miércoles, 28 de mayo de 2008

Lone Wolf and Cub, Sword of Vengance: Itto Ogami y su sangrienta cruzada de venganza.

“Lone Wolf and Cub: Sword of Vengance” (1972), es un film de artes marciales del director Kenji Misumi, el cual está protagonizado por Tomisaburo Wakayama y Akihiro Tomikawa.

Itto Ogami (Tomisaburo Wakayama) es el Kaishakunin del Shogunato; su misión es la de asistir a los condenados mientras realizan el ritual del Seppuku. Es por ello que se ha ganado una multitud de enemigos que desean verlo muerto y humillado. En un complot que busca usurpar su posición, la familia Yagyu asesina a su esposa y lo acusa de traición. Ogami no tendrá más opción que escapar en compañía de su pequeño hijo Diagoro (Akihiro Tomikawa), no sin antes jurar venganza por el deshonor traído a su familia y por la muerte de su amada esposa.


En 1970, el escritor Kazuo Koike y el artista gráfico Goseki Kojima, crearían el manga para adultos, “Lone Wolf and Cub”, el cual rápidamente se volvería popular en Japón. En ese entonces, el actor y productor Shintaro Katsu, quien había protagonizado la popular serie de películas de Zatoichi, el espadachín ciego, estaba buscando un proyecto con el cual pudiera lanzar a la fama a su hermano Tomisaburo Wakayama, quien ya había trabajado en cuatro producciones las cuales no tuvieron una gran acogida por parte del público. Fue así como Katsu dio con el popular manga creado por Koike y Kojima, el cual en su opinión no solo merecía ser adaptado para la pantalla grande, sino que además parecía ser el vehículo perfecto para que su hermano alcanzara la tan esquiva fama. Para escribir el guión de la que se convertiría en la primera entrada de una serie de seis películas, Katsu contrató al mismísimo Kazuo Koike, a sabiendas de que él podría adaptar la historia mejor que nadie. Dicha historia se desarrolla en plena era Tokugawa, época en la cual los samuráis se convirtieron en burócratas, cortesanos y administradores del Japón, alejándose de su veta guerrera tantas veces retratada en el cine.

Es en este escenario que el director Kenji Misumi reinventa la imagen del samurái honorable visto en la ya mencionada saga de “Zatoichi”, para dar paso a Itto Ogami, una suerte de antihéroe que tras su altercado con el clan Yagyu, se convierte en un despiadado asesino a sueldo que se vende al mejor postor, y cuya única compañía es su pequeño hijo al cual transporta en un carrito de madera. En esta primera entrega básicamente se cubre el origen de la mala fortuna de Ogami, y la razón por la cual él abandona su rol de samurái y emisario directo del Shogunato, para convertirse en un asesino a sueldo. Además se relata su primera misión, consistente en eliminar a una banda de yakuzas la cual mantiene a una pequeña villa sumida en el terror. Todo este oscuro viaje está repleto de acción y violencia. En ese sentido, el director no tiene inconveniente alguno para exhibir una violencia gráfica y estilizada, donde podemos ver desde desmembramientos, hasta una brutal violación, dejando en claro que no es una cinta apta para todo tipo de espectadores.

Sin embargo, como mencioné anteriormente, toda la violencia es tratada de una manera bastante estilizada. Gracias a un gran manejo de la cámara y al correcto uso de la luz y la sombra, Misumi logra que estas poderosas escenas de acción se conviertan en una expresión surrealista y poética a la vez. Por otro lado, las coreografías de dichas escenas presentan características que las diferencian a las vistas en otras cintas similares. Por ejemplo. las peleas con espadas son excitantes, rápidas y brutales. Basta solo un golpe propinado por Ogami para que la victima comience a desangrarse de inmediato. En gran medida, es gracias a lo explícito de los eventos y a la dinámica con los que estos son exhibidos, que la cinta rápidamente despierta el interés del espectador deseoso de acción.

La actuación de Tomisaburo Wakayama es una de las principales razones por las que esta película y la serie en general, se encuentran un escalón más arriba que el resto de las cintas del género realizadas en la década del setenta. Wakayama no solo resulta ser imponente físicamente, sino que además es lo suficientemente expresivo como para lograr que el espectador sea capaz de apreciar las cicatrices emocionales que le han dejado los recientes acontecimientos que han cambiado su vida por completo. De igual manera, el actor logra establecer la dicotomía a la cual se enfrenta su personaje, mostrándose por un lado como un hombre tanto o más despiadado que aquellos a los cuales se enfrenta, mientras que al mismo tiempo también es capaz de proyectar su lado más sensible en diversas escenas, como por ejemplo aquella en la que toma un baño con su hijo. Por su parte, el pequeño Akihiro Tomikawa también realiza un estupendo trabajo, en su caso personificando a Diagoro, aunque tomando en cuenta lo pequeño que era en ese tiempo, es difícil imaginar como el desfile de decapitaciones y de arterias expulsando grandes cantidades de sangre no le provocaron un trauma al niño de por vida.

Debido a que la trama de esta cinta y la de sus posteriores secuelas fue extraída directamente del manga, este sirvió prácticamente como un storyboard para los films. A su vez, el director le dio un cierto aspecto de cómic a la cinta, convirtiendo algunas escenas en verdaderas viñetas en las que el diálogo se realiza sin movimiento alguno. Otra cosa que contribuye a la transformación de la producción en una suerte de cómic en movimiento, es el hecho de que la narrativa es extremadamente episódica, por lo que a ratos parece que la cinta está constituida por una serie de capítulos cortos los cuales poseen una cierta independencia. Esto último va estrictamente ligado al hecho de que la trama no es presentada en orden cronológico, por lo que las secuencias que involucran flashbacks tienden a desorientar un poco al espectador. Para colmo, dichas secuencias son en extremo necesarias si se quiere entender el pasado del protagonista, por lo que la cinta requiere la completa atención de la audiencia durante todo el transcurso de su metraje.

Por otro lado, la película presenta una muy buena fotografía, cuyo responsable fue Chishi Makiura, el cual volvería a ejercer esta tarea en tres cintas más de la serie. De la misma forma, el film presenta una correcta banda sonora, compuesta por Hideaki Sakurai. El director se preocupa de mantener un tono fatalista y un aura de perdición de manera constante durante el transcurso de la historia, lo que viene a reflejar de manera clara la situación en la que se ve inmerso Itto Ogami y su hijo. Está claro que esta producción no pretende tener la misma profundidad narrativa de obras de temáticas similares, realizadas por maestros como por ejemplo Akira Kurosawa o Kenji Mizoguchi, los cuales ocupaban las cintas de samuráis para expresar sus postulados acerca del honor y la naturaleza de la vida, entre otras cosas. “Lone Wolf and Cub: Sword of Vengance” no es más que una película que pretende entretener a base de bastante acción, violencia estilizada, y una historia inteligentemente construida, cosa la cual logra sin mayores inconvenientes. Se trata de un verdadero caramelo visual que con el paso de los años se ha convertido en un film de culto a toda prueba, y que inevitablemente te arrastrará a ver el resto de la saga de este curioso samurái y su aguerrido hijo.




por Fantomas.

domingo, 25 de mayo de 2008

Pánico en el Transiberiano: Terror español al más puro estilo de la Hammer.

“Pánico en el Transiberiano” (1972), es un film de terror del director Eugenio Martín, el cual está protagonizado por Christopher Lee, Peter Cushing y Telly Savalas.

Un antropólogo británico llamado Alexander Saxton (Christopher Lee) descubre un antiguo fósil en las remotas montañas de China, el cual posiblemente es el mítico eslabón perdido. Decidido a investigar a la criatura, Saxton se embarca en el expreso Transiberiano para regresar a Europa. Sin embargo, lo que en apariencia parecía ser un viaje tranquilo, pronto se convierte en una pesadilla cuando el monstruo despierta de su letargo y comienza a asesinar a todos los pasajeros.


Para la década del setenta, las películas de horror gótico popularizadas algunos años antes en Inglaterra por la productora Hammer Films, y en los Estados Unidos por el ciclo de adaptaciones de la obra de Edgar Allan Poe realizado por el director Roger Corman, estaban comenzando a perder su atractivo. Y es que el género del horror estaba en franca evolución, lo que provocó que surgieran producciones con un marcado comentario social, como por ejemplo “Night of the Living Dead” (1968), del director George A. Romero, y otras que se sumergían de lleno en los terreros del thriller psicológico, como por ejemplo “Rosemary´s Baby” (1968), del realizador Roman Polanski. Sin embargo, en países como España e Italia la popularidad del terror gótico se extendería durante algunos años más, en gran medida gracias a la aparición de directores como Amando de Ossorio y Eugenio Martín, entre otros, quienes en algunas de sus obras plasmaron su inclinación por ciertos elementos del subgénero. En el caso particular de “Pánico en el Transiberiano”, este film estaría tan influenciado por las películas de la Hammer, que el productor Bernard Gordon contrataría a Peter Cushing y Christopher Lee, las dos más grandes estrellas de la llamada Casa del Martillo, para interpretar los roles protagónicos de la curiosa cinta de Martín, la cual sería rodada en su totalidad en España.

En “Pánico en el Transiberiano” la mayoría de la acción sucede a bordo del expreso Transiberiano, el cual conecta Siberia con Europa del Este. Entre sus pasajeros se encuentran dos científicos británicos, un antropólogo llamado Sir Alexander Saxon, y un biólogo llamado Wells (Peter Cushing), que durante años han mantenido una marcada rivalidad. Además de ellos, en el tren viaja el Conde Marion Petrovski (George Rigaud), su esposa Irina (Silvia Tortosa), el consejero del conde, un sacerdote de apellido Pujardov (Alberto de Mendoza), un detective ruso (Julio Peña), y una mujer que eventualmente dice ser una espía (Helga Liné). Lo que ellos no saben, es que Saxton lleva consigo el cuerpo congelado de un humanoide primitivo, el cual se cree que puede ser el mítico eslabón perdido. Lamentablemente para todos los pasajeros del expreso, eventualmente la bestia despierta dejando un rastro de cadáveres a su paso. Como si esto no fuera lo suficientemente extraño, cuando el Dr. Welles decide realizarles una autopsia a las víctimas de la criatura, se percata de una extraña peculiaridad: los cerebros de las víctimas están completamente lisos, lo que hace suponer que les han drenado su contenido. Por lo tanto, lo que sea que anda suelto por el tren no solo está asesinando a los pasajeros, sino que también está acumulando el conocimiento de todas sus víctimas.

Si algo hay que agradecerles al director Eugenio Martín y a los guionistas Amaud d´Usseau y Julian Zimet, es que no repitieran el esquema tantas veces utilizado en las producciones de la Hammer, en el cual Christopher Lee estaba llamado a interpretar al villano de la historia, mientras que Peter Cushing ocupaba el rol del héroe carismático y desinteresado. En muchos sentidos Sir Alexander Saxon es el típico personaje de Lee, ya que se muestra como un hombre orgulloso, aristocrático y arrogante, lo que se contrasta con el personaje de Cushing quien se presenta como un tipo agradable pero sumamente competitivo. Pese a esto, “Pánico en el Transiberiano” le otorga la oportunidad a Lee de ocupar el rol del héroe del film, una vez que Saxton decide enfrentarse a la bestia cuyo descubrimiento pudo haberle significado el reconocimiento de sus pares a nivel mundial. Obviamente la presencia de esta dupla de actores no es el único guiño que el film de Martín le hace a las producciones de la Hammer. En la trama se pueden encontrar criaturas prehistóricas al igual que en “When Dinosaurs Ruled the Earth” (1970), del director Val Guest; expediciones arqueológicas de resultados desastrosos, como sucede en “The Mummy” (1959), de Terence Fisher; y algo del sensacionalismo histórico exhibido en “Rasputin: The Mad Monk” (1966), del director Don Sharp.

Esta curiosa fusión de elementos e influencias eventualmente sería responsable del especial encanto que presenta el film, y daría pie a la aparición de una serie de inesperados giros dramáticos durante el transcurso de la historia. Y es que la dupla de científicos conformada por Saxton y Welles no solo deberá enfrentarse a la criatura, sino que también a algunos de los pasajeros más influyentes del tren, entre los que se encuentran el inestable Padre Pujardov y el autoritario Capitán Kazan (Telly Savalas). En el caso del sacerdote, no conforme con asegurar que el monstruo tiene un origen divino, hará todo lo posible por evitar que Saxton y Welles asesinen a la criatura. El Capitán Kazan por su parte, resulta ser aún más problemático que Pujardov. Enviado para solucionar los problemas que están aconteciendo al interior del tren, Kazan cree que los asesinatos son obra de un grupo de anarquistas, por lo que no duda en utilizar una serie de métodos violentos para develar el misterio que se esconde tras los crímenes. Si existe algún tipo de subtexto en “Pánico en el Transiberiano”, este está reflejado en la pareja conformada por el Conde Marion Petrovski y su esposa Irina. Y es que ellos son la fiel representación del infame General Franco, quien en ese entonces aún se encontraba en el poder, por lo que no resulta extraño que ambos se sienten en su lujoso y confortable camarote, y vean con total impunidad como sus sirvientes son brutalizados por el monstruo y por el Capitán Kazan.

En el ámbito de las actuaciones, si bien todo el elenco realiza un buen trabajo, es evidente que quienes se destacan por sobre el resto son Christopher Lee y Peter Cushing. Cabe mencionar que Cushing estuvo a punto de abandonar la producción por el reciente fallecimiento de su esposa, y la depresión que dicho suceso le provocó. Sería Lee, quien había establecido una relación de amistad con Cushing durante su paso por la Hammer, quien lo convencería de participar en el film con la intención de revivir la fórmula que tanto éxito les trajo. Quien también sobresale por sobre el resto del elenco es Telly Savalas, aún cuando este solo aparece en escena durante quince minutos de metraje. Y es que su colorida interpretación del dictatorial Capitán Kazan es sin duda uno de los puntos altos de la cinta. En cuanto al aspecto técnico de la producción, esta cuenta con el irregular trabajo de fotografía de Alejandro Ulloa, la efectiva pero olvidable banda sonora del compositor John Cacavas, y el modesto pero llamativo trabajo de maquillaje de Fernando Florido.

Aún cuando el trabajo de dirección de Eugenio Martín dista de ser perfecto, el realizador logra con éxito crear una historia de terror y ciencia ficción que pese a presentar ciertas dosis de humor negro, evita por completo caer en la parodia. Al mismo tiempo, el director aprovecha de la mejor forma posible el claustrofóbico escenario donde se desarrolla el relato, convirtiendo el interior de los vagones del tren en espacios realmente aterradores. Sin embargo, lo que quizás resulta más importante, es que Martín le otorga cierta coherencia a un guión plagado de giros argumentales tan sorprendentes como inverosímiles. Y es que en gran medida, el guión de “Pánico en el Transiberiano” podría ser considerado como la fusión de la novela de misterio “Murder on the Orient Express”, de la escritora Agatha Christie, con la historia de ciencia ficción “Who Goes There?”, del escritor John W. Campbell, por lo que obviamente su rodaje se presentaba como todo un reto que afortunadamente el realizador español pudo sortear sin mayores inconvenientes. En definitiva, “Pánico en el Transiberiano” resulta ser una película sumamente entretenida, que presenta un guión atractivo, una peculiar atmósfera y un elenco memorable, lo que ha provocado que hoy en día sea recordada como una de las producciones más importantes del llamado género fantástico español.




por Fantomas.

jueves, 22 de mayo de 2008

The Man From Planet X: El más extraño visitante que la Tierra ha presenciado.

“The Man From Planet X” (1951), es un film de ciencia ficción del director Edgar G. Ulmer, el cual está protagonizado por Robert Clark, Margaret Field, y Raymond Bond.

El profesor Elliot (Raymond Bond) ha instalado un observatorio en los páramos nebulosos de una remota isla de Escocia, para estudiar el extraño acercamiento a la Tierra de un planeta desconocido. Conviven con él su hermosa hija Enid (Margaret Field), y el doctor Mears (William Schallert), un antiguo alumno de pasado oscuro. Poco tiempo después de la llegada del reportero John Lawrence (Robert Clark), una nave del planeta X aterriza cerca del observatorio. ¿Cuáles son los verdaderos motivos que han traído a la Tierra al visitante que se encuentra al interior de la nave? Esa es la pregunta que deberán contestar Elliot y sus colaboradores antes de que sea demasiado tarde.

En julio de 1947, un periódico local de Nuevo México, el Roswell Daily Record, publicó una noticia que pronto daría la vuelta al mundo: La aviación había descubierto los restos de un platillo volador en el desierto. Obviamente la aviación rápidamente desmintió todo esto, asegurando que los restos recuperados no eran más que los de una sonda meteorológica. Las explicaciones simplistas de las autoridades no tuvieron el efecto deseado, y pronto comenzaron a surgir personas que aseguraban que habían visto un platillo volador. En este contexto fue que comenzaron a aparecer películas basadas en este fenómeno. La cinta que inició esta oleada de films de extraterrestres fue “The Flying Saucer” (1950), el cual fue rápidamente olvidado luego de su lanzamiento. Un año más tarde le seguiría “The Man From Planet X”, que sería la primera producción que nos mostraría a un visitante llegado del espacio exterior, y es ahí donde precisamente reside su importancia.

La idea de la película es responsabilidad de los guionistas y escritores Aubrey Wisberg y Jack Pollexfen. Su colaboración se inició con la cinta “Treasure of Monte Cristo” (1949), y posteriormente se especializarían en rodar secuelas de los grandes clásicos de la literatura de aventuras. Para rodar esta cinta, Wisberg y Pollexfen fundaron la Mid-Century Films y alquilaron unos despachos y una sala de montaje en los Estudios Hal Roach, donde afortunadamente estaban guardando los lujosos decorados góticos de la cinta “Joan of Arc” (1948), protagonizada por Ingrid Bergman. Fue debido a este descubrimiento que los autores/productores desplazaron la acción a Escocia, específicamente a los páramos escoceses.


Wisberg y Pollexfen optaron por contratar al director Edgar G. Ulmer pensando que sería el hombre ideal para llevar a cabo un proyecto como este. El director presentaba un currículo bastante favorable; era responsable de los impresionantes decorados de cintas como “Der Golem” (1920), “Die Nibelungen” (1924) y “Metrópolis” (1927), entre otras. Además era el responsable del film “The Black Cat” (1934), el cual tiene la particularidad de haber reunido por primera vez a Bela Lugosi y Boris Karloff. Todo estos antecedentes sugerían que el realizador era el hombre indicado para hacerse cargo del proyecto, debido a su habilidad para construir un halo de misterio con pocos elementos; además trabajaba rápido (rodó la película en seis días), y finalmente su salario no era excesivo. Pese a ser una obra serie B, Ulmer se tomó el proyecto muy en serio, transformándolo en una cinta intrigante y sumamente atmosférica, digna de las mejores producciones de la edad de oro del cine fantástico realizadas durante los años treinta y cuarenta.

Pese a que gran parte de las cintas de ciencia ficción rodadas en la década de los cincuenta venían acompañadas de un mensaje claramente anticomunista, donde se intentaba alertar a la población de que el peligro provenía de Marte, el planeta Rojo, esta película no lleva implícito ningún mensaje propagandista, sino que más bien toca el tema de la incomprensión del hombre hacia lo desconocido. Es un film que no pretendía influenciar a nadie, por lo que se ambienta en un pasado que aún no conoce la guerra fría. Es simplemente una película fantástica que está más en la vena del cine de terror de monstruos, donde Drácula o el monstruo de Frankenstein, es reemplazado por un pequeño y misterioso extraterrestre. Y es que al igual que la criatura creada por el doctor Frankenstein, este extraño y monstruoso visitante se ve inmerso en un mundo que no comprende, cuyos habitantes prefieren tratarlo con hostilidad en vez de tomarse el tiempo de comprenderlo.

De la misma forma en que se expone el miedo del hombre a lo desconocido, también se toca el tema de las consecuencias de la crueldad y los límites de la ambición. Si bien en un principio se muestra al extraterrestre como un ser cooperador y pacífico, también se explica que fácilmente podría convertir a los habitantes de la Tierra en sus esclavos. El hecho que pareciera ser determinante en el cambio de actitud que tiene el visitante, es el trato que tiene el doctor Mears con él una vez que este logra establecer una forma de comunicación, y se da cuenta de lo beneficiosos que pueden ser los conocimientos de este ser. Es a causa de la ambición de Mears que vemos al extraterrestre como una víctima en un determinado momento de la cinta, y por esta razón, pese a la hostilidad posterior del visitante, queda planteada la interrogante acerca del posible destino de la Tierra y sus habitantes si es que Mears no hubiese actuado impulsado por sus ansias de dinero y fama.

La cinta se realizó con un modesto presupuesto de tan solo 41.000 dólares. Aunque esto se ve reflejado en la calidad de los efectos, estos terminan otorgándole un cierto encanto especial a la obra. Por su parte, la fotografía de John L. Russell, los extraños sonidos concebidos por William Randall, y la banda sonora de Charles Koff, ayudan a construir la atmósfera inquietante y expresionista que presenta el film. En lo que a las actuaciones se refiere, estas en general son correctas sin ser nada espectacular. Tanto William Schallter como Robert Clark seguirían ligados por un buen tiempo al cine de ciencia ficción, para luego dedicarse a trabajar mayormente en series de televisión. Debido al éxito que obtuvo la película al momento de su estreno, la United Artist compró los derechos de distribución en todo el país. A causa de los beneficios obtenidos, Wisberg y Pollexfen decidieron invertir en otras cintas de ciencia ficción, las que no obtuvieron los mismos resultados que “The Man From Planet X”, principalmente debido a que no presentaban la atmósfera y la imaginación que le había imprimido Edgar G. Ulmer a esta producción. Aunque lo simple de los efectos especiales puede jugarle algo en contra al film, este resulta ser sumamente entretenido y dinámico, además de presentar unos buenos momentos de tensión y una atmósfera bastante atrayente. En definitiva, “The Man From Planet X” es fácilmente una de las mejores cintas de ciencia ficción de bajo presupuesto realizadas durante los años cincuenta, y merece un poco más de reconocimiento que el que tiene actualmente.



por Fantomas.

domingo, 18 de mayo de 2008

L´uomo senza memoria: Un giallo algo "inusual".

“L´Uomo senza memoria” (1974), es un giallo del director italiano Duccio Tessari, el cual está protagonizado por Senta Berger y Luc Merenda.

Tras sufrir un accidente automovilístico, Peter Smith (Luc Merenda) olvida por completo quien es realmente. Si bien esto no le preocupa mayormente, cuando un extraño aparece en su residencia en Londres y amenaza con asesinarlo, todo su mundo se cae a pedazos. Sin embargo, eventualmente el extraño es asesinado por un tirador misterioso, lo que convierte a Peter en el principal sospechoso. Es entonces cuando recibe un telegrama de Sara (Senta Berger), una mujer que asegura ser su esposa, quien lo invita a visitarla en su residencia en Italia. Motivado por su espíritu de supervivencia, Peter decide viajar al encuentro de su supuesta esposa, convencido de que ahí podrá unir los pedazos de su fragmentada memoria, y resolver el misterio que se esconde tras su verdadera identidad.


Tras haberse hecho un nombre dentro del mítico género del péplum, y posteriormente haber saltado con confianza al cínico, polvoriento y violento mundo del spaghetti western, era inevitable que el director italiano Duccio Tessari intentara probar suerte en los sórdidos terrenos del giallo. Sin embargo, a diferencia de otros realizadores como Dario Argento, Mario Bava o Sergio Martino, el acercamiento de Tessari con el giallo fue breve, lo que no impidió que el director dejara su huella en el género. Tres años más tarde de realizar la memorable “Una farfalla con le ali insanguinate” (1971), el cineasta se despediría del llamado thriller a la italiana con “L´Uomo senza memoria”, cinta cuyo guión estuvo a cargo del siempre interesante Ernesto Gastaldi, quien realizaría una importante pero silenciosa labor estableciendo ciertos parámetros del giallo en compañía de diversos realizadores como Luciano Ercoli, Aldo Lado y el ya mencionado Sergio Martino, entre otros.

El protagonista de este film es Peter Smith, un hombre que ocho meses después de sufrir un grave accidente automovilístico en Londres, aún no logra recordar su verdadera identidad. Es entonces cuando conoce a Philip (Manfred Freyberger), un hombre que le asegura que su verdadero nombre es Ted Walden, y que es un reconocido estafador. Al no tener pruebas de la veracidad de los dichos de Philip, Peter/Ted decide reunirse con él para hablar del asunto. Sin embargo, en plena discusión, Philip es asesinado por un misterioso tirador estratégicamente ubicado en el edificio que queda frente al departamento del protagonista. Asustado y confundido, Peter/Ted esconde el cuerpo y emprende rumbo hacia un pequeño pueblo costero italiano, donde supuestamente vive su esposa Sara, quien luego de estar prácticamente un año soportando la ausencia de su amado esposo, misteriosamente ha decidido enviarle un telegrama para invitarlo a regresar a su hogar. Aún cuando Peter/Ted no está seguro de que lo que dice Sara sea cierto, junto a ella emprende la tarea de reunir las piezas de su fragmentada memoria, para así descubrir el secreto que se esconde en su subconsciente, y la razón por la cual un matón llamado George (Bruno Corazzazi) ha comenzado a acosarlo tanto a él como a Sara.


Durante una gran cantidad de años, el tema de la pérdida de memoria ha ocupado un lugar de privilegio dentro del cine de suspenso. Mientras que directores como Alfred Hitchcock con su film “Spellbound” (1945), decidieron explorar el alcance de la psiquiatría y la importancia del subconsciente en el afloramiento de recuerdos reprimidos, otros realizadores como Mario Bava con la cinta “La ragazza che sapeva troppo” (1963), obra seminal del giallo, optaron por exponer que los recuerdos no siempre son un reflejo fiel de lo acontecido en un momento determinado, por lo que es imposible confiar ciegamente en nuestra percepción de las cosas. Esta idea de la fragilidad de los recuerdos, fue utilizada frecuentemente por los directores que se aventuraron en el mundo del giallo, como una herramienta generadora de suspenso, y como pieza clave del misterio central de cada uno de los sórdidos relatos que abundan en el llamado thriller a la italiana. Sin embargo, en esta ocasión la amnesia adquiere un rol protagónico en la trama, lo que provoca que todo gire en torno a los recuerdos olvidados de un protagonista que a medida que comienza a descubrir la verdad sobre su pasado, se torna más ansioso por sumergirse en el dulce olvido que le provocó su infortunado accidente.

Por otro lado, en un destello de genialidad, Duccio Tessari por momentos opta por ir más allá de la problemática del protagonista, y centrarse en la figura de su esposa Sara, y la subjetiva paranoia que esta sufre a causa de la peculiar situación de su marido, y las consecuencias que esto les ha traído a ambos. Sara no solo se alza como una figura femenina atractiva e ingeniosa, sino que además el proceso de adaptación que ella debe vivir luego del regreso de su esposo, se convierte en uno de los generadores de tensión más importantes del relato. Más allá de los aspectos temáticos del film, es necesario mencionar que “L´Uomo senza memoria” es un giallo atípico, ya que no presenta asesinos maníacos de guante negro, personajes marcados por algún trauma infantil, ni existe un elevado conteo de cadáveres. Sin embargo, lo que Tessari si se preocupa de mantener, es la marcada estilización de la violencia, la cual es una de las características más reconocibles del género.

En lo que a las actuaciones se refiere, el elenco realiza un trabajo bastante irregular. Si bien Luc Merenda resulta ser un actor bastante inexpresivo, hay que reconocer que logra con éxito proyectar la ambigüedad de su personaje, quien por momentos pareciera estar mintiendo con respecto a su amnesia. Santa Berger en cambio, realiza un estupendo trabajo interpretando a una mujer independiente e inteligente, que escapa al típico arquetipo de la mujer existente en el giallo. En relación al aspecto técnico de la película, esta cuenta con el magnífico trabajo de fotografía de Giulio Albonico, quien logra que los apacibles escenarios del pueblo costero donde se desarrolla la historia, reflejen la claustrofóbica paranoia experimentada por la dupla protagónica. En esta labor es asistido por la soberbia banda sonora del compositor Gianni Ferrio, quien durante su carrera se destacó como uno de los colaboradores habituales de Duccio Tessari.

Como se menciona anteriormente, “L´Uomo senza memoria” es un giallo atípico que durante gran parte del metraje presenta un suspenso bastante hitchcockiano, el cual solo se quiebra durante el poco convencional tramo final, en el cual una atemorizada pero decidida Sara, opta por utilizar una motosierra como elemento de defensa ante el inminente ataque del villano de turno. Si bien la cinta presenta un ritmo narrativo más bien pausado, la historia en ningún momento se torna tediosa gracias al hecho de que gran parte de los personajes resultan ser bastante interesantes, con la excepción de Luca (Duilio Crucieni), un molesto e insoportable niño que está encaprichado con Sara. En conclusión, la obra que marcaría la despedida de Duccio Tessari del giallo merece más reconocimiento del que tiene actualmente, ya que se presenta como un buen ejemplo de la habilidad tanto del director como del guionista Ernesto Gastaldi, para construir un giallo fascinante sin la necesidad de incluir violencia gráfica innecesaria o rebuscados giros de tuerca.



por Fantomas.

miércoles, 14 de mayo de 2008

The 36th Chamber of Shaolin: Gordon Liu y el éxito de los Shaw Brothers.

“The 36th Chamber of Shaolin” (1978), es un film de artes marciales del director Chia-Liang Liu, el cual está protagonizado por Gordon Liu y Lo Lieh.

Yu-Te (Gordon Liu) es un estudiante idealista que ve con impotencia las crueldades que los manchues le infligen a su pueblo. Tras involucrarse en labores de sabotaje, su familia termina siendo asesinada mientras que él escapa muy malherido. Convertido en fugitivo, acabará llegando al templo Shaolín donde será atendido por los monjes. Tras un año de permanencia en el templo, Yu-Te convencerá a los monjes de iniciarlo en el arte del kung-fu. Tan solo luego de superar las difíciles pruebas de las 35 cámaras, el joven podrá alcanzar el estatus de maestro y bajar de la montaña, para ayudarle a la gente humilde a liberarse de la tiranía manchú.


Con la creciente popularidad de Bruce Lee y gracias al éxito de cintas como “King Boxer” (1972), a principios de los setenta se estrenó una oleada de cintas de artes marciales producidas principalmente por el mítico estudio de los Shaw Brothers. Esta cinta fue una de las tantas producidas por el estudio, la cual al momento de su estreno obtuvo un gran éxito en Hong Kong, por lo que no tardó en llegar a las salas de cine norteamericanas bajo el nombre de “Master Killer”. Bajo la apariencia de la típica película de artes marciales, se esconde uno de los grandes clásicos de género. Pese a que la trama de la cinta no se aleja demasiado del típico “cine de venganza” proveniente de Asia, la película marca una diferencia en lo que se refiere al escenario donde ocurre gran parte de la acción. Si bien en estas cintas la inclusión de secuencias en las cuales el protagonista, que suele ser un aprendiz de habilidades cuestionables, debe someterse a un duro entrenamiento, son prácticamente de carácter obligatorio, la historia pocas veces tiende a centrarse en este aspecto, el cual por lo general tiene un carácter secundario. La gran diferencia de “The 36th Chamber of Shaolin“, es que toma esta suerte de regla implícita del género, y la convierte en el centro de todo el segundo acto de la película.

La película toma el concepto del entrenamiento, y lo transforma en una especie de escala evolutiva tanto a nivel físico como espiritual. En ese sentido, muchas de las escenas de esta cinta, fácilmente podrían ser consideradas como algunos de los momentos más memorables dentro del cine de artes marciales. Y es que durante el segundo tramo de la historia, somos testigos de como San Te comienza a dominar una cámara tras otra, a costa de su propia integridad física, con el fin de alcanzar su meta lo más rápido posible, la cual consiste en convertirse en un avezado luchador capaz de vengar la muerte de su familia. Sin embargo, a medida que el protagonista va superando cada uno de los retos que presentan las distintas cámaras, este empieza a crecer como persona, profundamente influenciado por las doctrinas budistas aprendidas de los monjes Shaolin.

Lo interesante de esta cinta es que mientras respeta varios de los cánones del cine de artes marciales, aprovecha de ir un paso más allá. En un sinfín de otras películas, San Te simplemente hubiese aprendido artes marciales, e inmediatamente hubiese ido a vengar a su familia sin experimentar ningún tipo de cambio a nivel personal. Con la intención de aportarle algo nuevo al género, el director Chia-Liang Liu se preocupa de presentar a un protagonista cuyas habilidades físicas se desarrollan a la par con su mente. Esto queda explicitado con lo que sucede al finalizar el entrenamiento de San Te. Tras superar las 35 cámaras vemos finalmente como ha influido el entrenamiento en el protagonista; al ofrecérsele el control de cualquiera de las 35 cámaras, San Te opta por intentar crear una nueva cámara, una que pueda ser usada para enseñar kung fu fuera de los límites del templo, adoctrinando a la gente común y corriente para que estos puedan protegerse de la tiranía que reina en el lugar, dejando de esta forma sus deseos de venganza en segundo plano.

Por otro lado, resulta obvio que esta cinta fue creada por artistas marciales. Chia-Liang Liu había trabajado en un gran número de películas como coreógrafo de las escenas de lucha, antes de convertirse en director. Es por esta razón que sus cintas están más enfocadas en realzar las habilidades de los actores que participan en ellas, más que a exhibir sus habilidades del director, sin que esto signifique que él descuide la fotografía u otros aspectos técnicos de sus realizaciones. Debido a esto, gran parte de sus trabajos son realmente espectaculares en lo que a las escenas de acción se refiere, que es precisamente lo que sucede en esta cinta. Esto queda plasmado en la escena del duelo entre San Te y uno de los monjes que se muestra abiertamente en contra del entrenamiento que recibe el impulsivo protagonista. “The 36th Chamber of Shaolin” es un verdadero homenaje a las artes marciales, a la filosofía, el control, y el propósito de estas.

Gordon Liu es una de las más grandes estrellas de la era dorada del cine de acción de Hong Kong. Sin embargo, sus obras jamás contaron con la difusión que tuvieron las producciones de otras estrellas como Bruce Lee o Jackie Chan. Curiosamente, Liu obtuvo su primer rol protagónico en la cinta “Shaolin Martial Arts” (1974), la cual también fue la primera película de su hermano Chia-Liang Liu como director (él también es el realizador de esta producción). Desde ese momento seguirían trabajando juntos en un buen número de films, siendo esta una de sus colaboraciones más recordadas. Liu, que ha demostrado ser un dotado actor cómico, en esta ocasión realiza un espléndido trabajo personificando a un joven idealista que durante el transcurso de su estadía en Shaolin, verá como sus deseos de venganza se irán volcando hacia un fin más noble, el cual tiene por objetivo preparar a los habitantes de su pueblo natal para que estos puedan hacerle frente a los dictadores que los someten día tras día.

Si bien las verdaderas estrellas del film son las distintas pruebas que debe superar San Te, y las coreografías que acompañan las mismas, la fotografía de Arthur Wong es realmente notable. La banda sonora por su parte, es bastante correcta y logra imprimirle un cierto tono épico a algunas escenas, en especial a aquellas que se centran en el entrenamiento del protagonista. Esta cinta ha sido una gran influencia para muchos realizadores en todo el orbe, entre los que se encuentra Quentin Tarantino, que debido a su afición a este tipo de cine y a la admiración que sentía por el trabajo de Gordon Liu, lo llamó a participar en la saga de “Kill Bill”, en donde se destaca por su papel como el maestro Pai Mei. En definitiva, “The 36th Chamber of Shaolin” es una cinta que puede resultarle entretenida incluso a aquellos espectadores que no son aficionados al género, la cual en la actualidad es considerada como una de las obras más importantes dentro del cine de artes marciales, al punto que debido a su éxito dio pie a dos secuelas: “Return to the 36th Chamber” (1980) y “Disciples of the 36th Chamber” (1985).



por Fantomas.

domingo, 11 de mayo de 2008

El cebo: Una de las tantas películas imprescindibles del cine español.

“El Cebo” (1958), es un film de suspenso del director húngaro Ladislao Vajda, el cual está protagonizado por Heinz Rühmann y María Rosa Salgado.

Una pequeña niña aparece asesinada en un cantón suizo. El crimen guarda parecido con otros asesinatos ocurridos con anterioridad y el comisario Matthäi (Heinz Rühmann), quien está a punto de retirarse, no termina de convencerse de la culpabilidad del único sospechoso: un torpe vendedor ambulante al cual apuntan todos los indicios. Por esta razón, el inspector decide abandonar todos sus planes e iniciar una investigación por su cuenta, con el fin de descubrir la verdadera identidad del asesino en serie.


Ladislao Vajda comenzó su carrera como guionista en el cine mudo austriaco y alemán, para luego trabajar como montador en los años treinta junto a personajes como Billy Wilder o Henry Koster. Fue durante la década del cuarenta que el director se asentaría en España, lugar donde rodaría sus más aclamadas cintas, muchas de las cuales contaban con la participación de uno de los niños prodigio del cine español, Pablito Calvo. Películas como “Mi Tío Jacinto” (1956), “Marcelino Pan y Vino” (1955), y “Un Ángel Pasó por Brooklyn” (1957), entre otras, son un ejemplo del legado cinematográfico que este director dejó en España. Sin embargo, fue con “El Cebo”, una obra imprescindible del cine de suspenso, la cual fue escrita por el pintor y escritor suizo Friedrich Dürrenmatt, que el realizador alcanzaría su cumbre creativa.

Lo que esta cinta expone de manera brillante es el choque entre el mundo adulto y el infantil, utilizando una escabrosa historia policial como telón de fondo, historia que por lo demás se adelanta por varios años a la moda de los asesinos en serie en el cine, e incluso a temas como la dominación enfermiza expuesta de forma magistral por Alfred Hitchcock en su film “Psycho” (1960). Para lograr esto, el director escogió como escenario a los cantones suizos, sitios reconocidos por su paz y tranquilidad, los cuales sirven de manera perfecta como metáfora de que todo mundo inocente, en este caso el mundo de los niños, está propenso a ser contaminado por la oscuridad y la depravación de los adultos, idea que se sostiene durante todo el transcurso de la película. Y es que de hecho cuando Dürrenmatt escribió el guión, su intención era advertirles a los padres de los peligros de los crímenes sexuales en contra de los niños, tema que hoy en día es una realidad más que patente.

La verdad es que durante todo el transcurso de la cinta, el mundo de los adultos se muestra de manera amenazante, al punto que ni la policía ni el protagonista pueden escapar de la generalización que realiza el director. De hecho, resulta cuestionable la crueldad con que la policía trata al pobre vendedor ambulante que se convierte en el primer sospechoso de los crímenes, quien traumatizado por los abusos sufridos a manos de los agentes de la ley, termina suicidándose. Más reprobable aún es la maquiavélica estrategia de un obsesionado inspector Matthäi, el cual no dudará en utilizar un cebo humano en su intento desesperado por atrapar a su presa. ¿Es justificable que el inspector utilice a una pequeña niña con el fin de frenar futuros asesinatos? ¿Quién es moralmente más enjuiciable: el asesino que finalmente es un enfermo, o el inspector que pone en juego una vida inocente plenamente consciente de lo que está haciendo? Estás preguntas rondarán por la mente del espectador durante gran parte de la cinta, sin que este logre llegar a una conclusión por completo satisfactoria.

También resulta interesante como se gráfica el mundo infantil, mostrándolo como un mundo dominado por la fantasía y la inocencia. Este hecho se plasma de manera perfecta en el dibujo realizado por Gretta, una de las niñas asesinadas por el psicópata, el cual sirve de base para la investigación del inspector Matthäi. En este dibujo se ve como la niña fusiona el mundo real con el mundo de los cuentos de hadas, describiendo como un gigante al hombre culpable de su muerte. Esta realidad vista a través de los ojos de los niños es reafirmada por el testimonio de la mejor amiga de Gretta, la cual asegura fehacientemente que fue un verdadero gigante el que estableció contacto con su amiga, demostrando la fascinación de los niños por los mundos fantásticos, los cuales gracias a su imaginación e inocencia terminan convirtiéndose en parte de su realidad.


Es sumamente interesante como el director utiliza un simple dibujo infantil como la principal pista de una serie de asesinatos, sometiéndolo incluso al escrutinio del psicólogo de la policía, el cual logra darnos algunas características psicológicas del hombre que está detrás estos escabrosos crímenes, entregando además las posibles razones que lo llevan a asesinar a pequeñas niñas indefensas. También es destacable como Vajda maneja el suspenso en una historia donde no hay grandes giros de tuerca, sino que más bien se aprovecha lo inminente de las situaciones. En el transcurso de la cinta somos testigos de los múltiples errores del inspector, y sufrimos a causa de ellos. De la misma forma, es destacable como el director maneja un tema tan macabro sin caer en lo netamente explícito, logrando transmitir una sensación de peligro constante sin mostrar una gota de sangre.

En lo que a las actuaciones se refiere, estas en general son bastante buenas. Heinz Rühmann logra construir un personaje lleno de matices, mostrándose a ratos como un hombre frío que hará lo posible por lograr su cometido, mientras que en otras ocasiones muestra su lado tierno, en especial en gran parte de las escenas que comparte con la pequeña que utiliza como carnada. Por su parte, Gert Fröbe también realiza un buen trabajo como el siniestro y atormentado asesino. Este actor es más conocido por haber interpretado al villano Auric Goldfinger en el film de James Bond, “Goldfinger” (1964), papel que en gran medida obtuvo gracias a participación en esta cinta. Por otro lado, la película también presenta el estupendo trabajo de fotografía de Ernst Bolliger y Heinrich Gärtner, quienes en gran medida son responsables de la atmósfera inquietante y opresiva que domina al relato. En lo que respecta a la banda sonora, la cual fue compuesta por Bruno Canfora, resulta sumamente efectiva al momento de ambientar las escenas, ya sea aumentando la tensión de las mismas, u otorgándoles una sensación de tranquilidad aparente.

En relación al aspecto narrativo del film, el guión es interesante a pesar de la simpleza con la que se presentan los hechos. Curiosamente, el guionista se encontraba escribiendo una novela inspirada en el guión, a la que le dio un final bastante más oscuro que el que presenta la película. Dicha novela sería adaptada varios años más tarde por Sean Penn bajo el título de “The Pledge” (2001), y estaría protagonizada por el incombustible Jack Nicholson. En definitiva, “El Cebo” es una verdadera joya del cine de suspenso, cuyo mensaje final plantea que la inocencia de los niños debe ser protegida cueste lo que cueste, evitándoles en lo posible cualquier exposición al horror del mundo de los adultos. Tal vez si su director hubiese sido Alfred Hitchcock o Fritz Lang, esta película habría tenido mayor difusión y ahora sería considerada como una obra fundamental del cine de suspenso. Sin embargo, se trata de una cinta desconocida para gran parte del público, que merece ser rescatada del infame baúl del olvido.



por Fantomas.

jueves, 8 de mayo de 2008

The Sentinel: Horror teológico de los setenta.

“The Sentinel” (1977), es un film de terror del director Michael Winner, el cual está protagonizado por Cristina Raines y Chris Sarandon.

Alison Parker (Cristina Raines) es una joven modelo que decide arrendar un departamento para irse a vivir sola. Al poco tiempo de mudarse a su nuevo hogar, comienza a sentirse algo inquieta por los constantes ruidos que hacen sus vecinos y por las horribles pesadillas que la atormentan noche tras noche. Sin embargo, cuando Alison le comenta su problema a la agente de bienes raíces que le vendió el departamento, esta le asegura que en el edificio solo vive ella y un misterioso sacerdote, lo que le hará dudar de su estado mental y eventualmente la llevará a descubrir el oscuro secreto que esconde el inmueble.

La década del sesenta en los Estados Unidos fue una época marcada por una serie de cambios sociopolíticos. Hechos como el asesinato del Presidente Kennedy y la Guerra de Vietnam, tuvieron un potente efecto en la sociedad norteamericana, la cual comenzó a tener problemas para distinguir la línea divisora entre lo correcto y lo incorrecto. Esto eventualmente provocó que entre los norteamericanos empezara a reinar una creciente desesperanza que los llevó a cuestionarse seriamente sus creencias. De forma paralela, la cultura pop empezó a retratar esta evidente fragmentación de la fe experimentada por la sociedad estadounidense, lo que serviría de punto de partida para la realización de un ciclo de películas que buscaban atacar las bases del idealismo religioso. Dicho movimiento cinematográfico contaría con obras como “Rosemary´s Baby” (1968), del director Roman Polanski, “The Devils” (1971), de Ken Russell, “The Exorcist” (1973), de William Friedkin, y “The Omen” (1976), de Richard Donner, entre otras. Dentro de las cintas pertenecientes a esta oleada de largometrajes potencialmente blasfemos, se encuentra “The Sentinel”, la cual como muchas otras obras de similares características realizadas en aquel periodo, se terminó perdiendo entre los grandes clásicos del género.

En “The Sentinel”, cinta la cual está basada en la novela del mismo nombre del escritor Jeffrey Konvitz, la modelo neoyorkina Alison Parker y su novio Michael Lerman (Chris Sarandon), están buscando un lugar donde establecerse. Sin embargo, Alison no está muy segura de querer vivir con su novio, por lo que comienza a buscar un departamento en solitario. Eventualmente decide mudarse a un viejo edificio, el cual está habitado por una serie de curiosos personajes, entre los que se destaca un sacerdote ciego de presencia amenazadora. Al poco tiempo de su llegada al departamento, Alison empieza a experimentar diversas dolencias e insomnio, junto con horrendas visiones de su fallido intento de suicidio y de su recientemente fallecido padre, cuyo extraño comportamiento provocó que ella sufriera de depresión algunos años atrás. Al mismo tiempo, no puede evitar sentir cierta molestia por los ruidos provocados por sus extravagantes vecinos, por lo que decide contactar a la agente de bienes raíces que le vendió el departamento en busca de alguna solución. Cuando esta le comenta que ella y el misterioso sacerdote son los únicos habitantes del inmueble, Alison y Michael comienzan a investigar la historia del edificio, el cual encierra un secreto que sería mejor que permaneciese enterrado para siempre.

Si hay algo por lo que se destaca “The Sentinel”, es por presentarse como un testamento del poderío de las imágenes. El director no solo contrasta de manera efectiva los espacios abiertos de la ciudad de Nueva York con el lúgubre interior del edificio habitado por la protagonista, otorgándole a este último una marcada atmósfera claustrofóbica, sino que además durante el transcurso del film inserta una serie de imágenes de carácter onírico, las cuales resultan ser tan atractivas como aterradoras. En relación a esto último, si bien en la mayoría de las ocasiones Winner estuvo apoyado por el maravilloso trabajo de maquillaje de Dick Smith a la hora de retratar a los monstruos que habitan tanto en la mente de Alison como en el edificio donde ella vive, el director cometió el error de utilizar a gente con malformaciones físicas para representar a los agentes del mal que se esconden en el siniestro inmueble donde transcurre el relato. Esta particular decisión le valió una serie de críticas al realizador, las que principalmente ponían en tela de juicio la calidad moral del mismo.

Por otro lado, “The Sentinel” como muchos otros films de terror, funciona como una metáfora acerca de la búsqueda de igualdad de derechos por parte de la mujer en una sociedad predominantemente machista. Y es que en vez de refugiarse en los brazos de su novio, Alison ansía ser independiente, lo que inevitablemente la traerá una serie de problemas que condicionaran su rol dentro de la sociedad y su propia vida. Lamentablemente, si bien muchas de las protagonistas de este tipo de historias comienzan ejerciendo el rol de víctimas para luego convertirse en verdaderas heroínas, Alison no es tan afortunada. Su agridulce destino está dominado por una cruel ironía, cuya importancia resulta ser vital para más gente de la que ella imagina. Otro de los temas interesantes que toca la cinta, es la marcada dualidad existente al interior de la Iglesia Católica. Por momentos, Winner presenta a la Iglesia como una entidad siniestra y manipuladora, dispuesta a engañar a la sociedad y a los creyentes con tal de lograr sus objetivos. Sin embargo, será la figura del Padre Halliran (John Carradine) la que representará las buenas intenciones de una institución que con el paso de los años ha ido tiñendo su reputación de manera lamentable.


En cuanto a las actuaciones, Cristina Raines realiza un buen trabajo interpretando a una mujer cuyos deseos y aspiraciones se ven frustradas por una serie de extrañas ocurrencias, que eventualmente la terminan sumiendo en el peor de los horrores. Aún cuando la actuación de Raines es correcta, si por algo es recordada “The Sentinel” es por los rostros encargados de interpretar los roles secundarios del film. De este grupo, quienes más se destacan en términos actorales son Burgess Meredith, quien interpreta a uno de los extravagantes vecinos de Alison, y John Carradine, quien se encarga de interpretar al misterioso Padre Halliran, el cual da la impresión de vivir constantemente sumido en un peculiar trance. Además de ellos, en la cinta participan con breves cameos Ava Gardner, Beverly D´Angelo, Jeff Goldblum, Tom Berenger, Eli Wallach, Jerry Orbach y Christopher Walken. Esta gran cantidad de rostros familiares no solo le otorga a la película un encanto especial, sino que además le imprime una credibilidad al relato que un elenco distinto no hubiese podido lograr.

En lo que respecta al aspecto técnico de la producción, no solo resulta destacable el trabajo de fotografía de Richard Kratina, sino que también el atractivo diseño de producción de Edward Stewart, y la efectiva banda sonora compuesta por Gil Melle. Aún cuando el guión escrito por Michael Winner y Jeffrey Konvitz da lugar a algunos ripios narrativos, de todas formas el director logra imprimirle un ritmo narrativo dinámico al film, el cual rápidamente atrapa al espectador en una historia marcada por momentos realmente espeluznantes y un sorpresivo giro final. En definitiva, bajo la apariencia de una obra menor del ciclo de cine demoníaco que tanto éxito tuvo durante la década del setenta, se esconde una película sumamente interesante y perturbadora, que ha soportado de buena manera el paso del tiempo, y cuyo llamativo apartado visual e interpretativo ha permitido que “The Sentinel” se alce por sobre otras producciones de similares características.




por Fantomas.

martes, 6 de mayo de 2008

Aviso de utilidad pública Nº 2

Hola a todos,


Continuando con la campaña de "mejoramiento" de mis reseñas más antiguas les dejo la lista de aquellas que han sufrido cambios en esta ocasión:

- La tumba de Ligeia (1964)
http://fantomas-cinemascope.blogspot.com/2007/10/la-tumba-de-ligeia-1964-es-la-ltima.html

- Un hacha para la luna de miel (1964)
http://fantomas-cinemascope.blogspot.com/2007/10/un-hacha-para-la-luna-de-miel-hasta-que.html

- Re-animator (1985)
http://fantomas-cinemascope.blogspot.com/2007/10/re-animator-la-muerte-es-solo-el.html

- El cuervo (1963)
http://fantomas-cinemascope.blogspot.com/2007/10/raven-y-el-cuervo-dijo-nunca-ms.html

- Delicatessen (1991)
http://fantomas-cinemascope.blogspot.com/2007/09/delicatessen-aqu-el-plato-principal.html

- Ensayo de un crimen (1955)
http://fantomas-cinemascope.blogspot.com/2007/11/ensayo-de-un-crimen-imaginando-

- El increíble hombre menguante (1957)
http://fantomas-cinemascope.blogspot.com/2007/10/el-increble-hombre-menguante-como-medir.html

Además, como más de alguno de ustedes se habrá dado cuenta, he agregado en la barra lateral del blog un par de trailers de películas próximas a estrenarse en las salas de cine. Los trailers irán rotando cada cierto tiempo, pero por el momento les dejo los de: "The Dark Knight", "The incredible Hulk" y "Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal".

Saludos a todos.


por Fantomas.

domingo, 4 de mayo de 2008

¿Quién puede matar a un niño?: Una joya del cine de terror español.

"¿Quién puede matar a un niño?" (1976), es un film de terror del director Narciso Ibáñez Serrador, el cual está protagonizado por Lewis Fiander y Prunella Ransome.

Tom (Lewis Fiander) y Evelyn (Prunella Ransome) son una pareja de turistas ingleses que rentan un bote para visitar la isla ficticia de Almanzora, la cual se encuentra en la costa sur española. Cuando llegan al lugar, se sorprenden al encontrarlo prácticamente desierto. Lo que es aún más extraño, es que la isla parece estar habitada solo por niños, los cuales eventualmente demuestran estar dominados por una fuerza misteriosa que los impulsa a asesinar a todos los adultos que los rodean.

El director, actor y guionista uruguayo Narciso Ibáñez Serrador, se radicaría en España en el año 1947 luego de que su madre, la actriz argentina Pepita Serrador, decidiera continuar su carrera en el viejo continente. Fue así como luego de terminar sus estudios en Salamanca, durante la década del cincuenta Serrador comenzaría a dar sus primeros pasos como guionista y actor, principalmente en el mundo de la radio y el teatro. Ya durante la década del sesenta, daría el salto a la televisión donde adquiriría cierta notoriedad por su trabajo en la serie “Historias para no dormir” (1966-1968), la cual gozó de bastante éxito. Eventualmente, Serrador probaría suerte al interior de la industria cinematográfica con el film de terror “La Residencia” (1969), el cual tuvo una buena recepción tanto a nivel local como internacional. Sin embargo, pasarían siete años antes de que Serrador volviera a filmar una cinta. Con la intención de plasmar que incluso el alma candorosa de un niño es capaz de albergar maldad, el director mostró un marcado interés por adaptar la novela “El Juego de los Niños”, del escritor Juan José Plans, la cual precisamente tocaba dicho tópico de forma bastante particular.

Aunque el tema de los niños como generadores de maldad ya había sido explorado con anterioridad en films como “The Innocents” (1961), del director Jack Clayton, y “Village of the Damned” (1960), del director Wolf Rilla, entre otros, de todas formas Serrador quiso entregar su descarnada visión con respecto al tema. En gran medida, el director postula que los niños son por lo general los mayores receptores de la maldad provocada por los seres humanos, razón por la cual no resultaría extraño que estos eventualmente salieran de su rol de víctimas para convertirse en victimarios, y se levantaran en contra de los adultos responsables de gran parte de su sufrimiento. Con la intención de justificar el posterior accionar de los niños que participan en la historia, Serrador abre el film con una serie de perturbadoras imágenes de archivo, las cuales exhiben un sinnúmero de atrocidades a las que han sido sometidos los niños a lo largo de la historia, como por ejemplo las vejaciones cometidas en los campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial, o las consecuencias directas de la falta de alimentos en algunos países tercermundistas.

En ¿Quién puede matar a un niño?, los protagonistas son Tom y Evelyn, una pareja de turistas ingleses que cansados del bullicio de la ciudad en la que están vacacionando, deciden viajar a la remota isla de Almanzora, la cual Tom visitó algunos años antes en solitario. Es así como la pareja se embarca hacia la pequeña villa que se encuentra ubicada en la isla, cuyas calles parecen estar pobladas solo por niños. En gran medida, Almanzora parece un pueblo fantasma, cuyos peculiares habitantes se comportan de manera bastante extraña. Mientras Tom explora la villa buscando algún tipo de respuesta, Evelyn, quien se encuentra embarazada, espera a su marido en un bar abandonado. Debido a que Tom no ve a ningún adulto en los alrededores, este cree que los habitantes del pueblo pueden haber asistido a algún tipo de festividad local. Sin embargo, cuando él ve como una niña asesina a un hombre, para luego jugar con el cadáver junto a un grupo de niños, logra darse cuenta de lo que en verdad está sucediendo en la isla. Ahora con el tiempo en su contra, Tom y Evelyn intentarán salir de Almanzora con vida, viéndose obligados a cuestionarse si son capaces de asesinar a un niño con tal de sobrevivir a la situación en la que se encuentran inmersos.

A diferencia de lo expuesto en cintas como “Village of the Damned”, en esta ocasión los infantes no son presentados como entes con poderes sobrenaturales, sino que más bien son retratados como el producto de la corrupción del hombre. Bajo su aparente inocencia, se esconde una fuerza de origen desconocido, que los domina por completo y los impulsa a actuar con una violencia desmedida en contra de los adultos que los rodean. Al mismo tiempo que Serrador logra dotar a los niños de un cariz amenazador, este contrasta de forma efectiva el jolgorio existente en la península ibérica, con el silencio sepulcral reinante en el pueblo isleño. Los edificios blancos y la inamovilidad absoluta de la aldea, proyectan la idea de que en el lugar sucede algo extraño. Esto se hace aún más patente cuando el silencio antes mencionado es quebrantado por elementos que hablan de una vida interrumpida: un carro de helados con la mercancía derretida, un pollo quemado que da vueltas sin parar sobre las brasas, una televisión encendida que solo muestra nieve en su pantalla, y una misteriosa llamada telefónica que pide ayuda en alemán. El suspenso que se genera durante la llegada de la pareja protagónica a la isla, eventualmente cambia radicalmente de tono cuando la amenaza representada por los niños es revelada, dando inicio a una escalada de violencia que no se detendrá hasta el sorpresivo clímax del film.

En lo que a las actuaciones se refiere, Prunella Ransome realiza un estupendo trabajo interpretando a una mujer embarazada que se rehúsa a aceptar que los niños puedan tener un comportamiento tan violento, mientras que Lewis Flander en cambio, realiza una labor más bien mediocre que ni siquiera dejó conforme al mismísimo Serrador, quien se dice que quería a Anthony Hopkins para interpretar al contrariado protagonista del film. En cuanto al aspecto técnico de la producción, esta presenta la efectiva pero olvidable banda sonora del compositor Waldo de los Ríos, y el maravilloso trabajo de fotografía de José Luis Alcaine, quien es uno de los grandes responsables de la atmósfera malsana y claustrofóbica que caracteriza al relato. El estreno de ¿Quién puede matar a un niño? provocó diversas reacciones en el público y en la crítica. Mientras que algunos críticos postularon que la cinta a modo de metáfora intentaba reflejar el proceso vivido en España luego del fin de franquismo, otros mencionaron que se trababa de una fábula de ciencia ficción que relataba posibles hechos futuros, y que incluso se trataba de una crítica descarnada al sistema educacional reinante en la sociedad española, el cual indirectamente buscaba que los niños el día de mañana se convirtieran en personas violentas.

Más allá de las diversas interpretaciones que se le puedan dar al film, ¿Quién puede matar a un niño? sigue siendo recordada como una de las mejores películas de terror psicológico realizadas en España. Y es que afortunadamente, Narciso Ibáñez Serrador maneja de buena manera el tabú cinematográfico que significa asesinar a un niño en pantalla, hecho que en sí mismo encierra una curiosa paradoja en la que el contexto de la historia se contradice con el mensaje que busca difundir el director. En definitiva, ¿Quién puede matar a un niño? es sin lugar a dudas un film interesante, que no solo logra atrapar al espectador con una trama claramente influenciada por el cine de George A. Romero y por novelas como “El señor de las moscas”, del escritor William Golding, sino que además pone sobre la mesa temas como el rol de la sociedad en el desarrollo de las conductas infantiles, y los límites que el ser humano puede llegar a cruzar con tal de asegurar su propia sobrevivencia.




por Fantomas.

jueves, 1 de mayo de 2008

Aviso de utilidad pública.

Hola a todos,

Revisando algunas de mis reseñas más antiguas me di cuenta de lo mal escritas que estaban, por lo que di inicio a una campaña de “mejoramiento” de aquellos artículos, ya sea escribiéndolos nuevamente, agregando fotografías o restableciendo algunos trailers que por alguna razón habían sido retirados de Youtube, y por ende no se podían visualizar en este sitio.

He aquí la lista de reseñas (con sus respectivos links) a las que ya he echado mano:

- Black Sabbath (1963)
http://fantomas-cinemascope.blogspot.com/2007/10/black-sabbath-tres-historias-de-terror.html

- Drácula A. D. 1972 (1972)
http://fantomas-cinemascope.blogspot.com/2007/10/drcula-ad-1972-que-groovie-es-regresar.html

- Rojo Oscuro (1975)
http://fantomas-cinemascope.blogspot.com/2007/11/rojo-oscuro.html

- Videodrome (1983)
http://fantomas-cinemascope.blogspot.com/2007/10/videodrome-esa-pequea-caja-idiota.html

- La Guerra de los Mundos (1953)
http://fantomas-cinemascope.blogspot.com/2007/10/la-guerra-de-los-mundos.html

- El experimento del Dr. Quatermass (1955)
http://fantomas-cinemascope.blogspot.com/2007/10/el-experimento-del-dr-quartermass-el.html

Ojala puedan revisar estas reseñas y dejarme su opinión para que yo pueda seguir mejorando el sitio para todos aquellos que visitan este humilde blog.
Sin más que decir, se despide su cinéfilo amigo.


Fantomas.


por Fantomas.

Soylent Green: El oscuro futuro que nos espera.

“Soylent Green” (1973), es un film de ciencia ficción del director Richard Fleischer, el cual está protagonizado por Charlton Heston, Leigh Taylor-Young, y Edward G. Robinson.

Nueva York, año 2022. El crecimiento de la población mundial ha explotado, y las ciudades se encuentran abarrotadas de personas. Los recursos naturales se han extinguido en su mayoría, y los pocos existentes solo están al alcance de un grupo minoritario. El millonario Simonson (Joseph Cotten) es asesinado en su departamento y el detective Frank Thorn (Charlton Heston) es enviado a investigar el caso. Con el correr de la investigación, el detective comienza a descubrir una conspiración tras la muerte del magnate, que involucraría a altos ejecutivos de la compañía Soylent, la cual está encargada de producir alimentos artificiales para la población, siendo su producto más popular el Soylent Verde. Lo que Thorn no sabe, es que el oscuro secreto que se esconde tras la compañía puede fácilmente llevarlo a la locura.

Durante el periodo comprendido entre finales de los sesenta y principios de los setenta, el actor Charlton Heston se embarcó en una serie de proyectos de ciencia ficción que con el tiempo se convirtieron en verdaderos clásicos del género. Entre ellos se encuentran “Planet of the Apes” (1968), “The Omega Man” (1971), y la película que ahora nos ocupa. Los responsables de la realización de este film serían su estrella Charlton Heston y el productor Walter Seltzer, los cuales habían estado presionando por años a los ejecutivos de la MGM para que realizaran una cinta sobre el tema de la sobrepoblación mundial, expuesto en la novela “Make Room! Make Room!”, del escritor Harry Harrison. Lamentablemente, los ejecutivos del estudio pensaban que este tema era de poca importancia, por lo que durante un buen período de tiempo se rehusó a siquiera considerar esta idea. Sin embargo, debido a que durante los setentas este tema se puso en boga, el proyecto obtuvo luz verde.

Para conseguir los derechos de la novela, la MGM utilizó uno de los trucos habituales de la industria; ocupó una compañía ficticia para disfrazar el hecho de que era el estudio el que quería comprar los derechos de la novela, se firmó un contrato que impedía que el autor de la novela tuviera control alguno en la confección guión, y además se lograron que Harrison no obtuviera ninguna ganancia con el lanzamiento de la película. Es debido a esta artimaña, que el guión presenta algunas marcadas diferencias con la novela original. La principal diferencia está dada por la solución que le dan las autoridades a la hambruna que vive gran parte de la población (para saber de lo que estoy hablando vean la película). Este cambio es de suma importancia ya que gran parte de los acontecimientos están ligados al misterio que rodea a la compañía Soylent, por lo que la cinta desarrolla una historia completamente diferente a la de la novela. Además, se escogió el título “Soylent Green” para evitar que confundieran a la producción con la serie “Make a Room for Daddy”, emitida en los Estados Unidos entre los años 1953 a 1964.

Lo que si comparten la novela y la película es la idea de un mundo absolutamente sobrepoblado. En este nuevo mundo la clase media ha desaparecido, dividiendo a la sociedad en dos grupos, donde uno de ellos es una masa sumida en la más absoluta pobreza, la cual en su gran mayoría ni siquiera tiene un lugar en el cual vivir, y el otro es una élite oligárquica que vive con todas las comodidades posibles, incluyendo a bellas chicas que forman parte del mobiliario de sus lujosos departamentos. En este futuro distópico, incluso los productos de primera necesidad resultan ser un lujo inalcanzable. Elementos como el jabón, el agua, y la electricidad, entre otros, han pasado a ser bienes de lujo. Todo esto es graficado hábilmente por el director, quien muestra como los menos afortunados duermen hacinados en las escaleras de los edificios, o en camas improvisadas al interior de las iglesias.

De la misma forma, el crecimiento sin control de la población va acompañado de una escasez de alimentos para abastecer a una humanidad cada vez más aproblemada. Las granjas de alimentos sintéticos están custodiadas como si fueran bancos, y el alimento orgánico Soylent, en particular el Soylent verde, ha pasado a ser la principal fuente de alimento de la población. Y es que las frutas y las verduras están a precios inalcanzables, así como también la carne, alimento que ni siquiera los ciudadanos más acaudalados pueden conseguir con facilidad. Esta situación queda perfectamente establecida en la escena en la que Sol (Edward G. Robinson) y Thorn comparten un almuerzo hecho con alimentos que el detective sustrajo del departamento de Simonson. En los rostros de ambos personajes, en especial en el de Sol, se refleja una dicha inimaginable, dando a entender que el solo hecho de comer una hoja de lechuga o una pequeña manzana es un verdadero lujo en una sociedad sumida en la más completa pobreza.

El personaje de Edward G. Robinson es de suma importancia al momento de establecer una diferencia entre lo que alguna vez fue la Tierra, con el presente apocalíptico que están viviendo. Sol es un sobreviviente de lo que él llama “los buenos días”, y es el único personaje del film que vivió en un mundo en el cual no existía una escasez de recursos. Es la prueba viviente de que alguna vez existió un mundo rico en vegetación, no azotado por el infame efecto invernadero, en el cual no existían temperaturas elevadas de forma constante, ni tampoco se vivía en una nube de polución. Aquel mundo tampoco estaba sobrepoblado, por lo que sus habitantes no tenían la necesidad de enfrascarse en una lucha constante por el alimento, cosa que sucede habitualmente en la ciudad donde habitan los protagonistas. Básicamente, Sol es un personaje que extrae fuerzas de su pasado para sobrevivir en un presente inhóspito, el cual odia más que nada en la vida.

La evolución de este personaje también sirve como excusa para tratar el controversial tema de la eutanasia. En un determinado momento del film, Sol toma una decisión influenciada por el sombrío presente en el que está inmerso. Dicha decisión implica su ingreso a un lugar llamado “El Hogar”, que no es más que una clínica de extermino voluntario. Sus últimos momentos son graficados en una secuencia de tintes oníricos, en la que imágenes del mundo natural son acompañadas por música clásica, algo completamente acorde con el momento. Esta escena además tiene una significancia especial, debido a que al momento de filmar la cinta, el actor padecía un cáncer terminal el cual le quitó la vida tan solo nueve días después de terminado el rodaje, por lo que la secuencia en cuestión posee una carga emotiva bastante potente.

Richard Fleischer, quien tras la Segunda Guerra Mundial estuvo a cargo de una serie de cintas de cine negro, vio como a mediados de la década del cincuenta su carrera dio un vuelco hacia el género de la ciencia ficción con películas como “20.000 Leagues Under the Sea” (1954) y “Fantastic Voyage” (1966). En esta ocasión, el director deja de lado los efectos especiales que utilizó en las cintas antes mencionadas, para concentrarse en la construcción de una atmósfera opresiva y caótica mediante el uso de diversas escenas, como por ejemplo aquella en la que una turba enfurecida provoca un serio disturbio tras percatarse de la escasez de Soylent Verde. En lo que a las actuaciones se refiere, el elenco en general realiza un buen trabajo, destacándose Edward G. Robinson, quien no solo interpreta al personaje más carismático del film, sino que además exhibe una gran química con su coestrella, Charlton Heston. Este último por su parte, también realiza una gran labor interpretando a un héroe rudo y algo ambiguo, cuya mayor preocupación es intentar sobrevivir en un mundo cada vez más decadente.

Quizás el único gran problema que presenta el film, es que el paso del tiempo ha provocado que muchos de los adelantos tecnológicos que ahí se muestran hoy estén por completo obsoletos. Algo similar sucede con el diseño de vestuario, el cual dificulta que el espectador acepte por completo que la historia se desarrolla en el año 2022. Pese a estos detalles, “Soylent Green” es una de las mejores cintas de ciencia ficción que aparecieron durante la década del setenta. Pese a las numerosas diferencias existentes entre la novela y la película, ambas obras comparten el mismo mensaje final; si la sociedad no se preocupa de la conservación del medio ambiente, ya sea deteniendo la contaminación provocada por el hombre o terminando con la sobreexplotación de recursos, es bastante probable que terminemos viviendo en una sociedad incapaz de abastecer las necesidades básicas de sus integrantes. En muchos aspectos, estamos ante una cinta que se adelantó a su tiempo, y que cuyo mensaje hoy en día ha cobrado mayor validez.




por Fantomas.

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