene Polito, quienes en conjunto logran que el espectador participe activamente junto a los protagonistas en la tarea de sumergirse en el violento mundo del lejano oeste.

El horror en un film no siempre está definido por lo mucho que los miembros de la audiencia se aterran con el contenido de la película, sino que por el terror intrínseco que posee el concepto de una determinada historia. Pese a que la primera mitad de “Westworld” posee una serie de elementos propios de una comedia del lejano oeste, eventualmente el núcleo dramático sale a la luz revelando los miedos contenidos en el guión de Crichton, el cual es posiblemente el mejor y más eficiente ejemplo de sus temáticas tecnofóbicas. Entre otras cosas, el director propone las siguientes interrogantes: ¿Hasta qué punto el hombre está colaborando en el diseño de su propia destrucción? ¿La inteligencia artificial puede convertir a la humanidad en algo obsoleto? ¿En algún momento la humanidad va a crear algo tan perfecto que va a sobrepasar la capacidad del hombre para controlarlo? ¿Y seremos capaces de reconocer cuando sobrepasemos ese límite? Obviamente, “Westworld” no sería el primer film que examinaría dichas interrogantes, ni tampoco sería el último, pero el hecho de que estás persistan en la actualidad sugiere que la sociedad aún conserva cierta reservas acerca de los avances tecnológicos que tan a menudo celebra. Al final del día, la capacidad demostrada por Crichton a la hora de reconocer y aceptar la iconografía, las convenciones, y las expectativas propias de los géneros que se mezclan durante el transcurso de la cinta, convierten a “Westworld” en una experiencia tan divertida como aterradora. Algunos años más tarde, se filmaría una secuela titulada “Futureworld” (1976), la cual pese a contar con Brynner retomando su rol, no alcanzaría los niveles de calidad de su predecesora.


por Fantomas.

sábado, 12 de julio de 2014

Aliens: La guerra ha comenzado.

“Aliens” (1986), es un film de ciencia ficción del director James Cameron, el cual está protagonizado por Sigourney Weaver, Carrie Henn, Michael Biehn y Paul Reiser.

Cincuenta y siete años después de que Ellen Ripley (Sigourney Weaver) sobrevivió a su traumática experiencia con una agresiva especie alienígena, su cápsula de escape criogénica es recuperada por un grupo de miembros de la Corporación Weyland-Yutani para la cual trabajaba. Una vez de vuelta en la Tierra, nadie parece creer su historia acerca de los alienígenas que residen en el planeta LV-426. Sin embargo, cuando la Corporación pierde toda comunicación con los residentes de una colonia que se encuentra en dicha locación, deciden enlistar nuevamente a Ripley, quien acompañada por un grupo de marines, un androide llamado Bishop (Lance Henriksen), y un ejecutivo llamado Carter Burke (Paul Reiser), deberá emprender una misión de exploración en la que nuevamente se verá enfrentada a su peor pesadilla, solo que esta vez la amenaza parece ser mucho más letal.

 

Mientras se encontraba completando el proceso de pre-producción de “The Terminator” (1983), el director James Cameron empezó a albergar el deseo de filmar una secuela del film de ciencia ficción y horror “Alien” (1979). Pese a que los ejecutivos de la 20th Century Fox no estaban demasiado entusiasmados con la idea de producir una secuela de la cinta de Ridley Scott, tras leer un borrador de 90 páginas que desarrolló Cameron mientras filmaba “The Terminator”, prometieron financiar el proyecto siempre y cuando la película del implacable androide proveniente del futuro resultara ser un éxito de taquilla, cosa que para alegría de Cameron eventualmente sucedería. Desde las primeras etapas del proyecto, Cameron se negó a repetir la fórmula utilizada por Scott para así poder crear un nuevo universo en torno a la mitología expuesta en “Alien”. Es por esto que el realizador optó por crear una historia inspirada en la Guerra de Vietnam, la cual según su punto de vista era una situación en la cual una fuerza tecnológicamente superior se encontraba combatiendo en un ambiente hostil extranjero. Según el mismo Cameron: “El entrenamiento y la tecnología de los Marines Coloniales que aparecen en el film son inapropiados para la situación, lo cual puede ser visto como una analogía de la incapacidad que exhibió el poder de fuego americano para conquistar a un enemigo invisible en Vietnam; era mucho poder de fuego y muy poca sabiduría, por eso no funcionó.” De la misma forma, Cameron señala que se pueden trazar ciertos paralelos entre los motivos que llevaron a las tropas norteamericanas a movilizarse al Sur de Vietnam, y la razón por la cual la Corporación Weyland-Yutani decide enviar a Ripley y a un grupo de arrogantes soldados a una colonia que aparentemente ha sido diezmada por una letal raza alienígena.

A raíz de lo antes mencionado, “Aliens” bien podría ser considerada como una cinta bélica que se desarrolla en un escenario propio del género de la ciencia ficción; los protagonistas son un grupo de soldados que son enviados a un lugar remoto donde reside una colonia que de pronto ha dejado de comunicarse. A su llegada, descubren que no solo los colonos están muertos, sino que además una horda de violentos nativos alienígenas están listos y dispuestos a destrozar al escuadrón de marines cuyo armamento y preparación es supuestamente superior. El gran mérito del director, es que desarrolla esta simple premisa utilizando una narrativa que parece avanzar a toda velocidad, lo que provoca que el espectador rápidamente se vea envuelto en una cadena de acontecimientos tan impredecibles como inquietantes. Lamentablemente, la evidente preocupación que exhibe Cameron por crear momentos llenos de acción y suspenso, provoca que descuide por completo la construcción de gran parte de los personajes que interactúan a lo largo del film. Es por esto que no resulta extraño que tanto el Cabo Hicks (Michael Biehn), como los soldados Hudson (Bill Paxton) y Velásquez (Jenette Goldstein), quienes dicho sea de paso son los únicos marines que logran dejar una huella patente en la memoria del espectador, se presenten como personajes completamente unidimensionales que corresponden a determinados arquetipos propios de este tipo de relatos. Mientras que Hicks se alza como el único soldado empático e inteligente, Hudson es simplemente un tipo cobarde, y Velásquez es una mujer cuya única característica distintiva es su aparente exceso de testosterona.

 

Por otro lado, en “Aliens” James Cameron realiza una descripción bastante cínica de la sociedad futurista en la que se desenvuelve Ellen Ripley, ya que establece que más allá de los avances tecnológicos que ha alcanzado la humanidad, su prioridad aún sigue siendo el dinero. No solo el grupo de Marines está constantemente quejándose sobre el sueldo que recibirán por emprender la peligrosa misión al planeta LV-426, sino que además el espectador no tarda en enterarse que la principal preocupación de los mandamases de la Corporación Weyland-Yutani no es rescatar a los colonos desaparecidos, sino que lo que ellos realmente desean es capturar a uno de los mortíferos alienígenas para utilizarlo como una verdadera arma biológica. Y es que los alienígenas son retratados como organismos casi perfectos, los cuales poseen una increíble habilidad para matar a los humanos, diversos mecanismos de defensa orgánicos, y un sistema reproductivo parasitario que los sitúa en la cima de la cadena alimenticia. Curiosamente, la naturaleza destructiva tanto de los alienígenas como de la Corporación Weyland-Yutani, genera que ambos no solo evidencien un total desprecio por la raza humana, sino que además ambas entidades tengan como único objetivo sobrevivir y perpetuar su continuo crecimiento a costa de innumerables vidas inocentes.

Como a estas alturas resulta evidente, más allá de la superficie en apariencia simplista que presenta el film, “Aliens” esconde un subtexto realmente rico en matices y simbolismos. Si hay algo que sin duda resulta interesante de “Aliens”, es la forma en como Cameron introduce el tema de la maternidad y la naturaleza dentro de una historia en esencia violenta y pesimista. Mientras que por un lado Ripley se alza como una figura materna y como una representante de la intuición femenina, la Reina alienígena a la cual se enfrenta en el tramo final de la cinta no solo representa a su polo completamente opuesto, sino que además simboliza a la imparable e impredecible fuerza de la naturaleza. Y es que mientras Ripley se presenta como una figura materna cariñosa y protectora con la pequeña Newt (Carrie Henn), quien es la única sobreviviente de la colonia situada en el planeta LV-426. la Reina alienígena simboliza a la maternidad en su versión más destructiva y pesadillesca, la cual obliga a distintos individuos a actuar como las incubadoras de sus crías hasta el momento de su brutal nacimiento. Esta faceta de Ripley, la cual no había sido explorada anteriormente en “Alien”, también es utilizada por el director para contrastar la actitud de la protagonista con la de los marines que la acompañan en su viaje a la colonia del planeta LV-426. Pese a estar física y mentalmente preparados para cualquier escenario de combate, los marines carecen de la intuición y la empatía que exhibe en todo momento Ripley, lo cual les impide dimensionar los alcances de la situación en la que se encuentran inmersos, y automáticamente los sentencia a sufrir un violento final a manos de las determinadas y virtualmente imparables fuerzas alienígenas.

 

Si hay algo que es absolutamente indiscutible, es que en la Ellen Ripley interpretada por Sigourney Weaver, el director James Cameron encontró a la heroína más grande de toda su filmografía. Durante el curso de su carrera, el cineasta se ha preocupado de retratar a personajes femeninos fuertes que son poseedores de una veta evidentemente masculina, lo que a fin de cuentas les permite sobresalir en realidades completamente dominadas por los hombres. Lo que es aún más importante, es que a diferencia de “Alien”, en esta oportunidad Ripley se convierte en un personaje mucho más complejo, lo que permite que el espectador rápidamente empatice con su peculiar situación. El resto del elenco por su parte, interpreta de manera a correcta a sus respectivos personajes, los cuales como ya había mencionado anteriormente lamentablemente están condenados al olvido a causa de su inexorable unidimensionalidad. En cuanto al aspecto técnico de la producción, si bien ni el trabajo de fotografía de Adrian Biddle ni la banda sonora compuesta por James Horner son particularmente memorables, si resulta necesario destacar el diseño de producción de Peter Lamont y la dirección de arte de Terry Ackland-Snow, quienes en conjunto son responsables de la atmósfera claustrofóbica y paranoica que domina a la cinta.

Aun cuando “Aliens” está repleta de momentos que causan sobresaltos y tiene innumerables secuencias de acción, no logra ser igual de aterradora que la cinta original. Esto se debe a que básicamente el film de Cameron elimina gran parte del misterio que se esconde tras las criaturas alienígenas, convirtiendo lo que Ridley Scott retrató como una suerte de letal espectro, en una verdadera horda de alimañas que terminan siendo exterminadas como si fuesen insectos. Todo esto termina dinamitando el impacto que producen gran parte de las criaturas a lo largo del film, con la sola excepción de la imponente Reina alienígena, cuya presentación es uno de los momentos más memorables de todo el metraje. Pese a sus falencias, “Aliens” no solo es una gran secuela, sino que además marcó el advenimiento de las superproducciones de ciencia ficción y acción tanto en el ámbito del cine como en el de la televisión, y generó una serie de imitaciones que incluso en la actualidad se siguen alimentando de su influencia. Esto se debió en gran medida a que James Cameron fue lo suficientemente inteligente como para tomar una historia poseedora de su propia mitología, la cual fue creada para ser exhibida ante un determinado nicho de público, para luego convertirla en un producto bastante más asequible para una audiencia heterogénea dispuesta a sumergirse en una batalla sin cuartel entre una verdadera sobreviviente y su peor pesadilla.



por Fantomas.

sábado, 17 de mayo de 2014

Robot & Frank: La amistad no tiene botón de apagado.

“Robot & Frank” (2012), es un drama de ciencia ficción del director Jake Schreier, el cual está protagonizado por Frank Langella, James Marsden, Liv Tyler y Susan Sarandon.

En un futuro cercano, Frank (Frank Langella), un ladrón retirado, tiene dos hijos adultos que están preocupados porque creen que él ya no puede vivir solo. Pese a que están tentados a ponerlo en un asilo para ancianos, Hunter (James Marsden) elige una opción distinta: en contra de los deseos de su padre, le compra un robot humanoide que camina, habla y que está programado para mejorar su salud física y mental. Pese a su rechazo inicial, Frank pronto descubrirá en el robot a un amigo con el cual no tardará en planear su retorno al mundo delictual.

 

Algún tiempo después de haberse graduado de la Escuela de Artes Tisch, perteneciente a la Universidad de Nueva York, Jake Schreier y Christopher D. Ford comenzaron a albergar el deseo de realizar un largometraje. Para ello decidieron tomar como base el guión que había escrito Ford como parte de su tesis en Tisch, el cual Schreier había ayudado a producir. Alrededor del año 2002, cuando ambos aun eran estudiantes, comenzaron a mostrar un gran interés en el rápido desarrollo que estaba teniendo la tecnología, y en el impacto que esta tenía a diario en la gente común y corriente. A diferencia de otros retratos distópicos que han intentado relatar el auge de la tecnología en el cine moderno, los realizadores deseaban que “Robot & Frank” explorara el tema sin la necesidad de exponer un dilema moral al respecto. De acuerdo con Schreier, “la tecnología no es mala ni buena pero va a cambiar la forma en como nosotros nos relacionamos con el resto de las personas. No hay forma de detener eso.” Con la intención de que el film presentara una apariencia futurista sin alejarse demasiado de la realidad actual, la dupla de creativos le pidió a Justin Oullette de Tumblr que diseñara diversos aparatos electrónicos que posteriormente serían utilizados por los protagonistas, y a la empresa Alterian, conocida por su autoría en los diseños de vestuario de la banda de música electrónica Daft Punk, que diseñara el robot en el cual se centraría la trama, el cual se suponía que debía emular a los robots creados en Japón para el cuidado de personas enfermas.

En el film, Frank es presentado básicamente como una reliquia. Mientras vive sus días en solitario sumido en una rutina interminable, no puede evitar sentirse incómodo con la forma en como el mundo está cambiando a su alrededor. Lo que es peor, es que su memoria ha comenzado a fallar de manera notoria. Debido a la falta de actividades recreativas o de cosas que despierten su pasión por la vida, Frank mata el tiempo coqueteando con Jennifer (Susan Sarandon), la bibliotecaria del pueblo en el cual reside, y robando objetos sin mucho valor de una pequeña tienda de artículos para baño. Y es que durante su juventud, Frank solía trabajar como ladrón de objetos que nadie creía que podían ser robados. Evidentemente el robo hormiga que ahora realiza jamás podrá reemplazar la emoción que sentía cuando planeaba grandes robos, pero es lo único que él tiene. Eso hasta que uno de sus hijos le regala un robot. Su hijo, Hunter, no puede evitar preocuparse por el notorio deterioro de la memoria de su padre, y por como eso ha alterado su forma de vida. Aunque en un principio Frank se niega a la idea de tener un robot rondando por la casa, no le queda más remedio que aceptar el curioso regalo de su hijo ante la amenaza de que será internado en un asilo para ancianos si no logra convivir con su nuevo huésped mecánico.

 

Ante el temor de que la presencia de su nuevo cuidador altere su esquema de vida, Frank inicialmente sabotea cada uno de los intentos del robot por mantenerlo saludable e intelectualmente estimulado. Eventualmente y luego de muchas discusiones, Frank aprenderá que si bien el robot está programado con diversas directrices, ninguna de estas le impide quebrantar la ley. Para su sorpresa, quien comenzó como un intruso no deseado en su hogar, no tarda en convertirse en el cómplice perfecto para emprender una nueva oleada criminal, cuyo blanco será una pareja de jóvenes empresarios que pretenden convertir la vieja biblioteca que suele visitar en un lugar completamente digitalizado. Evidentemente, gran parte de la trama del film se centra en la relación que se forma entre la extraña pareja protagónica. Según aseguran los Gerontólogos, una de las mejores maneras de ralentizar o prevenir el deterioro cognitivo en los adultos mayores, es mantenerlos activos mediante la realización de actividades significativas. Con esto en mente, inicialmente el robot trata de incentivar a Frank a salir de excursión y a crear una pequeña huerta en el patio de su casa. Sin embargo, ninguna de estas actividades llama la atención de Frank. Cuando ambos logran encontrar un punto de encuentro, Frank no solo comienza a verlo como un verdadero amigo, sino que además comienza a comer mejor, demuestra una vitalidad que parecía perdida, y su memoria parece mejorar de manera significativa. El único problema es que las actividades que han estado realizando lamentablemente han llamado la atención de la policía local y de una de sus víctimas, lo que les traerá una serie de problemas.

El intercambio de pensamientos y creencias que se produce entre Frank y el robot, es una de las muchas herramientas que el director Jake Schreier y el guionista Christopher D. Ford utilizan para lidiar con el tema de la pérdida de la memoria y con el temor a volverse viejo y obsoleto. En cierta medida, ese mismo temor es el que lleva a Frank a retomar la senda criminal, ya que mediante los robos que él comete busca demostrar que su inteligencia y la experiencia que ha recopilado durante el transcurso de su vida, son herramientas suficientes para vencer cualquier tipo de avance tecnológico. Si bien los frutos de la relación de amistad que Frank mantiene con el robot son evidentes, durante todo el transcurso del film existen pequeños momentos que buscan recordarle al espectador que la salud mental del protagonista no se encuentra del todo bien. En ocasiones Frank se muestra desorientado, lo que lo lleva a pensar que su hijo aún se encuentra estudiando en la universidad, o que su restaurante favorito todavía permanece en funcionamiento, cuando la verdad es que dicho lugar cerró hace años. El director también plantea una interrogante relacionada con el grado de entendimiento que posee el robot acerca de Frank o del mundo que lo rodea. “Yo no soy un ser humano”, le recuerda constante a su dueño, quien no puede evitar ver en la máquina un atisbo de humanidad.

 

Obviamente el film no funcionaria de la forma en que lo hace si no fuese por la actuación de Frank Langella, quien se lleva todo el peso dramático de la historia. Langella no solo maneja a la perfección los sutiles toques de humor negro que presenta la cinta, sino que además retrata de manera realista a un hombre testarudo y solitario cuya memoria ha comenzado a marchitarse, el cual gradualmente va abandonando su rígida coraza ante la presencia de un robot con características casi humanas. El resto del elenco por su parte, también realiza una labor encomiable, ya que todos logran proyectar con éxito que su afecto y sus problemas con el protagonista son reales. Obviamente cabe destacar el trabajo de la actriz Rachel Ma, a quien se le encomendó la tarea de darle vida al robot, y de Peter Sarsgaard, quien le otorgó la voz al adorable cuidador mecánico. En lo que respecta al aspecto técnico del film, resulta destacable el trabajo de fotografía de Matthew J. Lloyd, y la banda sonora compuesta por la banda Francis and the Lights, la cual al igual que el resto de la producción se caracteriza por su belleza y su simplicidad, y por la forma en como acompaña perfectamente una historia que se supone acontece en un futuro cercano.

“Robot & Frank” bien puede ser reconocida como una de las pocas películas que utiliza ciertos elementos propios de la ciencia ficción para contar una historia, y no para montar un espectáculo lleno de luces y colores. Probablemente lo único criticable que presenta el film, es la inclusión de una subtrama romántica cuya única función pareciera ser la elaboración de un golpe de efecto que se presenta en la forma de una inesperada vuelta de tuerca. El gran mérito de la cinta de Schreier y Ford radica en el hecho que realiza varias cosas a la vez. Al mismo tiempo que elabora un certero comentario social sobre el envejecimiento y el cuidado que se debe tener con las personas que padecen de demencia, relata una enternecedora historia de amistad entre un hombre cuya vida ha quedado suspendida en el tiempo, y un robot que por momentos parece tener alma. En definitiva, “Robot & Frank” es sin lugar a dudas un film con una alta carga emocional, el cual invita al espectador a sumergirse en la pequeña aventura de un hombre que está luchando contra los problemas propios de la vejez, el cual es rescatado de un olvido autoimpuesto por una amistad que él jamás se hubiese imaginado que sería capaz de forjar.



por Fantomas.

domingo, 30 de marzo de 2014

Gattaca: No existe el gen del espíritu humano.

“Gattaca” (1997), es una cinta de ciencia ficción del director Andrew Niccol, la cual está protagonizada por Ethan Hawke, Uma Thurman y Jude Law.

En un futuro no muy distante donde la sociedad está categorizada según sus características genéticas, Vincent Freman (Ethan Hawke) decide asumir la identidad de Jerome Morrow (Jude Law), un perfecto espécimen genético que ha quedado parapléjico luego de sufrir un accidente automovilístico, para así poder cumplir su sueño de viajar al espacio. Sin embargo, cuando el director del programa espacial en el cual trabaja es asesinado, la policía da inicio a una investigación que amenaza con dejar al descubierto su secreto.

 

Durante algo más de una década, el director y guionista Andrew Niccol ha sido el responsable de un número no menor de producciones provocadoras, las cuales han sabido ganarse un espacio al interior de la industria hollywoodense. Desde la alegórica “The Truman Show” (1998) hasta la política “Lord of War” (2005), sus cintas por lo general se han caracterizado por presentar un balance perfecto entre lo tópico y lo simplemente entretenido, lo cual ha permitido que se conviertan en obras que trascienden en el tiempo. Estrenada en el año 1997, “Gattaca” no solo es recordada por ser la opera prima de Niccol, sino porque además mediante una historia que postula que el nuevo orden social está establecido por los rasgos genéticos de cada individuo, Niccol comenzó a construir su reputación como un cineasta capaz de explorar temas complejos en cada una de sus cintas. Desarrollada inicialmente bajo el título de “The Eighth Day”, el cual era una referencia bíblica que apuntaba a implicar que el hombre se había atrevido a intervenir lo que Dios inicialmente había creado, la película se desarrolla en un futuro no tan lejano, en el cual un hombre imperfecto busca abrirse camino en un mundo dominado por la supuesta perfección artificial otorgada por la todopoderosa ingeniería genética.

En “Gattaca”, el protagonista Vincent Freeman es presentado prácticamente como un error de la naturaleza. Y es que él vive en una sociedad en la que los individuos que nacen de forma natural y sin la ayuda de la ingeniería genética, son relegados a trabajos básicos y son encasillados en un segmento subvalorado socialmente, a diferencia de aquellos cuya concepción fue genéticamente alterada, lo que les ha permitido ser considerados como personas “válidas” dentro del mundo en el cual se desarrollan. Es a raíz de esto que las aptitudes de Vincent no son tomadas en cuenta por quienes lo rodean, los cuales prefieren juzgarlo por su predisposición a adquirir miopía y una enfermedad cardiaca que ha reducido su expectativa de vida de manera considerable. Sin embargo, Vincent nunca ha aceptado el destino que la sociedad le ha impuesto. De hecho, cuando todavía era un niño, solía enfrascarse en competencias de natación y resistencia física con su hermano Anton (Loren Dean), quien pese a su supuesta perfección genética, en una ocasión debió ser rescatado por Vincent de una muerte segura. Tras años de realizar trabajos menores, Vincent decide tomar ciertas medidas para cumplir el sueño de su niñez y convertirse en un astronauta. Es entonces cuando a través de un comerciante de ADN conoce a Jerome Morrow, un hombre con una genética envidiable el cual luego de un confuso incidente, quedó confinado a una silla de ruedas. Una vez que Vincent asume su identidad, logra infiltrarse en una empresa llamada Gattaca, la cual está a cargo de diversos viajes al espacio. Lamentablemente para él, cuando está a punto de cumplir su sueño y viajar a una de las lunas de Saturno, el director del programa espacial es asesinado, lo que pone en peligro su falsa identidad y sus posibilidades de ser incluido en la ambiciosa misión interplanetaria.

 

En el film de Niccol, la tensión proviene de dos conflictos en particular. Primero, existe la posibilidad constante de que Vincent sea descubierto; debido a la infinidad de sistemas de seguridad con los que cuenta la empresa donde trabaja, el protagonista se ha visto obligado a tomar una serie de medidas que buscan ocultar su verdadero ADN en un lugar donde hasta una pequeña pestaña puede delatarlo. Segundo, ha ocurrido un asesinato; el director del centro espacial, quien ha cuestionado abiertamente la misión a Saturno, ha sido encontrado muerto, por lo que la policía ha comenzado a identificar al personal en busca de sospechosos. Esto pone sobre la mesa la posibilidad de que eventualmente una computadora establezca una relación entre Vincent, quien antes oficiaba como conserje, y Jerome, el nuevo programador espacial. Al mismo tiempo, el protagonista establece una relación amistosa con Irene (Uma Thurman), una atractiva mujer que trabaja en el centro pero que ha sido excluida de la próxima misión debido a que ha obtenido puntajes demasiado bajos en algunas áreas. Pronto nace una atracción innegable entre ambos, pero un romance en este mundo puede ser peligroso, ya que incluso un beso puede ser suficiente como para identificar a los involucrados en el mismo.

Lo interesante de “Gattaca” es que en cierto modo encierra dos historias en una. Por un lado está la emotiva historia personal de Vincent, quien lo único que desea es superar todos los obstáculos que han sido puestos en su camino. Esta subtrama en particular sirve para personalizar uno de los mensajes que contiene el film, permitiendo de este modo que el espectador se identifique con el protagonista. Vincent es un hombre común y corriente, es un personaje que existe precisamente porque sus fallas son perfectamente percibibles. Jerome en cambio, es presentando como su polo opuesto ya que posee todo lo que Vincent desea, con la excepción de la determinación a toda prueba del protagonista. En gran medida, el film realiza una comparación honesta entre un hombre imperfecto con uno que es percibido como tal. De forma paralela, “Gattaca” entabla un debate moral acerca de los problemas que pueden surgir en una sociedad determinada a discriminar a ciertos individuos a causa de su código genético. Es a raíz de este motivo que muchos estudiosos y científicos han señalado al film de Niccol como un verdadero ensayo bioético, debido a que no apunta a la ingeniería genética como la responsable del problema, sino que más bien establece que el problema surgiría solo si la sociedad está dispuesta a aceptar una ideología genetista que ve a los humanos sencillamente como la mera suma de sus genes.

 

En el ámbito de las actuaciones, la totalidad del elenco realiza un trabajo estupendo. Ethan Hawke convierte con éxito a Vincent en un personaje entrañable y creíble, el cual además demuestra tener una química innegable con sus compañeros de reparto, en especial con Jude Law, quien interpreta a Jerome como a un hombre inteligente, cínico y algo amargado, el cual es incapaz de abandonar el sistema que lo ha convertido en la persona que es en la actualidad. Uma Thurman por su parte, interpreta de manera sólida al interés amoroso del protagonista, la cual se caracteriza por ser una mujer que ha optado por abandonar toda esperanza de cumplir sus sueños. En lo que respecta al aspecto técnico del film, si hay algo por lo que “Gattaca” se caracteriza es por su cuidado aspecto visual. Tanto Jan Roelfs como Sarah Knowles se preocupan de establecer que la cinta se desarrolla en un futuro distópico, mediante la combinación de escenarios en los cuales priman los avances tecnológicos y una estética que perfectamente pudo haber sido sacada de un film noir clásico. Todo esto es complementado por el maravilloso trabajo de fotografía de Slawomir Idziak y por la selección de una paleta de colores en la cual priman los tonos amarillos y azules, con lo cual se pretende generar en el espectador una sensación de inevitabilidad y desesperanza que es compartida por los protagonistas del film. Por último, es necesario destacar la banda sonora compuesta por Michael Nyman, la cual resalta aún más la veta emotiva del relato.

Es necesario mencionar que “Gattaca” ha sido reconocida por muchos estudiosos como un como un verdadero film noir futurista, ya que tanto su aspecto estético como su estructura dramática se asemeja bastante a las cintas de cine negro que se filmaron durante las décadas del cuarenta y cincuenta. Al igual que otros film noirs, “Gattaca” utiliza como punto de partida un crimen y su posterior investigación policial, para luego centrarse en un problema social, en este caso el prejuicio y la intolerancia ejercida por un grupo específico de la sociedad, el cual es presentado mediante una serie de flashbacks que son narrados por la lacónica voz del protagonista. Curiosamente, pese a que el film de Niccol se estrenó durante la década en la cual se desarrolló el Proyecto del Genoma Humano, el cual pretendía identificar aproximadamente 25.000 genes en el ADN humano, con la intención de recolectar suficiente información como para poder realizar avances importantes en el desarrollo de la ingeniera genética, este no tuvo el éxito esperado. Solo algunos años después de su estreno, “Gattaca” comenzó a ser reconocida como una película entretenida que no solo le entrega al espectador una valiosa moraleja acerca de los peligros del abuso de la ingeniería genética, sino que además se alza como una de las cintas de ciencia ficción más inteligentes de los últimos 20 años.



por Fantomas.
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