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sábado, 2 de agosto de 2014

The Mercenaries/Dark of the Sun: Un crudo retrato de la Crisis del Congo.

“The Mercenaries” (1968), es un drama bélico del director Jack Cardiff, el cual está protagonizado por Rod Taylor, Yvette Mimieux, Peter Carsten y Jim Brown.

En plena guerra, una banda de mercenarios comandados por el Capitán Curry (Rod Taylor) intentará evacuar a los habitantes de un pueblo del Congo y, al mismo tiempo, impedir que una fortuna en diamantes caiga en manos de las fuerzas rebeldes.

 

En el año 1965, el escritor Wilbur Smith publicó su segunda novela titulada “The Dark of the Sun”, la cual relataba desde la tribuna de la ficción la llamada Crisis del Congo, ocurrida entre 1960 y 1966, y durante la cual Joseph Mobutu llegó al poder una vez que la República del Congo logró independizarse de Bélgica. Cuando los estudios MGM compraron los derechos de la novela, se le encomendó a Ranald MacDougall la tarea de adaptar al guión, aunque finalmente también participó en su elaboración Adrian Spies y Rod Taylor. Ante la imposibilidad de filmar en locaciones en África, el equipo de filmación liderado por el director Jack Cardiff no tuvo más opción que trasladarse a Jamaica. Para Cardiff, su participación en “The Mercenaries” sería una experiencia absolutamente inolvidable. Con respecto a su trabajo en el film, el director declaró lo siguiente en su biografía titulada “Magic Hour”: “´The Mercenaries´ estaba ambientada en el Congo belga pero tuvo que ser rodada en Jamaica, debido a que no pudimos encontrar un tren de vapor adecuado en África, y este era parte vital de la trama. Pese a que era una historia muy violenta, la violencia que ocurrió en el Congo en aquel periodo fue mucho peor de lo que yo podía plasmar en el film; mientras investigaba el tema encontré documentos tan repulsivos que me dieron nauseas.”

“The Mercenaries” está ambientada en plena Rebelión Simba ocurrida en el Congo en 1964. El Congo acababa de salir de un periodo brutal durante el cual lograron independizarse de Bélgica. Sin embargo, tras su independencia, las diferentes provincias del país africano entraron en una guerra de secesión, en la que al mismo tiempo que las tropas de las Naciones Unidas intentaban instaurar un gobierno centralizado, mercenarios de distintas nacionalidades se dedicaban a luchar por los líderes regionales. Al poco tiempo que este conflicto terminó, estalló la Rebelión Simba. Si bien los rebeldes aseguraban que estaban luchando contra la corrupción del gobierno, la verdad es que básicamente estaban asesinando a todos los ciudadanos congoleses que desde su punto de vista habían sido “occidentalizados”, al mismo tiempo que se dedicaban a aterrorizar a los europeos que habían decidido quedarse en el Congo. Ante esta situación, el gobierno del Congo se vio obligado a utilizar mercenarios para liderar y entrenar a los militares congoleses, para así terminar con la rebelión. Es aquí donde “The Mercenaries” comienza. El Capitán Curry y su fiel compañero, el Sargento congolés Ruffo (Jim Brown), son contratados por el gobierno para liderar una misión cuyo objetivo es rescatar a un grupo de colonos europeos que viven en un pueblo remoto. Sin embargo, su verdadera misión es la siguiente: recuperar cincuenta millones de dólares en diamantes sin cortar, los cuales serán utilizados por el Presidente Ubi (Calvin Lockhart) para mantenerse a flote y acabar con los Simbas. Para cumplir dicha misión, la dupla tendrá un plazo de 72 horas. Si lo logran, recibirán una recompensa de 50.000 dólares.

 

Con la ayuda de 40 de los mejores soldados del ejército del Congo, un simpatizante Nazi llamado Henlein (Peter Carsten), y un brillante pero alcohólico médico llamado Wreid (Kenneth More), Ruffo y Curry emprenderán una odisea en la que constantemente se verán enfrentados a la amenaza de posibles ataques por parte de los despiadados rebeldes. Junto con esto, Curry tendrá que lidiar con la amenaza que significa la figura de Henlein, quien evidentemente sabe de la existencia de los diamantes. Curiosamente, el primer enfrentamiento serio entre ambos hombres es provocado por una mujer llamada Claire (Yvette Mimieux), a quien el grupo liderado por Curry rescata de una granja saqueada previamente por los Simba. Con respecto a esto último, es necesario mencionar que aun cuando la trama de “The Mercenaries” es bastante simple, la complejidad dramática que presenta el film está dada por la interacción entre los protagonistas, específicamente entre Curry y Ruffo. Por un lado está Curry, un soldado norteamericano que aparentemente es feliz tomando el dinero que el gobierno congolés está dispuesto a ofrecerle, y al cual poco le importa la situación que se vive en el Congo. Esto ocurre porque básicamente es un hombre que siente un total desprecio por el mundo, y por la forma en como las grandes potencias privilegian sus propios intereses en desmedro del resto. Esto queda perfectamente explicitado en la siguiente frase mencionada por Curry en un determinado momento de la cinta: “El arma es china, Ruffo, pagada con rublos rusos. El acero probablemente proviene de una fábrica alemana construida con francos franceses. Luego fue traída acá en una aerolínea sudafricana probablemente subsidiada por los Estados Unidos.”

Ruffo por su parte, ahora se encuentra luchando en su país de origen, y a diferencia de Curry, su mayor deseo es lograr que en el Congo opere una sociedad funcional. Aun cuando ambos mercenarios son amigos, en lo que se refiere al conflicto en el que ahora se encuentran insertos, sus posturas son completamente opuestas. Ruffo admite que en esta oportunidad su verdadero interés es su país y no el dinero, lo que provoca que Curry se pregunte qué sucedería si se vieran obligados a luchar en lados opuestos del conflicto. “Lucharía contigo. Pero no me gustaría,” afirma Ruffo con evidente amargura en un determinado momento del film. El lazo de amistad que une a estos hombres se vuelve especialmente importante a medida que avanza la historia, ya que la situación a la que se ven enfrentados posibilita la opción de que uno de ellos traicione al otro con el objetivo de sobrevivir. Junto con explorar los matices existentes en la relación entre Curry y Ruffo, “The Mercenaries” también se sumerge en otros temas como el racismo, el genocidio, y la violación de los derechos humanos que en ocasiones cometen algunos gobiernos en nombre de una supuesta democracia. Además de condenar la ideología nazi que orgullosamente reconoce seguir Henlein, el film retrata con un evidente recelo las posturas de los dos grupos envueltos en el conflicto del Congo. Mientras que por un lado se condena la actitud genocida de los Simbas, también se expone que la drástica occidentalización del Congo en cierta medida justifica el violento accionar de un grupo de nativos que parecen no estar dispuestos a que sus costumbres y creencias sean pisoteadas y desechadas de un día para otro.

 

En el ámbito de las actuaciones, Rod Taylor realiza un estupendo trabajo interpretando a un personaje carismático cuyas motivaciones son cuestionables, el cual eventualmente parece encontrar en la difícil misión que se le ha encomendado una oportunidad para redimir todos sus errores pasados. Jim Brown por su parte, interpreta de manera espléndida a un hombre cuya formación es producto de la fusión de dos mundos completamente opuestos, los cuales él espera que puedan convivir en paz. Al mismo tiempo, la química que posee con Rod Taylor es innegable, aun cuando se dice que la relación entre ambos actores tras las cámaras distaba de ser amistosa. A diferencia de la dupla protagónica, Yvette Mimieux y Peter Carsten realizan una labor más bien mediocre. Mientras que el personaje interpretado por Mimieux solo funciona como el interés amoroso de Curry, razón por la cual su inclusión resulta completamente injustificada, Carsten frecuentemente cae en la sobreactuación, por lo que Henlein termina reducido a ser una mera caricatura. En lo que respecta al aspecto técnico del film, mientras que la dirección de fotografía de Edward Scaife es irregular, los efectos especiales a cargo de Cliff Richardson por momentos dejan bastante que desear. Afortunadamente, la banda sonora compuesta por Jacques Loussier es sencillamente perfecta, ya que marca con exactitud el tono pesimista que domina a la historia.

Por otro lado, “The Mercenaries” adolece de algunos problemas de guión, los cuales se evidencian principalmente en la calidad de algunos diálogos, y en la inclusión de determinados hechos cuyo único objetivo parece ser sumarle minutos al metraje. Al momento de su estreno, el film de Jack Cardiff causó bastante polémica por la crudeza de algunas de sus imágenes. Y es que entre otras cosas, “The Mercenaries” incluye escenas de infanticidio, y muestra con lujo de detalles la brutalidad con la que actuaban los Simbas en contra de los colonos europeos, quienes en el film prefieren suicidarse antes de verse violentados sexualmente o torturados por los nativos africanos. Todo esto provocó que la producción adquiriera un seguimiento de culto, el cual se cimentó cuando directores como Quentin Tarantino y Martin Scorsese la nombraron como uno de sus “placeres culpables”. De hecho, el mismo Scorsese mencionó en una entrevista que le sorprendió la inesperada ferocidad del film cuando lo vio por primera vez en 1968. En relación a esto último, pareciera que la gran pregunta que plantea la cinta es: ¿Puede utilizarse la violencia para alcanzar la paz? Curry eventualmente terminará encontrando la respuesta a dicha interrogante, aunque en el proceso ve con impotencia como se convierte en aquello que tanto desprecia. “The Mercenaries” comienza como otra película de acción con altas dosis de violencia, pero en el camino se convierte en una rara subversión del género bélico, la cual no solo expone una serie de temas bastante interesantes, sino que además saca al espectador de su zona de confort para enfrentarlo con las atrocidades que se cometieron en el África post-colonial.



por Fantomas.

viernes, 24 de agosto de 2012

The Final Countdown: ¿Y si pudiésemos reescribir la historia?

“The Final Countdown” (1980), es un film de ciencia ficción del director Don Taylor, el cual está protagonizado por Kirk Douglas, Martin Sheen, Katharine Ross y James Farentino. 

Un moderno y enorme portaviones de la marina norteamericana se ve envuelto en una gigantesca tormenta en las costas de Hawái. El extraño y misterioso fenómeno meteorológico termina enviando a la nave y a la totalidad de su tripulación al pasado, justo unas horas antes de que ocurra el infame bombardeo de Pearl Harbor, otorgándole al Capitán Matthew Yelland (Kirk Douglas) y compañía la oportunidad de reescribir el pasado y alterar de manera incontrolable el futuro.



Dentro del género de la ciencia ficción nos encontramos a menudo con historias que se centran en el deseo del hombre de poder manejar el tiempo y el espacio a su antojo, sin detenerse en ocasiones en las consecuencias que pueden tener sus actos. Con esto en mente, Thomas Hunter, Peter Powell y David Ambrose comenzarían a escribir un guión donde un viaje temporal accidental les ofrecería a un grupo de marinos del ejército norteamericano la oportunidad de borrar uno de sus acontecimientos históricos más dolorosos: el bombardeo de Pearl Harbor. Encantado con la idea, el productor Peter Douglas no solo consiguió que su padre, el mítico actor Kirk Douglas, participara en la cinta, sino que además logró despertar el interés de la Marina de los Estados Unidos, institución que se mostró dispuesta a facilitar algunas de sus instalaciones y a dar asesoría técnica, con el fin de sacar adelante esta modesta producción que les serviría en cierta medida para reclutar nuevos soldados. Con la condición de rodar solo bajo la autorización del personal de marina que se encontrase en el lugar, el equipo de filmación liderado por el director Don Taylor pasó alrededor de diez semanas rodando la cinta en la Estación Naval Norlfolk y en la Estación Naval Aérea de Key West.

Lamentablemente para el director, la irresponsabilidad de algunos de sus técnicos y la intervención constante de la Marina, terminó retrasando el calendario de filmación, lo que dañó su hasta entonces intachable reputación. Más allá de estos detalles, la historia se centra en el curioso e inexplicable viaje temporal del portaaviones U.S.S. Nimitz y su tripulación, quienes durante un ejercicio de entrenamiento son transportados por una suerte de vórtice al 6 de diciembre de 1941, exactamente un día antes de que los aviones japoneses bombardearan la base de Pearl Harbor. Mientras intentan descubrir que fue lo que sucedió y como pueden volver a su época de origen, el Capitán Matthew Yelland, el Comandante Richard Owens (James Farentino), y el consejero del Ministerio de Defensa Warren Lasky (Martin Sheen), tendrán que debatir en un breve periodo de tiempo si van a actuar en contra de las fuerzas de combate japonesas, reescribiendo por completo la historia, o van a evitar intervenir en la sucesión de acontecimientos de aquel fatídico día, a sabiendas de las terribles consecuencias que eso puede tener.


Más de alguno habrá escuchado alguna vez el concepto del efecto mariposa, que postula que dadas ciertas condiciones iniciales en un determinado sistema caótico, la más mínima variación de ellas puede provocar que el sistema evolucione de forma diferente. Esto quiere decir que basta una pequeña perturbación inicial, para generar un efecto considerablemente grande a mediano o corto plazo. Evidentemente, la cinta coquetea con este concepto, y digo coquetea porque jamás se mete de lleno a analizar las potenciales consecuencias de la intervención de los protagonistas en un hecho histórico por todos conocido. El único que menciona algunos de los alcances del concepto del efecto mariposa, es el personaje interpretado por Martin Sheen, quien se atreve a teorizar que la alteración de cualquier evento del pasado, por más pequeño o irrelevante que este pueda parecer, puede alterar por completo la cadena de acontecimientos históricos que dieron como resultado su propia existencia y la de sus compañeros en esta peculiar aventura. El hecho de que los guionistas intenten evadir por todos los medios cualquier profundización del tema, tiene dos consecuencias claramente tangibles. La primera tiene relación con el accionar de los protagonistas, en especial con las decisiones que toma el Capitán Yelland, mientras que la segunda resulta ser una paradoja temporal que atenta contra la inteligencia del guión.

En lo que a la primera consecuencia se refiere, los militares dejan en claro su postura tan pronto como se percatan que han viajado en el tiempo; su deber es proteger al país de cualquier ataque, por lo que lo único correcto es derribar a las tropas japonesas antes de que estás logren su objetivo. Pese a las advertencias de Warren Lasky, quien es el único que por momentos parece tener algo de cordura, Yelland decide seguir adelante con su plan sin importarle las nefastas consecuencias que este pueda tener. Lo que dificulta la comprensión del accionar de estos personajes, es el hecho de que durante el transcurso del film comienzan a caer en pequeñas contradicciones, lo que impide que el espectador se identifique con algunos de ellos. Mientras que Lasky teoriza con la posible desaparición de todos los tripulantes del U.S.S. Nimitz en caso de que estos lleguen a atacar a los invasores japoneses, por otro lado este no oculta su entusiasmo con la idea de reescribir la historia. Yelland en cambio, si bien no tiene problemas para ocupar los hombres y las armas que tiene a su disposición para impedir el inminente ataque extranjero a tierras norteamericanas, por momentos se muestra sumamente cauteloso a la hora de intervenir con su entorno, confundiendo tanto a quienes están bajo sus órdenes como al mismo espectador.


En cuanto a la paradoja temporal que mencionaba anteriormente, Yelland y compañía terminan viéndose involucrados en el ataque de un par de aviones japoneses a un yate propiedad del senador Samuel Chapman (Charles Durning), quien junto a su asistente Laurel Scott (Katharine Ross), logran ser rescatados por el Coronel Owens. Indudablemente, el rescate de estas dos personas quienes debiesen haber muerto en ese ataque, significa una grave alteración en la continuidad temporal, lo que inevitablemente debiese traer algunas consecuencias. Si bien parte de esta alteración es solucionada mediante un lamentable accidente, de todas formas termina produciéndose una paradoja temporal que escapa a toda lógica (aunque esta sea un arma de doble filo en lo que se refiere al cine de ciencia ficción). Y es que los guionistas en todo momento apelan a que el espectador no se cuestione demasiado que es lo que está sucediendo. Tal y como los protagonistas aceptan rápidamente que han sido transportados en el tiempo por un suerte de agujero negro, el espectador debe aceptar sin cuestionamientos los giros imposibles que da la historia, y hacer a un lado cualquier tipo de noción existente concerniente al concepto del efecto mariposa. Durante el transcurso del film, Yelland y su equipo producen más de un cambio significativo en el pasado, lo que curiosamente no provoca ninguna consecuencia tangible para ellos, ni para el espectador.

Más allá de los aspectos temáticos del film, este tiene la virtud de contar con un gran elenco que en general realiza una buena labor, además de presentar un correcto apartado técnico, donde obviamente se destacan los efectos especiales los cuales pese a ser bastante simples, resultan ser efectivos. Gran parte del encanto de la cinta reside en el suspenso que provoca la posibilidad de que la tripulación del U.S.S. Nimitz altere el pasado de manera considerable, y en la descripción que realiza el director de lo que es la vida a bordo de un barco. Además de esto, el film incluye un par de escenas de acción que ayudan a agilizar un relato que por momentos tiende a caer en algunas lagunas. Si bien puede resultar criticable la forma en cómo Don Taylor y compañía optan por elegir una salida fácil para evitar ahondar en las consecuencias del conflicto principal, no se puede negar que pese a sus falencias narrativas y temáticas, “The Final Countdown” resulta ser una película entretenida que por momentos se asemeja al cine de ciencia ficción de la década del cincuenta, lo que le da un encanto especial. Aunque obviamente se trata de una producción que está a años luz de la brillante “Back to the Future” (1985), que trata de mejor manera el concepto del efecto mariposa, de todas formas el film de Taylor sigue siendo considerado por muchos espectadores como una pequeña joya del cine de ciencia ficción ochentero.

 

por Fantomas.

jueves, 2 de agosto de 2012

I Deal in Danger: Como reciclar una serie de televisión para convertirla en un largometraje.

“I Deal in Danger” (1966), es un thriller bélico del director Walter Grauman, el cual está protagonizado por Robert Goulet, Christine Carère, y Eva Pflug.

David March (Robert Goulet) es un agente secreto norteamericano que logra infiltrarse en el alto mando alemán a principios de la Segunda Guerra Mundial, con el pretexto de que es un traidor. Ahora con la ayuda de Gretchen Hoffmann (Eva Pflug), una científica germana, tendrá que encontrar la forma de sabotear un peligroso proyecto secreto nazi, el cual puede cambiar el curso del conflicto bélico.

A principios de los sesenta, el cantante y actor Robert Goulet alcanzaría cierta fama en los Estados Unidos principalmente por su participación en varias obras de Broadway. Esto eventualmente lo llevó a probar suerte como actor en otros medios como el cine y la televisión, siendo en este último donde obtendría una mayor cantidad de roles durante el transcurso de su carrera. En 1965, Goulet sería escogido para protagonizar una serie de televisión producida por la 20th Century Fox titulada “Blue Light” (1966), la cual había sido creada por Larry Cohen y Walter Grauman. El show, el cual estuvo constituido por 17 episodios, presentaba al personaje de Goulet como un supuesto corresponsal norteamericano que al percatarse de la hegemonía nazi a principios de la Segunda Guerra Mundial, decide traicionar a su país y unirse a los servicios de inteligencia germanos. Sin embargo, pronto se descubre que él pertenece a un grupo de espías llamado “Blue Light”, cuyo objetivo principal es desmantelar la maquinaría nazi desde dentro. Debido a que a la serie no obtuvo los resultados esperados, el estudio optó por reciclar los cuatro primeros episodios, y editarlos de manera tal que pudieran ser utilizados para realizar un largometraje pensado para ser estrenado en las salas de cine del país, dando vida de esta forma a “I Deal in Danger”.

La cinta comienza con el asesinato del miembro número 16 del grupo de espías denominado “Blue Light”, estableciendo que solo queda un integrante vivo de dicho grupo, David March, quien se encuentra cómodamente infiltrado en la Alemania nazi. Como es de esperarse, su posición no solo le permite codearse con oficiales de la Gestapo y con miembros de la alta sociedad germana, sino que además le facilita la obtención de información confidencial que puede resultar crucial para el desarrollo de la guerra. En la actualidad, su principal objetivo es encontrar la manera de sabotear un proyecto secreto que se conoce bajo el nombre de “Grossmunchen”, el cual consiste en la fabricación de un nuevo tipo de armamento, con el cual los alemanes pretenden invadir Norteamérica y por ende ganar la guerra. Durante el transcurso de su difícil misión, March será ayudado por otra supuesta traidora llamada Suzanne Duchard (Christine Carère), cuyo padre fue ejecutado por la Resistencia Francesa por colaborar con los nazis, y por Gretchen Hoffmann, una de las científicas germanas a cargo del temido proyecto secreto, quien tras un trágico episodio se percata que desea enmendar lo que su país le ha hecho a tanta gente inocente.


Debido a su origen multiepisódico, “I Deal in Danger” presenta dos líneas dramáticas claramente marcadas. Durante su primera mitad, la cinta se centra en el juego del gato y el ratón que se produce entre el protagonista y Elm (Werner Peters), un oficial de la SS que desconfía de la lealtad de March, al punto que logra conseguir una orden judicial para asesinarlo al más mínimo indicio de que es un traidor. Y es que el oficial alemán sospecha que March es nada menos que el último miembro vivo de “Blue Light”, lo que lo convierte en un hombre muy peligroso. La prueba de fuego a la que será sometido el protagonista, consistirá en la validación de las intenciones de un doble agente británico (Donald Harron), quien siguiendo el ejemplo de March, supuestamente quiere comenzar a trabajar para la Alemania nazi. Lo que March no sabe, es que los alemanes están en conocimiento de las verdaderas intenciones del espía inglés, por lo que si este confirma que las palabras de su colega son sinceras, terminará cavando su propia tumba. Ya durante la segunda mitad del film, la  acción se centra en el traslado del protagonista a una planta subterránea de armamento, lugar en el cual conocerá a la científica Gretchen Hoffmann, quien parece ser su mejor opción para poder destruir la tan temida arma secreta de los alemanes, por lo que tendrá que convencerla de ayudarlo a cumplir su misión.

Teniendo en cuenta el escenario y las circunstancias en las que se desarrolla la historia, es evidente que gran parte del encanto de la cinta reside en la posibilidad de que el plan del protagonista sea expuesto por los nazis, poniendo en riesgo no solo su vida y la de sus asociados, sino que también toda la operación de la que forma parte, lo que significaría un golpe tremendo para las fuerzas aliadas. Sin embargo, hay una serie de elementos que atentan contra la construcción de una trama verosímil, los cuales en su mayoría tienen relación con la forma en la que son representados los oficiales nazis. En su gran mayoría, con la excepción del villano interpretado por Werner Peters, los nazis resultan ser personajes caricaturizados, que no solo se dejan engañar fácilmente por March y Suzanne Duchard, sino que además presentan un grado de sadismo y frialdad bastante menor al que usualmente exhiben en las producciones de estas características, lo que inevitablemente disminuye el nivel de tensión de algunas escenas que dependen del accionar del oficial nazi de turno. Y es que por momentos, los alemanes parecen ser tan solo una tropa de ineptos, cuya soberbia los ha llevado a confiarse demasiado, al punto que dejan que un supuesto traidor norteamericano deambule libremente incluso por sus fábricas de armamento más celosamente cuidadas.


Afortunadamente, el film se ve bastante beneficiado con la participación de Robert Goulet, quien interpreta de buena manera a este espía sofisticado, seductor y temerario, que siempre se las arregla para lograr su objetivo con una sonrisa en su rostro. Quienes también realizan un buen trabajo son el ya mencionado Werner Peters y Horst Frank, quienes interpretan de manera creíble a los principales villanos de la cinta (que dicho sea de paso, son los únicos dos personajes que dudan de la lealtad del protagonista), lo que los convierte no solo en personajes atractivos, sino que también en los principales generadores de tensión del relato. Por último cabe mencionar la labor tanto de Christine Carère como de Eva Pflug, quienes si bien realizan un trabajo correcto, por momentos sus interpretaciones se ven algo mermadas por lo pobre de sus diálogos. En el aspecto técnico, probablemente lo que más se destaca es la banda sonora compuesta por Joseph Mullendore y Lalo Schifrin, la cual de todas formas presenta algunos pasajes bastante planos que no permiten crear la atmósfera deseada. Por razones obvias, la fotografía por momentos deja bastante que desear, al igual que algunos de los sets en los cuales se desarrolla la historia, los cuales no pueden evitar exhibir la escasez de presupuesto con la que contaba la serie.

En términos narrativos, la cinta se ve tanto beneficiada como perjudicada por el collage de episodios que Cohen y Grauman utilizaron para construir el guión del film. Si bien por un lado la edición de los capítulos ayudó a que los ripios narrativos que presentaba la serie fueran eliminados, dando como resultado que la producción presente un ritmo bastante dinámico, por otra parte también provocó que muchas de las situaciones que se exploran durante el transcurso de la historia se resuelvan de manera apresurada, simplificando demasiado el trabajo de March y compañía. De la misma forma, durante los casi noventa minutos que dura el film, es imposible no percatarse de las secuelas directas del origen televisivo de la película, entre las que se encuentran las transiciones entre escenas tan típicas de las series de la época, y la secuencia de títulos inicial, la cual contiene varios extractos de los episodios de la serie, los cuales no necesariamente aparecen en el film. Pese a sus problemas narrativos y técnicos, “I Deal in Danger” resulta ser una “película” entretenida, que se ve ampliamente beneficiada por la presencia de un protagonista lo suficientemente interesante y querible, como para que el espectador haga caso omiso a varios de los elementos que atentan directamente contra la verosimilitud de una historia cuya concepción es por lo menos curiosa.


por Fantomas.

sábado, 10 de marzo de 2012

Operation Crossbow: El último recurso de la ingeniería nazi.

“Operation Crossbow” (1965), es un thriller de espías del director Michael Anderson, el cual está protagonizado por George Peppard, Sophia Loren, Trevor Howard, y John Mills.

Durante la Segunda Guerra Mundial, un comando secreto de las fuerzas aliadas recibe información sobre una nueva y poderosa arma que el Tercer Reich va a usar contra Inglaterra. Es entonces cuando deciden preparar a un pequeño grupo de soldados para infiltrarse en una fábrica subterránea, dónde se cree los nazis están trabajando en algunas armas que podrían cambiar el curso de la guerra.


Durante la década de los sesenta, se estrenó una gran cantidad de thrillers de espionaje y cintas bélicas situadas en la Segunda Guerra Mundial, las cuales se caracterizaban por contar con altos presupuestos, y estar protagonizadas por un largo grupo de estrellas consagradas, quienes en algunas ocasiones solo participaban con breves cameos. Precisamente sería el director Michael Anderson, responsable de la cinta que hoy nos ocupa, quién se haría cargo de al menos tres de estas superproducciones. En el caso de “Operation Crossbow”, la película se centra en los esfuerzos de un grupo de operativos británicos, y algunos norteamericanos, por encontrar y destruir los cohetes V1 y V2 que los nazis desarrollaron y comenzaron a utilizar al final de la guerra. En el desarrollo del guión estaría involucrado el prestigioso guionista Emeric Pressburger, cuya carrera en aquel entonces se encontraba en un punto bastante álgido. Su delicado estado financiero, lo llevó a aceptar la tarea de reescribir el guión escrito por Derry Quinn y Ray Rigby, quedando solo unas pocas semanas para que comenzara la filmación del film. Agobiado por la escasez de tiempo, Pressburger realizó una serie de cambios de forma apresurada, logrando entregar el guión final solo unas horas antes del comienzo del rodaje. Por el temor que le producía el hecho de que su carrera se hundiera aún más por un guión escrito a la rápida, Pressburger decidió ocupar el seudónimo de Richard Imrie, el cual volvería a utilizar en su siguiente trabajo.

Como mencionaba anteriormente, la cinta se sitúa en el último tramo de la Segunda Guerra Mundial, cuando tras recibir una serie de fotografías aéreas que parecen indicar que los alemanes están fabricando armas de largo alcance, el Primer Ministro Winston Churchill (Patrick Wymark) le encarga a Duncan Sandys (Richard Johnson), uno de sus ministros, el reclutamiento de una serie de voluntarios con conocimientos de ingeniería e idiomas, con el fin de infiltrarlos en la que se cree que es la fábrica en la que se están construyendo estás nuevas armas, cuyo único fin era retrasar el ya casi inevitable derrocamiento de nazismo. Eventualmente el ejército británico escoge a tres soldados que parecen cumplir los requisitos principales: el teniente norteamericano John Curtis (George Peppard), el británico Robert Henshaw (Tom Courtenay), y el holandés Phil Bradley (Jeremy Kemp). Con un escaso tiempo a cuestas, estos tres hombres son preparados para asumir la identidad de tres colaboradores de los nazis que han muerto durante la guerra, para luego adentrarse en territorio francés y así ser llevados por reclutadores alemanes a la tan buscada y temida fábrica subterránea.

Evidentemente la misión se irá complicando a medida que pasa el tiempo, no solo por el hecho de que el lanzamiento de los cohetes está por acontecer, sino porque además los improvisados espías tendrán que solucionar algunos imprevistos para los que no estaban preparados. Es aquí cuando entra en escena Bamford (Anthony Quayle), un agente doble que está bastante ligado a la fabricación de los cohetes, y Nora (Sophia Loren), la hermosa mujer del hombre que está siendo suplantado por el teniente Curtis, quién está buscando a su esposo para que le ceda la tuición de sus hijos. En relación a esto, puntualmente a la participación de Sophia Loren en la cinta, cabe mencionar que su papel es más bien pequeño y responde a la petición que le hizo su marido Carlo Ponti, quien además es el productor de este film, quien creía que la sola presencia de la actriz serviría para atraer más gente a las salas de cine. Más allá de esto, si bien es evidente que la inclusión de su personaje tiene como principal objetivo imprimirle ciertas dosis de suspenso a la cinta, también logra humanizar al personaje de Peppard, quien hasta antes de toparse con esta mujer cae en el típico arquetipo del personaje rebelde y mujeriego. El personaje de Loren además sirve para demostrar que en toda guerra existen víctimas inocentes, cuyas muertes en ocasiones responden al llamado “bien común”.

Podría decirse que la cinta está conformada por una serie de episodios, en los cuales se examinan los distintos aspectos de todo este operativo. No solo se hace hincapié en el sistema de espionaje aéreo del ejército aliado, y en la toma de decisiones al interior del gobierno británico, sino que también existe un segmento del film el cual se centra en los experimentos fracasados del ejército nazi, y en las consecuencias que estos tuvieron para sus propios soldados. Es precisamente en este tramo de la película, que la etiqueta de villanos con la cual usualmente se identifica al ejército nazi, desaparece por algunos minutos para identificarlos únicamente como hombres cuyas órdenes les costaron la vida. Es a través del entrelazamiento de esta serie de “segmentos” que durante la primera mitad de la cinta, el espectador se entera de la situación a la que tendrán que enfrentarse los protagonistas. Ya durante el segundo tramo de la película, esta se mete de lleno en el trabajo de espionaje en terreno, primero al interior de un hostal vigilado de cerca por los nazis, y luego dentro de la fábrica, dónde además ocurren prácticamente todas las escenas de acción que presenta el film.

En el ámbito de las actuaciones, el elenco en general realiza un buen trabajo, con la excepción de Sophia Loren, cuya interpretación de una mujer que sin querer se ve enfrentada a la posibilidad de perder la vida con el fin de salvaguardar la operación de espionaje británico, resulta poco creíble por momentos, especialmente porque la actriz cae en la sobreactuación. En el aspecto técnico, la cinta cuenta con el espléndido trabajo de fotografía de Erwin Hillier, y la atmosférica banda sonora del compositor Ron Goodwin, quienes en conjunto logran darle un mayor dramatismo a determinadas escenas. Por otro lado, un aspecto destacable de film son sus efectos especiales y la selección de locaciones, elementos los cuales logran darle una mayor credibilidad a la cinta. En relación a esto, Michael Anderson mostró una gran preocupación por rodar una película que se acercara lo más posible a la realidad, lo que lo llevó a utilizar material de archivo para recrear ciertas escenas en las cuales se pretende mostrar como los británicos detuvieron el inminente bombardero a su país. Lo que es aún más importante, el director tuvo una serie de discusiones con los ejecutivos de la MGM, con el objetivo de lograr que los personajes germanos efectivamente hablaran alemán y no inglés, lo que obviamente le da un toque de realismo mayor a la producción.

Si bien “Operation Crossbow” no difiere demasiado del resto de las producciones sesenteras que presentaban temáticas similares, tiene la virtud de ser una película entretenida, con un destacable apartado técnico, y cuyo ritmo narrativo resulta ser bastante fluido. Sin embargo, difícilmente podría ser enmarcada entre las mejores películas de su género. Quizás por eso al momento de su estreno en Norteamérica tuvo una fría recepción, lo que llevó a los distribuidores a cambiar el título del film por “The Great Spy Mission”, debido que pensaban que el título original llevaría a la gente a creer que se trababa de un drama médico, género el cual no gozaba de mucha popularidad a mediados de los sesenta. De todas formas, estamos ante una película recomendable, que ha logrado envejecer de manera digna, y que explora un tema no muchas veces tratado dentro del género del cine bélico. Como dato curioso, al momento de su estreno, Duncan Sandys, quien en el film es retratado como el ministro responsable de la heroica operación, estaba siendo acusado de ser el principal responsable de haber destruido la industria aeronáutica británica, debido a su insistencia en la idea de que los misiles habían dejado obsoletos a los aviones como armas bélicas.

por Fantomas.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Berlin Express: Rescate en una Alemania en ruinas.

“Berlin Express” (1948), es un thriller del director Jacques Tourneur, el cual está protagonizado por Merle Oberon, Robert Ryan, y Charles Korvin.

Recién terminada la Segunda Guerra Mundial, un grupo de personas de diversas nacionalidades viaja a bordo de un tren de Paris a Berlín, vía Frankfurt. Cuando el doctor Bernhardt (Paul Lukas), un pacifista cuya misión es unificar Alemania, es asesinado a bordo del tren, se desatan una serie de acontecimientos que pondrán en peligro a todos los pasajeros, quienes deberán unirse para descubrir quién está detrás del atentado.


La idea que daría vida a la historia de “Berlin Express”, nacería de un artículo de la revista “Life”, el cual relataba el tránsito de un tren del ejército de los Estados Unidos por el territorio ruso tras el término de la Segunda Guerra Mundial. Con la ayuda de Curt Siodmak y Harold Medford, el productor Bert Granet desarrollaría el guión de la cinta, la cual contaría con la ayuda del ejército de los Estados Unidos, y tendría la particularidad de ser el primer film hollywoodense rodado en Europa luego de la guerra. Granet escogería a Jacques Tourneur para dirigir la cinta, basado en sus trabajos anteriores al interior de la RKO. Si bien el director no realizó ningún tipo de sugerencia en relación al guión o a la elección del elenco, el director del estudio, Dore Schary, obligaría a Granet a contratar a la actriz Merle Oberon para interpretar el rol femenino protagónico. Junto a ella llegaría su marido, el director de fotografía Lucien Ballard, lo que provocó algunos problemas durante la filmación, los que afortunadamente no lograron influir en la calidad del producto final. El equipo de producción pasaría siete semanas rodando en locaciones en Paris, Frankfurt, y Berlin, lo que significó una verdadera aventura para los involucrados, quienes tampoco disponían de muchos recursos. De hecho, el equipo de filmación era tan escaso, que el director Billy Wilder tuvo que esperar que terminara el rodaje de “Berlin Express”, para poder tomar prestado lo que necesitaba para filmar “A Foreign Affair” (1948).

La trama de “Berlín Express” gira en torno al doctor Heinrich Bernhardt, un famoso activista alemán que tras la Segunda Guerra Mundial, encabeza una comisión que busca unificar Alemania. Será durante el viaje en tren que lo llevaría a una importante reunión con políticos aliados, que un agente que simulaba ser él, fallece en una explosión. Irónicamente, tras llegar a Frankfurt, Bernhardt termina siendo secuestrado por un grupo de miembros pertenecientes a un movimiento subterráneo neonazi. Sabiendo la importancia que tiene el doctor para el mantenimiento de la paz mundial, su secretaria, Lucienne Mirbeau (Merle Oberon), recluta a otros cuatro pasajeros del tren para emprender una improvisada misión de rescate, entre los que se encuentran: Robert Lindley (Robert Ryan), un norteamericano experto en agricultura; Henri Perrot (Charles Korvin), un francés sin profesión conocida; James Sterling (Robert Coote), un profesor británico; y Maxim Kiroshlov (Roman Toporow), un oficial del ejército ruso. Es así como en una Alemania sumida en ruinas, este grupo de coloridos personajes emprenden una carrera contra el tiempo que de fracasar, podría desatar un nuevo conflicto con consecuencias catastróficas.

Básicamente, “Berlín Express” puede ser vista como la fusión de dos películas. Por un lado, tenemos un cuasi thriller de espionaje en el cual un grupo de nazis tratan de silenciar a Bernhardt, cuya única esperanza de sobrevivencia reside en un grupo de desconocidos que deciden unirse en pos del bien común. El otro film es un documental acerca de la situación de Alemania durante los primeros años post Guerra, haciendo hincapié en los aspectos económicos, sociales, políticos y militares, de un país completamente devastado. No solo resultan impactantes las escenas que examinan los restos la ciudad de Frankfurt, sino que estas también tienen un valor educativo al estar acompañadas por una narrador que le explica al espectador la situación que se vivió en aquellos años en el país germano. Claro está que la decisión de filmar en las ciudades en las que transcurre la historia, estuvo ligada a algo más que el simple amor por el cine documental. Según Bert Granet, habría sido imposible realizar la cinta si hubiesen tenido que duplicar las ruinas que formaban parte del paisaje de Alemania en aquel entonces. A las razones económicas, se sumaba el hecho de que en aquella época, el público norteamericano sentía una atracción especial por las películas filmadas en locaciones reales, por lo que la inclusión de este tipo de escenas de seguro atraería un mayor número de espectadores a las salas de cine.

Desde un principio es evidente que el film presenta un claro mensaje anti-bélico. Tourneur no solo expone las consecuencias físicas y sociales de la guerra, sino que además se preocupa de establecer la idea de que no existen ganadores en este tipo de conflictos. Incluso entre los mismos aliados, existe un nivel de desconfianza considerable, y un fuerte deseo por imponer su visión del mundo. Por este mismo motivo, es que pese a compartir un objetivo común, son varios los conflictos que se presentan al interior del grupo de protagonistas. Y es que básicamente estos hombres vienen a representar a los cuatro poderes (o cuatro naciones) que se encontraban en una pugna por el control de las ciudades alemanas al momento del rodaje del film. En cierta forma, Tourneur prevé el conflicto que estaba por estallar (la Guerra Fría), y ofrece una solución basada en su propio optimismo. Resulta curioso que el personaje que más se resiste a la idea de cooperar para encontrar a Bernhardt, es Kiroshlov, el oficial del ejército ruso. La fragmentación existente entre los integrantes de este grupo de héroes accidentales, queda bien establecida en una de las frases que Robert Lindley le dice a Kiroshlov: “Nosotros intentamos entenderte. ¿Por qué tú no tratas de entendernos a nosotros?

Probablemente uno de los puntos más bajos del film, sea la construcción de los personajes protagónicos. En general, la gran mayoría de los personajes resultan ser bastante unidimensionales, por lo que al espectador le resulta difícil sentirse identificado en algún nivel con ellos, o preocuparse por lo que les pueda pasar, aún cuando comparte su causa. Es por esto que el mensaje de hermandad que el personaje de Robert Ryan intenta transmitirle a la audiencia, no alcanza la intensidad que se supone debe tener. Las actuaciones en general resultan convincentes, con la excepción de Merle Oberon, quien realiza un trabajo más bien mediocre. Lo que es aún peor, es que la química con el personaje de Robert Ryan es casi inexistente, por lo que las escenas románticas que protagonizan se ven demasiado artificiales. En la vereda contraria, se encuentra el excelente trabajo de fotografía de Lucien Ballard, quién no solo retrata de manera esplendida las ruinas de Frankfurt, sino que además dota al film de una atmósfera opresiva y algo melancólica. Por otro lado, la banda sonora compuesta por Frederick Hollander si bien es correcta, no es demasiado relevante, por lo que rápidamente pasa a ser olvidada por el espectador.

“Berlin Express” no solo es un entretenido thriller, poseedor de un ritmo narrativo bastante dinámico, sino que también se ha transformado en un verdadero documento histórico, que a diferencia de otras producciones hollywoodenses, no busca ensalzar a los ganadores y juzgar a los perdedores del lamentable conflicto bélico, sino que intenta retratar la situación existente en aquel entonces de la manera más objetiva posible. Por otro lado, si bien en un principio del film Tourneur nos invita a descubrir quién de los pasajeros del tren es el responsable del atentado en contra del doctor Bernhardt, el aspecto “whodunit” de la historia pasa a segundo plano, siendo retomado solo en el último tramo de la cinta. El director ocupa gran parte de metraje explorando temas tan propios de su cine, como el miedo al fracaso y el deseo humano de enfrascarse en tareas que parecen imposibles, lo cual funciona en más de un nivel. Y es que por momentos, tanto el rescate de Bernhardt como la unión entre los países aliados, se ven como tareas casi utópicas, donde el simple optimismo no es herramienta suficiente para lograr dichas metas. Por todo lo antes mencionado, es que “Berlin Express” se presenta como una obra interesante, aún cuando este no sea uno de los mejores films del gran Jacques Tourneur.



por Fantomas.

martes, 16 de marzo de 2010

The Secret Invasion: La última oportunidad de redención para un grupo de criminales.

“The Secret Invasion” (1964), es una cinta bélica del director Roger Corman, la cual está protagonizada por Stewart Granger, Raf Vallone, Mickey Rooney, y Henry Silva.

Durante la Segunda Guerra Mundial, un grupo de criminales son reclutados para una peligrosa misión en Yugoslavia: Durrel (Henry Silva), un asesino a sueldo; Rocca (Raf Vallone), un genio criminal; Scanlon (Mickey Rooney), un experto en explosivos; Fell (Edd Byrnes) un falsificador; y Saval (William Campbell), un ladrón de obras de arte. Bajo las órdenes de Richard Mace (Stewart Granger), integrante del Servicio de Inteligencia británico, los cinco criminales tendrán que llevar a cabo el rescate de un general italiano que se encuentra prisionero en una fortaleza nazi, el cual es de suma importancia para los Aliados en sus planes para invadir Italia.


Antes de que fuera estrenada la exitosa “The Dirty Dozen” (1967), el director y productor Roger Corman decidió tomar un descanso de sus adaptaciones de la obra de Edgar Allan Poe para realizar una cinta bélica junto con su hermano Gene, la cual sería filmada en locaciones de la entonces Yugoslavia. Al igual que en la ya mencionada “The Dirty Dozen”, los protagonistas de esta cinta son un grupo de desadaptados que son convocados para cumplir una misión suicida que tiene por objetivo rescatar a un general italiano de una fortaleza nazi. En una entrevista Corman declararía: “Lo curioso acerca de esta película, es que tiene una trama bastante similar a un antiguo western mío titulado, ´Five Guns West´(1955). Además fue estrenada antes que ´The Dirty Dozen´. Escuché historias que hablaban de que los productores de ´The Dirty Dozen´ habían pospuesto la producción de la cinta durante un año debido a que se dieron cuenta que la historia era demasiado similar a la de este film”. En el caso del film de Corman, si bien es cierto que la autoría del guión le fue cedida a R. Wright Campbell, años más tarde Mickey Rooney aseguraría que fue él quien en verdad escribió el guión.

En un principio, el proyecto fue desarrollado por David Picker, quien en ese entonces era el jefe de producción de la United Artist. “Bob Campbell, quien había escrito recientemente para mí el guión de ´The Wild Racers´, había escrito un guión titulado ´The Dubious Patriots´", recordaría Corman en una ocasión. “El tema me había gustado bastante: hombres malos enviados a hacer un bien para redimirse y ganar su libertad. En Nueva York le entregué el guión a Picker quien no me dio ninguna garantía”. La verdad es que Corman no esperaba que el proyecto se llevara a cabo, en especial considerando la nefasta experiencia que había tenido negociando con los grandes estudios. Por esta misma razón se sorprendió cuando al poco tiempo después, Picker lo llamó para avisarle que el proyecto había sido aprobado. El título fue cambiado a “The Secret Invasion”, debido a que Corman pensaba que era más comercial. La United Artist le otorgó un presupuesto de 600.000 dólares a la producción, lo que equivalía al doble del presupuesto que el director manejó al momento de realizar las cintas de Poe. Las filmaciones comenzarían en el verano de 1963.

Como era de esperarse, la visión de cineasta independiente de Corman no siempre coincidía con la visión de los ejecutivos de la United Artist. La premisa por ejemplo, fue sometida a algunos ajustes por el director. Según Corman: “Inicialmente, el prisionero retenido por los nazis iba a ser un científico atómico, quien era el único que conocía la ecuación que permitía la creación de una bomba atómica, por lo que al liberarlo los cinco criminales ayudarían a desatar un conflicto atómico”. Si bien a la United Artist le gustó la idea, optaron por cambiar la función del prisionero. Fue así como este se convirtió en un general italiano que estaba dispuesto a liderar a un grupo de soldados en contra de los nazis, facilitando de esta forma la invasión Aliada de Italia. Lamentablemente para Corman, quien quería que los protagonistas se vieran obligados a realizar una acción nefasta en su camino a convertirse en héroes, los ejecutivos de la United querían que estos se mostraran como hombres completamente heroicos. Como el director sabía que en esta ocasión había demasiado dinero en juego, no tuvo más opción que modificar la personalidad sus protagonistas a sabiendas que estos se transformarían en personajes unidimensionales.

Durante las seis semanas que duró el proceso de filmación en la entonces Yugoslavia, Corman se vio enfrentado a una serie de problemas. Primero tuvo numerosos problemas de producción que incluían la falta de equipamiento militar y de extras, debido a que en Yugoslavia había ocurrido recientemente un terremoto, lo que significó que no se le podían entregar todos los recursos que se le habían prometido. Además tuvo que soportar a un asistente de producción local a quien le gustaba disparar una pistola verdadera antes de empezar a filmar cada escena, y tuvo que lidiar con la insistencia de los oficiales yugoslavos de poner estrellas rojas en los uniformes de los extras que interpretaban a los integrantes de la resistencia yugoslava. Corman se resistió a esta medida, principalmente porque no le encontraba sentido al hecho que si alguien se encontraba trabajando para un grupo clandestino, revelara su identidad de manera tan obvia. Para evitarse problemas, el director optó por solucionar este inconveniente en el proceso de edición. Sin embargo, el mayor problema que Corman enfrentó tuvo relación con la guerra de egos entre Stewart Granger y Edd Byrnes. Todo comenzó a causa de una línea de dialogo que pertenecía a Byrnes, la cual era clave en una escena, razón por la cual Granger comenzó a exigir que debía ser él quien la pronunciase. Al encontrarse con la negativa de Corman, Granger abandonó la filmación. Una hora más tarde, al darse cuenta que su pataleta no serviría de nada, Granger se reintegraría a las filmaciones.

La película se divide en dos mitades; durante la primera mitad vemos como el equipo formado por Richard Mace ingresa a Dubrovnik, y comienza a planear el rescate del general italiano. Ya durante la segunda mitad, somos testigos de las torturas que los protagonistas sufren a manos de los nazis, y del explosivo intento de escape que estos protagonizan. Durante la primera mitad no hay muchas escenas de acción, y la verdad es que por momentos la película se vuelve algo pesada debido a la poca cohesión existente entre los distintos acontecimientos que suceden antes de que el equipo de rescate ingrese a la fortaleza nazi. Hay algunas escenas algo gratuitas, las cuales tienen por objetivo ahondar en las personalidades de los protagonistas, pero que finalmente poco aportan al desarrollo de la trama. Sin embargo, durante la segunda mitad la cinta adopta un ritmo más frenético, que va a la par con las bien orquestadas escenas de acción donde el pequeño grupo debe enfrentarse a decenas de soldados nazis mientras escapan por las colinas.

Las actuaciones del elenco en general son bastante mediocres, en especial la de Mickey Rooney, cuya sobreactuación y la carencia de diálogos inteligentes terminan convirtiendo a su personaje en alguien realmente molesto. Henry Silva por su parte, pese a ser un actor bastante limitado, personifica de buena manera a un asesino a sueldo carente de todo sentimiento. Los diálogos en general tampoco son demasiado memorables, y en ocasiones resultan incluso algo ridículos. Por otro lado, el film por momentos escapa de su condición de cinta de bajo presupuesto para presentarse como una verdadera producción serie A, en gran medida gracias al espectacular trabajo de fotografía de Arthur E. Arling, al cuidado diseño de producción a cargo de John Murray, y a la banda sonora compuesta por Hugo Friedhofer, que acompaña de buena manera tanto las secuencias de acción, como las escenas más dramáticas. Además cabe destacar el sorpresivo giro final, el cual además es solucionado de manera bastante satisfactoria. La United Artist ganó bastante dinero con el estreno de este film, lo que no se vio reflejado en los ingresos de Corman, razón por la cual tras terminar la película volvió a la comodidad de la American International Pictures. “The Secret Invasion” es una película lo suficientemente entretenida como para que sus falencias pasen a segundo plano, y es una buena oportunidad para ver a Corman trabajando en un género cinematográfico distinto al fantástico, el cual tantos dividendos le trajo durante su carrera.




por Fantomas.

sábado, 1 de agosto de 2009

First Blood: Sembrando el caos y la destrucción.

“First Blood” (1982), es un film de acción del director Ted Kotcheff, el cual está protagonizado por Sylvester Stallone, Brian Dennehy, y Richard Crenna.

Cuando sin ninguna razón aparente, un jefe de policía de un pequeño pueblo arresta a un autostopista vagabundo, no puede ni siquiera imaginar que ha puesto en movimiento una serie de acontecimientos catastróficos. El vagabundo en cuestión es de hecho John Rambo (Sylvester Stallone), ganador de la Medalla de Honor del Congreso y héroe de la guerra de Vietnam. Respondiendo al hostigamiento de sus apresadores con una repentina ferocidad, Rambo se fuga audazmente de la cárcel y va a cobijarse en unas montañas cercanas. Desde este punto, Rambo no tendrá más remedio que comenzar una verdadera guerra con la policía local.


Aunque desde el lanzamiento en el año 1972 de la novela de David Morell, “First Blood”, habían sido varias las adaptaciones que habían estado rondando los estudios en busca de financiamiento sin mayor éxito, y varios los actores que habían sido considerados para interpretar al atormentado John Rambo, entre los cuales se encontraban Clint Eastwood, Al Pacino, Robert De Niro, Steve McQueen, y Michael Douglas, entre otros, solo cuando Sylvester Stallone mostró interés en el proyecto, este logró finalmente entrar en fase de producción. Stallone, quién había sido nominado al Oscar como mejor actor y mejor guionista por su participación en la cinta, “Rocky” (1976), no había cosechado grandes éxitos fuera de la saga enfocada en el humilde boxeador. El guión, escrito por Michael Kozoll y William Sackheim, sería modificado por Stallone, quien convirtió a Rambo en un personaje más querible que a diferencia del Rambo de Morrell, prefiere no asesinar a ninguno de sus perseguidores.

El final también fue modificado. Si bien en la novela Rambo se terminaba suicidando (de hecho, existe un final cinematográfico alternativo en el cual Rambo se suicida), en la cinta esto fue cambiado por la creencia de que el personaje podía tener cierto éxito, permitiendo algún tipo de secuela (cosa que finalmente sucedió). Fue precisamente a raíz del nuevo final, que Kirk Douglas abandonó el papel del Coronel Trautman. El actor quería que la cinta fuera lo más fiel posible a la novela, algo que no se logró debido a las modificaciones realizadas por Stallone. La primera opción para reemplazarlo fue el actor Rock Hudson, pero este tuvo que rechazar el papel debido a que estaba a punto de someterse a una cirugía cardíaca. Finalmente el rol le fue cedido a Richard Creena, un actor relativamente conocido por sus participaciones en distintas series de televisión, y por un puñado de papeles secundarios que obtuvo en algunas cintas hollywoodenses realizadas en las décadas del sesenta y setenta.

Como cinta de acción, la verdad es que “First Blood” funciona bastante bien. Todas las escenas en las cuales la policía acecha a Rambo en el bosque y viceversa, están bien manejadas, ya que estas exhiben buenas dosis de suspenso, manejo de armas de fuego, e incluso una escena del alto riesgo donde desde un helicóptero, comienzan a dispararle a nuestro antihéroe, el cual está colgado en un risco. Lo mismo sucede con las escenas que involucran el escape de Rambo hacia la ciudad, y el caos que este provoca destruyendo todo lo que se cruza en su camino. Tanto la secuencia en que el protagonista utiliza un camión militar como si de un tanque se tratara, o aquella en la que vuela por los cielos una bencinera y una tienda de armas, están bien orquestadas y resultan ser visualmente atractivas. Claramente la cinta cumple con entretener al espectador, pero en términos dramáticos la situación es diferente.

“First Blood” comienza como un drama carcelario, luego pasa a ser una historia centrada en una cacería humana, y termina siendo una crítica social enmarcada por un puñado de acción sin sentido. Si uno analiza fríamente el guión y la sucesión de acontecimientos, hay algo que no calza del todo. La actitud de Rambo antes de ser maltratado y abusado en la prisión del pueblo, hecho que gatilla la violenta reacción del protagonista (es ahí cuando el director inserta algunos flashbacks que ayudan a comprender el hecho de que Rambo sufre de un trastorno por estrés postraumático), no se condice con la de un hombre mentalmente perturbado. Si bien la forma en que es tratado por el sheriff del pueblo (interpretado de manera soberbia por Brian Dennehy), es ciertamente cuestionable dado que lo discrimina solo por su apariencia, el que Rambo decida no responder ninguna de sus preguntas, termina complicando una situación que hasta el momento no era violenta. Lo que resulta aún más incomprensible, es que el protagonista intente razonar con la policía tras la muerte accidental de uno de ellos. ¿Por qué decide hablar luego de una serie de acontecimientos de por sí traumáticos, y no antes cuando solo le estaban haciendo algunas simples preguntas? Tal vez si Rambo hubiese actuado de manera violenta desde un principio, o no hubiese tenido ese momento de cordura fugaz, la idea de su estado mental hubiese sido establecida de mejor manera.

Además, lo flojo de algunos diálogos no ayuda a cimentar la credibilidad de la historia. La descripción que Trautman hace de Rambo cuando llega al campamento levantado por la policía, dista de ser memorable. Lo mismo sucede con el monólogo final del protagonista. La verdad es que la actuación de Stallone no termina de convencer, aún cuando esta es una de sus mejores interpretaciones. Lo de Richard Creena tampoco convence, en gran medida por lo pobre de sus diálogos. De todas formas, este se convertiría en el personaje más reconocido del actor. A través de los años, “First Blood” se ha enfrentado a todo tipo de críticas referentes a sus temas de fondo. Mientras que algunos alaban la crítica a un sistema que discrimina por la apariencia, que oculta bajo el tapete aquellas cosas con las que no se atreve a lidiar, y donde además existe un abuso de poder por parte de la policía, otros atacaron duramente la estereotipación de los traumas sufridos por los veteranos de guerra, y la supuesta glorificación de las armas de fuego que se realiza en la película.

Pese a todo, “First Blood” es una cinta entretenida que mantiene un buen ritmo narrativo durante todo su metraje. Aunque la secuencia del ataque de Rambo al pueblo es algo innecesaria, y es sin duda lo más inverosímil de la historia, si presenta un par de interesantes escenas de acción, además de la cuestionada declaración de principios del protagonista. La escena en donde por fin Rambo se entrega a las autoridades resulta ser algo ambigua; por momentos pareciera ser que es retirado de la comisaria en calidad de héroe y no como un criminal. Eso sumado a que en “Rambo: First Blood Part 2” (1985), el protagonista aparece recluido en una prisión realizando trabajos forzados en vez de estar en una institución psiquiátrica, termina de sepultar la ilusión de su supuesto estado mental. Pese a esto, es la primera entrada de la saga la que por lejos presenta un mayor nivel de dramatismo, y sería la gran responsable de impulsar definitivamente la carrera de Stallone, situándolo como una de las grandes estrellas del cine de acción. En el aspecto más técnico del film, resulta destacable la inolvidable banda sonora compuesta por el gran Jerry Goldsmith, y la correcta fotografía de Andrew Laszlo. Si uno olvida por completo las falencias del guión y se dedica tan solo a disfrutar la acción y el suspenso que la cinta ofrece, se entiende porque esta es considerada como un clásico del género, y como una de las mejores entradas de la filmografía del siempre irregular Stallone.






por Fantomas.

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