“The Curse of Frankenstein” (1957), es un film de terror del director Terence Fisher, el cual está protagonizado por Peter Cushing, Christopher Lee y Hazel Court.Suiza, 1860: un sacerdote católico (Alex Gallier) acude a una cárcel para darle consejo espiritual a un preso. Sin embargo, el preso en cuestión solo desea a alguien que escuche y acepte su increíble testimonio. De esta forma, el sacerdote oirá la aterradora historia del Barón Victor Frankenstein (Peter Cushing), quien con la ayuda de su tutor Paul Krempe (Robert Urqhuart), se dedicó a investigar los secretos de la vida y la muerte, desatando una obsesión que lo llevaría a desafiar las leyes humanas y divinas.
Una vez que aseguraron los derechos de la novela de Mary Shelley, Anthony Hinds y Jimmy Sangster se lanzaron a la tarea de escribir un nuevo guión que utilizaría algunas de las bases del borrador escrito por Subostsky. Una vez que el guión estuvo terminado, y que la asociación comercial con los estudios Universal fue asegurada por Carreras, este contrató al director Terence Fisher para que se hiciera cargo de la producción más importante de la Hammer hasta la fecha. Por otro lado, pese a que Eliot Hyman se mostró preocupado por la posibilidad de que la producción resultara ser demasiado británica para el mercado internacional, Carreras de todas formas contrató a Peter Cushing para interpretar el rol del Barón Frankenstein, y a Christopher Lee para interpretar a la criatura creada por el brillante pero demencial científico. Con respecto a esto, según Terence Fisher, Lee básicamente fue contratado por ser un hombre alto con algo de conocimiento y experiencia en la pantomima. Aunque el actor obviamente se mostró entusiasmado con la idea de participar en el film, no contaba con que tendría que someterse a interminables pruebas de maquillaje. En relación a esto, Fisher declararía en una ocasión: “Queríamos que el monstruo reflejara la melancólica personalidad de Christopher Lee. Queríamos que se viera como un vagabundo, como un trovador triste del horror”.
Lo primero que cabe destacar de “The Curse of Frankenstein”, es que a diferencia de la adaptación de 1931 realizada por el director James Whale para los estudios Universal, la cual se centraba en la figura de la criatura creada por el Barón Frankenstein, la adaptación de la novela de Mary Shelley realizada por la Hammer se centra por completo en el personaje del Barón. Y es que en el film de Terence Fisher el Barón no solo se convierte en un rebelde con causa, sino que además se transforma en el símbolo hammeriano de la autoridad y la masculinidad. “The Curse of Frankenstein” emergió durante un periodo en el cual la identidad de la sociedad británica estaba en pleno proceso de cambio, al mismo tiempo que la autoridad masculina se encontraba en tela de juicio. A medida que el film progresa, el mundo machista liderado por Frankenstein y Krempe solo está interesado en obtener más conocimiento y éxito profesional. En relación a esto, resulta curioso cómo estos hombres terminan intercambiándose los roles a poco de comenzada la cinta. Mientras que el Barón se convierte en el profesional supremo y autoritario, Krempe se convierte en la consciencia moral de Frankenstein.
En el ámbito de las actuaciones, mientras que Peter Cushing interpreta de forma precisa y meticulosa al complejo Barón Victor Frankenstein, Christopher Lee no solo logra que la criatura se vea imponente y amenazadora, sino que además logra transmitir el daño físico y psicológico de la misma mediante una serie de movimientos espasmódicos que ponen en evidencia las habilidades miméticas del actor. En cuanto al resto del elenco, desde Robert Urquhart hasta Hazel Court, todos realizan un estupendo trabajo interpretando al círculo cercano del obsesivo Barón. En lo que respecta al aspecto técnico de la producción, resulta destacable el magnífico trabajo de dirección de Terence Fisher, cuya habilidad para pasar de momentos relativamente sobrios a otros evidentemente más climáticos, colabora en gran medida a otorgarle cierto grado de credibilidad al relato y a incrementar el efecto aterrador del mismo. Al mismo tiempo, también resulta destacable la atmosférica banda sonora de James Bernard, el maravilloso diseño de producción de Bernard Robinson, el espléndido trabajo de maquillaje de Roy Ashton, y el atractivo trabajo de fotografía de Jack Asher, cuyo radical uso del color sentaría las bases estéticas para el resto de las producciones de horror gótico de la Hammer.









