lunes, 28 de abril de 2008

Gaslight: Un thriller psicológico en la Inglaterra victoriana.

“Gaslight” (1944), es un film de suspenso del director George Cukor, el cual está protagonizado por Ingrid Bergman, Charles Boyer, Joseph Cotten y Angela Lansbury.

La tía de Paula (Ingrid Bergman), la famosa artista Alice Alquist, es asesinada en su casa. Paula, que vive con ella, es quien encuentra el cuerpo. La policía no logra dar con el asesino y la niña es enviada a Italia con un tutor. Diez años más tarde, Paula vuelve felizmente casada a la antigua casa de su tía en Londres. Sin embargo, la felicidad inicial se torna algo siniestra cuando extraños sucesos comienzan a atormentarla; luces que de un momento a otro disminuyen de intensidad, sonidos de pasos en un ático completamente sellado, y objetos que de un momento a otro desaparecen del lugar en el que los dejó. Eventos misteriosos que solo la joven y vulnerable Paula ve, y que lentamente comienzan a volverla loca, que es precisamente lo que espera su maquiavélico esposo George (Charles Boyer).


Cuando la obra de teatro “Gaslight” llegó a los Estados Unidos bajo el nombre de “Angel Street” a comienzos de 1939, obtuvo un éxito inusitado. De hecho, cuando llegó a Broadway estuvo en cartelera por casi tres años. Al ver esto, los estudios Columbia rápidamente se hicieron de los derechos para realizar una versión cinematográfica de la obra, pero por una serie de complicaciones el proyecto quedó suspendido por un tiempo. Sin preocuparse de la situación que estaba aconteciendo en Norteamérica, la productora inglesa British Nacional lanzó su propia versión de la obra en 1940, adelantándose a cualquier movimiento de la Columbia. La cinta tuvo una buena acogida en su país de origen, por lo que los ejecutivos de la Columbia se vieron en el dilema de ver si ellos realizaban su propio film o sencillamente llegaban a un acuerdo de distribución con la productora inglesa, pudiendo así obtener ganancias sin realizar ningún esfuerzo.

Conversaciones más, conversaciones menos, los ejecutivos de la Columbia decidieron venderle los derechos de la cinta a la MGM, estudio que rápidamente comenzó a hacer las gestiones necesarias para lanzar la versión norteamericana de “Gaslight”. Lamentablemente para las pretensiones del estudio, en aquel momento existía un buen número de copias de la versión británica circulando en los Estados Unidos. Debido al miedo de que un posible relanzamiento de la versión inglesa entrara en directa competencia con la versión norteamericana, la MGM cerró un curioso trato con la British Nacional; pese a que los británicos aceptaron no distribuir la cinta en Norteamérica, la MGM se empecinó en destruir todas las copias y los negativos circulantes de la versión de 1940. Afortunadamente algunas copias sobrevivieron, por la que la versión original de “Gaslight” vio la luz nuevamente en 1950. Para ese entonces, la versión de la MGM había logrado su objetivo; quedar grabada en la retina del público, opacando de esta forma a la cinta original.

Los cambios realizados en el remake de la MGM son bastante variados. Para comenzar, en la versión de 1944 la heroína está directamente relacionada con la víctima del asesinato que da inicio a la trama; tras la muerte de su madre, Paula queda bajo la tutela de su tía Alice, quien es una famosa artista de la escena musical. Es por este motivo que el film no pierde mucho tiempo centrándose en el asesinato, sino que se preocupa de desarrollar el efecto traumático que este acontecimiento ha tenido en la joven Paula, trauma que posteriormente aprovechará su esposo para intentar volverla loca. En la versión de 1940, la víctima del asesinato es una señora adinerada la cual vivía sola con sus criadas. El asesinato se muestra con lujo de detalles, dejando entrever las razones que tuvo el asesino para cometer semejante crimen. Como la heroína de esta cinta no tiene relación alguna con dicho hecho, su esposo la maltrata sicológicamente a sabiendas de que ella había sufrido algunas crisis nerviosas en el pasado. Esto claramente nos deja con dos protagonistas de características distintas; mientras que en la versión inglesa se muestra a una mujer que en todo momento es frágil, en la versión de la MGM la protagonista, quien en un principio se muestra segura de sí misma, tras el asesinato se convierte en una inválida emocional que no puede lidiar de manera adecuada con la felicidad de su nuevo matrimonio.

Por otra parte, si en la versión original el personaje que hacia las labores de detective era un policía retirado que ahora trabajaba criando caballos, en la de la MGM la labor detectivesca se divide entre dos personajes. Por un lado tenemos a un joven detective que trabaja en Scotland Yard, personificado por Joseph Cotten, quien casualmente decide reabrir el caso del asesinato ocurrido años atrás, y que convenientemente se convierte en una especie de romántico caballero al rescate de la heroína. Respondiendo a una glamorización de los personajes, el detective interpretado por Cotten es retratado como una especie de caballero aristócrata, el cual es invitado a exclusivos conciertos y posee amistades bien catalogadas socialmente. Por todo esto es justo considerar a este personaje como la perfecta combinación entre Sherlock Holmes y el príncipe encantador. El otro personaje envuelto en las labores de investigación está interpretado por Dame May Whitty, quien personifica a la Sra. Thwaites, la viejita curiosa del barrio que muestra un inusitado interés por averiguar lo acontecido años atrás en la casa de Alice Alquist. Aunque la función principal de la improvisada detective es actuar como alivio cómico a los diversos momentos de tensión que presenta el film, es inevitable que por momentos desvíe el foco de atención de una historia espléndidamente bien narrada, adquiriendo más protagonismo del necesario.

Otro de los personajes cuyas características fueron cambiadas, fue el de la criada Nancy, personificada en la versión de la MGM por la entonces debutante Angela Lansbury, de tan solo 19 años. Si bien en la versión original la criada se burlaba a escondidas de la dueña de casa, y en un determinado momento de la cinta comienza una relación extramarital con su patrón, en el remake se muestra a Nancy como una joven sumamente insolente, la que incluso podríamos decir que obtiene un cierto grado de placer cuando se enfrenta o ridiculiza a Paula. En cuanto al adulterio, en la versión de 1944 no pasa del simple coqueteo, por lo que este aspecto no resulta realmente relevante en dicha versión. Sin lugar a dudas, la versión de 1944 cumple con entregarnos unas buenas dosis de suspenso, y al mismo tiempo deja que las estrellas brillen en cada una de las escenas donde participan. El elenco en su totalidad realiza un estupendo trabajo, en especial la pareja protagónica conformada por Bergman y Boyer.

Aún cuando la cinta de 1944 es bastante más predecible que el largometraje original, la primera cuenta con una serie de virtudes que la alzan por sobre la versión británica, como por ejemplo las ya mencionadas actuaciones del elenco participante, donde Ingrid Bergman ganó un Oscar por su trabajo en este film, mientras que Charles Boyer y Angela Lansbury obtuvieron nominaciones por sus interpretaciones. Además, obtuvo un Oscar por su dirección de arte, y fue nominada en las categorías de mejor película, mejor guión, y mejor fotografía. Independiente de los galardones obtenidos, sin lugar a dudas ambas producciones presentan una historia interesante, cuyo potencial fue explotado de la mejor manera posible tanto por George Cukor como por Thorold Dickinson. Es por este motivo que ambos largometrajes son considerados como verdaderas joyas del thriller psicológico, y como clásicos incombustibles que mantienen su encanto completamente intacto hasta el día de hoy.



por Fantomas.

miércoles, 23 de abril de 2008

Ghost in the Shell: Cyberpunk puro y duro.

“Ghost in the Shell” (1995), es un film de anime del director Mamoru Oshii, el cual está basado en el manga del mismo nombre creado por Masamune Shirow.

En el año 2029, la sociedad está computarizada hasta límites insospechados, por lo que básicamente es un mundo gobernado por la tecnología. Uno de los mayores avances tecnológicos, son unos implantes cerebrales que convierten a los seres humanos en auténticas computadoras andantes. Gracias a dicho implante, se produce una fusión entre la conciencia y ciertos programas computacionales, lo que se conoce como "espíritu". Si bien esto es un nuevo paso en la escala evolutiva, al mismo tiempo despersonaliza por completo a las personas que utilizan los mentados implantes. En este mundo donde apenas existe diferencia entre humanos y máquinas, la agente secreta Motoko Kusanagi, la cual se especializa en actividades anti-terroristas, tiene como misión cazar a un peligroso pirata informático. Sin embargo, cuando descubra la verdadera identidad del criminal, su vida y todo lo que conoce cambiará para siempre.


En el año 1991, el ilustrador y escritor de manga Masamune Shirow, conocido por ser el creador del popular manga "Appleseed", publicó en la revista Young Magazine el que se convertiría en su trabajo más famoso; "Ghost in a Shell". Un par de años más tarde, el director Mamoru Oshii y la productora Production I.G. se interesaron en filmar una adaptación animada del manga, cuyo tema central era la creciente dependencia tecnológica que estaba exhibiendo el hombre en aquel entonces. Una vez comprados los derechos del manga, se le encomendó al guionista Kazunori Itô la realización del guión del film. Básicamente, “Ghost in the Shell” pertenece al subgénero de la ciencia ficción conocido como cyberpunk, cuyo enfoque hace referencia a la degradación del orden social en contraposición a los avances tecnológicos. En este caso, la cinta nos sitúa en una sociedad absolutamente dependiente de la tecnología, en la cual las máquinas y los seres humanos se encuentran prácticamente fusionados, lo que dificulta la distinción entre los unos y los otros. Junto con esto, el relato presenta un conflicto en el que participan hackers, inteligencias artificiales, megacorporaciones, y un grupo parapolicial conocido como Sección IX, el cual está encargado de investigar toda clase de delitos informáticos.

En “Ghost in the Shell”, el espíritu crítico que el cyberpunk exhibe hacia la tecnología se centra mayormente en el personaje de la Mayor Motoko Kusanagi. Lo que más llama la atención de este personaje es su condición; solo su cerebro es humano, mientras que el resto de su cuerpo no es más que una coraza de titanio. Llegado cierto momento de la película, podemos ver como la protagonista comienza a cuestionarse si el sacrificio que realizó al abandonar su cuerpo orgánico por una estructura mecánica computarizada, que obviamente le resulta útil en su trabajo, ha valido la pena. ¿Qué es lo que separa a la Mayor del resto de las máquinas? ¿Qué es lo que nos define como humanos? La respuesta de ambas preguntas bien puede encontrarse en la escena donde la donde ella va a bucear. Al salir del agua, Bateau, quien es su fiel compañero, le pregunta que siente una cyborg al introducir su pesado cuerpo al fondo del mar, a lo que ella responde: "miedo, ansiedad, soledad y esperanza". La respuesta no deja de sorprender a su compañero, debido a que ha sido testigo de la materialización verbal del “espíritu” de la Mayor. Son los sentimientos y nuestra capacidad de identificarlos y experimentarlos, lo que nos define como humanos. Nuestra capacidad de preguntarnos el porqué de las cosas, de cuestionarnos el lugar que ocupamos en este mundo, y de llevar a cabo nuestros sueños, intereses y actividades, es lo que definitivamente nos separa de las máquinas.

Sin embargo, la noción de humanidad que establece en dicha escena se torna difusa cuando nos enteramos que el villano de la historia, el Puppet Master, es capaz de "hackear" las mentes humanas e implantar falsos recuerdos y las emociones ligadas a estos. De esta forma, él es capaz de controlar a distintas personas como si fueran simples marionetas, obligándolas a realizar distintos crímenes en su nombre, evitando con esto ser atrapado por la policía. Debido a este giro en los acontecimientos, la cinta no solo nos invita a replantearnos las preguntas antes mencionadas, sino que además apunta a la influencia en ocasiones nociva que ejerce la tecnología en los individuos.

A los pocos minutos de comenzado el film, se hace evidente que la trama se centra en la idea de la pérdida de la humanidad por el uso indiscriminado de la tecnología. Dentro de este contexto, el director entrelaza el conflicto principal con algunas subtramas políticas, violentos operativos policiales, momentos que llaman al espectador a la reflexión, y una buena cantidad de palabrería tecnológica que a ratos confunde. La gran cantidad de matices que presenta el relato por momentos es un arma de doble filo, ya que provoca que la cinta presente un ritmo narrativo más bien pausado, el cual atenta directamente contra el nivel de atención del espectador. Sin embargo, consciente de esto, durante el transcurso de la película Oshii inserta una serie de coloridas escenas de acción que tienen por objetivo superar las lagunas narrativas en las que cae por momentos la cinta.

“Ghost in the Shell” es un verdadero triunfo en varios aspectos. La genial historia se ve acompañada de un despliegue visual a la altura de la misma. La animación es excepcional, siendo impresionantemente detallada y fluida. Al mismo tiempo, resulta destacable el diseño de los personajes y el de los escenarios en los que transcurre este complejo relato futurista. La banda sonora por su parte, compuesta por Kenji Hawai, complementa de buena manera la acción presente en el film y al mismo tiempo, gracias a que mezcla temas tradicionales japoneses con otras tonalidades más modernas, contrastando de esta forma la tecnología reinante en el film con algunos elementos han estado presentes en la sociedad durante años. Por otro lado, los protagonistas son lo suficientemente interesantes y carismáticos como para que el espectador no solo empatice con ellos, sino que además se interese por su destino y por la resolución de su conflictos personales.

Sin lugar a dudas, esta una de las mejores y más influyentes cintas de anime de la historia, al punto que se dice que la exitosísima trilogía “Matrix” estuvo influenciada fuertemente por este film. “Ghost in the Shell” es una obra sumamente bien realizada, que invita al espectador a pensar en los temas que pone sobre la mesa el director, al mismo tiempo que ofrece un espectáculo visual que pocas cintas de este tipo pueden jactarse de poseer. Principalmente gracias a esta producción, el director Mamuro Oshii actualmente es considerado como uno de los realizadores más interesantes del cine de animación asiático. Y es que en esta ocasión, el director logra equilibrar de manera perfecta el complejo discurso filosófico que presenta la historia, con un par de bien logradas escenas de acción, y con varios momentos llenos de tensión y dramatismo. Es por todos estos motivos, que “Ghost in the Shell” es una de las obras imperdibles del cine de animación, la cual incluso tiene méritos suficientes como para ser considerada como una de las mejores entradas del siempre interesante cine de ciencia ficción.




por Fantomas.

domingo, 20 de abril de 2008

La Ragazza Che Sapeva Troppo: El punto de partida del giallo.

“La Ragazza Che Sapeva Troppo” (1963), es un film de suspenso del director Mario Bava, el cual está protagonizado por Leticia Roman y John Saxon.

Nora Davis (Leticia Roman) es una joven aficionada a las novelas policíacas que viaja a Roma para visitar a su tía Ethel. Al llegar a la casa de su tía, se encuentra con el Dr. Marcello Bassi (John Saxon), quien le informa del delicado estado de salud de la dueña de casa. Esa misma noche, Ethel sufre un infarto. Nora, al no poder localizar al doctor, sale desesperada en busca de ayuda, pero alguien la golpea por lo que pierde el sentido en plena calle. Alertada por un grito, observa como una mujer es apuñalada, tras lo cual pierde nuevamente el sentido. Cuando despierta al día siguiente, no hay rastros de la supuesta víctima, por lo que nadie cree su historia. Sin embargo, convencida de que el hecho en verdad ocurrió, comienza a investigar el supuesto asesinato por su cuenta, lo que la lleva a conectar dicho suceso con una serie de crímenes catalogados como los “asesinatos del alfabeto”.

Durante el transcurso de su carrera, el director italiano Mario Bava se distinguió por su marcada versatilidad y por el énfasis que le otorgaba al aspecto estético en cada uno de sus trabajos. Dentro de su constante búsqueda de nuevos horizontes, el realizador comenzó a albergar el deseo de filmar una historia de misterio que se desarrollara en Italia, específicamente en Roma. Fue así como en compañía de Enzo Corbucci, Mino Guerrini, Franco Prosperi y Ennio De Concini comenzó a escribir el guión de lo que sería “La Ragazza Che Sapeva Troppo”, cinta que junto a “Sei donne per l'assassino” (1964), la cual también fue dirigida por Bava, sentarían las bases de lo que posteriormente sería conocido como giallo, género cinematográfico cuyo nombre está inspirado en las portadas amarillas de un puñado de novelas de misterio publicadas en Italia durante la década del veinte, las cuales eran obras de escritores británicos tales como Edgar Wallace, Agatha Christie o Arthur Conan Doyle, entre otros.

En “La Ragazza Che Sapeva Troppo”, título que obviamente surge como una referencia a la cinta de Alfred Hitchcock, “The Man Who Knew Too Much” (1956), Mario Bava se encargaría de establecer ciertas constantes del giallo, como lo son el investigador amateur, el asesino demente, y las pistas falsas sembradas a lo largo de la historia, cuyo único objetivo es confundir al espectador. Al mismo tiempo, el director ilustra la obsesión existente en el género por el testimonio ocular, y como este puede ser utilizado ya sea para resolver el misterio de turno, o para distorsionar por completo las conjeturas realizadas tanto por los protagonistas como por el espectador. Y es que en la mayoría de los llamados “thrillers a la italiana”, se juega con la idea de que el crimen presenciado por el protagonista, bien puede ser producto de su vívida imaginación. En el caso puntal de Nora Davis, el simple hecho de que sea una aficionada a las novelas de misterio, y de que al momento de presenciar el crimen haya estado al borde del desmayo, pone en tela de juicio gran parte de sus supuestas certezas. La incertidumbre provocada por todo esto, claramente fue utilizada por muchos directores como una herramienta útil a la hora de construir relatos de misterio lo suficientemente interesantes, como para convertir al género en un producto sumamente lucrativo durante al menos una década.

Como era de esperarse, tras escuchar el confuso testimonio de Nora y no encontrar ninguna evidencia de lo sucedido, las autoridades italianas terminan desestimando el caso. Es ahí cuando la joven decide iniciar una investigación por su cuenta, emulando a los detectives de las novelas de Raymond Chandler y Agatha Christie que a ella tanto le gusta leer. Hay que recordar que la idea de que un civil sea más competente que un agente de la ley, ha estado ligada por años a la literatura de misterio, donde por lo general los encargados de resolver los crímenes que se exponen en las distintas obras suelen ser individuos ajenos a la mantención del orden público. Es así como Nora eventualmente terminará triunfando donde la policía fracasó sin remedio, no sin antes exponer su vida a un peligro sin precedentes, encarnado por un calculador y brutal asesino conocido como el “asesino del abecedario”, el cual selecciona a sus víctimas guiándose por las letras del alfabeto, tal y como sucede en la novela de Agatha Christie, “The A.B.C. Murders”.

Algo que llama fuertemente la atención, es la forma en cómo Bava retrata a la hermosa ciudad de Roma. Desde la llegada de la protagonista, la urbe conocida principalmente por sus maravillas turísticas y su importancia histórica, se convierte en un mundo siniestro dominado por los criminales más peligrosos, en el cual nadie se encuentra a salvo. Al mismo tiempo que las calles de Roma adquieren un cariz amenazador, la casa en la que ahora se hospeda Nora se transforma en un lugar inseguro e inhóspito, el cual está propenso a ser invadido por el asesino al cual ella pretende desenmascarar. Es así como durante gran parte del metraje, se lleva a cabo un juego del gato y el ratón, donde los roles van intercambiándose a medida de que Nora comienza a descubrir las verdaderas motivaciones del asesino. En su cruzada detectivesca será asistida por el Dr. Marcello Bassi, quien no solo se presenta como el interés amoroso de la curiosa turista, sino que también como un potencial sospechoso, lo que obviamente le añade bastantes dosis de tensión a la mezcla.

En lo que a las actuaciones se refiere, tanto Leticia Roman como John Saxon realizan un correcto trabajo interpretando a la frágil y testaruda heroína, y al seductor e ingenioso doctor respectivamente. Al mismo tiempo, la química entre ambos intérpretes es evidente, lo que ayuda a otorgarle una mayor credibilidad a la subtrama romántica que posee el film. En cuanto al aspecto técnico de la producción, resulta destacable el trabajo de fotografía llevado a cabo por un meticuloso Mario Bava, quien en su última película rodada en blanco y negro, realiza un magistral uso de la luz y la sombra, dando vida a escenas realmente memorables en las que simples objetos adquieren un cariz amenazador. También cabe destacar la atmosférica banda sonora compuesta por Roberto Nicolosi, dentro de la cual se incluye la canción “Furore”, interpretada por el cantante Adriano Celentano. Por último, es necesario mencionar que por momentos la cinta se acerca más al cine de suspenso perfeccionado por Alfred Hitchcock, que a los parámetros que posteriormente se establecerían dentro del mundo del giallo, por lo que la película de Bava debe ser vista más como parte de una transición histórica, que como un ejemplo arquetípico del género.

“La Ragazza Che Sapeva Troppo” es una entretenida película de misterio y terror psicológico, que no solo se presenta como una suerte de tributo al cine del ya mencionado Alfred Hitchcock, sino que además sentaría parte de las bases del popular género del giallo, el cual con el transcurso de los años alcanzaría un estatus de culto. Lamentablemente, tal y como sucedió con muchas producciones europeas que fueron distribuidas en el mercado norteamericano durante la década del sesenta, la versión distribuida por la compañía American Internacional Pictures presentaba varias diferencias en relación a la obra original. No solo la banda sonora fue reemplazada por una compuesta por Les Baxter, sino que además fueron añadidas una serie de nuevas escenas de corte cómico, cuyo objetivo era alivianar el tono de la historia. Sin embargo, el cambio más criticado tiene relación con la eliminación de un par de escenas en las que se hace referencia al tema del consumo de marihuana. En la versión original, Nora se ve envuelta con un traficante que oculta la droga en cajetillas de cigarrillos. Para su mala suerte, ella accidentalmente termina en posesión de una de estas cajetillas, lo que es utilizado por Bava para sugerir que tras los crímenes, se oculta una ingeniosa operación de tráfico de drogas. Debido a que el director italiano no tuvo ningún tipo de responsabilidad en la reedición de la película, la cual sería titulada “Evil Eye”, hoy en día la versión norteamericana de “La Ragazza Che Sapeva Troppo” no suele ser considerada como parte de la filmografía del virtuoso realizador italiano.



por Fantomas.

miércoles, 16 de abril de 2008

Tales From the Crypt: La primera antología de la Amicus basada en los cómics de la EC.

“Tales From the Crypt” (1972), es un film de terror del director Freddie Francis, el cual está protagonizado por Joan Collins, Ian Hendry, y Peter Cushing, entre otros.

Cinco personas se inscriben en un paseo turístico por unas catacumbas, sin saber lo que les espera. En un determinado momento de la excursión, llegan a una cripta secreta la cual parece no tener salida. En ese lugar aparecerá una extraña figura, la cual les revelará a cada uno de los presentes los macabros eventos que pronto los llevarán a sus merecidas e inevitables muertes.

Desde mediados de la década del sesenta hasta principios de la década del ochenta, la productora británica Amicus Productions, la cual fue fundada por los productores norteamericanos Milton Subotsky y Max J. Rosenberg, aprovechó el éxito obtenido por la compañía Hammer Films para lanzar un buen número de cintas de horror y ciencia ficción las cuales no pudieron igualar lo realizado por la productora presidida por James Carreras y Anthony Hinds. Gran parte de las películas realizadas por la Amicus no solo exhibían una estética similar a la de los films de la llamada Casa del Martillo, sino que además presentaban a varios colaboradores habituales de la Hammer, como por ejemplo Christopher Lee y Peter Cushing. Sin embargo, la productora de Subotsky y Rosenberg intentaría diferenciarse de su competencia directa. Inspirados en el film de los estudios Ealing, “Dead of Night” (1954), la dupla de productores se embarcaría en la realización de varias películas de antologías, las que por lo general contenían entre cuatro a cinco historias cortas, las cuales estaban entrelazadas por diferentes situaciones en las que un grupo de desconocidos se veía obligado a escuchar la historia de un determinado narrador.

“Tales from the Crypt” sería la cuarta de las ocho películas de antologías que la Amicus realizó entre los años 1964 y 1980. En esta ocasión, Milton Subotsky adaptaría varias historias sacadas de la serie de cómics del mismo nombre, la cual fue creada por Bill Gaines y Al Feldstein y publicada por la compañía EC Comis durante la década del cincuenta. Los escabrosos relatos morales que contenían las historietas que conformaban el ciclo de Tales From the Crypt, solían funcionar de mejor manera cuando el protagonista era moralmente reprobable, por lo que usualmente estas historias solían estar pobladas de asesinos, ladrones, hombres infieles, codiciosos o en extremo egoístas. Una vez que la verdadera naturaleza de los protagonistas de las diferentes historias era revelada, el lector podía involucrase de mejor manera en un relato cuyo desenlace inexorablemente involucraba la muerte del protagonista, o incluso un destino mucho peor que la muerte. Y es que cada una de las historietas intentaba plasmar algún tipo de lección moral, lo cual también fue adoptado por Subotsky en cada uno de los segmentos del film.

En el primer segmento titulado “And all Through the House”, una mujer llamada Joanne Clayton (Joan Collins) decide asesinar a su marido en plena Nochebuena, mientras su pequeña hija espera la llegada de Santa Claus en su habitación. Acompañada por el constante sonido de los villancicos que resuenan en la radio, Joanne intentará borrar todas las evidencias de su escabroso crimen, sin imaginarse que pronto el horror vendrá a tocar su puerta para otorgarle el castigo que se merece. Y es que para su mala suerte, esa misma noche un peligroso maníaco se escapa de un hospital para homicidas dementes disfrazado de Santa Claus, lo que atentará directamente contra los planes de la mujer. Aún cuando la historia se desarrolla en aproximadamente doce minutos, durante los cuales prácticamente no hay diálogos, Joan Collins logra comunicar de manera efectiva sus intenciones y sus oscuras motivaciones. En gran medida, serán las altas dosis de ironía y suspenso que presenta este segmento, las que finalmente convertirían a “And all Through the House” en una de las mejores historias presentes en las antologías de la Amicus. Lamentablemente, el segundo relato del film titulado “Reflections of Death”, refleja a la perfección la inconsistencia que caracterizó a todas las películas de antologías de la productora británica. En esta ocasión, el protagonista es Carl Maitland (Ian Hendry), un hombre que decide abandonar a su esposa y a sus hijos para irse con su amante (Angie Grant). Mientras se dirige a su destino, Maitland sufre un grave accidente automovilístico que lo obligará a regresar a casa. Si bien la idea de utilizar una cámara subjetiva ayuda a crear cierto grado de suspenso con relación al verdadero estado del protagonista, al poco tiempo de comenzada la historia es evidente cuál será su desenlace, por lo que inevitablemente este segmento resulta ser una experiencia bastante agridulce.

En la tercera historia titulada “Poetic Justice”, el protagonista es el Señor Grymsdyke (Peter Cushing), un hombre viudo cuyas únicas alegrías son los niños del barrio que lo visitan a menudo y sus mascotas. Sin embargo, no todos en el barrio quieren al apacible anciano. Sus vecinos, Edward (David Markham) y James Elliot (Robin Phillips), motivados por su propio clasismo, harán todo lo posible por lograr que Grymsdyke venda su propiedad, lo que eventualmente provoca que él se suicide en la soledad de su hogar. Esta historia maravillosamente cruel y oscura, no solo presenta la emotiva actuación de Peter Cushing, quien en ese entonces al igual que Grymsdyke acababa de perder a su esposa, sino que además está repleta de momentos llenos de sentimiento, los cuales se enmarcan dentro de la campaña de crueldad y odio que emprenden los miembros de la familia Elliot en contra del inofensivo anciano. Y es que no solo hacen desaparecer a las mascotas de Grymsdyke, sino que además le envían una serie de tarjetas de San Valentín repletas de mensajes ofensivos, lo que rompe en mil pedazos el corazón del protagonista. Solo el suicidio del anciano traerá la tan esperada retribución, la cual ocurrirá un año después de su muerte, al más puro estilo de los cómics publicados por la editorial EC.

El cuarto segmento titulado “Wish You Were Here”, resulta ser considerablemente más inconsistente que la historia anterior, convirtiéndose de esta forma en el peor relato del film. En esta ocasión, ante el difícil momento financiero que está pasando su marido Ralph (Richard Greene), Enid Jason (Barbara Murray) le pide un deseo a una estatuilla oriental que supuestamente tiene poderes mágicos, lo cual obviamente tendrá una serie de nefastas consecuencias. Este segmento, el cual intenta satirizar sin éxito la historia “The Monkey´s Paw”, del escritor W. W. Jacobs, termina hundiéndose en un guión realmente simplón, el cual resulta ser absolutamente olvidable. El quinto y último relato titulado “Blind Alley”, se centra en la figura del Mayor William Rogers (Nigel Patrick), quien comete una serie de abusos en contra de los residentes de un asilo para no videntes que él se encarga de administrar. Esto provocará que eventualmente los internos comandados por George Carter (Patrick Magee), se amotinen en contra de su cruel regente para demostrarle que la ceguera no es algo que debe ser tomado a la ligera. Esta no es solo una de las historias más interesantes del film, sino que también es la más extensa. Y es que durante el transcurso del relato se exploran tanto las consecuencias psicológicas de la ceguera, como los alcances de la codicia y la a veces inhumana conducta militar. El castigo que termina recibiendo el Mayor resulta ser increíblemente cruel e ingenioso, y además dota a la historia de atmósfera malsana y opresiva que no logró ser igualada por ninguno de los diferentes relatos que conformaron las películas de antologías de la Amicus.

Como la mayoría de las cintas de antologías producidas por la Amicus, “Tales From the Crypt” es una película irregular la cual de todas formas resulta ser sumamente entretenida. En lo que respecta al aspecto técnico del film, este cuenta con el buen trabajo de fotografía de Norman Warwick, la efectiva pero olvidable banda sonora del compositor Douglas Gamley, y la correcta pero a ratos sosa dirección de Freddie Francis. Cabe mencionar que originalmente el puesto del director le había sido ofrecido a Peter Duffell, quien fue el responsable de la fantástica “The House That Dripped Blood” (1971), cinta que también pertenecía al ciclo de antologías de la Amicus. Sin embargo, cuando Duffell rechazó el trabajo, el puesto le fue ofrecido a Freddie Francis, quien durante su carrera como director ser caracterizó por realizar películas efectivas que solían carecer de real encanto. En definitiva, más allá del hecho de presentar dos segmentos algo deficientes, “Tales From the Crypt” no solo resultó ser la producción más exitosa a nivel comercial de la Amicus, sino que además es uno de los mejores ejemplos del canon utilizado por la modesta productora británica.



por Fantomas.

sábado, 12 de abril de 2008

Danger: Diabolik: Mario Bava y su estupendo acercamiento al mundo del comic.

“Danger: Diabolik” (1968), es un film de acción del director Mario Bava, el cual está protagonizado por John Phillip Law y Marisa Mell.

Diabolik (John Phillip Law) es un atractivo y educado ladrón que no está contento con todas las cosas buenas que le da la vida, menos aún cuando existen montañas de dinero que robar antes las mismísimas narices de estirados oficiales del gobierno, y joyas valiosas que extraer de los cajones de los multimillonarios. Este esquivo canalla encuentra las más diversas maneras de vivir siempre al límite, ya sea escalando muros, saboteando una rueda de prensa con gas de la risa, o sacando una confesión de un amo del crimen mientras cae junto a él de un avión. ¿Imposible? No, diabólico… Diabolik para ser exactos.

Mario Bava es un director recordado casi exclusivamente por sus cintas de terror gótico, pese a que se movió prácticamente por todos los géneros cinematográficos imaginables. El realizador siempre se caracterizó por la estupenda fotografía de sus trabajos, la que combinaba con un exquisito uso de los colores. Son estos dos elementos los que se destacan enormemente en “Danger: Diabolik”, la adaptación del Fumetti “Diabolik”, creado por las hermanas Angela y Luciana Giussani en 1962. Desde el principio de la película podemos darnos cuenta que estamos en presencia de un complejo antihéroe, muy en el estilo de su colega francés Fantômas, personaje creado por los escritores Marcel Allain y Pierre Souvestre en 1991. Diabolik es un hombre frío y calculador que no dudará en matar a todo aquel que se interponga en su camino, y el cual aprovechará todas las oportunidades que se le presenten para burlarse de la autoridad representada principalmente por el inspector Ginko (Michel Piccoli). A su lado se encuentra su novia Eva (Marisa Mell), la cual utiliza su sexualidad para conseguir todo lo que ella desea.

Políticamente, Bava y sus guionistas quisieron conservar la anarquía existente en el cómic original. Diabolik bien podría ser considerado como una nueva clase de terrorista; constantemente está maquinando una nueva forma de burlarse de las autoridades, y al mismo tiempo intenta desestabilizar al gobierno, dejándolo en situaciones bastante delicadas. Avergonzados oficiales y burócratas pierden sus trabajos debido a la incapacidad que presentan para atraparlo. De la misma forma, el Diabolik de Bava conserva algunos de los malos hábitos que el personaje presentaba en la historieta: el criminal no duda en matar a cuanto policía se le acerca y en cierto punto de la cinta, dinamita un par de edificios del gobierno solo para demostrar que sus amenazas son totalmente ciertas. Todo esto refleja el mensaje que quisieron plasmar las hermanas Giussani en su obra, el cual posiblemente se refería al caos político existente en la Italia de la época, junto con ubicar al ambicioso y calculador Diabolik como un símbolo del consumismo material sin límites, que sigue presente hasta el día de hoy.

En términos de diversión, la cinta sin duda no queda corta. Diabolik utiliza todo tipo de artefactos para cometer sus fechorías, recordando en gran medida algunas de las películas de James Bond, o incluso la serie de televisión estadounidense “Batman” (1966-68), la cual muchas veces ha sido comparada de alguna manera con los contenidos y la estética de esta película. Incluso se podría considerar la guarida de Diabolik como una versión bastante más chic y futurista de la baticueva del enmascarado superhéroe. Por otro lado, muchas de las situaciones que se pueden ver durante el transcurso de la película son bastante inverosímiles, como por ejemplo la escena en donde el protagonista roba un bloque de oro de veinte toneladas sin mayores problemas, razón por la cual debe ser vista sin ser tomada demasiado en serio para poder disfrutarla en su totalidad.

La cinta cuenta con unas actuaciones bastante destacables y un sólido elenco secundario. John Phillip Law tuvo una larga y variada carrera como actor, siendo su participación en “Barbarella” (1968) (otra adaptación de un cómic, la cual también fue producida por Dino De Laurentiis) la más recordada de su carrera. Como Diabolik, el actor supo equilibrar perfectamente su lado siniestro con su lado más seductor. De la misma forma, Law utiliza de buena manera su lenguaje corporal, dando a entender más cosas mediante su mirada o sus movimientos que a través de sus palabras. Marissa Mell por su parte, realiza un buen trabajo personificando a la aparentemente frágil Eva, exudando sensualidad en prácticamente todas las escenas en las cuales aparece. Entre los secundarios encontramos a Adolfo Celi, más recordado por su rol de Emilio Largo en la cinta “Thunderball” (1965), como el criminal Ralph Valmont, mientras que el comediante Terry Thomas interpreta al ministro de finanzas italiano. Finalmente, está Michel Piccoli quien interpreta al inspector Ginko, el archirrival del criminal. Todos estos personajes resultan ser un verdadero aporte ya sea contribuyendo con dosis de humor o como contraparte del protagonista

Todo acerca de Diabolik se reduce a temas estilísticos. Desde la excelente banda sonora obra del maestro Ennio Morricone, hasta los estupendos sets utilizados en la cinta. Mario Bava, quien estaba más acostumbrado a trabajar en sets algo claustrofóbicos mientras realizaba sus cintas de terror, aprovecha el hecho de contar con 400.000 dólares (el presupuesto más grande de su carrera), para utilizar distintas locaciones, además de ofrecernos unos sets visualmente impresionantes creados por el director de arte Flavio Mogherini. Esta obra es una muestra de la habilidad de Bava al momento de utilizar miniaturas u otro tipo de elementos para crear los efectos especiales de sus films, que inclusive hasta el día de hoy no pierden su encanto. Es tanto el logro visual de la cinta, que no son pocas las películas que han tratado de imitar lo realizado por el director y su equipo en esta obra. Si bien la mayoría son malas imitaciones, otras como el film “CQ” (2001), de Roman Coppola, o el video de los Beasty Boys, “Body movin´”, son sentidos homenajes a la estética y a la esencia de esta cinta

La cinta resulta ser bastante más interesante que la ya mencionada “Barbarella”, debido principalmente a que presenta una historia mejor construida, y a que Bava realiza un estupendo trabajo. El gran mérito del director consiste en el hecho de que nos ofrece un film con un marcado dinamismo, el cual refleja perfectamente la esencia del cómic en el cual se basó. Son tales las similitudes entre la película y las historietas, que la cinta se puede dividir en tres historias prácticamente calcadas de algunos de los tomos del fumetti, demostrando el respeto del director por la fuente original y por sus seguidores. Es esta la razón que ha alzado a “Danger: Diabolik” como una de las mejores adaptaciones cinematográficas de un cómic, siendo además reconocida en la actualidad como una cinta de culto y como una de las mejores realizaciones del recordado director italiano.




por Fantomas.

domingo, 6 de abril de 2008

Blue Velvet: Es un mundo extraño.

“Blue Velvet” (1986), es thriller del director David Lynch, el cual está protagonizado por Kyle MacLachlan, Isabella Rossellini, Dennis Hopper y Laura Dern.

El inocente Jeffrey Beaumont (Kyle MacLachlan) se da cuenta que su idílico pueblo no lo es tanto el día que descubre una oreja humana en un terreno baldío. Es por esto que Jeffrey decide comenzar una investigación por su cuenta, durante la cual se topará con Dorothy (Isabella Rossellini), una perturbada cantante de un club nocturno, y Frank (Dennis Hopper), un sádico viciado. No pasará mucho tiempo antes de que Jeffrey se vea envuelto en la depravada existencia de la extraña pareja, lo que lo inevitablemente cambiará su vida para siempre.

En 1984, el director David Lynch estaba en la cima del mundo; había recibido el beneplácito de la crítica encarnada en las ocho nominaciones al Oscar que obtuvo la cinta “The Elephant Man” (1980), y se encontraba a punto de lanzar la muy esperada adaptación de la novela “Dune”, del escritor Frank Herbert. El productor Dino De Laurentiis había puesto cincuenta millones de dólares en el proyecto, esperando que este se convirtiera en la nueva “Star Wars” (1977). Lamentablemente, todo esto tuvo un pésimo final. La crítica despreció a la cinta y el público no se mostró muy entusiasta tampoco. Lo que ocurrió fue que los ejecutivos del estudio decidieron quitarle algunos privilegios artísticos a Lynch, cortando el film de más de cuatro horas, a tan solo dos horas de duración. El resultado fue una desorganizada película que daba la impresión de ser un compilado de las mejores partes de la novela original, lo que terminó sentenciando su fracaso.

Sumido en una gran frustración, Lynch se tomó un tiempo para desarrollar algunos proyectos más personales en los cuales había estado trabajando mientras filmaba “Dune” (1984). De Laurentiis decidió darle una nueva oportunidad al director, con la única condición de que este aceptara una reducción de su salario, y se limitara a trabajar con un presupuesto de solo seis millones de dólares. Lo bueno de todo esto, es que el realizador contaría con una total libertad artística, y con un control absoluto sobre el corte final de la cinta. Como era de esperarse, Lynch se mostró sumamente satisfecho con este nuevo trato. Después de “Dune”, era un alivio trabajar sin la presión de tener que lograr un éxito de taquilla para poder recuperar el enorme presupuesto que se le había otorgado. Fue por esta sensación de euforia, que el director se atrevió a tomar algunos riesgos, a experimentar un poco, lo que afortunadamente dio como resultado una de sus películas más recordadas, la cual terminó consolidando a Lynch como el gran director que es.

Lynch ha mencionado en algunas ocasiones que la cinta es autobiográfica en algunos aspectos: “Kyle se viste como yo. Mi padre era un científico que trabajaba para el departamento de agricultura en Washington. Nosotros estábamos en el bosque casi todo el tiempo. Hasta cierto punto estaba harto del bosque cuando me fui, pero aún así la leña, los leñadores, y todo ese tipo de cosas, a mi parecer representan a la verdadera Norteamérica. Precisamente es esa la idea que representan las cercas de madera y las rosas en la escena inicial” Esa fascinación por el bosque se traduce no solo en el nombre del pequeño pueblo, (Lumbertown), sino que también se encuentra plasmado en la secuencia inicial antes mencionada, y en ese ambiente de pueblo soñado que el director le otorga al lugar donde transcurre la historia.

Si bien los recuerdos del director fueron los que inspiraron el escenario en el que transcurre el relato, la historia de la cinta nació a partir de tres ideas que se cristalizaron en la mente del realizador durante un cierto periodo de tiempo. Luego de terminar “The Elephant Man”, Lynch conoció al productor Richard Roth, al cual le enseñó el guión de “Ronnie Rocket”, un proyecto de características similares a “Eraserhead” (1977) que jamás se llevó a cabo. Pese a que al productor le agradó el guión, no lo veía como algo que él quisiera producir, por lo que le preguntó a Lynch si tenía otros guiones, a lo cual el director le respondió que solo tenía una idea. Fue ahí cuando le mencionó su deseo de esconderse dentro de la pieza de una chica para observarla durante la noche, para así obtener una pista que lo ayudara a resolver un misterioso asesinato. Esta idea fue la que Lynch posteriormente desarrollaría, llevándola incluso más allá, evolucionando del simple voyeur a una real participación del protagonista en el misterio que tanto lo fascina.

Por otro lado, la escena en la que el protagonista encuentra una oreja tirada en el campo, que de paso es una de las más recordadas de la cinta, nace a partir de un concepto bastante simple. A Lynch le pareció perfecta la idea de que fuese una oreja y no otra parte del cuerpo la que encontrara el protagonista, debido a que el sentido de la audición se presenta como una conexión directa entre el entorno que nos rodea y nuestro cerebro. De esta forma, la oreja representa un llamado, una invitación que se le extiende al protagonista para que participe en el oscuro y depravado mundo que se esconde en Lumbertown, el cual de una forma u otra terminará marcando a todos aquellos que se sumergen en él. Finalmente, la tercera idea (o elemento en este caso) con la que Lynch formó la base del guión, y que de paso fue la que le dio el título a la cinta, fue la canción “Blue Velvet”, interpretada por Bobby Vinton. Fue la extraña sensación que le evocó esa canción, la que el director quiso plasmar en la película.

Como toda película de Lynch, “Blue Velvet” está plagada de simbolismos. Ya desde la secuencia inicial, el director quiere hacernos ver que nos encontramos en un lugar en que todo parece ser perfecto y tranquilo, sin que exista nada que atente romper con esa aparente parsimonia. Reforzando esa idea, Lynch nos muestra a un hombre de edad que se encuentra regando su jardín tranquilamente. Sin embargo, el director rápidamente inserta un elemento perturbador, que de alguna forma viene a definir el mensaje de la cinta. Sin previo aviso, el anciano sufre un desmayo a consecuencia de un presunto infarto, cayendo al piso. Acto seguido, un perro se acerca al hombre para juguetear con el chorro de agua que sale de la manguera, demostrando el curioso humor negro del que es dueño el director, y que es posible ver en la gran mayoría de sus cintas. Poco después, la cámara se adentra en el punto más oculto del mundo que nos ha presentado el realizador; el subsuelo. Y es que Lynch se adentra en el césped para mostrarnos a unas hormigas que pelean frenéticamente por alimento. Es así como el director deja patente la idea de que el horror se esconde en todos lados, esperando el momento preciso para poder salir a la luz.

La encarnación de ese mal oculto es el peligroso Frank Booth, fácilmente uno de los villanos más sádicos y atemorizantes que se han visto en la historia del cine. Se ha dicho en múltiples ocasiones que el trío conformado por Frank, Dorothy y Jeffrey, está fuertemente marcado por el complejo de Edipo. Hay gente que postula que Frank y Dorothy vendrían a ser los padres, mientras que Jeffrey sería el hijo de una familia absolutamente disfuncional. Es así como la violencia de Frank vendría a representar la violencia doméstica presente en miles de familias reales. Actos que sin duda Jeffrey reprueba, pero que a su vez incitan al joven a querer tener el mismo poder que Frank exhibe sobre Dorothy. De la misma forma, los actos y actitudes del desquiciado Frank dan a entender que él fue parte de abusos durante su infancia, o que tal vez ocupó el mismo lugar que ahora ocupa Jeffrey, el de un voyerista circunstancial que cuando niño presenció vejámenes semejantes entre sus progenitores.

La narración por su parte, se asemeja bastante a los cánones de un cuento infantil. Jeffrey y Sandy (Laura Dern) bien podrían ser Hansel y Gretel. Dos niños que se dejan llevar por su curiosidad, y que sin medir ningún tipo de consecuencia, se introducen a la casa de la bruja. De la misma forma, el film se presenta como una fábula con su consiguiente moraleja: “Incluso en los lugares menos esperados habita el mal”. En el ámbito de las actuaciones, estas son realmente espectaculares, destacándose la labor de Dennis Hopper, quien interpreta a uno de los villanos más recordados de la historia del cine. Por otro lado, la fotografía de Frederick Elmes es sin duda parte importante de la inquietante atmósfera que presenta el film, la cual es perfectamente complementada por la banda sonora compuesta por Angelo Badalamenti, quien a partir de esta cinta formaría una lucrativa sociedad con Lynch. El guión por su parte, es sumamente interesante ya que presenta una serie de mensajes y simbolismos, los cuales resultan difíciles de sintetizar en un artículo de mediana extensión. Esta cinta con los años se ha transformado en una película de culto, siendo reconocida como una de las más importante e influyentes del director, quien recibió una nominación al Oscar por su trabajo en este film. En definitiva, “Blue Velvet” probablemente se alza como una de las películas más abordables del director, y como una de las mejores cintas de los ochenta.




por Fantomas.

jueves, 3 de abril de 2008

The Wicker Man: Una de las mejores películas de "terror" inglesas.

“The Wicker Man” (1973), es un film de suspenso/horror del director Robin Hardy, el cual está protagonizado por Edward Woodward, Christopher Lee, Diane Cilento, Ingrid Pitt y Britt Ekland.

Una carta sin remitente le pide al Sargento Howie (Edward Woodward) presentarse de manera inmediata en la apartada isla de Summerisle, situada en la costa suroeste de Escocia. El motivo de la carta es la misteriosa desaparición de una niña, la cual según los habitantes de la isla parecen desconocer por completo. Intrigado por la situación, el Sargento Howie continua con su investigación sin imaginarse que su curiosidad bien puede costarle la vida.


Tras su irrupción en el cine de terror con el film “Horror of Dracula” (1958), Christopher Lee pasaría mucho tiempo intentando desligarse del género sin demasiado éxito. A mediados de la década del sesenta, el actor conoció al productor Peter Snell, quien estaba a la cabeza de la modesta productora British Lion, y al escritor y guionista Anthony Shaffer, quien varios años más tarde trabajaría con directores como Alfred Hitchcock y Joseph L. Mankiewicz. A estos tres hombres los unía el deseo de adaptar una novela titulada “Ritual”, del escritor David Pinner. Si bien la novela era bastante mediocre, el eje de la historia presentaba la interesante lucha entre un cristiano y un grupo de paganos, lo que de inmediato despertó el interés de Shaffer por el escrito. Sin embargo, debido a diversos motivos la adaptación de la novela tuvo que suspenderse indefinidamente. Recién a principios de la década del setenta, Shaffer se reunió con el también escritor Robin Hardy para discutir la posibilidad de realizar una película de terror inspirada en algunos de los pasajes de la novela de Pinner. De esta forma, Hardy emprendería una ardua tarea de investigación acerca de los cultos paganos, lo cual posteriormente sería utilizado por Shaffer para confeccionar un guión que presentara la realidad de un culto pagano de la forma más objetiva posible.

Una vez que el guión estuvo terminado, la dupla comenzó a buscar a inversionistas interesados en financiar la producción. Fue entonces cuando Shaffer contactó a Peter Snell con la esperanza de que este aún se mostrara interesado en el contenido de la novela de Pinner. Al mismo tiempo, el escritor le mostró el guión a Christopher Lee, quien algunos años antes había visto truncada la posibilidad de trabajar con Shaffer cuando un guión suyo titulado “Absolution”, no logró pasar el proceso de pre-producción. Una vez que Lee leyó el guión, de inmediato contactó a Snell para pedirle que participara en el proyecto. Eventualmente, la productora British Lion accedió a otorgarle un modesto presupuesto a la producción, y contrató a Robin Hardy como director, aún cuando este no tenía ninguna experiencia en el tema. En cuanto a la selección del elenco, luego de que Michael York, David Hemmings y Peter Cushing rechazaran el rol del Sargento Howie, fue contratado Edward Woodward, quien en ese entonces había obtenido algo de notoriedad en Inglaterra gracias a su participación en la serie de televisión “Callan” (1967-1972). Christopher Lee por su parte, se encargaría de personificar Lord Summerisle, el aristocrático y misterioso regente de la isla. Cabe mencionar que era tal el deseo de Lee de trabajar en la cinta, que no cobró absolutamente nada por su participación en la misma.


El gran protagonista de “The Wicker Man” es el Sargento Howie, un oficial de policía escocés que también es un devoto cristiano, el cual cierto día recibe una carta anónima que le advierte sobre la desaparición de una joven llamada Rowan Morrison, la cual supuestamente vive en la pequeña isla de Summerisle. Preocupado por la situación, Howie de inmediato vuela hacia la isla, solo para descubrir que ninguno de los habitantes del lugar parece conocer a la niña, ni siquiera su supuesta madre. Decidido a descubrir la verdad que se esconde tras la carta que recibió, Howie decide quedarse en la isla. Para su sorpresa, los aldeanos a diario realizan una serie de actos absolutamente blasfemos, los cuales influyen en sus costumbres, en sus necesidades, e incluso en su educación. Eventualmente, el Sargento descubre que los habitantes de la isla en verdad pertenecen a una gran comunidad pagana que vive en armonía bajo la dirección de Lord Summerisle, un misterioso aristócrata que parece saber más de lo que está dispuesto a admitir. Inevitablemente, Howie comenzará a ser absorbido por un espiral de interrogantes y mentiras, el cual terminará arrastrándolo a su propia perdición.

Como todo buen relato de misterio, la cinta no solo presenta una sorprendente conclusión, sino que además el camino que debe tomar el protagonista para resolver el caso que se le presenta, resulta ser sumamente interesante. Entre más se sumerge Howie en los acertijos que esconde la isla de Summerisle, más extraña se torna la situación y más son las interrogantes que debe contestar. Afortunadamente, el tono que Robin Hardy le imprime a los distintos pasajes del film, refleja de buena forma la escalada de acontecimientos que van ocurriendo durante la investigación de Howie. Mientras que en la primera mitad del relato el protagonista solo está expuesto a una serie de situaciones extrañas que no ponen en peligro su integridad física, ya durante el segundo tramo de la historia empiezan a acumularse indicios de que algo peligroso ocurre en la isla. En gran medida, lo que Hardy y Shaffer intentan explicar a través de una peculiar historia de suspenso, es como la fe afecta directamente el comportamiento de las personas. Mientras que los integrantes del culto pagano parecen ser felices viviendo bajo sus propias reglas y bajo su propio código moral, Howie, quien evidentemente representa el mundo del cristianismo, se presenta como un hombre temeroso de Dios, quien se niega a satisfacer sus deseos y necesidades debido a que estas atentan directamente contra su religión y el rígido código moral que esta implica.

Lo más interesante de este particular choque cultural y religioso, es que al mismo tiempo que se validan ambos sistemas de creencia, también se crítica el fervor con el que cada uno de los personajes del film sigue los preceptos de su respectiva religión. Por otro lado, en el ámbito de las actuaciones, si bien la totalidad del elenco realiza un estupendo trabajo, quienes se destacan por sobre el resto son Edward Woodward y Christopher Lee. La dupla de actores interpreta de manera espectacular a dos personajes cuya relación tiene un carácter simbólico, ya que son los máximos representantes de la lucha entre el cristianismo y el paganismo que presenta la cinta. Es debido a este mismo motivo, que sus personalidades resultan ser diametralmente opuestas. Mientras que Howie es un hombre determinado, humilde, rígido y algo sensible, Lord Summerisle se presenta como una figura encantadora, liberal, segura e intelectual. En cuanto al aspecto técnico del film, no solo resulta destacable el espectacular trabajo de fotografía de Harry Waxman, sino que también la efectiva y atmosférica banda sonora del compositor Paul Giovanni, quien mezcla diversas baladas inglesas con algunos cánticos druidas y celtas, los cuales son utilizados en una serie de números musicales que fueron ampliamente criticados una vez que fue estrenado el film.

Lamentablemente para Hardy y compañía, el proceso de post-producción de “The Wicker Man” estaría plagado de problemas. Poco antes del estreno del film, los nuevos dueños de la productora British Lion, quienes estaban disconformes con el trabajo realizado por Hardy, le exigieron al director editar aproximadamente quince minutos de metraje, con la intención de convertir a la cinta en un producto rentable. A partir de este suceso, nacería una leyenda que tiene relación con el destino del único negativo del metraje original; Supuestamente, fue tal el enfado que les produjo el film a los nuevos ejecutivos de la productora británica, que estos decidieron ocultar el único negativo del metraje original, el cual se cree que quedó enterrado bajo una autopista que eventualmente se construyó sobre las dependencias de la British Lion. Afortunadamente, Peter Snell le había enviado previamente una copia del film original al productor y director Roger Corman, con la intención de que este le ayudara a distribuir la cinta. Eventualmente, la copia de Corman sería remasterizada y exhibida públicamente, lo que le otorgaría tanto al público como a la crítica, la posibilidad de apreciar por primera vez la visión original de Hardy y Shaffer. Pese a que no está exenta de errores, “The Wicker Man” es una película excelente cuyas numerosas virtudes han provocado que sea reconocida como uno de los mejores thrillers de terror de todos los tiempos.


por Fantomas.

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