miércoles, 16 de julio de 2008

The Curse of Frankenstein: El inicio del terror gótico británico.

“The Curse of Frankenstein” (1957), es un film de terror del director Terence Fisher, el cual está protagonizado por Peter Cushing, Christopher Lee y Hazel Court.

Suiza, 1860: un sacerdote católico (Alex Gallier) acude a una cárcel para darle consejo espiritual a un preso. Sin embargo, el preso en cuestión solo desea a alguien que escuche y acepte su increíble testimonio. De esta forma, el sacerdote oirá la aterradora historia del Barón Victor Frankenstein (Peter Cushing), quien con la ayuda de su tutor Paul Krempe (Robert Urqhuart), se dedicó a investigar los secretos de la vida y la muerte, desatando una obsesión que lo llevaría a desafiar las leyes humanas y divinas.
“The Curse of Frankenstein” sería el film que daría inicio al ciclo de películas de terror gótico lanzado por la productora británica Hammer Films, el cual les sirvió llamar la atención del público y la crítica a nivel mundial durante más de una década. Irónicamente, la idea que le dio vida a la cinta, originalmente fue concebida por un par de productores norteamericanos. A mediados de la década del cincuenta, Milton Subotsky y Max J. Rosenberg estaban buscando soluciones para diversificar el mercado del cine de explotación, por lo que decidieron escribir una adaptación de la novela “Frankenstein; or, The Modern Prometeus”, de la escritora Mary Shelley. Con el fin de financiar dicha adaptación, Subotsky y Rosenberg le presentaron un borrador al productor Eliot Hyman, quien estaba a cargo de la compañía Associated Artists Productions. Lo que ellos jamás se imaginaron, es que Hyman le enviaría el guión a James Carreras, una de las cabezas de la Hammer. En aquel entonces, la compañía británica estaba buscando revolucionar el mercado del cine de terror, por lo que eventualmente Carreras se reunió con Subotsky y Rosenberg con la intención de producir su visión de la historia de Frankenstein. Sin embargo, Carreras les exigió que modificaran algunos del guión. Lamentablemente, la idea de la dupla de productores norteamericanos resultó ser demasiado ambiciosa para el presupuesto de la Hammer, por lo que Carreras decidió romper su sociedad comercial con ellos, para así idear un proyecto que se adaptara de mejor manera a los recursos que manejaba el estudio.

Una vez que aseguraron los derechos de la novela de Mary Shelley, Anthony Hinds y Jimmy Sangster se lanzaron a la tarea de escribir un nuevo guión que utilizaría algunas de las bases del borrador escrito por Subostsky. Una vez que el guión estuvo terminado, y que la asociación comercial con los estudios Universal fue asegurada por Carreras, este contrató al director Terence Fisher para que se hiciera cargo de la producción más importante de la Hammer hasta la fecha. Por otro lado, pese a que Eliot Hyman se mostró preocupado por la posibilidad de que la producción resultara ser demasiado británica para el mercado internacional, Carreras de todas formas contrató a Peter Cushing para interpretar el rol del Barón Frankenstein, y a Christopher Lee para interpretar a la criatura creada por el brillante pero demencial científico. Con respecto a esto, según Terence Fisher, Lee básicamente fue contratado por ser un hombre alto con algo de conocimiento y experiencia en la pantomima. Aunque el actor obviamente se mostró entusiasmado con la idea de participar en el film, no contaba con que tendría que someterse a interminables pruebas de maquillaje. En relación a esto, Fisher declararía en una ocasión: “Queríamos que el monstruo reflejara la melancólica personalidad de Christopher Lee. Queríamos que se viera como un vagabundo, como un trovador triste del horror”. 


La historia de “The Curse of Frankenstein” comienza cuando en una solitaria prisión, un sacerdote escucha la historia del Barón Victor Frankenstein, quien está condenado por asesinato. A los quince años de edad, tras el fallecimiento de su madre, Victor hereda la fortuna familiar. Es en ese momento, cuando motivado por su marcado interés en la ciencia, nombra como su tutor al profesor Paul Krempe. Durante el transcurso de los años, juntos deciden dedicarse a investigar la reanimación del tejido muerto. Cuando finalmente logran revivir el cadáver de un perro gracias al uso de electricidad, Victor propone la idea de crear a un ser humano perfecto. Pese a no estar de acuerdo con su pupilo, de todas formas Krempe ayuda a Frankenstein a robar el cadáver de un hombre que murió recientemente ahorcado. Guiado por sus ansias de que la criatura posea una “vida de conocimiento”, Victor termina asesinando al distinguido Profesor Bernstein (Paul Hardtmuth), con la intención de obtener su cerebro. Lamentablemente para Frankenstein, el cerebro resulta dañado luego de enfrascarse en una pelea con Krempe, quien está escandalizado por los actos de su viejo amigo y pupilo. Es así como tras una serie de penosos incidentes, Frankenstein finalmente logra darle vida a la criatura, sin imaginarse que su peculiar experimento solo le traerá sufrimiento a él y a todos quienes lo rodean.

Lo primero que cabe destacar de “The Curse of Frankenstein”, es que a diferencia de la adaptación de 1931 realizada por el director James Whale para los estudios Universal, la cual se centraba en la figura de la criatura creada por el Barón Frankenstein, la adaptación de la novela de Mary Shelley realizada por la Hammer se centra por completo en el personaje del Barón. Y es que en el film de Terence Fisher el Barón no solo se convierte en un rebelde con causa, sino que además se transforma en el símbolo hammeriano de la autoridad y la masculinidad. “The Curse of Frankenstein” emergió durante un periodo en el cual la identidad de la sociedad británica estaba en pleno proceso de cambio, al mismo tiempo que la autoridad masculina se encontraba en tela de juicio. A medida que el film progresa, el mundo machista liderado por Frankenstein y Krempe solo está interesado en obtener más conocimiento y éxito profesional. En relación a esto, resulta curioso cómo estos hombres terminan intercambiándose los roles a poco de comenzada la cinta. Mientras que el Barón se convierte en el profesional supremo y autoritario, Krempe se convierte en la consciencia moral de Frankenstein. 


Dentro de este mismo contexto, Sangster y Fisher utilizan a Elizabeth (Hazel Court), quien es la prima que termina contrayendo matrimonio con Victor, y Justine (Valerie Gaunt), la sirvienta que queda embarazada luego de tener un affaire con el Barón, para destacar el comportamiento autoritario y machista del protagonista. Cabe mencionar que ninguno de los personajes femeninos presentes en la primera etapa de las producciones de la Hammer gozó de gran autonomía. De hecho, su presencia estrictamente decorativa era utilizada para sugerir el deseo femenino y la provocativa influencia de las mujeres sobre el protagonista autoritario de turno. En el caso de “The Curse of Frankenstein”, mientras que Justine demanda la atención sexual de su amante, Elizabeth exige que el Barón cumpla con su rol de esposo tanto a nivel doméstico como social. La tensión entre hombres y mujeres que presenta el film, representa a cabalidad el fenómeno social que se produjo entre 1945 y 1965, periodo en el cual las mujeres que intentaban alejarse de los roles que la sociedad les había impuesto, eran castigadas simbólicamente por atreverse a demostrar cierto grado de autonomía de acción y pensamiento. Por esto no resulta extraño que mientras que Frankenstein goza de total libertad para moverse entre las esferas domésticas y privadas, las mujeres que lo rodean estén condenadas a cumplir los roles de sirvienta y esposa.

En el ámbito de las actuaciones, mientras que Peter Cushing interpreta de forma precisa y meticulosa al complejo Barón Victor Frankenstein, Christopher Lee no solo logra que la criatura se vea imponente y amenazadora, sino que además logra transmitir el daño físico y psicológico de la misma mediante una serie de movimientos espasmódicos que ponen en evidencia las habilidades miméticas del actor. En cuanto al resto del elenco, desde Robert Urquhart hasta Hazel Court, todos realizan un estupendo trabajo interpretando al círculo cercano del obsesivo Barón. En lo que respecta al aspecto técnico de la producción, resulta destacable el magnífico trabajo de dirección de Terence Fisher, cuya habilidad para pasar de momentos relativamente sobrios a otros evidentemente más climáticos, colabora en gran medida a otorgarle cierto grado de credibilidad al relato y a incrementar el efecto aterrador del mismo. Al mismo tiempo, también resulta destacable la atmosférica banda sonora de James Bernard, el maravilloso diseño de producción de Bernard Robinson, el espléndido trabajo de maquillaje de Roy Ashton, y el atractivo trabajo de fotografía de Jack Asher, cuyo radical uso del color sentaría las bases estéticas para el resto de las producciones de horror gótico de la Hammer. 


En gran medida, todo lo antes mencionado más la riqueza del guión escrito por Jimmy Sangster y Anthony Hinds, el cual presentaba altas dosis de melodrama mezcladas con momentos de puro terror, permitió que al momento de su estreno, “The Curse of Frankenstein” resultara ser todo un éxito comercial, pese a que gran parte de la crítica repudió el film por su supuesto exceso de sadismo y por la presencia de escenas grotescas. Obviamente, los resultados de taquilla provocaron que James Carreras y compañía se volcaran de lleno a los terrenos del horror gótico, dando de esta forma inicio al exitoso ciclo de cine de terror de la Hammer, el cual cambiaría para siempre los cánones de la industria cinematográfica británica. Y es que como bien lo menciona el escritor David Pirie en el libro “A New Heritage of Horror, The English Gothic Cinema”: “Por una combinación de razones, la rica mezcla de personalidades que contribuyeron a la creación de los films de la Hammer originaron una suerte de revolución del arte moderno”.

por Fantomas.

miércoles, 9 de julio de 2008

The Devil Rides Out: El acercamiento de la Hammer al tema esotérico.

“The Devil Rides Out” (1968), es un film de terror del director Terence Fisher, el cual está protagonizado por Christopher Lee, Charles Gray y Niké Arrighi.

Cuando Simon Aron (Patrick Mower) no asiste a una reunión anual, sus amigos Rex van Ryn (Leon Greene) y el Duque de Richleau (Christopher Lee), deciden ir en su búsqueda para ver que le ha sucedido. Es entonces cuando se enteran que Simon se ha unido a una secta satánica liderada por un hombre llamado Mocata (Charles Gray), el cual controla a sus seguidores mediante ritos hipnóticos y magia negra. Decididos a salvar a su joven amigo, Van Ryn y el Duque de Richleau se verán obligados a realizar un peligroso ritual, el cual perfectamente puede costarles la vida.


En Septiembre del año 1963, los derechos de tres novelas del escritor Dennis Wheatley (“The Devil Rides Out”, “The Satanist” y “To the Devil a Daughter”) pasaron a manos de las compañías productoras Michael Stainer-Hutchins y Peter Daw Ltd. Ese mismo año, James Carreras, quien estaba a cargo de la productora británica Hammer Films, decidió seguir el consejo del actor Christopher Lee y se asoció con Stainer-Hutchins y Peter Daw, con la intención de llevar las tres novelas de Wheatley a la pantalla grande. Aún cuando el productor y guionista Anthony Hinds consideraba que las obras de Wheatley eran sumamente aburridas, de todas formas le encargó al escritor norteamericano John Hunter la adaptación de “The Devil Rides Out”. Irónicamente, Hinds rechazaría el primer borrador de Hunter por considerarlo “demasiado británico”. Debido a esto, la tarea de escribir el guión del proyecto recaería en la figura de Richard Matheson, quien recientemente había trabajado en otra producción de la Hammer titulada “Fanatic” (1965). Lamentablemente, el proceso de producción se retrasaría debido a la controversia generada por el film “The Witches” (1965), el cual también tocaba el tema del satanismo. Un par de semanas antes de que esta cinta fuese estrenada, John Trevelyan, quien en ese entonces estaba a la cabeza del Consejo Británico de Calificación Cinematográfica, aseguró que no iban a aceptar la mala utilización de emblemas católicos, ni tampoco que se parodiase a la religión católica, lo que obviamente preocupó a los ejecutivos de la Hammer.

Durante el verano del año 1966, una vez que esta controversia perdió fuerza, comenzó el esperado proceso de producción de “The Devil Rides Out”. Cuando el rodaje del film finalizó, un exhausto Christopher Lee le envío un sentido mensaje a su club de fanáticos: “Dos semanas atrás terminó el rodaje de ´The Devil Rides Out´, luego de cinco noches increíblemente desagradables bajo la lluvia y la humedad de los bosques cercanos a los Estudios Pinewood… Tengo mucha fe en este film, el cual me permitirá, de una vez por todas, demostrar que puedo interpretar un rol completamente normal”. Lamentablemente, no todo el mundo era tan entusiasta con respecto a la cinta. En una entrevista, Anthony Hinds reconoció que tras ver el primer corte del film pensó que era horrible. Luego mencionaría: “Sin embargo, con un poco de paciencia, algo de edición y con una banda sonora realmente atmosférica, todo resultó bastante bien”. Al otro lado del Atlántico, los socios comerciales de la Hammer eran aún menos entusiastas. Joseph Sugar, quien en aquel entonces era el vice-presidente ejecutivo de la compañía Warner Bros-Seven Arts, estaba sumamente preocupado por el contenido último proyecto de la Casa del Martillo, el cual a su gusto no solo era altamente controversial, sino que además presentaba un tratamiento algo deficiente.

La historia de “The Devil Rides Out” comienza cuando el Duque de Richleau y Rex van Ryn van a visitar a su protegido Simon Aron, solo para descubrir que él se ha unido a una sospechosa asociación astrológica. El Duque pronto descubre que la asociación en verdad es una secta satánica liderada por un hombre que se hace llamar Mocata, quien no solo tiene un gran poder de oratoria, sino que además está instruido en las artes oscuras. Decido a ayudar a su amigo, el Duque decide llevar a Simon a su casa para liberarlo de la influencia de Mocata. Sin embargo, el joven termina regresando a los brazos del poderoso líder sectario en compañía de otra de sus discípulas, una muchacha llamada Tanith (Niké Arrighi). Cuando ambos están a punto de ser bautizados en honor a Satán, el Duque junto a un par de sus conocidos rescatan a la pareja de jóvenes de las garras del siniestro Mocata. Lamentablemente, el poder mágico de Mocata es absolutamente omnipresente. Es por esa razón que al interior de la casa donde el Duque y sus amigos están refugiados, se librará una cruenta batalla en la cual amenazadoras criaturas mágicas tomarán el rol de soldados en la eterna lucha del bien contra el mal.

Además de la presencia de diversos elementos esotéricos y religiosos, algo que sin duda resulta interesante de “The Devil Rides Out”, es la influencia que ejerce tanto el Duque de Richleau como Mocata sobre el resto de los personajes. Ambos hombres realizan un ejercicio extremo de manipulación utilizando métodos bastante similares, como por ejemplo la hipnosis y su innegable labia. En gran medida, tanto el Duque como Mocata buscan lo mismo: incluir a SImon en sus filas, ratificar sus normas como dogmas, y la obediencia ciega de quienes los rodean. Como es de esperarse, la lucha entre estos dos hombres inevitablemente sumirá al resto de los personajes en un caos vital, que oscilará entre las alucinaciones y el maniqueísmo, situando al satanismo y al cristianismo como una suerte de metáforas del desorden interno de una sociedad que fomenta el pensamiento único. De esta forma, toma fuerza la idea propuesta por Nietzsche acerca de la “muerte de Dios”. Al final del día, tanto el Duque como Mocata fabrican sus propias normas morales según su conveniencia, moldeando los designios de sus más cercanos, anulándolos como individuos, e integrándolos al rebaño que sigue fielmente la tradición y las creencias que ellos profesan con tanta convicción.

En cuanto a las actuaciones, la totalidad del elenco realiza un buen trabajo, en especial Christopher Lee y Charles Gray, quienes logran que sus personajes aún cuando presentan ciertas similitudes, exhiban un marcado antagonismo durante todo el transcurso del film. Lee no solo interpreta a la perfección al aristocrático y autoritario Duque de Richleau, sino que además logra convertirlo en un personaje carismático en gran medida gracias a que sus motivaciones son en principio nobles. Charles Grey por su parte, se luce como el maquiavélico y atemorizante Mocata, cuya magnética presencia lo eleva como uno de los villanos más memorables de la filmografía hammeriana. En cuanto al aspecto técnico de la producción, esta no solo cuenta con el maravilloso trabajo de fotografía de Arthur Grant, sino que también con el atractivo diseño de producción de Bernard Robinson, y con la increíblemente atmosférica banda sonora del compositor James Bernard. Lamentablemente, los efectos especiales, los cuales estuvieron a cargo de Michael Stainer-Hutchins, no resultan del todo convincentes. Esto en su momento significó un gran dolor de cabeza para Anthony Hinds, y en gran medida fue el motivo principal por el cual el productor se vio en la obligación de realizarle una serie de cambios al film, cuyo único objetivo era evitar que este se convirtiera en una simple parodia de temática esotérica.

Para sorpresa de todo el mundo, “The Devil Rides Out” recibió un gran número de críticas favorables al momento de su estreno. Y es que gracias a la actuación de Christopher Lee y Charles Grey, a la maravillosa banda sonora de James Bernard, a su atractivo apartado visual, y a la presencia de guión repleto de interesantes giros de tuerca y una infinidad de diálogos inteligentes, los deficientes efectos especiales que presenta el film se hacen completamente tolerables e incluso adquieren un encanto especial. Aún cuando por diversos motivos Terence Fisher no logró explotar todo el potencial de “The Devil Rides Out”, pese a que el director realiza un magnífico trabajo, de todas formas la producción hoy en día no solo es recordada como una de las últimas cintas de horror gótico memorables realizadas por la Hammer durante la década del sesenta, sino que además como la prueba fehaciente de que Christopher Lee era capaz de interpretar una diversidad de roles ajenos a la figura de Drácula. Es por esto que no resulta extraño que este sea el film preferido del actor, entre los que realizó bajo el alero de la llamada Casa del Martillo.




por Fantomas.

miércoles, 11 de junio de 2008

Shadow of a Doubt: El film más personal de Alfred Hitchcock.

“Shadow of a Doubt” (1943), es un film de suspenso del director Alfred Hitchcock, el cual está protagonizado por Teresa Wright, Joseph Cotten, Mcdonald Carey y Patricia Collinge.

A casa de sus familiares en el tranquilo pueblo de Santa Rosa llega un día el encantador tío Charlie (Joseph Cotten), un seductor criminal que viaja de Filadelfia a California y al que la justicia le va pisando los talones. Su sobrina, “la pequeña Charlie” (Teresa Wright), es la más contenta con su visita. Sin embargo, ocurren unas situaciones algo extrañas que la hacen sospechar que su querido tío está ocultando algo. Cuando ella comienza a acercarse a la verdad, a su tío no le queda otra opción que prepararse para matarla.

Luego de terminar el rodaje del film “Saboteur” (1942), Hitchcock se encontraba sumamente ansioso de comenzar un nuevo proyecto. Jack Skirball, un productor que había trabajando junto a Frank Lloyd en la Universal, estaba dispuesto a pagarle a David O. Selznick el precio de 150.000 dólares por los servicios de Hitchcock durante dieciocho semanas. Sería una de las encargadas de revisar los guiones para Selznick, Margaret McDonell, la encomendada de presentarle nuevas ideas al director. Luego de que Hitchcock rechazara un par de proyectos, entre ellos el guión de la cinta “Gaslight” (1944), sería una idea del marido de McDonell la que llamaría la atención del británico. Ya bajo las órdenes de Skirball, Hitchcock tendría por misión dirigir un film titulado “Uncle Charlie”, en la que un maníaco homicida se refugia de la policía en la casa de su hermana, lugar en el cual se terminaría encariñando gradualmente de su sobrina favorita.

Para la confección del guión, Hitchcock pidió la colaboración de Thornton Wilder, el cual había plasmado su visión de la vida norteamericana en la obra “Nuestra ciudad”, la cual Hitchcock admiraba enormemente. La insistencia del director de contar con un escritor arraigado en los Estados Unidos, pasaba por el deseo de imprimirle a su cinta un aroma lo más norteamericano posible, alejándose de la cualidad inglesa que se sentía obligado a presentar en todos sus trabajos hasta antes que los Estados Unidos entraran a la guerra. Lamentablemente, justo en el momento en que iba a plasmar sus notas y apuntes en un guión, Wilder fue llamado al ejército. Para colmo, justo cuando Hitchcock comenzaba a trabajar solo en el guión, fue notificado del mal estado de salud de su madre, hecho que cambió completamente el contenido, tema y finalidad de dicho guión. Al verse impedido de viajar a Inglaterra, se vio en la obligación de quedarse en California, lo que le provocó una importante angustia personal. Todo esto dio como resultado el primer relato espiritualmente autobiográfico de la carrera del inglés. El guión definitivo, construido con la ayuda de su esposa Alma y Sally Benson, era una respuesta a su crisis personal.

En primer lugar, el tío Charlie es un hombre que claramente representa al mismo Hitchcock; el guión lo describe como un tipo terriblemente meticuloso y limpio, características que eran razón de orgullo para el director. En su infancia, el tío Charlie tuvo un accidente absolutamente calcado al que sufrió Hitchcock en su niñez, el cual le dejó una cicatriz casi imperceptible en la barbilla. Al mismo tiempo, la descripción de la infancia de Charlie que realiza su hermana, no es más que una descripción del joven Hitchcock: “Un muchacho tan tranquilo, siempre leyendo. Siempre le dije a papá que no debía haberle comprado esa bicicleta. No sabía cómo manejarla. Se metió directamente con ella en la calzada, estaba helada, y patinó, y se estrelló contra un tranvía…”. Este diálogo fue uno de los pocos escritos por el director, y fue creado en base a su propia experiencia. Además de todo esto, los sentimientos del villano, una nostalgia momentánea hacia el pasado y un desprecio hacia el presente, no eran más que los sentimientos del director, expresados por él semanas más tarde de que Wilder dejara el proyecto.

Pero el siniestro tío no es el único personaje que presenta características similares a las del curioso director. El personaje interpretado por Hume Cronyn, el cual está obsesionado con cometer un asesinato y que vive con una madre enferma y exigente a la que nunca ve, también refleja la personalidad de Hitchcock. Pero son los dos Charlies (tío y sobrina), quienes constituyen los aspectos iluminados y oscuros de la naturaleza adulta del director, representados por la monstruosidad del tío y la inocencia de la muchacha. Estos personajes representan la dualidad de tendencias internas existentes en Hitchcock, quien tenía que convivir con románticas y oscuras fantasías relacionadas con asesinatos, sueños sexuales no cumplidos, y pensamientos dominados por la lujuria y la posesión. El director podía ser crudo, cruel y tiránico con sus actores, e impredecible con sus colegas. Como el tío Charlie, codiciaba la buena vida y la respetabilidad de un buen nombre. A su vez, Hitchcock era capaz de repentinos e inexplicables actos de bondad, como por ejemplo regalarle un coche a su cocinera, o escribir una carta para ayudar a alguien a conseguir trabajo, entre otras cosas.

Esta división espiritual de Hitchcock, está expresado en el sinfín de dualidades existentes en la cinta: los dos Charlies, los dos criminales buscados, dos secuencias de cenas, dos hombres cuyo hobby es planear asesinatos, dos niños pequeños, dos escenas en un garaje, una de ellas una declaración de amor, y la otra un intento de asesinato, etc. El que se reflejara todo este dilema interior en el film era algo totalmente compresible dado el momento por el que estaba pasando el director. Mientras escribía y dirigía la cinta, su madre estaba muriendo su país natal, lo que se sumó al poco control que tenía sobre su vida profesional, lo que terminó sumiendo al director en una profunda crisis. A un nivel más profundo, la historia estaba ligada a las inconsistencias presentes en la personalidad de Hitchcock. Era un católico victoriano profundo, que comía y bebía demasiado. Era un cineasta clásico y un manipulador de efectos que amaba los desafíos técnicos. Meticuloso en su trabajo, pero absolutamente despreocupado por su salud. Totalmente correcto en público, pero en privado se sentía atraído por el más terrible humor escatológico.

En cuanto a la imagen de las parejas que bailan el vals “La viuda alegre”, escena que aparece varias veces durante el transcurso de la cinta, no es más que una forma de unir a ambos Charlies como si fueran una sola persona. Hay que recordar la secuencia y las circunstancias en las cuales es introducida la canción dentro de la trama. Al llegar el tío Charlie a casa de sus familiares, es su hermana quien comienza a canturrear las primeras notas de la canción, después lo hace su hija, y a raíz de eso, todo el mundo intentará recordar el nombre de la canción durante la cena. Es ahí cuando el personaje de Joseph Cotten indica molesto: “Es el Danubio Azul”, a lo que su sobrina responde: “Sí, eso es…¡Ah, no! Es la viuda…”, siendo interrumpida por el personaje de Cotten quien derriba su copa para desviar la atención. El tío no quiere que sepan el nombre de la canción debido a que se apega mucho a su realidad. En parte, es este acto de telepatía entre tío y sobrina, lo que hace suponer que son las dos caras de la misma moneda.

La cinta cuenta con grandes actuaciones, donde obviamente se destaca la labor de Teresa Wright y Joseph Cotten. La actriz había recibido nominaciones al Oscar por su tres primera películas: “The Llittle Foxes” (1941), “Mrs Miniver” (1942) y “Pride of the Yankees” (1942), de las cuales ganó el galardón por su actuación en “Mrs Miniver”. Por su parte, Joseph Cotten había trabajado junto a Orson Welles en “Citizen Kane” (1941), y se presentaba como el candidato perfecto para interpretar al apuesto y sociópata tío que estrangula a viudas ricas. Por otra parte, tanto la fotografía de Joseph Valentine como la banda sonora de Dimitri Tiomkin son realmente impecables, y en conjunto con el realizador logran a cabalidad que el espectador vea como un pequeño y apacible pueblo norteamericano, se va transformando en un sitio sumamente inquietante y aterrador. El director convierte lo doméstico en algo amenazante, y eso el espectador lo percibe desde el primer momento. También resulta destacable el hecho que los personajes secundarios sean bastante coloridos (el mejor ejemplo son el cuñado de Charlie y su amigo), lo que permite que algunos actúen como alivios cómicos, mientras que otros contribuyen a aumentar los niveles de tensión del relato. En definitiva, “Shadow of a Doubt” es un espléndido largometraje, el cual en varias ocasiones fue indicado por el mismo Hitchcock como su obra favorita, y cuya mayor virtud es graficar de manera magistral la dualidad existente en el hombre, y la incómoda dualidad con la que tenía que lidiar a diario el siempre complejo maestro del suspenso.



por Fantomas.

domingo, 1 de junio de 2008

Jason and the Argonauts: Una película literalmente mítica.

“Jason and the Argonauts” (1963), es un film de aventuras del director Don Chaffey, el cual está protagonizado por Todd Armstrong, Nancy Kovack, Honor Blackman, y Gary Raymond.

Desde el Olimpo, Zeus (Niall MacGinnis) y Hera (Honor Blackman) son testigos de cómo Pelias (Douglas Wilmer) asesina a su medio hermano, el rey Aeson de Tesalia. Sin embargo, una profecía indica que el hijo del fallecido rey, Jason (Todd Armstrong), está destinado a recuperar el trono que injustamente le fue arrebatado a su padre. A sabiendas de esto, Pelias envía a Jason en un traicionero viaje rumbo a Cólquida en busca del mítico vellocino dorado. Junto a un grupo de valerosos hombres, Jason deberá enfrentarse a numerosas dificultades si es que desea recuperar lo que le pertenece por derecho propio.


A fines de la década del cincuenta, Ray Harryhausen y el productor Charles H. Schneer comenzaron a discutir la posibilidad de realizar una cinta basada en la mitología griega, específicamente en la historia de Perseo. Tras filmar “Mysterious Island” (1961), la dupla retomó la idea pero con una ligera diferencia; en vez de adaptar la historia de Perseo, decidieron adaptar el relato de Jason y su búsqueda del vellocino dorado, básicamente porque dicha leyenda les permitía incluir un mayor número de elementos fantásticos en la producción. Tras tomar esta decisión, en 1960 ambos fueron a presentarle la idea a los ejecutivos del estudio Columbia, quienes intrigados por el proyecto decidieron darle luz verde a Harryhausen y compañía para que comenzaran con el proceso de pre-producción. A sabiendas que la mitología está repleta de historias que se caracterizan por ser episódicas y carentes de continuidad, Harryhausen y Schneer contrataron al guionista Jan Read y a la experta en mitología griega Beverly Cross para confeccionar el guión. En lo que respecta al elenco que trabaja en el film, este estaría conformado mayoritariamente por actores británicos salvo dos excepciones; Todd Armstrong, quien obtendría el rol protagónico gracias a su presencia escénica, y Nancy Kovacs, quien es la encargada de interpretar a la sacerdotisa Medea.

Con el fin de disminuir los costos de producción, Harryhausen y compañía decidieron realizar el rodaje del film en Italia, país que en la década del sesenta no solo contaba con una industria cinematográfica en crecimiento, sino que también con hermosos parajes que tanto a Harryhausen como el director Don Chaffey decidieron incluir en la cinta. En lo que respecta a la elaboración de los efectos especiales, Harryhausen utilizó un proceso llamado Dynamation, el cual ya venía empleando hace años, para confeccionar gran parte de las escenas más famosas y recordadas del film. Básicamente, la técnica consistía en la proyección de una imagen de acción real, sobre la cual fotografiaba los modelos de los personajes fantásticos que deseaba incluir en determinadas escenas. Gracias a su ingenio y indiscutible habilidad, el técnico en efectos especiales pudo darle vida a criaturas tales como el imponente gigante de bronce Talos, la hidra de siete cabezas que custodia el vellocino de oro (dicho sea de paso, en la legenda original el encargado de cuidar el tan preciado objeto era un dragón que jamás dormía), y los esqueletos vivientes que surgen de la tierra para intentar ponerle fin a la aventura de Jason y sus camaradas.

La historia de la cinta es bastante sencilla; el reino de Tesalia se sume en el caos luego de que el Rey es asesinado por Pelias, su codicioso medio hermano. Sin embargo, la existencia de una profecía que anuncia que el hijo del fallecido Rey algún día retomará el trono y le devolverá la paz a Tesalia, atormenta constantemente a Pelias. Dicho hijo es Jason, quien se verá embarcado en una aventura cuyo objetivo es encontrar el legendario vellocino dorado, objeto cuyos poderes mágicos en teoría le ayudarán a recuperar su lugar en el reino. Sin embargo, lo que Jason no sabe es que quien lo ha convencido de emprender semejante tarea es nada menos que Pelias, quien espera que el joven guerrero perezca a manos de uno de los tantos monstruos que custodian el peligroso camino al vellocino. Impulsado por sus ansias de gloria, Jason reúne a los mejores hombres de Grecia y construye una colosal embarcación llamada Argo, con el fin de tener éxito en una aventura que incluso es vigilada de cerca por los mismos dioses del Olimpo.

Básicamente, “Jason and the Argonauts” presenta todos los clichés existentes en las cintas que se centran en alguna especie de búsqueda; un grupo de hombres seleccionados por sus numerosas habilidades, deben acompañar a un guerrero en la búsqueda de un objeto invaluable. En el camino se encuentran con una serie de peligros, enfrentan a la muerte en más de una ocasión, y presencian maravillas de una belleza inimaginable. Desde tiempos inmemoriales, las historias que presentan la búsqueda de un objeto que asegura la solución de diversos problemas han presentado un atractivo inapelable. En este caso, el vellocino dorado de Jason supuestamente tiene el poder de sanar a las personas, traer la paz, y deshacerse de la plaga y la hambruna, razones más que suficientes para que él y un grupo de valerosos hombres arriesguen su vida con tal de conseguirlo. Además de las cuantiosas dosis de acción que presenta la trama, esta contiene un buen número de elementos buscan atrapar al espectador. El simple hecho de que a Jason se le otorgue la oportunidad de pedirle ayuda la diosa Hera en cinco ocasiones durante su viaje, le imprime una maravillosa dinámica a la cinta, ya que lleva al espectador a cuestionarse en qué momento y por qué motivo Jason tendrá que pedirles auxilio a los dioses.

En el ámbito de las actuaciones, estas son algo irregulares. Si bien Armstrong realiza una labor correcta interpretando al temerario y bienintencionado protagonista, cabe mencionar que tanto sus diálogos como los de Nancy Kovacs tuvieron que ser doblados por actores británicos, debido a que ambos fueron incapaces de cambiar su acento norteamericano. En el aspecto técnico, la cinta cuenta con el estupendo trabajo de fotografía de Wilkie Cooper, y el magnífico diseño de producción de Geoffrey Drake. La banda sonora por su parte, la cual fue compuesta por Bernard Herrmann, se caracteriza por estar conformada por piezas musicales utilizadas por el compositor en algunos de sus trabajos previos. El músico utilizó pasajes exactos de las bandas sonoras que escribió para las cintas “The Kentuckian” (1955) y “Beneath the 12 Mile Reef” (1953), y reescribió algunos pasajes que compuso para films como “North by Northwest” (1959), “The Day the Earth Stood Still” (1951), y “Vértigo” (1958), entre otros.

“Jason and the Argonauts” es una entretenida película que mezcla actos heroicos, mitología griega, elementos fantásticos y sobrenaturales, y una serie de efectos especiales por sobre todo llamativos. Pese a que en términos generales se trata de una buena producción, esta es recordada mayormente por la labor realizada por Ray Harryhausen. Si bien se trata del mejor trabajo del llamado mago del stop-motion, cuyo encanto es incombustible, también hay que reconocer que el paso del tiempo no ha sido del todo amable con unos efectos especiales que hoy en día palidecen ante el extravagante uso del CGI. Aunque tanto Harryhausen como Schneer consideraron realizar una secuela, tras la tibia recepción que tuvo la cinta en los Estados Unidos, la dupla desestimó la idea. Varios años después, Harryhausen retomaría el tema mitológico en la película “Clash of the Titans” (1981), la cual relataba los intentos de Perseo por rescatar a la princesa Andrómeda. En definitiva, “Jason and the Argonauts” es una ejemplo clásico de grandeza cinematográfica, ya que se trata de una producción que presenta una historia épica plagada de imágenes inolvidables, un excelente trabajo de dirección, buenas actuaciones, y un espléndido apartado técnico, lo que en conjunto ha elevado este film al Olimpo del género fantástico.




por Fantomas.

miércoles, 23 de abril de 2008

Ghost in the Shell: Cyberpunk puro y duro.

“Ghost in the Shell” (1995), es un film de anime del director Mamoru Oshii, el cual está basado en el manga del mismo nombre creado por Masamune Shirow.

En el año 2029, la sociedad está computarizada hasta límites insospechados, por lo que básicamente es un mundo gobernado por la tecnología. Uno de los mayores avances tecnológicos, son unos implantes cerebrales que convierten a los seres humanos en auténticas computadoras andantes. Gracias a dicho implante, se produce una fusión entre la conciencia y ciertos programas computacionales, lo que se conoce como "espíritu". Si bien esto es un nuevo paso en la escala evolutiva, al mismo tiempo despersonaliza por completo a las personas que utilizan los mentados implantes. En este mundo donde apenas existe diferencia entre humanos y máquinas, la agente secreta Motoko Kusanagi, la cual se especializa en actividades anti-terroristas, tiene como misión cazar a un peligroso pirata informático. Sin embargo, cuando descubra la verdadera identidad del criminal, su vida y todo lo que conoce cambiará para siempre.


En el año 1991, el ilustrador y escritor de manga Masamune Shirow, conocido por ser el creador del popular manga "Appleseed", publicó en la revista Young Magazine el que se convertiría en su trabajo más famoso; "Ghost in a Shell". Un par de años más tarde, el director Mamoru Oshii y la productora Production I.G. se interesaron en filmar una adaptación animada del manga, cuyo tema central era la creciente dependencia tecnológica que estaba exhibiendo el hombre en aquel entonces. Una vez comprados los derechos del manga, se le encomendó al guionista Kazunori Itô la realización del guión del film. Básicamente, “Ghost in the Shell” pertenece al subgénero de la ciencia ficción conocido como cyberpunk, cuyo enfoque hace referencia a la degradación del orden social en contraposición a los avances tecnológicos. En este caso, la cinta nos sitúa en una sociedad absolutamente dependiente de la tecnología, en la cual las máquinas y los seres humanos se encuentran prácticamente fusionados, lo que dificulta la distinción entre los unos y los otros. Junto con esto, el relato presenta un conflicto en el que participan hackers, inteligencias artificiales, megacorporaciones, y un grupo parapolicial conocido como Sección IX, el cual está encargado de investigar toda clase de delitos informáticos.

En “Ghost in the Shell”, el espíritu crítico que el cyberpunk exhibe hacia la tecnología se centra mayormente en el personaje de la Mayor Motoko Kusanagi. Lo que más llama la atención de este personaje es su condición; solo su cerebro es humano, mientras que el resto de su cuerpo no es más que una coraza de titanio. Llegado cierto momento de la película, podemos ver como la protagonista comienza a cuestionarse si el sacrificio que realizó al abandonar su cuerpo orgánico por una estructura mecánica computarizada, que obviamente le resulta útil en su trabajo, ha valido la pena. ¿Qué es lo que separa a la Mayor del resto de las máquinas? ¿Qué es lo que nos define como humanos? La respuesta de ambas preguntas bien puede encontrarse en la escena donde la donde ella va a bucear. Al salir del agua, Bateau, quien es su fiel compañero, le pregunta que siente una cyborg al introducir su pesado cuerpo al fondo del mar, a lo que ella responde: "miedo, ansiedad, soledad y esperanza". La respuesta no deja de sorprender a su compañero, debido a que ha sido testigo de la materialización verbal del “espíritu” de la Mayor. Son los sentimientos y nuestra capacidad de identificarlos y experimentarlos, lo que nos define como humanos. Nuestra capacidad de preguntarnos el porqué de las cosas, de cuestionarnos el lugar que ocupamos en este mundo, y de llevar a cabo nuestros sueños, intereses y actividades, es lo que definitivamente nos separa de las máquinas.

Sin embargo, la noción de humanidad que establece en dicha escena se torna difusa cuando nos enteramos que el villano de la historia, el Puppet Master, es capaz de "hackear" las mentes humanas e implantar falsos recuerdos y las emociones ligadas a estos. De esta forma, él es capaz de controlar a distintas personas como si fueran simples marionetas, obligándolas a realizar distintos crímenes en su nombre, evitando con esto ser atrapado por la policía. Debido a este giro en los acontecimientos, la cinta no solo nos invita a replantearnos las preguntas antes mencionadas, sino que además apunta a la influencia en ocasiones nociva que ejerce la tecnología en los individuos.

A los pocos minutos de comenzado el film, se hace evidente que la trama se centra en la idea de la pérdida de la humanidad por el uso indiscriminado de la tecnología. Dentro de este contexto, el director entrelaza el conflicto principal con algunas subtramas políticas, violentos operativos policiales, momentos que llaman al espectador a la reflexión, y una buena cantidad de palabrería tecnológica que a ratos confunde. La gran cantidad de matices que presenta el relato por momentos es un arma de doble filo, ya que provoca que la cinta presente un ritmo narrativo más bien pausado, el cual atenta directamente contra el nivel de atención del espectador. Sin embargo, consciente de esto, durante el transcurso de la película Oshii inserta una serie de coloridas escenas de acción que tienen por objetivo superar las lagunas narrativas en las que cae por momentos la cinta.

“Ghost in the Shell” es un verdadero triunfo en varios aspectos. La genial historia se ve acompañada de un despliegue visual a la altura de la misma. La animación es excepcional, siendo impresionantemente detallada y fluida. Al mismo tiempo, resulta destacable el diseño de los personajes y el de los escenarios en los que transcurre este complejo relato futurista. La banda sonora por su parte, compuesta por Kenji Hawai, complementa de buena manera la acción presente en el film y al mismo tiempo, gracias a que mezcla temas tradicionales japoneses con otras tonalidades más modernas, contrastando de esta forma la tecnología reinante en el film con algunos elementos han estado presentes en la sociedad durante años. Por otro lado, los protagonistas son lo suficientemente interesantes y carismáticos como para que el espectador no solo empatice con ellos, sino que además se interese por su destino y por la resolución de su conflictos personales.

Sin lugar a dudas, esta una de las mejores y más influyentes cintas de anime de la historia, al punto que se dice que la exitosísima trilogía “Matrix” estuvo influenciada fuertemente por este film. “Ghost in the Shell” es una obra sumamente bien realizada, que invita al espectador a pensar en los temas que pone sobre la mesa el director, al mismo tiempo que ofrece un espectáculo visual que pocas cintas de este tipo pueden jactarse de poseer. Principalmente gracias a esta producción, el director Mamuro Oshii actualmente es considerado como uno de los realizadores más interesantes del cine de animación asiático. Y es que en esta ocasión, el director logra equilibrar de manera perfecta el complejo discurso filosófico que presenta la historia, con un par de bien logradas escenas de acción, y con varios momentos llenos de tensión y dramatismo. Es por todos estos motivos, que “Ghost in the Shell” es una de las obras imperdibles del cine de animación, la cual incluso tiene méritos suficientes como para ser considerada como una de las mejores entradas del siempre interesante cine de ciencia ficción.




por Fantomas.

domingo, 6 de abril de 2008

Blue Velvet: Es un mundo extraño.

“Blue Velvet” (1986), es thriller del director David Lynch, el cual está protagonizado por Kyle MacLachlan, Isabella Rossellini, Dennis Hopper y Laura Dern.

El inocente Jeffrey Beaumont (Kyle MacLachlan) se da cuenta que su idílico pueblo no lo es tanto el día que descubre una oreja humana en un terreno baldío. Es por esto que Jeffrey decide comenzar una investigación por su cuenta, durante la cual se topará con Dorothy (Isabella Rossellini), una perturbada cantante de un club nocturno, y Frank (Dennis Hopper), un sádico viciado. No pasará mucho tiempo antes de que Jeffrey se vea envuelto en la depravada existencia de la extraña pareja, lo que lo inevitablemente cambiará su vida para siempre.

En 1984, el director David Lynch estaba en la cima del mundo; había recibido el beneplácito de la crítica encarnada en las ocho nominaciones al Oscar que obtuvo la cinta “The Elephant Man” (1980), y se encontraba a punto de lanzar la muy esperada adaptación de la novela “Dune”, del escritor Frank Herbert. El productor Dino De Laurentiis había puesto cincuenta millones de dólares en el proyecto, esperando que este se convirtiera en la nueva “Star Wars” (1977). Lamentablemente, todo esto tuvo un pésimo final. La crítica despreció a la cinta y el público no se mostró muy entusiasta tampoco. Lo que ocurrió fue que los ejecutivos del estudio decidieron quitarle algunos privilegios artísticos a Lynch, cortando el film de más de cuatro horas, a tan solo dos horas de duración. El resultado fue una desorganizada película que daba la impresión de ser un compilado de las mejores partes de la novela original, lo que terminó sentenciando su fracaso.

Sumido en una gran frustración, Lynch se tomó un tiempo para desarrollar algunos proyectos más personales en los cuales había estado trabajando mientras filmaba “Dune” (1984). De Laurentiis decidió darle una nueva oportunidad al director, con la única condición de que este aceptara una reducción de su salario, y se limitara a trabajar con un presupuesto de solo seis millones de dólares. Lo bueno de todo esto, es que el realizador contaría con una total libertad artística, y con un control absoluto sobre el corte final de la cinta. Como era de esperarse, Lynch se mostró sumamente satisfecho con este nuevo trato. Después de “Dune”, era un alivio trabajar sin la presión de tener que lograr un éxito de taquilla para poder recuperar el enorme presupuesto que se le había otorgado. Fue por esta sensación de euforia, que el director se atrevió a tomar algunos riesgos, a experimentar un poco, lo que afortunadamente dio como resultado una de sus películas más recordadas, la cual terminó consolidando a Lynch como el gran director que es.

Lynch ha mencionado en algunas ocasiones que la cinta es autobiográfica en algunos aspectos: “Kyle se viste como yo. Mi padre era un científico que trabajaba para el departamento de agricultura en Washington. Nosotros estábamos en el bosque casi todo el tiempo. Hasta cierto punto estaba harto del bosque cuando me fui, pero aún así la leña, los leñadores, y todo ese tipo de cosas, a mi parecer representan a la verdadera Norteamérica. Precisamente es esa la idea que representan las cercas de madera y las rosas en la escena inicial” Esa fascinación por el bosque se traduce no solo en el nombre del pequeño pueblo, (Lumbertown), sino que también se encuentra plasmado en la secuencia inicial antes mencionada, y en ese ambiente de pueblo soñado que el director le otorga al lugar donde transcurre la historia.

Si bien los recuerdos del director fueron los que inspiraron el escenario en el que transcurre el relato, la historia de la cinta nació a partir de tres ideas que se cristalizaron en la mente del realizador durante un cierto periodo de tiempo. Luego de terminar “The Elephant Man”, Lynch conoció al productor Richard Roth, al cual le enseñó el guión de “Ronnie Rocket”, un proyecto de características similares a “Eraserhead” (1977) que jamás se llevó a cabo. Pese a que al productor le agradó el guión, no lo veía como algo que él quisiera producir, por lo que le preguntó a Lynch si tenía otros guiones, a lo cual el director le respondió que solo tenía una idea. Fue ahí cuando le mencionó su deseo de esconderse dentro de la pieza de una chica para observarla durante la noche, para así obtener una pista que lo ayudara a resolver un misterioso asesinato. Esta idea fue la que Lynch posteriormente desarrollaría, llevándola incluso más allá, evolucionando del simple voyeur a una real participación del protagonista en el misterio que tanto lo fascina.

Por otro lado, la escena en la que el protagonista encuentra una oreja tirada en el campo, que de paso es una de las más recordadas de la cinta, nace a partir de un concepto bastante simple. A Lynch le pareció perfecta la idea de que fuese una oreja y no otra parte del cuerpo la que encontrara el protagonista, debido a que el sentido de la audición se presenta como una conexión directa entre el entorno que nos rodea y nuestro cerebro. De esta forma, la oreja representa un llamado, una invitación que se le extiende al protagonista para que participe en el oscuro y depravado mundo que se esconde en Lumbertown, el cual de una forma u otra terminará marcando a todos aquellos que se sumergen en él. Finalmente, la tercera idea (o elemento en este caso) con la que Lynch formó la base del guión, y que de paso fue la que le dio el título a la cinta, fue la canción “Blue Velvet”, interpretada por Bobby Vinton. Fue la extraña sensación que le evocó esa canción, la que el director quiso plasmar en la película.

Como toda película de Lynch, “Blue Velvet” está plagada de simbolismos. Ya desde la secuencia inicial, el director quiere hacernos ver que nos encontramos en un lugar en que todo parece ser perfecto y tranquilo, sin que exista nada que atente romper con esa aparente parsimonia. Reforzando esa idea, Lynch nos muestra a un hombre de edad que se encuentra regando su jardín tranquilamente. Sin embargo, el director rápidamente inserta un elemento perturbador, que de alguna forma viene a definir el mensaje de la cinta. Sin previo aviso, el anciano sufre un desmayo a consecuencia de un presunto infarto, cayendo al piso. Acto seguido, un perro se acerca al hombre para juguetear con el chorro de agua que sale de la manguera, demostrando el curioso humor negro del que es dueño el director, y que es posible ver en la gran mayoría de sus cintas. Poco después, la cámara se adentra en el punto más oculto del mundo que nos ha presentado el realizador; el subsuelo. Y es que Lynch se adentra en el césped para mostrarnos a unas hormigas que pelean frenéticamente por alimento. Es así como el director deja patente la idea de que el horror se esconde en todos lados, esperando el momento preciso para poder salir a la luz.

La encarnación de ese mal oculto es el peligroso Frank Booth, fácilmente uno de los villanos más sádicos y atemorizantes que se han visto en la historia del cine. Se ha dicho en múltiples ocasiones que el trío conformado por Frank, Dorothy y Jeffrey, está fuertemente marcado por el complejo de Edipo. Hay gente que postula que Frank y Dorothy vendrían a ser los padres, mientras que Jeffrey sería el hijo de una familia absolutamente disfuncional. Es así como la violencia de Frank vendría a representar la violencia doméstica presente en miles de familias reales. Actos que sin duda Jeffrey reprueba, pero que a su vez incitan al joven a querer tener el mismo poder que Frank exhibe sobre Dorothy. De la misma forma, los actos y actitudes del desquiciado Frank dan a entender que él fue parte de abusos durante su infancia, o que tal vez ocupó el mismo lugar que ahora ocupa Jeffrey, el de un voyerista circunstancial que cuando niño presenció vejámenes semejantes entre sus progenitores.

La narración por su parte, se asemeja bastante a los cánones de un cuento infantil. Jeffrey y Sandy (Laura Dern) bien podrían ser Hansel y Gretel. Dos niños que se dejan llevar por su curiosidad, y que sin medir ningún tipo de consecuencia, se introducen a la casa de la bruja. De la misma forma, el film se presenta como una fábula con su consiguiente moraleja: “Incluso en los lugares menos esperados habita el mal”. En el ámbito de las actuaciones, estas son realmente espectaculares, destacándose la labor de Dennis Hopper, quien interpreta a uno de los villanos más recordados de la historia del cine. Por otro lado, la fotografía de Frederick Elmes es sin duda parte importante de la inquietante atmósfera que presenta el film, la cual es perfectamente complementada por la banda sonora compuesta por Angelo Badalamenti, quien a partir de esta cinta formaría una lucrativa sociedad con Lynch. El guión por su parte, es sumamente interesante ya que presenta una serie de mensajes y simbolismos, los cuales resultan difíciles de sintetizar en un artículo de mediana extensión. Esta cinta con los años se ha transformado en una película de culto, siendo reconocida como una de las más importante e influyentes del director, quien recibió una nominación al Oscar por su trabajo en este film. En definitiva, “Blue Velvet” probablemente se alza como una de las películas más abordables del director, y como una de las mejores cintas de los ochenta.




por Fantomas.

domingo, 16 de marzo de 2008

Ghostbusters: ¿A quien vas a llamar?....

“Ghostbusters” (1984), es una comedia de ciencia ficción producida y dirigida por Ivan Reitman, la cual está protagonizada por Bill Murray, Dan Aykroyd, Harold Ramis, Sigourney Weaver, y Rick Moranis.

Cuando la Universidad de Columbia cancela el departamento de parasicología, los doctores Peter Venkman (Bill Murray), Raymond Stantz (Dan Aykroyd), y Egon Splenger (Harold Ramis) quedan desempleados. En vista de su actual situación, deciden forman una empresa llamada Cazafantasmas, dedicada a la investigación y extracción de pestes paranormales. Pese a su escepticismo, Dana Barrett (Sigourney Weaver) decide ir a visitarlos luego de una extraña experiencia que ha sufrido en la cocina de su departamento. Esto no será más que el inicio de una serie de fenómenos sobrenaturales que azotaran la ciudad de Nueva York, tras los cuales se esconde el resurgimiento de una antigua fuerza del mal que planea destruir todo a su paso.


A principios de los ochenta, Dan Aykroyd comenzó a desarrollar una historia basada en su fascinación por lo paranormal, la cual deseaba filmar junto a su amigo, el actor cómico John Belushi, con quien había trabajado en el programa de televisión, “Saturday Night Live”. La historia original de Aykroyd presentaba una buena cantidad de diferencias con respecto a lo que luego se convertiría en el guión de “Ghostbusters”; en el guión original, los Cazafantasmas eran un grupo de personas capaces de viajar en el tiempo y el espacio en busca de peligrosos fantasmas. Además, estos Cazafantasmas utilizaban un vestuario similar al que visten los equipos S.W.A.T., y ocupaban varitas mágicas para enfrentarse a los seres paranormales. Fue con esta ambiciosa idea que Aykroyd llegó a las puertas del productor y director Ivan Reitman, a quien le gustó la idea de un grupo de cazadores de fantasmas, pero que de inmediato le hizo ver al actor que para realizar dicha película se necesitaría de un enorme presupuesto. De esta forma, Aykroyd se puso a trabajar junto con Harold Ramis en la elaboración de un nuevo guión, el cual crearon luego de tres semanas encerrados en un refugio anti-bombas.

Este nuevo guión, fue escrito especialmente para que fuera protagonizado por John Belushi, Eddie Murphy y John Candy. Sin embargo, Belushi fallecería debido a una sobredosis de drogas durante el proceso de la elaboración del guión, mientras que John Candy y Eddie Murphy no podían participar en el proyecto debido a que tenían otros compromisos. Al saber esto, Aykroyd y Ramis le realizaron algunos cambios al guión, los cuales además de cambiar la personalidad de los protagonistas, tenían por objetivo desarrollar de mejor manera algunas de las ideas que ya habían plasmado en los primeros borradores. Una vez terminado el guión, se lanzaron a la búsqueda del actor que reemplazaría a John Belushi. Fue así como contrataron a Bill Murray, a quien se le suele atribuir cierta responsabilidad en la construcción del relato, en gran medida debido a su interpretación semi-improvisada, la que obligaba a cambiar algunas escenas. Hay algunos que dicen que Murray nunca leyó el guión y que improvisó todo, mientras que hay otros que aseguran que solo improvisó algunas líneas, pero que debido a su habilidad como actor cómico lograba que sus líneas parecieran improvisadas.

Por otra parte, el rol pensado para John Candy, que era el del abogado Louis Tully, le fue entregado a Rick Moranis. Fue con la llegada del actor que se sugirió cambiar el perfil del personaje, de un hombre de negocios algo conservador a un abogado bastante torpe e incompetente que siente una marcada atracción por el personaje de Sigourney Weaver. De la misma forma, el personaje que se había creado teniendo en mente a Eddie Murphy, le fue cedido a Ernie Hudson, un actor sin mucha experiencia en el cine, por lo que se redujo considerablemente la participación de este personaje en la historia. De hecho, el personaje de Hudson recién se integra durante la segundad mitad de la cinta, una vez que los Cazafantasmas ya se han establecido y cuando estos están buscando a alguien que los ayude a realizar su trabajo.

El guión presenta una trama bastante simple pero muy bien escrita. Tenemos a un trío de profesores universitarios que de un día para otro quedan desempleados. Tras tener una experiencia paranormal en una biblioteca, estos hombres deciden abrir una compañía de “exterminio” de fantasmas. Pese a que en un inicio el negocio va mal, tras toparse con el caso de Dana Barrett, quien dice que un monstruo de otra dimensión habita en su refrigerador, la actividad paranormal en Nueva York aumenta de manera drástica, convirtiendo a los Cazafantasmas en los nuevos héroes de la nación, los que sin saberlo, están llamados a salvar al mundo de la amenaza de un Dios ancestral. Básicamente esa es la historia de esta cinta, la cual no solo presenta un ritmo narrativo dinámico, sino que además está plagada de diálogos inteligentes y momentos memorables que hoy en día se encuentran fundidos en la memoria popular. Cabe mencionar que mientras que Aykroyd aportó con gran parte del concepto básico de la historia, Ramis logró aterrizar los elementos fantásticos y situarlos en un contexto realista, lo que probablemente explica el éxito de esta cinta. Y es que pese a que claramente se trata de una historia fantástica, no resulta completamente inverosímil.


En gran medida, la “credibilidad” del film yace en el hecho de lo bien logrados que resultan ser los efectos especiales, más aún tomando en cuenta la época en que fue realizada la cinta. Se utilizaron todo tipo de elementos para crear los efectos, desde maquetas a animaciones, e incluso impresiones ópticas. Los efectos tienen la cualidad de no verse ridículos, y lo que es mejor, no entorpecen las actuaciones ni las situaciones en los que son utilizados. Ya sea en la escena del hotel en la que intentan cazar al mítico Pegajoso (fantasma creado pensando en el fallecido Belushi), o en la escena del enfrentamiento con Gozer (Slavitza Jovan), los efectos especiales logran ser bastante funcionales, pasando a formar parte de los atractivos que presenta esta película (de hecho, la cinta recibiría una nominación al Oscar por sus efectos especiales). El trabajo de fotografía de Laszlo Kovacs, así como también la banda sonora compuesta por Elmer Bernstein, son otros de los puntos altos del film. Cabe mencionar que la canción principal de la cinta, la cual fue escrita e interpretada por Ray Parker Jr, además de situarse por tres semanas en el número uno de la lista de realizada por la Billboard, terminaría obteniendo una nominación al Oscar a la mejor canción original.

La película además presenta un puñado de buenas actuaciones, donde la mayoría del elenco realiza un buen trabajo, incluyendo a Ernie Hudson, quien como mencionaba anteriormente, no tiene mucha participación en la cinta. “Ghostbusters” fue un verdadero éxito de taquilla al momento de su estreno, convirtiéndose en la comedia más exitosa de los ochenta. Fue por este motivo que se realizó una secuela en 1989, la que lamentablemente no estaría a la altura de la cinta original. A mi parecer, el éxito de esta película se debe a que los guionistas si bien jamás toman demasiado en serio la historia, tampoco cayeron en el facilismo de construir una comedia a base de momentos burdos. Por algo el American Film Institute (AFI) le otorgó hace algunos años el puesto número 28 entre las 100 mejores comedias de la historia del cine. En definitiva, estamos ante una película entretenida e inteligente, la cual con el paso de los años ha mantenido su estampa de clásico y que en lo personal, es una de mis cintas favoritas.




por Fantomas.

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