jueves, 29 de noviembre de 2007

The Street With no Name: La respuesta del FBI al crimen organizado.

“The Street With No Name” (1948), es un thriller del director William Keighley, el cual está protagonizado por Mark Stevens y Richard Widmark.

Una ola de crímenes, incluido un asalto a un club nocturno y un asalto a un banco, está azotando a Center City. En ambos casos, han resultado asesinadas dos personas sin ninguna conexión aparente entre ellas, con la excepción del arma homicida. Debido a esto, al agente federal Gene Cordell (Mark Stevens), no le quedará más remedio que infiltrarse en una peligrosa banda criminal liderada por Alec Stiles (Richard Widmark), para encontrar al responsable de los atracos. Todo irá acorde al plan hasta que alguien le avisa a Stiles que existe un topo en su organización, hecho que pone la vida de Cordell en inminente peligro.


Como muchos de los films pertenecientes al género del cine negro, “The Street With No Name” muestra la propagación de un sinnúmero de bandas criminales como consecuencia de la revolución social vivida luego de la Segunda Guerra Mundial. Al mismo tiempo, también muestra como el FBI trabajaba para resolver los casos, y cuáles eran los medios técnicos con los que se contaba en aquel momento. Para lograr un mayor realismo, se contó con la ayuda de la agencia federal, quien además de facilitar parte de sus archivos para que Harry Kleiner escribiera el guión, permitieron que el director William Keighley trabajara, siempre que fuera posible, al interior del edificio que albergaba al Departamento de Justicia en Washington D. C., como así también en sus laboratorios de criminalística, en la Academia del FBI ubicada en Quántico, y en la oficina de agentes de campo ubicada en Los Ángeles. La razón de tanta amabilidad por parte del FBI, en ese entonces dirigido por J. Edgar Hoover, responde a que la cinta funciona como un instrumento de propaganda favorable a la institución y a la labor que esta estaba realizando en aquella época.

La película tiene la particularidad de ocupar una narrativa similar a la que se puede encontrar en obras documentales. Este tipo de narrativa fue utilizada en muchas cintas de cine negro norteamericanas, las cuales eran relatadas como si se tratara de hechos verdaderos que estaban sucediendo en aquella época en los Estados Unidos. Esta dinámica no solo permitía explicar los acontecimientos ocurridos en la sociedad norteamericana de los cuarenta, sino que además servía para relatar el papel del FBI en el combate contra la delincuencia. Ya más adelante, el estilo documental es utilizado para explicar los procedimientos utilizados en los laboratorios de criminalística, y para explicarnos algunos de los sucesos que van aconteciendo durante el transcurso de la cinta. Es importante mencionar que para lograr la atmósfera deseada, el equipo de filmación pasó alrededor de un mes filmando en las calles de Los Ángeles, donde abundaban todo tipo de maquinas tragamonedas, hoteles de mala muerte, y teatros de burlesque, los que ayudan a crear la sensación de que nos encontramos en los terrenos de los peores criminales del país. Además, se filmó en los puertos de San Pedro y en una fábrica de azúcar de Santa Ana, todo con el fin de darle un aspecto sombrío a la producción.


Sin uno logra sobrepasar los diez primeros minutos de la cinta, los cuales consisten en la algo tediosa presentación estilo documental antes mencionada, la verdad es que nos encontramos con una historia sumamente entretenida y simple. La trama resulta ser bastante sencilla; dos violentos atracos terminan en homicidio y el laboratorio del FBI ha comprobado que las balas en ambos casos fueron disparadas con la misma arma. Es ahí cuando el Bureau decide que la mejor forma de llevar el caso, es utilizar a un agente encubierto que logre insertarse en la peligrosa banda de un criminal llamado Alec Stiles, quien se cree que es el responsable de los asaltos. Dicha misión recae en los hombros del agente Gene Cordell, quien utilizando el alías de George Manly, termina siendo reclutado por Stiles y sus secuaces para un posible nuevo golpe. Desde este momento en adelante, la vida de Cordell estará en constante peligro, más aún cuando este decida ir tras la única prueba que podría condenar a Stiles y a sus asociados.

No pasará mucho tiempo antes de que el agente federal se percate del peligro en el que está inmerso. Stiles es un tipo siniestro y paranoico, cuyo descontrolado nivel de violencia lo lleva a golpear brutalmente a su esposa de manera regular. Para él, cada crimen debe ser abordado de manera casi científica, para así poder anticipar cualquier eventualidad que aparezca, lo que claramente no impide que de vez en cuando este se deje llevar por su incontrolable ira y asesine a quien se interponga en su camino sin siquiera pestañear  Aparte de la amenazante y desequilibrada personalidad del villano de turno, Cordell deberá enfrentarse a su propia inexperiencia, y a la posibilidad que dentro de las fuerzas del orden exista algún agente corrupto que le está dando información a Stiles, y que eventualmente puede dejarlo completamente en evidencia, sentenciándolo a una muerte segura. Es esta mezcla de elementos lo que provee a la cinta de un grado de tensión constante, que a la larga termina convirtiéndose en la razón principal por la cual el espectador no puede evitar mostrar verdadero interés en los giros dramáticos que presenta la historia.

Las actuaciones en general son bastante buenas, en especial la de Richard Widmark como Stiles, quien se caracteriza por ser frió y calculador, y por ser un especialista en colocar caras amenazadoras que dejan claro que es un tipo de temer. Él obtuvo el papel luego de recibir una nominación al Oscar como mejor actor secundario, por su debut en “Kiss of Death” (1947). Sin lugar a dudas, el personaje de Widmark termina siendo el verdadero protagonista del film, debido a que el director dedica una gran cantidad de minutos a la exploración de la personalidad neurótica e impredecible de este, y al estudio de la ambigüedad sexual que exhibe el villano en la relación que este mantiene con Gene Cordell. Mark Stevens por su parte, fue un actor que participó en un gran número de cintas de cine negro durante la década de los cuarenta y principios de los cincuenta, para luego dedicarse mayormente a participar en series de televisión. La verdad es que su actuación es opacada por la brillantez de Widmark, aunque de todas formas Stevens realiza una estupenda labor interpretando al temerario agente federal que decide meterse en la boca del lobo. Por último, Barbara Lawrence se encarga de interpretar a la esposa de Stiles, quien cumple un rol menor en la trama y se alza como el único personaje femenino del film.

Es destacable como el director William Keighley en uno de sus últimos trabajos pudo incluir las exigencias realizadas por la 20th Century Fox y el mismo FBI en relación a los contenidos de la película, sin la necesidad de tener que sacrificar su visión artística. Y es que no solo dota a la cinta de un ritmo narrativo dinámico, sino que además demostró con creces su habilidad para retratar al mundo criminal con un estilo que pocos directores de la época pudieron igualar. Gracias a la experta mano del realizador, al estupendo uso del claroscuro por parte del director de fotografía Joseph MacDonald, la más que correcta banda sonora compuesta por Lionel Newman, y a la estelar actuación del magnífico Richard Widmark, es que “The Street With No Name” se alza como uno de los buenos exponentes del film noir norteamericano, aún cuando no está a la altura de los grandes clásicos del género, razón por la cual un par de años más tarde el director Samuel Fuller realizaría un remake titulado “House of Bamboo” (1955).


por Fantomas.

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Life of Brian: Las desventuras de un aspirante a Mesías.

“Life of Brian” (1979), es la tercera película del grupo humorístico inglés Monty Python, conformado por John Cleese, Eric Idle, Terry Gilliam, Terry Jones, Michael Palin y Graham Chapman, quienes en conjunto se encargaron de escribir el guión del film. La dirección en esta ocasión recayó en Terry Jones.

En Judea, Brian (Graham Chapman) nace el mismo día que Jesús en un pesebre contiguo. Desde el momento en que los Reyes Magos luego de confundirlo con el Mesías, le quitan los regalos que cargaban consigo, la vida de Brian es una sucesión de desencuentros y desgracias. La verdad es que él no es más que un pobre infeliz sin trabajo, que es constantemente abochornado por su madre. Brian vive en una época en que reina la pobreza y el caos, donde cientos de hombres aseguran ser el verdadero Mesías, y donde un número no menor de feligreses está dispuesto a seguir a quien sea. Es así como Brian no podrá evitar ser proclamado Mesías, lo que le supondrá más de algún inconveniente.


Tras realizar “Monty Phyton and the Holy Grial” (1975), Eric Idle sugirió que el titulo de su próximo film debería ser “Jesucristo, ansias de gloria”. Sin embargo, esta era una de las tantas ideas que surgían en las reuniones creativas de aclamado grupo cómico británico, por lo que se terminó desechando debido a que la sola idea de realizar una parodia de Jesús resultaba algo complejo, no solo porque no era un personaje particularmente gracioso, sino que además consideraban que su discurso no era algo de lo que debían mofarse. Tras esto pensaron varias ideas más relacionadas con temas religiosos, como por ejemplo realizar un film sobre Judas Iscariote, un tipo que siempre llegaba tarde. Otra idea fue filmar la vida de San Brian, el discípulo número trece. Finalmente y luego de documentarse leyendo la Biblia, decidieron realizar una cinta acerca de un tipo contemporáneo de Jesús, cuya historia se asemejaría vagamente a la vida del verdadero Mesías.

Sin embargo, filmar una trama con tintes religiosos no les iba a resultar nada fácil. Una vez que ciertas personas ligadas a la EMI, productora encargada de financiar el film, leyeron el guión, consideraron que el tratamiento del tema caía en la blasfemia por lo que convencieron a Lord Delfont, cabeza de la EMI, que era mejor cancelar el proyecto. Al ver la situación en que se encontraban los Python, salió al rescate su amigo George Harrison. Esta no era la primera vez que el ex Beatle intentaba involucrarse en un proyecto cinematográfico ajeno a la mítica banda; algunos años antes había conversado con el director chileno Alejandro Jodorowsky sobre la posibilidad de participar en el film, “The Holy Mountain” (1973). Sin embargo, debido a que algunas de las peticiones de Jodorowsky le parecieron algo incómodas, terminó desechando su participación en la cinta. En esta ocasión, junto con su amigo, el banquero Denis O´Brien, formaron la productora Handmade Films, la que finalmente financió el film de los Python. Como agradecimiento, Harrison tiene un pequeño cameo en la película.


Como era de esperarse, luego de su estreno el film rápidamente fue tratado de blasfemo por diversos grupos de católicos en los Estados Unidos, mientras que en Inglaterra una organización llamada “Festival de la luz”, persuadió a varios países para que calificaran la cinta para mayores de 18 años. Según estos grupos, en la película existía un exceso de sátira religiosa, a la vez se trataba a los creyentes como hipócritas y fanáticos. También pensaban que durante el transcurso de la trama, se da a entender de una manera sutil que muchos de los milagros realizados por Jesús no eran más que bizarros accidentes que la gente interpretaba como milagros. Lejos la escena que más controversia causó fue la escena final, donde se muestra la crucifixión de Brian. Los cristianos criticaron el hecho de que el film se mofara de este hito donde se supone que Cristo sufrió por nosotros, buscando que nuestras culpas fueran perdonadas por Dios. En la cinta en cambio, todos los condenados a la crucifixión se ponen a cantar la canción “Always look on the bright side of life”, la cual tiene tintes humorísticos, desechando por completo la solemnidad de la situación. El director Terry Jones dijo en una entrevista en la que le preguntaron acerca de esta escena: “Cualquier religión que haga de una forma de tortura un icono al que luego adoren, honestamente me hace sentir bastante asqueado de la misma”.

Sin embargo, el que mejor explica el error que comenten todos aquellos que critican el film es John Cleese. Para él, todo radica en un error de perspectiva. Según sus propias palabras, lo verdaderamente gracioso recae en que alguien haya predicado de forma tan apasionada acerca del amor y la paz, para que luego sus seguidores se pasaran dos mil años matándose y torturándose los unos a los otros, debido a que no se pueden poner de acuerdo sobre la forma en que plasmó su mensaje. El absurdo no tiene que ver con las enseñanzas de los fundadores de la religión, sino con lo que hicieron de ellas aquellos que posteriormente se encargaron de la Iglesia Católica. Lo irónico de todo esto, es que Jesús sale solo dos veces en el film, como si se tratara de un simple cameo, por lo que nunca llega a ser el centro de las bromas. Teniendo esto en cuenta, resulta difícil entender como el film se pudo haber interpretado como una burla a la religión o a la figura de Jesús.

Como en todos los trabajos de los Python, todos los integrantes interpretan numerosos roles. En este caso personifican a centuriones romanos, feligreses en busca de algún Mesías a quien seguir, e integrantes del “Frente de la gente de Judea”, que es una especie de organización terrorista que busca derrocar a los romanos. El papel de Brian recayó en Graham Chapman, quien venia saliendo de una serie de problemas causados por su alcoholismo, lo que lo llevó incluso a internarse en una clínica escocesa debido a que sufría diariamente accesos de “delirius tremens”. Pese a esto, al igual que el resto del elenco, Chapman realiza un estupendo trabajo como este proyecto de mesías. Para la filmación de la cinta, se aprovecharon algunos de los sets construidos en Monastir, Túnez, los cuales fueron utilizados anteriormente por el director Franco Zeffirelli en su miniserie “Jesús de Nazareth” (1977).

Por su parte, el director Terry Jones se encarga de que el film tenga un ritmo narrativo dinámico por lo que este jamás se torna tedioso. Si bien gran parte de los gags que aparecen a lo largo de la película son realmente memorables, existen un par de excepciones como por ejemplo la escena en que aparecen unos extraterrestres, la cual fue incluida únicamente como guiño a la exitosa película de George Lucas, “Star Wars” (1977). El trabajo de fotografía es correcto, al igual que los créditos iniciales los que estuvieron a cargo de Terry Gilliam. Por otro lado, algunas de las canciones compuestas para el film son bastante memorables. Los Python consideran a esta película como la mejor de su filmografía, y creo que es una apreciación sumamente acertada. A pesar de que el humor británico no es del gusto de todos, este es un film que definitivamente hará reír incluso al espectador más exigente. Por este mismo motivo, “Life of Brian” aparece en gran parte de las listas que incluyen a las mejores comedias de la historia del cine, lo que sin duda la alza como una obra imperdible para todos los fanáticos del género.




* Como dato curioso, en el funeral de Graham Chapman, quien murió a los 48 años debido a complicaciones con su cáncer de garganta, su compañero de elenco Eric Idle cantó un fragmento de la canción “Always look on the bright side of life”, que había compuesto para este film.


por Fantomas.

martes, 27 de noviembre de 2007

Shoot The Piano Player: Truffaut y su particular versión del cine negro.

“Tirez sur le Pianiste” (1960), es un film del director francés François Truffaut, el cual está protagonizado por Charles Aznavour y Marie Dubois.

Charlie Koler (Charles Aznavour) trabaja como pianista en un bar de mala muerte. Un día, su hermano Chico (Albert Rémy) acude a pedirle ayuda. Este es perseguido por dos hombres, y termina escapando sin darle una explicación clara acerca de lo que le ha ocurrido. Ahora estos dos hombres están tras Charlie y Lena (Marie Dubois), quien es una camarera del bar que siente una atracción por el pianista. Todo esto provocará que Charlie revele su verdadera identidad; en realidad él es Edouard Saroyan, un virtuoso pianista de fama internacional que comenzó como profesor de piano mientras su mujer Teresa (Nicole Berger), trabajaba como camarera. Sin embargo, luego de que su esposa realizara un sacrificio con el objetivo de que un empresario lo ayudara a alcanzar el tan esquivo éxito, su vida cambio por completo, lo que lo confinó al agujero en el cual se encuentra actualmente.


“Tirez sur le Pianiste” está basada en la novela “Down There”, del escritor David Goodis. Dicha historia se centra en la vida de un pianista, quien utiliza su trabajo como vía de escape para intentar olvidar las heridas de su pasado. Tras leer la novela, François Truffaut decidió adaptar la historia con el objetivo de realizar un film que funcionara como tributo al cine negro norteamericano que tanto lo apasionaba. Junto con esto, el director aprovechó de agregar algunos elementos de la novela policíaca, que en ese entonces era conocida en Francia bajo el nombre de Serie Noire. En relación a esto, Truffaut en variadas entrevistas declaró que el tratamiento que le dio a las figuras gangsteriles en la cinta, responde a su desprecio por el mundo criminal, algo que descubrió mientras se encontraba rodando este film. Por otro lado, el relato está plagado de personajes algo atípicos, comenzando por el protagonista quien dista de ser el típico personaje que habitualmente reside en el cine negro. Charlie es un tipo tímido y cobarde, el cual prefiere huir de los problemas en vez de hacerles frente, lo cual lo ha sentenciado a una existencia miserable.

En lo que se refiere al resto de los personajes, muchos de estos presentan curiosas dualidades, como por ejemplo Clarisse, la vecina prostituta de Charlie, quien no solo presenta un sentido maternal bastante desarrollado, sino que además por momentos da la impresión de ser una mujer pura a pesar de la profesión que ejerce. Por otro lado, tenemos a la pareja de criminales los cuales se caracterizan por ser bastante torpes y extrañamente cordiales. En conjunto, estos personajes escapan a los estereotipos existentes en el cine negro, lo que facilita que el espectador se identifique con ellos. Al mismo tiempo, estos personajes algo fragmentados funcionan de mejor manera en un mundo repleto de personas solitarias y sin futuro, en el cual las relaciones interpersonales cobran una importancia especial. En ese sentido, Lena se alza como la encargada de darle una luz de esperanza a Charlie, quien solo con ella puede mostrarse como realmente es, sin la necesidad de utilizar caretas que oculten sus heridas y sus miedos.

Como en muchos de los films de Truffaut, en esta ocasión las mujeres son retratadas como seres fuertes, mientras que los hombres exhiben una evidente debilidad. De hecho, Charlie es incapaz de salir adelante por su propia cuenta, siendo Lena la que termina persuadiéndolo para que este renuncie a su actual empleo, y retome la prometedora carrera que abandonó hace ya algún tiempo a causa de su cobardía. Este retrato de los hombres como seres débiles, prácticamente dependientes de la mujer que tienen al lado, no era más que la visión de Truffaut con respecto al género masculino. Según el director, los hombres son seres cobardes y débiles por naturaleza, los cuales son incapaces de subsistir por sí solos, y que en cierta forma sufren a causa de una carencia de amor materno. Obviamente esto le valió innumerables críticas por parte de sus congéneres, lo que la verdad poco le importaba.

Es importante mencionar que la película posee un estilo narrativo un poco caótico, debido a que el director prefirió no seguir la línea narrativa habitual del género policíaco. En adición a esto, Truffaut incluye una serie de escenas que poco y nada tienen que ver con la trama, lo que por momentos complica la comprensión de la misma. Esta inconsistencia narrativa queda explicitada al poco tiempo de comenzada la película. Cuando los dos criminales llegan al bar donde trabaja Charlie en busca de su hermano, este rápidamente sale corriendo. Al verlo, los hombres no dudan en perseguirlo. Aunque lo lógico sería incluir el desenlace de dicha persecución, Truffaut no solo nos oculta lo que sucede con el hermano de Charlie, sino que además decide continuar la escena mostrando como los integrantes de la banda interpretan una canción, la cual está acompañada por la letra de la misma como si se tratara de un karaoke. A pesar del aparente caos narrativo que presenta la historia, el director logra imprimirle cierto dinamismo a la misma, capturando de esta forma la atención de espectador durante gran parte del metraje.

Algo que sin duda llama la atención, es que la situación que desencadena gran parte de los acontecimientos en los que se centra la cinta, eventualmente se convierte en algo que no tiene demasiada importancia en la trama. Y es que la historia se enfoca en el sufrimiento del protagonista, y en su imposibilidad de salir adelante. Su falta de carácter, su pesimismo y sus pésimas decisiones lo han convertido en un hombre temeroso, incapaz de lidiar con las distintas situaciones que se presentan en su diario vivir. En cierta medida, Charlie es un ente acostumbrado a una existencia miserable, que con la aparición de Lena tendrá que intentar retomar la vida que alguna vez dejó atrás.

En el ámbito de las actuaciones, en general el elenco realiza un buen trabajo, destacándose la labor de Charles Aznavour, quien fue llamado por Truffaut luego de que este viera su actuación en el film “La tête contre les murs” (1959), del director George Franju. Por otro lado, la banda sonora compuesta por George Delerue complementa de manera perfecta cada una de las situaciones que nos presenta el film, otorgándole una atmósfera melancólica a ciertos pasajes del film. Truffaut se atrevió a realizar un híbrido entre varios géneros, que en su tiempo fue mal recibido por el público y la crítica, básicamente porque rompía con los esquemas narrativos clásicos, cosa que incomodó a los espectadores. Sin embargo, es esa característica lo que ayudó a que el film envejeciera de buena manera, razón por la cual ahora es visto como una de los mejoras obras del director francés. En definitiva, “Tirez sur le Pianiste” es una cinta absolutamente recomendable, la cual se presenta como un buen punto de partida para empezar a conocer la obra del aclamado François Truffaut.



por Fantomas.

lunes, 26 de noviembre de 2007

Tras el cristal: Definitivamente un film no recomendado para gente impresionable.

“Tras el cristal” (1987), es un film de terror psicológico del director Agustí Villalonga, el cual está protagonizado por David Sust, Marisa Paredes y Günter Meisner.

Klaus (Günter Meisner), un ex-doctor nazi que ha quedado paralizado del cuello hacia abajo luego de un intento de suicidio fallido, se ve forzado a aceptar a un joven llamado Angelo (David Sust) como su enfermero, luego de que este lo amenaza con revelar su pasado, el cual estuvo relacionado con torturas, asesinatos y pedofilia
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Gilles de Montmorency-Laval, más conocido como el Barón de Rais, fue uno de los líderes del ejército francés durante la Guerra de los Cien años, en la que el pueblo galo se enfrentó a los británicos. Pese a que batalló junto a Juana de Arco, quien luego fue capturada y quemada en la hoguera por los británicos, el Barón no es recordado como un héroe de guerra, sino que como un asesino serial y un pedófilo, el cual se cree que torturó, asesinó y abusó sexualmente de al menos un centenar de niños. Intrigado por la historia del infame Barón de Rais, el director y guionista español Agustí Villaronga decidió desarrollar un guión basado en ciertos aspectos de la vida del criminal francés. Debido a que contaba con un presupuesto de solo 300.000 dólares, Villaronga optó por trasladar el relato a la España post Segunda Guerra Mundial, y convirtió al Barón en un ex-doctor nazi llamado Klaus, quien supuestamente durante el conflicto bélico realizó una serie de experimentos con niños, que posteriormente derivaron en actos de tortura y abuso que quedaron en total impunidad.

De esta forma, “Tras el Cristal” ahonda en algunos aspectos de la vida de Klaus luego del término de la Segunda Guerra Mundial. Luego de huir de la Alemania nazi, Klaus decide esconderse en España, donde por un tiempo no puede evitar seguir torturando y abusando de pequeños niños inocentes. Es en el marco de su perversión que no contento con cometer actos violentos, Klaus se dedica a tomar fotografías de cada una de las etapas de la tortura a la que somete a sus víctimas. Dominado por el sentimiento de culpa y una fuerte depresión, después de secuestrar y asesinar a un niño, Klaus decide saltar desde una ventana con la intención de suicidarse. Sin embargo, lo único que logra es quedar paralítico desde el cuello hacia abajo, lo que lo obliga a pasar sus días conectado a un pulmón artificial. Lo que él no sabe, es que su último episodio de violencia fue observado de cerca por un muchacho que se escondía entre las sombras, el cual además robó la carpeta que contenía todas las fotos que Klaus había sacado durante años, y el diario personal del pedófilo, en el cual relataba con lujo de detalle todos sus escalofriantes encuentros con menores de edad.

Debido a la extrema dependencia del ahora paralítico Klaus, Griselda (Marisa Paredes), la esposa de este, comienza a buscar a alguien que pueda cuidarlo mientras ella se ocupa de Rena (Gisèle Echevarría), la pequeña hija de ambos. Es así como conoce a Angelo, un joven que dice ser enfermero motivado por el interés que le produce la figura del buen doctor. Aún pese a la desconfianza que le provoca el extraño muchacho, Griselda decide contratarlo y le cede una habitación en su casa, para que así pueda cuidar permanentemente a su marido. Mientras que Angelo desarrolla una relación distante con Griselda, rápidamente establece una relación de amistad con la pequeña Rena, y pone en marcha una serie de perturbadores juegos sexuales con el discapacitado Klaus. Eventualmente, el joven revela que su sueño es seguir la senda del ahora postrado pedófilo, para así continuar con su reinado del terror. Para lograr aquello no solo tendrá que deshacerse de Griselda, sino que además deberá sacar a flote las pasiones más oscuras de su mentor involuntario, desatando de esta forma la locura de todos los habitantes de la recluida casa del criminal nazi.

En lo que puede ser considerado como una cruel ironía, con la llegada del perturbado Angelo a la casa de Klaus, se produce un peculiar cambio de roles donde el ex-oficial nazi se convierte en una víctima indefensa de un joven cuyas perversiones lo llevan a abusar física y psicológicamente de un hombre que se encuentra totalmente postrado. Al mismo tiempo, al pedófilo no le queda más remedio que ver impotente como el muchacho aterroriza a su esposa, y se convierte en una distorsionada figura paterna para la pequeña Rena. Y es que mientras más tiempo pasan juntos víctima y victimario, más rápida es la metamorfosis de Angelo, quien gradualmente comienza a convertirse en lo que alguna vez fue su mentor. Es así como el joven convierte la casa en una suerte de campo de concentración, cuyos habitantes pasan a ser sus conejillos de india personales, y donde el terror y la claustrofobia dominan cada rincón del alguna vez tranquilo hogar del criminal de guerra.

En gran medida, la turbulenta trama de “Tras el Cristal” funciona de buena manera gracias al estupendo trabajo del elenco participante. Mientras que Günter Meisner realiza una magnífica labor interpretando al despreciable criminal nazi, Marisa Paredes interpreta de forma impecable a una mujer que descubre con horror los crímenes cometidos por su marido en el pasado, y la cual que debe soportar los vejámenes a los que es sometida por un sujeto que está completamente loco. Sin embargo, quien realmente se destaca por sobre el resto es Davis Sust, cuya escalofriante interpretación de Angelo, un joven cuyas pulsiones lo llevan a cometer una serie de atrocidades difíciles de digerir, es uno de los puntos más altos del film. En cuanto al aspecto técnico de la cinta, resulta destacable el trabajo de fotografía de Jaume Peracaula, cuya inclinación por una paleta de colores dominada por tonos grises y azules, en gran medida es responsable de la atmósfera claustrofóbica y enfermiza que domina al relato. Por otro lado, la efectiva banda sonora del compositor Javier Navarrete, se complementa de manera perfecta con las perturbadoras imágenes proyectadas por el director Agustí Villaronga.

Al igual que otras producciones cinematográficas que a través de los años han decidido explorar temas escabrosos o abiertamente demoniacos, “Tras el Cristal” presenta una serie de anécdotas de carácter esotérico y sobrenatural, como por ejemplo aquella que tiene relación con la ceguera transitoria que experimentó David Sust durante el proceso de rodaje. Por otro lado, el director en una ocasión mencionó que jamás pudieron filmar en una de las habitaciones de la casa utilizada en la producción, debido a que siempre ocurrían problemas que no respondían a ninguna explicación lógica. Por último, Villaronga también comentaría que al interior de la misma casa, se encontraron una serie de hongos alucinógenos, los cuales generalmente están relacionados con la práctica de aquelarres. Más allá de estos datos curiosos, es necesario mencionar que “Tras el Cristal” se caracteriza por ser una película de terror psicológico increíblemente perturbadora y efectiva, la cual contiene una serie de escenas que al espectador le resulta difícil digerir. Y es que básicamente Villaronga retrata la infecciosa naturaleza de la crueldad humana de la manera más cruda posible, lo que termina convirtiendo a esta película en una experiencia realmente inolvidable.


por Fantomas.

sábado, 24 de noviembre de 2007

From Russia With Love: El regreso de James Bond.

“From Russia With Love” (1963), es un film del director Terence Young, el cual está protagonizado por Sean Connery, Daniela Bianchi, y Pedro Armendáriz.

La organización criminal SPECTRE elabora un siniestro plan el cuál tiene por objetivos enemistar a Inglaterra con Rusia, apoderarse de un decodificador Lector propiedad de los rusos, y de paso eliminar a James Bond (Sean Connery), responsable de la muerte de un agente conocido como el Dr. No. Para lograr todo esto, Rosa Klebb (Lotte Lenya), ex jefa de operaciones de la inteligencia soviética (SMERSH) y actual agente de SPECTRE, convence a la agente rusa Tatiana Romanota (Daniela Bianchi) para que sirva de cebo y atraiga a Bond a Estambúl, con el fin de ayudarle a conseguir el preciado decodificador. A pesar de que Bond sospecha que es una trampa, la oferta es demasiado tentadora como para dejarla de lado.


Luego del éxito obtenido con “Dr. No” (1962), los productores Harry Saltzman y Albert R. Broccoli se lanzaron a la tarea de ver cual de las novelas de Ian Fleming adaptarían esta vez. La escogida fue “From Russia With Love”, la cual era la quinta novela del escritor, y la verdad es que más allá del hecho de que esta contara con personajes interesantes y una trama envolvente, terminó siendo seleccionada por un motivo bastante especial. El presidente John F. Kennedy en una revista nombró a la novela como uno de los mejores diez libros del año. Esto significó que aumentaran de manera considerable las ventas de la edición de bolsillo de esta, alzando a Bond como un fenómeno literario. Debido al súbito éxito de la novela, esta terminó convirtiéndose en la elección más obvia para llevarla a la pantalla grande.

El elenco nuevamente estaría encabezado por Sean Connery en el papel de James Bond. Aunque Connery solo había firmado para actuar en el primer film, tras el éxito del “Dr. No” fue contratado para filmar las tres siguientes películas de la saga. En cuanto al resto del elenco, la elegida para interpretar a la chica Bond de turno fue la italiana Daniela Bianchi, quien había sido finalista del concurso Miss Universo de 1960, y cuya experiencia actoral se limitaba a solo tres películas filmadas en su país. De hecho, su voz tuvo que ser doblada por la actriz británica Barbara Jefford, debido a la dificultad que tuvo Bianchi para hablar inglés. Para el papel de Kerim Bey, el contacto de Bond en Turquía, fue contratado el actor mexicano Pedro Armendáriz, el cual era un colaborador habitual del director John Ford, quien recomendó al actor para el papel. Lamentablemente, Armendáriz estaba luchando contra un cáncer terminal por lo que cuando la enfermedad se hizo evidente, se tuvo que cambiar el plan de rodaje para así terminar sus escenas de la forma más rápida posible. Para las pocas tomas que no pudieron ser realizadas por el actor, fue utilizado un doble y en ocasiones las realizó el mismo Terence Young. Un mes después de terminadas las escenas, Armendáriz se suicidó, tal y como lo hiciera su amigo
Ernest Hemingway.

Por el lado de los villanos del film, para el papel de la coronel Rosa Klebb se escogió a la actriz/cantante austriaca Lotte Lenya, más conocida por su papel en “La ópera de tres peñiques”. Debido a su aspecto poco agraciado y algo masculino, era la opción perfecta para personificar a la sádica oficial soviética que presenta algunas tendencias lésbicas. En cuanto a Robert Shaw, el actor que personifico a Red Grant, el asesino seleccionado por SPECTRE para eliminar a 007, era más conocido como dramaturgo que como actor, pero debido a su físico fue llamado finalmente a participar en el film. Con el fin lograr que este proyectara la imagen de ser una persona físicamente imponente, se preparó durante meses realizando un curso de culturismo acelerado y algunas clases de lucha greco-turca. Además de todo eso, pasaba horas ensayando las escenas de lucha junto a Connery en un gimnasio de Estambul.

Este film sería el que marcaría algunas pautas para el resto de las entradas de la saga de Bond. Por ejemplo, es el primer film donde aparece Q (por ende, marca el inicio de la utilización de artefactos especiales que en algún momento de la historia terminan ayudando a 007) interpretado por Desmond Llewelyn, quien fuera llamado luego que el actor Peter Burton, quien interpretara al mayor Boothroyd en “Dr. No” (era quien le entregaba la Walter PPK a Bond), no pudiera trabajar en el film debido a otras obligaciones que tenía en ese momento. El personaje de Q posteriormente aparecería en la gran mayoría de los films de Bond con las excepciones de “Live and Let Die” (1973), y las últimas tres entradas de la serie. Además, esta cinta inauguraría la tradición de las escenas de acción que sirven como introducción de la historia. La secuencia en donde Grant acecha al falso Bond en el laberinto, estaba pensada para ser ubicada luego de los créditos iniciales. Sin embargo, el editor Peter Hunt junto con Terence Young, decidieron utilizar esa escena como la introducción del film, sentando un precedente que luego sería imitado por el resto de los directores que se encargaron de realizar las distintas películas de la saga.

Además de estos nuevos elementos, es la primera vez que aparece el líder de SPECTRE, Ernst Stavro Blofeld, aunque su rostro recién será revelado en el film “You Only Live Twice” (1967). Las manos de este amante de los gatos eran las manos de Anthony Dawson, quien interpreto al profesor Dent en “Dr. No”, mientras que su voz era del actor vienés Eric Pohlmann. Acá también nació la idea de ponerle número a los agentes de SPECTRE, según su posición dentro de la organización, siendo obviamente Blofeld el número uno y Klebb en este caso la número tres. En cuanto a la banda sonora, esta vez estuvo a cargo de John Barry, quien estableció el tono musical de la serie, y que además compuso “007”, tema que posteriormente seria utilizado en otros films como “Thunderball” (1965), “Diamonds are Forever” (1971) y “Moonraker” (1979). Finalmente, es en esta película donde se instauraría la idea de utilizar distintos cantantes de moda para que interpretaran la canción principal del film. En esta ocasión, el tema interpretado por Matt Monro y compuesto por Lionel Bart, terminaría recibiendo una nominación a los Globos de Oro.

La producción comenzó en los estudios Pinewood en Londres, y posteriormente el elenco y el equipo de filmación se trasladó a Turquía por tres semanas para filmar los exteriores utilizados en el film. La mayoría de las escenas de persecución que transcurren en la ex Yugoslavia y el Golfo de Venecia, fueron filmadas en Escocia. Aunque las escenas que transcurren dentro del Expreso Oriente fueron rodadas en los estudios Pinewood, el tren había vuelto a funcionar en aquella época luego de un receso de diez años. Este film goza de una mayor cantidad de escenas de acción que su predecesora, destacándose la pelea en el campamento gitano y la persecución donde es utilizado un helicóptero. Esta escena es un tributo a la famosa escena del campo de maíz del film de Alfred Hitchcock, “North by Northwest” (1959). Cabe destacar que la lucha dentro del tren entre Bond y Grant, a pesar de su corta duración (no más de dos minutos), tomó tres semanas para poder completarla. La lucha fue coreografiada por Young y por Peter Perkins, quien era el coordinador de dobles de riesgo. La escena fue filmada con tres cámaras, y fue realizada casi por completo por los mismos actores.


Sin duda en este film se arreglaron muchos de los pequeños defectos mostrados por la primera entrega, así como también se agregaron muchos elementos que serian parte del sello de la saga del agente secreto. Acá Connery ya se posesiona por completo del personaje, y al verlo es fácil entender porque es considerado como el mejor de los Bond. El film cuenta con buenas actuaciones, con la excepción de Daniela Bianchi cuyo desempeño es bastante flojo. Sin embargo, la actriz exhibe una gran química con Connery, y logra deslumbrar al espectador con su belleza. Terence Young nuevamente demuestra ser un excelente director, quien maneja los tiempos de forma eficiente al igual que el nivel de tensión del film. Las escenas de acción están bien logradas, pero al espectador actual pueden parecerles algo simplonas. Por todo lo antes mencionado, esta producción se alza como uno de los mejores films de la saga (también es el preferido de Connery), y como uno de los grandes clásicos del llamado cine de espías.



por Fantomas.

viernes, 23 de noviembre de 2007

The Third Secret: Hay secretos que debieran permanecer enterrados.

“The Third Secret” (1964), es un thriller del director Charles Crichton, el cual está protagonizado por Stephen Boyd y Pamela Franklin.

Leo Whiset, un famoso psicólogo, tras ser hallado agonizante por su sirvienta, pronuncia unas frases sin sentido antes de fallecer. El periodista de televisión Alex Stedman (Stephen Boyd), paciente de Whiset, recibe la visita de Katie (Pamela Franklin), la hija de catorce años del fallecido psicólogo, la cual cree fervientemente que su padre no se suicidó como afirma la policía, sino que fue asesinado por uno de sus pacientes. Ella sabe quienes eran los pacientes del doctor, por lo que le pide a Alex que le ayude a investigar quien de ellos es el culpable. Alex acepta, pero en el fondo sabe que el encontrar la verdad puede transformarse en un camino sin retorno.


Dentro del cine británico realizado durante la primera mitad de la década de los sesenta, es común encontrarse con producciones filmadas en un glorioso blanco y negro, las cuales por lo general se enmarcan dentro del género del thriller. Dentro de esta gama de cintas se encuentra “The Third Secret”, un thriller de tintes psicologistas escrito por el guionista y productor Robert L. Joseph, y dirigido por Charles Crichton, quien es mayormente conocido por las numerosas comedias que realizó para la desaparecida productora Ealing. El relato comienza en el sótano de una antigua edificación londinense, donde una ama de llaves encuentra al doctor Leo Whitset, quien está a punto de morir a causa de un tiro en la sien. Si bien el supuesto suicidio del eminente psicólogo ha perturbado a varias personas, los cuales en su gran mayoría fueron sus pacientes, quien se ve más afectada con su muerte es Katie, su hija adolescente, quien no puede creer que su padre se haya quitado la vida. Esto la llevará a pedirle ayuda a un presentador norteamericano llamado Alex Stedman, quien hace algún tiempo se encontraba bajo la supervisión de Whitset.

Tras la insistencia de Katie, finalmente Alex Stedman termina siendo arrastrado a investigar los hechos que terminaron con la muerte de Whitset. Si bien en un principio él cree en la hipótesis del suicidio, a medida que avanza la investigación comienza a cambiar de opinión, ya que son varios los indicios que indican que uno de los pacientes del psicólogo es un verdadero psicópata. Al mismo tiempo que se examinan ciertos detalles de la investigación que llevan a cabo los protagonistas, van siendo revelados algunos de los rasgos psicológicos de los mismos, los que indican que quizás no son las personas más indicadas para llevar a cabo semejante tarea. Stedman no solo es un hombre violento dominado por sus constantes pesadillas, sino que además comienza a desarrollar una relación algo cuestionable con Katie. En lo que respecta al resto de los pacientes del psicólogo, gran parte de ellos son retratados como personas frágiles y temerosas de sí mismas, las cuales tienen un sinnúmero de dificultades para relacionarse con los demás.

Por la naturaleza fragmentada que exhiben los pacientes de Whitset, es inevitable que estos se vean sumamente afectados por su muerte, ya que en cierta medida han perdido a la única persona capaz de ayudarlos a soportar el complejo día a día. Es esta dependencia algo enfermiza que exhibe gran parte de los antiguos pacientes del doctor, lo que los convierte en sospechosos de la muerte del facultativo. Si bien la idea de explorar los distintos problemas de los pacientes de Whitset resulta interesante, lamentablemente el director no le dedica muchos minutos a las patologías que sufren cada uno de los distintos pacientes, por lo que solo nos enteramos de ciertos rasgos psicológicos de cada uno de ellos. Y es que nos es revelado que los atormenta, que no los deja vivir en paz, pero jamás sabemos que fue lo que los llevó a consultar al psicólogo. Si bien esto resulta ser algo decepcionante, por otro lado el halo de misterio que envuelve a cada uno de los sospechosos ayuda a realzar las interrogantes que rodean la muerte de Whitset.

Quizás unos de los elementos más interesantes de "The Third Secret" sea la relación que se da entre Alex y Katie. Aún cuando no sabemos muy bien que los ha unido en un principio, finalmente serán los recuerdos que comparten del doctor Whitset lo que los llevará a iniciar una investigación con una determinación a toda prueba. Durante gran parte de la cinta, la relación entre los protagonistas está marcada por una complicidad sin límites, que por momentos pareciera estar teñida por una patente tensión sexual. Y es que en el fondo se trata de dos personas perturbadas por distintos motivos, los cuales se apoyan mutuamente de forma incondicional. Lo que en cierta medida confirma que entre estos personajes existe una suerte de atracción que va más allá de la amistad, es la actitud penetrante que tiene Katie, quien se comporta como una adulta en presencia de Alex, cuyos monstruos internos lo llevan a sumergirse en peligroso juego del que le será difícil escapar.

En lo que a las actuaciones se refiere, sobresale la labor de Pamela Franklin, quien sin duda se roba la película. Stephen Boyd por su parte, realiza un trabajo bastante irregular, lo que no permite que su personaje sea completamente creíble. En cuanto al aspecto técnico del film, resulta destacable la banda sonora compuesta por Richard Arnell, la cual ayuda a aumentar la tensión de ciertos pasajes de la historia, y el maravilloso trabajo de fotografía de Douglas Slocombe, cuyo manejo de la luz y la sombra ayuda en gran medida a reflejar la psiquis fragmentada los protagonistas y de cada uno de los sospechosos que desfilan durante el transcurso de la película. Por otra parte, Charles Crichton le imprime a la cinta un ritmo narrativo algo irregular, el cual deja en evidencia gran parte de los agujeros que presenta el guión. Es por este motivo que una vez finalizado el relato, quedan algunas interrogantes sin respuesta, lo que obviamente resulta algo decepcionante.

Más allá de los problemas que presenta el film, Charles Crichton se las arregla para entregarnos una cinta interesante, cuya trama policial se encuentra dominada por un par de interrogantes que rápidamente atrapan el interés del espectador durante todo el transcurso del metraje. Quizás si el director le hubiese dedicado algunos minutos más a la exploración de la psiquis de los diversos sospechosos, esta producción se hubiese convertido en un verdadero clásico. En definitiva, "The Third Secret" se presenta como una película recomendable gracias a lo inteligente del planteamiento de la intriga psicológica, la densidad de sus personajes, y lo atemporal que resulta ser la historia. Es a raíz de todo esto que estamos llamados a rescatar del olvido a esta producción injustamente subvalorada, la cual bien podría ser considerada como una pequeña joya del cine británico de los sesenta.




por Fantomas.

jueves, 22 de noviembre de 2007

Cine expresionista alemán: El uso de las sombras y la abstracción en la pantalla grande.

El Expresionismo nace a principios del siglo XX en Alemania. Es una corriente artística que busca la expresión de los sentimientos y las emociones del autor más que la representación de la realidad objetiva y que nace debido a la necesidad de los artistas de expresar su disconformidad con la situación existente en su país. En aquella época, el país sufría las consecuencias por un lado, de los condicionamientos impuestos por el Tratado de Versalles, los acontecimientos sociales y políticos producto de los movimientos revolucionarios de los años 1918-1919, la hostilidad de la burguesía nacionalista, la influencia de los grandes industriales, además de la grave situación económica de ese período.

Es por eso que el expresionismo revela el lado pesimista de la vida generado por las circunstancias históricas del momento. La cara oculta de la modernización, la alineación, el aislamiento, la masificación, se hizo patente en las grandes ciudades y los artistas, creyeron que debían captar los sentimientos más íntimos del ser humano. La angustia existencial es el principal motor de su estética. El fin es potenciar el impacto emocional del espectador distorsionando y exagerando los temas. Representan las emociones sin preocuparse de la realidad externa, sino de la naturaleza interna y de las impresiones que despierta en el observador.

El cine expresionista se desarrolló mayormente durante la República de Weimar (1918-1933), o sea durante la primera democracia alemana. La película que abrió las puertas a una producción cinematográfica artística casi inexistente en Alemania y que daría las pautas estéticas y las temáticas que guiaran el camino del resto de los realizadores expresionistas es “El gabinete del Dr. Caligari” (1919) de Robert Wiene.
En las creaciones de la cinematografía expresionista se pueden distinguir dos líneas temáticas diferenciadas que son, el tema de lo fantástico y el drama social y psicológico. En ambas temáticas se representaba la crisis social que se vivía en aquellos años, debido a que en ambos casos es expresa una inestabilidad y angustia existencial, en que queda evidenciada la crisis moral, toma importancia el tema de muerte, aparecen personajes que ejercen algún tipo de violencia física y moral, etc. Los personajes, tal y como sucede en el cine negro se caracterizan por su ambigüedad. Hacer que personajes aparentemente siniestros se revelen como bastante inofensivos es algo que se ve comúnmente en este género cinematográfico.

Otra característica que comparte este género con el del cine negro es que la mayoría de los dramas psicológicos del expresionismo están ligados a la crítica social, donde el pueblo es el protagonista, lo que ayuda al espectador a identificarse más fácilmente con los personajes del film.
La sexualidad ocupa también un lugar importante dentro de las temáticas del género, donde la prostitución, la homosexualidad, e incluso las enfermedades venéreas, son los temas que aborda el cine de le época de forma bastante cruda. En la Alemania de aquellos tiempos la prostitución se hallaba muy extendida, por lo que los cineastas no dudaron en plasmar su visión acerca de este tipo de temáticas.

La escenográfia en el cine expresionista tiene una gran importancia. Por lo general se caracteriza por tener una estética deforme y abstracta, con calles y perspectivas que no tienen profundidad real, no se respetan los ejes verticales, la gran cantidad de direcciones diagonales dan la impresión de movimiento. Lo que interesa aquí es crear la inquietud y el terror. A través de estas deformaciones calculadas, el cineasta dispone de medios que le permiten representar la complejidad psíquica con intensidad.
Los realizadores expresionistas tenían la tendencia o no realizar tomas en exteriores. Sin embargo, “Nosferatu” (1922) de F. W. Murnau, es una excepción a esta “regla” del cine expresionista, debido a que fue realizado en exteriores sin que esto mermara de alguna forma la estética gótica y tenebrosa del género.

En cuanto a la iluminación, se tomó como referencia lo hecho por Mac Reinhardt en sus puestas teatrales, con lo que los directores lograron imprimirle un sello reconocible a sus films mediante la elaboración del claroscuro. La idea era utilizar el contraste acentuado de luces y sombras, iluminando de forma brusca a un personaje o a un objeto para concentrar la atención del espectador, al tiempo que se deja a todos los demás personajes y objetos sumidos en tinieblas.
El método que consiste en destacar, a menudo con exceso, el relieve y los contornos de un objeto o las molduras de un decorado, se convertirá en una característica del expresionismo alemán.
El cine expresionista alemán supo sacar un gran provecho de las sombras para dar connotación de lo amenazante, del presagio siniestro, y en gran medida convertirla en imagen del destino.

Las interpretaciones en estos films tienden a exteriorizan las emociones y las reacciones psíquicas en la forma más exagerada. Esto es debido a la concepción de que el ritmo de un gran gesto se encuentra más cargado de sentido y emoción que el comportamiento natural. Es por esto que cuando se intenta mostrar sentimientos, los actores lo harán de forma bastante extrema, siendo violenta o abrupta en ocasiones, con movimientos mecánicos y en algunos casos se vera un uso excesivo del maquillaje. Ver este tipo de gesticulación puede resultar molesta o absurda para al espectador no familiarizado con este tipo de cine. Sin embargo se debe entender esta deformación expresionista de los gestos como la contraparte de la deformación de los objetos, o sea es el complemento de la estética abstracta de estos films.

El cine expresionista se extingue hacia el año 1926, año en el cual Alemania alcanza una breve etapa de estabilidad económica y política. “Fausto” (1926) de F. W. Murnau y “Metrópolis” (1927) de Fritz Lang fueron los últimos exponentes del expresionismo en el cine. Luego el cine alemán tendería más al realismo y serian pocos los elementos del expresionismo que se seguirían utilizando en el cine alemán.

Diez films para empezar a familiarizarse con el expresionismo alemán:

- El gabinete del Dr. Caligari (1919) Dir. Robert Wiene
- El Golem (1920) Dir. Paul Wegener y Henrik Galeen
- Las tres luces (1921) Dir. Fritz Lang
- Nosferatu (1922) Dir. F. W. Murnau
- Dr. Mabuse el jugador (1922) Dir. Fritz Lang
- Los Nibelungos (1924) Dir. Fritz Lang
- La última risa (1925) Dir. F. W. Murnau
- El estudiante de Praga (1926) Dir. Henrik Galeen
- Fausto (1926) F. W. Murnau
- Metrópolis (1927) Dir. Fritz Lang

por Fantomas.

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