Mostrando las entradas con la etiqueta Artes Marciales. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Artes Marciales. Mostrar todas las entradas

sábado, 24 de marzo de 2012

Way of the Dragon: El "Dragón" ha llegado a Roma.

“Way of the Dragon” (1972), es una cinta de artes marciales dirigida por Bruce Lee, la cual está protagonizada por Nora Miao, Chuck Norris y el mismo Lee.

Tang Lung (Bruce Lee) llega a Roma para ayudar a una amiga de la familia, Chen Ching Hua (Nora Miao), cuyo restaurante está siendo amenazado por una banda de criminales. Tras ponerle precio a la cabeza de Lung, los criminales contratarán a Colt (Chuck Norris), un americano experto en artes marciales que parece ser el único capaz de derrotarlo.

Tras filmar “The Big Boss” (1971), finalizó el contrato que Bruce Lee tenía con el productor Raymond Chow, lo que le permitió al actor crear su propia productora a la que le pondría por nombre Concord. Esto no solo le permitió tener completo control creativo sobre su próximo proyecto, sino que además significó que a la hora de asociarse con la productora Golden Harvest, compañía la cual había sido fundada por Chow, estos no le impusieran la contratación del director Lo Wei, cuya relación con Lee se fracturó por completo durante el rodaje de “The Big Boss”. Fue así como Bruce Lee no solo asumió la elaboración del guión de la cinta, sino que además ofició como director y estrella de la misma, marcando uno de los hitos más importantes de su corta carrera. Pese a ser una película hongkonesa, Lee deseaba internacionalizar su carrera, razón por la cual decidió que uno de los villanos fuese norteamericano. Esto lo llevó a contratar a Chuck Norris, quien en ese entonces aún era un desconocido artista marcial que tuvo la oportunidad de conocer al actor durante una exhibición que el primero realizó a comienzos de los setenta en Long Beach, California.

En el film, Bruce Lee interpreta a Tan Lung, un joven campesino que es enviado a Roma por su tío para ayudar a Chen Ching Hua, cuyo restaurante chino se encuentra bajo el asedio de una banda de criminales. Aunque nunca se explica la razón por la cual el jefe de este grupo de mafiosos desea apoderarse tan urgentemente del lugar, desde el primer minuto queda claro que no aceptarán un no como respuesta, por lo que hasta que Chen Ching se decida a firmar el contrato de venta del local, se dedicarán a ahuyentar a los clientes del lugar y a golpear a los empleados, empujando a estos últimos a aprender karate para poder sacar el negocio adelante. No es hasta que llega Tan Lung, quien logra repeler a los criminales del lugar, que estos deciden contratar a tres expertos en artes marciales, entre los que se encuentra el personaje interpretado por Chuck Norris, con quien el protagonista tendrá un climático combate al interior del coliseo romano. Si bien esta es básicamente la trama, la cual en términos generales parece bastante cliché, esta presenta algunos elementos interesantes, que bien pueden ser vistos como las inquietudes profesionales y personales que tenía Bruce Lee en aquella época, y que quiso plasmar en algo más de una hora y media de metraje.

Desde el inicio del film, queda claro que Bruce Lee deseaba a toda costa demostrar sus dotes como actor cómico, y sabía que esta era la oportunidad para hacerlo. Fue asi como él opta por insertar el aspecto cómico de la historia dentro del tema del choque cultural al que debe enfrentarse Tan Lung a su llegada a Roma. En toda la secuencia en la que el protagonista se pasea ansiosamente por el aeropuerto buscando comida mientras alguien va a recogerlo, se ven las dificultades que se le presentan por el mero hecho de no hablar italiano. Antes de llegar a uno de los restaurantes que posee el aeropuerto, en su intento desesperado por conseguir alimento, el protagonista intenta sin éxito robarle un helado a un niño. El mismo problema idiomático lo llevará a pedir por equivocación cinco platos de sopa en el ya mencionado restaurante, lo que difícilmente logrará saciar su apetito. El tema de la comunicación no es lo único que dificultará la adaptación de Tan Lung a su nuevo hogar. Su vestimenta, la cual es típica de China, es objeto de burla entre sus compatriotas que trabajan en el restaurante, los cuales llevan años viviendo en Europa. Lo mismo sucede con su comportamiento, el cual es visto con desconfianza y algo de sorpresa por quienes lo rodean. Probablemente el momento que mejor ejemplifica este “traumatizante” primer encuentro con la cultura italiana, es aquel en que una bella joven lleva al protagonista a su departamento. Este siendo un hombre de campo el cual está acostumbrado a una solemnidad constante en su actuar, termina actuando como un niño asustadizo cuando se encuentra de golpe con la joven desnuda en frente suyo.

Mientras que el segmento cómico del film se prolonga durante la primera media hora de metraje, el tema de la dicotomía cultural se extiende durante toda la cinta, aunque no de forma tan explícita. Dentro del discurso de Tan Lung se percibe un marcado patriotismo, lo cual bien puede ser visto como una extensión del pensamiento de Bruce Lee, quien ya había expuesto su fervor por la cultura china en el film “Fist of Fury” (1971). Resulta curioso que antes de la llegada del protagonista a Roma, todos los meseros del restaurante chino practiquen karate y no kung-fu, teniendo en cuenta que el primero es originario de Japón. Con el arribo de Tan Lung, el resto de sus compatriotas no solo aprenden a valorar el kung-fu, sino que además logran vencer a sus rivales por primera vez en mucho tiempo. Ya durante el segundo tramo de la cinta, esta se vuelca de lleno a las escenas de acción, las cuales en su mayoría ocurren en el pequeño patio trasero del restaurante. Es ahí donde Bruce Lee demuestra las razones que lo llevaron a convertirse en una figura inmortal dentro del cine de artes marciales. Las escenas de lucha, las cuales fueron coreografiadas por él, no suelen caracterizarse por su espectacularidad, sino que se destacan por la crudeza bestial que exhibe el actor en cada movimiento que realiza. Es por esto que el centro de atención de dichas secuencias son la velocidad de cada uno de los movimientos de Lee, y el daño que estos provocan en sus oponentes.

Las escenas de acción son bastantes y en su mayoría resultan ser entretenidas y visualmente atractivas, pero ninguna se compara a la famosa secuencia que enfrenta a Tan Lung con el personaje interpretado por Chuck Norris. No solo el escenario donde esta transcurre le otorga un aire épico a todo el asunto, sino que además la lucha está muy bien coreografiada, y el hecho de que no exista diálogo alguno mientras ocurre el enfrentamiento, le imprime un cierto grado de solemnidad a este choque de titanes del género. Pese a que la cinta presenta una serie de elementos destacables, no es precisamente la mejor obra de Lee. Las actuaciones en general son algo mediocres, siendo Nora Miao prácticamente la única que realiza un buen trabajo, interpretando a esta joven mujer que intenta sacar adelante su negocio, y que tras superar la nefasta primera impresión que tiene del protagonista, comienza a sentir algo más profundo por él. Si bien Bruce Lee demuestra tener gracia como actor cómico, recurriendo bastante al humor slapstick y a la expresividad de su rostro, por momentos cae en la sobreactuación y parece estar algo desconectado del medio que lo rodea. En cuanto a Norris, este tiene escasas líneas de diálogo, pero de todas formas interpreta con sobriedad a un personaje que si bien es contratado para asesinar al protagonista, no oculta el respeto que siente por él.

En el aspecto técnico, si bien es meritorio el hecho de que se le haya sacado el máximo provecho posible a algunas locaciones turísticas en Roma, el trabajo de fotografía de Tadashi Nishimoto resulta ser mediocre. Afortunadamente no sucede lo mismo con la banda sonora compuesta por Joseph Koo, la cual acompaña de buena manera a las imágenes, en especial durante el segmento cómico del film. Con respecto a esto, existe un dato curioso en relación a la banda sonora. Por razones que desconozco, Koo tomó prestado parte de la música que Ennio Morricone compuso para la cinta “Once Upon a Time in the West” (1968), y uno de los temas de la banda sonora de “Diamonds Are Forever” (1971), la cual estuvo a cargo de John Barry, para acompañar dos escenas claves de la película. Más allá de esta curiosidad, “Way of the Dragon” se caracteriza por ser un largometraje entretenido, que posee un buen ritmo narrativo, bastantes escenas de acción, y la magnética presencia del siempre carismático Bruce Lee. En la vereda contraria, la historia por momentos carece de cohesión, dejando una buena cantidad de interrogantes sin responder sobre la mesa, los diálogos son pocos inspirados, y posee un par de vueltas de tuerca que si bien son sorprendentes, parecen innecesarias. Pese a sus defectos, "Way of the Dragon” posee una cantidad suficiente de elementos redentores como para convertirse en una película recomendable, la cual tiene la virtud de haber sido la causante de lanzar a Chuck Norris al estrellato, y haberle otorgado a Bruce Lee la oportunidad de alcanzar su sueño e insertarse en la industria hollywoodense, aunque fuese por muy poco tiempo.

por Fantomas.

martes, 21 de septiembre de 2010

Ip Man: La épica historia del maestro de Bruce Lee.

“Ip Man” (2008), es una cinta semibiográfica de artes marciales del director Wilson Yip, la cual está protagonizada por Donnie Yen, Simon Yam, Lynn Hung y Hiroyuki Ikeuchi.

Foshan, años treinta. Ip Man (Donnie Yen), respetado maestro de Wing Chun, combina el estudio de las artes marciales con los combates ocasionales a los que se ve forzado por parte de sus admiradores. Son tiempos de prosperidad a los que la guerra con Japón amenaza con poner fin. Con la ocupación estallará la tragedia de Ip Man, quien se verá obligado a defender a su familia y el honor de su pueblo.


En 1998, los productores Jeffrey Lau y Corey Yuen comenzaron a desarrollar un proyecto que pretendía retratar la vida de Ip Man, artista marcial chino que es recordado tanto por ser el primero en enseñar la disciplina conocida como Wing Chun de manera abierta, como por ser el maestro de Bruce Lee. Donnie Yen fue el primer actor en sumarse al proyecto para interpretar a Ip, mientras que Stephen Chow fue seleccionado para interpretar a Bruce Lee. Sin embargo, cuando el estudio encargado de producir la cinta quebró, el proyecto fue abandonado. En diciembre del 2007, el productor Raymond Wong anunció la realización de un nuevo proyecto que se centraría en el periodo que Ip vivió en Foshan (en otras palabras, la cinta abarcaría la época en la cual Ip Man aún no se convertía en maestro). Una vez que el director Wilson Yip se sumó al proyecto, Donnie Yen fue confirmado en el papel de Ip. Por otro lado, el actor y director Sammo Hung sería contratado para coreografiar las escenas de acción, y el hijo mayor de Ip Man, Ip Chun, trabajaría como consultor técnico del film, vigilando de cerca todos los aspectos de la historia y las coreografías de artes marciales.

La historia comienza en 1935 en la ciudad de Foshan, ubicada en la provincia de Guangdong. En aquellos tiempos, Foshan era conocida por ser la ciudad que acogía a las mejores escuelas de Kung Fu, las cuales estaban compitiendo constantemente para demostrar su superioridad. Sin embargo, todos estaban conscientes de que el mejor luchador de la región era un hombre acomodado llamado Ip Man, quien no deseaba fundar su propia escuela sino que prefería dedicarse a los negocios y a su familia. Pese a eso, Ip Man no puede negar lo mucho que disfruta combatir con otros luchadores, quienes a sabiendas de su reputación, en ocasiones deciden retarlo. Eso precisamente sirve de excusa para la primera escena de acción de la cinta, en la cual un maestro llamado Liu (Chen Zhi-Hui) llega a la casa de Ip Man para retarlo a un duelo privado. Durante esta pelea y en algunas de las escenas posteriores, se retrata al protagonista como un hombre con una filosofía altruista, que lucha solo por diversión y que no involucra ningún tipo de sentimiento en los combates en los cuales participa. De hecho, incluso cuando un agresivo luchador llamado Jin Shanzhao (Fan Siu-wong) llega a Foshan para retar a todos los maestros de la región, Ip Man se toma con bastante humor toda la situación, lo que no le impide darle una buena lección al engreído retador.

Durante gran parte de la primera mitad de la cinta, se retrata a Ip Man como un hombre con una buena situación económica, respetado y querido por la comunidad, quien tiene algunos problemas familiares por su excesiva dedicación a las artes marciales. Por otro lado, se retrata a Foshan como un lugar casi idílico, donde la gente goza de una buena situación económica y no existen mayores problemas. Es por esto que tal vez existe un marcado tono cómico durante la primera media hora del film, lo cual cambia drásticamente cuando se abarca el periodo en el cual los japoneses invadieron China. Desde este punto la cinta adquiere un tono más dramático, ya que se centra en los abusos que sufrieron los habitantes de Foshan y de gran parte de China por parte de los japoneses, y en como los primeros intentaban sobrevivir a la hambruna y la miseria que surgió luego de la invasión japonesa. Es así como Ip se verá obligado a trabajar en las minas de carbón, para así poder comprar el alimento suficiente para que su familia no fallezca a causa de la escasez de alimento.

Mientras que “Ip Man” al igual que otras producciones chinas presenta el mismo tipo de fervor nacionalista a la hora de tratar el tema de la ocupación japonesa de China, en esta ocasión el tema se utiliza como el detonante del cambio en la vida del protagonista, lo que eventualmente lo llevará no sólo a defender sus ideales y a la gente que ama de manera más “activa”, sino que también le ayudará a otorgarle un nuevo propósito a la disciplina que practica. El protagonista es el perfecto ejemplo de un hombre que no se deja llevar por su orgullo, sino que prefiere vivir de forma humilde, lo que le permite aceptar sin complicaciones la pérdida su estatus dentro de la sociedad y de sus bienes materiales, para luego convertirse en un trabajador más de los tantos que intentaron sobrevivir durante la guerra, manteniendo su dignidad completamente intacta. Al mismo tiempo, Ip Man se convierte en la personificación del héroe clásico, reacio e inseguro, pero resignado a cumplir con su rol. Él sabe que debe enfrentarse a los villanos de turno porque nadie más puede hacerlo. Eventualmente el protagonista se convierte en un símbolo del orgullo chino, el cual ayudó al pueblo a soportar los duros embates de la guerra.

Si bien es sabido que Donnie Yen es un estupendo artista marcial, probablemente esta es la primera película donde puede demostrar sus dotes actorales. No sólo logra manejar con éxito la sutil dignidad de su personaje, sino que además lo interpreta de manera creíble logrando que el espectador empatice con su situación y con su modo de actuar. La calma que exuda su personaje, incluso la proyecta en cada uno de los combates en los que se involucra (incluso en la espectacular escena donde se enfrenta simultáneamente a diez karatecas japoneses), efectuando movimientos controlados y precisos. Al igual que Yen, el resto del elenco realiza un estupendo trabajo permitiendo que el relato se torne más creíble pese a que existen una serie de inexactitudes biográficas. Por ejemplo, Ip Man nunca tuvo que trabajar en una mina de carbón, sino que trabajó como policía durante algunos años hasta que las presiones del gobierno comunista, quienes no aprobaban su fortuna ni sus ideologías políticas, lo obligaron a exiliarse en Hong Kong (obviamente esta inconveniente verdad mitiga el impacto de las victorias del protagonista).

Por otro lado, el trabajo de fotografía de Sing-Pui O es sencillamente espectacular, al igual que la labor realizada por Sammo Hung, cuyas coreografías no sólo son energéticas e impresionantes, sino que también son verdaderos espectáculos visuales. Por último cabe destacar la banda sonora compuesta por Kenji Kawai, la cual resulta ser efectiva y ayuda a resaltar bastante la atmósfera dramática de la segunda mitad del film. “Ip Man” en más de un sentido es una película redonda; no sólo tiene una historia que resulta interesante desde el principio y que con el correr de los minutos se va reinventando abarcando distintos géneros cinematográficos, sino además cuenta con personajes con los que uno logra identificarse, con un buen número de escenas de acción espléndidamente ejecutadas, y con un nivel técnico envidiable. Todas estas características convierten a esta película en una de las mejores producciones de artes marciales de los últimos años, la cual probablemente incluso será del agrado de aquellos que no acostumbran a ver este tipo films.




por Fantomas.

miércoles, 16 de junio de 2010

Hanzo the Razor, Sword of Justice: El largo y duro "brazo" de la ley.

“Hanzo the Razor: Sword of Justice” (1972), es un film de acción del director Kenji Misumi, el cual está protagonizado por Shintarô Katsu, Yukiji Asaoka y Mari Atsumi.

Itami Hanzo (Shintarô Katsu) es un policía muy particular. No sólo se dedica a impartir justicia en las calles de Edo con mano de hierro, sino que también mantiene a raya a sus corruptos superiores y a la chusma que ocupa los puestos de poder en el cada vez más decadente shogunato Tokugawa. Cuando un delincuente le revela que un conocido criminal ha logrado escapar de prisión gracias a la ayuda de algunos oficiales corruptos, Hanzo deberá emplear algunos de los métodos poco ortodoxos que le han otorgado cierta fama en el cuerpo de policía.


Basado en el manga “Goyôkiba” del escritor Kazuo Koike, responsable del popular manga “Lone Wolf and Cub”, “Hanzo the Razor” se presenta como una de las cintas pertenecientes al Jidaigeki (subgénero del cine que se refiere a aquellas películas ambientadas en el Japón de la era Edo) más peculiares de los setenta. El director Kenji Misumi, quien precisamente se especializó en la realización de cintas Jidaigeki desde mediados de los cincuenta a mediados de los setenta, trabajó durante una buena cantidad de tiempo para la Daiei Motion Picture Company, empresa que produjo la exitosa saga de Zatoichi, samurái legendario interpretado por Shintarô Katsu. De las 26 películas protagonizadas por Zatoichi que produjeron los Estudios Daiei, Misumi dirigió seis de las entregas antes de que el estudio se declarara en bancarrota en 1971. Antes de saltar a la fama gracias a su participación en la saga de culto “Lone Wolf and Cub”, realizada por la Toho, Misumi asumiría la dirección de la primera entrega de la trilogía de Hanzo, donde tendría la oportunidad de trabajar nuevamente con Shintarô Katsu.

Con el objetivo de mantener los elementos presentes en la gran cantidad de los mangas escritos por Koike en aquel periodo, la cinta presenta un marcado discurso antifeudalista. Además de esto, Hanzo se muestra empeñado en desafiar las reglas estrictas del shogunato, y no duda en ostentar lo eficaz que le resulta el uso de la brutalidad policíaca. El protagonista no muestra respeto por nadie más que él mismo, razón por la cual todos los integrantes de la sociedad japonesa de la época, desde las figuras del gobierno hasta un trío de ex-delincuentes que ahora trabajan para él, son víctimas de sus insultos y de sus reprimendas morales. Lo único que puede equiparar su poco respeto por las figuras de autoridad, es su incurable devoción por su trabajo, cuyo fin no es más que proteger a los ciudadanos de la creciente tasa de criminales. Una clara muestra del accionar y de la ideología de Hanzo se puede apreciar durante las primeras escenas del film, cuando este se niega a firmar un juramento estándar de la policía, donde cada oficial asegura el cumplimiento de su labor con honor ante todo. Y es que su negativa no va ligada al hecho de que él sea un policía corrupto, sino que ante sus ojos es el único policía que no lo es. Desde el jefe hasta el último de los oficiales han recibido sobornos por parte de los criminales y los dueños de los burdeles, por lo que dicho juramento no es más que una muestra clara de la hipocresía de los encargados de hacer valer la ley.

Su actitud desafiante y los violentos métodos que emplea al momento de capturar a los diversos criminales que debe intentar poner tras las rejas, han provocado que Hanzo acumule una gran cantidad de enemigos. Por ese motivo en su hogar no sólo se puede encontrar un arsenal de armas escondidas en las paredes, sino que también ha diseñado una serie de trampas mortales para evitar la intrusión de visitantes inesperados. Decidido a vivir en carne propia las técnicas de tortura que él debe aplicarle a los criminales, Hanzo les pide a sus criados que le coloquen pesados bloques de cemento sobre sus piernas, las cuales están apoyadas en puntiagudos bloques de piedra. Ya durante los primeros veinte minutos de metraje, el director se encarga de retratar la particular personalidad del héroe de turno. Sin embargo, lo más sorprendente está por venir. Si bien Hanzo se muestra preocupado de entrenar su mente y su cuerpo, muestra una especial preocupación por entrenar su “impresionante” órgano reproductor, el cual utiliza con frecuencia en sus interrogatorios. El fruto de su particular entrenamiento se ve reflejado en las largas sesiones de interrogatorio a las que somete a gran parte de los personajes femeninos del film, siempre con excelentes resultados.

Si esto suena como algo potencialmente ridículo y ofensivo, es porque efectivamente es algo ridículo y ofensivo. Es debido a esta particularidad que por momentos “Hanzo the Razor” pareciera acercarse más a un film sexploitation que a una cinta de samuráis, aún cuando las escenas de sexo son pocas y no son completamente explícitas. Es evidente que la simple idea de que un policía viole a una mujer con el fin de obtener información que le permita desbaratar los planes de un grupo de oficiales corruptos, es cuestionable bajo cualquier punto de vista, pese a que eventualmente sus víctimas se muestren más que dispuestas a cooperar con el trabajo detectivesco de Hanzo a cambio de unos minutos más de “interrogatorio”. Sin embargo, es imposible no reconocer que estas escenas presentan algunas dosis de humor absurdo, más aún cuando en una de las sesiones de interrogatorio podemos apreciar el “punto de vista” del órgano reproductor del protagonista (lo que resulta increíble e irrisorio). Además del contenido sexual del film, nos encontramos con un par de escenas de acción bastante violentas, donde no faltan los desmembramientos o la emanación descontrolada de sangre de aquellos que prueban el frío acero de la espada de Hanzo.

La cinta está dividida en una suerte de episodios, donde el más importante es aquel que hace referencia a un caso de corrupción que ha permitido que un renombrado asesino evite ser encarcelado. Los resultados de su investigación no solo lo llevarán a enfrentarse al criminal y a un grupo de soldados a su cargo, sino que además obtendrá cierta información que probablemente será utilizada por él más adelante (hay que tener en cuenta que esta es la primera entrada de una trilogía). Durante el último tramo de la cinta, la premisa central se deja de lado para dar paso al caso de un par de niños cuyo padre se encuentra gravemente enfermo, por lo que les ha pedido que lo maten. Será Hanzo quien deberá resolver dicho problema, ya que si los niños cumplen el deseo de su padre moribundo, arriesgan ser sentenciados a una crucifixión pública. Aunque este episodio bien podría haber sido obviado, se presenta con el sólo objetivo de destacar la imagen de Hanzo como el protector de los más desposeídos.

En el ámbito de las actuaciones, el elenco en general realiza un buen trabajo, en especial Shintarô Katsu quien le imprime una seriedad increíble a un personaje que por momentos cuesta tomar demasiado en serio. Por su parte, el trabajo de fotografía de Chishi Makiura es realmente destacable, por lo que la cinta resulta ser visualmente atractiva. Lo que si resulta extraño, es la banda sonora compuesta por Kunihiko Murai, la cual parece haberse inspirado en la banda sonora de la cinta “Shaft” (1971). No deja de resultar deliciosamente absurda la imagen de un rudo samurái impartiendo la ley en pleno periodo Edo al son del funk. “Hanzo the Razor: Sword of Justice” es sin duda una de las cintas de samuráis más extrañas salidas del Japón de los setenta. Desde el protagonista, una suerte de “Harry el Sucio” japonés con cierta inclinación por el sadomasoquismo y algunas prácticas sexuales fuera de lo común, hasta la peculiar banda sonora, todo parece ser parte de una absurda parodia de los films de samuráis, la cual si bien no presenta una historia demasiado sólida, si contiene un puñado de características que provocan que esta sobresalga del resto, encumbrándose como una cinta de culto por donde se le mire.



por Fantomas.

domingo, 23 de mayo de 2010

The Big Boss: Brutalidad de la mano de Bruce Lee.

“The Big Boss” (1971), es una cinta de artes marciales del director Lo Wei, la cual está protagonizada por Bruce Lee, Maria Yi y James Tien.

Cheng Chao-an (Bruce Lee) llega a Bangkok donde encuentra trabajo en la fábrica del Sr. Mi (Ying-Chieh Han). Sin embargo, pronto descubre que el negocio no es más que una tapadera para encubrir el tráfico de drogas y la prostitución, por lo que decide enfrentarse a su jefe y a sus secuaces sin importar las consecuencias de sus acciones.


Durante su infancia y su adolescencia, Bruce Lee participó en una serie de películas hongkonesas como extra o interpretando roles secundarios. Luego de la cancelación de la serie norteamericana “The Green Hornet” (1966-67), la cual ayudó a convertir a Lee en un personaje popular en Asia, el actor firmó un contrato con la productora Golden Harvest, pese a tener una serie de tentadoras ofertas provenientes de otras productoras asiáticas. En julio de 1971, Lee viajó a Tailandia para filmar “The Big Boss”, film que no sólo marcaría su debut como protagonista de una cinta de artes marciales, sino que además sería la encargada de posicionar al actor como el responsable de la renovación del género. Gracias a su reciente popularidad, Lee pudo utilizar toda la experiencia que había adquirido durante su estadía en los Estados Unidos en la realización de la cinta. El actor no sólo convenció al productor Raymond Chow que era mejor realizar un film de artes marciales que utilizara un mínimo de armas (alejándose de esta forma del cine japonés de samuráis, donde se enfatizaba el uso de las espadas y el cual sirvió de influencia para muchas de las producciones chinas de la época), sino que además se le permitió coreografiar todas las escenas de lucha.

Lo que ni Raymond Chow ni Bruce Lee pudieron prever, fueron las múltiples dificultades que se les presentarían durante el rodaje de la cinta. Durante los primeros días en Tailandia, Lee se cortó seriamente la mano derecha con un pedazo de vidrio. La lesión fue profunda por lo que necesitó diez puntos de sutura. El corte le impedía realizar actividades cotidianas como bañarse o escribir, por lo que tuvieron que pasar tres semanas antes de que el actor no se sintiera incómodo o limitado en sus movimientos. Muchos extras y algunos integrantes del equipo de filmación vieron el accidente como un mal presagio, por lo que abandonaron la realización de la cinta. A la lesión de Lee y a los problemas con el equipo de filmación, se le sumaron los mosquitos y cucarachas que poblaban las locaciones seleccionadas para el rodaje, y que inevitablemente provocaban la molestia de todos los involucrados en el film. Por último cabe mencionar que el director original de la película, Chia-hsiang Wu, tuvo que ser reemplazado por Lo Wei a las pocas semanas de iniciado el rodaje, debido a que el primero carecía de la personalidad y la habilidad suficiente como para llevar a cabo con éxito el proyecto. Wei en cambio, tenía una personalidad más fuerte que le permitía manejar sin problemas a su equipo, pero difícilmente se le podía considerar como un buen director.

“The Big Boss” se centra en un joven de nombre Cheng Chao-an, quien se acaba de mudar a Tailandia en búsqueda de nuevas oportunidades de trabajo, e intentando dejar atrás una serie de problemas que lo involucraban constantemente en peleas. De hecho, al poco de iniciado la cinta nos enteramos que Cheng le ha prometido a su madre que no se meterá en más problemas. Él incluso lleva consigo un pendiente que le sirve como recordatorio de su juramento solemne. Cheng cumple con su juramento por lo menos durante la primera mitad de la cinta. Aún cuando se le presentan numerosas oportunidades, este se abstiene de pelear dejando que su primo Hsui Chien (James Tien) tome un rol protagónico. Curiosamente, durante este tramo del film el personaje de Bruce Lee adopta el papel del “compañero cómico” de Hsui Chien. Es este último quien no sólo se encarga de defender a sus colegas en la fábrica de hielo, sino que también es quien encabeza la búsqueda de dos de sus compañeros quienes desaparecen en extrañas circunstancias. No es hasta que Hsui Chien desaparece, que el personaje de Bruce Lee adopta un mayor protagonismo.

Contrario a lo que se puede pensar, Cheng Chao-an dista de ser un héroe convencional. Si bien en un determinado momento decide defender a sus compañeros de trabajo de un grupo de criminales que intentan detener la huelga que se está llevando a cabo, luego se deja engañar por el dueño de la fábrica quien lo tienta ofreciéndole mujeres y alcohol. Su nuevo puesto de capataz y su ahora cercana relación con aquellos hombres que manejan la fábrica, provoca que aquellos que alguna vez vieron a Cheng Chao-an como un líder positivo, ahora lo consideren un traidor. El protagonista no maneja bien su reciente popularidad, por lo que no logra percatarse que la fábrica es una tapadera para el tráfico de droga, y que sus dueños están dispuestos a asesinar con tal de proteger su negocio. Cuando el personaje de Lee por fin logra quitarse la venda de los ojos, se convierte en un personaje violento y vengativo cuya brutalidad sólo se puede traducir en muerte. Las peleas exhiben un estilo bastante callejero, donde Cheng Chao-an además de utilizar sus manos y sus pies como armas, se vale de algunos de los cuchillos que portan los criminales que intentan asesinarlo a lo largo de la segunda mitad del film.

En términos de violencia gráfica, “The Big Boss” se asemeja bastante a lo visto en algunas de las cintas protagonizadas por Sonny Chiba, como por ejemplo la trilogía “The Street Fighter”. Esto convierte a “The Big Boss” en la película más violenta de la corta filmografía de Bruce Lee (de hecho, al momento de su estreno en China fueron editadas algunas de las escenas más violentas). Es evidente que la mayor atracción de la película es la interpretación de Bruce Lee. El carisma del actor permite que el espectador sienta cierta simpatía por su personaje, pese a que no es particularmente querible. Su personaje se ve involucrado tanto en escenas violentas y vibrantes (donde se destacan dos escenas de lucha que transcurren en la fábrica de hielo), en las cuales Lee demuestra porque se convirtió en una leyenda pese a participar en tan pocos films, como en otras que caen en el más completo absurdo, como aquella en la que se emborracha y comienza a bailar y a jactarse de sus habilidades como luchador. En general las actuaciones son más bien mediocres, lo que se extiende al trabajo de fotografía de Ching-Chu Chen. La cinta no puede evitar proyectar la imagen de ser una producción de bajo presupuesto, principalmente debido a la poca habilidad del director y de su equipo de filmación.

Por otro lado, la banda sonora compuesta por Fu-ling Wang difícilmente podría considerarse adecuada (aunque no resulta molesta tampoco), y las coreografías de las escenas de lucha si bien no presentan la pulcritud que posteriormente podría apreciarse en las otras cintas de Lee, estas son lo suficientemente crudas e impactantes como para representar un buen espectáculo. Pese a las fallas que presenta la cinta, “The Big Boss” se convirtió en todo un éxito al momento de su estreno, impulsando la carrera de Bruce Lee. Y es que pese a que el film es básicamente una violenta historia de venganza, este resulta ser lo suficientemente entretenido como para captar la atención del espectador durante todo su metraje. Resulta especialmente divertido ver como el personaje de Lee se pierde en un mar de ira, para luego acabar con todos aquellos que se cruzan en su camino, sin medir demasiado la consecuencia de sus actos. “The Big Boss” es a estas alturas un clásico del cine de artes marciales, no sólo por haber ayudado a lanzar la carrera de Bruce Lee, sino porque además se atrevió a renovar el género presentando un escenario moderno donde no existen los verdaderos héroes, sino hombres con defectos y virtudes que buscan su oportunidad de redención.



por Fantomas.

lunes, 26 de abril de 2010

Killing Machine: Cuando la justicia implica violencia.

“The Killing Machine” (1975), es un drama de artes marciales del director Norifumi Suzuki, el cual está protagonizado por Sonny Chiba, Yutaka Nakajima y Makoto Satô.

Tras trabajar como agente secreto para el gobierno japonés durante la Segunda Guerra Mundial, Doshin Soh (Sonny Chiba) regresa al ahora derrotado Japón. Mientras sus compatriotas intentan sobrevivir a la extrema pobreza reinante mediante el camino de la delincuencia, Soh intenta surgir fundando un dojo en el que enseña un tipo de arte marcial que aprendió durante su estadía en China. Sin embargo, en su camino se encontrará con una serie de criminales y oficiales corruptos que dificultaran su labor y que lo obligarán a desatar una oleada de violencia.

“The Killing Machine” es una película ligeramente basada en la vida del maestro de artes marciales Doshin Soh, creador de la disciplina marcial conocida como Shorinji Kempo. Según cuenta la historia, Doshin Soh fue un japonés que pasó gran parte de su vida viviendo en China, razón por la cual fue reclutado como espía por el ejército japonés durante la Segunda Guerra Mundial. Durante el tiempo que trabajó como espía, Soh entrenó con distintos maestros hasta que eventualmente fue aceptado en el templo Shaolin. A su regreso a Japón tras la guerra, le impresionó tanto el sombrío estado de ánimo de la sociedad japonesa, que se propuso restaurar la moral y el orgullo patrio de sus compatriotas utilizando la filosofía budista como herramienta, lo que mezclado con algunas de las artes marciales que había aprendido durante su estadía en China, dio como resultado lo que hoy es conocido como Shorinji Kempo. El guionista Isao Matsumoto tomaría algunos datos de la vida de Doshin Soh y los mezclaría con algunas de las leyendas que giraban en torno a su figura, para crear una historia dramática y violenta por partes iguales. A sabiendas del éxito que había tenido Sonny Chiba con su violenta trilogía “Street Fighter”, el director Norifumi Suzuki no dudó en contratarlo para un rol que parecía estar escrito para él.

Probablemente las únicas similitudes existentes entre el verdadero Doshin Soh y su versión cinematográfica, sea su participación como espía y su deseo que levantar la moral de sus compatriotas. Ambas cosas quedan rápidamente establecidas durante los primeros diez minutos del film. La cinta comienza con el protagonista en territorio enemigo, donde se verá obligado a defenderse de una turba que ha descubierto su verdadera identidad. Al poco tiempo después cuando se presenta ante sus superiores, descubre que Japón se ha rendido. Presa de su frustración, Soh asesina a sus superiores por lo que va a dar a la cárcel, lugar donde rescata a una joven japonesa llamada Kiku (Yutaka Nakajima) que iba a ser forzada a servir como prostituta por el ejército chino. Durante gran parte de la primera mitad del film, se muestran las consecuencias de la guerra, como esta ha dejado en ruinas a gran parte del Japón (específicamente a Osaka), y como la sociedad ahora sumida en la pobreza debe intentar sobrevivir no solo a la hambruna, sino que también a los abusos de los criminales, de los oficiales corruptos y de los soldados norteamericanos que ahora se encuentran repartidos en las calles.

Es en este ambiente hostil que Soh intenta cuidar a un grupo de huérfanos, al mismo tiempo que intenta evitar por todos los medios que Kiku se prostituya con el fin de conseguir dinero para alimentar a su pequeño hermano. Debido a su constante búsqueda de justicia, Soh no puede evitar verse involucrado en pequeños conflictos con algunos criminales y soldados norteamericanos, los que eventualmente lo terminan enviando a prisión. Será solo gracias a la ayuda del alcaide que Soh podrá escapar de Osaka, para reubicarse en un pequeño pueblo donde podrá cumplir su sueño de abrir un dojo para así ayudar a un grupo de hombres aproblemados. Es en este tramo del film donde quedan aún más patentes los ideales del protagonista y su deseo de levantar una sociedad consumida por la guerra. Dos de los estudiantes “más importantes” de Soh, son hombres cuya vida ha sido destruida por la guerra (uno fue dado por muerto, razón por la cual perdió a su familia, mientras que el otro pasa los días junto a una botella de alcohol), los cuales eventualmente terminan convirtiéndose en verdaderos ejemplos de auto-superación, todo gracias a las enseñanzas de su maestro.

Tal y como sucede durante la primera mitad de la cinta, pese a las buenas intenciones de Soh, este no puede escapar de la violencia del mundo que lo rodea. Eventualmente, él y sus estudiantes terminan involucrados en un conflicto con una banda de yakuzas que ven al protagonista como el único obstáculo en su intento de dominar la región. Quien esté relativamente familiarizado con la filmografía de Sonny Chiba, probablemente sabe que el actor solía protagonizar cintas bastante violentas y esta no es la excepción. No sólo hay un buen número de escenas donde podemos apreciar miembros fracturados, cuerpos volando por los aires, desmembramientos, y unas buenas dosis de sangre, sino que además hay una escena de violación (la cual afortunadamente está editada de modo de que no resulte demasiado perturbadora), y otra en la que el protagonista junto a uno de sus estudiantes deciden tomar la justicia con sus propias manos, y castrar al violador con unas tijeras. Las escenas de lucha son brutales pero estilizadas a la vez, sorprendiendo lo bien coreografiadas que estas se encuentran.

En general las actuaciones son bastante correctas. Probablemente esta sea la mejor actuación de Sonny Chiba, un actor encasillado en papeles de hombres rudos y sin escrúpulos, ya que en esta ocasión se le dio la oportunidad de interpretar a un personaje más rico en matices, el cual se ve enfrentado a momentos realmente dramáticos. Por otra parte, la banda sonora compuesta por Shunsuke Kikuchi pese a no ser memorable, acompaña de buena manera las imágenes que reflejan el estupendo trabajo de fotografía de Yoshio Nakajima. Probablemente el mayor problema que presenta este film es que no logra dejar muy en claro cuál es el tono de la historia. Por momentos la cinta cae de lleno en el melodrama (en especial en aquellas escenas que transcurren en las oscuras y desoladoras calles de Osaka), dando a entender que la verdadera intención del director es retratar el Japón post-guerra, y al mismo tiempo relatar la historia de un hombre que buscaba transmitir su paz interior a todos quienes lo rodeaban. Sin embargo, las escenas de violencia que se intercalan con las escenas más dramáticas, terminan por convertir el dolor y el sufrimiento en algo trivial, casi carente de real importancia en la trama.

Por otro lado, Norifumi Suzuki opta por utilizar una narración episódica, que la verdad funciona bastante bien al momento de dividir las etapas de la vida de Doshin Soh. Si bien es evidente que el contexto histórico y el relato de la vida de Doshin Soh sirven como excusa para presentar a Sonny Chiba actuando bajo sus propias reglas, la cinta de todos modos resulta ser interesante ya que nos entrega un retrato del Japón post-guerra mirado desde la perspectiva de los mismos japoneses. En la superficie tenemos un entretenido y violento film de artes marciales en el que el personaje de Chiba está en una constante búsqueda de justicia, lo que implica detener a algunos coreanos que agreden a unos ciudadanos japoneses, golpear a unos soldados norteamericanos que atropellan a un pequeño niño, y asesinar a un grupo de criminales que busca tomar ventaja de una sociedad sumida en el caos. En definitiva, “The Killing Machine” es una película que presenta una historia que podía haber sido mejor construida, pero que de todas formas logra llamar la atención del espectador, en gran medida gracias a las abundantes dosis de acción que presenta un film el cual exhibe una serie de características que lo ubican por sobre otras producciones de corte similar.

* Nota: A más de alguno podrá resultarle curioso el símbolo que Doshin Soh utiliza en la cinta para identificar a los estudiantes de su dojo. Hay que recordar que la esvástica es un símbolo utilizado tanto en el budismo como en el hinduismo, el cual posteriormente fue adoptado por los nazis.



por Fantomas.

domingo, 21 de febrero de 2010

Police Story: El mejor policía de todo Hong Kong.

“Police Story” (1985), es una comedia de acción del director Jackie Chan, la cual está protagonizada por el mismo Chan, Brigitte Lin, y Maggie Cheung.

Chan Ka Kui (Jackie Chan), un policía de Hong Kong, se anota un gran éxito al detener prácticamente sin ayuda a Lord Cho (Chor Yuen), un importante narcotraficante. Más tarde, y a pesar de que la misión no le agrada, Chan debe proteger a Selina Fong (Brigitte Lin), la secretaria de Cho, que está dispuesta a declarar contra él. Sin embargo, el día del juicio la chica desaparece y la policía se ve obligada a dejar en libertad al criminal por falta de pruebas. Ahora dependerá de Chan conseguir las pruebas suficientes para impedir que el narcotraficante continúe con su reinado criminal.

Luego de participar en la fallida co-producción de la Golden Harvest y la Warner Bros titulada “The Protector” (1985), del director James Glickenhaus, la cual intentaba posicionar a Jackie Chan como una estrella en el mercado hollywoodense, el actor insatisfecho con los resultados, decidió volver a Hong Kong para filmar su versión de lo que debía ser una película de policías. Aunque Chan había dirigido cuatro películas anteriormente, “Police Story” fue la primera cinta que dirigió en la que pudo demostrar toda su capacidad a la hora de abordar un film de acción. Jackie Chan no solo dirigió y protagonizó la película, sino que también estuvo a cargo de coreografiar las escenas de acción, y realizar las escenas de riesgo junto al grupo Sing Ga Ban, el cual el mismo Chan formó en 1983. “Police Story” no es una simple película de acción y artes marciales. Gracias a que el actor era un ávido fanático del cine en general, este pudo fusionar una serie de diversos elementos durante el transcurso de la cinta. Por este motivo, no solo nos encontramos con coloridas e impresionantes escenas de acción, sino que la historia también ofrece algunos momentos emotivos y otros más cargados a la comedia.

La cinta comienza con una impresionante secuencia de acción. Una redada policial que tiene por objetivo capturar a un importante narcotraficante, se convierte en un verdadero caos cuando uno de los criminales que lo acompañan se percata de la presencia de la policía en una pequeña población ubicada en una colina, donde se está por producir una importante venta de droga. De forma imprevista, el oficial Chan Ka Kui y su equipo se ven atrapados en una caótica balacera con los criminales, los cuales intentan huir rápidamente del lugar. Las cosas empeoran de forma considerable cuando el narcotraficante y sus matones deciden huir colina abajo utilizando una serie de automóviles que destruirán todo a su paso, no quedándole más remedio al protagonista que seguir el mismo camino que tomaron los criminales con el fin de darles caza. Dicha secuencia es realmente increíble. Chan se preocupa de que el espectador vea con lujo de detalle la destrucción que van dejando los automóviles a su paso, e incluso se puede apreciar como algunos dobles de riesgo saltan de los vehículos mientras estos van colina abajo.

Acto seguido, Chan protagoniza una peligrosa persecución en la cual queda colgando de un bus de dos pisos, dando vida a una de las escenas más recordadas del film. Si bien tras ver la explosiva introducción uno podría pensar que la cinta estará compuesta de una escena de acción tras otra, la verdad es que Jackie Chan opta por mostrar una historia con algunos matices, aunque siempre manteniendo la combinación de acción y comedia que tantos dividendos le ha traído. En lo que podría considerarse como el segundo acto de la cinta, nos es presentado el personaje interpretado por Brigitte Lin, quien es la testigo más importante en el caso de la captura de Lord Cho. Es durante el tiempo que Chan debe proteger a la testigo, donde están concentrados los gags más divertidos del film. Chan no solo le pide a un amigo que pretenda ser un criminal para asustar a Selina Fong con el fin de que ella acepte estar bajo protección, sino que su interacción con ella le traerá problemas con su novia (Maggie Cheung), y posteriormente lo pondrá en vergüenza durante el juicio.

Gran parte del humor que maneja Chan en el film es de tipo slapstick, el que ayuda a convertir situaciones cotidianas e inofensivas, en algo extraordinario que bien pueden terminar en un completo desastre. Es por este motivo que escenas como en la que tiene que contestar varios teléfonos al mismo tiempo, logran quedar en la memoria del espectador con la misma facilidad que algunas de las escenas de acción de la cinta. En cuanto a las escenas de acción que presenta el film, probablemente las más espectaculares se encuentran ubicadas en el tercer acto de la historia, que se centra en los intentos del protagonista por limpiar su nombre, luego de ser culpado de un asesinato que no cometió. La secuencia que transcurre al interior del centro comercial, la cual abarca aproximadamente los quince minutos finales de la cinta, es probablemente la secuencia más caótica y emocionante de todo el film. El enfrentamiento final entre el protagonista y los secuaces de Lord Cho está marcado por la quebrazón de estanterías, un estilo de lucha más callejero y realista que el visto en otras cintas del actor, y una serie de escenas de riesgo que le agregan espectacularidad al conjunto.


Es importante mencionar la calidad de las escenas de riesgo, las cuales vienen a demostrar el compromiso de Jackie Chan con sus obras. Gran parte de sus películas vienen acompañadas por una serie de tomas donde se muestran los bloopers y las lesiones que sufre el actor y su equipo a causa de las escenas de riesgo, y obviamente “Police Story” no es la excepción. Filmando esta película no solo un buen número de dobles sufrió lesiones a causa del vidrio utilizado en las escenas al interior del centro comercial (debido a que se utilizó un vidrio el doble de grueso del que se suele utilizar en ese tipo de secuencias), sino que además Jackie Chan se quemó las manos y casi queda paralítico a causa de la famosa escena en la cual desciende por un poste adornado con cientos de luces, con el fin de atrapar a Lord Cho. Jackie Chan es un artista detallista que se preocupa que todo salga a la perfección, al punto de poner en riesgo su integridad física si una determinada escena lo requiere. Por otro lado, las actuaciones son en general correctas, destacándose obviamente el trabajo de Chan y el de sus acompañantes femeninas, Brigitte Lin y Maggie Cheung, quienes pese a interpretar a personajes secundarios presentan una buena química con el protagonista y colaboran con algunos toques de comedia.

Como mencioné anteriormente, “Police Story” es una película de acción que presenta matices e incluso algunos mensajes sutilmente integrados en la historia, que entre otras cosas actúan como una suerte de crítica antiimperialista (como por ejemplo el momento de furia que Chan tiene contra su superior). Obviamente la película tiene sus fallas, pero estas afortunadamente no llegan a alterar el producto final. Pocas películas logran definir de mejor manera el cine hongkonés de los ochenta, o la habilidad de Jackie Chan como director y estrella del cine de acción, como lo hace “Police Story”. La combinación de impresionantes escenas de riesgo, acción explosiva, humor slapstick, y elementos dramáticos, en su momento logró revitalizar el cine de artes marciales con éxito. En definitiva, estamos ante una película sumamente entretenida que probablemente es uno de los mejores trabajos de Jackie Chan, el cual no solo presenta una historia atrayente y bien narrada, sino que el aspecto técnico de la cinta es de un excelente nivel, por lo cual a mi gusto “Police Story” es sin duda un imperdible del género.




por Fantomas.

miércoles, 17 de junio de 2009

Fist of Fury aka The Chinese Connection: El film que convirtió en superestrella a Bruce Lee.

“Fist of Fury” (1972), es un film de artes marciales del director Lo Wei, el cual está protagonizado por Bruce Lee y Nora Miao.

En el Shanghái de 1908, Chen Chen (Bruce Lee) es un estudiante de artes marciales que al regresar a su escuela, descubre que su maestro ha fallecido. Tras la insultante visita durante el funeral de los representantes de una escuela japonesa de artes marciales, los cuales se refieren a los chinos como “Enfermos de Asia”, Chen acude para darles una humillante lección y hacerles tragar sus palabras. Sintiéndose el hazmerreír de todos, los japoneses desatan una espiral de violencia contra los chinos, durante la cual se descubre la verdad acerca de la muerte del maestro. Decidido a vengar su muerte, Chen no tendrá límites para acabar con los responsables de esta tragedia, arriesgando su vida y el futuro de la escuela.

Tras el gran éxito obtenido por la cinta “The Big Boss” (1971), Bruce Lee trabajaría nuevamente bajo las órdenes del director Wei Lo en el film “Fist of Fury”, el cual catapultaría al actor al nivel de superestrella en Asia. En su única cinta de época como adulto, Lee interpreta a un joven estudiante dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias para vengar a su fallecido maestro. Aunque en apariencia esta película podría ser considerada como una de las tantas cintas de artes marciales donde la motivación central es la venganza, la carismática actuación de Bruce Lee, su gran capacidad interpretativa, así como su flexibilidad al momento de dotar a su personaje de características que rozan el estilo cómico y dramático, la ubica un peldaño por sobre el resto de los films de su tipo.

Ambientada a principios del siglo veinte durante la ocupación japonesa de Shanghái, “Fist of Fury” describe las violentas tensiones entre chinos y japoneses, en una época donde existía un claro y marcado antagonismo. Esta es tal vez la única cinta abiertamente nacionalista en la que Bruce Lee participó. Durante el transcurso del relato resulta evidente la crítica a la figura del invasor japonés que realiza el guión, razón por la cual se ha mencionado en varias ocasiones que la cinta además de tener un mensaje pro-China y anti-imperialista, esconde un mensaje xenofóbico que responde al contexto histórico en el que se desarrolla la historia. Esto queda demostrado en la escena en la cual el personaje de Bruce Lee visita la escuela dirigida por Hiroshi Suzuki (Riki Hashimoto), para aclararle que los chinos no son “hombres enfermos”, haciendo una clara referencia al epíteto despectivo “Enfermos de Asia”, usado por los japoneses al momento de referirse a los chinos durante la ocupación de China.

Si bien es rescatable el enorme nacionalismo que presenta el personaje de Bruce Lee, el retrato estereotipado y casi demoníaco de los japoneses es difícil de ignorar. Y es que la historia se presenta como una suerte de ejercicio catártico, cuya función no es otra más que eliminar toda la rabia acumulada por el pueblo chino durante un periodo que estuvo marcado por conflictos y humillaciones. Esto sin duda fue considerado por el director Gordon Chan, cuando realizó un remake de esta cinta titulado “Fist of Legend” (1994), el cual está protagonizado por Jet Li. En dicho film, Chan en vez de satanizar a los japoneses, prefiere atacar de forma directa las tendencias xenofóbicas de sus compatriotas, quienes durante el transcurso de la cinta discriminan constantemente a una joven japonesa que mantiene una relación amorosa con el protagonista del relato. Junto con esto, el director refuerza la idea de que se trata de países hermanos, incluyendo a algunos personajes japoneses que se muestran en contra de las ideas imperialistas de su país.

Precisamente la falla más grande que presenta “Fist of Fury”, es que tanto la historia como los personajes son unidimensionales. Es una cinta donde los personajes están polarizados en buenos o malos, sin que exista ningún punto intermedio. Los japoneses como ya había mencionado, son hombres despiadados, prepotentes, e incapaces de sentir algún tipo de compasión por los demás. En la otra vereda están los chinos, los cuales son retratados como personajes amantes de la paz, decentes y amables. Esto provoca que Chen Chen sea el único personaje complejo que presenta la película. Por un lado, él pretende vengar la muerte de su maestro y restaurar el honor de su escuela, pero por otra parte, durante este proceso se convierte en una imparable fuente de odio y destrucción, dando como resultado que sus acciones comiencen a ir en contra de todo lo que su maestro le enseño a él y al resto de sus discípulos. En ese sentido, “Fist of Fury” también se encarga de dejar en claro que por muy honorable que sean nuestras intenciones, si reaccionamos de manera errónea podemos terminar atrapados en complejas contradicciones y en sus respectivas consecuencias.

Más de treinta años han pasado desde el estreno de “Fist of Fury”, y la gran mayoría de los críticos parecen coincidir en que la cinta es un verdadero clásico, pero que al mismo tiempo presenta una serie de problemas a nivel técnico que opacan el resultado final. Algunas de las críticas más comunes tienen relación con la mala calidad de los decorados, los numerosos ángulos de cámara deplorables que presenta la película, lo caricaturesco de los villanos, y lo poco memorable que resultan ser los diálogos. Gran parte de la responsabilidad de dichas fallas es del director, quién al parecer durante el proceso de filmación de la película, perdió interés en el proyecto, lo que lo llevó a escuchar carreras de caballos en la radio mientras se encontraba en el set de filmación, en vez de dedicarse a dirigir determinadas escenas.

Desde la perspectiva de las artes marciales, la actuación de Bruce Lee es indudablemente una de las más recordadas en la historia del cine. Las escenas de pelea de esta película se caracterizan por ser increíblemente rápidas y bien coreografiadas. El mejor ejemplo de esto, es la escena en la cual Bruce Lee derrota a todos los integrantes de la escuela japonesa de artes marciales, donde además muestra sus habilidades con el nunchaku. Bruce Lee se ve como un luchador brutal, el cual con uno o dos golpes es capaz de acabar con su rival. Resulta obvio que el actor estuvo bastante involucrado en las escenas de lucha, donde incluso son distinguibles algunos movimientos típicos del Jeet Kune Do (sistema de artes marciales desarrollado por el actor), así como también se ve el esfuerzo del mismo por intentar que estas se vieran lo más realistas posible.

Independiente de los posibles fallos que pueda presentar la cinta, “Fist of Fury” rompió todos los records de taquilla y fue un auténtico éxito en toda Asia. Dejando de lado los colores políticos que presenta la película, estamos frente a una historia entretenida, donde Bruce Lee y su particular estilo de lucha se convierten en el centro de atención. Claramente estamos frente a una producción sumamente influyente, que dio pie a un par de secuelas protagonizadas por Bruce Li (el más conocido de los imitadores del actor), otra titulada “New Fist of Fury” (1976), protagonizada por Jackie Chan, una serie de televisión de treinta episodios protagonizada por Donnie Yen, y el remake antes mencionado protagonizado por Jet Li. Más allá de los errores de dirección y lo plano de algunos personajes, en términos de artes marciales y contenido emocional en su estado más crudo, “Fist of Fury” es una obra única en su especie.



por Fantomas.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...